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El esplendor de la fealdad

WINSTON MANRIQUE SABOGAL 5 ENE 2008

La estética de lo feo conquista el gusto popular. Varias exposiciones y un ensayo de


Umberto Eco demuestran que el abismo no pierde su atractivo.

La luz viene de muy arriba, tamizada, blanca como las altas paredes de
donde cuelgan dos cuadros con figuras distorsionadas. Deformes.
¿Feas? ¡Fascinantes! Un picasso y un bacon separados por 22 pasos. Y
entre ellos una pareja de pálidos veinteañeros salidos de un carnaval
luciferino. Son Birgit y Alain, empecinados en transgredir su belleza
natural. Están allí, a orillas del lago de Lucerna, en el Museo de Bellas
Artes, en mitad de dos de los artistas que dinamitaron en el siglo XX los
cánones estéticos y que han facilitado el pasaporte para que este par de
jóvenes sean hoy embajadores de la democratización de la fealdad.

De espaldas a los dioses, pero sin olvidarlos.

Y todos aliados de Pandora para destronar la belleza tradicional y


revolucionar el futuro estético. Conquistar la fealdad. Redimirla.

Siete hechos acaban de recordar que lo feo no es el lado oscuro de lo


bello, ni una carencia. Han reafirmado que el concepto de belleza es tan
ambivalente como el de fealdad, siempre a expensas de la cultura, la
época, la política, la economía, la religión o la vida social. Aunque esta
popularización de lo feo y el feísmo es inédita. Lo recuerdan la
exposición de Lucerna (Suiza) Picasso versus Bacon: cara a cara; dos de
homenaje en París: a Picasso y la celebración de los cien años de Las
señoritas de Aviñón, la obra que inaugura la ruptura del arte, y otra de
Courbet; el libro de Umberto Eco Historia de la fealdad (Lumen), la tan
sonada celebración de los 30 años del punk y los 10 de una de las
exposiciones que acabó por pulverizar las convenciones estéticas que
quedaban y confirmar el mundo sin prohibiciones del arte: Sensation.

Son días del penúltimo episodio del duelo perpetuo entre lo apolíneo y
lo dionisiaco.

¿Pero por qué ha adquirido carta de aceptación, o pasaporte, la fealdad


hoy? Agotamiento del canon clásico; búsquedas de nuevos horizontes a
través de la transgresión, la rebeldía, la provocación y la subversión;
crisis de valores y movimientos contraculturales; concordancia con los
tiempos mercantiles y consumistas; el desarrollo de las nuevas artes y
medios como la fotografía, el cine, la televisión, la música e Internet, que
difuminan y normalizan cualquier frontera; el vivir de espaldas a la
naturaleza e imitarla en un mundo artificial; por el mestizaje y la
globalización; y por la neomanía y otras ideas en las que están
involucradas la publicidad y la moda, aunque todas parecen salir de una
misma raíz o desembocar en el mismo punto: lo feo como máscara y
recurso para llamar la atención y obtener una identidad original y
genuina en un mundo espiralmente competitivo donde lo feo ofrece un
abanico de posibilidades inagotable. Irrepetible.

Así, su otrora fuerza ahuyentadora hoy está imantada de atracción.

"Incluso ha adquirido cierto prestigio. Tanto en las artes como en la vida


cotidiana. Se trata del feísmo deliberado, no espontáneo, y que a veces
es forzado. Desde los años sesenta ha venido aumentando su prestigio
hasta convertirlo, a menudo, en un prestigio insulso, que suele esconder
una cierta facilidad", advierte el escritor Javier Marías, que en algunas de
sus novelas y artículos ha abordado el tema. "Es un complemento
perfecto al glamourismo. Un ataque de guerrillas puntuales frente a ese
dominio del glamour", afirma Xavier Rubert de Ventós, catedrático de
Estética en la Escuela de Arquitectura de Barcelona y profesor invitado
de Berkeley y Harvard.

La presencia de la fealdad ha sido rastreada por Umberto Eco, que


establece tres categorías: lo feo natural o feo en sí mismo (una carroña o
un olor nauseabundo), lo feo formal o un desequilibrio orgánico
respecto del todo, y lo feo artístico, que surge de cualquiera de los dos
anteriores pero elevado a la categoría de arte por el artista.

Desde los conceptos griegos de belleza, el bien, lo verdadero, lo justo y


lo armonioso en forma y fondo de Platón, hasta el esplendor de lo feo y
sus paradojas en 2008, la fealdad se ha abierto paso de manera
intermitente en la Historia, sobre todo después de que el Renacimiento
sublimara la belleza clásica. La penúltima cruzada por resquebrajar el
canon y mostrar otras perspectivas empezó hace dos siglos con el
Romanticismo, que exaltó las formas libres, el sentimiento sobre la
razón, la fantasía y las pasiones con un aliento trágico. Cien años
después vendrían las vanguardias que reinventaron el arte, las dos
guerras mundiales que trastocaron toda racionalidad y sensibilidad que
hizo que el arte acechara cada vez más la realidad. Luego se pasó al
nihilismo coqueto, del que hablaba Susan Sontag, hasta dar en los
sesenta con el pop y el movimiento hippy y el rock que proclaman
libertades y cambios que renuevan sensorial y culturalmente el mundo.
Es el despegue de estéticas alternativas que pasan a ser un fenómeno
social a un ritmo vertiginoso porque nace el glam, contesta el punk, se
potencia el kitsch, irrumpen el camp y el trash, y emerge el grunge hasta
mutar en el dirty chic.

Es la era del marketing, del be you!, del do it!, del todo vale en el museo
y en la calle. Incluso una calavera forrada de diamantes. La era de la
belleza emancipada.

"Lo feo en toda la extensión de su sentido, que va desde lo grotesco al


horror, pasando por lo ridículo y lo estrictamente feo, está en el centro
del arte a partir del Romanticismo. Desde entonces la belleza como tal
deja de tener interés para el arte, ahí están desde los fusilamientos de
Goya, hasta cualquier obra de Pollock", asegura Antoni Marí, escritor y
catedrático de Estética y Teoría de la Universidad Pompeu i Fabra, de
Barcelona. Atrás queda la belleza como experiencia positiva y
gratificante. A los impresionistas no les interesa ni lo bello ni lo feo,
sino la escenificación técnica de la luz. "El interés no está por la
evidencia de las cosas de la realidad, sino sobre los sentimientos y el
espectador, y cuando los artistas, como Courbet, tienen interés en la
realidad lo hacen sobre lo desagradable y conflictivo. La belleza en sí
misma se convierte en una categoría anacrónica porque no da noticia de
nada, salvo de la fragilidad de su equilibrio. Hoy estos equilibrios no se
dan y desde hace tiempo interesa la idea de un mundo sin sentido,
caótico, fragmentario, y las personas se sienten reconocidas en esto. Se
busca el orden de las cosas que más haga pensar y reflexionar. El arte
desde que deja la belleza no pretende halagar los sentidos sino
reflexionar en situaciones límite. Y cuando parece que ha llegado a ese
punto siempre hay más allá, y así el espectador asiste en primera línea a
esa destrucción definitiva del sentido".

Hace 180 años Victor Hugo advirtió del futuro en el prólogo


de Cromwell (1827): "El contacto con lo deforme ha dotado a lo sublime
moderno de algo más grande, más sublime en definitiva que lo bello
antiguo. (...) Lo bello sólo tiene un tipo, lo feo tiene mil. (...) Es porque lo
bello, desde el punto de vista humano, no es más que la forma
considerada de su relación más elemental, en su simetría más absoluta,
en su armonía más íntima con nuestro organismo. (...) En cambio, lo que
llamamos feo es un detalle de un gran conjunto que no podemos
abarcar, y que armoniza no ya con el hombre sino con la creación
entera. Por eso nos ofrece constantemente aspectos nuevos, pero
incompletos".

¿Qué es la fealdad, entonces? El juicio estético es subjetivo y depende de


los mecanismos de la sensibilidad aprendida, y los gustos difieren al
infinito. Hegel lo reconoció a principios del XIX. Después Baudelaire
afirmó que "lo bello es siempre extravagante", escribió las Las flores del
mal, y el canon ético, moral y físico quedó del revés. Y luego Nietzsche
abrió más las puertas al decir que la fealdad es interesante, mientras
Kierkegaard estaba convencido de que ayudaba a recordar la realidad.

Después de estar recreando la belleza de la vida y la naturaleza, el


artista y el hombre descubrieron que en los lados donde no querían
mirar tenían cosas que apreciar. Allí el abanico es más amplio,
inexplorado y quizá más genuino, explica la artista valenciana Carmen
Calvo, que crea sus obras a partir de desechos y residuos.

Es la atracción del abismo. La fascinación agazapada por la


imperfección.

El arte ya no trata "tanto de explicar el mundo como de implicarlo e


implicarse en él. No trata tanto de informar de él como
de conformarlo /representarlo como de resolverlo / recrearlo como
de reformarlo", escribe Xavier Rubert de Ventós, en la edición
actualizada de su clásico Teoría de la sensibilidad (Península/Edicions
62).

Y algo malsano en el comercio del arte contribuye a toda esta fiesta


alternativa de creación que tiene en el feísmo una gran vertiente,
asegura la fotógrafa Ouka Leele. "Tiene que ver con el hecho de estar en
los medios de comunicación. Llamar la atención a través de la
exageración, romper moldes. Asegurar un doble salto mortal. Aunque
los artistas se han ido perdiendo en ese camino efectista. Lo que suena
es lo que se paga por una obra, pero no su calidad". Para la artista, esta
distorsión tiene que ver con el alejamiento del ser humano de la
naturaleza: "De la belleza del río cristalino hemos pasado a encontrar la
belleza en el río contaminado de gasolina de donde puede surgir un arco
iris". El cambio de costumbres engendra nuevas cosas, agrega Ouka
Leele. "Aunque estamos para mirar y alabar la belleza, porque la Tierra
es lo más bonito, nos vamos aislando con imitaciones cutres y feas de la
belleza natural". Se queja de que ahora los niños ven el campo feo, de
que una escena de una madre amamantando a su hijo es rechazada y de
se prefiera una cabeza cortada del telediario. Aunque reconoce que es
positiva la capacidad de redimir con la mirada.

¿A qué se debe la normalización ante lo horrendo, lo grotesco, lo


asqueroso o decadente? Es el resultado de un proceso de reordenación
del mundo a través de la ampliación de miradas que universalizan las
vanguardias artísticas de principios del siglo XX. Pero a nivel más
popular se remonta a la era industrial y mercantil que intentó paliar lo
feo industrial, crear objetos funcionales que también fueron bonitos. La
utilidad manda al traste el canon clásico. Las referencias se trastocan.
Junto a una montaña, una escultura o una persona, hoy se pone un
coche o un aire acondicionado que se venden "casi como obras de arte".

Se masifica la belleza en serie. ¿Existe? Se democratiza.

Sobre todo, porque como dice Rubert de Ventós, "hoy nuestro medio es
un orden artificial, y el orden "natural" no es para la mayoría más que
una experiencia de fin de semana posibilitada por un producto
industrial: el automóvil o el avión. Nuestra "natura" la forman los
instrumentos técnicos de los que nos servimos: las construcciones, los
artefactos y las imágenes manufacturadas entre las que nos movemos.
Éstas son las cosas de las que nosotros hemos llegado a ser cosa".

Una deriva del arte sobre la que Walter Benjamin reflexionó en La obra
de arte en la época de su reproductibilidad técnica. Expone que el arte
cambia, sobre todo a través de la fotografía y el cine, que lo jalonan a un
eterno palpitar en emergencia. "Es el turno de la estética de la
inauguración", afirma el sociólogo y escritor Enrique Gil Calvo. "Tras la
aparición de la fotografía el concepto de original cambia. Lo que prima,
cada vez más, es el momento de la aparición de la obra, sorprender al
espectador".

No es un naufragio. Es una desmitificación que insufla nueva energía


para salir del agotamiento. Reinterpretación de un nuevo orden que
buscó la complicidad de la ironía, la parodia y el sarcasmo.

Es el soplo de Baudelaire.

Pero, ¿por qué el esplendor del desorden, lo feo y el feísmo y lo hortera?


Es una insurrección contra lo artificioso, dijo Antoni Tàpies. "Pretende
muchas cosas, como la necesidad de volver a lo esencial y natural.
Aunque sospecho cuando las ideas se convierten en moda". El mestizaje
del mundo y la globalización han acelerado esta ampliación de la
mirada. "Han servido para que las situaciones extremas sean
neutralizadas. La cercanía de lo otro ha abierto el mundo y
resquebrajado los conceptos estéticos preestablecidos", reflexiona Marí.
"Es el reino de la subjetividad. Todo se cuestiona".

¡Se abjura! Pero esta rebelión en la calle y la vida cotidiana también tiene
intereses espurios. La culpa es de la feroz competencia en el mercado de
las relaciones humanas, afirma Gil Calvo, autor de Máscaras masculinas.
Héroes, patriarcas y monstruos (Anagrama). "Hay mucha gente en
exposición y cada vez es más difícil ser original. Las estrategias de los
solteros y los jóvenes deben ser más recursivas porque los modelos
clásicos ya no sirven en el mundo de las apariencias. Y lo inimitable está
en la exploración de lo feo. En crear una copia sin par, ya que la belleza
es fácil de copiar e imitar".

La reinvención de Narciso.

El riesgo es que la imagen que devuelva el estanque sea trivializada.


Antoni Marí no lo cree así. "La moda no es trivial porque es una
interpretación de la realidad. Aunque quienes lucen esas modas del
llamado feísmo no lo sepan. No sabes por qué lo haces, por qué te pones
los pantalones caídos y dejas que se vean los calzoncillos, por ejemplo,
pero lo haces tuyo y a tu manera, con lo cual tomas una posición".

¡Deslumbrar!, ésa es la clave, insiste Gil Calvo. "Hacer yoes múltiples


donde lo feo garantiza las miradas. La belleza es castradora y limitada.
Las identidades clásicas ya no venden, no son competitivas".

Pero esta desacralización de la belleza y del cuerpo se ha trivializado


para Javier Marías. "Hay un cierto elemento de rebeldía, pero donde eso
podía caber y era eficaz ha sido engullido por la moda. No falta el
papanatismo de quienes dan la bienvenida a esa supuesta novedad por
el solo hecho de existir. Hay pereza intelectual de no saber distinguir
entre lo que tiene o no interés".

¿Cómo hablar hoy de insurrección, de verdadera rebeldía, de


transgresión si el "enemigo" (acumulación del capital) es el que dicta las
normas?, se pregunta Aurora F. Polanco, profesora de Teoría y Arte
Contemporáneo de la Universidad Complutense de Madrid. "Una vez
más los artistas iban por delante en sus investigaciones y el poder
(económico) se aprovecha de sus estrategias. Un ejemplo: la abyección
con la que quisieron trabajar muchos artistas en los ochenta no era sino
una respuesta desde los cuerpos dolientes del sida a la estética de los
cuerpos danone, luego los jóvenes artistas ingleses quisieron demostrar
que era más abyecta la política reaccionaria de la época Thatcher que
sus obras que rozaban los límites de lo insoportable". Pero que todo
esto se extienda a las modas no es nuevo: "¿Un kitsch abyecto? Nada
nuevo, ¿no hubo un kitsch punk? Recordemos cómo se limpió la
estética punk. Eso es lo que hace el capital, "limpia, fija y da esplendor"
a los trabajos de los artistas que tratan con lo insoportable (¿hemos
olvidado Un perro andaluz?). Hal Foster dice que los procedimientos
ligados a la abyección que utilizaron los surrealistas no eran sino la
respuesta a la estética del cuerpo apolíneo de los nazis. En cualquier
caso y para no ser tan negativos con los jóvenes y la moda, ellos saben
bien lo que comporta, especialmente en España, el valor de lo pulcro, lo
simétrico, lo "atildado" de esas marcas, por ejemplo, que transmiten
valores y visten por igual a los niños que a los papás como si nada
pasara...".

... Y en medio del barullo de esta emancipación de la belleza, resuena el


comienzo de Macbeth, de Shakespeare, donde las voces de las tres
brujas se abren paso entre tinieblas diciendo: "Lo bello es feo, lo feo es
bello".

El duelo de lo dionisiaco y lo apolíneo


WINSTON MANRIQUE SABOGAL 5 ENE 2008

Los intentos de la fealdad por destronar a la belleza clásica y mostrarse


como una alternativa de la estética y del gusto han sido incesantes,
sobre todo desde hace dos siglos. Hasta entonces primaban los
conceptos de la Grecia homérica (siglos XII y VIII antes de Cristo), que
llegan hasta el presente, con un ideal de belleza basado en la armonía
del todo con cada una de sus partes, siempre de manera natural. Se
aspira a la belleza luminosa del atleta. Para Platón lo bello es justo,
verdadero y ético; y lo desproporcionado o incompleto es antiestético.

Siglos V a I antes de Cristo. Roma responde al concepto de belleza


griega con una serie de productos cosméticos.

Comienzo de nuestra era. El cristianismo incorpora el martirio a su


religión, impone un Dios castigador y llena todo de sospecha y pecado
en torno a una estética tenebrosa.

Siglos XII-XIII. De la belleza concebida como algo celestial a la imagen


enfermiza. Cuentos de Canterbury reflejan que lo feo es el campesinado
y los pobres.

1453. La caída de Constantinopla es la primera gran apertura de


Occidente.

1492. El descubrimiento de América añade nuevas sensibilidades y


formas de ver el mundo. Es el primer gran mestizaje.
1503-1504. Pintores como Brueghel y El Bosco dan cuenta de su
desbordante y enigmática imaginación de escenas horribles. El jardín de
las delicias es un ejemplo.

1750. Asoma en Francia la estética desaliñada. Una de las primeras


grietas al ideal clásico impulsado por el Renacimiento.

1766. La primera reflexión estética total sobre lo feo es el Laocoonte, de


Lessing, sobre el conjunto escultórico romano donde el sacerdote
troyano es devorado, junto a sus dos hijos, por dos serpientes.

1788. La Revolución Francesa, como rechazo a los excesos de la


aristocracia, redime el gusto del pueblo. Toma fuerza la idea de un "caos
regenerador" de nuevos órdenes.

1790. A finales del siglo surge el Romanticismo: exalta los principios de


libertad, por tanto, la subjetividad. Se opone a las reglas del ideal clásico
y al racionalismo, y destaca el sentido trágico de la vida. Es la primera
revolución al cambio de sensibilidades estéticas que se han prolongado
hasta hoy.

1816. Se inventa la fotografía, un nuevo arte que empieza a explorar y


reflejar todos los lados de la vida, y que se perfeccionará en la segunda
mitad del siglo.

1818. Mary Shelley escribe Frankenstein o el Prometeo moderno, una de


las grandes novelas protagonizadas por un ser monstruoso creado por
el hombre.

1820. Francisco de Goya sorprende con la etapa negra de sus pinturas.

1827. Victor Hugo exalta lo feo en el prólogo de Cromwell. Lo feo que


Hugo considera típico de la nueva estética es lo grotesco, la fuente más
rica que la naturaleza puede ofrecer a la creación artística.

1830. Aparece la moda del semblante abatido, apariencia espectral,


cierto desaliño, y en los hombres la barba descuidada, aspirando a un
aire artístico y distinguido.

1850. La segunda etapa de la revolución industrial acelera los cambios


sociales. Nuevos transportes como el ferrocarril y el barco de vapor
acercan al mundo y a conocer las variedades de gustos y estéticas. Se
busca combinar utilidad y belleza en los productos en serie. El arte y la
naturaleza pierden la exclusividad de crear y otorgar belleza.
1853. El filósofo Kart Rosenkranz publica Estética de lo feo, primer libro
en su género.

1857. Heredero del Romanticismo, Baudelaire publica Las flores del maly
contribuye a abrir la puerta a la modernidad.

1870. El impresionismo coge fuerza con temas de la realidad


contemporánea. En 1874 se celebra en París el primer salón. La
inquietud espiritual de Van Gogh se refleja en sus cuadros, precursores
del fauvismo.

1890. El modernismo se afianza como movimiento de renovación


artística. Rompe estilos dominantes e incorpora elementos.

1895. Se proyecta en París la primera película pagada. La influencia del


cine es extraordinaria, así como su aporte para la divulgación de las
estéticas alternativas.

1907. Pablo Ruiz Picasso pinta Las señoritas de Aviñón, cuadro que abre
su etapa negra e inaugura el cubismo y la nueva era del arte.

1908-1925. El cubismo revoluciona el arte al descomponer la realidad en


figuras geométricas. La apertura de nuevas miradas y concepciones
estéticas no tiene marcha atrás. Cézanne, las pinturas negras y el arte
primitivo son los grandes aliados de artistas como Picasso y Braque.
Este movimiento inaugura las vanguardias históricas que pulverizan los
cánones tradicionales de belleza.

1916. Surge el Dadá, movimiento que cuestiona las formas tradicionales


de expresión y basa sus obras en el absurdo. De él forman parte Man
Ray, Picabia, Ernst y Marcel Duchamp que en 1917 expone Fuente, un
urinario alzado a la categoría de arte. Las fronteras se difuminan.

1924. Se publica Manifiesto, de André Breton, y la revista Revolución


Surrealista, que se revela contra el orden convencional en todos los
ámbitos. La razón es reemplazada por el sueño, el deseo, la rebelión y el
instinto que el creador expresaba automáticamente. Figuran Miró, Ernst,
Masson, Magritte, Arp, Tanguy, Giacometti y Dalí.

1925. El modernismo con su eclosión de estéticas se hace popular a


través del art déco, estilo decorativo de formas geométricas y un
naturalismo estilizado, que fomenta el gusto más popular y menos
elitista. Belleza consumible al alcance de todos.

1932. Se estrena la película La parada de los monstruos, de Tod


Browning. Trata de un circo lleno de personas deformes.
1939-1945. La II Guerra Mundial, al igual que la I (1914-1918), confronta
a la humanidad con los horrores que es capaz de crear el propio ser
humano. El arte cerca la realidad y constata el horror.

1960. En esta década surge el movimiento hippy. Proclama la libertad


plena, la paz y rechaza lo establecido, la sociedad de consumo y parte
de las convenciones sociales. El el rock también grita libertad y rupturas.

1962. Triunfa el pop art. La cotidianidad es motivo de arte. Andy Warhol


pinta productos como las sopas Campbell o a famosos como Marilyn
Monroe.

1967. Irrumpe el arte povera que trabaja con materiales no tradicionales


como basuras y rocas. Rechaza la industrialización.

1968. La psicodelia y las nuevas ideologías promocionan modelos contra


las convenciones y aplauden la convivencia de todos los gustos. A
finales de la década surge el glam, que con sus excesos estéticos y su
estilo ambiguo responde a la imagen dura del rock.

1970. En esta década el cine, la música, la televisión, la fotografía y la


publicidad se confirman como grandes divulgadores de la diversidad. La
moda sigue su andadura imparable de popularización. Se masifica la
belleza y el "buen gusto".

1977. Aparece en Inglaterra el punk, surgido del rock. Se basa en una


actitud de independencia, provocación y burla a un sistema incapaz de
dar esperanza a la juventud.

1980. Década de las tribus urbanas que dan muestra del mestizaje
cultural y del eclecticismo. El graffiti empieza a tomarse la calle e inician
su ascenso estilos como el hip-hop.

1981. Nace MTV, canal de música que da cuenta de la pluralidad,


eclosión y normalización y globalización de estéticas y gustos. Toman
fuerza el kitsch, el camp y trash que reinterpretan las estéticas entre lo
marginal y lo snob.

1987. Debut televisivo de la serie Los Simpson, de Matt Groening, que


inaugura una tendencia del feísmo en el dibujo como crítica. Luego se
unirán otros como South Park.

1990. Es el turno del grunge, movimiento musical entre cuyos grupos


destaca Nirvana. La apariencia anticomercial de sus artistas en el vestir
deriva en una moda desaliñada y descuidada que refleja la apatía y
desencanto de la generación X. En esta década el diseñador Calvin Klein
traspasa otra frontera al basar su publicidad en modelos no
convencionales o de aire enfermizo.

1995. La delgadez extrema y la anorexia tratan de imponerse como


modelos de belleza. Técnicas como el tatuaje y el piercing, de públicos
marginales y alternativos, ganan simpatizantes. Lo underground, lo
marginal y lo canallesco empiezan a ganar prestigio.

1997. Londres inaugura la exposición Sensation, organizada por Charles


Saatchi. Jóvenes artistas británicos muestran sus obras más
provocadoras. Entre ellos, Damien Hirst, Jake y Dinos Champman, Marc
Quinn, Chris Ofili y Sarah Lucas.

1998. El grunge se reinventa en la estética del desorden y el dirty chic:


looks cuidadamente descuidados o decadentes.

2000. Es la era de Internet. El mestizaje cultural es el fenómeno del siglo


XXI. La globalización impregna el planeta de eclecticismo. Lo hortera y
gamberro gana audiencia como otra respuesta a la asepsia.

2006. Todo el mundo es hermoso es el desfile con el que John Galiano


presenta su colección con gente ajena a la belleza del mundo
tradicional. Lo antiestético afianza su convivencia con lo bello y
tradicional.

2007. Damien Hirst escandaliza con una calavera forrada de diamantes.


Umberto Eco publica Historia de la fealdad (Lumen). La paradoja de la
belleza anhelada y comprada y la fealdad impostada como reclamo en
las artes y lo cotidiano viven su esplendor. Popularización de la
neomanía, la moda y el deseo de ser singular, cuerpos sanos con looks
decadentes y ropas de marca con imitaciones vintage. Mestizaje de
culturas y épocas elevado al rango de arte. El duelo de lo dionisiaco y lo
apolíneo.