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1.

- Evaluación en psicología forense en el área, intelectual y


neuropsicológico

La evaluación en psicología forense de la conducta delictiva ha sido


durante mucho tiempo uno de los temas que más se han discutido y más
problemas han desarrollado en la investigación criminológica. Las
evaluaciones forenses tienen un propósito que es muy diferente de una
evaluación psicológica conducida con propósitos terapéuticos. El foco de
la evaluación forense es asistir a la corte y no al criminal acusado; la
identificación de problemas personales del individuo acusado pasa a no
ser una prioridad y usualmente no es relevante a la razón de la evaluación,
y el diagnóstico es a menudo un asunto secundario. En lugar de ayudar a
un paciente, el resultado de una evaluación forense es a menudo
condenatoria al acusado. El psicólogo es invitado a la corte con una
multitud de propósitos, entre ellos se encuentran evaluación de engaño o
simulación por parte del acusado, valoración del estado mental del
acusado, determinación de competencia para llevar a un individuo a juicio,
predicción de agresión, violencia o peligro para la sociedad por parte de
un individuo, interpretación de pruebas forenses, (Meltron, Petrila,
Poythress & Slobogin, 1998), apoyo para una defensa por problemas de
salud mental del acusado, ayuda con la selección del jurado, elaboración
de perfiles de criminales entre otros (Otto & Heilburn, 2002).

Antes de abordar el tema de la evaluación en psicología forense en el área


intelectual debemos detenernos a considerar que existe un amplio
consenso en considerar que la teoría del aprendizaje social es la
explicación más completa de la conducta delictiva, ya que se basa en la
interacción dinámica de factores cognitivos, emocionales y conductuales
(Redondo, 2015) La Teoría del aprendizaje social de Bandura (1977)
establece que el inicio y el mantenimiento de la conducta puede explicarse
a partir de los distintos tipos de reforzamiento, pues parte del supuesto de
que el comportamiento humano (incluido el delictivo) es aprendido y no
determinado por rasgos de personalidad, traumas infantiles o
determinantes biológicos, y que la observación de la conducta de los
demás es la base del aprendizaje. De este modo, existen conductas
delictivas, no personas delincuentes por naturaleza, y los mecanismos
básicos por los que se inicia, mantiene y/o elimina una conducta serían el
aprendizaje por asociación estimular (condicionamiento clásico), por
influencia de las consecuencias que siguen a la conducta
(condicionamiento operante) y a través de la imitación de modelo
(condicionamiento vicario). Esto no quiere decir que las características
individuales, la dotación hereditaria o el ambiente no influyan en la
conducta, sino que se influyen mutuamente, a través de lo que él
denomina el “determinismo recíproco” (Bandura, 1986).

Walters (1990, 2002) postuló que de cada uno de los cuatro patrones de
comportamiento propios del estilo de vida criminal se derivan dos
distorsiones cognitivas básicas, por lo que el delincuente emplea ocho
distorsiones cognitivas básicas que justifican la conducta delictiva.
Walters (1995) desarrolló el Psychological Inventory of Criminal Thinking
Styles (PICTS) para medir estos ocho estilos de pensamiento criminal,
que son: la irresponsabilidad, la impulsividad, la soberbia, la orientación al
poder, el sentimentalismo, el optimismo desmedido, la indolencia y la
inconstancia: 1) la irresponsabilidad, proceso por el cual el sujeto evita la
responsabilidad de sus actos, culpando a otros, y haciendo uso de
justificaciones y racionalizaciones de la conducta; 2) la impulsividad,
estrategia del delincuente para contrarrestar los controles tanto internos
como externos que puedan reducir o evitar la conducta delictiva, habilidad
que utiliza para eludir las posibles consecuencias de sus conductas, lo
que le permite eliminar la ansiedad, los miedos y los mensajes de
evitación; 3) la soberbia, estilo de pensamiento mediante el cual el
individuo adopta un estatus privilegiado para satisfacer todos sus deseos,
llegando a carecer de límites e identificar sus deseos como necesidades,
utilizando su deseo de conseguir bienes y dinero como justificación del
uso de cualquier medio para conseguirlos (Cromwell, Parker y Mobley,
2003); 4) la orientación al poder, induce al individuo a intentar controlar
todas las circunstancias que le rodean, adoptando una visión simplista del
mundo en el que las personas se dividen en fuertes y débiles; 5) el
sentimentalismo, medio egoísta de mejorar la propia imagen, mostrando
sus cualidades positivas y aparentando ser una buena persona; 6) el
optimismo desmedido, creencia de que se pueden evitar las
consecuencias negativas de la propia conducta, incluida la delictiva; 7) la
indolencia, distorsiones utilizadas para hacer frente a la incapacidad para
marcarse objetivos y perseverar en ellos hasta su consecución; 8) la
inconstancia, falta de habilidad para perseverar a pesar de las buenas
intenciones (Walters, 2001).

La neuropsicología estudia la relación entre los procesos psicológicos


complejos (lenguaje, memoria, planificación de conducta, atención,
control inhibitorio) y el sitema nervioso. la neuropsicología forense es la
neuropsicología aplicada a los asuntos legales.

A diferencia de la neuropsicología clínica, que determina si existe o no


deterioro neuropsicológico; la neuropsicología forense debe responder a
la denominada cuestión forense, esto es, si la disfunción afecta al suceso
bajo consideración legal o es resultado del mismo. El clínico trata de
ayudar al paciente, mientras que el forense ayuda al esclarecimiento de
la verdad.

Al hablar de la evaluación neuropsicológica entramos en el debate típico


entre los partidarios de emplear baterías de evaluación y los que abogan
por los protocolos de exploración que combinan pruebas de diferentes
orígenes. El empleo de las rígidas baterías neuropsicológicas está en
desuso y los profesionales optan por utilizar una serie de pruebas con
capacidad probada para informar sobre el proceso que se estudia y su
sustrato neural (barroso y nieto, 1997).

El paso previo al empleo de una batería o de un protocolo de exploración


es la recopilación de información del propio paciente y de su entorno
familiar, social y laboral. Esta información se recaba a través,
principalmente, de la entrevista clínica. Este historial clínico debe contener
datos del paciente referentes a su historia educativa, su nivel socio-
económico, historial de salud mental personal y familiar, historial de
consumos de tóxicos (león-Carrión y barroso, 2001). A esto se le debe
unir todos aquellos informes psicológicos, médicos y de neuroimagen que
existan sobre el paciente.

Sierra, jimenez y bunce (2006) señalan dos baterías de pruebas de


evaluación de interés en la neuropsicología forense: el luria-DNA para
adultos y el test Barcelona. Añadimos, además, la batería Halstead-Retain
(HRB).

a) El luria-DNA (Manga y Ramos, 2000) incluye nueve test


distribuidos en cinco áreas diferentes: viso espacial, lenguaje oral,
memoria, inteligencia y atención:
- Área viso espacial: se exploran las funciones visuales
superiores. Se puede diferenciar entre déficits viso espaciales
o de lenguaje pues el sujeto tiene que responder verbalmente a
las tareas. Incluye un subtest de percepción visual y otro de
orientación espacial.
- Área del lenguaje: se evalúa, con dos subtests diferentes, el
habla receptiva y el habla expresiva.
- Área de memoria: la exploración incluye tareas de curva de
aprendizaje de palabras no relacionadas, evocación en tareas
verbales y no verbales y memorización lógica.
- Área intelectual: se analiza la comprensión de mensajes
proporcionados a través de dibujos y textos (subtest de dibujos
temáticos y textos) y la formación de ideas abstractas y la
capacidad para resolver problemas (subtest de actividad
conceptual y discursiva).
- Control atencional: se evalúa la atención-concentración con
respuestas de contrarios, verbales y no verbales, con inhibición
de respuestas automatizadas, asociación de respuestas a
sonidos difíciles de discriminar entre sí y el seguimiento de
palabras que no contengan un determinado sonido vocálico.

En cada ítem se tiene en cuenta el tiempo y las vacilaciones restan


¼ de punto a la puntuación directa del test. Las puntuaciones
directas obtenidas de cada test se transforman en puntuaciones
típicas que permiten elaborar un perfil
b) El Test de Barcelona Revisado (Peña-Casanova, 2005) permite
una interpretación cuantitativa y cualitativa del paciente, que tiene
que ser mayor de 20 años. Se obtiene un perfil que nos aporta
datos sobre orientación, atención y concentración, lenguaje (oral,
escritura y lectura), praxias, gnosias, memoria, abstracción y
cálculo y solución de problemas. Incluye un total de 41 subtests
que dan lugar a 147 puntuaciones diferentes.

c) La Batería Halstead-Retain (Reitan and Wolfson, 1993, citado por


Lezak y cols. 2004) se compone de siete test principales y cuatro
test auxiliares. Esta prueba asume la evaluación neuropsicológica
como una aplicación de la psicometría (Portellano, 2005) La
batería ha ido desarrollándose y completándose con diversos test
desde su creación en 1947, con cada vez más revisiones. Sin
embargo, pese a su amplio uso no se dispone de baremos
españoles, por lo que su uso en el ámbito judicial español está
bastante limitado.

la comunicación de los resultados de la evaluación del neuropsicólogo


forense se realiza de dos maneras: mediante un informe escrito y la
exposición oral del mismo durante el juicio, siempre que así se requiera.
En ambos casos, el profesional debe tener muy presente los siguientes
artículos del Código Deontológico del Psicólogo (Colegio Oficial de
Psicólogos, 1993):

- Artículo 12: “El/la Psicólogo/a será sumamente cauto, prudente y crítico,


frente a nociones que fácilmente degeneran en etiquetas devaluadoras y
discriminatorias, del género de normal/anormal, adaptado/inadaptado, o
inteligente/deficiente”.

- Artículo 48: “Los informes psicológicos habrán de ser claros, precisos,


rigurosos e inteligibles para su destinatario. Deberán expresar su alcance
y limitaciones, el grado de certidumbre que acerca de sus varios
contenidos posea el informante, su carácter actual o temporal, las técnicas
utilizadas para su elaboración, haciendo constar en todo caso los datos
del profesional que lo emite”.
2.- libros e investigaciones:

a) Libros relacionados a la psicología forense:

- Sin conciencia: el inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean.


(Robert Hare)

-Trastornos de la personalidad en la vida moderna (Theodore Millón)

- Pederastia, pedofilia, celibato y religión (Guilermo palomo Uribe)

- Conducta Antisocial, un enfoque psicológico (Arturo Silva)

a) Investigaciones nacionales:

- Herrera, D; Morales, H. (2005) Comportamiento antisocial durante la


adolescencia: teoría, investigación y programas de prevención por de
la Universidad Pontificia de la Universidad Católica del Perú Nacional
Mayor de San Marcos, Revista de Psicología de la PUCP. Vol. XXIII.

- Arosquipa, S. (2017). Autoconcepto y conducta antisocial en


adolescentes del programa de prevención del delito del Ministerio
Público de Lima, 2016(Tesis para licenciatura). Universidad Peruana
Unión, Lima.

- Ponce, C (2013). conductas antisociales-delictivas y satisfacción


familiar en grupos de estudiantes de quinto de secundaria de lima
metropolitana pertenecientes a diferentes estratos socioeconómicos,
Revista de Investigación en Psicología, Vol.6 No.1.

- Garcia, E. (2016). Conductas antisociales y resiliencia en


adolescentes infractores de la ciudad de Chiclayo. Tesis de
investigación.
- Bonilla, F. (2014). Búsqueda de sensaciones y conducta antisocial en
estudiantes de secundaria del distrito de Puente Piedra. Investigación
Universidad César Vallejo - Lima Norte.

b) Investigaciones internacionales:

- Sanabria, M; Uribe, F. (2009). Conductas antisociales y delictivas en


adolescentes infractores y no infractores. Pontificia Universidad
Javeriana – Cali (Colombia).

- Ortiz, M; Sánchez, L; Cardenal, V. (2002). Perfil psicológico de


delincuentes sexuales. un estudio clínico con el mcmi-ii de th. Millón.
Revista de Psiquiatría, Facultad de Medicina de Barcelona, (2002), 29,
3, 144- 153.

- Leon, E; Suñiga, D. (2012). Características psicopáticas en la


adolescencia: sistematización teórica. Universidad Nacional de La
Plata, Buenos Aires, Argentina

- Mencía, A Ph.D; Garrido, L, Ph.D; Fernández, N Ph.D. Auto-


Percepción de Factores Causales de la Delincuencia en Adolescentes
Recluidos en la República Dominicana. Decanato de Investigación
Académica, Universidad Iberoamericana

- Yareni, A. (2014). La conducta antisocial y los ambientes en los que


se desarrolla: caso de los menores del centro especializado de
readaptación y tratamiento para menores infractores nº1 del estado de
Durango. instituto de investigaciones sociales maestría en ciencias
sociales con orientación en desarrollo sustentable.
3.- Métodos y técnicas de evaluación en el tratamiento de
delincuentes.

Referente a la evaluación psicológica del delincuente existen algunas


pruebas que pueden ayudar a identificar factores psicológicos específicos
que juegan un papel en la violencia, pero cada evaluación está a menudo
en el dominio de la investigación psicológica más que del trabajo forense.
En el trabajo clínico aplicado, las razones para llevar a cabo la evaluación
psicológica de un delincuente son bastante limitadas. Las evaluaciones
psicológicas son requeridas si hay una duda acerca de la competencia del
acusado para ser juzgado. Algunos criminales llevan a cabo una defensa
que involucra preguntas relacionadas con su salud mental; por ejemplo,
amnesia, personalidad múltiple, o psicosis reactiva. En algunos países
que tienen la pena capital, una evaluación psicológica es un
procedimiento estándar antes de la iniciación de un juicio que puede
conducir a tal pena.

El procedimiento más importante para evaluar criminales es la ya


conocida entrevista clínica y la habilidad más importante que el psicólogo
necesita es la experiencia que deriva de esta (Groth-Marnat, 2003). La
segunda fuente de datos más importante son los archivos y la información
de otras personas. Las pruebas psicológicas a menudo proveen
información valiosa, aunque los resultados pueden ser sesgados o
invalidados por muchos factores, el más importante de los cuales es mala
intención o engaño. En un sentido general, el acusado puede fingir una
enfermedad psiquiátrica o retardo mental, rehusarse a participar en la
evaluación o a responder preguntas, responder al azar a una prueba de
personalidad objetivo tal como el MMPI, dar respuestas bizarras a
pruebas tales como el Rorschach o el Test de Apercepción Temática. De
hecho, el problema más común que enfrentan los psicólogos que
conducen evaluación de criminales es el engaño (Gregory, 2001). Si bien
no existe un sistema perfecto para la identificación de engaño durante la
evaluación psicológica, Rogers, Bagby & Dickens (1992) han desarrollado
un instrumento para la valoración de la simulación, la Entrevista
Estructurada de Síntomas Reportados (SIRS por sus siglas en inglés) la
cual consiste en 8 escalas principales: síntomas raros, combinaciones de
síntomas, síntomas improbables o absurdos, síntomas flagrantes,
síntomas sutiles, gravedad de los síntomas, selectividad de los síntomas
y síntomas informados contra observados.

El primer criterio para la evaluación con delincuentes es que el psicólogo


tiene que determinar si el acusado entiende los cargos contra él y los
procedimientos de la corte y si es capaz de ayudar a su abogado en su
propia defensa. A menudo este criterio implica determinar si el acusado
tiene un retardo mental en los términos definidos por el código criminal. El
primer problema potencial es asumir que el sistema legal define retardo
mental con los mismos criterios de salud mental. En el Manual de
Diagnóstico y Estadística (DSM IV) de la Asociación Psiquiátrica
Americana, el retardo mental leve es definido como una limitación
significativa en la habilidad intelectual con un puntaje de C.I. de menos de
70 (con alguna tolerancia entre puntajes de 70 y 75), así como un déficit
correspondiente en el comportamiento adaptativo.

Puede ser más difícil evaluar engaño cuando una persona presenta
síntomas psicóticos. Sin embargo, muchas veces la persona no ha tenido
experiencias con individuos verdaderamente psicóticos y su presentación
de síntomas es bizarra o inclusive tonta. Usualmente es posible
determinar en la entrevista clínica que no tiene síntomas consistentes con
psicosis, o que reporta tantos síntomas que el rango es inconsistente con
la presentación común de psicosis. Estas personas usualmente dicen
tener síntomas que les son sugeridos, y algunas veces es útil obtener su
afirmación de síntomas bizarros a fin de exponer el engaño; por ejemplo,
se les puede preguntar si las voces que escuchan están acompañadas de
un olor a rosas y una rasquiña dolorosa en la espalda. La técnica de
manchas del Rorschach es una prueba que puede ser de utilidad en el
momento de evaluar una psicosis falsa; sólo un criminal extraordinario
sabría qué tipo de respuestas daría un psicótico en el Rorschach. El falso
psicótico usualmente dará respuestas bizarras y dramáticas, tales como
“dos personas con sus cabezas separadas” o “satán sosteniendo el pene
de alguien más en su mano”. Una persona psicótica tiende a dar
respuestas que involucran una lógica autista o combinaciones fabuladas
tales como “debe ser un guerrero samurai porque a los japoneses les
gusta las manchas de tinta”, o “es una rata persona porque esta parte
parece una rata y esta otra parte parece una persona”. A pesar del
potencial uso del Rorscach en estos casos, algunos autores recomiendan
precaución en el uso de pruebas de tipo proyectivo en la evaluación
psicológica de delincuentes (Goodman, 1988).

Po otro lado un acusado criminal o un litigante que reportan que tienen


daño cerebral, una evaluación psicológica es un método valioso de
determinar la veracidad de esta afirmación. La neuropsicología estudia la
relación entre el cerebro y el comportamiento; sabemos la función que
diversas áreas del cerebro llevan a cabo y hay formas de evaluar cada
una de estas funciones. Por ejemplo, la memoria verbal es una función
del lóbulo temporal izquierdo y la memoria visual es una función del lóbulo
temporal derecho. El lado derecho del cuerpo es controlado por el
hemisferio izquierdo del cerebro y el lado izquierdo del cuerpo es
controlado por el hemisferio derecho del cerebro. Las relaciones
espaciales son funciones del lóbulo parietal derecho y el lenguaje
receptivo es una función del lóbulo parietal izquierdo. Cuando una
persona está fingiendo un daño cerebral no sabe qué funciones o
habilidades residen en diferentes partes del cerebro y usualmente
presentan un patrón de disfunción inconsistente con su función. Por
ejemplo, él puede exhibir una discapacidad profunda en memoria verbal,
relaciones espaciales, razonamiento verbal y no verbal, y problemas
bilaterales en discriminación sensorial y control motor fino, pero presentar
un funcionamiento intacto en memoria visual, lenguaje y memoria a largo
plazo o conocimiento general. Este patrón de daño no tiene sentido. Es
común que las personas piensen que deberían pretender una
discapacidad seria en todas las pruebas, lo cual sólo podría ser
interpretado como un daño cerebral global tan severo que la persona
debería estar en coma.
El segundo criterio, que la persona es capaz de distinguir entre lo correcto
y lo incorrecto, está relacionado con el criterio de ser competente para ser
juzgado. La información obtenida de la entrevista y de los datos históricos
puede usualmente establecer que la persona nunca ha tenido dificultades
en evaluar la realidad. Las respuestas a pruebas psicológicas (como la
técnica proyectiva de Apercepción Temática) también pueden ser de
ayuda. El TAT consiste en inventar historias acerca de dibujos de
personas y la mayor parte de la gente dice historias que involucran a
alguien siendo castigado por una acción incorrecta. Es difícil inventar
varias historias acerca de la interacción entre personas que no contengan
una connotación de bueno o malo. El asunto de la competencia que
implica la consideración de si una persona puede ayudar en su propia
defensa es discutida por los abogados. Usualmente, es mejor si el
psicólogo presenta los datos lo más claramente posible y permite al fiscal
y a la defensa discutir el asunto; ese es su rol y ellos usualmente se
resienten con un psicólogo que trata de usurpar su función haciendo un
pronunciamiento apasionado en algún sentido. Después de todo no es la
decisión del psicólogo la que cuenta sino la decisión del juez.

Se han desarrollado pruebas psicométricas para evaluar problemas


específicos de conducta antisocial. Entre ellas, podemos encontrar
pruebas desarrolladas con objetivos específicos como el ABEL, prueba
para evaluar agresores sexuales, pero también encontramos pruebas que
fueron desarrolladas con otros propósitos y que son adaptadas para
comprender factores psicológicos asociados con criminalidad. En
particular, el MMPI (Minnesota Multiphasic Personality Inventory) ha sido
utilizado como una prueba para hacer predicciones acerca del
comportamiento de los delincuentes (Hathaway y Monachesi, 1963;
Lundman, 1993) y la conducta de los convictos en las cárceles. Este
trabajo ha sido realizado por Edwin Megargee, quien desarrolló un
sistema de clasificación basado en el MMPI para uso en las prisiones.
Durante los pasados 18 años, el Dr. Megargee, Profesor de Psicología de
la Universidad Estatal de Florida y Psicólogo del Instituto Correccional
Federal de Estados Unidos en Tallahassee, Florida, ha trabajado con un
equipo de investigadores en el desarrollo de un sistema de clasificación
para el MMPI-2 que puede ser usado efectivamente en el sistema
carcelario. El MMPI es una prueba objetiva de personalidad que consiste
en 566 preguntas de verdadero/falso. Esta es la prueba psicológica más
comúnmente usada para evaluar un amplio rango de problemas
psicológicos y emocionales potenciales. El MMPI contiene tres escalas de
validez que comúnmente se denominan Mentir, Fingir Mal y Fingir bien.
Las escalas de validez proveen información acerca de la manera en que
la persona respondió a las preguntas de la prueba: por ejemplo, la persona
podría haber estado tan altamente defensiva que negó aun las faltas
humanas comunes, o pudo haber seleccionado un número improbable o
extremo de ítems negativos. Hay ocho escalas clínicas principales y dos
escalas que se consideran no clínicas. Las 8 escalas clínicas incluyen:
Hipocondriasis, Depresión, Histeria, Desviación Psicopática, Paranoia,
Ansiedad, Esquizofrenia e Hipomanía (Manía). Las dos escalas no
clínicas son Masculinidad/Feminidad y Introversión/Extroversión Social.
Existen cientos de subescalas que han sido desarrolladas para el MMPI,
pero el análisis del perfil de personalidad está basado en estas escalas
principales y son esas las únicas usadas en el sistema de clasificación
desarrollado por Megargee (1995).

Referente al tratamiento, los delincuentes suelen verse obligados a


solicitar tratamiento como consecuencia de un ultimatun, como una
posible sentencia de prisión, en la mayoría de los casos los sujetos son
refractarios al cambio, aunque afirmen reiteradas veces que “han
aprendido la lección”. Dado que los disóciales no tienen consciencia o esta
es defectuosa, los limites deben provenir del exterior, las consecuencias
de sus actos sobre los demás no son de su incumbencia. Los antisociales
carecen de empatía y de introspección y su consciencia es deficitaria. Lo
más probable es que las formas habituales de terapia, sobre todo la
terapia individual, sean muy ineficaces. En realidad, la mayoría de
intervenciones están dirigidas de forma implícita a contenerlos, y se
plantean objetivos modestos de cambio. Esto tiene un sentido práctico.
Dado que los antisociales carecen de consciencia, la sociedad solo puede
hacer dos cosas: actuar como si fuera su consciencia o sufrir las
consecuencias de su comportamiento.

Con todo, algunos clínicos creen que la posibilidad de una mejora real se
incrementa con la edad del individuo antisocial. A medida que el trastorno
comienza a apagarse debido al declive físico y a causa del deterioro quizá
acelerado por los años de abuso de sustancias y de vivir al límite, algunos
antisociales pueden acabar agotándose por sus continuos choques con
las fuerzas de la sociedad.

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