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TRANCES SOCIALES DE LA AUTONOMIA

UNIVERSITARIA EN COLOMBIA
-Unas palabras a mano alzada-

A la memoria de JORGE ELIÉCER GAITÁN AYALA.


En el 70 aniversario de su sacrificio. Abril 9 de 1948 – abril 9 de 2018.

“Nosotros hemos leído muchos libros y pasado Universidades. No, así como
así, a la manera de ellos. Tenemos una estructura mental que ellos no
tienen. Nos hemos quemado demasiado las pestañas. Hemos encontrado
demasiados obstáculos. Y de tanto libro. Y de tanto Maestro. Y de tantas
cátedras que hasta ahora hemos tenido, hemos sacado solo esto: hay una
brújula que es nuestro corazón, hay algo profundo que es la intuición,
aquella intuición de nuestras madres superioras: la sabiduría. Aquel sentir
que solo el pueblo tiene. Aquella sabiduría que no es esquema geométrico
sino turbulencia de la biología, grito del alma, fuego de la especie, creación
del reino que nos dice dónde está el mañana y qué lo que debemos
abominar del hoy y olvidar del pasado. Nosotros lo sabemos con fe onda”.

Jorge Eliécer Gaitán Ayala. (JEGA). Discurso de 1946.

JUAN CARLOS GARZÓN BARRETO


Profesor Catedrático de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPN
Profesional de la Educación Egresado de la Universidad Pedagógica Nacional
Premio Nacional de Educación 1998

Presentación

Para el siglo XIX, los trances de la Autonomía Universitaria, se


encuentran fundamentalmente ligados a los intentos de reforma de la
Universidad Nacional la cual había sido creada en 1867. Jorge Enrique
González da cuenta de este proceso resaltando las intervenciones de
Nicolás Esguerra en 1872 y de Felipe Pérez en 1876, en los debates
adelantados en el Congreso de la República.

Del Representante Felipe Pérez, destaca que “…encontró inaceptables


las pretensiones de autonomía contenidas en el proyecto: tanto
hemos andado en ese camino, dijo en su informe, que se pretende
hasta volver la espalda al gobierno, magnánimo restaurador de la
instrucción, para dar a la Universidad Nacional caracteres positivos o
autonómicos”1

Para 1875 el país vivió la guerra de las candidaturas y la denominada


guerra de las Escuelas en el periodo 1876 – 1877. En esta contienda
tuvieron participación los estudiantes de la Universidad Nacional
desde la esquina de defensa de las libertades académicas, tal como lo

1 GONZALEZ, Jorge Enrique. Los trances de la Autonomía. En: Universidad Nacional de Colombia. 130 años.
Imprenta de la Universidad Nacional. Santa fe de Bogotá. 1997. pág. 23- 32.
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expresa en su informe el Doctor Plata Azuero, Rector de la
Universidad:

“El grito de guerra (...) barrió también las escuelas universitarias;


pero la juventud, con su lucidez instintiva, comprendió al punto que
la lucha no era ya entre dos sectas de la misma comunión política,
sino entre dos principios antípoda; que no era una simple contienda
de candidaturas, sino un duelo a muerte entre dos doctrinas
enemigas, que esa terrible tempestad que se alzaba especialmente
contra las Escuelas, colegios oficiales y contra la Universidad
Nacional, amenazaba en su fuente la enseñanza libre y la libertad de
pensamiento”2

En el plano educativo, el siglo XX despegó para el país con los efectos


de los artículos 38 y 41 de la Constitución de 1886, que planteaban,
por un lado, que la religión oficial de la nación sería la católica,
apostólica y romana, y, de otra parte, que la educación sería
organizada y dirigida en concordancia con la religión católica.

En el Estatuto Constitucional de 1886, el Estado planteó desde la


educación la aspiración de hombre colombiano ligado a los elementos
de la tradición católica. Situación que habría de demarcar parte de las
contradicciones entre liberales y conservadores, durante un buen
trecho del presente siglo, influenciando los saberes y prácticas que
fueron cuidadosamente escogidos para ingresar en el escenario de la
Escuela3.

El Concordato con la Santa Sede (1887), reforzó en sus artículos 12,


13 y 14, tales pretensiones constitucionales, en el sentido de que “la
enseñanza de la religión y las prácticas piadosas de la religión
católica serían obligatorias en los establecimientos públicos, la
religión se organizaría de conformidad con el dogma, la moral, los
textos y los profesores de religión serían designados y aprobados por
los ordinarios Diocesanos”.4

Para 1910 –según el Maestro Gerardo Molina– “un grupo de


estudiantes organizó una manifestación con el objeto de pedir al
General Rafael Uribe Uribe que presentara” el proyecto de reforma
(de la Universidad) a la Asamblea Nacional. “Fiel a esa promesa, en
el Plan de marzo elaborado por Uribe en 1911, figuraba ese punto:
...3º. Autonomía de la Universidad y reforma general de la instrucción
pública”5

2 PLATA, Azuero. M. Informe del Rector de la Universidad Nacional. En: Revista Argumentos No. 14 – 15 – 16 –
17. Universidad y Sociedad. Bogotá 1986. pp. 239- 264.
3 SAENZ OBREGÓN Javier; SALDARRIAGA Oscar; OSPINA Armando. MIRAR LA INFANCIA. Pedagogía,

moral y modernidad en Colombia. Colciencias - Universidad de Antioquia. Dos tomos. 1996.


4 MOLANO, Alfredo y VERA, Cesar. La Evolución de la política durante el Siglo XX. U.P.N.- CIUP. 1982. Pág. 61
5 MOLINA, Gerardo. Pasado y Presente de la Autonomía Universitaria. En: Testimonio de un demócrata. Gerardo

Molina. Compilación de Darío Acevedo. Departamento de Publicaciones de la Universidad de Antioquia. Medellín


1991. pág. 327.
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En el plano internacional se destaca que, durante 1918, se lleva a
cabo el conocido movimiento estudiantil de Córdoba-Argentina con
sus demandas de: 1. Autogobierno. 2. Autonomía universitaria.
3. Libertad de Cátedra. 4. Democracia plena. 5. Exclusión de la
iglesia de la universidad. Demandas que han de coincidir con
aspiraciones de los estudiantes colombianos en otras coyunturas.

A propósito de la presencia de este movimiento estudiantil en la


reforma de la universidad colombiana, Gerardo Molina, expresó en
junio de 1937 que: “Colombia debe registrar orgullosamente el hecho
de que ha acometido la tarea de transformar, mejor dicho, de
construir su Universidad a tiempo que en la mayoría de los países
americanos se ve a este respecto el fenómeno contrario. (...) Ya ni
siquiera se aceptan las consignas lanzadas por la insurrección juvenil
de Córdoba en 1919, a pesar de que fueron moderadas y
transaccionales, porque se limitaban a pedir la abolición de las listas,
la intervención de los estudiantes en el gobierno de las Facultades y
la docencia libre”6

Un referente histórico de presencia estudiantil como fuerza social, lo


tenemos en Bogotá para junio de 1929, durante el último gobierno de
la Hegemonía Conservadora (1886-1930), siendo Presidente Miguel
Abadía Méndez, cuando se intentó nombrar como comandante de la
Policía al General Carlos Cortes Vargas, quien se vio implicado en los
sucesos de la zona bananera en 1928.

REPUBLICA LIBERAL Y AUTONOMIA UNIVERSITARIA

Durante el periodo 1930-1945, el partido liberal ocupó la Presidencia


de la República, suscitando una serie de reformas de orden
Constitucional que tendrían impacto sobre la hegemonía que había
ejercido la iglesia católica en la orientación de la Educación.

La reforma permitió que se ampliara la Autonomía mediante la


expedición de la Ley Orgánica de la Universidad Nacional en 1935.
Instrumento jurídico que facilitó la participación de profesores y
estudiantes en los consejos académico y directivo de la Universidad.

Esta autonomía universitaria, que se constituyó en una vieja y


actual consigna social, se presenta en un momento en que la clase
dirigente se forma en la universidad pública y el gobierno respalda su
desarrollo. Sin embargo, sectores tradicionales del país cuestionan
duramente tales procedimientos por las implicaciones que éstas
medidas tenían en la entrega del cogobierno de la Universidad y la
circulación de los nuevos saberes que –según ellos– amenazaban la
esencia de la nación. Ya veremos.

6 Revista de las Indias. Vol. 1 No. 6. Bogotá, junio de 1937. pág. 50-52.
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La incorporación de los saberes sociales

En el terreno de la apropiación de los nuevos saberes, el profesor


Jaime Jaramillo, escribió que: “la reforma del 35 significó la apertura
de la universidad hacia nuevas corrientes del pensamiento y de la
Ciencia. Movimientos como el marxismo, el psicoanálisis, las nuevas
doctrinas del derecho público francés, la filosofía del derecho alemán,
la filosofía fenomenológica y existencial, antes vedados por
conservadurismo y rutina, hicieron su aparición en las aulas”7

En la universidad Nacional, el Rector Gerardo Molina, pionero de la


autonomía universitaria, rompió el predominio que habían mantenido
las carreras de Derecho, Ingeniería y Medicina, incorporando el
estudio de las matemáticas, las ciencias naturales, las humanidades y
las ciencias sociales8

La Escuela Normal Superior (1936-1951) se constituyó en el principal


centro de formación de docentes del período y se caracterizó por la
incorporación de los nuevos saberes que hemos venido señalando, la
educación mixta, una biblioteca muy completa para la época, pero,
ante todo, la presencia de profesores extranjeros (franceses,
alemanes, españoles) que llegaron al país refugiados de los conflictos
bélicos que se presentaron en Europa.

Estos educadores y los egresados de la Normal Superior


contribuyeron a la ampliación, desarrollo e institucionalización del
estudio de nuevas disciplinas naturales y sociales en el país, ganando
terreno para el ejercicio de la cátedra libre en áreas que siempre
observó con recelo la franja más tradicional de nuestra sociedad.

El Doctor Laureano Gómez, reconocido dirigente Conservador, al


referirse a las ejecutorias de la República Liberal y concretamente de
la llamada Revolución en Marcha que encabezó López Pumarejo,
señaló:

“La llamada Revolución en Marcha tiene un empeño culminante que


sintetiza su esfuerzo: en extinguir de la vida colombiana toda luz del
espíritu, busca ansiosamente el predominio del hombre material
sobre el hombre espiritual. Así. Por fuerza y de súbito se cae en la
materialización y mecanización de la existencia”9

7 JARAMILLO, Uribe, Jaime. El Proceso de la educación del Virreinato a la época contemporánea. En: Manual de
historia de Colombia. Tomo II. Pág. 334.
8 CATAÑO, Gonzalo. Historia, Sociología y Política. Gerardo Molina. Una ética de la responsabilidad. Plaza &

Janes. Editores. Santa Fe de Bogotá. 1999. Pág. 135.


9 GOMEZ, Laureano. Las dos Espadas. El Siglo. Mayo 31 de 1936.

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Según Aline Helg10. Los sucesos del 9 de abril de 1948, tras el
asesinato de Jorge Eliecer Gaitán Ayala (JEGA), demarcarían un
punto de “viraje radical de la política educativa colombiana”. Para el
caso de nuestro interés, profesores y estudiantes de la Universidad
Nacional y de la Escuela Normal Superior, fueron acusados de
subversivos y las instituciones fueron cerradas11

El asesinato de Gaitán, representó un hecho que contribuyó a


alimentar el cauce de la violencia bipartidista en la base social, pues,
como lo dijera el Profesor Marco Palacio: “La violencia respetó las
viejas líneas de deferencia social. Cayeron muy pocos terratenientes
u oficiales de los cuerpos armados. Campesinos liberales y
conservadores, de civil o de uniforme, asesinaron y se hicieron
asesinar”12

Estas “bandolas” y guerrillas campesinas quedarían acéfalas de sus


partidos y por fuera de los acuerdos convivialistas del Frente
Nacional, y en gran medida llegarían a alimentar las guerrillas
campesinas de inspiración comunista; que al paso de sus cuadros
por la universidad, darían su cuota de aporte a perfilar los
imaginarios colectivos de las prácticas de contestación social que aquí
buscamos desentrañar13.

La controversia que se generó en estos años, los nuevos rumbos y


saberes que circularon en la universidad, representan dos elementos
de particular importancia en el hecho social que aquí examinamos,
pues, de una parte, la incorporación de nuevas “visiones del mundo”
permitió la apertura hacia el análisis de los problemas del país desde
otra perspectiva.

De otro lado, los nuevos rumbos que la universidad había tomado,


bajo la orientación del partido liberal y sectores progresistas, fueron
objeto de contrareforma por parte de los gobiernos conservadores de
Ospina Pérez, Laureano Gómez y el gobierno militar, que se
encargarían de pasar la cuenta de cobro, dejando por tierra parte del
terreno que se había avanzado en materia de autonomía
universitaria, libertad de cátedra, e influencia de la iglesia
católica en la educación.

A comienzos de los años 50 del siglo XX, el contenido de tal debate


dejó su huella en las dos orillas de la prensa bipartidista, veamos un
par de ejemplos:

10 HELG, Aline. La educación en Colombia. 1946-1957. Nueva Historia de Colombia. Planeta. Bogotá. 1989. Tomo
IV: Pag.113.
11 HERRERA, Martha. Op. Cit. Pág. 109.
12 PALACIO, Marco. Colombia. Entre la legitimidad y la violencia. Grupo Editorial Norma. Santa fe de Bogotá.

1995. Pág. 237.


13 Considérense los relatos expresados en los textos: “Las guerras por la paz” de Olga Behar. Editorial Planeta y

“Siembra vientos y recogerás tempestades” de Patricia Lara. Editorial punto de partida.


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Diario el siglo, febrero 4 de 1951

“Todo el mundo sabe que el liberalismo desde el gobierno para


asegurar el que socialistas y comunistas tuvieran en su poder todas
las palancas del mando de la universidad, creó un sistema de
elecciones populares y de Juntas Legislativas al que bautizó
pomposamente con el nombre de “Autonomía Universitaria” Estos
métodos en virtud de los cuales los alumnos estudiaban menos y se
adiestraban mas en el electorerismo y otras mañas de manzanillos,
en realidad no consagraron otra autonomía que la de los individuos
como Gerardo Molina y Antonio García, que pudieron utilizar toda
clase de instrumentos para convertir a la Universidad Nacional en una
fortaleza del comunismo y un semillero de turbas triquiñuelas”14

Diario El Tiempo, febrero 8 de 1951

“Según los comentaristas conservadores de las recientes disposiciones


reformatorias de la Autonomía Universitaria, la de la Nacional y la de las
regiones, lo hecho era indispensable para devolver al alma mater su perdida
moral y restablecer los fueros y la disciplina que se habían perdido, por la
funesta influencia de las doctrinas liberales. Ya es hora de que los
periodistas conservadores, los unos y los otros, dejen la monserga de la
Universidad Atea porque eso ni corresponde a la verdad histórica, ni
presenta cosa distinta a una excusa pueril para el empleo de la intriga
contra quienes sirvieron lealmente a los intereses de la cultura, sin otra
preocupación que la de trabajar por el progreso y desarrollo de la
inteligencia colombiana, sin detenerse a pensar si tal inteligencia era roja o
azul, parda o negra. No hubo persecuciones, no hubo discriminaciones, la
Universidad era para todos los colombianos y así alcanzó fama
internacional, porque bajo ese espíritu, amplio y progresista se estimuló el
interés científico y nuestras escuelas profesionales empezaron a dejar de
ser rutinarias y a tener una personalidad propia. Eso es lo que se acaba con
la QUIEBRA DE LA AUTONOMÍA, y con la imposición de un criterio
confesional. Eso lo que se acaba y derrumba. Acaso por ello para hacer
menos ostensible el estrépito del desastre se alza la algarabía de las
condenaciones retroactivas y se inventa el fantasma de la Universidad roja,
materialista y atea”15

Este proceso se desarrolló, no sin dejar las bases de demandas y


creencias que se fueron incorporando en la conciencia colectiva de un
sector del corpus social ligado a la universidad, y que en otras
coyunturas habría de resurgir en medio de un nuevo alineamiento de
las fuerzas políticas.

En apreciación de Kalmanovitz, el Golpe Militar del 13 de junio de


1953, se alimentó de la perdida de consenso en diversos sectores por
parte del gobierno de Laureano Gómez, y, “fue en realidad
organizado por el ospinismo cafetero y apoyado por el liberalismo”16.
14 Alfredo MOLANO y cesar VERA. Op. Cit. Pág. 150.
15 Alfredo MOLANO y cesar VERA. OP. CIT. PAG. 151.
16 KALMANOVITZ. Salomón. Economía y Nación. Siglo XXI Editores. Bogotá. 3ª. Edición. 1988.

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Durante el gobierno de Rojas, se lleva a cabo la masacre de
estudiantes el 8 y 9 de junio de 1954, razón por la cual, aquellos
coincidieron y apoyaron a liberales y conservadores en la lucha y
caída del gobierno militar en 1957.

Para tales fechas, la prensa nacional registra acciones de los


estudiantes universitarios en diversas regiones del país, inclusive, dos
semanas después de la caída del General Rojas, se presenta el primer
movimiento estudiantil que registra en su historia la Universidad
Pedagógica17.

A Falta de evidencias históricas más puntuales; en el apoyo y


desarrollo a ésta cruzada bipartidista que prestaron los estudiantes,
ubicamos la corriente de indignación social y de efervescencia
colectiva que años más tarde contribuiría a alimentar en una primera
fase los sentimientos antimilitaristas y antipolicivos de los
estudiantes, particularmente, considerando los infaustos sucesos de
mediados del siglo XX que incrementaron los mártires del movimiento
estudiantil.

La caída del gobierno militar y los efectos del establecimiento del


pacto excluyente del Frente Nacional, muy pronto, arrancaron la
sonrisa de los labios a aquellos jóvenes, que en la hora de
efervescencia y calor marcharon junto a los partidos tradicionales
para tumbar al gobierno militar18. y así, abrir el camino para
establecer el modelo bipartidista del Frente Nacional, pacto político,
que muchos de aquellos mismos jóvenes pasarían un tramo
importante de sus vidas tratando de tumbar mediante diversas
prácticas de contestación social.

Respecto de este proceso, Jaime Batemán, exalumno de la


Universidad Nacional, ex militante de las FARC y fundador del M- 19,
señaló:

“Nos enfrentamos a la dictadura. Cursaba cuarto o quinto de


bachillerato. En esos días, mayo de 1957, cuando cayó Rojas Pinilla,
tenía 17 años. Yo participé intensamente en la lucha contra Rojas.
Encabezaba las manifestaciones. Tiraba piedra. Me mezclaba con la
gente. Echaba discursos. Agitaba. Así hice mis primeros trotes en la
rebeldía. Empecé mi vida política luchando al lado de la burguesía.
Nuestra consigna era muy burguesa: “Lleras, Lleras, libertad,
libertad!” Eso era lo que gritábamos. Pero con Lleras, de 1957 en
adelante, no pasó un carajo. Entonces le dimos la espalda a la
burguesía”19

17
Un detallado seguimiento de éste movimiento, se encuentra en el Trabajo de Grado: Orígenes y consolidación de la
Universidad Pedagógica Nacional Femenina. 1955-1962. Juan Carlos Garzón Barreto. U.P.N. 1997.

19 LARA, Patricia. Siembra vientos y recogerás tempestades. Editorial punto de partida. Bogotá. 1982. pág. 80.
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En ese mismo sentido, escribe Absalón Jiménez: “En los años 60, el
Movimiento Revolucionario Liberal, MRL, hizo presencia dentro de las
organizaciones estudiantiles junto a las juventudes comunistas
colombianas con el fin de buscar una base de apoyo para luchar
contra el acuerdo bipartidista de reparto burocrático del poder.
Paralelamente comenzaron a difundirse manifiestos y comunicados de
nuevos grupos como la unión de Juventudes Comunistas de
Colombia, indicadores del proceso de radicalización del liderazgo
estudiantil. Se inicia así un importante proceso en que el
estudiantado poco a poco se independizaría del monopolio bipartidista
que hasta los años cincuenta había ejercido la clase política
tradicional sobre las organizaciones estudiantiles20

Ruptura radical y cambio de rumbo

Aquel hecho histórico significaría un paso importante en la ruptura


radical de los estudiantes con los partidos tradicionales y la dinámica
del Frente Nacional.

Los estudiantes se encargarían de combatir fieramente en defensa de


terrenos e idearios comunes que habían compartido en otros tiempos
con sectores del bipartidismo, pero que, ahora, les dejaba en la fila
solitaria de la oposición, desde donde reencaucharían sus viejas
demandas y nuevas practicas de contestación social que llevarían a
cabo desde la naciente izquierda, la cual se inspiraba en las nuevas
oleadas de la revolución socialista.

La Contrarreforma educativa que llevaron a cabo los gobiernos


conservadores y el de los militares, dejó como resultado para la
Educación Superior, la reestructuración del Ministerio de Educación
Nacional (decreto 2067 de 1954), el establecimiento del Consejo
Superior de Educación (decreto 2349 de 1956), compuesto por cinco
(5) comisiones nombradas por el Ministro de Educación, en la cual, se
prevé la presencia de la jerarquía católica y representación de la
familia, pero, poco se insinúa en relación con la participación de
profesores y estudiantes en este organismo de orientación educativa.

En 1958, se dicta el Estatuto Orgánico de la Universidad Nacional


(Decreto 136), en el cual se recomponen los espacios de gobierno,
privilegiando la presencia de sectores industriales y del clero en la
dirección del Alma Máter.

En este mismo periodo, se crea el Fondo Universitario Nacional –FUN


y se inicia el planeamiento integral de la educación, cuyo antecedente
inmediato es el Primer Plan Quinquenal de Educación, proceso en el

20 JIMÉNEZ, Absalón. Medio siglo de presencia del Movimiento Estudiantil en la Universidad Pedagógica
Nacional. Revista Colombiana de Educación. No. 40 – 41. Bogotá. D.C 2000. pág. 16 – 17. Este ensayo, examina
detenidamente la cronología y sucesos de éste transito histórico.
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cual se afinó y se extendió la cooperación extranjera, especialmente
la norteamerican.21

En estos años toma fuerza la fundación de muchas de las


universidades privadas que conocemos en la actualidad22, las cuales
llegan a ganar un espacio de decisión en la ejecución de la nueva
política educativa que orientó el Fondo Universitario Nacional –FUN-.

José María Chaves, quien fuera gerente del Fondo Universitario


Nacional, manifestaba el 6 de septiembre de 1956, en un artículo del
diario capitalino El Tiempo, que el FUN se proponía “conciliar la
tradición de la Universidad católica con el modelo de la universidad
norteamericana”23

Como en muchos temas de las disputas partidistas, el buen ajedrez


del Frente Nacional, hizo tablas respecto al tema de la Universidad y
el conjunto de creencias y demandas que se habían construido al
calor de la acción social de otros tiempos. Así, estos ideales se
constituyeron en un patrimonio y bandera de lucha de profesores,
estudiantes y otros sectores progresistas, que reiniciaron la defensa
de la Universidad Pública en contraposición al esquema bipartidista,
ahora, orientados desde otro norte y prácticas de acción política,
dando lugar al hecho histórico y social del movimiento estudiantil del
Frente Nacional.

La distribución bipartita del poder dio lugar a la designación de los


núcleos de gobierno universitario desde esferas ajenas a la
Universidad, los cuales pretendieron meter a las instituciones en
cintura, llevando a que los centros universitarios albergaran dos caras
de un mismo conflicto. De una parte, la confrontación externa a las
inequidades propiciadas por los problemas estructurales del país; y,
de otra parte, la lucha por la democracia y el cogobierno interno del
Alma Máter, encarnando una oposición en dos frentes (interno /
externo), la cual llevaron a cabo profesores, estudiantes y núcleos de
trabajadores.

Es en tales terrenos donde ubicamos un imaginario sembrado en la


conciencia colectiva de estas generaciones de colombianos, que como
lo examinaremos más adelante, tiene profundas repercusiones en el
accionar contemporáneo de las prácticas de contestación social. Se
ubica al “enemigo” (las administraciones universitarias) en el plano
interno porque estas –ocasionalmente- provienen de sectores
externos al Alma Máter y generalmente representan una política que

21 BETANCUR MEJIA, Gabriel. Documentos para la historia del planeamiento integral de la Educación. Universidad
Pedagógica Nacional. Dos Tomos. Bogotá. 1984.
22 U. de los Andes. U. de Medellín. U. Gran Colombia. U. de América. U. Jorge Tadeo lozano. U. Inca. U. Santiago

de Cali.
23 MOLANO, Alfredo y VERA, Cesar. Op. Cit. Págs. 110-111.

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es considerada como lesiva para los sectores sociales que se han
apropiado la bandera de la defensa de la universidad.24

Examinados los grupos sociales, y cobertura de la universidad en


éstos momentos, es sano no perder de vista que a éstas instituciones
públicas asiste un 3% del total de la población entre 18 y 24 años25.
Además que analistas26 de las políticas educativas del periodo
insinúan que no se trata propiamente de sectores populares, sino de
los hijos de la burguesía y de la nobleza aldeana27, que se encuentran
en un periodo previo a la diáspora hacia la universidad privada.
Situación que ocurre como consecuencia de la progresiva
conflictividad de la Universidad Pública. Este hecho hallaría su
contraparte en la paulatina despreocupación de los sectores
gobernantes respecto de la suerte de éstos centros universitarios
públicos, pues, ellos dejarían de convertirse en las principales
escuelas de formación de sus cuadros profesionales.

Frente Nacional: Nuevos imaginarios, nuevas prácticas

Durante la década del 60 del siglo XX, el movimiento estudiantil


encontraría un nuevo cuerpo doctrinario de inspiración ideológica y
política en el conjunto de revoluciones sociales del período, tales
como la Soviética, China, mexicana y con mayor fuerza el proceso
desencadenado por el triunfo de la Revolución Cubana.
Este decenio es el laboratorio social en el cual se lleva a cabo la
radicalización de los estudiantes, quienes llegan a emprender la lucha
contra el establecimiento en general y contra la intervención
extranjera en la reforma de la universidad, fundamentalmente, contra
el llamado Plan Básico que llega a sembrar fuertes gérmenes de
oposición y de construcción del discurso antiimperialista que
caracterizaría las representaciones colectivas del estudiantado, en lo
futuro.

En 1963, con la participación de diversas corrientes estudiantiles


(UNEC, JUCO, JMRL, CEUC, MOEC, FUAR) se crearía la Federación
Universitaria Nacional, que debido a la heterogeneidad de las
organizaciones que allí convergían, generaron un interesante debate
sobre el carácter, discurso, alcances y métodos o prácticas de
contestación social de sobre la autonomía universitaria.

Escribe Carlos Arturo García que: “(...) el año 1965 y posteriores,


estarán determinados por un gran debate político que globalizará dos
posiciones muy claras, una de las cuales privilegiaba la lucha
estudiantil limitada exclusivamente hacia objetivos puramente
24 Recuérdese que los estudiantes de la Universidad Nacional, Presionan la salida del Rector Mario Laserna, quien
fuera uno de los fundadores de la Universidad de los Andes.
25 PALACIO, Marco. Op. Cit. Pág. 264.
26 ARNOVE, Robert, Políticas educativas durante el Frente Nacional. 1958-1974. En Revista Colombiana de

Educación. No. 1. Universidad Pedagógica Nacional. Bogotá. Junio de 1978. Págs. 43-44.
27 Los campesinos ricos.

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gremiales, a los que se sumaban sectores de estudiantes de los
partidos tradicionales y de izquierda, como la JUCO; una segunda que
postulaba la necesidad de proyectar el movimiento más allá de las
luchas gremiales, vinculándolo al proceso revolucionario. Dentro de
ésta última encontramos una corriente aún más radical que
desvirtuaba cualquier tipo de reivindicación del estudiantado como
gremio, haciendo énfasis en la lucha armada como único objetivo
político del movimiento estudiantil. Dentro de éstas tendencias,
encontramos a grupos como PSR, el MOEC, algunos militantes de las
JMRL, que gracias al ascenso de la lucha armada ingresarían al ELN.
(...) Este tipo de diferencias políticas surgidas en el interior del
movimiento estudiantil darán origen a la radicalización de algunos
sectores del estudiantado que privilegian “métodos de lucha” como
las confrontaciones callejeras con la fuerza pública, hecho que implicó
que se abandonaran otras formas de lucha quizás más efectivas28

Al comentar éste proceso, escribe el profesor Marco Palacio: “La


teoría era enfática, el Che Guevara y Regís Debray consideraban que
el foco guerrillero crearía las condiciones revolucionarias y que la
ciudad corrompía a los cuadros revolucionarios (...) Había un
contexto de transformaciones culturales más profundas. Fue ésta la
época en que los jóvenes de Berkerley o Beijín, París o Ciudad de
México, La Habana o Argel, se alzaron contra los símbolos de la
autoridad. Para la izquierda consistió en la impugnación de la clase
obrera como vanguardia de la revolución. (...) En Colombia este
voluntarismo tocó tangencialmente las universidades (...) De éstos
ambientes quedaría una generación de líderes universitarios, física o
espiritualmente sacrificados en el altar de la lucha armada
revolucionaria, y el aura romántica del guerrillero de las dos décadas
siguientes (...) como fue el caso del sacerdote Camilo Torres, quien
murió en combate con el Ejército a comienzos de 1966, a pocas
semanas de ingresar a la guerrilla”29

A lo largo del Frente Nacional y posterior a el, surgiría todo un


conjunto de organizaciones revolucionarias con diversos matices y
practicas de contestación social, que expresan la diversidad de puntos
de vista sobre las salidas a la crisis, y que valga la pena mencionar,
en razón a que la universidad como espacio de contrapoder crítico, se
ha llegado a constituir en parte del escenario político que llevó al
ascenso de la lucha armada.

En éste nuevo marco circunstancial y político, el movimiento


estudiantil acuñaría y adoptaría un conjunto de representaciones
colectivas y de prácticas de contestación social que se incorporarían
al calor de la efervescencia política de éstos años. Veamos.

28 GARCIA. P. Carlos, Arturo. EL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL EN COLOMBIA. DECADA DEL SESENTA.


policopiado. S.f., s.l.
29 PALACIO. Op. Cit. Págs. 264-265.

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La izquierda con todos sus matices, llegaría a emerger como una
nueva colectividad o corpus social que se convertía en portadora
oficial del discurso en defensa de la universidad pública y de las
tareas por la liberación nacional.

De ésta manera, los discursos y practicas dejaban de ser temas de


dominio público general, para llegar a constituir parte del imaginario
y las demandas de éste sector desde la oposición. Si se quiere, se
produce una enajenación y apropiación privada social del discurso.
Estos imaginarios y conciencia social de los mismos representan lo
sagrado, cualquier manifestación por fuera de aquellos se pone en el
terreno de lo profano.

La discusión entre el carácter gremial y el compromiso popular y


revolucionario del movimiento estudiantil, se constituye en las dos
fuentes principales de las cuales se llegarían a alimentar las prácticas
de contestación social, de un imaginario que se había acuñado
conjuntamente, pero que, ahora, se fragmentaba en una línea blanda
de carácter gremial y otra radical que privilegiaba el enfrentamiento
callejero con la fuerza pública y la lucha armada como métodos de
acción política.

De tal manera, la lucha armada y la militancia de izquierda como


métodos de confrontación al Estado, se incorporan como parte del
imaginario y de las simpatías de sectores del estudiantado, que para
entonces, a pesar de poseer variados matices, empieza a considerar
que el movimiento estudiantil al igual que la clase obrera es
“revolucionario por naturaleza”.

En los nuevos métodos que bordean los límites de la legalidad se


habría de fortalecer el sentimiento antirepresivo del estudiantado,
pues, los patrocinadores del Frente Nacional que ayer habían
combatido el gobierno de los militares, en las nuevas condiciones del
convivialismo, ahora, utilizaban aceradamente a la fuerza pública
para sofocar el levantamiento social y estudiantil.

En mayo de 1969, días después de que Carlos Lleras fuera abucheado


en compañía de Rockefeller en la Universidad Nacional, el propio
Lleras expresó que: “La Universidad no será más un instrumento de
subversión; los estudiantes serán tratados de la misma manera que a
los grupos armados que operan en el país”30

En éste mismo proceso, figuras nacionales e internacionales ligadas a


la revolución, se convertirían en parte de los emblemas e inspiradores
de la lucha, Marx, Lenín, Engels, Mao Tse Tung, Trosky, Camilo, el
Che Guevara y una buena parte de nuestra patriotada de la

30
GARCIA, Carlos. Op. Cit. Pág. 34.
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independencia, ingresaría dentro de los símbolos sagrados y
venerados por el nuevo corpus social.

La división de pareceres lleva implícito un imaginario que se funde en


las demandas y condiciones objetivas de ese momento histórico. La
lucha interna en las universidades esgrime demandas como
autonomía, cogobierno, libertad de cátedra. En el plano de la
estructura social, aparece la lucha armada como el mecanismo de
confrontación al régimen bipartidista del Frente Nacional.

El control de la universidad por parte de agentes y políticas foráneas


al Alma Máter, hacen que la contestación social se adelante a nivel
interno y externo contra un “enemigo” de clase que orienta los
destinos del país y de la universidad desde un mismo centro de
poder. Por ésta razón, demandas como cogobierno y autonomía
toman especial fuerza en la plataforma de lucha.

Amílcar Acosta, quien fuera presidente del Consejo Superior


Estudiantil de la Universidad de Antioquía entre 1969 y 1973,
rememoraba las reivindicaciones de los estudiantes, señalando que:

“En el programa mínimo de los estudiantes colombianos se recogían las


aspiraciones fundamentales del movimiento. Eran las reivindicaciones
orientadas hacia la democratización de la universidad, el cogobierno
académico de profesores y estudiantes y por la financiación estatal de la
Universidad pública”31

El hecho social de la irrupción del movimiento estudiantil y sus


prácticas de contestación social, también significó el establecimiento
de modos de ser, de vestir y de interrelacionarse con las
manifestaciones estéticas. El terreno de la oposición implicó acuñar
“contraculturas” que cuestionaban el capital cultural y simbólico de
los sectores dominantes del que habían sido enajenados los
desposeídos, en nombre de los cuales se justificaba la revolución. La
música protesta, las manifestaciones culturales de los sectores
populares, la liberación sexual, la literatura “comprometida”, se
constituyeron en ejemplos de contestación social desde el plano de la
cultura.

Argiro Giraldo, dirigente socialista de los años setenta, afirmaba que:


“todo el proceso del setenta hasta el 78 fue una etapa brillante de
desarrollo teórico, de debates con altura, donde los dirigentes
respondían al estudio social y académico. Leíamos mucho. Éramos
ratones de biblioteca. Fue una época de esplendor del estudiantado.
Esa época aún no se ha evaluado. El movimiento estudiantil, tanto en
la Universidad de Antioquía, como en las otras universidades, produjo

31 Periódico El Colombiano. ¡Que vivan los estudiantes! Medellín. 7 de octubre de 1988.


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la aparición del fenómeno teatral y musical de protesta. Eran obras
panfletarias que representaban la situación de la época”32

En últimas, pese a que el hecho social e histórico de las prácticas de


contestación social de los estudiantes, permitió acuñar imaginarios
que harían parte de la conciencia colectiva de un par de
generaciones, desde el punto de vista de la efectividad y alcance de
su acción política, Martha Cecilia Herrera señala:

“Puede decirse que el movimiento estudiantil que presenció el Frente


Nacional, no logró desprenderse de contradicciones que lo
mantuvieron dividido entre las reivindicaciones puramente
académicas y las tentativas por aliarse a los movimientos populares;
además fue víctima de recios enfrentamientos con la fuerza pública,
aspectos que no le permitieron conservar sus triunfos por largo
tiempo”33

Los años 80 del siglo X, demarcados por la pervivencia de las


condiciones de inequidad social y políticas del país, traerían consigo
un recrudecimiento de la lucha social y armada, a la cual, el
establecimiento respondería con la mano dura que representó el
Estatuto de Seguridad Nacional del gobierno Turbay.
La situación llegó a tal punto que la demanda social por respeto de
los derechos humanos de primera y segunda generación, tomaría en
éste periodo su correría hasta convertirse en una reclamación pública
de orden general, la cual bien merecería un detenido estudio sobre el
posicionamiento social de esta demanda. Esta aspiración social quedó
plasmada y fuertemente marcada en la Constitución de 1991.

La reforma a la educación post-secundaria expresada en el Decreto


80 de 1980, representó la cuota de participación en la mano dura que
le correspondió a la universidad pública.

Al comentar a dónde fueron a parar las demandas de autonomía y


cogobierno, reivindicadas por el movimiento estudiantil del Frente
Nacional, expresa Amílcar Acosta, que: “Infortunadamente el
cogobierno académico fue malogrado por la extrema izquierda, que
boicoteó el funcionamiento de esos organismos democráticos. El
boicot determinó que el gobierno diera marcha atrás y se volviera al
régimen de los rectores despóticos”34.

En este periodo empieza a hacerse evidente el modelo privatizador y


de traslado de las responsabilidades educativas del Estado al sector
privado, situación sobre la cual, ya se escuchan pronunciamientos de
los analistas de las políticas educativas. Aquí, resulta de gran valor

32 IBIDEM.
33 HERRERA, Martha. La educación en la historia de Colombia. En: Gran Enciclopedia de Colombia. Temática.
Vol. 5: Cultura. Santafé de Bogotá. Círculo de Lectores. Pág. 77.
34
IBIDEM.
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prospectivo, el ensayo Neoliberalismo, Educación y crisis de Estado,
en el cual ya se llamaba la atención sobre la aplicación del modelo
neoliberal en educación.

“Para desentrañar la aspiración de las fórmulas que se imponen en la


nueva política social y educativa, veamos en su modelo ideal, el
neoliberal, algunos de sus postulados socio-políticos. Aun cuando se
insiste en la autoría del modelo de la Escuela de Chicago –Modelo
económico–, las fuentes ideológicas del nuevo orden provienen del
fermento teórico político en que se fundan los seguidores de la
“nueva derecha” en Europa y los estados Unidos. El retorno a los
principios de libre competencia individual y social, y la visión selectiva
y elitista de las relaciones sociales, fundada sobre la diversidad y
heterogeneidad de las aptitudes y las capacidades, presenta diversas
fuentes, pero, todas coinciden en la necesidad del desmonte del
Estado intervencionista a favor de la libre iniciativa. Hasta tal punto
llegan las pretensiones, que la intervención del Estado en su función
redistributiva y de orientación de la función social de la economía,
habrían impedido su desarrollo y contribuido a generar
burocratización e inercia social” 35

El marco jurídico de la educación superior derivado del Decreto 80 de


1980 permanecería hasta la expedición de la Ley 30 de 1992, la cual
desarrolló los aspectos de autonomía universitaria consagrados en el
artículo 69 de la Constitución de 1991.

Aunque ha pasado alrededor de medio siglo desde el momento en


que el hecho social e histórico de la defensa de la universidad hace su
irrupción, en su versión del movimiento estudiantil del Frente
Nacional, tales manifestaciones perviven luego de sufrir mutaciones
en las representaciones colectivas, fruto del surgimiento de nuevos
intereses y “visiones del mundo”.

La ruptura de los 90: Descentralización autonomía y


privatización

En términos generales, se pude afirmar que antes de la Constitución


de 1991 el país necesitaba responder a dos demandas
fundamentales: la democracia económica frente a las aberrantes
condiciones de miseria, así como la necesidad de contar con garantías
para una mayor participación política y social de aquellos otros
actores que habían sido excluidos por el esquema del Frente
Nacional.

A riesgo de generalizar, la Carta Política de 1991 abordó en buena


medida la demanda por la participación política y social, pero dejó a
medias el problema de la redistribución de la riqueza, con el

35 TÉLLEZ, Gustavo, El Espectador. Bogotá. Agosto de 1982.


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agravante de que la política económica se orientó conforme a las
implicaciones del modelo neoliberal.

Al atenderse parcialmente las demandas del movimiento social,


algunas de sus reivindicaciones fueron incorporadas al conjunto de
desarrollos constitucionales, pero, otras pervivieron en el marco de la
descentralización y del llamado a la participación social con
pretensiones de que las propias comunidades atendieran servicios
que antes prestaba el Estado.

Dicha situación generó un cambio en la lógica de tramitación de las


demandas e imaginarios que fueron acuñados por años, y que, al no
ser adecuadamente desentrañadas, se prestan para que algunas
prácticas de contestación social que resultan legítimas, lejos de
contribuir a comprometer a las instituciones públicas con la sociedad,
compliquen el cumplimiento de sus fines sociales. Veamos que
aconteció con el cambio de lógica de tramitación social de demandas
en la Universidad.

Dado que la reforma constitucional no resolvió problemas


estructurales del país, este argumento se constituye como válido para
el ejercicio de prácticas de contestación social en procura de resolver
los problemas macrosociales.

En el plano de la universidad pública, la autonomía y el cogobierno


constitucional entregaron a las propias comunidades la posibilidad de
definir una parte importante de sus programas, órganos de gobierno
y dirección, en una lógica de descentralización, pero en el marco de
un modelo económico que empuja hacia la autofinanciación de la
universidad pública.

En conclusión, el cogobierno y la autonomía, se conceden


parcialmente, pero la gran dirigencia nacional ya no parece tener
tanto interés por la suerte de la universidad pública, entre otras
cosas, porque esta “autonomía” suelta parte del control de las
universidades y lo pone en manos de las propias comunidades
educativas.

Los alcances y limitaciones de la autonomía que recibieron las


comunidades universitarias en 1992, significaron en primer lugar, una
fracturación de la representación mental y social del “contradictor”,
pues, al calor de las viejas prácticas de contestación social,
profesores y estudiantes, acuñaron históricamente como una
totalidad representada en unas directivas universitarias, constituidas
generalmente por agentes externos, designados por mandato
presidencial, sin mayor participación de las comunidades
universitarias. Hecho que aconteció en el marco de una Ley de
Educación Post– Secundaria de 1980 que restringía académica,

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administrativa y financieramente el accionar de la Universidad
Pública.

La fracturación del “contradictor” se expresó en términos prácticos,


en que parte de las funciones y competencias que se le dieron a la
universidad pública, fundamentalmente consisten en administrar su
presupuesto, darse sus propios programas académicos, formular sus
estatutos y reglamentos, designar a sus propias directivas con la
participación de la comunidad académica.

Infortunadamente, para el Estado Social de Derecho y para la


sociedad colombiana, una buena parte de la experiencia social vivida
en estos años, demuestra –dolorosamente- que la puesta en práctica
del modelo de autonomía universitaria que acuñó la Constitución de
1991, en algunos casos, no ha estado exenta de las prácticas de
clientelismo, corrupción, corporatización de las instituciones y
apropiación privada de lo público que aquejan a la nación.

Así las cosas, el nuevo ordenamiento legal de la educación superior


incorpora en sus contenidos parte de las demandas y aspiraciones
construidas y defendidas históricamente por los universitarios –
especialmente los de la línea gremialista–, modificando parcialmente
el escenario en el cual se agitaban las diversas prácticas de
contestación social por la autonomía universitaria.

De allí que, independientemente de las valoraciones posibles sobre


los alcances reales de la Autonomía Universitaria Constitucional de
1991, respecto de las históricas aspiraciones de cogobierno de la
universidad, bien nos vendría algunas preguntas:

¿Cuál ha sido la capacidad real de las comunidades universitarias


para ejercer responsablemente la autonomía y el cogobierno de la
universidad? ¿Este nuevo escenario que acoge parte de las
reclamaciones sociales por el cogobierno universitario, en qué medida
ha modificado o reafirmado las demandas y prácticas de contestación
social de las comunidades universitarias?

En segundo lugar, la fracturación y cambio de escenario del


imaginario sobre la autonomía universitaria, se expresa en la
capacidad de gestión y de respuesta al entorno por parte de las
universidades públicas, puesto que la autonomía universitaria como
garantía constitucional no se presenta únicamente en el terreno
público de la educación superior, sino también en el sector privado.

Éstas nuevas libertades de reducir los trámites y requisitos para la


creación de programas y servicios, por ejemplo, pone a los dos
sectores en un estado de competencia, en el cual, el servicio público,
dada su cultura organizacional paquidérmica, posee notables rezagos
en la celeridad de sus acciones académicas y administrativas.
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Un primer balance de los efectos de la aplicación de la autonomía
universitaria, en materia de oferta de programas, por parte de las
instituciones privadas de educación superior, permitió al final del siglo
XX, corroborar el desmedido incremento en la creación y oferta de
programas académicos en condiciones de calidad poco convincentes36

En este cuello de botella se encuentra una piedra angular para el


examen del conflicto y de las prácticas de contestación social, que no
claudique en la función de contrapoder crítico de la universidad, pero
que tampoco niegue que, dadas las condiciones jurídico-políticas
actuales, hoy, las comunidades universitarias son en gran parte
responsables de la suerte de la universidad.

En relación con los sectores que llevan a cabo el enfrentamiento


callejero con la fuerza pública u otras prácticas de contestación social,
hoy se reclama por la contextualización histórica de sus actuaciones,
por la consistencia técnica de sus demandas y por su responsabilidad
respecto de la suerte y el destino de las universidades públicas como
un patrimonio social que debe estar, entre otros, al servicio de los
colombianos y colombianas que están excluidos de los bienes de la
educación y la cultura.

La universidad fue constitucionalmente nominada como ente


universitario autónomo, esto quiere decir que, no pertenece a
ninguna de las tres ramas del poder público y que puede designar a
sus propias directivas, darse su propia estructura y sus propios
programas.

Si para los sectores de la contestación social esta autonomía es


sinónimo de autofinanciación, en esa sana lógica, también ha de ser
sinónimo de responsabilidad. En éste sentido la Corte Constitucional,
precisó que:

“...ésta caracterización (ente universitario autónomo) no las hace (a


las universidades) ajenas a su entorno o irresponsables frente a la
sociedad y el Estado, el ejercicio de la autonomía implica para las
Universidades el cumplimiento de su misión a través de acciones en
las que subyazca una ética que Weber denominaría “ética de la
responsabilidad”, lo que significa que esa autonomía encuentre
legitimación y respaldo no sólo en sus propios actores, sino en la
sociedad en la que la Universidad materializa sus objetivos, en el
Estado que la provee de recursos y en la sociedad civil que espera
fortalecerse a través de ella”37

36 Para el caso examínese el libro: Saldo en Rojo de la Educación Superior. Crisis en la Educación Superior.
Constanza Cubillos Reyes. Planeta colombiana Editorial S.A. Bogotá. 1998.
37 CORTE CONSTITUCIONAL. Sentencia C-220. Abril de 1997.

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En el contexto de los aberrantes desequilibrios sociales y económicos
actuales del país, la autonomía universitaria constitucional de 1991,
puede ser una oportunidad para ayudar a materializar desde la
educación y la cultura, el destino mejor que merecemos todos los
colombianos.

Desde otra perspectiva, esa misma autonomía universitaria


constitucional, manejada institucionalmente de espaldas a la ética de
la responsabilidad social, puede ser la cuota inicial de un desastre
que –finalmente- termine por arrasar con la necesidad de contar con
unas universidades públicas robustas para cultivar y desarrollar el
pensamiento crítico y nuevas formas de organización y contestación
social, con la capacidad real de hacerle frente a las doctrinas egoístas
que hoy no solo amenazan la dignidad humana sino las más mínimas
posibilidades de vida en este planeta.

Personalmente, considero que la autonomía universitaria manejada


desde la perspectiva de las diversas vertientes del pensamiento
crítico universitario y de la ética de la responsabilidad social,
constituye una magnífica herramienta para fortalecer la universidad
como un patrimonio social y como una institución de la cultura, para
ponerla al servicio de las necesidades más apremiantes del país.

Bogotá, D.C., abril de 2018.

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