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UNIVERSIDAD PRIVADA DE TACNA

Facultad de Derecho y Ciencias Políticas

Tema:
Caso Marbury vs. Madison
Curso:
Derecho Procesal Constitucional
Docente:
Dr. Álvaro Zacarías Valderrama
Alumna: Liz Machaca Mamani
Ciclo: XI-Noche

TACNA-PERU

2018
CASO MARBURY VS.MADISON

Marshall unos de los jueces más importantes de la historia de la Corte Suprema de Estados
Unidos, asumió la Presidencia de la Suprema Corte en 1801, y a la vez Secretario de Estado del
presidente John Adams, del partido federal. Justo antes de que Adams deje la presidencia, para
ser relevado por Thomas Jefferson (del partido republicano), el gobierno del partido federal
designó a varios jueces de paz. Este proceso de designación involucraba el nombramiento por
parte del Presidente con la posterior ratificación del Congreso; tras ello, correspondía, como acto
de perfeccionamiento formal, que el documento de nombramiento sea sellado y remitido por
correo por el Secretario de Estado (cargo que, hasta el momento de los mencionados
nombramientos, tenía Marshall).

Lo cierto es que William Marbury fue nombrado juez de paz casi el último día de gobierno del
partido federal y a John Marshall no le alcanzó el tiempo para sellar o enviar todos los
nombramientos que acaban de hacerse, entre ellos el de Marbury. Ante ello, el nuevo Secretario
de Estado nombrado por Jefferson, James Madison, se negó a sellar y a distribuir las credenciales
pendientes, e incluso eliminó las plazas de juez creadas por Adams. William Marbury,
seguramente sin imaginar lo que resultaría de ello, presentó un mandamus pidiendo al nuevo
Secretario de Estado que le envíe su nombramiento, el cual ya estaba sellado. Este pedido, en
aplicación de una disposición de la Judiciary Act (equivalente a nuestra Ley Orgánica del Poder
Judicial), llegó directamente a la Suprema Corte.

Al resolver, la Corte (y especialmente Marshall, quien, como señalamos antes, era tanto Chief
Justice del Tribunal como ponente de la causa) resolvió que, aunque era cierto que le asistía un
derecho a Marbury y que este merecía tutela, la ley que habilitaba a la Suprema Corte a resolver
un mandamus como el presentado contravenía lo dispuesto por la Constitución. Más
específicamente, señaló que si bien la Judiciary Act habilitaba a la Corte Suprema para conocer
algunos mandamus en primera instancia (con competencia originaria), dicha competencia legal
resultaba inconstitucional, pues no se ajustaba a lo dispuesto por la Constitución (que disponía
que, salvo algunos pocos supuestos, la Corte Suprema solo ejercía competencia “por apelación”).
En esta línea, y con independencia de la situación de Marbury (a quien finalmente no se le tuteló
el derecho), la Corte sostuvo que la Constitución establecía límites para los poderes públicos, los
cuales no podían ser rasados por estos, prohibición que había sido desatendida por el Congreso
al dar la Judiciary Act. Y lo más relevante: precisó que cuando una ley se opone a la Constitución
esta deja de ser válida y, siendo así, declaró que la ley que establecía la competencia de la
Suprema para que esta resuelva mandamus de manera directa no podía ser aplicada, por ser
inconstitucional. Con lo anotado, seguramente queda muy claro varios de los aportes que se
derivan de esta sentencia. Uno primero, es que con casos como Marbury vs. Madison la Corte
Suprema no solo afianzó el valor de la Constitución, sino también afirmó su propia legitimidad y
poder (de hecho, al revisar la historia de diferentes tribunales constitucionales, se constata que
sus decisiones iniciales, o también las de ruptura, son decisivas para su fortalecer su legitimidad).

En este mismo sentido es que el caso Marbury, con el paso del tiempo, se ha consolidado como
la “sentencia símbolo” de la judicial review (o del modelo de “control difuso de
constitucionalidad”), relegando a otras decisiones más bien lamentables de la Supreme
Court (como la del caso Dred Scott vs. Sandford), en las que también se declaró la
inconstitucionalidad de normas legales, pero que no abonaron a su engrandecimiento.Esta es la
primera vez en que de manera expresa se somete al poder político –ni más ni menos que a una
ley del Congreso– al valor normativo de la Constitución (Constitución, además, en sentido
moderno: es decir, escrita y dada por “el pueblo”).

Ante ello, consideramos necesario llamar la atención sobre que este valor genuinamente jurídico
de la Constitución es muy reciente en los países de tradición legiscentrista (o de Civil Law) como
el nuestro, y que el asunto resulta todavía más nuevo si nos referimos a la aplicación efectiva de
la norma magna por parte de los jueces, quienes han sido considerados hasta no hace mucho
como una especie de “poder nulo” frente al poder político.

Conclusión:

En el caso de Marbury vs.Madison; la esencia del control disuso de constitucionalidad radica en


la noción de supremacía constitucionalidad y en su efectiva garantía, en el sentido de que si hay
actos que colinden con la Constitución, ellos son nulos y como tales tienen que ser considerados
por los tribunales, los cuales son, precisamente, los llamados a aplicar las leyes; destacar que
una decisión de tanta trascendencia como la del caso Marbury vs. Madison, se ha debido, más
que a cualquier otra cosa, a la sagacidad y la persistencia de un juez como John Marshall. En este
sentido, el caso Marbury demuestra suficientemente que a veces los “casos pequeños”, en
manos de grandes jueces, pueden dar lugar a decisiones notables.