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REVISIÓN Y NUEVAS APORTACIONES SOBRE EL

POBLAMIENTO PREHISTÓRICO EN EL CAÑÓN


DEL RÍO LOBOS (SORIA-BURGOS)*

SERGIO MORAL DEL HOYO**


MARTA NAVAZO RUIZ**

Resumen: La llegada a nuestras manos de una colección particular compuesta sobre todo por
materiales prehistóricos procedentes de dos cuevas del Cañón del río Lobos hizo que nos planteá-
semos una revisión de las evidencias prehistóricas en dicho entorno natural. Con tal objetivo, repa-
samos los diferentes asentamientos prehistóricos documentados desde principios del s. XX y visi-
tamos los fondos del Museo Arqueológico de Burgos, Museo de Santo Domingo de Silos y Museo
Numantino. En este último destaca la presencia de materiales inéditos procedentes de una prospec-
ción realizada en 1993 por la empresa Areco S.L. que, junto a los existentes en la colección parti-
cular de M.M., a quien agradecemos su colaboración, conforman el corpus de nuestro estudio.
Palabras clave: Cañón de río Lobos, asentamientos prehistóricos, cerámica.

Abstract: The arrival to our hands of a particular collection composed especially by prehistoric
materials proceeding from two caves of the Lobos river’s Canyon did that we considered a review
of the prehistoric evidences in the above mentioned natural environment. With such an objective
we revise the different prehistoric sites documented from beginning of 20th century and we go
through the collections of the Archaeological Museum of Burgos, Museum of Santo Domingo of

* Agradecemos a Dª. Belén Castillo, D. Lorenzo Maté y D. Elías Terés Navarro, directores
del Museo Arqueológico de Burgos, Museo de Santo Domingo de Silos y Museo Numantino las
facilidades dadas a la hora de acceder a los materiales de los respectivos museos. Dibujos realiza-
dos por L. Ibáñez.
** Laboratorio de Prehistoria. Edificio I+D+i. Universidad de Burgos. Plaza Misael
Bañuelos s/n. 09001 Burgos. Correo electrónico smoral@beca.ubu.es.

BSAA arqueología, LXXII-LXXIII, 2006-2007, pp. 39-65


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Silos and Museum Numantino. In the latter stands out the presence of unpublished materials pro-
ceeding from an prospection realized in 1993 by the company Areco S.L., that together with the
existing ones in M.M's particular collection., to whom we are grateful for his collaboration, shape
the corpus of our study.
Keywords: Lobos River’s Canyon, prehistoric settlements, pottery.

Introducción

Compartido por las provincias de Burgos y Soria, el Cañón del río Lobos,
hoy Parque Natural, se erige como un espectacular espacio biogeográfico carac-
terizado por un profundo cañón con escarpados farallones que alberga en su inte-
rior bosques de sabinas y pinos, además de una gran variedad de especies anima-
les. El río Lobos, que nace en tierras burgalesas y vierte sus aguas junto con el
río Chico al río Ucero, recorre este cañón de NE a SW, pasando por la provincia
de Burgos en Hontoria del Pinar y por los términos municipales sorianos de San
Leonardo, Santa María de las Hoyas, Casarejos, Herrera de Soria, Nafría de
Ucero y Ucero.
Las noticias más antiguas de la presencia humana en el cañón vienen de la
mano de la labor prospectora de H. Breuil y el padre Saturio quienes, a princi-
pios del s. XX, hablan ya de “posible musteriense” en Arganza o el Abrigo del
Barranco del río Lobos con industria lítica en cuarcita (Breuil y Obermaier,
1913). Este asentamiento está ubicado por sus descubridores en la provincia de
Burgos y para otros autores como Cabré (1912) y Taracena (1941) en Soria.
Parece que la confusión viene porque el Cañón pertenece desde un punto de vista
administrativo a ambas provincias, pero sea como fuere en la actualidad no se
conoce su ubicación exacta ni el paradero de las piezas. El seguimiento que sobre
este sitio hemos realizado nos lleva a la localidad de Arganza, perteneciente al
municipio soriano de San Leonardo, en donde tenemos constancia de la existen-
cia de un abrigo situado en una finca particular sin noticias de hallazgos prehis-
tóricos según diferentes informantes locales.
De nuevo Breuil y Obermaier en esa misma publicación sitúan el siguiente
asentamiento, Barranco del río Ucero:
“Un poco más al sur en el Barranco del río Ucero, entre la cueva de la
Máquina y la de San Bartolomé, al pie de una pendiente suave y sobre la orilla
izquierda del río, H. Breuil ha constatado la existencia de una pequeña estación
Musteriense y ha recogido algunas lascas de cuarcita, una raedera y dos discos.
(...)”. (Breuil y Obermaier, 1913).
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Fig. 1. Mapa con la distribución de los yacimientos citados en el texto. 1-Mina del Moro; 2-
Cueva del Perín; 3-Cueva del Mono; 4-Colmenar de los Frailes; 5-Cueva del Chorrón; 6-Laderas
de Valdesneila; 7-Cueva la Era; 8-Cueva de los Espeleólogos; 9-Barranco de la Calzada; 10-El
Balconcillo; 11-Riscaperdices; 12-Cueva La Llana; 13-El Polvorista; 14-Cueva B5; 15-La
Cabezuela; 16-El Chaparralejo; 17-Cueva El Cartero de Herrera; 18-Cueva Lucía: Yacimientos al
aire libre (círculos blancos), yacimientos en cueva (círculos negros).
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García-Soto y Fernández (1984) indican que el nombre que se le da no es


correcto, ya que el yacimiento no se localiza en dicho barranco, aunque no pro-
ponen un cambio de nombre puesto que todos los investigadores que se han inte-
resado por este sitio lo llaman como sus descubridores.
Ambas noticias se citan desde entonces en el Hombre Fósil (Obermaier,
1925) y hasta nuestros días. Después de haber revisado la bibliografía existente
y los fondos de las diferentes instituciones citadas anteriormente, creemos que
dichas piezas no se encuentran en ninguna de ellas. De no haberse extraviado,
parece que pudieran encontrarse en el Instituto de Paleontología Humana de
París. Sin embargo, ambas noticias deberían tratarse con la precaución que mere-
cen. Este y otros motivos nos han llevado a iniciar un proyecto de investigación
sobre el Paleolítico medio en la zona nororiental de nuestra comunidad entre
cuyos objetivos se encuentra la intervención arqueológica y estudio de esta
cueva1.
Hay otro asentamiento al aire libre en el término municipal de Ucero deno-
minado Ucero I2. Se trata de una estación musteriense publicada por García-Soto
y Fernández (1984), localizada cerca del Cañón pero fuera del Lugar de Interés
Cultural (LIC), en una terraza mixta del río Ucero y el arroyo de Valdeavellano.
El material recuperado se conserva en el Museo Numantino y está formado por
núcleos centrípetos, varias lascas, una punta pseudo levallois, una limace, dos
raederas y varias lascas retocadas, todo de cuarcita.
Otra referencia sobre ocupaciones prehistóricas en el Cañón o sus alrededo-
res, ésta ya sobre nuestra prehistoria más reciente, viene de la mano del Padre
Saturio González (González 1948) y hace alusión a cuevas con cerámicas neolí-
ticas muy toscas. Estas cuevas se encuentran al SE del pueblo de Hontoria del
Pinar y son denominadas Cueva Negra, Morciguinllos, Matalacueva, El Torcal y
Cueva Blanca. No hemos localizado ninguno de estos materiales, por lo que sos-
pechamos desaparecieron en el incendio que sufrió el Monasterio de Silos en
1970. De este mismo periodo también se ha documentado un yacimiento con
escasos materiales y restos de una estructura mural en Ucero (García-Soto y La-
Rosa 1991), mientras que de momentos posteriores únicamente ha sido excava-
do el poblado de El Balconcillo, un enclave al aire libre próximo a la ermita de

1 El proyecto referido, desde el que se redacta este artículo, se llama “Gestión del territorio
en el Paleolítico medio del área centroriental de Castilla y León por medio del estudio de fuentes
y productos líticos”, con número de referencia BU01/04 y cuyo investigador principal es el Dr.
Carlos Díez Fernández-Lomana, a quien desde aquí queremos agradecer todo su esfuerzo para que
este trabajo saliese adelante.
2 Este yacimiento está documentado en las fichas del inventario de la provincia como San
Martín de Ucero.
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San Bartolomé que ha aportado, entre otras cosas, los restos de una antigua caba-
ña y la única fecha radiocarbónica conocida en el Cañón; 3430±60 BP (de La-
Rosa 1995a; de La-Rosa y Chausa 1990; de La-Rosa 1991 y 1995b).
Hasta aquí se han enumerado las escasas referencias bibliográficas publica-
das sobre ocupaciones prehistóricas en el Cañón. Ahora nos centraremos en los
materiales arqueológicos analizados para este trabajo, adscritos exclusivamente
a la Prehistoria reciente. Por desgracia, no hemos podido revisar el conjunto
arqueológico exhumado de la excavación de la cueva de El Polvorista llevada a
cabo por Gonzalo Ruiz Zapatero y Mª Luisa Ruiz-Gálvez durante 1979 por des-
conocer su paradero.
A continuación vamos a presentar cada uno de los yacimientos conocidos en
el Cañón. La documentación sobre estos sitios se encuentra en el Archivo del
Servicio Técnico de Arqueología de la Delegación Territorial de Cultura en Soria
a modo de Fichas-Inventario elaboradas después de la prospección arqueológica
llevada a cabo en 1993 (Sanz et al. 1993).

Sitios

1. El Chaparralejo
Se trata de un asentamiento al aire libre localizado en una superficie de per-
fil alomado, en una tierra de labor en contacto con un monte bajo de jara y carras-
ca. El material aparece disperso a lo largo de una amplia superficie con algunas
zonas de concentración del mismo.
Los materiales recuperados en El Chaparralejo ascienden a un total de 23
fragmentos de cerámica y un par de piezas de industria lítica. En cuanto a la cerá-
mica, esta destaca por el predominio de la cocción oxidante, aunque como es
lógico no están ausentes el resto de cocciones. Sus superficies en ocasiones apa-
rentan haber sido sometidas a un tratamiento para regularizar su aspecto, si bien
la situación del asentamiento, el cual se halla en parte en una finca de laboreo
agrícola, ha jugado un papel contrario a su conservación, mostrándose en la
mayoría de los casos tanto las superficies como los bordes muy erosionados. Los
desgrasantes presentan en su mayoría cuarzos, calizas o una combinación de
ambos. De entre todas las piezas destacan por su decoración un galbo profusa-
mente adornado a base de líneas incisas en zigzag y paralelas y un fragmento de
borde con forma de cuenco con decoración incisa e impresa, que junto a un par
de bordes lisos conforman el escaso repertorio formal de El Chaparralejo (Figura
2 nº2 y 3). Por su manufactura cabe también llamar la atención sobre un fondo
ligeramente ovalado que, además de mostrar en el arranque de la pared tres de
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los dígitos del hacedor, en su base presenta una impronta en forma de retícula
(Figura 2 nº1), seguramente perteneciente a algún elemento de cestería utilizado
para la elaboración del cacharro, tal y como ha apuntado Harrison en alguna oca-
sión (Harrison et al. 1984) y queda de manifiesto en algunos otros lugares como
por ejemplo en el abrigo de Los Enebrales, (Tamajón, Guadalajara), (Díez et al.
2001:17). Las piezas de industria lítica se corresponden con un fragmento de
lámina de sección trapezoidal y una pequeña lasca, ambas realizadas en sílex.

2. La Cabezuela
En otra tierra de labor a escasos 600 m de El Chaparralejo se encuentra La
Cabezuela, asentamiento al aire libre localizado en un altozano desde el que se
tiene un amplio control visual de la vega del río Nafría. El material recogido en
superficie de La Cabezuela suma un total de 22 fragmentos de cerámica a mano
y tres elementos de industria lítica. Como en el resto de los sitios al aire libre, los
restos cerámicos aparecen con un alto grado de rodamiento y con unas paredes
muy porosas que difícilmente conservan el tratamiento que sin duda alguna
tuvieron. Predomina la cocción mixta, aunque en algunas ocasiones el rojo oxi-
dante se impone en todo el fragmento. Los desgrasantes son de mediano y gran
tamaño, predominando los de cuarzo aunque también están presentes en menor
medida calizas y cerámicas trituradas. A pesar de la presencia de seis bordes, el
elevado grado de fragmentación que presenta el material no ha permitido identi-
ficar más que un par de formas simples correspondientes a vasos hondos, uno de
ellos con un pezón que arranca del labio. En lo que a la decoración se refiere, ésta
se muestra en seis de los fragmentos y siempre a base de incisiones que forman
motivos de retícula, en zigzag, líneas paralelas o incluso colgantes (Figura 2, nº7
a 13). La industria lítica se corresponde con una lámina denticulada de sílex con
sección triangular (Figura 2 nº6); una lasca de sílex de sección cuadrangular; y
una pieza de arenisca con mucha mica, de forma rectangular, que mide 53*51*6 mm.

3. Cueva del Perín


Situada a media ladera, esta cavidad presenta una amplia boca pero escasa
profundidad en su interior. Únicamente han sido recogidos ocho fragmentos de
cerámica a mano y uno a torno. De los ocho destaca un fondo plano y un peque-
ño galbo con un cordón aplicado que presenta un par de ungulaciones (Figura 2
nº4). El resto son simples galbos sin decorar elaborados mediante cocciones mix-
tas o reductoras con desgrasantes cuarzosos. La pared externa de uno de ellos
evidencia signos de haber estado bruñida.
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4. Cueva la Era
Esta cavidad se localiza en una gran dolina en cuya parte inferior se abre un
abrigo con un recorrido de 4 m. El material cerámico se reduce a una sola pieza
que se corresponde con un fragmento de fondo plano elaborado a mano, con coc-
ción oxidante al exterior y reductora al interior, que presenta un desgrasante
grueso a base de cuarzo y un ligero espatulado en el exterior. Además de la cerá-
mica hay que reseñar que en La Era se encuentran pinturas rupestres. Se trata de
dos figuras formadas por dos trazos de pintura de color rojo desvaído en forma
de cruz de difícil adscripción cronológica.

5. Cueva B5
Esta cavidad presenta su entrada dividida en dos debido a la existencia de
un bloque desprendido del techo de la misma.
Solamente existen cuatro galbos de cerámica a mano procedentes del inte-
rior de esta cueva, por tanto lo que nos aportan va poco más lejos de la existen-
cia de una ocupación prehistórica. Dichos galbos presentan cocciones tanto oxi-
dantes como reductoras, con gruesos desgrasantes de cuarzo y mica y tratamien-
tos exteriores de sus superficies en forma de bruñido en una ocasión y alisadas
en las tres restantes.

6. Barranco de la Calzada
Este asentamiento se localiza al aire libre, en la zona en la que el arroyo del
Barranco de la Calzada se funde con el río Lobos, enfrente de la ermita de San
Bartolomé. Durante la prospección arqueológica desarrollada en 1993 esta loca-
lización no deparó una gran cantidad de material. Tan sólo siete fueron los frag-
mentos de cerámica a mano recogidos. Sus pastas presentan todo tipo de coccio-
nes y predominan los desgrasantes gruesos de cuarzo. Cabe destacar un fragmen-
to con su cara externa recubierta por una fina capa de barro plástico y un arran-
que inferior de un asa en cinta.

7. Cueva de los Espeleólogos


Se trata de una pequeña cueva con la entrada protegida de manera natural.
Contiene un gran número de bloques de caliza que, fruto de sucesivos despren-
dimientos, se hallan en el suelo de la cavidad. Aún así han sido hallados en su
interior un par de fragmentos de cerámica a mano que indican un momento inde-
terminado de ocupación durante la Prehistoria reciente.
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Fig. 2. Chaparralejo (1-3). Cueva del Perín (4). Cartero de Herrera (5). La Cabezuela (6-13).
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8. Riscaperdices
Localizado al aire libre, este asentamiento se encuentra en un alto desde el
que se domina el encajonamiento del río Lobos, en una zona de bosque con sabi-
nas, jaras y pinos de repoblación. El material que presenta este emplazamiento es
bastante escaso y se compone de diez galbos elaborados a mano con unas carac-
terísticas muy similares: cocción oxidante, desgrasantes gruesos de cuarzo y cali-
za, y pastas y bordes muy rodados.

9. Cueva del Chorrón


Esta cavidad, denominada así porque en ella sume sus aguas el arroyo del
Chorrón, está compuesta por una galería principal que termina por hacerse impe-
netrable ya que se junta el suelo con el techo, y a la derecha de la sala principal
se encuentra una ramificación que en época de lluvias aporta agua a dicha sala.
La información que en forma de materiales aporta esta cavidad del Cañón de Río
Lobos tampoco es mucha. Únicamente seis fragmentos de cerámica a mano y dos
a torno, junto a una lasca de sílex, han sido recuperados de su interior. En la cerá-
mica elaborada a mano están presentes las cocciones tanto oxidantes como
reductoras, con desgrasantes medios y gruesos de cuarzo y mica, así como algún
espatulado en las superficies interna y/o externa de algunas piezas.

10. Laderas de Valdesneila


Localizado al aire libre, este sitio se encuentra en la superficie de una lade-
ra cubierta por calizas, sin apenas vegetación. El conjunto material está com-
puesto por cuatro fragmentos de cerámica a mano, de los cuales tres son galbos
y el cuarto pertenece a lo que sería el arranque de un fondo plano. Todos presen-
tan una cocción mixta y gruesos desgrasantes de cuarzo.

11. Cueva El Cartero de Herrera


Esta cavidad se abre a través de una boca cuadrangular que da paso a una
estrecha sala de escaso recorrido. Diecisiete es el número de fragmentos cerámi-
cos encontrados en ella, entre los cuales destaca el absoluto predominio (todas
excepto una) de las pastas de color rojizo, los desgrasantes de cuarzo de grano
grueso y el espatulado como técnica de regularización de las paredes, sobre todo
externas. En lo que a la decoración se refiere sólo una pieza presenta una erosio-
nada retícula hecha a base de incisiones (Figura 2 nº5).
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Fig. 3. La Llana (1-3). El Balconcillo (4-10).


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12. Colmenar de los Frailes


Este sitio se localiza al aire libre en una ladera de fuerte pendiente, por lo
que cabe la posibilidad de que el material proceda de la zona alta de este paraje.
El conjunto recuperado está compuesto por dos fragmentos de cerámica que,
aunque presentan las mismas características – ambos están realizados a mano,
con color rojizo al exterior y negruzco al interior y con desgrasantes de cuarzo y
caliza – no remontan entre sí.

13. El Balconcillo
El Balconcillo se localiza al aire libre en una zona elevada sobre un mean-
dro del río Lobos, junto a la ermita de San Bartolomé. Desde el asentamiento se
obtiene un gran dominio visual del entorno. Este es el único sitio de los que con-
forman nuestro trabajo que ha sido objeto de una excavación y posterior publi-
cación de los resultados (de La-Rosa 1991), contando incluso con una fecha de
carbono 14; 3430±60 BP (de La-Rosa 1995a). Aún así, creemos interesante dar
a conocer los materiales procedentes de la prospección del 93, dado que están
aún inéditos. Estos se componen por 34 fragmentos de cerámica y dos piezas de
industria lítica. Entre los fragmentos de cerámica existentes destaca el predomi-
nio de la cocción oxidante sobre el resto de posibilidades. Los desgrasantes uti-
lizados son de tamaño pequeño y medio, aunque no están ausentes, por regla
general en los recipientes de mayor tamaño, los grandes. La materia más emple-
ada para este fin es el cuarzo, aunque también nos ha sido posible identificar
algunas inclusiones de caliza o mica. Las superficies de los barros han sido cui-
dadas en la mayor parte de los casos, destacando algunos bruñidos y un fragmen-
to con barro plástico. Únicamente han sido identificados tres fondos, todos pla-
nos (uno de ellos con un ligero resalte) y tres bordes. Estos últimos presentan
decoración en todos los casos, dos de ellos impresiones sobre el labio (ungula-
ciones e impresiones con el canto de algún instrumento), mientras que el terce-
ro, perteneciente a un vasito carenado en su primer tercio, muestra un finísima
línea de incisiones discontinuas en forma de espiga bajo el labio (Figura 3 nº7, 9
y 10). Otra decoración a base de finas espigas incisas también está presente en
otra pieza (Figura 3 nº8), en esta ocasión formando un ángulo recto. Por último,
otros tres fragmentos presentan decoración plástica sobre sus superficies. Se trata
de un cordón recto con un par de ungulaciones sobre su superficie y otros dos
semicirculares cercanos al borde de las piezas (Figura 3 nº 4,6 y 7). La industria
lítica está representada por una lasca de sílex rota (fractura moderna) y un núcleo
de cuarcita bifacial centrípeto.
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14. Mina del Moro


Se trata de una torca que se ha ido rellenando con derrubios en la que se
recuperan un total de catorce fragmentos cerámicos, entre los cuales una docena
han sido hechos a mano y dos a torno. Entre estos últimos destaca un fragmento
de cuenco carenado que conserva restos de pintura en la parte inferior de la care-
na que representan una serie de círculos concéntricos. De los realizados a mano
no hay nada reseñable.

15. Cueva La Llana


Esta cueva está formada por una pequeña torca en la que se abre una cavi-
dad dividida en dos pequeñas salas. El material arqueológico se localiza en la
entrada de la primera. A pesar de que únicamente fueron recuperados un total de
siete fragmentos de cerámica a mano, tres de ellos son bordes y dos fondos. De
los primeros cabe destacar que evidencian la existencia de formas tanto simples
como compuestas (Figura 3 nº1 a 3), mientras que los fondos se presentan glo-
bular y plano respectivamente. Sus pastas están elaboradas con desgrasantes
gruesos de cuarzo. Existen coloraciones tanto oxidantes como reductoras y algu-
no de los fragmentos presenta su superficie externa bruñida. La única decoración
existente se muestra sobre uno de los labios en forma de cinco ungulaciones.

16. Cueva Lucía


Los vestigios de ocupación humana durante la Prehistoria reciente en Cueva
Lucía se localizan en la entrada de la cavidad. Se trata de tres galbos de cerámi-
ca a mano con cocción reductora, gruesos desgrasantes cuarzosos y bruñidos en
sus caras externas.

17. Cueva del Mono I


Esta cueva actualmente tiene una estrecha y angosta entrada a través de la
cual se accede a una sala central de la que derivan varias bifurcaciones de esca-
so recorrido. Se encuentran numerosos restos, en particular óseos, en la gatera de
acceso a la gran sala, y huellas de excavaciones clandestinas en la sala principal
en un depósito muy homogéneo de arcillas rojas con numerosas manchas de car-
bón, que contiene fragmentos cerámicos. De esta sala principal salen dos gale-
rías a izquierda y derecha. En la sala de la izquierda hay varios agujeros de
pequeña entidad y diferentes materiales, huesos en particular, desperdigados por
la superficie. En la sala de la derecha se aprecia un gran agujero parcialmente
rellenado. En el corte expuesto no se aprecian los niveles de presumible edad
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holocena que hay en las otras salas, y quizá por eso no hay restos faunísticos o
cerámicos en superficie.
El elenco cerámico procedente de la Cueva del Mono que ha llegado hasta
nosotros proviene de una colección particular entregada al Museo Numantino y
del conjunto procedente de la prospección desarrollada en el Cañón durante 1993
y citada anteriormente.
El primero de los conjuntos asciende a un total de 95 fragmentos. Destaca
la presencia de pastas por regla general bien decantadas, con cocciones reducto-
ras en la mayor parte de los casos, aunque también podemos apreciar cocciones
mixtas e incluso oxidantes. Presentan como desgrasante más habitual el cuarzo,
apreciándose también inclusiones calizas e improntas de elementos vegetales en
algunas de las paredes. Las superficies de los recipientes se muestran tratados
mayoritariamente con un simple alisado, aunque un número escaso de piezas
podemos decir que han sido bruñidas. En cuanto a las técnicas de acabado des-
tacar aquí también la presencia de 5 galbos con aplicación de barro plástico en
su cara externa, que si bien no hemos logrado casarles parece puedan pertenecer
al mismo cacharro (Figura 4 nº10). La muestra cuenta con un total de 13 bordes
(de uno de los cuales sobresale un pezón), dos carenas altas y dos fondos, ambos
planos aunque uno de ellos muestra un ligero resalte. Con todo ello ha sido posi-
ble identificar tanto formas simples, entre las que destacan cuencos y ollas glo-
bulares, como compuestas, con perfiles en “S” y tazas carenadas (Figura 4 nº 1,
2, 3, 4, 5 y 7)
En relación a la decoración cabe señalar que la impresión es la técnica domi-
nante en este conjunto, con un total de siete ejemplares. Cinco de ellos son labios
digitados, aunque tres es muy probable que pertenezcan a la misma vasija. Por
otra parte también tenemos una pieza que está decorada a base de pastillas repu-
jadas y por último una impresión realizada con la uña que aparece combinada
con un fino cordón sobre la superficie de uno de los recipientes. En cuanto a la
incisión ésta viene representada por dos galbos que muestran en sus paredes
externas unas finas líneas que recrean diversos motivos decorativos. En el caso
de la figura 4 nº6 el motivo se compone de dos líneas paralelas que conforman
un zig-zag a lo largo de toda la pieza. En el espacio acotado por ambas líneas se
disponen una serie de espigas en forma oblicua siempre con dirección hacia la
parte inferior. En la parte superior de la pieza se puede entrever el ángulo de
unión de lo que pudieran ser dos triángulos colgados, pero la fractura por esa
zona impide verlo con mayor claridad. En el caso de la Figura 4 nº8 el motivo
decorativo representado parece ser el mismo que en el galbo anterior, aunque en
este caso únicamente nos es visible la esquina inferior del zig-zag.
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Fig. 4. El Mono I. Material colección particular (1-11). Material depositado en el museo (12-17).
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El material procedente de la prospección se compone de un total de 29 frag-


mentos, que se dividen en 15 galbos informes (tres de ellos decorados), 12 bor-
des, una carena y un fondo globular (Figura 4 nº12 a 17). En cuanto a su manu-
factura no existe una gran diferencia respecto al material del primer conjunto,
con presencia del mismo tipo de cocciones y tratamientos superficiales. Llama
eso sí la atención el hecho de que mientras que un grupo de fragmentos muestran
grandes inclusiones de caliza como desgrasantes, generalmente coincidentes con
una serie de bordes rectos de paredes muy finas del tipo del aquí procedente de
la prospección se compone de un total de 29 fragmentos, que se dividen en 15
reproducido (figura 4 nº12), el resto presenta un tipo de pasta diferente con
pequeños granos de cuarcita como añadido. La técnica empleada para decorar las
paredes de los tres galbos ha sido la incisión. Mediante líneas oblicuas y parale-
las son recreados motivos de retícula (Figura 4 nº 16 y 17) y zig-zag rellenos de
espigas (Rubio 1996:35). El último de los aspectos que ha llamado nuestra aten-
ción sobre este material hace referencia al resalte que presentan tres de los bor-
des en relación a su labio. Si bien consideramos que no se puede hablar de una
incisión propiamente dicha, no es menos cierto que una especie de línea remar-
ca de forma intencionada el labio del resto del borde.

18. Cueva del Mono II


Se localiza en el mismo farallón que la Cueva del Mono, a pocos metros por
encima de la misma. Esta cueva presenta una entrada relativamente amplia y
escaso desarrollo horizontal.
La muestra arqueológica, recuperada durante la prospección del cañón cons-
ta de tan sólo cuatro fragmentos de cerámica a mano, dos fondos y dos galbos.
Los dos primeros presentan una cocción oxidante, con gruesos desgrasantes de
caliza y cuarzo. De paredes exteriores rugosas, posiblemente de modo intencio-
nal, ambos presentan una sección gruesa. Los galbos están cocidos en ambiente
reductor con inclusiones de cuarcita y yeso en su interior. Ambas caras están ali-
sadas.

19. La cueva de El Polvorista


Esta cavidad consiste en un ancho pasillo que conduce a una gran sala, par-
cialmente iluminada por una abertura en posición semicenital, que recibe luz del
exterior, y algunas pequeñas bifurcaciones De esta sala parte una pequeña gale-
ría que sigue el mismo desarrollo que el pasillo de entrada y que acaba a pocos
metros. Otra galería sale hacia la derecha con gran desnivel de subida, y termina
también pronto, cegada por sedimentos y bloques calcáreos de derrumbe. Por
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Fig. 5. El Polvorista. Material colección particular.


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toda esta gran sala hay restos óseos y cerámicos, que en algunos casos presentan
concentraciones de origen reciente.
El Polvorista también ha sido usada para guardar ganado como atestigua el
muro de sillarejo con mortero de la entrada construido por pastores. El interés
arqueológico de esta cueva viene dado por una antigua noticia que indica la reco-
gida por parte de Breuil y el padre Saturio de unas cuarcitas de factura muste-
riense en la ladera (Delibes et al., 1988) y por la excavación que realizaron
Gonzalo Ruiz Zapatero y Mª Luisa Ruiz-Gálvez. Ambas intervenciones son a
menudo nombradas en diferentes trabajos sin mostrar el material. En nuestro
caso, hemos intentado localizar ambos conjuntos con un resultado negativo. Sin
embargo, éstos no son los únicos materiales documentados en esta cavidad ya
que ha sido objeto de incursiones de aficionados así como de una prospección
arqueológica desarrollada en el Cañón en 1993. Presentamos a continuación
ambos conjuntos. El primero ellos ha sido cedido para su estudio por un particu-
lar y será entregado al Museo Numantino para que se guarde en los fondos de
esta institución junto con el de la prospección que ya alberga dicho museo.
La primera de las muestras arqueológicas procedente de la Cueva de El
Polvorista se presenta relativamente escasa y fragmentada. De las 82 piezas cerá-
micas que posee únicamente 11 son susceptibles de aportar algo de información
al conjunto. La industria lítica está formada por tan sólo dos piezas (Figura 5 nº9
y 10). Un núcleo de cuarcita bifacial con extracciones longitudinales abandona-
do sin agotar (este núcleo presenta extracciones de lascas reflejadas) y un hacha
pulimentada de pequeñas dimensiones 52*21*10 mm. y rota por el filo. Presenta
forma trapezoidal, perfil triangular y sección rectangular.
En lo que a la cerámica se refiere, ésta por regla general muestra unas pas-
tas bien decantadas que presentan finos granos de cuarzo como desgrasante más
habitual, aumentando el tamaño de los mismos a medida que lo hace el de la
pieza. En relación a su cocción destaca el elevado número de fragmentos que
presentan una coloración oscura en su núcleo, aunque no están exentas las pas-
tas rojizas o bicolores. Las superficies de las cerámicas se presentan en la mayor
parte de las ocasiones trabajadas, sobre todo en la cara externa. El alisado es la
técnica predominante, observando cómo cuanto más delgada es la pared del reci-
piente más cuidadoso es el tratamiento de su superficie. Los bruñidos se presen-
tan exclusivamente en los recipientes de paredes más finas. Cabe destacar tam-
bién en este apartado la aplicación de barro plástico observada en cinco de los
fragmentos. En alguna ocasión en la que la pared interna no ha sido muy alisada
se puede apreciar como al menos esas piezas, siempre de tamaño medio y gran-
de, han sido modeladas mediante churros o rollos.
56 SERGIO MORAL DEL HOYO - MARTA NAVAZO RUIZ

Fig. 6. El Polvorista. Material depositado en el museo.


SOBRE EL POBLAMIENTO PREHISTÓRICO EN EL CAÑÓN DEL RÍO LOBOS (SORIA-BURGOS) 57

La muestra presenta recipientes de muy diversos tamaños, si bien es cierto


que en pocos casos hemos podido establecer sus formas, dado que únicamente
contamos con cuatro bordes, dos fondos y tres galbos carenados. Aún así es posi-
ble identificar la presencia de formas tanto simples como compuestas, como se
pone de manifiesto en la Figura 5. En último lugar los fondos, cuyas calidades y
aspecto formal nos permiten englobarlos en este grupo, son únicamente dos; uno
liso y otro con un ligero talón o resalte.
En cuanto a la ornamentación de las piezas cabe decir que el carácter de la
muestra es eminentemente liso. Únicamente dos de los bordes poseen impresio-
nes en el labio realizadas con algún tipo de instrumental fino (Figura 5 nº 2 y 3),
mientras que en relación a los galbos solamente un par de ellos presentan algún
tipo de decoración a base de finas incisiones (Figura 5 nº 7 y 8).
El segundo conjunto procedente de El Polvorista se recupera durante la
prospección desarrollada en 1993 (Sanz et al.1993). En él destaca la presencia de
restos humanos, en este caso en forma de una hemimandíbula izquierda, empero
su incierta procedencia no nos permite atribuir a estos restos ningún tipo de cro-
nología certera. El resto del conjunto arqueológico se compone de un total de 64
piezas cerámicas. Sin ninguna novedad en cuanto al modo de ejecución y acaba-
do respecto a la muestra anterior, cabe sin embargo destacar ciertos aspectos en
relación con algunas formas claramente acampanadas3 así como con la decora-
ción que presentan varios de los fragmentos (Figura 6). Aparte de una lengüeta
con una serie de ungulaciones muy mal conservadas y un fragmento de borde con
dos ungulaciones sobre este y no sobre el labio (Figura 6 nº 6 y 7), destacan tres
fragmentos profusamente decorados ya mostrados por Rubio de la Iglesia en
unas fotografías (Rubio 1996:34). Los dos primeros, que casi con certeza perte-
necen al mismo recipiente, presentan una combinación de técnicas incisa e
impresa – también llamada pseudoexcisa por su profundidad – (Figura 6 nº 1 y
2), mientras que el último de los galbos está decorado a base de incisiones en retí-
cula oblicua flanqueadas por líneas horizontales (Figura 6 nº4). Es tal su pareci-
do con el fragmento anteriormente comentado (Figura 5 nº 8) que estamos casi
seguros pertenecen al mismo recipiente. Por su parte la pieza reproducida como
Figura 6 nº5 resulta altamente problemática y más nos inclinamos a pensar que
se trata de un fragmento cerámico perteneciente a Hierro I que a la prehistoria
reciente, como ya indicara Rubio de la Iglesia (Rubio 1996:35).

3 La pieza 3 de la Figura 6 presenta un perfil claramente campaniforme a pesar de no mos-


trar decoración alguna. No sería por tanto sino una muestra más de campaniforme liso.
58 SERGIO MORAL DEL HOYO - MARTA NAVAZO RUIZ

Resultados

De los asentamientos presentados vamos a tener en consideración los


siguientes: El Polvorista, Cueva del Mono I, El Chaparralejo, La Cabezuela, El
Cartero de Herrera, La Llana y El Balconcillo. El resto no se valora debido a que
la escasez del registro nos imposibilita conocer la época en la que se formó el
mismo.
Teniendo en consideración los comentarios vertidos anteriormente sobre la
ocupación de este territorio durante el Pleistoceno, podemos decir que la intensi-
ficación de su poblamiento comenzó a partir del periodo Calcolítico. Aún así, la
existencia en sus proximidades del yacimiento de Ucero I4 (García-Soto y La-
Rosa 1991), las anteriormente citadas cuevas con cerámica neolítica descritas por
el padre Saturio en su Itinerario Arqueológico, unido a la cada vez más tempra-
na neolitización de la Meseta norte, tal y como ponen de manifiesto la serie de
dataciones obtenida por Manuel Rojo y su equipo para el sur de esta misma pro-
vincia (Rojo y Kunst 1999), o ya un poco más alejada la mostrada por la cueva
de El Mirador en la vecina Burgos (Vergés et al. 2006), nos hacen sospechar que
más que una cuestión de ausencia se trate de una deficiencia en el registro. Úni-
camente la presencia en Cueva del Mono I de un fragmento de borde con una
serie de pastillas repujadas a su alrededor (Figura 4 nº7), similares a las encon-
tradas por Carnicero en Renieblas I (Carnicero 1985; Figura 38, nº124), unido a
otra serie de piezas procedentes del mismo yacimiento que aparentan por forma
y composición pertenecer a momentos muy antiguos dentro de la prehistoria
reciente (Figura 4 nº12 y 14), nos permiten hablar de la ocupación de este par-
que natural ya en las postrimerías del Neolítico.
Otro panorama totalmente distinto se nos muestra para el Calcolítico, dado
que son varios los lugares donde está constatada la presencia en esta época de
grupos humanos, ocupando tanto cuevas como estaciones al aire libre. De la
larga lista de yacimientos antes mencionados que poseen cerámicas asimilables
al Calcolítico, y más en concreto al periodo Campaniforme en su estilo
Ciempozuelos, léase El Polvorista, Cueva del Mono I, El Chaparralejo, La
Cabezuela y El Cartero de Herrera, solamente hay uno, el primero de ellos, que
presenta un par de fragmentos - seguramente pertenecientes al mismo recipiente
- que destacan tanto por su ejecución como por la calidad de la pieza en la que
van representados (Figura 5 nº8 y Figura 6 nº4). El resto, aún repitiendo motivos
y esquemas decorativos característicos de este estilo, presentan materiales de
mucha menos calidad técnica tanto en el acabado de las superficies como en la
ejecución de las decoraciones.

4 No confundir con el yacimiento paleolítico publicado por García-Soto y Fernández en 1984.


SOBRE EL POBLAMIENTO PREHISTÓRICO EN EL CAÑÓN DEL RÍO LOBOS (SORIA-BURGOS) 59

Hace unos años estos materiales hubiesen sido sin duda encuadrados en el
llamado estilo “Silos” (Molina y Arteaga 1976), o quizás un poco más tarde en
la división propuesta por Fernández-Posse entre “Silos-Vaquera” y “Molino”
(Fernández-Posse 1981). Sin embargo, a partir de la revisión que hacen Germán
Delibes y Luciano Municio sobre la secuencia Campaniforme en el oriente de la
Meseta se comienza a cuestionar su diferenciación respecto al estilo
Ciempozuelos clásico (Delibes y Municio 1981), hecho que confirma el propio
Delibes en un estudio más pormenorizado de los materiales procedentes de la
colección arqueológica del Padre Saturio en Santo Domingo de Silos (Delibes et
al. 1988).
En la última revisión efectuada sobre el Campaniforme en la Meseta,
Garrido no sólo concuerda con Delibes y Municio respecto al estilo
“Silos–Vaquera”, sino que también para él el llamado estilo “Molino” no deja de
ser más que una variante funcional del Ciempozuelos, lo que denomina la “ver-
sión doméstica” (Garrido 2000). Siguiendo pues las teorías de este autor, quien a
pesar de todo no obvia las peculiaridades de estos recipientes, podemos hablar de
un único estilo para todo el Campaniforme presente hasta el momento en el
Cañón de Río Lobos, con una cronología entre 2500 y 2000 a.C. calibrada 1σ
(Garrido 2000:195).
Con todo y con ello, merece la pena comenzar destacando el elevado núme-
ro de piezas que tienen como protagonista principal de su decoración la retícula,
oblicua en todos los casos excepto en uno (Figura 2 nº12). Esta modalidad, ya
mencionada por Garrido (Ibidem) como una de las más comunes dentro del esti-
lo, cuenta con una lista casi interminable de paralelos en el reborde oriental de la
Meseta norte. Ciñéndonos a las más destacadas de la provincia de Soria, cabe
señalar El Guijar (Revilla y Jimeno 1986), El Perchel (Lucas y Blasco 1980), la
Cueva de la Mora (Barandiarán 1975; Cajal 1981), la Cueva de El Peñal (Jimeno
1986) o los señalados por Garrido (2000) de Prado Cerrado y Los Casares II. Hay
casos que incluso aparece combinada con otras variantes decorativas, como las
dos piezas de El Polvorista, que a pesar de que no remontan parecen pertenecer
al mismo vaso (Figura 6 nº 1 y 2). En este caso la retícula aparece junto a pro-
fundas impresiones triangulares alineadas en una o dos franjas, esquema este que
se repite en varios cuencos de la Cueva de la Mora (Barandiarán 1975; Cajal
1981) o en La Cañada, en el también soriano pueblo de San Esteban de Gormaz
(Garrido 2000). Fuera de Soria tenemos claros ejemplos en la segoviana
Arevalillo de Cega (Fernández-Posee 1981) o en los enclaves burgaleses de El
Picacho y La Aceña, situados ambos en el entorno que dio origen a ese supuesto
estilo “Silos” (Delibes et al. 1988). En el galbo 7 de la Figura 5, también proce-
dente de esta cavidad, podemos verla ahora asociada a al menos un triángulo
60 SERGIO MORAL DEL HOYO - MARTA NAVAZO RUIZ

invertido relleno de incisiones paralelas verticales, en lo que viene siendo una


combinación habitual de este mal llamado estilo “Silos”.
Otros motivos bastante comunes representados en esta muestra son los zig-
zag de líneas paralelas rellenos de pequeñas incisiones verticales. Estos motivos,
que los podemos observar en piezas como procedente de El Chaparralejo o la
procedente de La Cabezuela (Figura 2 nº 2 y 8), aparecen muy representadas en
los vasos de almacenaje del mundo ciempozuelos y podemos observarlas en
yacimientos sorianos como La Cueva de La Mora (Barandiarán 1975; Cajal
1981), La Mesta (Jimeno y Fernández 1991) o el clásico Molino de Garray que
dio nombre al estilo (Castillo 1928). Fuera ya de este ámbito provincial tenemos
claros ejemplos en los madrileños de El Ventorro (Priego y Quero 1992) o Pista
de Motocross (Blasco et al. 1988-89), en la cueva segoviana de Arevalillo de
Cega (Fernández-Posee 1981) o en el poblado toledano de Los Molodros
(Garrido 2000).
En ocasiones este motivo aparece combinado con otros, como es el caso del
cuenco procedente de El Chaparralejo, donde podemos a su vez observar como
este zigzag aparece combinado con un pequeño friso relleno de impresiones de
puntos tanto por la parte superior como por la inferior, algo que suele ser carac-
terístico de los recipientes campaniformes en su primer tercio. Por su parte, una
de las piezas halladas en La Cabezuela (Figura 2 nº13), a pesar de su mal estado
de conservación, nos muestra unos flecos colgando de unas líneas incisas tam-
bién en zig-zag. A pesar de la erosión sufrida por la superficie, bien es posible
pensar que, como en las cerámicas de La Mora (Barandiarán 1975; Cajal 1981)
o Arevalillo de Cega (Fernández-Posse 1981), aparecen colgando combinadas
con los zig-zag de líneas paralelas rellenos de pequeñas incisiones y los triángu-
los también rellenos de incisiones paralelas, en lo que Garrido considera una
secuencia regional del oriente de la cuenca del Duero (Garrido 2000: 128).
Pero aparte de este, hay también otros motivos que nos resultan ciertamen-
te interesantes por su escasa representatividad. Es este el caso de una pieza pro-
cedente de El Chaparralejo (Figura 2 nº3). Dicha pieza se correspondería con el
modelo 10d.2 de la tabla tipológica elaborada por Garrido (Garrido 2000: 118)
con la excepción de la dirección de las incisiones que lo acotan, que en nuestro
caso son oblicuas. Tal y como dice este autor, a pesar de las variantes que pose-
en estos frisos de dientes de lobo confrontados, son bastante escasas las represen-
taciones múltiples de este tipo de decoración, encontrando su máximo exponen-
te de nuevo en un vaso de El Perchel (Lucas y Blasco 1980).
Ya para concluir con este apartado sólo nos falta mencionar un par de frag-
mentos procedentes del yacimiento de La Cabezuela que, con una o dos líneas de
SOBRE EL POBLAMIENTO PREHISTÓRICO EN EL CAÑÓN DEL RÍO LOBOS (SORIA-BURGOS) 61

bandas horizontales rellenas de incisiones verticales, completarían el repertorio


de decoración campaniforme existente en el Cañón de Río Lobos (Figura 2 nº 9 y 10).
Como podemos observar, los hallazgos de índole Campaniforme a lo largo
del cañón son relativamente frecuentes, distribuyéndose tanto en cuevas – El
Polvorista, Mono I y El Cartero de Herrera – como al aire libre – El Chaparralejo
y La Cabezuela –.
Resulta interesante advertir, a pesar de la escasez de hábitats en cueva en
este periodo (Garrido 2000), la presencia en tres de las cuevas inventariadas de
cerámicas que, tanto por la tosquedad de su manufactura como de su decoración,
pudieran relacionarse con funciones típicas de lugares de habitación (Garrido
2000). A este respecto también cabe señalar una información obtenida de visitan-
tes asiduos a la Cueva del Polvorista por Alberto Sanz y su equipo (Sanz et al.
1993), los cuales afirmaron reconocer restos de una inhumación y una punta pal-
mela en el interior de la cavidad, circunstancias éstas nada frecuentes en los
poblados campaniformes, y que de ser cierto supondrían una doble funcionalidad
de su espacio interior5.
Pero quizás sea la época siguiente, la Edad del Bronce, la mejor conocida en
el cañón debido sobre todo a las diversas campañas de excavación que se han
sucedido en el yacimiento al aire libre de El Balconcillo, en la localidad de Ucero
(de La-Rosa y Chausa 1990; de La-Rosa 1991 y 1995b). A esto nosotros pode-
mos añadir algunas piezas recuperadas en la prospección de 1993 procedentes de
este mismo asentamiento, así como algunas más pertenecientes a la Cueva del
Mono I o a La Llana. Y es precisamente en esta última donde, a pesar de ser úni-
camente tres las piezas susceptibles de aportar cierta precisión cronológica
(Figura 3 nº 1 al 3), parecen apreciarse una serie de formas características de los
inicios de la Edad del Bronce al estilo de las documentadas en otros lugares de
igual cronología caso de El Parpantique (Revilla 1985) o Los Torojones (Jimeno
et al. 1988).
Ya por otra parte, y continuando con esta tradición, los materiales proceden-
tes de El Balconcillo, como era de prever, no difieren en absoluto de los exhu-
mados durante las excavaciones. Así, podemos encontrar un par de piezas que
poseen decoración a base de espigas, una de ellas en el borde, finas carenas y
labios con o sin ungulaciones, al igual que ocurre con los elementos plásticos
añadidos, en este caso circulares (Figura 3 nº 4 al 10).

5 Este hecho se constata con la presencia anteriormente mencionada de una hemimandíbula


izquierda, si bien es cierto que seguimos reafirmando nuestras reticencias a la hora de asociar
dichos restos al mundo campaniforme. Curiosamente y como antes mencionábamos, los dos úni-
cos fragmentos de cerámica con decoración campaniforme que presentan una manufactura muy
cuidada proceden de El Polvorista.
62 SERGIO MORAL DEL HOYO - MARTA NAVAZO RUIZ

Por su parte, el elenco de materiales procedente de la Cueva del Mono I


mantiene la misma tónica y se muestra de nuevo homogéneo en relación al ante-
rior. Finas incisiones en zig-zag rellenas de espigas (Figura 4 nº 6 y 8) o forman-
do retícula (Figura 4 nº 17), tacitas carenadas o cordones aplicados (Figura 4 nº
5, 9 y 13) son los elementos más destacados de un conjunto que, teniendo en
cuenta los paralelos existentes no sólo en el cercano Balconcillo, sino en buena
parte de la provincia de Soria como por ejemplo Los Tolmos de Caracena
(Jimeno y Fernández, 1991b), la Cueva del Asno (Eiroa: 1979) o incluso Cueva
Maja6 (Samaniego et al. 2001), podemos situar en los inicios del Bronce medio
meseteño, esto es, entre 1800 y 1550 A.C. cal. 1σ, según se desprende de las
dataciones existentes en la provincia de Soria que vienen a coincidir plenamente
con las obtenidas en el resto de la Meseta (Castro et al. 1996: 161).
Esta destacada ocupación se ve completada con algunas muestras de arte
rupestre (pinturas y grabados), como las de Matalacueva (Abásolo y García
Rozas 1980), Cueva Conejos (Gómez Barrera y Borobio Soto 1984), La Galiana
(Ortego 1975), Cueva Negra (Sanz et al. 1993) o las dos cavidades próximas a
la Ermita de San Bartolomé (García-Soto y Moure 1984), que han dado lugar a
que se hable de la existencia de un importante foco de arte esquemático en el
cañón (Gómez-Barrera 1993). Para este autor, la ausencia de la representación
animal, las escasas representaciones antropomórficas (localizadas en las zonas
menos accesibles de las cavidades), unido a que en estas cavidades no se ha
encontrado ninguna otra evidencia arqueológica, avalan la interpretación simbó-
lica de estas manifestaciones (Gómez-Barrera 1992). Desde un punto de vista
artístico, para Balbín (1989) estas cuevas presentan una temática denominada
“estilo esquemático” y definida como “manifestaciones de arte rupestre prehis-
tórico expresadas fundamentalmente por medio de esquemas que subrayan algu-
nos rasgos mínimos cognoscibles aunque gran parte de ellos se reduzcan a abs-
tracciones y estilizaciones en absoluto comprensibles”
En momentos posteriores, ya a finales de la Edad del Bronce, parece ser que
se produce un descenso en la ocupación del cañón a tenor de los materiales exis-
tentes en estos momentos. Tan sólo una de las piezas recuperadas en El
Balconcillo, cuya procedencia es de superficie como su propio descubridor indi-
ca (de La-Rosa 1991), parece mostrarnos una cierta actividad en sus inmediacio-
nes, actividad esta que se verá de nuevo incrementada con la llegada de los
Campos de Urnas (Romero Carnicero 1984).

6 A pesar de encuadrarse en lo que denominaríamos Bronce Antiguo, entre sus materiales


cerámicos comienzan ya a vislumbrarse algunos elementos formales y decorativos que serán los
más comunes de la etapa inmediatamente posterior (Samaniego et al. 2001:99).
SOBRE EL POBLAMIENTO PREHISTÓRICO EN EL CAÑÓN DEL RÍO LOBOS (SORIA-BURGOS) 63

Agradecimientos

S.M. es becario de Fundación Siglo.


M.N. es becaria posdoctoral de la Cátedra Atapuerca (Fundación Atapuerca-
Fundación Duques de Soria), instituciones a las que les agradecen toda la ayuda
prestada.

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