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EL HÍGADO

El hígado es el órgano interno más grande del cuerpo llegando a pesar en un adulto kilo y
medio. Está formado de dos lóbulos principales de los cuales el derecho es más grande
que el izquierdo. El color café rojizo de este órgano se debe a la cápsula de tejido conectivo
que lo cubre. (Martín & Victoria, 2005)
Al hígado llega la vena portal, la cual transporta los compuestos absorbidos en el intestino
y en el estómago, incluyendo las substancias que podrían causar toxicidad. Al hígado
también llega la arteria hepática, la cual transporta hasta un 25% del gasto cardiaco y se
encarga de oxigenar todos los tejidos del hígado. Del hígado salen vasos linfáticos y dos
ductos biliares (uno de cada lóbulo). Los dos ductos biliares se unen entre sí para luego
unirse al ducto cístico que sale de la vesícula biliar, entonces forman un solo conducto que
viaja hasta el duodeno del intestino delgado, donde descarga la bilis producida. (Moscoso,
2013)
La unidad funcional del hígado está formada por tres vasos (la vena portal, la arteria
hepática y el ducto biliar) y los hepatocitos que los rodean. Los vasos van
del Espacio Periportal (EP) al Area Centrolobular (AC). En el EP existe una mayor
concentración de oxígeno, por lo que las substancias que se bioactivan por medio de
oxigenación son más peligrosas en esta área. En el AC la concentración de oxígeno es
menor y como la concentración de citocromo P-450 es alta, existen las condiciones para
que se presenten reacciones de reducción catalizadas por esta enzima. Las substancias
que se bioactiven en estas condiciones pueden producir daño en esta región. Un ejemplo
es el CCl4 que es tóxico en esta área. (Manuel, 1997)
El hígado está muy propenso a sufrir daños por la exposición a tóxicos debido a que los
dos sistemas circulatorios pueden llevar hasta al hígado substancias tóxicas o que se
vuelven tóxicas con las transformaciones que tienen lugar en este órgano (bioactivación).
(Moscoso, 2013)
Para realizar sus funciones, el hígado cuenta con una gran cantidad de enzimas con
funciones oxidativas y reductivas, entre las cuales se encuentran el sistema del citocromo
de la proteína 450 (P-450), flavin-monooxigenasas, peroxidasas, hidroxilasas, esterasas y
amidasas. Otras enzimas también presentes son las glucuroniltransferasas, las
sulfotransferasas, metilasas, acetiltransferasas, tioltransferasas. Todas estas enzimas
tienen gran importancia en las biotransformaciones de los tóxicos. (Martín & Victoria, 2005)
En algunas ocasiones el incremento del tiempo de residencia del tóxico en el organismo,
producido por ciclo enterohepático, favorece la generación de respuestas tóxicas, incluso
hepatotóxicas. (Peña, Carter, & Ayala-Fierro, 2004)
Son varios los factores que predisponen al hígado a sufrir toxicidad, entre ellos los
siguientes:
-Recibe una gran cantidad de sangre la cual puede ser portadora de tóxicos, sobre todo la
vena portal que transporta los materiales absorbidos en el tracto gastrointestinal (vía de
ingreso de los tóxicos que penetran al organismo por vía oral).
-Una gran capacidad de biotransformación y diversas concentraciones de oxígeno permiten
que en el hígado tengan lugar, tanto reacciones de reducción como de oxidación de
diversos substratos entre ellos, los xenobióticos que llegan a él.
-Tener una función excretora que hace que se concentren tóxicos dentro de este órgano.
(Peña, Carter, & Ayala-Fierro, 2004)
La combinación de estos factores expone al hígado a la toxicidad causada por una serie de
sustancias, entre ellas los contaminantes ambientales.
BIBLIOGRAFÍA

Bibliografía
Manuel, R. (1997). Toxicología Fundamental. Madrid.

Martín, L., & Victoria, S. M. (2005). Atlas Práctico de Histología. Sevilla.

Moscoso, E. (julio de 2013). Toxicología del hígado y sistema biliar. Obtenido de


https://es.scribd.com/presentation/152117468/Toxicologia-de-Higado-y-Sistema-Biliar

Peña, C. E., Carter, D. E., & Ayala-Fierro, F. (marzo de 2004). The University of Arizona, Center for
Toxicology. Obtenido de http://toxamb.pharmacy.arizona.edu/index.html