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Universidad Pontificia de México

Moral y Religión
Marcos Adrián Rosado Yah 3ro de Teología

LA FE Y EL COMPROMISO SOCIAL

El presente reporte pretende mostrar el contenido esencial del capítulo IV de José Román
Flecha que lleva por título La fe y el compromiso social. Este capítulo se encuentra divido en
siete apartados en los cuales se busca encontrar la relación entre la fe y la ética.
En el primer apartado se aborda el tema de la fe y el compromiso. Se trata de la
relación entre la fe y las obras, ya en el N.T. se deja ver esta relación en los evangelios puesto
que la predicación de Jesús origina comportamientos muy concretos. Es por ello que Flecha
insiste en que la Teología debe desembocar necesariamente en una praxeología, puesto que
la concepción bíblica de Dios exige un determinado comportamiento. La reflexión teológica
no puede contentarse con pura especulación sino que han de definir un comportamiento ético
propio. Por tanto, lo que creemos es normativo para lo que hacemos, o al menos para el cómo
y para el qué lo hacemos.
La segunda parte trata sobre la moral en las religiones. La cuestión de fondo es cómo
articular en la práctica la relación entre la fe y las obras. Bajo el supuesto que todas las
religiones tratan de vincular esta obligación moral, se hace necesaria la fundamentación de
la misma. Para ello se distingue entre experiencia religiosa y experiencia ética. La primera
mira más a la contemplación agradecida y la segunda mira primordialmente a la exigencia
del comportamiento. La relación que históricamente se han dado entre religión y ética puede
sintetizarse en dos: aquellas corrientes que ven sitúan la primacía de la religión sobre la ética
(Nominalismo, Reformadores) y aquellas que ponen el primado en la ética sobre la religión
(Griegos, Idealismo, pensamiento moderno).
La tercera parte prevé las dificultades globales de esta relación. Por eso, se advierte
que la experiencia religiosa incluye la responsabilidad de un comportamiento moral, pero no
se reduce a él, ya que la reducción ética de la experiencia religiosa llevaría consigo el olvido
de la dimensión de gratuidad y gratitud inherentes al contenido del mensaje evangélico. Otra
de las dificultades es la secularización de la ética. Esta pone en el centro al hombre y lo hace
medida de todas las cosas criticando toda ideología que se presente con pretensiones de
absoluto. Esta ideología se va colando poco a poco en los creyentes y va realizando una
disociación entre la fe que se profesa y la moral.
Ante esta situación, se descubren algunas dificultades específicas, que son
reflexionadas en la cuarta parte. La primera dificultad surge al pretender la superioridad de
la ética cristiana frente a las demás. Actualmente esta no es una vía aceptable para mostrar lo
específico de la ética cristiana. Se hace necesario estar consciente de que la ética cristiana no
detenta la exclusividad de los valores morales, pero exige la confesión agradecida por unos
valores que le han sido revelados en Jesús, el Señor. Precisamente, en eso consiste que la
ética cristiana sea un modelo de autonomía teónoma. Es decir, que tiene en cuenta el dato

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antropológico y lo concibe como don creacional. Por ello, el cristianismo propone la verdad
última del hombre como normativa para su actuar.
En el discurso entra la interrogante sobre la posibilidad de una ética civil. Flecha se
muestra favorable a esta ética que sea común a creyentes y no creyentes, que aproveche los
hallazgos y conquistas de la secularización en un mundo pluralista. Dicha ética civil no tiene
porqué presentarse como anticristiana ni antirreligiosa, aunque trate de subrayar su
autonomía en el seno de la sociedad plural. Pero tampoco la ética cristiana ha de presentarse
como una cruzada de salvación respecto a la pretendida irredención de la ética civil.
Por ello, la moral revelada tiene un papel específico, ella puede y debe reconocer en
las exigencias de la ética racional el destello de la sabiduría de Dios y su proyecto sobre el
mundo y sobre el hombre. Con esto se quiere decir que, la moral revelada es una oferta de
trascendencia, puesto que el Verbo de Dios ha renovado en profundidad la naturaleza
humana. Si el hombre es el paradigma ético, para la fe cristiana ese paradigma se ha revelado
en Jesús a quien confesamos como Hijo de Dios.
La fundamentación de la moralidad para los cristianos se encuentra en la iconalidad.
En otras palabras, el hombre es, por su creación, imagen de Dios y está llamado a reproducir
en la vida a Jesús, el Cristo imagen e icono definitivo de Dios. Aquí es donde radica el
fundamento de la libertad y dignidad de la persona humana sobre la cual se construye todo
el edificio ético del cristianismo.
En conclusión se puede afirmar que la relación entre fe y moral es algo que las
religiones fomentan y tratan de que sus practicantes realicen. Para el cristiano, la fe implica
un compromiso social cuya fundamentación más profunda se encuentra en la iconalidad del
hombre. De ella brotan la dignidad y la libertad humanas. Esto se conoce gracias a la
revelación de Jesucristo fundamento del edificio moral cristiano.