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1- ¿Qué es la fábula?

La fábula es un texto narrativo, en ella se relata una historia ficticia, escrita en prosa o en verso. Sus personajes a menudo
son animales que actúan o personifican seres humanos. Su principal propósito es dejar una enseñanza y lo hace a través
de la moraleja que a menudo suele aparecer al final del texto.

La fábula utiliza la personificación, que es un recurso que consiste en atribuir cualidades humanas a los animales o
sea ellos sienten, piensan, y actúan como personas.

Como todo texto narrativo, las fábulas presentan una estructura con un principio, un desarrollo y un desenlace.

Lee esta fábula que nos dejará una enseñanza de solidaridad.

"El ratón y el león agradecido".

Se hallaba un día durmiendo un león y un ratón empezó a retozar encima de su cuerpo.

De pronto, el león se despertó y atrapó al ratón, lo tomó con fuerza y cuando ya iba a comérselo, el ratón le pidió que lo
soltara y le prometió que si le perdonaba la vida, le pagaría cumplidamente. El león se echó a reír y dejó marchar al ratón.
Poco tiempo después el rey de la selva vivió una situación complicada: mientras dormía plácidamente, fue atrapado por unos
cazadores que lo ataron a un árbol con una cuerda.
El ratón que estaba cerca lo oyó gemir su desconsuelo y corrió hasta donde estaba y comenzó a roer la cuerda hasta que le
devolvió la libertad al león. Se sentó a su lado y le habló:

-En otra ocasión te burlaste de mí, porque no esperabas mi agradecimiento; bueno es que ahora sepas que también los
ratones somos agradecidos.

“Los más pequeños también pueden ayudar a los más grandes”.

Cornelio y Bartolo, dos lagartos diferentes


En medio del tupido follaje, muy cerca del estero con sus cristalinas aguas, dos
jóvenes lagartos tomaban el sol sobre unas resbaladizas rocas. Constantemente
oteaban el entorno con sus pequeños ojos, atentos al peligro o al ataque imprevisto
de algún depredador. Con sus ajustadas ropas verde y turquesa, que se confundían
con las hojas., Cornelio y Bartolo hablaban sobre el pasado y el futuro de su especie.
-No te debes olvidar de que somos descendientes de los dinosaurios; ellos fueron
nuestros antepasados, por eso no debes tener miedo –dijo Cornelio, muy orgulloso, y
se echó a reír.
-Por eso mismo estoy preocupado. Ellos fueron amos del mundo, pero se murieron
todos cuando el clima cambió la Tierra. Y lo mismo nos puede pasar a nosotros –
respondió Bartolo con voz muy suave y melancólica.
El calor sofocante invitaba a las avecillas del bosque a disfrutar de las aguas del estero,
con las que refrescaban sus plumas y sus gargantas, mientras los lagartos con sus
largas colas extendidas seguían pegados a las rocas como si estuvieran tallados en las
piedras sin que nada ni nadie los inmutara.
-Oye, amigo, sabes que estoy cansado. Ni te imaginas la flojera que tengo. Incluso
si apareciera una rica mosca, no tendría ánimo ni para sacar la lengua y atraparla –
dijo Cornelio. Abriendo la boca y bostezando con los ojos semicerrados.
Súbitamente, Bartolo dio una voz de alarma:
-Cornelio, arranca, vi un aguilucho entre los árboles, date prisa, que no nos vea…
Los dos amigos simultánea y ágilmente dieron un salto y corrieron por la hierba,
perdiéndose entre los agujeros de las rocas, mientras el ave rapaz pasaba sobre sus
cabezas buscando algo que comer.
Cornelio y Bartolo, luego del susto y una vez alejado el peligro, cautelosamente
volvieron a la roca y reanudaron su conversación.
-Cornelio, ¿te has fijado que ahora hay pocas moscas y pocos insectos en la comarca?
Dicen que ese humo negro que rodea la ciudad y está llegando al campo está acabando
con nuestros alimentos. Tal vez nos ocurra lo mismo que a los dinosaurios.
Cornelio quedó pensativo. Por primera vez se dio cuenta de que a ellos también les
podía ocurrir una desgracia similar. Luego de una prolongada pausa exclamó:
-Bartolo, creo que tienes razón; nuestro alimento se está acabando. Ya casi no hay
zancudos ni polillas, una que otra mariposa y casi ninguna chinita; sólo hay abejas,
pero también menos que antes. Quizás tengamos que acostumbrarnos a otro tipo
de alimentos.
-Tal vez. ¿Pero qué haremos con el aire contaminado? ¿Y las aguas contaminadas?
¿Y las frutas bañadas en pesticidas? Los dos pequeños reptiles cruzaron sus miradas
y se callaron.
-Sabes, amigo Bartolo…, te pido disculpas. Pensándolo bien, cada día el mundo va
cambiando y cada vez es más difícil vivir. Es más, te debo hacer una confesión.
-¿Qué es lo que tienes que decirme? -acotó Bartolo, rascándose la cabeza con un gran
signo de interrogación sobre los ojos.
-Sabes…, las moscas que he comido estos últimos días me saben distintas, son ácidas
y me provocan una picazón en la lengua. Ahora creo saber la causa… Estamos
envenenándonos.
Bartolo levantó la vista hacia el horizonte y con voz alarmada dijo:
-Cornelio, mira el cielo. Esa nube negra se aproxima rápidamente, lo mismo que el
aguilucho. Huyamos de aquí si queremos conservar el pellejo.
Y Bartolo y Cornelio se internaron en la espesura del bosque muy triste frente a lo
que veían sus ojos. Ahora el peligro estaba en el ambiente, se había convertido en su
sombra y los acompañaba a todas partes.
Eduardo Urzúa
Fuente: Fábulas ecológicas para niños del siglo XXI
1. De la fábula “Cornelio y Bartolo, dos lagartos diferentes”, se infiere que:

2.¿Qué sentimientos se expresan en el relato?

3.Bartolo se encuentra preocupado porque:

4.Cuando apareció el aguilucho, ambos lagartos huyeron hacia:

5.¿Cuál es el propósito del texto?

6.¿Qué enseñanza nos deja esta fábula?

7.En la oración “Súbitamente, Bartolo dio una voz de alarma:” La palabra destacada se puede
reemplazar por:
8.En la oración “Por primera vez se dió cuenta de que a ellos también les podía ocurrir una desgracia
similar” La palabra destacada se puede reemplazar por: