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Todos hemos escuchado infinidad de veces que la felicidad no existe o

que es muy poco duradera, que la felicidad son momentos… o espacios


de tiempo precisos y esta afirmación proviene de la idea que la felicidad
nos la dan los demás y algunas cosas materiales, somos felices en la
medida en que tenemos a alguien o a algo, asignándole valor a cosas y
objetos de deseo y afectos. Si esto nos falta volveremos a ser infelices.
Cuando este objeto nos aburre necesitaremos nuevos objetos, creados
por el deseo, para seguir siendo felices. No puedo ser feliz si no tengo.
No puedo ser yo si no tengo. Identifico mi yo con mis posesiones.

Por otro lado, el ego nos dice que si no somos reconocidos por los
demás no somos nadie y el humano evolucionado sabe que en la nada
es donde se encuentra el verdadero yo, puesto que venimos de ella y a
ella regresamos. El ser un don nadie, el ser transparente, allí es donde
se encuentra el ser observador creador.

El apego consigue que tenga miedo al cambio, a la evolución, con lo


que paraliza el crecimiento personal, se convierte en un gran enemigo
de cualquier cambio que pretendas introducir en tu vida.

En otro momento y espacio de conciencia podremos ver que la única


real unidad de medida es el tiempo en el que estamos viviendo, la gran
pregunta a ello sería ¿qué estoy haciendo en este tiempo en este justo
instante? Porque hemos venido a este tiempo a reconocer aprendizajes
y a traspasarlos a siguientes generaciones al mismo tiempo que
podemos redescubrir nuestra misión en la vida durante lo que podamos
experimentar en el tiempo y cuerpo que se nos fue otorgado.