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Universidad Pedagógica Nacional


Licenciatura Filosofía
Luisa Fernanda Barrero G.
Seminario de Schopenhauer
Paula A. Gutiérrez Z. #2013132014

Sobre estética Schopenhaueriana – Parte I

En Schopenhauer podemos evidenciar lo bello y lo sublime al estilo que Kant lo expresaba,


sin embargo, éste muestra una separación a la estética kantiana debido a su teoría de la
voluntad y objetivación, en donde, al parecer, surgiría (desde mi punto de vista) lo que podría
llamarse experiencia estética en Schopenhauer, cuyo principio parece ser que apunta bastante
a la contemplación, la genialidad y el genio. Este escrito pretende dar cuenta de la estética, a
su vez, de la experiencia estética que se evidencia en la obra El mundo como voluntad y
representación de Schopenhauer. Expresando de antemano que en este texto solo se hablará
en tanto pintura y poesía, tratando de encontrar puntos afines con poesía de Charles
Baudelaire y buscando afinidades con los movimientos artísticos que apuntan a esta teoría
estética.

Lo sublime y lo bello

Cuando se mencionan estos dos términos, a saber, lo sublime y lo bello, nos estamos
refiriendo a un sentimiento que yace en el ser humano, expreso con claridad que es en el ser
humano ya que este es consciente de lo que percibe y genera razonamientos a partir de esta
percepción, podría situarse dentro de los principios de razón, en donde el sujeto conoce a
partir de: tiempo, espacio, causalidad y posteriormente, en teoría Schopenhaueriana, voluntad
o querer. Esto con el fin de ahondar en teoría estética, la cual es el fin de este escrito. No
obstante, es pertinente mencionar que para llegar y entender esta teoría estética es relevante
leer los dos primeros libros de El mundo como voluntad y representación.

Ahora bien, partiendo de la anterior introducción, comenzaré a explicar el punto al que no


remitimos, es decir, una aproximación estética en Schopenhauer, en este apartado
específicamente a lo sublime y lo bello, los cuales como ya había mencionado pertenecen a
un sentimiento que yace en el ser humano.

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Cuando hablamos de lo Sublime Schopenhauer expresa que hay un desprendimiento del que
siente esa sensación, es como una superación violenta de la relación con el objeto,
evidentemente será el objeto de contemplación, esa superación indicaría una elevación por
encima de la voluntad, en palabras de Schopenhauer: “En lo sublime aquel estado de
conocimiento puro solo se gana tras desprenderse consciente y violentamente de las
relaciones del mismo objeto con la voluntad, conocidas como desfavorables, a través de una
elevación libre y consciente por encima de la voluntad y el conocimiento referente a ella”
(Schopenhauer, § 39. 238) Como se ha dicho, ese sentimiento de lo sublime es como
experimentar una tormenta o un terremoto, en ese momento, el humano es invadido por un
sentimiento que genera dicotomía en él una sensación de displacer y placer que chocan en el
centro de su alma y se manifiestan a lo largo de su recorrido en su cuerpo. Algunos se
impacientan y creen que es temor lo que sienten, otros generan ansiedad y le denominan
adrenalina, pero en realidad es el más puro sentimiento de lo sublime, aunque tiene la
peculiaridad de ser un estado de conocimiento puro, no sería entonces, la adrenalina ni el
temor en sí, sino el pleno conocimiento de esa sensación, no sería como el instinto animal
que permite a estos huir del peligro para ponerse a salvo, y sin embargo, se ve parecido al
sentimiento que genera en el hombre, pero este por el contrario no se entrega a su instinto sin
prever lo que podría suceder, este prefiere racionalizarlo, se plantea pensamientos, caso
contrario al de los animales que se guían por su puro instinto, es válido aclarar que remito a
ese mismo instante en el que se presenta dicha situación de la tormenta o el terremoto, más
no en todos los aspectos cotidianos que puede vivir.

Este sentimiento se podría asemejar a las dos primeras estrofas del poema: “Canto de otoño”
de Charles Baudelaire, cito:

Pronto nos hundiremos en las frías tinieblas

¡Adiós, viva claridad de nuestros menguados estíos!

Escucho ya caer con resonancias fúnebres

La leña retumbante sobre el empedrado de los patios.

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Todo el invierno va a penetrar en mi ser: cólera,

Odio, estremecimientos, horror, trabajo duro y forzado,

Y, como el sol en su infierno polar,

Mi corazón no será más que un bloque rojo y helado.

(Baudelaire, FM, LVI, I)


Si analizamos lo que el autor expresa en estas líneas de su poema, podemos apreciar rastros
del sentimiento de lo sublime, al mencionar hundirse en las frías tinieblas y posteriormente
expresar que el invierno penetrará su ser y lo que esto causa en él, no hay otra explicación
que dar, más que la sensación de lo sublime, de la voluntad de la naturaleza manifestando su
fuerza y, el hombre, superando esa voluntad del objeto, en este caso el invierno, y llegando a
un puro conocimiento de ésta, lo sublime.

Es claramente posible también encontrarlo en una pintura, pese a que no me arriesgaré a


mostrar un movimiento artístico, sin antes explorar a cuál podría pertenecer Schopenhauer,
mencionaré obras que pueden demostrar ciertos conceptos en su teoría estética. Un ejemplo
que suele pertenecer al término de lo sublime en la pintura es: El caminante sobre el mar de
nubes de 1818 por el pintor Caspar David Friedrich, esta pintura muestra claramente esa
sensación, pero lo más probable es que esa sensación, solo pueda ser generada en un instante
de la vida que se sale de los límites de los primeros tres principios de razón y se dé solo en
el cuarto, a saber, la voluntad, cuando un objeto que pertenece a esta voluntad muestra su
furor con toda su fuerza y el hombre la percibe, incluso podría decir que la contempla, sin
embargo, más adelante aclararé lo que entiendo por contemplación. En el caso de la pintura
podemos decir que se trata de expresar lo sublime, pero hay que ser conscientes de que el
verdadero valor de lo sublime se encontraría en el personaje que acompaña al protagonista
de la obra, es decir, al caminante, ya que es evidente que el protagonista de la obra es el mar
de nubes.

Para aclarar más este punto de lo sublime, finalizaré con la siguiente cita de Schopenhauer:

Cuando se le oponen, cuando le amenazan con una superioridad que suprime toda resistencia
o le empequeñecen hasta la nada con su inmensa magnitud, pero el observador no dirige su
atención a esa imponente relación hostil sino que, aun percibiéndola y reconociéndola, se

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aparta conscientemente de ella desprendiéndose violentamente de su voluntad con sus


relaciones y, entregado solo al conocimiento, como puro sujeto involuntario del conocimiento
contempla tranquilo aquellos objetos terribles para la voluntad, captando solo su idea ajena a
toda relación; y permaneciendo de buena gana en su contemplación, se eleva por encima de
sí mismo, de su persona, del suyo y de todo querer: entonces, le llena el sentimiento de lo
sublime, se halla en estado de elevación, y por eso al objeto que provoca tal estado se lo llama
sublime. (Schopenhauer. §39. 238)
El punto crucial de esta cita es evidentemente lo que he mencionado ya como sentimiento de
lo sublime, con respecto a todo lo dicho solo habría que reiterar que a ese estado solo se llega
cuando hay superación del objeto de la voluntad apreciada.

Ahora bien, el sentimiento de lo bello, acerca de este sentimiento Schopenhauer dirá


bastantes cosas que iré retomando en el momento en que sea preciso. Comenzaré por tratar
el sentimiento de lo bello, aquello que entendemos como bello es un acto que ocurre en
nosotros, yo creería que seguimos hablando de los seres humanos, y el sentimiento de belleza
es aquello que ese acto suscita.

Hablando acerca de la belleza, de lo bello principalmente, Schopenhauer expresa que lo


sublime y lo bello distan, partiendo de lo siguiente:

En lo bello el conocer ha obtenido la supremacía sin lucha, ya que la belleza del objeto, es
decir, la condición que tiene de propiciar el conocimiento de su idea alejó de la conciencia
sin resistencia e imperceptiblemente la voluntad y el conocimiento de las relaciones
entregado a su servicio, quedando la conciencia como puro sujeto del conocimiento, de modo
que no permaneció recuerdo alguno de la voluntad. (Schopenhauer, §39, 238)
Es decir, como observamos anteriormente en lo sublime, el observador, no dirige su atención
ante la imponente relación hostil que se le presenta principalmente en la naturaleza, sino que
este al percibirle al reconocerle, se aleja conscientemente y violentamente de la voluntad,
pero llega al punto de contemplación en medio de esa hostilidad que le presenta la voluntad
a la tranquilidad y ahí en ese justo instante siente lo sublime, pero al punto al que quiero
llegar es que es un desprendimiento consciente, mientras que en lo bello, la belleza de la
voluntad que logra apreciar no la recordará, pero esto se debe a que no hubo una lucha, una
resistencia a ese sentimiento, y eso es lo que permite un sentimiento de lo sublime, la

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resistencia al sentimiento que se está generando termina en una calma dentro de la hostilidad
de la voluntad, en lo bello no hay resistencia, solo se ofrece el observador al conocimiento
de la idea, de la voluntad objetivada, le conoce, solo como un sujeto que conoce, pero no
logra sentir más allá de lo bello.

Esto es posible apreciarlo en un poema de Baudelaire, llamado La Belleza, en el cual se


aprecia, el conocimiento del poeta, el mencionado en el poema, sobre lo bello, dista por
completo de lo sublime, pues si lo colocamos en términos coloquiales, lo bello sufre de
banalidad, mientras que lo sublime trasciende de esa belleza simple. Volviendo al poema cito
a Baudelaire:

Soy hermosa, ¡oh, mortales! Cual un sueño de piedra,


Y mi pecho, en el que cada uno se ha magullado a su vez,
Está hecho para inspirar al poeta un amor
Eterno y mudo, así como la materia.

Tengo mi trono en el azar cual una esfinge incomprendida;


Uno un corazón de nieve a la blancura de los cisnes;
Aborrezco el movimiento que desplaza las líneas,
Y jamás lloro y jamás rio.

Los poetas, ante mis ampulosas actitudes,


Que parezco copiar de los más altivos monumentos,
Consumirán sus días en austeros estudios;

Porque tengo, para fascinar a esos dóciles amantes,


Puros espejos que toman todas las cosas más bellas;
¡Mis ojos, mis grandes ojos, los de los fulgores eternos!

(Baudelaire, FM, XVII)


Explícitamente en las estrofas 3 y 4 se puede observar lo que se explica anteriormente sobre
lo bello, pues el poeta es como el observador del que nos habla Schopenhauer, el observador
se deja llevar por lo bello, lo que emana de belleza en el objeto, en este poema sería la propia
belleza, se presenta de forma tal que no hay lucha ni resistencia ante esta, y por ello, el poeta
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es dócil, pero así mismo como se da la belleza, se intenta esfumar como si nada, debido al
azar como se muestra en el poema.

Si entendemos que lo bello es algo comprensible, que es al punto al que llega Schopenhauer,
en lo bello la objetivación de la voluntad se presenta de forma clara, inteligible
inmediatamente, por ejemplo, en el caso del poema anterior, se logra ver cómo la belleza se
presenta al poeta, y, éste se encuentra dócil a la percepción y admiración de ésta. Una obra
pictórica que podría demostrar el punto de lo bello sería Almuerzo sobre la hierba de 1863
por Édouart Manet, la cual representa un simple almuerzo en el césped, en donde hay
claramente una mujer tranquila en un río lavando sus pies, en donde los juegos de tonos y
luces es tan práctico que da cuenta de un instante casi como lo haría una fotografía, pero,
evidentemente esta obra tiene los rasgos subjetivos de su autor, la naturaleza en comparación
con la pintura expuesta anteriormente, no demuestra hostilidad, por el contrario hacen un
juego armónico con los cuatro personajes que se presentan.

Presento el cuadro de Manet como una expresión de lo bello, debido a que su contenido es
armónico gracias al juego de tonos y luces, y, a su vez, es completamente comprensible, no
se desborda, su captación del momento cumple con la finalidad de principio a fin, al leer el
título de la obra se evidencia que es consecuente con la obra en sí misma, no como en el caso
de Magritte, pintor surrealista, cuya pintura en una de sus obras, representa una pipa y debajo
de esta escribe: Ceci n’est pas une pipe (esto no es una pipa), como se observará el título de
la obra no sería consecuente con lo plasmado, no podría ser bello ya que este tinte surrealista
le impide una completa comprensión a la obra, no como en el impresionismo, cuyas obras
reflejan una impresión de un momento exacto.

La contemplación

Avanzado este escrito, podemos encontrar que se ha hablado del término contemplación y
quien contempla. El término es usado en la obra de Schopenhauer, a fin de dar cuenta de
aquel que observa. Pero hay una cierta suerte de profundidad en el término contemplar, si
bien no podemos desligar que Schopenhauer tenía cercanía al budismo y a los escritos vedas,
pues el autor manifiesta a través de sus obras la influencia de éstos en sus escritos. Qué
implica la inclusión de lo dicho en la línea anterior para el desarrollo de la contemplación,

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pues bien, desde mi parecer hay una gran cercanía entre el acto de contemplación y la llegada
al Nirvana.

Cuando se habla de alcanzar el Nirvana, se habla acerca de un estado de “la desaparición de


todo trazo o mantenimiento del apego. La desaparición y el abandono del apego que conduce
a experimentar la libertad e independencia” (Gautama Buda, Pág. 10) básicamente se
entiende como un estado en el que se “apaga”, por decirlo así, el sufrimiento, cuando hay un
cese de sufrimiento, dolor, apego que a fin de cuentas es lo que generaría el dolor, se entra
en un estado de Nirvana.

Al incorporar esta breve explicación del alcance del Nirvana, es notable como el estado de
contemplación es similar a este estado de Nirvana, el observador: “como puro sujeto
involuntario del conocimiento contempla tranquilo aquellos objetos terribles para la
voluntad, captando solo su idea ajena a toda relación; y permaneciendo de buena gana en su
contemplación, se eleva por encima de sí mismo, de su persona, del suyo y de todo querer”
(Schopenhauer, §39. 238) Si el Nirvana, no solo implica la extinción del apego, sino que a
su vez hay un cese del fenómeno individual, es como si se propusiera un estado de unidad
entre ese estado de Nirvana y el sujeto que le alcanza, así mismo parece ser la contemplación,
pues el observador se desprende de la relación hostil que presenta la voluntad, pero este no
se aleja de esa relación, sino que se eleva por encima de sí mismo, con el fin de permanecer
observando tranquilamente llegando a un estado de contemplación que se derivaría en el
sentimiento de lo sublime.

Entonces, si tomamos que la contemplación, es como una especie de Nirvana que alcanza el
genio (término que aclararé más adelante), es un estado en el que se negaría el sufrimiento,
pues al desprenderse de la relación hostil de la voluntad, este estaría alejándose en cierta
forma del sufrimiento producto de la relación hostil, y de esta forma, solo de esta forma
podría llegar a un nivel de contemplación tranquilo, que solo es posible conseguir, desde mi
perspectiva claro está, en la sensación de lo sublime, pues en lo bello, se quedaría apreciando
la comprensión de esa hostilidad, no se sobrepasaría a sí mismo, solo haría meramente un
acto de conocimiento, pero se olvidaría de la voluntad, como expresaría Schopenhauer.

Si ese es el caso, si la contemplación es como una suerte de Nirvana en un plano estético,

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entonces, ¿quién sería el genio, a dónde pertenece?

El genio y la genialidad

Primero quiero aclarar qué es la genialidad, con el fin de comprender a profundidad quién es
el genio. Schopenhauer expresa que la genialidad “no es sino la más perfecta objetividad,
[…] Por consiguiente, la genialidad es la capacidad de comportarse de forma puramente
intuitiva, perderse en la intuición y sustraer el conocimiento, que en su origen existe solo
para servir a la voluntad” (Schopenhauer, §36, 218) Esta genialidad, parece ser que nos remite
a la contemplación explicada anteriormente, ya que permite un cierto actuar de forma
intuitiva para extraer el conocimiento, es como llegar a la contemplación extraer el
sentimiento de lo sublime y manifestarlo una vez se ha salido de ese estado de contemplación.

La genialidad hace parte de lo que permite al genio ser genio, es decir, es como parte de su
arsenal, pero no como una herramienta, ya que solo en esta se encuentra lo que permite al
genio ir más allá de una simple apreciación de lo bello, en palabras de Schopenhauer:

Se ha reconocido como un componente esencial de la genialidad la fantasía, e incluso a veces


se las ha considerado idénticas. […] Los objetos del genio en cuanto tal son las ideas eternas,
las persistentes formas esenciales del mundo y de todos sus fenómenos, pero la idea es
necesariamente intuitiva y no abstracta; por esa razón, el conocimiento del genio estaría
limitado a las ideas de los objetos realmente presentes a su persona y dependería del
encadenamiento de las circunstancias que le condujeran a ellas… (Schopenhauer, 219-220)
Como se ha mostrado, Schopenhauer explica que la esencia de la genialidad es la fantasía y
esto es lo que permite al genio ir más allá, ya que sin ésta el genio, como expresa
Schopenhauer, estaría limitado al conocimiento de las ideas cuyos objetos se encuentran
presentes a él, sería como un sentimiento de lo bello. Pero, en la genialidad al estar la fantasía
se amplía su horizonte, lo expande más allá de la experiencia personal de este, permitiéndose
poseer imágenes, la mayoría de las posibles imágenes que le pueda proporcionar la fantasía
sobre la vida.

El genio, es aquel personaje que se permite salir de su individualidad, ser partícipe del más
amplio estado de contemplación y de convertirse en un sujeto del conocer, expresará
Schopenhauer: “el genio consiste en la capacidad de conocer independientemente del

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principio de razón.” (Schopenhauer, §37, 229) Es decir, que el genio, aquel personaje que
llega a un estado de contemplación, para permitirse ingresar a ese estado se desliga del
conocer por medio del principio de razón, a saber, tiempo, espacio y causalidad, y al
desligarse aún puede conocer, se vuelve puro sujeto del conocer, en un estado de
contemplación aquí descrito, se requiere de un desprendimiento consciente y violento del
objeto, aquí es donde se diferenciaría al hombre vulgar del genio, pues este se permite llegar
conscientemente al estado de contemplación se permea de genialidad y expande su conocer
aún fuera del principio de razón, mientras que el hombre vulgar tiene una suerte de
experiencia estética no completamente consciente, se queda dentro del principio de razón
para comprender la sensación de belleza que experimenta.

Por ejemplo, en uno de los escritos de Baudelaire, puntualmente El deseo de pintar, se


expresa el deseo de pintar, suponiendo que el pintor sea un genio, y que el hombre,
supongamos que entra dentro de la descripción del hombre vulgar, es desdichado. Cito
Baudelaire:

¡Desdichado el hombre, pero feliz el artista desgarrado por el deseo! Necesito pintar a la
que tan pocas veces vi y que huyó veloz, como algo hermoso y nostálgico tras el viajero que
la noche arrastra. ¡Hace cuánto tiempo ya que desapareció!

Es hermosa, y más; es sorprendente. El negro abunda en ella: y lo que inspira es nocturno y


profundo. Sus ojos son dos antros donde el misterio centellea vagamente, y su mirada
ilumina como el rayo: una explosión en las tinieblas.

Si pudiera concebirse un astro negro prodigando luz y felicidad, diría que es un sol negro.
Pero más hace pensar en la luna, que sin duda la marcó con su terrible influencia; no la
luna blanca de los idilios que parece una esposa fría; sino una luna siniestra y
embriagadora, suspendida en el fondo de una noche tormentosa y turbada por el correr
de las nubes; ¡no la luna apacible y discreta que visita el sueño de los hombres puros sino la
luna arrancada del cielo, vencida y rebelde, a la que las brujas de Tesalia obligan a danzar
sobre la hierba aterrorizada!

En su pequeña frente conviven la voluntad tenaz y la pasión por la caza. Sin embargo, en la
parte inferior de su rostro inquietante –donde las sensibles narinas aspiran lo desconocido y
lo imposible- estalla con gracia indescriptible la risa de una boca grande, roja y blanca y

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deliciosa que hace soñar con el milagro de una magnífica flor nacida en terreno volcánico.

Hay mujeres que inspiran el deseo de vencerlas y gozar de ellas; ésta el de morir lentamente
bajo su mirada. (Baudelaire, SP, XXXVI)
Las partes que se muestran en negrilla son aquellas que hacen ver el punto de la genialidad,
el genio e incluso la contemplación, pero, realmente el punto al que quiero llegar con el
escrito en general es que presenta la fantasía, la presenta al mostrar como el artista hace uso
de la genialidad, es decir, de la fantasía y no solo ésto, sino que trata de exaltar el sentimiento
de lo sublime, lo que ha captado de la voluntad hostil en su estado de contemplación.

Para finalizar esta primera parte del escrito, Sobre la estética en Schopenhauer – parte I, he
de manifestar que la experiencia estética que se manifiesta en la teoría de Schopenhauer
apunta a una suerte de Nirvana por medio de la contemplación que se genera en el genio, por
medio de la genialidad, esta muestra de experiencia estética se manifiesta en bastantes
movimientos artísticos, pues como he mostrado se encuentran obras que expresan lo sublime
dentro del romanticismo, o muestras de lo bello en el impresionismo, en la poesía maldita se
encuentran expresiones de lo bello, lo sublime, la contemplación y no solo expresiones
estéticas, sino también se manifiestan expresiones de término que se utilizan en su teoría,
como por ejemplo, el hecho de que la voluntad siempre apunte a la vida, es explicable con
un texto del Spleen de París, específicamente se titula Emborráchense, en el cual el autor
apunta a “no sentir el horrible peso del tiempo quebrando la espalda”(Baudelaire, SP,
XXXIII) es decir, el autor manifiesta que hay que embriagarse, ya que al embriagarse es
posible aguantar el sufrimiento, sin embargo, el autor no habla específicamente de alcohol,
es preciso aclarar que según Baudelaire hay diferentes modos de embriagarse, uno de ellos
podría ser el mismísimo estado de contemplación.

Es relevante aclarar que este escrito es solo una primera vista de la estética en Schopenhauer,
y que finalmente se aspiraría a crear otros dos escritos aclarando las demás partes de la
estética, pues harían falta la arquitectura, la música y otros temas que el autor trata,
importante también, distinguir por qué el autor menciona que el hombre es el grado más
perfecto de la objetivación, aunque se manifieste por encima en el trato del Genio.

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Textos citados:

• Baudelaire, Charles. El spleen de París. Visto el 14-11-2017 a las 21:30. Disponible


en español en:
https://www.dropbox.com/s/6qfpg3tvlw6y8md/Baudelaire%2C%20C.%20-%20El
%20Spleen%20de%20Par%C3%ADs.pdf?dl=0

• ________________. Las flores del mal. Visto el 14-11-2017 a las 21:30. Disponible
en español en:
https://www.dropbox.com/s/a18qmrast869fgc/Baudelaire%2C%20C.%20-%20Las
%20flores%20del%20mal.pdf?dl=0

• Buda, Gautama. Las cuatro nobles verdades. Visto el 14-11-2017 a las 21:30.
Disponible en español en: http://espirituyzen.org/wp-content/uploads/2013/02/Las-
Cuatro-Nobles-Verdades.pdf

• Schopenhauer, Arthur. El mundo como voluntad y representación. Vol. I. Madrid:


Trotta. Trad.: Pilar López de Santa María. (2009)

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