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Introducción:

La psicología de masas trata del individuo como miembro de un linaje, de un pueblo,


de una casta, de un estamento, de una institución, o como integrante de una multitud
organizada en forma forma de masa durante ciero lapso y para determinado fin.

II. Le Bon y su descripción del alma de las masas.


¿q es una “masa” q le pasa su capacidad de influir tan decisivamente sobre la vida
animica del individuo y en q consiste la alteración animica q impone a este ultimo?

II EL ALMA COLECTIVA, SEGÚN LE BON


Ahora bien: ¿qué es una masa? ¿Por qué medios adquiere la facultad de ejercer una tan
decisiva influencia sobre la vida anímica individual? ¿Y en qué consiste la modificación
psíquica que impone al individuo?
Dejaremos, pues, la palabra a Gustavo Le Bon: «El más singular de los fenómenos
presentados por una masa psicológica, es el siguiente: cualesquiera que sean los
individuos que la componen y por diversos o semejantes que puedan ser, el simple
hecho de hallarse transformados en una multitud le dota de una especie de alma
colectiva. Este alma les hace sentir, pensar y obrar de una manera por completo distinta
de como sentiría, pensaría y obraría cada uno de ellos aisladamente.
Observaré lo siguiente: si los individuos que forman parte de una multitud se hallan
fundidos en una unidad, tiene que existir algo que les enlace unos a otros, y este algo
podría muy bien ser aquello que caracteriza a la masa. Pero Le Bon deja en pie esta
cuestión. <<Detrás de las causas confesadas de nuestros actos, existen causas secretas,
ignoradas por todos. La mayor parte de nuestros actos cotidianos son efecto de móviles
ocultos que escapan a nuestro conocimiento».
Le Bon piensa, que en una multitud, se borran las adquisiciones individuales,
desapareciendo así la personalidad de cada uno de los que la integran. Lo inconsciente
social surge en primer término, y lo heterogéneo se funde en lo homogéneo.
«La aparición de los caracteres peculiares a las multitudes se nos muestra determinada
por diversas causas. La primera de ellas es que el individuo integrado en una multitud,
adquiere, por el simple hecho del número, un sentimiento de potencia invencible,
merced al cual puede permitirse ceder a instintos que, antes, como individuo aislado,
hubiera refrenado forzosamente. Y se abandonará tanto más gustoso a tales instintos
cuanto que por ser la multitud anónima, y en consecuencia, irresponsable,
desaparecerá para él el sentimiento de la responsabilidad, poderoso y constante freno
de los impulsos individuales». La desaparición, en estas circunstancias, de la
consciencia o del sentimiento de la responsabilidad, es un hecho cuya comprensión no
nos ofrece dificultad alguna, pues hace ya mucho tiempo, hicimos observar que el
nódulo de lo que denominamos conciencia moral era la «angustia social».
«Una segunda causa, el contagio mental, interviene igualmente para determinar en las
multitudes la manifestación de caracteres especiales, y al mismo tiempo, su
orientación. El contagio es un fenómeno fácilmente comprobable, pero inexplicado.
Dentro de una multitud, todo sentimiento y todo acto son contagiosos, hasta el punto de
que el individuo sacrifica muy fácilmente su interés personal al interés colectivo,
actitud contraria a su naturaleza ».
Una tercera causa, la más importante, determina en los individuos integrados en una
masa, caracteres especiales. Me refiero a la sugestibilidad, de la que el contagio antes
indicado no es, además, sino un efecto.
Semejante al estado de fascinación del hipnotizado entre las manos de su hipnotizador.
Paralizada la vida cerebral del sujeto hipnotizado, se convierte éste en esclavo de todas
sus actividades inconscientes, que el hipnotizador dirige a su antojo. La personalidad
consciente desaparece; contagio, y la tendencia a transformar inmediatamente en actos
las ideas sugeridas, son los principales caracteres del individuo integrado en una
multitud.
Le Bon no se limita a compara el estado del individuo integrado en una multitud con el
estado hipnótico, y establece una verdadera identidad entre ambos. queremos señalar
que, el contagio y la mayor sugestibilidad, no pueden ser consideradas como de igual
naturaleza, puesto que, a juicio de nuestro autor, el contagio no es, a su vez, sino una
manifestación de la sugestibilidad. Así, pues, ha de parecernos que Le Bon no establece
una diferenciación suficientemente precisa entre los efectos de tales dos causas.
Es importante q la persona que para la multitud sustituye al hipnotizador, no aparezca
mencionada en la exposición de Le Bon.
“En una multitud, desciende, pues, el hombre varios escalones en la escala de la
civilización” El autor insiste luego particularmente en la disminución de la actividad
intelectual. En la descripción del alma colectiva, la multitud es impulsiva, versátil e
irritable y se deja guiar casi exclusivamente, por lo inconsciente. Los impulsos a los que
obedece pueden ser, según las circunstancias, nobles o crueles, heroicos o cobardes,
pero son siempre tan imperiosos que la personalidad e incluso el instinto de
conservación desaparecen ante ellos. Nada, en ella, es premeditado. Abriga un
sentimiento de omnipotencia. La noción de lo imposible no existe para el individuo que
forma parte de una multitud. Es extraordinariamente influenciable y crédula. Carece de
sentido crítico y lo inverosímil no existe para ella. Los sentimientos de la multitud son
siempre simples y exaltados. De este modo, no conoce dudas ni incertidumbres. Llegan
rápidamente a lo extremo. La sospecha enunciada se transforma ipso facto en
indiscutible evidencia. Un principio de antipatía pasa a constituir, en segundos, un odio
feroz. Naturalmente inclinada a todos los excesos, la multitud. No reacciona sino a
estímulos muy intensos. Es tan autoritaria como intolerante .
El interés personal, que constituye casi el único móvil de acción del individuo aislado,
no se muestra en las masas como elemento dominante, sino en muy contadas ocasiones.
Además, la multitud se muestra muy accesible al poder verdaderamente mágico de las
palabras. A este propósito basta con recordar el tabú de los nombres entre los primitivos
y las fuerzas mágicas que para ellos se enlazan a los nombres y las palabras. Por último:
las multitudes no han conocido jamás la sed de la verdad. Demandan ilusiones, a las
cuales no pueden renunciar. Dan siempre la preferencia a lo irreal sobre lo real, y lo
irreal actúa sobre ellas con la misma fuerza que lo real. La multitud es un dócil rebaño
incapaz de vivir sin amo. Tiene una tal sed de obedecer. Es preciso que el mismo posea
determinadas aptitudes personales.
En último análisis, Le Bon ve la causa de su influencia, en las ideas por las que ellos
mismos se hallan fascinados. Pero además, tanto a estas ideas como a los directores de
multitudes, les atribuye Le Bon un poder misterioso e irresistible, al que da el nombre
de «prestigio>>Le Bon distingue un prestigio adquirido o artificial y un prestigio
personal. El adquirido se relaciona con sus riquezas o su honorabilidad, y a las doctrinas
y a las obras de arte, por la tradición. Tiene siempre su origen en el pasado. El prestigio
personal es adorno de que muy pocos gozan, pero estos pocos se imponen por el mismo
hecho de poseerlo, como jefes, depende siempre del éxito y desaparece ante el fracaso.

III .OTRAS CONCEPCIONES DE LA VIDA ANÍMICA COLECTIVA


Ninguna de las afirmaciones de Le Bon r nos ofrece algo nuevo. Lo único privativo de
Le Bon es su concepción de lo inconsciente y la comparación con la vida psíquica de los
primitivos, aunque tampoco en estos puntos haya carecido de precursores.
Probablemente se ha confundido bajo la denominación genérica de «multitudes», a
formaciones muy diversas, entre las cuales es necesario establecer una distinción. Los
datos de Sighele, Le Bon y otros, se refieren a masas de existencia pasajera, constituídas
rápidamente por la asociación de individuos movidos por un interés común, pero muy
diferentes unos de otros.
En cambio, las afirmaciones opuestas se derivan de la observación de aquellas otras
masas estables o asociaciones permanentes, en las cuales pasan los hombres toda su
vida y que toman cuerpo en las instituciones sociales.
Mc. Dougall parte de la misma contradicción antes señalada, la resuelve introduciendo
el factor «organización». En el caso más sencillo -dice- la masa (group) no posee
organización ninguna o sólo una organización rudimentaria. A esta masa desorganizada,
le da el nombre de «multitud».
Cuanto más enérgica es esta homogeneidad mental, más fácilmente formarán los
individuos una masa psicológica y más evidentes serán las manifestaciones de un alma
colectiva.
El fenómeno más singular y al mismo tiempo más importante de la formación de la
masa consiste en la exaltación o intensificación de la emotividad en los individuos que
la integran. Mc Dougall explica esta absorción del individuo por la masa atribuyéndola
a lo que él denomina «el principio de la inducción directa de las emociones por medio
de la reacción simpática primitiva». Cuanto más groseras y elementales son las
emociones, más probabilidades presentan de propagarse de este modo en una masa.
Este mecanismo es el de la intensificación afectiva queda favorecido por varias otras
influencias emanadas de la multitud. La masa da al individuo la impresión de un poder
ilimitado y de un peligro invencible. Para garantizar la propia seguridad, deberá cada
uno seguir el ejemplo que observa en derredor suyo.
Mc. Dougall no niega tampoco el principio de la inhibición colectiva de la inteligencia
en la masa. Opina que las inteligencias inferiores atraen a su propio nivel a las
superiores.
El hombre en la masa se comporta, pues, como un niño mal educado o como un salvaje
apasionado y no vigilado en una situación que no le es familiar.
Mc. Dougall opone a esta actitud la de las multitudes que poseen una organización
superior.
El autor enumera cinco «condiciones principales» necesarias para elevar el nivel de la
vida psíquica de la multitud.
1. La primera condición -y la esencial- consiste en una cierta medida de continuidad en
la composición de la masa. Esta continuidad puede ser material o formal; lo primero,
cuando las mismas personas forman parte de la multitud, durante un espacio de tiempo
más o menos prolongado; lo segundo, cuando dentro de la masa se desarrollan ciertas
situaciones que son ocupadas sucesivamente por personas distintas.
2. En segundo lugar, es necesario que cada uno de los individuos de la masa se haya
formado una determinada idea de la naturaleza, la función, la actividad y las
aspiraciones de la misma, idea de la que se derivará para él una actitud afectiva con
respecto a la totalidad de la masa.
3. En tercer lugar, es preciso que la masa se halle en relación con otras formaciones
colectivas análogas, pero diferentes, sin embargo, en diversos aspectos, e incluso que
rivalicen con ella.
4. La cuarta condición es que la masa posea tradiciones, usos e instituciones propias,
relativas, sobre todo, a las relaciones recíprocas de sus miembros.
5. Por último, la quinta condición es que la multitud posea una organización que se
manifieste en la especialización y diferenciación de las actividades de cada uno de sus
miembros.
El cumplimiento de estas condiciones haría desaparecer, según Mc. Dougall, los
defectos psíquicos de la formación colectiva. La disminución colectiva del nivel
intelectual se evitaría quitando a la multitud la solución de los Problemas intelectuales,
para confiarla a los individuos.
El individuo poseía, desde luego, antes de incorporarse a la masa primitiva, su
continuidad, su consciencia, sus tradiciones y costumbres, su peculiar campo de acción
y su modalidad especial de adaptación, y se mantenía separado de otros con los cuales
rivalizaba. Todas estas cualidades las ha perdido temporalmente por su incorporación a
la multitud «no organizada».
Psicología de las Masas y Análisis del Yo – Segunda Parte

IV. Sugestión y libido

Ahora nuestro interés consiste en hallar la explicación psicológica del cambio


anímico que los individuos sufren en la masa. LeBon reconduce todo lo extraño de los
fenómenos sociales a dos factores
 Sugestión reciproca de individuos (sugestión como el hecho básico de la vida
anímica de los seres humanos)
 Prestigio del conductor a su vez el prestigio sólo es medible en
relación al poder de sugestión.
Intentaré (no yo, sino Freud) aplicar al esclarecimiento de la psicología de las
masas el concepto de libido. Llamamos así a la energía de aquellas pulsiones que tienen
que ver con todo lo que puede sintetizarse como “amor”. Consideramos amor tanto
aquel cuya meta es la unión sexual como el amor a si mismo, por el otro, el amor filial,
a los hijos, la amistad, el amor a la humanidad. Todas esas aspiraciones son la expresión
de las mismas mociones pulsionales.
Los vínculos de amor constituyen también la esencia del alma de las masas. Lo
que correspondería a tales vínculos esta oculto tras el biombo de la sugestión.

V. Dos masas artificiales: Iglesia y Ejército

Comienza por postular la diferencia entre masas sin conductor y con el. Además
se indaga acá sobre masas de alto grado de organización, duraderas y artificiales: la
Iglesia y el Ejército.
Iglesia y Ejército son masas artificiales, se emplea cierta compulsión externa
para prevenir su disolución. No se pregunta al individuo si quiere ingresar en una masa
de esa índole y el intento de separación suele estorbarse o penarse rigurosamente.
En ambas rige un espejismo, una ilusión: hay un jefe que ama por igual a todos
los individuos de la masa. De esta ilusión depende todo. La ligazón de cada individuo
con Cristo es también la causa de la ligazón que los une a todos. Algo parecido vale en
el caso del ejercito. Este se diferencia estructuralmente de la Iglesia por el hecho de que
consiste en una jerarquía.
El reproche que se puede hacer a los autores (LeBon y McDougall) es por no
haber apreciado suficientemente la importancia del conductor para la psicología de las
masas. El principal fenómeno de la psicología de las masas es la falta de libertad del
individuo dentro de ellas.
La esencia de una masa consistiría en las ligazones libidinosas existentes en ella.
Un ejemplo que prueba la existencia de estos lazos libidinosos es el fenómeno del
pánico. El pánico nace por el aumento del peligro que afecta a todos los integrantes de
una masa o por el cese de las ligazones afectivas que cohesionaban a la masa. Es propio
de la naturaleza del pánico no guardar relación con el peligro que amenaza y estallar
muchas veces a raíz de ocasiones simples.
La perdida en cualquier sentido del conductor, el no saber a que atenerse, basta
para que se produzca el estallido del pánico, aunque el peligro siga siendo el mismo al
desaparecer la ligazón de los miembros de la masa con su conductor desaparecen las
ligazones entre ellos.
Una religión aunque se llame la religión del amor, no puede dejar de ser dura y
sin amor hacia quienes no pertenecen a ella, esta pronta a la crueldad y la intolerancia
hacia quienes no son sus miembros.
VI. Otras tareas y orientaciones de trabajo

La ligazón con el conductor parece mas influyente que la ligazón de los


individuos entre si. Casi toda relación afectiva intima y prolongada contiene un
sedimento de sentimientos de hostilidad que solo en virtud de la represión no es
percibido.
Toda esta intolerancia desaparece por la formación de la masa y en la masa. Los
individuos se comportan como si fuesen homogéneos. Una restricción así del narcisismo
sólo puede ser producida por este factor: una ligazón libidinosa con otras personas.
En la cooperación se establecen por regla general lazos libidinosos entre los
compañeros. En las relaciones sociales entre los hombres ocurre lo mismo que la
investigación psicoanalítica tiene averiguado para la vía de desarrollo de la libido
individual.
En la masa nos encontramos con pulsiones de amor que están desviadas de sus
metas originarias. Existen todavía otros mecanismos de ligazón afectiva: las
identificaciones.
VII. La identificación
El lenguaje es fiel a alguna realidad. llama «amor» a vínculos afectivos muy diversos. Después duda de
sí ese amor es el genuino, el correcto, el verdadero.

En una serie de casos, el enamoramiento no es más que una investidura de objeto de parte de las
pulsiones sexuales con el fin de alcanzar la satisfacción sexual directa, lograda la cual se extingue. Pero la
situación libidinosa rara vez es tan simple.
Es sabido que las aspiraciones «sensuales», (que se despiertan a los cinco años, cuando el niño
encuentra un primer objeto de amor en uno de sus progenitores; en él se habían reunido todas sus
pulsiones sexuales que pedían satisfacción ) se conservan en el inconciente con mayor o menor
intensidad.

Es notorio que con la pubertad se inician nuevas aspiraciones, muy intensas, dirigidas a metas
directamente sexuales.

Es común que el adolescente logre cierto grado de síntesis entre el amor no sensual, celestial, y el
sensual, terreno; en tal caso, su relación con, el objeto sexual se caracteriza por la cooperación entre
pulsiones no inhibidas y pulsiones de meta inhibida.

Interesa la Sobrestimación sexual: el hecho de que el objeto amado goza de cierta exención de la crítica.
La idealizacion falsea el juicio. el objeto es tratado como el yo propio, y por tanto en el enamoramiento
afluye al objeto una medida mayor de libido narcisista. Se ama en virtud de perfecciones a que se ha
aspirado para el yo propio y que ahora a uno le gustaría procurarse, para satisfacer su narcisismo, por este
rodeo.
Si la sobrestimacion aumenta cada vez mas: El objeto, por así decir, ha devorado al yo.
Esto ocurre con particular facilidad en el caso de un amor desdichado, inalcanzable.

Calla la crítica, que es ejercida por esta instancia; todo lo que el objeto hace y pide es justo e intachable.
La situación puede resumirse cabalmente en una fórmula: El objeto se ha puesto en el lugar del ideal
del yo.

Ahora es fácil describir la diferencia entre la identificación y el enamoramiento. En la primera, el yo se


ha enriquecido con las propiedades del objeto, lo ha «introyectado».

En el segundo, se ha empobrecido, se ha entregado al objeto, le ha concedido el lugar de su ingrediente


más importante.

En el caso de la identificación, el objeto se ha perdido o ha sido resignado; después se lo vuelve a erigir


en el interior del yo, y el yo se altera parcialmente según el modelo del objeto perdido. En el otro caso el
objeto se ha mantenido y es sobreinvestido como tal por el yo a sus expensas.

vislumbramos que la esencia de este estado de cosas está contenida en otra alternativa, a saber: que el
objeto se ponga en el lugar del yo o en el del ideal del yo.

El trecho que separa el enamoramiento de la hipnosis no es, evidentemente, muy grande. el


hipnotizador ha ocupado el lugar del ideal del yo. sería más adecuado elucidar el enamoramiento
partiendo de la hipnosis.

El hipnotizador es el objeto único: no se repara en ningún otro además de él. El vínculo hipnótico es una
entrega enamorada irrestricta que excluye toda satisfacción sexual, mientras que en el enamoramiento
esta última se pospone sólo de manera temporaria, y permanece en el trasfondo como meta posible para
más tarde.

El amor sensual está destinado a extinguirse con la satisfacción; para perdurar tiene que encontrarse
mezclado desde el comienzo con componentes puramente tiernos, vale decir, de meta inhibida, o sufrir un
cambio en ese sentido.
en la hipnosis, tal como se la practica casi siempre, puede estar vigente el saber de que se trata sólo de un
juego, de una reproducción falaz de otra situación cuya importancia vital es mucho mayor.

Ahora bien, las elucidaciones anteriores nos han preparado acabadamente para indicar la fórmula de la
constitución libidinosa de una masa; al menos, de una masa del tipo considerado hasta aquí, vale
decir, que tiene un conductor y no ha podido adquirir secundariamente, por un exceso de
«organización», las propiedades de un individuo. Una masa primaria de esta índole es una multitud de
individuos que han puesto un objeto, uno y el mismo, en el lugar de su ideal del yo, a consecuencia de lo
cual se han identificado entre sí en su yo.

El instinto gregario

...las extensas ligazones afectivas que discernimos en la masa bastan por sí solas para explicar uno de sus
caracteres: la falta de autonomía y de iniciativa en el individuoñ. Pero si la consideramos como un todo,
la masa exige algo más: los rasgos de debilitamiento de la actividad intelectual, desinhibición de los
afectos, incapacidad de moderarse y de diferir la acción, tendencia a transgredir todas las barreras en la
exteriorización de los sentimientos y a su total descarga en la acción.

Así recibimos la impresión de un estado en que la moción afectiva del individuo y su acto intelectual
personal son demasiado débiles para hacerse vales por si solos, viéndose obligados a aguardar su
potenciación por la repetición uniforme de parte de los otros.

no sólo puede ejercerlo el conductor, sino cualquier individuo sobre otro. nos inclinamos a obedecer a
otra voz

El individuo se siente incompleto cuando está solo...Oponerse al rebaño equivale a separarse de él, y por
eso se lo evitará con angustia. Ahora bien, el rebaño desautoriza todo lo nuevo, lo inhabitual. El instinto
gregario sería algo primario, no susceptible de ulterior descomposición.

Pero no olvidemos que la exigencia de igualdad de la masa sólo vale para los individuos que la forman,
no para el conductor. Todos los individuos debe ser iguales entre sí, pero todos quieren ser gobernados
por uno. Mucho iguales, que pueden identificarse entre sí, y un único superior a todos ellos: he aquí la
situación que hallamos realizada en la masa capaz de sobrevivir. Osemos por eso corregir el enunciado
de Trotter según el cual el ser humano es un animal gregario, diciendo que es más bien un animal de
horda, el miembro de una horda dirigida por un jefe.

la masa y la horda primordial El carácter ominoso y compulsivo de la formación de masa, que sale a la luz en sus
fenómenos sugestivos, puede reconducirse entonces, con todo derecho hasta la horda primordial. El conductor de la masa
sigue siendo el temido padre primordial; la masa quiere siempre ser gobernada por un poder irrestricto, tiene un ansia
extrema de autoridad: según la expresión de Le Bon sed de sometimiento. El padre primordial es el ideal de la masa, que
gobierna al yo en reemplazo del ideal del yo. Hay buenos fundamentos para llamar a la hipnosis una masa de 2; en cuanto a la
sugestión, le cabe esta definición; es un convencimiento que no se basa en la percepción ni en el trabajo de pensamiento, sino
en una ligazón erótica.
La masa se nos aparece como un renacimiento de la horda primordial. desde el comienzo hubo 2
psicologías: la de los individuos de la masa y la del padre, jefe conductor. Los individuos estaban ligados
del mismo modo que los hallamos hoy, pero el padre de la horda primordial era libre. En consecuencia,
suponemos que su yo estaba poco ligado libidinosamente, no amaba a nadie fuera de sí mismo, y amaba a
los otros sólo en la medida en que servían a sus necesidades. Su yo no daba a los objetos nada en exceso.

El padre primordial de la horda no era todavía inmortal, como pasó a serlo más tarde por divinización.
Cuando moría debía ser sustituido; lo reemplazaba probablemente un hijo más joven que hasta entonces
había sido individuo - masa como los demás.

Pero todavía esperamos algo más de la reconducción de la masa a la horda primordial. Debe allanarnos
lo que hay aún de misterioso y no comprendido en la formación de masa, y que se oculta tras las
enigmáticas palabras de “hipnosis” y “sugestión”....Recordemos que la hipnosis contiene algo
directamente ominoso; ahora bien, el carácter de lo ominoso apunta a algo antiguo y familiar que cayó
bajo la represión. Reparemos en el modo en que se inicia la hipnosis. El hipnotizador afirma encontrarse
en posición de un poder misterioso que arrebata al sujeto su voluntad, o, lo que es lo mismo, el sujeto
cree eso de él. Este poder misterioso - que popularmente sigue designándose a menudo como
magnetismo animal - tiene que ser el mismo que los primitivos consideraban fuente de tabú, el mismo
que irradian leyes y caciques y vuelve peligroso acercárseles (el “mana”).

Pero al par que el hipnotizador evita que el pensar consciente del sujeto se dirija sobre sus
propósitos...ocurre que inconscientemente concentran en verdad toda su atención sobre el hipnotizador, se
entrega a la actitud del rapport, de la trasferencia, con el hipnotizador.

Mediante sus manejos, el hipnotizador despierta en el sujeto una porción de su herencia arcaica que
había transigido también con sus progenitores y que experimentó en la relación con el padre una
reanimación individual....Es que sólo así podemos concebir la relación de un individuo de la horda
primordial con el padre primordial. Como lo sabemos por otras reacciones, el individuo ha conservado
un grado variable de aptitud personal para revivir esas situaciones antiguas....

Un grado en el interior del yo

...se nos presenta el asombroso fenómeno: desaparece sin dejar huellas, si bien sólo temporariamente,
justo aquello que hemos reconocido como el desarrollo individual.

Comprendimos ese asombroso fenómeno diciendo que el individuo resigna su ideal del yo y lo permuta
por el ideal de la masa corporizado en el conductor.

Siempre se produce una sensación de triunfo cuando en el yo algo coincide con el ideal del yo. Además,
el sentimiento de culpa (y el sentimiento de inferioridad) puede comprenderse como expresión de la
tensión entre el yo y el ideal.

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