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Alum.

: Aldhair Alvarez Guido


Prof.: Frank Rodriguez
Curso: Filosofía del lenguaje
Universidad Nacional Federico Villarreal

DEL CONOCIMIENTO DEL MUNDO

Sumilla: El presente ensayo pretende aportar a la concepción de Bertrand Russell de que no


se pueden conocer los hechos, sino las proposiciones. Como antecedente se busca precisar
aquella sentencia que derivaría en la problemática del conocimiento del mundo y sus
representaciones, luego se plantea aclarar la pregunta por el conocer y, ya que se encuentra
que el problema del conocimiento de las cosas se origina -en muchas ocasiones- por su poca
precisión, se busca establecer definiciones que abarquen su concepción (de Russell) y trabajar
a partir de allí para luego refutarlo exponiendo un caso originario sobre el darse de los hechos
en el humano que confirmaría que las proposiciones no son lo único que se puede conocer,
sino el mundo mismo y su representación en conjunto.
En Russell se deja entrever en su teoría del conocimiento -específicamente en su
Filosofía del Atomismo lógico- la concepción de que no se pueden conocer los hechos, sino
las proposiciones. Esto pues se entiende que, al interactuar con la realidad, lo que entendemos
por ella es un conjunto de enunciados sobre ella. Por ejemplo, al ver que Javier abraza a
Flavia, lo que conocemos no es la realidad misma de Javier abrazando a Flavia, sino que la
realidad se encuentra diseccionada por nosotros en el elemento Javier, el elemento abrazar
y el elemento Flavia; es decir, que solo conocemos la realidad en tanto que proposición que
refiere al hecho, pues si no conociéramos cada elemento, ni quien es Javier, ni qué es abrazar,
ni quién es Flavia, y estamos presentes ante tal hecho, percibiríamos algo que no podríamos
entender.

Ya que el título del presente ensayo reza Del conocimiento del mundo, conviene
iniciar señalando lo que se entiende por mundo. Mundo, para esta ocasión, es el conjunto de
hechos, y hechos son pertenecientes al mundo objetivo en tanto cosa que ocurre o sucede.
Partiendo de esta concepción, cada ente es parte de un hecho - desde los humanos hasta las
cosas- y este hecho sería una partícula del mundo y no sus entes; esto debido a que en el caso
del humano, se diría, es imposible concebirlo no-siendo, el humano se encuentra siendo y
estando en todo momento, v.g. no se podría concebir a un Manuel sin algo que lo predique
como corriendo, jugando, saltando, descansando, feliz, caminando, sonrojado, etc.; todo
humano está siendo o estando aún si su estado es el de reposo o el de hacer nada. Para el caso
de las cosas es semejante, pero con ciertas limitaciones en cuanto a verbos, v.g. El pupitre
está en el salón, el borrador es azul, etc., todos estos ejemplos cumplen con el estando/siendo
de las cosas, y aún si uno se imaginara un mundo en el que el humano ha desaparecido, las
cosas seguirían siendo/estando, pues no se necesita del humano para que La palmera está
rodeada de vallas sea algo de hecho, o que el borrador siga siendo de color azul, las cosas
siguen sucediendo en el tiempo debido a la misma existencia de la temporalidad, que es
independiente de todo humano.

En cuanto a las proposiciones, estas se entienden como enunciados o expresión verbal


de un juicio. Un enunciado es una emisión lingüística que tiene por propósito comunicar algo.
Una emisión lingüística es lo que se dice. Todo lo que se dice se da mediante palabras, y las
palabras son representaciones. Representaciones que, como tal, reflejan algo de la realidad.
Por lo tanto, la concepción de que no se pueden conocer los hechos, sino las
proposiciones, es un no se puede conocer el mundo, sino sus representaciones.

Habiendo esclarecido la sentencia de Russell, conviene explicitar la pregunta por el


conocer del mundo. Con ¿conocemos el mundo? ¿se referiere a si se puede conocer la
totalidad del mundo? o si ¿se pueden conocer elementos pertenecientes al mundo? o si ¿se
tiene algún contacto real que permita el conocimiento con la realidad misma? La primera
pregunta será evadida para el presente caso, para centrarse en la segunda y luego en la tercera.

No se puede hablar de un conocer el mundo sin antes hacerse la pregunta ¿Qué se


entiende por conocer? Se delimitirá conocer partiendo de lo referido en el Diccionario de
Filosofía de Ferrater Mora como,

“(…) fenomenológicamente hablando, "aprehender", es decir, el acto por el cual un


sujeto aprehende un objeto. Al aprehender el objeto éste está de alguna manera ‘en’
el sujeto. No está en él, sin embargo, ni física ni metafísicamente: está en él sólo
‘representativamente’".1 (p. 340)

Según la Real Academia Española (p. 267) desde su edición de 1914 hasta la
actualidad, mantiene el concepto de conocer como “Averiguar, por el ejercicio de las
facultades intelectuales, la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas”2. Este concepto,
puede tomarse como un agregado al de Ferrater Mora y ser, quizás, el más preciso.

El aprehender como tal requiere que se represente en el sujeto el ente que percibe, ese
representarse supone dirigir la atención al ente en cuestión y tener una idea clara del mismo.
Se podría, por tal razón, designar dos niveles del aprehender y un aprehender de
característica distinta, a saber:

 Pre-aprehensión: Es la primera percepción del ente, el primer


momento en que se tiene noticia del ente. Se puede dar de dos maneras: percibida
mediante los sentidos o, mediante su representación por escrito u oralmente sin
presencia del ente (para el caso de las imágenes de países o de lugares, etc., esta sería

1
Ferrater, J. (Ed.). (1979). Diccionario de Filosofía (7ª ed.). Madrid, España: Alianza Editorial.
2
Real Academia Española (Ed.). (1914). Diccionario de la Lengua Castellana (14ª ed.). Madrid, España:
Imprenta de los Sucesores de Hernando.
la representación, más no una percepción directa, por lo que seguiría siendo una
aprehensión primaria). No hay que confundir esto con el mero percibir de las cosas,
en todo momento nos encontramos percibiendo algo, pero en este caso, el proceso
importante es el de fijar la atención a lo percibido, representárselo.
 Aprehensión suficiente: es el conocimiento en el que el sujeto
aprehende algún ente por su representación y su percepción sensorial directa. No
basta con que se sepa el nombre del ente, en definitiva, supone saber lo que es, para
qué es y cómo es, todo en una unidad. En este nivel de aprehensión se situaría al
conocer de los entes.
 Aprehensión profunda: es el estudio especializado sobre determinados
entes, v. g. la biología, robótica, química, astronomía, matemáticas, etc.

Ante la cuestión de si conocemos las representaciones o el mundo mismo -cabe


recalcar que por mundo se entiende el conjunto de todos los hechos no en tanto que totalidad,
sino en tanto que hechos cualquiera que suceden-, se ha vislumbrado la respuesta en la
aprehensión suficiente, y de paso -con ella- se ha respondido, en parte, la tercera pregunta.
Cualquiera que sentencie que no hay interacción entre el sujeto y la realidad, o que esta
interacción es mediata por la mediación de la representación de la realidad, debería situarse
en casos forzosos que logren reforzar sus afirmaciones. Es de total obviedad que, si a alguien
se le asesta un golpe, percibirá inmediatamente el dolor, sabrá que hay algo que le produjo
dolor: el golpe. Nadie, bajo tales circunstancias, pensaría primero que lo que sucedió fue una
representación de la realidad, es decir, que el golpe fue mera representación. Esa realidad es
totalmente viva, y el sujeto afectado lo ha vivido y se percata que hay una realidad que puede
perjudicarle y no solo representaciones de ella. Y para reforzar la idea, cabe situarse en un
momento histórico en que el humano no poseía lenguaje o no lo había desarrollado aún, por
tanto, no poseía representaciones (quizás sí, representaciones mentales, pero se trata, aquí,
de representaciones lingüísticas): la sociedad primitiva. El humano de esta sociedad, sin
representaciones, se encontró arrojado al mundo a su suerte, tuvo que lidiar con una
naturaleza de la cual no tenía conocimiento de su funcionamiento. Este humano empezó a
conocer el mundo no mediante representaciones, sino mediante el vivir diario y sus
experiencias. Hubo animales salvajes que podían atacar al humano, y este tuvo que aprender
que, ante el ataque, era necesario defenderse; tuvo que aprender que el ente llamado piedra
al ser lanzada contra el animal, producía la muerte de este y su posterior no-ataque hacia el
humano. Todas estas palabras resaltadas en cursiva, como términos tales no las conocía el
humano de aquella época, solo vivía y experimentaba, y se percataba que habían ciertas
acciones que llevaban a determinadas consecuencias, quizás -especulando- es la manera en
cómo se forma la lógica en el ser humano, por experiencia, por asociación; y no hay que
confundir esto como si se atribuyera refuerzo a la concepción de la predisposición lógica del
ser humano, sino que, todo ser humano desde su nacimiento, conforme crece, va asociando
las cosas formando su pensamiento lógico por pura experiencia y no como una propiedad
innata -entiéndase mi posición contraria a una predisposición lógica del humano. Este
humano sin representaciones, conforme avanza el tiempo, elaboró el lenguaje por puras
cuestiones prácticas, pues para ello existe el lenguaje, para serle práctico al humano.
Partiendo de esta aseveración, habrían necesitado nombrar los objetos que usaban y describir
lo que percibían, además de comunicarlo. Es así como la piedra se volvió piedra, el ataque
se volvió ataque, la muerte se volvió muerte, etc.

Con este ejemplo se refuerza la idea que el humano no solo conoce las
representaciones del mundo, sino que, en efecto, desde el momento en que interactúa con lo
que le rodea y lo hace suyo, lo representa, está conociéndolo.