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GRACIA

Portillo –el gran promotor de estas graba- mo en cuanto don a la criatura divinizada) y
ciones–, cuando a veces presenciaba la gracia creada (es decir, el efecto producido
proyección de una de estas películas y lle- por Dios en la criatura que permite corres-
gaba la bendición de san Josemaría al final ponder al amor divino). Y dentro de la gra-
de ellas, él mismo se santiguaba, sabiendo cia creada, la gracia habitual (don estable
que no sólo hacía un gesto de espectador, que diviniza el alma y del que brotan las
sino el de una persona que recibe una ben- virtudes teologales) y la gracia actual (ayu-
dición actual llegada del Cielo, por alusión da respecto a una acción concreta).
de aquella imagen audiovisual a un evento En los escritos de san Josemaría el
histórico pasado. concepto de gracia se utiliza preferente-
mente en un sentido amplio, con particular
Voces relacionadas: Predicación de san Jose- referencia a la experiencia personal en el
maría; Catequesis, Labor y viajes de. camino de la santidad y en el diálogo con
Dios. En esta voz trataremos de hacer refe-
Bibliografía: CECH, passim; Gianfranco Bette- rencia al concepto teológico de gracia que
tini, “Lo stile comunicativo del beato Josemaría subyace en su doctrina y, en concreto, a
Escrivá”, en GVQ, II, pp. 137-147; Pilar Urbano, lo que, como hemos dicho más arriba, ge-
“Josemaría Escrivá, hombre de contrastes”, en neralmente se llama gracia creada, aunque
GVQ, II, pp. 211-234; José Antonio Loarte, “La sin dejar de aludir a otros aspectos, algu-
predicación de san Josemaría. Descripción de nos de los cuales se tratan más específica-
una fuente documental”, SetD, 1, (2007), pp.
mente en las voces “Inhabitación trinitaria”
221-231.
y “Filiación divina”. Conviene añadir que la
Juan José GARCÍA-NOBLEJAS idea de gracia creada está tan en la base
de la llamada universal a la santidad pre-
dicada por san Josemaría, esencialmente
gratuita, que es difícil encontrar una página
GRACIA que no haga referencia a ella. Lo que si-
gue en la presente voz debe tomarse, por
1. Naturaleza trinitaria y eclesiológica de
la gracia. 2. Necesidad y gratuidad de la lo tanto, como una introducción que, sin la
gracia. 3. Gracia y libertad: cooperación mínima pretensión de exhaustividad, aspi-
humana. ra a mostrar el papel central que la referen-
cia a la gracia tiene en su mensaje.
La palabra “gracia” (y más aún la rea- La gracia es una manifestación del
lidad a la que ese vocablo remite) aparece misterio del amor de Dios hacia el hom-
con frecuencia en la Escritura. A veces, in- bre y de la vida que ese Amor otorga. Este
dica la benevolencia y amor con que Dios diseño amoroso, expresión específica del
mira a la criatura (cfr. Lc 2, 30). Otras, los hecho de que Dios en Cristo “ha puesto su
dones que, como fruto de ese amor, Dios omnipotencia al servicio de nuestra salva-
otorga y concede (cfr. Lc 2, 28). En otras, ción” (AD, 190), consiste fundamentalmen-
una ayuda divina en orden a una acción te en el don, absolutamente gratuito, de la
concreta (cfr. 2 Co 12, 9), etc. filiación divina: “Esa es la gran osadía de
La teología ha precisado el concepto la fe cristiana: proclamar el valor y la dig-
de gracia a través de un desarrollo doc- nidad de la humana naturaleza, y afirmar
trinal originado en la escolástica medieval que, mediante la gracia que nos eleva al
que, con diversos añadidos, en sus aspec- orden sobrenatural, hemos sido creados
tos básicos se mantiene en el ámbito de para alcanzar la dignidad de hijos de Dios.
la antropología teológica académica. Se Osadía ciertamente increíble, si no estuvie-
distingue así la gracia increada (Dios mis- ra basada en el decreto salvador de Dios

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Padre, y no hubiera sido confirmada por ción sobrenatural en la vida divina. El Es-
la sangre de Cristo y reafirmada y hecha píritu Santo, Don personal del Padre y del
posible por la acción constante del Espíritu Hijo, es también el Don a la criatura huma-
Santo” (ECP, 133). na (gracia increada) por el que podemos
Se trata de una acción real de Dios en vivir en la comunión de conocimiento y
el hombre, que verdaderamente lo trans- amor de las Personas divinas. “Vivir según
forma: “el amor de Dios se palpa –aunque el Espíritu Santo es vivir de fe, de esperan-
no es cosa de sentimientos–, como un za, de caridad; dejar que Dios tome pose-
zarpazo en el alma” (ECP, 8). El conteni- sión de nosotros y cambie de raíz nuestros
do de esta transformación se inicia con la corazones, para hacerlos a su medida. (...)
justificación: “la gracia renueva al hombre El Espíritu Santo no es un artista que dibu-
desde dentro, y le convierte –de pecador y ja en nosotros la divina substancia, como
rebelde– en siervo bueno y fiel” (ECP, 162). si Él fuera ajeno a ella, no es de esa forma
Como santo Tomás de Aquino, también como nos conduce a la semejanza divina;
san Josemaría considera esta nueva con- sino que Él mismo, que es Dios y de Dios
dición, don divino a la persona, superior a procede, se imprime en los corazones que
toda otra realidad creada: “Nada hay mejor lo reciben como el sello sobre la cera y, de
en el mundo que estar en gracia de Dios” esa forma, por la comunicación de sí y la
(C, 286). semejanza, restablece la naturaleza según
la belleza del modelo divino y restituye al
hombre la imagen de Dios (San Cirilo de
1. Naturaleza trinitaria y eclesiológica Alejandría, Thesaurus de sancta et con-
de la gracia substantiali Trinitate, 34) ” (ECP, 134).
Como manifestación del amor de Dios, La acción del Espíritu Santo incluye
la gracia es acción trinitaria: “la fuente de no solamente esta esencial dimensión de
todas las gracias es el amor que Dios nos la gracia que es la relación a las Personas
tiene y que nos ha revelado, no exclusiva- divinas; según la doctrina teológica y es-
mente con las palabras: también con los piritual tradicional, es el Paráclito quien,
hechos. El amor divino hace que la segun- a través de sus dones, predispone las
da Persona de la Santísima Trinidad, el potencias espirituales creadas, hacien-
Verbo, el Hijo de Dios Padre, tome nuestra do posible que el hombre pueda vivir en
carne, es decir, nuestra condición humana, la dinámica del conocimiento y del amor
menos el pecado. Y el Verbo, la Palabra de divinos (dones y virtudes teologales). San
Dios es Verbum spirans amorem (S.Th. I, q. Josemaría es especialmente consciente
43, a. 5, citando a San Agustín, De Trinita- de este papel del Gran Desconocido: “La
te, IX, 10), la Palabra de la que procede el Tercera Persona de la Trinidad Beatísima
Amor” (ECP, 162). –dulce huésped del alma (Secuencia Veni,
Siendo el contenido fundamental de la Sancte Spiritus)- regala sus dones: don de
gracia la filiación divina, no se puede tratar sabiduría, de entendimiento, de consejo,
de ella sin hacer especial referencia a la Tri- de fortaleza, de ciencia, de piedad, de te-
nidad: somos hijos del Padre en Jesucris- mor de Dios. Se notan entonces el gozo
to, por la acción del Espíritu Santo. Esta y la paz, la paz gozosa, el júbilo interior
referencia trinitaria de la gracia se encuen- con la virtud humana de la alegría. Cuan-
tra abundantemente en los escritos de san do imaginamos que todo se hunde ante
Josemaría. Quizás sea interesante subra- nuestros ojos, no se hunde nada, porque
yar cómo, en este punto, se tiende a dar Tú eres, Señor, mi fortaleza (Sal 42 [Vg 41],
prioridad al papel de la Tercera Persona, 2). Si Dios habita en nuestra alma, todo lo
que en relación a su posición intratrinitaria, demás, por importante que parezca, es ac-
es el primer referente de nuestra participa- cidental, transitorio; en cambio, nosotros,

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en Dios, somos lo permanente. El Espíritu Sobre este punto san Josemaría insis-
Santo, con el don de piedad, nos ayuda a te constantemente: “Quisiera que consi-
considerarnos con certeza hijos de Dios” derásemos ahora ese manantial de gracia
(AD, 92). divina de los Sacramentos, maravillosa
La acción del Paráclito nos identifica manifestación de la misericordia de Dios.
con la Segunda Persona. Con la gracia, Meditemos despacio la definición que re-
coge el Catecismo de San Pío V: ciertas
“Cristo resucita en nosotros” de modo que
señales sensibles que causan la gracia,
“el poder de Dios se manifiesta en nuestra
y al mismo tiempo la declaran, como po-
flaqueza” (ECP, 114). La gracia proviene
niéndola delante de los ojos. Dios Nuestro
del corazón humano de la Segunda Per-
Señor es infinito, su amor es inagotable,
sona encarnada, en la que llegamos a ser
su clemencia y su piedad con nosotros no
y nos comportamos como hijos de Dios:
admiten límites. Y, aunque nos concede su
“El fundamento de la entrega que el Señor
gracia de muchos otros modos, ha insti-
nos pide, no se concreta sólo en nuestros
tuido expresa y libremente –sólo Él podía
deseos ni en nuestras fuerzas, tantas ve- hacerlo– estos siete signos eficaces, para
ces cortos o impotentes: primeramente se que de una manera estable, sencilla y ase-
apoya en las gracias que nos ha logrado quible a todos, los hombres puedan hacer-
el Amor del Corazón de Dios hecho Hom- se partícipes de los méritos de la Reden-
bre. Por eso podemos y debemos perse- ción” (ECP, 78). De aquí su insistencia en
verar en nuestra vida interior de hijos del subrayar el papel y la responsabilidad del
Padre Nuestro que está en los cielos, sin sacerdocio ministerial para que la gracia
dar cabida al desánimo ni al desaliento” llegue a cada cristiano: “Pienso repetida-
(ECP, 169). mente en la responsabilidad, que incumbe
Esta acción trinitaria se realiza en a los sacerdotes, de asegurar a todos los
cada cristiano a través de los sacramen- cristianos ese cauce divino de los Sacra-
tos, vehículos de la gracia en la historia. La mentos. La gracia de Dios viene en socorro
gracia, en los sacramentos, se manifiesta de cada alma; cada criatura requiere una
como don de Cristo y de la Iglesia para asistencia concreta, personal. ¡No pueden
cada miembro del Cuerpo Místico: “La tratarse las almas en masa! No es lícito
Iglesia, unida a Cristo, nace de un Cora- ofender la dignidad humana y la dignidad
zón herido. De ese Corazón, abierto de par de hijo de Dios, no acudiendo personal-
en par, se nos trasmite la vida. ¡Cómo no mente a cada uno con la humildad del que
recordar aquí, aunque sea de pasada, los se sabe instrumento, para ser vehículo del
sacramentos, a través de los cuales Dios amor de Cristo: porque cada alma es un
obra en nosotros y nos hace partícipes de tesoro maravilloso; cada hombre es único,
la fuerza redentora de Cristo? ¿Cómo no insustituible. Cada uno vale toda la sangre
recordar con agradecimiento particular el de Cristo” (ECP, 80).
Santísimo Sacramento de la Eucaristía, el
Santo Sacrificio del Calvario y su constan- 2. Necesidad y gratuidad de la gracia
te renovación incruenta en nuestra Misa? San Josemaría entiende la gracia divi-
Jesús que se nos entrega como alimento: na casi siempre desde la óptica de la llama-
porque Jesucristo viene a nosotros, todo da, sea la vocación universal a la santidad,
ha cambiado, y en nuestro ser se manifies- sea la vocación específica de cada cris-
tan fuerzas –la ayuda del Espíritu Santo– tiano. El amor personal de Dios por cada
que llenan el alma, que informan nuestras una de sus criaturas reclama, por la natu-
acciones, nuestro modo de pensar y de raleza misma del amor, ser correspondido.
sentir” (ECP, 169). La respuesta es posible sólo en la medi-

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da en que Dios mismo, con las “gracias es falta de humildad que conozcas el ade-
oportunas” (S, 314), nos da la capacidad lanto de tu alma. –Así lo puedes agradecer
de corresponder: “Sabes que no te faltará a Dios. –Pero no olvides que eres un po-
la gracia de Dios, porque te ha escogido brecito, que viste un buen traje... prestado”
desde la eternidad. Y, si te ha tratado así, (C, 608).
te concederá todos los auxilios, para que San Josemaría insiste en que la ayu-
le seas fiel, como hijo suyo” (F, 280; cfr. S, da divina es necesaria para que el hombre
80: “La gracia de Dios no te falta”). pueda alcanzar la salvación y la santidad.
“Si Dios te da la carga, Dios te dará la Esta necesidad deriva de la radical inca-
fuerza” (F, 325). Realmente no se trata de pacidad de la criatura para llegar hasta el
una carga, sino de un diálogo de amor en Creador y penetrar en su intimidad: “¿De
el que Dios, que ama primero, pide nuestra qué te envaneces? –Todo el impulso que te
respuesta y la sostiene sobrenaturalmen- mueve es de Él. Obra en consecuencia” (F,
te: “Considerad conmigo esta maravilla del 33). A la conciencia de la personal incapa-
amor de Dios: el Señor que sale al encuen- cidad debe seguir la conciencia acerca de
tro, que espera, que se coloca a la vera del la necesidad de su ayuda para cualquier
camino, para que no tengamos más reme- obra buena, una conciencia que no empe-
dio que verle. Y nos llama personalmente, queñece al sujeto sino que lo lleva a unirse
hablándonos de nuestras cosas, que son al Creador: “Sin el Señor no podrás dar un
también las suyas, moviendo nuestra con- paso seguro. –Esta certeza de que necesi-
ciencia a la compunción, abriéndola a la tas su ayuda, te llevará a unirte más a Él,
generosidad, imprimiendo en nuestras al- con recia confianza, perseverante, ungida
mas la ilusión de ser fieles, de podernos de alegría y de paz, aunque el camino se
llamar sus discípulos. Basta percibir esas haga áspero y pendiente” (S, 770). En la
íntimas palabras de la gracia, que son misma línea encontramos otros textos en
como un reproche tantas veces afectuoso, los que san Josemaría subraya la total ne-
para que nos demos cuenta de que no nos cesidad de Cristo: “para que Él reine en mí,
ha olvidado en todo el tiempo en el que, necesito su gracia abundante: únicamente
por nuestra culpa, no lo hemos visto. Cris- así hasta el último latido, hasta la última
to nos quiere con el cariño inagotable que respiración, hasta la mirada menos inten-
cabe en su Corazón de Dios. Mirad cómo sa, hasta la palabra más corriente, hasta la
sensación más elemental se traducirán en
insiste: te oí en el tiempo oportuno, te
un hosanna a mi Cristo Rey” (ECP, 181; cfr.
ayudé en el día de la salvación (2 Co 6, 2).
AD, 233; C, 434).
Puesto que Él te promete la gloria, el amor
suyo, y te la da oportunamente, y te llama, La constatación de las propias mise-
tú, ¿qué le vas a dar al Señor?, ¿cómo res- rias no es un obstáculo a la santidad; al
ponderás, cómo responderé también yo, a contrario, es un motivo más para afirmar
ese amor de Jesús que pasa?” (ECP, 59). la iniciativa divina que salva: “Deja que se
vierta tu corazón en efusiones de Amor y
El don de la gracia es gratuito, gratui-
de agradecimiento al considerar cómo la
to absolutamente porque, no encontrando
gracia de Dios te saca libre cada día de los
en el hombre nada que lo exija, manifiesta
lazos que te tiende el enemigo” (C, 434).
la ilimitada benevolencia divina: “Él está
siempre dispuesto a darnos su gracia”
(ECP, 59). Y presupone en consecuencia la 3. Gracia y libertad: cooperación humana
humildad de la criatura: “Ha de quedar cla- La gracia tiene como finalidad la san-
ramente grabado en tu alma que Dios no te tificación, es decir, la realización de la co-
necesita. –Su llamada es una misericordia munión personal del hombre con Dios. La
amorosísima de su Corazón” (F, 862). “No santificación requiere, por lo tanto, res-

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puesta a la acción de la gracia, adhesión le humillaba” (ECP, 114). En lógica cohe-


activa y libre de la persona humana a la rencia con la orientación cristológica de su
iniciativa divina: “Tienes todos los medios predicación, san Josemaría insistía espe-
para coronar el edificio de tu santifica- cialmente en que la cooperación humana
ción: la gracia de Dios y tu voluntad” (C, a la gracia consiste en recorrer el mismo
324). En otro lugar san Josemaría afirma: camino del Verbo encarnado: “Cristo resu-
“Exhortamur ne in vacuum gratiam Dei re- cita en nosotros, si nos hacemos copartíci-
cipiatis” (2 Co 6, 9), os exhortamos a no pes de su Cruz y de su Muerte. Hemos de
recibir en vano la gracia de Dios. Porque la amar la Cruz, la entrega, la mortificación.
gracia divina podrá llenar nuestras almas El optimismo cristiano no es un optimismo
(…), siempre que no cerremos las puertas dulzón, ni tampoco una confianza humana
del corazón. Hemos de tener estas buenas en que todo saldrá bien. Es un optimismo
disposiciones, el deseo de transformarnos que hunde sus raíces en la conciencia de
de verdad, de no jugar con la gracia del la libertad y en la fe en la gracia; es un op-
Señor” (ECP, 59). Se afirma, en suma, la timismo que lleva a exigirnos a nosotros
total dependencia de Dios para alcanzar la mismos, a esforzarnos por corresponder a
santidad, y al mismo tiempo la necesidad la llamada de Dios” (ECP, 114).
de una cooperación en la que la persona
“La gracia actúa, de ordinario, como
no ponga limitaciones: “Es verdad que tú
la naturaleza: por grados. –No podemos
no pones nada de tu parte, que en tu alma
propiamente adelantarnos a la acción de la
todo lo hace Dios. –Pero que, desde el
punto de vista de tu correspondencia, no gracia: pero, en lo que de nosotros depen-
sea así” (F, 276). Forzando al límite la capa- de, hemos de preparar el terreno y coope-
cidad humana de expresar el misterio de rar, cuando Dios nos la concede” (S, 668).
nuestra santificación, san Josemaría llega- Más adelante, en el mismo punto, insiste:
rá a afirmar que Dios “condiciona” el fruto “la gracia, normalmente, sigue sus horas, y
de su gracia a la correspondencia humana: no gusta de violencias”. Nada en la natu-
“«Dominus dabit benignitatem suam et te- raleza del hombre puede ser considerado
rra nostra dabit fructum suum» –el Señor como una exigencia de la gracia, pues es
dará su bendición, y nuestra tierra produci- un don totalmente gratuito e inmerecido.
rá su fruto. –Sí, esa bendición es el origen Pero a la vez es cierto que habitualmente
de todo buen fruto, el clima necesario para la acción de la gracia no se da en quien ha
que en nuestro mundo podamos cultivar llegado al uso de razón sin una coopera-
santos, hombres y mujeres de Dios. «Do- ción activa por parte de la persona huma-
minus dabit benignitatem» –el Señor dará na que se mueve a dos niveles: por una
su bendición. –Pero, fíjate bien, a conti- parte “prepara el terreno”; por otra, “coo-
nuación señala que Él espera nuestro fruto pera” libremente con la iniciativa divina.
–el tuyo, el mío–, y no un fruto raquítico, El primer nivel tiene mucho que ver
desmedrado, porque no hayamos sabido con la enseñanza de san Josemaría sobre
entregarnos; lo espera abundante, porque las virtudes humanas (consideradas desde
nos colma de bendiciones” (F, 971). esta perspectiva como fundamento de las
La necesidad de cooperar con la sobrenaturales) y la lucha ascética. Sin el
gracia y, por tanto, la lucha ascética, no empeño positivo por mejorar la condición
acabarán nunca, porque “Dios no nos ha caída de la naturaleza humana, la gracia no
prometido la victoria absoluta sobre el mal encuentra tierra fecunda, como se puede
durante esta vida, sino que nos pide lu- ver en textos como el punto 155 de Surco
cha. Sufficit tibi gratia mea (2 Co 12, 9), te (“Siempre he pensado que muchos llaman
basta mi gracia, respondió Dios a Pablo, “mañana”, “después”, a la resistencia a la
que solicitaba ser liberado del aguijón que gracia”), o como el 67 (“Se repite la esce-

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na, como con los convidados de la pará- tural, sino que también arrastra –porque
bola. Unos, miedo; otros, ocupaciones; gracia y naturaleza se dan en unidad– la
bastantes..., cuentos, excusas tontas. Se condición natural de la persona. La gracia,
resisten. Así les va: hastiados, hechos un de hecho, sin ahorrar la lucha propia de la
lío, sin ganas de nada, aburridos, amarga- condición humana, dona a la naturaleza la
dos. ¡Con lo fácil que es aceptar la divina posibilidad de participar plenamente en la
invitación de cada momento, y vivir alegre victoria: “Nuestra voluntad, con la gracia,
y feliz!”). En la vertiente negativa, parte es omnipotente delante de Dios” (C, 897).
de esta “preparación del terreno” impli- En definitiva, “nada perfecciona tanto la
ca la remoción de los obstáculos: “Pare- personalidad como la correspondencia a
ce mentira que un hombre como tú –que la gracia” (S, 443). Esta visión armónica
te sabes nada, dices– se atreva a poner de la gracia y la libertad, difícilmente con-
obstáculos a la gracia de Dios. Eso es lo ceptualizable a nivel teológico, pero innata
que haces con tu falsa humildad, con tu en la espiritualidad de san Josemaría, se
«objetividad», con tu pesimismo” (F, 246). manifiesta en la afirmación de que todas
En la vertiente positiva, indica que la lucha las acciones humanas, cuando se ordenan
por mejorar las virtudes humanas facilita a Dios, manifiestan la unidad entre natura-
la ejecución de las acciones divinas: “si el leza y gracia, y se integran en el proceso
individuo conserva y cultiva un principio de de elevación de la persona al diálogo in-
rectitud, Dios le allanará el camino; y po- tratrinitario: “la correspondencia a la gra-
drá ser santo porque ha sabido vivir como cia también está en esas cosas menudas
hombre de bien” (AD, 75). de la jornada, que parecen sin categoría y,
El segundo nivel, que presupone que el sin embargo, tienen la trascendencia del
terreno está mínimamente preparado para Amor” (F, 686).
recibir el auxilio divino, consiste en corres- Se cierra así la circularidad entre la
ponder a la gracia, que respeta siempre la iniciativa divina y la correspondencia de
libertad humana, porque sin libertad no se la criatura, de modo que cualquier acción
puede amar a Dios: “Dios ha querido que verdaderamente humana llega a ser, en
seamos cooperadores suyos, ha querido virtud del dinamismo de la gracia, materia
correr el riesgo de nuestra libertad” (ECP, o contenido del desarrollo de la vida cris-
113). San Josemaría considera este res- tiana, es decir, de la santidad: “Oigamos
peto divino de la libertad de la criatura – al Señor, que nos dice: quien es fiel en lo
expresión máxima de su amor como Dios poco, también lo es en lo mucho, y quien
creador– uno de los motivos más fuertes es injusto en lo poco, también lo es en lo
para sentirse empujado a responder en mucho (Lc 16, 10). Que es como si nos re-
primera persona a la vocación divina a la cordara: lucha cada instante en esos deta-
santidad, ya que “el santo no nace: se forja lles en apariencia menudos, pero grandes
en el continuo juego de la gracia divina y a mis ojos; vive con puntualidad el cumpli-
de la correspondencia humana” (AD, 7). De miento del deber; sonríe a quien lo necesi-
hecho, el vocablo “correspondencia” está te, aunque tú tengas el alma dolorida; de-
muy presente en la obra de san Josemaría: dica, sin regateo, el tiempo necesario a la
“La gracia de Dios no te falta. Por lo tan- oración; acude en ayuda de quien te bus-
to, si correspondes, debes estar seguro” ca; practica la justicia, ampliándola con la
(S, 80); “¡Qué alegría más honda, esa que gracia de la caridad. Son éstas, y otras se-
siente tu alma, después de haber corres- mejantes, las mociones que cada día sen-
pondido!” (C, 992); “Pide, para ellos, gra- tiremos dentro de nosotros, como un aviso
cia de Dios abundante y correspondencia silencioso que nos lleva a entrenarnos en
a esa gracia” (C, 965). Correspondencia este deporte sobrenatural del propio ven-
que tiene efectos no solo a nivel sobrena- cimiento. Que la luz de Dios nos ilumine,

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GRAN BRETAÑA

para percibir sus advertencias; que nos que giraba gran parte del mundo de habla
ayude a pelear, que esté a nuestro lado en inglesa: el Imperio Británico, con sus do-
la victoria; que no nos abandone en la hora minios y colonias; a lo que se unía la im-
de la caída, porque así nos encontraremos portancia decisiva adquirida por la lengua
siempre en condiciones de levantarnos y inglesa. San Josemaría fue constante en
de seguir combatiendo” (ECP, 77). recordar a sus hijos de Inglaterra el papel
que les correspondía en el desarrollo del
Voces relacionadas: Identificación con Cristo; apostolado de la Obra, porque su país era
Inhabitación trinitaria; Santidad. una gran encrucijada del mundo (cfr. AVP,
III, pp. 342-343).
Bibliografía: AD, 73-93, 205-221, 222-237, Inglaterra no sólo era un país protes-
256-273; ECP, 57-66, 73-82, 102-116, 127- tante, sino un país en el que en los siglos
138; Antonio Aranda, “El bullir de la sangre de anteriores se había propagado una fuerte
Cristo”. Estudio sobre el cristocentrismo del hostilidad al catolicismo. Durante el siglo
Beato Josemaría Escrivá, Madrid, Rialp, 2001; XIX, las pocas familias católicas que ha-
Charles Journet, Charlas sobre la gracia, Ma- bían sobrevivido a largos tiempos de mar-
drid, Rialp, 1979; José M. Galván, Elementi di ginación legal habían sido reforzadas por
Antropologia Teologica, Roma, EDUSC, 2002;
los conversos, tanto por los intelectuales
Paul O’Callaghan, Figli di Dio nel mondo, Roma,
del Movimiento de Oxford como por la
Pontificia Università della Santa Croce, 2003;
Fernando Ocáriz, Naturaleza, gracia y gloria, considerable inmigración, especialmente
Pamplona, EUNSA, 2000; Leo Scheffczyk, “Die la irlandesa. La población católica, que al-
Gnade in der Spiritualität von Josemaría Escri- canzaba sólo el diez por ciento, era muy
vá”, en César Ortiz (Hrsg.), Josemaría Escrivá. diversa: las familias católicas tradicionales
Profile einer Gründergestalt, Köln, Adamas Ver- constituían un grupo cerrado en sí mismo,
lag, 2002, pp. 53-74. en el que era difícil penetrar y, por otra par-
te, los intelectuales apoyaban los valores
José María GALVÁN
continentales, mientras que la población
inmigrante solía identificar su fe con su he-
rencia irlandesa. La Inglaterra protestante,
GRAN BRETAÑA en definitiva, encontraba dificultades para
ver a un católico como un verdadero in-
1. Los primeros años. 2. Cinco veranos en glés. En aquel momento Dublín era el cen-
Londres. 3. Nuestra Señora y santo Tomás tro del catolicismo anglosajón.
Moro. 4. Los siguientes años.

A partir de 1945, comenzó la expan- 1. Los primeros años


sión del Opus Dei a otros países; es decir, Los primeros años de apostolado es-
una vez que había terminado la Segunda table del Opus Dei en Londres y en Dublín
Guerra Mundial y que la Obra obtuvo un se desarrollaron al unísono, con idas y
estatuto jurídico que hacía factible una ex- venidas entre una ciudad y otra. El primer
pansión universal. Antes, fieles del Opus miembro de la Obra que acudió a Inglaterra
Dei habían ido desde España a univer- fue Juan Antonio Galarraga. En diciembre
sidades extranjeras a ampliar estudios, de 1946 comenzó un programa de inves-
y a poner –de algún modo–, a través de tigación en la University of London. Junto
su trabajo y las relaciones de amistad, las con Rafael Calvo Serer, que estuvo en Lon-
bases para el inicio del trabajo apostólico. dres por motivos de estudios, adquirió en
Inglaterra fue uno de los primeros países junio de 1947 un apartamento en Rutland
en los que pensó san Josemaría. En aquel Court, Knightsbridge. Con anterioridad, el
momento, Londres era el eje alrededor del sacerdote Pedro Casciaro había visitado al

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