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UNIVERSIDAD DEL VALLE

FACULTAD DE HUMANIDADES
LICENCIATURA EN LITERATURA
SEMINARIO DE AUTORES COLOMBIANOS Y LATINOAMERICANOS
HANSEL FERNANDO RODRÍGUEZ

VIVOS Y BOBOS 1

“Nada se parece más a un hombre honesto que un pícaro que conoce su oficio”.
George Sand

Dentro de la amplia riqueza cultural y literaria que reposa en Colombia, el renombre solo ha
sido para unos cuantos. A lo largo de los tres siglos que lleva produciéndose literatura 2 en
Colombia, escritores de una u otra corriente han pasado a los libros de historia y sus nombres
y obras han quedado poco difundidas. Uno de ellos es el santandereano Jesús Zarate Moreno,
que encontró en la literatura el deleite y oficio que el derecho y la carrera política le frenaron.
Ganador póstumo del Premio Planeta y una figura de gran intelecto que hoy vive en los
anaqueles llenos de polvo.

Uno de los cuentos de este escritor, La Cabra de Nubia (1949), propone a manera de ironía
y costumbrismo, un reflejo fuerte de la cultura nacional donde el vivo o pícaro vive a costa
del engaño. Su sagacidad le proporciona un prototipo transculturado del tradicional pícaro
español, con las características propias que le imprime el mestizaje americano. La cabra de
Nubia relata el sagaz engaño que le hizo un tuerto forastero al tendero del poblado en el que
se encontraban. El forastero tenía una Cabra que decía ser de Nubia, a la que vendió, estando
sentado fuera de la fonda del tendero, a un joven que le pagó 12.5 $ aunque este le había
pedido 15$. El comprador no podía llevarse la cabra y acordaron que al día siguiente la
recogería. Acto seguido, a la fonda llegaron unos músicos, uno de ellos apreció la belleza de
la cabra y ofreció al tuerto 15 $, aunque este le pidió 20$. Después de exponerle al segundo
comprador que la cabra era de Nubia y que valía muchísimo más y la vendía porque su esposa
estaba en embarazo y que necesitaba el dinero, terminó accediendo a la oferta de 5$ menos.
Ambos compradores, quedaron convencidos de haber estafado al forastero, porque pensaban
que la cabra sí valía mucho más de lo que pagaron por ella. De igual manera, el músico no
podía llevarse la cabra y quedo en regresar al día siguiente. El tendero, que había visto todo,
enfadado le reclamó por lo que había hecho, pero el forastero con mucha más astucia lo
persuadió de comprar la cabra, ya que era de Nubia y además porque a él, se la daría
solamente por 10$. El perezoso y gordo tendero se rehusó en principio; argumentando desde

1
Dícese de la acepción coloquial colombiana para designar a quien actúa con ingenuidad e inocencia.
2
La tradición oral y la riqueza mítica de los pueblos aborígenes son considerados hoy, parte de del tesoro literario nacional.
Sin embargo, se dice que la literatura considerada como tal, se dio después de las guerras independentistas de los pueblos
latinoamericanos.
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HANSEL FERNANDO RODRÍGUEZ

la moralidad la mala acción que estaba cometiendo y además, que él no necesitaba una cabra,
pues ya tenía muchas en el corral, a lo que el tuerto añadió que esa era una de Nubia. Al
final, el tendero hizo la compra y el forastero se fue. Cuando la esposa del gordo de la fonda
llega, se dan cuenta que la cabra por la que había pagado era suya y que el forastero ni siquiera
la había dejado en el corral, quedando este como un bobo que engañaron dos veces y sin
saber qué era ser de Nubia. A este relato, un crítico dijo que lograba mostrar la psicología,
las formas de vida y el temperamento del hombre de la provincia colombiana, planteando
problemas reales, sin fantasías ni truculencias. (Pachon, 1959)

Se puede decir que existe una construcción de viveza en los personajes que integra n
el cuento. Dentro de las tantas acepciones del DRAE, viveza, vivo, pillo, perspicaz, pícaro
tiene en común denotar la habilidad para aprovechar situaciones en beneficio propio y/o
engañar, de manera audaz a los demás. (DRAE, 2014) Lo cotidiano del pueblo colombia no
aparece como un espejo en el relato de Zárate, por los sujetos y términos o jerga. De esta
manera, usar colombianismos permite una identidad clara del reflejo del sujeto y la atmósfera
y psiquis de estos también. Por ejemplo, cuando los personajes designan una acción a partir
de la palabra pillo refiriéndose a aprovechado/astuto, están manifestando una característica
específica a raíz de una palabra que no responde el significado como tal. El lenguaje popular
es entendido por ellos y aunque la palabra no signifique en sí lo que es, el contexto vulgo les
permite entenderla; es por eso que la construcción de la sociedad colombiana se ve reflejada
en este cuento.

En ese sentido, el forastero, Francisco Quintana, tiene en su ethos características que


denotan lo antes dicho, que además sustenta de manera moral.

(…) Si la vendo en eso, es porque necesito el dinero. Mi mujer va a tener un hijo...


(…) Pero los compradores me han tomado por un cretino, y se han ido convencidos de que
me han estafado. Mañana, a las tres, les van a crecer las narices... (…) ¿No le gustaría
quedarse con la cabra? Se la vendo. Muy barata. (Zárate, 1959)

Esta última pregunta se la hace el forastero al tendero, después de haber vendido la


cabra en dos ocasiones. Deja entonces, muy claro que no responde a los valores del héroe y
la concepción del pícaro se ve ya con los tintes de la transculturación americana, haciendo la
salvedad de la acción moralizante hacia los compradores. Es un pícaro con todos los rasgos
del concepto de la literatura, caracterizando en esta ocasión un antihéroe. El héroe como se
conoce en la literatura es quien busca su honor y gloria con la concepción de hacer el bien a
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partir de lo que rige sus acciones (valores). En los prototipos que muestra el cuento vemos
que los personajes trasgreden la moral por buscar el beneficio propio y así hagan juicios de
valor, terminan siendo cómplices de una situación engañosa que los convierte y los clasifica
en la categoría de antihéroes.

En el perfil de los personajes, está el ventero, un gordo perezoso que representa la


doble moral a toda costa, símbolo de una cultura mestiza y cristiana.

Le preguntaba por qué ha vendido la cabra dos veces, ante mis propios ojos. Es una
porquería lo que usted ha hecho. (…) Se la robó. Nadie me quita de la cabeza que se la robó.
Desde que lo vi aparecer me di cuenta de que era usted un cuatrero. Y ahora la vende dos
veces. (…) —Cómprela. Diez pesos: una ganga. —No compro bienes robados. (…) — ¿Diez
pesos? —preguntó el ventero, tentado por la oportunidad. (Zárate, 1959)

De esa manera el tendero también quiere aprovechar la ocasión, creyendo que la cabra
vale mucho porque es de Nubia, obrando de en la misma dirección viva, pilla que los
anteriores compradores y que el mismo vendedor. Estos últimos, también tienen el carácter
de viveza que el vendedor, pensando que lo han tumbado.3 El primer comprador “Estaba
orgulloso con la adquisición. Le parecía que había engañado al vendedor. La cabra, sin
duda, valía mucho más del precio que había pagado por ella. (…)” (Zárate, 1959), por su
parte, el segundo dijo: “Ha hecho usted un buen negocio: lo felicito. Quince pesos son una
buena suma.” (Zárate, 1959)

El hombre audaz fue más que invención literaria, un aporte directo de la realidad, y
los autores no hicieron más que tomarle de la mano e invitarle a bailar al son de su ritmo.
Cuando los del viejo continente arribaron en tierras indígenas, traían consigo el estilo de vida
de la metrópoli ibérica y pretendían que en las nuevas tierras fuera el más parecido. Junto
con ello, hasta los estilos artísticos, a lo que Rosa Cabrera, profesora de la New York State
University College, apunta: “El pícaro, colado de rondón en América, se continúa hasta
nuestros tiempos con persistencia digna de su estirpe. Lo encontraremos de estampa
española todavía, de raíz indígena, amestizado y hasta ya depurado de matices raciales para
ser puramente hombre de América”. (Cabrera, 1968, pág. 164)

La figura del vivo en América tiene amplío desarrollo, investigación vista en El


Pícaro en las literaturas Hispánicas de la profesora Cabrera. Por ello mismo, no es extraño

3
Dícese de engañar a alguien, exactamente, robar.
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ver prototipos que señalen esta figura. Que pase el aserrador, cuento de Jesús del Corral,
también juega con la viveza del hombre y podría plantear del mismo modo, formas de vida,
temperamento del hombre de la provincia colombiana y problemas reales. Con un argumento
diferente, permite poner en contexto la sentencia anterior, pues el falso aserrador, con astucia
innata, le hace pensar al conde que es un magnifico con la madera y cobra más de lo que
comúnmente pagaban, mientras su compañero, un indio boyacense, prefiere la honestidad y
por ello, se murió de hambre... sin llegar a ser aserrador. (Corral, 1959)

Para cerrar, es pertinente recalcar que las situaciones de engaño y audacia permean
todas las esferas sociales y es fácil ver que después de más de 60 años, aún, un político, por
ejemplo, persuada a su pueblo, le robe lo suyo y después se lo devuelva como si fuera un
gran regalo que nace de su generosidad. Sacando de allí gran provecho. Dentro de la
modernización y cambios sociales, la literatura nos sigue demostrando que existen tal verdad
en la ficción, que, por momentos, se semeja la realidad pilla y cotidiana colombiana y en
donde nosotros terminamos siendo vivos y bobos.

BIBLIOGRAFÍA
Cabrera, R. M. (1968). El pícaro en las literaturas hispánicas. Obtenido de Centro Virtual
Cervantes: http://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/03/aih_03_1_020.pdf
Corral, J. d. (1959). Que pase el acerrador. En E. Pachón, Antología de Cuento Colombiano
(págs. 35 - 43). Bogotá: Editorial A.B.C.
DRAE. (2014). Pillo. Obtenido de Diccionario de la Lengua Española:
http://dle.rae.es/?id=T0EZ1DS|T0HEfZu
DRAE. (2014). Vivo. Obtenido de Diccionario de la Lengua Española:
http://dle.rae.es/?id=byqVY7h
Pachon, E. (1959). Antología de Cuento Colombiano. Bogotá: Editorial A.B.C.
Zárate, J. (1959). La Cabra de Nubia. En 2. F. Colombiano, Los Mejores Cuentos
Colombianos Tomo II. Bogotá: Biblioteca Básica de Cultura Colombiana.
Recuperado de http://www.odradekelcuento.com/15odradek16.htm.