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Bienvenido a la N.H.K.

Tatsuhiko Takimoto

Traducci ón por Andr és A. Gómez P érez

Prefacio

En este mundo, las conspiraciones existen. Sin embargo, la probabilidad de que las conspiraciones medianamente cre íbles que suelen circular sean simples delirios o incluso falacias descaradas es de más del noventa y nueve por ciento. Cuando visitas una librería, es común ver libros con t ítulos como ¡La Gran Conspiraci ó n Judí a para Arruinar la Economí a de Nuestro Pa í s! o ¡La Conspiraci ó n de la CIA que Esconde su Pacto Secreto con Aliení genas!, sin embargo, no dicen m ás que mentiras.

A ún as í

la gente ama las conspiraciones.

Conspiraciones. Nos fascina el sonido de esa palabra y su eco agridulce. Considera, por ejemplo, el proceso de creaci ó n de la teor ía de La Conspiraci ó n Judí a: El autor tiene terribles complejos y problemas, como “¿Por qué soy pobre?”; “¿Por qué no puedo tener una vida m ás có moda?”; “¿Por qué no puedo conseguir novia?” Su cuerpo y su mente están sometidos a una presi ó n constante, tanto interna como externamente. Esta presi ó n acumulada se convierte en sentimientos de odio hacia la sociedad. Se convierte en furia. Sin embargo, el principal motivo de esta furia es su propia cobard ía: é l es pobre porque no posee habilidades econó micamente redituables. No tiene novia porque le falta carisma. Pero aceptar esta verdad y conscientizarse sobre su propia incompetencia requiere de una buena cantidad de valor. Ningún ser humano, sin importar qui é n, desea ver directamente sus propios defectos. Es entonces cuando el te ó rico conspiracionista proyecta su propia cobard ía hacia el mundo exterior, crea un “enemigo” ficticio independiente de su ser. El enemigo. Mi enemigo. El enemigo de la Sociedad. “Un enemigo conspira en mi contra, por eso no puedo ser feliz. Por esta conspiraci ó n, no tengo novia ¡Ya s é ! Deben ser los Jud íos. Como los Jud íos están tramando maldades, no puedo encontrar la felicidad ¡Malditos sean, Jud íos! ¡Jam ás los perdonaré !” Para ser sincero, esta clase de mentalidad tambi é n afecta al pueblo jud ío. Todos los te ó ricos conspiracionistas necesitan ver la realidad un poco más de

cerca.

Los “Enemigos” no existen, la “maldad” no est á all á afuera. Uno tiene que asumir la responsabilidad y culparse a s í mismo por ser un perdedor. Definitivamente no hay conspiraciones judías, ni conspiraciones de la CIA, ni siquiera—aunque esto es obvio—conspiraciones alien ígenas. Antes que cualquier otra cosa, uno tiene que tener este hecho grabado firmemente en la mente. A ún as í Un peque ño porcentaje de personas sí se han encontrado con una conspiraci ó n verdadera. Existe, de hecho, una persona que ha presenciado con sus propios ojos una conspiraci ó n que existe, oculta de la mejor manera, en este preciso momento. ¿Qui é n es esta persona? Soy yo.

Cap ítulo 1 ­ El Nacimiento de un Soldado

En una fr ía y solitaria noche de enero, descubrí la existencia de una conspiraci ó n. En mi peque ño departamento de una sola habitaci ó n, me acurruqué junto a mi kotatsu 1 . Era una noche dolorosamente triste. A pesar de que estaba iniciando un nuevo milenio, no hab ía esperanza a la vista. Incluso llor é mientras com ía mi sopa de A ño Nuevo 2 . Para un desertor de la universidad desempleado de veintid ó s a ños, el fr ío del invierno era tortuoso. En medio de mi inmunda habitaci ó n, llena de ropa sucia tirada por el piso e impregnada por el olor de los cigarrillos, suspiraba una y otra vez. ¿Por qu é las cosas tienen que ser así ? era todo lo que pod ía pensar. Si no cambiaba mi condici ó n actual, jam ás sería capaz de reintegrarme a la sociedad actual. Para empeorar las cosas, era un desertor de la universidad. Necesitaba encontrar un empleo lo antes posible y regresar al mundo exterior.

Solo que

¿Por qué raz ó n? La respuesta es simple: Porque soy un hikikomori 3 .

no pod ía hacerlo.

El fenó meno social m ás popular de la temporada, los hikikomoris. Eso es lo que soy, un recluso. Según las estad ísticas, en la actualidad hay aproximadamente dos millones de hikikomoris viviendo en Jap ó n. Dos millones es un n úmero tremendo. Si alguien tirara

una piedra en la calle, golpearía a un hikikomori

suceder. Despu é s de todo, los hikikomoris no salen al exterior. En fin, yo era uno de esos individuos tan populares hoy en d ía. Y no he mencionado que yo ya me hab ía convertido en algo así como un hikikomori veterano. Dejaba mi apartamento solamente una vez a la semana, y só lo era para ir a la tienda a comprar comida y cigarrillos. Mi número de amigos se aproximaba al cero, y dorm ía dieciseis horas al d ía. Este a ño cumplir ía cuatro a ños de vivir como hikikomori. Mi estilo de vida causó que desertara de la universidad. En serio, era un hikikomori tan espeluznante que debería ser considerado un profesional. Sin importar contra qui é n me enfrentara, en realidad dudo que pudiera perder f ácilmente contra otros hikikomori. De hecho, tenía la confianza de que si alg ún d ía se llevaran a cabo unos Juegos Ol ímpicos para hikikomori yo obtendría una muy buena puntuaci ó n. Daba lo mismo que compitiera contra un hikikomori ruso que escapara de la sociedad a travé s del vodka, un hikikomori británico cuyo medio de escape fueran las drogas, o un hikikomori americano que encontrara su válvula de escape disparando armas en el interior de su casa, yo podría vencerlos a todos. ¡Oh, es cierto! Se supone que el famoso fundador de la escuela de karate Kyokushin, el se ñor Masutatsu Ohyama, tambié n conocido como “La mano de Dios”, se

Por supuesto, eso no podría

1 Mesa con termostato usada en el invierno como calefactor.

2 En Jap ó n, la sopa de a ñ o nuevo, u o­zouni, es un platillo especial de temporada. Se compone de vegetales y bolas de arroz hervido.

recluyó en las montañas durante su juventud para templar su esp íritu antes de convertirse en el m ás grande maestro de karate del mundo. Si lo ve íamos desde este punto, entonces yo, al aislarme del mundo dentro de este departamento por un buen n úmero de a ños, tenía que estar incre íblemente cerca de convertirme en el hombre m ás fuerte del mundo. Bueno, val ía la pena intentarlo. Tomé una botella de cerveza para tratar de romperla con un golpe de la mano. “¡Haiii­ya!”

Mientras vendaba mi ensangrentada mano derecha, volv í a sentarme junto al kotatsu. De cualquier forma que lo vieras, mi mente no estaba funcionando muy bien últimamente ¿Podría ser por dormir dieciseis horas al d ía? ¿O era porque había estado evitando el contacto con otras personas por m ás de medio a ño? Durante todo el d ía, mi mente parec ía permanecer envuelta en neblina. Mis pasos tambaleaban, incluso para ir al ba ño. Pero todo esto no me importaba. El problema inmediato a solucionar era c ó mo regenerarme de este problemático estilo de vida. ¡S í ! ¡Tengo que escapar de esta horrible vida de hikikomori lo antes posible! ¡Volver a la sociedad humana! ¡Algo que amortig üe el hecho de desertar de la escuela! ¡Buscaré trabajo, conseguiré una novia y llevaré una vida normal! A este ritmo, terminaré traumado. Si continúo as í , ya no podr é ser considerado un ser humano ¡Tengo que hacerme el propó sito ahora mismo! Sin embargo, los prop ó sitos—por ejemplo, “Hoy es el d ía en el que saldré al exterior y encontraré un trabajo de medio tiempo”— se desvanecían como la bruma en menos de diez minutos. ¿Por qu é? ¿Por qu é pasa esto? Tal vez las ra íces de mi espíritu se hab ían atrofiado tras pasar tanto tiempo como hikikomori. No puedo seguir así . Debo hacer algo. En ese momento, decid í consumir un poco de la Droga Blanca que ordené por internet para obligar a mi cansado esp íritu a recuperarse. Aunque es llamada Droga Blanca, no es un estimulante poderoso ni nada por el estilo. Es un alucinó geno relativamente potente y completamente legal. Sin embargo, a pesar de su legalidad, se dice que tiene casi la misma potencia que el LSD. Actúa directamente en los receptores de serotonina del cerebro y causa alucinaciones visuales incre íblemente intensas. Exactamente. Para escapar de mi triste situaci ó n, no tenía m ás opció n que confiar en el poder de los f ármacos. Hab ía sido empujado al extremo de tener que estimular mi cansado cerebro con alucinó genos violentamente fuertes. Como dijo el famoso Tatsuhiko Shibusawa 4 : “La iluminaci ó n recibida a travé s del entrenamiento religioso y la iluminaci ó n recibida por el consumo de drogas, son al fin y al cabo lo mismo”. O algo por el estilo. Si en realidad sucede as í , entonces seré iluminado con las drogas. Obtendré la iluminaci ó n y escaparé de mi vida de hikikomori. Desgarraré mi d ébil esp í ritu y lo reemplazar é con un valor fuerte y resistente. Colocaré un poco de la

Droga Blanca arriba del kotatsu y, en un respiro, entrará a mi nariz

¡Oh, qué maravilloso, qué placentero! ¡En mi peque ño y sucio departamento de una sola habitaci ó n, con el lavabo lleno de platos sucios y el piso lleno de ropa por lavar, experiment é el viaje de mi vida! Las paredes se sacuden y se retuercen mientras el aire condicionado respira a fondo. El Señor Estéreo est á hablando ¡Oh! Todo est á vivo. Todos somos un só lo mundo. Se ñor Refrigerador, buenas tardes. Se ñor Kotatsu, gracias por mantenerme tibio. Se ñor Cama, usted es la cama m ás có moda del mundo. Se ñor Televisi ó n, Señor Computadora, y todos los que he conocido hasta el dí a de hoy, gracias a todos ustedes. “¡Se ñor Satou, salga pronto de su estilo de vida hikikomori!” Oh, amigos ¿en verdad están apoy ándome? Gracias, gracias a todos. Nada me hace m ás feliz. Ahora, estar é bien. Con el apoyo de todos, puedo escapar de mi vida como hikikomori. Por favor, observen. Miren, justo ahora, estoy por salir. Son las tres de la ma ñana, pero eso no importa, estoy por escapar de este cuarto hacia el vasto mundo. Pero está haciendo fr í o, debo vestirme apropiadamente. Aquí vamos. Me pongo mi ropa, mi gorro y mi chaqueta. Ya está, estoy listo. Muy bien, estoy por salir. Es hora de despedirme de todas mis cosas de hikikomori. Hasta luego. Adi ó s. Por alguna raz ó n, la puerta de mi departamento no se abría. La ansiedad me consumía. Alguien trataba de interferir con mi escape. “As í es, se ñor Satou, si abre la puerta y se va, dejará de ser un hikikomori para siempre”, me informaron mis bocinas. ¿Entonces? “Alguien está entrometi é ndose” En el instante en que mis bocinas profirieron esta frase, sent í un shock indescriptible. Interferencia Cuando lo mencionaron, record é el primer d ía de mi vida como hikikomori. Fue en un d ía de verano intensamente caluroso. Iba caminando, subiendo la ladera que llevaba hacia mi escuela. El sudor goteaba constante e incó modamente sobre mi cuello. Había muy poca gente en el camino—tal vez un par de amas de casa que regresaban a casa despué s de hacer las compras y unos cuantos jovenes dirigi é ndose a la misma escuela que yo. Pasé junto a muy pocos de ellos. Sin embargo, ese d ía en particular mi viaje a la escuela se sent ía decididamente diferente a todos los que hab ía realizado antes. Toda la gente junto a la que pasaba me observaba fijamente. Y estaba absolutamente seguro de que a pesar del silencio del ambiente—tan silencioso como para escapar a mi o ído—cada uno de ellos dejaba escapar algo parecido a una risita burlona. Estoy seguro de esto. En serio.

De verdad. ¡Todos estaban mirándome y burlándose de mí! Las amas de casa y los estudiantes, todos volteaban a verme y se burlaban. Estaba azorado ¿Por qué? ¿Por qué están burl ándose de m í ? “Mira a ese tipo. Hay algo raro con é l ¿eh?” “Ugh, qu é horrible, ojal á nunca saliera de su casa” “Je je je. Se ve como un idiota”

só lo un complejo

de persecuci ó n de mi parte. Escuchando con cuidado, estaba seguro de haberlos escuchado, de haber escuchado sus voces burlándose de mí. Desde entonces Desde entonces, tengo miedo de salir. Las bocinas continuaron. “As í es, la gente que se burl ó de usted ese d ía eran agentes entrenados para interferir. Esto definitivamente no es s ó lo un complejo de persecusi ó n de su parte, se ñor Satou. Usaron su inocente y lastimada alma contra usted, causando que se convirtiera en un hikikomori”. ¡Ah! ¡Eso fue lo que sucedi ó ! En ese instante, la profunda oscuridad que hab ía

cubierto mi esp íritu por tanto tiempo finalmente se desvaneció . En resumen, hasta este d ía, alguien había estado manipul ándome psicol ó gicamente ¡Pensándolo desde ese punto de vista, ahora todo tenía sentido! ¿Qui é n podría haber hecho semejante cosa? ¿Y por qué ? No tenía idea.

En ese instante, mi televisor susurró repentinamente, “La N.H.K. opera gracias a la ayuda de suscriptores como usted”. Esas palabras, casi siempre apenas audibles,

sent í que, dentro de esas tres letras del

empez ó a agitarme por alguna raz ó n. N.H.K

abecedario, se escond ía un grave secreto. Esto no era un simple delirio de grandeza o una cháchara sin sentido. Aunque estuviera bajo la influencia de un potente alucinó geno, no significaba que hab ía perdido la habilidad de emitir un juicio coherente. De hecho, mi cerebro estaba funcionando mucho mejor de lo que hab ía funcionado los veintid ó s a ños anteriores. Uno y uno son dos. Dos y dos son cuatro ¡Miren, mis procesos de razonamiento

l ó gico funcionan a la perfecci ó n!

No pod ía ser

probablemente no era

podría no haber sido

Por eso necesito pensar ¡Necesito pensar!

N.H.K

En esas tres letras se esconde un enorme secreto que me afecta

directamente. Cualquier otra persona hubiera pensado que se trataba só lo de una corazonada,

pero no tenía dudas sobre lo acertada que era. Incluso podríamos decir que se trataba de una revelació n divina. No sería exagerado decir que se trataba de la iluminaci ó n que había estado buscando.

Mi anterior familiaridad con la N.H.K. me llegó a la mente.

Cuando estaba en

primaria, ví Nadia: El Secreto del Agua Azul 5 , era una serie animada tan

interesante Eh, animaci ó n

Al pensar, record é que cuando era peque ño, me gustaba la N.H.K

Sin embargo, hm

Cuando uno menciona la animaci ó n, autom áticamente piensa en otakus 6 . Los otakus suelen tener dificultades con el contacto humano y las relaciones interpersonales. Las personas con esta clase de dificultades suelen convertirse en hikikomoris ¿Verdad? ¡Ya lo tengo! En este momento, la conexi ó n directa entre la N.H.K. y los hikikomoris debería resultar obvia para todos. En síntesis, al programar series animadas tan interesantes, la N.H.K. produjo fanáticos de la animaci ó n en cantidades industriales. ¡Maldici ó n! ¡Có mo puede hacer alguien una cosa tan horrible!

Pero ahora yo hab ía descubierto sus planes. Estaba a só lo un paso de solucionar este misterio. Descansando mi cabeza en el kotatsu, me dediqu é a pensar. Gracias a las drogas, mi campo visual estaba girando a mi alrededor. Todos los muebles en mi cuarto me animaban al unísono. ¡As í es! Con la ayuda de mis amigos muebles, nadie podría detenerme. No me preocupaba que los agentes de la operaci ó n me persiguieran por el resto de mi vida. Es hora del contra­ataque. Voy a hacer que todos ustedes se arrepientan por burlarse de

m í .

S ó lo un paso más

Estoy a un paso de resolver todos estos misterios ¡Televisi ó n, Kotatsu, Computadora, por favor, brí ndenme un poco de su energ í a! Y justo entonces, tuve otra revelaci ó n divina: El nombre lo dice todo. B ásicamente, el nombre de la N.H.K. revelaría la verdadera naturaleza sobre

esta organizació n. N.H.K. significa “Nippon Housou Kyoukai” 7 , pero ten ía la impresi ó n de que se trataba s ó lo de una pantalla. Tenía que existir un significado oculto, un significado doble.

N.H.K., N.H.K., N.H.K

Me pas é murmurando esas tres letras una y otra vez.

La N significa Nippon, entonces la H debe ser ¡Por fin comprend í! ¡Era tan simple! Resolví el misterio. Descubrí la verdad detrás de todo ¡La H significa Hikikomori! ¡En otras palabras, N.H.K. significa “Nippon Hikikomori Kyoukai” 8 ! Mi batalla inici ó ese día. Mientras mi mente se encontraba bajo la influencia de los alucinó genos, no me d í cuenta de que la única raz ó n por la que mi puerta no se abría era porque la hab ía cerrado con seguro. Pero ese era el menor de los problemas. Sin importar qu é suceda, tengo que luchar. Debo luchar valientemente hasta

conseguir la ca í da de la N.H.K

Nunca ser é vencido.

Aunque a veces, me dan deseos de morir

6 Otaku es una palabra despectiva para referirse a un fan á tico de la animaci ó n o los videojuegos que no hace m á s que quedarse en casa para seguir sus hobbies.

7 Asociaci ó n Japonesa de Difusió n.

Cap ítulo 2 ­ Jihad

Algunos meses despu é s de la noche en la que decid í luchar contra la N.H.K., miré por la ventana de mi departamento hacia el parque del vecindario. Los cerezos estaban floreciendo—era una escena hermosa y llena de alegría. Sin embargo, no pod ía ver la victoria. No vi ninguna se ñar que indicara que ganaría esta batalla. Para empezar, no sab ía d ó nde se escond ía mi enemigo. Tal vez debería volar el edificio general de la N.H.K No, si hiciera algo así, solamente sería atrapado por la policía, podrían incluso matarme de un balazo. Rechacé ese plan. El punto m ás importante era que sab ía qui é n era mi enemigo. Tenía que creer esto—o al menos fingir que lo cre ía. As í tenía que ser. Deb ía evitar todo tipo de descuidos. Si continuaba as í, mi situació n nunca mejoraría. Los últimos d ías, me hab ía estado sintiendo deprimido por culpa de la primavera. Sus signos invad ían incluso mi peque ño departamento de una sola habitaci ó n. Un estudiante acababa de mudarse al departamento de al lado. Los estudiantes caminaban hacia la escuela, con sonrisas adornando sus rostros. Cada vez que abría la ventana, entraba una fresca brisa primaveral, pé talos de flor de cerezo, o las animadas voces de la gente. Maldició n ¿Por qu é tenía que ser as í? Yo era el único que no era alcanzado por la alegr ía de la temporada. No, peor que eso: el resto del mundo se estaba burlando de m í, con a ún mayor energ ía por la llegada de la primavera. Al menos, a m í me daba esa impresi ó n. No había tenido contacto con otro ser humano por casi un año. Sentía que si segu ía a este paso, terminaría olvidando có mo hablar japoné s. Sent ía que me alejaba cada vez m ás de mi regreso a la sociedad. Si no escapaba pronto de mi vida de hikikomori, sería incapaz de reintegrarme al mundo para siempre. El primer paso era conseguir la independencia. Sabía que tenía que encontrar trabajo. Por eso, compr é una revista con ofertas de empleo en la tienda. Sin embargo, cuando terminé de leerla todo parecía imposible. Es imposible, absolutamente imposible. Soy un desertor de una universidad de tercera y no poseo ninguna habilidad. Ese soy yo. Si yo fuera el encargado de Recursos Humanos de alguna empresa, definitivamente nunca contrataría a un hikikomori como yo. En esta é poca—en la que encontrar trabajo ya es lo suficientemente dif ícil— no hay manera de que una empresa contrate a un inútil como yo. Tarde o temprano, en algún punto de su vida, cada ser humano, sin importar qui é n sea, debe trabajar. Es un hecho. No pod ía depender de mis padres para siempre. No pod ía seguir engañándolos con mentiras como “¡Todo est á bien! ¡Aunque dej é la escuela, no voy a tener problema para encontrar trabajo! Justo ahora, estoy estudiando para obtener certificados de administraci ó n de IT, procesamiento de textos, computaci ó n, el TOEFL y manejo del ábaco, entre otras cosas ¡Por favor, m ándenme un poco más de dinero!”. S í, mi l ímite se aproximaba, tal vez estaba a s ó lo unos cuantos meses. Debía

dejar mis h ábitos parasitarios y dejar de ser un maldito hikikomori antes de que mis padres dejaran de mantenerme. Tenía que destruir a la N.H.K ¿Podría conseguirlo? ¿Podría lograr algo tan arriesgado? El mundo m ás all á de mi puerta estaba lleno de peligros. Automó viles circulando a velocidades escalofriantes, aire lleno de contaminantes y polen t ó xico, asesinos en serie acechando en las calles ¿En verdad era seguro salir a un mundo tan peligroso? ¿Estaría realmente a salvo? Para ser honesto, me consum ía la ansiedad. En realidad, era imposible. Un fracaso como yo nunca podría llevar una vida normal en sociedad. Una vida social común y corriente sería imposible para alguien que, apenas ayer, se despert ó por primera vez en meses a la aceptable hora de las siete de la ma ñana, só lo para permanecer en su cama, perdido en sus pensamientos hasta el mediod ía. S í, una vida decente en una sociedad convencional es imposible para alguien que, despu é s de eso, decidi ó tomar una siesta r ápida, solamente para quedarse dormido hasta las cinco de la ma ñana del d ía siguiente. Una vida normal ser ía imposible para alguien como yo, que intentó sin é xito utilizar el análisis Freudiano para interpretar el sue ño de anoche. En mi sue ño, tenía una impura relaci ó n heterosexual en un peque ño cuarto con una estudiante de un grado superior de mi antigua preparatoria, y mi an álisis s ó lo sugiri ó que indicaba un deseo subconciente de tener una impura relaci ó n heterosexual en un peque ño cuarto con una estudiante de un grado superior de mi antigua preparatoria. Mi resultado final fue: “¿De qué modo es esto una interpretaci ó n del sue ño? ¡Só lo est ás repitiendo lo mismo!” Es imposible para m í, que fui a desayunar y, al abrir el refrigerador, me d í cuenta que no había ni un s ó lo art ículo dentro de é l. Imposible para m í, que decid í ignorar a mi estomago vacío y tomar un ba ño, s ó lo para descubrir que me hab ía quedado sin shampoo ni jab ó n. E imposible para mí, la persona que le respondi ó al horó scopo le ído en un programa de televisi ó n matutino—El d í a de hoy, virgo tendrá suerte en el ámbito amoroso, una persona inesperada podr í a confesarte su amor—con el paté tico comentario “¿C ó mo alguien podr ía confesarme su amor si no dejo mi cuarto en todo el d ía? ¿Eh? ¡Quiero ver que alguien lo intente!” Una vida normal dentro de la sociedad era imposible para m í. Argh. ¡Tal vez simplemente deberí a morir!

Tal vez deber í a morir. No. No moriré porque soy un soldado fuerte y capaz. Estaba decidido a vivir hasta el d ía en que derrotara a la N.H.K., aunque eso significara tener que llegar al extremo de arrastrarme por el suelo. Podría ganar o podría perder, eso todavía era incierto. De cualquier manera, lo que necesitaba era una buena cantidad de valor; por ende, deb ía utilizar eficientemente cada onza de coraje dentro de mi cuerpo. Por el momento, sin embargo, la prioridad era preparar el desayuno. Despué s de levantarme lentamente de mi cama, abrí la alacena y saqué el vaso

de sopa instantánea que guardaba en caso de emergencia. Lo llen é con agua de la

tetera que guardaba arriba del refrigerador. Y entonces esper é —Escuchando las d é biles notas de la canci ó n de un ánime proveniente del cuarto 202, el departamento de al lado, esperé pacientemente por tres minutos.

No es que sea relevante ni nada, pero parec ía que a mi vecino de al lado, quien

llegó esta primavera, en verdad le gustaba el ánime. A mi no me interesaba, pero la escuela ya debería de haber comenzado ¿Estaba bien que todav ía no saliera de su cuarto? Sentía deseos de decirle “¡Esta no es hora para escuchar el tema de entrada de Ojamajo Doremi 9 , vas a llegar tarde a clases!” Por supuesto, no hice nada de esto. El

estilo de vida de mi vecino de al lado no era de mi incumbencia.

Mientras estos pensamientos cruzaban por mi mente, los tres minutos pasaron en un santiam é n.

Mi sopa estaba lista.

Justo entonces, sucedi ó .

En el momento preciso en que empezaba a comer mi sopa, son ó el timbre de mi

departamento, interrumpiendo todo el proceso con su “ding dong, ding dong”.

¿Qui é n podría ser? Naturalmente, no me preocupé . El visitante inesperado que interrump ía mi

desayuno era probablemente un cobrador que ven ía a recoger el pago del servicio el é ctrico. En vista de que un corte de electricidad sería bastante problemático para m í, obedientemente dej é mi sopa a un lado y me dirigí hacia la puerta, todavía con el pijama puesto. Abrí la puerta y dije rápidamente “¡La electricidad! La electricidad ¿verdad? ”

Puedo pagarle ahora mismo, le pagar é ensegui Mis palabras se desviaron. Alertado por la sonrisa en la cara de la visitante y la sutil aura que emanaba, me d í cuenta de que no había forma que esta mujer de mediana edad trabajara como cobradora para la compa ñía el é ctrica. “Por favor, discúlpenos por interrumpir su apretada agenda”, dijo mi visitante.

El rostro de la mujer era iluminado por el sol matutino. “Estamos repartiendo estos volantes sin costo alguno”, dijo, entregándome dos peque ños panfletos.

En la portada estaba escrita la palabra “¡Despertad!”

Una refrescante brisa sopló a travé s de la puerta. Afuera, la c álida mañana de

abril se sent ía calmada y alegre.

La puerta del departamento 201 estaba abierta, la barrera que me separaba del exterior—en este caso, la misionera religiosa—hab ía sido derribada. Entonces la ví, diagonalmente a la derecha, detrás de la mujer con la sonrisa evangelizadora sin fondo, estaba otra mujer. ¿Planeaban usar a dos personas para reclutarme? ¿Trataban de desequilibrar el balance de poderes, dos contra uno? ¡Qué cobardes! Me d í cuenta de otra cosa, apenas not é lo joven que era la segunda reclutadora religiosa. Por alguna raz ó n, incluso en esta serena ma ñana de abril con el sol brillando tan apaciblemente, ella se cubría con una sombrilla de color blanco. Aunque no pod ía ver su rostro, pues estaba cubierto con la sombrilla, pude darme cuenta de lo joven que

era, sobre todo al compararla con la mujer de mediana edad. De hecho, era obvio que era incluso m ás joven que yo. Sosteniendo su sombrilla, vestida con un sencillo vestido de manga larga, daba un aire de pureza. Como si fuera realmente la guardaespaldas de la mujer mayor, ella se manten ía firme, tranquila y silenciosa. Sin que me diera cuenta, mis ojos se llenaron de l ágrimas. Esta jovencita, no mayor de diecisiete o dieciocho años seg ún mis cálculos, estaba siendo utilizada por alguna secta est úpida. No pude sino sentir compasi ó n por ella al pensarlo. Quiero decir, vamos ¿¡Qué significa esto!?

Estaba seguro de que estaba en esa edad en la que las j ó venes prefieren salir a divertirse. La edad en la que ella preferir ía ponerse ropa linda, pasear por Shibuya 10 e intentar tener impuras relaciones heterosexuales. Pero las religiones tienen mandamientos estrictos, como “No cometerás adulterio”. Tiene que estar sufriendo. Debe ser doloroso, tan doloroso. La imagin é sin saber có mo lidiar con su febril cuerpo cada noche. “Dios está

yo no puedo contener mis

emociones ¿Por qué cometo este pecado? Incluso cuando Dios me observa ¡Perdó name, Dios m ío!” Esta clase de momentos en los que los mandamientos y la frustraci ó n sexual se unían, deb ían torturarla constantemente. Mi razonamiento debía ser correcto, pues la novela er ó tica ambientada en un convento que le í hace poco mencionaba problemas semejantes. Entonces tuve una idea repentina. Si todo esto era correcto, entonces la existencia de la religió n no sea algo tan malo despu é s de todo. De hecho, tal vez no sea exagerado decir que es realmente maravillosa. Por ejemplo, apareci ó en mi mente la imagen de una jovencita siendo nalgueada por una estricta monja mayor. Esta imagen fue seguida por s ó rdidas escenas de los juicios por brujer ía que seguirían, y finalmente, una violenta sesi ó n de tortura ocurriría en un oscuro s ó tano de piedra. El inquisidor diría “Descubriré si en realidad eres una bruja” ¡Y entonces prepararía el potro! “¿¡Con un l átigo!?” ¡Smack! ¡smack! ¡smack! “¡Aaaah! ¡Se lo ruego! ¡Por favor, perdó neme!” ¡Sin embargo, nadie escucha sus ruegos, y la escala de este aparentemente infinito banquete de iniquidades aumenta y aumenta sin límite! ¡Hermoso! ¡Fant ástico! ¡Una ovaci ó n de p—! Repentinamente, me d í cuenta que la mujer parada frente a mí me ve ía fijamente. Preguntó con ansiedad “¿Se encuentra bien?” Mis desbocadas fantasías sobre la chica religiosa hab ían secuestrado mi atenci ó n y mis emociones. Por un momento, incluso los paseantes casuales podrían haberse dado cuenta de lo ausente que me encontraba. ¿Qu é demonios?

Intenté desesperadamente mostrar una fachada resuelta. “Ejem, ejem”, aclaré mi garganta. Entonces, como un joven muy, muy normal, y sin que mis ojos se desviaran a la

observando, as í que no debo hacer esto. Pero

pero yo

10 Distrito comercial de Tokio, popular entre los jovenes.

direcció n equivocada, le d í a la mujer la mirada m ás inteligente que pude. Claro, estaba a punto de desmayarme. Lo admito. Sin embargo, una vez que recuperé el control de mis emociones, ya no quedaba ninguna abertura en mi armadura que pudieran atacar. Despué s de todo, no tenía razó n para estar tan perturbado. S ó lo ten ía que responder “Sí, estoy bien” mientras le regresaba los dos panfletos, y todo esto terminaría. Pero como había pasado tanto tiempo como hikikomori, mis habilidades para comunicarme se deterioraron al nivel m ás bajo posible. Esa era la raz ó n de mi ansiedad. C álmate ¡C álmate! Dilo. S ó lo menciona esa sencilla frase, “S í , estoy bien”. Bien, la diré en só lo un segundo. S í , esta vez de verdad la diré. Lo más probable es que, como hab ía pasado tanto tiempo desde la última vez que habl é con alguien, mi voz sonaría algo hueca. Las palabras que salieran de mi boca, al menos, sonarían huecas. Era posible que incluso tartamudeara accidentalmente ¿Pero eso qu é importaría, de cualquier manera? Despué s de todo, no era probable que volviera a ver a esta mujer o a la chica de nuevo. No debería importarme lo que pudieran llegar a pensar sobre m í ¿Qué me importa si creen que soy raro o perturbador? Por eso debo decirlo ¡Necesito terminar esta conversaci ó n de una buena vez! S ó lo dí “S í , estoy bien”. Diré “¡S í , estoy bien!” “Sí, est—” En ese momento, mi l ínea de visi ó n pasó casualmente sobre la palabra “¡Despertad!” que decoraba la portada del panfleto que sosten ía en mi mano derecha. En la misma portada, en letras g ó ticas de color negro, estaba impresa la frase 'La amenaza hikikomori se cierne sobre nuestra juventud ¿Est á usted a salvo?'. La mujer, d ándose cuenta de mi mirada, le dio un brillo a ún mayor a su piadosa sonrisa. “Este es el artículo especial del mes. Investigamos el fen ó meno de los hikikomori desde el punto de vista b íblico ¿está interesado?” Sería imposible expresar completamente el miedo que se apoderó de mi ser. ¿Se daban cuenta de lo que era? ¿Sería posible que esta mujer supiera de antemano que yo era un hikikomori? ¿Es por esto que vino hasta aquí para entregarme este panfleto? La idea me aterrorizaba. La idea de haber sido identificado como un hikikomori sin valor por gente que ni siquiera me conocía me llenaba de miedo, escalofríos, temblores—culminando en una confusi ó n terriblemente dif ícil de ignorar. Pese a todo, tenía que calmarme. Tengo que enga ñarlas —engañarlas rápida y elegantemente. “¿Hikikomori? ¡Ja ja ja! ¿¡Có mo podría ser un hikikomori alguien como yo!?” ¿Acaso soy un idiota? Decir algo así s ó lo me hacía ver m ás sospechoso. Tenía que engañarlas de forma más convincente—y rápido. Necesitaba enga ñarlas ahora, o

inventar alguna excusa

“Escuchen, n­no hay forma de que yo sea uno ¿verdad? ¡verdad! Quiero decir, no hay forma de que alguien como yo haya pasado casi un a ño sin hablar con alguien; o que tenga una vida de hikikomori tan extrema que haya tenido que dejar la escuela sin trabajo, sin expectativas de vida ni nada por el estilo; o que est é viviendo en un estado de completa desesperanza. Nada de eso ¿Verdad? ¿¡Verdad!?”

cualquier cosa. Vamos, me rogaba a mi mismo.

La mujer mayor retrocedi ó . Naturalmente, mis pensamientos me orillaron a continuar divagando, sin ning ún l ímite a la vista. Alguien, cualquier persona, det éngame por favor.

“¡Así es! Usted es est úpida, se ñora, est úpida de verdad ¡Y qu é grosera! ¿Qué quiere decir con 'La amenaza hikikomori se cierne sobre nuestra juventud'? Adem ás, si las oraciones y las plegarias pudieran curar lo hikikomori, nadie tendría que sufrir por eso ¿Verdad? ¿Y qué saben ustedes? ¡Ni siquiera yo lo entiendo ¿Por qu é habrían de entenderlo ustedes?!” Eso fue todo. Hab ía terminado. La misionera estaba aterrorizada. Parec ía que en cualquier momento saldr ía huyendo para llamar a la policía. “¡Hay un demente en el departamento de all á! ¡Es peligroso!” Ah, definitivamente soy peligroso, bastante peligroso ¡Incluso me sorprendo a m í mismo! De hecho, estoy impactado por mi propia idiotez, que caus ó que exagerara horriblemente frente a una vieja repartidora de panfletos com ún y corriente. Ya no puedo m ás. Es hora de morir. Alguien como yo, que ha hecho el ridí culo tan horriblemente frente a una persona religiosa deberí a morir lo antes posible. “Est á bien, se ñora. Por favor, regrese por donde vino, tome a la chica y váyase”. No tiene caso. Se acab ó , se acab ó ¡Todo se acab ó ! S í , ma ñana compraré una espada y cometer é harakiri. En vez de exponerme a más deshonras, expondré mis

entra ñas y moriré como un guerrero. As í es, eso haré

espadas. “Disculpe se ñora ¿No sabe d ó nde? ¿No? No, por supuesto que no, est á bien. Eso

no es algo que usted debería saber. Est á bien, só lo váyase. Sí, est á bien, lo siento, lo siento mucho. Soy un hikikomori, un hikikomori de alto nivel. Creo que es dif ícil que encuentre a un hikikomori tan asqueroso como yo. Estoy desempleado, soy una basura. Pero no piensen mal, no necesito que ustedes me ayuden. Estoy bien, só lo váyanse ¿Ven? Miren, les regresaré esto, tomen sus panfletos. Así que, por favor, só lo v áyanse tan rápido como puedan ¡Váyanse!” “E­e­est á bien, por favor, perd ó neme por molestarlo”. Apartando r ápidamente sus ojos, la mujer se volte ó abruptamente y le dijo a la chica detrás de ella, “Nos vamos, Misaki. Regresemos al sal ó n de asambleas ¿de acuerdo?”

me pregunto d ó nde venden

S í , v áyanse, váyanse. V áyanse ya. Tu tambi én, Misaki ¡Desaparezcan!

¿Hm? ¿Qué, Misaki? ¿Qu é significa esa expresi ó n? Aunque la mujer ya se ha ido

¿Por qu é subiste tu sombrilla para verme a la cara? ¿Qué, qué me ves, tienes algún problema? ¿Qué significa esa mirada? ¿De qué te rí es? ¿Te estás riendo de mí ? ¿¡Te

estás burlando de m í

!?

Sin duda, parecía que estaba siendo el blanco de la burla de una chiquilla religiosa que nunca había visto en mi vida. Por un momento, levantó su sombrilla y me vio directamente a la cara. Estaba sonriendo brillantemente. Era una sonrisa adorable y burlona. Y yo tenía ganas de morir.

Estaba siendo el objetivo de las burlas de una persona tan rid ícula como una chiquilla de una secta; Porque hab ía hecho un rid ículo horrible; y más que nada,

porque su sonrisa era innecesariamente linda, por esas razones No puedo seguir, en serio voy a morir. Adi ó s. Adi ó s, mujer religiosa de mediana edad. Adi ó s, Misaki, sosteniendo tu sombrilla. Adi ó s. Adi ó s a todo el mundo. Estoy por partir a un viaje. Cerraré la puerta de mi departamento, pondr é el seguro, correré las cortinas y partir é. Sentado en mi cama, trat é de dejar de respirar. Cubrí mi boca con ambas manos para detener mi respiraci ó n. Eso duele. Duele. Pero pronto moriré. Aguant é el aliento por treinta segundos. Tarde o temprano tenía que morir. Sin embargo, mi muerte no llegaría en ese momento, y eso era porque la respiraci ó n se estaba filtrando por mi nariz. Nada en el mundo funciona de la manera que queremos. Alguien, por favor haga

algo.

Cap ítulo 3 ­ La Reuni ó n

A pesar de todo, regres é a la vida, aunque con una depresi ó n más profunda que la Fosa de las Marianas, debido a la confrontaci ó n de ayer. Por primera vez en meses, salí al exterior a plena luz del día y me dirigí a la ciudad. Era un acto que requería tanta valent ía y hero ísmo, que en verdad merecía que el mundo entero me brindara una ronda de aplausos. Quería felicitarme. Pero todo fue en vano. S ó lo me quedaba la desesperanza ¡Esto no puede seguir así !

Regresando a mi departamento, me encerré en mi cuarto y empec é a beber para borrar mis pensamientos. Sentado junto al kotatsu, trat é de gritar “¡Sake, traigan más sake!” Esto, sin embargo, no era m ás que una frase vacía pronunciada para m í mismo. En mi peque ño cuarto, só lo escuchaba mi propio eco. Habían montones de latas vacías sobre el kotatsu. Trataba de usar el alcohol para bloquear las canciones de ánime que retumbaban en el cuarto cont íguo, irrit ándome cada vez m ás.

Mi cabeza giraba terriblemente, empec é a sentirme mareado.

S ó lo un poco más. Olvidaré todo con un poco m ás

Esa ma ñana, sinti é ndome un poco m ás animado despué s de la depresi ó n del d ía anterior, decid í dar el primer paso para escapar de mi vida de hikikomori. Fue entonces cuando se me ocurri ó : Hoy encontraré un trabajo de medio tiempo.

¿Por qué no? Si no podía empezar una carrera desde cero, al menos podría iniciar con un trabajo de medio tiempo. Si lo hacía, mi t ítulo cambiaría de “Hikikomori” a “Freeter” 11 . Ambos terminos implicaban que era un in útil, pero Freeter sonaba m ás saludable que hikikomori. Por eso, decid í buscar un empleo de medio tiempo en ese mismo instante. Me dirigí a la tienda y compré una revista con ofertas de trabajo. Regres é a casa r ápidamente e inici é mi busqueda. ¿Cuál será bueno? ¿Qué empleo me vendrá mejor? Descart é la idea del trabajo manual. Despu é s de todo, no quer ía nada cansado. Tambi é n me repel ía trabajar en una tienda de conveniencia. No había manera que alguien como yo calificara para cualquier empleo que involucrara atenci ó n a clientes.

Entonces

“Cafeter í a, 700 yens por hora”.

¡Oh!

No hab ía duda: ¡Este era el empleo para m í! Despué s de todo, no debería de haber muchos clientes en una cafetería en los suburbios—y cuando me aburriera, podría leer có mics en la caja. Parecía un trabajo bastante simple. Era perfecto. Con esto en mente, escrib í un curr ículum r ápidamente y salí triunfantemente de mi departamento.

La cafetería en cuesti ó n estaba frente a la estaci ó n del subterráneo, detrás de

un McDonald's. En mi camino hacia all á, atravesé una zona residencial bajo el fresco aire de abril. Y mientras caminaba por la ciudad, una vez m ás fui atacado por “ellos”.

11 Expresi ó n que define a j ó venes que no poseen un empleo de tiempo completo o est á n trabajando en puestos que no requieren estudios completos.

Los agentes de la N.H.K. se burlaban cruelmente de m í mientras pasaba por la orilla de la acera con los hombros ca ídos. Parecía que hab ían intensificado sus medidas de interferencia. “Míralo, es asqueroso”. “Es un hikikomori desempleado. Lo peor que puede existir”. “Regresa a tu departamento, esta ciudad no es lugar para gente de tu cala ña”. Todas las amas de casa, chicas de preparatoria y ancianas junto a las que pasaba murmuraban esta clase de cosas. Pod ía sentir mi cuerpo palideciendo. Oh, quiero volver a casa Quer ía regresar a mi có modo y oscuro departamento de una sola habitació n, hundirme en mi tibia cama, cerrar los ojos y no tener que pensar en nada m ás. Pero no deb ía. No era conveniente. Despué s de todo, s í lo hacía ellos ganar ían esta batalla. Debo resistir. Debo dar lo mejor de mí en esta lucha. Para ser sincero, sospechaba que sucedería algo as í. Estaba consciente de que no me dejar ían en paz una vez que iniciara mi regreso a la sociedad. Precisamente por esto no deb ía rendirme. Resistiendo la ansiedad que crecía en mí con cada paso que daba, me aproximaba lentamente a mi destino. Finalmente, llegué a la cafeter ía detrás de la estaci ó n que se convertiría en mi lugar de trabajo a partir de ese d ía. Me propuse venir a trabajar todos los d ías, empezando ma ñana. Mi escape de la vida hikikomori era inminente. Aunque me preocup ó el hecho de haberme puesto así de nervioso con s ó lo caminar por la ciudad durante el d ía, tal vez s ó lo era cuesti ó n de acostumbrarme. Si pudiera convertirme en un freeter, mi carretada de neurosis desaparecería en minutos. S í, hab ía llegado la hora. Debía ser valiente y dar el primer paso. Abrí la puerta con fuerza y entré al local. Me visualicé entregándole mi curr ículum a la chica sentada frente a la caja registradora, diciendo con energ ía “Escuché que están contratando empleados de medio tiempo”. Empecé a hablar, pero mi oraci ó n se qued ó suspendida en el aire. Detr ás del mostrador, donde ceniceros, teteras y cafeteras estaban acomodadas ordenadamente, se encontraba una sola empleada. Su perfil y la mirada en sus ojos mientras le ía una historieta para chicas me trajeron a la mente la impresi ó n de que ya la hab ía visto antes. En realidad, la conoc í el d ía anterior. Parado frente a la caja, con las palabras “medio tiempo” muriendo en mis labios, sent í que el cuerpo se me paralizaba. Al sentir mi presencia, la chica levantó la mirada. Nuestros ojos se encontraron. Era Misaki, la joven reclutadora religiosa. A diferencia del d ía anterior, ella llevaba pantalones como cualquier joven de su edad. No emitía nung ún aura religiosa discernible. En el instante que reconocí su identidad, mi coraz ó n empez ó a latir diez veces m ás rápido de lo normal. Un torbellino de pensamientos azotaba mi cerebro. ¿Por qué una persona religiosa trabajar ía en una cafetería? ¿No estar ía violando un precepto religioso o algo as í al hacerlo? No, no, eso a m í qué me importa—¿Acaso

recuerda qui én soy? Si así era, mis planes se arruinar ían en ese instante. Nadie en mi lugar de trabajo debería conocer mi secreto. Jam ás podr ía trabajar con alguien que supiera mi condici ó n ¿Qué hago si me recuerda? ¡Ya sé, correr! Y en vista que esta es la conclusi ó n m ás razonable y l ó gica, pues Sin embargo, cuando estaba por emprender la retirada, la chica religiosa me llamó . Cambiando su expresi ó n al instante, me vio con la misma sonrisa burlona del d ía anterior. En voz baja, preguntó “¿Quieres trabajar aqu í?” Claramente pude ver la diferencia entre có mo me formulaba esa pregunta y la manera en que probablemente trataba a los clientes normales. Evidentemente, esta chica recordaba que yo era el hikikomori loco de ayer. Pod ía sentir un sudor frío en el cuello. Quería huir. Quer ía salir de ese lugar tan rápido como fuera posible. A ún así, deb ía responder a su pregunta y retractarme de las palabras que mencion é antes. Tenía que decir algo de forma casual y natural. “Me­me­mmmm­m “Motos ¿Te gustan las motocicletas?” ¿Qu é demonios estoy diciendo? “T ú sabes, las motocicletas ¡Puedes volar como el viento!” Algunos de los clientes en la parte de atrás del local voltearon a verme “¡En verdad amo el pulso del motor! ¿Qué dices, quieres venir a andar conmigo en moto un d ía de estos?” ¡Esto es todo!

Bueno,

hasta luego”. No pude dejar el local a la velocidad suficiente. De camino a casa, me detuve en la tienda y compré varias latas de cerveza. D éjenme morir. Morir é aqu í y ahora. Pero no moriré. El clima est á muy agradable. En vez de morir, beberé alcohol hasta embrutecer. S ó lo quiero olvidar. Alcohol

“Bueno, este

¡En realidad nunca me he subido a una! Ja ja ja ja ja

Gritaba “¡Sake, traigan m ás sake!” Eso, sin embargo, no era m ás que una frase vacía pronunciada a m í mismo. Tenía ganas de llorar. Todo era su culpa. Por ella, mi grandioso plan para escapar de la vida de hikikomori terminó siendo un fracaso miserable. En ese momento, desee tener el poder

de sembrar maldiciones mortales. Esa perra

imaginaba burl ándose. Seguro que me convertí en el hazmerreir. “Jefe, hoy vino un loco hikikomori al local”. “¿En serio, Misaki?” “Parecía que quería trabajar aqu í, pero por Dios, es un hikikomori ¡Deber ía saber su lugar!” “As í es, no hay manera que un hikikomori asqueroso pueda integrarse a la sociedad”. Me usaban como chiste en sus sard ó nicos comentarios. ¿Có mo puede ser? Es

difí cil de perdonar. No, es imperdonable. Tengo que vengarme

¡Maldita perra! ¡M­m­maldici ó n! Los

¡Debo vengarme ahora!

¡Juro que te castigaré

De cualquier manera, no se me ocurría ninguna manera efectiva de vengarme. Decid í dejar eso por un lado y pensar en algo diferente, algo que me hiciera sentir

!

mejor. Quería olvidar las cosas malas.

Hablando de eso, a ún estaba la N.H.K S í, si estaba sufriendo, só lo debía pensar que había descubierto la conspiració n

orquestada por la N.H.K

N.H.K., N.H.K “¡Ya veo! ¡Ahora comprendo!” grit é , “¡Esa chiquilla es una agente especial de la N.H.K.!” declaré ruidosamente. A pesar de lo que hab ía pensado anteriormente, no me sent í para nada mejor. “Maldita sea”, llor é antes de terminarme la cerveza en mi mano. Me dol ía la cabeza, y este dolor era exacerbado por las insoportables cancioncitas del departamento del vecino. Antes de que me diera cuenta, estaba violentamente ebrio. Mi ánimo se encontraba del lado negativo del espectro. Una vez m ás, no pod ía ver ninguna clase de esperanza en el futuro. Sent ía que a este ritmo, s ó lo estaba desplom ándome hacia la muerte—aislado, solo, y con una apariencia de lo peor. “As í es, este es el final ¡Este es el final!” grit é . A ún así, las canciones de ánime seguían retumbando en el cuarto de al lado. En sus letras, palabras como “amor”, “sue ños”, “romance” y “esperanza” eran elementos recurrentes. Para alguien como yo, que hab ía perdido todo optimismo, todo esto sonaba como sarcasmo en mi contra. Las letras azucaradas me llenaban de furia y tristeza. Además, era la primera vez que el vecino escuchaba sus canciones a un volumen tan alto. Usualmente só lo las escuchaba durante el d ía, pero estabamos a la mitad de la noche. Entonces se me ocurri ó : ¿No sería esta una nueva t é cnica de hostigamiento? ¡Me

están hostigando a m í , un individuo tan lastimero que no pudo ni convertirse en freeter! S í así era, no lo permitiría. Golpee el muro. No hubo se ñal que indicara que las canciones fueran a detenerse. Patee el muro. Ninguna reacci ó n. ¿Có mo se atreven a burlarse de m í ? Todos ellos—todos y cada uno—est án burl ándose de mí . Malditos, haré que se arrepientan. Había bebido hasta nublar mis sentidos. ¡Voy a ir hací a all á, les enseñar é! Ustedes tienen la culpa Levant ándome del kotatsu, sin duda vi é ndome como si estuviera a punto de caer de culo, me dirigí hacia la puerta. Fui hasta el cuarto 202 y presioné el timbre. “Ding dong, ding dong, ding ”

No hubo respuesta. Trat é de golpear la puerta. Nada. Los únicos sonidos seguían siendo las canciones. Lleno de ira, la sangre me subi ó a la cabeza. Giré la perilla, la puerta no estaba cerrada. Ya no me importaba qué podría suceder. “¡Escucha!” grit é , ahogado de furia mientras abría la puerta de golpe “¡Bájale al volumen!” En ese instante, lo ví. Un hombre sentado en un escritorio al fondo del cuarto, frente a las bocinas de la computadora. Dándose cuenta de la sorpresiva llegada de un

Si lo hacía, tal vez lograría sentirme un poco mejor.

dong

visitante, lentamente dio vuelta sobre su silla giratoria para poder verme sobre su hombro.

Él estaba

llorando.

Las l ágrimas rodaban por sus mejillas. Encima de todo esto, e incluso m ás incre íble, yo sab ía exactamente qui é n era. No pod ía creerlo. Limpi ándose las l ágrimas, me observ ó con incertidumbre. Movi é ndso hacia adelante, miró mi cara fijamente. Finalmente, despu é s de un silencio moment áneo, pregunt ó con voz quebradiza “¿Sa­Satou?” No cabía duda. Era Yamazaki. Despué s de cuatro años, esta era una reunió n incre íblemente inesperada.

Cuando estaba en preparatoria, entré al club de literatura. A ún así, eso no quería decir que me gustaran las novelas ni nada de eso. En realidad, durante la feria de reclutamiento que realizaban los clubs, una estudiante de un grado superior me dijo “Hey t ú, únete al Club de Literatura”. Asent í sin pensarlo dos veces. En realidad, no habría podido hacer nada m ás. A pesar de ser parte de un grupo tan ño ño como el club de literatura, esta chica era tan linda como una estrella pop. Así que me un í al club por una raz ó n est úpida. Al final, s ó lo me la pasaba jugando solitario en cada reunió n. Y en cualquier rato libre, jugaba cartas en el sal ó n con mi compa ñera ¿Por qu é demonios hacíamos eso? Obviamente, pudimos haber invertido el tiempo en cosas m ás importantes. Bueno, eso ya no importa. El pasado, pasado está. En fin, todo sucedi ó un d ía como todos, despué s de clases. Mi compa ñera y yo caminábamos por el pasillo que conducía hacia el patio central de la escuela. De repente, ellá se ñal ó una de las esquinas del patio. “¡Hey, mira!” “Son un montó n de bravucones”. Varios estudiantes rodeaban a un chico con uniforme de secundaria. Lo golpeaban repetidamente en el est ó mago. Una d é bil sonrisa apareci ó en el rostro del chico golpeado. Los golpeadores tambi é n sonre ían de oreja a oreja. Era una de esas escenas comunes en cualquier escuela. “Eso es terrible”, la chica rompi ó el silencio. Siendo una persona bastante emp ática, su rostro se vi ó como si en verdad se preocupara por é l. Justo entonces, una incre íble idea cruz ó por mi mente: Le mostraría lo genial que pod ía ser. “Debería ir a ayudarlo” “¿En verdad lo har ías?” Asent í. Seg ún mis cálculos, los chiquillos de secundaria no deberían de dar mucho problema. Por supuesto, nunca he sido bueno para calcular. Todo estaba bien cuando grit é la frase “¡D é jenlo en paz, aprovechados!” mientras avanzaba hacia la trifulca. No só lo me zarandearon a su voluntad, sino que tambi é n se salieron con la suya. La chica me vio con desprecio y la víctima sigui ó si é ndolo durante todo el a ño escolar, as í que mis acciones no sirvieron para nada. A pesar de todo, Yamazaki, el chico que intenté defender, parec ía respetarme— aunque no sé qu é clase de impresi ó n equivocada tendría sobre mí. Incluso se unió al

club de literatura cuando entró a la preparatoria. Para entonces, yo ya era un estudiante de tercer a ño. Como mi compa ñera ya se hab ía graduado, yo no ten ía deseos de hacer nada. Por eso, nombré a Yamazaki como presidente del club para poder enfocarme en mis ex ámenes de admisi ó n. Despué s, simplemente me gradué . Excepto por haberle hablado dos o tres veces en la ceremonia de graduació n, no hab ía escuchado de Yamazaki desde entonces—al menos, hasta este momento.

En medio de su propio departamento de una sola habitaci ó n, Yamazaki estaba exageradamente animado. No hab ía cambiado en lo m ás m ínimo desde la última vez que lo ví. Seguía igual de delgado, con cabello tan claro como el del un ruso. Al

principio, me dio la impresi ó n de que se ve ía ligeramente m ás masculino; sin embargo, este no era el caso. Parec ía un joven debilucho, con poca madera de combatiente. “Satou ¿En verdad eres tú?” Aunque sus ojos estaban hinchados y rojos por sus recientes l ágrimas, ahora sonre ía alegremente. Las canciones hab ían dejado de sonar. Junto a la puerta, pregunt é “¿Qué estás haciendo aquí?” “¿Qué hay de t í, Satou?” ”

Le conté que me mud é a este edificio porque estaba cerca de la

Universidad, pero inconscientemente, omit í el detalle principal. No quer ía que Yamazaki conociera mi estado actual. Sin darse cuenta de mis dificultades, Yamazaki me explicó su situaci ó n. “Este verano entré a una escuela t é cnica. Me encontré este edificio cuando buscaba un departamento barato cerca de la escuela, y me terminó gustando”. Parecía que en verdad era una coincidencia. “Bueno ¡Pasa, pasa! No te fijes en lo sucio del cuarto”. Lo incre íble de la situaci ó n a ún me confund ía, pero Yamazaki insisti ó que entrara, por lo que me quit é los zapatos y entré al cuarto. Por supuesto, la distribució n no era diferente a la del mío. Pero ¿Qué era esto? Me qued é helado. Había una atmosfera extraña en el cuarto de Yamazaki, un aire que nunca hab ía experimentado. Los muros estaban tapizados con p ó sters extraños, dos torres de computadora gigantescas, un cerro de có mics que casi tocaba el techo, y toda clase de decoraciones. Todo esto se combinaba para formar un ambiente peculiar y perturbado. “Por favor, si é ntate aquí”. La voz de Yamazaki me regresó a la realidad. Siguiendo su sugerencia, me aventuré m ás al fondo de su cuarto. De repente, algo se rompió bajo mi pie haciendo un fuerte sonido. Salté nerviosamente. “Oh, es só lo la caja de un CD”, dijo Yamazaki. “No te preocupes”. C ó mics, novelas, cintas, DVDs, botellas de pl ástico, cajas de pa ñuelos desechables vacías, entre otros tipos de basura estaban esparcidos por todo el piso. “Mi cuarto est á un poco sucio”. Esto era quedarse corto. Nunca hab ía visto un cuarto tan inmundo. “Aún así, estoy muy feliz. Nunca hubiera adivinado que vivía justo al lado de t í, Satou”. Sentado en la orilla de la cama, Yamazaki hablaba con la mirada en el infinito, sin importarle que pisara una cosa diferente a cada paso que daba.

“Yo

Finalmente, alcancé el escritorio de la computadora y me sent é en la silla giratoria. Mi borrachera hab ía desaparecido, se desvaneci ó completamente. Sin saber qué decir, me qued é viendo su monitor de diecisiete pulgadas. Lo adornaba un papel tapiz alusivo a un ánime que desconocía. “Se me hace raro no haberte encontrado nunca, a pesar que ya hace algo de tiempo que me mud é para acá”. Escuchaba a medias lo que decía mientras examinaba una figura de plástico arriba del monitor. Era una ni ña de primaria con una mochila roja en la espalda. Mientras tanto, Yamazaki continuó . “Eso debe ser lo que quieren decir con 'desinteré s urbano'”. Un pó ster en la pared mostraba a una ni ña desnuda que no debía ser mayor que una estudiante de primaria. Estaba dibujada, como puede suponerse, al estilo ánime. Voltee de nuevo al escritorio. “¿Qué sucede, Satou? Estás muy callado. Oh, supongo que tenía la m úsica muy fuerte ¿Verdad? Tendr é m ás cuidado para la pró xima”. Arriba del escritorio, hab ían montones de cajas cuadradas que parec ían ser juegos para la computadora, o algo as í. Estaban adornados con montones de etiquetas intimidantes—cosas como “tortura”, “h úmeda”, “abuso”, “lascivo”, “sumisió n”, “academia”, “encierro”, “violaci ó n”, “salvaje”, “amor verdadero”, “entrenamiento”, “aventura”—cosas que uno no ve normalmente. Y por supuesto, la portada del juego de arriba estaba ilustrada con el dibujo de una estudiante de primaria desnuda. Una calcomanía sobre é l advertía, “S ó lo para mayores de 18 a ños”. Una vez m ás, desvi é la mirada r ápidamente, esta vez a la monta ña de có mics junto a la pared.

Yamazaki continuaba monologando. “En fin, estoy muy feliz, Satou. Nunca pensé que volvería a verte, y yo en verdad te respeto ¿Sab ías eso? Lo sab ías ¿Verdad?” Tomé uno de los có mics y lo empecé a hojear. Naturalmente, encontré el dibujo de una niña desnuda, junto con una marca amarilla: “C ó mic para adultos”. “¿Haz escuchado sobre la escuela a la que estoy asisitiendo? Seguro que la haz ”

de haber visto en un comercial en la televisió n Regresé el libro al montó n. Limpiando el sudor de mi ce ño, le pregunté “¿Qu é escuela es esa?” Ante mi pregunta, Yamazaki infló el pecho y empez ó a responder. Aunque no lo quería, mis ojos giraron hacia el cielo.

Todo sucedi ó algunos años antes. Todos eramos unos so ñadores. Era el efecto que produce la tranquila vida dentro de un sucio y viejo edificio escolar. Chicas hermosas, y chicos sonriendo pese al mal humor. Yo, y todos los demás, nos la pasábamos so ñando. En medio de esa é poca surrealista, todos so ñábamos con un futuro maravilloso. Esos eran los d ías en los que me la pasaba en el saló n del club con mi compañera, viendo el tiempo pasar lentamente. Fum ábamos cigarrillos nerviosamente detrás de un viejo cobertizo que daba la impresi ó n que quedaría aplastado por completo en el pró ximo terremoto. No teníamos trabajos de medio tiempo, nuestro club no nos motivaba, teníamos malas calificaciones. A pesar de ser un estudiante de

preparatoria sin ninguna direcci ó n, todo el tiempo estaba sonriendo.

Un día, algo sucedi ó . En el sal ó n del club, con su piso lleno de bolas de papel, mi

hermosa compañera y yo divagábamos. “Satou ¿qu é harás en el futuro?”, me pregunt ó .

“Primero, asistiré a la universidad

en realidad no s é qu é voy a hacer, pero

debería encontrar algo que me guste ya estando ah í”.

“Hm

Volte ó la vista. Entonces murmuró , “¿Recuerdas cuando trataste de salvar a ese chico? Fue algo bastante estúpido, pero te ve ías bien. Estarás bien, Satou. Definitivamente te va a ir bien”. El tiempo pas ó . Ella se gradu ó . Despu é s, en el mismo lugar, nos encontrábamos Yamazaki y yo. Voltee a ver mi libro de matem áticas. Yamazaki dijo “Satou, este año

vas a graduarte

“As í es, as í que a partir de hoy eres el presidente del club. Trabaja duro”.

“Va a ser algo triste, todos est án creciendo”. “No digas esa clase de cosas como si fueras un anciano ¿quieres un cigarro?” Le ofrec í un cigarrillo a Yamazaki. Lo encendi ó con mucho cuidado. Al darle la primera fumada, sufri ó un magnífico ataque de tos. Con los ojos llorosos, dijo “Espero que todo salga bien”. “¿Que salga bien qué ?” “No sé , todo. Espero poder continuar con esta clase de vida feliz. Trabajaré duro, t ú tambi é n deberías hacerlo. Saldré con el esp íritu en alto, y de alguna manera todo saldr á bien”. Yamazaki estaba lleno tanto de esperanza como de ansiedad. En ese viejo sal ó n, iluminado con la d é bil luz del poniente, nos re ímos como si estuvi é ramos so ñando. Entonces, fui a la universidad—y desert é . Asustado por mi vida sin futuro, intimidado por mis tontas ansiedades, incapaz de ver hacia adelante y apuntando a ninguna parte, continué viviendo mi rid ícula e idiota existencia. Por todos los flancos me atacaban preocupaciones invisibles. Por eso, me aisl é de la sociedad. Dormía hasta que me cansaba de dormir. Pasó

la primavera, terminó el verano, lleg ó el oto ño y entonces entró el invierno. Y luego, se convirti ó en otra gentil primavera.

Mi avance hacía el futuro se hab ía detenido en seco, y me encontraba al borde de

la locura. La brisa nocturna era agradable. Y entonces, un d ía, nos volvimos a encontrar. Yamazaki y yo nos vimos de nuevo. Hab ía sido un chido debilucho y abusado, pero Yamazaki seguía siendo una buena

persona. Todo este tiempo, hab íamos estado respirando el mismo aire citadino. Aunque ninguno de los dos pod ía ver nada concreto en el futuro, seguíamos viendo hacia adelante. A ún hoy, pod ía recordarlo con claridad—Nosotros en el sal ó n que extra ñaba

tanto, el atardecer iluminando a travé s de las persianas durante nuestras inocentes conversaciones. “¿Qué va a pasar con nosotros?” “Lo que será, será”. ”

“Supongo Esa placentera é poca despué s de clases.

Éramos j ó venes y est úpidos. No val íamos nada, ni siquiera pod íamos visualizar nuestra vida cuatro a ños en el futuro. Habi é ndome encontrado con Yamazaki por primera vez en a ños, pregunt é “¿A d ó nde est ás yendo a clases?” Yamazaki infl ó su pecho ante mi pregunta y respondió “El Instituto de Animaci ó n Yoyogi”. La vida es tan extra ña “¿Y ahora qué haces?”, me pregunt ó . “Desert é ”. Yamazaki volte ó a otro lado. Un silencio incó modo envolvi ó el cuarto. Finalmente dije, en una voz falsamente alegre “Por ciero ¿Por qué estabas

llorando?” “No he estado asistiendo a clases. En realidad no me llevo bien con mis compañeros, no tengo amigos, es la primera vez que vivo solo. Estaba desesperado, por ”

eso escuchaba mis CD al mayor volumen posible “¿Haz estado aquí encerrado todos estos d ías?” ”

Me levant é r ápidamente. “Espera s ó lo un segundo”, dije, y regres é a mi cuarto. Volví al cuarto de Yamazaki, cargando latas de cerveza en ambas manos “¡Bebamos!” “¿Qué ?” “Est á bien, só lo bebamos”. Le pas é una cerveza a Yamazaki. “Est á bien, el d ía que puedas dejar de ser un hikikomori definitivamente llegará”. Para ser sincero, s ó lo estaba proyectando mis propios deseos. “Est á bien, Yamazaki. En lo que respecta a ser un hikikomori yo soy un profesional ¡Mientras est é contigo, tu situaci ó n no puede empeorar!” Con eso, empezamos a beber. Volvimos a poner las canciones de ánime y bebimos hasta que se evaporó nuestra consciencia. Nuestra fiesta continu ó hasta bastante tarde. Cuando terminó el CD, empezamos a cantar nuestras propias composiciones. Cant ábamos maravillosamente. O tal vez lo so ñamos, est ábamos incre íblemente ebrios. Incluso si era un sue ño, todo estaba bien.

“A­Así es

Como usé los c ó mics pornográficos como almohada cuando me qued é dormido en el piso, desperté con un dolor de cabeza terrible. Yamazaki segu ía dormido, descansando la cabeza en el escritorio. Lo sacud í suavemente del hombro “¿Y la escuela?” ”

“Eh, hoy no voy a ir Diciendo esto, Yamazaki cerró los ojos otra vez. Regresando a mi cuarto, me acost é en mi cama. Me tomé una aspirina y volví a dormir.

Cap ítulo 4 ­ El Camino a la Creació n

La salida estaba bloqueada. No había ninguna esperanza. No hab ía nada que pudiera hacer. Y debido a una fantasía est úpida en la que ve ía a la N.H.K. como una malvada organizació n que controla al mundo tras bambalinas, perd í incluso la capacidad de distraerme. La primavera me llenaba de ansiedad—me daban ganas de imitar a Vincent Gallo en Buffalo 66. Entrando al baño, me v í en el espejo y dije, “No puedo seguir viviendo”. Tengo que morir. El d ía de hoy era diferente a otros d ías. Algo sorprendente hab ía sucedido.

Despué s de despertar a la una de la tarde, encontré un pedazo de papel dentro de mi buz ó n. Era el currículum que hab ía escrito para el empleo de medio tiempo en la cafetería. Lo había escrito para ese empleo en particular, un recuerdo que quer ía borrar completamente. ¿Por qué ? ¿C ó mo hab ía llegado al buz ó n? Corrí al departamento de Yamazaki. Yamazaki se hab ía tomado el d ía libre otra vez. Sentado frente a la computadora, estaba jugando o algo as í. Le pregunt é , “Oye ¿vinieron a visitarte unos misioneros?”

s í, vinieron hace como dos horas. Me dieron unos panfletos. Me encantan

sus traducciones literales ¿Y Por qu é lo preguntas? ¿Tambi é n fueron a tu departamento, Satou?” Repentinamente me d í cuenta de la escalofriante verdad. Al parecer, dej é mi curr ículum en la cafeter ía. No recuerdo si se me cay ó del bolsillo o si se lo d í autom áticamente a Misaki. Mis recuerdos estaban nublados por el shock del momento. Una cosa era segura: Misaki vino a traerme el curr ículum durante sus rondas de evangelizaci ó n. En otras palabras, fall é horriblemente en mi intento de ocultar que, en realidad, hab ía ido a solicitar empleo ah í. Dándome cuenta de esto, ya nada parecía importarme. Cuando los seres humanos pasan por situaciones extremadamente avergonzantes, parece que sus emociones se adormecen por completo. “¿Qué importa?”, murmuré , mientras me dirig ía hacia el basurero para tirar el pedazo de papel. Al hacerlo, me d í cuenta que un mensaje estaba escrito con pluma negra en la parte trasera de la hoja:

“Hm

Ha sido seleccionado para mi proyecto de investigación. Por favor, asista al Cuarto Parque Distrital de Mita esta noche a las nueve.

¿Eh? Me qued é boquiabierto mientras me agachaba frente al basurero. Ahora, vié ndolo objetivamente, me d í cuenta que mi situaci ó n era más escalofriante de lo que pens é . Acababa de recibir una carta misteriosa de una chica a quien s ó lo hab ía visto dos veces en mi vida. En verdad, era tan incomprensible que no sabía qué debería hacer en este caso. Entonces, obedientemente le seguí la corriente. El parque estaba a s ó lo dos minutos de camino desde mi departamento. Ya hab ía anochecido. Los árboles en el camino crecían a inté rvalos regulares. Ahí estaba

la vieja resbaladilla, las bancas con pintura descarapelándose, y la luz de los postes frente a los columpios, ilumin ándolo todo con un d é bil brillo azul. Me gustaba este parque. Solía detenerme en este parque a descansar despu é s de mis viajes semanales a la tienda. El espacio vacío me pertenecía só lo a mí. Disfrutaba la fresca brisa nocturna. Sentado sobre la banca, si ve ía hacia el cielo pod ía ver la luna y las estrellas a trav é s de las ramas sacudidas suavemente por el viento. Era un buen lugar para relajarme y dejar volar mis preocupaciones. Sin embargo, esta noche el parque no era mi espacio personal exclusivo. Alguien m ás estaba ah í. No sent í que deb ía avisar que ahí estaba. Mi est ó mago se sent ía hueco. ¿Qu é tratas de hacer? ¿Qué estás pensando? ¿Qui én rayos eres? Estas preguntas eran acompa ñadas por una ira creciente, pero mi mente permanecía tranquila. Incluso me sent ía calmado, mis pensamientos se movían de forma ordenada, sin peligro de salirse de control. Tal vez ya me hab ía resignado. Tal vez ya hab ía aceptado mi situaci ó n actual. Era bastante posible que finalmente hab ía admitido no tener futuro, ser alguien que debería simplemente desaparecer. Sí, esa tenía que ser la explicació n.

Últimamente hab ía estado viviendo en el pasado. Cada noche so ñaba con los d ías de anta ño: mi pueblo natal, mis amigos, mi familia, las cosas que odiaba, las cosas que me hacía feliz—recuerdos, fragmentos de recuerdos. Mis sue ños eran tranquilos y melancó licos. Así, el futuro había dejado de ser un problema. Ya estaba escrito, precisamente por eso debía permanecer en el pasado—en mis maravillosos y reconfortantes recuerdos. Estaba consciente de que esto era una forma de escapismo, pero ya no me importaba.

S í , as í es. Soy un hikikomori, una persona lastimera con esp í ritu débil ¿Y qué

tiene de malo? S ó lo déjenme en paz y desapareceré silenciosamente ¡Estoy bien! ¡No hay problema!

“No, no, no

me sent é en la banca, con la cabeza entre las manos.

“¿No qué ?”, pregunt ó la chica. Se estaba balanceando en uno de los columpios cerca de la banca. Su cabello se sacud ía ligeramente con el viento. Hoy tambié n estaba vestida como una adolescente normal—sin sombrilla, sin panfletos, sin atm ó sferas religiosas. Sin embargo, no dej é caer la guardia. Ten ía que lidiar con ella tranquilamente, pero extremando precauciones. Juesto entonces, decid í considerarla algo parecido a un ASIMO, el robot b ípedo desarrollado por Honda. Si lo hacía, podr ía mantener mis sentimientos a raya ¿Por qu é no? Hoy en dí a, la tecnologí a robó tica ha avanzado incre í blemente. Sin importar c ó mo lo vea, esto se ve exactamente como un ser humano. Balance ándose ligeramente en el columpio, el robot pregunt ó , “¿Por qué huíste? Nos hace falta personal, en verdad necesitamos ayuda. Tal vez te hubieran contratado en el acto”. ¡Increí ble! El sintetizador de voz funciona a la perfecci ó n. Las articulaciones se mueven suavemente, las piernas se mueven flexiblemente desde la falda. No cabe duda que la habilidad tecnol ó gica japonesa es la mejor del mundo.

“¿Te asustaste al pensar que trabajarías en el mundo exterior y reconsideraste a

la mitad de tu solicitud porque eres un hikikomori?” Fue directamente al punto—

aunque claro, eran só lo las palabras de un robot. Nadie debería molestarse por lo que

diga una máquina. El robot continuó . “No te preocupes, sé có mo curar lo hikikomori”. “¿De qué rayos hablas?” reaccioné finalmente a sus palabras. “Te llamas Satou ¿verdad? Bueno, eres un hikikomori ¿No?”

En vez de responder inmediatamente a su pregunta, se ñal é el letrero colgado en

la entrada del parque. Advert ía “¡Cuidado con los pervertidos! Se han registrado

ataques en esta zona” con chillante pintura roja. Dije, “¿Estás segura que está bien encontrarse con alguien tan sospechoso como

yo a esta hora? Podría ser peligroso”. “Est á bien, mi casa está aquí cerca. Todos los domingos vienes a este parque

¿Verdad? Te ví desde mi ventana”. Estaba por sufrir un ataque de ansiedad. No pod ía adivinar qué deseaba. Su

motivaci ó n segu ía siendo un misterio para m í ¿Acaso era una nueva té cnica de reclutamiento religioso? No entend ía que trataba de decir, pero continuó con nuestra extra ña conversaci ó n mientras miraba fijamente la luz de los postes. “En fin, eso no es importante ¿No quieres saber, Satou? ¿Sobre la manera de dejar de ser un hikikomori?” “No me llames Satou, soy mayor que t ú”. “¿Sabes cuántos a ños tengo?” “Bueno, te ves como de diecisiete, tal vez dieciocho a ños”. “¡Est ás en lo correcto!” Ganando impulso en el columpio, salt ó de é l ligeramente. Despué s, se acercó a la banca donde estaba sentado y me miró fijamente. Agachada, con las manos en las rodillas, dijo “Quieres saber c ó mo escapar ¿Verdad? Yo te ense ñaré ”­ Una vez m ás, esa sonrisa innecesariamente linda flotó atravesó su rostro. Ya no pod ía seguir considerándola el sucesor del ASIMO. Desviando la mirada, dije “No soy un hikikomori”. “Mentiroso ¿C ó mo puedes decir eso si te delataste completamente el otro d ía cuando mi t ía trat ó de hablar contigo? Tambi é n huíste al darte cuenta que era yo quien estaba en la cafetería. La gente normal no hace eso”. “¡Oye!” “Las personas te asustan, verdad?” Cuando levant é la mirada, nuestras miradas se cruzaron. Tenía enormes ojos, con grandes pupilas. Me qued é sin palabras. Al final, sin decir nada, desvi é la mirada nuevamente. De repente, me d í cuenta que el viento estaba soplando m ás fuerte. Las ramas

de los árboles se agitaban sobre nuestras cabezas. Era una noche fr ía. Decid í regresar

a mi departamento. Levant ándome, le d í la espalda. Ella intent ó detenerme.

“¡Espera!”, dijo, “te vas a arrepentir”. “¿De qué hablas? Para empezar ¿Qui é n eres?” “Soy una amable chica que ayuda a los hikikomori”. “¿Y qué es este 'proyecto' que mencionaste en tu nota?” “Por el momento, los detalles sobre el proyecto son informaci ó n clasificada. Pero

puedes estar seguro de que no voy a hacerte nada malo”.

Me estaba sintiendo mal, así que decid í inventar una mentira apropiada y

alejarme de ahí. “No soy un simple hikikomori, sabes. Es cierto que me a íslo del

mundo, pero es mi deber. Tengo que hacerlo”.

“¿Y

“P­pues “¿Sí?” “Verás, yo trabajo desde mi departamento

cuál es tu deber?” ”

mejor dicho, mi oficina. Aunque es

cierto que vivo aislado, es parte de mi trabajo ¡No puedo hacer nada al respecto! Tratar

de encontrar un trabajo de medio tiempo fue só lo un peque ño error de c álculo de mi ”

parte

“¿Pero cuál es tu trabajo?” “N­no te sorprendas al escucharlo ¡Soy un creativo!” ¡As í es! Pens é ¡Maraví llate

ante mi tí tulo! “Como me dedico a la creaci ó n, tal vez act úe de forma un poco inusual de vez en cuando ¡Pero eso só lo demuestra mi incre íble talento! ¡No soy só lo un desempleado bueno para nada!” Misaki sonri ó y pregunt ó casualmente “¿Y qué estás creando?”

no puedo explicarlo con una

sola palabra

“Bueno, av ísame cuando hayas terminado eso en lo que est ás trabajando ¿Está

bien?”

“N­no, no puedo hacerlo. Es informaci ó n que no puedo divulgar. Adem ás, hay mucho dinero invertido en este proyecto, no te puedo dar detalles tan f ácilmente

Justo cuando estaba deseando morir debido a la estupidez de las palabras que sal ían de mi boca, Misaki me dio la espalda. “As í que todo fue un desperdicio ¿Eh? Te ofrec í ense ñarte la forma de escapar, despué s de todo”. De verdad parecía pensar que era desafortunado que desperdiciara la oportunidad que me estaba brindando. En voz baja, dijo “Nunca volver ás a tener ”

una oportunidad como esta

“Eso es

sabes, c ó mo decirlo, es revolucionario

S ó lo pod ía ver su contorno contra la luz de los postes.

Mi mitomanía me empuj ó a seguir hablando. “Parece que dudas de mis

palabras; pero en verdad soy un creativo sorprendente. Tal vez sea dif ícil de aceptar para una jovencita como t ú, pero mi nombre es bien conocido en el medio. Sí, la pró xima vez que te vea, te diré todo al respecto sobre mi trabajo ¡En verdad te sorprenderás! ¡Entonces s í vas a respetarme!” ¿Por qué dije “La pró xima vez que te vea”? ¿Qué quise decir con “Mi trabajo”? ¿Por qué decía esta clase de cosas, que pod ían ser desmentidas con facilidad? Podría ser honesto y decir “¡Soy un hikikomori desempleado!” ¿Por qué surgía este orgullo tan extra ño en m í con esta clase de cuestiones? Como fuera, no importaba. Só lo deb ía escapar de ahí. Debía huir r ápidamente antes de que terminara de enterrarme. “Bueno ¡hasta luego!” Vacilante, me dirig í hacia la salida del parque. Detrás de mí, Misaki pudo haber balbuceado algo m ás, pero ya no alcancé a escucharla.

De regreso en el departamento, interrogué a mi vecino. “Oye Yamazaki ¿C ó mo puedo convertirme en creativo?”

“¿Eh? ¿Creativo, a qué te refieres?” “Tengo que convertirme en creativo lo antes posible. Estudias en el Instituto de Animaci ó n Yoyogi ¿No? ¿No sabes sobre esa clase de cosas?” “No. Bueno, supongo que sí ¿Hablas en serio?” “En serio, hablo en serio. Cualquier cosa servirá ¡Só lo dime có mo convertirme en creativo! ¡Por favor!” “Voy a colgarte, mejor ven para ac á”. El shock de la situaci ó n me hizo llamar por tel é fono a mi vecino de al lado. Era la primera llamada telef ó nica que realizaba en meses.

“La pró xima vez que te vea, te dir é todo al respecto sobre mi trabajo”. Só lo unos cuantos minutos antes, mencion é estas palabras. Infl é mi pecho orgullosamente y dije esto en voz alta. La pró xima vez que te Sospechaba que esto no ocurriría en el futuro lejano. Misaki parecía vivir cerca. Podría incluso encontr ármela en la calle, completamente por casualidad. Para entonces, mi enorme e incre íblemente est úpida mentira tenía que haberse convertido en realidad. Tenía que convertirme en un aut é ntico creativo. A todo esto ¿Qué es un creativo? ¿Qué es? Yamazaki, sentado frente a la computadora como siempre, condens ó mi situaci ó n: “En resumen, Satou, dijiste una horrible mentira porque trataste de quedar bien frente a una chica linda, y ahora est ás ofuscado porque te sientes culpable ¿no es as í?”

Sonroj ándome, asent í. No me importa si te burlas, Yamazaki. Tú conoces mi verdadera identidad. No es posible que descubras un secreto más embarazoso que ese ¡Ay údame! Yamazaki se cruz ó de brazos y se sumergi ó en sus pensamientos. Yo permanecí

sentado en el piso, esperando t ímidamente que dijera algo. Sin embargo, cuando lo hizo, sus palabras no tenían ningún sentido. “Para empezar, el hecho que una chica te humille no es importante ¿o s í?” “¿Qué ?”

no son personas. No son seres humanos. De

hecho, no sería exagerado decir que est án incre íblemente cerca de ser monstruos

inhumanos. No hay raz ó n para deprimirte s ó lo porque fuiste humillado por un mutante”. Su expresi ó n segu ía tan calmada como siempre. Estaba empezando a sentirme inc ó modo. Continuó , “Esos seres no tienen coraz ó n. Tienen figura humana, pero son criaturas muy diferentes. Satou, es mejor que comprendas este hecho de una buena vez”.

“Escúchame, Satou. Las mujeres

“Ya­Yamazaki

“¡Ja ja ja! Bueno, no hay problema. Sin importar cuál sea la raz ó n para que decidas convertirte en creativo, la idea no es tan mala. Hablemos sobre esto”. Levant ándose de su escritorio, se sent ó frente a m í. Sus acciones se ve ían llenas de una extra ña confianza. Aparentemente, la personalidad de una persona puede cambiar radicalmente en s ó lo cuatro años. Yamazaki parec ía estar virando emocionalmente en una direcci ó n peligrosa. Sin embargo, en este momento no deb ía

preocuparme por eso. Con tal de resolvar mi problema, me arrodillaría ante un demonio. “Muy bien, comencemos. Hay muchas clases diferentes de creativos, Satou— ¿Qué te gustaría hacer?” “¿Qué ? Ya te dije, quiero convertirme en creativo

“¡No existe un trabajo llamado 'creativo'!” La voz de Yamazaki subi ó de tono. “Es s ó lo un t é rmino gené rico para trabajos como escribir o dibujar có mics. Un 'creativo' es simplemente una persona que hace algo. Entonces ¿Qué te gustar ía hacer, Satou? Eso es lo que te pregunto”. “Lo que sea, mientras pueda ser llamado creativo”. ”

Yamazaki empu ñó ambas manos. Luego, cuando pareció recobrar el

control de s í mismo, dej ó escapar un largo suspiro. “Bueno, partamos desde ahí ¿Qué clase de habilidades posees, Satou?” “¿Qué quieres decir con 'habilidades'?” “Por ejemplo ¿Puedes dibujar, o componer canciones, o escribir programas de computadora? Hay muchas posibilidades”. “No puedo hacer nada. Si tengo que decir algo, supongo que tengo talento para la soledad. He podido vivir un largo tiempo sin hablar con nadie—“ “¡Eso no sirve!” Yamazaki golpe ó el suelo con ambas manos. “¡Ya te dije, no sirvo para nada!” grit é . Yamazaki se puso de pie y me contestó con a ún más fuerza “¡No hay manera de que alguien sin habilidades se convierta en creativo ¿Verdad?! No est á bien s ó lo decir lo que es f ácil para t í. Escucha, te re íste cuando te conté que estaba asistiendo al

Instituto de Animaci ó n Yoyogi ¿O no, Satou? Está bien, no tienes que esconderlo

creo

que está claro que en lo que respecta a creatividad, estoy mucho m ás adelantado que t ú. Por favor enti é ndelo”. Asent í repetidamente durante su larga diatriba. De repente, el cuerpo de Yamazaki pareci ó relajarse. “No, perd ó n. Me sobreemocion é por pensar en los idiotas de mi clase. Ese tipo de gente me enfurece— personas que s ó lo sirven para hablar, pero que no pueden hacer nada por s í mismos”. Parecía que hab ía irritado sus problemas con la vida escolar. Decid í que tal vez se calmaría si bebiera algo de caf é . Usando un vaso de papel, vertí algo de agua caliente de la tetera que ten ía sobre el gabinete. Despué s, encontré un paquete de galletas de arroz bajo la cama. M ás tranquilo, Yamazaki regres ó al tema principal. “Bueno, pensemos de forma

m ás concreta. La música requiere habilidad y buen gusto, as í que eso está fuera de tu alcance, Satou. En cuanto a programaci ó n, no eres bueno para las matemáticas ¿Verdad? Tambi é n podemos descartarla. El arte tambi é n sería imposible ¿No? Una vez ”

v í un dibujo que hiciste, as í que tampoco sirves para hacer ilustraciones. Entonces Yamazaki chasque ó los dedos “¡Satou, eras miembro del club de literatura ¿Verdad?!” “Quieres decir que “¡Novelas! ¡Escribe novelas!” Hice una mueca “¡No, no quiero hacer eso! No he escrito ninguna composici ó n desde que estaba en secundaria. Para empezar, las novelas son muy aburridas. No creo que—“

“Argh

Yamazaki se volvi ó a enfurecer. Respirando violentamente, murmuró “S ó lo ”

Sentí algo de miedo y decid í cambiar de tema. “P­por cierto, Yamazaki ¿Qu é estudias en la escuela? Es ánime ¿No? ¿Hacen caricaturas y todo eso?” Yamazaki sacudi ó la cabeza. “Se llama Instituto de Animació n Yoyogi, pero tiene muchas especializaciones diferentes. Yo estoy en la carrera de Creació n y Desarrollo de Juegos”. ¿Creaci ó n de juegos? Me sent í emocionado en cuando lo escuch é . “Creador de juegos”, el título sonaba tan bien. La industria por excelencia de la é poca contempor ánea. El trabajo que desean todos los niños de primaria. Me imaginé a un gigante de la indutria manejando un Lamborghini, divirti é ndose en clubes de clase alta en Ginza, haciendo volar fajos de billetes, observando a las personas hacer fila para comprar su s úper­popular juego. Entonces, un estudiante de preparatoria le robaría uno de estos juegos a un ni ño de primaria, la historia aparecería en las noticias de las seis, d ándole a ún más publicidad. ¡Era el mejor trabajo de todos, con una ganancia anual de cien millones de yens! ¡Era genial! ¡Era perfecto! Terminándome el caf é de un trago, tom é la mano de Yamazaki. “¡Seamos creadores de juegos juntos!”

agu ántate

Pasaba de las once de la noche. Yamazaki terminaba su d é cimo vaso de caf é soluble, y yo preparé un vaso de sopa instantánea para mitigar el hambre. Yamazaki se molest ó por esto. “¡No tomes comida ajena sin pedirla antes!” Me disculp é con é l mientras condimentaba la sopa. Yamazaki dijo “E­es imposible que un principiante como t ú se convierta en creador de juegos”. “Por eso tienes que ayudarme”. “Los juegos modernos son un arte complejo. Un juego decente só lo puede completarse exitosamente mezclando el trabajo de varios artistas especializados. No creo que alguien como t ú pueda lograrlo, Satou”. Sentía ganas de decirle “Te has vuelto un tanto insolente con el tiempo ¿no crees?”, pero despué s de pensarlo con detenimiento, recordé que lo era desde el principio. A pesar de ser un debilucho, era la clase de persona que le decía lo que quería a quien se le antojaba. Llamaba idiotas a las personas en su cara o les ordenaba que se largaran, por eso lo golpeaban frecuentemente. Era su culpa por completo. Al principio, me hablaba respetuosamente, pero una vez que se enteró que era un hikikomori desempleado empez ó a burlarse abiertamente de mí. Eso no importaba, estaba dispuesto a soportar lo que fuera necesario para convertirme en creador de juegos. Tenía que entrar en la industria. Por favor, Yamazaki “Puedo ver que tienes dificultades para pedirme ayuda. Sin embargo, hay cosas que no pueden lograrse sin importar cuánto ruegues, Satou”. “¡Por favor, haz algo para ayudarme!” “Para empezar, no hay forma que puedas permanecer enfocado por mucho tiempo en un proyecto que iniciaste s ó lo para ganar el respeto de una chica. Es obvio que pronto perder ás la motivaci ó n”. “¡No es verdad! ¡Hablo en serio!”

“Tengo que ir a clase ma ñana, estoy cansado”. “¡No es só lo para ganar el respeto de Misaki! ¡Será m ás f ácil para mí dejar de ser un hikikomori si me convierto en creador de juegos!” “Es imposible”. “¡No digas eso! ¡Por favor, ayúdame!”, insistí. “No funcionará”. “¡Lo har á, te lo prometo!” Pasé otra hora intentando convencerlo. Intenté de todo: halagarlo, despistarlo, gritarle—hasta que finalmente, decid í tomar otro enfoque. “Puedo grabar los ánimes que pasen por televisi ó n mientras est ás en la escuela ¡Incluso borraré los comerciales!” Por fin, Yamazaki cedi ó . “Bueno, Satou, parece que realmente est ás determinado en convertirte en creador de juegos”. Su voz sonaba seria. “Sí, es verdad, lo estoy”. “Si realmente es así, existe una manera de que incluso alguien como t ú pueda ”

convertirse en creador de juegos, Satou. Pero “¿Pero?” “Tal vez sea el camino m ás sangriento. Un mé todo tan severo y doloroso que har ía que cualquiera deseara abandonarlo”. La voz de Yamazaki sonaba grave y amenazadora, pero mi determinaci ó n era m ás poderosa. Lo har é, no importa qué. “Har é lo que sea”, dije. “¿Hablas en serio?” Asent í. “¿Absolutamente? No puedes decir 'me voy' a la mitad del camino ¿Entiendes?” Una vez m ás, asent í. Yamazaki preparó otro vaso de caf é , y yo empecé a comerme un segundo vaso de sopa. “Entiendo, Satou. Hablemos. Te contaré sobre mi plan”. Inclinándose hacia adelante, Yamazaki empez ó su discurso con tono conspiratorio. “Hoy en d ía, los juegos se fabrican a una escala enorme. Se necesita programar una cantidad incre íblemente enorme de datos, esa es una labor demasiado pesada para un par de novatos como nosotros. Incluso, intentar crear un juego para una plataforma obsoleta como el Super Nintendo ser ía una prueba tit ánica. E incluso si lo lograras, aún est ás muy lejos de ser considerado un creador de juegos”. “Entonces—”. Yamazaki me interrumpi ó rápidamente. “Só lo escucha ¿Est á bien? No tenemos presupuesto, ni contactos dentro de la industria, y nuestros recursos tecnoló gicos est án bastante limitados. Sin embargo, incluso en esta situaci ó n hay una manera de crear un juego ¡Incluso aunque no seamos capaces de escribir có digo de programaci ó n o componer m úsica, hay un gé nero que podr</