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UNIVERSIDAD POLITÉCNICA SALESIANA

Ética
Nombre: Samantha Gavilema
Fecha de entrega: 17 de enero del 2018
Tema: Ética dialógica y moral cristiana
Ética dialógica

La ética dialógica está basada en el estudio de las estrategias de dialogo y comunicación entre los
individuos, porque afirma que solo de este modo se puede construir un mundo moral.

Se puede considerar que esta ética es el fundamento armónico de la sociedad porque se encarga de
velar por las condiciones comunicativas o lingüísticas de las personas, por esto es llamada muchas
veces ética del lenguaje o de la comunicación, se preocupa por la forma en la que los grupos de
personas pueden elaborar códigos y normas morales comunes que beneficien a todos los miembros
de la humanidad.

En una sociedad armónica es muy importante el respeto a las personas así como el respeto a los
derechos humanos, la ética dialógica sostiene que las normas morales han de ser fruto de un
acuerdo basado en el dialogo argumentativo en condiciones de igualdad entre personas racionales
y libres.

Las éticas dialógicas son, por tanto, éticas del discurso, que sitúan los mandatos que constituyen
el deber, en las normas que resultan del acuerdo al que haya llegado cada persona después de haber
argumentado racionalmente la defensa de su posición. En las éticas dialógicas el hombre bueno o
correcto es aquel que se encuentra dispuesto a resolver las situaciones de conflicto mediante un
discurso argumentado o un dialogo encaminado a lograr un consenso y se está dispuesto a sí mismo
a comportarse como se haya decidido en dicho acuerdo.

Las éticas dialógicas inciden en el estudio de las estrategias de diálogo entre los individuos porque
han llegado a la conclusión que sólo de este modo se puede construir un mundo moral. Es en una
búsqueda conjunta de todos los miembros de una sociedad como se puede llegar a valores morales
positivos y no indagando en una naturaleza humana en abstracto, desde la mera investigación en
un gabinete de filosofía. En este sentido las éticas dialógicas se ven como superadoras de un
excesivo teoreticismo que estaría presente en gran parte de las éticas anteriores (incluyendo a Kant
y a los utilitaristas), y que, desde una óptica personal, ya había denunciado Nietzsche.

La ética dialógica dice hundir sus raíces en la tradición del diálogo socrático y coincide con ser
una ética normativa. Las éticas del diálogo hablan también de satisfacer necesidades e intereses
pero recuperan el valor del sujeto por otro camino: como interlocutor competente en una
argumentación.
Las éticas dialógicas consideran que son los sujetos humanos quienes tienen que configurar la
objetividad moral. La objetividad de una decisión moral no consiste en la decisión objetivista por
parte de un grupo de expertos sino en la decisión intersubjetiva de cuantos se encuentran afectados
por ella.

Son pues los afectados quienes tienen que decidir qué intereses debe ser primariamente satisfecho
pero para que tal decisión pueda ser racional, argumentable, no dogmática, el único procedimiento
moralmente correcto para alcanzarla será el diálogo que culmine en un consenso entre los
afectados.

Las éticas dialógicas tienen que suponer como criterio de la verdad moral una situación ideal de
diálogo, expresiva de una forma ideal de vida, en la que se excluya la desfiguración sistemática de
la comunicación, se distribuyan simétricamente las oportunidades de elegir y realizar actos de
habla y se garantice que los roles de diálogo sean intercambiables.

La ética dialógica incluye los siguientes supuestos: 1) que quienes argumentan hacen una opción
por la verdad, lo cual significa que la argumentación es imposible sin una opción moral; 2) que
esta opción sólo resulta coherente si quienes optan postulan una comunidad ideal de
argumentación, en la que la comprensión entre los interlocutores será total; c) que de este postulado
se deriva un imperativo: promocionar la realización de la comunidad ideal de argumentación en la
comunidad real.

Apel entiende que “todas las necesidades de los hombres, como pretensiones virtuales, han de
hacerse peticiones de la comunidad de comunicación, peticiones que se armonicen con las
necesidades de los restantes por medio de la argumentación”.

Podemos concluir que tanto el principio ético kantiano por el cual se prescribe en forma definitiva
le respeto y promoción de toda persona y el principio dialógico por el cual se excluye como
ilegítima cualquier norma no acordada por los afectados por ella en pie de igualdad, constituyen
la base de la vida democrática.

La ética del discurso o dialógica propuesta por Habermas propone en primer lugar que terminemos
con el paradigma de la conciencia, y que hagamos depender la racionalidad ya no directamente del
sujeto sino de la intersubjetividad y examinemos de este modo el pensamiento hacia una lógica de
descentramiento del ego.

Moral cristiana

La Moral Cristiana nace y se nutre de la fe en Jesús de Nazaret confesado como Cristo y aceptado
como la norma incondicional de la praxis cristiana. Las expresiones de ese peculiar aliento ético
son múltiples y variadas : en el creyente actúa la sensibilidad ética nueva que se encauza a través
del discernimiento histórico-salvífico.
Las decisiones brotan de la opción fundamental de la conversión y se concretan en actitudes
coherentes con la intencionalidad básica de la caridad ; el cristianismo percibe y practica en los
valores direcciones particulares que se traducen en preferencias éticas a construir el reino de Dios.
El resultado de estas peculiaridades es la constitución de un universo moral nuevo: el de la moral
vivida de los cristianos y el de la moral formulada de la reflexión teológica.

El cristianismo no es esencialmente una moral. No pertenece ni siquiera al tipo de religiones que,


como el budismo, funcionan a modo de "sabidurías morales". El cristianismo es fundamentalmente
un ámbito de sentido trascendente (fe) y de celebración religiosa (simbólica sacramental).

Sin embargo, al cristianismo le corresponde como un elemento imprescindible el realizar una


praxis histórica en coherencia con la fe y la celebración cultural. De otro modo sería una realidad
alienada y alienante. Si la fe y la celebración religiosa exigen el compromiso transformativo
intramundano, la moral vivida del cristianismo no es otra cosa que la mediación práxica de esa fe
y esa celebración.

Moral predicada por la religión cristiana. Los teólogos tratan de hacer pasar las normas de la moral
cristiana por las de toda la humanidad, y la moral cristiana misma, por la más sublime y humana,
apelando al mandamiento del amor al prójimo. Desde este punto de vista, el ser absolutamente
moral, es sólo Dios que actúa también como único juez moral legítimo. La máxima virtud moral
que puede ser referida al hombre es la esperanza incondicional en la benevolencia de Dios.

Se reconoce como otra virtud importante el perdonar a todos, que también se deduce del carácter
pecaminoso del hombre. En el cristianismo, que surgió históricamente como religión de los
oprimidos, hallaron su reflejo también los anhelos de las masas (en particular, la idea de la
fraternidad de todos los desdichados, del amor al prójimo, &c.).

La Iglesia volvió estos mandamientos contra las masas mismas, predicando el amor universal, la
sumisión y la resignación. La Iglesia vincula la recompensa de los oprimidos por sus sufrimientos
y el triunfo de la justicia con el “reino de Dios”, cuyo advenimiento depende en última instancia
de la voluntad de Dios.

En primer lugar tal como dijimos antes la moral cristiana es primordialmente el seguimiento de
Jesús de Nazaret, es entregar la vida por las y los demás “no hay más amor que aquel que entrega
la vida por sus amigos” es hacer aquí y ahora lo que Jesús hizo en su tiempo.

La moral tiene que responder a los problemas de hoy que afectan la vida de la humanidad. Es por
eso que la moral cristiana exige ser persona nueva para una nueva sociedad es una exigencia de
amor y entrega total al otro y a la otra.