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TEMA 4.

ORGANIZACION ECONOMICA Y SOCIAL

I. La economía hispana en relación con el mundo romano.


I.1 Agricultura, ganadería.
I.2 Industria, comercio y minería, y las formas jurídicas para su explotación.

II. Las clases sociales y su diferenciación jurídica.


II. 1 La estructura social.
II. 2. La crisis del Imperio y sus repercusiones en el orden social: la adscripción y el origen del régimen
señorial.

I. La economía hispana en relación con el mundo romano.


En primer lugar a la llegada de los romanos las regiones de Hispania
presentaban grados desiguales de desarrollo económico como reflejo de la
prosperidad de las regiones meridional y levantina, y la pobreza de las regiones
del interior y del Norte.
En segundo lugar se observa que a lo largo de la dominación romana se
desarrollaron a base de la aplicación de formas económicas capitalistas y dentro
de ellas, de economía liberal de libre competencia especialmente durante las
etapas de la República y el Principado. A partir del siglo III evoluciona a formas
de intervencionismo estatal, manifestadas en formas de control de precios, en el
aumento de monopolios de explotación y en la centralización de las
transacciones comerciales.
En tercer lugar, la romanización fue un proceso de absorción económica
en la que los romanos aprovecharon al máximo los recursos económicos,
humanos y estratégicos de las provincias hispánicas.
La evolución de la economía hispana se estructura en tres etapas:
1. La producción se desarrolló en función de abastecer al ejercito romano
destacado en Hispania.
2. De explotación. A partir de la aniquilación de Numancia (133 a.c..) se
aprovecharon los recursos para compensar algunas provincias romanas de
Oriente sumido en guerras.
3. De depresión económica. A partir del siglo III, la Península cayó en depresión
económica.
La España romana dependió de sus propias fuentes de riqueza
(agricultura, ganadería, minería, industria y comercio) y sirvió como foco de
demanda de las manufacturas producidas en la Península Itálica.

I.1 Agricultura, ganadería.


La agricultura estaba basada en el cultivo de cereales, vid y olivo. España
abasteció a Roma de cereales procedentes de la Bética y la Tarraconense. Se
aumentó considerablemente la producción con la introducción del arado romano,
el uso de los abonos y el perfeccionamiento de los riegos.
El dominio del terreno pertenece al Estado romano que lo dejaba a las
ciudades conquistadas para que lo siguieran aprovechando. En los casos de
deditio la tierra se expropiaba a las ciudades vencidas (Ager publicus). Se
entregaba a los colonos, de forma particular, que habían fundado una colonia
(Ager colonicus); o se asignaba a los colonos de forma comunal (Ager
compascuus). En los casos de los colonos llegados de Roma para asentarse en
suelo provincial pagaban un canon simbólico, a cambio de un aprovechamiento
del suelo que se asimilaba a una propiedad del mismo sin serlo. En el caso de
las antiguas comunidades indígenas, una vez desprovistas del suelo quedaron
también en la possessio de las tierras que habían sido de su propiedad, de
manera que había de pagar al Fisco romano una contribución territorial. A veces
se veían obligados a arrendar sus propias tierras a colonos a los que se les
hubiera asignado sus tierras.
En los primeros momentos de la colonización la unidad mas común de
explotación fue el fundus: es una pequeña o mediana explotación cultivada por el
propietario, su familia y esclavos, cuya extensión oscilaba entre las 1000 y 1500
hectáreas.
A partir del siglo I se inició en Italia un proceso de transición de la
pequeña propiedad a la gran propiedad que se exportó a las provincias. Este
fenómeno se produjo por la reducción de esclavos al haber menos guerras de
conquistas, provocando que muchos propietarios vendieran sus tierras, a otros
mas ricos, pasando estos a ser arrendatarios de las que antes fueron sus tierras.
Estos latifundios se llamaban Saltus y podían pertenecer a particulares, a la
iglesia o a los emperadores.
En el Bajo Imperio se desarrollaron unas relaciones mas amplias, de las
meramente económicas, entre propietarios y arrendatarios, comenzando por
una amplitud temporal que derivó en la adscripción de los arrendatarios a la
tierra y a relaciones de encomendación (protección del encomendado a cambio
de pequeña propiedad, renta por las tierras o algún servicio). En algunos
latifundios se crearon regímenes de gobierno interior, no llegando a ser unidades
independientes del Estado.
La explotación ganadera gozo de gran protección oficial: caballos,
bueyes, asnos, ganado bovino y ovino, cabras y conejos silvestres. Tenía
dificultad en su comercialización por la precariedad en los transportes.

I.2 Industria, comercio y minería, y las formas jurídicas para su explotación.


En la península Ibérica existía gran tradición minera que fue reactivada
con la llegada de los romanos mediante la aplicación de nuevas técnicas con
vistas a la exportación, permitiendo grandes rendimientos mediante el desarrollo
de formas capitalistas y esclavistas que, ocasionaron gran destrucción de
recursos naturales y de vidas humanas.
La riqueza mineral (oro, plata, hierro, cobre, mercurio, plomo y estaño) fue
uno de los motivos determinantes para la permanencia de los romanos en la
Península, una vez vencidos los cartagineses en el siglo III a C.
Las riquezas de oro y plata son las causantes de las guerras lusitanas y
celtibéricas. La guerra contra los cántabros fueron por el mismo motivo. El
trazado de las vías romanas en Asturias estuvo en función de las explotaciones
mineras y la llamada calzada de la Plata aseguraba el control de las regiones
productoras de estaño.
Durante la República, la propiedad del suelo pertenecía al Estado como
parte del ager públicus, y la explotación de los yacimientos se arrendaba por 5
años a empresas concesionarias (publicani), también existían minas explotadas
por particulares en calidad de poseedores de terreno.
En la primera época del Imperio el Estado romano tomó un interés más
directo en el control de las zonas de intensa producción minera. Los grandes
distritos mineros fueron explotados bajo un sistema de concesión de
arrendamiento a particulares o a empresas vigiladas por el Estado como
verdadero propietario. El régimen jurídico de estas concesiones está descrito en
el bronce de Vipasca II (ver tema 2)
En la etapa del Bajo Imperio los arrendamientos de minas fueron
sometidos a plazos mas cortos, y los arrendatarios a estrecha vigilancia
quedando la explotación monopolizada por el Estado. La mano de obra era
autóctona esclavizada o procedente de condenados a trabajos forzados
(cristianos hasta el siglo IV) o legionarios, o adscritos al trabajo minero y algunos
hombres libres mediante sistemas de arrendamiento de servicios (locatio
conductio operarum).
Durante la hegemonía romana hubo un gran desarrollo de la industria,
derivada de la transformación de productos agropecuarios y orientada hacia
mercados extrapeninsulares. La organización industrial contaba con obreros
artesanos industriales libres (por cuenta ajena o por cuenta propia) esclavos o
libertos que trabajaban en las ciudades o en los latifundios. Los trabajadores de
la indústria se asociaban en colegios profesionales (collegia) y en el siglo III
fueron un instrumento del Estado para regular la vida de sus miembros
imponiéndoles la adscripción al oficio y la hereditabilidad de la profesión, así
como el pago de los impuestos propios de sus miembros.
Se dieron varias formas de comercio (fijo o ambulante). Se vio favorecido
por un sistema de comunicaciones terrestres, fluviales y marítimas a gran escala
y por un sistema unitario de medidas y pesos. El pequeño comercio era
gestionado por pequeños comerciantes (mercatores) y se centraba en el
mercado de las ciudades y en las ferias, así como establecimientos
permanentes. Los grandes comerciantes (negotiatores) actuaban como agentes
de grandes empresas mercantiles romanas. Se agruparon en colegios
profesionales y en el Bajo Imperio fueron instrumento de adscripción y
hereditabilidad del oficio. Las ciudades tendieron a independizarse de su entorno
y la economía se ruralizó centrándose en la actividad agraria y ocasionando el
descenso del comercio. El Estado intento solucionar la crisis con medidas
coercitivas que fracasaron.

II. Las clases sociales y su diferenciación jurídica.


II. 1 La estructura social.
La población predominante en la España romana fue la población
indígena, la inmigración de ciudadanos romanos no fue muy grande. Las dos
poblaciones llegaron a fundirse en el Alto Imperio constituyéndose una sociedad
hispanorromana a partir del siglo II, cuya estructura fue el resultado de la
diversificación jurídica y económica y de la adaptación a la estructura social
romana. Desde el punto de vista social había dos bloques: los libres (ingénuos) y
los esclavos (siervos).
En la Roma republicana entre los libres había tres clases: patricios
(senadores terratenientes); plebeyos (artesanos, comerciantes, libertos y
encomendados) y equites (ciudadanos acaudalados).
En el Alto Imperio la sociedad romana se jerarquizó en un sistema de
castas por el factor económico y excluyentes: honestiores (senadores, ilustres y
especiales); humiliores (la plebe y los semilibres) y los mediocres (sacerdotes,
decuriones, militares, negotiatores).
En el Bajo Imperio se radicalizaron las diferencias: los honestiores
(aristocracia senatorial y burocrática, grandes propietarios y la burguesía
ciudadana) y los humiliores, es decir, la plebe urbana (artesanos y
comerciantes) y rural (pequeños poseedores y colonos). Por debajo de esas dos
capas estaban los de condición jurídica libre o con libertad restringida (liberto,
cliente, patrocinado o encomendado) que según habitasen la ciudad o el campo
constituían la plebs urbana o la plebs rústica.
En la sociedad hispana había gran número de esclavos que no tenían la
consideración jurídica de persona sino de cosa, siendo objetos de derecho (no
sujetos), estaban bajo la potestad de su dueño, que ejercía sobre ellos su
derecho a venderlos o transmitirlos. en la condición de siervo se incurría por
haber nacido de padres siervos, por cautiverio de guerra, por la entrega
voluntaria del individuo en servidumbre, por pena, o por deuda en cumplimiento
de una obligación contraida. Su condición podía extinguirse mediante
manumisión que hacía del siervo un liberto. También había grupos de judíos y
extranjeros (bárbaros)

II. 2. La crisis del Imperio y sus repercusiones en el orden social: la adscripción y


el origen del régimen señorial.
El comienzo de la crisis del Imperio se sitúa a finales del siglo II y sus
causas son:
- De índole social y económico es decir por el injusto reparto de la riqueza y el
trabajo.
- El crecimiento fabril e industrial no estuvo a la altura del crecimiento
demográfico.
- Las invasiones de los pueblos bárbaros.
- Contradicciones internas.
En el año 301 Diocleciano promulga el edicto de pretiis rerum venali
(edicto del máximo precio de las cosas). Desde el año 364 al 410 hay sucesivas
invasiones de los bárbaros que culminan en el saqueo de Roma por parte del
caudillo visigodo Alarico I.
El estado de esclavitud al que quedaban sometidas las personas con el
fenómeno de la adscripción de las personas a la tierra, al cargo o al oficio.
Los dueños de los grandes latifundios fueron acaparando la economía y
la administración de los latifundios y de las gentes que los habitaban, no sólo a
efectos comerciales, sino también a efectos tributarios y de administración de
justicia, invadiendo con ello un campo del poder del Estado y estableciendo un
sistema de autarquía casi completa.