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“AÑO DEL DIALOGO Y LA RECONCILIACION NACIONAL”

FACULTAD DE EDUCACIÓN Y HUMANIDADES

ESCUELA ACADÉMICA PROFESIONAL DE DERECHO Y


CIENCIAS POLÍTICAS

INFORME FINAL DEL EXPEDIENTE JUDICIAL 2018

CURSO :

DERECHO PROCESAL PENAL III

CICLO :

IX

ALUMNAS :

 AGUIRRE CORNEJO ANTONELLA


 GIRON FERRER STEFANY
 SABANA SANTIAGO CINTHIA
 RODRIGUEZ ESCUDERO RAFAELA
 VEGA CARLIN ANDRE

DOCENTE :

DR. CABRERA

2018

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Derecho y ciencias políticas

PRESENTACION

El trabajo que presentamos a continuación corresponde a una extensa y


minuciosa recopilación de datos e información acerca de un tema crucial del
Derecho Penal como lo es la prisión preventiva.

A lo largo del desarrollo de este informe nos encargaremos de describir,


explicar y proporcionar información del tema ya referido, abordando como
subtemas sus antecedentes, naturaleza jurídica, definición, los presupuestos
materiales, el desarrollo de la audiencia de prisión preventiva, el plazo, su
prolongación, asi como su cesación. Asimismo, nos encargaremos de analizar
la Casación N° 01-2007 de Huaura

El objetivo que tenemos es detallar a profundidad los temas anteriormente


mencionados de la manera más clara y precisa en la que podamos brindar esta
información.

Por último, esperando que este informe sea útil y de gran importancia.
Creemos que de esta forma contribuimos con la enseñanza y el aprendizaje a
los estudiantes. Dado que nuestro objetivo es la adquisición de más
conocimiento y la comprensión de dichas garantías a casi la totalidad

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DEDICATORIA

A nuestros padres que nos brindan su apoyo incondicional,

para poder lograr ser unos profesionales de éxito.

A los estudiantes de Derechos de todas las universidades del país,

que al igual que nosotros se esfuerzan

por aprender más y más del derecho

y hacer esta sociedad más justa.

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INTRODUCCION
La prisión preventiva, tema sobre el cual versa nuestra análisis, es una medida
coercitiva personal, estrictamente jurisdiccional, que se adopta a instancia del
Ministerio Publico y en el seno de un proceso penal debidamente motivada,
siempre que resulte absolutamente imprescindible, que persigue conjugar un
peligro de fuga o un riesgo de ocultación o destrucción de las fuentes de
prueba. En la casación estudiada y por tanto analizada por el grupo la prisión
preventiva está sometida , en comparación con la detención preliminar, y
prevista para un periodo de tiempo más alto, a requisitos más exigentes cuyo
eje es la probabilidad positiva de la responsabilidad del imputado , la comisión
del delito por el, tanto desde la intensidad de la imputación necesaria para
dictarla hasta la propia configuración y valoración de los peligros que la
justifican sometida con más rigurosidad formal y material a los principios de
necesidad y de motivación.

No constituye presupuesto material de dicha medida personal, como


claramente fluye del artículo doscientos sesenta y ocho del Nuevo Código
Procesal Penal, que el imputado se encuentra sujeto a la medida
provisionalísima de detención, en cualquiera de sus modalidades.

Asimismo la casación estudiada, también versa sobre la presencia del


imputado en la audiencia de prisión preventiva, lo cual a la luz del análisis
jurisprudencial y doctrinario concluye que no es absoluta la necesidad de
presencia del imputado en la Audiencia de prisión preventiva no obstante si lo
es su debida citación y emplazamiento.

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INDICE
I. CARATULA
II. PRESENTACION
III. DEDICATORIA
IV. INDICE
V. INTRODUCCION
VI. DESARROLLO

CAPITULO I
LA PRISION PREVENTIVA EN EL CODIGO PROCESAL PENAL PERUANO

1.1. Las medidas de coerción personal


1.1.1. Definición
1.1.2. Presupuestos materiales
a. Fumus bonis iuris
b. Fericulim in mora
c. Regla de proporcionalidad
1.1.3. Principios de las medidas de coerción
personal
a. Principio de debida motivación de las
resoluciones judiciales
b. Principio de legalidad
c. Principio de jurisdiccionalidad
d. Principio de provisionalidad
e. Principio variabilidad o reformabilidad
f. Principio de excepcionalidad
g. Principio de presunción de inocencia
1.2. Antecedentes históricos de la prisión
preventiva
1.2.1. Antecedentes universales
1.2.2. Antecedentes sudamericanos
1.2.3. Antecedentes nacionales
a. Código de Enjuiciamiento en Materia
Penal de 1863
b. Código de enjuiciamiento en materia
criminal de 1920
c. Código de procedimientos penales de
1940
d. Código Procesal de 1991
e. Código Procesal Penal del 2004
f. Ley Nº 30076

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1.3. Naturaleza jurídica


1.4. Definición de la prisión preventiva
1.5. Presupuesto materiales de la prisión preventiva
a. Existencia de fundados y graves elementos
de convicción
b. La sanción a imponerse sea superior a
cuatro años de pena privativa de libertad
c. Peligro procesal
1.6. El desarrollo de la audiencia de prisión
preventiva
1.7. El plazo razonable en la prisión preventiva
1.8. La prolongación de la prisión preventiva
1.9. La cesación de la prisión preventiva
1.10. Análisis del tribunal constitucional sobre la
prisión preventiva

CAPITULO II
ANALISIS DE LA CASACION N° 01-2007 HUARA
2.1. Descripción de los hechos
2.1. Descripción de los fundamentos de derecho
2.2. Descripción del proceso
2.3. Institución jurídica objeto de la controversia
2.4. Razonamiento del tribunal
2.5. A modo de conclusión

VII. CONCLUSIONES
VIII. BIBLIOGRAFIA

CAPITULO I
LA PRISION PREVENTIVA EN EL CODIGO PROCESAL PENAL PERUANO

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1.1. Las medidas de coerción personal

1.1.1. Definición

Cabrera Freyre (2013) manifiesta que “la detención de un individuo,


supone una grave afectación a la libertad personal, impidiendo su
capacidad de locomoción y su desplazamiento de un lugar a otro”.
(p.691)

En efecto, la detención es una medida de coerción penal que se


adopta ni bien se inician los primeros actos de investigación, cuya
finalidad esencial es viabilizar las diligencias que se orientan al
recojo y acopio de pruebas; debe entenderse por detención toda
privación de libertad de movimientos que no consista en la ejecución
de una pena o en el cumplimiento de la medida cautelar de prisión
provisional, adoptada en el marco de un proceso penal abierto o por
abrir.

Este tipo de privación de la libertad ambulatoria, posee las siguientes


características: a) es de corta duración; b) con fines de investigación
preliminar; no está dirigida a garantizar la futura ejecución de la
pena, por lo que puede catalogarse como una medida precautelar.

La coerción procesal comprende una serie de medidas sobre la


persona del inculpado y sus bienes; puede tratarse de la limitación a
la libertad personal (ambulatoria) o la disponibilidad de ciertas cosas.

Las medidas coercitivas son medios de naturaleza provisional para


asegurar los fines del proceso penal, su duración está en función del
peligro procesal y para concretarlas se puede recurrir al empleo de
la fuerza pública, en forma directa como en los casos de detención o
en forma de apercibimiento. Estas pueden ser medidas de coerción
personal o medidas de coerción real. Como materia de nuestro

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trabajo de investigación, tocaremos el tema de las medidas de


coerción personal.

Las medidas cautelares de carácter personal «son aquellas


resoluciones, normalmente judiciales, mediante las cuales, en el
curso de un proceso penal, se limita la libertad de movimiento del
imputado con la finalidad de asegurar la celebración del juicio y
eventualmente la sentencia », (Asencio, citado por Neyra, 2010,
p.490).

Las medidas cautelares personales «son las medidas restrictivas de


libertad personal que puede adoptar el Juez en contra del imputado
en el proceso penal, con el objeto de asegurar la realización de los
fines penales del procedimiento » (Horvite, citado por Neyra, 2010,
p.490). Las podernos clasificar en:

 Detención policial.
 Arresto ciudadano
 Detención preliminar judicial
 Prisión preventiva

1.1.2. Presupuestos materiales

La posibilidad de aplicar las medidas cautelares penales depende e


que se verifique su fundamento en el caso concreto, es decir, que
aprecien los PRESUPUESTOS MATERIALES que condicionan
dichas medidas. Dentro de estos presupuestos materiales podemos
considerar al riesgo de frustración (elemento objetivo), peligrosidad
procesal (elemento subjetivo) e imputación.

Doctrinalmente se consideran los presupuestos materiales como la


imputación (fumus bonis iuris), el riesgo de frustración y la

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peligrosidad procesal (fericulum in mora), pero además es


importante observar también la regla de proporcionalidad.

A. Fumus bonis iuris

El fumus bonis iuris o mejor dicho la IMPUTACION, es


presupuesto genérico material de las medidas de coerción
personal. En este caso, si la tutela cautelar es un instrumento
de protección del proceso, tendrá que verificarse si existe
dicho proceso, lo que significa que depende de un
conocimiento de un hecho delictivo para que se dé una
medida de coerción personal.

En nuestro nuevo código procesal penal, encontramos el


fumus bonis iuris de una manera singular, ya que exige la
existencia de FUNDADOS Y GRAVES ELEMENTOS DE
CONVICICON que vinculen al imputado con la realización del
hecho delictivo que constituye el objeto de investigación.

Este presupuesto consiste en « la determinación de la


situación jurídica a la que se refiere la pretensión del proceso
principal y para cuya tutela cautelar se establece la medida»
(San Martin Castro, citado por Neyra, 2010, p.520).Se
manifiesta en la exigencia de suficientes elementos
probatorios de la comisión de un delito que vincula al
imputado.

El fumus bonis iuris o apariencia o justificación del derecho


subjetivo, « es la razonada atribución del hecho a una
persona determinada. El presupuesto material es la
imputación, sin ella no existe la posibilidad de adoptar

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medidas cautelares » (Gimeno Sendra, citado por Neyra,


2010, p. 520).

Esta imputación es el presupuesto genérico de las medidas


cautelares, si la tutela cautelar es un instrumento de
protección del proceso, habrá de verificarse que existe dicho
proceso, lo que depende del conocimiento de un hecho con
apariencia delictiva.

B. Fericulim in mora

El periculum in mora está referido a la amenaza de que el


proceso principal se torne ineficaz durante el tiempo
transcurrido desde el inicio de la relación procesal hasta el
pronunciamiento de la sentencia definitiva. Su existencia no
está sustentada necesariamente en la posibilidad de que los
actos malicioso del demandado impidan el cumplimiento de lo
pretendido por el demandante, sino también en que el sólo
transcurso del tiempo constituye, de por sí, un estado de
amenaza que merece tutela especial.

Nace porque el proceso judicial no puede ser solucionado en


forma inmediata y se complementa con las posibles actitudes
que puedan realizar otros sujetos para afectar la situación
jurídica del actor, mientras se dilucida el conflicto Priori (2006)
afirma que «el peligro en la demora se configura por dos
caracteres: (a) el riesgo de daño jurídico debe ser causado
por la demora del proceso; (b) el riesgo de daño jurídico debe
ser inminente, lo que justifica la necesidad de dictar una
medida cautelar, que tiene el carácter de urgencia» (p.37)

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El tiempo de duración del proceso, puede constituir una ocasión


propicia para que la parte pasiva del proceso realice actuaciones
que afecten al proceso y a la sentencia, es por ello que se adoptan
las medidas cautelares, entonces el PERICULUM IN MORA O
DAÑO JURIDICO derivado del retardo del procedimiento o de la
mora procesal, está en función de aquellos riesgos del proceso que
se pretende evitar. (Neyra, 2010, p. 521).

Uno de los tratadistas más importantes en el ámbito del


derecho, es el doctor Alberto Hinostroza Minguez, este autor
nos menciona que

(…) hay quienes condicionan la admisión de la solicitud


cautelar a la presencia de un peligro en la demora de
carácter potencial o inminente (cuya prueba –advertimos–
no es de fácil obtención). En nuestra opinión el trámite
prolongado de los procesos es suficiente para que se dé
el puculum in mora por cuanto resulta ingenuo pensar
que el demandado (o el reconvenido), ante la posibilidad
de perder litigio, no va a disponer de su patrimonio para
así evitar su ejecución. (Hinostroza, 2002, p. 42).

Por otro lado, Priori (2006) en sentido contrario nos menciona


que si la determinación de si existe o no peligro en la demora
no pasa por una evaluación genérica abstracta, sino por un
juicio realizado a partir del caso concreto, es decir, atendiendo
a las especiales circunstancias que rodean a la situación que
es sometida al proceso y, además, teniendo en consideración
los poderes que la parte puede ejercitar legítimamente para
evitar el perjuicio, y que no son de orden procesal, sino más
bien de orden material (p. 38)

C. Regla de proporcionalidad

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Es una exigencia asociada al ejercicio del poder. Incide en la


forma concreta de protección del proceso, que inciden de
manera en el contenido de la medida a adoptarse en el
proceso.

La proporcionalidad existe tres reglas importantes:

 Idoneidad: implica que la medida adoptada este de acuerdo


al fin de justifica esta.
 Intervención mínima: Implica que la medida a adoptar sea la
menos gravosa y suficiente para el fin pretendido
 Respeto al contenido esencial del derecho: fija
genéricamente la prohibición de exceso y concretamente la
prohibición de afectación del contenido esencial del derecho
objeto de restricción.

1.1.3. Principios de las medidas de coerción personal

h. Principio de debida motivación de las resoluciones judiciales.

El deber de la motivación de las resoluciones judiciales que limitan las medidas


de coerción, y en especial el derecho fundamental a la libertad individual, es
una garantía frente a la deducción irracional, absurda o manifiestamente
caprichosa de los operadores de justicia. Con ello, se solicita que cualquier
medida de coerción personal este sustentada en datos objetivos que
proporciona el ordenamiento jurídico. Este derecho también debe alcanzar a
las disposiciones, requerimientos y conclusiones del Ministerio Publico,
conforme lo establece el artículo 64° inciso 1 del Nuevo Código Procesal Penal.

Ésta exigencia ha sido incorporada de modo expreso en el artículo 286.2°


del CPP modificado por Ley N° 30076 de fecha 19 de agosto de 2013, que
establece como obligación el deber del juez de motivar los fundamentos de
hecho y de derecho que sustenten su decisión para los casos en que no

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concurran los presupuestos de la prisión preventiva, situación que también


se extiende para los casos en que se declare fundada la prisión preventiva

De modo tal que, todas las resoluciones judiciales que emitan o resuelvan
dictar una medida de coerción personal deben tener en cuenta que estas
necesitan una correcta motivación para que sean válidas. Miranda (2014) nos
dice:

En igual sentido, el Tribunal Constitucional peruano ha confirmado que dos


son las características que debe tener motivación: En primer lugar, tiene
que ser suficiente esto es, debe expresar por si misma las condiciones de
hecho y de derecho, que sirven para dictarla o mantenerla. En segundo
jugar debe ser razonada es decir que en ella se observe la ponderación
de la medida cautelar pues de otra forma no podría evaluarse si es
arbitraria o injustificada. (p.22)

i. Principio de legalidad

Este principio se configura como una exigencia máxima a nivel normativo entre
los principios informadores del ordenamiento jurídico, en tanto que la
Constitución exige como principio básico, que la actuación de los poderes
públicos se desarrolle conforme a ley y al Derecho y es que este principio
prohíbe el poder absoluto del ius pudendi del Estado sobre los ciudadanos
constituimos en una garantía frente a la arbitrariedad de los órganos
jurisdiccionales.

En el ámbito infraconstitucional observamos la configuración procesal del


principio de legalidad penal en el artículo VII del Título Preliminar del Código
Procesal Penal del 2004, donde se establece que.

1. La ley procesal penal es de aplicación inmediata, incluso al proceso


en trámite, y es la que rige al tiempo de la actuación procesal. Sin
embargo continuaran irguiéndose por la ley anterior, los medios

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impugnatorios ya interpuestos, los actos procesales con principio de


ejecución y los plazos que hubieran empezado.
2. La ley procesal referida a derechos individuales que sea mas
favorable al imputado, expedida con posterioridad a a la actuación
procesal se aplicara retroactivamente incluso para los actos ya
concluidos si fuera posible.
3. La ley que coacte la liberta o el ejercicio de los derechos procesales
de las personas, así como la que limite un poder conferido a las
partes o establezca sanciones procesales, será interpretadas
restrictivamente. La interpretación extensiva y la analogía quedan
prohibida mientras no favorezcan la libertad del imputado o el
ejercicio de sus derechos.
4. En caso de duda insalvable sobre la ley aplicable de estarse a lo más
favorable al reo.

j. Principio de jurisdiccionalidad.

En la cual tenemos que las medidas cautelares penales están sometida al


principio de jurisdiccionalitas, es decir que solo pueden ser adoptada por el
órgano jurisdiccional competente, ya que el ius pudendi, le corresponde
únicamente al juez, conforme lo establece el artículo 139.10 de la Constitución.
La primera enunciación legal referida a este principio la encontramos en el
artículo 39 de la Magna Carta ingles de 1216, que reza: “Ningún hombre libre
será detenido y preso, ni desposeído de sus derechos ni posesiones, ni
declarado fuera de la ley, ni exiliado, ni modificado su posición de cualquiera
otra forma, ni procederemos con fuerza contra el ni mandaremos a otros
hacerlo, a no ser por un juicio legal de sus iguales o por la ley del país.

En un sentido amplio jurisdicción los órganos de los tres poderes del


Estado, sin embargo en un sentido estricto, se reserva la palabra
jurisdicción para designar la atribución que ejercen los órganos encargados
de administrar justicia a la que han llamado actividad jurisdiccional y
especificado como aquella que se ejerce por un órgano independiente

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cuando resuelve conforme a Derecho un conflicto entre partes o aplica las


sanciones previstas en la ley para quien infringe sus mandatos.(Miranda,
p.43)

k. Principio de provisionalidad

Este principio afirma que las medidas coercitivas de carácter personal que se
adopten en el transcurso de un proceso penal deben estar ligadas a la finalidad
que perciben.

El tribunal Constitucional no ha sido ajeno al análisis de cómo debe


aplicarse dicho principio, pues ha señalado “Cuando se dicta la medida, el
magistrado debe ponderar básicamente dos intereses sumamente
importantes, que tiene toda sociedad, que son indispensables para la
convivencia en sociedad y que son garantizados por el Estado, como la
eficacia procesal, el cual genera confianza en el derecho y la protección de
los derechos fundamentales, que es vital en un Estado Democrático Social
y de Derecho, ambos deben estar en un justo equilibrio para no
menoscabar la protección de uno frente al otro, prefiriendo el segundo por
ser la libertar la regla y la detención la excepción, el Tribunal Constitucional
distingue los intereses como a) La garantía a un proceso penal eficiente
que permita la sujeción al proceso penal de la persona a quien se
imputa un delito y b) La garantía a la protección de los derechos
fundamentales del imputado.(Miranda, 2014, p.35)

Ahora bien, se sabe que el principio de proporcionalidad está conformado por


tres subprincipios: Idoneidad, necesitad y proporcionalidad en sentido
estricto. En caso de las medidas cautelares personales, el juez penal también
debe controlar la subsidiaridad de la medida restrictiva de la libertad personal.

1. Idoneidad:

Este sub principio exige, en primer término identificar un fin de relevancia


constitucional y una vez determinado verificar si la medida es idónea o
adecuada para lograr tal fin, es decir que se debe adecuar la medida restrictiva

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de un derecho fundamental a la consecución de un resultado por esta razón se


le llama también de adecuación. La decisión judicial de la diligencia de
investigación cumplirá este requisito si virtualmente esta medida debe ser
coherente ente el fin perseguido y el medio empleado.

Exige que la prisión preventiva se aplica cuando no existe otra medida


cautelar menos lesiva del derecho a la libertad, que cumpla con la función
de sujetar al imputado al proceso o para evitar la frustración del mismo. La
medida menos gravosa entra precisamente en consideración a efectos de
determinar el medio suficientemente apto y a su vez el menos excesivo
para satisfacer la necesaria previsión cautelar.(Carrión, 2016, p.19)

2. Necesidad:

Con este sub principio se busca poner freno a la tendencia inquisitiva de los
operadores de justicia de emplear medios contunden para supuestamente
alcanzar objetivos de manera eficaz.

(…) la prisión preventiva debe justificarse objetivamente para obtener el


cumplimiento de los fines constitucionales que la legitiman. La necesidad,
desde esta perspectiva, entraña, de un lado, considerar que la prisión
preventiva es excepcional –la prisión preventiva es la excepción frente a la
regla general de la libertad de las personas, de esperar el juicio en estado
de libertad, o en su caso mediante la restricción de la libertad en cualquier
de sus manifestaciones que no comporte la privación de la misma- y, por
ello, debe adoptarse cuando se cumplan escrupulosamente los fines que la
justifican; y, de otro lado, entender que sólo se impondrá si no existe
alguna otra alternativa menos gravosa para el derecho a la libertad
personal (subsidiaridad), al punto que si estas exigencias no se mantienen
a lo largo de todo el procedimiento, es del caso que se disponga su
excarcelación inmediata, que importa la vigencia de la cláusula rebus sic
stantibus. (Ore, 1993, p.106)

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En este sentido, podemos visualizar un concepto amplio del sub principio de


necesidad, del cual los entes máximos de interpretación de nuestra carta
magna se han pronunciado.

Al respecto el Tribunal Constitucional ha sometido que el Principio de


necesidad significa que para que una injerencia en los derechos
fundamentales sea necesaria significa que no debe existir ningún otro
medio alternativo que revista por lo menos la misma idoneidad para
alcanzar el objetivo propuesto y que sea más benigno con el derecho
afectado. Re quiere analizar de un lado la idoneidad equivalente o mayor
del medio alternativo y de otro el menor grado en que este intervenga en el
derecho fundamental. (Miranda. 2014, p.37)

3. Subsidiariedad.

La aplicación de la medida cautelar personal de la prisión preventiva para


asegurar el adecuado curso de las investigaciones y la plena ejecutabilidad de
una eventual sentencia condenatoria, debe ser la última ratio entre las opciones
que dispone un juez para asegurar el éxito del proceso penal. El artículo 9°
numeral 3 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos señala al
respecto que la prisión preventiva de las personas que han de ser juzgadas no
debe ser la regla general. Lo propio se expone en la regla 6.1 de las
denominadas reglas mínimas de la Naciones Unidad sobre las medidas
privativas de la libertad. (Reglas de Tokio), precisa que solo se recurrirá a la
prisión preventiva como último recurso.

4. Proporcionalidad en sentido estricto.

Este sub principio también conocido con el nombre de ponderación. En el caso


de las medidas cautelares, cabe precisar que la prisión preventiva debe
aplicarse unidamente cuando sea indispensable para los fines del proceso
penal.

De este modo, a proporcionalidad strictu sensu obliga a que la medida


considerada suficiente para el fin perseguido no suponga un tratamiento

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excesivo en relación, no ya con el riesgo para el proceso sino con el


interés que la justifica teleológicamente (Ore, 1993, p.108)

De acuerdo con este principio, el tribunal ha señalado que para una injerencia
en los derechos fundamentales sea legitima el grado e realización del objetivo
de esta debe ser por lo menos equivalente o proporcional al grado de
afectación del derecho fundamental comparándose dos intensidades o grados,
el de la realización del fin de la medida examinada y el de la afectación del
derecho fundamental al representar una valoración ponderativa de intereses
contrapuestos, permitiendo la observación de todas las circunstancias
relevantes para el caso.

l. Principio variabilidad o reformabilidad

El artículo 255 del Código procesal de 2004, indica que el Ministerio Publico y
el imputado pueden solicitar al juez la reforma, revocatoria o sustitución de las
medidas de carácter personal. Asimismo estable que los autos que se
pronuncien sobre esta media son reformables aun de oficio. Sobre este asunto
el autor española Sra Aragoneses expliqué que la variabilidad de la medida
cautelar hace referencia a la posibilidad de modificar o deja sin efecto, la
medida cautelar de variarse alguno de los presupuestos materiales que
justificaron su implementación.

Conforme a lo precisado con anterioridad, es menester precisar que las


medidas cautelares de carácter personal no gozan de la garantía de la
cosa juzgada debido a que el carácter inmutable, vinculante y definitivo
solo es atribuible a los pronunciamientos jurídicos referidos al mérito del
asunto mientras que las medidas cautelares decretadas en el auto de abrir
instrucción pueden variar en cualquier momento, de acuerdo a los
supuestos establecidos en la ley (Miranda, p.46)

m. Principio de excepcionalidad.

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Las medidas de coerción personal por su naturaleza procesal, no pueden tener


los mismos fines que la pena, y su imposición solo se justificara cuando exista
el riesgo de que el imputado eluda la acción de la justicia o entorpezca las
investigaciones, Esta característica de las medidas cautelares personales
deriva del principio de inocencia.

En un auténtico Estado de Derecho privar la libertad ambulatoria a una


persona, antes de dictarse la sentencia condenatoria solo puede revestir
carácter opcional. Y es que una lógica consecuencia del derecho a la
presunción de inocencia, indica que la prisión preventiva se debe regir por el
principio de excepcionalidad, a lo que suma la prohibición de aplicar una pena
que elimine totalmente el derecho a la libertad persona. De esta manera
conforme al principio de excepcionalidad, ordenar la detención judicial se halla
supeditado a la condición indispensable de que el peligro en concreto no puede
ser neutralizado con medidas menos graves a la libertad personal

El nuevo Código Procesal Penal de 2004 busca proteger al imputado de forma


más eficiente, teniendo como base el diferente tratado que ha suscrito el Perú
con distintos organismos internacionales, en los que se protege en extremo al
principio de presunción de inocencia

Con lo anotado se colige que en el principio de presunción de inocencia


subyace el propósito delas garantías judiciales, cuando se afirma la idea
que una persona es inocente hasta que su culpabilidad es demostrada. Lo
que impide que se trate como culpable a la persona sospechosa de haber
cometido un presunto delito mientras no haya sido declarado judicialmente
su culpabilidad. En tal sentido, resulta inconsistente detener
preventivamente a una persona, y justificar dicha medida en los fines
retributivos y preventivos de la pena, los cuales buscan la resocialización
del condenado (Miranda. 2014,p..90).

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n. Principio de presunción de inocencia

El nuevo Código Procesal Penal de 2004 busca proteger al imputado de forma


más eficiente, teniendo como base el diferente tratado que ha suscrito el Perú
con distintos organismos internacionales, en los que se protege en extremo al
principio de presunción de inocencia

Con lo anotado se colige que en el principio de presunción de inocencia


subyace el propósito de las garantías judiciales, cuando se afirma la idea
que una persona es inocente hasta que su culpabilidad es demostrada. Lo
que impide que se trate como culpable a la persona sospechosa de haber
cometido un presunto delito mientras no haya sido declarado judicialmente
su culpabilidad. En tal sentido, resulta inconsistente detener
preventivamente a una persona, y justificar dicha medida en los fines
retributivos y preventivos de la pena, los cuales buscan la resocialización
del condenado (Miranda, 201r4, p.90).

1.2. Antecedentes históricos de la prisión preventiva

La prisión preventiva se remota desde la antigüedad, y es importante analizar


su origen. El origen de las prisiones es algo remoto, sin embargo vemos que el
origen de la privación de la libertad es una sanción antigua. Así vemos que en
derecho romano la prisión no se estableció para castigar a los delincuentes,
sino solo para custodiar a los procesados hasta que se dictara alguna
especifica sentencia. De esta forma es que la prisión preventiva se anticipó a la
prisión efectiva en sentido estricto.
La historia nos dice que los hombres primitivos no pensaron en construir
cárceles para las personas que transgredían las leyes, sino que más bien
tenían la idea de vengarse. Para el autor García (1993)
La prisión desde la etapa primitiva, hasta finales del siglo XVI pasando por el
Derecho técnico germánico, se ha utilizado fundamentalmente para guardar
delincuentes, incluso con ulteriores fines antrofagicos, no como medio

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represivo en sí y ello es resultado de la concepción que sobre el delito y


delincuente tiene la época; el hecho sancionable es un mal, y el culpable un
perversus homo, no susceptible de enmienda sino de castigo rápido y capital.
Es esta situación la cárcel custodia se impone frente a la prisión entendida y
aplicada como pena. (p.169).

El autor también refiere que históricamente la cárcel no ha sido inventada con


la finalidad de reclusión, su razón originaria es la de una medida cautelar apta
para asegurar la disponibilidad del reo a los fines del juicio.
Así mismo, entre los AZTECAS igualmente las cárceles se utilizaron como
cárceles de custodia y no como instituciones penales. En la colonia según
referencias de fuero juzgo, en las leyes de estilo y en las partidas, la cárcel fue
un lugar para contener a los hombres y no para imponerles castigo.

1.2.1. Antecedentes universales

En cuanto hacemos una referencia histórica universal de la prisión preventiva,


podemos decir que en GRECIA no se registra el uso de la prisión preventiva,
esto puede deberse a que, en ese tiempo, la cultura jurídica griega fundamentó
su idea de dignidad humana en la identidad del cuerpo físico con el concepto
persona, lo cual estimuló una práctica en el proceso penal de un respeto
absoluto a la libertad del imputado.
(…) en Grecia, donde desde el punto de vista jurídico se identificaba a la
persona con el cuerpo, y la libertad era concebida esencialmente como la
libertad corporal, la justicia penal, aunque administrada de manera arbitraria
por los éforos, que fungían al mismo tiempo como acusadores y jueces en
todos los asuntos penales, nunca llego a imponer la pena de prisión por
considerar que afectaba a la libertad, sustituyendo aquélla por penas
pecuniarias. Por tanto, puede inferirse que en Grecia la detención preventiva
no tuvo ninguna aplicación. (Rodríguez, 1981, p.18).

En referencia a ROMA, la república permitió a los jueces penales acordar la


prisión preventiva discrecionalmente, pero en vista de la degeneración en el

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uso abusivo de esta medida cautelar, fueron dictadas regulaciones y sanciones


para contrarrestar dicha práctica, sin embargo, con la madures científica del
derecho romano, contenido en la Ley de las Doce Tablas, y en atención al
principio de igualdad de oportunidades, la libertad del acusado, en el transcurso
de la causa penal, comienza a recibir un notable respeto, que terminó
proscribiendo la prisión preventiva en la mayoría de casos, decretándose ésta
solamente contra delitos relacionados a la seguridad del Estado, a las capturas
en flagrancia, y a los reos confesos.
En época del Imperio, (…) esta medida revistió las modalidades siguientes: in
carcelum (…) militi traditio (…) y custodia libera (…) La conveniencia,
oportunidad y elección de la medida a aplicar quedaba a la discreción del
magistrado, quien, para decretarla, tomaba en cuenta la gravedad de la
acusación y la personalidad del inculpado. Salvo en los casos de crímenes
graves y de flagrante delito, no podía detenerse al inculpado sino en virtud de
una orden emanada de un magistrado superior o del defensor de la ciudad
(…); ya admitidos los principios de que la detención preventiva no debía
significar una pena ni mucho menos un suplicio, y de que nadie debía ser
encarcelado sin estar convicto, aún en el caso de los delitos graves (…) era
imprescindible contar con evidencias concretas; igualmente se procuró reducir
la duración de la detención preventiva; la libertad provisional era de derecho.
(Rodríguez, 1981, pp.19 - 20).

Por otro lado en la EDAD MODERNA, la revolución francesa de 1789


constituye el principal referente histórico del derecho moderno eurocentrista,
que marca la pauta del origen de la mayoría de sistemas jurídicos
latinoamericanos; dicha revolución promulgó la Declaración de los Derechos
del Hombre y del Ciudadano en ese año, y en 1793 realizó una segunda
versión de la misma; luego, con los principios científicos del derecho romano,
fue creado en 1804 el célebre Código Civil, y en 1808 el célebre Código de
Instrucción Criminal.
La primera Declaración Francesa de 1789 estipuló en su artículo 7 la
obligación de decretar la detención conforme a la ley; esta primera
Declaración fue incorporada en la Constitución francesa de 1791, la cual

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reguló en su artículo 10, unos mandatos para proceder a la detención del


presunto culpable de un delito. Por su lado, en el Código de Instrucción
Criminal de 1808 la detención preventiva se decretaba a discreción del
juzgador, permitiendo a los delincuentes primarios mantener la libertad
provisional bajo caución, siempre y cuando estuvieran acusados por delitos
castigados con pena correccional (Rodríguez, 1981, pp. 21- 22).

Cabe indicar que también existió la prisión preventiva por deudas en la edad
moderna, esta prisión preventiva se adoptó en el pasado con la finalidad de la
ejecución forzada de las obligaciones civiles y mercantiles, la cual se convertía
en prisión por deudas. Su utilización para dichos fines se remonta hasta el
derecho romano, llegando incluso a períodos comprendidos en la edad
moderna, por lo que, a continuación se elabora una sucinta historia jurídica de
esta peculiaridad del uso de la prisión preventiva, examinando su regulación en
tres países europeos y tres latinoamericanos.
Asi mismo en FRANCIA, ALEMANIA Y ESPAÑA la prisión preventiva por
deudas también era un hecho. En Francia, fue cuestionada la prisión por
deudas principalmente por el movimiento humanista insertado en la revolución
francesa de 1789, calificando como afrenta contra la libertad y dignidad
humana, el encarcelamiento del deudor por motivos de deudas civiles o
mercantiles.
En Alemania, el uso de la detención provisional y prisión por deudas subsistió
hasta muy entrada la edad moderna durante el siglo XIX, su abolición formal en
este país se decretó hasta el 29 de mayo de 1868; decreto que tuvo efectos
retroactivos beneficiando a las personas detenidas con anterioridad a su
promulgación; lo anterior estaba expresado en los artículos 1º y 3º,
respectivamente.

En España, la prisión por deudas es regulada reiteradamente a lo largo de los


siglos XI, XII y XIII; estableciéndose condiciones específicas en las cuales
debían mantenerse a las personas castigadas con este tipo de prisión,
decretándose hasta la muerte del deudor. La prisión provisional por deudas
subsiste en este país, hasta durante los siglos XVIII y XIX, regulada en

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ordenanzas, en el Código de Comercio de 1829 y en la Ley de Enjuiciamiento


Civil. Sin embargo, en esta otra etapa la finalidad no fue el aseguramiento de la
deuda económica por la cual se procedía contra el demandado en el proceso
civil, sino la prisión preventiva se aplicaba para asegurar a la persona del
deudor en caso se procediera en su contra en un proceso penal.

1.2.2. Antecedentes sudamericanos

Pero en Sudamérica también vamos a encontrar prisión preventiva por deudas,


este es el caso de los países de CHILE, ARGENTINA Y NUESTRO QUERIDO
PERU. En Chile, la prisión por deudas se decretó en 1837; luego, en 1868 se
restringió a cuatro casos, hasta después de la segunda década del siglo XX.

Durante el anterior tiempo la prisión preventiva por deudas se basaba en la


simple declaratoria en quiebra del deudor, situación declarada inconstitucional
por la jurisprudencia chilena después de 1925, en el sentido de exigirse en
adelante como requisito para decretar dicha medida precautoria haberse
calificado la quiebra de culpable o fraudulenta, adhiriéndose de esta manera al
criterio de la jurisprudencia española del siglo XIX sobre esta materia.

“(…) Por decreto-ley de 1837, firmado por Prieto y Portales, se estableció


(…) la prisión por deudas. Pero después, en una ley dictada el 23 de junio
de 1868, se la suprimió, dejándose a manera de pena sólo en (…) 4 casos
(…) Un decreto-ley 778 establecía que por la sola circunstancia de ser
declarada en quiebra una persona se le sometía a prisión preventiva, por si
la quiebra llegaba a ser culpable o fraudulenta (…) La jurisprudencia
declaró que era inconstitucional, por dictarse después de 1925 (…) la
situación existente hoy en cuanto a la prisión es la siguiente: Declarada la
quiebra, se inicia el procedimiento de calificación de la quiebra, que tiene
por objeto ver si la quiebra es fortuita, culpable o fraudulenta; y sólo

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después que se comprueba que es culpable o fraudulenta se la reduce a


prisión. (Rodriguez y Somarriva, 1971, p.171 – 172)

En Argentina, la prisión por deudas fue derogada en 1872 por la Ley 514,
dejando en esa época su aplicación solamente en los casos donde se
comprobará el dolo o fraude del deudor en lo mercantil, entonces podía el juez
acordar la prisión preventiva hasta por el plazo máximo de un mes, mientras se
determinaba la existencia del mérito para procesar penalmente al deudor.

(…) la humanización del derecho en la Argentina (…) comienza en el año


1872 al sancionarse la ley 514 cuyo art. 1º suprime “la prisión por deudas
en toda las causas civiles y mercantiles que se tramiten ante los tribunales
nacionales” (…) su art. 2º sólo exceptúa de tal abolición a los casos de
insolvencia en que, por información sumaria, se acredite que no hubo dolo
o fraude por parte del deudor (inc. 2º), aclarándose en su art. 3º que en
ambos supuestos de excepción la prisión preventiva no podrá durar más
de un mes pasado el cual el deudor será puesto en libertad, si no hubiese
mérito para proceder criminalmente contra él. (Novelina, 2006, p.307)

1.2.3. Antecedentes nacionales

En el Perú el artículo 2.24, literal c) de la Constitución Política establece que


“no hay prisión por deudas”, lo cual implica una declaración con evidentes
repercusiones en el ámbito jurídico penal. Es que la jerarquía normativa que
tiene la Constitución como carta fundamental, y la ubicación y trascendencia
que dentro de ella tiene el artículo 2, en virtud a su condición de derecho
fundamental, plantea un imperativo categórico dirigido tanto al legislador como
a los operadores de la justicia penal.

Este imperativo categórico al que se hace alusión y que da plasmación a dos


derechos fundamentales de primera generación como la libertad y seguridad,

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contiene un mandato que imposibilita al legislador y al operador de justicia


penal recurrir al instrumento punitivo más intenso, la prisión, para satisfacer
intereses particulares de carácter meramente patrimonial.

En América latina, durante los últimos 20 años se inició un proceso de reforma


a la justicia criminal que afectó con diversa intensidad y grado a los distintos
países del continente.

Las razones que motivaron el proceso de transformación a la ley procesal


penal fueron los abusos contra los derechos fundamentales en el contexto del
proceso penal inquisitivo y la poca eficiencia de éste sistema en la persecución
penal, siendo la prisión preventiva la institución que más motivó a dichos
cambios, entre otras.

Perú, es un país que ha estado en constante reforma de su ordenamiento


jurídico, en el ámbito de la prisión preventiva este ha pasado por un historia
interna de códigos y reformas.

a. Código de Enjuiciamiento en Materia Penal de


1863

Es el primer código en materia procesal penal, que rigió desde el 1 de mayo de


1863; el cual regulaba el presente tema que es materia de investigación, en el
Titulo VI, denominado DE LA CAPTURA, DETENCIÓN Y PRISIÓN DE LOS
REOS, comprendiendo del art. 70º al 76º; siendo el artículo 73º el que regulaba
la Prisión de Formas, por el cual “se tenía efectuada la captura y puesto a
disposición del Juez, si éste, de las primeras diligencias lo consideraba
inocente lo pondrá en libertad, y si por el contrario del sumario resulta probada
la existencia del delito y la culpabilidad del enjuiciado se librará mandamiento
de prisión en forma. Librado mandamiento de prisión, no podía ponerse en

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libertad al reo sin que el auto que así lo resuelva sea aprobado por el Superior
Tribunal”.

b. Código de enjuiciamiento en materia criminal de


1920

Esta normatividad se promulgó por Ley 4919 el 2 de enero de 1920, por el ex


presidente Augusto B. Leguía y entro en vigencia el 18 de marzo de 1920 hasta
el 17 de marzo de 1940; en el cual se regulaba, el tema objeto del presente
estudio, en el Título V del Libro Primero, denominado PRINCIPIO DE LA
INSTRUCCIÓN Y DETENCIÓN DEL ACUSADO

c. Código de procedimientos penales de 1940

Mediante Ley Nº 9024 promulgada el 23 de noviembre de 1939, y según lo


establecido en la propia Ley, entró en vigencia el 18 de marzo de 1940, el cual
establecía la detención provisional del imputado, en el Art. 81 de la citada
norma.

No obstante, con el transcurso del tiempo esta normatividad ha sufrido una


serie de modificaciones.

d. Código Procesal de 1991

A fines del siglo XX se aprueba el Código Procesal de 1991, mediante Decreto


Legislativo Nº 638, el cual en su artículo 135 prescribe el mandato de
detención, en base a determinados parámetros que se tenían que cumplir, para
declarar fundada una prisión preventiva.

No obstante, dicha norma fue modificada por la Ley 27226 del 17 de diciembre
de 1999 y la Ley 27753 del 09 de junio del 2002, esta modificatoria estableció
el hecho que "no constituía elemento probatorio suficiente la condición de
miembro de directorio, gerente, socio, accionista, directivo o asociado cuando

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el delito imputado se haya cometido en el ejercicio de una actividad realizada


por una persona jurídica de derecho privado".

Lo que en realidad se buscó con esta norma era determinar la responsabilidad


penal personalísima, siendo que miembro de directorio, gerente, socio,
accionista, directivo o asociado, serán responsables en la medida que tengan
una participación criminal en el hecho delictivo, solo si existen otros elementos
que vinculen al imputado con la autoría del hecho delictivo; así mismo cerró el
marco de amplitud respecto al peligro procesal, exigiendo en la determinación
del peligro de fuga la existencia de "suficientes elementos probatorios que lo
determinen", eliminando del texto originario "otras circunstancias".

Asimismo mediante Ley 28726, publicada el 09 de mayo del 2006 modificó el


Inc.2 del Art.135 del Código Procesal de 1991, en el que para ordenar una
detención preventiva, la pena probable debe superar a un año de pena
privativa de libertad y ya no cuatro años; o que existan elementos probatorios
sobre la habitualidad del agente del delito.

Si bien la norma procesal penal anterior exigía la concurrencia de tres


elementos para que se dicte un mandato de detención: la existencia de
pruebas suficientes, que la pena a imponerse supere los 4 años y que hubiera
peligro de fuga, con la ley 28726 se modificó sustancialmente el inciso 2 del
artículo 135°, al establecer que se podía dictar detención cuando “la sanción a
imponerse o la suma de ellas sea superior a un año de pena privativa de
libertad o que existan elementos probatorios sobre la habitualidad del agente al
delito”.

Sin embargo mediante Ley 29499 (19 de enero de 2010) se modificó el artículo
135 del Código Procesal Penal de 1991 (vigente en los distritos judiciales
donde no se aplicaba el NCPP) y se estableció como requisito de la detención
preventiva, que la sanción a imponerse sea superior a los 4 años de pena
privativa de libertad (y ya no una pena probable superior a un año, como lo
establecía la Ley 28726), con lo que se equiparó el marco de la prognosis de

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pena superior a cuatro años prevista para la prisión preventiva en el art. 268 del
NCPP, permitiendo que ambos ordenamientos tengan exigencias similares.

e. Código Procesal Penal del 2004

Finalmente, el NCPP en su Art.268, refiriéndose a los presupuestos materiales


de la prisión preventiva, se evidencian que se exige la presencia de "fundados
y graves elementos de convicción” para estimar razonablemente la comisión de
un delito que vincule al imputado como autor o participe del mismo, y, vuelve a
la redacción original del Art.135 del Código Procesal Penal de 1991; empero
introduce en los Arts.269 y 270, pasos para determinar claramente en cada
caso la existencia del peligro procesal de fuga o de perturbación de la actividad
probatoria.

f. Ley Nº 30076

Ley que modifica el Código Penal, Código Procesal Penal, Código de Ejecución
Penal y el Código de los Niños y Adolescentes y crea registros y protocolos con
la finalidad de combatir la inseguridad ciudadana, publicada el 19 de agosto de
2013; y entre otros artículos del NCPP modificó los artículos 268 y 269
referentes a la prisión preventiva y el peligro de fuga, respectivamente,
suprimiendo el segundo párrafo del artículo 268, referente a la pertenencia del
imputado a una organización criminal o su reintegración a las mismas, dejó de
ser considerado como un presupuesto material para dictar un mandato de
prisión preventiva, y se incorporó como un supuesto que el juez tendrá en
cuenta para evaluar el peligro de fuga.

1.3. Naturaleza jurídica

La prisión preventiva es una medida de coerción procesal válida, «cuya


legitimidad está condicionada a la concurrencia de ciertos presupuestos

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formales y materiales, los que deben ser tomados en cuenta por el juzgador al
momento de decidir su aplicación, que se encuentra taxativamente previsto en
las normas que modulan» (Peña, 2007, p. 712)

Una de las instituciones procesal que ha recibido severas críticas es la prisión


preventiva, pues suele ser uno de los aspectos más polémicos de todo
ordenamiento procesal penal; en el caso de nuestro país no ha sido la
excepción., puesto que las reglas que regulan la posibilidad de su imposición
han sido modificadas en numerosas ocasiones en los últimos años y tanto su
contenido como su práctica se encuentran permanentemente bajo
cuestionamiento.

Hoy en día la prisión preventiva funciona como pena anticipada., por ello el
imputado queda en la misma condición que un condenado, pero sin juicio:
constituyendo una violación de la presunción de inocencia, -principios de
principios'. en materia de encarcelamientos preventivos.

La persona que es detenida debe recibir un trato digno, es una obligación que
todo política debe cumplir, ya que deriva del derecho a la dignidad inherente
persona humana.

Dicha obligación fue inobservada en un caso por el personal policial que


ejecutó la detención del demandante en un despliegue de fuerzas propio o
adecuado para la captura dc un avezado criminal pero para no quien, como el
demandante. Ostenta buena reputación como así se pudo apreciar de la
cobertura periodística televisada de un canal insólitamente presente al
momento de intervención policial. Basta pensar el daño que sufre una persona
a la que se le imputa la comisión de un delito mediante una sensacionalista
cobertura televisa o con singular destaque en la prensa nacional con términos
indubitablemente denigratorios.

Roxin (citado por Miranda, 2014, p.92) señala que la prisión preventiva tiene
tres objetivos:

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1. Pretender asegurar la presencia del imputado en el procedimiento penal.


2. Pretender garantizar una investigación de los hechos, en debida forma
por los órganos de persecución penal
3. Pretender asegurar la ejecución de la pena.

Por su parte, Zaffaroni (citado por Miranda, 2014) nos dice

(…) su descarada y hasta expresa función penal – punitiva lleva a que el


auto de prisión preventiva sea en nuestra realidad, la sentencia
condenatoria y la sentencia definitiva cumpla el papel de recurso de
revisión. Ante esta disfunción, se cae en una triste ficción al continuar con
los conceptos jurídicos tradicionales, que en un modo alguno contribuye a
fortalecer la paz social y la confianza en el derecho. (p. 93)

Es preciso indicar que al aplicar la medida coercitiva importe o signifique un


adelanto de la condena, siendo que no se está, por ejemplo, recluyendo al
imputado porque se crea que su responsabilidad es evidente. En esa línea, el
Tribunal Constitucional ha establecido en la sentencia emitida en el 1567-2002-
HC/TC, del 05 de agosto de 2002, que: La prisión preventiva tiene como
última finalidad asegurar el éxito del proceso. No se trata de una medida
punitiva, por lo que, mediante ella, no se adelanta opinión respecto a la
culpabilidad del imputado en el ilícito que es materia de acusación, por
cuanto ello implicaría quebrantar el principio constitucional de presunción de
inocencia. Se trata de una medida cautelar, cuyo objetivo es resguardar la
eficiencia plena de la labor jurisdiccional.

Ahora bien, el Código Procesal Penal (D. Leg. N° 957) prevé diversas medidas
cautelares de carácter personal, así tenemos los siguientes: a) aquellos que se
adoptan antes del proceso: Detención policial, detención preliminar judicial y el
arresto ciudadano; y, b) aquellos que se adoptan durante el proceso:
impedimento de salida, internación preventiva, prisión preventiva y la
comparecencia (simple, con restricciones y el arresto domiciliario).

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Así tenemos que, en nuestro sistema procesal, el Juez tiene una serie de
medidas alternativas a la prisión preventiva, como, por ejemplo, la detención
domiciliaria, la comparecencia simple o restringida del país, la caución, el
impedimento de salida. De no ser viable una de estas medidas alternativas
recién se aplicará la prisión preventiva de forma excepcional.

En ese sentido, teniendo ello claro, se recoge una definición realizada por
diversos juristas que conceptúan a la “prisión preventiva” como medida
cautelar y/o temporal, la misma que implica someter al imputado a un
estado de máxima injerencia, al ser privado de su libertad, a pesar de que
por regla general se presume la inocencia del imputado; concibiendo como
justificación axiológica el interés social en la persecución del delito, la
misma que la valida, entendiendo la libertad personal como derecho
fundamental que no es absoluto, más aun cuando intereses sociales
preponderantes así lo meriten (Peña Cabrera Freyre y otros, 2013, pág.
12).

Teniendo a la prisión preventiva como medida de coerción procesal cuya


legitimidad se condiciona a la concurrencia de ciertos presupuestos formales y
materiales, los que deben ser tomados en cuenta por el juzgador al momento
de decidir su aplicación, que se encuentra taxativamente previsto en las
normas que modulan, pasamos a desarrollar en el siguiente punto los
presupuestos materiales que se exigen.

1.4. Definición de la prisión preventiva

La prisión preventiva o provisional constituye una medida cautelar de carácter


personal, cuya finalidad, acorde con su naturaleza, es la de garantizar el
proceso en sus fines característicos y el cumplimiento de la futura y eventual
pena que pudiera imponerse. No puede asignarse a esta medida una
naturaleza tal que la haga devenir en una medida de seguridad o, incluso, en
una pena anticipada. Ni el proceso penal es un instrumento de política criminal,
ni puede serlo tampoco cualquier tipo de resolución que en su seno se adopte.

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El proceso no es otra cosa que un método de determinación de hechos y


responsabilidades y para la consecución de este fin ha de permanecer en la
más absoluta neutralidad; toda perversión de esta finalidad conduce o puede
conducir a determinaciones y a declaraciones no ajustadas a la realidad. Y si el
proceso es así, no puede dotarse de una finalidad distinta a una medida
decretada en su seno cuya pretensión es asegurar su desarrollo adecuado

El tratadista Miguel Fenech (1984) señala:

La prisión provisional es un acto cautelar por el que se produce una limitación


de la libertad individual de una persona en virtud de una declaración de
voluntad judicial y que tiene por objeto el ingreso de ésta en un
establecimiento destinado para el efecto, con el fin de asegurar los fines del
proceso y a la eventual ejecución de la pena. (p.129)

El Dr. Jorge Zavala Baquerizo señala “Como un acto proveniente del titular del
órgano jurisdiccional penal que procede cuando se cumplen determinados
presupuestos expresamente señalados por la ley, y que tiene por objeto privar
de la libertad a una persona, de manera provisional hasta tanto subsistan los
presupuestos que la hicieron procedente o se cumplan con determinadas
exigencias legales tendientes a suspender los efectos de la institución”.

Al respecto la Comisión Andina de Juristas del Ecuador señala que: La libertad


personal es un derecho fundamental que solo puede ser restringido en
determinados supuestos de hecho, en virtud de una orden expedida por
autoridad competente (excepto en el caso de flagrante delito) y durante los
plazos previstos en las normas constitucionales y las leyes. De esta manera, si
no aplicamos este concepto, estaremos ante una medida de carácter ilegal que
se encuentra prohibida tanto a nivel nacional como internacional, pues hay que
hacer hincapié que el debido proceso debe basarse en la práctica auténtica de
los principios fundamentales de la libertad e igualdad, ya que la enunciación de
esas palabras por si solas no son suficientes, si no van emparejadas con la
praxis.

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El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos dice que: Es la


que sufre el procesado durante la sustanciación del juicio. La Corte Suprema
de Justicia del Ecuador, señaló: Prisión preventiva es el hecho material de
privación de la libertad de una persona sindicada, ordenada por el juez
competente.

Hay que recalcar, que las órdenes de prisión preventiva son las que más
preocupan, porque inciden en varios de los bienes jurídicos más preciados de
la persona como son: la libertad, la honra, la dignidad, la presunción de
inocencia, el derecho a transitar libremente, el derecho al trabajo, el derecho a
defenderse en libertad, el derecho a estar con su familia; de tal modo que la
orden de prisión preventiva constituye la medida cautelar personal más severa
en nuestro país.

1.5. Presupuesto materiales de la prisión


preventiva

Ahora bien, como veníamos diciendo el Nuevo código procesal penal regula la
prisión preventiva en su sección III. Es así que en el artículo 268° de ese
cuerpo normativo encontramos a los presupuestos materiales de la prisión
preventiva, el artículo dice textualmente:

Artículo 268. Presupuestos materiales

El juez, a solicitud del Ministerio Público, podrá dictar mandato de prisión


preventiva, si atendiendo a los primeros recaudos sea posible determinar
la concurrencia de los siguientes presupuestos:
a) Que existen fundados y graves elementos de convicción para estimar
razonablemente la comisión de un delito que vincule al imputado como
autor o partícipe del mismo.
b) Que la sanción a imponerse sea superior a cuatro años de pena
privativa de libertad; y

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c) Que el imputado, en razón a sus antecedentes y otras circunstancias


del caso particular, permita colegir razonablemente que tratará de eludir
la acción de la justicia (peligro de fuga) u obstaculizar la averiguación de
la verdad (peligro de obstaculización)

Pues bien, estudiaremos ahora cada uno de estos presupuestos.

a) Existencia de fundados y graves elementos de


convicción

Los elementos de convicción son actos de investigación, tanto de la


Policía como de la Fiscalía, que sustentan la existencia verosímil de la
imputación de un hecho delictivo a una determinada persona; es decir,
son elementos de convicción de cargo que son llevados a la audiencia,
como sustento probatorio del requerimiento de prisión preventiva.

b) La sanción a imponerse sea superior a cuatro


años de pena privativa de libertad

La prisión preventiva está condicionada a una sanción legal que se


determina como consecuencia jurídica a cada tipo legal, por lo que se
deberá efectuar una prognosis de pena, no basta que la pena sea
mayor, superior a los cuatro años, en tanto la determinación de la pena
está sujeta a una serie de variables, entre estas las circunstancias
relacionadas a la realización del hecho punible.

La existencia de este presupuesto no está referido a la pena fijada por


ley para el delito, sino al análisis preliminar que tendrá que realizar el
Juez para considerar la pena probable, que implica un acercamiento, un
cálculo a esa determinación conforme a los actuados existentes en la
oportunidad en que corresponda dictar la medida y que será la regla al
momento de aplicar la prisión preventiva.

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El Juez en esta fase del análisis jurídico procesal ha de realizar una


prognosis o pronóstico que permita identificar a un nivel razonable la
probabilidad de que la pena a imponer será superior a cuatro años de
privación de libertad. Es decir, el Juez debe valorar el caso concreto y no
aplicar una regla penológica general sin sentido.

c) Peligro procesal

El Periculum In Mora, constituye el verdadero sustento de la prisión


preventiva, la misma que se aplicará cuando exista indicio o evidencia
razonables, de que el imputado eludirá el proceso o que obstruya en los
actos de investigación.

El Peligro procesal, presenta dos supuestos: La intención del imputado


de eludir la acción de la justicia (peligro de fuga) y la intención de
perturbar la actividad probatoria:

 El peligro de fuga, consiste en el peligro de que el imputado no se


someta al procedimiento penal ni a la ejecución. Así tenemos, que
conforme al artículo 269° del CPP de 2004, para calificar el peligro de
fuga el Juez tendrá en cuenta:

 El arraigo en el país del imputado, determinado por el domicilio,


residencia habitual, asiento de la familia y de sus negocios o
trabajo o las facilidades para abandonar definitivamente el país o
permanecer oculto, vínculos de carácter familiar, amical y de
negocios, grado de influencia que pueda ejercer en determinados
ámbitos socio-políticos, situación económica, lazos familiares en
el exterior, de ser el caso su doble nacionalidad, etc.
 La gravedad de la pena que se espera como resultado del
procedimiento.

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 La importancia del daño resarcible y la actitud que el imputado


adopta, voluntariamente, frente a él.
 El comportamiento del imputado durante el procedimiento o en
otro procedimiento anterior, en la medida que indique su voluntad
de someterse a la persecución penal.
 El peligro de entorpecimiento o peligro de obstaculización de la
actividad probatoria, exige conforme al artículo 270° del CPP de 2004,
que el comportamiento del imputado funde la sospecha vehemente de
que el imputado:

 Destruirá, modificará ocultará, suprimirá o falseará medios de


prueba.
 Influirá para que los coinculpados, testigos o peritos informen
falsamente o se comporten de manera desleal o reticente. Esto
es, corrompiendo voluntariamente, a fin de que se tuerza la
verdad de los hechos, ejerciéndose bajo violencia o amenaza.
 Inducirá a otros a realizar tales comportamientos, esto puede ser
de forma personal-directa o por interpósita persona (mediante
otra persona) y si, por ello, existe el peligro de que él dificultara la
investigación de la verdad.

1.6. EL DESARROLLO DE LA AUDIENCIA DE PRISIÓN PREVENTIVA

El artículo 271° del Nuevo código procesal civil hace referencia acerca de la
audiencia de prisión preventiva, en el cual nos dice textualmente:

Artículo 271°.- Audiencia y resolución

1. El Juez de la Investigación Preparatoria, dentro de las cuarenta y ocho horas


siguientes al requerimiento del Ministerio Público realizará la audiencia para
determinar la procedencia de la prisión preventiva. La audiencia se celebrará
con la concurrencia obligatoria del Fiscal, del imputado y su defensor. El
defensor del imputado que no asista será reemplazado por el defensor de
oficio.

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2. Rige en lo pertinente, para el trámite de la audiencia lo dispuesto en el


artículo 8°, pero la resolución debe ser pronunciada en la audiencia sin
necesidad de postergación alguna. El Juez de la Investigación Preparatoria
incurre en responsabilidad funcional si no realiza la audiencia dentro del plazo
legal. El Fiscal y el abogado defensor serán sancionados disciplinariamente si
por su causa se frustra la audiencia. Si el imputado se niega por cualquier
motivo a estar presente en la audiencia, será representado por su abogado o el
defensor de oficio, según sea el caso. En este último supuesto deberá ser
notificado con la resolución que se expida dentro de las cuarenta y ocho horas
siguientes a la conclusión de la audiencia.

3. El auto de prisión preventiva será especialmente motivado, con expresión


sucinta de la imputación, de los fundamentos de hecho y de derecho que lo
sustente, y la invocación de las citas legales correspondientes.

4. El Juez de la Investigación Preparatoria, si no considera fundado el


requerimiento de prisión preventiva optará por la medida de comparecencia
restrictiva o simple según el caso

En primer lugar debemos de entender que en el sistema acusatorio con rasgos


adversariales, el cual nos rige desde el primero de diciembre del dos mil nueve,
el mayor número de audiencias que se vienen desarrollando son las de prisión
preventiva, por ser el primer paso después de formalizada la investigación
preparatoria por parte del fiscal; tal como lo establece el artículo 3° del código
procesal penal, en lo que respecta a la comunicación por parte del Ministerio
público de la continuación de la investigación preparatoria (terminada la
investigación preliminar), el cual a la letra señala; “El Ministerio Público
comunicará al juez de la investigación preparatoria su decisión de continuar
con la investigación preparatoria”, del mismo modo cuando en el numeral
336.1° reseña; cuando se han satisfecho los requisitos de procedibilidad como
son; que aparecen indicios reveladores de la existencia de un delito, que la
acción penal no ha prescrito; y, que se ha individualizado al presunto autor,

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“(…) se dispondrá la formalización de la continuación de la investigación


preparatoria” es decir producida la formalización de la continuación de la
investigación preparatoria, es que se produce en otras palabras el inicio del
proceso, y como paso siguiente será el de delimitar el mandato judicial que
tendrá el imputado durante el desarrollo del proceso investigatorio, siendo las
medidas a adoptar de diferente magnitud, siendo una de ellas la de recortarle la
libertad lo que se llamaría en el código de procedimientos penales (mandato de
detención) que emitía el juez instructor, y que con el nuevo ordenamiento
procesal es lo que se conoce como la prisión preventiva, claro está podrán
darse otras alternativas como son la comparecencia restrictiva o también la
comparecencia simple.

Pues bien; continuando ahora con el examen normativo tenemos, que el


numeral 271.1° NCPP enseña; si el Fiscal considera que debe ordenarse una
prisión preventiva, efectuará el requerimiento o en otras palabras una solicitud
por ante el juez de la investigación preparatoria, el cual dentro de las 48 horas
realizará la audiencia para determinar la procedencia o no de la prisión
preventiva; queremos detenernos unos momentos en éste punto a fin de dejar
establecido, que si bien la norma señala 48 horas, eso no significa que siempre
el juzgador deberá de señalarlo dentro de dicho plazo, el argumento lo
encontramos en el texto constitucional cuando señala como plazo de detención
no mayor de 24 horas o en el término de la distancia que debe ser puesto a
disposición el detenido ante la autoridad jurisdiccional a fin de resolverse su
situación jurídica, y mas aún cuando el supremo intérprete de la constitución
reseña “…el plazo que la constitución establece para la detención es
solamente un límite del límite temporal prescrito con carácter general, sobre el
cual se superpone sin reemplazarlo, el plazo estrictamente necesario” es decir
el límite máximo de la detención debe ser establecido en atención a las
circunstancias de cada caso concreto, tales como las diligencias necesarias a
realizarse, la particular dificultad para realizar determinadas pericias o
exámenes, el comportamiento del afectado con la medida entre otros; que,

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igualmente se recoge lo expuesto en la sentencia del Tribunal Español, cuando


habiendo sido detenido una persona y que si bien se encontraba dentro del
plazo establecido para ponerlo a disposición de la autoridad jurisdiccional,
indica; que si bien no se había sobrepasado el plazo máximo absoluto que
marca la constitución, sin embargo es insuficiente para apreciar si se han
respetado los márgenes constitucionales, la detención no puede durar más allá
del plazo estrictamente necesario; y, agrega desde el momento en que las
averiguaciones tendentes al esclarecimiento de los hechos fueron finalizadas, y
no contando la existencia de otras circunstancias, la detención policial del actor
quedó privada de fundamento constitucional, pues bien, ahora entendiendo que
ya el fiscal a formalizado la continuación de la investigación preparatoria; y
solicita el requerimiento de la prisión preventiva.

La pregunta a responder consistiría en ¿sería factible que se prolongue la


detención sin resolver su situación jurídica de un imputado durante 48
horas? Considero, que la respuesta sería que como regla no debe permitirse
que se produzca, sino por el contrario debería de realizarse en el tiempo mas
próximo posible; y, que solo como excepcionalmente de darse alguna
complejidad tal vez por el número de procesados se podría realizar dentro de
las 48 horas establecida en nuestro ordenamiento procesal, claro está
respetando los principios de contradicción y defensa, por consiguiente si nos
colocamos en un proceso regular, a nuestro entender la posibles dificultades
entre otras sería el del emplazamiento para que se presenten los sujetos
procesales y se pueda producir el debate, es decir entre el persecutor del delito
como de la defensa, requisito esencial para que el juez de la investigación
preparatoria pueda dilucidar producido el contradictorio y con la debida
información emitida por los actores, determinar si resulta procedente la prisión
preventiva.

Pues, señalada la fecha de la audiencia el siguiente paso es la concurrencia de


las partes, si bien se señala que la concurrencia es obligatoria del fiscal, del

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imputado y el defensor de su elección, así como de no presentarse el defensor


del imputado deberá ser reemplazado por el abogado defensor de oficio; el
tema vertido es en cuanto de no presentarse el imputado a la audiencia, si es
que está permitido el de llevarse a cabo la audiencia programada, ésta
interrogante a sido materia de análisis por la Corte Suprema cuando señala el
de tomar atención a lo preceptuado en el artículo 271.2° referido a que si el
imputado se niega por cualquier motivo a estar presente en la audiencia, será
representado por su abogado de libre lección o el defensor de oficio, por lo que
concluye no deviene en necesaria la presencia del imputado en la audiencia de
prisión preventiva, pero hay que tener en cuenta, que sí resulta imprescindible
la debida notificación para la audiencia en su domicilio real o procesal, si lo
hubiese señalado, con lo expuesto se soluciona tanto la presencia o no del
imputado como de su abogado defensor; ahora nos ponemos en el caso si no
se presenta el Fiscal, que tratamiento se le debe de dar, o que salida debe
optar el juez para suplir dicha deficiencia, considero que debe estar dirigido a
evitar nulidades que se podrían presentar sobre todo teniendo en cuenta el
artículo 150°.c el cual señala “…y a la participación del Ministerio Público en
las actuaciones procesales que requieran su intervención obligatoria” en otras
palabras es nulo un acto procesal cuando se lleva a cabo sin la participación
del Ministerio Público es decir cuando su intervención es obligatoria; ahora si
nos trasladamos a la audiencia de prisión preventiva.

La pregunta a responder consistiría; ¿Es obligatoria la participación del


Fiscal en la audiencia de Prisión preventiva? La respuesta sería afirmativa,
pues la norma señala claramente “…se celebrará con la concurrencia
obligatoria del fiscal, de …” entonces, para dicha diligencia la concurrencia del
fiscal es obligatoria, por consiguiente deberá de agotarse todos los medios
necesarios para que la diligencia se produzca; debiéndose realizar todos los
actos tendentes para su logro ya sea comunicándose con el Fiscal en forma
directa por parte del aparato administrativo (administrador del módulo y el
asistente de audiencias) de ser necesario e incluso comunicándose con el

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coordinador de la fiscalía corporativa o del coordinador de los fiscales a nivel


superior, es decir emplear todos los medios para asegurar la concurrencia del
fiscal requiriente o en su defecto para que designe a otro fiscal (caso de
producirse algún imprevisto del Fiscal a cargo, que imposibilite su
concurrencia) ahora; si se continúa con la ausencia del fiscal, deberá de
procederse conforme al tercer párrafo del artículo 271.2 cuando señala: el fiscal
y el abogado defensor serán sancionados disciplinariamente si por su causa se
frustra la audiencia” de producirse dicha figura inmediatamente el juez de la
investigación preparatoria señalará en el acta la fecha de audiencia la misma
que deberá de ser en el tiempo más próximo posible, es decir el tiempo que
pueda necesitar para la notificación debida y con las sanciones impuestas y/o
remisión de copias ante los superiores del fiscal y coordinador por la frustración
de la audiencia.

Es necesario dejar sentado, que lo expuesto no debe significar que de nada


debe valer la notificación efectuada a la Fiscalía, para llevarse a cabo la
audiencias, sino por el contrario solo es tratar de llevar a cabo la diligencia;
claro está debiendo entenderse que el fiscal una vez constituido en la audiencia
deberá de dar las explicaciones debidas por su inconcurrencia, lo cual el
juzgador deberá de evaluar y disponer lo conveniente vale decir deberá
entenderse el de tener en cuenta si fue por causas no imputables al fiscal o de
lo contrario a faltas funcionales.

Hay que tener en cuenta, que la norma de la prisión preventiva se remite al


artículo 8° lógico es entender en lo que sea pertinente pues nos encontramos
que dicho numeral es el trámite para los medios de defensa, siendo así
compete detenerse en el numeral 8.3° es decir a la forma de desarrollo de la
audiencia, la cual especifica; se escuchará al requiriente, en el caso que
analizamos sería al Fiscal, pues es el sujeto procesal que está solicitando la
prisión preventiva, seguidamente al defensor del imputado, lo cual ya lo hemos
aclarado de producirse su inconcurrencia en la audiencia será representado por

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su abogado o el defensor de oficio por cuanto en un plano de igualdad


necesaria para que se produzca el debate judicial entre fiscal y defensa es
imprescindible la presencia del abogado cuya misión será exponer hechos
convenientes a favor de su defendido

Prosiguiendo con el análisis del numeral ocho hay que tener en cuenta en la
parte in fine del inciso tercero cuando indica “Si asiste el imputado tiene
derecho a intervenir en último término” pues bien; encontrándonos en una
audiencia de prisión preventiva y con presencia del imputado, éste tendrá el
derecho al uso de la palabra en último término, a decir del maestro Roxin la
última palabra es, por un lado la concreción del derecho a ser oído conforme a
la ley, pero, por otro, va mas allá de ésta garantía mínima del derecho
constitucional a favor del acusado, producido ésta los jueces deben retirarse a
la sala de deliberaciones con la impresión reciente y última de su persona y de
su visión de lo sucedido, siendo así resulta de extrema importancia que el
imputado pueda manifestar lo que considere para su defensa, incluso no puede
estar de acuerdo a lo expuesto por su defensa y declararse culpable o también
dar visos de su disconformidad con lo vertido por su abogado defensor y
solicitar el cambio del mismo, por consiguiente siempre se deberá respetar el
derecho del imputado a la última palabra, verbigracia; si ocurriera conforme al
poder disciplinario y discrecional (art. 364°) el de apartarlo de la audiencia al
imputado, el magistrado está en la obligación de hacerlo retornar para que
expresa su última palabra, lo cual denota la relevancia jurídico penal que tiene
el dicho del procesado que refleja la naturaleza de su actitud (expresión y
forma).

Es necesario dejar sentado, que no hay que confundir, en cuanto al tratamiento


del imputado al momento de la audiencia, pues si bien es cierto el juez de la
investigación preparatoria puede solicitar aclaraciones sobre los hechos, lo cual
resulta natural, pues necesita de suficiente información para poder resolver el
hecho controvertido, también lo es que no significa el de efectuar un exhaustivo

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interrogatorio, hay que entender que ya ha prestado su declaración por ante el


Ministerio Público; y que las aclaraciones que puede solicitar el juez de la
investigación preparatoria deben estar referidas a lo que el abogado de la
defensa no ha podido esclarecerle al juez, pero nunca ha tratar de delimitar el
resultado de la audiencia sólo con lo expuesto por el imputado, queda claro
entonces que no hay que confundir en cuanto a la última palabra que tiene el
imputado y a las aclaraciones que se puede efectuar a éste producto de los
debates, pero nunca proceder como un interrogatorio, de lo contrario
estaríamos con las malas prácticas del viejo sistema, en donde llegado el
detenido muchas veces se le interrogaba para luego decidir si se dictaba
mandato de detención o comparecencia.

Igualmente; hay que anotar que todos sus datos y plena identificación ha sido
llevada a cabo por el Fiscal e incluso al hacer su requerimiento se encuentra
plenamente identificado el imputado, por lo que consideramos nada acertado la
forma como en algunos juzgados de la investigación preparatoria se viene
realizando como es el de ser acuciosos en forma extrema como es el de
examinarle los tatuajes y cicatrices entre otros, cuando lo rescatable sería
contar con una debida identificación, datos generales, documento de identidad
entre otros; hay que precisar que nos encontramos ante una medida cautelar y
no un juzgamiento.

Concluido los debates orales, teniendo toda la información el juez de la


investigación preparatoria, deberá de proceder conforme a la primera parte del
artículo 271.2 ° mediante la cual ordena al juez de la causa a tener que
pronunciar la resolución en la audiencia, no pudiendo realizar postergación
alguna, lo cual tiene su razón de ser, pues si ha escuchado los argumentos de
ambas partes (oralidad) efectuada los debates (contradictorio) así como las
aclaraciones tanto de los intervinientes como del imputado (inmediación) para
que esperar para resolver si el conocimiento de todo lo actuado lo tiene en su
delante, he ahí que la norma ha establecido que su pronunciamiento deberá de

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ser inmediato, claro está no podemos dejar de lado el hecho que el imputado
se resuelva su situación jurídica, pues no podría mantenerse sin orden judicial
máxime si del ámbito fiscal ya ha pasado al órgano judicial y se hace necesario
el tener que existir una resolución que determine ya sea su internamiento en un
centro carcelario o por el contrario el de otorgársele una comparecencia con
restricciones o simple.

Igualmente es necesario precisar que como es de conocimiento todas las


resoluciones sobre todo las que resuelvan una controversia o una situación
(autos y sentencias) deberán de ser debidamente motivadas, tal y como lo
especifica el artículo VI del título preliminar del código procesal penal; sin
embargo el legislador tanto en las instituciones de la detención o de la prisión
preventiva materia del presente artículo ha hecho mención expresa a la
motivación así lo podemos observar en el numeral 262° y 271.1° en donde a la
letra dispone “ El auto de prisión preventiva será especialmente motivado, con
expresión sucinta de la imputación, de los fundamentos de hecho y de derecho
que lo sustente, y la invocación de las citas legales correspondientes”

Claro está consideramos a decir del Tribunal Constitucional en cuanto a la


motivación no debe determinarse por una extensión de la motivación, sino a la
existencia de la fundamentación jurídica, congruencia entre lo pedido y lo
resuelto; y, la existencia de justificación suficiente de la decisión adoptada aún
si ésta es breve o concisa, o en otras palabras la motivación debe de ser
razonada y suficiente tal y como lo ha desarrollado el máximo intérprete de la
constitución en la motivación oral de las resoluciones; es decir deberá de
especificarse la norma aplicable al caso, los hechos facticos y la congruencia
que debe existir entre ambos, para poder justificar la medida a dictar, como es
la prisión preventiva si el caso lo amerita.

1.7. El plazo razonable en la prisión preventiva

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El artículo 272° del código procesal penal hace mención a la duración de la


prisión preventiva, este textualmente nos dice:

Artículo 272°.- Duración

1. La prisión preventiva no durará más de nueve meses.

2. Tratándose de procesos complejos, el plazo límite de la prisión preventiva no


durará más de dieciocho meses

En primer lugar, vamos a definir el PLAZO RAZONABLE, Gorigliano (citado


por Torres, s/a) nos dice que:

Desde un punto de vista dogmático un proceso penal cuya tramitación


supera el plazo razonable, esto es de duración excesiva, no sólo lesiona el
derecho del imputado a ser juzgado rápidamente sino que también afecta a
todos y cada uno de sus derechos fundamentales y sus garantías
procesales reconocidas en la Constitución. Como consecuencia, si el
proceso se prolonga indebidamente todas sus reglas de funcionamiento
acabarán distorsionando su derecho a un juicio rápido y los principios
elementales de la actuación legítima del Estado. (p.2)

Además, el plazo razonable (proveniente del Sistema Europeo de Protección


de Derechos Humanos, posteriormente acogido por el Sistema Interamericano
de Protección de Derechos Humanos y así también, por el Tribunal
Constitucional peruano), se encuentra implícitamente inmerso en el derecho al
debido proceso o proceso regular.

Así también, conviene referir los criterios establecidos para determinar el


desarrollo de un plazo razonable, fueron dados por el Tribunal Europeo de
Derechos Humanos (TEDH) y también compartidos por el sistema y tribunal
señalados en el párrafo anterior, a saber: i) la complejidad del caso, ii)
comportamiento del procesado, y iii) la manera en que fue llevado por las
autoridades y judiciales.

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Por otro lado, tenemos, que el Fundamento 8., establece: “(…) el plazo
establecido actúa solamente como un plazo máximo y de carácter absoluto,
pero no impide que puedan calificarse como arbitrarias aquellas privaciones de
la libertad que, aún sin rebasar dicho plazo, sobrepasan el plazo estrictamente
necesario o límite máximo para realizar determinadas actuaciones o
diligencias. En tales casos, opera una restricción a la libertad personal que la
norma constitucional no permite. Un claro ejemplo de ello es la prolongación
injustificada de la privación de la libertad personal en aquellos casos en que se
requiere solamente de actuaciones de mero trámite, o que las diligencias ya
han culminado, o que de manera injustificada no se han realizado en su debida
oportunidad, esperando efectuarlas ad portas de vencerse o incluso ya vencido
el plazo preestablecido”.

Tenemos que dejar constancia que, en relación al plazo razonable de la prisión


preventiva o del proceso, fue el TEDH el que sentó las bases del término plazo
razonable, atribuyéndole al mismo una novísima naturaleza de atemporidad no
prevista abstractamente en la ley (denominada por la doctrina por el “no
plazo”), si no mas bien, por el de la indicación que el juzgador evalúe la
duración del caso para estimar, a través de diversos criterios, si es que
efectivamente se cumplió o no con el plazo razonable.

Además, cabe señalar que en el caso que lo referido no haya sido


probadamente observado- es decir, que el plazo haya devenido en irrazonable-,
queda solicitar la compensación correspondiente, a efectos de reparar la
vulneración del derecho fundamental invocado.

Es imprescindible tomar en consideración que el incumplimiento de plazo


razonable de una medida de restricción de la libertad, como lo es la prisión
preventiva, definitivamente genera un abanico de vulneraciones de derechos
fundamentales del procesado.

Así, dejamos constancia que resulta imperioso supervigilar el correcto accionar


de las partes en el proceso. En tal sentido, no olvidemos que todos los plazos

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impuestos en la ley procesal para con el imputado son fatales, y en este


sentido el solo transcurso del tiempo determina la caducidad del derecho si no
ha sido utilizado en el tiempo apropiado. En cambio los jueces pese a estar
sujetos también a plazos ordenatorios pueden extender temporalmente
discrecionalmente- el dictado de sus resoluciones. A tenor de lo dicho es
posible agregar que para que el imputado no sea tenido como negligente, que
no sólo debe preservar y cumplir sus propios términos, también debe exigir que
los jueces cumplan con los que procesalmente pesan sobre ellos, su
incumplimiento colaborará con el desajuste procesal que se invoca

1.8. La prolongación de la prisión preventiva

La prolongación de la prisión preventiva también se encuentra regulado en el


Nuevo código procesal penal en su artículo 274° que dice textualmente:

Artículo 274°.- Prolongación de la prisión preventiva

1. Cuando concurran circunstancias que importen una especial dificultad o


prolongación de la investigación o del proceso y que el imputado pudiera
sustraerse a la acción de la justicia u obstaculizar la actividad probatoria, la
prisión preventiva podrá prolongarse por un plazo no mayor al fijado en el
numeral 2) del artículo 272°. El fiscal debe solicitarla al juez antes de su
vencimiento.

2. El juez de la investigación preparatoria se pronunciará previa realización de


una audiencia, dentro del tercer día de presentado el requerimiento. Esta se
llevará a cabo con la asistencia del Ministerio Público, del imputado y su
defensor. Una vez escuchados los asistentes y a la vista de los autos, decidirá
en ese mismo acto o dentro de las setenta y dos horas siguientes, bajo
responsabilidad.

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3. La resolución que se pronuncie sobre el requerimiento de prolongación de la


prisión preventiva podrá ser objeto de recurso de apelación. El procedimiento
que se seguirá será el previsto en el numeral 2) del artículo 278°.

4. Una vez condenado el imputado, la prisión preventiva podrá prolongarse


hasta la mitad de la pena impuesta, cuando esta hubiera sido recurrida

Es de advertir que en términos de prolongación de prisión preventiva, tanto el


derecho supranacional americano como el europeo (que por cierto este último
no nos resulta vinculante, pero ha sido citado varias veces por el Tribunal
Constitucional) coinciden en el sentido de que la negligencia o incompetencia
del aparato estatal para realizar sus diligencias de investigación, entre ellas las
pericias, no pueden servir de elementos a tomar en cuenta para prolongar la
prisión preventiva. El investigado no puede perjudicarse por la ineficiencia del
Estado; sin embargo el Juez deberá ponderar en la audiencia correspondiente
hasta qué punto la demora es atribuible efectivamente a la negligencia o
ineficiencia del Estado y en qué casos se produce por una efectiva complejidad
de la actuación pendiente o realizada o por circunstancias fortuitas no
imputables al aparato Estatal.

1.9. La cesación de la prisión preventiva

La forma en cómo se da por concluida la prisión preventiva, lo encontramos


regulado en el artículo 283° del código procesal penal que textualmente nos
dice:

Artículo 283°.- Cesación de la Prisión preventiva

1. EI imputado podrá solicitar la cesación de la prisión preventiva y su


sustitución por una medida de comparecencia las veces que lo
considere pertinente.
2. El Juez de la Investigación Preparatoria decidirá siguiendo el trámite
previsto en el artículo 274°.

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1. La cesación de la medida procederá cuando nuevos elementos de


convicción demuestren que no concurren los motivos que determinaron
su imposición y resulte necesario sustituirla por la medida de
comparecencia. Para la determinación de la medida sustitutiva el Juez
tendrá en consideración, adicionalmente, las características personales
del imputado, el tiempo transcurrido desde la privación de libertad y el
estado de la causa.
El Juez impondrá las correspondientes reglas de conductas necesarias
para garantizar la presencia del imputado o para evitar que lesione la
finalidad de la medida

1.10. Análisis del tribunal constitucional sobre la prisión preventiva

El tribunal constitucional tiene una ardua tarea que se suscribe en resguardar la


Constitución y que esta sea respetada por todos. En materia de habeas corpus
el tribunal constitucional ha resuelto y ha dejado doctrina sentada al respecto.
Para ello, es importante saber como es que el tribunal constitucional interpreta
la presión preventiva y sus presupuestos.

La prisión preventiva es sin duda la más grave y polémica de las resoluciones


que el órgano jurisdiccional puede adoptar en el transcurso del proceso penal.
Mediante su adopción se priva al imputado de su derecho fundamental a la
libertad, en un prematuro estadio procesal en el que, por no haber sido todavía
condenado, se presume su inocencia.

El derecho subjetivo a la presunción de inocencia del imputado, como regla


de tratamiento del proceso penal, comporta la prohibición de que la prisión
preventiva pueda ser utilizada como castigo. La contradicción material,
consistente en privar de libertad a un imputado antes de que se le
condene, solo puede salvarse si se le considera como una medida cautelar
y no como una pena. (Vega, 1993, p.98)

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De ahí que el factor fundamental para que la prisión preventiva respete el


derecho a la presunción de inocencia radica en los fines o funciones que se
le atribuyen. La prisión preventiva solo puede ser utilizada con objetivos
estrictamente cautelares: asegurar el desarrollo del proceso penal y la
eventual ejecución de la pena. Objetivos que solo pueden ser alcanzados
evitando los riesgos de fuga y de obstaculización de la averiguación de la
verdad. Al respecto nuestro tribunal constitucional dice lo siguiente:

(..) En la medida en que la detención judicial preventiva [prisión preventiva]


se dicta con anterioridad a la sentencia condenatoria, es una medida
cautelar. No se trata de una sanción punitiva, por lo que la validez de su
establecimiento a nivel judicial depende que existan motivos razonables y
proporcionales que lo justifiquen. Por ello, no solo puede justificarse en la
prognosis de pena que, en caso de expedirse sentencia condenatoria, se
aplicará a la persona que hasta ese momento tiene la condición de
procesado, pues ello supondría invertir el principio de presunción de
inocencia por el de criminalidad (…) [STC 0791- 2002 - HC, de 21 de
junio: (Caso «Riggs Brousseau»)].

En esta Sentencia, el Tribunal Constitucional vincula de manera clara la


presunción de inocencia y el carácter instrumental de la prisión preventiva. Es
cierto que el fumus boni iuris o apariencia de buen derecho (tema que hemos
estudiado en el segundo capítulo) configura un presupuesto adicional de la
prisión preventiva; pero si se considera dicho presupuesto en forma aislada,
entonces el único criterio en el que se apoya la privación cautelar de libertad es
en el de un alto grado de probabilidad de sancionar luego al imputado como
autor o partí- cipe del hecho. Si eso sucede, es decir, si la medida no se aplica
con el propósito de neutralizar el peligro procesal, desaparece su función
cautelar-instrumental.

En un sentido similar se expresa la STC 1260 - 2002 - HC, de 9 de julio (Caso


«Domínguez Tello»):

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(…) A juicio de este Colegiado, la satisfacción de tal exigencia [el peligro


procesal] es consustancial con la eficacia del derecho a la presunción de
inocencia y con el carácter de medida cautelar, y no con la de una sanción
punitiva que [no] tiene la prisión preventiva. Por ello, habiéndose justificado
la detención judicial preventiva únicamente con el argumento de que
existirían elementos de prueba que incriminan a los recurrentes y que la
pena aplicable, de ser el caso, sería superior a los cuatro años, el Tribunal
Constitucional considera que la emplazada ha violado el derecho a la
presunción de inocencia y, relacionalmente, la libertad individual de los
recurrentes. (…)

Por otro lado, La necesidad de la prisión preventiva requiere evaluar que se


está ante un instrumento que «convive» con otras medidas cautelares
destinadas, también, a proteger el desarrollo y resultado del proceso penal
(comparecencia simple y restringida, detención domiciliaria, impedimento de
salida, suspensión preventiva de derechos). Por lo que siendo la prisión
preventiva la medida limitativa más grave del ordenamiento procesal, el
principio de proporcionalidad exige una aplicación excepcional y subsidiaria.
Debe ser la última ratio o último recurso para salvaguardar el resultado y
desarrollo del proceso penal. El TC señala respecto a la prisión preventiva
como último recurso lo siguiente:

(…) Si bien la detención judicial preventiva [prisión preventiva] constituye


una medida que limita la libertad física, por sí misma, esta no es
inconstitucional. Sin embargo, por el hecho de tratarse de una medida que
restringe la libertad locomotora, dictada pese a que, mientras no exista
sentencia firme, al procesado le asiste el derecho a que se presuma su
inocencia; cualquier restricción de ella siempre debe considerarse la última
ratio a la que el juzgador debe apelar, esto es, susceptible de dictarse solo
en circunstancias verdaderamente excepcionales y no como regla general.
Ese pues es el propósito del art. 9.3 del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos, según el cual la prisión preventiva de las personas que

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hayan de ser juzgadas no debe ser la regla general (…) [STC 1091-2002-
HC de 2 de agosto «Caso Vicente Ignacio Silva Checa»].

La presunción de inocencia no es más o menos afectada según la intensidad


de la medida que se elija, cuando el ordenamiento jurídico regula distintas
medidas cautelares que implican una limitación de la libertad personal, y todas
ellas respetan la presunción de inocencia (en razón a los fines que persiguen)
La sentencia del TC que probablemente mejor ha desarrollado el criterio de
necesidad respecto a la prisión preventiva es la 1091-2002/HC, de 2 de agosto
(Caso «Silva Checa»). En ella, se dice:

(..) Su aplicación [se refiere a la prisión preventiva] no debe ser la medida


normal u ordinaria, sino que solo puede dictarse en casos particularmente
graves y siempre que sea estrictamente necesaria para los fines que se
persigue en el proceso penal. (…). El principio de favor libertatis impone
que la detención judicial [prisión preventiva] tenga que considerarse como
una medida subsidiaria, provisional y proporcional (…). El carácter
subsidiario de la medida impone que antes de que se dicte, el juez deba
considerar si idéntico propósito al que se persigue con el dictado de la
detención judicial preventiva [prisión preventiva] se puede conseguir
aplicando otras medidas cautelares no tan restrictivas de la libertad
locomotora del procesado (…). La existencia e idoneidad de otras medidas
cautelares para conseguir un fin constitucionalmente valioso, deslegitima e
invalida que se dicte o mantenga la medida cautelar [de prisión preventiva].

El fumus boni iuris o apariencia de buen derecho indica que para decretar la
prisión preventiva debe llevarse a cabo un juicio de verosimilitud sobre el
derecho cuya existencia se pretende declarar en una sentencia definitiva. Juicio
que debe estar asentado en criterios objetivos que permitan identificar los
elementos que conducen a una razonada atribución del hecho punible. El Juez
debe valorar un alto grado de probabilidad de sancionar al imputado como
autor o partícipe del delito y esto se acredita cuando se verifica que hay

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razones que justifican la imposición de la condena y no existen razones que


justifiquen una sentencia absolutoria.

Sin duda, la sentencia del tribunal constitucional más polémica en el desarrollo


del concepto de fumus boni iuris ha sido la 0139-2002/HC de 29 de enero,
(Caso «Bedoya de Vivanco»), en la que se afirma:

(…) En el caso de autos, al peticionario se le acusa de haber participado


en el delito doloso de peculado, por lo que, para que proceda la detención
[prisión preventiva], deben existir suficientes elementos probatorios de ese
delito, y de su participación en él. Sin embargo, durante la actuación de las
pruebas, apareció información que disminuye el grado de certeza de las
pruebas existentes en un primer momento. En efecto, tanto el Fiscal
Superior (…), como el juez admiten que no se ha probado si el dinero
recibido por el peticionario provenía de fondos públicos o eran de fuente
privada. La duda nace, porque parece que Vladimiro Montesinos recibía
dinero de ambas fuentes, que confluían en un pozo común. El delito de
peculado, para quedar tipificado, requiere necesariamente, entre otros, el
elemento de la calificación de los fondos utilizados como públicos, no
pudiendo configurarse el tipo penal si se tratase de dinero de fuente
privada: al existir duda razonable en cuanto al origen del dinero recibido
por el peticionario, existe también duda en cuanto a la tipificación del delito
de peculado y por ende, de la incursión del presente caso en los incisos 1)
y 2) del Artículo 135° del Código Procesal Penal, que exigen la comisión de
un delito doloso y una pena mayor de cuatro años para que proceda el
mandato de detención: debe prevalecer, en consecuencia, el principio
constitucional de in dubio pro reo. (…). En consecuencia, se ha vulnerado
el principio del debido proceso, al no meritarse los hechos a la luz de los
alcances del artículo 135º del Código Procesal Penal y del principio
constitucional in dubio pro reo (…).

Se requiere una probabilidad alta de sancionar al individuo a una pena superior


a cuatro años de pena privativa de libertad, lo que siempre acarrea un
pronóstico. El Tribunal Constitucional no ha dudado en sostener que el peligro

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procesal es el elemento más importante para valorar la aplicación de la prisión


cautelar de libertad. Así afirma que:

(…) el principal elemento a considerarse en el dictado de [una] medida


cautelar debe ser el peligro procesal que comporte que el procesado ejerza
plenamente su libertad locomotora, en relación con el interés general de la
sociedad para reprimir conductas consideradas como reprochables
jurídicamente. (…) [SSTC N.° 1091-2002-HC/TC, de 12 de agosto (Caso
«Silva Checa»); 1565- 2002-HC/TC, de 5 de agosto (Caso «Chumpitaz
González»); y, 376-2003- HC/TC, de 7 de abril (Caso «Bozzo Rotondo»)].

En sentido idéntico se pronuncia la STC 0791-2002/ HC, de 21 de junio: (Caso


«Riggs Brousseau»). Además añade lo siguiente:

(…) La inexistencia de un indicio razonable en torno a la perturbación de la


investigación judicial o a la evasión de la justicia por parte del procesado,
terminan convirtiendo el dictado o el mantenimiento de la detención judicial
preventiva [prisión preventiva] en arbitrario, por no encontrarse
razonablemente justificado (…).

En otras sentencias también intentan precisar el contenido del concepto de


peligro procesal. Así, sostienen:

(…) En particular, el peligro de que el procesado no interferirá u


obstaculizará la investigación judicial o evadirá la acción de la justicia.
Tales fines deben ser evaluados en conexión con distintos elementos que,
antes y durante el desarrollo del proceso, puedan presentarse y, en forma
significativa, con los valores morales del procesado, su ocupación, bienes
que posee, vínculos familiares y otros que, razonablemente, le impidan
ocultarse o salir del país o sustraerse a una posible sentencia prolongada
(…). [SSTC 1091-2002-HC/TC, de 12 de agosto (Caso «Silva Checa»);
1565-2002-HC/TC, de 5 de agosto (Caso «Chumpitaz González»); y, 376-
2003-HC/TC, de 7 de abril (Caso «Bozzo Rotondo»)].

En este sentido, el Tribunal constitucional desarrolla los elementos que a su


juicio deben ser evaluados antes y durante el desarrollo del proceso para

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determinar la existencia del peligro procesal. Concretamente, menciona 1) los


valores morales del procesado, 2) su ocupación, 3) los bienes que posee, 4) los
vínculos familiares, y 5) otros elementos que impidan ocultarse, salir del país o
sustraerse de una sentencia prolongada.

Lo primero que debe apuntarse es que el TC no los enuncia en una formula


taxativa («en forma significativa»), sino que insiste en que, siempre que sean
racionales, existe un ámbito de discrecionalidad del juzgador para elegir los
elementos que a su juicio confirman la existencia de un peligro de fuga u
obstaculización.

CAPITULO II

ANALISIS DE LA CASACION N° 01-2007 HUARA

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2.1. Descripción de los hechos


En primera instancia; el Fiscal Provincial de Huaura requirió, al Juez de
Investigación Preparatoria, la medida de coerción personal de prisión
preventiva contra Jimmy Cavero Ramírez, Margarita Ramírez Ramos y Anyela
Cavero Ramírez, el primero por el delito de secuestro y violación a menor de
edad y las dos últimas por el delito de falsedad en juicio en agravio del Estado.
La audiencia se llevó a cabo sin la concurrencia de los imputados y sin haberse
dictado el mandato de detención preliminar a las encausados, al imputado
Jimmy Cavero no se le dicto dicho mandato. Por lo tanto, se declaró infundado
el requerimiento del fiscal, el cual apelo y aceptaron dichas impugnaciones.
En segunda instancia; se realizó la audiencia de apelación, con la asistencia
del fiscal superior, el abogado defensor de oficio del imputado, donde se
declara inadmisible la apelación. Revocando la resolución del Juez de
Investigación Preparatoria, donde declaran infundada el pedido del Fiscal,
ahora es declarada improcedente. Pudiendo el Fiscal requerir prisión
preventiva con el emplazamiento oportuno a las partes.
La Fiscal Adjunta Superior interpone recurso de casación, sustentando dos
motivos: Errónea interpretación de la ley penal y defecto de logicidad,
corriéndose traslado a las partes. La Sala Suprema solo admitió a trámite el
primero de los motivos y declarando inadmisible el segundo motivo.

2.2. Descripción de los fundamentos de derecho

Art. 264 del NCPP: Para que el Fiscal requiera prisión preventiva el imputado
debe encontrarse detenido, en flagrancia por la Policía, arresto ciudadano o
preliminarmente por orden judicial.
En el presente caso, el imputado esta con mandato de detención preliminar,
pero esta no se efectivizo y es por eso que este fuga al extranjero.
Art. 261 del NCPP: Cuando el imputado se niege a estar presente en la
audiencia será representado por su abogado defensor o de oficio, es decir que
el imputado debe de encontrarse detenido y en estas circunstancias negarse a
asistir.

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En la audiencia de primera instancia, no asistieron los imputados pero si sus


abogados, en la audiencia de apelación fueron los abogados de los imputados,
mas no ellos.
Art. 268 del NCPP: Presupuestos de la prisión preventiva, en el caso se debe
probar la existencia del presupuesto uno, del dos de dicho artículo, sin
embargo no puede probarse judicialmente.

2.3. Descripción del proceso

En cuanto la descripción del proceso, este se inicia mediante el pedido de la


señora fiscal adjunta superior de Huaura, y es admitido el 17 de mayo del año
2007, en la cual la Corte suprema emite el primer auto de calificación del
recurso de casación.

La recurrente interpone recurso de casación invocando las causales previstas


en el artículo 429° numeral 3 y 4 del Código procesal penal

(…)

3.- Infracción de ley; y

4.- Manifiesta ilogicidad de la motivación del auto


recurrido.

Sin embargo, la Corte suprema, desestimo ambas modalidades. Sobre el


pedido mismo del recurso de casación a fin de que se deje sin efecto la
resolución cuestionada, la suprema manifestó que dicha resolución era
IMPUGNABLE EN CASACION, toda vez que un auto expedido en
APELACIÓN POR LA SALA PENAL SUPERIOR que se pronuncia sobre una
medida coercitiva personal, no se trata de una resolución que ponga fin al
procedimiento penal y por ende tampoco causa un gravamen irreparable, en
tanto que no resuelve sobre el objeto procesal.

En tanto la causal de INFRACCION DE LA LEY, esta no cabría en el presente


caso, porque la impugnación no está enderezada a cuestionar una errónea

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interpretación de la ley penal material, causante de anulación judicial, sino más


bien a denunciar la inobservancia de una norma procesal penal, como son
los preceptos sobre prisión preventiva

Respecto del segundo motivo invocado, MANIFIESTA ILOGICIDAD DE LA


MOTIVACIÓN DEL AUTO RECURRIDO, se pronuncia la corte que esa causal,
sólo procede respecto de la valoración de la prueba, pues es un control externo
de la exigencia de motivación racional de la prueba, es decir, su finalidad es
controlar el sentido lógico mediante el cual el juez arribo a la decisión; por lo
que no cabe extenderla al examen de las normas jurídico procesales, a cuyo
efecto el cauce idóneo, es el de “indebida aplicación, errónea interpretación o
una falta de aplicación” de la norma procesal.

Por lo antes dicho, la Corte Suprema pudo declarar INADMISIBLE el recurso


planteado, no obstante, haciendo uso de la facultad que le concede el
apartado 4 del artículo 427º del citado Código, que le permite
excepcionalmente admitir el recurso cuando la Corte Suprema,
discrecionalmente lo considere necesario para el desarrollo de la doctrina
jurisprudencial, lo admitió a trámite

Posteriormente, se llevó a cabo a cabo la audiencia y se emitió sentencia el día


26 de julio del año 2007, en donde se dejaron claro los parámetros adecuados
a la aplicación de la medida de coerción personal, llámese prisión preventiva.

Se determinó que el objeto procesal del recurso de casación es la procedencia


del mandato de prisión preventiva, (tema que será analizada más adelante), y
que sobre ello se llevó a cabo el recurso de casación.

2.4. OBJETO DE LA CONTROVERSIA

La institución jurídica en controversia es la prisión preventiva, siendo el


fundamento para el recurso de casación la inobservancia de la norma procesal
(Inciso 2 del Articulo N°429 del Código Procesal Penal) sobre los artículos
siguientes:

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Inciso 2 del artículo 264 del CPP


La detención policial de oficio o la detención preliminar sólo durará un
plazo de veinticuatro horas, a cuyo término el Fiscal decidirá si ordena
la libertad del detenido o si, comunicando al Juez de la Investigación
Preparatoria la continuación de las investigaciones, solicita la prisión
preventiva u otra medida alternativa.

Artículo 268 del CPP


El juez, a solicitud del Ministerio Público, podrá dictar mandato de
prisión preventiva, si atendiendo a los primeros recaudos sea posible
determinar la concurrencia de los siguientes presupuestos: a) Que
existen fundados y graves elementos de convicción para estimar
razonablemente la comisión de un delito que vincule al imputado
como autor o partícipe del mismo. b) Que la sanción a imponerse sea
superior a cuatro años de pena privativa de libertad; y c) Que el
imputado, en razón a sus antecedentes y otras circunstancias del
caso particular, permita colegir razonablemente que tratará de eludir la
acción de la justicia (peligro de fuga) u obstaculizar la averiguación de
la verdad (peligro de obstaculización

Inciso 2 del artículo 271 del CPP


Rige en lo pertinente, para el trámite de la audiencia lo dispuesto en el
artículo 8°, pero la resolución debe ser pronunciada en la audiencia
sin necesidad de postergación alguna. El Juez de la Investigación
Preparatoria incurre en responsabilidad funcional si no realiza la
audiencia dentro del plazo legal. El Fiscal y el abogado defensor
serán sancionados disciplinariamente si por su causa se frustra la
audiencia. Si el imputado se niega por cualquier motivo a estar
presente en la audiencia, será representado por su abogado o el
defensor de oficio, según sea el caso. En este último supuesto deberá
ser notificado con la resolución que se expida dentro de las cuarenta y
ocho horas siguientes a la conclusión de la audiencia.

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Sobre los artículos antes señalados, la controversia versa específicamente en


los siguientes puntos: a) si es necesario que previamente al requerimiento de
prisión preventiva se haya solicitado y obtenido un mandato de detención
preliminar; b) si como presupuesto material de la prisión preventiva se
encuentra que el sujeto debe estar sujeto a alguna medida de detención; c) si
como presupuesto para la audiencia de prisión preventiva se requiere la
presencia del imputado o en su defecto de negarse debe encontrarse detenido

2.5. Razonamiento del tribunal

En la sentencia analizada la Corte Suprema desarrolla las instituciones de las


medidas de coerción personal (detención preliminar y prisión preventiva),
sosteniendo:

Que, no constituye presupuesto material de la prisión preventiva, que el


imputado se encuentre sujeto a la medida provisionalísima de detención.
Exigiéndose solo que esta medida provisional tenga lugar en los ámbitos de
una investigación preparatoria formal, es decir, que se haya dictado la
formalización y continuación de la investigación preparatoria a que hace
referencia el artículo 336° del código procesal.

Por consiguiente el imputado contra quien se solicita mandato de prisión


preventiva puede encontrarse en muy diversas situaciones procesales.
Pudiendo estar detenido policialmente, en flagrancia delictiva, por arresto
ciudadano o preliminarmente por orden judicial. Asimismo puede encontrarse
en la situación de no habido o sin medida coercitiva personal alguna porque el
Fiscal no la solicitó ante el Juez de la investigación preparatoria, sea por la
razón que fuere.

Asimismo, no es imprescindible para decretar la prisión preventiva y condición


para su imposición, que previamente se haya dictado y ejecutado la medida de
detención, de suerte que si ésta no tiene lugar, porque no se efectivizó o se
desestimó, es posible solicitar aquélla y concederla.

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La detención, si bien es una privación de libertad provisionalísima –


caracterizada por su brevedad y su limitación temporal – de naturaleza
estrictamente cautelar – evita la posibilidad de fuga o elusión de los efectos de
la justicia – y dispuesta por la Policía o por el Juez de la Investigación
Preparatoria, cuya función es tanto asegurar a la persona del imputado cuanto
garantizar la futura aplicación del ius puniendi mediante la realización inmediata
de actos de investigación urgentes o inaplazables, no es, en principio, una
medida necesaria o imprescindible para que se dicte, ulteriormente, mandato
de prisión preventiva.

Por ello, está medida cautelar personal y provisionalísima será o no necesaria


según las características y entidad del caso concreto y su pedido judicial –
detención preliminar y de ser el caso, ulterior con aplicación extensiva, a que
hace referencia el artículo 266° del Nuevo Código Procesal Penal –
corresponderá exclusivamente a la estrategia y planteamiento de la
investigación que el Fiscal decida. La audiencia de prisión preventiva, regulada
por los apartados uno y dos del artículo 271° del Nuevo Código Procesal Penal,
prevé varias exigencias para que pueda emitirse válidamente un mandato de
prisión preventiva o, alternativamente comparecencia restrictiva o simple.

Además, el tribunal razona en el sentido de que siendo particularmente


importante, a todos los efectos, la regla incorporada en el penúltimo extremo
del apartado dos del examinado artículo 271°: Si el imputado se niega por
cualquier motivo a estar presente en la audiencia, será representado por su
abogado o el defensor de oficio, según sea el caso.

No siendo, absoluta la necesidad de presencia del imputado en la Audiencia de


prisión preventiva; no obstante si lo es su debida citación en su domicilio real o
procesal o su conducción al juzgado cuando esté debidamente detenido,
cumpliéndose así el principio de contradicción y se hace efectiva la garantía de
tutela jurisdiccional, en cuanto al acceso al proceso y se afirma a su vez la
garantía de defensa procesal.

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Si el imputado se niega a asistir, sea porque huyó, porque no es habido o


porque, sencillamente no quiere hacerlo, la audiencia se lleva a cabo con la
representación técnica del abogado defensor, de confianza o de oficio.

Por tanto, el Tribunal de Alzada, al igual que el Juez de la Investigación


Preparatoria, inobservaron las exigencias establecidas por el artículo 268° del
Nuevo Código Procesal Penal y tergiversaron los alcances de los artículos 261°
y 264° del mismo Código en relación con la norma anteriormente citada (el
Tribunal de Apelación, incluso, asumió la existencia de un presupuesto formal
del pedido de prisión preventiva: el previo mandato ejecutado de detención
preliminar, sin base legal que lo ampare).

Sobre esa consideración, el Juez de la investigación preparatoria limitó


indebidamente el ámbito de la audiencia de prisión preventiva y no decidió
sobre el fondo del asunto, sin dar pie además, pese a ser el objeto central de la
misma, a un debate oral sobre el mérito del requerimiento fiscal. Por ello, la
estimación del recurso de casación solo trae consigo un juicio rescindente,
ordenando su reenvió.

2.6. A modo de conclusión

Que el razonamiento del Tribunal de Alzada, así como del Juez de


Investigación preparatoria se encontraba enfocado en trazar una vinculación
estricta entre detención y esta figura en controversia.

Desde esta perspectiva se origina un concepto sobre la necesidad


imprescindible de la medida de detención para la aparición de la prisión
preventiva, la cual dicho forma de pensamiento llega a ser equivoco. Puesto
que se menciona “La detención, si bien es una privación de libertad
provisionalísima (…) de naturaleza estrictamente cautelar y dispuesta por la
policía o por el Juez de la Investigación Preparatoria, cuya función es tanto
asegurar a la persona del imputado cuanto garantizar la futura aplicación del

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ius puniendi mediante la realización inmediata de actos de investigación


urgentes o inaplazables, NO ES en principio una medida necesaria o
imprescindible para que se dicte, ulteriormente, mandado de prisión
preventiva”.

La cual, siguiendo estos parámetros, dicha medida cautelar será necesaria


según las características del caso concreto y su pedido judicial debe estar
ligada a la estrategia el planteamiento de la investigación dada en dicho caso.

Un punto a mencionar, es respecto a lo dicho en dicha casación “No es pues


absoluta la necesidad de presencia del imputado en la audiencia de prisión
preventiva, es si necesaria su debida citación en su domicilio real o procesal o
su conducción al Juzgado cuando este efectivamente detenido. Si el
IMPUTADO se niega a asistir, sea porque huyo, porque no es habido, o porque
sencillamente no quiere hacerlo, la audiencia se lleva a cabo con la
representación técnica del abogado defensor, de confianza o de oficio

En conclusión, el error cometido por el Juez de la Investigación preparatoria así


como del Tribunal de Alzada, fue la inobservancia de las exigencias
establecidas por el artículo 268 del NCPP y tergiversaron los alcances de los
artículos 261 del NCPP 264 del NCPP. La cual simplemente se limitaron y
obviaron decidir sobre el fondo del asunto, sobre los temas más
indispensables.

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CONCLUSIONES

1. Las medidas de coerción personal, son medios de naturaleza


provisional para asegurar los fines del proceso penal, duración
está en función del peligro procesal, pudiendo recurrir al empleo de
la fuerza pública.
2. Los principios de las medidas de coerción personal nos ayudan a
determinar los parámetros por las cuales debe regir cualquier
medida cautelar que involucre a la persona humana, y estos
debido a su carácter de obligatoriedad deben cumplirse en
conjunto.
3. La prisión preventiva, por su propia naturaleza es una medida que
origina diversos debates, referentes al contacto que puede o no,
tener con ciertos derechos. Puesto que existe cierta parte de la
doctrina que sostiene; dicha medida no confronta ningún Derecho
Fundamental (ligado al derecho de la Libertad y libre tránsito),

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empero la comunidad jurídica contraria opina que si agrava


relativamente ciertos derechos del individuo.
4. La Sala Penal Permanente, aclara que para realizar el
requerimiento de prisión preventiva, no es un presupuesto
necesario que la Fiscalía haya solicitado y obtenido un mandato de
una medida de detención para el imputado, es decir, el imputado
puede o no estar detenido, eso no impide el pedido de prisión
preventiva.
5. Podemos concluir también que, en la figura de Prisión Preventiva,
es necesario que el juez, a solicitud del Ministerio Público, podrá
dictar mandato de prisión preventiva, si existen fundados y graves
elementos de convicción para estimar razonablemente la comisión
de un delito, que la sanción a imponerse sea superior a cuatro
años de pena privativa de libertad; y que el imputado, en razón a
sus antecedentes y otras circunstancias del caso particular,
permita colegir razonablemente que tratará de eludir la acción de la
justicia (peligro de fuga o peligro de obstaculización)

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BIBLIOGRAFIA

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