Sei sulla pagina 1di 2

Las normas viales en nuestra cultura

En el campo vial se reflejan las contradicciones y conflictos más generales de


una sociedad, y muy especialmente nuestra forma de vincularnos con las
normas. Para la Real Academia Española, las personas hacemos algo
disonante cuando la acción “discrepa de aquello con que debiera ser
conforme”; es decir, cuando resulta “extraño y fuera de razón”

Lamentablemente, las normas de circulación vial son conceptuadas,


significadas y difundidas como simples normas, datos, informaciones,
restricciones porque sí, sin ningún fundamento detrás. Por eso, conviene
redefinir culturalmente la circulación vial como una forma de interacción
humana que no es separable del resto de las expresiones que se dan en
nuestra sociedad. En este sentido, las normas de circulación vial no son
simples normas, sino una traslación prácticamente literal de los códigos éticos
de convivencia social. (Buxó I Rey, 1999)

Como peatones, para competir con los autos y ganar, por ejemplo, el derecho
de paso, usamos –también- los cuerpos como si fueran indestructibles,
mostrando cierto grado de omnipotencia en nuestros comportamientos. Estos
procesos de orden psicológico son importantes porque develan la tensión que
existe entre las normas escritas y la práctica vial, entre nuestro
comportamiento con el orden instituido y las pautas establecidas.

La distancia y la disonancia que existe entre las normas y nuestras prácticas


cotidianas, manifiesta nuestra dificultad para respetar las reglas, y generan una
particular situación en el tránsito, caracterizada por la incertidumbre y la
ambigüedad. En este sentido cabe interrogarnos:

 ¿Por qué no respetamos las normas de tránsito?


 ¿Por qué nuestro comportamiento vial no es el adecuado?

Cuando las normas son vivenciadas como una imposición arbitraria, externa,
resulta mucho más difícil para cada sujeto respetarlas y entender su propósito
ciudadano. Al no haber normativa compartida, la consecuencia más latente es
la gran dificultad para gestionar cualquier tipo de ordenamiento.

En la calle, muchas veces las situaciones viales se resuelven según lo que los
implicados consideran mejor. Cada individuo toma decisiones sobre qué hacer
en base a la interpretación de los gestos y signos que percibe, en lugar de
actuar en función de las señales de tránsito y las normas. Esto genera un
transitar bajo un stress permanente.

1
 los gestos, para resolver con ellos el margen de ambigüedad generado
en cada situación vial por la ausencia o incumplimiento de lo normado; y,

 el ejercicio del poder entre los actores apelando, por ejemplo, a la ley del
más grande o el más importante: para decidir quién pasa primero lo que
importa es el tamaño del vehículo o su capacidad de desarrollar más
velocidad.

Cuando la ley pierde la capacidad de ordenamiento simbólico, los actores


recurren a sus propias reglas para resolver situaciones conflictivas y ordenar el
juego. Estas resoluciones no ocurren por una práctica reflexiva de los actores,
sino más bien por una evaluación constante del costo-beneficio.

Esto es, el sentido común vial del que hablamos que está compuesto por una
serie de reglas que reemplaza en los hechos a las normas de circulación
dictadas por el Estado. Transformamos así los signos en símbolos y siempre
tenemos una justificación para nuestras prácticas. Por ejemplo: le atribuimos un
alto grado de ambigüedad a las señales viales que, aunque tienen un
significado muy preciso, son transformadas en objetos decorativos, parte del
mobiliario urbano o rural, siempre sujetos a interpretación situada o
personalizada, enmarcada solamente en el estado de ánimo y en la experiencia
de los conductores.

No se trata simplemente de comportamientos y repertorios situacionales.


Conducir y transitar está inserto en el desarrollo educativo de los derechos y
obligaciones civiles, políticas y sociales. Valores como el derecho a la vida, la
igualdad, la libertad, dan formación y fundamento a las restricciones de
velocidad o a la obligatoriedad de ceder el paso. ¿Por qué debo ceder el paso
ante una señal? Aprender que no se trata de una mera señal que me indica una
prohibición sino que al hacerlo estoy reconociendo una forma de existencia y
convivencia social.