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Música de Cuba

La música Música cubana

cubana es la
expresión de
ritmos y
melodías
originales de
la isla de
Cuba, ya
sean estos
autóctonos o
introducidos Concepto: La música cubana es la expresión de ritmos y melodías de la isla de Cuba.
por los colonizadores españoles y las personas esclavizadas africanas, que
arribaron desde el siglo XVI.

En la música cubana, se evidencia una amplia gama de géneros, variantes


y estilos que abarcan desde sus nebulosos orígenes hasta el
reconocimiento universal de que goza hoy en día. Su origen es muy diverso,
debido a que en su integración participaron tanto las etnias indocubanas
como las españolas, ejerciendo estas últimas una mayor influencia, pues
durante el período de la colonización ocurre un proceso de sincretismo
cultural muy significativo como resultado del fenómeno de poblamiento
necesario para el desarrollo político, económico y social del continente
americano. A partir de este choque de culturas y con la inclusión de
pobladores de otros territorios, fundamentalmente de los esclavos
africanos, se fraguan naciones que aportarán posteriormente la nueva
herencia cultural cargada de un híbrido de razas, religiones, idiomas y
nuevas tendencias musicales.

Como todo fenómeno de gestación, la música cubana pasó por varias


etapas, que comienza su curso en los rituales de los primeros pobladores y
da sus siguientes pasos durante el período de colonización, abarcando
desde el siglo XV hasta finales del siglo XIX, donde se precisa destacar el
papel de la cultura española y la africana, las primeras festividades y
representaciones teatrales, los primeros centros de estudios musicales, la
presencia de la mujer en esta manifestación, las figuras representativas, la
evolución de los instrumentos, el surgimiento de el Himno Nacional de
Cuba, la inclinación patriótica de los músicos populares y la vinculación
con los sucesos políticos y sociales acontecidos a lo largo de la historia.
Contenido
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Comunidad aborigen • 1 Comunidad aborigen
• 2 Etapa colonial
• 3 Intervención de la cultura
africana
• 4 Festividades del Corpus
Christi
• 5 Siglos XVIII y XIX
• 5.1 La música ante los procesos
políticos acontecidos
• 5.2 Acontecimientos musicales
• 6 La música en la escena teatral
Muestra de caracoles usados por los aborígenes para
producir música • 7 Presencia de la mujer en la

Con el apoyo de los estudios arqueológicos y las música


• 8 Complejos musicales
narraciones de los cronistas, se ha logrado
desarrollados
conocer la forma de vida de los aborígenes y
• 8.1 Punto
dentro de esta, su desarrollo cultural. La música
• 8.2 Rumba
aborigen era un medio de comunicación mágico-
• 8.3 Danzón
religiosa, con la cual aspiraban a dialogar con • 8.3.1 Orquestas típicas
fuerzas invisibles para facilitar el logro de sus • 8.4 Son
propósitos mágicos, representada a través de • 8.4.1 Guaracha
los areítos, considerados verdaderos rituales que • 8.5 Canción
unificaban toda una serie de manifestaciones • 8.5.1 Bolero

culturales. En testimonios abordados por Fray • 9 Instrumentos musicales

Bartolomé de las Casas en Historia de las Indias, • 9.1 Tambores afrocubanos


se dice que las letras cantadas en los areítos se • 9.2 Conga, tumbadora, bongó y
pailas
referían a relatos de sus tradiciones, la historia de
• 9.3 Maracas
sus orígenes, la sucesión de sus caciques y
• 9.4 Claves, güiro, calabazo,
leyendas sobre sus dioses.
cencerro y botija
• 9.5 Tres
• 10 Inclinación Patriótica de
Músicos Populares Cubanos
Utilizaron instrumentos musicales con elementos naturales que luego eran
perfeccionados entre los cuales se destacan: tambores o mayohuacán,
hechos de madera y sin cuero; guamos o trompetas confeccionados
con caracoles; flautas de canutos o de huesos; maracas; silbatos
y cascabeles que hacían con caracoles univalvos fundamentalmente de la
especie Oliva reticularis. También emplearon las flautas como instrumento
musical de viento. En Arroyo de Palo (Mayarí), los arqueólogos Ernesto
Tabío y José M. Guarch encontraron la única flauta hecha con
un hueso de ave reportada en Cuba, este instrumento fue hallado por un
campesino junto a un enterramiento de un niño aborigen.

Se ha encontrado en la literatura un solo reporte arqueológico que da


cuenta de la existencia de maracas en el ajuar aborigen, es el hecho
por Fernando García y Grave de Peralta. Según narra, se trata de dos
ejemplares confeccionados en madera dura encontrados en la Gran Tierra
Maya, Baracoa, en el oriente cubano. Los aborígenes cubanos debieron
poseer silbatos confeccionados en huesos o piedra, como se ha
comprobado para los pueblos caribes. En la llamada Cueva del
Puerco (en Caibarién), fue localizado uno de estos instrumentos hecho en
piedra. Lamentablemente poco ha llegado a la actualidad de esas
manifestaciones artísticas. Con el exterminio de la población aborigen,
pereció parte de su cultura, aunque gracias a los adelantos científicos y
alguna que otra leyenda narrada de generación en generación, ha sido
posible desenterrar muchos de sus misterios espirituales y materiales que
aclaran la interrogante de si existió o no un ambiente musical en
la comunidad primitiva.
Etapa colonial
Con la llegada de los españoles a Cuba se produce el nombrado choque
entre dos culturas, la indígena y la ibérica, provocando la mezcla de
diversos elementos que conformaron un verdadero mosaico étnico y
cultural en la isla. Durante los siglos XV y XVI predomina la [[Música
Eclesiástica|música eclesiástica, junto a la música popular extremeña,
canaria, andaluza y castellana descendiente del romancero y la tradición
Guanche, con el uso de instrumentos como el laúd y la guitarra. También
llega la música militar, acompañada por tambores y flautas.

Vinculada al culto católico, credo establecido en Cuba a partir de la


conquista y colonización de la Isla, la música encontró en la Iglesia la
institución que preservaría para el futuro las primeras pruebas
documentales de actividad creativa autóctona en esta manifestación
artística. La música era un monopolio casi exclusivo de la Iglesia Católica;
esta representaba el único centro de trabajo de carácter permanente para
laborarla profesionalmente, institucionalizando los estudios e
introduciendo instrumentos y formas musicales de una gran complejidad,
aunque sin preocuparse mucho por transcribir musicalmente los cantos
indígenas con propósitos de preservación.

A principios del siglo XVI, la villa de Santiago de Cuba se convirtió en un


punto de entrada de nuestros colonizadores, y además en un trampolín para
la conquista de otras tierras. Venían músicos que seguían rumbo a otros
parajes, pero dejaban huellas a su paso. A mediados de siglo, esta villa ya
contaba con su catedral y con un órgano ejecutado por el primer músico
notable que se conoció en la isla, nacido en Santiago: Miguel Velázquez,
quien había estudiado música en España. En 1544 asume la
responsabilidad de canónigo de la catedral; al mismo tiempo, trasmite sus
conocimientos a la población. Según la historia, ya a finales del siglo XVI
existía en esta comunidad el primer conjunto de instrumentos que
tenía pífanos, viola y violín y que amenizaban las actividades dentro de la
iglesia, así como las fiestas populares.

La división del gobierno de la Colonia entre dos autoridades, en 1607,


permite algo más de atención a la parte oriental de la Isla, y cierta
atención a la música. Aparece allí como organista, en 1622, un Juan de
Mesa Borges, seguido en 1632 de un Juan de Zabaleta y en 1646 por
un Fernando de Espinosa. En 1655 la Catedral de Santiago carece de libros
de canto llano y se comisiona a alguien para traerlos de México. La
importancia que por estos años ha ido adquiriendo la Capital de la Colonia
hizo intrigar al clero para lograr el traslado de la Catedral a La Habana. Con
el crecimiento de La Habana, transformándose de aldea marinera en
pequeña ciudad, se propició una mayor atención a las ceremonias del
culto. Con lo cual el factor religioso aunque en pequeña escala, intervino
en el incipiente desarrollo de la música, con las actividades realizadas en
ese sentido en la Parroquial Mayor, principalmente.

Los siglos XVI y XVII resultaron centurias de gestación para la nación


cubana; pero ya en 1722 surge en Santiago de Cuba el Colegio San Basilio
El Magno y en 1728, la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de
La Habana. El Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San
Ambrosio queda abierto en 1773. El Seminario San Basilio Magno inició con
solo dos cátedras: gramática latina y canto eclesiástico. La enseñanza fue
atrasada, escolástica y limitada, realidades que no le quitan el mérito de
ser la primera institución de enseñanza superior de la Isla, donde
ejercerían el magisterio figuras de gran relevancia en la historia de
la cultura cubana como Esteban Salas, padre de la música cubana.
Las tradiciones del canto coral se desarrollaron a través de la práctica del
canto de iglesia: motetes, cánticos e historias sagradas. El órgano está
presente en la música sagrada, pero también el arpa, el fagot, la viola, y el
violín. Las iglesias se vuelven verdaderas salas de concierto donde además
de la música europea se escuchan también composiciones de maestros
cubanos. El ejemplo de Esteban Salas y Castro, director de la capilla de
música de la catedral de Santiago de Cuba, es significativo. Él compone
música litúrgica (misas, réquiems, letanías, salmos pasionarias), pero
también temas cantados en español, lo que es rarísimo en la época en el
marco religioso: poemas pastorales, villancicos, y diversos cantos a varias
voces. Además de los instrumentos ya citados él utiliza el bajo continuo, la
flauta, el oboe y el corno.

Intervención de la cultura africana


Tras la aniquilación parcial de la población indígena, los españoles
comienzan a implementar en Cuba el fenómeno de la esclavitud, traficando
esclavos de diferentes zonas del continente africano. Los colonizadores, en
su mayoría hombres, se mezclaron con aborígenes, con africanas y con la
escasa inmigración femenina española. De estas uniones surgen las
primeras generaciones de criollos. Junto con el poblamiento y
colonización, entraron en Cuba elementos musicales y literarios derivados
de un proceso de transculturación. Las relaciones de trabajo, la
dependencia de un grupo numeroso de dominados por el sector dirigente
no fue óbice para que se estableciera una interrelación cultural, una
transculturación continuada por la cual los negros, esclavos o libertos,
asumieron muchos oficios de los blancos, entre ellos el de músicos, y que
de inmediato asimilaran instrumentos, formas de tañerlos, géneros
musicales, danzas, a las cuales le imprimieron su propia expresión, por lo
cual pronto serían reconocidos como cubanas.

Inicialmente los bailes y fiestas de los negros eran prohibidos, y si se


permitían era dentro de su cabildo o barracón, pero la influencia de su
música se transculturaba en la sonoridad del tiple que ellos asumían en
sus puntos y zapateos. Las pequeñas orquestas que amenizaban
igualmente los bailes de la alta burguesía oficial, las fiestas de la Iglesia,
el teatro y las fiestas populares también estaban integradas por blancos y
por negros que interpretaban la misma música, con características criollas,
cubanas.

La participación de las mujeres africanas fue muy importante en la


formación de la población cubana, porque durante cuatro siglos
contribuyeron al mestizaje en la Isla. Integraron directamente las fiestas y
ceremonias afrocubanas, bailando sus coreografías y cantando sus
melodías, llamándoseles a estas últimas, clarinas. Al igual que el crisol
cultural de España, África cuenta con un mosaico de pueblos, en ocasiones
coincidiendo con dos influencias culturales afines a España, la árabe y la
judaica. De acuerdo a los historiadores, los aportes africanos en el
Continente Americano dependieron según la entidad colonialista, la
mayoría de ellos procediendo de la zona Occidental. En las colonias
ibéricas predominaron la cultura yoruba de Nigeria y la bantú de Angola y
el Congo.

El negro trasciende la música religiosa, dominando con facilidad la técnica


de los instrumentos o como integrante de un coro, pero no como aficionado
o anónimo, sino como un profesional de la música. A principios del
siglo XVII, la isla de cuba contaba con unos 20.000 habitantes, entre
blancos, negros, indios y mestizos. Es en esta etapa cuando la música en
Cuba se comienza a interpretar por la calle saliendo de los templos.
Comienzan a sonar tambores, sonajas y cantos africanos en las
procesiones.

Festividades del Corpus Christi


Las primeras referencias sobre música y danza de tipo carnavalesco se
presentan en la fiesta de Corpus Christide La Habana de 1622 con una
danza de monos. Los antecedentes del teatro cubano están en estas
festividades, heredadas de la cultura española y en las fiestas religiosas de
los cabildos negros de procedencia africana. Las primeras constituyeron
las celebraciones colectivas de los siglos XVI y XVII para aliviar las
necesidades de diversión de la comunidad. Las segundas eran
espectáculos fantásticos que se realizaban una vez al año, el Día de
Reyes, 6 de enero. Ese día, los negros llenaban las calles de las villas
cubanas con sus cantos y danzas. La música intervino activamente en esas
manifestaciones de jolgorio religioso-popular. Intervino igualmente en las
«encamisadas», procesiones nocturnas realizadas a la efectista luz de
hachones resinosos o de cera.

En Cuba, las encamisadas tuvieron un específico carácter religioso, lo cual


no excluyó el que se combinaran en la fiesta con la que se celebraba la
supuesta aparición de San Miguel, con las llamadas «invenciones»,
improvisaciones sobre algún tema adecuado a la festividad
correspondiente, escenificadas esquemáticamente. Antes de haber
funciones teatrales en la Isla, hubo espectáculos callejeros y diversiones
populares, celebradas siempre con música.
Siglos XVIII y XIX
A finales del siglo XVIII tienen lugar en el Caribe una serie de
acontecimientos que provocan la revolución de los esclavos en los
territorios que España había cedido a Francia, en la isla de Santo Domingo,
tierras conocidas como Haití. Esta revolución social, con sucesivos
levantamientos de esclavos contra el yugo de los colonos, provoca la huida
de los colonos franceses asentados en la isla hacia la zona oriental de
Cuba. Algunos negros esclavos siguen a sus amos a su nuevo destino. Esta
nueva inmigración, que sufre Cuba, va a ser determinante para la creación
de la primera manifestación de música popular cubana propiamente dicha.
Con estos nuevos inmigrantes llega a Cuba el piano.

Serafín Ramírez publica en 1891 su libro La Habana artística, en el que se


recogen unas crónicas de Buenaventura Ferrer describiendo la situación de
Cuba en 1798:

Otras de las diversiones favoritas de los habaneros es el baile, pues casi toca en
locura. Habrá diariamente en la ciudad más de 50 de esas concurrencias... los bailes
de la gente principal se componen de buenos músicos y se danza en ellos la escuela
francesa; los demás se ejecutan con una o dos guitarras o tiples, y un calabazo hueco,
con unas hendiduras. Cantan y bailan unas tonadas alegres y bulliciosas, inventadas
por ellos mismos, con una ligereza y gracia increíble. La clase de las mulatas es la
que más se distingue en estas danzas...las negras que cantan en nuestros templos
entre nubes de incienso, se acompañaban por instrumental desproporcionado e
incoherente, en el cual figuran el gracioso tiple y el seco y ríspido calabazo o güiro.

La Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba tiene sus antecedentes en el


siglo XVIII, cuando las catedrales cubanas de La Habana y Santiago de
Cuba contaban con una capilla musical integrada por un reducido número
de cantantes e instrumentistas. A fines de ese siglo el compositor
presbítero cubano Esteban Salas amplió la capilla de la Catedral de
Santiago de Cuba hasta construir una pequeña orquesta clásica. Pero no es
hasta la tercera década del siglo XIX que se crean en Cuba las primeras
Orquestas Sinfónicas, con un formato completo, una vida institucional
permanente y una programación continua.

El siglo XIX es testigo de la rápida evolución de esa música danzable


rítmicamente diferente de los modelos europeos, la cual ejerce una
influencia decisiva en las sofisticadas obras de piano de Saumell y
de Ignacio Cervantes (1847-1905), así como en la música fuertemente
romántica de Nicolás Ruiz Espadero (1832-1890). Es también durante este
siglo diecinueve que Cuba produce sus primeros instrumentistas de
renombre internacional, del pianista José Manuel Lico Jiménez (1855-1917)
y de la pianista y compositora Cecilia Aritzi (1856-1930) a los
violinistas Claudio José Domingo Brindis de Salas (1852-1911) y José
White (1836-1912).

Compositores cubanos del siglo XIX que crearon obras aún bajo fuerte
influencia europea son Gaspar Villate (1851-1891) y Laureano Fuentes
Matons (1825-1898), ambos autores de óperas que seguían los patrones
italianos y franceses, y algunas de cuyas piezas fueron estrenadas
en París y en Madrid; a José Mauti (1855-1937), autor de numerosas
zarzuelas y de varias piezas sinfónicas, y a Guillermo Tomás (1868-1937).
Tomás fue el único compositor cubano de esa época cuya música exhibe
una fuerte influencia alemana.

La música ante los procesos políticos acontecidos


En las primitivas agrupaciones de son y en las agrupaciones guajiras de
carnaval se reflejaron todos los acontecimientos políticos, sociales,
patrióticos, comerciales, deportivos y naturales que acontecieron en Cuba.
así danzones como los titulados Guerra, El combate, Los merengazos, etc.
simbolizaron un estado de opinión dentro de la revolución de 1895. No hubo
acontecimiento, durante cuarenta años, que no fuese recogido en un
danzón. Hubo danzones para saludar la llegada de la República como El
triunfo de la conjunción, Zayas no fue, La debacle de caicaje, El chivo del
dragado y otros.

En 1880 fue definitivamente abolida la esclavitud en Cuba. El siglo acaba


con la guerra entre España y Estados Unidos]], que supone la
independencia de Cuba en 1899. Cuando las tropas españolas abandonaron
Cuba, las culturas hispanas siguieron presentes en la isla ya que, durante
cuatro siglos, nuestros antepasados estuvieron emigrando y formando los
modos de comportamiento y las tradiciones de la sociedad cubana. Incluso
en la época de la República nuevas migraciones de españoles a Cuba
mantuvieron viva las culturas hispanas en la isla. Nuestros antepasados
habían dejado su esencia cultural, sus costumbres, su forma de hablar, sus
folklores y sus genes.

El derrocamiento del gobierno español en Cuba originó un alejamiento


inicial de la propia identidad cubana. Lo español no era bien visto por las
clases burguesas e industriales criollas, que miraban con buenos ojos al
Norte. Los anexionistas comenzaron su labor en favor de la divulgación de
la cultura anglosajona. Con el afán de unirse al concierto de naciones
civilizadas, se reniega de lo vernáculo y aún más de la raíz africana, el
negro queda más discriminado que nunca en los primeros años de la
República Cubana. En Cuba se imponen las bandas y la música clásica.
Pero la cultura de raíz africana, defenestrada a primeros de siglo en Cuba,
se había asentado para siempre en la isla durante la época colonial.

Acontecimientos musicales
• 1813: La compañía local de ópera y drama del Teatro Principal estrena en

La Habana Il matrimonio segreto, de Doménico Chimarosa. La obra fue


cantada en español. Esta representación es el estreno absoluto del título
en el continente americano.
• 1839: La compañía de ópera italiana del teatro Principal, de La Habana,

estrena en Cuba la ópera L’elisir d’amore, de Gaetano Donizetti.


• 1848: La compañía de ópera italiana de Francisco Marty estrena en

el Teatro Tacón la ópera en un acto Colón en Cuba, de Giovanni B. Bottesini,


con libreto del cubano Ramón de Palma.
• 1848: La compañía de ópera italiana de Francisco Marty estrena en el

Teatro Tacón de La Habana, la ópera Attila, de Verdi. En noviembre de ese


mismo año debutó en La Habana el bajo Ignazio Marini, para quien fue
concebido el personaje titular. Su interpretación de esta obra fue todo un
acontecimiento artístico en la capital cubana.
• 1877: Tiene lugar la primera representación de una ópera en el Teatro

Payret, de La Habana: La favorita, de Donizetti, interpretada por el famoso


tenor español Lorenzo Abruñedo y la soprano de expresión francesa Alicia
Urban. El teatro había sido inaugurado el día anterior con un concierto de
beneficencia. Por breve tiempo, durante sus primeros años de vida, el
teatro recibió el nombre de Teatro de la Paz (por la Paz del Zanjón).
También se le llamaba el Coliseo Rojo, debido a la decoración interior de su
espaciosa sala. Este escenario habanero conoció durante el siglo XIX una
vida azarosa de fracasos de temporadas y períodos de clausura
ocasionados por derrumbes que llevaron a la ruina en poco tiempo a su
primer propietario ―el comerciante catalán Joaquín Payret―. Entre los
estrenos más importantes ocurridos en este coliseo, están las óperas La
forza del destino y La bohème; las operetas La viuda alegre y La corte de
Faraón, y la zarzuela cubana María la O.
• 1878: La compañía de ópera italiana de Marty Gutiérrez estrena en Cuba la

ópera Aída, de Verdi, en el teatro Tacón (La Habana). Los intérpretes de


este estreno, integraban originalmente la compañía de Amadeo Verger,
disuelta a causa del repentino fallecimiento del empresario. Por ello el
propietario del teatro asumió el resto del abono de la temporada para que
pudiera representarse la última producción verdiana. Asumieron los roles
principales Elisa Villar-Volpini (Aida), Enrichetta Bernardoni (Amneris),
Andrés Marín (Radamés), Enrico Storti (Amonasro). Director musical:
Giovanni Zavaglio. Director de escena: Nicolás Lablache. Director de los
coros: Eugenio Burés. Se hicieron venir a La Habana una escenografía
espléndida, firmada por Carlo Fontana y el vestuario de G. Barbagelto.
• 1889: El empresario italiano Napoleone Sieni estrena en el teatro Tacón, de

La Habana la ópera Otello, de Verdi.


• 1891: La compañía de ópera italiana de Napoleone Sieni estrena en el

teatro Tacón de La Habana la ópera Lóhengrin, de Richard Wagner. Esta


obra, primera de su autor que se representa en Cuba, fue interpretada en
italiano.
• 1892: La compañía de ópera italiana de Napoleone Sieni estrena en Cuba,

la ópera de Mascagni, Cavallería rusticana, en el teatro Tacón, La Habana.


• 1896: La compañía de Bufos Habaneros de Gonzalo Hernández estrena en

el Teatro Albisu, de La Habana, la zarzuela bufa en cinco cuadros El brujo,


de José Ramón Barreiro, con música de José Marín Varona. Se trata de una
parodia de la zarzuela española del maestro Chapí, La bruja. En la partitura
de esta obra sobresale la famosa romanza «Es el amor la mitad de la vida»,
cantada a dúo por los personajes Telesfora y Juan Francisco, así como
unas no menos conocidas «Guajiras», que fueron registradas en disco a
principios del siglo XX por la soprano Chalía Herrera
• 1896: Se estrena en el teatro Irijoa (hoy Teatro Martí), de La Habana, la

zarzuela bufa Mefistófeles, de Ignacio Sarachaga, con música de Rafael


Palau y la interpretación de la actriz Carmita Ruiz y Benito Simancas. Esta
pieza, una de las mejores de su autor y una de las más felices
concepciones del género bufo cubano, es una parodia de las óperas Faust,
de Gounod y Mefistófele, de Boito.

La música en la escena teatral


La construcción, en 1776, del primer teatro de La Habana: el Coliseo, más
tarde llamado El Principal, fue el suceso que impulsó la difusión del teatro
lírico y de la música en general, en la escena cubana. La zarzuela o género
chico es un término medio entre el teatro de comedia y la ópera. Las
primeras, en el siglo XVIII, trataban temas mitológicos y legendarios.

La zarzuela llegó a Cuba con los colonialistas y logró tanta aceptación


hasta aplatanarse. Así conocidísimos compositores cubanos como Carlos
Robreño quien en 1853 presentó El duende, la primera zarzuela cubana en
La Habana. El gran Ignacio Cervantes, uno de nuestros músicos más
completos, compuso la zarzuela Exposición o El submarino peral,
estrenada, en 1889, en el teatro Tacón. En 1894, Jorge Anckermann estrenó
también en el Tacón La gran rumba, parodia de la zarzuela
española La Gran Vía. En 1896 se estrenaron en el teatro Payret las
zarzuelas Cuartel Maestre y Los ríos de Perdihuela, de Eduardo Sánchez de
Fuentes.

La capital cubana fue durante el siglo XIX una de las plazas teatrales más
fuertes de la América Hispana. La frase «Para triunfar en América hay que
pasar por La Habana» constituyó, sin duda, una premisa para los actores y
actrices y compañías lírico-dramáticas que querían probar fortuna allende
los mares. En 1790 aparece el primer número del Papel Periódico de
La Habana, en el que se anuncia que una compañía española está actuando
permanentemente en el Teatro Principal, haciendo tonadillas escénicas
donde se suman canto y baile. Las tonadillas llegan a Cuba procedentes de
España, como los cantores y los músicos, pero rápidamente van surgiendo
sus émulos criollos; es aprendizaje directo, porque no hay sitio todavía para
academias musicales. La tonadilla comienza a declinar en La Habana a
principios del siglo XVIII, pero continuará existiendo en el interior de la
Isla.

En el Teatro Villanueva, en 1854, triunfa otra compañía española de


zarzuelas, y continúan surgiendo los compositores verdaderamente
cubanos, aunque todavía inspirados en motivos y música de corte español.
La otra gran ciudad, Santiago de Cuba, no quiere ser menos y comienza a
programar compañías de zarzuelas como la de Robreño, que llevaba
algunos años triunfando ya en La Habana. Se atribuye al cubano Francisco
Covarrubias la creación de los primeros sainetes donde se plantean estos
elementos como símbolos de cubanía. Covarrubias comprendió que todos
los personajes de las tonadillas, sainetes y zarzuelas podían ser sustituidos
por tipos criollos, e hizo lo mismo con los pasajes musicales que también
sustituyó por otros de carácter local. De la seguidilla y el villancico se pasa
a la tonada guajira, a la guaracha, a la canción. Este proceso lento,
empezado por Covarrubias, estará en todo su apogeo en 1868.

Presencia de la mujer en la música


La primera mención que se hizo acerca de las mujeres en la música
cubana, fue la de las hermanas Ginés, Teodora y Micaela, que se dijo eran
negras libertas residentes en Santiago de Cuba, a cuya ciudad habían
llegado a finales del siglo XVI, específicamente en el año de 1580,
procedentes de la isla de La Española. Las hermanas Ginés tocaron y
cantaron junto a un andaluz, y se hicieron famosas por el llamado Son de la
Ma Teodora, que más tarde se comprobó que su melodía procedía de una
romanza extremeña. Aunque esta composición no fue genuinamente isleña,
lo cierto es que se habló de la participación de estas dos mujeres en la
música que en aquella época se tocó en Cuba.

La contribución más destacada de las mujeres africanas fue sin duda en la


cubanización de la música, proceso que ocurrió en la segunda mitad del
siglo XIX, cuando los barracones y cabildos se volcaron hacia los barrios
marginales de las principales ciudades, y muy en especial de la capital,
donde estas féminas integraron primero los coros de clave, después los de
rumba y finalmente las comparsas.

Sin embargo una figura relevante del siglo XIX fue María de las Mercedes
Santa Cruz y Montalvo (1781-1852). Esta cubana que procedía de la
aristocracia criolla y era poseedora de muchos pergaminos nobiliarios y de
una considerable fortuna, fijó su residencia en París, en la conocida calle
de Bondý, a la que convirtió con su espíritu artístico, en uno de los focos
más brillantes de la cultura musical y literaria de la época. En el propio
siglo XIX se destacaron otras mujeres en la música que se hacía en Cuba.
Entre ellas Catalina Berroa Ojeda (1849-1911) que era instrumentista,
compositora, profesora y directora de orquesta. Fue la primera cubana que
alcanzó fama de gran músico, compositora y directora orquestal. Dirigió
durante el último cuarto del siglo XIX y principios del XX, la capilla musical
de la Parroquia Mayor de Trinidad. También fue la mejor formadora y
profesora de música de esa ciudad, impartiéndole clases entre otros a su
sobrino Lico Jiménez. Tocó ocho instrumentos, pero se destacó en
el órgano, que fue su preferido. Compuso música de todo tipo, incluyendo la
litúrgica o sacra. No caben dudas que estaba dotada de una exquisita
inspiración para componer, figurando entre sus creaciones populares, una
de las primeras habaneras, titulada La trinitaria.
Otra dama notable en la música del siglo XIX fue Cecilia Aritzi (1856-1930).
Esta pianista y compositora era hija de Fernando Aritzi, un conocido
instrumentista de ese siglo. Tuvo como profesor, además de su padre, al
más destacado pianista y compositor de mediados de ese siglo, Nicolás
Ruiz Espadero. De esta misma centuria es Ana Aguado ―La Calandria―
(1866-1921), excelente cantante y pianista, quien en unión de su esposo
Guillermo Tomás, paseó la incipiente música cubana por Estados Unidos y
España. La Calandria mereció el elogio del héroe nacional de Cuba, José
Martí, por los esfuerzos que hizo en pro de la independencia de Cuba.

Complejos musicales desarrollados

Punto

Laúd

La mayor influencia española se centra en la música del campesino que


interpreta Décimas y que en este siglo llega a la ciudad, donde el negro
improvisa también décimas y baila el zapateo acompañado por el tiple,
la guitarra y la bandurria, posteriormente el laúd. Estas canciones se
denominaban puntos guajiros, generalizándose bajo el término guajiras o
música del campesino. A pesar de que no es hasta 1836 que encontramos
en el Diccionario provincial cuasi razonado de voces y frases
cubanas (de Esteban Pichardo) una descripción de esta música
campesina, Olavo Alén informa ―en su libro De lo afrocubano a la salsa―
que desde finales del siglo XVIII existen referencias de esta música
campesina, emparentada con la música folklórica canaria. En el
mencionado diccionario se recoge la denominación de «ay» o «el ay» para
identificar el canto de estos campesinos. La denominación de punto se
refiere entonces solo al acompañamiento instrumental.

A las reuniones o fiestas de campesinos se les denominaba guateques o


parrandas en el centro y el occidente de Cuba. El guateque, que parece ser
la más antigua denominación de estas reuniones festivas campesinas,
cobró su denominación en Pinar del Río, La Habana, Matanzas y Villa Clara.
Por contra, en Cienfuegos, Sancti Spiritus y Ciego de Ávila estas
celebraciones recibieron el nombre de parrandas según nos informa Olavo
Alén. El «punto» de la zona occidental se denomina «libre» y el de la zona
central de Cuba «fijo». Dentro del Punto Libre existen las variantes
denominadas Tonada Menor y Tonada Carvajal o Española. En el Punto Fijo
entran las llamadas Tonadas Espirituanas, el Punto Cruzado y la Seguidilla.
El guajiro canta también el cancionero trovadoresco cubano, denominando
a estas canciones Criollas.

La décima espinela nos llegó a través del teatro de Lope de Vega y Pedro
Calderón de la Barca, los cuales habían empleado la estrofa de diez versos
reordenada y popularizada por Vicente Espinel, músico y poeta nacido
en Ronda (1550-1624). Muchos poetas de Cuba y toda la América las
utilizaron con la función de loa y homenaje a figuras relevantes.

Podemos agregar que el punto cubano es un género de canto que fue


creado por nuestro pueblo y utilizado en casi todas las circunstancias del
ciclo de vida: como canción de cuna, como canto de trabajo, como canto
religioso ante los altares y velorios de santo, como canto funeral en
mortuorios, en endechas y serenatas de amor. También en momentos de
diversión, que es quizás donde se halla su función y uso principal
improvisando décimas en controversia o en narraciones épicas.
Rumba
Se sabe que desde el siglo XVII el negro cubano es medio dueño de la
música popular. En ese tiempo sus rumbas no son muy apreciadas y
aunque nació al contacto de los esclavos con lo criollo, y como ha dicho
Galán, «sólo la bailaban los habaneros y matanceros poco decentes». La
Rumba nace durante el siglo XIX en las periferias de diferentes ciudades
del occidente de Cuba-posiblemente entre La Habana y Matanzas. Sus
cantos son concebidos para el acompañamiento rítmico de determinados
tambores que motivan también bailes muy específicos en correspondencia
con el género.

En Cuba se pueden distinguir tres estilos de rumba principales: el yambú,


la columbia y el guaguancó. El yambú tiene un origen urbano y parece ser
uno de los estilos más antiguos, pues existen referencias sobre el mismo
desde mediados del siglo XIX. La columbia por lo general es un baile
exclusivo de hombres, aunque algunas mujeres se hicieron famosas por su
interpretación del mismo. El origen rural de este género es indudable. Para
los grandes bailadores y músicos de rumba, «la columbia es el campo,
sobre todo de Matanzas». El guaguancó es la más elaborada de las tres
variantes, tanto musical como en lo referente a los textos. Es danza típica
de los barrios negros de la ciudad de La Habana. Su canto se hace
enteramente en español en vez de usar expresiones africanas o
vocabulario del argot de los barrios bajos. En el sentido de los textos está
muy relacionado con el «punto cubano», forma que tomó en Cuba la
improvisación canaria y andaluza.

Danzón
El danzón, hijo de la danza, nieto de la contradanza, padre del mambo y
abuelo del chachachá fue el primer baile nacional de Cuba. Aunque Miguel
Faílde había compuesto cuatro obras en este estilo ya en 1877, y
en 1878 hubo un concurso de danzones, se considera como fecha oficial del
surgimiento del nuevo género, el primero de enero de 1879. En esa ocasión
la orquesta de Faílde, estrenó en el Liceo de Matanzasuna de las cuatro
obras de 1877, Las Alturas del Simpson, y esta página, con el nombre de
uno de los barrios populares de la ciudad de Matanzas, ha pasado a
considerarse el primer danzón. En cierta ocasión Faílde declaró que el
compás de la Habanera era el correcto para la interpretación del danzón, lo
que reafirma los vínculos de ambas fórmulas rítmicas, unidas también por
el cinquillo.

Otra forma derivada de la contradanza criolla es la conga. Fue un fenómeno


eminentemente popular y en su trama polirritmica se reflejaron muchos
ritmos que existían, no solo en la contradanza. El trabajo musical de Faílde
fue realizado a instancias de un grupo de amigos y admiradores de su
talento, quienes le pidieron una música para bailar, de un tempo más
sosegado que los de las contradanzas y danzas: bailes obligados en la
sociedad de aquella época. El danzón era interpretado por las formaciones
denominadas «orquestas típicas».

Orquestas típicas
Se conoce la existencia de bandas de música en distintas localidades de la
Isla, vinculadas a los regimientos militares españoles. Estas bandas tenían
una función militar, pero sus integrantes, peninsulares y criollos fueron
músicos que se dedicaron también a la organización de pequeñas bandas,
que llamaron orquestas típicas, para amenizar bailes. También las bandas
militares ofrecían conciertos en parques y lugares públicos para el solaz de
los vecinos que concurrían a los paseos nocturnos y dominicales. Estas
festividades fueron llamadas retretas, y pudiera considerarse la actividad
principal de aquellos conjuntos por la sistematicidad que adquirieron.

La denominación de «orquesta típica» se realizaba para designar a las


orquestas populares de baile, estas orquestas incluían sección de cuerda,
viento y percusión. Entre los directores de las orquestas típicas que
gozaron de popularidad en cuba entre los bailadores de contradanzas,
danzas, lanceros, rigodones, valses, guarachas, zapateos y minuets,
destaquemos a Claudio Brindis de Salas y su orquesta La Concha de
Oro,Tomás Buelta y Flores, Lino Boza, Ulpiano Estrada, Juan de Dios
Alfonso Armenteros y su orquesta La Flor de Cuba, [[Miguel Faílde y Pérez
(hijo del renombrado músico gallego Cándido Faílde y de Justa Pérez, negra
libre nacida en Matanzas), José Alemán, Raimundo Valenzuela de
León,Nicolás González (El Güinero, condecorado en 1881 por el rey español
Alfonso XII por su labor artística), José Travieso, Perico Rojas, Ramón
Urriola, Manuel Figueroa, entre otros. Otros músicos de la época que
cultivaron contradanzas son Nicolás Muñoz y Zayas, Vicente Díaz
Comas,Agustín Cascantes, José Lino Coca, Jorge Zequeira, Pedro
Bojante, Tomás Ruiz, Enrique Guerrero e Ignacio Cervantes.

Son
No es hasta finales del siglo XVIII que comienzan a aparecer en Cuba los
primeros rasgos de una cultura nacional, evidenciados en la literatura y en
otras manifestaciones artísticas. Esta nueva cubanía se diferenció
sustancialmente de las formas estéticas de los muchos y variados
inmigrantes que habían poblado el país. El son fue uno de esos primeros
estilos musicales que puede ser considerado como genuinamente cubano.
Su nacimiento ocurrió en las postrimerías del siglo XVIII en la zona
montañosa de la Sierra Maestra en el oriente de Cuba.
Guaracha
A mediados del siglo XIX se observa la presencia de la guaracha en el
teatro bufo cubano como portavoz del espíritu festivo y satírico del cubano.
Según el musicólogo cubano Argeliers León, la guaracha surgió como
canción con cuartetas diferentes que en muchos casos se improvisaban
haciendo referencia a cosas o sucesos en forma satírica, e intercalaban
siempre un estribillo. La guaracha es mencionada en el Diccionario de
Voces Cubanas, de Pichardo, en su edición de 1836, donde la define como
«baile de la gentualla casi desusado». Alejo Carpentiernos informa
sobre La guabina, una guaracha que lleva definidas las características
del tango andaluz y que se cantaba en Cuba antes de 1800.

La fórmula pura de inspiración y coro de la guaracha fue desapareciendo.


Esta evolución de la forma, que también se dio en el son, la acercaba a la
canción. De esta forma la guaracha quedaba como expresión picaresca o
satírica y la canción, en el foco contrario, como expresión lírica, pero en
definitiva puede definirse como canción. Lo que significa que no posee un
ritmo propio y sigue las pautas del viejo ritmo tango. El acompañamiento
de la guaracha se realizaba con guitarra y tres, siendo asumida por los
tradicionales trovadores cubanos que interpretaban canciones y boleros.

Canción
La canción cubana abarca una amplia gama de formas de cantar, tanto en
las áreas rurales como urbanas, insertándose en la música bailable e
incluso en la música de concierto. Habaneras, boleros, canciones
trovadorescas y canciones líricas son algunos de los géneros musicales
que pertenecen a este heterogéneo complejo de la música cubana. La
mayor parte de los géneros nacieron durante el siglo XIX en distintos
lugares de Cuba y provienen de muy diferentes estratos de la sociedad
cubana.

Bolero
El bolero cubano nace en 1883, año en el que Pepe Sánchez crea el primer
tema titulado Tristezas. Nada tiene que ver con el bolero español. Su
desarrollo se inicia en el oriente cubano. El bolero cubano es música
eminentemente urbana que tiene mucho que ver con la trova y la canción
cubana y poco con los viejos boleros españoles que prácticamente sólo le
aportaron el nombre. En Cuba, el bolero adoptó el compás binario, con
clara influencia africana.

Instrumentos musicales
Tumbadora, guitarra, maracas, güiro, bongó, tambores
batá, claves, trompeta china, tres, timbales, flauta, órgano
oriental, violín y cencerro son unos pocos de los instrumentos que
participan en la práctica musical del pueblo de Cuba. De manera individual
o como parte de conjuntos se emplean en diversas esferas de realización
de la música vinculándose estrechamente a la identidad cultural del
cubano. El instrumento de música –con sus diferentes características
morfológicas, usos y funciones– constituye una muestra fehaciente de los
procesos transculturales ocurridos en Cuba desde el momento de la
conquista y colonización del país hasta el presente, poniéndose en
evidencia por intermedio de los estudios organológicos el rico mosaico
étnico participante en el poblamiento de este territorio y en la integración
de su cultura.
Tambores afrocubanos

Tambor arará

Tambor batá.

La primera noticia que se tiene de los tambores en Cuba es reflejada en un


acta del cabildo habanero del siglo XVI, donde nombran a Juan Emberas,
recibiendo 36 ducados anuales por tocar el tambor en cuanto viera una
nave a la vista, «desde la roca donde en 1590 se alzó el Castillo del Morro»
(Natalio Galán, Cuba y sus sones). Ese tipo de tambor llegó con el primer
contingente militar español a la isla. Pero ya nuestros aborígenes contaban
entre sus instrumentos musicales con un tambor idiófono, como escribió
Gonzalo Fernández de Oviedo en 1851, hecho de un madero redondo, hueco
y concavado. A este Helio Orovio en su Diccionario de la Música Cubana le
nombra «Mayohuacán» especificando que es un tambor xilofónico que
tocaban los behiques (sacerdotes) y «se percutía con baquetas».
Castellanos nos dice que en 1839 el gobernador Ezpeleta dio la orden de
ofrecer licencia libre para hacer instrumentos musicales en la isla, y ahí es
que el africano, ―salvajemente transportado para trabajar como esclavo―
impone la mayor influencia en la creación del tambor cubano. Aunque ya
percutía su tambor en su tierra, tuvo en América que reinventarlo con las
maderas y cueros que encontró, para poder seguir practicando sus
creencias y tocarle, cantarle y bailarle a sus dioses.

Un poco antes de autorizarlos ya habían creado algunos, como los


tambores de origen bantú llamados de «yuka» que son tres (caja, mula y
cachimba); o los de origen dahomeyanos-arará «tahona», que acompañaban
a la variante de la rumba que lleva este mismo nombre; Don Ortiz menciona
los bocú como un membráfono de cuero lavado de caja abierta usado en
«rituales orilé (cruzado en Oriente)»; la «tumba francesa» que introdujeron
en la provincia oriental los esclavos que emigraron con sus colonos
franceses de Haití con los tambores premier o redublé, second y bulá o
bebé, también la tamborita o catá tambora para el toque o baile mazún;
quizás los más importantes han sido los de origen yoruba, los tan famosos
tambores «batá» que también son tres: el «iyá», «itótele» y «okónkolo».
Después de creada la secta secreta Abakuá (1836), de procedencia
carabalí, ellos introdujeron a sus ritos un trío de tambores llamados
bencomo, cosilleremá y llaibillembi.

Conga, tumbadora, bongó y pailas


Además de los tambores mencionados, construyeron varios tipos de
marugas o maracas y según la Dra. Sanjurjo, los negros afrofranceses
trajeron la «marímbula» que produce tres o cuatro notas destacando «la
armonía con la persistencia de bajo continuo» usándose en la música
popular; los de procedencia carabalí crearon el «ekón» especie de
cencerro; y entre los de procedencia bantú se destaca el «tingotalango» o
«tumbadera». Pero los instrumentos de influencia afrocubana que más se
construyeron fueron los tambores que se impusieron en la música popular,
destacándose la conga, la tumbadora, el bongó y las pailas. Poco antes de
nacer el bongó se habían creado las pailas, indispensables en todos los
conjuntos o charangas que toquen un danzón.

Maracas
En el diccionario de Helio Orovio aparece la maraca en dos clasificaciones:
la aborigen y la cubana. De la de los indocubanos cuenta que está
«formada por dos tallos de magüey adheridos, que contienen piedrecillas
en su interior». En las tribus taínas solamente la podía usar el behique,
sacerdote o médico hechicero, para «comunicarse con deidades que les
traían prosperidad», mucho tiempo después es que se usan como
instrumentos rítmicos en las orquestas típicas, siendo indispensables en
las rumbas, congas, boleros y guarachas. Desde el siglo XVI, debido a la
escasez de instrumentos musicales que se traían de Europa, se
comenzaron a usar las maracas en las misas católicas «junto a otros
instrumentos creados en la Isla», como explicó airado el cronista José
María de la Torre.

En Cuba además es usada una parecida en los ritos de algunos cultos


sincréticos, como en Regla Ocha Yoruba-Lucumí el «anakué» (maruga
metálica) y el «agógo» que son unas campanillas para evocar a sus
«orishas»; los ñáñigos-Abakuá construyeron el «erikundi» (sonajas); los de
procedencia arará-dahomey tienen otro tipo de maruga llamada
«assongué»; y en las tumbas francesas de Oriente usan una clase de
maruga metálica que se le conoce como «chachá». Existe además el
«chekeré», considerado a veces como un tipo de maraca.
Sobre las maracas el gran investigador Natalio Galán en su insuperable
libro «Cuba y sus sones» nos aclara: «Cuando los conquistadores llegaron
encuentran el aborigen batiendo a una sola maraca. Fue el criollo quien
emplea ambas, batidas por un solo ejecutante, con una resultante rítmica
más rica». Por lo que es cierto que en todas las Antillas donde habitaban
tribus de taínos existía ya la maraka, pero fue el criollo cubano el que
introdujo las dos en su música autóctona, empezando por sus guateques
guajiros e incluyendo sus orquestas urbanas.

Claves, güiro, calabazo, cencerro y botija

Botija

Güiro

Para el 1700 ya los cubanos contaban con tres de sus instrumentos más
originales: las claves y las maracas, además del Güiro. Galán aclara que es
a finales del siglo XVII que las claves «añadieron su timbre en los
conjuntos populares, cuando La Habana comenzó a definirse como un
arsenal, donde el negro esclavo gustó del sonido de las clavijas de ácanas
que fijaban el maderamen de los barcos a modo de clavos». En el
diccionario de Helio Orovio dice que el güiro posiblemente proceda de la
música bantú «aunque no se puede desechar la idea de que los amerindios
lo utilizaron».

El calabazo es parecido, pero se confeccionaba con una especie de


calabaza alargada y seca. El Guayo es manufacturado totalmente de metal,
semejando el guayo de mano donde se rayaba el maíz o el queso. Al igual
que las maracas y en muchos casos el cencerro, generalmente es tocado
por uno de los cantantes o coristas del conjunto u orquesta donde se tiene.
Del Cencerro dice Ortiz «imitación criolla del Ekón ñáñigo», por lo que
fueron los afrocubanos de procedencia carabalí los primeros en usarlo.
Ortiz también aclara que ofrece dos sonidos distintos dependiendo el lugar
por donde sea percutido.

La Botija o Botijuela, que en sus días fue el instrumento que sustituyó al


bajo. Consistía en una botija de barro de las que importaban el aceite «con
una perforación o agujero pequeño en uno de sus lados, por el que se
sopla, mientras con el movimiento de una de las manos introducida por la
boca, se modifica el sonido, que sirve de acompañamiento al resto del
conjunto».
Tres

Tres

En Cuba tenemos un instrumento de cuerda muy hispánico al que


nombramos Tres. Se deriva de la guitarra española. Relataba Alejo
Carpentier en «La Música en Cuba» que el nacimiento del Tres se debe al
año 1562, cuando se populariza El son de la Ma’ Teodora. El brazo se hacía
de una madera más fuerte y las cuerdas de curricán encerado. Nené
Manfugás, personaje casi legendario, lo tocaba sobre 1892, por las calles
de Santiago de Cuba, traído de Baracoa». Al parecer Nené Manfugás fue
muy popular en el carnaval de Santiago de Cuba desde el año 1892 donde
ejecutaba «un instrumento rústico de tres cuerdas dobles y una caja de
madera llamado tres».

Entre los instrumentos de cuerda preferidos por nuestro pueblo además de


nuestro Tres y la guitarra española, estaban el Laúd de procedencia árabe
parecido a la Mandolina; similar al Laúd teníamos la Bandurria española
que antiguamente era de 3 cuerdas sin trastes en el mástil. Estos
instrumentos se usaron mayormente en la música rural además, le
agregaron el machete (que percutían con un cuchillo por el lomo del mismo
y con un clavo o varilla por el dorso); Quijadas (que es el hueso maxilar
superior o inferior de un animal de carga que moviéndose o frotando
suavemente se le saca sonido a los dientes cuando chocan entre sí);
«Reja» o diente o pico de arado (a falta de cencerro le sacaban un sonido
muy similar percutiéndolo generalmente con un clavo de línea).

También se han visto en las congas callejeras del carnaval y antiguamente


en el Día de Reyes elementos sonoros y rítmicos como: El sanmartín (una
plancha simple de hierro bien templado encorvada que se percute con una
barita de hierro dando solamente dos notas); galleta (tambor similar al
bombo, pero más achatado); cuchara (de las que también se usan para
comer, se hacen percutir sobre cualquier superficie de madera); cajón
(preferiblemente de bacalao que sustituye al tambor a falta de este,
percutiéndose igualmente con las manos); sartén (dos sartenes pequeños
sujetados a una armazón de madera para poderse apoyar, se percute con
dos baquetas o varillas metálicas o de madera). No podemos olvidar a la
«corneta china» adaptada a nuestra música, como dijera Ortiz
«transculturada» que se introdujo primeramente en las comparsas
asiáticas del barrio chino habanero.

Inclinación Patriótica de Músicos Populares Cubanos


El 10 de octubre de 1868, inicio de la Guerra de Independencia, fue
principalmente y sobretodo un acontecimiento cultural, si concebimos la
cultura como un hecho de liberación nacional y social. La letra y música
del Himno Nacional fue compuesta por el insigne patriota cubano Pedro
Figueredo Cisneros (Perucho). Cantado en su forma original por vez primera
el 20 de octubre de 1868, cuando las fuerzas del Ejército
Libertadortomaron la ciudad de Bayamo, ha devenido en uno de los más
trascendentales hechos de la historia patria por lo que se ha tomado esta
fecha como el Día de la Cultura Cubana. Se le llamó en sus
inicios La Bayamesa, por dos razones fundamentales: como evocación
a La Marsellesa(símbolo de rebeldía de los oprimidos) y por haber nacido
en la ciudad de Bayamo. De profundo contenido patriótico, este himno
fraguado en el combate, ha sido para todos los cubanos un compañero
inseparable para enfrentar nuestras luchas por la libertad y la soberanía
nacionales.

Los patricios bayameses, empezando por Céspedes, pertenecían a la


sociedad filarmónica de Bayamo. Ciertamente el conflicto bélico entre
cubanos y españoles interrumpió de cierta manera la vida cultural de la
sociedad colonial. El desarrollo de las distintas manifestaciones de la
cultura cubana, obviamente estaba vinculado con el escenario de la lucha
independentista, en la que prácticamente los cubanos ilustres se enrolaron
o quedaron al margen de la creación cultural, que se centró, en gran
medida en las instituciones que la colonia ya hacía funcionar, a pesar de
los inconvenientes dejados por los trajines del conflicto. Durante las luchas
independentistas, se destacaron figuras representativas de la música
cubana, que inspirados en sus sentimientos patrióticos, colaboraron a la
causa recaudando fondos, expresando sus ideas a través de sus
composiciones o directamente en los campos de batalla.

Pepe Sánchez nacido en Santiago de Cuba en 1856 e iniciador del bolero


tradicional cubano, se destacó por sus actividades patrióticas. Fue amigo
personal de los principales Generales Santiagueros de las Guerras de
Independencia y a Guillermón Moncada dedicó su bolero En el calabozo,
cuando este se encontraba recluso en el Morro de Santiago de
Cuba primero, y luego en el Cuartel Reina Mercedes. El más grande
trovador cubano Sindo Garay, también nacido en Santiago de Cuba un año
antes del inicio de las Guerras de Independencia nadó en varias ocasiones
la Bahía de Santiago de Cuba trasladando proclamas independentistas,
desde el ferrocarril hasta la Boca de Caimanes para entregar mensajes de
las tropas del General Antonio Maceo.

Emiliano Blez otro gran trovador santiaguero nacido en 1879 dijo en


entrevista al musicógrafo santiaguero Alberto Muguercia:

Al poco tiempo de eso que estoy contando estalló la Guerra de Independencia y yo me


fui para el monte, pero que al regresar a Santiago de Cuba a una misión, fui detenido.
Me iban a fusilar, me salvé por la influencia de mi padre y de Lino Benítez. Luego
estuve muy vigilado y no pude ir a la manigua, yo fui también el lugarteniente de Sindo
Garay.

En 1898, Patricio Ballagas (natural de Camagüey y con solo 19 años), se


alista en el Ejército Libertador y compuso en ese año su
canción Despedida del recluta inspirado en ese momento de su vida. El
trovador santiaguero Ramón Ivonnet, en 1896, cuando contaba también con
solo 19 años, se une al Ejército Libertador en el Estado Mayor de Maceo y
en ese mismo año muere en combate.

La Soprano Ana Aguado quien en 1889 partió hacia los Estados Unidos,
tomó parte en numerosos festivales con el fin de recaudar fondos para la
guerra de independencia, participando en otras actividades junto a José
Martí. El compositor y director de orquesta holguinero, Manuel Avilés,
combatió en la guerra de independencia alcanzando el grado de sub-
teniente del Ejército Libertador. Hubert de Blanck, el gran músico cubano-
holandés, en la emigración contribuyó artísticamente a las fiestas
patrióticas y a las colectas de fondo para la lucha. Participación similar
tuvo el compositor, profesor y organista santiaguero Rodolfo Hernández.
Uno de los iniciadores del bolero tradicional cubano, Nicolás Camacho,
participó en las guerras de Independencia contra España uniéndose a las
tropas del General Antonio Maceo, llegando al grado de teniente.
Rafael Inciarte Ruíz, multifacético músico guantanamero, organizó y dirigió
la Banda del Estado Mayor del Ejército de Oriente, en plena Guerra de
Independencia, bajo el mando de José Maceo, terminando la guerra con el
grado de capitán. El creador del género criolla dentro de la canción
cubana Luis Casas Romero nacido en Camagüey en 1882, se enrola en el
Ejército Mambí cuando solo contaba con 15 años de edad. Desde los 4 años
de edad sentía un encantamiento por la música, a los 9 inició las primeras
clases de solfeo; al año siguiente tocaba la flauta, a los 13 ejecutaba obras
de concierto y a los 14 integraba una orquesta. Pero, por encima de todo,
Luis profesaba un gran amor por su patria y se oponía a los colonialistas
españoles, por lo que a los 15 años se edad se enroló como mambí en el
Ejército Libertador, bajo el mando del General Lope Recio.

Figuras representativas

Miguel Velázquez
Miguel Velázquez es considerado el primer músico importante nacido en la
Isla. Fue hijo de una indocubana y de un español. En 1544 fue canónigo en
la Catedral de Santiago. Tocaba el órgano, conducía el canto llano y se
ocupaba de las funciones propias de su cargo, además de ser profesor
de música y gramática.

Hermanas Ginés
Las Hermanas Ginés, según la leyenda, fueron dos dominicanas libertas
(las hermanas Teodora y Micaela Ginés) que comenzaron en Santiago de
Cuba en 1562 la más genuina demostración de un conjunto popular
atribuyéndosele el nacimiento del Son de la Ma Teodora.
Juan de Mesa Borges
Juan de Mesa Borges en 1622 se procedió a nombrar como organista de la
Catedral porque «hacía muchos años que en los oficios divinos se carecía
de la solemnidad del órgano, por no haber persona inteligente que lo
tocara».

Juan de Zabaleta
Juan de Zabaleta en 1632 ocupa la plaza de organista, sustituyendo a Juan
de Mesa Borges, con un salario de 100 pesos y la pensión de tocar el bajón.

Fernando de Espinosa
Fernando de Espinosa en 1644 fue nombrado organista de la Catedral con
1500 reales de renta.

Esteban Salas y Castro


Esteban Salas y Castro (1725-1803. Nacido en La Habana, tuvo el gran
momento de su vida en Santiago de Cuba, donde ocupó, a partir del 8 de
febrero de 1764 el cargo de maestro de capilla en la catedral de esa
ciudad.

Cayetano Pagueras
Cayetano Pagueras, maestro de capilla cuyas obras fechada
entre 1796 y 1801 se encuentran en la Iglesia de la Merced.

Manuel Saumell Robredo


Manuel Saumell Robredo (1817-1870). Fue una de las personalidades
cubanas que más hizo por la maduración de la nacionalidad musical de la
isla. Fue autor de una contradanza que tituló El somatén, que según José
Martí es el resultado fonético de las palabras catalanas «soms atents» y
que significan ‘estamos en guardia’. Soms Atents, era además el título de
un periódico independentista catalán que llegaba a Cuba con regularidad
de manera clandestina.

Ignacio Cervantes
Ignacio Cervantes (1847-1905). Fue autor de las famosas danzas, citadas
por la crítica como los mejores ejemplos de la música cubana en el
siglo XIX. Este compositor se sintió tentado a escribir música para la
escena y logró estrenar las zarzuelas Exposición o El submarino
peral y Los saltimbanquis.

Nicolás Ruiz Espadero


Nicolás Ruiz Espadero (1832-1890). Pianista y compositor. Fue un virtuoso
del piano, pero por su carácter introvertido se mantuvo alejado de las
tertulias y salas de conciertos, con algunas pocas excepciones. Escribió
más de 50 piezas para piano, así como obras para violín y piano, y de
cámara, donde incluye elementos sonoros de clara identidad cubana. Murió
después de unas quemaduras accidentales.

Laureno Fuentes Matons


Laureno Fuentes Matons (1825-1898).Violinista, compositor e historiador,
autor de las óperas La hija de Jefté y Seila y de las zarzuelas estrenadas
en Santiago de Cuba, Me lo ha dicho la portera, El viejo
enamorado, Ismenia, Dos máscaras y Desgracias de un tenor o El do de
pecho. También escribió música religiosa.
José Manuel (Lico) Jiménez
José Manuel (Lico) Jiménez (1851-1917). Fue el primer compositor cubano
que cultivó el lied y junto a José Mauri Esteve, Guillermo M. Tomás y Hubert
de Blanck constituyó el grupo de compositores cubanos que adoptaron
dicha forma desde finales del XIX. Obviamente eran músicos con un alto
nivel de formación académica que podían realizar y desarrollar este género
con acierto.

Cecilia Arizti
Cecilia Arizti (1856-1930). Notable pianista, compositora y pedagoga. Desde
niña demostró grandes aptitudes musicales creando en el piano algunas
melodías. Sus primeros estudios musicales-solfeo y teoría los inicios con el
maestro Francisco Fuentes y en el piano con su padre el pianista y
profesor Fernando Arizti (1828-1888). Más tarde fue discípula del
sobresaliente pianista, compositor y pedagogo cubano Nicolás Ruiz
Espadero, que la adiestró con la obra pianística de clásicos y románticos
como Mozart, Liszt y Beethoven. Junto a su padre y con Espadero, Cecilia
Arizti, se familiarizó con todos los estilos y forma de la música universal
europea de su tiempo.

Claudio José Domingo Brindis de Salas


Claudio José Domingo Brindis de Salas (1852-1911). Largo e intenso fue su
currículo artístico, durante el cual se ganó entre cierta prensa el
sobrenombre de «el Paganini negro», «El Paganini cubano» o «el rey de las
octavas». Fue el primer cubano que actuó en un escenario ruso
(San Petersburgo, en 1880). Tuvo el título de Barón de Salas, recibió la
condecoración Águila Negra, de un emperador europeo.
José Silvestre White Laffite
José Silvestre White Laffite (1836-1918). Quienes le oyeron, afirman que
White era un violinista asombroso e insuperable en cuanto a técnica, gusto,
afinación, elegancia y sentido interpretativo. Su espléndido talento creador
quedó patentizado para siempre en sus diversas obras, entre ellas, sus 6
grandes estudios de violín, aprobados por el Conservatorio de París; varias
fantasías, obras de música religiosa y sus bellísimas danzas de concierto
La bella cubana y Juventud, en que vibra el temperamento cubano en
ondas cálidas de exquisitas melodías.

Gaspar Villate
Gaspar Villate (1851-1891). Compositor de óperas cubano de más éxito en
el siglo XIX. Educado en Europa, donde residió por un largo período, su
música muy poco o nada tiene de inspiración criolla y encuentra sus
referencias más cercanas en el estilo italiano de la segunda etapa
verdiana. Se le deben los títulos, estrenados todos en el viejo mundo, Zilia
(París, 1877), La Czarine (La Haya, 1880) y Baldassare (Madrid, 1885). De
ellos, solamente la primera se puso en La Habana en vida del compositor,
las otras obras fueron estrenadas en cuba durante el siglo XX. Villate murió
en París, en 1891. Al morir donó toda su música a la Biblioteca de
la Sociedad Económica de Amigos del País y de allí pasó a engrosar los
fondos del Museo Nacional de la Música, donde se conservan en la
actualidad.

Francisco Covarrubias
Francisco Covarrubias (1775-1850). Figura emblemática de la escena
nacional. Creador del teatro vernáculo nacional e iniciador
del costumbrismo en nuestra literatura. Introdujo en sus piezas los tipos
populares del campesino y el negro.

José Fornaris
José Fornaris (1827-1890). Impulsor del Siboneísmo, autor de Cantos del
Siboney y amigo personal de Carlos Manuel de Céspedes, es asimismo
autor de La Bayamesa, musicalizada por Francisco del Castillo.

Tomás Buelta y Flores


Tomás Buelta y Flores (1798-1851). Insigne violinista y compositor de
notables contradanzas, el cual en dicho año pereció en La Escalera,
tormento a que le sometieron sus jueces para arrancarle la confesión de
complicidad en un delito cuya existencia jamás se ha probado lo suficiente.

Lino Boza
Lino Boza (1840). Compositor, clarinetista, director de orquesta y de banda.
Escribió valses, obras religiosas, rigodones, potpourris y marchas, y en
especial danzas que alcanzaron popularidad en del siglo XIX. Entre ellas El
chivo negro, La Elvira, La Cachita y El camisón. Además de su instrumento
básico, dominaba el violín, violoncelo, contrabajo y la viola y la flauta.
En 1860 ingresó como director a la Banda del Cuerpo de Bomberos de
Santiago de Cuba. Fue profesor y formó numerosos músicos santiagueros.
Su orquesta gozó de prestigio y aceptación entre los bailadores de la zona
oriental.

Ulpiano Estrada
Ulpiano Estrada. En 1818 se estrena en el teatro Provisional de Extramuros,
de La Habana, DON GIOVANNI, de Mozart. La puesta fue cantada en español
por una compañía local integrada por artistas criollos y peninsulares y la
dirección de la orquesta corrió a cargo del músico pardo. En 1824 se
estrenó en el Teatro Principal de La Habana, una coreografía de Andrés
Pautret titulada La matancera, con su música.

Juan de Dios Alfonso Armenteros


Juan de Dios Alfonso Armenteros (1825-1877). Clarinetista, compositor y
director de orquesta. Nació en San José de Las Lajas. Se radicó en La
habana a los diecinueve años de edad. Poco después organizó su
orquesta, La Flor de Cuba, que fue muy popular entre los bailadores del
occidente del país durante la segunda mitad del siglo XIX. Compuso
numerosas contradanzas, danzas, canciones y guarachas. Disfrutó de
reconocimiento como clarinetista. Su orquesta trabaja la noche de
los sucesos del Teatro Villanueva en La Habana de 1869, cuando los
Voluntarios (paramilitares) españoles atacaron a los asistentes de manera
cruel porque en el teatro se escucharon gritos pro-cubanos en la multitud.

Miguel Faílde Pérez


Miguel Faílde Pérez (1852-1921). Mulato nacido el 23 de diciembrede 1852
en la ciudad de Matanzas. Fue el inspirado cornetista creador del danzón,
quien lo estrenó en 1879 en el Liceo de su urbe natal.

José Alemán
José Alemán. Contrabajista y compositor que integraba la Orquesta de la
Catedral de La Habana junto a los mejores músicos de su época.
Raimundo Valenzuela de León
Raimundo Valenzuela de León. La Orquesta Típica de Raimundo Valenzuela
se convirtió en la más popular como intérprete del danzón, donde se lucía
con el trombón de pistones, del que era un virtuoso. Agregó elementos al
danzón que lo acercaron al son. Fue autor de numerosos danzones
inspirados en óperas italianas.

Nicolás González (El Güinero)


Nicolás González (El Güinero). Clarinetista nacido en Güines que forma
orquesta típica o de viento a mediados del siglo XIX. Trabajó en numerosos
bailes en la zona de Güines y en toda la provincia de La Habana. Muere
en 1892.

Ramón Urriola
Ramón Urriola (1840). Compositor, contrabajista, cornetinista y director de
orquesta de baile. En 1855 ya estaba al frente de su orquesta típica, que
sonó mucho en la provincia de Oriente. Autor de piezas bailables: Los
campos de Cuba, Tanda, el vals El desengaño, y de las
oberturas El genio y Sinfonía.

Manuel Figueroa
Manuel Figueroa. Compositor y director de orquesta. Santiago de Cuba,
principios del siglo XIX-fines del mismo siglo. Igualmente contribuyó en
actividades de salón social, como la que brindó con su interpretación de
tres danzas en 1857 en la Sociedad Filarmónica, donde el menú musical
contó con arias operáticas y cuarteto de cuerdas. Además de danzas,
compuso la canción titulada Soñando. Padre de los violinistas Ramón
Figueroa y Antonio Figueroa.
Nicolás Muñoz y Zayas Bazán
Nicolás Muñoz y Zayas Bazán. Conocido violonista y compositor de su era.
Su género era la contradanza, ritmo de origen francés llegado a Cuba
procedente de Haití. Sus composiciones fueron publicadas en la revista
Apolo Habanero por los años 1836 al 1845.

Vicente Díaz Comas


Vicente Díaz Comas. Compositor que se instaló en La Habana a mediados
del siglo XIX. Escribió numerosas contradanzas, como La azucena, La
tropical, La pin pin, Ajiaquito con casabe, La siempreviva, Almíbar puro, El
secreto, La cariñosa, Dame Café, Dolores, Los ojos de Filita y otras. En su
catálogo de obras constan además himnos, zapateos, marchas, polkas y
valses. También obras de mayor elaboración como la ópera La Esmeralda.

Tomás Ruiz
Tomás Ruiz (1834-1888). Compositor. Estudió música en el Liceo Artístico y
Literario capitalino. Sus contradanzas lograron mucha popularidad, entre
ellas Usted dispense, El dedo de Landaluce, Toma Perico y otras. Fue,
además, profesor de canto y piano.

José Marín Varona


José Marín Varona (1859-1912). Compositor, pianista y director de orquesta.
En 1896 estrenó su zarzuela El brujo. En 1902, cuando se estrenó la
Republica, organizó y fue el primer director de la Banda del Estado Mayor
del Ejército. Incursionó en la critica musical desde la Revista Cuba Musical,
fundada por él, y en otras publicaciones. Fue profesor muy estimado del
Conservatorio habanero. Condujo varias orquestas de compañías
zarzueleras. Entre sus obras: el vals Consuelo, zarzuelas, romanzas,
pasacalles, habaneras, obras de piano para niños, danzas y popurrís.
Escribió un Tratado completo de teoría musical. Miembro de la Academia
de Artes y Letras.

Pedro Martínez Freyre


El 17 de mayo de 1870 el coronel del Ejército Libertador, Pedro Martínez
Freyre compuso la letra del himno holguinero. La música se le atribuye a
don José María Ochoa, notable compositor y músico. Cuando todavía
estaba fresco el hecho de La Demajagua, rodeado de holguineros, que por
la expectativa de expediciones armadas vivían verdaderos momentos de
euforia patriótica, su autor, en aras de libertad, improvisó las estrofas de
este himno guerrero que clamaba por la emancipación de la isla del yugo
español, llamando a los holguineros a incorporarse al Ejército Libertador.
La partitura que se conserva fue hecha por el músico holguinero Porfirio
Sánchez, según testimonio del soldado mambí Sigifredo Urbino Guillén,
músico de la orquesta de Manuel Avilés.

Pedro (Perucho) Figueredo


Perucho Figueredo (1819-1870). Abogado y aficionado a la literatura y a la
música. Ostenta el alto honor de ser el creador del Himno Nacional cubano,
expresión artística donde se entrecruzan el sentimiento de amor patrio y la
decisión de combate, en la que el pueblo afirma y conquista su identidad
plena, la guerra liberadora.

Emilio Agramonte y Piña


Emilio Agramonte y Piña (1844-1918). Pianista y profesor de canto.
En 1865 se graduó en España de Licenciado en Derecho y cursó allí
estudios musicales, perfeccionados luego en Italia y Francia.
En 1893 fundó la Escuela de Ópera y Oratorio, en New York, donde dirigió
durante quince años la Gounod Society. Martí comisionó al Maestro
Agramonte para dar a conocer el canto de combate que había permanecido
y trasmitido en voz baja de una generación a otra de cubanos. En 1902,
instaurada la República, regresó a Cuba, e inauguró en La Habana la
Sociedad Coral Chaminade. Fue profesor en la Academia Municipal de
Música de la capital.

Eduardo Agramonte Piña


Eduardo Agramonte Piña (1841-1872). Médico, músico, periodista y coronel
mambí, es una de las figuras sobresalientes de los hombres del 68. Primo
de El Mayor Ignacio Agramonte, es uno de los primeros en derramar su
sangre en los llanos de Camagüey, al ser herido seis días después
del Levantamiento de Las Clavellinas.

Catalina Berroa
Catalina Berroa fue la primera directora de orquesta en Cuba y primera
compositora nacida en el país, iniciadora del movimiento cancionístico
en Trinidad. Además de pianista y profesora, compuso en la primera mitad
del siglo XIX la canción titulada La trinitaria, en el género habanera. Esta
es su obra más conocida y, según se asegura, al igual que en La Bayamesa,
el motivo de inspiración es la mujer y el amor por el suelo natal, con un
fuerte matiz anticolonialista e independentista. También fue directora,
durante el último cuarto del siglo XIX y principios del XX, de la Capilla de
Música de la Parroquial Mayor de la ciudad centro-sur de Trinidad, ubicada
a unos 360 kilómetros al este de La Habana.

Ella fundó una academia de música en Trinidad, donde impartió clases a


numerosos jóvenes, incluyendo a su sobrino José Manuel (Lico) Jiménez
Berroa, quien alcanzó reconocido prestigio como pianista y tras obtener el
Primer Premio del Conservatorio de París, Francia, regresó a su ciudad
natal, Trinidad. Compuso Estudio sinfónico, Elegía, Solitude, Murmullo del
céfiro y Rapsodia cubana, así como algunas canciones y piezas para piano.
Catalina compuso música variada, incluyendo la litúrgica o sacra y, en
opinión de expertos, poseía una exquisita inspiración. Además del piano,
conocía la guitarra, el violín, el arpa, la flauta, el violoncelo y el clarinete,
aunque se afirma sobresalió en la ejecución del órgano, que además era su
instrumento predilecto.

Escribió canciones, valses, guarachas, himnos y música religiosa, como


salves y misas. Fue organista de la iglesia de San Francisco de Asís y
directora del coro de la iglesia de la Santísima Trinidad, ambas en la villa
de igual nombre, fundada en 1514 por el Adelantado Diego Velázquez. Fundó
e integró un trío de cámara, donde ejecutaba el violoncelo, junto al
violinista Manuel Jiménez y la pianista Ana Luisa Vivanco, con quienes
participaba en veladas culturales promovidas por ella en la Sociedad La
Luz. En 1891 fue nombrada presidenta de la sección filarmónica de la
mencionada sociedad. Igualmente fue violinista de la orquesta del teatro
Brunet.

Canto lírico cubano


Cuba es una de las grandes fuentes del canto lírico. En la radio y televisión
se transmiten programas especializados del género. En el caso de la radio
se cuenta con una CMBF Radio Musical Nacional, emisora que por
excelencia difunde lo más relevante de la música sinfónica y el bel canto
universal de todos los tiempos. En la televisión los programas "Bravo" y "De
la gran escena", muestran la importancia que se le da en Cuba a la difusión
de lo más refinado en el arte musical.
El canto lírico cubano, como todo lo que define su cultura, es fruto de una
síntesis, del mestizaje. En cada pieza de nuestros grandes autores aparece
el sello que reafirma sus raíces europeas, africanas y asiáticas.

En su génesis, el canto lírico fue un fenómeno europeo. Lo de lírico se


remonta a la Grecia Antigua, refiriéndose al instrumento de cuerdas con el
que se hacían acompañar quienes "cantaban" las poesías de entonces en
los certámenes. Por eso el apellido de lírico proviene por los griegos del
periodo clásico. Hay estudiosos que coinciden en que el origen del canto
lírico se remite a las formas primarias del lenguaje, donde alzar la voz,
prolongar los sonidos y hasta el intento de imitar el canto de las aves,
fueron remotas pretensiones para hacer más accesible la comunicación
humana. Varios afirman que el canto precedió al lenguaje, pero se puede
inferir también que en todo caso fue una primera manifestación del
lenguaje mismo.

Orquestas

Orquesta La Flor de Cuba


Agrupación fundada a mediados del siglo XIX, en la capital cubana, por
Juan de Dios Alfonso. Interpretaba música bailable de la época:
contradanza, minuets, rigodones, lanceros, cuadrillas. Correspondía a las
llamadas orquestas típicas o de viento. Su instrumentación estaba
integrada por cornetín, trombón, figle, clarinete, violín, contrabajo, timbal y
güiro. Amenizaba la función, el día que ocurrieron los trágicos sucesos del
teatro Villanueva (1869), donde los Voluntarios españoles atacaron al
pueblo salvajemente. Juan de Dios Alfonso fue clarinetista, compositor y
director. A los 19 años de edad, se trasladó para la capital de la Isla. Poco
después, formó su orquesta (La Flor de Cuba), popularísima entre los
bailadores. Compuso e instrumentó contradanzas, danzas, canciones y
guarachas.

Orquesta Alemán
Fundada en 1878 por el contrabajista José Alemán en Santiago de las
Vegas, como orquesta típicas o de viento. Formada además por Alejo
Carrillo (cornetín); Pedro Espinosa (trombón); Leobino Zayas (figle); Julián
Allende (clarinete primero); Ramón Alemán (clarinete segundo); Elías
Fuentes (violín primero); Juan Tomás Alemán (violín segundo); Aniceto
Rodríguez (timbal) y Quirino Sastre (güiro). Viajo a Tampa, USA, en 1920
para presentarse en distintos bailables. Tras la muerte de José Alemán en
1924, pasó a dirigir la orquesta su hijo Ramón que incluyó nuevos músicos,
como Manuel J. Hernández (trombón);David Pérez (cornetín); Rogelio Valdés
(figle); Guillermo Arteaga (clarinete segundo); Jose Valdés Alemán (violín
segundo); Rafael Campos (timbal) y Enrique Murgas (güiro). La orquesta
estuvo en funciones hasta la década del 30.

Orquesta de Nicolás González


Típicas o de viento formada a mediados del siglo XIX en Güines por el
clarinetista Nicolás González, llamado El güinero. Trabajó en numerosos
bailes en la zona de Güines y en toda la provincia de La Habana. Al morir
González, en 1892, la dirección quedó en manos del también clarinetista de
la orquesta, José Travieso. No tuvo mucha duración posteriormente.

Orquesta de Pablo Zerquera


Típica o de viento que laboró en numerosas fiestas y eventos bailables en
La Habana, durante la década del 20 del siglo XX. Estuvo conducida por el
cornetinista Pablo Zerquera, e integrada también por el trombonista Eleno
Herrera; el contrabajista Rogelio Solís; Jesus Goicochea en el figle; lo
violinistas Francisco Morales e Isaac Fernandez; Eduardo Goicochea
Arrieta y Avelino Sis Gutierrez en los clarinetes; Jesús Delgado (güiro) y
Santiago Sandoval en el timbal.

Orquesta de Perico Rojas


Típica o de viento organizada en 1884 por el trombonista
Pedro Perico Rojas en Güines. A comienzos del siglo XX, estaba integrada,
además de Rojas, por Patricio Valdés y Andrés Rojas (violines); Martín
Caraballo y Miguel Rojas (clarinetes); Jesús Urfé (cornetín); Ambrosie Mann
(trombón); Anacleto Larrondo (figle); Juan R. Landa (bajo); Pedro Hernandez
(timbal) y Leopoldo Castillo (güiro). Trabajó hasta los primeros lustros del
siglo XX.

Orquesta Faílde
Típica creada en 1871 en Matanzas por el cornetinista Miguel Faílde
creador del danzón cubano. Sus músicos fueron Pascual Carreras (figle);
Pancho Morales (primer violín); Juan Cantero (segundo violín); Anselmo
Casalín (primer clarinete); Eduardo Faílde (segundo clarinete); Cándido
Faílde (trombón); Eulogio Garrido (contrabajo); Andrés Segovia (timbalero),
así como Isidro Acosta güiro. Posteriormente integraron la agrupación, por
cambios de personal, Julián Jiménez (trombón); Aniceto Díaz (figle); Alfredo
Hernandez (violín); Eduardo Betancourt (trombón) y Benito Oliva (timbal).
En 1903 la orquesta hizo único viaje de trabajo a La Habana, a fin de
participar en las fiestas de carnaval, cosa que hicieron con éxito. A la
muerte Miguel Faílde en 1921, la orquesta cesó sus funciones.
Orquesta Torroella
Charanga organizada a fines del siglo XIX en La Habana por el pianista
matancero Antonio Papito Torroella. Entre sus músicos estuvieron Faustino
Valdés, flauta; David Rendón y Tata en los violines, así como Evaristo
Romero en el contrabajo. Fue la primera orquesta de este tipo que trabajó
en La Habana. Se supone que utilizaron en sus grabaciones a otros
músicos, como un güirero o un tímpani(Díaz Ayala). Comenzaron a grabar en
cilindros Edison en 1906 y registraron 8 temas, cuatro de ellos originales
de Torroella: La peseta enferma, La rapsodia, Cabañas y El tibisi. Es posible
que haya sido la primera agrupación de este tipo que incluyó un piano
entre las que sonaron en la capital, ya que se sabe que en Matanzas las
hubo así desde la década de 1870.

Orquestas típicas
Tipo de agrupación conocida también como «orquesta de viento», por los
instrumentos de este tipo que predominaban en ella. Tuvo presencia en la
Isla desde el siglo XVIII, y fue mayor su auge en el XIX. Interpretó primero
contradanzas y bailes europeos de salon, y con la evolución y cambios de
finales del XIX, danzas y danzones de claro sabor cubano. el danzón.
Comenzó a caer en desuso en los primeros años del siglo XX, por el auge
de las charangas y las orquestas del tipo jazz band. Su alineación constaba
de trombón de pistones, cornetín, dos clarinetes en Do, figle, dos violines,
un tímpani (o timbales),un contrabajo y un güiro criollo. Refleja en su
constitución una reducción de las bandas militares y municipales que
tuvieron gran presencia en el panorama musical cubano durante todo el
proceso colonial, y que fueron una cantera natural de notables músicos.
Orquesta Valenzuela
Típica organizada en La Habana de 1877 por el trombonista y compositor
Raimundo Valenzuela. Tras la muerte ese año del director Juan de Dios
Alfonso, su orquesta La Flor de Cuba quedó sin conductor. Valenzuela había
sido músico de esta agrupación y pasó entonces a dirigirla, en lo adelante
con el nombre Orquesta de Pablo Valenzuela. Alcanzó una merecida fama
en todo el occidente del país en los finales del siglo XIX y comienzos del
XX, disputada para amenizar bailes y otras fiestas populares. En ocasiones,
Valenzuela tuvo que organizar tres formaciones similares para poder hacer
franje a las demandas de presentaciones. Entre sus músicos estuvieron
Félix de la Cruz, Enrique Pastor, Tomás Olivera, Manuel Hernández, Ramón
Quirós, Julián Vargas, Dionisio Romaguera el conocido cornetinista Pablo
Valenzuela, hermano de Pablo que, al fallecer Raimundo en 1905, tomó la
dirección de la orquesta hasta su muerte en 1926 cuando la agrupación
dejó de existir tras casi 50 años de actividad.

Benny Moré

El Bardo Lajero es y será enla música popular cubana, su figura más


representativa. Además de aquella voz insuperable y capáz de alcanzar los
tonos, timbres y modulaciones que deseara, continúa siendo el intérprete
cubano más versátil. Como aquella pieza que le dedicara Joseíto
Fernández: "Elige tú que canto yo", con el Benny no había arreglo de que no
cantara Guarachas, Boleros, Sones, Mambos, lo mismo que un Afro y
un Guaguancó.
Cubano criollo, negro y guajiro de pura cepa, queda mucho por estudiar de
esta figura cimera del canto popular cubano. Más allá del Benny como
intérprete genial y compositor de talento, está el Benny poeta, el de la
décima, el del verso límpido y claro como el arroyo que se desliza entre las
palmas en las letras que escribió para muchas de sus canciones.

Está el Benny repentista, con esa cubanísima elocuencia sacada quién


sabe de dónde, que identifica a lo mejor de la poesía campesina cubana.
Está el amigo franco, generoso, con un alto sentido de la amistad y la
familia que hace saltar las lágrimas de quienes lo conocieron de cerca,
cuando se les pregunta sobre él.

Hoy como ayer él sigue presente, y su música la retoman nuevos creadores.


Hoy como ayer su voz, sus inspiraciones y la modestia que lo
caracterizaron, vibran al unísono en soneros, trovadores y poetas.

Son y salsa

Géneros vocal e instrumental bailable, que constituyen una de las formas


básicas dentro de la música cubana. Muchas personas, diletantes y
curiosos, aún debaten sobre el origen, y solo encuentran respuesta
consensual en un estribillo de uno de los más populares sones de Miguel
Matamoros: "Son de la loma", aunque se cante en el llano.
Véase también
• Lista de músicos de Cuba

• Anexo:Agrupaciones Musicales Cubanas

• La música campesina en Cuba

Fuentes
• Alén, Olavo: Géneros de la música cubana (primera parte). La Habana:

Editorial Pueblo y Educación, 1977.


• Contreras, Félix: Porque tienen filin. Santiago de Cuba: Editorial Oriente,

1989.
• Chateloin, Felicia: La Habana de Tacón. La Habana: Editorial Letras

Cubanas, 1989.
• Díaz de Ayala, Cristóbal: Música cubana: del areíto a la nueva trova. San

Juan (Puerto Rico): Cubanacán, 1981.


• Diccionario Enciclopédico de la Música española e hispanoamericana (en

proceso editorial).
• Eli, Victoria y Zoila Gómez: Haciendo música cubana. La Habana: Editorial

Pueblo y Educación. 1989.


• Leal, Eusebio: Regresar en el tiempo. La Habana: Editorial Letras Cubanas,

1986.
• León Argeliers: Del Canto y el Tiempo. La Habana: Editorial Pueblo y

Educación, 1974.
• Orovio, Helio: Diccionario de la Música Cubana, biográfico y técnico .

La Habana: Editorial Letras Cubanas. 1989.


• Orozco, Danilo: «El son, ¿ritmo, baile o reflejo de la personalidad cultural

cubana?», en Musicología en Latinoaméica. La Habana: Editorial Arte y


Literatura, 1985.
• Robreño, Eduardo: Como lo pienso lo digo. La Habana: Editorial Unión, 1985.
• Rodríguez Ezequiel: Trío Matamoros, treinta y cinco años de música popular

cubana. La Habana: Editorial Arte y Literatura, 1978.


• Villar, Juan Manuel: Agrupaciones de música popular. Impresión Ligera

CIDMUC. 1993.
• Información sobre música cubana

• Santiago de Cuba y la música popular

• ¿Hoy qué hay? información sobre conciertos y actividades culturales

• «El punto, la rumba, boleros, la contradanza», artículo en español publicado

en el sitio web Cuba Music.


• «El danzón cubano: un "medicamento" que se baila», artículo publicado en

el sitio web Curiosidades Cubanas.


• Juventud Rebelde

• Foros Cubarte

• Radio Cubana

• Cuba.Sí-Música