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45ADORACIÓN A LAS CINCO LLAGAS DE JESÚS

CRUCIFICADO

A LA LLAGA DEL PIE IZQUIERDO

Adórote, llaga sacratísima del pie izquierdo de mi señor Jesu-Cristo; y


por la sangre que por ella derramaste, suplícote, benignísimo salvador
mío, que me alcances una fe viva, y perdones los malos pasos y
movimientos de mi vida disipada. Padre nuestro, Ave María y Gloria
Patri.

A LA LLAGA DEL PIE DERECHO

Adórote, llaga sacratísima del Pie derecho de mi Señor Jesu-Cristo; y


por el dolor que en ella sentiste, suplícote, dulcísimo Redentor mío, que
traspases mi alma con el clavo de tu santo temor, concediéndome una
firme esperanza, y la gracia de andar siempre derecho por el camino
real de tu santa ley. Padre Nuestro, Ave María y Gloria Patri.

A LA LLAGA DE LA MANO IZQUIERDA

Adoro, amantísimo Jesús mío, la llaga de tu Mano izquierda, y te doy


gracias de haberla recibido por mi amor.

Concédeme, por la sangre que de ella vertiste, una caridad ardiente, y


perdóname las ofensas que te hice con mis perversas acciones,
palabras y sentidos. Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.
A LA LLAGA DE LA MANO DERECHA

Adoro, pacientísimo Jesús, la llaga santísima de tu Mano derecha; y por


los tormentos que en ella padeciste por mi amor, te pido que me
perdones el mal uso que hice de mis potencias, y me otorgues la gracia
de estar en el juicio final a tu mano derecha con los escogidos. Padre
Nuestro, Ave María y Gloria Patri.

A LA LLAGA DEL COSTADO

Adórote, llaga amorosísima del Costado de Jesús: ¡quién pudiera morar


siempre en ese asilo sagrado, en ese divino corazón, donde descansan
los escogidos! Por la sangre y agua preciosa que salió de ese Costado
abierto con una lanza por mi amor, y por el dolor agudo que atravesó el
corazón de tu Madre amantísima, concédeme, Señor, la perseverancia
final, y penetra mi corazón apocado de los nobles afectos que animan
tu divino Corazón. Padre Nuestro, Ave María y Gloria Patri.

ORACIÓN

Os pedimos, Señor, que miréis propicio a esta vuestra familia, por la


cual nuestro Señor Jesu – Cristo no dudó entregarse en manos de los
verdugos, y padecer en tormento de la cruz. Quien con vos y en unidad
con el Espíritu Santo vive y reina Dios por todos los siglos de los siglos.

Amén.