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LFV 228

NUMEROS 13:1—14:12

Continuando con nuestro estudio en el libro de Números, llegamos hoy


al capítulo 13, en el que tenemos el fracaso del pueblo en Cades. Los hijos
de Israel están ahora en Cades-barnea. Este es el lugar de decisión para
ellos. Este es el lugar donde volvieron atrás, lo que constituyó una
violación seria del pacto. Este incidente realmente abarca los capítulos 13
y 14. El capítulo 13 describe la misión de los doce espías en la tierra de
Canaán, su regreso y su informe. Entremos, pues, en el estudio de este
capítulo, y veamos la razón dada para el envío de espías a la tierra de
Canaán. Leamos los versículos 1 al 3, de este capítulo 13 de Números:

1
El Señor habló a Moisés y le dijo: 2«Envía unos hombres que
reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel;
enviaréis un hombre por cada tribu paterna, todos ellos príncipes».
3
Entonces los envió Moisés desde el desierto de Parán, conforme a la
palabra del Señor. Todos aquellos hombres eran príncipes de los hijos
de Israel.

Ahora, ¿de quién fue la idea de enviar a los espías? ¿Era acaso ésta la idea
de Dios? ¿Era realmente la intención de Dios espiar la tierra? No.
Siempre necesitamos tener un cuadro compuesto y completo de la Palabra
de Dios, porque muchas veces, un cierto aspecto de una verdad es expuesto
en un pasaje bíblico, y otro aspecto es presentado en otro lugar. Por
ejemplo, necesitamos los relatos de los cuatro Evangelios para tener una
apreciación completa y total del Salvador.

Al parecer, esta iniciativa de enviar espías, proviene de parte de Dios;


pero, en realidad, lo que ocurrió es que Dios estaba haciendo esto en
respuesta a una petición del pueblo de Israel. Escuchemos el relato
incluido en el libro de Deuteronomio, capítulo 1, versículos 20 al 22:
2

“Entonces os dije: Habéis llegado al monte del amorreo, el cual el Señor


nuestro Dios nos da. Mira, el Señor tu Dios te ha entregado la tierra; sube
y toma posesión de ella, como el Señor, el Dios de tus padres, te ha dicho;
no temas ni desmayes. Pero os acercasteis todos a decirme: Enviemos
varones delante de nosotros que reconozcan la tierra, y a su regreso nos
traigan razón del camino por donde hemos de subir, y de las ciudades
adonde hemos de llegar”.

Ahora, la idea de enviar espías a la tierra, no fue de Dios. El envío de los


espías denotó debilidad y temor por parte del pueblo. Había el temor de
que quizá no serían capaces de conquistar la tierra. Había sido muy fácil
que el pueblo se justificara, diciendo que la prudencia aconsejaba la
necesidad del envío de los espías. Pero, el caso fue que era Dios quien les
estaba guiando, de modo que, esta solicitud demostraba más bien, una falta
de fe. No estaban confiando en Dios.

Amigo oyente, Dios sabía todo en cuanto a la tierra. El no les habría


enviado a la tierra, si supiera que no podrían apoderarse de ella. Cuando
por fin entraron en la tierra, los gigantes todavía estaban allí, así como
todos los mismos problemas; sin embargo conquistaron la tierra.

¡Qué mensaje importante es para nosotros hoy este mensaje! ¿Andamos


realmente por la fe? Por supuesto que debemos adoptar precauciones, pero
llega un momento en que es necesario encomendar nuestro camino al Señor
como dice el salmista en el Salmo 37:5 "Encomienda al Señor tu camino, y
confía en él; y él hará". Ud. y yo tenemos que llegar a un lugar y a un
momento en nuestras vidas en que encomendemos los caminos de nuestra
vida a El, confiando completamente en El.

Los israelitas habían llegado a un momento de decisión en sus vidas. Lo


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que debía hacer, era encomendar su camino a El y confiar en El


completamente; pero, no lo hicieron. Decidieron enviar a los espías para
averiguar lo que les esperaba más adelante.

Tenemos, pues aquí otro caso en el cual Dios cede a los deseos de Su
pueblo. El les permite lograr lo que pedían. Sin embargo, recuerde lo que
dijo el salmista en el Salmo 106:15 "Y él les dio lo que pidieron; mas envió
mortandad sobre ellos." (Salmo 106:15.Lo que les ocurriría en esta ocasión
será peor que cualquier escasez.

Ahora, después de demostrar su falta de fe y confianza en Dios, Dios


dispone que se envíen los espías a la tierra y así contesta su petición. El
ordena que se haga de una manera ordenada, y que un príncipe de cada
tribu sea escogido. Ahora, en los versículos 4 al 16, aparecen los nombres
de todos estos espías que fueron enviados. Pero entre todos estos, los
únicos que realmente nos interesan, son los que aparecen en los versículos
6 y 8. Leamos estos dos versículos, que nos hablan de

LA ELECCION DE LOS ESPIAS

6
De la tribu de Judá, Caleb hijo de Jefone.

Y el versículo 8, dice:

8
De la tribu de Efraín, Oseas hijo de Nun.

Ahora, Oseas es otro nombre con el cual fue designado Josué. Más
adelante, sabremos más en cuanto a estos dos hombres extraordinarios, que
trajeron el informe minoritario, es decir, el informe que ciertamente
llegaba a conclusiones contrarias al que presentaron los otros diez espías.
Bueno, leamos ahora los versículos 17 al 20, que describen
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LA MISION DE LOS ESPIAS

17
Los envió, pues, Moisés a reconocer la tierra de Canaán,
diciéndoles:
«Subid de aquí al Neguev y luego subid al monte. 18Observad cómo
es la tierra y el pueblo que la habita, si es fuerte o débil, escaso o
numeroso; 19cómo es la tierra habitada, si es buena o mala; cómo son
las ciudades habitadas, si son campamentos o plazas fortificadas, 20y
cómo es el terreno, si es fértil o estéril, si en él hay árboles o no.
Esforzaos y traed de los frutos del país». Era el tiempo de las primeras
uvas.

Ahora, los espías están listos para entrar en la tierra. Les ha sido encargada
su comisión y saben lo que deben hacer. Veamos ahora, cómo proceden.
Leamos el versículo 21:

21
Ellos subieron y reconocieron la tierra desde el desierto de Zin hasta
Rehob, junto a la entrada de Hamat.

Notemos que Hamat quedaba al extremo norte de la tierra. Así que los
espías cumplieron su misión en forma admirable. La verdad es que bien
pudieron haber escrito un libro y titularlo: "Dentro de Palestina" o "Dentro
de la Tierra Prometida". Ahora, eran ya "expertos" en cuanto a la tierra.
Los versículos siguientes mencionan los lugares a dónde fueron y dice que
vieron allí a los hijos de Anac, los cuales eran gigantes. Leamos los
versículos 22 al 25:

22
Subieron al Neguev y llegaron hasta Hebrón. Allí vivían Ahimán,
Sesai y Talmai, hijos de Anac. Hebrón fue edificada siete años antes de
Zoán en Egipto. 23Llegaron hasta el arroyo Escol y allí cortaron un
sarmiento con un racimo de uvas, el cual llevaron entre dos en un palo,
y también granados e higos. 24Y se llamó aquel lugar el valle del Escol,
por el racimo que allí cortaron los hijos de Israel.
25
Al cabo de cuarenta días regresaron de reconocer la tierra.

Nuestra traducción, da la impresión de que se necesitaban dos hombres


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para llevar un sólo racimo de uvas. Por lo menos, lo que hicieron fue cortar
suficientes uvas, uvas suculentas, por cierto y todos estos racimos fueron
colgados de un palo, llevado entonces por dos hombres. Los espías
trajeron de vuelta muestras del fruto, para demostrar lo maravillosa que era
la tierra. Leamos entonces el reportaje que estos espías presentan, sobre su
viaje de reconocimiento. Este reportaje aparece en los versículos 26 en
adelante. Leamos primero, los versículos 26 y 27, que presentan

LA CONFIRMACION DE LOS HECHOS

26
Fueron y se presentaron ante Moisés, Aarón y toda la
congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades.
Les dieron la información a ellos y a toda la congregación, y les
mostraron los frutos de la tierra. 27También les contaron:
«Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente
fluye leche y miel; estos son sus frutos.

Dios tenía toda la razón cuando dijo que era una tierra en la que la leche y
la miel corrían como el agua. Ahora, ellos sólo estaban confirmando lo que
Dios ya les había dicho. Pero continúan dando su informe. Leamos los
versículos 28 y 29, para ver

LA MALA INTERPRETACION DE AQUELLOS HECHOS

28
Pero el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades
muy grandes y fortificadas; también vimos allí a los hijos de Anac.
29
Amalec habita el Neguev; el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en
el monte; el cananeo habita junto al mar y a la ribera del Jordán».

Ahora, esto era verdad. Era una realidad que había gigantes en la tierra.
Las ciudades estaban amuralladas y bien protegidas. Su informe era
correcto, pero, lo interpretaron mal. Allí fue donde se equivocaron. Y esta
mala interpretación de los hechos, la vemos también reflejada en los
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versículos finales de este capítulo. Adelantémonos un poco y leamos los


versículos 31 al 33:

31
Pero los hombres que subieron con él dijeron:
—No podemos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que
nosotros.
32
Y hablaron mal entre los hijos de Israel de la tierra que habían
reconocido, diciendo:
—La tierra que recorrimos y exploramos es tierra que se traga a sus
habitantes. Todo el pueblo que vimos en medio de ella es gente de gran
estatura. 33También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los
gigantes. Nosotros éramos, a nuestro parecer, como langostas, y así les
parecíamos a ellos.

Cuando usted, amigo oyente, tiene miedo y ha perdido su fe; ¿no es verdad
que las circunstancias, las dificultades y los problemas, se ven muy
exagerados, magnificados? Ante nuestros ojos, aparecen como una
dimensión mucho mayor que la que realmente tienen. En aquella tierra
había gigantes, pero aquellos hombres les recordaban aún más grandes de
lo que realmente eran. Les parecían más grandes, a causa del miedo que
les tenían. ¡Qué contraste interesante es este, que se nos da aquí!
¡Gigantes y langostas! Ahora, ¿sabe usted lo que estos 10 espías
omitieron? ¡Se les olvidó incluir a Dios! Se compararon con los gigantes,
viéndose como langostas. Esa es la manera en que se vieron. Pero, se les
olvidó completamente, tener en cuenta a Dios. Si sólo se hubiesen
acordado de Dios, ¡qué diferente habría sido su historia! Pero,
retrocedamos una vez más y leamos el versículo 30 que constituye el
informe minoritario; el único sin embargo, que presenta

LA CORRECTA INTERPRETACION DE LOS HECHOS

30
Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo:
—Subamos luego, y tomemos posesión de ella, porque más podremos
nosotros que ellos.
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Ahora, según esto, fue Caleb quien dio este informe, pero los otros trataron
de refutarlo. Sólo Josué estuvo de acuerdo con Caleb. Así, pues, tenemos
el cuadro completo. Este informe concordó perfectamente con los hechos.
Había dos diferentes apreciaciones u opiniones en cuanto a la
interpretación de esos hechos. Según este informe de la minoría, sería
posible entrar y apoderarse de la tierra. Pero, de acuerdo con el informe de
la mayoría, no era posible tomar posesión de la tierra. Ahora, el pueblo
creyó el informe de la mayoría. No creyeron que les fuera posible tomar
posesión de la tierra. Es decir, les faltó la fe en Dios, y las consecuencias
de esta falta de fe, las veremos ahora en nuestro estudio del capítulo
siguiente,

NUMEROS 14:1—12

En este capítulo encontramos que Israel rehúsa entrar a la tierra prometida,


debido a su incredulidad. Los israelitas, ahora, han llegado al lugar en que
tienen que tomar una decisión. Tienen que decidir si van a entrar en la
tierra prometida, o no.

Aquí descubriremos que Israel decide no entrar a la tierra prometida, y


que esta decisión se debe única y exclusivamente a su incredulidad. La
Biblia constituye el mejor comentario sobre esa resolución, y es el escritor
de la Epístola a los Hebreos, quien lo declara de esta manera, en el capítulo
3, versículos 17 al 19: "¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años?
¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a
quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que
desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de
incredulidad”. ¡Fue, pues, la incredulidad, lo que les impidió entrar en la
tierra prometida!
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Entremos ahora, en el estudio de este capítulo, que es prácticamente, una


prolongación del capítulo anterior. Leamos versículos 1 al 3 donde, en
primer lugar tenemos

LA NEGATIVA DE ISRAEL A ENTRAR EN LA TIERRA

1
Entonces toda la congregación gritó y dio voces; y el pueblo lloró
aquella noche. 2Todos los hijos de Israel se quejaron contra Moisés y
contra Aarón, y toda la multitud les dijo: « ¡Ojalá hubiéramos muerto
en la tierra de Egipto! ¡Ojalá muriéramos en este desierto! 3¿Por qué
nos trae el Señor a esta tierra para morir a espada, y para que nuestras
mujeres y nuestros niños se conviertan en botín de guerra? ¿No nos
sería mejor regresar a Egipto?».

Sí, lloraron mucho aquella noche. Se sentían muy tristes, pensando en su


imaginaria situación desesperada. Se encuentran en un estado de ánimo tan
triste, que creen que sus esposas y sus niños caerían en poder del enemigo.
Usan a sus niños como excusa, y aparentan pensar en la seguridad de sus
hijos. Pero, realmente lo que hacen, es criticar a Dios, como si El no
pensara en la seguridad de sus hijos. ¿Y sabe usted, quienes entraron en la
tierra prometida? Pues, fueron precisamente, esos mismos niños, la
generación siguiente. Los mayores se sentaron allí llorando y diciendo que
estaban preocupados por la seguridad de los niños. Pero, la verdad es que,
era Dios quien estaba pensando en la seguridad de los niños, y como
veremos más adelante, Dios les trajo a la tierra. La verdad de las cosas era
que, simplemente, no confiaban en Dios. Leamos ahora los versículos 4
hasta el 9:

4
Y se decían unos a otros: «Designemos un capitán y volvamos a
Egipto».
5
Moisés y Aarón se postraron sobre sus rostros delante de toda la
multitud de la congregación de los hijos de Israel. 6Y Josué hijo de Nun
y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra,
9

rompieron sus vestidos 7y dijeron a toda la congregación de los hijos de


Israel:
—La tierra que recorrimos y exploramos es tierra muy buena. 8Si el
Señor se agrada de nosotros, él nos llevará a esta tierra y nos la
entregará; es una tierra que fluye leche y miel. 9Por tanto, no seáis
rebeldes contra el Señor ni temáis al pueblo de esta tierra, pues
vosotros los comeréis como pan. Su amparo se ha apartado de ellos y el
Señor está con nosotros: no los temáis.

Ahora, estos dos hombres, Caleb y Josué, presentaron los mismos hechos
que los otros espías. ¿Cuál era entonces la diferencia que había en su
informe? La diferencia estaba en su interpretación de los hechos. Porque
mientras que diez espías no lo hicieron, estos dos hombres, incluyeron a
Dios en su presentación. Cuando usted, amigo oyente, se ve ante la
presencia de los gigantes y se siente como una langosta, es entonces cuando
usted necesita a Dios. Y este pueblo ciertamente necesitaba a Dios, y si el
pueblo mereciese el agrado de Dios, sin duda alguna, El les conduciría a la
tierra. Pero, ¿cómo puede Dios mirarles con agrado, a menos que creyesen
en El? Tienen que confiar en El. En contraste, vemos que Josué y Caleb,
tienen mucha confianza. Tienen una fe en Dios, que se revela en su
lenguaje. Es como si dijeran, “Ellos van a ser pan comido para nosotros”.
Pero observemos lo que ocurre en el versículo 10:

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Entonces toda la multitud propuso apedrearlos. Pero la gloria del
Señor se mostró en el Tabernáculo de reunión a todos los hijos de
Israel.

¿Se fija usted, que cada vez que se presenta la rebelión, la murmuración, o
la queja, la gloria del Señor aparece? Dios está sumamente disgustado por
esta actitud rebelde contra El. Continuemos leyendo los versículos 11 y
12:

11
Y el Señor dijo a Moisés:
— ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me
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creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? 12Yo los
heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más
grande y más fuerte que ellos.

Dios está dispuesto a destruir a Israel y a cumplir Sus promesas por medio
de Moisés. Está dispuesto a levantar otra nación de Moisés. Pero en
nuestro próximo programa veremos que Moisés intercede a favor de Israel.
Terminamos hoy en este momento del relato. Hemos visto en este pasaje
Bíblico el contraste entre la fe y la incredulidad. En este panorama sombrío
de la historia de aquel pueblo incrédulo, sobresalen las figuras de aquellos
hombres de fe: Josué y Caleb, que escribirían con sus vidas, páginas
ejemplares para todas las épocas. Fueron aquellos, junto con las personas
que en todas las épocas han depositado su fe en Dios en las circunstancias
más difíciles, los que verdaderamente han agradado a Dios. Al despedirnos,
amigo oyente, le rogamos que se examine a sí mismo en cuanto a su fe en
Dios y en Su Hijo Jesucristo. Después de leer este capítulo que hoy hemos
considerado, recuerde las siguientes palabras de la carta a los Hebreos 11:6,
y reflexione sobre ellas: Pero no es posible agradar a Dios sin tener fe,
porque para acercarse a Dios es necesario creer que El existe y que
recompensa a quienes le buscan.