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UNIVERSIDAD ABIERTA PARA ADULTOS

(UAPA)
Asignatura:

Metodología 1

Tema
Las emociones

Participantes:
Germania Brito Medina
201803743

Facilitador:
Raquel

María Trinidad Sánchez (Nagua)


06 de mayo, 2018.
Lectura y resumen del documento “TEMA 3 – Marco Teórico”. Visión del vídeo
“Las emociones no se aprenden por apuntes, hay que vivirlas” a partir del link que
está al final y hacer una reflexión crítica sobre el mismo.

“Las emociones no se aprenden por apuntes, hay que vivirlas”

Los neurocientíficos de hoy dicen que la persona inteligente emocionalmente hablando es


aquella que sabe elegir la emoción oportuna, en el momento oportuno, con la intensidad
oportuna.

Es decir, no existe esa manera de control. Sin embargo, se nos ha controlado con la
alegría. Lo que de verdad necesitaríamos es aprender a elegir la emoción, en el momento
y de la manera. Por tanto, nuestros niños, nuestra infancia, nuestra adolescencia, tienen
que vivir la alegría, el miedo, el enfado, la tristeza, vivir todas las emociones. Y esto no se
enseña con palabras. Esto se enseña de corazón a corazón. Y para enseñar de corazón a
corazón, no se aprende por apuntes. Estamos en el siglo veintiuno, y la educación del
siglo veintiuno de la que nos ha hablado Gerver, o de la que tantos otros podemos
discutir, no puede ser la educación del saber, tiene que ser la educación del ser. Y tú te
vas a enseñar tú, y para enseñarte tú como ‘Seño’, tienes que currarte muy bien primero
ese equilibrio emocional que será del que los niños y las niñas aprendan. La felicidad, son
pizquitos, son momentos, y la disfrutaremos más cuando seamos conscientes del cambio
emocional de un sitio a otro. Lo que pasa es que la imaginación y la emoción siempre le
ganan a la razón. Y los razonables intentan convencernos a la emoción de que sintamos
otras cosas. Por eso, estamos en un siglo complicado, y la verdadera relación debe ser de
corazón a corazón, entendiendo que, en esta relación, que es entre un tú y un yo, tú vas a
ser mi alumnado, yo soy la profe, esto es una relación, y es necesario que uno de los dos
esté bien, preferiblemente el ‘profe’.
Durante mucho tiempo, la cultura, la sociedad, nos ha venido a decir qué deberíamos
sentir, cuándo lo deberíamos sentir, y qué era susceptible de ser expresado en público y
qué no. Es decir, enfadarse no es bueno, nos han dicho durante mucho tiempo. Llorar no
es bueno. “No llores, no te enfades, no grites, no estés triste”, eso es una tontería. Es
decir, el nivel de educación, la cultura de nuestro alrededor, nos ha condicionado para ver
qué se podía sentir y qué no se podía sentir. De todo esto, incluso las propias teorías que
giran ahora a nuestro alrededor, han venido a decirnos que hay emociones buenas y
emociones malas. Y, de entrada, si hay emociones buenas y emociones malas,
deberíamos solo sentir las buenas. Las malas no se deberían sentir. Es decir, “este niño
es genial, no se enfada nunca”. Un niño que no se enfada nunca, no tiene sangre, por
tanto va a poder evolucionar poquito. Otra cosa es cómo gestiona su enfado. Pero claro
que hay que enfadarse, claro que hay que sentir asco. Durante mucho tiempo se nos ha
dicho qué es bueno y qué es malo, y no tenemos esa cultura de autoconocimiento de
nosotros mismos. Esto, por una parte. Esto nos ha llevado a que cómo voy a decir yo
como ‘profe’, cómo voy a decir yo como mamá, que esta persona me cae mal o me da
asco. Esto estaría fatal. Ya, pero es que es lo que pasa. Si yo no puedo verbalizarlo, si yo
no puedo reconocerlo, difícilmente lo pueden reconocer los demás. Y tampoco se nos ha
enseñado. Es decir, trabajar con las emociones implica, primero y fundamentalmente,
trabajar el autoconcepto.

Trabajar el autoconcepto no implica trabajar la autoestima. Estoy feliz harta de la


autoestima. Estoy feliz harta del “Tú puedes”. Estoy feliz harta de pensar que me puedo
comer un tipo de yogur y mejorar mi autoestima.