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SEMINARIO DIOCESANO DE MORELIA

SAPIENCIALES

LIBRO DEL ECLESIASTÉS (QOHELET)


Por Luis Alonso Gutiérrez Gutiérrez 4º Teología
1. AUTOR Y FECHA

El responsable de este libro se designa como qohelet. Esta palabra e deriva de la raíz
qahal que significa reunir, y en su forma nominal designa una asamblea, más
precisamente en la Sagrada Escritura, una asamblea religiosa, cultual. Muchos exegetas
piensas que Qohelet debe indicar al titular de una función: “presidente de la asamblea”.
Tal interpretación ha dado el nombre de Ecclesiastes en latín.

Situamos este libro en el pos exilio, por el empleo de palabras de origen persa, la
presencia de numerosos arameísmos, un vocabulario y formas gramaticales próximas
al hebreo míchnico. La fecha de composición data alrededor del 175 a.C, en la época de
dominación helenística en palestina.

2. CONTEXTO

Estamos en los finales del s. III e inicios del II a. C. En esa época estaban cambiando
notablemente los modos de vida hasta entonces habituales en la ciudad de Jerusalén.
Durante la época de dominio persa —finales del siglo VI a finales del siglo IV a.C.— había
tenido lugar la reconstrucción del Templo y de la vida nacional de acuerdo con la Ley.

Sin embargo, durante la segunda mitad del siglo IV a.C. fue llegando a todo el Oriente
Medio el pujante influjo de la cultura griega. A lo largo del siglo III a.C. la cultura griega
se fue difundiendo por toda la zona gracias a la actividad de comerciantes y militares
que se desplazaban de un lugar a otro. Comenzó a proliferar un nuevo tipo de escuelas
en las que se enseñaba la lengua y cultura griega. El influjo de las corrientes filosóficas
del momento —especialmente, cínicos, estoicos y epicúreos— fue calando en los
jóvenes. También el arte de la retórica con sus refinadas técnicas ganó adeptos.

En esa situación un maestro judío (Qohelet) rompe con los moldes de la enseñanza
tradicional en Judá. Sale a las calles y a los mercados como hacían los filósofos
ambulantes e instruye a sus alumnos llamando la atención de los viandantes. Utiliza
razonamientos y procedimientos retóricos análogos a los de sus competidores, como la
diatriba, y va mostrando que las nuevas filosofías, que no cuentan con el temor del
Señor, son ilusorias y totalmente vanas. Pero tampoco la sabiduría entendida al modo
tradicional da respuesta correcta a la realidad de la vida, pues sucede que tanto para el
sabio como para el necio todo termina en la muerte.

En las palabras del Eclesiastés resuena la riqueza de la sabiduría de Israel, junto con no
pocos elementos comunes con las doctrinas de los sabios de Egipto y Mesopotamia. El
autor del libro está abierto al diálogo con la cultura griega que impregnaba el ambiente
cultural del momento, y conoce los esfuerzos de los sabios israelitas que le habían
precedido. Pero ni unos ni otros satisfacen su búsqueda acerca del sentido de la vida.

3. ESTRUCTURA SEGÚN BIBLIA DE JERUSALÉN

I Parte (1-6):
Título y prólogo sobre el hastío.
Cuatro decepciones:
La gran vida, realización de Salomón.
La condición mortal.
El individuo en la sociedad.
Sátira del dinero y la riqueza.
II Parte (7-12):
Prólogo sobre la risa.
Otras cuatro decepciones:
Sanción en esta vida.
Insatisfacción del amor.
Caprichos de la fortuna.
La senectud.

4. ACTUALIDAD DEL MENSAJE

«Esto he experimentado: lo mejor para el hombre es comer, beber y disfrutar en todos sus
fatigosos afanes bajo el sol, en los contados días de la vida que Dios le da; porque esta es
su paga» (Qo 5, 17).
Sin duda que en todas partes nos podemos topar con una apatía religiosa o espiritual,
sobre todo porque nuestros fieles, y hasta nosotros mimos, encontramos una
separación entre el disfrute de lo que nos presenta el mundo, y las exigencias
evangélicas a las que estamos llamados. Aquí es donde podemos colocar muy bien el
aporte del Eclesiastés.

Este libro nos invita con convicción a disfrutar de la vida, pues ésta es donde Dios. En
su progresiva reflexión, nos invita a vivir por dentro, porque solo así se puede vivir
también por fuera. Se nos invita y se nos anima, pues, a vivir y disfrutar de las alegrías
cotidianas de la vida, es decir, a vivir por fuera: Ya que no podemos controlar la vida,
pues nos supera, hay que aprender a sujetar las cosas con una mano abierta, pues en
realidad solo podemos tener control de una cosa: de mi actitud ante el ahora. Deja de
preocuparte y elige disfrutar de las cosas simples de la vida: una charla con un amigo o
de los momentos de soledad; de una lluvia impetuosa o el sol en tu rostro, o una buena
comida con las personas que quieres; disfrutar tanto las buenas y de las malas, pues
ambas son dones de Dios. Sólo a través de estas simples experiencias se puede entrar
en contacto con el sentid de las cosas que normalmente solo Dios ve y conoce, es decir,
se puede conectar con Dios, vivir por dentro.

Eclesiastés nos llama a ser humildes y confiar en que la vida tiene sentido incluso
cuando no podemos encontrarlo. Por encima del sol, Dios gobierna todas las cosas en el
universo y les da significado. Nos enseña nuestra miseria y nos incita a una religión
desinteresada, a una oración que sea la adoración de la criatura consciente de su nada
en presencia del misterio de Dios. No basta ya vivir una fe a base de rigorismos y
observancias frías. La ley que hay que seguir es acoger la alegría que Dios da al ser
humano en la vida y conectar dicha alegría con un sano temor de Dios, lo cual significa
escucharle, permanecer en silencio delante de Él, reconocer y aceptar el misterio de su
actividad; comportarnos con respeto ante el misterio de un Dios que no podrá ser
comprendido nunca con la sabiduría humana, por más diplomados o doctorados que
tendamos en cualquier disciplina teológica. Y así, en ese temor de Dios se puede recibir
la invitación a vivir y gozar de la vida, a comer, beber y disfrutar del bienestar (Qo 3, 13;
5, 17-19; 8, 15).