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PSICOLOGIA COMPARADA.

PREDADORES Y PRESAS

Búsqueda especializada

Las áreas cerebrales responsables de procesar información olfativa son mayores en los
monos lechuza, en relación con su tamaño corporal (Stephan et al., 1981). Entre los
roedores, por ejemplo, existen variaciones interesantes en el tipo de claves utilizadas por
los animales durante el forrajeo, dependiendo de su tipo de presa (Langley, 1987).
Roedores que se especializan en una dieta carnívora, tales como el ratón saltamontes
(Onychomys leucogaster), que se alimenta de escarabajos, grillos y otros insectos
nocturnos, se apoyan mayormente en información auditiva.

La lengua bifurcada de ciertas serpientes y lagartos ha evolucionado para detectar rastros de


feromonas dejados por sus predadores y animales de su propia especie (Schwenk, 1994).
Estos animales poseen una estructura orgánica especializada denominado órgano
vomeronasal, localizado en la cavidad nasal, que comunica con la cavidad oral a través de
un par de orificios. Luego de rozar la tierra, la lengua es rápidamente retraída a la boca e
insertada en dichos orificios para depositar las moléculas de olor en el órgano vomeronasal.

Imagen de búsqueda

La hipótesis de una imagen de búsqueda permite ser puesta a prueba experimentalmente


utilizando procedimientos estándar de entrenamiento operante. Se describe un
procedimiento utilizado por Pietriewicz y Kamil (1979) con urracas azules (Cyanocitta
cristata). Las aves aprenden rápidamente a picotear una tecla por un trozo de gusano como
recompensa. Las teclas de respuesta pueden ser iluminadas desde atrás utilizando colores o
proyectando diapositivas que muestran imágenes naturales.

La respuesta sobre la diapositiva positiva resultaba en el reforzamiento y un intervalo entre


ensayos corto, mientras que la respuesta sobre la tecla roja resultaba en la ausencia de
reforzamiento y un intervalo largo. En el otro tipo de ensayo, la diapositiva sin la polilla era
presentada en simultáneo con la tecla roja.

La pregunta de interés fue si la detección de la diapositiva positiva se incrementaría durante


ocho ensayos consecutivos, en función de si las urracas azules eran expuestas a una de
diversas especies de polillas. De acuerdo con la hipótesis de la imagen de búsqueda, la
exposición a un tipo de presa debería incrementar la eficacia en la detección debido a que el
animal debería ser capaz de desarrollar una expectativa precisa de la presa que estaría
buscando en la diapositiva.

Interacciones sociales

Dado el principio de exclusión competitiva discutido al principio de este capítulo, no


debería resultar sorprendente hallar muchos ejemplos de competencia intraespecífica por
los recursos alimenticios. Las ratas, por ejemplo, roban activamente la comida a los
animales de su misma especie (Galef et al. 2001), y de hecho han evolucionado patrones
conductuales específicos para prevenir el robo de alimento (Whishaw y Tomie, 1987).

En apariencia, el robo de alimento puede también ser prevenido en algunos casos, no con
maniobras de evasión, sino proveyendo información incorrecta al potencial ladrón. Se ha
afirmado que en chimpancés (Pan troglodytes) pueden ocurrir casos de decepción.

Conformando un grupo, los juveniles pueden sobrepasar fácilmente a un animal adulto que
intente defender su presa, y obtener así acceso al alimento. Heinrich y Marzluff (1995)
utilizaron técnicas de ADN de huellas digitales para mostrar que estos juveniles no estaban
emparentados (es decir, con relaciones genéticas cercanas), lo que descarta la selección
basada en relaciones de parentesco como mecanismo evolutivo plausible.

La habilidad para compartir información respecto de las potenciales fuentes de alimento


puede resultar una presión selectiva importante, en la que se base la evolución del
comportamiento social. Ward y Zahavi (1973) sugirieron que los grupos de animales (p. ej.,
colonias de crianza) pueden funcionar como centros de información.

El forrajeo en grupo puede tener múltiples efectos en especies altamente socializadas,


dependiendo de las condiciones de su ambiente. Tal como existen señales de alimento en
los patrones físicos del ambiente, el comportamiento de los animales de igual especie
también puede indicar que existe acceso a comida. El comportamiento alimenticio de un
animal puede inducir a otro a rastrear alimento en ese mismo lugar, y dirigir sus
comportamientos a idénticos aspectos de su ambiente, es un fenómeno denominado
facilitación social.

Por ejemplo, gallinas domésticas (Gallus gallus) que observan a otras obtener alimento en
uno de cuatro parches accesibles, buscarán 48 h más tarde su alimento preferentemente en
los mismos parches en que los anteriores hallaron semillas (McQuoid y Galef, 1992).

En un caso famoso, una población urbana de carboneros (Parus spp.) mostró un rápido
desarrollo y adopción de un comportamiento inusual: aprendieron a abrir las botellas de
leche depositadas por las mañanas en las entradas de las casas y a ingerir la crema de la
superficie. Fisher y Hinde (1984) interpretaron este comportamiento en términos de
imitación.
Como resultado, el forrajeo estuvo facilitado cuando el alimento para la segunda ave
resultaba estar en igual ubicación, el parche verde; sin embargo, el forrajeo podía resultar
fuertemente interferido si el alimento estaba ubicado en un sitio distinto.

Aprendizaje social.

Las interacciones sociales también pueden tener un potente efecto sobre el desarrollo de
preferencias alimenticias y aversiones por medio del aprendizaje social.

Un aspecto interesante de estas interacciones sociales, es que parecen ser particularmente


efectivas en modificar la experiencia propia de un animal con un tipo de alimento. En un
ejemplo reportado por Galef (1986), ratas que recibían entrenamiento en el que un alimento
saborizado estuvo apareado a una droga que produce malestar gastrointestinal (en este caso
cloruro de litio), desarrollaron rápidamente una aversión a ese tipo de comida.

Sin embargo, este aprendizaje de aversión gustativa se revirtió por exposición a un


congénere que había comido el mismo tipo de comida previamente; la aversión fue incluso
más fuerte si el animal envenenado era expuesto a dos demostradores y no sólo a uno. Las
hembras de hienas manchada (Crocuta crocuta), que matan y consumen a sus presas en
grupos, también muestran reversión inducida socialmente de una aversión alimenticia. Si a
la hiena dominante se le da carne alterada con cloruro de litio y se la evalúa
individualmente, muestra un rechazo fuerte y generalmente absoluto del mismo tipo de
carne, incluso días después del episodio de condicionamiento.

Las interacciones sociales pueden ocurrir no sólo de la forma descrita en los ejemplos
previos, sino que también pueden generarse cuando los animales individuales implicados en
la interacción poseen un grado especial de parentesco.
En un estudio con monos verdes (Cercopithecus aethiops) libres en Kenya, Hauser (1993)
halló que la edad de muerte de los infantes (una medida de la eficacia de su supervivencia),
correlaciona positivamente con la porción del tiempo de forrajeo en que el infante ha sido
observado comiendo el mismo tipo de alimento que su madre. Un infante que se alimentó
separadamente de su madre, o se alimentó a su lado pero consumiendo diferentes tipos de
comida, tendía a morir más prematuramente.