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EL CONEJO EN LA LUNA (mito maya)

Quetzalcóatl, el dios grande y bueno, se fue a viajar una vez por el mundo en figura de
hombre. Como había caminado todo un día, a la caída de la tarde se sintió fatigado y con
hambre.
Pero todavía siguió caminando, caminando, hasta que las estrellas comenzaron a brillar y la
luna se asomó a la ventana de los cielos.

Entonces se sentó a la orilla del camino, y estaba allí descansando, cuando vio a un conejito
que había salido a cenar.

-¿Qué estás comiendo?, – le preguntó.

-Estoy comiendo zacate. ¿Quieres un poco?

-Gracias, pero yo no como zacate.

-¿Qué vas a hacer entonces?

-Morirme tal vez de hambre y de sed.

El conejito se acercó a Quetzalcóatl y le dijo:

-Mira, yo no soy más que un conejito, pero si tienes hambre, cómeme, estoy aquí.

Entonces el dios acarició al conejito y le dijo:

-Tú no serás más que un conejito, pero todo el mundo, para siempre, se ha de acordar de ti.

Y lo levantó alto, muy alto, hasta la luna, donde quedó estampada la figura del conejo.

Después el dios lo bajó a la tierra y le dijo:

-Ahí tienes tu retrato en luz, para todos los hombres y para todos los tiempos.
Dziu y el maíz (mito maya)

Cuando la vida apenas comenzaba en la tierra de los Mayas, el pájaro Dziú tenía plumas de
varios colores, y sus ojos castaños hacían juego con su plumaje. En la primavera, construía su
nido, empollaba sus hijuelos y los criaba, como es costumbre entre todas las aves.

Así fue, hasta que -un día-, Yuum Chaac, el dios de las aguas, quien también lo es de la
agricultura, observó que el fructífero suelo iba perdiendo su fertilidad.Yuum Chaac, después de
meditar, convocó a todos los pájaros, y les explicó que, como último recurso, sólo les quedaba
quemar las milpas, con el objetivo de que las cenizas fertilizaran la tierra. La primera chispa la
proporcionaría Kak, el dios del fuego; pero antes, debían recoger las diferentes clases de
semillas para la siembra del año venidero.

A la mañana siguiente, Dziú -siempre el primero ante el deber- llegó muy temprano al lugar
designado. Trabajó muy diligentemente, reunió más semillas que ningún otro pájaro, y luego,
con el permiso de Yuum Chaac, se retiró a descansar bajo la sombra de un arbusto. Tan pronto
los otros pájaros notaron su ausencia, comenzaron a perder el entusiasmo.

Entonces, Yuum Chaac, al darse cuenta de que el fuego iba avanzando rápidamente hacia el
sembradío de maíz, y que los trabajadores no habían conseguido llegar a él, pidió auxilio.

Dziú alcanzó a escuchar el último de sus tres llamados, y salió de manera precipitada del lugar
donde reposa. Tenía ante sí un cuadro aterrador. Su elección estaba clara. Voló a la copa de un
árbol, desde arriba estudió la situación, y -cerrando los ojos-, se arrojó sobre el fuego que lo
consumía todo.

Una vez reunidas las semillas suficientes para reponer las milpas destruidas, cayó al suelo
exhausto, con los ojos inflamados, las plumas completamente quemadas y el cuerpo cubierto
de ampollas. Inmediatamente, los pájaros corrieron hacia él para prodigarle sus cuidados.

Se había salvado la semilla del maíz, tras una hazaña tal, que -como gesto de gratitud- los
pájaros de la tierra del Mayab, se ofrecieron para empollar y criar a todos los descendientes de
Dziú, el cuco.

Y con el propósito de que los pájaros no olvidasen su promesa, Yuum Chaac decretó que los
ojos de Dziú se mantuvieran siempre enrojecidos, y que los extremos de sus alas tuvieran -en
lo adelante- el color de las cenizas.

Nota: Dziú es el nombre, en lengua Maya, de la especie que se conoce en español como Tordo
ojirrojo o Tordillo de ojos colorados.
Los xocoyoles

(Leyenda náhualt)

Cuentan los que vivieron hace mucho tiempo, que había un hombre que no
creía en la palabra de sus antepasados. Le contaban que al caer una tormenta
con truenos y relámpagos salían unos niños llamados xocoyoles.

Los xocoyoles son los niños que mueren al nacer o antes de ser bautizados. A
esos niños les salen alas y aparecen sentados encima de los cerros y los
peñascos.

Cuentan que esos pequeñitos hacían distintos trabajos: unos regaban agua con
grandes cántaros para que lloviera sobre la tierra; otros hacían granizo y lo
regaban como si fueran maicitos; otros hacían truenos y relámpagos con unos
mecates. Por eso oímos ruidos tan fuertes y nos espantamos.

Pero el hombre no creía. Un día, después de una gran tempestad, se fue a


cortar leña a un cerro de ocotes. Cuando llegó vio a un niño desnudo, que tenía
dos alas, atorado en la rama de un ocote.

El hombre se sorprendió, sobre todo cuando el niño le dijo:

- Si me das mi mecate que está tirado en el suelo, te cortaré toda la leña que
salga de este ocote.

- ¿En verdad lo harás? – le preguntó el hombre.

- Sí, en verdad lo haré.

Como pudo, fue uniendo varios palos. Al terminar puso el mecate en la punta y
se lo dio. Cuando el niño tuvo el mecate en sus manos, le dijo al hombre que
se fuera y regresara al día siguiente a recoger su leña. El hombre se fue y el
xocoyol comenzó a hacer rayos y relámpagos. EL ocote se rompió y se hizo
leña. Cuando el niño terminó su trabajo se fue volando al cielo a alcanzar a sus
hermanos xocoyoles.

Al día siguiente el hombre llegó al bosque y vio mucha leña amontonada; buscó
al xocoyol y no lo encontró por ningún lado.

A partir de ese día comenzó a creer lo que le decían sus abuelos.


LEYENDA DEL KAKUY

El kakuy o cacui,(llamado así en la región quichua) es zoológicamente


hablando igual al urutaú (llamado así en la región guaraní) , en el Brasil se lo
conoce con el nombre de jurutaui ,es un pájaro nocturno que vive en la región
selvática del norte argentino, cuyo canto melancólico ha sido motivo entre los
aborígenes para tejer una de las más hermosas leyendas.

La Tradición dice que hace muchísimos años vivían dos hermanos huérfanos
en lo más recóndito de la selva, en un humilde rancho. La bondad y docilidad
del muchacho contrastaban con la crueldad de la joven que ha todas horas le
angustiaba el alma. Cansado un día de sufrir, urdió terrible venganza. Con
engaños la llevó hasta un árbol milenario que abría su ramazón en lo profundo
de la selva. Ayúdala a subir con un lazo del monte para recoger sabrosa miel y
cuando se columpiaba en la rama más alta, recogió el lazo y la abandonó a su
suerte. Allí quedó sola la infeliz hermana, mientras las sombras anegaban los
últimos resplandores del día. Llamó, gritó, imploró: todo fue en vano: la noche
la envolvió haciendo más terrible su soledad, más dolorosa su angustia...De
pronto estremecimientos extraños. Sus brazos se contraían y de su piel morena
emergían sedosas plumas, sus piernas quedaron convertidas en garras, su
boca en pico y sus ojos empequeñecieron penetrando como taladros la
oscuridad de la noche.

Así quedó convertida en kakuy, el pájaro nocturno que vaga por la selva
llamando con un canto que semeja un lloro, preñado de dolor y angustia, al
hermano perdido por su culpa....
La leyenda del Tanicu (leyenda quechua)
El primer domingo de Octubre, las familias del departamento Salavina celebran el día de "EL
TANICU". Este mitológico personaje es también llamado, "EL DIOS DE LA MISERIA", pertenece
al género de las creencias centrado en la demonología, es decir, en aquéllas por las que se le
adjudican al demonio poderes de disposición que beneficia, no malignos, en este caso, de
beneficios económicos.

No existe temor por su aparición, sino por el contrario, un gran anhelo de su visita, que
finalmente ha de beneficiar a quienes tengan el privilegio de haber sido elegidos por el Tanicu
para compartir un almuerzo.

Se trata de un joven que vive oculto en las entrañas del monte, en una situación de miseria
permanente, a juzgar por las ropas que luce, lo que justifican esta presunción. Sus atuendos
son desalineados y rotosos, pantalones remendados, sombrero viejo y desprolijo, harapiento,
no tiene calzados y sus pies delatan que nunca los tuvo por enormes tamaños y el aspecto
costroso y cayociento.

Su andar es ocultadizo y salvaje, que dan la impresión de sufrir disminuciones mentales,


reflejados en sus miradas perdidas y huidizas, es decir que se lo ha asemejado, al que en
nuestra campaña lo denominan "inocente", miembro de la familia que es marginado por el
padecimiento de insuficiencias mentales. No es agresivo, ni se conoce su expresión oral,
pareciera ser que es su mundo, tampoco se lo conoce que posea alguna habilidad o que
dedique su tiempo a algún trabajo, para la creencia popular es EL DEMONIO.

El rito del Tanicu radica en ofrendar comida, de allí que todos los primeros domingos del mes
de Octubre, los creyentes dedican la fecha para dar riendas sueltas a la gula, para lo que
sacrifican los mejores animales de su majada, y acudiendo a sus ahorros se gastan hasta la
última moneda en la preparación de los más exquisitos platos criollos, cuidando en detalle la
abundancia, porque esta es la que definitivamente evaluará el visitante.

La mesa lucirá ese día los mejores servicios: cubiertos de plata guardados a la espera del
acontecimiento, brillarán sobre el blanco mantel y los adornos sembrados entre los platos. Un
lugar de privilegio, la cabecera, quedará completamente preparado con la mayor abundancia
de comida destinada para "EL TANICU", este llegará sorpresivamente al hogar que eligió para
la visita de este año para ver la generosidad que se la haya destinado, evaluación que la hará
en la medida de la abundante comida.

Se ser satisfactorio para el visitante, premiará durante todo el transcurso de ese año, a la
familia, brindándoles también en abundancia los éxitos de todas y cada una de las actividades
que emprendieran. Pero si el hogar que eligió para visitarlos no habría ofrendado lo suficiente,
el castigo recaerá sobre los mismos durante ese año, donde los resultados de sus
emprendimientos serán absolutamente adversos.
El crespín (leyenda quechua)

El Crespín es un ave solitaria que puebla los bosques del Chaco y los
montes santiagueños, también se lo ve por todo el litoral. su
particularidad es la de emitir un silbido particular durante su período
anual de celo, que coincide con las festividades de los Santos Difuntos, en
el verano sudamericano. Pero además, este pájaro también tiene una
historia y es la siguiente...

Dicen que Crespín tenía una hermosa mujer como esposa, que se amaban,
pero ella sentía una afición incontrolable por el baile. Este fanatismo por
la danza causaba varias peleas, tantas que finalmente un día
desembocaron en el abandono de la mujer a su marido. Así podía bailar
hasta el amanecer en cuanta bailante se la invitara.

Cierta vez tuvo noticias de una grave enfermedad de Crespín.


Respondiendo a su sincero amor concurrió al rancho, donde encontraba
su marido en estado delicado. Al verlo así, urgentemente salió a buscar el
remedio indicado para curar a su amado, pero en el camino, cerquita del
pueblo, se encontró con un concurrido baile. Ella, no pudo resistir sus
ganas de danzar y se quedó hasta el final.

Cuando regreso al rancho, su esposo yacía muerto. Como castigo por tal
abandono se transformó en un solitario pájaro, que vaga llamando
incesantemente a su marido, Crespín... Crespín... Crespín...
LA TANTA MICHA (leyenda quechua)

La tanta micha o víbora de coral habita los campos de Santiago del Estero.
Hace muchísimos años existía en nuestra provincia una tribu al mando de un cacique
que era valiente y generoso, más su esposa era egoísta y mala. Cierto día en que la
india se encontraba trabajando frente a un horno se presentó una anciana. La
desconocida pidió a la orgullosa esposa del cacique un pedazo de pan. Ésta, furiosa,
le dijo:
- Ve a trabajar. Aquí tienes la batea donde yo he amasado. Prueba de sacar la masa
adherida y si consigues formar un pan, es tuyo.
Con paciencia, fue sacando la desvalida mujer, la masa adherida. ¡Oh, milagro!
cuanto más raspaba, más panes iba apilando. Se disponía a marchar, cuando un grito
hizo detener a la anciana. Muy cerca la esposa del cacique sacaba apresuradamente
los panes del horno convertidos en carbón. Indignada se acercó a la anciana y
arrebatándole los panes, le dijo:
- Márchate de aquí, estos panes no te pertenecen. Mía es la batea, la masa, todo.
La pobre mujer se retiró cabizbaja, pero antes de partir pronunció estas palabras:
- Por haber mezquinado el pan a un hermano, pasarás el resto de tus días
arrastrándote.
La esposa del cacique trató de implorar, pero todo fue en vano. Su cuerpo adquirió la
forma de una víbora con anillos rojos, blancos y negros como las guardas de su
poncho. Convertida así en tanta micha, comenzó a reptar por el suelo hasta perderse
en la espesura.

Esta leyenda quiere hacer reflexionar sobre el egoísmo y la falta de caridad, que
llevan al hombre a convertirse en un animal temido y solitario como la víbora.

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