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La contrareforma del aborto

#Vistazo a la semana Tres obras de Sergio Magaña

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Por Daniel Gascón

Febrero 9, 2012 | Ta

La reforma de la ley del aborto que ha anunciado el ministro de

justicia Alberto Ruiz Gallardón es una mala noticia. La Ley de 2010,

que permitía el aborto libre durante las primeras catorce semanas de

embarazo, es homologable a la mayoría de los países europeos de

nuestro entorno; los gobiernos de centro derecha de esos países no

han cambiado la normativa. En su programa electoral el PP decía:

“Cambiaremos el modelo de la actual regulación sobre el aborto para

reforzar la protección del derecho a la vida, así como de las menores”.

La mayoría de la gente interpretó en esa formulación calculadamente

ambigua el propósito de cambiar uno de los aspectos más polémicos

de la Ley Orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la

interrupción voluntaria del embarazo, que el Partido Popular recurrió

ante el Tribunal Constitucional: que las mayores de 16 años puedan

abortar sin consentimiento paterno.

Sin embargo, antes de conocer la resolución del Constitucional, el PP


ha prometido volver a la Ley de Plazos de 1985, que despenalizaba el

aborto en tres supuestos: riesgo grave para la salud física

o psíquica de la mujer embarazada (supuesto

terapéutico), violación (supuesto criminológico) y malformaciones o

taras, físicas o psíquicas, en el feto (supuesto eugenésico). El

argumento es la sentencia del Tribunal Constitucional de ese año, que

declaraba “la vida del nasciturus, en cuanto éste encarna un valor

fundamental -la vida humana- garantizado en el art. 15 de la

Constitución, constituye un bien jurídico cuya protección encuentra en

dicho precepto fundamento constitucional”.

La Ley de Supuestos era un coladero, que permitió que el número de

abortos se duplicara en menos de veinte años, entre 1989 y 2007. El

nuevo ministro de justicia tuvo el cinismo de calificar de “progresista”

la vuelta a una norma de hace casi treinta años que incluye una

humillación obligatoria, a través de la cual una mujer tiene que

declarar que no está en sus cabales para interrumpir su embarazo.

No se trata de anular el problema moral del aborto. Como ha

dicho Fernando Savater, “lo que puede hacer la ley es crear un marco,

lo más sensato y lo más racional posible, para que puedan convivir

morales diferentes”. El asunto no es estar a favor del aborto. Es una

realidad trágica y traumática. La cuestión es creer que una mujer debe

ir a la cárcel o no por abortar. Yo creo que no: pienso que el aborto

debe ser “seguro, legal y raro”. Y a eso se encaminaba en España,

donde el número de interrupciones voluntarias del embarazo había

bajado en los últimos años , gracias a mayor información y a la venta


sin receta de la píldora postcoito, que los grupos ultraconservadores

califican falsamente de abortiva . La ministra de Sanidad ha especulado

con hacer que la píldora vuelva a venderse con receta y ha encargado

un estudio no se sabe a quién sobre sus posibles efectos secundarios,

que la Agencia del Medicamento no ha sabido detectar en los once

años que lleva en venta en España.

Posiblemente, con una mayoría absoluta, pero tras haber aprobado

medidas contrarias a su programa electoral, el PP pretende contentar

a los sectores más conservadores de su electorado. Pero es probable

que a esos sectores les parezca insuficiente, si están contra el aborto

en todos los casos y creen que debe castigarse con la cárcel. Para

quienes querríamos que el PP fuera un partido liberal y moderno, ver

el peso de las hipotecas católicas y el hecho de que se haya quedado

en 1985 es inquietante. Pero puede que a otros les parezca que no ha

vuelto lo bastante atrás. La justificación esgrimida por Gallardón es el

único argumento aceptado de los que presentó Alianza Popular ante el

Tribunal Constitucional. En 1983, el presidente del grupo Manuel Fraga

había dicho que la cifra de abortos entre 1970 y 1975 representaba “el

mayor genocidio de la historia”. En 1986 la derogación de la ley no

figuraba expresamente en su programa electoral; Aznar no la tocó en

sus años de gobierno. Sin embargo, hace unos meses, con la visita del

Papa Benedicto XVI a Madrid, la Iglesia Católica sometió a un

downgrade al aborto: el pecado podía perdonarlo cualquier sacerdote

autorizado a confesar . Por supuesto, el comercio con el sexo y la culpa

es uno de los negocios de las religiones. Pero esa rebaja es


significativa, y delata un elemento de guerra cultural.

Lo que molesta a los sectores conservadores no es el aborto ni el

derecho a la vida. Lo que combaten es la libertad sexual y en concreto

la libertad de las mujeres. Las viejas objeciones contra el onanismo,

los anticonceptivos y el sexo fuera del matrimonio han perdido casi

toda su verosimilitud en el primer mundo. El debate moral del aborto

es el último clavo al que se pueden agarrar. Dentro de esa antigua

tradición, la reimplantación de una norma humillante e hipócrita es

una manera de declarar simbólicamente la minoría de edad mental de

las españolas.

Anónimo (no verificado) - Febrero 10, 2012.

Unas palabras que hago mías, la conclusión de un

diálogo entre Javier Sicilia y Jean Robert, publicado en la

revista Conspiratio :

Javier Sicilia: Jean, ¿podríamos decir que negarse a entrar en

el debate de la bioética, (como lo has hecho tú), es resistir?

Jean Robert: No sé si es resistir. La palabra resistencia no me

convence enteramente. Es enfrentar fuerza contra fuerza.

Quizá se trate más bien, como lo decía Iván, de renuncias

selectivas. La renuncia es un acto noble en el que no hay

expectativas de resultados comprobables.

Se puede renunciar simplemente para hacer lo correcto. Por

ello, renunciar a entrar en el discurso de la bioética es hacer

lo correcto y permanecer en el sentido común, ajeno a la


agresividad de un mundo que reduce todo a abstracciones

manipulables .

No añado ni resto una sola palabra; me uno en el silencio,

como renunciaría a aquel juego siniestro donde se calculaba

la humanidad de los indígenas y sus vidas se convertían en

"operaciones de riesgo".

Responder

Anónimo (no verificado) - Febrero 9, 2012.

El contro de la sexualidad femenina es una máxima de la

religión católica. La mujer, perversa y nociva por naturaleza

(véase Eva), es además inconsciente e incapaz de valorar el

máximo don que le ha sido concedido por el divino...Esa es la

doctrina que se oculta tras la regulación punitiva del aborto,

tras la antigua ley espanola que obligó a muchas mujeres a

avergonzarse por tomar una decisión personal y que le atane

única y exclusivamente a ella...El PP debería plantearse otro

tipo de cuestiones prácticas en relación al fomento de la tasa

de natalidad en Espana y no volver al viejo cuento de brujas

comeninos. Como mujer no admito ninguna intromisión en

mi capacidad reproductora y menos aún permito que se me

catalogue de inestable, violada o protectora de la posible vida

sufriente de un nonato. Exijo entonces que se desdramatice la

cuestión del aborto y que se incluya esta práctica en un

marco que permita la flexibilidad y la multiplicidad de actos

inherentes a la naturaleza humana y a su vez los regule de


una forma social y equitativa. No es democrático humillar a

las mujeres de menos recursos mientras que las más

afortunadas en el plano económico pueden seguir disfrutando

de estándares europeos que les aseguran su anonimato y su

calidad moral. Frente a las hipocresías machistas de un

partido arcaico y conservador, clamo por el reconocimiento

pleno de la sexualidad y la subjetividad femeninas, así como

por la definitiva aceptación de la inteligencia de la mujer en

cuestiones que le atanen particularmente a su persona.

NOSOTRAS PARIMOS, NOSOTRAS DECIDIMOS. Hoy más que

nunca.

Responder

Atanasio (no verificado) - Febrero 10, 2012.

La Iglesia Católica es la institución que en más alta

estima tiene la sexualidad, masculina y femenina. La

considera, nada más y nada menos, que una

participación en el poder creador de Dios.

La Iglesia Católica es quien más valora la dignidad

humana y, sobre todo, la dignidad de la mujer. No en

vano, considera la criatura humana más digna a una

mujer: la Madre de Dios.

La mujer es bien consciente y capaz de valorar el

mayor don divino que posee: la capacidad de ser

madre de otro ser humano.

Sólo la vanalización del sexo, la demonización de la


maternidad, la nula consideración de la dignidad de la

mujer, pueden obligarla a tomar la lamentable

decisión de abortar.

Propongamos alternativas reales a las mujeres que se

ven en ese trance. Si no hay alternativas, no se puede

decidir. No se es libre.

, 2009 | Tags: El minutario

narra esto leo conservadurismo

sorpresa silva humana cigoto herzog

estado laico

Leo el editorial de mi amigo Jesús Silva-Herzog

Márquez en el Reforma del lunes, en el que

narra que 17 constituciones de otros tantos

estados de la federación

han seguido el dictado de la iglesia católica

para incorporar a su texto la consigna

eclesiástica de que la vida humana empieza

desde el instante mismo de la concepción y

considerar el cigoto —antes inclusive de su

implantación en el endometrio— como un ser

humano con plenos derechos.

Comenta Silva-Herzog Márquez, refiriéndose a


la iglesia católica, que

Los hombres de fe pueden creer que nuestra

vida es un préstamo de Dios y que no somos

nadie para abreviar nuestro paso por el

mundo. Pero un Estado laico no puede asumir

esa interpretación del mundo para imponer a

las mujeres el deber de aceptar los hijos que

les caigan o para impedir que se auxilie a los

sufrientes a bien morir.

Y argumenta:

En los estados que han aprobado estos

cambios, una mujer violada que resulte

embarazada por la violenta invasión de su

cuerpo no tendrá la opción de elegir si

continúa o termina con el embarazo. Una

mujer tampoco podrá decidir si sigue adelante

con un embarazo que ponga en peligro su

propia vida. El piadoso Estado le impone la

obligación de parir.

Propone que esto ha sucedido porque el PAN y

el PRI son “aliados en la demolición del Estado

laico”, por lo que concluye:

El conservadurismo religioso del PAN no es

ninguna sorpresa. Lo es tal vez su incapacidad

de vestir su fe con trajes seculares para


redactar normas que no sean sólo compatibles

con sus creencias sino propias de un Estado

secular que no impone a todos el prejuicio de

unos. Lo que resulta más aberrante es el

oportunismo del PRI que difícilmente puede

seguirse presentando como defensor del Estado

laico después de esta abdicación. Con esta

cascada de reformas, el PRI se ha convertido

en la bisagra de la ultraderecha mexicana.

Estoy de acuerdo con lo expuesto por Silva-

Herzog Márquez.

No habrá argumento que logre convencerme

de que una mujer que ha sido violada deberá

además prolongar durante nueve meses, en su

propio cuerpo, el crimen de que fue víctima.

Entiendo que pueda haber mujeres capaces de

decidir sobreponerse a esa situación, asumir

su maternidad, vivirla y aun celebrarla: parir la

evidencia de un crimen, y llegar incluso a

amarla, me parece algo asombroso. Tan

asombroso como terrible me parece que el

Estado o una iglesia arroguen el derecho de

obligarla a sólo contar con esa expectativa;

que el Estado o las iglesias expropien el cuerpo

y las emociones de alguien que toma la


decisión contraria.

El Estado ya podría también castigar con

ejemplar energía a los agresores sexuales; el

Estado y las iglesias ya podrían prestar más

atención y recursos al imperativo de conseguir

una educación sexual eficiente; ya podrían

publicitar aún más el uso del condón y la

alternativa de la “píldora del día siguiente”; ya

podrían evitar el retorno al clandestinaje que

inevitablemente irá de la mano de su

hipocresía y/o su oportunismo político.

No me considero capaz de entender las

razones o las emociones que orillan a una

mujer al aborto. Leo los artículos en pro y en

contra y siempre me quedo con la impresión

de que algo se me escapa (quizá lo que más

fácilmente administro es que todo niño debe

ser deseado).

Lo que sí entiendo es que la decisión que una

mujer toma sobre su propio cuerpo, con -o

aun contra- su espíritu, es una decisión difícil

y compleja, más complicada y difícil aún por la

naturaleza fatalmente solitaria en que la

realiza. Se trata de una soledad que me resulta

inescrutable. Una soledad que las griterías de


los políticos y los voceros de Dios no hacen

sino atormentar e intensificar.

SI TE GUSTÓ, QUIZÁS TE GUSTE

Mi don Luis Final

Exportando “cojones”

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EL MINUTARIO

El derecho a decid

La huelga que refresca Nueva unidad de medición

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Noviembre 23, 2009 | Tags: El minutario

narra esto leo conservadurismo

sorpresa silva humana cigoto herzog

estado laico

Leo el editorial de mi amigo Jesús Silva-Herzog

Márquez en el Reforma del lunes, en el que

narra que 17 constituciones de otros tantos

estados de la federación

han seguido el dictado de la iglesia católica

para incorporar a su texto la consigna

eclesiástica de que la vida humana empieza

desde el instante mismo de la concepción y

considerar el cigoto —antes inclusive de su

implantación en el endometrio— como un ser

humano con plenos derechos.

Comenta Silva-Herzog Márquez, refiriéndose a

la iglesia católica, que

Los hombres de fe pueden creer que nuestra

vida es un préstamo de Dios y que no somos

nadie para abreviar nuestro paso por el

mundo. Pero un Estado laico no puede asumir

esa interpretación del mundo para imponer a

las mujeres el deber de aceptar los hijos que


les caigan o para impedir que se auxilie a los

sufrientes a bien morir.

Y argumenta:

En los estados que han aprobado estos

cambios, una mujer violada que resulte

embarazada por la violenta invasión de su

cuerpo no tendrá la opción de elegir si

continúa o termina con el embarazo. Una

mujer tampoco podrá decidir si sigue adelante

con un embarazo que ponga en peligro su

propia vida. El piadoso Estado le impone la

obligación de parir.

Propone que esto ha sucedido porque el PAN y

el PRI son “aliados en la demolición del Estado

laico”, por lo que concluye:

El conservadurismo religioso del PAN no es

ninguna sorpresa. Lo es tal vez su incapacidad

de vestir su fe con trajes seculares para

redactar normas que no sean sólo compatibles

con sus creencias sino propias de un Estado

secular que no impone a todos el prejuicio de

unos. Lo que resulta más aberrante es el

oportunismo del PRI que difícilmente puede

seguirse presentando como defensor del Estado

laico después de esta abdicación. Con esta


cascada de reformas, el PRI se ha convertido

en la bisagra de la ultraderecha mexicana.

Estoy de acuerdo con lo expuesto por Silva-

Herzog Márquez.

No habrá argumento que logre convencerme

de que una mujer que ha sido violada deberá

además prolongar durante nueve meses, en su

propio cuerpo, el crimen de que fue víctima.

Entiendo que pueda haber mujeres capaces de

decidir sobreponerse a esa situación, asumir

su maternidad, vivirla y aun celebrarla: parir la

evidencia de un crimen, y llegar incluso a

amarla, me parece algo asombroso. Tan

asombroso como terrible me parece que el

Estado o una iglesia arroguen el derecho de

obligarla a sólo contar con esa expectativa;

que el Estado o las iglesias expropien el cuerpo

y las emociones de alguien que toma la

decisión contraria.

El Estado ya podría también castigar con

ejemplar energía a los agresores sexuales; el

Estado y las iglesias ya podrían prestar más

atención y recursos al imperativo de conseguir

una educación sexual eficiente; ya podrían

publicitar aún más el uso del condón y la


alternativa de la “píldora del día siguiente”; ya

podrían evitar el retorno al clandestinaje que

inevitablemente irá de la mano de su

hipocresía y/o su oportunismo político.

No me considero capaz de entender las

razones o las emociones que orillan a una

mujer al aborto. Leo los artículos en pro y en

contra y siempre me quedo con la impresión

de que algo se me escapa (quizá lo que más

fácilmente administro es que todo niño debe

ser deseado).

Lo que sí entiendo es que la decisión que una

mujer toma sobre su propio cuerpo, con -o

aun contra- su espíritu, es una decisión difícil

y compleja, más complicada y difícil aún por la

naturaleza fatalmente solitaria en que la

realiza. Se trata de una soledad que me resulta

inescrutable. Una soledad que las griterías de

los políticos y los voceros de Dios no hacen

sino atormentar e intensificar.

La vida, el aborto y la Suprema

Corte

1 noviembre 2011
Sección: Galería de imagenes, Posiciones

Xavier Ginebra Serrabou*

La protección de la vida humana desde el

momento de la concepción continuará vigente

en los estados de Baja California y San Luis

Potosí, luego de que a fines de septiembre no

se alcanzaran los votos necesarios en la

Suprema Corte para invalidar las normas

antiaborto que se aprobaron en dichos estados.

¿Se trata de un avance o de un retroceso

jurídico? El autor ofrece sus argumentos a

favor de la primera de estas posiciones.

Los días 28 y 29 de septiembre se dictó una

resolución trascedente para nuestro sistema

jurídico por parte de la Suprema Corte, en la

controversia constitucional 11/2010 y

62/2010. La primera, promovida por la

Comisión Estatal de Derechos Humanos de Baja

California, y la segunda del mismo tenor en

San Luis Potosí. Los motivos en disputa fueron

sendas reformas constitucionales, replicadas

en otras 16 entidades federativas, por las

cuales se dicta explícitamente la protección del

concebido no nacido (conocido técnicamente

como nasciturus ) desde el momento mismo de


la fecundación.

En agosto de 2008, la Suprema Corte, en una

sentencia por demás discutida, triste, de

escaso nivel jurídico y también de suma

trascendencia para el país, resolvió que las

reformas legislativas en el Distrito Federal que

despenalizaban el aborto en las primeras 14

semanas del embarazo eran constitucionales.

Numerosos estados de la República (18 en

total), para enmendar la plana de tan

lamentable episodio, establecieron la

protección, en sus constituciones locales, al

derecho a la vida de los concebidos no

nacidos. ¿Debió la Suprema Corte resolver la

inconstitucionalidad de esas reformas, como

pretenden algunos, para actuar “en

consonancia” con dicha sentencia? ¿En verdad,

como sostiene César Astudillo, el proyecto de

sentencia del ministro Fernando Franco

González Salas garantizaba el cumplimiento de

los tratados internacionales, de la Constitución

y del derecho “arrebatado a las mujeres” de la

libre determinación de su cuerpo (La Jornada ,

25 de septiembre de 2011)? ¿Es un “retroceso

jurídico”, como opinan otros? ¿Constituye el


último atisbo del “movimiento conservador

mexicano” que domina al país y a la Suprema

Corte, como señalan algunos grupos

feministas? A nuestro juicio, todas estas

cuestiones son erróneas. Las analizaremos a

continuación.

El objeto del debate

Para abordar el objeto de tan furibundo

debate, reduciré a tres las cuestiones

relevantes: 1) ¿Las entidades federativas tienen

facultades para establecer derechos humanos

adicionales a los que establece nuestra

Constitución? 2) Aunque no fue formulada en

estos términos, ¿cuál es el estatuto jurídico del

embrión?, ¿qué o quién es el concebido o el

nasciturus ? 3) La última, que no fue

suficientemente analizada en cada una de las

ponencias de los ministros, es si existe colisión

de derechos entre la salud reproductiva de la

madre y el ser concebido.

1) En primer lugar, creemos que la reforma de

las constituciones de los estados no vulnera la

Constitución federal al establecer un derecho a

la vida del nasciturus .

El artículo primero constitucional establece:


“En los Estados Unidos Mexicanos todas las

personas gozarán de los derechos humanos

reconocidos en esta Constitución y en los

tratados internacionales de los que el Estado

mexicano sea parte, así como de las garantías

para su protección, cuyo ejercicio no podrá

restringirse ni suspenderse, salvo en los casos

y bajo las condiciones que esta Constitución

establece.

”Las normas relativas a los derechos humanos

se interpretarán de conformidad con esta

Constitución y con los tratados internacionales

de la materia favoreciendo en todo tiempo a

las personas la protección más amplia.

”Todas las autoridades, en el ámbito de sus

competencias, tienen la obligación de

promover, respetar, proteger y garantizar los

derechos humanos de conformidad con los

principios de universalidad , interdependencia,

indivisibilidad y progresividad”. (Las cursivas

son mías).

El artículo primero constitucional, en su nueva

redacción (junio de 2011), obliga al Estado

mexicano a respetar los derechos humanos

protegidos por la Constitución federal, salvo


que la restricción o la suspensión estén

establecidas en dicho ordenamiento. Y, como

señalaron algunos ministros en la discusión del

proyecto del ministro Franco, “la Constitución

no establece ninguna restricción o suspensión

al reconocimiento al derecho a la vida del

embrión”.

Las constituciones locales pueden, por tanto,

ampliar derechos humanos; no suspenderlos ni

restringirlos. Por ejemplo, si una Constitución

local establece una mayor protección en

relación con el derecho a la información frente

a las autoridades estatales, dichas autoridades

estarán obligadas a reconocer dicho estándar,

por ser superior al que establece la

Constitución mexicana.

El reconocimiento del derecho a la vida del

embrión (concebido no nacido) no vulnera

ninguno de los derechos humanos protegidos

por la ley fundamental. Las entidades

federativas pueden, según muchos

constitucionalistas renombrados, incrementar

estos derechos, no disminuirlos. La protección

del nasciturus no restringe ningún derecho

humano o garantía constitucional.


Debe insistirse en que la Ley Fundamental

establece los parámetros mínimos que en

materia de derechos humanos deben respetar

las autoridades, de manera que sería

inconstitucional cualquier acto de ellas que

limitara los derechos que reconoce y protege

el Código Supremo. Sin embargo, si por el

contrario, el legislador o cualquier otra

autoridad amplían ese espectro de protección

al gobernado, no se incurre en una violación a

la Constitución, dado que ésta señala la

protección mínima que las autoridades deben

asegurar; más bien es un paso sobre el que se

pueden construir nuevas prerrogativas. 1

Es más, la protección del concebido desde la

fecundación es acorde, a nuestro juicio, con el

principio de protección más amplia, a la que

obliga el citado párrafo segundo.

Así pues, dicha reforma no va en contra de

ningún tratado internacional suscrito por

México; todo lo contrario. El propio artículo

29 constitucional establece expresamente el

derecho a la vida como un derecho humano

que no puede suspenderse, ni siquiera en el

caso del procedimiento de suspensión de


garantías individuales: “[…] En los decretos que

se expidan, no podrá restringirse ni

suspenderse el ejercicio de los derechos a la

no discriminación, al reconocimiento de la

personalidad jurídica, a la vida”.

2) La segunda cuestión a debate es el estatuto

jurídico del embrión .

El sistema americano de los derechos humanos,

que forma parte del sistema jurídico mexicano,

de manera categórica otorga el derecho a la

vida a todas las personas. ¿Es que el feto no es

“persona”, como pretende el proyecto de

sentencia del ministro Franco González Salas?

No hay un nuevo género entre persona

humana y pertenecer a la especie homo

sapiens . El embrión es un ser humano, como

reconoció el propio proyecto de sentencia del

ministro Franco, y tiene, por lo tanto, la

protección de la ley desde la concepción.

¿Cuándo es, sino desde la concepción, persona

el hombre? Si no, ¿a partir de cuándo será el

concebido ser humano? Pero si es ser

humano, deben otorgársele las protecciones

constitucionales otorgadas a los seres

humanos, como reconoce Jorge Adame.


Yepes y Aranguren argumentan al respecto:

“¿Para ser persona es preciso ejercer

actualmente o haber ejercido las capacidades o

dimensiones… [nosotros añadimos: humanas]?

¿Es persona quien está en coma profundo, el

niño no nacido o el discapacitado? ¿Quién no

tiene conciencia de si ya es o no es todavía

persona? La eutanasia y el aborto no son

respuestas negativas a esta pregunta: si abortar

o matar a un anciano o a un enfermo no tiene

ningún mal, o incluso es una conquista de la

libertad (?), entonces es que, o bien la vida de

una persona no es sagrada, o los fetos,

embriones, dementes, enfermos y ancianos no

son personas.

”No se trata de discutir si se es persona para

efectos jurídicos, sino si en sí mismo es o no

es persona quien no ejerce las capacidades

propias de ella. ¿Un feto de tres semanas es

una mera vida humana, pero no es una

persona? La respuesta más sencilla, que nos

limitaremos a señalar, dice que el hecho de no

ejercer o no haber ejercido aún las

capacidades propias de la persona no conlleva

que ésta no lo sea o deje de serlo, puesto que


quien no es persona nunca podrá actuar como

tal, y quien sí puede llegar en el futuro a

actuar como tal tiene esa capacidad porque ya

es persona. Quienes dicen que sólo se es

persona una vez que se ha actuado como tal,

reducen al hombre a sus acciones, y no

explican de dónde procede esa capacidad: es la

explicación materialista. De nuevo, afirmamos

que en ella se da una precipitación

metodológica que lleva a reducir la realidad a

lo medible, negando la pregunta por la razón

de posibilidad de aquello que se mide”. 2 (Las

cursivas son mías).

Pero además, si no es ser humano, ¿qué es?

¿Sólo un bien jurídico, como pretende

González en su propuesta, semejante a las

plantas y a los animales? ¿Cabe un género

distinto, entre el hombre y los animales?, ¿un

hombre sólo en potencia? La propia lógica

demuestra lo contrario. El embrión no puede

llegar a realizar “operaciones humanas” cuando

nazca, si no es ya ser humano desde la

concepción.

En el debate en torno a si el embrión es sólo

un bien jurídico, se comete el error señalado


por Ollero: “El error radica más bien, a nuestro

juicio, en el intento de refugiarse en los

valores para poder —obviando las

consecuencias inhumanas— desvincular

protección jurídica y personalidad. Para que la

vida del no nacido no aparezca como un

derecho sin titular conocido se le presenta

como un valor de obligada protección

constitucional. Pero ¿por qué es esa vida la

valiosa y no cualquier otra muestra de las

diversísimas realidades biológicas?

Indudablemente porque se considera al ser no

nacido como un sujeto particularmente

valioso. Intentar convencernos de que esa

relevancia jurídica derivaría de las

características específicas de un peculiar

objeto nos llevaría a rozar lo totémico . Lo que

está en juego es nada menos que la vigencia de

un imperativo categórico, que se ha convertido

en un resumen del legado ético de la

modernidad: el rechazo de que un sujeto

humano pueda ser tratado como un objeto. El

problema real […] (que el proyecto de

sentencia del ministro Franco no se atrevió a

abordar, igual que, en su momento, una


sentencia del Tribunal Constitucional español al

que el autor que seguimos hace referencia) es

si se está dispuesto a regatear el carácter

humano a un ser a quien la biología no se lo

reconoce según algunos, asumiendo la carga de

establecer una distinta frontera de

“humanidad”. Querer rendir al no nacido

honores de sujeto, sin reconocerle a la vez

protección jurídico-constitucional, lleva por

esta vía a la paradoja final de situarnos ante un

objeto tan valioso como para justificar la

existencia de pintorescos derechos sin

sujeto”. 3

La propuesta de sentencia del ministro Franco

violentaba, además, el principio de igualdad

que establece la propia Constitución. ¿Por qué

se le tiene que dar preferencia al ser nacido

sobre el no nacido? ¿No debe el derecho

proteger al más débil? La propia jurisprudencia

y los tratados internacionales firmados por

México hablan del interés superior del menor.

¿Debe dársele prioridad al derecho de una

mujer sobre “su propio cuerpo”, por encima de

la protección del concebido, que es un menor,

indefenso y débil? No se trata, además, de


disposición sobre el propio cuerpo: el

concebido es un ser humano, distinto a su

madre. El embrión posee toda la información

genética necesaria para su desarrollo, como la

ciencia actual ha demostrado; si no se le

obstaculiza, llegará a nacer como cualquiera de

nosotros.

Otra cuestión que debería haber zanjado el

debate a favor del embrión: si hubiere duda —

y no la hay de que el concebido es persona—,

en caso de cuestionamiento, debe resolverse a

favor de la vida, a favor del débil. Como una

vez escuché: si nos dijeran que quizá detrás de

un matorral hay una persona, ¿dispararíamos?

A ningún cazador con cerebro se le ocurriría

jalar el gatillo.

¿No estaremos volviendo a las épocas del

Imperio romano, donde había esclavos que no

eran personas? ¿No estaban el racismo y la no

consideración de los afroamericanos como

personas ya superados? Parece que algunos

miembros de la Suprema Corte, González Salas

a la cabeza, se empeñan en sostener lo

contrario.

3) Un supuesto conflicto, que tal vez es el que


más vende, pues constituye la bandera de

algunos grupos feministas radicales, lo

constituye el hecho de que el embrión es un

obstáculo al derecho de la mujer a decidir

sobre el propio cuerpo, sobre sus derechos de

salud reproductiva y sobre su derecho a

elegir, 4 como también prevé la Constitución

federal, en su artículo cuarto, segundo

párrafo: “Toda persona tiene derecho a decidir

de manera libre, responsable e informada

sobre el número y el espaciamiento de sus

hijos”.

Aquí seguiremos brevemente algunos aspectos

de un interesante estudio sobre la

interpretación jurídica que tiende a considerar

que el embrión constituye un derecho que se

opone a los derechos mencionados de la

madre.

En el caso que se analiza, el método de

interpretación aquí explicado intenta, en

primer lugar, descubrir cuál es la finalidad que

protegen los supuestos derechos en conflicto.

Es claro que el derecho a la vida busca

proteger el bien de la vida humana de

cualquier miembro de la familia humana


(Declaración Universal de los Derechos

Humanos, preámbulo, 1948).

Los derechos que se aducen como atacados por

la reforma son la libertad reproductiva, la

salud y la vida de la mujer. También se podría

agregar la privacidad y la igualdad.

Los bienes protegidos por estos derechos

podrían ser caracterizados como los siguientes:

el derecho a la libertad reproductiva protege la

capacidad de elección de la mujer de procrear

o no; el derecho a la vida y la salud protegen

el bien de la vida y la salud (este último

derivación del derecho a la vida digna), y por

último podría decirse que la privacidad protege

la esfera de autonomía de toda persona en la

toma de decisiones de la interferencia estatal o

de terceros. 5 El derecho a la igualdad en este

caso buscaría poner en paridad de condiciones

al hombre y a la mujer en cuanto a la libertad

reproductiva humana mentada, pues toda

distinción basada en el sexo es nula. 6

Es evidente que (en el caso del Distrito Federal,

cuando aprobó la despenalización del aborto)

se subordina de manera total y general,

durante las primeras 12 semanas de gestación,


el derecho a la vida de la persona por nacer

frente al derecho de la mujer, ya sea

cualquiera de los nombrados anteriormente,

como hace la reforma impugnada.

Sin embargo, este sacrificio puede ser evitado

utilizando la teoría de la interpretación de los

derechos, salvo una interpretación ideológica.

Por el contrario, estos derechos pueden

coexistir. El ejercicio de un derecho,

aparentemente en oposición, es sólo un abuso

de derecho y, por lo tanto, un no derecho. 7 En

este caso, no se podría afectar el derecho a la

vida de la persona por nacer, pues es un

tercero inocente.

La sentencia de la Corte y la democracia

El debate vida humana-aborto no es

irrelevante. Lo que se disputa es mucho:

1) No hay homicidios pequeños; el respeto a

toda vida humana es condición indispensable

para que pueda existir una vida social digna de

ese nombre.

2) Cuando el hombre pierde conscientemente

el respeto a la vida humana como realidad

sagrada termina inevitablemente por perder

hasta su propia identidad personal. 8


Tras el debate vida humana-derechos de las

mujeres, se esconde una concepción sobre el

hombre que tiene funestas consecuencias para

el Estado de Derecho y la democracia, como

acertadamente sostiene Javier Sicilia: “Detrás

de los nobles argumentos que esgrimieron los

que lograron la despenalización del aborto, y

que son en México inobjetables, campea, sin

embargo, la banalización totalitaria de la vida.

Cuando la única constricción para ejercerlo se

ha reducido a la etapa posterior a los tres

meses del embarazo, sin acotamiento alguno,

la despenalización termina por afirmar en el

fondo que el hombre no se define por su

capacidad de autocomprometerse y

responsabilizarse de algo, sino por su derecho

discrecional a usar en un periodo de tres

meses de gracia la libertad egoísta de su yo ”.

El compromiso con la vida de otros, que hasta

fechas recientes era la marca distintiva de la

autonomía, se presenta ahora como un fardo,

como una constricción. Bajo el infantilismo

moderno del Derecho, nada existe que no sea

el yo. “Ningún otro —dice Finkielkraut— es yo

en mí que mis deseos, mis pasiones o mis


humores actuales. Mi antiguo yo y mis viejos

compromisos no tienen más peso en mi vida

que Dios o mi padre.”

El yo, disfrazado de libertad y derecho, se va

convirtiendo en la nueva tiranía totalitaria. En

ella, el individuo es el mismo, conserva su

carta de identidad; pero esa identidad tiene ya

pocas cuentas que rendir. Es una identidad sin

sustancia, desvinculada de la pesada carga de

mantener el yo en la fidelidad de sus

compromisos con la existencia y en la

modestia de la vida democrática; un yo atado

al llamado totalitario de la historia, que la

democracia creía haber superado. 9

NOTAS

* Maestro y doctor en Derecho, profesor

investigador de la Universidad Autónoma del

Estado de Morelos (UAEM) y abogado asociado

a Jalife, Caballero, Vázquez & Asociados.

[1] Ariel Alberto Rojas Caballero, Las garantías

individuales en México , 3 a ed., Porrúa,

México, 2004, p. 59.

2 Ricardo Yepes Stork y Javier Aranguren

Echevarría, Fundamentos de antropología, un

ideal de la excelencia humana , 6ª ed., EUNSA,


Pamplona, 2006, pp. 69-70.

3 Andrés Ollero, Bioderecho, entre la vida y la

muerte, Thomson Aranzadi, Elcano Navarra,

2006, pp. 83-84.

4 Ignacio A. Boulin Victoria y Soledad

Bertelsen Simonetti, “Informe sobre el aborto:

su interpretación jurídica”, en Vida humana y

aborto. Ciencia, filosofía, bioética y derecho,

Víctor Manuel Montoya Rivero y Diana Ortiz

Trujillo (coords.), Porrúa, México, 2009, pp.

227 y ss.

5 Carlos Santiago Nino, Fundamentos de

Derecho constitucional. Análisis filosófico,

jurídico y politológico de la práctica

constitucional, Astrea, Buenos Aires, 1992, pp.

304 y ss., citado por idem.

6 Convención sobre la Eliminación de Todas las

Formas de Discriminación contra la Mujer,

artículo 1 (1979).

7 Ignacio A. Boulin Victoria y Soledad

Bertlesen Simonetti, “Informe sobre el aborto:

su interpretación jurídica”, en op. cit. , pp.

227-246.

8 Joseph Ratzinger, El cristiano en la crisis de

Europa, 2ª ed., Ediciones Cristiandad, Madrid,


2006, p. 56.

9 Javier Sicilia, Democracia y aborto . Estamos

hasta la madre , Planeta Mexicana, México,

2011, pp. 87-88.