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Se 4, (Es POSIBLE UNA LECTURA FEMINISTA DE MARX?! El nuevo renacer del feminismo producido en la década de los sesenta fue debido a muchas razones hist6ricas, que no corresponde analizar en este articulo, Sin embargo, me parece importante para tratar el tema de la relacién entre el marxismo y el feminismo, La mayoria de los primeros grupos feministas que se formaron, compartfan la visidn critica que sobre la priictica y la teoria de los partidos de izquierda tuvieron todos los movimientos contestatarios de la €poca. Esto llevé, inevitablemente, a un enfrentamiento entre las concepciones marxistas y las recientes concepciones feministas. No obstante, los primeros intentos de conceptualizacién tedrica del fe- minismo, 0 por lo menos de alguna de sus corrientes, hicieron uso de algu- nos elementos de andlisis marxistas, tanto conceptuales como ideoldégicos. Es el caso, por ejemplo, de las concepciones del feminismo radical. La primera teorizacién de este tipo fue elaborada por Shulamith Firestone (1970). Firestone analiza con gran rigurosidad la situacién de la mujer en la familia, la sexualidad, la cultura y el amor, llegando a la conclu- sién de que la mujer se encuentra oprimida en todas estas dimensiones. Ello le lleva a revisar las concepciones marxistas clasicas sobre la situacién de la mujer, sosteniendo que la mujer constituye una clase social. Para Firestone, la teorfa de Marx y Engels tiene el gran mérito de haber desarrollado un método de anilisis hist6rico, a la vez dialéctico y materialis- ta, superior a cualquier otro intento de explicacién hist6rica. El error, en cam- bio, se produjo al desarrollar este andlisis sobre la base de variables econémi- cas. Antes que la divisién social del trabajo, sefiala Firestone, existié la divi- si6n sexual del trabajo: las primeras contradicciones no se produjeron entre clases sociales sino que entre hombres y mujeres. El verdadero motor de la historia, por lo tanto, fue la divisin originada en el sexo. Es asf que, parafraseando a Engels pero modificandolo, sostiene a modo de resumen que: “BI materialismo histérico es aquella concepcién del curso hist6- rico que busca la causa tiltima y la gran fuerza motriz de los acon- tecimientos en la dialéctica del sexo: en la divisién de la sociedad en dos clases bioldgicas diferenciadas con fines reproductivos y 4. Publicado originalmente como: Marx, Engels y el movimiento de mujeres, {Es posible una lectura feminista de Marx?, en A Priori, N° 1, 1982. Madrid 67 con conflictos de dichas clases entre sien en los sistemas de matrimonios, reproduccién hijos creados por dichos conflictos; en el desarrol otras clases fisicamente diferenciadas (castas); y en Ja pristina divi- si6n del trabajo basada en el sexo y que evolucion6 hacia un siste- ma (econémico cultural) de clases”. (Firestone, 1976, pagina 22). Firestone, por lo tanto, es Jade desarrollar una interpre- Jahistoria basada no en factores econ6micos, sino en ¢] ampliaria la teorfa del materialismo histérico de modo a nueva concepcion mas sexo mismo. Asi, se version marxista fuera s6lo una parte de est esto de que, mas alla de la economia. Todo ello sobre la base del supu' la explicaci6n ultima de los fenéme- existe una realidad psicosexual, que es forma materialista. nos, que puede desarrollarse en Si las categorfas sexuales son Ja explicacion Ultima de los fenémenos ello se debe, segin Firestone, a que provienen de la misma naturaleza. El origen de las contradicciones entre hombres y mujeres hay que b proceso de procreaciOn, es decir, en la biologfa misma. A diferencia de | estamentizaci6n econdémica, las clases sexuales han surgido directamente de Ia realizacion bioldgica: hombres y mujeres han sido creados con distal configuracion y diversidad de privilegios. Esta desigual distribucién as : i Ja familia biol6gica, primera forma de Pe al der se concretaba ya en social que tuvo la humanidad. La sed de poder, que condujo en definitiva ala formaci6n de clases, se origind en Ja formacién psicosexual de cada a duo en funcién de las contradicciones naturales entre hombres y mujere y educaci6n de lo Ho combinado de La propuesta de tacién materialista de que la amplia. scarlo enel : No se trata, por lo tanto, sefiala Firestone, de negar la biologia y el ae natural de Jas contradicciones entre hombres y mujeres. At x a ET poet. Ja causa final de todos los fenomenos ee 2a i. mn. ebido al proceso tecnolégico actual es posible Pe eae penne fundamental y natural. En la medt ee, aS 1 que la procreacién no sea realizada por lis posible eliminar la causa tiltima de su opresion Cu ie cial, la contradiccién sexual y se desintegt b pamenia de le eomedad Mee que la produce, sera posible borrar definite de las sociedades socialistas ‘orma de opresi6n y explotacién. La mayot mado las bases econémicas ne 4 han logrado, a pesar de haber hes s6lo enfrentaron un as le la desigualdad social, porque ss '°*" manos: aquel que se Ree de las contradicciones entre los econémicas. La revoluci a las clases sociales y a las cont” luci6n final, por lo tanto, atin est por cons" a > transfor sluci” diccio uirse Los planteamientos de Firestone, asf como los de otras corrientes fe ministas, tomaron desprevenidos a la izquierda oficial y a sus concepciones tedricas. La problematica hacfa largo tiempo que habfa sido relegada, te6ri camente, a un capitulo Hamado “la cuestién femenina” y practicamente a Jas secciones femeninas de los partidos, Ni uno ni otros eran capa responder a las preguntas que el movimiento feminista se planteaba. s de El pensamiento marxista del siglo veinte, en raras ocasiones, habfa con- tinuado los andlisis sobre la condicién de la mujer emprendidos en el siglo XIX. En parte, fue consecuencia del énfasis que se puso en la priorizacién del pensamiento de Marx, sobre todo en E! Capital, en el que no se presto especial atenci6n a la problematica de la mujer. En cambio, los andlisis de Engels y de Bebel, que si que se interesaron por la tematica de la opresion de la mujer, permanecieron olvidados hasta la aparicién del movimiento feminista. Asf, no existfa un planteamiento especffico para estudiar la con- dicién de la mujer en la izquierda oficial Lo que quedaba como residuo de los anilisis tedricos del siglo XIX era el supuesto de que la propiedad privada habia originado la subordinacion de la mujer y que ésta no podia ser transformada mientras la clase obrera no tomara el poder. Los problemas de las mujeres, por lo tanto, eran produci- dos por el capitalismo. La transformacién del capitalismo y su sustitucion por el sistema socialista, implicarfa la socializaci6n del trabajo doméstico y con ello el fin de la opresién de la mujer. El cuestionamiento del feminismo a esta concepcién clasica produjo dos tipos de respuestas generales. La primera, simplemente se aferré a la ortodoxia y la tradicién, aunque aceptando el olvido por parte del marxi mo de la tematica de la mujer. Sin embargo, se insistié en que este olvido no alteraba fundamentalmente ninguno de los supuestos marxis sobre la forma de resolver el problema. La opresién de la mujer es una contradic- cién secundaria que sélo puede ser resuelta una vez que la clase obrera haya hecho la revoluci6n socialista. La segunda concepcién, en cambio, fue producto de sectores dentro del movimiento feminista que no se sentian plenamente identificados con las tesis tedricas del feminismo radical. Acep- tando que el feminismo radical habia planteado preguntas correctas sobre la situacion de la mujer, pensaban que las mujeres no cons| itufan una clase social. Esta corriente tedrica se conoce como feminismo so al Dentro del feminismo socialista hay distintas concepciones y tenden- cias. Sin embargo, su intento principal es el de combinar la problematica de la explotacién de clase con la problematica de opresién de la mujer. Ello ha llevado a la conceptualizacién tedrica de que coexisten en las sociedades 69 — dos sistemas de opresi6n: el patriarcado y la sociedad de clases. Enelresto del articulo intentaremos describir algunos de los planteamientos teéricos analizados por esta corriente feminista, en especial, los problemas deriva- dos de combinar marxismo y feminismo. EL DEBATE SOBRE EL TRABAJO DOMESTICO El trabajo doméstico fue uno de los temas iniciales que abordaron las femi- nistas que se consideraban al mismo tiempo marxistas. Margaret Benston (1969) fue una de las primeras en sefialar que la opresi6n de la mujer tenia bases econdmicas. Todas las mujeres realizaban trabajos domésticos, trabajos que quedaban impagos, cuando se producian en el seno de la familia. Las concepciones econémicas, tanto las marxistas como las liberales, habjan olvidado, sistematicamente, el aporte del trabajo doméstico realiza, do por la mujer. Correspondia este hecho a la visién general de que el ama de casa, cuando no participaba en el mundo de la producci6n, era una mujer “que no trabajaba’”’. Sin embargo, las tareas domésticas tales como Cocinar, lavar, planchar... son una forma de trabajo, a cambio del cual muchas pend nas reciben un salario. Es el caso del cocinero de un Testaurante, de Jas doncellas de un hotel y hasta de los sirvientes domésticos de un hogar par- ticular. Lo que convertia el trabajo del ama de casa en “no trabajo”, era e] que éste fuera realizado para su propia familia: el trabajo doméstico pasaba a convertirse, en este caso, en una actividad “natural”. Pero, si se computa. ta este trabajo dentro del sector servicios, nos encontramos con que el PNB de cualquier pais aumentaria sustancialmente. El articulo de Benston Iamaba la atencién sobre un hecho incuestion ble: el trabajo doméstico habia permanecido ignorado. A las mujeres se les habia negado su condicién de trabajadoras por realizarlo. El marxismo, en este sentido, no se habia diferenciado de las otras teorfas econdmicas, asu- miendo igual que ellas que cuando el ama de casa trabajaba simplemente cumplia con su rol natural. El tema se convirtié inmediatamente en un foco polémico. Maria Rosa Dalla Costa y Selma James (1976) participaron a com nuaci6n en el debate, proponiendo que el trabajo de la mujer era producti Vo, puesto que a través de él se creaba la mercancia fuerza de trabajo, qe luego se vendia a cambio de un salario en el mercado laboral. Es 4 trabajo doméstico contribufa a la creacién de plusvalia; por lo tan'0. a4 Se capitalista se beneficiaba con él. Debido a ello, las amas de ca waa debian ser consideradas trabajadoras y, por lo tanto, sujetos de lar 3 4 ‘ i i -oncienciade™ cin proletaria. Lo importante era que las mujeres tomaran oncien® 70 an en torno a su trabajo, es deci amas , Ir, e casa, por lo tanto, también tenfan un ral ae ia stema capitalista. ce u, sino que es un trabajo ms. La segunda consecuen- a insistencia de que lo que une a las mujeres es, preci- ion de amas de casa y es en torno aesta actividad que las, = contestada desde una perspectiva marxista ortodoxa. tivamente el trabajo doméstico era funcional para el a productivo. Esto es, no contribuia a la produccién de (1973) es un exponente de esta postura. Para él, el 4jo doméstico genera valores de uso, que no llegan Mas atin, como forma de produccién, el trabajo do- te una forma de produccién pre-capitalista. y el modo como podia ser aplicada al trabajo doméstico : en un caso se sostenia que el trabajo doméstico es Hega al mercado capitalista a través de la mercan- ) y contribuye a la creacidn de plusv Enel segundo, domeéstico es socialmente necesario, que produce va- productivo en el sentido de crear plusvalia. Pero, si ceptuales de la polémica eran relevantes, lo més im- ncias practicas que de ellos se derivaban. trabajo doméstico como producto, se concluye que omo tales, forman una clase social, que también tiene burguesfa y en transformar el sistema capitalista. Es se convierten en proletarias y, en consecuencia, en ios. Las derivaciones politicas de la segunda concep- xcesivamente explicitadas. Pero ellas tenderfan a co- la visién clasica del marxismo: es decir, las mujeres 1 proletarias, antes de ser agentes de Ja revolucion. 71 Paul Smith (1978) sefiala que el andlisis de cémo el trabajo doméstico constituye el valor de la fuerza de trabajo es en realidad un problema im. portante para el marxismo, principalmente porque Marx, al no desarrollar. lo, dio definiciones diferentes y aparentemente inconsistentes del valor de la fuerza de trabajo. Sin embargo, tiende a coincidir con la posicién orto. doxa enel sentido de que el trabajo doméstico no es productivo, puesto que para Marx, no todo trabajo produce valor sino solamente el trabajo realiza. do dentro de las relaciones sociales de la produccién de mercanc(as, En realidad, dice, es el modo de producci6n capitalista y no el andlisis Marxista el que marginaliza el trabajo doméstico. Es necesario reconocer que |g Tel produccién de la fuerza de trabajo se realiza fuera del modo de Produceiéy, capitalista por muy funcional que sea para él. La polémica sobre el trabajo doméstico fue importante pues sejialg la debilidad del andlisis de Marx en relaci6n a la mujer. Resulta obyio que Marx al hablar de la reproduccién de la fuerza de trabajo ni siquierg se habia planteado la contribucién del trabajo doméstico. Cualquiera que fue. ran sus caracteristicas, lo importante es que Marx simplemente |o habja ignorado. De alguna manera, el trabajo doméstico le parecia algo natural, La contribuci6n de las mujeres permanecia invisible. q A partir de aqui, resulta claro para las feministas que habia que enfren. tarse a la “invisibilidad” de las mujeres en el trabajo teérico de Marx. Esta. ba claro, que la tematica de la mujer no era central en el marxismo. Sin em, bargo, jinvalidaba esta carencia los conceptos marxistas para analizar la opresién de la mujer? Esta fue la tarea que, a continuacién, asumié el feminismo Socialista, EL PATRIARCADO Desde el comienzo, los anilisis feministas indicaban que las relaciones entre los hombres y las mujeres tenian un componente de poder. De alli subordinacién y la opresion de la mujer. Kate Millet (1971) denominda | estas relaciones “politica sexual”, es decir, ejercicio de poder de los hombres Sobre las mujeres, sefialando que esta relacién desigual se originaba et factores sociales, que luego se reproducfan perpetuando el sistema, denominé “patriarcado”. Lo que habia que explicar, pues, eran los orfgenes y los mecanisin0s patriarcales. Esta necesidad determiné dos tipos de estudios. Por ut i las antropélogas revisaron las teorfas y estudios antropolog icos, bust evidencias sobre los orfgenes del patriarcado. Por otro. economistis 2 »>” Paul Smith (1978) sefiala que el andlisis de cémo el trabajo doméstico i el valor de la fuerza de trabajo es en realidad un problema im- ee, | marxismo, principalmente porque Marx, al no desarrollar. Poa srnick nes diferentes y aparentemente inconsistentes del valor de bce re cabaio Sin embargo, tiende a coincidir con la posicién orto. ‘aa 1 e as de que el trabajo doméstico no es productivo, puesto que ae mS todo trabajo produce valor sino solamente el trabajo realiz, ae las relaciones sociales de la produccién de metcancfas, Ep realidad, dice, es el modo de produccién capitalista y no el anilisis Marxista el que marginaliza el trabajo doméstico. Es Necesario reconocer que la re. producci6n de la fuerza de trabajo se Tealiza fuera del modo de Produccign capitalista por muy funcional que sea para él. La polémica sobre el trabajo doméstico fue importante ues sefialé |g debilidad del andlisis de Marx en relacién a la mujer. Resulta Obvio Marx al hablar de la reproduccién de la fuerza de trabajo ni siquier habfa planteado la contribucién del trabajo doméstico, Cualquiera que Tan sus caracteristicas, lo importante es que Marx simplemente |o ignorado. De alguna manera, el trabajo doméstico le parecia La contribucién de las mujeres permanecifa invisible. que a se fue. habia algo natural, A partir de aqui, resulta claro para las feministas que habia que enfren. tarse a la “invisibilidad” de las mujeres en el trabajo teérico de Marx. ba claro, que la tematica de la mujer no era central en el Marxismo. Sin ¢ bargo, zinvalidaba esta carencia los conceptos marxistas par: opresién de la mujer? a m- @ analizar |g Esta fue la tarea que, a continuacién, asumi6 el feminismo Socialista, EL PATRIARCADO Desde el comienzo, los andlisis feministas indicaban que las relaciones ente los hombres y las mujeres tenfan un componente de poder. De alli la subordinacién y la opresién de la mujer. Kate Millet (1971) denominéa estas relaciones “politica sexual”, es decir, ejercicio de poder d sobre las mujeres, sefialando que esta relacién desigual se ori factores sociales, que luego se reproducian perpetuando el sistema, alt denominé “patriarcado”, e los hombres Lo que habfa que explicar, pues, eran los origenes y los mecanismyy Patriarcales. Esta necesidad determin dos tipos de estudios. Por un "4 las antrop6logas revisaron las teorfas Y estudios antropolégicos, Ye evidencias sobre los origenes del patriarcado. Por otro, economistas YF 72 ron a analizar las instituciones patriarcales de la sociedad anismos que perpettian hoy la opresién de la mujer. stién femenina” no habja sido un tema central en los Jo fue en Los origenes de la familia, la propiedad pri- Engels. El andlisis de Engels, por lo tanto, se convierte contenido era ual. Asif, se propuso relacionar la divisién sexual del de propiedad de los medios de produccién y las di- nonio. ntropoldgicos de su época, en especial los de Morgan, n las sociedades recolectoras y cazadoras, las formas nonio eran colectivas y la divisién sexual del tra- ndo se inicia la agricultura y se domestica a los o ambos al sistema de produccién, se da la posibili- umente para el consumo, sino que quede un exceden- o. Es en este momento que aparece la propiedad xual del trabajo se hace desigual. Los hombres ad- 6mico, que trasladaron al control de las mujeres. Al la propiedad por herencia, era importante conocer . Por ello se instaura el matrimonio monégamo, la nueva forma de organizacién econémica. La apari- duce el primer tipo de antagonismo de clase que antagonismo entre el hombre y la mujer. Al mismo er sistema de dominaci6n y de opresién: el de los jeres, | que la vida social se divida en dos esferas: la vida ominio de los hombres y la vida privada que serd del ombres pueden imponer esta separacién porque po- medios de produccién. enera una profunda transformacién de la familia pa- e la familia burguesa, en la que hay una prople- que el control de la mujer sigue siendo fundamen- 73 tal. Por otro, aparece la familia proletaria, que ya no es una unidad produ tiva, y en la que no hay propiedad que transmitir. Lo tinico oe — e miembros es su fuerza de trabajo para ser vendida enel ae sf, e ula familia proletaria se dan las bases de constitucién de la fami i lemocrati- ca: primero, porque ya no hay una propiedad que transmitir y luego, Porque la incorporaci6n de las mujeres al trabajo productivo les proporciona inde- pendencia econémica. Si bien el intento de Engels era un buen punto de partida, puesto que e] concepto de reproduccién y relacién entre los sexos aparecia como una dimensi6n a ser tomada en cuenta, presentaba en cambio dos tipos de pro- blemas. En primer lugar, la evidencia antropoldgica posterior no ratificaba sus tesis sobre la relacién entre propiedad privada y subordinacién de la mujer. Lo problematico no era la aparicién de la propiedad, sino la divisién sexual del trabajo en si mismo: en muchas sociedades la divisién sexual de] trabajo desigual antecedia a la aparicién de la propiedad privada. Un segun- do problema, era que, al reducir la desigualdad entre los sexos al problema de la propiedad privada, subordinaba las formas de reproduccién a los me- canismos productivos. En efecto, la reproducci6n se convertia en un fendmeno natural, mien- tras que la produccién tomaba dimensiones de sistema social. En esto, si bien dandole mas contenido a la esfera de la sexualidad y la reproduccién de lo que le habia dado Marx, coincidfa con él. En la Ideologia Alemana, Marx sefialaba que habia tres aspectos de la actividad social que eran las premisas de la existencia humana y, por lo tanto, de la historia, Estas tres actividades eran la produccién de los medios para satisfacer las necesidades, la produccion de nuevas necesidades y, por ultimo, la reproduccién de la especie humana. La necesidad de crear ott0s hombres, es decir, reproducir la especie, generé la primera forma de organi zacién social, la familia. Sin embargo, sefiala Marx, la familia, que en 0? Comienzo fue la tinica forma de relacion Social, se convirtié posteriorment’ en una institucién subordinada. La produccién de bienes para satisfacet necesidades se convirtié en la actividad prioritaria, Es ast como los dos aspectos que constituyen la base material dela vida social, es decir, la Teproduccién de la especie y la produccion de beg Res, desaparecen del andlisis de Marx como dos formas de organizai0! SScial diferenciadas, Mas atin, no s6lo convierte las relaciones de la" duccién i be © un tipo dé actividad “natural”. A partir de alli, cada ve Marx se refiere ala re ne Di 08 . 4 e Produccién humana la explica slo en términos Procesos productivos, , yi 74 Marx habla en El Ca; 1 a at pital del Proceso de de trabajo, sefiala que ésta es una condicién eee n del capital. Sin embargo, agrega que la clase capitalis- funcién sea cumplida por el “instinto natural” de C trabajadora Y NO necesita intervenir en él, Lo que analizar el costo de Teproduccién de esta fuerza de ibuci6n del asalariado al para Marx, las relaciones entre los sexos y las ca- a Son Consecuencia de lo que sucede en el modo nsforman cuando éste se cambia. El sistema capita- , produce automiaticamente una familia capitalista. Si ines empiricas le llevan a constatar que hay dife- les entre hombres y mujeres, ellas no dejan de ser $, Sin convertirse en ningtin momento en elementos dlisis materialista de la historia de Marx, y en parte en cuenta un aspecto material de la vida: el de la s. El de la reproduccién humana no es analizado, y ido a la produccién, aunque Engels le da mas rele- iones de producci6n, familia y produccién. Pero, sion desaparece cuando se institucionaliza la propiedad de produccién. A partir de ese momento, subordina la oduccién. $ materiales de la vida se convierten, en consecuen- oduccién de bienes. En el anilisis del modo de pro- ni siquiera se hace referencia a las relaciones de one continuar con el andli- o de la vida material. Es decir, entender que el a de dominacién auténomo del modo de produc- ncial es que no se pue= a situacién de la mujer, ni siquiera su participates - icci6n, sin hacer referencia a esta dimensi6n patriarcal ista, precisamente, Prop' : 6 royectO 75) es una de las antropdlogas que peor ae sp idera que si sus resultados no fueron los ¢ Para ella, las necesidades de la sexualidad y la pro- 75 creaci6n deben ser satisfechas tanto como lo son la necesidad de comer y las demas necesidades materiales. Una de las conclusiones compartida por la evidencia antropolégica, es que rara vez estas necesidades son satisfe- chas de modo “natural”. El hambre es un hecho natural, pero lo que se considera alimento esta culturalmente determinado y obtenido: cada socie- dad tiene su forma de organizar la actividad econémica. Del mismo modo, el sexo es bioldgico, pero la practica sexual est4 también determinada culturalmente. Cada sociedad, sefiala, tiene su propio sistema sexual/de género, es decir, una serie de reglas sociales, por medio de las cuales el material biolégico de la sexualidad humana y la procreacién es moldeado por la intervencién social. De este modo, las necesidades sexuales se satis- facen de una manera convencional. La antropologia ha demostrado que las variaciones pueden ser muy grandes. El sexo, tal como lo conocemos, es un producto social: la identidad sexual, o mas bien la identidad de género, e| deseo sexual, las formas de desarrollo de la fantasia y la sexualidad, est4n orientadas por principios convencionales producidos por la sociedad. Rubin prefiere hablar de un sistema sexual/de género en lugar de con- ceptos tales como “patriarcado” 0 “modo de produccién”. El concepto de modo de reproducci6n tiende a generar una dicotom{a entre la economia relacionada con la produccién y el sistema sexual relacionado con la pro- ducci6n. Esta dicotomia tenderia a reducir la riqueza de cada sistema, pues- to que tanto la produccién como la reproduccién existe en ambos. No se puede limitar el sistema sexual al problema de la “reproduccién”, ya seaen su sentido social 0 bioldgico. El sistema sexual/de género no es simple- mente el aspecto reproductivo del modo de produccién: implica mucho més que las meras relaciones de procreacién. La formacién de la identidad de género, por ejemplo, es uno de sus productos. El concepto de patriarcado, por otro lado, le parece un concepto re tringido. Ciertamente, permite distinguir las fuerzas que mantienen dl sexismo de las otras fuerzas sociales que generan desigualdad. Sin embat- g0, el sistema sexual/de género no necesariamente implica desigualdad 0 una “estratificacién de género”. Por lo menos en teoria, tambien puede set un sistema igualitario, a pesar de la larga persistencia historica que ha 7" do la desigualdad. Si lo comparamos con la produccién, serfa como "4 4 tincién entre el concepto de modo de produccién y el de capitalist capitalismo es un modo de produccién especifico. Del ms" patriarcado, es un sistema sexual/de género especifico. ro modo, este En todo caso, al margen del término que se use para desig $5 vir tema, lo importante es desarrollar los conceptos adecuados para” gd organizaci6n social de la sexualidad y la produccién y !2s°°"" ro. Para ello, el método propuesto por Engels puede ser vali- nder el andlisis del segundo aspecto material de la vida, a través del examen de los sistemas de Parentesco. Pero, ~a hasta hoy la evidencia antropoldgica ha mostrado la gran de parentesco que han existido en la sociedad. Para : los mejores intentos de andlisis del parentesco que pueden ‘1 feminismo, es el de Lévi-Strauss. El punto de partida de re parentesco, de Lévi-Strauss, es el andlisis de Mauss sobre ia que tiene, en las sociedades primitivas, el intercambio de stiene que el significado de este intercambio es de expre- ir azos sociales entre los que intercambian. El regalo hace establezcan una relacién especial de confianza, solidari- Lévi-Strauss aplica esta teoria a los matrimonios y a las entesco. mio es basicamente una forma de intercambio de regalos, Jo que se intercambia son las mujeres. El resultado del ujeres es mas profundo que el resultado de las otras tran- los, porque las relaciones que se establecen son las rela- De esta manera, se genera un sistema de relaciones ndo y duradero que el que se establece por el simple los. El intercambio de mujeres fue fundamental para la a social y su consecuente organizacion. se convierte, asf, en la relacion social fundamental y es 0 por lo menos su control, lo que da poder. Si son las e intercambia, entonces son los hombres los que establecen sambiarlas. Si bien el intercambio de mujeres no implica Jas mujeres sean convertidas en objeto, en el sentido que los objetos del mundo primitivo tenfan gran valor, el duce una distincién clara entre el donante y lo que es que intercambian objetos, no los presentes mismos que reciben el poder casi mistico de la vinculacién so- e las mujeres fueran altamente valoradas, las relaciones tales que ellas no pueden usufructuar de los beneficios ulacion. En la medida en que son los hombres los que s, son ellos los beneficiarios del producto de tales in- , la organizacién social. tiva, Lévi-Strauss sugiere una interpretaci6n alter- sl incesto. La funcién del incesto serfa la de obligar a que yjeres entre familias se produjera; pues si la familia no sres, es decir, si la reproduccién se produjera dentro del 7 _™ Seno de ella misma, se acabaria la sociedad, Lévi-Strauss Sefiala que a . +e : ee del incesto y los resultados de su aplicacién constituyen ¢ Otige al labg cultura. Ben de a El concepto de intercambio de mujeres es interesante miento feminista, porque sugiere que la opresion de la mujer ha de buse, en necesidades del sistema social en lugar de en la biologia, Més atin, giere que los fundamentos de la opresién se encuentran en e| tticg 4, mujeres, no en el tréfico de mercanefas. Sin embargo, el andlisis Presenp varios problemas. El primero, es que la afirmacién de Lévi-Strauss go ail el origen de la cultura est relacionado con el trfico de mujeres implicarfa que la “derrota histérica” de las mujeres es un pre-requisito pa ‘ cia de la cultura. Es probable que de no haber existido este tr; ciedades humanas hubieran encontrado otros mecanismos alte: generar cultura. El segundo problema reside en cambio de mujeres no describe adecuadamente t que existe sobre los sistemas de parentesco. Para el mo, i ra la €Xistep. ‘fico, | Mativos pary que el concepto de inter. oda la evidencia empfrica ‘AS So. A pesar de estos defectos, Rubin cree que la teoria del intercambio mujeres es més titil para entender la Opresi6n de la mujer que la tesis Engels. El intercambio de mujeres es una buena manera de expresar que las relaciones sociales en el sistema de parentesco dan a los hombres algunos derechos sobre las mujeres, que Estas no tienen sobre sf mismas o sobre los hombres con los que est4n relacionadas. de de Es ésta la utilidad que tiene la nocién de intercambio de mujeres, no tanto su relacién con la creacién de la cultura. Si la afirmacién de Lévi-Strauss —que el intercambio de mujeres es el principio fundamental del parentesco— es correcta, entonces se puede atir- mar que la subordinacién de las mujeres es producto de las relaciones pot medio de las cuales se organiza y produce el sexo y el género. La opresién econémica de las mujeres serfa, entonces, un fenémeno secundario y deri- vado. Pero, esto no significa que la economia est4 separada del sistema sexual por lo cual, ademés del andlisis de la reproduccién, hay que desarro- llar la economfa politica de los sistemas sexuales, Esto es, estudiar todos los mecanismos con los que cada sociedad establece y mantiene sus propiat convenciones sobre la sexualidad. El concepto de intercambio de muje!* es un primer paso en esta tarea. Un segundo paso seria el de relacionar la divisién sexual del a con la conceptualizacién anterior, Lévi-Strauss sefiala que la i aate bre la divisi6n del trabajo por sexos muestra que ésta no obedece a Saale bioldgicas, sino que tiene otros objetivos. El principal de ellos es ase! 78 s y mujeres, garantizando que la unidad econém) 4 mica 10S, un hombre ; u mn a”: el tabi contra ii eae La division 5 lejanza entr e modo de separar a los sexos en dos Categorias ae B i 4 utua- Es decir, un tabti que exacerba las diferencias biologi crea el género. hay que Ae este andlisis atin mas lej la organizaci6n social del sexo descans, é ad obligatoria y sobre la ici pi 10 impuesto por la divisién de los sexos es el eed i. sobre la sexualidad. Dado que los sistemas de al ; trimonio, es decir, en la pareja heterosexual, ae hombres y mujeres bioldgicos en hombres y imjeres dependan absolutamente unas de otros, a jos. Aclara que, forzar la necesidad de dependencia mutua hay que y mujeres se parezcan, logrando que adquieran ras- y aun opuestos. Ja sexualidad, esta acentuacién social de la diferencia ia genera la heterosexualidad. Para que exista el tabu prohibicion contra alguna forma de relacion hetero- e imponer la heterosexualidad. El tabti del incesto sefiala que las descripciones antropolégicas de los y no describen los mecanismos a través de los cuales las on marcadas por estas convenciones de sexo y género. 2, en cambio, la teoria psicoanalitica, que se conv ierte, sobre la reproduccién de parentesco. EI psicoandlisis s del cual las reglas y las regulaciones sociales de la as a la personalidad de sus miembros. Jo ha sefialado el movimiento feminista, que hay un detras de las teorias de Freud y Lévi-Strauss Pero ‘sexismo de estas teorfas no radica en la descripcion 79 ' a de estos fenémenos, sino en el hecho de asumirlos de forma no crit; teorfas que hacen referencia a la opresion de la mujer son a Lag medida que reflejan la realidad tal cual es hoy en la sociedad Pe “nly Pero, asumir estas teorfas como descripcién de los mecanismos a no implica asumir la existencia de la sociedad patriarcal. Por ello a feminista debe proponer los medios para la transformacién de an ‘cong dad que oprime a las mujeres. a En resumen, al feminismo debe proponer una revolucién en el p, tesco. La regulacién del sexo y el género tuvieron en su momento ha cién de organizar la sociedad. Este sistema, hoy, sdlo se organiza a duce a sf mismo. Una de las caracteristicas mas importantes felsic capitalista es que ha eliminado sistematicamente las funciones moti econ6micas, educaciones y organizacionales que tenia el sistema de — a tesco. Por lo tanto, lo ha dejado reducido a la médula: la constitucién a sexo y el género. La constitucién de la vida sexual humana siempre a estar sujeta, de alguna manera, a Ja intervenci6n social. Parece rps pensar en una mera expresién natural (en el sentido biolégico) de la sexua- lidad. Pero los mecanismos y los fines de esta intervenci6n social deberfan ser asumidos conscientemente por los miembros de la sociedad. Deberfa ser posible liberar la sexualidad humana de las constricciones opresivas y | arcaicas. Por otro lado, en la medida que las sociedades se han hecho mas com- plejas, es necesario relacionar el sistema de parentesco, como una institu- cién social, con el resto de la sociedad: con la economia, el Estado, el dere- cho, etc. Este fue el intento de Engels, y Rubin considera que alguien debe- rfa volver a escribir una nueva version de El origen de la familia, la propie- dad privada y el Estado. Estas relaciones entre patriarcado y el modo de producci6n, espect- ficamente entre el patriarcado y capitalismo, fue precisamente el objeto de los andlisis econémicos y sociolégicos del feminismo socialista. PATRIARCADO Y RELACIONES DE PRODUCCION fa el de definirlo Una primera aproximacién al concepto de patriarcado sert como el conjunto de relaciones sociales de la reproducci6n humana que se estructuran de modo tal, que las relaciones entre los sexos son relaciones de dominacién y subordinaci6n. Sin embargo, la opresién de la mujer no se sitda s6lo en el context© de roduccién. También la mujer participa y 10 ha hecho ticas ESP las relaciones de rep: | historicamente, en el proceso productivo, con rasgos ¥ caracteris' 80 de mujer. No se puede entender est; nensiOn patriarcal de la sociedad. La de la reproduccion se traslada, de ‘as Caracteristicas Subordinacién de alguna manera, al ituaci6n social de la mujer, por lo tanto, hay que tomar tos dos sistemas de dominacién: la dominacién patriar- e clases. En el caso de la sociedad capitalista, el punto diar los fenémenos relacionados con la condicién de ado capitalista. igh y Rachel Harrison (1978) sefialan que la vincula- ntre modo de produccién y patriarcado es el hecho de iales de la reproduccién humana son especificas de parecen las clases sociales, las mujeres se dividen en Pproducci6n, y las que procrean futuros trabajadores. y material de las mujeres, es decir, la procreacién, se ciones sociales, necesarias para perpetuar las relacio- S desarrollaron dos funciones separadas, correspon- e clase de sus maridos. , hace que los mecanismos de control sobre la mujer a clase social. En el matrimonio, la esposa entrega al lar su capacidad de trabajo, puesto que no lo realiza; r su capacidad reproductiva por su vinculacion con la 2§ trabajadoras, en cambio, est4 alienada en las dos tanto la familia como los mecanismos de subordina- en cada clase social. De este modo, las mujeres eamente en dos estructuras separadas aunque rela- S y las patriarcales, y es su posicién de clase la que arcal a la que estaran sujetas. 81 SS lL |) Enel caso de la sociedad capitalista, Jos mecanismos que asegu;,, subordinacién de la mujer y el control masculino de su persona sop log del acceso diferencial de hombres y mujeres a la propiedad y al sala, Para la burguesfa, se trata de Ja division sexual de la propiedad prodycy; va. Es decir, las mujeres no tienen el mismo acceso a la propiedad de |p, medios de produccién. En Ja clase obrera lo que se hace desigual p,, hombres y mujeres es el acceso al salario. En ambos casos se estableo, una relacién de dependencia econdmica en el matrimonio que garantiz, su subordinacién. Marx y Engels ya habfan sefialado la sumisi6n de la mujer de la by; guesia, puesto que habfa una propiedad que transmitir. En cambio, habjay indicado que en la familia proletaria habfan desaparecido las bases mat les de la subordinacién de la mujer, porque el proletario no necesita cono. cer quienes eran sus herederos y la mujer habia sido incorporada al trabajo productivo, logrando asf su independencia economica. Sin embargo, en el transcurso del siglo XIX se rehace la familia patriarcal de clase obrera. Las mujeres retornan al hogar, donde realizan de forma gratuita el trabajo do- méstico. La propiedad del salario pasa a ser exclusivamente del marido, perdiendo la mujer su independencia econdmica. La persistencia de la familia patriarcal y de la subordinaci6n de la mu- jer en todas las clases sociales del capitalismo demostraria que las variables econdmicas no explican, ni en su origen nien sus formas, el dominio de un sexo sobre otro. La imposibilidad de explicar la subordinaci6n sexual de las mujeres de la clase trabajadora en términos econdmicos, sugiere que la ideo- logia que define el lugar de la mujer en la familia, la ideologia patriarcal, es un aspecto importante de los mecanismos que subyacen en la perpetuacion de las relaciones patriarcales. Cualquier anlisis de la condicion femenina, por lo tanto, debe tomar en cuenta todas las dimensiones de su opresi6n; es decir, tanto los aspectos sexuales como los econémicos de la familia y de la fuerza de trabajo. Por lo tanto, es imprescindible analizar la dimensién patriarcal de la sociedad para entender la persistencia de la familia patriarcal en el capita- lismo y la discriminacién y subordinacién de la mujer en la produccién. Los conceptos marxistas cldsicos no permitfan la explicacién de ningun? de los dos fenémenos. Porque ni Marx ni Engels consideraron que habia un sistema de dominacién auténomo del modo de produccién. Aunque Engels concedia cierta autonomia al andlisis de la subordinacién de la mujer, # reducirlo al problema de la propiedad privada también lo limité al desarto- Ilo de las contradicciones de clase. 82 i aatl te Por ello, las feministas marxistas se encontraron con que era imposible nder a la mayorfa de las preguntas sobre el origen y la persistencia de resPrresién de la mujer con el esquema marxista clasico. Quedaba un érea ee que si podia corresponder a la tematica del marxismo: la parti «sion de Ja mujer en el proceso productivo. En este caso, se trataba de un pilisis espectfico al modo de produccién y en el que las categorfas marxis- tas ortodoxas deberian ser aplicables, Sin embargo, nuevamente, hubo que ‘ecolver problemas de conceptualizacién. PATRIARCADO Y TRABAJO FEMENINO ti Para Marx y Engels, la incorporacién de la mujer al proceso productivo, es Be decir, el convertirse en asalariada, era la base de la liberaci6n. El nico obstdculo para este ingreso era el trabajo doméstico, por su caracteristica de trabajo privado. La incorporacién plena se conseguiria s6lo cuando el trabajo doméstico fuera socializado. Respondiendo a esta tradicién, los paises socialistas suelen afirmar que enellos la mujer esté liberada porque esté que se ha hecho un esfuerzo notable para s ntegrada a la produccién y por- cializar las tareas domésticas. Si el proceso no es perfecto se debe a que, por escasez de recursos, atin i queda un residuo de trabajo doméstico que se realiza en el hogar. Cuando se abl supere esta situaci6n, las mujeres serdn totalmente libres. de Esta vision de que el trabajo “liberaba” a la mujer se ha popularizado, its también, en la ideologta liberal y desarrollista. En gran parte se origina la ia, dicotomia entre la mujer que “no trabaja” y la mujer que lo hace. Como se sefial6 en la primera parte del articulo, toda mujer trabaja. Que reciba o no un salario a cambio de su trabajo, es un problema distinto. Mas aun, aunque a “trabaje” en el sentido de realizar un trabajo asalariado. iempre sigue sien- do la responsable del trabajo doméstico. Esto, ciertamente, incide en su ee situacién laboral. Ta entrada de la mujer al trabajo asalariado ni es el fundamento de su liberacién, ni la equipara con el sector asalariado masculino. Como demuestra la evidencia empirica, tanto en los paises occidentales como en los paises Socialistas, la mujer se incorpora a sectores especificos de trabajo asalaria- 40. En primer lugar, tienden a ser “profesiones femeninas”, es decir, profe- Sones que se asemejan al trabajo doméstico. En segundo lugar, la mano de Obra femenina se encuentra en los sectores de mas baja especializacién, y Gemenor retribuciGn econémica. Incluso, en algunos casos, aun en la misma “tegoria laboral, recibe un sueldo inferior al de un trabajador masculino, ti tertrt—C“(‘