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Teorías de la

Personalidad. Lezama Meza Ana


Georgina.

Piscología. 2 °
“A”

Melanie Klein.
A pesar de las controversias que despertaba por sus planteamientos, por haber ‘usado’ el
análisis de sus propios hijos para desarrollar sus teorías y por la pugna abierta con Anna
Freud, a la que se adhería su propia hija Melitta, es indudable que Melanie Klein es una
de las figuras más sobresalientes de la historia del Psicoanálisis. Se le reconoce como
precursora de la utilización de la Técnica del juego en el análisis de niños -el equivalente
a la Asociación libre del adulto- que consideraba el mejor modo de hacer emerger sus
fantasías para poder interpretarlas.

Convencida de lo nocivo del tabú con que se manejaba la sexualidad, consideraba que, al
ser franca con el niño, se le podría evitar una represión innecesaria y fijar el principio de
su salud mental; con este tema comienza su primera conferencia sobre el desarrollo del
niño, pronunciada en la Sociedad Húngara, en julio de 1919 (se refería al análisis de su
hijo Erich, cosa que ocultó):

Dejaremos al niño adquirir tanta información sexual como exija el desarrollo de su deseo
de saber […]. Esto asegurará que los deseos, pensamientos y sentimientos no sean en
parte reprimidos y en parte, en la medida en que falla la represión, tolerados bajo una
carga de falsa vergüenza y sufrimiento nervioso […] Además, al impedir esta represión
[…] estamos sentando las bases para la salud, el equilibrio mental y el desarrollo positivo
del carácter. (Klein, 1921: 20)

¿Pero, cómo era esta mujer tan controvertida?

Generosa, ardiente, apasionada, hasta explosiva: defectos tales como los que ella tenía,
eran defectos de sus cualidades, y no una disminución de su condición de persona digna
de ser amada. (Grosskurth, 1990: 484)

Así la describió Hanna Segal, en 2010, en el servicio conmemorativo de los 50 años de su


muerte, acaecida el 22 de septiembre de 1960 (...) Además de haber sufrido las dos
grandes guerras europeas y sus consecuencias, su vida estuvo marcada por el duelo: su
marido regresó inválido de la Primera, en 1916. Su contacto con la muerte comenzó muy
temprano: sólo tenía cuatro años cuando su hermana Sidonie murió de tuberculosis
(1886). A los 18 murió su padre, quien estaba ya ‘ausente’ por el Alzheimer (1900).

Al cumplir 21, muere su hermano preferido, Emmanuel con quien tenía una relación muy
cercana (1903). Más adelante, su hijo Hans muere a los 18 en un accidente confuso
(algunos piensan que se suicidó). La depresión que la afectaba la movió a buscar un
analista, primero Sandor Ferenczi y luego Karl Abraham; llevaba algo más de seis meses
de tratamiento cuando éste muere. (Solís, 1975). Cargó, además, con el peso de
reemplazar a Sidonie ante su madre y con la culpa por la muerte de su hermano.

Nació el 30 de marzo de 1882, en Viena, donde vivió hasta los 27 años. Su padre, Moriz
Reizal, provenía de una familia judía ortodoxa de la ciudad de Lvov, Galitzia, imperio
Austro-húngaro (hoy parte de Ucrania). Su abuelo paterno era un ‘hombre de negocios’
conocido como estudiante del Talmud, quien preveía para Moriz un futuro como rabino, y
le escogió su primera esposa sin darle la oportunidad de conocerla. Sin embargo, Moriz
tenía un fuerte deseo de hacer su vida propia, de forma que no solamente se divorció a
los 37 años, sino que, en vez de convertirse en rabino, estudió medicina y comenzó a
ejercer su profesión. De visita en Viena, a los 40, Moriz conoció a Libussa Deutsch, una
joven judía de 16 años proveniente de Eslovaquia, quien pertenecía a una familia culta
descendiente de rabinos, con quien contrajo matrimonio en 1875. La pareja se fue a vivir
a Deutsch Kreutz, donde nacieron los tres hijos mayores, Emilie, 1876, Emmanuel, 1877 y
Sidonie, 1878. La familia se trasladó a vivir a Viena y allí, cuatro años después, nació la
menor, Melanie.

Era una época difícil para la comunidad judía; en 1882, año de nacimiento de Melanie, las
fraternidades estudiantiles germano-austríacas promulgaron la Resolución de Waidhofer,
que pretendía denigrarlos hasta lo más bajo:

Todo hijo de madre judía, todo ser humano que tenga en sus venas sangre judía, ha
nacido sin honor y, por tanto, debe carecer de todo sentimiento humano decente.
(Grosskurth, 1990: 20)

Por esa época, Sigmund Freud, ya con 27 años, había logrado ingresar al Servicio de
Medicina Interna del Prof. Nothnagel, como Asistente, y finalizado el tratamiento catártico
de Anna O. con Breuer. Como judíos en la Viena católica y conservadora de la época,
tanto Freud como Klein y sus familias de origen sufrieron la persecución. (Grosskurth,
1990) Este ambiente antisemita no le permitió a Moriz más que ejercer como médico en
un teatro de vodevil en las noches y dedicarse a la odontología en el día. La situación
económica era complicada; el fuerte temperamento de la madre, Libussa, sacó la familia
adelante: a pesar de su inclinación por la vida intelectual, fundó un negocio de venta de
plantas y reptiles (que estuvo abierto hasta 1907), no sin quejarse por la dificultad
económica de su marido: no perdía ocasión para transmitirle al resto de la familia el
desprecio que sentía por él.

Moriz era un hombre erudito, retraído, pero inepto para los negocios; afirmaba su
superioridad ‘mediante proezas intelectuales’. Llegó a aprender diez idiomas. Melanie lo
admiraba mucho y era tan decidida y apasionada como él.

En 1887, la situación económica de la familia mejoró gracias a la ayuda de Hermann


Deutsch, hermano menor de Libussa, un exitoso abogado que, siendo estudiante, había
vivido con ellos.

Melanie tenía cinco años, era la preferida del tío Hermann. Se sentía muy atraída por el
ambiente cultural de la familia de Libussa, en la cual tanto el padre como el abuelo eran
muy respetados por su saber; por el contrario, despreciaba a la conservadora y cerrada
familia de su padre.

Desde pequeña era muy segura de sí misma; sin embargo, tenía, con Emilie, su hermana
mayor, una fuerte rivalidad por su padre, a quien no podía perdonarle que un día hubiera
reconocido su preferencia por Emilie. La muerte de Sidonie le afectó muchísimo; siempre
recordó que era amable con ella y que, a pesar de la enfermedad, la ayudaba a estudiar.
En su autobiografía dice:

Siento que nunca superé el sentimiento de dolor por su muerte (...) Recuerdo que,
entonces, sentí que mi madre me necesitaba a mí, especialmente cuando Sidonie se
había ido, y es probable que, en parte, el daño consistiera en que yo tenía que reemplazar
a esa niña. (Grosskurth, 1990: 28)

Su hermano Emmanuel se convirtió en su apoyo escolar y en su gran seguidor. Admiraba


la poesía que de niña Melanie escribía, y la estimulaba a hacerlo. Él mismo era un
intelectual y, cuando decidió estudiar Medicina, carrera que él ya estaba cursando, la
preparó para su ingreso al Gimnasium de Viena.

Hermano y hermana eran almas gemelas que participaban de los mismos estados de
ánimo y de las mismas reacciones. Él era el sustituto del padre, estrecho compañero,
quimérico amante (…) y nadie en toda su vida fue capaz de reemplazarlo (…) Fue una
familia acribillada por la culpa, la envidia y, ocasionalmente, las explosiones de cólera,
caracterizada además por fuertes matices incestuosos. (Grosskurth, 1990: 53)

Tenía 16 años cuando conoció a Arthur Stevan Klein, amigo de Emmanuel y estudiante
de ingeniería química en la Escuela Federal de Suiza, en Zurich. A pesar de las dudas
que tenía sobre sus incompatibilidades, su apasionamiento la lleva a retirarse de sus
estudios (se pasa a estudiar informalmente Historia y Arte), para dedicarse
completamente a él. Haberse retirado tempranamente de su carrera, le pesó siempre y
sirvió de motivo a algunos miembros de las sociedades psicoanalíticas para atacarla.

Su hermano Emmanuel tenía muy mala salud, sufría del corazón; no soportaba sentir que
con el matrimonio perdería a su hermana.

Despechado y convencido de que estaba destinado a morir joven, se fue para Italia a
escribir, pretendiendo vivir la vida plenamente en el tiempo que le quedaba.

El inminente casamiento de Melanie supuso el preludio de la muerte de Emmanuel,


provocada por la inquietud, la desnutrición, el alcohol, las drogas, la pobreza y la voluntad
de autodestrucción.

Melanie cargó con la culpa de esta muerte toda su vida. (Grosskurth, 1990: 33)

Emmanuel murió el 1 de diciembre de 1902.

Una de las tareas que se propuso Melanie, apasionadamente, fue editar su libro después
de su muerte: logró hacerlo en 1906 con la ayuda de Arthur Klein, cosa que ella siempre
le agradeció, aunque no tuvo mayor acogida en el medio intelectual.

El 31 de marzo de 1903, todavía de luto por la muerte de Emmanuel, contrajo matrimonio


(Grosskurth, 1990, p.55).
Tuvo tres hijos, Melitta, Hans y Erich. Melitta, nació el 19 de enero de 1904. Su segundo
hijo, Hans, el 2 de marzo de 1907. Eric, siete años más tarde. La madre de Melanie
interfirió en su vida y en su matrimonio con Arthur, mientras estuvo viva, con el argumento
de que le convenía cuidar sus nervios alterados; entre 1901 y 1912, se encargaba de
organizarle viajes lejos de su hogar (época en que Klein estuvo bastante deprimida), y
quedaba al cuidado de la casa, de los nietos y, a veces, del yerno. No perdía ocasión para
cargarla de culpa por el abandono de la familia y de ella misma. Su protagonismo era tan
marcado, que es probable que la relación de Melanie con Melitta, haya sido
negativamente influida por Libussa, quien, al mismo tiempo que alejaba a Melanie de su
hogar, la desacreditaba delante de sus hijos como madre abandonadora.

Erich nació el 1 de julio de 1914, año en que muere Libussa de cáncer y la depresión de
Melanie se agrava. Ser la preferida de su madre le resultó costoso en su vida privada:
Libussa le había asignado el papel de niña mimada y Melanie tuvo que pagar un terrible
precio por eso. Podía tenerlo todo en la medida en que hiciera exactamente lo que la
madre le decía. Libussa fortaleció el temor infantil al abandono subrayando que sin su
madre no era capaz de vivir y la muerte de su madre confirmaba ese temor. (Grosskurth,
1990: 79)

Después de esta contingencia, Melanie se dedicó a escribir una colección de alrededor de


30 poemas, varios fragmentos, bocetos en prosa y cuatro relatos; todos muestran su
estado de ánimo durante los seis años posteriores.

Su único tema era el anhelo de una vida más plena y su esfuerzo constante por ajustarse
a la realidad de su existencia. Sin embargo, en 1913 cambia la tónica y escribe algunos
poemas de amor. Bruno Shling, el traductor de la obra de Klein, sostiene que ella conoció
el amor fuera del matrimonio en 1913 y en 1914. Uno de estos poemas, dice: Estás junto
a mí, mi mano se refugia en la tuya. Mi cuerpo se aprieta estrechamente contra el tuyo. Mi
boca absorbe la tuya. Somos un ser inescindible ¿Es el latido de tu corazón, es del mío?
¿Cuál es el que siento? Lo que resuena y se agita en mi sangre, ¿No es un eco de tu
sangre? No hay un yo. No hay un tú. Dichosos sean los límites. (Grosskurth, 1990: 81)

Al finalizar la primera guerra, Arthur se fue a trabajar a Suecia y Melanie se fue a vivir con
sus suegros, en Rusomberok; esta separación terminó en divorcio, en 1922. Cuando
conoció a Ferenczi, ya éste había sido el colaborador más estrecho de Freud y ocupaba
una posición importante en la sociedad de Budapest. Junto con Jung, en 1909, acompañó
a Freud a los cursos en la universidad de Clark. Melanie comenzó a verlo regularmente en
1912. Por aquella época se encuentra con la lectura del trabajo de Freud sobre los
sueños que le impresiona favorablemente. Comenta: Eso era aquello a lo que yo me
dirigía, al menos durante los años en los que yo anhelaba hallar lo que pudiera
satisfacerme intelectual y emocionalmente.

Inicié el análisis con Ferenczi, el Psicoanalista húngaro más sobresaliente. (Grosskurth,


1990: 86) Ferenczi fue una gran influencia, tanto en su vida como en su pensamiento, al
ser el primero en reconocer en ella una especial capacidad para la comprensión del
inconsciente infantil: la alentó a dedicarse al Psicoanálisis de niños y Klein tomó algunas
de sus ideas para desarrollar las propias.

Ferenczi sostiene que el niño adquiere el sentido de realidad mediante la frustración de


sus deseos omnipotentes. Llama a los estadios de omnipotencia y de realidad ‘estadio de
introyección’ y ‘estadio de de proyección’, respectivamente, terminología que Klein
adoptó, modificó y elaboró. (Grosskurth, 1990: 88)

Durante el V Congreso de la International Psychoanalytical Association (IPA) de


septiembre de 1918, en Budapest, que Freud consideraba el centro del movimiento
psicoanalítico, Melanie Klein vio a Freud por primera vez: lo escuchó leer en la tribuna su
comunicación Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica. Estando todavía en análisis
con Ferenczi, en julio de 1919, Klein presentó el estudio de caso del análisis de un niño -
citado al comienzo2- ante la Sociedad Húngara, con lo cual le otorgaron la condición de
Miembro. Se trataba del ‘análisis’ de su hijo Erich (Fritz, en sus escritos) de cuya crianza,
a diferencia de lo que sucedió con los dos primeros, se encargó enteramente (algunos
argumentan que fue más terapeuta que madre).

El encuadre era particular, ya que no había unhorario regular. Más bien se trataba de una
observación prolongada de la conducta del niño; no hay tampoco referencias de haber
utilizado el juego como equivalente de la Asociación libre.

En 1920, Klein, en el Congreso de La Haya, conoce a Abraham y a Hermine Hug-


Hellmuth, pionera en la utilización del juego en la Psicoterapia de niños, quien lee su
trabajo sobre la técnica del análisis infantil. Abraham la invita a unirse al grupo de
Psicoanalistas de Berlín, fundado por él en 1910: la Sociedad e Instituto Psicoanalíticos
de Berlín. En 1921 el ‘terror blanco’ y la ola de antisemitismo de Budapest, después del
fracaso de la dictadura comunista de Bela Kun (1886-1939) obligaron a Klein a dejar la
capital y con esto a Ferenczi, así que se va a vivir a Berlín con Erich.

A pesar de la resistencia para aceptarla en el círculo psicoanalítico de Berlín, poco a poco


algunos de sus colegas le fueron remitiendo sus hijos para análisis preventivos, lo que le
permitió adquirir una enorme experiencia en la Observación de niños. Estos niños son los
que describe en El Psicoanálisis de niños (1932).

No obstante, sus casos fundamentales (no mencionados en esa obra), fueron sus propios
hijos, ‘Fritz’ y ‘Félix’ (Erich y Hans) a los que en Amor, odio y reparación y otros trabajos
(1921-1945) dedica más espacio que a cualquier otro niño. (Ibídem)

Al menos en cuanto a sus escritos, Mellita es, de sus hijos, la que recibe menor atención;
Lisa, que aparece en El desarrollo de un niño, parece ser Mellita.

En 1924, acude a análisis con Abraham, en Berlín. En ese momento tenía 38 años, ... su
potencial creativo ahogado durante tantos años, se encontraba finalmente libre de toda
sujeción, pero tenía que afrontar oposiciones en cada uno de los pasos que daba. (Ibíd)
Debido a la muerte de Abraham, este análisis duró sólo nueve meses En abril de 1924, en
el VIII Congreso de la IPA en Salzburgo, presentó unas consideraciones sobre
Psicoanálisis de niños pequeños, en donde comenzó a cuestionar ciertos aspectos del
complejo de Edipo. Contó con el apoyo de Abraham y de Ernest Jones, quien llegó
incluso a intervenir ante Freud para que éste prestara atención a esas apreciaciones. El
17 de diciembre de 1924 Klein viajó a Viena donde, nuevamente, leyó su trabajo sobre el
Psicoanálisis de niños, en la Wiener Psychoanalytisches Vereinigung (WPV): allí se
encontró directamente con Anna Freud.

Apartir de ese momento se abrió el debate sobre lo que debía ser el Psicoanálisis del
niño: lo que decía Anna Freud, una manera nueva de pedagogía o, como sostenía
Melanie Klein, el lugar de la exploración psicoanalítica del funcionamiento psíquico desde
el nacimiento (Delirante Serial, 2008).

Durante 1924, en la Primera Conferencia de Psicoanalístas Alemanes, en Wurzburg,


cuando presenta Una neurosis obsesiva en una niña de seis años (Erna), conoce a Alix
Strachey, quien se analizaba con Abraham, se interesa en sus teorías y colabora para
traducir al inglés algunos de sus escritos. A través de su esposo, James Strachey, los
trabajos de Klein llegan a la Sociedad Británica, en donde se estaba debatiendo la
posibilidad del análisis de niños. Gracias a esta apertura, en julio de 1925 y durante tres
meses, Klein da seis conferencias en Londres invitada por E. Jones. Es bien recibida y,
entre otros, conoce a Susan Isaacs.

La muerte de Abraham en 1925 ayudó a que la oposición a las teorías de Klein se


intensificara, y se agudizara la rivalidad con Anna Freud. Se dio, además, un episodio que
incidió negativamente en la aceptación de la indagación del inconsciente del niño:
Hermine Hug-Hellmuth, quien dirigía el Centro de Orientación Infantil de Viena, es
asesinada por su sobrino de 18 años, al que ella había aplicado su técnica cuando
pequeño.3

Ernst Jones la invita a Inglaterra a analizar sus hijos y ella, cansada de los ataques no
solamente a su teoría sino a su personalidad, acepta. Así, se estableció en Londres en
1926, y continuó su análisis con Sylvia Payne. Erich viaja a Londres poco tiempo después
mientras Hans continúa estudiando en Berlín. Melitta, quien se casó con el Dr Walter
Schmideberg, estudia medicina en la Universidad de Berlín; en 1930; ya graduada, se va
a vivir a Londres con Klein hasta que Jones logra que Schmiedeberg entre a Inglaterra
dos años más tarde.

La lucha de Klein por sus ideas fue continua y apasionada. En marzo de 1927, Anna
Freud expone su técnica del análisis infantil ante la Sociedad de Berlín, oponiéndose a
Klein; aquí la pugna entre estas dos analistas de niños se hace evidente. En mayo del
mismo año, Jones organiza un simposio sobre análisis infantil entre los miembros de la
Sociedad Británica en el cual se exponen los principales temas de la polémica entre el
grupo británico y el de Viena. En septiembre de 1927, en el X Congreso Internacional en
Innsbruck, el conflicto se agravó todavía más: Klein presentó, Los estadios precoces del
conflicto edípico, en donde expuso sus desacuerdos con Freud sobre la ubicación en el
tiempo del complejo de Edipo, sus elementos constitutivos, y se refirió al desarrollo
psicosexual diferenciado de niños y niñas.

El 2 de octubre, con el apoyo de Jones, Klein es elegida Miembro pleno de la Sociedad


Británica; era la primera Psicoanalista europea aceptada como miembro de esta sociedad.

En 1932 la Sociedad Británica publica El Psicoanálisis de niños, considerada la obra más


importante publicada por uno de sus miembros hasta el momento. (Delirante Serial, 2008)

Es de destacar que, en Londres, fueron discípulos de Klein los Psicoanalistas que se


conocen como Escuela Inglesa: Hanna Segal, Herbert Rosenfeld, R. Money.Kyrle, D.
Meltzer entre otros.

Wilfred Bion, se analizó con ella a condición de no tenerse que plegar a sus ideas. Lo
mismo Paula Heimann, quien, en principio, fue una furibunda seguidora, pero terminó por
distanciarse: Once años mayor que Freud, se pretendió borrarla de la Historia del
Psicoanálisis debido a su trágico final, a pesar de que Freud la había designado como la
figura oficial para representar el psicoanálisis infantil; fue la tercera mujer, después de
Margarethe Hilferding, 1871-1942 y Sabina Spielrein, 1885-1941, que se aceptó como
miembro de la Asociación Psicoanalítica de Viena en el otoño de 1913. (Mühlleitner,
2000).

Aparentemente Paula Heimann era tan ambiciosa y competitiva como Klein.

Aunque durante años Klein pudo mantenerla bajo control mediante el análisis, era
inevitable que llegase un día en que Heimann, igual que Melitta, se rebelase y se odiase a
sí misma por su subordinación durante un período en el cual, según manifiesta, Klein
reiteradamente le hurtaba ideas. (Grosskurth p. 403)

En 1933, cuando Ferenczi muere, comienza una época difícil en su vida. Su hija Melitta
comienza análisis con E. Glover e ingresa como miembro de la Sociedad Británica. Desde
ese momento, Mellita y Glover se unen en una marcada oposición a las teorías y a la
persona de Klein.

En abril de 1934, en un accidente, muere su hijo Hans, lo que la afectó intensamente.

En esa época nace Michel, su primer nieto, hijo de Erich, quien cambia su apellido por
Clyne.

En 1933, tras el incendio del Reichstag, comienza el éxodo de analistas judíos hacia
Inglaterra, ayudados por Jones. En 1935 seinician las conferencias de intercambio entre
Londres y Viena. En esa época comienza el período de cinco años en los que D. W.
Winnicott supervisa con Klein. En 1937 se publica Amor, Odio y Reparación, en conjunto
con Joan Riviere.

Por ese período, la comisión de formación de la Sociedad Británica decidió que los
seminarios de formación se repartieran entre Anna Freud, Melanie Klein y Donald
Winnicott.
El 3 de septiembre de 1939 se declara la Segunda Guerra Mundial y veinte días después
muere Freud, quien había llegado a Londres el 6 de junio. Klein le escribe sobre su deseo
de verlo, a lo que Freud responde con una nota breve expresándole que espera verla en
un futuro próximo. Este encuentro no se realiza nunca.

En 1940 Klein se instala en Pitlochry, Escocia, donde tiene lugar el análisis de ‘Richard’.

Relato del Psicoanálisis de un niño; “un libro extraordinario: la narración de la amistad de


una vieja judía austriaca y un precoz y aterrorizado niño escocés de diez años, entre
quienes se generó un raro y tierno sentimiento”. (Grosskurth, 1990: 284)

Grosskurth conoció a Richard cuando ya tenía más de 50 años. No sabía que era el
protagonista del libro y que su caso había sido tan discutido. Sobre Klein, dice. “Recuerdo
que era baja, regordeta, y tenía los pies grandes y torpes (…) tenía mucho acento. Fue
siempre simpática”. (Grosskurth, 1990: 291)

Klein regresa a Londres en septiembre de 1941, en plena guerra. En la reunión anual del
29 de julio de 1942 se acuerda realizar un encuentro mensual para discutir las diferencias
científicas y se forma una comisión para armar el programa: Brierly, Strachey y Glover,
quien dirigía la Sociedad en reemplazo de Jones, que se había ido a vivir al campo
(algunos dicen que para no ‘tener problemas con los Freud’). Las reuniones comienzan en
octubre de ese año y duran dos años, se las conoce como Las Controversias; iniciaron
con un ataque en regla de Edward Glover contra la teoría y la práctica de los kleinianos.
Los participantes eran esencialmente mujeres, unas agrupadas alrededor de Melanie, y
las otras en torno a Anna Freud. El trabajo decisivo de Susan Isaacs, La Naturaleza y
Función de la Fantasía (que se considera uno de los principales artículos de la historia del
Psicoanálisis), se distribuyó entre los miembros antes de la primera discusión, el 27 de
enero de 1943.

El último artículo que Klein expone como contribución a las Controversias, el 1° de marzo
de 1944, La vida emocional del niño, nunca se publica. En noviembre de 1946, después
de la renuncia de Edwar Glover, se llegó a un ladys agreement –“no siempre respetado-“,
como resultado del cual se institucionalizó una partición de la Sociedad Psicoanalítica
Británica, entre kleinianos, annafreudianos e Independientes. Melitta se traslada a
EE.UU., donde se dedica a tratar delincuentes y toxicómanos.

En el XVI Congreso Psicoanalítico Internacional, en Zurich, 1949, se encuentra con su


madre, pero no se dirigen la palabra; nunca se reconcilian, lo que le produce un profundo
dolor a Klein. En este Congreso es notorio el peso de los analistas norteamericanos.
Jones, luego de 17 años de ocupar la presidencia de la Asociación Psicoanalítica
Internacional (IPA), es reemplazado por el psiquiatra americano Leo Bartemeier. Klein
vive esto como un triunfo de la corriente de Anna Freud.

A sus 70 años, el International Journal of Psicho-Analysis edita un número especial


dedicado a ella. El 1 de febrero de 1955 se funda la Melanie Klein Trust “Asociación que
se ha formado para defender mi obra en el futuro” (Carta a P. Heimann). Paula Heimann
renuncia a esta asociación a fines de noviembre de ese año, luego de que la misma Klein
se lo solicitara. Se distancian a raíz de las teorías de Klein sobre la envidia primaria.

Esta última década fue sumamente difícil para Klein a causa de la fuerza que tenían sus
opositores. Al año siguiente D. W. Winnicott es elegido presidente de la Sociedad
Psicoanalítica Británica. En 1957 se publica Envidia y gratitud.

E. Jones muere en 1958, a los pocos meses de publicado el último tomo de su obra Vida
y Obra de Sigmund Freud. Klein queda muy apenada y reduce sus actividades. Sin
embargo, “personas que conocieron a Klein en la última etapa de su vida hablan de su
sonora risa, característica raramente manifiesta en sus primeros años”. (Grosskurth, 1990:
459)

El 22 de junio de 1960, Melanie Klein escribió la que sería su última nota, donde se
lamentaba porque le resultaba casi imposible continuar con su trabajo: “Por desgracia la
osteoartritis es progresiva y esto, junto con mi edad cada vez más avanzada, me hace
cansarme mucho” (Grosskurth, 1990: 483).

Buscando recobrar fuerzas, a comienzos de septiembre, viaja a Suiza donde Esther Bick
la busca, ya que le habían anunciado que estaba gravemente enferma. Esta se las arregla
para llevarla de nuevo a Inglaterra donde le diagnostican cáncer de Colon por lo que se
somete a una intervención quirúrgica. La operación tiene éxito; sin embargo, surgieron
complicaciones a raíz de una caída en la que se fractura la cadera. Muere, entonces, a los
78 años, el 22 de septiembre de 1960.

La obra de Melanie Klein está compuesta por alrededor de cincuenta artículos y un libro
(El Psicoanálisis de niños) y ha sido traducida a unos quince idiomas. A ellos se suma su
autobiografía inédita y la correspondencia. A Melanie Klein se le han dedicado varias
obras, entre ellas las de Hanna Segal, su principal comentadora, y la de Phyllis
Grosskurth, su biógrafa. En 1991, R. D. Hinshelwood elaboró un Diccionario de los
conceptos kleinianos.
Melanie Klein (Viena 1882-Inglaterra 1960)

La originalidad de la teoría psicoanalítica de Melanie Klein sostiene novedosos conceptos


como el estadio temprano del complejo de Edipo, el aparato psíquico con un yo existente
desde el nacimiento con sus consecuentes mecanismos de defensa, un superyo también
temprano, la conceptualización particular de la fantasía inconciente y la postulación de las
posiciones esquizoparanoide y depresiva como eje para sostener y articular su teoría.

Su obra se inicia con la articulación de la obra de Freud y de Karl Abraham, su analista.


Su experiencia clínica especialmente aplicada a niños a través de la técnica del juego, le
permite pesquisar que estos descargan la agresividad y la agresión mediante la elección
de los juguetes y los tipos de juegos que estructuraban.

Tales observaciones clínicas la llevan a corroborar las conceptualizaciones de Freud y


Abraham especialmente respecto a la pulsión de muerte, a la que hará también su aporte.
Recordemos que en Freud la pulsión de muerte tiende a la reducción a cero de la
excitación, a retornar al ser vivo a lo inorgánico, sabemos que esta se dirige primeramente
hacia adentro y tiende a la autodestrucción; luego se dirige al exterior en forma agresiva o
destructiva. La conceptualización kleiniana de la pulsión de muerte se evidencia con la
ansiedad como respuesta del yo ante una situación vivenciada como peligrosa.

Klein adjudica al niño desde su nacimiento un yo débil, precario, poco organizado; que de
todos modos puede implementar ciertos mecanismos de defensa que le permitan su
desarrollo psíquico. Efectivamente, el niño debe enfrentarse con la experiencia del
nacimiento y luego con experiencias de gratificación y de frustración a lo largo de su
desarrollo. Klein introduce el concepto de Fantasía inconciente, ampliando el concepto
freudiano y otorgándole un lugar central dentro de su teoría.

La fantasía inconciente, según M. Klein, es la expresión mental de los impulsos instintivos,


por consiguiente existe, como éstos, desde el comienzo de la vida.

Crear fantasías, enuncia, es una función del yo. De esto se desprende que desde el
nacimiento el yo establece relaciones con los objetos en la fantasía y en la realidad y
aclara que la fantasía no hay que pensarla como una fuga de la realidad sino como
inevitablemente unida a las experiencias reales y en continua interacción entre ellas. Lo
ejemplifica del siguiente modo: para cada impulso instintivo hay una fantasía
correspondiente; al deseo de comer, le corresponde la fantasía de algo comestible que
satisfaría ese deseo: el pecho.

Lo que conocemos en Freud como “realización alucinatoria de deseos”, se basa según


Melanie Klein en que una fantasía inconciente acompaña y expresa al impulso instintivo.

Habiendo introducido el concepto de fantasía inconciente como función del yo, podemos
conceptuar la noción de aparato psíquico en M. Klein.

Señalábamos que el yo esta presente desde el nacimiento, que su labilidad y poca


organización no le impide instrumentar mecanismos de defensa tales como: proyección,
introyección, idealización, escisión y negación. Se comprenderá el uso instrumental de
cada uno de estos mecanismos en tanto sigamos los fundamentos kleinianos de las
posiciones tanto esquizo-paranoide como depresiva, ya que cada una de ellas implican
una configuración especifica de relaciones objetales, ansiedades y defensas persistentes
a lo largo de la vida.

El término “posición” elegido por Melanie Klein indica que no se trata en cada caso de un
momento único, una fase con inicio y fin, sino que puede volver a manifestarse mas tarde
en diferentes etapas de la vida de un sujeto. Las posiciones constituyen los polos entre
los cuales oscila la vida psíquica; se definen a través de la posición del niño en relación al
objeto: características del objeto, características de la ansiedad, métodos defensivos en
relación a dicha ansiedad. Entonces cada vez que se deba definir una u otra posición de
debe tener en cuenta: tipo de relación de objeto, ansiedad predominante y mecanismo de
defensa.

POSICION ESQUIZO-PARANOIDE

Características:

Esta posición refiere a los primeros 3 a 4 meses de vida; el yo que es débil y rudimentario
se encuentra escindido, dividido, fragmentado y el tipo de relaciones que establece por lo
antedicho será con objetos parciales buenos “o” malos, un pecho bueno gratificante y un
pecho malo que amenaza y es odiado, por lo que las fantasías de este período son las de
persecución y la de gratificación ilimitada.

La ansiedad de esta posición es intensa y de tipo persecutorio.

Lo mecanismos defensivos predominantes son la introyección y la proyección, la


idealización, la negación y la identificación proyectiva.

La predominancia pulsional es la de muerte.

El yo inmaduro del infante desde el nacimiento se encuentra expuesto al conflicto entre


las pulsiones de vida y de muerte. Cuando se confronta a la ansiedad que le provoca la
pulsión de muerte el yo lo deflexiona, esto significa que convierte la pulsión de muerte en
agresión, de este modo para M. Klein, el yo se escinde proyectando al exterior esa parte
de la pulsión de muerte, colocándola en el objeto externo original que es el pecho. Este
pecho que pasa a contener esa porción de pulsión de muerte se experimentará como
pecho “malo” en tanto amenazador, lo que da origen a un sentimiento de persecución; y la
parte no proyectada que permanece en el yo se convierte en agresión y así se dirigirá al
perseguidor.

Simultáneamente actúa en el yo la pulsión de vida, por lo que este proyecta fuera algo de
la libido y lo que queda en el yo es utilizado para establecer una relación con ese objeto
que es el pecho.
A este respecto se deduce que el mismo acontecer de la pulsión de muerte se da con la
libido, del lado de la pulsión de vida.

Ahora bien, lo que revela este proceder del yo es que tendrá una relación doble con ese
objeto originario que es el pecho que se escinde en un pecho “bueno” o ideal en el que la
fantasía del niño es de gratificación, de ser amado y alimentado y en un pecho “malo” o
persecutorio donde domina la fantasía de privación y dolor.

La ansiedad del yo, en esta posición, se da al sentir que el objeto persecutorio puede
aniquilarlo. Frente a esto se instrumentarán diversos mecanismos defensivos.

Es necesario en este punto aclarar que estos mecanismos no solo son una “defensa”
sino, que permiten a este yo lábil organizarse, integrarse, y su instauración y
mantenimiento implica para Melanie Klein el armado de este psiquismo primario.

En efecto los primeros mecanismos son la introyección y la proyección, a través de ellos


el yo introyecta lo “bueno” y proyecta en el exterior lo “malo”, sucede también que estos
mecanismo son utilizados por el yo para introyectarse lo malo y de este modo poder
controlar a este objeto perseguidor, así como puede proyectar al mundo externo al objeto
bueno para preservarlo de su propia agresión interior.

Otro mecanismo es de la escisión que implica tanto al yo como al objeto, efectivamente


una primera escisión se da entre pecho bueno y pecho malo y entre objeto bueno y objeto
malo. La escisión hay que concebirla en Klein como permitiéndole al yo emerger del caos
y ordenar sus experiencias internas y externas.

La idealización es otro medio de defensa contra la ansiedad del yo en tanto el pecho


bueno tiende a transformarse en su ideal, al que el niño le atribuye todas sus experiencias
gratificantes, sean fantaseadas o reales, el yo del infante anhela poseer este objeto e
identificarse con el; de modo tal que niega lo indeseable de este objeto y proyecta en él su
libido, le sirve para salvar al pecho bueno de sus ataques fantaseados.

Al mecanismo de identificación proyectiva, Klein le supone varias relaciones: el yo la


puede dirigir al objeto malo para controlarlo en tanto peligroso, la puede direccionar hacia
el objeto ideal, ese pecho gratificante, para evitar la separación. Puede el yo del niño
también proyectar partes buenas en el objeto para evitar la separación o para salvarlo de
su agresión interna y también puede el yo proyectar partes malas para librarse del objeto
o para destruirlo.

Justificadamente el pasaje a la posición depresiva se ve facilitado cuando el yo puede


vivenciar mayores experiencias buenas sobre las malas, y siente que el objeto ideal
prevalece sobre los objetos perseguidores; cuando la pulsión de vida tiene preeminencia
sobre la de muerte.

Cuanto más se identifica el yo con su objeto ideal entonces menos mecanismos de


defensa son puestos en marcha porque cede la disociación y el yo puede cada vez más
tolerar su agresión y sobre todo puede sentirla como parte de sí. Cuando el yo esta más
integrado disminuye la escisión de su núcleo y distingue mejor que él no es el objeto.

POSICION DEPRESIVA

El concepto de posición depresiva vale para ilustrar el hecho de que el yo pueda


introyectar un objeto interno lo suficientemente bueno que le permita superar el estado
persecutorio propio de la perdida de la madre como objeto parcial.

Características:

Abarca aproximadamente desde los 3 hasta los 6 o 7 meses, momento en el que ingresa
para Melanie Klein en el estadio temprano de complejo de Edipo.

El yo del infante esta ahora más integrado y sus relaciones se dan con objetos totales
malos “y” buenos, la angustia es menos intensa y los mecanismos son los mismos que en
la anterior posición pero más atenuados y organizados y la ansiedad dominante es
depresiva, todo esto se debe a que la mayor integración del yo admite que el niño
pequeño puede tolerar mejor la pulsión de muerte en su interior, decreciendo la escisión
tanto como sus temores paranoides, el yo comienza a comprender que el objeto de amor
es el mismo que el objeto de odio. Principalmente comienza a reconocer a su objeto total,
ya no se relaciona solo con un pecho, que es la madre. Klein introduce ahora la
ambivalencia, ahora se conjuga que la madre puede ser buena y ser mala, que puede
estar presente y ausentarse, que la puede amar y odiar al mismo tiempo; como sabemos
en el psicoanálisis se trata de sentimientos ambivalentes dirigidos a la misma persona.

También destaca que el yo se convierte en un objeto total, se escinde menos en objetos


buenos o malos, es así como el objeto malo y el ideal se van aproximando.

Si en la posición esquizo paranoide la ansiedad predominante se da en tanto se vivencia


que el objeto malo aniquila al yo, en la posición depresiva la ansiedad se manifiesta por la
ambivalencia y el consecuente temor a destruir por sus propios impulsos destructivos a
ese objeto total y amado del que depende en su totalidad, esa dependencia intensifica su
necesidad de poseer ese objeto y al mismo tiempo de protegerlo de su agresividad
interior.

El temor de dañar o destruir el objeto amado, genera en el niño un sentimiento de culpa y


consecuentemente una tendencia a la reparación del mismo, se ponen en juego las
tentativas del yo para inhibir sus pulsiones agresivas.

Centremos en la reparación como propia de esta posición, pues en la medida en que el yo


pueda restaurar su objeto amado al que ha destruido en su fantasía omnipotentemente, la
consecuente culpa y la desesperación incitan en el niño el deseo de restaurarlo para así
recuperarlo tanto internamente como en la experiencia exterior. Es importante observar
que la actividad reparatoria hace progresar la integración yoica, las fantasías y actividades
reparatorias resuelven las ansiedades de la posición depresiva. Así como el niño pequeño
cree en su poder para destruir al objeto, cree también que su amor y cuidado pueden
revertir la situación.

La conceptualización kleiniana sobre esta posición revela la plasticidad y al cada vez


mayor integración que va adquiriendo el yo que percibe tanto su dependencia de un
objeto externo así como la ambivalencia, advirtiendo su existencia propia y la de sus
objetos separados de él, comenzando a discernir entre fantasía y realidad externa.

En la posición depresiva aparecerán las defensas maníacas en tanto mecanismos


específicos destinados a impedir la vivencia de ansiedades depresivas como el miedo a la
perdida, duelo, nostalgia y culpa.

La función de estas defensas es ir contra todo sentimiento de dependencia evitándolos,


negándolos o invirtiéndolos. Justamente, el niño se defenderá de la ambivalencia y de las
sensaciones que estas ansiedades le provocan reviviendo la escisión tanto del yo como
del objeto como instrumentó en la posición esquizo paranoide; el fin que se persigue es,
como dice Klein, una triada de sentimientos en una relación maniaca con los objetos:
control, triunfo y desprecio.

Así, controlando al objeto el yo niega la dependencia que tiene con él; el triunfo es la
negación por el yo de sentir nostalgia por el objeto destruido por su omnipotencia y el
desprecio es otra forma de negar cuánto el yo valora a ese objeto del cual depende, un
objeto despreciable no merece que sienta culpa por él. Entonces esta triada esta
destinada a impedir la vivencia novedosa de dependencia y de amenaza de perdida que
descubre el yo ahora que se encuentra más organizado. En la posición depresiva se
ataca originariamente al objeto de forma ambivalente pero cuando el sentimiento de culpa
y pérdida es intolerable entran en juego estas defensas maníacas. En este caso la
reparación no se ejecuta profundizando así la ansiedad depresiva.

La conceptualización kleiniana indica que si el niño no logra ver a la madre como un


objeto total, corre el riesgo de evolucionar hacia una psicosis; en el caso inverso podrá
superar ese estado de destrucción mediante la posición depresiva.

Con la teorización de las dos posiciones tenemos armado el aparato psíquico pensado
por Klein, justamente su técnica analítica se centra en la interpretación de las fantasías
inconcientes y en los mecanismos de defensa que se instrumentan para evitar la angustia
y del mismo modo en el trabajo de la elaboración de las ansiedades de las posiciones
esquizo paranoide y depresiva.