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EL RELATO DE LA CREACIÓN (Gn 1,1 - 2,4a)

Alumno: Rubén Gómez Magdaleno

EL MITO DE LA CREACIÓN
Para empezar debemos decir que nos hallamos ante un texto basado en relatos que
pertenecen al género literario del mito, y por lo tanto debemos describirlo
brevemente. A diferencia del uso vulgar de la palabra mito como relato falso o
fantasioso, el mito como género literario se refiere a narraciones que cuentan el
origen de las cosas fundamentales. Los mitos son relatos que tienen como fin
presentar el sentido de las primeras cosas. Responden a preguntas tales como: ¿Quién
creó el universo?, ¿cuál es el sentido de la vida?, ¿por qué existe el mal?, ¿cuál fue el
origen de: la música, el lenguaje...? Cuando el mito relata el origen del cosmos se le
denomina cosmogonía (nacimiento del cosmos); si narra el origen de cosas,
costumbre o lugares se les denomina etiología (el origen de algo). El mito utiliza
siempre un lenguaje simbólico y poético para construir sus relatos y tiene cuatro
características básicas: En él actúa Dios, o los dioses; refiere el origen de algo;
sucede en un tiempo primordial, fuera del tiempo histórico; y en un espacio
indeterminado.

ENUMA ELISH
A mediados del siglo XIX se descubrieron en la biblioteca de Asurbanipal las
grandes epopeyas mitológicas mesopotámicas (Poema de la creación, la "epopeya de
Gilgamesh", con su relato del diluvio, el mito de Adapa y de Etana), y surgieron
interrogantes sobre posibles concomitancias e interferencias de estas tradiciones
mitológicas en la literatura bíblica. Los pan-babilonistas veían en los relatos bíblicos
y calco servil sobre las composiciones literarias mesopotámicas. Pero la exégesis
católica reaccionó, estudiando las posibles concomitancias, pero sin comprometer el
contenido sustancial dogmático-moral del mensaje de la Biblia.
De hecho, la Biblia presenta al antepasado de los hebreos, Abraham, emigrado de
la zona mesopotámica, pudiendo suponer que, juntamente con sus rebaños, llevaba
también un peso de tradiciones religiosas del trasfondo en que se había criado. Por
otra parte, el exilio babilónico hizo que el alma israelita se abriera a un horizonte
cultural en el que pesaban las antiguas tradiciones religiosas. No teniendo nada de
inverosímil que un genio religioso superior hebraico haya buscado una síntesis
religiosa en consonancia con la tradición monoteísta de su pueblo, pero expresada
con módulos literarios y religiosos arcaicos, eco de concepciones mítico-religiosas de
los pueblos mesopotámicos: sumerios, acadios y asirios.
De modo que, podemos suponer que en tiempos de la comunidad pos-exílica se
reuniera el material de tradiciones históricas, legislativas, y religiosas del pasado, y
que encontró en las tradiciones mesopotámicas, el modo de relacionar las tradiciones
de su pueblo con las de los orígenes de la humanidad. Por eso, en los once primeros
capítulos del Génesis, en los que se narra el origen del cosmos, del hombre y de los
primeros pasos de la cultura humana, desde una perspectiva religiosa, encontramos

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alusiones a esas antiguas leyendas, patrimonio cultural de la humanidad de aquella
época mítica, que han sido desenterrados en los hallazgos arqueológicos.
El mito babilónico del que relato de la creación toma en cierto modo su estructura
es llamado enuma elish (cuando en lo alto). Se leía en la principal fiesta de
Babilonia, en el fin del año, y fue compuesto durante la primera dinastía babilónica,
probablemente en tiempos de Hammurabi (siglo XVII a.C.). Y sirvió para ensalzar al
principal dios babilonio, Marduc, y donde se cuenta como surgieron los dioses, el
cielo junto con los astros, y la tierra junto su contenido, además de la creación del
hombre. El poema trata de dramatizar la pugna cósmica primordial entre las fuerzas
desintegradoras del caos y las fuerzas del orden, como una lucha entre el bien y el
mal, al que finalmente pondrá orden el dios de los babilonios, Marduc.
Las semejanzas entre Génesis 1 y este poema se dan en la introducción, la
separación del cielo y de la tierra, el establecimiento de los astros y los tiempos y la
creación de la humanidad. Pero comparándolos detenidamente saltan a la vista unas
diferencias, donde precisamente pretende transmitir su mensaje teológico el autor
bíblico, destacando los atributos divinos más característicos del Dios trascendente de
la teología hebraica: omnipotencia, sabiduría y bondad, al servicio de sus creaturas,
y, sobre todo, del hombre, rey de la creación.
Para empezar, a diferencia del poema babilónico, en Génesis, los dioses no son
una emanación panteísta de la naturaleza, como salidos de una masa material
primigenia, la diosa Apsu, representando las aguas dulces; sino que Dios es el que da
forma a todo de una manera creativa, según denota el verbo hebreo bara. El Dios
bíblico es el único dios, cuando el panteón babilónico era enoteista, con un dios
supremo que domina sobre el resto, identificados con la tierra, el mar, etc.
Otro matiz a resaltar es el sentido de la creación de los seres humanos. Para el
poema babilónico fueron creados para realizar el trabajo de los dioses, mientras ellos
se dedicaban a descansar. Para el relato bíblico, el hombre está llamado a representar
en la tierra la imagen del creador, y la palabra que utiliza para denominarlo; celem
"imangen", es la misma que se utilizaba para nombrar las esculturas que
representaban a los dioses en las demás religiones. Recordando además la
prohibición del primer mandamiento de no hacer imagen alguna de Dios, esto se
puede entender como que el hombre tiene la dignidad y la responsabilidad, a la vez,
de representar a Dios en este mundo, como co-creador, continuador de su obra, y
como medio para honrar a Dios, a través de nuestros semejantes.
Por otra parte, a diferencia del poema en que todo surge a partir de los dioses; de
Apsu, el agua dulce, otros dioses, de Tiamat, el agua salada, partida en dos, los cielos
(aguas de arriba) y los mares (aguas de abajo), y de la sangre de Kingu, un dios
rebelde a Marduc, este lo mata y a partir de su sangre, mezclándola con arcilla,
formó la humanidad. Sin embargo, para el pueblo hebreo, solo hay un Dios, que con
su fuerza creadora hace surgir todo lo que existe, incluso el ser humano, del que dice
ser hecho, por una decisión especial, a su imagen y semejanza.
Por último resaltar la diferencia que marca el texto bíblico al no nombrar a los
astros por su nombre de consideración babilónica como divinidades, y simplemente
los denomina luminarias, aunque coincidiendo en su función de marcar las fechas y
los tiempos.

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EL RELATO SACERDOTAL DE LA CREACIÓN
En una obra literaria, el comienzo y el final adquieren una importancia decisiva
para su comprensión. La teoría documentaria clásica demostró claramente cuál sería
el comienzo del "Escrito sacerdotal básico" formado por una serie de narraciones,
que comienzan en Gn 1, pero todavía se discute donde se encontraría su conclusión.
En la actualidad, son cada vez más los autores que se decantan por un final en la
primera parte de la sección del Sinaí. En esta perspectiva, el relato de la creación (Gn
1,1-2,4a) y el relato de la construcción del santuario (Ex 24,15-18; 25-40)
constituyen el comienzo y final originales de la Obra Sacerdotal. Y que vistos
esquemáticamente estarían estrechamente relacionados en su estructura.
Esta relación entre la creación y el santuario cuenta con un aval importantísimo en
los textos extrabíblicos referentes a la creación, entre los que cabe destacar el Enuma
Elish. En él, el relato de la creación concluye con la referencia a la construcción del
santuario, donde habitaría el dios creador, como morada en la tierra, además del
cielo.
Por otra parte, hay que reseñar la relación entre la construcción del santuario y el
día séptimo. En la perspectiva del Sacerdotal, Moisés subió a la montaña del Sinaí
principalmeate para recibir las instrucciones relativas a la construcción del santuario.
Allí tuvo que esperar durante seis días, correspondientes a los seis días de la
creación. El día séptimo se le apareció Yahvé. Ex 24, 15-16 lo presenta así: "Cuando
Moisés subió al monte, la nube lo cubría y la gloria de Yahvé descansaba sobre el
monte Sinai, y la nube lo cubrió durante seis días. Al séptimo día, Yahvé llamó a
Moisés desde la nube". En Éx 25-31, siguen las instrucciones sobre el santuario. Al
final de las mismas, en 31,16-17 se dice: "Los israelitas guardarán el sábado
celebrándolo de generación en generación como alianza perpetua. Será una señal
perpetua entre yo y los israelitas, pues en seis días hizo Yahvé el cielo y la tierra, y el
día séptimo descansó".
Con el esquema de los seis-siete días, el Sacerdotal tiende un arco entre el relato
de la creación y la sección del Sinaí. El significado del día séptimo, y con este, el de
la creación, solo se revela plenamente en el Sinaí. Desde el punto de vista
hermenéutico, solo a partir del Sinaí, el final de una obra narrativa afecta a la lectura
de cuanto precede, se puede entender en todo su alcance el significado de la acción
creadora de Dios. El motivo por el que Dios creó el mundo fue para entrar en
comunión con la humanidad. En el Sinaí se descubre lo que, en el plano de la
teología de la creación, puede definirse como el misterio del día séptimo, pues en la
presencia de Dios en el Sinaí se hace realidad la intención de Dios en la creación:
vivir en comunión con los hombres.
Ahora bien, en el Escrito Sacerdotal, a diferencia del Enuma Elis, la fundación
del santuario en el Sinaí no viene inmediatamente después de la creación del mundo
y del hombre, sino después de los relatos de la historia de los patriarcas y de la
estancia y salida de Israel de Egipto. De este modo, el Escrito Sacerdotal establece
un fuerte nexo entre el mundo como creación de Dios y la historia de Israel. No
existe una historia de la salvación paralela a la historia de la creación o contraria a
ella.

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Con la erección del santuario por los israelitas liberados en el éxodo y
constituidos en pueblo de Dios en el Sinaí, el Sacerdotal revela el objetivo último de
la creación: la utopía de un mundo que debe ser liberado y transformado en un lugar
de vida vivida en la cercanía y en la presencia de Dios. En este sentido, no parece
exagerado afirmar que el Sacerdotal concibe el cosmos como un espacio sagrado;
más aún, como un santuario en el que la humanidad vive y da culto a Dios.
A Israel, descendiente Abrahán y, en última instancia de Adán, Dios le confió la
misión de establecer y mantener el santuario, la morada de Dios entre los hombres.
Este es el sentido de la historia de la humanidad como proyecto divino.

BIBLIOGRAFÍA

F. GARCÍA LOPEZ, La Torá. Escritos sobre el Pentateuco, Verbo Divino 2012.


F. LARA PEINADO, Enuma Elish. Poema babilónico de la Creación, Trotta 1994.
G. VON RAD, El libro del Génesis, Ediciones Sígueme 20084
M. GARCÍA CORDERO, La Biblia y el legado del Antiguo Oriente, B.A.C. 1977.