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Cuestiones clave

de la Lingüística
PROYECTO EDITORIAL
CLAVES DE LA LINGÜÍSTICA
PROYECTO EDITORIAL
PSICOLOGÍA. MANUALES PRÁCTICOS
Director:
Juan Carlos Moreno Cabrera

Directores:
Manuel Maceiras Fafián
Juan Manuel Navarro Cordón
Ramón Rodríguez García
Cuestiones clave
de la Lingüística
Juan Carlos Moreno Cabrera
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© Juan Carlos Moreno Cabrera

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ISBN:
ISBN:978-84-995898-8-6
978-84-995885-3-7
Depósito Legal: M. 14.864-2013

Impreso en España - Printed in Spain


1
Índice

Introducción .................................................................................................. 9

1. ¿Cómo se produce la comunicación lingüística? ............................... 11


1.1. El circuito de la actuación lingüística de Saussure ................................ 11
1.2. El telementalismo y la metáfora del conducto ..................................... 16
1.3. El diagrama de la comunicación de Shannon ...................................... 21
1.4. Las confusiones del diagrama de la comunicación ............................... 24
1.5. La codificación en los mensajes lingüísticos ......................................... 28
1.6. La crítica del modelo codificador de la comunicación lingüística ......... 31
1.7. El objetivismo, la habitación china de Searle y los robots parlantes ...... 32
1.8. La verdadera naturaleza de la comunicación lingüística ....................... 35
1.9. La metáfora de la huella ...................................................................... 36
1.10. Conclusión .......................................................................................... 37
Ideas fundamentales ...................................................................................... 39
Actividades ................................................................................................... 40
Lecturas recomendadas ................................................................................. 42

2. ¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura? ..................... 43


2.1. El lenguaje humano como fenómeno biológico y cultural ................... 43
2.2. El ejemplo de la alimentación humana ................................................ 43
2.3. El lenguaje humano y las lenguas naturales ......................................... 47

5
Cuestiones clave de la Lingüística

2.4. Las lenguas naturales y las lenguas cultivadas ....................................... 51


2.5. La metáfora del sendero ...................................................................... 54
2.6. Lengua estándar y lengua vulgar .......................................................... 58
2.7. Biología y cultura de las lenguas .......................................................... 61
2.8. La lengua-I y la lengua-E ..................................................................... 63
2.9. Lengua y dialecto ................................................................................ 69
2.10. El imperialismo filológico ................................................................... 71
Ideas fundamentales ...................................................................................... 76
Actividades ................................................................................................... 76
Lecturas recomendadas ................................................................................. 79

3. ¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje? .... 81


3.1. Introducción ....................................................................................... 81
3.2. El problema de Humboldt: ¿Cuáles son las características
específicas del lenguaje humano? ......................................................... 81
3.3. El problema de Platón: ¿Cómo se desarrolla el lenguaje
en los seres humanos? .......................................................................... 89
3.4. El problema de Descartes: ¿Cómo se hace efectiva la capacidad
lingüística? .......................................................................................... 99
3.5. El problema de Broca: ¿Cómo se realiza el lenguaje en el cerebro? ....... 107
3.6. El problema de Darwin: ¿Cómo surgió y evolucionó la capacidad
lingüística humana? ............................................................................. 112
Ideas fundamentales ...................................................................................... 122
Actividades ................................................................................................... 124
Lecturas recomendadas ................................................................................. 125

4. ¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje? ....... 127
4.1. Introducción ....................................................................................... 127
4.2. Las lenguas señadas como manifestación directa de la facultad
humana del lenguaje ........................................................................... 130
4.3. Los prejuicios de las lenguas señadas ................................................... 132
4.4. El nombre de las lenguas señadas ........................................................ 136
4.5. Características de las lenguas señadas ................................................... 139
4.6. Relaciones entre las lenguas señadas y las lenguas habladas .................. 155
Ideas fundamentales ...................................................................................... 158
Actividades ................................................................................................... 158
Lecturas recomendadas ................................................................................. 161

6
Índice

5. ¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir


de las lenguas naturales? ........................................................................ 163
5.1. Introducción ....................................................................................... 163
5.2. El problema de Jakobson: ¿Qué son las lenguas cultivadas? .................. 166
5.3. El problema de Dante: ¿Cómo se elaboran las lenguas cultivadas? ....... 171
5.4. El problema de Alcuino: ¿Cómo se hacen efectivas las lenguas
cultivadas? ........................................................................................... 177
5.6. El problema de Lamarck: ¿Cómo evolucionan las lenguas cultivadas? .. 180
5.7. La elaboración de las lenguas señadas .................................................. 192
Ideas fundamentales ...................................................................................... 195
Actividades ................................................................................................... 197
Lecturas recomendadas ................................................................................. 199

6. ¿Qué preguntas sobre el lenguaje y las lenguas


no deberían formularse? ........................................................................ 201
6.1. ¿Cuál es el origen del lenguaje humano? .............................................. 201
6.2. ¿Hay genes del lenguaje humano? ........................................................ 202
6.3. ¿Qué relación hay entre el lenguaje y el pensamiento? ......................... 203
6.4. ¿Cuántas lenguas hay en el mundo? ..................................................... 206
6.5. ¿Cómo diferenciar una lengua de un dialecto? ..................................... 209
6.6. ¿Cuál es el origen de las lenguas? ¿Hay lenguas primitivas? .................. 210
6.7. ¿Cuáles son las lenguas más sencillas? ¿Y las más complejas? ................ 212
6.8. ¿Qué relación hay entre lengua y cultura? ............................................ 214
6.9. ¿Habla mal la gente corriente? ............................................................. 215
6.10. ¿Deben las instituciones determinar cómo hay que hablar? .................. 217

Referencias bibliográficas ............................................................................ 219

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Introducción

En el presente libro vamos a examinar algunas de las preguntas fundamentales que se pue-
den formular sobre el lenguaje y las lenguas humanas. Cada capítulo se centra en una cues-
tión concreta y ofrece las explicaciones y definiciones necesarias para intentar contestar esa
cuestión con un mínimo de conocimiento y solvencia.
El primer capítulo está dedicado a la cuestión de cómo se produce la comunicación lin-
güística. La manera en la que se responde esta cuestión está en general muy mediatizada por
una serie de esquemas de la comunicación que se interpretan erróneamente como reflejo fiel
de lo que pretenden mostrar más que como metáforas visuales que no han de tomarse al pie
de la imagen, por decirlo así. Estos esquemas dan a entender que en la comunicación lingüís-
tica el significado de los mensajes se transmite o desplaza de unas mentes a otras a través de
un canal físico. Pero este punto de vista es absurdo porque el significado está lejos de ser un
objeto material que pueda desplazarse o enviarse por canal material alguno. Los esquemas que
provocan esta interpretación se basan en una serie de metáforas visuales que nos pueden ayu-
dar a concebir o plantear el problema, pero en modo alguno a solucionarlo si tomamos esas
metáforas como descripción directa de la realidad. En este capítulo se analiza la estructura con-
ceptual de esas metáforas y se proporcionan ayudas, incluidas nuevas metáforas, para replan-
tearse el fenómeno de la comunicación lingüística en términos más realistas.
El segundo capítulo trata de las relaciones entre lenguaje humano, biología y cultura.
Estas relaciones han sido planteadas muy frecuentemente de manera confusa y oscura, pre-
cisamente porque no se producen las definiciones pertinentes que nos ayuden a determinar
de qué estamos hablando exactamente cuando relacionamos el lenguaje humano y las len-
guas con la biología y con la cultura. A partir de una comparación con el fenómeno de la
alimentación humana, cuyas relaciones con la biología y la cultura se pueden formular de
modo más claro, se procede a la definición de una serie de conceptos básicos que van ayu-
dar a contestar la pregunta de este capítulo de una forma más adecuada y productiva.
El tercer capítulo se plantea la cuestión de cómo se manifiesta la facultad humana del
lenguaje en las lenguas habladas. Siguiendo a autores como N. Chomsky y C. Boeckx, se

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Cuestiones clave de la Lingüística

formulan una serie de problemas, bautizados haciendo referencia a una personalidad cien-
tífica relevante, que tienen que ver con la naturaleza, desarrollo, realización, origen y evo-
lución de la facultad lingüística humana a través de sus manifestaciones en la forma de len-
guas naturales.
El capítulo cuarto trata de las lenguas señadas denominadas habitualmente lenguas de
signos. El hallazgo principal de la lingüística contemporánea respecto de las lenguas señadas,
usadas fundamentalmente por las personas sordas, aunque pueden ser aprendidas y usadas
también por las personas oyentes, consiste en la constatación de que estas lenguas naturales
son manifestación directa, no indirecta o sustitutiva, de la facultad humana del lenguaje.
Por tanto, como ocurre con las lenguas habladas, a través del estudio de las lenguas señadas
podemos también hacer averiguaciones de primera mano sobre esa facultad lingüística.
El capítulo quinto trata de lo que denomino lenguas cultivadas, que son resultado de
una serie de elaboraciones culturalmente determinadas que las comunidades humanas hacen
sobre sus lenguas naturales. La pregunta que se formula tiene que ver con la determinación
de la esencia de las lenguas cultivadas, que las distinguen de las lenguas naturales (el pro-
blema de Jakobson), los modos en los que se pueden modificar las lenguas naturales para
obtener diversos tipos de lengua cultivada (el problema de Dante), la manera en la que las
lenguas cultivadas pueden divulgarse e imponerse en las sociedades (el problema de Alcui-
no) y la cuestión del origen y evolución de las lenguas cultivadas (el problema de Lamarck).
El capítulo sexto es diferente de todos los anteriores, ya que en él se hace referencia a
una serie de preguntas sobre el lenguaje y las lenguas que no deberían proponerse tal como
se formulan habitualmente. Estas preguntas recorren todo el contenido del libro y las defi-
niciones y explicaciones que se dan en él sirven para considerarlas críticamente y desechar-
las por estar formuladas de una manera excesivamente general, ambigua y confusa, por más
que los problemas de fondo sean muy interesantes. Las preguntas que dan origen a los diver-
sos capítulos de este libro se pueden considerar como reformulaciones más adecuadas y pre-
cisas de estas preguntas excesivamente generales y equívocas que se examinan en esta sec-
ción del libro.
Deseo dedicar el presente libro a mi hijo Alfredo, cuya inteligencia natural le ha lleva-
do a culminar su carrera universitaria con un brillante proyecto sobre inteligencia artificial.

10
1
¿Cómo se produce
la comunicación lingüística?

1.1. El circuito de la actuación lingüística de Saussure

Ferdinand de Saussure fue un influyente lingüista suizo. Se dedicó inicialmente al estudio


de las lenguas indoeuropeas. Fruto de ese interés fue su Memoria sobre el sistema primitivo
de las vocales en las lenguas indoeuropeas, compuesto a los 21 años y que ha sido una de las
obras clave del desarrollo de la lingüística indoeuropea del siglo XX.

Figura 1.1. Ferdinand de Saussure (1857-1913) (www.biografica.info).

Su tesis doctoral versó sobre un aspecto de la sintaxis del sánscrito y fue profesor de lin-
güística comparada de la Escuela de estudios superiores de París. Posteriormente, fue nom-
brado profesor de lingüística comparada en la Universidad de Ginebra, su ciudad natal, en

11
Cuestiones clave de la Lingüística

donde impartió entre 1907 y 1911 un curso introductorio a los estudios lingüísticos. Des-
pués de su fallecimiento en 1913, sus alumnos Charles Bally y Albert Sechehaye decidieron
publicar los apuntes de ese curso, que vieron la luz en 1916 con el título de Curso de Lin-
güística General. Este libro se convirtió con el correr de los años en una de las obras más
influyentes en la lingüística del siglo XX.
En el capítulo tercero de la introducción de dicho libro, hay una sección titulada “El
lugar de la lengua en los hechos del lenguaje” en la que aparece un famosísimo esquema, el
esquema del circuito del habla en dos versiones: una más concreta y otra más abstracta. En
la primera vemos las cabezas de dos personas que intervienen en un intercambio lingüísti-
co de una lengua hablada (figura 1.2):

Figura 1.2. El circuito del habla de Saussure (Saussure, 1916).

En el diagrama vemos dos cabezas prácticamente idénticas que están unidas por unas
líneas curvas punteadas y en las que aparecen unas flechas en direcciones opuestas. Estas
líneas punteadas hay que interpretarlas como un proceso direccional cuyo origen y desti-
no es el mismo: un lugar en la zona parietal de las cabezas implicadas, que se supone que
apunta al lóbulo parietal de los cerebros de las cabezas en cuestión. El problema es cómo
interpretar dichas líneas de puntos. Se observa que los puntos y las líneas son idénticos en
todo el circuito del habla. La forma en que puede comprenderse esto es suponiendo que
las ideas se transmiten a través de los movimientos articulatorios, las ondas sonoras, las
vibraciones del tímpano y el nervio auditivo hasta llegar al cerebro del interlocutor.
La segunda versión ofrece una imagen quintaesenciada, más abstracta, del acto de habla,
en la que aparecen los elementos fundamentales en los que se apoya ese acto (figura 1.3).Vamos
a explicar los diversos componentes de estos esquemas que intentan expresar los elemen-
tos esenciales de la actuación lingüística. Pero vamos a tener en cuenta no solo las lenguas
habladas, sino también las lenguas señadas, sobre la base de la suposición, ampliamente
fundamentada por la lingüística actual, de que ambos tipos de lengua son lingüísticos en
igual grado y constituyen las dos modalidades fundamentales del lenguaje humano. Por
eso vamos a denominar como acto lingüístico lo que se denomina en el Curso “acto de
habla”.
El punto de partida del circuito del acto lingüístico es el cerebro de una de las perso-
nas que habla. Allí tiene lugar una serie de acontecimientos neurológicos que constituyen

12
¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

Audition Phonation

c i c = Concept c i
i = Image acoustique

Phonation Audition

Figura 1.3. Versión abstracta del circuito del habla (Saussure, 1916).

la base física de la actividad mental humana. Tenemos aquí varios niveles jerárquicamen-
te relacionados respecto de dos extremos: el mundo de la actividad mental, de los con-
ceptos, de las ideas, de las intenciones y de los deseos, y el mundo de la actividad neuro-
nal, que es estrictamente material y que está regulada por las leyes de la materia, de la
química. La relación entre estos dos niveles: el material y el mental, que surge como pro-
ducto emergente de la actividad del primero, es sin duda algo extremadamente difícil de
precisar. Desde luego, parece complicado reducir las intenciones o las ideas a una mera
serie de impulsos neuronales: no es posible reducir la mente humana a una simple o com-
pleja interacción neuronal. Los fenómenos de carácter mental o cognitivo, aunque tienen
una base física neuronal, no pueden reducirse a ésta (J. R. Searle, 2004: 93-111). Esto no
quiere decir que la base material de la mente, es decir, el cerebro en acción y la base ideal
de la mente, es decir, las ideas, las intenciones o los deseos sean dos ámbitos completa-
mente diferentes no relacionables. Es claro que esa base ideal surge de la material a través
del funcionamiento de ésta. Sin cerebro no hay mente. Cuando se muere el cerebro de
una persona desaparece totalmente y de modo irreversible su mente: sus pensamientos,
intenciones, deseos, ensoñaciones, esperanzas o previsiones. Pueden quedar solamente
huellas visuales o sonoras (véase el apartado 1.9) de todas estas cosas a través de graba-
ciones y textos escritos.
En el esquema, se quiere hacer referencia a un hecho mental que tiene consecuencias
materiales: la asociación de un concepto o idea con una serie de circuitos neuronales cuya
actividad da lugar a una secuencia de movimientos de los órganos articulatorios que pro-
ducen un sonido determinado. Por ejemplo, la idea de ‘casa’ se asocia en castellano con la
expresión fonética [kása]. Pero ¿cómo se puede asociar algo inmaterial como un concepto,
que no es otra cosa que un conjunto de comportamientos mentales de una persona, con
algo material como los movimientos de los órganos articulatorios (orales en el caso de las
lenguas habladas y manuales en el caso de las lenguas señadas)?
Esto se soluciona asociando esos movimientos articulatorios con una entidad mental
denominada en el libro de Saussure imagen acústica, dado que este lingüista sólo tiene en

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Cuestiones clave de la Lingüística

cuenta las lenguas habladas. En el caso de las lenguas señadas, hablaríamos de imagen
visual. Ambos tipos de imagen se pueden denominar imagen articulatoria o imagen per-
ceptiva, según el punto de vista que adoptemos. El concepto (c) y la imagen articulatoria
o perceptiva (i) son dos entidades mentales que se encuentran asociadas en el conoci-
miento de la persona que habla o seña. Esta unión señalada por c  i constituye un sig-
no lingüístico.
Podemos representar el signo lingüístico correspondiente a la palabra casa en la lengua
castellana y en la lengua señada catalana (LSC) de la siguiente manera:

Figura 1.4. Significado y significante en español y en lengua de señas catalana.

La parte superior del círculo es un dibujo que intenta expresar gráficamente el concep-
to de ‘casa’ y la parte de abajo muestra un dibujo que intenta expresar el tipo de movimiento
de los órganos vocales o manuales. Estos dibujos muestran gráficamente el objeto mental
que Saussure denomina imagen acústica pero que, generalizando para las lenguas señadas,
podemos denominar imagen articulatoria. Esta representación se hace a través de un esque-
ma que muestra los movimientos de los órganos articulatorios respectivos, que constituyen
la relación material de las respectivas imágenes articulatorias. La parte superior de cada uno
de los dos círculos, que esquematizan un signo lingüístico, es lo que se denomina significa-
do del signo: la idea o pensamiento que se asocia con el significante, que es el elemento que
aparece en la parte inferior de cada círculo. Tiene un carácter material dinámico: en este
caso concreto se ha elegido el movimiento de los órganos vocales para el caso de las lenguas
habladas, que da origen a un sonido lingüístico y el movimiento de las manos de las len-
guas señadas, que da origen a una imagen también dinámica, como el sonido.
A partir de estos hechos mentales se desencadena una serie de fenómenos fisiológicos:
los circuitos neuronales se encargan de dar órdenes a los diversos órganos articulatorios para
que ejerzan de modo rapidísimo y coordinado al milisegundo una serie de complejas acti-
vidades cinéticas de diversos músculos y órganos: la boca, la lengua y la laringe, en el caso
de las lenguas habladas, y las manos, los brazos y la cara, en el caso de las lenguas señadas.
Estos fenómenos originan una serie de modificaciones del entorno físico, de manera que se

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¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

producen perturbaciones del aire (los sonidos) o estímulos visuales (los gestos). Estos ele-
mentos ya escapan por completo al control de las personas y se ven sometidos a todo tipo
de interferencias provenientes del mundo exterior a él, tales como ruidos ambientales, en el
caso de las lenguas habladas o como interferencias que tienen que ver con la luz y las som-
bras o con todos aquellos elementos que puedan ocultar total o parcialmente o distorsionar
la imagen producida por los gestos realizados, en el caso de las lenguas señadas.
A partir de aquí, esos estímulos auditivos o visuales son captados por el otro protago-
nista del acto lingüístico. Los órganos de percepción (ojos y oídos) realizan una serie de pro-
cesos fisiológicos de correspondencia de los sonidos o haces lumínicos con impulsos neu-
ronales que van siendo procesados e interpretados por el cerebro y la mente de la persona
receptora del acto de comunicación lingüística. Estos hechos fisiológicos acaban por ser rela-
cionados con los hechos mentales que asocian los sonidos o imágenes producidos por unos
movimientos articulatorios orales o manuales con un determinado concepto. En nuestro
caso, el concepto de ‘casa’. Para ello, los sistemas perceptivos e interpretativos de la persona
interlocutora han de ser capaces de recuperar la imagen articulatoria exacta que lleva preci-
samente al concepto implicado. Para ello, es necesario que en las dos personas el concepto
en cuestión esté asociado a la misma imagen articulatorio-perceptiva.
Si reflexionamos un poco sobre el circuito del acto lingüístico nos daremos cuenta de
que intervienen en él elementos mentales y materiales muy heterogéneos pertenecientes a
ámbitos muy diferentes entre sí.
Observamos cosas tan diferentes como circuitos neuronales activos, movimientos de
órganos articulatorios orales, perturbaciones del aire, captación de sonidos y su correlación
con impulsos neuronales. Además, tenemos los fenómenos neurológicos cerebrales que tie-
nen lugar en cada uno de los individuos y las operaciones mentales y cognitivas que se basan
materialmente en esos fenómenos neurológicos.
Es evidente que los conceptos y las perturbaciones del aire son cosas que no tienen abso-
lutamente nada que ver, que pertenecen a mundos materiales cualitativamente distintos.
Hasta aquí todo lo descrito nos ha de parecer razonable y sensato y muestra que el cir-
cuito de actuación lingüístico es heterogéneo en extremo.
Ya hemos visto que las distintas partes del circuito del acto lingüístico implican aspectos
muy diferentes y heterogéneos del mundo: tanto como las perturbaciones del aire, los movi-
mientos de los órganos articulatorios y los impulsos neuronales, que poco en común parecen
tener entre sí. La interpretación que se puede hacer de esa línea de puntos que conecta los cere-
bros de dos personas que participan en un acto lingüístico consiste en decir que en realidad
hay unas entidades, los conceptos, que se ven transmitidos a través de una serie de medios mate-
riales heterogéneos. Para aceptar esta idea tendríamos que pensar que los conceptos se trans-
forman en instrucciones para mover órganos articulatorios y luego en ondas sonoras y luego
en impulsos nerviosos procedentes del nervio óptico o auditivo. Pero nada de esto sucede tal
como sugiere el esquema: los movimientos articulatorios son movimientos de órganos físicos
y en ellos no hay contenida ninguna idea o concepto por mucho que los analicemos. Las ondas
sonoras, las perturbaciones del aire, no contienen o codifican concepto o idea alguna: por
mucho que las analicemos físicamente nunca encontraremos el más mínimo indicio de un
concepto o idea. Por su parte, los estímulos visuales y auditivos que se transforman en impul-

15
Cuestiones clave de la Lingüística

sos neuronales tampoco codifican o contienen idea o concepto alguno, por mucho que los
analicemos. Por consiguiente, es claro, que en el acto lingüístico no hay ninguna transmisión
material de conceptos o ideas. Lo único que hay es una serie de acontecimientos pertenecien-
tes a un determinado nivel que van ocasionando la activación de otros acontecimientos per-
tenecientes a otro nivel. Tendríamos algo así como el esquema siguiente:

actividad mental actividad muscular actividad acústica


y visual actividad neuronal actividad mental

Figura 1.5. Esquema abstracto del circuito lingüístico.

Este esquema (figura 1.5) intenta representar el carácter heterogéneo de las actividades
que se van desencadenando en el circuito del acto lingüístico a través de las flechas, que en
cada caso son diferentes porque relacionan actividades de diferente tipo. La actividad men-
tal desencadena una actividad muscular a través de la actividad neuronal de una forma muy
distinta a como la actividad muscular genera una actividad acústica y visual. Por eso, si las
flechas que relacionan todas esas actividades son de igual forma se puede inducir la falsa
impresión de que hay algo que se va transformando y se va transmitiendo a lo largo del cir-
cuito del acto lingüístico, lo cual es manifiestamente falso desde el punto de vista del mis-
mo acto material. No hay nada que se transforme y que se transmita en ese acto. Lo único
que hay es una secuencia de acontecimientos materiales relacionados por una relación cau-
sal: unos ocasionan otros.
Por consiguiente, ni los conceptos ni las imágenes acústicas ni la relación entre ambos
son transmitidos en modo alguno por el circuito del acto lingüístico.

1.2. El telementalismo y la metáfora del conducto

Fijémonos ahora en los dos extremos del circuito visto en el apartado anterior, constituidos
por el punto de partida: el cerebro de la persona hablante o señante, y el punto de llegada:
el cerebro de la persona a quien va dirigido el acto lingüístico. Estos dos extremos están uni-
dos por una misma línea punteada acompañada por dos flechas idénticas. En el esquema
más abstracto tenemos un círculo formado por una línea continua en la que están integra-
das las flechas indicativas de la dirección del movimiento. Esta es la representación visual de
una potente metáfora según la cual los mensajes se transmiten de la mente de una persona
a la mente de otra. Esta metáfora ha sido denominada por el lingüista inglés Roy Harris the
telementation phallacy (Harris, 1981), que podríamos traducir como la falacia del telemen-
talismo. Si reflexionamos un momento sobre lo que se asume literalmente en esta metáfo-
ra, podremos ver que es de todo punto imposible de creer.
Sin duda, mis ideas e informaciones están en mi mente y se realizan físicamente a través
de un complejo entramado de impulsos electroquímicos en mis circuitos neuronales. El caso

16
¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

es que si decido transmitir a otras mentes esas ideas e informaciones que están en mi mente,
sólo puedo hacerlo a través de un medio físico. Existe un sustrato material neuronal de esas
ideas, tal como hemos visto; pero yo no puedo transferir ese complejo entramado de relacio-
nes electroquímicas que se dan en mi cerebro a sonidos o esquemas visuales que se puedan
transmitir físicamente. Aunque esto se pudiera hacer, sería además inútil llevarlo a cabo por-
que para que alguien entienda lo que quiero decir no cabría exigir un conjunto de impulsos
electroquímicos neuronales idéntico al mío, aunque sólo fuera una identidad formal. Es decir,
el sustrato material de los impulsos neuronales de esa persona no tiene por qué se idéntico al
mío (de hecho, no puede ser idéntico al mío). Pero acabamos de razonar que lo único que se
puede transmitir es lo material; los fenómenos cognitivos superiores (las ideas, la información
que tenemos en nuestra mente) tienen una base neuronal pero no se reducen a ella, tienen pro-
piedades emergentes que no están como tales en la actividad de los circuitos neuronales (J. R.
Searle, 2004: 110). Por consiguiente, esos elementos cognitivos superiores, que constituyen
los pensamientos e ideas que supuestamente van a la mente de quien me escucha o ve, no se
pueden transmitir físicamente mediante un canal físico. En conclusión, las ideas, los elemen-
tos de la cognición humana no se pueden enviar a través de un canal material. Cuando deci-
mos que las ideas, los conceptos o las propuestas se transmiten de una mente a otra estamos
hablando metafóricamente. Por supuesto, este modo de hablar es útil; sin embargo deja de ser-
lo y se convierte en algo que induce a la confusión y al error cuando damos por sentado que
se produce el traslado físico de las ideas o mensajes desde la mente de una persona a la mente
de otra. Es la metáfora del telementalismo denunciada por Harris. De aquí deducimos que las
ideas o pensamientos no se pueden transmitir a través de los canales materiales del circuito del
acto lingüístico desde la mente de una persona hasta la mente de otra. Por tanto, lo que da a
entender el circuito del acto del habla es algo literalmente falso.
Hay otra metáfora que contribuye de forma importante a inducir una interpretación erró-
nea del esquema del circuito del acto lingüístico, dado que induce una concepción completa-
mente falsa de la comunicación lingüística. Se trata de la idea de que las formas materiales
codifican o contienen significados, conceptos o pensamientos. De esta manera, se dice que la
forma material escrita o fónica de una oración como mañana nos vamos a París lleva codifica-
do un pensamiento determinado de modo que quien lea o escuche esa expresión material pue-
de extraer el pensamiento que supuestamente contiene. La forma material de esa oración es
como un contenedor dentro del cual está el significado, que una persona es capaz de extraer
utilizando los instrumentos gramaticales de la lengua en la que se ha producido la codifica-
ción, en este caso, la gramática de la lengua española. Se trata de la metáfora del conducto
(conduit metaphor, G. Lakoff y M. Johnson, 1980: 206, M. J. Reddy, 1979). Esta metáfora ha
sido caracterizada por el lingüista cognitivista R. W. Langacker de la siguiente manera:

“La metáfora del conducto ve los elementos léxicos como contenedores del signifi-
cado: el significado se coloca en estos contenedores y es transportado junto con los ele-
mentos léxicos tal como una expresión lingüística es transmitida desde el hablante al
oyente. […] En realidad, desde luego, nada viaja desde el hablante hasta el oyente excep-
to las ondas sonoras.” (Foundations of cognitive grammar. Vol. I. Theoretical Prerequisi-
tes, Stanford University Press, 1987, pp. 161-162, cursivas del autor)

17
Cuestiones clave de la Lingüística

Según G. Lakoff y M. Johnson (1980: 206) las suposiciones que hacen que esta metá-
fora sea más o menos convincente son los siguientes:

• El significado es independiente de las personas y de los contextos.


• El significado está en las palabras.
• Las expresiones lingüísticas son contenedores de significados.

Según M. J. Reddy (1979: 170) esta metáfora conlleva cuatro supuestos fundamenta-
les, a saber:

1. La lengua funciona como un conducto que transfiere los pensamientos de una per-
sona a otra.
2. Al hablar y al escribir, la gente introduce sus pensamientos o sentimientos dentro de
las palabras.
3. Las palabras o expresiones realizan la transferencia mediante la inclusión de los pen-
samientos y sensaciones y el transporte de éstos a otras personas.
4. Al escuchar o leer la gente extrae los pensamientos y sentimientos de las palabras y
expresiones.

La metáfora del conducto, en general, está detrás de expresiones habituales como las
siguientes:

• El texto (con)tiene mucho significado.


• El texto está lleno de ideas útiles.
• El texto está casi vacío de contenido.
• Apenas se pueden sacar/extraer de este texto propuestas útiles.

En la siguiente figura se visualiza de forma inmediata esta metáfora del conducto. La


mujer morena empaqueta el contenido que quiere comunicar a la mujer rubia, es decir
ℑ∝ℜψ⧫, en una caja que llega a través de un tubo, el conducto, a manos de la mujer rubia.
Abre el paquete y extrae ese contenido:

ℑ∝ℜψ⧫ ℑ∝ℜψ⧫

ℑ∝ℜψ⧫
ℑ∝ℜψ⧫

TUBO

Figura 1.6. La metáfora del conducto (www.enolagaia.com).

18
¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

En esta figura hay una representación de un proceso imposible: el de meter en un reci-


piente material ideas o conceptos. Se observa que lo que se introduce y extrae de la caja es
precisamente aquello que aparece encerrado dentro del círculo del pensamiento de la mujer
morena y lo que la mujer rubia va a introducir en el suyo. La caja es la forma material de la
palabra o expresión, el significante según la terminología de Saussure, y el contenido de la
caja, lo que se extrae de ella es el concepto, idea o pensamiento situado dentro de ese medio
material fonético o visual: el significado.
Esta metáfora del conducto supone la asunción de una serie de principios, análisis y
puntos de vista que son claramente erróneos. El primer lugar, hay una cosificación del sig-
nificado que se deriva en buena parte de la idea del Curso de Saussure que concibe el signo
lingüístico como la asociación entre un concepto (significado) y una imagen articulatoria
(significante). Se identifica el significado con un concepto, es decir, con un elemento psí-
quico supuestamente identificable y aislable. Sin embargo, el significado de una palabra no
es un objeto identificable, autónomo e independiente, sino un complejo conjunto de rela-
ciones cognitivas-sociales-contextuales en el que se fundamenta la comunicación humana.
Para verificar esto, no hay más que comprobar cómo se definen las palabras en cualquier
diccionario monolingüe. Veamos, por ejemplo, la definición del significado del vocablo
mensaje que se da en el diccionario electrónico de la Real Academia Española (RAE):

Figura 1.7. Definición de mensaje según la RAE (www.rae.es).

Primero, para definir una palabra se recurre a otras palabras, de hecho, se recurre a ora-
ciones completas más o menos disimuladas. Por ejemplo, la acepción séptima de mensaje reza:
“Conjunto de señales, signos o símbolos que son objeto de una comunicación”. La única for-
ma de interpretar una definición de un lema del diccionario como éste es mediante una ora-
ción copulativa como la siguiente: “todo conjunto de señales, signos o símbolos que son obje-

19
Cuestiones clave de la Lingüística

to de una comunicación es un mensaje”. Es decir, para expresar el significado de mensaje tene-


mos que recurrir a un texto descriptivo en el que se hace referencia a diversos elementos y deter-
minadas relaciones entre ellos. La única forma de expresar cabalmente ese significado es median-
te un discurso complejo que relaciona el uso de esa palabra con una serie de situaciones complejas
con las que quien consulte el diccionario ha de estar familiarizado. No se trata, pues, de una
entidad simple, autónoma y aislable, sino de un entramado complejo de relaciones significa-
tivas. De aquí puede deducirse fácilmente que el significado de mensaje en su séptima acep-
ción no es un objeto estático y autónomo de carácter mental, sino un complejo de relaciones
conceptuales caracterizables solo mediante un discurso descriptivo. El diccionario monolin-
güe mismo no es otra cosa que una tupida red de interrelaciones entre palabras por la que es
necesario transitar para adquirir un conocimiento mínimo de los significados de esas palabras.
Cada parte del diccionario, es decir, cada definición de un lema, remite a otras palabras del
diccionario, con lo que podemos comprobar que los significados de las palabras tienen un
carácter holístico, global y que, por tanto, no pueden identificarse con objetos aislados, autó-
nomos y autosuficientes. El segundo aspecto criticable es la suposición de que existe un elen-
co fijo y estable de una o más acepciones que se asocian con la palabra que se define. Merece
la pena señalar, en contraposición con esta idea, el carácter abierto y dinámico del significado
de las palabras, que hace posible que tengan un número de usos nuevos no previstos, ni nece-
sariamente previsibles, suscitados por los contextos en los que pueda aparecer, que nunca podrí-
amos determinar a priori. Según, las acepciones de la palabra mensaje que aparecen en la pági-
na de la versión electrónica del diccionario de la RAE, esta palabra contiene ocho acepciones.
Pero esta caracterización es a todas luces insuficiente, dado que es muy fácil obtener nuevas
acepciones de esta palabra, no contenidas en la definición académica. Consideremos, para
mostrar esto, dos ejemplos:

1. El deshielo de los Polos es el mensaje que nos envía la naturaleza para hacernos evi-
dente el cambio climático.
2. Esos amaneceres traen un mensaje de esperanza.

Parece que la primera oración es perfectamente entendible e interpretable; sin embargo,


si repasamos las acepciones de mensaje que se nos dan no encontramos ninguna que se ajuste
al significado que en esta oración tiene esta palabra. Aquí, mensaje no es un recado, ni una
aportación religiosa, moral, intelectual o estética de una persona, doctrina u obra. Tampoco
es el trasfondo o sentido profundo transmitido por una obra intelectual o artística. No es una
comunicación oficial entre el poder legislativo y el ejecutivo, ni una comunicación escrita de
carácter político social, ni una señal que induce en las células una respuesta determinada, ni
un conjunto de señales o signos objeto de una comunicación, ni el contenido de esa comuni-
cación. Es decir, la palabra mensaje en el contexto de la oración que acabamos de proponer no
encaja exactamente con ninguna de las acepciones previstas: sólo se encuentra una mayor afi-
nidad o cercanía con una de ellas, la sexta, la acepción bioquímica. Respecto de la segunda
oración, en la que hablamos del mensaje de esperanza de unos amaneceres, volvemos a obser-
var un significado de mensaje que no se ajusta a ninguno de los enumerados en la definición
académica. No se trata en este caso tampoco de una aportación religiosa, moral o intelectual

20
¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

de persona, doctrina u obra alguna. No es el sentido de una obra artística, ni una comunica-
ción entre el poder legislativo y ejecutivo, ni hace referencia tampoco a ningún acto de comu-
nicación. Por otro lado, es fácil ver que los significados de mensaje en las dos oraciones aduci-
das son también de naturaleza muy distinta. En el primer caso, se nos habla de un hecho de
la naturaleza (cambio climático) que tiene una relación de causa y efecto sobre otro hecho
natural (el deshielo de los Polos). La palabra mensaje hace referencia precisamente a esa rela-
ción entre causa y efecto. En la segunda oración, se nos habla de una relación entre unos hechos
naturales (los amaneceres) y unos seres humanos, que aprovechan esos amaneceres para reno-
var o crear un sentimiento. En este caso, la palabra mensaje no expresa causa, como en el caso
anterior, sino un tipo de relación entre los sentimientos de las personas y la naturaleza. Por
supuesto, sería perfectamente inútil añadir a la definición académica de mensaje dos acepcio-
nes más que dieran cuenta de estos usos concretos, que no parecen derivarse directamente de
ninguno de los que aparecen en ella. Esto se debe a que podríamos seguir esgrimiendo con-
textos en los que la palabra en cuestión adquiere nuevos significados y nunca podríamos cerrar
la definición de la palabra. Claro, porque esto es debido a que los significados de las palabras
son dinámicos y variables y no estáticos y constantes como se deduce de las definiciones de los
diccionarios. Esto no quiere decir, desde luego, que no sea posible enunciar algún o algunos
elementos constantes en todos los usos de la palabra.
A pesar de todo lo visto, no tenemos dificultad alguna en interpretar la palabra mensa-
je en estas oraciones. Ello se debe, lo acabamos de decir, al carácter dinámico y abierto del
comportamiento significativo de las palabras. Por ello, tiene mucho más sentido hablar pre-
cisamente del comportamiento significativo de las palabras que del significado de las pala-
bras. También por ello, igual que es imposible abarcar todo el comportamiento humano
mediante la descripción de algunas pautas de conductas determinadas más o menos fre-
cuentes o estereotipadas, también es imposible abarcar todo el comportamiento significati-
vo de las palabras enumerando algunos de sus usos más característicos o estereotipados. En
todo caso, esa enumeración podría sólo servir de guía para deducir el tipo de comporta-
miento semántico de la palabra en cuestión. Como vemos, los significados no son entida-
des individuales, autónomas y aislables, y además no son entidades estáticas y cerradas, sino
dinámicas y abiertas que funcionan a través de sus relaciones con otras palabras, con las per-
sonas que las usan y con los contextos con los que se asocian. Por consiguiente, los signifi-
cados no pueden estar en las palabras, dado que se fundamentan y funcionan a través de
relaciones complejas; tienen, por consiguiente, carácter relacional. A resultas de todo ello,
si los significados tienen este cariz no se pueden asignar como entidades autónomas, aisla-
bles e independientes a las palabras. Sentados los hechos anteriores, ya no puede verse sen-
tido alguno a la idea de que los significados están en las palabras y que son transportados
con ellas a través de un canal físico de comunicación.

1.3. El diagrama de la comunicación de Shannon

La forma en la que se suele representar visualmente la comunicación lingüística humana


puede ilustrarse mediante un esquema como el siguiente:

21
Cuestiones clave de la Lingüística

ESQUEMA DEL PROCESO DE COMUNICACIÓN

Barrera

EMISOR codificación MENSAJE descodificación RECEPTOR

CANAL

Feedback

Figura 1.8. El diagrama de la comunicación.

Lo que parece querer decir este esquema es que un emisor codifica un mensaje que se
transmite a través de un canal, decodificado, a su vez, por un receptor. Esto parece coinci-
dir con la versión intuitiva más habitual de la comunicación humana mediante signos, en
la cual los emisores codifican un mensaje, que ha de ser descodificado por un receptor. Se
supone que lo que se quiere decir se pone en palabras o símbolos y, luego, el receptor se
encarga de extraer ese significado intencional de esas palabras o símbolos.
El emisor pone el significado en esas palabras y el receptor lo extrae. Estamos, pues, ante
la metáfora del conducto.
Este esquema se funde con el circuito del acto lingüístico del Curso de Saussure en dibu-
jos como el siguiente:

Speaker Hearer
Figura 1.9. Un diagrama humanizado de la comunicación lingüística [Akmajian, A.,
R. A. Demers, A. K. Farmer y R. M. Harnish, Linguistics. An introduction to Lan-
guage and Communication. The MIT Press, 2001: 364]

22
¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

Si comparamos este esquema con el del circuito del acto lingüístico del Curso de Saus-
sure, vemos que hay un solapamiento entre dos niveles: uno conceptual y otro material.
El primero es el nivel de la (de)codificación de mensajes y el segundo es el envío de seña-
les, entidades físicas registrables a través de un determinado canal, también físico. Para per-
catarnos de este particular, podemos observar el esquema que dio origen a imágenes como
la que acabamos de ver. Se trata del diagrama esquemático de un sistema de comunicación
general que aparece en un famoso artículo de 1948 escrito por C. E. Shannon y titulado “A
Mathematical Theory of Communication”.
Claude Elwood Shannon fue un matemático e ingeniero electrónico norteamericano
conocido como el padre de la teoría matemática de la información. Además, en 1937, a la
edad de 21 años, demostró que podían construirse circuitos electrónicos cuyo comporta-
miento estuviera regido por las leyes de las álgebras de Boole, con el fin de construir y resol-
ver cualquier relación lógica y numérica. Por ello, fue uno de los creadores de la idea del cir-
cuito digital, que es la base de toda la informática actual. También fue uno de los primeros
teóricos de la inteligencia artificial, incluido el desarrollo de programas informáticos capa-
ces de jugar al ajedrez. En 1948 publicó, junto con Warren Weaver, el libro The mathema-
tical theory of communication, que tuvo una gran influencia en muy diversas disciplinas, entre
ellas, la lingüística.

El diagrama es el siguiente:

INFORMATION
SOURCE TRANSMITTER RECEIVER DESTINATION

SIGNAL RECEIVED
SIGNAL

MESSAGE MESSAGE

NOISE
SOURCE

Figura 1.10. Diagrama de la comunicación de Shannon.

Se puede observar una serie muy importante de discrepancias entre este esquema y el ante-
rior. Podemos comprobar que en la figura 1.10 se distingue entre la fuente de información
(information source) y el emisor (transmitter) y entre el receptor (receiver) y el destinatario (des-
tination) del mensaje. Esto es así porque, como hemos dicho antes, hay dos procesos distintos:
uno conceptual y otro físico y Shannon era perfectamente consciente de ello. Los términos emi-
sor y receptor del primer esquema (figura 1.8) aparecen aquí desdoblados en fuente de informa-

23
Cuestiones clave de la Lingüística

ción y emisor y en receptor y destinatario. Es evidente que la fuente de información y el destina-


tario son los protagonistas del proceso semiótico y el emisor y el receptor son los protagonistas
del proceso físico de transmisión. Y aquí aparece una diferencia fundamental entre los dos esque-
mas de esta sección, el mensaje del primer esquema (figura 1.8) aparece en el diagrama de Shan-
non (figura 1.10) desdoblado en dos elementos: el mensaje y la señal. Es muy curioso observar
que el mensaje aparece dos veces en el diagrama de Shannon y solo una en el esquema de la
figura 1.8. Esto es debido a que el término mensaje es ambiguo; tiene dos acepciones diferen-
tes, tal como hemos podido comprobar fácilmente en la versión electrónica del diccionario de
la RAE, en donde encontramos las siguientes dos acepciones de mensaje:

• 7. Conjunto de señales, signos y símbolos que son objeto de una comunicación.


• 8. Contenido de esta comunicación.

Si dirigimos nuestra atención a las acepciones séptima y octava, caemos en la cuenta de


que por mensaje podemos entender dos cosas bien distintas: el conjunto de señales, signos
o símbolos que son objeto de la comunicación y el contenido de esa comunicación. En el
diagrama de Shannon vemos que esas dos acepciones quedan plenamente diferenciadas,
al contrario de lo que ocurre en el primer esquema (figura 1.8), en el que ambos aspectos
del mensaje aparecen fundidos en la mitad del esquema. A resultas de la distinción que hace
C. E. Shannon, queda claro que lo que se transmite a través de un canal físico y, por tanto,
lo que emite el emisor y lo que recibe el receptor es la señal, los aspectos físicos del mensa-
je, que podemos denominar mensaje2; sin embargo, el contenido del mensaje, lo que pode-
mos denominar mensaje1, no aparece como objeto de transmisión en el esquema de Shan-
non. Los extremos derecho e izquierdo del esquema de Shannon expresan los procesos
semióticos según los cuales el mensaje es codificado por una fuente de información y des-
codificado por el destinatario. El proceso físico de comunicación ocupa la parte central del
diagrama de Shannon y consiste en la asociación por parte del emisor del mensaje a una
señal codificada (formalmente estrutrurable) que circula a través de un canal físico para lle-
gar, mediante un proceso no semiótico, sino natural que, además, puede provocar distor-
siones de esa señal –denominadas ruido en el diagrama de Shannon– al receptor, quien se
encarga de restituir en su integridad, en la medida de lo posible, esa señal configurada lin-
güísticamente a partir de los estímulos captados; a continuación, el receptor construirá un
mensaje sobre la base de dicha señal lingüísticamente estructurada recibida. Si ese mensaje
es idéntico o muy similar al original, la comunicación habrá tenido éxito.
Por otro lado conviene ser consciente de que la propuesta de Shannon es puramente
matemática, pues define mensaje como funciones matemáticas; es decir, como puras rela-
ciones numéricas.

1.4. Las confusiones del diagrama de la comunicación

La propuesta de Shannon explicada en el apartado anterior soluciona un problema muy


complicado que surge del esquema primero (figura 1.8), en el que se confunden los dos

24
¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

procesos fundamentales (el semiótico o conceptual y el físico). Imaginemos que queremos


decir pásame la sal a nuestra comensal; lo que hacemos para ello es realizar un conjunto de
movimientos con nuestra lengua y labios que originan una serie de ondas sonoras, las cua-
les excitan el tímpano de nuestra interlocutora. Ni en los movimientos de los órganos arti-
culatorios de la emisora, ni en las ondas sonoras que provoca, ni en las vibraciones del tím-
pano de nuestra comensal, podríamos encontrar, por mucho que buscáramos, el contenido
del mensaje supuestamente transmitido. Como ya observamos anteriormente, sería algo
realmente milagroso o sobrenatural que una petición de un objeto, el contenido del men-
saje, se transformase primero en movimientos articularios, después en ondas sonoras y des-
pués en vibraciones de un tímpano. Ni en esos movimientos de los órganos articulatorios,
ni en las ondas sonoras, ni en las vibraciones del tímpano vamos a encontrar el significa-
do del mensaje. Más bien, en estos medios lo que vemos es una serie de procesos físicos a
partir de los cuales la receptora puede reconstruir la señal lingüísticamente estructurada y
eso es lo que realmente se transmite, se mueve físicamente.
No hay ningún misterio en la causación por parte de unos procesos físicos de otros
procesos físicos: los movimientos de los órganos articulatorios producen ondas sonoras y
las ondas sonoras provocan la vibración del tímpano de mi interlocutora. Lo único que
debe cumplir esta cadena de acontecimientos físicos es la preservación de una serie de ras-
gos físicos a partir de los cuales se pueda reconstruir la señal estructurada lingüísticamente.
Esto tampoco tiene nada de extraño o sobrenatural. A partir de la reconstrucción de esa
señal, la destinataria puede realizar un proceso semiótico de deducción o reconstrucción
de la intención al pronunciar la frase configurada lingüísticamente por la comensal emi-
sora. Por supuesto, esta (des)codificación es perfectamente describible y explicable en tér-
minos de las capacidades mentales y cognitivas de los seres humanos. Por lo que se acaba
de decir, es imprescindible distinguir entre la persona destinadora y la persona emisora
por un lado y la persona destinataria y receptora, por otro, dado que las primeras (desti-
nadora y destinataria) son las protagonistas del acto lingüístico y las segundas (emisora y
receptora) son las protagonistas del acto de la emisión y recepción del estímulo material,
que es algo de naturaleza física y no psíquico-social, como ocurre con el proceso semió-
tico implicado. Normalmente, se produce una coincidencia entre la persona destinadora
y emisora en la comunicación lingüística, dado que cuando alguien quiere decirle algo a
alguien, la primera persona se encarga de pronunciar las palabras adecuadas. Sin embar-
go, en aquellas circunstancias en las que, por ejemplo, tenga que echar mano de una intér-
prete para comunicarse con su interlocutora, entonces, la intérprete es la receptora de la
señal articulatoria y además la emisora de la señal articulatoria en la lengua que corres-
ponda hacia la persona destinataria. Sin embargo, la intérprete no asume ninguna res-
ponsabilidad sobre lo que dice, ya que la destinataria sabe perfectamente que la emisora
no es la destinadora. Si la destinadora quiere insultar a su interlocutora, aunque sea la
intérprete quien emita el insulto inteligible, la destinataria no puede enfadarse con ella,
que se limita a hacer bien su trabajo, sino con la destinadora, que es quien tiene la inten-
ción de insultarle. Todavía más frecuente es la disociación entre la persona receptora y la
persona destinataria. Si, por ejemplo, transmiten por la radio una felicitación a una ami-
ga o familiar concretos, a pesar de que las personas receptoras de esa felicitación pueden

25
Cuestiones clave de la Lingüística

ser miles o cientos de miles, sólo una de ellas se sentirá felicitada. Como consecuencia de
todo lo anterior, el primer esquema de la comunicación lingüística de la figura 1.8, que
es el más habitual en libros de texto y enciclopedias, es confuso y claramente inapropia-
do para expresar el funcionamiento de la comunicación lingüística humana. La idea de
que los mensajes se transmiten de un interlocutor a otro es verdad sólo si por mensaje
entendemos la señal codificada (mensaje2), pero no lo es si lo que entendemos por ese
vocablo es el contenido del mensaje (mensaje1). Los mensajes, en este segundo sentido,
no se transmiten sino que se construyen o reconstruyen. La persona destinataria no es,
pues, un mero agente pasivo que se limita a recibir el mensaje, sino que tiene que cons-
truir el mensaje (mensaje1), por más que se limite a recibir o percibir la señal lingüísti-
camente estructurada (mensaje2) con arreglo a la cual realiza esa reconstrucción. La idea
de que el mensaje1 es transmitido, que surge la más de las veces de la interpretación de
esquemas como el de la figura 1.8, deriva de un proceso mental claramente metonímico:
se denota el mensaje1 a través de la señal lingüísticamente conformada que va asociada a
él, es decir, el mensaje2. Algunas caracterizaciones que se hacen de la comunicación lin-
güística tienen en cuenta la diferencia entre señal y mensaje, aunque a veces existe una
forma no muy clara de expresarla. He aquí un ejemplo:

“La teoría de la información intenta explicar las modalidades de la transferencia de


los mensajes (como secuencias de señales organizadas según un código) de un emisor a
un receptor, con exclusión de los contenidos allí vertidos: se hace cargo sólo del plano
del significante cuya transmisión trata de optimizar. En el dominio de la lengua natu-
ral, por ejemplo, ha de notarse que lo transmitido es una sucesión de fonemas o de gra-
femas, y no la significación (que es del orden de lo recibido, no de lo transmitido).”
(A. Greimas y J. Courtés (1982), Semiótica. Diccionario razonado de la teoría del len-
guaje, Madrid: Gredos, 1982: 221)

Esta definición, aunque tiene en cuenta la diferencia entre señal y mensaje, es oscura.
Primero, se dice que se transfieren los mensajes y después se dice que se excluyen los conte-
nidos “allí vertidos”. Esta expresión es coherente con la metáfora del conducto de las expre-
siones lingüísticas como contenedoras de los significados, que acabamos de explicar. Lo que
se dice que hace la teoría de la información es eliminar la consideración de los contenidos
que están vertidos en las señales y, por tanto, se parte de la idea de que la señal lingüística
contiene el significado. La explicación con la que acaba la definición aumenta de modo nota-
ble la confusión porque, según ella, lo que se transmite en la lengua natural es una sucesión
de fonemas y no la significación. Por tanto, parece que sólo hay dos cosas en las lenguas:
sucesiones de fonemas y significación. Pensar que la persona que realiza el acto lingüístico
es un generador de sucesiones de fonemas (o de formas manuales en el caso de las lenguas
señadas) es algo bastante extravagante y contrario a los principios del estructuralismo de
tamiz saussuriano dado que, según estableció el lingüista suizo y como ya hemos visto, los
fonemas se identifican con imágenes articulatorias internas y, por tanto, los fonemas como
tales imágenes mentales personales no se pueden transmitir, sólo los sonidos o, mejor, las
expresiones fónicas complejas, que rara vez constan de un solo sonido simple.

26
¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

En el siguiente esquema se muestra la relación entre el diagrama inicial de la comuni-


cación de la figura 1.8 y el propuesto por Shannon poniendo de manifiesto las diferencias
entre los dos. El primero lo que hace es fusionar conceptos que están claramente identifi-
cados en el esquema de Shannon y, por tanto, sugerir una visión de la comunicación que se
basa en la confusión conceptual de elementos bastante bien especificados dentro de un cir-
cuito de transmisión de señales.

INFORMA-
TION TRANSMITTER RECEIVER DESTINATION
SOURCE

SIGNAL RECEIVED
SIGNAL

MESSAGE MESSAGE

NOISE
SOURCE

ESQUEMA DEL PROCESO DE COMUNICACIÓN

Barrera

EMISOR codificación MENSAJE descodificación RECEPTOR

CANAL

Feedback

Figura 1.11. Correspondencias entre los diagramas 1.8 y 1.10.

Concretamente, observamos cómo los términos information source ‘fuente de informa-


ción’ y transmitter ‘transmisor’ se fusionan en el término emisor y el de receiver ‘receptor’ y
destination ‘destino’ se mezclan en el término receptor. Por su parte, al término mensaje le
corresponden nada menos que cuatro conceptos del esquema de Shannon: message ‘mensa-
je’, signal ‘señal’, received signal ‘señal recibida’ y message ‘mensaje’. El hecho de que la pala-
bra message ‘mensaje’ aparezca dos veces en el esquema de Shannon indica que el mensaje
no es transmitido sino reconstruido por parte de su destinatario.
Al parecer, el esquema de Shannon de 1948, a través de su interpretación errónea, sir-
vió como justificación científica a la metáfora del telementalismo y del conducto que ha

27
Cuestiones clave de la Lingüística

dominado la forma de abordar muchos problemas lingüísticos a lo largo del siglo XX. De
hecho, el esquema de la comunicación, surgido de una interpretación errónea del de Shan-
non ha sido el punto de partida de diversos análisis lingüísticos, algunos de ellos muy influ-
yentes, realizados a lo largo de todo el siglo XX.

1.5. La codificación en los mensajes lingüísticos

Hemos visto en el apartado anterior que la actividad lingüística se basa en una asociación
entre una forma lingüística y determinados significados. Se dice habitualmente que las expre-
siones codifican un significado o que el significado está codificado en las expresiones lin-
güísticas. Pero ¿qué significa codificar en el caso lingüístico? ¿Qué sentido tiene decir que en
una oración como está lloviendo se ha codificado un significado si no se piensa en algo como
la metáfora del conducto, que es literalmente absurda?
Es interesante diferenciar la codificación de la información en los lenguajes informáti-
cos y en las lenguas naturales, ya que son dos procesos muy diferentes. Sólo el primer pro-
ceso entra dentro del esquema de la comunicación de Shannon. El segundo es cualitativa-
mente diferente.
Tomemos, por ejemplo, la palabra casa. Para el tratamiento informático de esta expre-
sión lo que tenemos es una sucesión de letras que se realizan en última instancia a través de
una sucesión de bits. En este caso, tenemos la siguiente sucesión de bits:

casa Æ 01100011 01100001 01110011 01100001 (binario)

A cada letra le corresponden ocho bits (un octeto o byte), de forma que esta palabra se
traduce como una secuencia de cuatro octetos. El 0 se corresponde con la ausencia de paso
de corriente eléctrica por un circuito y el 1 se corresponde con el paso de corriente, que es
lo único que el procesador de un ordenador puede realizar físicamente. Todas las computa-
ciones del ordenador se realizan a través de circuitos que operan sobre esta base binaria.
Como el manejo de un sistema de base binaria puede resultar muy engorroso, se utiliza nor-
malmente el sistema sexagesimal, en el cual la secuencia anterior es la siguiente:

casa Æ 63 61 73 61 (hexadecimal)

Esta codificación es exactamente igual a la binaria, pero expresada en el sistema hexa-


decimal de numeración. De este modo:

63 (hexadecimal) = 01100011 (binario) = 99 (decimal)

Por tanto, cuando decimos que la palabra casa está codificada informáticamente esto
significa que existe una secuencia de unos y ceros (treinta y dos segmentada en cuatro octe-
tos) tal que a cada octeto se le asocia una letra.

28
¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

El sistema hexadecimal consta de los siguientes números: 0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8,


9, A, B, C, D, E, F, de forma que A se corresponde con 10 en decimal, B con 11,
C con 12, D con 13, E con 14 y F con 15. De esta forma, el número decimal 16
es en hexadecimal 10.

Esto no se parece ni remotamente a lo que sucede cuando decimos que la palabra casa
codifica el significado correspondiente. No asociamos cada letra de la expresión a un ele-
mento constituyente del significado ni nada parecido.
Los datos que se procesan en los ordenadores a través de programas informáticos no son
más que secuencias de caracteres traducibles a lenguaje-máquina, es decir, a una secuencia
de unos y ceros. Lo que hacen las personas que hablan o señan al emitir una expresión lin-
güística puede parecer similar a lo que hace un programa informático a través de un canal
físico: relacionar secuencias de expresiones; con ello tomamos el modelo del ordenador como
fundamento de una metáfora del acto lingüístico. Decimos que la persona emite una señal
física que transmite una información, que es el contenido significado de esa señal física y
aplicamos el esquema de Shannon que es válido para ordenadores, pero no para personas.
Pero a veces, por el modo de explicar de modo sencillo y fácil de entender cómo fun-
cionan los ordenadores, se puede inducir sin pretenderlo la idea de que los ordenadores tra-
bajan, en alguna medida, como las personas. Por ejemplo, cuando se define una computa-
dora como “una máquina capaz de aceptar unos datos de entrada, efectuar con ellos
operaciones lógicas y aritméticas, y proporcionar la información resultante a través de un
medio de salida”, es crucial aquí comprender qué ha de entenderse por datos:

“En la definición de computador se ha utilizado el término datos, que es conveniente


precisar. Los datos son conjuntos de símbolos utilizados para expresar o representar un
valor numérico, un hecho, un objeto o una idea; en la forma adecuada para ser objeto
de tratamiento. Es decir, en informática el concepto de dato es mucho más amplio que
el que se suele utilizar en Física o en Matemáticas. En informática no sólo es un dato una
temperatura (25 ºC) o una altura (38,5 m), o una medida experimental, sino que tam-
bién lo es una matrícula de coche (7784 BBZ), el nombre de un individuo (Marta Prie-
to Campos) o una frase de un libro.” (Prieto Espinosa, A., A. Lloris Ruiz, y J. C. Torres
Cantero, Introducción a la Informática. Madrid, McGraw-Hill, 2002: 2)

Esta explicación puede llevar a muchas personas a adquirir una visión distorsionada o
simplemente falsa de lo que es un dato en las ciencias de la computación. Decir que los datos
son conjuntos de símbolos, o mejor caracteres, es rigurosamente cierto, pero toda la expli-
cación que sigue, realizada en esos términos por motivos claramente pedagógicos, puede
originar graves confusiones en quien no comprenda bien la computación. Cuando se habla
de “símbolos utilizados para expresar o representar...” no se está hablando sobre lo que hacen
los computadores, sino sobre una actividad humana; por consiguiente, los computadores
no manejan hechos, objetos o ideas, sino simplemente secuencias de caracteres, por tanto,
para un ordenador todos los datos son de la misma naturaleza: secuencias de caracteres. En

29
Cuestiones clave de la Lingüística

este sentido, el concepto de dato no es más amplio para el ordenador que en Física o Mate-
máticas, sino mucho más restrictivo, dado que la Física maneja magnitudes, fuerzas, masas
y el computador sólo maneja secuencias de caracteres. Lo que sí es cierto es que para una
persona que trabaja en informática (no para una computadora) cualquier cosa que se pue-
da expresar mediante una secuencia de caracteres es un dato válido, cosa que no le ocurre al
físico o al matemático. Por tanto, en esta definición se empieza hablando de los computa-
dores para continuar hablando de quienes trabajan en informática, física o matemática. Las
personas que se inician en estas materias pueden obtener de un párrafo como este una idea
equivocada sobre cómo funcionan los ordenadores.
Tal como se da a entender en la definición analizada, los textos se representan precisa-
mente mediante secuencias de caracteres; así lo afirma Prieto Espinosa (2002: 82): “Pode-
mos representar cualquier información escrita (texto) por medio de caracteres”. Sin embar-
go, la alusión aquí a la palabra ‘texto’ puede inducir de nuevo a confusión a más de una
persona no preparada. Los textos de las lenguas naturales son mucho más que una mera
secuencia de caracteres; lo que se representa en el ordenador es la secuencia de letras de un
texto, pero no el texto en sí mismo con su contenido y sus implicaciones semánticas. Las
líneas que ahora escribo en mi procesador de textos son interpretadas como texto por mí,
que las estoy escribiendo en este momento, pero para ese procesador no son más que una
secuencia arbitraria de caracteres tan válida como cualquier otra secuencia que se pueda
obtener presionando teclas al azar durante algunos minutos. Esto queda por otro lado per-
fectamente aclarado cuando se dice un poco más adelante: “Al introducir un texto en un
computador, a través del periférico correspondiente, los caracteres se codifican con un códi-
go de entrada/salida de forma que a cada carácter se le asocia una determinada combina-
ción de n bits” (Prieto Espinosa, 2002: 83). En efecto, al introducir un texto no estamos en
realidad introduciendo un texto sino una secuencia de caracteres asociado cada uno a una
determinada combinación de bits. Eso es todo lo que introducimos, ni más ni menos. Por
tanto, no introducimos texto alguno tal como se entiende la palabra texto por parte de quie-
nes usan la lengua escrita.
Si vemos que el significado de texto en informática está muy alejado de su significado
puramente lingüístico, algo similar podemos comprobar en el caso de palabra, cuya defini-
ción es la siguiente: “se denomina palabra al conjunto de bits que forma un dato con los
que opera la ALU (Unidad Aritmético-Lógica), y coincide, en general, con el número de
bits de cada uno de los registros del procesador” (Prieto Espinosa, 2002: 8). La formación
de palabras no tiene nada que ver con la verbalización de conceptos o de prototipos de obje-
tos, hechos o entidades como pudiera desprenderse de la definición de dato analizada y como
ocurre en las lenguas naturales, sino con el hecho de que la Unidad Aritmético-Lógica no
suele operar con octetos o bytes (constituidos por 8 bits, es decir, por una secuencia de ocho
unos y ceros que representan caracteres), sino con unidades mayores compuestas de 16, 32,
64 o 128 bits, es decir, con secuencias de dieciséis, treinta y dos, sesenta y cuatro o ciento
veintiocho unos y ceros. Por consiguiente, una palabra no es más que una secuencia de bits
que se utiliza como unidad de procesamiento.
El esquema de la comunicación de Shannon es perfectamente válido para modelar las
actividades informáticas descritas, pero no lo es (o, al menos, no lo es en su totalidad) para

30
¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

describir el acto de comunicación lingüística. Lo único que puede describir adecuadamen-


te es la emisión, transmisión y recepción de la señal física implicada (ya sea auditiva o visual,
según la modalidad lingüística).

1.6. La crítica del modelo codificador de la comunicación lingüística

Akmajian et al. (2001: 366-370) ofrecen una crítica de este modelo de la comunicación lin-
güística basado en el esquema de la comunicación en el que se codifica un mensaje que se envía
por un conducto dentro de una forma física cuyo significado extrae la persona receptora a par-
tir de esa forma física centrada en los siguientes seis problemas fundamentales.

Primer problema: los mensajes son a menudo ambiguos. Por ejemplo, en Perico ven-
de en el Rastro libros y discos viejos, se puede entender que viejos se refiere solo a los dis-
cos o también a los libros y los discos. [Ambigüedad]
Segundo problema: la referencia de las palabras no depende solo del significado con-
vencionalmente establecido de antemano. Muchas veces depende del contexto mismo
de emisión. Por ejemplo, cuando usamos un pronombre demostrativo como este, como
en quiero este. [Contextualidad]
Tercer problema: para entender el mensaje es necesario comprender su intención
comunicativa, que no siempre se deriva del significado asociado convencionalmente a
las palabras de que consta el mensaje. Por ejemplo, hace frío aquí puede utilizarse con
la intención de hacernos ver que una persona está sufriendo una sensación térmica, pero
también se puede utilizar con otros fines: por ejemplo, para sugerir que se cierre la ven-
tana o la puerta o para sugerir que se compre o contrate un servicio de calefacción, entre
una infinidad de otras. [Intencionalidad]
Cuarto problema: muchas veces no se pretende que el mensaje se interprete de modo
literal. Un ejemplo son las observaciones irónicas tales como ¡Vaya campeón que estás
hecho! [Literalidad]
Quinto problema: muchas veces intentamos comunicar algo completamente distin-
to de lo que estamos diciendo literalmente. Por ejemplo, cuando decimos me parece que
aquí hay algo que huele muy mal para dar a entender que tenemos alguna sospecha de
que hay implicada alguna ilegalidad en una determinada actividad. [Metaforización]
Sexto problema: no siempre se quiere comunicar algo en el acto lingüístico de comu-
nicación. Por ejemplo, podemos hacer una descripción de una situación muy proble-
mática pero sobradamente conocida por todo el mundo para intentar convencer alguien
de la necesidad de un cambio radical o de una revolución. [Realización]

Como podemos comprobar, los seis problemas propuestos hacen referencia a la idea de
que la comunicación lingüística es algo mucho más complejo que enviar e interpretar seña-
les lingüísticas. Hay que tener en cuenta, para describir y explicar la comunicación lingüís-
tica, las intenciones y las inferencias de las personas que intervienen en ella, su conocimiento
del mundo, de las relaciones sociales, del contexto cultural, social, político, económico en
el que se lleva a cabo. Los mensajes se expresan lingüísticamente por parte de las personas
que los componen y se reconstruyen o recrean por parte de las que los interpretan, median-

31
Cuestiones clave de la Lingüística

te un complejo entramado de relaciones psíquicas y sociales que van mucho más allá de un
simple reconocimiento de palabras o expresiones. Hay que aplicar una concepción inferen-
cial de la comunicación lingüística frente a una concepción codificadora:

“En resumen, el modelo inferencial de la comunicación considera que quien comu-


nica proporciona un estímulo ostensivo para llegar a un cierto sentido y este sentido es
inferido por los receptores a partir del estímulo.” (J. Portolés 2007: 86)

1.7. El objetivismo, la habitación china de Searle y los robots parlantes

La aplicación del esquema de la comunicación lingüística basado en el modelo de la trans-


misión de información de Shannon se inscribe además en una concepción del funciona-
miento de la mente humana basada en lo que se denomina objetivismo.
El lingüista George Lakoff, en su libro sobre semántica cognitiva (Lakoff, 1987: xii-xiii),
enumera los postulados esenciales de lo que él denomina objetivismo. Entre las propiedades
de este enfoque están las siguientes:

1. El pensamiento es la manipulación mecánica de símbolos abstractos.


2. La mente es una máquina abstracta que realiza computaciones algorítmicas.
3. El pensamiento es atomístico; puede segmentarse en unidades mínimas que se com-
binan y se manipulan mediante reglas.
4. Las máquinas, que no hacen más que manipular mecánicamente símbolos, son capa-
ces de pensar y razonar.

Aquí hay una metáfora básica sobre cómo funciona la mente. La mente es como un
ordenador que manipula una serie de símbolos simples (conceptos) para obtener expresio-
nes complejas de símbolos (pensamiento) mediante una serie de procesos formalmente carac-
terizables (algoritmos). Téngase en cuenta que esta visión es especialmente coherente con el
enfoque telementalista del acto comunicativo y con la visión informática. Como los con-
ceptos y pensamientos se identifican con un conjunto de elementos manipulables median-
te reglas precisas, entonces no parece muy difícil realizar materialmente los pensamientos a
través de señales codificadas que son de la misma naturaleza formal: constan de una serie de
elementos básicos a partir de los que se obtienen elementos más complejos siguiendo una
serie de reglas de producción formalmente determinables. En esencia, los conceptos, ideas
o mensajes, aunque sean materialmente diferentes de las señales físicas, comparten con ellas
una misma estructuración formal, lo cual hace posible que aquellos sean directamente aso-
ciables con éstas y que, por tanto, las señales transmitidas físicamente puedan ser en gran
medida isomorfas con los mensajes asociados a ellas.
Contra esta visión de la comunicación, J. R. Searle (1985: 37-38; 2004: 62-70) propu-
so uno de los argumentos más famosos de la filosofía de los últimos tiempos, denominado
experimento de la habitación china. Veamos en qué consiste. Supongamos un hablante nati-
vo de inglés que no sabe ni una palabra de chino encerrado en una habitación llena de cajas

32
¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

de logogramas chinos (una base de datos) junto con un libro de instrucciones para mani-
pular los símbolos (el programa). En este libro de instrucciones se le especifica que cuando
reciba determinada secuencia de caracteres chinos ha de seleccionar otra secuencia deter-
minada de caracteres chinos como respuesta. Lo único que necesita ese hablante es recono-
cer e identificar visualmente los logogramas chinos, sin tener ni la más remota idea de lo
que significan. Suponga que unas personas que están fuera de la habitación le hacen llegar
por una ranura de la puerta tarjetas con preguntas en chino (el input). Imagine que, siguien-
do las instrucciones en el programa, el hombre en cuestión es capaz de proporcionar res-
puestas adecuadas a todas las preguntas utilizando tarjetas escritas en chino que tiene a su
disposición. Actúa como si supiera chino, pero no sabe una palabra de chino. Si el hombre
en la habitación no llega a entender chino a base de la utilización del programa para enten-
der chino, entonces tampoco puede entenderlo ningún ordenador digital sobre esa base por-
que ningún ordenador, en cuanto ordenador, tiene algo que no tenga el ser humano.
El circuito del habla del Curso de Lingüística General que se analizó en el apartado 1.1 (figu-
ra 1.3) muestra cómo el hablante parte de una asociación entre un concepto y una imagen
acústica (c Æ i) y mediante la emisión de una señal codificada provoca en el oyente la misma
asociación en dirección inversa (i Æ c). Por ejemplo, si el hablante quiere decir ‘casa’, en vir-
tud de la asociación del concepto con la imagen acústica /kása/ emite la expresión fónica [kása]
que, cuando llega a oídos de su interlocutor, provoca la imagen acústica /kása/, lo que, a su
vez, suscita el concepto ‘casa’. De forma esquemática tenemos algo como lo siguiente:

C ‘casa’ Æ I /kása/  [kása]  I /kása/ Æ C ‘casa’

Vemos que este proceso es completamente mecánico y algorítmico y que, por tanto,
podría ser imitado por cualquier máquina, siempre y cuando sustituyamos el concepto por
una foto o por una compleja red neuronal.
Para darse cuenta de que esta sugerencia es, de hecho, perfectamente conciliable con la
visión que del acto de comunicación que se suele describir en los manuales, vamos a imaginar
el siguiente experimento, que no es, en realidad, más que una variante del experimento de la
habitación china de Searle, que proporciona el autor como argumento en contra de la teoría
computacional fuerte de la mente. Supongamos que tenemos dos máquinas en las que median-
te un mecanismo está asociada una palabra escrita en una tarjeta con la foto del objeto que esa
palabra denota; además esas máquinas contienen una pantalla en la que puede aparecer la pala-
bra escrita y la foto del objeto denotado; adicionalmente tienen una cámara enfocada a la pan-
talla de la otra, de modo que la imagen que aparece en la pantalla de una máquina puede ser
captada por la otra. Además cada máquina tiene un mecanismo que al ser accionado elige de
modo aleatorio en la pantalla una de las tarjetas almacenadas en su memoria. Supongamos
que accionando ese mecanismo en la máquina A se selecciona una foto al azar e inmediata-
mente aparece en la pantalla una tarjeta con la palabra escrita correspondiente. Esa imagen es
captada por la cámara de la máquina B que inmediatamente reconoce la palabra y automáti-
camente proyecta en su pantalla la imagen correspondiente a la palabra captada. Más concre-
tamente, imaginemos dos robots en los que hay un disco duro que contiene un programa que
asocia imágenes con palabras. De modo que a la imagen de un perro, le asocia la palabra perro

33
Cuestiones clave de la Lingüística

escrita o pronunciada. Hay un programa que selecciona esa imagen en el robot A y le asocia
la palabra correspondiente, de modo que esa palabra aparece en una pantalla que lleva el robot
en el pecho o el robot emite una pronunciación de ella registrada previamente utilizando un
altavoz incorporado. Supongamos que el robot B dispone de una cámara que recoge la ima-
gen visualizada en la pantalla del robot A o un micrófono que registra el sonido producido por
su altavoz incorporado. El robot B tiene también el programa que asocia palabras escritas con
imágenes de modo que busca en su base de datos la palabra correspondiente, la asocia con la
imagen del perro y la proyecta en su pantalla pectoral. Lo que vería un espectador desde fue-
ra sería un robot A que escribe en su pantalla pectoral (o emite por su altavoz interno) la pala-
bra perro y otro robot B que, a raíz de este hecho, proyecta en su pantalla pectoral la imagen
de un perro, o emite el sonido correspondiente a esa palabra por su altavoz incorporado. Siguien-
do el circuito del habla del Curso de Lingüística General, podríamos decir que los robots se han
comunicado lingüísticamente.
La situación que acabamos de describir satisface los requisitos del circuito del habla del
Curso de Saussure: tiene todos los elementos que lo definen; a saber, un código (programa)
que asocia una palabra a una imagen, una transmisión de la imagen de una palabra y una
respuesta por parte de la máquina receptora, que traduce esa palabra a la imagen corres-
pondiente. En el caso del habla humana, tenemos imágenes acústicas y conceptos y en el
caso de las máquinas tenemos dos tipos de imagen gráfica, pero la estructura de las dos situa-
ciones es exactamente la misma y, sin embargo, no parece que nos sintamos muy felices al
decir que en el caso de los robots ha habido comunicación. De hecho, visto desde la pers-
pectiva de las máquinas, es bastante extraño decir que una máquina ha emitido un mensa-
je, en el sentido de que la palabra emitida tiene un contenido. De hecho, si se relaciona con
algo es porque la máquina receptora presenta unas relaciones palabra/foto idénticas a las que
tiene la máquina emisora, pero sería disparatado decir en este caso que la imagen de la pala-
bra ‘perro’ conlleva o contiene la foto del animal correspondiente. Lo que ocurre es que en
el disco duro de cada uno de los robots se relaciona una palabra escrita con una imagen. En
consecuencia, ¿podríamos mantener que cuando el robot A emite a través de su altavoz la
palabra perro y el robot B la capta a través de su micrófono incorporado y hace aparecer la
imagen de un perro en su pantalla incorporada, el robot A y el robot B se han comunicado
lingüísticamente? ¿Podríamos decir que el robot B ha entendido al robot A? Qué duda cabe
de que en este caso se ha transmitido una señal física y que se han puesto en marcha los
mecanismos automáticos que en cada robot asocian de forma mecánica sonidos con imá-
genes o palabras escritas con imágenes. Si hacemos la comparación pertinente, lo que hacen
estos robots es exactamente lo que hacen las dos cabezas parlantes del circuito de habla del
Curso de Lingüística General (figura 1.2); de hecho, no parece descabellado decir que este
esquema nos presenta, en realidad, dos autómatas, no dos personas:

“¿Habría alguna diferencia si escribiéramos a los editores y sugiriéramos que en su


próxima reimpresión del Cours podrían poner al día las ilustraciones y sustituir el dibu-
jo de las dos cabezas por un diagrama de dos ordenadores de oficina conectados que
intercambian información anónima a lo largo de los cables que los unen?” (R. Harris,
The Language Machine, Worcester: Duckworth 1987: 169)

34
¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

1.8. La verdadera naturaleza de la comunicación lingüística

La crítica que se puede hacer, entonces, a este esquema del circuito del habla del Curso de
Lingüística General de Saussure es que no es capaz de dar cuenta de la comunicación lin-
güística humana. Ello es debido a que se tratan los protagonistas del acto de habla como
meros mecanismos de producción y emisión de señales lingüísticas, exactamente igual que
dos máquinas de comunicación. Cuando aplicamos el caso del circuito del habla a las máqui-
nas vemos lo absurdo que es pensar en la idea de que las palabras transmiten información,
ideas o contenidos. Si ello no nos parece absurdo en el caso del circuito del habla humano
se debe a que, en este caso, hay algo más que está ausente en el caso de las máquinas y que
no se hace explícito en la descripción del circuito lingüístico. Además, el ejemplo nos mani-
fiesta que la descripción saussureana del circuito del habla trata a los hablantes-oyentes como
simples máquinas que asocian imágenes acústicas con conceptos. Esta visión de la comuni-
cación lingüística es radicalmente errónea, dado que su objetivo no es hacer que el oyente
focalice o se haga consciente de una relación entre un sonido y un concepto, lo cual no aña-
diría nada nuevo a lo que ya sabe. En efecto, si yo emito la palabra perro y esta emisión es
percibida por un oyente, entonces en el oyente se pone en primer plano la relación entre esa
palabra y el animal. Esta relación ya la conocía de antes; por consiguiente, si la comunica-
ción lingüística consiste en esto es algo perfectamente inútil. La comunicación surge de esa
asociación ya conocida, pero en ningún modo se reduce a ella:

“Un mecanismo lingüístico no tiene como su función propia directa hacer que su
significado codificado sea parte del significado de las expresiones en que aparece. Tiene
más bien como su función propia directa la de indicar un componente del significado
del hablante que se evoca de forma más eficaz activando el significado codificado del
mecanismo lingüístico. Realiza esta función directa haciendo que cada pieza del meca-
nismo lleve a cabo la función propia derivada de indicar un significado contextual rele-
vante.” (G. Origgi y D. Sperber, “Evolution, communication and the proper function
of language” en P. Carruthers y A. Chamberlain (eds.) Evolution and ther Human Mind.
Modularity, Language and Meta-Cognition, Cambridge University Press, 2000:160)

Esto significa que la asociación que induce la palabra no es más que una pista para que
el oyente infiera o reconstruya el mensaje que el hablante pretende que entienda. Por tan-
to, el mensaje no se transmite, sino que es inferido por quien escucha o ve a partir de algu-
nas pistas, entre las cuales se encuentran determinadas asociaciones del código lingüístico,
que el oyente debe conocer de antemano (tal como el hablante supone). Como dicen de for-
ma resumida los autores de la cita anterior:

“Suponga que lo que hace una proferencia lingüística no es codificar el significado


del hablante, sino dar pruebas convincentes a partir de las cuales la audiencia puede
inferir el significado del hablante.” (G. Origgi y D. Sperber, 2000: 158)

Ese algo que no está explícito en el esquema y que hace que esa relación mecánica se
convierta en un acto de comunicación tiene que ver con el hecho de que la comunicación

35
Cuestiones clave de la Lingüística

lingüística es una actividad en la que una persona emisora posee una intención comunica-
tiva y en la que la persona receptora asigna una intención comunicativa la emisora y que
sólo tiene sentido dentro de un determinado contexto inmediato (las circunstancias inme-
diatas de ese acto lingüístico) y de un contexto mediato (el contexto cultural, social, políti-
co, ideológico en el que tiene lugar esa actividad lingüística y que, por supuesto, incluye
también el código necesario para el cifrado de los mensajes). Aquí radican los elementos
esenciales que definen el acto de comunicación lingüística humana y que se realizan física
y psíquicamente a través de ese circuito del habla saussureano, en el que en realidad no hay
agentes comunicativos sino simples asociadores de conceptos e imágenes acústicas y trans-
misores y receptores de señales físicas. En un libro sobre la comunicación (V. Escandell Vidal,
2005) se realiza una crítica de este esquema de la comunicación clásico, desde un punto de
vista lingüístico. Se dice que la caracterización tradicional de la comunicación lingüística en
términos del esquema clásico de comunicación es errónea y, tal como hemos argüido antes,
que es de carácter puramente mecánico:

“El esquema se concibió originalmente como modelo del intercambio entre dispo-
sitivos mecánicos, y realiza adecuadamente el cometido para el que fue diseñado. Pero
cuando se utiliza como modelo de la comunicación humana devuelve una imagen rígi-
da y simplista, en la que la comunicación se reduce a un intercambio mecánico de men-
sajes y señales.” (V. Escandell Vidal, 2005: 11)

Empeñados en justificar un objeto autónomo e independiente que definiría la ciencia


lingüística, los lingüistas no tienen inconveniente en eliminar los rasgos esenciales de acti-
vidad lingüística para quedarse con unos puros esquemas formales estrictamente lingüísti-
cos que sirven para justificar y defender la autonomía de su disciplina. En esto consiste esen-
cialmente el mito del lenguaje descrito y estudiado por R. Harris (1981).

1.9. La metáfora de la huella

Hemos visto que la idea de que las palabras transmiten significados y de que, por tanto, los
significados se trasladan nos presenta una visión de la comunicación lingüística humana
muy viva y sugerente, pero lejana a la verdadera naturaleza de esa comunicación. Hemos
visto cómo dos de las acepciones del término mensaje o, utilizando el punto de vista del
apartado anterior, dos de los comportamientos significativos más habituales de este voca-
blo, el que hace referencia al contenido y el que hace referencia a la señal física, se mezclan
o confunden para presentarnos la imagen de que los contenidos, los significados, se trans-
miten a través de un canal físico en el acto de comunicación lingüística humana. La comu-
nicación lingüística se ve como un acto mediante el cual un emisor envía un mensaje con
un contenido determinado a un receptor que no tiene más que extraer ese contenido de ese
mensaje. Intervienen aquí varias metáforas y metonimias como el telementalismo, la metá-
fora del conducto o la cosificación del significado. Estas metáforas nos permiten, sin duda,
entendernos a efectos prácticos sin problemas añadidos. Sin embargo, no podemos basar

36
¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

nuestras reflexiones acerca de la naturaleza de la comunicación lingüística en esas metáfo-


ras sin distorsionar gravemente el entendimiento cabal de la naturaleza y funcionamiento
de ese tipo de comportamiento comunicativo. De todas maneras, si seguimos a G. Lakoff
y M. Johnson, probablemente lleguemos a la conclusión de que no podemos pensar o razo-
nar sin hacer uso de metáforas. Por ello, podemos preguntarnos si hay algún otro tipo de
metáfora que nos pueda ayudar a entender la comunicación sin desviarnos tanto de la com-
prensión de su auténtica naturaleza. Para finalizar este capítulo, se propone sustituir la metá-
fora del conducto por la metáfora de las huellas. Esta metáfora que vamos a proponer se
fundamenta en la relación metonímica entre las huellas que dejan algunos animales y los
animales mismos. Las huellas de los animales se suelen ver como índices: se pueden inter-
pretar como señales que indican el paso de determinado animal por algún lugar. Pero, ade-
más, las huellas de los animales nos proporcionan mucha información adicional. En primer
lugar, información contextual: se puede deducir a partir de ellas que uno o varios animales
han estado físicamente en el lugar donde aparecen las huellas con algún propósito determi-
nado (cazar, alimentarse, beber, refugiarse, descansar…). Pero también nos dan muchas pis-
tas sobre la forma, el tamaño y el peso del animal.
Igual que la huella de un animal se asocia con el animal y está en buena medida rela-
cionada con la forma y estructura de ese organismo, los mensajes entendidos como señales
lingüísticamente conformadas pueden ser vistos como conjuntos de huellas gráficas o fóni-
cas de determinadas palabras. Aunque, en este caso, la relación entre la huella y el elemen-
to lingüístico que le corresponde o con el que se asocia no es indicial, sino simbólica o arbi-
traria; sin embargo, la metáfora afecta mucho menos a la comprensión de la verdadera
naturaleza de la comunicación lingüística que la metáfora del conducto que hemos analiza-
do en este capítulo.
Igual que sería absurdo decir que las huellas contienen al animal, es absurdo decir que
las señales codificadas, las huellas lingüísticas, contienen el mensaje. Las señales lingüísticas
transmiten físicamente unas imágenes visuales o auditivas a partir de las cuales se puede
reconstruir un mensaje, se pueden deducir los contenidos que se asocian con ese tipo de
huellas. En el caso de la escritura se ve aún más clara la adecuación de esta metáfora. Los
trazos escritos son huellas gráficas de palabras, oraciones y discursos, a partir de las cuales es
posible reconstruir dichas palabras, oraciones y discursos.
Considerar que la palabra escrita es la palabra lingüística y contiene su significado es tan
disparatado, aunque a primera vista no nos lo parezca, como decir que la huella es el ani-
mal y contiene el animal. La metáfora de la huella tiene la ventaja de que hace explícito de
forma patente un error muy frecuente a propósito de qué es lo que realmente se transmite
físicamente en la comunicación lingüística.

1.10. Conclusión

El circuito del acto lingüístico debe concebirse como iniciado por una persona que asocia
un determinado pensamiento, un mensaje, con una forma lingüística capaz de desencade-
nar una serie de acciones físicas que dan lugar a una señal material independiente de esa per-

37
Cuestiones clave de la Lingüística

sona y susceptible de ser captada por los órganos sensoriales de la persona a la que va diri-
gida ese acto lingüístico. Ella tendrá que analizar esas percepciones sensoriales en una for-
ma lingüística discreta y, a partir de ahí, intentará construir un pensamiento, un mensaje,
similar al pensamiento de la persona que inició el acto. Por consiguiente, los mensajes no se
transmiten, sino que se crean por parte de quien inicia el circuito y se recrean por parte de
quien recibe e interpreta la señal correspondiente.
Lo único que se transmite es una señal material, pero esa señal no lleva dentro mensa-
je o pensamiento alguno, dado que los pensamientos no se pueden transmitir materialmente.
Esa señal física se puede interpretar como analizable de una forma lingüística, que la per-
sona receptora ha de reconstruir. Una vez reconstituida esa forma lingüística, se utiliza, jun-
to con un amplísimo conjunto de conocimientos previos por parte de quien recibe e inter-
preta lingüísticamente la señal física, para realizar una labor de construcción de un
pensamiento, de un mensaje, que se intenta acercar al máximo al mensaje original de quien
inició el acto de comunicación lingüística.
Por tanto, la comunicación lingüística es un acto creativo tanto por parte de la persona
que la inicia como de la persona que la recibe. El mensaje no se transmite, sólo se transmi-
te una señal física analógica (sonidos o estímulos visuales), que se puede interpretar digital-
mente de forma lingüística (es decir como formada por una serie de constituyentes discre-
tos tales como sílabas, palabras, frases y oraciones) y que sirve de clave para la reconstrucción
por parte de la persona receptora de un contenido conceptual determinado. Por tanto, el
esquema del proceso de comunicación lingüística es el siguiente:

Pensamiento (mensaje1) Æ forma lingüística discreta  movimientos articulato-


rios Æ señal material continua Æ percepción sensorial  forma lingüística dis-
creta Æ pensamiento (mensaje1’)

Las flechas dobles han de interpretarse como asociación y las flechas unidireccionales
como causación material. Las asociaciones suponen una actividad cognitiva superior y las
causaciones suponen el desencadenamiento de fenómenos físicos y fisiológicos automáticos
y fuera del alcance de la intervención consciente humana.
Se considera que la comunicación lingüística ha tenido éxito cuando el mensaje1’ com-
puesto por la persona destinataria es idéntico o muy similar al mensaje1 compuesto por la
persona destinadora de esa comunicación.
Por consiguiente, la esencia del circuito del acto lingüístico no está en ninguna trans-
misión de una señal física sino en una actividad conceptual intencional e interpretativa por
parte de los seres humanos que intervienen en ella. El análisis de una señal continua en una
forma lingüística discreta, que puede hacerse de forma más o menos automática y simular-
se mediante un programa informático, no es más que una condición inicial para la verda-
dera construcción del mensaje por parte de la persona destinataria. Este proceso de cons-
trucción es mucho más complejo que el del análisis anterior e implica acciones cognitivamente
muy elaboradas tales como el reconocimiento de intenciones, el establecimiento de infe-

38
¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

rencias, el uso dinámico y flexible del significado de las palabras para acomodarlo al con-
texto entre otras muchas habilidades cuya simulación computacional queda aún lejos del
alcance del desarrollo de las ciencias computacionales de la actualidad.

IDEAS FUNDAMENTALES

• El circuito del habla del Curso de Lingüística General de Saussure y sus componentes.
Fonación. Audición. Concepto e imagen Acústica.
• Generalización del circuito de habla a las lenguas señadas. Circuito del acto lingüístico.
Articulación (vocal o manual). Percepción (auditiva o visual). Concepto e imagen arti-
culatoria.
• Carácter materialmente heterogéneo del circuito del acto lingüístico
• Transmisión de señales físicas frente a transmisión de pensamientos o ideas.
• La falacia del telementalismo de R. Harris: las ideas o pensamientos se transmiten de un
cerebro a otro.
• La metáfora del conducto (M. J. Reddy): las palabras contienen significados y se trasmi-
ten a través de un conducto físico.
• La ambigüedad de la palabra mensaje: señal física o significado.
• Carácter dinámico y abierto del significado de las palabras.
• El esquema habitual del proceso de la comunicación y sus componentes: emisor, mensa-
je y receptor.
• El esquema de la comunicación de C. E. Shannon y sus componentes: fuente de infor-
mación, mensaje, transmisor, señal, señal recibida, receptor, mensaje y destino.
• Relaciones entre el esquema tradicional de la comunicación y el de Shannon.
• Modelo codificativo del acto lingüístico y sus seis problemas básicos: ambigüedad, con-
textualidad, intencionalidad, literalidad, metaforización, realización.
• El experimento de la habitación china de J. R. Searle como muestra de que la comuni-
cación no consiste simplemente en manipular formalmente elementos materiales o men-
tales.
• El experimento de los robots parlantes y las cabezas del circuito de habla del Curso como
autómatas.
• La metáfora de la huella: sus diferencias respecto de la metáfora del conducto y del mito
del telementalismo.
• El acto lingüístico consiste en que un pensamiento se asocia a una forma lingüística que
se realiza mediante unos movimientos articulatorios que ocasionan una señal material.
Esa señal material es percibida por la persona interlocutora y asociada por ella a una for-
ma lingüística a partir de la cual se construye un pensamiento que ha de ser igual o muy
similar al pensamiento inicial, para que la comunicación se pueda considerar adecuada.

39
Cuestiones clave de la Lingüística

ACTIVIDADES

1. Observe el siguiente esquema de la comunicación lingüística. Se puede comentar de


diversas maneras a través de lo explicado en este capítulo.

CÓDIGO
PROCESO DE PROCESO DE
SIGNIFICACIÓN SIGNIFICACIÓN
DE LA LENGUA

MENSAJE
CANAL COMUNICATIVO

EMISOR RECEPTOR

EXPERIENCIA PARTICULAR EXPERIENCIA PARTICULAR


DE LA REALIDAD DE LA REALIDAD

Figura 1.12. Un esquema de la comunicación lingüística.

2. Lea y comente la siguiente breve descripción sobre la comunicación lingüística:


“En líneas generales, y un tanto metafóricamente, podemos decir que, cuando se
establece una comunicación lingüística correcta, se produce algo parecido a lo siguien-
te. El hablante, por razones que lingüísticamente son insignificantes, elige algún men-
saje que desea transmitir a sus oyentes: algún pensamiento que quiere hacerles recibir o
alguna orden que necesita darles o alguna pregunta que quiere formularles. Este men-
saje está codificado en la forma de una representación fonética de una emisión, median-
te el sistema de reglas lingüísticas de que el hablante está provisto. Esta codificación se
convierte en una señal para los órganos de articulación del hablante, y éste vocaliza una
emisión de la misma fonética, la cual es, a su vez, recogida por los órganos de audición
de los oyentes. Los sonidos verbales que estimulan estos órganos se convierten enton-
ces en una señal nerviosa, de la cual se obtiene una representación fonética equivalente
a aquella en la que el hablante codificó su mensaje. Esta representación es descodifica-
da en una representación del mismo mensaje que el hablante eligió originalmente para
transmitir mediante el sistema equivalente de reglas lingüísticas del oyente. Por lo tan-
to, el oyente emplea el mismo sistema de reglas para descodificar que el hablante emplea
para codificar, se produce un ejemplo de comunicación lingüística correcta.” (J. J. Katz,
Filosofía del lenguaje, Barcelona: Martínez Roca, 1971: 92-93)

3. El siguiente esquema muestra la estructura interna de un ordenador. En ella hay una


serie de procesos de circuitos de transmisión de señales eléctricas. Puede comparar este
esquema con el del circuito del acto lingüístico para ver las similitudes y diferencias y
deducir propiedades comunes y diferentes entre los dos tipos de circuito.

40
¿Cómo se produce la comunicación lingüística?

Figura 1.13. Esquema de un ordenador


(www.vaughns-1-pagers.com/computer/pc-block-diagram.htm).

4. Reflexione sobre las cuatro visiones siguientes de la relación entre mentes y programas infor-
máticos y relacione cada una de ellas con lo visto en este capítulo, en especial con lo visto
en el apartado 1.5.

1. Todo pensamiento es computación. Las sensaciones del conocimiento consciente son


provocadas por la ejecución de computaciones apropiadas
2. El conocimiento se deriva de la acción física del cerebro. Pero la simulación compu-
tacional de la actividad física del cerebro no puede por sí misma provocar conoci-
miento.
3. La acción física del cerebro provoca conocimiento, pero esta acción física no puede
ser simulada adecuadamente de forma computacional.
4. El conocimiento no puede explicarse en términos físicos, computacionales o cuales-
quiera otros términos científicos.

(R. Penrose, Las sombras de la mente. Barcelona, 1996: 26).

5. Estudie los siguientes pasajes de un famoso artículo del filósofo P. F. Strawson y relacio-
ne lo que dicen con lo estudiado en este capítulo.

41
Cuestiones clave de la Lingüística

“Muy comúnmente usamos ciertos géneros de expresiones para mencionar o hacer


referencia a alguna persona individual, a un objeto singular, a un lugar o a un proceso,
en el curso de lo que normalmente describiríamos como hacer un enunciado sobre esa
persona, objeto, lugar, evento o proceso.” (P. F. Strawson 1950: 57).

“‘Mencionar’ o ‘hacer referencia’ no son cosas que haga una expresión; son cosas
que alguien puede hacer al usar una expresión. Mencionar o hacer referencia a algo es
una característica de un uso de una expresión, del mismo modo que ‘ser acerca de’ algo
y verdad-o-falsedad son características de un uso de una oración.” (Strawson 1950: 64).

“Dar el significado de una expresión (en el sentido en el que estoy usando la pala-
bra) es dar directrices generales para su uso para hacer referencia a, o mencionar, objetos
o personas particulares; dar el significado de una oración es dar la directrices generales
para su uso al hacer aserciones verdaderas o falsas.” (P. F. Strawson, 1950: 64).

6. A partir de la metáfora de la huella, comente el esquema siguiente y compárelo con una


interpretación a partir de las metáforas del telementalismo y del conducto.

Figura 1.14. Las huellas de la mente de Beethoven.

Lecturas recomendadas

Escandell Vidal, Mª V. (2005). La comunicación, Madrid: Gredos.


Portolés, J. (2007). Pragmática para hispanistas. Madrid: Síntesis.

42
2
¿Qué relación hay entre lenguaje,
biología y cultura?

2.1. El lenguaje humano como fenómeno biológico y cultural

Desde al menos la época de la Grecia clásica, los seres humanos nos hemos preguntado si
nuestra capacidad lingüística es algo natural, biológicamente determinado, o cultural, social-
mente determinado. Toda persona nace con la capacidad de desarrollar una lengua huma-
na, pero la lengua que llegue a dominar dependerá del comportamiento lingüístico de los
seres humanos que le rodean, es decir, de la sociedad en la que está inmersa. No cabe la
menor duda de que esa capacidad es un equipamiento de nuestra especie biológicamente
determinado, pero tampoco cabe duda de que las lenguas concretas no se heredan genéti-
camente, sino que hay que aprenderlas en sociedad. Si una persona no crece en su infancia
dentro de un contexto social en el que las personas adultas se comportan lingüísticamente
de una determinada manera, no adquirirá ninguna lengua, su capacidad lingüística innata
no se podrá desarrollar de forma concreta. Es el caso de los famosos niños salvajes.
A la vista de lo anterior, podemos comprender fácilmente que no tiene mucho sentido
hacerse la pregunta de si el lenguaje humano es un fenómeno biológico o es un hecho social
porque es claro que hay algunos aspectos biológicos o naturales y otros culturales y sociales.
Lo que es necesario poner en claro es dónde están los unos y dónde están los otros. Precisa-
mente esto es lo que vamos a hacer en el presente capítulo. Si no se distinguen adecuadamente
los aspectos naturales y sociales del lenguaje humano se incurrirá casi con toda seguridad en
multitud de errores y confusiones que no aclararán en absoluto lo que queremos estudiar, sino
que harán imposible que podamos hacerlo de manera clara, ordenada y fructífera.

2.2. El ejemplo de la alimentación humana

Antes de abordar la cuestión de la facultad lingüística humana, en la que los aspectos natu-
rales y culturales aparecen normalmente mezclados de forma muy difícil de separar, es con-

43
Cuestiones clave de la Lingüística

veniente que consideremos un caso más fácilmente discernible y entendible que es, en muchos
aspectos, paralelo al de la facultad del lenguaje humano.
Se trata de la alimentación. ¿Es el fenómeno de la alimentación humana un hecho natu-
ral o un hecho cultural?
No tiene mucho sentido formular esta pregunta porque la necesidad de ingerir alimen-
tos es claramente un hecho biológico y las formas en las que esto se realiza en diversas socie-
dades es un hecho claramente cultural. Las sustancias que podemos o no digerir están deter-
minadas por nuestra naturaleza biológica: no podemos alimentarnos de papel o de petróleo
(M. Harris, 1989: 11-12) porque nuestro organismo no es capaz de asimilar esas sustancias.
Ahora bien, como animal omnívoro, el ser humano puede alimentarse de muchísimas más
cosas que las que en cada cultura se comen habitualmente. Muchas sustancias que los seres
humanos habitualmente no comen son perfectamente comestibles y procesables por el apa-
rato digestivo humano. Más aún, animales que se comen en una determinada sociedad son
considerados como completamente inadecuados por asquerosos en otras sociedades. Por
ejemplo, comer insectos, ratas, perros, gatos, cerdos, vacas o serpientes es aceptable en unas
culturas pero en otras no lo es. Estamos aquí ante lo que se denomina cultura alimentaria
(M. Harris, 1989: 12).
Pero la culturización de la necesidad biológica de alimentarse no sólo afecta a lo que se
considera aceptable o no comer en una determinada cultura, sino también al modo de comer.
Todo acto de comer está biológicamente regulado por una serie de reflejos fisiológicos tales
como la masticación y la deglución, que son acciones extremadamente complejas para cuya
realización motora las personas están programadas genéticamente. Dicho de otra manera:
ninguna persona ha de aprender mediante instrucción explícita a succionar, masticar, tra-
gar o deglutir. El acto de la deglución implica los órganos de articulación de las lenguas
habladas y es un proceso en extremo complejo, tal como pude apreciarse en la siguiente des-
cripción de su fase faríngea:

“A partir de este momento, la deglución es un acto automático regido por las zonas
reflexógenas de la orofaringe. Esta fase se caracteriza por un movimiento de elevación
faringolaríngeo acompañado de una basculación de la epiglotis hacia atrás, que permi-
te al bolo alimenticio progresar en la faringe y en la laringofaringe, llenando los recesos
piriformes (canales laringofaríngeos o senos piriformes) –o sólo uno de ellos– antes de
ser impulsado hacia el esófago por la contracción del constrictor medio. Dicha con-
tracción es el punto de partida de la onda peristáltica responsable de la progresión del
bolo alimenticio hacia la cavidad gástrica.” (F. Le Huche y A. Allali (1993) La voz. Ana-
tomía y fisiología. Patología. Terapéutica. 1. Anatomía y fisiología de los órganos de la voz
y del habla. Barcelona: Masson, 1993: 157)

Es muy importante tener en cuenta que el proceso de la alimentación debe ponerse en


armonía con el de la respiración, que es el que se aprovecha para la lengua hablada, de modo
que ninguna sustancia pase a las vías respiratorias:

44
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

Epiglotis

Figura 2.1. La epiglotis (http://lasaludfamiliar.com).

“La epiglotis, al bascular hacia atrás, ocluye las vías aéreas inferiores. Simultánea-
mente, los pliegues vocales y los pliegues vestibulares se juntan, lo que constituye un
segundo sistema de protección de la tráquea. La tos es un sistema suplementario de segu-
ridad capaz de expulsar fuera de las vías respiratorias inferiores cualquier partícula ali-
mentaria que haya podido acceder a las mismas, a pesar de la existencia de los 2 prime-
ros dispositivos protectores.
Por otro lado, el velo del paladar, que durante esta fase faríngea permanece eleva-
do, impide a su vez el reflujo de los alimentos hacia la cavidad nasal” (F. Le Huche y
A. Allali, 1993: 157-158)

Más complicado es aún conjugar respiración, habla y deglución, por lo que usualmen-
te no se puede hablar mientras se traga. Desde el punto de vista biológico, la respiración tie-
ne prioridad sobre la deglución y ésta la tiene sobre el habla, que ha de estar supeditada a
ambos procesos cuando se producen a la vez. Todos estos hechos fisiológicos están biológi-
camente determinados y el ser humano los realiza de modo natural y espontáneo sin una
instrucción específica previa.
Ahora bien, en torno al acto de alimentarse, cada cultura establece unas diferencias basa-
das en útiles y procedimientos especiales: se usan distintos instrumentos (cubiertos, palillos,
manos…) y distintos tipos de recipientes (platos, ollas, sartenes…), de complementos (pañue-
los, servilletas, mesas, sillas) o de lugares (suelo, habitáculo, restaurante, cocina…). Todos
estos aspectos están culturalmente y no biológicamente determinados.
La manera de calentar, cocer o cocinar los alimentos también varía grandemente de cul-
tura a cultura, así como los ingredientes adicionales que se utilizan en esos procesos.
Por consiguiente la alimentación humana es un fenómeno a la vez biológico y cultural.
En este caso es bastante fácil diferenciar los aspectos culturales de los aspectos biológicos.
Por ejemplo, en diversas sociedades la gente le hace ascos a la ingesta de insectos, pero des-
de el punto de vista biológico esta aversión no está justificada:

“Desde el punto de vista de la alimentación, la carne de insecto es casi tan nutriti-


va como la carne roja o las aves de corral. Cien gramos de termitas africanas contienen
610 calorías, 38 gramos de proteínas y 46 gramos de materia grasa. En comparación

45
Cuestiones clave de la Lingüística

cien gramos de hamburguesa cocinada con un contenido de materia grasa medio ofre-
cen solamente 245 calorías, 21 gramos de proteínas y 17 gramos de materia grasa.”
(M. Harris, 1989: 202)

Según observa M. Harris (1989: 200), la mayor parte de las culturas del mundo no com-
parte el aborrecimiento a los insectos como fuente de alimentación y la repugnancia que
suscita en algunas culturas actuales es relativamente reciente. A Aristóteles, por ejemplo, le
gustaban las cigarras. Aristófanes da a entender que las clases populares atenienses consu-
mían saltamontes. Plinio también refleja la costumbre romana de comer una cierta larva,
considerada como una exquisitez.
Por tanto, el asco que da a muchas personas consumir insectos no está determinado bio-
lógicamente, sino más bien culturalmente. Aun así, el instinto biológico de supervivencia
puede hacer que muchas personas dejen de lado los escrúpulos culturales cuando se encuen-
tran en una situación de necesidad extrema y acepten ingerir alimentos que, en situaciones
más favorables, no consentirían en consumir.
Por consiguiente la alimentación humana tiene a la vez un aspecto biológico y un aspec-
to cultural y no existe ninguna contradicción entre ambas caras de este fenómeno. Ahora
bien, lo que sí conviene tener en cuenta son los siguientes puntos:

• El hecho biológico es siempre anterior a la elaboración cultural. Las especies anima-


les también se alimentan y también tienen mecanismos de ingestión y digestión de
sustancias alimenticias.
• Las elaboraciones culturales se realizan sobre la base del hecho biológico, no al revés. Las
diversas manifestaciones culturales de la necesidad de alimentación se basan todas en el
hecho biológicamente necesario de la necesidad de la nutrición para la supervivencia.
• El hecho biológico se impone en última instancia a la elaboración cultural. El instinto
de supervivencia puede atenuar e incluso eliminar completamente la influencia de las
elaboraciones culturales. Pero no ocurre lo contrario: ninguna elaboración cultural de
la alimentación puede hacer desaparecer la necesidad biológica en la que se basa.
• El hecho biológico no puede ser sustancialmente modificado por las elaboraciones
culturales. Ninguna costumbre relacionada con la alimentación puede cambiar esen-
cialmente ningún aspecto de la necesidad de la nutrición.
• Las elaboraciones culturales de la alimentación como hecho biológico no suponen
un paso evolutivo de naturaleza biológica. Ningún protocolo ni costumbre cultural-
mente elaborada supone una transformación evolutiva de la necesidad de la nutri-
ción. Por ejemplo, las costumbres relativas a la alimentación de las poblaciones de los
agricultores y ganaderos, posteriores a las de los cazadores-recolectores no constitu-
yen un paso evolutivo biológico que haya mejorado las expectativas de supervivencia
de la especie humana. La prueba de ello es que las diversas costumbres alimentarias de
los cazadores-recolectores han posibilitado la supervivencia de la especie humana
durante muchas decenas de miles de años. Las costumbres alimenticias de tipos de
organización económica posteriores (sociedades esclavistas, feudales o capitalistas)
apenas han ocupado aproximadamente apenas unos pocos milenios y no han proba-
do aún su eficacia a lo largo de varias decenas de miles de años.

46
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

Todas estas características de los aspectos biológicos y culturales de la necesidad humana


de la alimentación se ven con bastante claridad en este terreno. En el caso de los aspectos natu-
rales y culturales del lenguaje y las lenguas humanas, es mucho más difícil realizar esta distin-
ción, dado que las lenguas se suelen enfocar desde un punto de vista predominantemente cul-
tural, que nos impide ver sus aspectos biológicos. Todo este capítulo está precisamente dedicado
a hacer ver con claridad la diferencia entre las lenguas naturales y las lenguas naturales cultu-
ralmente elaboradas, las lenguas cultivadas. Las lenguas naturales, habladas y señadas, son mani-
festación directa de la facultad humana del lenguaje, que es una característica biológicamente
determinada de la especie humana: uno de sus rasgos biológicamente fundamentados, aun-
que no un rasgo tan básico como el de la necesidad de la respiración o de la alimentación, que
la especie humana comparte con otras muchas especies biológicas.

2.3. El lenguaje humano y las lenguas naturales

El primer apartado de este capítulo trataba la cuestión de si el lenguaje humano es un fenó-


meno natural (biológico) o cultural. Hemos visto en el apartado anterior que los procesos
biológicos y las necesidades derivadas de ellos pueden ser elaborados culturalmente de diver-
sos modos en sociedades y culturas diferentes. Un caso muy claro es el de la necesidad de la
alimentación: tiene una base biológica indudable, pero también conoce muchas elabora-
ciones culturales.
Merece la pena que, en el caso del facultad humana del lenguaje, realicemos una dife-
renciación entre las manifestaciones naturales de esa facultad, lo que denominamos lenguas
naturales y las diversas elaboraciones culturalmente determinadas de dichas manifestacio-
nes, lo que denominamos lenguas cultivadas.
Para caracterizar las lenguas naturales es necesario ser consciente de su base biológica
característica de la especie Homo sapiens sapiens. ¿Existen argumentos que muestren de for-
ma clara que existe una base biológica de la facultad del lenguaje humano y de su concre-
ción en las diversas lenguas naturales?
E. H. Lenneberg, autor de una obra pionera en la materia publicada en inglés en 1967
(Fundamentos biológicos del lenguaje, Madrid, 1975: 413-421), nos ofreció criterios claros
que muestran la fundamentación biológica de la facultad humana del lenguaje. Vamos a
examinar algunos de esos criterios que muestran esa base biológica

1. Especificidad. Se basa en una función cognitiva específica de la especie. No existe nin-


guna otra especie animal que tenga una facultad del lenguaje como la del Homo
sapiens y además esta facultad está asociada a una serie de capacidades cognitivas
exclusivas también de dicha especie.
2. Universalidad. Las propiedades específicas de la función cognitiva aparecen repro-
ducidas en todos los miembros de la especie. La realización de la facultad del len-
guaje en forma del desarrollo de una competencia gramatical natural se produce en
todas las personas independientemente de su nivel de inteligencia o de sus capaci-
dades intelectuales.

47
Cuestiones clave de la Lingüística

3. Desarrollo natural. Los procesos y capacidades cognitivos se diferencian espontá-


neamente con la maduración. El proceso de desarrollo del lenguaje en los infantes
se realiza de modo espontáneo y no dirigido intencionalmente y va pasando por una
serie de etapas con la maduración del individuo que son similares en todas las per-
sonas.
4. Período crítico. Existe un período crítico, biológicamente determinado, de desarro-
llo natural de la competencia lingüística más allá del cual los intentos de adquirir
una competencia lingüística no llegan a producir resultados iguales a los alcanzados
dentro de ese período crítico, que se sitúa entre los dos y los diez años, aproximada-
mente.
5. Adaptación espontánea. Ciertos fenómenos sociales sobreviven por adaptación espon-
tánea de la conducta del individuo en desarrollo a la conducta de los demás indivi-
duos que le rodean. Tanto en los animales como en el ser humano la supervivencia
depende a menudo del desarrollo de mecanismos de cohesión grupal. Para que se
pueda desarrollar la competencia gramatical natural es necesaria la interacción con
las personas que tienen desarrollada dicha competencia. Esa interacción produce
unos procesos de adaptación más o menos aproximada que dan lugar tanto a la varia-
ción gramatical natural como a los procesos de cambio lingüístico.

Estas características diferencian el desarrollo de la competencia gramatical natural (la


lengua natural) como fenómeno anclado en la biología de la evolución y transmisión pura-
mente culturales:

“Por tanto, la propagación y el mantenimiento de la conducta lingüística en la espe-


cie no es comparable a la tradición cultural que se transmite de generación en genera-
ción. El individuo no sirve como vehículo pasivo o como canal a través del cual se trans-
mite la información; en lugar de ello, es una entidad autónoma constituida con mucho
del mismo modo que las otras unidades que le rodean, dispuesto a comportarse del mis-
mo modo que ellos lo hacen. Su conducta es activada por contacto social, y hay alguna
adaptación superficial a la estructura de la conducta de los otros, pero puede ser bueno
el recordar que solo puede funcionar si es capaz de sintetizar (recrear podría ser otra
palabra) el mecanismo completo del lenguaje a partir de la materia prima de que dis-
pone.” (E. H. Lenneberg 1975: 421)

El hecho de que las lenguas naturales no se hereden genéticamente, sino que tienen que
ser desarrolladas en la mente de las personas a partir de la actuación lingüística de otras per-
sonas, no indica que ese conocimiento gramatical no tenga un fundamento biológico, dado
que los resultados de la interacción social necesitan ser asimilados para que puedan utili-
zarse en el desarrollo natural de la competencia lingüística:

“La materia prima no es útil a no ser que pueda descomponerse como se descom-
ponen las proteínas de los alimentos en aminoácidos, y reconstruirse de nuevo de acuer-
do con el esquema de su estructura latente que habita en su interior.” (E. H. Lenneberg,
1975: 421)

48
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

Por otro lado, la base biológica de la competencia gramatical está anclada en el indivi-
duo, que desarrolla unas capacidades de un modo dirigido por la herencia genética de la
especie humana:

“De este modo, el individuo se considera como, por decirlo así, funcionando en
virtud de su propia fuente de energía; construye el lenguaje por sí mismo (dado que dis-
ponga de la materia prima con que hacerlo), y la historia natural de su desarrollo pro-
porciona los mecanismos mediante los cuales armonizará su función con la de los otros
individuos en funcionamiento, igualmente autónomos que le rodean; la forma externa
de su lenguaje tendrá la forma externa del lenguaje de su comunidad nativa.” (E. H.
Lenneberg, 1975: 421)

Como vemos, los aspectos biológicos de la facultad del lenguaje humano están basados
en el desarrollo en el individuo de una competencia gramatical natural (la lengua natural)
que necesita datos del comportamiento de otros individuos para poder desarrollarse con
normalidad. Ese conocimiento es un aspecto de la mente de la persona y, por tanto, de carác-
ter individual e interno. Frente a este conocimiento tenemos, lo que se denomina forma
externa del lenguaje, que veremos definida más adelante mediante la distinción chomskyana
entre lengua exterior (lengua-E) y lengua interior (lengua-I).
Como conclusión a lo visto hasta ahora, podemos decir que las lenguas naturales se
basan totalmente en la capacidad evolutivamente desarrollada que tienen los individuos de
la especie Homo sapiens sapiens para construir de forma espontánea la gramática de la len-
gua o lenguas que se hablen o señen (sus competencias gramaticales naturales) en su entor-
no. Esta capacidad es independiente de factores como la habilidad intelectual o la inteli-
gencia y parece estar biológicamente determinada, y lleva a la utilización automática e
inadvertida de un sistema lingüístico determinado con complejas reglas fonológicas, mor-
fológicas, sintácticas y semánticas de las que hablantes o señantes no son conscientes en abso-
luto. Esta puesta en práctica de dichas reglas es totalmente mecánica y no induce a titubeos
o vacilaciones. Una vez que se sabe lo que se quiere decir, se dice sin ningún tipo de impe-
dimento, en circunstancias normales. La competencia gramatical natural es, pues, robusta
y está completamente automatizada.
Por otro lado, esas lenguas naturales, que pueden ser en apariencia muy diferentes entre
sí, se sitúan dentro de dos estrechos límites de variación.
En primer lugar, los impuestos por los condicionantes físicos de los órganos articulato-
rios tanto de las lenguas orales como de las lenguas señadas. Todos los seres humanos dis-
ponemos de la misma configuración de los órganos vocales y de los órganos con los que se
hacen señas (las manos, principalmente). Esto impone una serie de severas restricciones sobre
lo que se puede o no pronunciar o señar y todas las lenguas están sometidas a esas restric-
ciones. Por otro lado, las capacidades cognitivas de todos los seres humanos son de la mis-
ma naturaleza y tienen una configuración característica que impone también una serie de
restricciones en el uso de las lenguas orales o señadas. Por ejemplo, la memoria operativa a
corto de plazo del ser humano tiene una serie de restricciones que explican en buena medi-
da algunos rasgos del uso de las lenguas, que están determinados directa o indirectamente
por ellas.

49
Cuestiones clave de la Lingüística

Las lenguas naturales están sometidas a determinadas presiones evolutivas, tanto inter-
nas como externas, que las hacen cambiar con el tiempo. Ese cambio o evolución no está
dirigido de forma teleológica o finalista, sino que se produce a través de adaptaciones par-
ciales que tienden a determinados lugares óptimos locales en los que se alcanza un equili-
brio más o menos estable. Estos cambios no son conscientes, sino que se producen a través
de adaptaciones más o menos automáticas, regidas por leyes evolutivas de las que no son
conscientes las personas. Podemos decir que la evolución de las lenguas naturales es de tipo
darwinista y se caracteriza por la adaptación y competición espontáneas, a través de la varia-
ción, entre diversas reglas y formas lingüísticas.
En forma esquemática tenemos:

LENGUAS NATURALES

• Se basan en la facultad del lenguaje humano, que es una característica privativa de


nuestra especie animal.
• La facultad del lenguaje humano está configurada por una serie de características fun-
damentales que comparten todas las lenguas naturales humanas. Es lo que se suele
denominar Gramática universal (GU).
• Se adquieren de forma espontánea. Los seres humanos en su infancia desarrollan su
competencia gramatical natural de forma espontánea, inconsciente e inadvertida, sin
que sea necesaria una ayuda pedagógica dirigida por las personas adultas.
• Existe un período crítico determinado por la maduración en el que los seres huma-
nos son capaces de desarrollar de forma totalmente natural, sin estudio consciente,
los conocimientos que caracterizan una competencia gramatical.
• Se usan de forma automática e inadvertida. Las personas que tienen una competen-
cia nativa en una lengua nunca se plantean al hablar en las situaciones de la vida coti-
diana ninguna cuestión relativa a la estructura gramatical de su idioma.
• Están modeladas por los condicionantes psicofisiológicos del ser humano. Todos los
seres humanos comparten una misma anatomía y fisiología, que es la que determina
las formas posibles y las limitaciones en las que se puede manifestar la facultad del
lenguaje en forma de lenguas naturales, es decir, de competencias gramaticales indi-
viduales.
• Su evolución es darwinista. Hay variación y adaptación por selección espontáneas.
Para que haya un tipo de evolución darwinista tiene que existir variación y procesos
adaptativos espontáneos que llevan a una selección o sesgo de esa variación en un
determinado contexto. Esta evolución no supone ningún propósito a largo plazo, ni
la consecución de unos determinados fines previstos de antemano. Ambas cosas son
incompatibles con la evolución darwinista.

Como conclusión, he aquí una caracterización muy precisa y sencilla de la facultad


humana del lenguaje y de la lengua natural:

50
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

“El lenguaje no es un artefacto cultural que se aprende de la misma forma que se


aprende a leer la hora o a rellenar una instancia. Antes bien, el lenguaje es una pieza sin-
gular de la maquinaria biológica de nuestro cerebro. El lenguaje es una habilidad com-
pleja y especializada que se desarrolla de forma espontánea en el niño, sin esfuerzo cons-
ciente o instrucción formal, se despliega sin que tengamos conciencia de la lógica que
subyace a él, es cualitativamente igual en todos los individuos, es muy distinto de las
habilidades más generales que tenemos de tratar información o comportarnos de forma
inteligente.” (S. Pinker, El instinto del lenguaje. Como crea el lenguaje la mente. Madrid:
Alianza, 1995: 18)

Para este autor, la capacidad para desarrollar una competencia gramatical natural es un
instinto de la especie humana similar al instinto de crear telas que tienen las arañas:

“Tejer una tela no es el invento de una araña anónima y genial, ni depende de si la


araña ha recibido o no una educación apropiada o posee una mayor aptitud para activi-
dades espaciales o constructivas. Las arañas tejen sus telas porque tienen cerebro de ara-
ña, y eso les impulsa a tejer y les permite hacerlo bien. Aunque hay diferencias entre las
telarañas y las palabras, quisiera que el lenguaje pudiera verse de esa manera, ya que así
entenderemos mejor los fenómenos que vamos a examinar.” (S. Pinker, 1995: 18-19).

Podemos comparar esta cita y todo lo dicho hasta ahora sobre las lenguas naturales con
el siguiente pasaje de una obra sobre el lenguaje humano:
“La idea central de estas páginas (o, lo que es lo mismo, mi idea central sobre el len-
guaje) puede resumirse en lo siguiente: EL LENGUAJE NO ES COSA DE INDIVI-
DUOS AISLADOS, EMPUJADOS POR SUS GENES; SINO ALGO SURGIDO DE
LA COOPERACIÓN ENTRE INNUMERABLES INDIVIDUOS A LO LARGO
DE MUCHOS MILENIOS, EMPUJADOS POR LA VIDA REAL Y, MUY ESPE-
CIALMENTE, POR LO MÁS REAL DE LA VIDA: LA CULTURA.” (E. Bernárdez
El lenguaje como cultura. Madrid: Alianza 2008: 21, mayúsculas del autor).

Parece que este párrafo dice exactamente lo contrario de todo lo que hemos estado vien-
do hasta ahora. Pero la cuestión es que no contradice en absoluto todo ello, sino que nos da
una muy buena definición de lo que denominamos aquí lenguas cultivadas.

2.4. Las lenguas naturales y las lenguas cultivadas

Frente a las lenguas naturales, las lenguas cultivadas surgen a partir de ciertas elaboraciones
y desarrollos culturalmente motivados de las primeras, que, por consiguiente, están moti-
vados y tienen un carácter teleológico, es decir, finalista. Esas motivaciones, de tipo clara-
mente cultural, pueden ser de muy diversa naturaleza. De esta manera, en muchas comu-
nidades humanas encontramos elaboraciones mágicas, rituales, iniciáticas o religiosas de las
lenguas naturales, en las que las palabras o incluso la gramática se elabora o altera de una
determinada manera para asignar a esa lengua así modificada propiedades sobrenaturales,

51
Cuestiones clave de la Lingüística

por ejemplo. Aquí intervienen también fenómenos conocidos como el de la tabuización de


todas aquellas palabras que tienen una configuración fonética similar a la del nombre de un
difunto, que se da en ciertas sociedades humanas, por ejemplo.

Son muy conocidos diversos casos de tabuización lingüística como el consistente


en la prohibición de usar todas aquellas palabras que se parezcan al nombre pro-
pio de una persona recientemente fallecida. Nos cuenta R. M. W. Dixon (Australian
Languages. CUP, 2002: 27) que cuando muere un hombre de la comunidad nativa
australiana yolngu llamado Bichingu, la palabra bithiwul ‘no, nada’, una palabra gra-
matical, queda prohibida por su parecido con el nombre del fallecido. Se trata de
un tipo de intervención extrema en la lengua natural que no solo es posible, sino
que está perfectamente documentado.

También se puede mencionar aquí el uso de palabras anticuadas o de otras lenguas o


dialectos para conferir una apariencia mágica o sobrenatural a las palabras de un curandero
o sacerdote. Prácticamente, en todas las comunidades humanas conocidas, encontramos este
tipo de elaboración de las lenguas naturales. Por ejemplo, en su descripción compendiada
de las lenguas indígenas de América del Norte, la lingüista norteamericana M. Mithun (The
Languages of Native North America, CUP, 1999: 272-292) describe las formas gramaticales
artificiales usadas en distintas comunidades indias con propósitos rituales, narrativos, cere-
moniales o que diferencian la manera de hablar de hombres y mujeres.
Otro tipo de elaboración ubicua de las lenguas naturales consiste en la ornamentación
estética de las lenguas de acuerdo con diversos géneros literarios tanto en la literatura oral
como en la literatura escrita. N. Fabb ha comprobado precisamente que este tipo de elabo-
raciones estéticas o literarias de las lenguas naturales afecta a todos los niveles de esas len-
guas y se da tanto en las comunidades de tradición oral como en las comunidades que tie-
nen tanto tradición oral como escrita:

“Hay varias razones para agrupar estos tipos de práctica oral con una tradición lite-
raria escrita. La primera razón es que si analizamos esos tipos de comportamiento ver-
bal en su contexto cultural, podemos ver que las canciones en una cultura oral pueden
desempeñar funciones muy similares a las de los poemas en una cultura letrada. En
segundo lugar, cuando consideramos la explotación de la forma lingüística por la for-
ma literaria nos damos cuenta de que en todas las culturas surgen prácticas y estrategias
similares, tanto si tienen «literatura» escrita como su equivalente oral, o si los textos se
conservan sin cambios o cambian constantemente.” (N. Fabb, Lingüística y Literatura.
El lenguaje de las artes verbales del mundo, Madrid, 2005: 28-29).

Un caso especial de lengua cultivada es el de las lenguas estándares escritas típicas de las
sociedades industrializadas. Estas lenguas cultivadas surgen de determinadas elaboraciones
fonéticas y ortográficas, léxicas, morfológicas, sintácticas y semánticas de las lenguas natu-
rales en las que se basan. Están severamente regimentadas y reglamentadas, como puede

52
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

apreciarse en las ortografías, gramáticas y diccionarios que constituyen elementos referen-


ciales que están presentes de forma explícita en esas sociedades industrializadas.
A diferencia de las lenguas naturales, esas lenguas cultivadas culturalmente no se adquie-
ren de forma espontánea, sino que tienen que ser enseñadas mediante acciones pedagógicas
específicas y dirigidas. Tampoco se usan de forma automática e inconsciente, sino que se
ponen en práctica de forma consciente y controlada, teniendo en mente las reglas de uso
que las regulan de modo preciso. Por ello, estas elaboraciones convierten las lenguas natu-
rales en lenguas artificiales, que no se atienen necesariamente a todos los condicionantes
naturales que regulan las primeras. De esta manera, estas lenguas pueden llegar a ser extre-
madamente difíciles de aprender y utilizar. Buenos ejemplos son idiomas como el latín clá-
sico o el sánscrito, que presentan estructuras sintácticas o morfológicas realmente comple-
jas, difíciles de aprender y dominar. La evolución de estas lenguas es lamarckista (modificación
y transmisión intencionada) y no darwinista (variación y adaptación espontánea), ya que se
pueden modificar de modo intencional y teleológico, es decir, con unos determinados fines
en mente, y esas modificaciones se transmiten a través de la enseñanza y el aprendizaje y no
mediante la evolución espontánea en el uso natural de las lenguas espontáneas.
El hecho de que estas lenguas no se puedan aprender de forma espontánea, sin instruc-
ción específica, y de que no se puedan utilizar de forma automática, sino que han de basarse
en una aplicación consciente de determinadas reglas cuyo aprendizaje es arduo y difícil, lo que
hace que su uso sea poco fluido, dé lugar a todo tipo de vacilaciones y titubeos y haya que per-
feccionarlo durante toda la vida, se debe a que, a pesar de las apariencias, no son lenguas natu-
rales, sino artificiales. He aquí, como resumen, las características de las lenguas cultivadas:

LENGUAS CULTIVADAS

• Las lenguas cultivadas son necesariamente posteriores a las lenguas naturales.


• Se obtienen de las lenguas naturales mediante determinadas modificaciones inten-
cionadamente realizadas. Como estas modificaciones son siempre parciales y no tota-
les, las lenguas cultivadas son siempre parasitarias respecto de las lenguas naturales
en las que se basan.
• Las modificaciones parciales que se realizan sobre las lenguas naturales para obtener
las cultivadas tienen unos determinados fines conscientes.
• Estas modificaciones parciales están modeladas por condicionantes culturales, ideo-
lógicos, sociales o políticos.
• Se adquieren mediante instrucción específica y no de forma espontánea, como las
lenguas naturales.
• Se usan de forma controlada e intencionada. Esto vale para los aspectos en los que
las lenguas cultivadas difieren de modo más o menos marcado respecto de las natu-
rales sobre las que están fundamentadas.
• Su evolución es lamarckista. Hay adaptación teleológica. Es decir, van cambiando
mediante operaciones conscientes dirigidas a un fin y esos cambios se van transmi-
tiendo de generación en generación a través de la enseñanza consciente y dirigida, a
través de personas o instituciones.

53
Cuestiones clave de la Lingüística

• Las lenguas cultivadas no sustituyen ni pueden sustituir a las lenguas naturales. La


razón estriba en que son parasitarias respecto de las naturales y, por tanto, necesitan
de ellas para existir. Si llegan a independizarse, como el caso del latín clásico o el sáns-
crito, se convierten en lenguas muertas.
• Las lenguas cultivadas, al ser elaboraciones solo de ciertos aspectos de las naturales,
son lenguas incompletas y fragmentarias, que han de apoyarse continuamente en las
lenguas naturales en las que están basadas, para poder ser utilizadas eficientemente.
Esto también se debe a su carácter parasitario.

Mediante estos puntos podemos contrastar la diferencia entre las lenguas naturales y sus
versiones cotidianas. Una lengua estándar escrita no es más que una lengua natural modifi-
cada en diversos aspectos y, por tanto, no es más que una variedad o variante cultural de esa
lengua. Por consiguiente, la lengua vulgar cotidiana no es una realización imperfecta o defec-
tiva de una lengua estándar escrita, sino que ocurre exactamente lo contrario: ésta es una
realización imperfecta y defectiva de aquella. Es imperfecta porque carece de las propieda-
des de variación y cambio espontáneos, necesarios para la evolución lingüística y es defec-
tiva porque se basa solamente en algunas modificaciones de la lengua natural.

2.5. La metáfora del sendero

Vamos a hacer una comparación que puede ser muy útil a la hora de entender la diferencia
de naturaleza y funcionamiento entre las lenguas naturales y las lenguas cultivadas. H. Lüdtke
realiza la siguiente reflexión:
“Sin embargo, hay un tercer tipo de fenómenos: los debidos a cualquier actividad
del hombre pero sin un designio suyo. He aquí algunos ejemplos. […] Lo mismo se pue-
de decir del sendero creado por miles de personas que atraviesan una pradera. Los pri-
meros chafan la hierba sólo para llegar cuanto antes a su destino, sin la más mínima idea
de crear sendero; al dejar la huella provocan que otros los imiten, sin intención alguna,
claro está. Poco a poco se configura un sendero.” (Lüdtke, El cambio lingüístico, UAB,
1998: 10, negritas y cursivas del autor)

La metáfora del sendero nos puede ilustrar muy bien la diferencia entre las lenguas natu-
rales y las lenguas cultivadas.
Supongamos que en un campus universitario existen zonas con césped que no está per-
mitido pisar. Supongamos también que en alguna ocasión la línea recta hacia una facultad
pasa por encima del césped y que existe un camino urbanizado que la rodea. Supongamos
también que una estudiante llega tarde a clase y decide atravesar el campus de forma rápi-
da por el césped con el fin de ganar unos segundos preciosos. Está claro que esta estudian-
te está cometiendo una infracción y que no desea que observen su acción, ni tampoco desea
dejar rastro de su paso por el césped.
Pero lo que ocurre es que lo que le ha pasado a esa estudiante es muy probable que
les pueda pasar a otras personas que tengan que acceder a la facultad en cuestión. Eso sig-

54
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

nifica que la acción de atravesar el césped puede ser realizada por muchas personas duran-
te bastante tiempo debido a condicionantes idénticos o similares a los descritos en el pri-
mer caso.
Todo este tránsito por el césped que incumple una norma puede tener un efecto no
deseado por ninguna de las personas transgresoras: como todas han elegido la línea recta
para desplazarse por el césped, se ha ido produciendo un fenómeno de aplastamiento de ese
césped que produce una especie de vereda o camino natural en línea recta delimitado por
la hierba aplastada. Se ha creado un camino rudimentario perfectamente visible.
Este factor nuevo no ha sido ni mucho menos querido o planificado por quienes han
transitado sin deber por el césped; por tanto, el caminito natural ha sido creado sin inten-
ción alguna de realizarlo. Las prisas o el cansancio y la línea recta son tres de los factores
que han contribuido a su realización espontánea y no planificada. Pero la existencia mis-
ma del caminito es un factor nuevo que atrae de forma casi irresistible a nuevas personas
que no se hubieran atrevido a pisar el césped pero que, observando que la hierba está ya
aplastada o eliminada, ya no se van a sentir cohibidas por aplastar o destruir una hierba
inexistente. Por tanto, este nuevo factor, la creación espontánea del caminito, es un pode-
roso estímulo que contribuye a que mucha más gente se decida a tomar ese camino rec-
to y más rápido.
Como consecuencia de lo anterior, cada vez más gente transita por el nuevo camino
a través del césped y éste se va haciendo cada vez más definido y más amplio. He aquí
cómo se ha formado un sendero natural de manera espontánea y sin que ninguno de los
agentes que ha intervenido en su realización haya tenido nunca intención alguna de cons-
truir dicho camino a través del césped. De hecho, no hace falta que intervengan seres
racionales para llevar a cabo este tipo de empresas: muchos animales que transitan habi-
tualmente en grupo por determinados parajes pueden construir sin proponérselo sende-
ros de este tipo.
Por otro lado, este sendero no requiere más mantenimiento o cuidado que el que supo-
ne el hecho de que se siga transitando por él. Sólo podrá deteriorarse o desfigurarse si las
personas o los animales dejan de transitar por él durante un período grande de tiempo.
Por supuesto, este tipo de construcciones espontáneas está bajo la influencia de las fuer-
zas de la naturaleza: un tornado, una inundación o un terremoto pueden acabar con él en
cuestión de minutos.
Resumamos las características fundamentales del sendero natural:

SENDERO NATURAL

• Se configura de modo espontáneo, sin intencionalidad previa alguna.


• Es natural, no obedece a planificación o intención alguna.
• Está sometido a condicionantes físicos naturales.
• Se consolida con el uso.
• No requiere mantenimiento aunque está bajo la influencia de las fuerzas de la natu-
raleza.

55
Cuestiones clave de la Lingüística

Supongamos ahora que las autoridades de la universidad han observado el sendero crea-
do de forma espontánea a través del césped y adoptan la siguiente decisión: como es un cami-
no que las personas que transitan por el campus van a seguir tomando, es aconsejable urbani-
zarlo. Esto puede significar que se va a enladrillar o enlosar el terreno y se le va equipar con
mobiliario tal como papeleras o iluminación, de forma que se pueda transitar a través de él
cuando haya poca luz. Todas estas transformaciones del sendero que denominamos urbani-
zación no son espontáneas, sino que se deben a unas intenciones previas que llevan a una pla-
nificación detallada anterior a esa urbanización. Además, como dicha urbanización tiene un
coste económico, hay que realizar una serie de pasos previos para obtener la financiación ade-
cuada con el fin de llevar a cabo ese proceso. Está claro que ahora estamos ante un proceso
muy diferente del descrito anteriormente. Se trata de un conjunto de acciones planificadas
minuciosamente con antelación e insertas dentro de una determinada cultura, en este caso, la
cultura urbana. Téngase en cuenta que en las culturas que no tienen carácter urbano no ten-
dría sentido realizar estas acciones, sino que es posible que se llevaran a cabo otras acciones que
nos pudieran parecer absurdas o inútiles a las personas de las culturas urbanas.
Veamos una serie de características del sendero urbanizado. En primer lugar, vemos que
se ha hecho sobre la base del sendero natural. El sendero natural fue realizado espontánea-
mente bajo la influencia de condicionantes que se consideran generales y efectivos. La deci-
sión de urbanizar el sendero natural y no realizar un nuevo sendero urbanizado a través del
césped, se debe a que se considera, de forma claramente adecuada, que los condicionantes
que ocasionaron el sendero natural van a seguir actuando una vez terminada la urbaniza-
ción del sendero. Por eso es una decisión sabia el urbanizar el sendero natural y no construir
un nuevo sendero desde cero.
En segundo lugar, observamos que ha sido realizado a partir de una planificación cons-
ciente dirigida a unos determinados fines; en este caso fines de integración urbanística, por
ejemplo.
En tercer lugar, el sendero urbanizado es artificial, no natural: en enladrillamiento y el
enlosamiento nunca se podría producir de forma natural; entre otras cosas porque la pro-
ducción en masa de ladrillos o losas que encajen perfectamente unas con otras no es un
hecho natural. Muchas personas ven la urbanización como una mejora del sendero natural,
como un perfeccionamiento de él. Pero esta visión es claramente etnocéntrica. El sendero
puede ser mejor porque se adecua mejor a un determinado tipo de cultura, no porque sea
mejor en sí mismo.
En cuarto lugar, a diferencia del sendero natural, el sendero urbanizado se deteriora con
el uso: cuanto más se use, más posibilidades hay de que se deteriore: las losas se pueden rom-
per, desplazar, desajustar, el alumbrado se puede estropear. Este aspecto diferencia radical-
mente el sendero natural, que se refuerza con el uso, del sendero urbanizado, que se dete-
riora con el uso.
En quinto lugar, a diferencia del sendero natural, el sendero urbanizado requiere man-
tenimiento constante.
En sexto lugar el sendero urbanizado es más sensible aún a las fuerzas de la naturaleza
que el natural. Una inundación o un terremoto moderado puede destruir el sendero urba-
nizado sin que el natural se vea completamente deteriorado.

56
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

He aquí un resumen de estas características:

SENDERO URBANIZADO

• Se realiza sobre un sendero espontáneo.


• Se establece mediante una iniciativa teleológica previa.
• Es artificial.
• Se desgasta con el uso: se naturaliza.
• Requiere un mantenimiento continuo.
• Está sujeto a las fuerzas de la naturaleza.

Hay una serie de observaciones que conviene tener en cuenta cuando comparamos un
sendero natural con un sendero urbanizado:

• El sendero urbanizado puede concebirse como una elaboración del natural pero de
ahí no se sigue que sea superior desde el punto de vista de la evolución natural. Sólo
se puede afirmar esto desde el punto de vista de la evolución cultural o social.
• El sendero natural no es una desviación o degeneración del sendero urbanizado.
• El sendero urbanizado no desnaturaliza el sendero natural.
• El sendero urbanizado ha de atenerse a los condicionantes físicos del entorno y de las
personas que lo utilizan. Por ejemplo, las losas no pueden estar separadas por una dis-
tancia mayor que la de la zancada humana normal.

Ahora vamos a ver las cosas que esta metáfora del sendero nos puede hacer evidente al
comparar una lengua natural y una lengua cultivada.
La lengua natural es la que habla la gente de modo espontáneo en su vida cotidiana y
supone un comportamiento parecido al de las personas que pisan el césped de forma oca-
sional. Una persona corriente, cuando habla su lengua, no tiene la menor idea ni noción de
cuántos modos o tiempos verbales tiene, cuántos casos, cuál es el repertorio de morfemas
derivativos o de qué conjunciones subordinantes dispone. La única información sobre esto
que puede tener es la que recuerde de la escuela, pero cuando usa el subjuntivo, los verbos
copulativos, los morfemas derivativos o las conjunciones subordinantes lo hace sin ser cons-
ciente ni recordar en ningún momento las reglas dadas en las gramáticas escritas o en los
manuales de lengua que estudió en la escuela. Sin embargo, hay unas reglas muy precisas
que interiorizó en la infancia y de las que no es consciente en absoluto.
Ocurre algo parecido a cuando andamos. Para realizar la actividad locomotiva es nece-
sario coordinar en milisegundos instrucciones de relajación y de tensión de diversos mús-
culos: no tenemos ni idea de qué músculos son esos, en qué orden necesitamos relajarlos o
excitarlos y de qué manera. Pero todos los días caminamos sin ningún problema. Esto es así
porque tanto la locomoción como la lengua son elementos de nuestra naturaleza humana
que nos vienen dados por pertenecer a la especie a la que pertenecemos.

57
Cuestiones clave de la Lingüística

2.6. Lengua estándar y lengua vulgar

Vamos a retomar ahora la idea con la que concluíamos el apartado 2.4 para aclararla y ejem-
plificarla. Existe una concepción muy frecuente en las sociedades que conocen una lengua
estándar escrita según la cual las lenguas naturales en las que se basan, las lenguas espontá-
neas que habla la gente cotidianamente en la calle de manera informal, son una especie de
desviación o degeneración de esas lenguas escritas severamente regimentadas y reguladas.
Por ello, las lenguas naturales correspondientes en las que se basan se suelen denominar de
forma despectiva; se habla, así, de lengua vulgar, inculta, incorrecta, popular, familiar, des-
cuidada, etc. Esta impresión viene reforzada por los muchos titubeos o vacilaciones que tie-
nen los hablantes para seguir en su actuación el modelo de la lengua estándar. Estos titube-
os se deben, no a una falta de conocimiento lingüístico de su lengua natural espontánea (la
competencia lingüística natural), sino a la inseguridad que se deriva de la utilización cons-
ciente de reglas gramaticales artificiales aprendidas en la escuela o mediante la lectura de
libros de estilo o de corrección gramatical. Ese conjunto de reglas constituye lo que M. Hale
(2007: 43) denomina procesador posgramatical, que podríamos denominar, en honor a su
introductor, procesador de Hale. Ese procesador, según este autor, por mucho que se asimi-
le y se automatice, nunca llega a sustituir al conjunto de las reglas gramaticales de la lengua
natural correspondiente:

“El uso generalizado de este posprocesador puedo hacerlo muy rápido y eficiente,
pero debido a la naturaleza de sus operaciones, nunca llegará a ser una gramática.” (Hale,
2007: 44, cursiva del autor)

En una nota a pie de página añade este autor:

“No creo que sea difícil comprobar experimentalmente la diferencia entre lo pro-
ducido por una gramática de una lengua segunda (L2) y lo producido por una lengua
primera (L1) más el procesador posgramatical. Esta última producción sufre una degra-
dación severa bajo condiciones de fatiga, distracción o alcoholemia, mientras que la pri-
mera no.”

Podemos interpretar perfectamente L1 o lengua primera como la lengua natural espon-


tánea y L2 o lengua segunda como la lengua estandarizada elaborada a partir de la primera
y que la gente aprende una vez que ya ha asimilado lo fundamental de la gramática de su
lengua o lenguas nativas espontáneas.
La aplicación más o menos consciente de las reglas del procesador de Hale obliga a un
modo de actuación lingüística artificial que distorsiona, en mayor o menor medida según
los casos, la aplicación inconsciente e inadvertida del conjunto de reglas gramaticales per-
teneciente a la lengua natural espontánea sobre la base de la cual se elaboran esos modelos
de corrección.
A tenor de lo anterior, quien haya conseguido asimilar la gramática de una lengua están-
dar y no tenga que recurrir al procesador posgramatical, tendrá una actuación gramatical
robusta que no se verá deteriorada por factores como el nerviosismo o las prisas. Pero aque-

58
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

llas personas que no hayan conseguido asimilar esa gramática, tendrán que recurrir a un pro-
cesador posgramatical y los diversos factores que influyen en la actuación pueden ocasionar
que ese recurso se vea deteriorado de forma más o menos importante. De aquí surgen pre-
cisamente los problemas de la actuación lingüística que hacen que muchas personas no lle-
guen a hablar en muchas ocasiones (o en ninguna) de acuerdo con las normas de la gramá-
tica normativa y, por tanto, se diga que esas personas hablan mal o incorrectamente. Pero
lo que ocurre no es que hablen mal, sino que hablan de acuerdo con las reglas de la com-
petencia gramatical de la lengua natural, dado que todas aquellas reglas o normas de la len-
gua culta o estándar escrita no han sido incorporadas a su competencia gramatical y tienen
que ser empleadas, con desiguales resultados, a través de una serie de habilidades extralin-
güísticas que implican el procesador de Hale.
Es evidente que de todo esto no se sigue que la competencia gramatical natural (la len-
gua natural) sea una especie de desviación o degeneración de la competencia gramatical de
la lengua cultivada o culta. Ni tampoco que la segunda competencia sea mejor que la pri-
mera. Lo que sí se puede decir es que, en una sociedad determinada, la competencia en la
lengua culta tiene mayor prestigio que la de la lengua vulgar. Pero la noción de prestigio
nada tiene que ver con la competencia lingüística, sino con los valores dominantes en una
determinada sociedad. El prestigio es algo que la sociedad adjudica a las lenguas o varieda-
des lingüísticas, pero no es un rasgo que las caracterice lingüísticamente.
Vamos a ver un ejemplo concreto en el que se puede apreciar ese carácter distorsiona-
dor de la ideología normativista o preceptivista asociada a la lengua estándar, que se funda-
menta en la creencia errónea de que la lengua natural es una versión degenerada o degra-
dada de la lengua estándar que se adopta como modelo ideal o correcto de lengua.
En el español peninsular actual es muy frecuente el uso de determinantes masculinos como
este, ese ante sustantivos femeninos que comienzan por a tónica, tales como agua o aula. De esta
manera, frases como este agua o este aula se pueden encontrar con mucha facilidad en el habla
espontánea peninsular contemporánea. La razón de este uso deriva de una extensión analógica
del uso del artículo el ante estos sustantivos (el agua o el aula) a los demás determinantes. Aquí
opera una ley del funcionamiento de las lenguas que es reconocida por las personas especialis-
tas en lingüística en general y en lingüística histórica en particular: se trata de la analogía. Por
tanto, desde el punto de vista de la lengua natural, estamos aquí ante un desarrollo en gran
medida inconsciente y automático, en el que actúa una ley de funcionamiento de las lenguas
espontáneas reconocido generalizadamente en la lingüística histórica actual.
Veamos ahora la visión de este fenómeno que se nos da desde la perspectiva de la len-
gua estándar normalizada. Podemos verificarla en el Diccionario Panhispánico de Dudas (RAE
y Asale, 2005). He aquí el diagnóstico realizado en esta obra:

“La fuerte asociación que los hablantes establecen entre la forma el del artículo y el
género masculino […] provoca, por contagio, que se cometa a menudo la incorrección
de utilizar las formas masculinas de los demostrativos este, ese y aquel delante de este
tipo de sustantivos: –este agua, –ese hacha, –aquel águila, cuando debe decirse esta agua,
esa hacha, aquella águila. El contagio se extiende, en el habla descuidada, a otro tipo de
adjetivos determinativos, como todo, mucho, poco, otro, etc.” (RAE y Asale, 2005: 248)

59
Cuestiones clave de la Lingüística

En la primera oración de este pasaje se reconoce la existencia del mecanismo que desen-
cadena el proceso de analogía pero, a continuación, se proporciona una serie de conceptos
negativos respecto de la actuación de esa ley en ese ámbito. Se habla de contagio, que tiene
connotaciones claramente negativas asociadas, por ejemplo, a las enfermedades y epidemias,
de incorrección y de habla descuidada. Esta caracterización se basa precisamente en la falsedad
enunciada anteriormente: la idea de que la lengua coloquial espontánea, lengua natural, es
una especie de degradación o desviación de la lengua estándar, lengua cultivada artificial basa-
da en esa lengua espontánea. Esta caracterización negativa es, pues, una elaboración cultu-
ralmente determinada de un proceso natural y, por tanto, no se puede situar dentro de los
mecanismos lingüísticos naturales. Por ello, la persona que, para no ser tachada de descuida-
da o inculta, intenta seguir esta regla, se ve obligada a hacer correcciones a través del proce-
sador de Hale, que puede hacer menos espontánea y automática su actuación lingüística. Más
aún, como las reglas de corrección se van acumulando, quienes intentan aplicarlas en su habla
cotidiana a través de ese procesador de Hale culturalmente inducido, progresivamente amplia-
do y conscientemente utilizado, pueden ver afectada de forma importante su competencia
gramatical natural, que da origen a su habla normal automatizada, para verse abocados a
numerosas situaciones de duda, vacilación y desorientación que pueden llegar a distorsionar
gravemente sus habilidades lingüísticas naturales. De ahí la observación que se hace en la pre-
sentación del Diccionario panhispánico de dudas para justificar su necesidad:

“Se echaba de menos una obra que permitiera resolver, con comodidad y pronti-
tud, los miles de dudas que asaltan a los hablantes en el manejo cotidiano del idioma.”
(RAE y Asale, 2005: XI)

Es evidente que esta situación de duda generalizada en el uso cotidiano del idioma es
un fenómeno de carácter claramente cultural, no natural. Las lenguas naturales se han
desarrollado evolutivamente como medios de comunicación automáticos, rápidos e inadver-
tidos, que, lejos de plantear continuos problemas y dudas, son instrumentos eficaces para
desenvolverse en las más variadas situaciones. Las lenguas naturales no han sido desarrolla-
das para ser habladas o señadas con la ayuda de los cánones establecidos en los diccionarios,
gramáticas y libros de estilo. No podemos desenvolvernos en la vida diaria llevando siempre
con nosotros un diccionario que consultar antes de hablar o señar. Incluso hoy en día, que
están ya generalizados los diccionarios electrónicos de bolsillo, muy fáciles de transportar y
de consulta prácticamente instantánea, es difícil ver a personas que, en su uso cotidiano del
lenguaje, consulten habitualmente esos diccionarios electrónicos a la hora de hacer la com-
pra, llevar el coche al taller o ir a una agencia de viajes a contratar las vacaciones.
Por consiguiente, todos estos diccionarios y gramáticas escritos no son más que mode-
los culturalmente determinados de lengua cultivada, que no pueden sustituir las lenguas
naturales en cuya elaboración se basan y cuya observancia estricta suele llevar en muchos
casos a una degradación considerable de las habilidades lingüísticas naturales adquiridas
durante la infancia.
Podemos deducir de la exposición anterior que las lenguas cultivadas son artificiales, no
naturales, que no pueden sustituir a las lenguas naturales y que su influencia en éstas es muy

60
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

superficial, en el sentido de que no pueden modificar sustancialmente las reglas naturales


del funcionamiento lingüístico, sino, en el mejor de los casos, aprovechar los cauces esta-
blecidos por ellas.

2.7. Biología y cultura de las lenguas

En el apartado 2.2, al describir los aspectos naturales y culturales de la alimentación huma-


na llegamos a una serie de conclusiones sobre la relación entre ambos que vamos a volver a
ver ahora, pero aplicados al caso de las relaciones entre los aspectos naturales y culturales de
las lenguas humanas.

• El hecho biológico es siempre anterior a la elaboración cultural. La capacidad del len-


guaje humano y el desarrollo de una competencia gramatical natural, que es un hecho
de base biológica, es evolutivamente anterior a la elaboración cultural de las lenguas
cultivadas. Las lenguas humanas nunca han empezado como lenguas cultivadas y pos-
teriormente se han naturalizado como lenguas naturales.
• Las elaboraciones culturales se realizan sobre la base del hecho biológico, no al revés. Las
modificaciones que sirven de base para la creación de lenguas naturales se hacen siem-
pre sobre la competencia gramatical natural, sobre la lengua natural. No se da nun-
ca lo contrario. Aunque se enseñe a un ser humano en su infancia una lengua están-
dar con unas normas fijas y sin variación ni dinamismo adaptativo, la competencia
que adquirirá será natural, no artificial, y su actuación lingüística estará determina-
da exactamente por los mismos factores que afectan a las lenguas naturales (será varia-
ble, dinámica y adaptable). Esto se debe a que el desarrollo de la competencia lin-
güística es un hecho biológicamente determinado y, por tanto, no se puede alterar
esencialmente mediante la instrucción y la educación.
• El hecho biológico se impone en última instancia a la elaboración cultural. La compe-
tencia gramatical natural, adquirida en la infancia, se acaba siempre imponiendo a la
aprendida de modo explícito a través de las personas adultas o de las instituciones
educativas. El acento extranjero es un caso típico de ello. Los hábitos articulatorios
adquiridos en la infancia de modo natural (sin recibir ninguna instrucción explícita
de fonética articulatoria) son muy difíciles de cambiar o eliminar e influyen de mane-
ra evidente en la actuación de una lengua aprendida mediante instrucción específi-
ca. Podemos intentar modificar nuestro acento mediante un mecanismo similar al
procesador de Hale, pero la influencia de tal procesador se verá muy limitada e inclu-
so anulada en cuanto haya circunstancias que afecten nuestra actuación (rapidez, ner-
viosismo, necesidades biológicas, etc.). Hablando pausadamente algunas personas
pueden imitar bastante bien la fonética de una lengua aprendida mediante instruc-
ción, pero desde el momento en el que se incremente la velocidad y espontaneidad
del habla o la señación, la imitación se hará cada vez menos perfecta.
• El hecho biológico no puede ser sustancialmente modificado por las elaboraciones cultu-
rales. Ninguna elaboración artificial de una lengua puede cambiar los mecanismos

61
Cuestiones clave de la Lingüística

universales del lenguaje, que constituyen parte de nuestra herencia biológica como
especie. Algunas de esas elaboraciones pueden ser incluso incompatibles con las pro-
piedades universales de las gramáticas. Pensemos, por ejemplo, en el juego infantil
consistente en insertar una sílaba, supongamos ti, detrás de cada sílaba de cada pala-
bra. De esta manera convertimos me voy a casa en meti voyti ati catisati. Este es un
ejemplo de elaboración en el que se aplica una regla que tiene que tener en cuenta el
número de sílabas de una secuencia para poder aplicarse, independientemente de la
estructura prosódica o morfológica. Llevar la cuenta del número de sílabas que se van
usando es también necesario para otras elaboraciones de las lenguas naturales, tales
como las poéticas. Este tipo de reglas independientes de la estructura es contrario a
los principios de la gramática universal y, por tanto, la lengua resultante al aplicarla
no puede ser una lengua natural y, lo que es más importante, no es aprendible como
lengua natural, ni tampoco puede ocasionar un cambio en las propiedades de las len-
guas naturales por mucho que se use o que se intente imponer. Exactamente igual
que por mucho tiempo que haya pasado desde que los caballos en cautividad llevan
silla de montar, no nacen caballos en cautividad con la silla de montar ya incorpora-
da, hay que hacerla y ponérsela, se da que por mucho tiempo que lleve existiendo
una lengua estándar escrita, las lenguas naturales no se aprenden de forma espontá-
nea en esas formas estándares, sino que hay que añadir la silla de montar posterior-
mente, en el colegio. Nunca surgirán espontáneamente lenguas naturales con las pro-
piedades de las lenguas cultivadas.
• Las elaboraciones culturales de las lenguas naturales no suponen un paso evolutivo de natu-
raleza biológica. Cada cultura puede modificar sus lenguas naturales de muy diversas
formas y con muy diversos propósitos y cada una de esas elaboraciones puede estar
sometida a un tipo de valoración cultural específica: hay elaboraciones mágicas, reli-
giosas, estéticas, políticas, gremiales o profesionales de las lenguas naturales. Pero ya
hemos visto que, por muy radicales y profundas que sean esas modificaciones, no se
puede producir un cambio esencial de las propiedades universales que caracterizan la
facultad humana del lenguaje y la competencia lingüística natural (las lenguas natu-
rales). Por consiguiente, las elaboraciones culturales de las lenguas naturales, que son
de naturaleza lamarckista (véase el apartado 5.6), no pueden ser consideradas como
formas más avanzadas evolutivamente desde el punto de vista biológico. Desde el
punto de vista cultural no parece haber problemas al hablar de avance, pero desde el
punto de vista biológico no tiene el menor sentido decir que una lengua estándar,
culta o escrita está más avanzada que una lengua natural, dado que estamos ante dos
esferas diferentes.

Por consiguiente, una vez que somos conscientes de que en las lenguas humanas hay
aspectos determinados biológicamente y otros culturalmente, las relaciones entre biología y
cultura que son válidas en ámbitos básicos como la alimentación o la reproducción también
lo son en la esfera del lenguaje y las lenguas humanas. Ninguna elaboración cultural puede
cambiar esencialmente nada de nuestra biología: la única manera de hacer esto sería a tra-
vés de la manipulación genética, que es una consecuencia del desarrollo científico y técni-

62
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

co más que del cultural propiamente dicho. A su vez, la manipulación genética está some-
tida a muchos condicionales culturales e ideológicos que la hacen en algunos casos algo extre-
madamente polémico.

2.8. La lengua-I y la Lengua-E

N. Chomsky en su obra capital Conocimiento del lenguaje (Barcelona, 1986) presentó una
distinción crucial para lo que aquí estamos viendo: la que diferencia entre lengua exteriori-
zada (lengua-E) y lengua interiorizada (lengua-I). El entendimiento de estos conceptos es
esencial para plantear en sus justos términos la oposición que hemos presentado entre las
lenguas naturales y las lenguas cultivadas.
Primero, veamos la definición que este autor nos da del concepto de lengua-I:

Lengua-I:

“Refirámonos a esta «noción de estructura» como a una «lengua interiorizada» (Len-


gua-I). La Lengua-I constituye pues un elemento de la mente de la persona que cono-
ce la lengua, que adquiere el que la aprende y que el hablante-oyente utiliza. Si se toma
la lengua como la lengua-I, la gramática sería entonces una teoría de la lengua-I, el obje-
to que se investiga.” (N. Chomsky, 1986: 37)

Además, N. Chomsky se refiere a la relación entre la Gramática universal (GU) y la len-


gua-I en estos términos:

“Entonces la GU se construye como la teoría de las lenguas-I humanas, un sistema


de las condiciones derivadas de la dotación biológica humana, que identifica las lenguas-I
que son humanamente accesibles en condiciones normales.” (N. Chomsky, 1986: 38)

Podemos, entonces, concluir que la competencia lingüística o lengua-I realiza la capa-


cidad lingüística humana caracterizada mediante la Gramática universal (GU) asociada a la
facultad humana del lenguaje. Por consiguiente, la lengua-I es lo que hemos denominado
la lengua natural, es decir, la que los seres humanos crean en su infancia, guiados por los
principios de la Gramática universal, a partir de los datos de la actuación lingüística de las
personas adultas que los rodean en su crecimiento. Se trata de la lengua vulgar, que es apren-
dida de modo espontáneo por parte de los seres humanos sin ninguna regla o norma explí-
cita. Estamos ante una entidad individual y mental que está detrás del comportamiento lin-
güístico de toda persona. Por consiguiente la lengua-I se identifica con lo que se denomina
competencia lingüística. Hay tantas competencias lingüísticas como personas que hablan o
señan; por consiguiente hay tantas lenguas, en el sentido biológico, como personas. Como-
quiera que muchas de esas competencias son muy similares y llevan a una actuación lin-
güística muy parecida o casi idéntica, podemos agruparlas en conjuntos de competencias
lingüísticas. Pero es muy importante tener en cuenta que un conjunto de competencias lin-

63
Cuestiones clave de la Lingüística

güísticas no es una competencia lingüística y que, por tanto, ese conjunto no es una lengua
en sentido biológico del término.
Lo que habitualmente se entiende como un dialecto o lengua no es, por consiguiente,
más que un conjunto de competencias lingüísticas o lenguas interiores cuasi idénticas. Pero
queda claro, por lo que acabamos de decir, que un conjunto de competencias o lenguas inte-
riores no es en sí misma una competencia o lengua-I y que no tiene sentido decir que cada
competencia lingüística concreta es una realización de un dialecto o lengua. Por consiguiente,
el dialecto no es una lengua-I, sino un conjunto de lenguas-I, que no se puede estudiar ni
describir en términos estrictamente gramaticales, sino más bien evolutivos y sociolingüísti-
cos. Dicho de otro modo, el dialecto, como conjunto de competencias lingüísticas o len-
guas-I no es un objeto de conocimiento de la teoría gramatical.
En esto han insistido algunos autores. He aquí una opinión reveladora:

“La lengua-I es interna e individual, es decir, una cualidad de los seres humanos;
más exactamente, una propiedad física que se encuentra localizada en su cerebro. Repre-
senta, por tanto, una capacidad que reside en el individuo en cuanto a tal, y no como
miembro de la sociedad. […] La lengua-E es, en cambio, la lengua ‘externa’ (en el sen-
tido de ‘exteriorizada’, ‘extensional’), es decir, un concepto fundamentalmente social
que se interpreta como el conjunto de enunciados actualmente emitidos y está sujeta a
condicionamientos pragmáticos y situacionales. (I. Bosque y J. Gutiérrez-Rexach, Fun-
damentos de Sintaxis Formal, Madrid, 2009: 68-69; comillas de los autores)

La teoría gramatical ha de construirse sobre las lenguas-I y no sobre sus manifestacio-


nes externas en forma de lenguas-E supraindividuales:

“Como hemos señalado arriba, la noción de ‘gramaticalidad’ tiene sentido desde


una concepción INTERIORIZADA del idioma, es decir, en una concepción de la len-
gua como propiedad del individuo. Los sistemas lingüísticos son en mayor o menor
medida compartidos por nuestros interlocutores, pero nunca lo son en su totalidad.
Parece difícil, por tanto, estudiar la gramática de las construcciones en una concepción
EXTERIORIZADA del idioma, puesto que ello nos forzaría a entender que todas las
variedades juntas, incluso las mutuamente excluyentes, constituyen un solo sistema gra-
matical.” (I. Bosque y J. Gutiérrez-Rexach, 2009: 44; mayúsculas de los autores)

Para entender estas afirmaciones en sus justos términos podemos establecer una com-
paración ilustrativa. Por ejemplo, la obra de Mozart Marcha turca suele ser utilizada por
quienes practican la habilidad de tocar el piano. Estas personas, y todas aquellas que deseen
interpretar al piano esta partitura, deben partir de ella, que constituye la gramática musical
de la pieza. Cada persona, según sus capacidades y sensibilidades, realizará una interpreta-
ción más o menos afortunada o brillante de esta pieza archiconocida.
La partitura escrita por Mozart entra dentro de lo que concebimos aquí como elabora-
ción cultural (artística) de nuestra capacidad musical natural y se corresponde con la gra-
mática de una lengua cultivada o elaborada a partir de una lengua natural. Quienes deseen

64
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

interpretar la pieza deben seguir al pie de la letra la partitura y, además, según sus habilida-
des y capacidades personales, dotarla con cualidades adicionales que serán reflejadas en una
interpretación más o menos interesante, bella o brillante.
Sin embargo, las lenguas naturales, las competencias gramaticales o lenguas-I no se
adquieren mediante la observación y aprendizaje directos de una gramática (una partitura
lingüística). Más bien, cada persona tiene que escribir su propia partitura (competencia gra-
matical) a partir de las actuaciones lingüísticas de quienes le rodean. Es como si alguien
tuviera que aprender a tocar la Marcha turca de Mozart, sin tener partitura alguna que apren-
der o seguir, simplemente escuchando las interpretaciones de otras personas de esta pieza:
es lo que se suele llamar aprender música de oído. Como no todas las ejecuciones de esta
obra son idénticas, ni se realizan con los mismos conocimientos y habilidades por parte de
quienes la interpretan, la partitura que reconstruirá en su mente no será seguramente idén-
tica a la que tienen en su cabeza esas otras personas, pero su interpretación será lo suficien-
temente parecida a las de ellas como para ser reconocida como una ejecución de la misma
pieza musical.
Cuando escribimos la gramática de una lengua natural, estamos intentando construir
una especie de partitura gramatical que se aproxime de la forma más fiel posible a la que
cada hablante tiene en su cabeza. Pero nadie tiene esa partitura gramatical general en su
mente y, por tanto, no tiene sentido decir que cada competencia gramatical es realización
de esa gramática o partitura general; lo único que se puede decir es que esa gramática escri-
ta es una aproximación a algunos aspectos de las competencias lingüísticas de las personas
que hablan o señan una determinada lengua natural.
Mientras que en el caso de la marcha turca de Mozart tenemos una gramática ya hecha
que hay que aprender para crear en nuestra mente una aproximación a ella, en el caso de las
lenguas naturales no se parte de una gramática externa ya hecha a la que podamos acceder
directamente. Esto es así porque no podemos observar las competencias gramaticales de
quienes nos rodean (sus lenguas-I) sino solo su actuación lingüística y, a partir de ella, inten-
tamos construir una competencia lingüística propia que se acomode lo más posible al con-
junto de actuaciones lingüísticas que nos sirven como base empírica.
La no existencia de un sistema lingüístico fuera del individuo, como si se tratase de una
partitura musical, del que las competencias individuales serían una realización más o menos
exacta ha sido también enunciada de modo taxativo por otros investigadores:

“No existe una gramática “pan-inglesa” que abarque toda oración posible en todos
los dialectos e idiolectos del inglés.” (F. Newmeyer, Possible and probable languages, OUP,
2005: 161)

El siguiente pasaje también insiste en la misma idea:

“En suma, el que todos los hablantes de una lengua compartan en lo fundamental
el mismo sistema gramatical no implica necesariamente que la existencia de ese sistema
sea independiente de los usuarios, y por tanto sea una entidad social, como proponía
Saussure.” (I. Bosque y J. Gutiérrez-Rexach, 2009: 69)

65
Cuestiones clave de la Lingüística

Las diversas competencias gramaticales o lenguas-I pueden diferir de manera gramati-


calmente significativa y, por tanto, poner de manifiesto propiedades paramétricas de deter-
minados conjuntos de lenguas-I muy similares, que denominamos dialectos y que son la base
de la sintaxis dialectal, denominada micro-comparativa (R. Kayne, 2005). Dado que varios
conjuntos de competencias gramaticales o lenguas-I pueden ofrecer maneras distintas e inclu-
so incompatibles de realizar una determinada propiedad gramatical que se puede realizar de
varias formas distintas, lo que no podemos hacer es proponer una especie de competencia
gramatical supra-dialectal, supra-individual, de la que las competencias gramaticales indi-
viduales serían una encarnación mental, dado que tal supuesta competencia supra-indivi-
dual no sería por definición una lengua-I localizada en la mente de un individuo, ni cons-
truida por adquisición natural por la mente de ninguna persona. Este no sería un objeto
empírico de estudio, sino, en todo caso, una ficción del gramático que podría tener alguna
utilidad auxiliar, pero que no corresponde a ninguna entidad del mundo lingüístico real. A
esto se refieren los autores de la última de las citas que acabamos de ver.
Pasamos ahora al concepto de lengua-E tal como es definido por el lingüista estadou-
nidense en su libro mencionado:

Lengua-E:

“Refirámonos a estos conceptos técnicos como casos de «lengua exteriorizada» (Len-


gua-E), en el sentido de que lo construido se concibe de forma independiente de las
propiedades de la mente/cerebro. Bajo el mismo rótulo podemos incluir la noción de
lengua como colección (o sistema) de acciones o conductas de cierta clase. Desde un
punto de vista así, una gramática es una colección de enunciados descriptivos referen-
tes a la lengua-E, los acontecimientos lingüísticos potenciales o reales (quizás junto con
alguna explicación de su contenido de uso o su contenido semántico).” (N. Chomsky,
1986: 34-35)

Ahora estamos ante una serie de productos de la actividad lingüística que son material-
mente expresados y que se pueden registrar observacionalmente de manera objetiva. Esta-
mos ante una serie de comportamientos o una serie de textos que pueden ser procesados,
ordenados y clasificados de una manera inmediata, dado que no se trata de fenómenos men-
tales o cognitivos, sino de elementos materiales tangibles.
En la actualidad, existen corpus de datos lingüísticos tanto orales como escritos que se
pueden consultar, estudiar, ordenar y procesar de muy diversas formas y con muy diversos
propósitos. Estos conjuntos de datos constituyen la lengua-E, la lengua que se puede ver,
oír y tocar.
N. Chomsky, además, introduce el concepto de lengua platónica o lengua-P para carac-
terizar ciertos enfoques platónicos del lenguaje humano, del siguiente modo:

“Lo que se sostiene es que, aparte de las lenguas-I particulares, hay algo más, que pode-
mos llamar «lenguas-P» (inglés-P, japonés-P, etc.), existentes en el cielo platónico junto a
la aritmética y (quizás) la teoría de conjuntos, y que una persona, de la que decimos que
sabe inglés, puede no tener en realidad un completo conocimiento del inglés-P, o incluso

66
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

puede no conocerlo en absoluto. De forma parecida, la mejor teoría de la lengua-I, de lo


que la persona conoce en realidad, puede no ser la mejor teoría de lo que, de acuerdo con
ciertas razones, puede escogerse como inglés-P.” (N. Chomsky, 1986: 48-49)

Cuando estamos ante la lengua-E y la lengua-P, entramos en el terreno de lo que hemos


denominado, la lengua cultivada. Una lengua cultivada surge de la elaboración cultural en
una determinada dirección de una lengua-E. La idea de que la lengua es un objeto abstrac-
to autónomo situado en el mundo platónico de las ideas es precisamente una elaboración
de este tipo. Las concepciones religiosas, ideológicas, filosóficas o científicas del lenguaje son
precisamente producto de la elaboración cultural de las lenguas, lo que denominamos len-
guas cultivadas. El concepto de lengua estándar o el concepto de lengua como instrumento
autónomo de comunicación mediante el cual se transmiten mensajes constituyen elabora-
ciones ideológicas de las lenguas-E determinadas antropológica, social, cultural e ideológi-
camente (R. Harris, 1981).
En cuanto a la lengua estándar escrita y hablada común en varias culturas actuales, algu-
nos de los que la estudian mantienen el carácter claramente ideológico de esta entidad:

“Por consiguiente parece apropiado hablar de forma más abstracta de estandariza-


ción como una ideología y de una lengua estándar como una idea en la mente más que
como una realidad: un conjunto de normas abstractas a las que el uso real puede ate-
nerse en mayor o menor medida.” (J. Milroy y L. Milroy, Authority in Language, Rout-
ledge, 1991: 23, cursiva de los autores)

Esta idea del carácter cultural e ideológico de la lengua estándar ha sido estudiada y de-
sarrollada por el lingüista J. E. Joseph:

“Uno de nuestros puntos de partida es el de la insistencia de los formalistas de Pra-


ga, en la lengua estándar como una manifestación CULTURAL urbana.” (J. E. Joseph,
Eloquence and Power, Londres, 1987: 19, mayúsculas del autor)

Además, Joseph insiste en la importancia de la escritura para la creación de una lengua


estándar. Estas lenguas se elaboran sobre conjuntos de textos escritos, es decir, elementos de
lo que N. Chomsky denomina lengua-E, y el principio alfabético es esencial para enten-
derlas (J. E. Joseph, 1987, capítulo 2).
En cuanto al concepto, ampliamente aceptado en nuestra sociedad occidental, de que
las lenguas son unos objetos autónomos que se utilizan para transmitir información, esta-
mos ante otra elaboración ideológico-cultural denominada por Roy Harris como el mito del
lenguaje (the language myth) (Harris, 1981). En esencia, este mito consiste en pensar que las
lenguas son instrumentos a través de los cuales transmitimos ideas desde una mente a otra
mente a través de un canal físico. Esto supone la reificación de las ideas, que se ven como
objetos autónomos que se localizan dentro de las mentes y que son movidos o trasladados
materialmente de una mente a otra, a través precisamente de los mecanismos lingüísticos.
Todas estas ideas han sido examinadas en el capítulo anterior.

67
Cuestiones clave de la Lingüística

Las elaboraciones culturales de la lengua-E, tales como la lengua estándar, son elementos
ideológicos y políticos necesarios para entender correctamente las sociedades que los desarro-
llan y, por tanto, deben ser objeto de la sociolingüística, de la sociología y de la antropología.
Pero el resultado de estas elaboraciones no son lenguas naturales, no son competencias gra-
maticales individuales completas o lenguas-I y, por tanto, caen fuera del estudio de la teoría
gramatical propiamente dicha, dado que no modifican de manera esencial ni los principios de
la Gramática universal ni las bases biológicamente condicionadas de la capacidad humana para
la adquisición y desarrollo de un competencia gramatical natural (una lengua-I).
Como conclusión se pueden enunciar los siguientes postulados:

• La lengua-I no es una realización de la lengua-E.


• La lengua-I está biológicamente determinada.
• La lengua-E no tiene ningún correlato biológico evolutivo.
• La lengua-E está culturalmente y socialmente determinada.

En primer lugar, la competencia gramatical natural (la lengua-I) no es una realización de


la lengua-E y, por tanto, no se puede mantener que la competencia gramatical natural de los
hablantes es una realización de, por ejemplo, una lengua estándar o una lengua escrita de
carácter religioso o ideológico. Menos aún puede mantenerse que la lengua-I es una especie
de realización imperfecta o defectiva de una lengua-E cultural o ideológicamente elaborada.
Por supuesto, cuando, en una determinada sociedad, las personas intentan, mediante algún
estímulo social, seguir las estrictas normas de una lengua elaborada culturalmente, tal como
una lengua estándar escrita, se obtienen resultados muy variados, según las habilidades y apti-
tudes de esas personas, dado que esas lenguas elaboradas, al no ser idiomas naturales, han de
asimilarse mediante acciones pedagógicas intencionales que carecen de la base biológica sobre
la que se sustenta la adquisición espontánea de una lengua natural en la infancia.
La elaboración cultural de las lenguas naturales se hace siempre sobre la lengua-E y no
sobre la lengua-I. Es decir, se hace a través de las producciones lingüísticas de las personas
que tienen una competencia gramatical natural, dado que estas producciones son directa-
mente accesibles de forma material y se pueden organizar, estructurar y modificar de diver-
sas maneras.
En segundo lugar, a diferencia de la lengua-I, la lengua-E no está biológicamente deter-
minada y, por tanto, no se atiene a los condicionantes biológicos de los seres humanos. Para
ilustrar esto, baste un sencillo ejemplo. El vocabulario de una lengua natural está severa-
mente restringido por las limitaciones de la memoria a largo plazo del ser humano. Por eso,
no hay ninguna lengua natural en la que se utilicen de forma espontánea y automática dos-
cientas o trescientas mil palabras. Las lenguas-E, en particular, las lenguas escritas elabora-
das culturalmente, tienen diccionarios en los que hay cientos de miles de palabras, respec-
to de los cuales la limitación de la memoria humana no es relevante. Si unimos todos los
vocabularios de las diversas variedades del español peninsulares y americanas, obtendremos
un caudal inmenso de palabras. Pero no hay ninguna persona hablante de esta lengua que
atesore en su cabeza y use de forma habitual y automatizada ese inmenso caudal léxico en
su totalidad: cae fuera de las posibilidades de procesamiento, almacenamiento y uso del cere-

68
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

bro humano. Cuando se dice que el español o el inglés son idiomas que tienen cientos de
miles de palabras, no estamos hablando de una lengua natural, una lengua-I, sino de una
lengua-E, es decir, de un conjunto de textos orales y escritos de diversas personas e institu-
ciones que usan la lengua en cuestión. En dicho conjunto de textos se pueden encontrar
cientos de miles de palabras, pero tal conjunto no se corresponde con la competencia de
ninguna persona en concreto.
En tercer lugar, la lengua-E no ha sido moldeada mediante la evolución biológica de la
especie, sino a través de su evolución cultural. Por eso, las diversas concepciones de estas
lenguas-E varían mucho de cultura en cultura, mientras que las características de las len-
guas-I son homogéneas y constantes en todas las culturas y comunidades humanas y no
dependen de elaboraciones culturales:

“En concreto, la gramática de la lengua de una comunidad no parece estar relacio-


nada con otros rasgos identificables de su cultura. Si observamos cómo están distribui-
dos alrededor del mundo los diferentes tipos lingüísticos, no hay pista alguna de una
interacción significativa entre tipo lingüístico y tipo cultural.” (M. Baker, The Atoms of
Language, Nueva York, 2001: 201)

En cuarto lugar, la lengua-E está sometida a todo tipo de elaboraciones culturales, ideo-
lógicas y políticas. Esto es razonable, porque la lengua-I no es accesible directamente y sólo
mediante un estudio científico difícil y penoso puede accederse a ella de forma más o menos
eficaz. Sin embargo, el comportamiento lingüístico de los individuos, los textos orales o
escritos sí son directamente accesibles a los miembros de una comunidad y, precisamente,
sobre ellos se realizan elaboraciones lingüísticas culturalmente determinadas, tales como las
que dan lugar a las lenguas estándar. Estas elaboraciones no pueden tener en cuenta en rea-
lidad las leyes profundas de las lenguas-I, que son desconocidas para la mayoría de los que
intervienen en estas elaboraciones y las desarrollan; de ahí que no puedan afectar de forma
sustancial a esas leyes profundas que sólo pueden hacerse evidentes mediante un trabajo
científico complejo y difícil. En este sentido, la reglamentación lingüística que da lugar a
las lenguas estándar y a otros tipos de lengua cultivada es en la mayor parte de los casos pura-
mente superficial desde el punto de vista gramatical.

2.9. Lengua y dialecto

Es muy frecuente, incluso dentro del ámbito de la filología y de la lingüística, utilizar la dife-
rencia terminológica entre lengua y dialecto como una manera de justificar una jerarquiza-
ción de las lenguas naturales: algunas de ellas son verdaderas lenguas y otras son un mero
agregado de dialectos y no llegan a ser lengua. El término habla se utiliza también en esta
evaluación manipuladora, de modo que hay formas de hablar que ni siquiera llegan a la cate-
goría de dialecto (mucho menos a la de lengua) y se quedan en un conjunto de hablas. Por
ejemplo, no es infrecuente ver escrita la idea de que el aragonés no llega a categoría de len-
gua, ni siquiera a la de dialecto, sino que se queda en un mero agregado de hablas.

69
Cuestiones clave de la Lingüística

Para plantear racionalmente esta cuestión desde el punto de vista de la lingüística, pode-
mos citar un pasaje de un libro de introducción a la lingüística influyente donde los haya,
el Curso de Lingüística General de Ferdinand de Saussure, publicado por primera vez a prin-
cipios del siglo pasado.
He aquí un pasaje muy famoso de esa obra:

“Abandonada a sí misma, la lengua sólo conoce dialectos, ninguno de los cuales se


impone a los demás, y con ello está destinada a un fraccionamiento indefinido. Pero
como la civilización, al desarrollarse, multiplica las comunicaciones, se elige, por una
especie de convención tácita, uno de los dialectos existentes para hacerlo vehículo de
todo cuanto interesa a la nación en su conjunto.” (F. de Saussure, Curso de Lingüística
General, Buenos Aires, 1945: 312)

Conviene hacer algunos comentarios sobre este pasaje. Lo que dice el Curso es que las
lenguas naturales, en su devenir espontáneo, se realizan exclusivamente en un conjunto de
dialectos (“la lengua sólo conoce dialectos”). Esto significa que, en su desarrollo natural (“aban-
donada a sí misma”), una lengua no es otra cosa que un conjunto de dialectos. Por consi-
guiente, no existe una entidad unitaria y aislable que se pueda individuar y que funcione
como un objeto autónomo.
Este pasaje nos dice, por consiguiente, que si no se interviene de forma consciente y
deliberada, la naturaleza de las lenguas es inherentemente diversa, dado que damos esa eti-
queta a lo que no es más que un conjunto de variedades.
Conviene reflexionar ahora sobre el concepto de fraccionamiento que aparece al final
de la primera oración de este pasaje. En realidad, este término no es del todo acertado
porque entra en contradicción con la afirmación inicial. Si la lengua no es más (ni menos)
que un conjunto de dialectos o variedades, es evidente que no hay fraccionamiento algu-
no, ya que la entidad analizada está ya fraccionada desde el principio, es decir, existe sólo
a través de una serie de variedades que denominamos dialectos. Sólo hay fraccionamien-
to cuando una entidad completa va desgajándose en entidades más pequeñas. Pero esto
no es lo que nos dice el Curso. Lo que se nos asegura es algo realmente revolucionario: no
existe una lengua unitaria que se va desgajando en variedades, sino que la variedad, la
variación, forma parte de la existencia misma de las lenguas naturales. Por consiguiente,
más que de fraccionamiento, habría que hablar de diversificación. Las diferentes varieda-
des en las que existe una lengua, se pueden ir diversificando con el tiempo. Esto es así, en
efecto, aunque también existen procesos de convergencia lingüística que disminuyen la
diversificación. Por consiguiente, los dialectos, la forma de existencia primigenia de las
lenguas, con el paso del tiempo, pueden diversificarse u homogeneizarse según diferentes
circunstancias y factores.
Pasamos a la segunda de las oraciones del párrafo citado. Ahora entramos en un nue-
vo terreno que tiene que ver con las circunstancias sociales e históricas por las que pasan
las lenguas naturales. Esas circunstancias pueden hacer que una variedad concreta, entre
las que forman parte de lo que llamamos lengua, sea impuesta sobre otras variedades o
dialectos. Este proceso de imposición o generalización no es lingüístico, sino social, tal

70
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

como se detalla a continuación de este pasaje en el Curso. En él se enumeran los siguien-


tes tres factores:

1. Se da preferencia al dialecto de la región donde la civilización está más avanzada.


2. [Se da preferencia] al de la provincia que tiene la hegemonía política y la sede del
poder central.
3. A veces es una corte la que impone su habla.

Se ve con toda claridad que hay dos procesos implicados y perfectamente diferenciados.
Uno es el proceso lingüístico de divergencia (y convergencia) que experimenta un conjun-
to de variedades lingüísticas, denominadas dialectos, que se pueden concebir como mani-
festación de una lengua natural. El otro proceso no es lingüístico, sino social y se refiere a
la actuación, más o menos consciente y directa, según los casos, que supone la proclama-
ción de una determinada variedad lingüística o dialecto de una lengua, como la variedad o
dialecto general, común.
Uno de los puntos de vista más frecuentes respecto de este fenómeno consiste en con-
cebir que solo hay lengua cuando se ha producido un proceso social de imposición de una
variedad dialectal sobre un territorio más amplio que aquel en el que esa variedad se usa y
que supone la elaboración deliberada de esa variedad para convertirla en un modelo de refe-
rencia respecto de las demás variedades o dialectos de una lengua. Esta visión sólo da cate-
goría de lengua a determinados idiomas que conocen una forma estándar escrita, quedan-
do relegadas las lenguas en las que no se ha producido este proceso a meros conjuntos de
dialectos o hablas, que no llegan a la categoría de lengua.
Este punto de vista, claro es, supone la adopción de un etnocentrismo radical, según el
cual sólo hay lenguas plenamente desarrolladas en determinadas sociedades occidentales u
occidentalizadas y las lenguas de las sociedades tradicionales (de cazadores recolectores o de
agricultores y ganaderos), que no tienen un estándar al estilo occidental, son en realidad
idiomas de segundo orden en donde lo que predomina es la coexistencia de diversas varie-
dades o dialectos.

2.10. El imperialismo filológico

El punto de vista que hemos visto al final del apartado anterior, procede de una ideología
dominante en nuestra sociedad, que podemos denominar imperialismo filológico. Para enten-
der adecuadamente esta denominación, es necesario clarificar, sobre todo para las personas
no expertas en estos temas, qué es la filología y qué es la lingüística, dado que sus relacio-
nes y límites no están en general claros para el público en general, incluyendo aquí el públi-
co culto no especializado en cuestiones lingüísticas y gramaticales.
En primer lugar, para partir de una base sólida, veamos la definición que nos da F. Láza-
ro Carreter de filología:

71
Cuestiones clave de la Lingüística

“Filología. Antiguamente se designó así la ciencia que se ocupa de fijar, restaurar y


comentar los textos literarios, tratando de extraer de ellos las reglas del uso lingüístico.
Modernamente, amplió su campo, convirtiéndose además en la ciencia que estudia el
lenguaje, la literatura y todos los fenómenos de cultura de un pueblo o de un grupo de
pueblos por medio de textos escritos. […]” (F. Lázaro Carreter, Diccionario de términos
filológicos, Madrid, 1974: 187)

Como podemos apreciar en esta definición, la filología es una disciplina que se ocupa
del estudio de documentos escritos y que, por tanto, está centrada en el medio escrito, más
concretamente en las manifestaciones literarias escritas.
Frente a la filología, la lingüística, que es una ciencia auxiliar de la propia filología, se
ocupa del estudio del lenguaje humano en su medio natural, es decir, en el medio hablado
o señado. Es necesario distinguir bien ambas disciplinas, tal como acertadamente se dice en
el diccionario que estamos citando:

“La preocupación por la lengua hablada, de un lado, y de otro, el comparativismo,


que opera muchas veces sin poderse apoyar en textos escritos, dieron origen a una nueva
ciencia, la Lingüística, con la que de hecho, frecuentemente, se confunde la Filología.
Ambas ciencias estudian el lenguaje, pero de distinto modo. La Filología lo estudió con
vistas a la mejor comprensión o fijación de un texto; la Lingüística, en cambio, centra
exclusivamente su interés en la lengua, hablada o escrita, utilizando los textos, cuando exis-
ten y los precisa, sólo como modelo para conocerla mejor.” (F. Lázaro Carreter, 1974: 187)

Este pasaje sirve para una primera aproximación a las relaciones entre la filología y la
lingüística. Conviene poner de relieve un hecho trascendental que hay que añadir a las con-
sideraciones de F. Lázaro Carreter: la lengua escrita es siempre posterior, tanto ontogenéti-
camente como filogenéticamente, a la lengua hablada. Esto significa que la lengua hablada
o señada es la primera que siempre y necesariamente aprenden las personas en su infancia
y que las lenguas humanas surgieron, en su origen ancestral, como lenguas habladas y no
como lenguas escritas. De hecho, la escritura es una invención reciente del ser humano,
cuyos primeros testimonios seguros datan de hace unos cinco mil años, época en la que, con
toda seguridad, sabemos que las lenguas habladas estaban completamente desarrolladas y
eran del todo similares a las lenguas habladas actuales. El sumerio es la lengua más anti-
guamente atestiguada en la escritura cuya gramática conocemos y que tiene una tradición
literaria de más de tres mil años. Si analizamos esa gramática veremos que no se aparta de
lo que se considera normal en una lengua actual.
De estos dos hechos se deduce que la lingüística debe basarse de forma fundamental en
la lengua hablada y sólo de forma secundaria o aneja en el estudio de la lengua escrita.
Lo que se denomina en este manual imperialismo filológico consiste en tomar la lengua
escrita como patrón de referencia fundamental a la hora de describir las lenguas habladas,
lo cual supone subordinar la lingüística a la filología. Esta actitud se manifiesta de forma
más explícita en la idea de que la lengua hablada espontánea no es más que una versión dege-
nerada y distorsionada de la lengua escrita o de la lengua hablada culta y en la opinión de
que las formas gramaticales exclusivas o predominantes en la lengua hablada espontánea son

72
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

incorrectas o defectivas. Por tanto, la gramática prescriptiva representa la encarnación quin-


taesenciada del imperialismo filológico.
En el siguiente esquema, se representa de manera gráfica este imperialismo filológico:

TEXTOS LITERARIOS
TEXTOS SAGRADOS FILOLOGÍA

GRAMÁTICA

LENGUA HABLADA ESPONTÁNEA

Figura 2.2. El imperialismo filológico.

La filología se ocupa de la restauración y fijación de textos escritos literarios y sagrados


y uno de los aspectos de esa actividad se manifiesta en la composición de gramáticas para
esos textos. Ello se representa en el cuadro superior derecho. El imperialismo filológico se
representa mediante las dos flechas verticales. La flecha que baja desde el cuadro superior
derecho a la lengua hablada espontánea indica que la gramática que se ha elaborado a par-
tir de los textos escritos es utilizada para describir la lengua hablada espontánea, de modo
que todo aquello que en esa lengua no se corresponda o no coincida con las reglas estable-
cidas en la gramática, se considerará desviado o incorrecto. La flecha discontinua que des-
ciende desde el cuadro superior izquierdo a ese mismo componente quiere representar el
hecho de que la lengua hablada espontánea se considera como una especie de realización
imperfecta, de degeneración o de distorsión de la lengua de los textos literarios o sagrados
fijados mediante la escritura.
Un ejemplo de imperialismo filológico, actual y sistemático, nos lo ofrece el Diccionario
Panhispánico de Dudas compuesto por la RAE y la Asale y publicado en Madrid, en el año
2005. En este diccionario, todas aquellas palabras y expresiones frecuentes en el habla vulgar
y que no aparecen sistemáticamente en la lengua literaria escrita o hablada culta, se tachan de
incorrectas y se dice que deben ser evitadas (recomendaciones que, presumiblemente, tendrán
poco éxito debido a lo generalizados que están muchos de los fenómenos reprobados).
Un ejemplo adicional del imperialismo filológico lo constituye la denominada falacia
del texto escrito:

“Creo que, en realidad, y como veremos más adelante en relación con el concepto
de discurso, la idea de largos enunciados unitarios es una consecuencia de lo que podría-
mos denominar falacia del texto escrito, que consistiría en la interpretación equivoca-
da del hecho discursivo ocasionado por nuestra costumbre de comprender todo tipo de

73
Cuestiones clave de la Lingüística

discurso como un texto escrito, esto es, como una representación unitaria, visual y per-
manente. Diversos fenómenos lingüísticos nos advierten de lo equivocado de esta pos-
tura, uno de ellos es el de los continuadores conversacionales.” (J. Portolés, 2007: 56,
negrita del autor)

Otro síntoma claro del imperialismo filológico es considerar que un pueblo o comuni-
dad solo tiene literatura cuando hay textos literarios escritos. Con esto, se elimina la litera-
tura oral, que constituye parte fundamental del patrimonio cultural más extenso y ubicuo
de la humanidad, dado que, si bien no todas las comunidades humanas usan la escritura, la
existencia de tradiciones literarias orales es ubicua y normalmente ha sido mantenida duran-
te muchos siglos, si no milenios.
Aquí podemos recurrir de nuevo a las palabras del profesor Lázaro Carreter, que nos
indican que la literatura oral fue siempre anterior a la escrita y que no necesitaba de ella:

“Es seguro –los hechos históricos lo demuestran– que la literatura oral careció de
energía para forzar la invención de la escritura, y que sólo tardíamente se benefició de
las ventajas que ésta ofrecía. En realidad no la necesitaba, por su modo especial de vivir
como parte del tesoro cultural de una comunidad.” (F. Lázaro Carreter, 1976: 160)

Sin embargo, el imperialismo filológico reduce la tradición literaria secular e incluso


milenaria de una comunidad a los textos literarios escritos, con lo cual afirma que hay comu-
nidades con ninguna o muy poca literatura. He aquí un ejemplo referido al aragonés:

“Tras unas primeras muestras de literatura aragonesa, sujeta al doble influjo caste-
llano y catalán, las únicas muestras literarias del siglo XIV, la obra del humanista Juan
Fernández de Heredia y el poema aljamiado de Yúçuf, mostraban ya una castellaniza-
ción lingüística que permitía vislumbrar el retroceso del romance.” (M. T. Echenique
Elizondo y J. Sánchez Jiménez, Las lenguas de un reino, Madrid, 2005: 159)

Es evidente que aquí se está hablando únicamente de literatura escrita, que parece que
es la única literatura que ha de ser tenida en cuenta en la descripción histórica de una len-
gua. Un caso palmario de imperialismo filológico. El párrafo anterior quedaría más ade-
cuado si se sustituyera “literatura aragonesa” por “literatura aragonesa escrita”. Es claro que
la literatura oral no suele dejar textos escritos (y por tanto no se puede utilizar en los estu-
dios filológicos y lingüísticos), pero no es menos claro que la tradición oral actual, que sí se
puede estudiar, es heredera de una tradición oral anterior y que igual que los lingüistas his-
tóricos utilizan métodos de reconstrucción interna para aventurar hipótesis de estados ante-
riores de una lengua o grupo de lenguas a partir de datos contemporáneos, algo similar pue-
da hacerse respecto de las tradiciones literarias orales.
En resumen, la definición del imperialismo filológico puede sintetizarse mediante los
siguientes puntos:

• Actitud consistente en tomar como patrón lingüístico de referencia para la investi-


gación lingüística las versiones escritas literarias o estandarizadas de las lenguas.

74
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

• Actitud según la cual el habla vulgar espontánea es una versión imperfecta, degene-
rada o distorsionada de la lengua de los textos escritos literarios o religiosos.
• Actitud consistente en tomar la literatura escrita como patrón de referencia exclusi-
vo para el estudio de la actividad literaria de una comunidad.
• Actitud según la cual la literatura oral sería una manifestación menos desarrollada,
más pobre, menos valiosa del ingenio literario que la literatura escrita.
• Actitud según la cual la auténtica literatura es la literatura escrita y, por tanto, las
comunidades humanas que no usen la escritura no tienen literatura o la que tienen
es de rango evolutivamente inferior.

Este imperialismo filológico se extiende a cuestiones sociolingüísticas, de forma que se


tiende a considerar que las comunidades que no tienen una lengua estándar escrita suprarre-
gional no conocen una lengua completamente desarrollada, sino que lo único que presen-
tan es un conjunto de dialectos o hablas más o menos relacionados entre sí. Como en el caso
mencionado antes del aragonés, debido a que no se ha logrado implantar una lengua ara-
gonesa estándar escrita, se dice que en realidad no existe la lengua aragonesa, sino más bien
un conjunto de hablas que no forman unidad lingüística alguna. La mayor parte de las len-
guas habladas hoy en el mundo están en una situación parecida a la del aragonés; es decir,
son lenguas locales habladas por unos pocos miles de hablantes y muchas de las cuales pre-
sentan gran variación. Concretamente, se calcula que casi cinco mil de las seis mil lenguas
existentes en el mundo tienen entre cien y cien mil hablantes. Siguiendo los postulados del
imperialismo filológico, habría que deducir de ello que la mayor parte de las comunidades
humanas carecen de lengua en el sentido propio de la palabra: lo que hay son meros agre-
gados de hablas.
Imaginemos lo que pensaría un antropólogo si hiciéramos la siguiente afirmación, al
trasladar este mismo razonamiento al campo de la organización social:

“Solo las sociedades humanas que han desarrollado una cultura escrita supraétnica
se pueden considerar como auténticas sociedades humanas. Las que no la han desarro-
llado o adoptado son meros agregados de personas, tribus o comunidades indígenas.”

Las sociedades humanas difieren en muchos aspectos y la labor de la antropología con-


siste en estudiar esas diferencias y las correspondientes similitudes. Pero se reconoce en antro-
pología como mero etnocentrismo el considerar que todas las sociedades humanas han de
estudiarse desde la perspectiva de un tipo concreto de sociedad, por muy avanzada y per-
fecta que ésta se considere. Como ocurre con los filólogos y lingüistas, los antropólogos tam-
bién pueden caer a menudo en el etnocentrismo. Sobre esto puede leerse el estupendo manual
de P. Bohannan titulado Para raros, nosotros (Madrid, 1996).

75
Cuestiones clave de la Lingüística

IDEAS FUNDAMENTALES

• El lenguaje humano como fenómeno biológico y como fenómeno social.


• Hechos biológicos y hechos culturales: el ejemplo de la alimentación humana.
• Aspectos biológicos del lenguaje humano: la lengua natural y sus características.
• Aspectos culturales del lenguaje humano: la lengua cultivada y sus características.
• Lengua estándar y lengua vulgar: la lengua vulgar no es una realización imperfecta de la
lengua estándar.
• Relaciones entre la lengua como hecho biológico y la lengua como hecho cultural.
• Lengua-I, competencia lingüística natural, Gramática universal y lengua-E.
• Lengua y dialecto.
• La filología y el imperialismo filológico.

ACTIVIDADES

1. El colaborador gráfico del muy recomendable libro de C. Fernández Liria, P. Fernández


Liria y L. Alegre Zahonero, Educación para la ciudadanía (Madrid, 2012), Miguel Brie-
va nos da en la contraportada el siguiente esbozo biográfico:

“Miguel Brieva es un ser bípedo y en ocasiones racional que nació en Sevilla en 1974
y que, además de ingerir alimentos y aspirar oxígeno con relativa frecuencia colabora asi-
mismo en algunas publicaciones. Es autor y editor de la revista Dinero. A menudo, mien-
tras saca punta al lápiz, silbotea melodías difícilmente reconocibles y discordantes que sin
embargo a él parecen proporcionarle algún tipo de placer. A veces estornuda.”

Figura 2.3. Revista Dinero de Miguel Brieva


(http://unlibroaldia.blogspot.com.es).

76
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

Al comentar esta inusual forma de hacer un esbozo biográfico se pueden poner de


manifiesto algunos de los puntos que hemos visto en este capítulo sobre la interacción
entre los aspectos naturales y culturales de la actividad humana.

2. En este capítulo se ha hecho una comparación entre los aspectos biológicos y culturales
de la alimentación humana. Puede intentar hacer lo mismo con otros aspectos tales como
la sexualidad, las funciones corporales básicas, la actividad física o la actividad mental.

3. El siguiente es un fragmento de una conversación entre dos mujeres jóvenes estudiantes


grabada el 26 de marzo de 2001, en Madrid:

*MON: por qué ?


*ARA: porque hhh le digo [/] digo qué te ha pasado? dice nada / que me he [/] que
me he cortado el dedo // dice soy carnicero / y / claro / no me voy a pintar // si hubiera
/ sido secretario / pues a lo mejor / me 4
hubiera pinchado con un boli // dice / pero al ser carnicero / pues me he llevado
media uña // digo ¡joder! // así es que / tía ...
%alt: (57) joer
*MON: que / no // &eh / te pones muy mala // lo pasas muy mal / tía // te has toma-
do una tila?
*ARA: dos //
*MON: has bajado a las ocho menos cuarto ?
*ARA: no // a las ocho menos diez //
*MON: estaban ahí ?
*ARA: hhh // <estaban ahí> //
*MON: [<] <y cómo estaba> la Sonia esa ?
*ARA: estuvimos tomando un café / en la cafetería esa que estaba ahí / en <la que
hace esquina / porque la Lennon’s estaba cerrada> ...
*MON: [<] <y la Sonia esa cómo está ? cómo estaba la Sonia>
*ARA: pues estaba tranquila // yo decía / tía / no quería bajar / a las ocho menos cuar-
to / digo porque lo que me faltaba a mí / que me ataquen // hhh y luego ya hemos lle-
gado / y ...
%act: (26) click
*MON: la otra cero / tía //
*ARA: y la otra cero // bueno / pero es que esa controlaba / Montse / que / no es nor-
mal //

compárelo con el siguiente texto legal: Ley 70/1978, de 26 de diciembre, de Reconoci-


miento de Servicios Previos en la Administración Pública (http://www.textoslegales.es/
2010/05/ley-701978-de-26-de-diciembre-de.html)

77
Cuestiones clave de la Lingüística

Ley 70/1978

De conformidad con la Ley aprobada por las Cortes, vengo en sancionar:

Artículo Primero.

Uno. Se reconocen a los funcionarios de carrera de la Administración del Estado, de la


local, de la institucional, de la de Justicia, de la de jurisdicción del trabajo y de la Seguri-
dad Social la totalidad de los servicios indistintamente prestados por ellos en dichas Admi-
nistraciones, previos a la constitución de los correspondientes cuerpos, escalas o plazas o a su
ingreso en ellos, así como el período de prácticas de los funcionarios que hayan superado las
pruebas de ingreso en la Administración Pública.
Dos. Se considerarán servicios efectivos todos los indistintamente prestados a las esferas
de la Administración Pública señaladas en el párrafo anterior, tanto en calidad de funcio-
nario de empleo (eventual o interino) como los prestados en régimen de contratación admi-
nistrativa o laboral, se hayan formalizado o no documentalmente dichos contratos.
Tres. Los funcionarios de carrera incluidos en el apartado uno tendrán derecho a perci-
bir el importe de los trienios que tuviesen reconocidos por servicios sucesivos prestados, des-
empeñando plaza o destino en propiedad, en cualquiera de las mencionadas esferas de la
Administración, o en la Administración militar y Cuerpos de la Guardia Civil y Policía
armada.

A partir de estos dos textos pueden apreciarse muchas diferencias entre la actividad
lingüística basada en una lengua natural y la generada por una lengua cultivada basada
en ella, el denominado lenguaje jurídico.

4. Comente las siguientes definiciones de dialecto, a la luz de lo visto en este capítulo:

“Una lengua, pues, es un conjunto de idiolectos más o menos similares. Un dialec-


to es exactamente lo mismo, con esta pequeña diferencia: cuando los dos términos se
emplean juntos en una misma discusión, debe suponerse que el grado de similitud entre
los idiolectos de un mismo dialecto es mayor que entre todos los idiolectos de la len-
gua. […] No sería legítimo considerar que todos los idiolectos españoles de Madrid y
todos los idiolectos franceses de París constituyen un mismo dialecto o lengua, en con-
traposición a todos los idiolectos españoles y franceses; ni tampoco podemos aceptar la
noción de que algunos hablantes de una lengua hablan un ‘dialecto’ (v. gr. asturiano,
portorriqueño, rústico) y de que otros hablan la ‘verdadera’ lengua: toda persona habla
uno u otro dialecto.” (Ch. F. Hockett, Curso de Lingüística Moderna. Buenos Aires: Eude-
ba, 1971: 320; comillas de Hockett).

“Por otro lado, el método fonológico contribuye a delimitar más precisamente lo


que debe entenderse por «dialecto». Generalmente se considera como tal toda habla de
una comunidad que presenta, dentro de ciertas esenciales similitudes, algunas «aberra-
ciones» (especialmente fonéticas) con respecto a la llamada «lengua» oficial (y literaria).
Pero cuando se han querido dar los límites geográficos de un dialecto, se ha tropezado
con el hecho de que son frecuentemente borrosos y graduales: unos fenómenos penetran

78
¿Qué relación hay entre lenguaje, biología y cultura?

en zonas aledañas, otros no alcanzan la extensión total de la «región dialectal». De ahí


que se haya manifestado la idea de que los dialectos forman in «continuum» sin límites
precisos, que varían insensiblemente, y se haya hablado de «dialectos de transición».”
(E. Alarcos Llorach, Fonología española. Madrid: Gredos 1974: 139; comillas de Emilio
Alarcos Llorach)

Lecturas recomendadas

Bernárdez, E. (2008) El lenguaje como cultura. Madrid: Alianza.


Mendívil Giró, J. L. (2003) Gramática natural. La Gramática Generativa y la Tercera Cultura. Madrid:
Antonio Machado Libros.

79
03 CClave de la linguistica (8):03 lingüística 08/05/13 13:07 Página 81

3
¿Cómo realizan las lenguas habladas
la facultad del lenguaje?

3.1. Introducción

El lingüista belga C. Boeckx (2009: 44-45) ha propuesto, siguiendo a N. Chomsky, que los
cinco problemas esenciales relativos a la facultad del lenguaje humano se pueden formular
y bautizar de la siguiente manera:
1. El problema de Humboldt: ¿Qué es el conocimiento o facultad del lenguaje?
2. El problema de Platón: ¿Cómo se desarrolla en los seres humanos este conocimiento
o facultad?
3. El problema de Descartes: ¿Cómo se hace efectivo ese conocimiento?
4. El problema de Broca: ¿Cómo se realiza en el cerebro?
5. El problema de Darwin: ¿Cómo surgió esa facultad en la especie humana?
En este capítulo vamos a explicar algunos de los diversos aspectos que presenta cada uno
de estos problemas que hay que plantearse necesariamente si queremos conocer la natura-
leza e índole de la facultad lingüística humana.

3.2. El problema de Humboldt:


¿Cuáles son las características específicas del lenguaje humano?

¿Cómo podemos caracterizar el conocimiento del lenguaje de las personas? ¿Cuáles son las
características de ese conocimiento? ¿A qué nos posibilita dicho conocimiento?
W. von Humboldt fue un filósofo, diplomático y funcionario prusiano, nacido en Pots-
dam, que fundó la universidad de Berlín. Su labor más conocida fue la de lingüista. Se inte-
resó por la lengua vasca y visitó al País vasco para estudiarla. Murió antes de finalizar su gra-
mática de la lengua kavi, un idioma de la isla de Java.

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03 CClave de la linguistica (8):03 lingüística 08/05/13 13:07 Página 82

Cuestiones clave de la Lingüística

Figura 3.1. Wilhelm von Humboldt (1767-1835) (http://en.wikipedia.org).

Como lingüista hizo popular una concepción según la cual la competencia gramatical
está formada por reglas que permiten crear expresiones ilimitadas a partir de la combina-
ción de una serie limitada de elementos. En su introducción a la gramática de la lengua kavi,
su obra más influyente, que fue publicada en 1836, Humboldt escribe lo siguiente:

“Pues la lengua no puede ser considerada como una materia puesta ahí, susceptible
de ser percibida en su conjunto o comunicada poco a poco; al contrario, hay que enten-
derla como algo que está permanentemente engendrándose a sí mismo: están determi-
nadas las leyes de tal generación, más el alcance y hasta cierto punto también la natu-
raleza de lo engendrado quedan por entero indeterminados. El aprendizaje lingüístico
de los niños no consiste en recibir palabras, depositarlas en la memoria y repetirlas con
los labios, sino que es un crecimiento de la capacidad del lenguaje con la edad y el ejer-
cicio.” (W. von Humboldt Sobre la diversidad de la estructura del lenguaje humano y su
influencia en el desarrollo espiritual de la humanidad. Madrid, 1990: 79-80)

El lenguaje humano es una capacidad que nos permite obtener unos resultados ilimita-
dos mediante la aplicación de unas pocas reglas de combinación de un número limitado de
elementos. Esta propiedad formal la comparten las lenguas humanas con la química y la
herencia biológica, que constituyen lo que ha sido denominado por W. Abler (1989): siste-
mas humboldtianos. Estos sistemas humboldtianos sacan partido de lo que W. Abler deno-
mina: “el principio particulado de los sistemas autodiversificantes” que pueden definirse de
la siguiente manera:

“Según este principio, elementos pertenecientes a un conjunto finito (por ejemplo


en la lengua hablada los fonemas y las palabras) se permutan y combinan repetidamen-
te para producir unidades mayores (palabras, oraciones) de un nivel jerárquicamente
superior y más diversos en su estructura y función que sus constituyentes. Las unidades
particuladas en la composición química incluyen los átomos y las moléculas y en la
herencia biológica, los genes y las proteínas.” (M. Studdert-Kennedy “The particulate

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03 CClave de la linguistica (8):03 lingüística 08/05/13 13:07 Página 83

¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

origins of language generativity: from syllable to gesture”, en J. R. Hurford, M. Stud-


dert-Kennedy y Ch. Knight (eds.). Approaches to the evolution of language. Cambridge,
1998: 203)

En todas las lenguas hay elementos léxicos que modificamos y combinamos de diversas
formas para obtener nuevos elementos lingüísticos. Por ejemplo, podemos añadir un prefi-
jo “ex” a diversos sustantivos; tal como vemos en los siguientes casos:

esposa Æ ex-esposa
presidenta Æ ex-presidenta

También podemos unir palabras como:

otra + vez = otra vez


muy + inteligente = muy inteligente

A estas manipulaciones las vamos a denominar operaciones, de forma que en el primer


caso tenemos una operación de modificación por adjunción de un prefijo. Podemos deno-
minar esta operación como ADex y podemos concebirla como una función que toma una
palabra y da como resultado esa misma palabra con el prefijo ex delante:

ADex (p) = ex-p

En los casos concretos que hemos visto antes, tendremos:

ADex (esposa) = ex-esposa


ADex (presidenta) = ex-presidenta

Establecida así, esta operación se podría aplicar a cualquier palabra del español como
ya, mesa, y o con para obtener expresiones como ex-ya, ex-mesa, ex-y o ex-con. Estas expre-
siones no son aceptables en español y deseamos caracterizarlas como tales. Veremos más aba-
jo cómo hacer esto.
El segundo ejemplo de manipulación consiste en la unión de dos palabras para obtener
una nueva expresión completa. Podemos notar esta operación como UN defina de la siguien-
te forma:

UN (x,y) = xy

donde x e y son dos palabras o expresiones cualesquiera.


Los ejemplos que pusimos antes pueden expresarse de la siguiente manera:

UN (otra, vez) = otra vez


UN (muy, inteligente) = muy inteligente

83
03 CClave de la linguistica (8):03 lingüística 08/05/13 13:07 Página 84

Cuestiones clave de la Lingüística

Pero, tal como está formulada la operación también podríamos aplicarla a otros muchos
pares de palabras tales como otro y vez o muy y casa para obtener otro vez o muy casa, que
son expresiones que la competencia gramatical natural de las personas hablantes de español
calificarán como anómalas.
¿Cómo sabemos que ex-mesa u otro vez son secuencias anómalas? Obsérvese que pode-
mos producir esas expresiones, si queremos, pero que también se ven como formas agra-
maticales. De hecho, podríamos decir la expresión ‘ex -mesa’ es anómala y esta oración es per-
fectamente gramatical aunque contenga una secuencia inaceptable.
Esta inaceptabilidad es debida a que, además de las operaciones de manipulación y unión
de los elementos lingüísticos, nuestra competencia gramatical incluye un análisis estructu-
ral de tipo jerárquico que se define sobre tipos y subtipos de elementos lingüísticos. Ese
conocimiento se expresa mediante reglas gramaticales. Una regla gramatical consta de una
operación o un conjunto de operaciones y de un conjunto de condiciones que han de cum-
plir los elementos lingüísticos que se someten a ellas, asociados con expresiones complejas
dotadas de una estructura jerárquica.
Veamos dos ejemplos de estas reglas que se corresponden con las dos operaciones ilus-
tradas en los párrafos anteriores.
Existe una regla morfológica del español que opera sobre nombres comunes que indi-
can un determinado rol o función social y que utiliza la operación ADex. Denominemos Nrol
a ese conjunto de nombres que denotan roles o funciones sociales. Ahora podemos formu-
lar la siguiente regla morfológica:

Rex = <ADex, Nrol, N>

Esta regla significa que si tenemos un nombre común (N) que pertenece al subconjun-
to Nrol, podemos aplicarle la operación ADex para obtener un nuevo nombre común (N).
Por consiguiente, esta regla permite que ADex se aplique a esposa o presidenta pero no a mesa
o a la preposición con. Tenemos, pues, como aplicaciones concretas de esta regla:

<ADex, esposa, ex-esposa>


<ADex, presidenta, ex-presidenta>

En virtud de la aplicación de esta regla obtenemos una estructuración de las dos pala-
bras a las que hemos aplicado que se puede visualizar del siguiente modo:

[N[PREFex] [Nesposa]]
[N[PREFex] [Npresidenta]]

Esto nos hace ver las palabras ex-esposa y ex-presidenta como derivadas de esposa y presi-
denta respectivamente a través de un prefijo (PREF) que proyecta un sustantivo en un nue-
vo sustantivo.
Veamos ahora una regla que implica la segunda de las operaciones vistas, la operación
de unión (UN).

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03 CClave de la linguistica (8):03 lingüística 08/05/13 13:07 Página 85

¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

En el caso de otra vez tenemos un nombre vez precedido del determinante otra, que for-
man un sintagma determinado (SDET). La regla que da cuenta de esto es la siguiente:

RSDET = <UN, DET, N, SDET>

Como antes, se pone en primer lugar la operación (UN), a continuación, las categorías
de los dos elementos que une dicha operación: determinante (DET) y nombre (N) y a con-
tinuación, la categoría a la que pertenece la expresión compleja: sintagma determinado
(SDET). Por tanto, la aplicación de la regla RSDET al primer ejemplo es la siguiente:

<UN, otra, vez, otra vez>

Esta regla se puede retocar para impedir le generación de otro vez; basta para ello exigir
la concordancia de género en los dos términos implicados en la operación de unión:

RSDET = <UN, DET[gx], N[gx], SDET>

La expresión gx indica una género gramatical determinado: masculino o femenino; en


nuestro ejemplo es femenino (f ):

<UN, DET[gf], N[gf], SDET>

Esta regla da la siguiente estructura a la secuencia otra vez:

[SDET[DETotra] [Nvez]]

Pasemos ahora al segundo de los ejemplos: muy inteligente. En esta ocasión la regla impli-
cada es muy diferente de la anterior. Ahora lo que obtenemos es un sintagma adjetival (SADJ)
compuesto de un adjetivo (ADJ) y de un adverbio (ADV) que lo modifica. De esta forma
la regla es la siguiente:

MODADJ = <UN, ADV, ADJ, SADJ>

Si aplicamos esta regla al ejemplo en cuestión obtenemos:

<UN, muy, interesante, muy interesante>

La estructura sintáctica a que da lugar la aplicación de esta regla es la siguiente:

[SADJ[ADVmuy] [ADJinteligente]]

Como vemos, dos reglas diferentes pueden utilizar una misma operación de combina-
ción de dos elementos.

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Cuestiones clave de la Lingüística

El conocimiento del lenguaje humano se caracteriza precisamente por que dota de una
estructura a las secuencias lingüísticas: es decir, tiene reglas formativas, no es solo un mero
procedimiento de combinación de elementos. Para darnos cuenta de la importancia de esta
característica vamos a partir de dos series de ejemplos:

A
1. Los zapatos del niño
2. *niño el de zapatos los
3. *el de los niño zapatos
4. *zapatos niño del los

Si nos fijamos en estas cuatro expresiones veremos que en español sólo la primera es gra-
matical; las otras tres expresiones no son aceptables como secuencias de elementos léxicos
bien formadas. A primera vista podríamos pensar que esas tres expresiones son agramatica-
les por los mismos motivos, pero en seguida veremos que hay una diferencia muy profun-
da entre la agramaticalidad de la segunda expresión (A2) y la de las dos siguientes (A3 y A4).
Algo análogo puede decirse de las frases de B.

B
1. Con el del niño
2. *niño el del con
3. * el con del niño
4. *niño del con el

Solo B1 es gramatical; las otras tres secuencias son agramaticales en español. Pero hay
también una diferencia entre B2 por un lado y B3 y B4 por otro, que es crucial, aunque no
la podamos percibir a primera vista.
Para poder ver en qué se diferencia A2 y B2 de las otras dos secuencias agramaticales,
vamos a determinar las reglas que habría que proponer para hacer gramaticales las expre-
siones que no lo son. Las secuencias tercera y cuarta de A y de B se obtienen al aplicar la
siguiente regla, con dos variantes:
Las palabras de una expresión se colocarán según el número de sílabas de cada palabra
léxica o gramatical. Es una regla de disposición silábica con un parámetro especificable, el
del tipo de progresión:

Regla de disposición silábica (RDSIL)

• Progresión silábica (PSIL): Primero se pondrán las palabras de una sílaba, después
las de dos sílabas y, a continuación, las de tres sílabas.
• Regresión silábica (RSIL): Primero se pondrán las palabras de tres sílabas, después
las de dos sílabas y a continuación las monosilábicas.

Las expresiones A3 y B3 se forman utilizando PSIL, es decir, poniendo en primer lugar


las palabras monosilábicas y en segundo lugar las palabras bisilábicas y trisilábicas. Las expre-

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¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

siones A4 y B4 se forman utilizando RSIL, es decir, disponiendo las palabras de mayor núme-
ro de sílabas a menor número de sílabas. Lo curioso de todo esto es que estas reglas son muy
fáciles de deducir, pero es muy posible que quienes estén leyendo este capítulo no hayan ni
siquiera pensado en esta posibilidad, que es la que debería saltar a la vista inmediatamente.
La razón de esta ceguera está en que los seres humanos estamos orientados a razonar lin-
güísticamente en términos de estructura y no en términos secuenciales. Y lo que es más sor-
prendente aún, cuando adquirimos una lengua natural en nuestra infancia, los seres huma-
nos estamos orientados al análisis estructural y jerárquico y no al análisis secuencial cuando
tenemos en cuenta expresiones lingüísticas.
Veamos ahora los casos de A2 y B2. ¿Qué regla determina estos ordenamientos? Para
percatarnos de ella, veamos la estructura gramatical de A1 y B1:

Estructura de A1
[SDET[DETlos] SN[[Nzapatos] [SP[Pde] [SDET [DETel] [SN[Nniño]]]]]]

Estructura de B1
[SP[Pcon] [SDET[DETel][SP[Pde][SDET[DETel] [SN[Nniño]]]]]]

En esta estructura hay ciertas palabras gramaticales o gramatemas tales como los, de, con
o el, que carecen de contenido léxico y que presentan una pura función gramatical. En el
siguiente esquema señalamos esas palabras y su ámbito de aplicación, indicado mediante
corchetes:

1. los [zapatos del niño]


2. de [el niño]
3. el [niño]
4. con [el del niño]
5. el [del niño]

El artículo los afecta en 1 a zapatos del niño no sólo a zapatos, es decir, afecta a toda una
estructura sintáctica y no a la palabra siguiente. De modo análogo, el artículo el afecta en 5
a del niño, es decir, a una estructura sintáctica compleja. De modo análogo la preposición
con afecta en 4 al sintagma complejo el del niño y no a la primera palabra que le sigue, es
decir, al artículo definido el. Lo propio ha de decirse de la preposición de de 2, que afecta
claramente al sintagma complejo el niño y no a la palabra que le sigue inmediatamente, es
decir, el artículo definido el. Por su parte, en la secuencia el del niño de 4, el artículo defi-
nido el no afecta a del, la palabra que le sigue inmediatamente, sino a del niño, un sintagma
complejo. Además de ello, la preposición de de del niño afecta al sintagma el niño y no a la
palabra que le sigue inmediatamente, es decir, el artículo definido el.
Fijémonos ahora en que podríamos alterar el orden de los elementos, sin cambiar la
estructura jerárquica que hemos observado, de la siguiente manera:

1¢. [niño el de zapatos] los


2¢. [el niño] de

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03 CClave de la linguistica (8):03 lingüística 08/05/13 13:07 Página 88

Cuestiones clave de la Lingüística

3¢. [niño] el
4¢. [niño el del] con
5¢. [niño del] el

Hemos pospuesto ahora el elemento gramatical sin que se vea alterada la estructura sin-
táctica que define el ámbito de alcance de cada uno de esos elementos gramaticales. El resul-
tado de esto son las expresiones A2 y B2. La regla que da cuenta de estas expresiones se dife-
rencia de la del español en que las palabras gramaticales o gramatemas se ponen después de
los constituyentes sintácticos a los que afectan y no antes, pero la estructura sintáctica se
preserva. Por tanto, A1,2, y B1,2 son generadas por la siguiente regla de disposición sin-
táctica con un parámetro de ordenación:

Regla de disposición sintáctica (RDSIN):

• Posición inicial del gramatema (PI): la palabra gramatical se antepone al sintagma


al que afecta.
• Posición final de gramatema (PF): la palabra gramatical se pospone al sintagma al
que afecta.

Hemos visto que en español se aplica la opción paramétrica PI de la RDSIN pero que,
en teoría, es posible la opción paramétrica PF, ya que esta opción respeta la estructura sin-
táctica.
Vemos ahora perfectamente la diferencia entre A2 y B2 por un lado y A3,4 y B3,4 por
otro. Las disposiciones con el criterio de la longitud silábica de las palabras no tienen en cuen-
ta la estructura sintáctica de las expresiones, ya que se colocan de acuerdo con un criterio fono-
lógico, no sintáctico, totalmente independiente de la estructura sintáctica. De ahí se puede
deducir que no habrá lenguas naturales que presenten reglas sintácticas como la RDSIL, dado
que no se atienen a la estructura sintáctica. Por otro lado, la RDSIN y sus dos especificacio-
nes paramétricas sí se atienen a la estructura sintáctica y, por tanto, habrá lenguas naturales
que la ejemplifiquen en sus dos especificaciones paramétricas. Ya hemos visto que el español
ejemplifica la especificación paramétrica PI. ¿Hay alguna lengua que ejemplifique la especifi-
cación paramétrica PF? Pues sí hay lenguas de este tipo. Una de ellas la tenemos muy cerca de
nosotros: se trata del euskera. Veamos la traducción al euskera de las expresiones A1 y B1.

ume-a-ren zapat-ak
niño- el-de zapatos los
‘Los zapatos del niño’

ume-a-ren-a-rekin
niño-el-de-el-con
‘con el del niño’

Si observamos las glosas de cada una de las expresiones euskéricas, comprobaremos que
se corresponden con las expresiones, agramaticales en español, A2 y B2.

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¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

Mediante este tipo de razonamientos podemos caracterizar algunas de las propiedades


del conocimiento del lenguaje que proporciona la facultad del lenguaje humano. En ese
conocimiento existirán reglas como RDSIN y la posibilidad de especificación paramétrica
de estas reglas, como la que acabamos de ejemplificar en este apartado.

3.3. El problema de Platón: ¿Cómo se desarrolla el lenguaje en los seres humanos?

Platón fue un filósofo griego discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles. Es uno de los
filósofos más influyentes en la historia del pensamiento humano. Fundó la Academia de
Atenas en la que estudió Aristóteles.
Platón desarrolló el concepto de idea y de mundo de las ideas frente al mundo físico
que percibimos por los sentidos y que estaría compuesto por meras sombras o aproxima-
ciones de las entidades inteligibles o ideas. De esta manera, existe la idea de ‘caballo’, de un
caballo ideal del que los ejemplares físicos que podemos cabalgar son aproximaciones más
o menos fieles de esa idea universal de caballo.
Un problema que se deriva de esto es el siguiente: si los caballos físicos que somos capa-
ces de percibir por los sentidos son realizaciones aproximativas a ese concepto universal de
caballo, ¿cómo llegamos a tener en nuestra mente esa idea que no se manifiesta de modo
puro en ningún elemento que podamos percibir mediante los sentidos? Este es el problema
de Platón que vamos a explicar a continuación.

Figura 3.2. Platón (427-347 a.C.) (http://es.wikipedia.org).

Platón, en su diálogo La República, introdujo una alegoría para explicar su punto de vis-
ta sobre el mundo de las ideas y el mundo de los objetos sensibles. Se trata del famoso mito
de la caverna:

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Cuestiones clave de la Lingüística

Figura 3.3 Alegoría de la caverna (http://2.bp.blogspot.com).

“Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene


la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las pier-
nas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar solo delante de
ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor las cabezas. Más arriba y más lejos
se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay
un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como
el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del
biombo los muñecos. […] Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan som-
bras que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos
en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
[…] Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de
los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen
proviene de la sombra que pasa delante de ellos? […] ¿Y que los prisioneros no tendrían
por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?” (Platón, Repú-
blica, traducción de Conrado Eggers Lan, Madrid, 1986: 338-339)

A continuación se produce la liberación de uno de esos prisioneros:

“Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su


ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera libe-
rado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz y, al
hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aque-
llas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese
que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio, está más próximo a
lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada
uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar pre-

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¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

guntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que
las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?” (Platón,
República, traducción de Conrado Eggers Lan, Madrid: 1986: 339-340)

El lingüista norteamericano N. Chomsky enuncia el problema de Platón de la siguien-


te manera:

“Aunque nuestros sistemas cognitivos seguramente reflejan en cierta medida nuestra


experiencia, una atenta especificación, por una parte, de las propiedades de estos sistemas
y, por otra, de la experiencia que de alguna forma ha conducido a su formación muestra
que están separados por un hiato considerable, en realidad un abismo. El problema con-
siste en dar cuenta de la especificidad y la riqueza de los sistemas cognitivos que emergen
en el individuo sobre la base de la limitada experiencia disponible.” (N. Chomsky, El cono-
cimiento del lenguaje. Su naturaleza, origen y uso. Madrid, 1989: 9-10)

En el apartado anterior vimos algunas de las propiedades formales de la facultad del len-
guaje humano. Pudimos comprobar que para entender la gramática de una lengua es nece-
sario ir más allá del mero análisis superficial de las formas lingüísticas. Concretamente, supo-
ne entender la diferencia entre una mala formación como *niño el de zapatos los y otra como
*el de los niño zapatos, dado que la primera es compatible con la facultad del lenguaje huma-
no y la segunda no es compatible con la gramática universal por más que una expresión gra-
matical como la que viene mañana pueda interpretarse como un caso concreto de la regla
de disposición silábica progresiva. La pregunta es la siguiente ¿cómo es posible que el ser
humano descarte de antemano ese tipo de regla gramatical que es tanto accesible a la per-
cepción (existencia de frases como el que viene mañana, donde las palabras se disponen por
el número de sílabas) como inaccesible a ella (inexistencia de expresiones como *el de los
niño zapatos)?
Cuando observamos la actuación lingüística de las personas que usan una determinada
lengua lo que vemos son sombras o imágenes distorsionadas de la competencia gramatical,
su competencia gramatical o lengua-I. Esto es así porque la actuación lingüística está con-
dicionada no sólo por la competencia gramatical sino también por muchos otros factores
no estrictamente lingüísticos. Ya vimos en el capítulo anterior la existencia de un procesa-
dor posgramatical que corrige o enmienda los resultados de la competencia lingüística y que
la puede distorsionar. Además existen otros muchos factores tales como las habilidades de
cada persona, sus condicionantes culturales, ideológicos o sociales, su situación anímica y
física, sus intenciones, temores, o susceptibilidades, etc. Todo ello puede hacer que su actua-
ción lingüística no sea más que una sombra o reflejo distorsionado de su competencia gra-
matical natural.
A diferencia de lo que ocurre con los prisioneros de la cueva de Platón, los seres huma-
nos son capaces de transcender la impresión lingüística inmediata, dominada por el ruido
y por el caos producido por los innumerables e incontrolables fenómenos de la actuación
lingüística, para desarrollar un conocimiento cognitivo formal (ideal) que es el que permi-
te formular las reglas que configuran la competencia gramatical que desarrollamos las per-
sonas en nuestro desarrollo hacia la edad adulta.

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03 CClave de la linguistica (8):03 lingüística 08/05/13 13:07 Página 92

Cuestiones clave de la Lingüística

Conviene, pues, hacerse una pregunta fundamental relacionada con el problema de Pla-
tón para poder entender la auténtica índole de la complejidad de las lenguas naturales: ¿Cómo
se construye la competencia lingüística interna o gramática interna? El problema fundamental
se deriva del hecho de que las gramáticas internas de las personas hablantes o señantes que
dominan una lengua no son directamente accesibles. Tampoco lo son los principios abstrac-
tos que caracterizan toda competencia gramatical humana o lengua-I. Por tanto, es necesa-
rio partir del hecho de que las personas, con nuestro desarrollo cognitivo, desarrollamos tam-
bién el conocimiento de esos principios abstractos, independientemente de los datos del
entorno que procesamos. De hecho, ese procesamiento sólo puede llevarse a cabo de forma
eficiente a través de dichos principios abstractos.
Todo esto nos lleva a preguntarnos cómo puede describirse un proceso complejo y hete-
rogéneo en el que intervienen aspectos naturales y culturales, individuales y sociales, como
el de la adquisición de una competencia gramatical, en el que hay aspectos internos del sis-
tema que lo experimenta junto con aspectos externos que influyen de una determinada
manera en dicho proceso. Para ello, podemos echar mano de un concepto introducido por
el físico M. Gell-Mann, denominado sistema complejo adaptativo.
Los sistemas complejos adaptativos tienen las siguientes características:

• Son heterogéneos
• Son dinámicos
• Son no lineales
• Son abiertos
• Son adaptativos
• Son sensibles al contexto

Las lenguas humanas pueden concebirse como sistemas complejos adaptativos (SCA)
en los que la interacción dinámica de sus partes constituyentes da lugar a un determinado
comportamiento individual y colectivo que, a su vez, interactúa con el entorno de diversas
formas, que influye en él de manera superficial o decisiva, según las circunstancias.
Es evidente que las competencias gramaticales (lenguas-I) son sistemas complejos. En
ellas encontramos un número de elementos constituyentes heterogéneos que interactúan entre
sí de formas variadas y complejas tales como los conceptos gramaticales, las expresiones gra-
maticales, las funciones gramaticales, las reglas gramaticales y la expresión acústica o visual
de las expresiones gramaticales. A su vez, estas lenguas-I interactúan con un entorno individual
(las personas usuarias de esa lengua) y un entorno social (las diversas personas usuarias de una
lengua-I similar). Estas interacciones pueden ocasionar o no cambios muy radicales en la len-
gua-I, según una serie de factores de interacción compleja y dinámica.
Las comunidades lingüísticas de lenguas-I también pueden verse como sistemas com-
plejos (D. Larsen-Freeman y L. Cameron, 2008: 28) en los que entran las competencias de
los individuos, los diversos conjuntos de competencias individuales análogas, que interac-
túan con diversos agrupamientos sociales no lingüísticos de formas complejas y dinámicas.
Los sistemas complejos son típicamente no lineales. El sistema de los meses del año es
un sistema simple lineal y cíclico: cada mes sigue al anterior y al último mes del año le sigue

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¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

temporalmente el primero. El paso del tiempo (el transcurso de doce meses ) es lo que deter-
mina estos cambios de forma, ya que si estamos en verano, tres meses después estaremos
indefectiblemente en otoño. No hay ningún elemento del entorno social o natural que afec-
te a este sistema convencional. Por poco que hayamos descansado en las vacaciones de vera-
no, en otoño tendremos que ir a trabajar, a buscar trabajo o a estudiar.
En un sistema no lineal, los cambios no son predecibles de modo automático tal como el
cambio de estación del año. Las lenguas como conjunto de poblaciones de competencias lin-
güísticas (lenguas-I) no son sistemas dinámicos lineales. Por ejemplo, la introducción de una
nueva palabra por parte de una persona o de una institución puede o no propagarse en esas
poblaciones dependiendo de muchos factores de muy compleja interacción. Tomemos dos
artilugios electrónicos comunes en nuestra sociedad: el móvil y el portátil. En el español de la
Península Ibérica se utiliza la primera expresión para referirse a un teléfono y la segunda para
referirse a un ordenador. Ello a pesar de que el ordenador portátil también es móvil, precisa-
mente porque es portátil y de que el teléfono móvil es también portátil, de hecho, mucho más
portátil que el ordenador. La razón de esta curiosa especialización terminológica quizás está en
las circunstancias sociales que oponen telefonía fija a telefonía móvil frente a la ausencia de unos
conceptos socialmente influyentes de computación fija frente a computación móvil. El concep-
to de ordenador portátil tiene que ver con el origen mismo de la industria de los ordenadores.
Los primeros ordenadores de mediados del siglo pasado eran máquinas imposibles de llevar
fácilmente de un lado a otro. En la revista Popular Mechanics publicada en 1949 se afirmaba
de forma muy osada lo siguiente: “Es posible que los ordenadores del futuro no sobrepasen
una tonelada y media de peso” (Ch. Wurster, 2002: 106). Por su parte, Kenneth Olsen, direc-
tivo de la Digital Equipment Corporation afirmó en 1977: “No hay razón alguna por la que
alguien desee tener un ordenador en su casa.” (Ch. Wurster, 2002: 132)
La propuesta de una palabra nueva no siempre tiene los mismos resultados: estos pue-
den ser muy distintos e incluso opuestos según los diversos factores que interactúan en la
generalización o pérdida de los elementos léxicos dentro de una población de competencias
lingüísticas. Por tanto, el resultado de añadir un nuevo elemento al léxico puede tener efec-
tos muy diversos, dado que estamos ante un sistema no lineal.
Los sistemas complejos son abiertos. Continuamente pueden aparecer nuevos elemen-
tos o fuerzas del sistema y desaparecer otros sin que estos sucesos tengan una naturaleza lineal,
es decir, estén determinados por un único factor y ley. El caso del léxico de las lenguas vis-
to antes es paradigmático. El sistema léxico de una lengua es abierto, pueden aparecer con-
tinuamente elementos léxicos nuevos y desaparecer otros a través de procesos graduales o
instantáneos en el primer caso y graduales en el segundo, que pueden llevar poco o mucho
tiempo, de acuerdo con una compleja serie de factores que interactúan y que provocan la
mayor o menor extensión de un nuevo elemento léxico en un conjunto de competencias
gramaticales. De todas maneras, el cambio de elementos léxicos no se produce de forma
masiva, sino de manera minúscula, de forma que el léxico de una lengua se mantiene en
gran medida constante a lo largo de períodos de tiempo apreciables, aunque puede llegar a
renovarse de forma muy importante si esos períodos de tiempo son muy dilatados.
Los sistemas complejos pueden ser adaptativos, es decir, pueden autoajustarse o aco-
modarse en respuesta a los cambios del entorno. De esta manera, cuando surge un nuevo

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03 CClave de la linguistica (8):03 lingüística 08/05/13 13:07 Página 94

Cuestiones clave de la Lingüística

objeto, función o concepto, quienes utilizan un sistema léxico introducen nuevas palabras
o nuevos usos de palabras ya existentes para adaptarse a esa situación; algo análogo ocurre
cuando desaparece un objeto, función o concepto: suele desaparecer la palabra que lo desig-
naba o la acepción relevante de esa palabra. Eso es lo que ha ocurrido en castellano con el
vocablo follador, que actualmente ya no se usa para designar el que afuella en una fragua,
aunque esta acepción es la que aparece en el diccionario electrónico de la RAE:

Figura 3.4. Definición académica de follador (abril de 2013).

Sin embargo, la palabra reponedor, reponedora, que denota la persona que se dedica a
colocar mercancías en las estanterías de los supermercados no estaba recogida en el diccio-
nario electrónico de la RAE en abril de 2013, a pesar de ser una palabra muy utilizada y
generalizada en el ámbito laboral mucho antes de esa fecha.

Figura 3.5. El término reponedor no aparecía en el diccionario en línea


de la RAE en abril de 2013.

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¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

Curiosamente, reponedor que es una palabra frecuente y muy conocida no aparece y sí


lo hace suponedor que es un término de uso muchísimo menos frecuente. De hecho, cuan-
do se tecleó en junio de 2012 la palabra suponedor en Google, no se encontró ni una sola
página en la que apareciera este término.
La sensibilidad al contexto de los sistemas complejos ha sido ya ejemplificada en los
párrafos anteriores. No sólo hay una interacción que va del contexto al sistema, sino que los
cambios del propio sistema pueden afectar y cambiar el contexto.
A partir de aquí, podemos deducir que tanto las lenguas-I como los conjuntos de len-
guas-I se comportan como unos sistemas complejos adaptativos tal como los estudiados en
la teoría general de la complejidad.
En general, se ha observado, en algunas de las aproximaciones desde esta teoría de los
sistemas complejos adaptativos, que procesos aparentemente tan distintos como la evolu-
ción biológica, la dinámica de los ecosistemas, el aprendizaje y los procesos mentales de los
animales y seres humanos, o el desarrollo de programas informáticos para predecir el tiem-
po y las fluctuaciones de la bolsa, entre otros muchos fenómenos, tienen algo en común.
Constituyen sistemas complejos adaptativos que obtienen datos tanto de su entorno como
de la interacción entre el sistema mismo y ese entorno y los representan en una especie de
esquemas o modelos de actuación en virtud de los cuales se comportan de una determina-
da manera. Se construyen diversos esquemas o modelos posibles y se actúa sobre cada uno de
ellos, con lo que se obtiene unas respuestas del entorno que pueden fortalecer algunos
de esos esquemas y debilitar otros. A continuación vemos un diagrama general de un siste-
ma complejo adaptativo (M. Gell-Mann, 1995: 35-41).

ENTORNO Locomoción
Atención
Filtrado Comunicación
Identificación Manipulación
Comprensión Expulsión
Detectores Sistema de reglas Efectuadores

Energía

REGLAS
Información

Materia

Mundo SCA
Mundo
Exterior Exterior

Retroalimentación

Bucle de aprendizaje adaptativo

Figura 3.6. Esquema de un sistema complejo adaptativo (SCA)


(www.calresco.org/lucas/cas.htm).

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Cuestiones clave de la Lingüística

Los resultados de ese comportamiento son valorados por el sistema de forma que pue-
de influir en el esquema heurístico mediante un efecto selectivo, denotado en el esquema
anterior mediante una flecha negra de retroalimentación que lo adaptará o modificará o, si
hay más de un esquema heurístico, lo reforzará o debilitará, según los casos. Esto es lo que
se denomina bucle de aprendizaje adaptativo en el esquema anterior.
Los detectores están orientados a través de la atención, el filtrado, la identificación y la com-
prensión. En los seres biológicos existe una atención de los individuos dirigida a determinados
elementos del entorno, en cuya percepción existe un sistema de filtrado que elimina de ellos
elementos distorsionantes y que hace posible la identificación de esos elementos como catego-
rías del sistema de reglas y su comprensión en categorías abstractas y generales.
En el ámbito del lenguaje humano podemos ver esto muy claramente en la interpretación
del habla. Examinemos primero los detectores. Existe una atención biológicamente determi-
nada hacia el habla humana, que somos capaces de diferenciar entre un enorme número de
sonidos que hay en el entorno físico. Esa habla humana es sometida a un proceso de filtrado
que nos permite la identificación de unidades abstractas (sílabas y fonemas) en términos de las
cuales somos capaces de formular reglas fonológicas que nos ayudan a segmentar el contínuum
fónico que es el habla humana. Es evidente que sin que el sistema disponga de una serie de
principios internos que le permitan realizar estas acciones de atención, filtrado, identificación
y comprensión, no sería capaz de llevar a cabo con éxito este comportamiento.
En cuanto a los efectuadores, el comportamiento que lleva a la actuación lingüística
supone una serie de movimientos articulatorios dirigidos por las reglas fonológicas, que pro-
ducen una serie de fenómenos físicos (auditivos en el caso de las lenguas orales y visuales en
el caso de las lenguas señadas) que afectan al entorno (incluidas las personas que hacen de
interlocutoras) y que, mediante la retroalimentación, se convierten en datos detectados jun-
to con las relaciones de parte de las demás personas que intervienen en el acto comunicati-
vo. Esta dinámica configura lo que se denomina en el esquema anterior bucle de aprendiza-
je adaptativo, que es típico de un sistema complejo adaptativo.
Siguiendo a D. Larsen-Freeman y L. Cameron (2008: 69-70) los sistemas complejos
adaptativos (SCA) presentan las siguientes características:

1. Los sistemas complejos son dinámicos y están en un estado continuo de cambio.


2. Los sistemas complejos pueden cambiar de forma gradual o radical.
3. Los sistemas complejos pueden auto-organizarse o auto-estructurarse a través de cam-
bios que producen un comportamiento o unos fenómenos de un nivel organizativo
superior, que no es reducible a una mera conjunción de sus partes constituyentes.
Son, por tanto, emergentes.
4. Los sistemas complejos que están dentro o cerca de atractores muestran tanto esta-
bilidad como variabilidad.
5. Los sistemas complejos situados en regiones caóticas –regiones en las que hay, en tér-
minos visuales, un hondo valle cuyo fondo está lleno de pequeños valles y colinas de
distintos tamaños a través de los cuales el sistema se mueve de forma rápida e impre-
decible– son extremadamente sensibles a pequeños cambios en las condiciones ini-
ciales.

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¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

6. Dos o más sistemas complejos pueden cambiar en respuesta mutua en un proceso


de co-adaptación.
Como puede verse, las lenguas-I y las poblaciones de lenguas-I presentan estas caracte-
rísticas enumeradas y típicas de un SCA. Las lenguas cultivadas y las lenguas-E en general
carecen de estas propiedades, por lo que no pueden considerarse como objetos naturales.
En el ámbito que nos ocupa dentro del presente libro, se pueden considerar como sis-
temas complejos adaptativos las siguientes realidades lingüísticas:

• Lengua-I:
Elementos constitutivos: léxico, fonética, morfología, sintaxis, semántica.
Contexto inmediato: sistema cognitivo y fisiológico de las personas.
• Sistema individual de lenguas-I:
Elementos constitutivos: las diversas competencias idiomáticas activas y pasivas
de una persona.
Contexto inmediato: sistema cognitivo y fisiológico de la persona.
• Poblaciones de lenguas-I:
Elementos constitutivos: las competencias lingüísticas de las personas pertene-
cientes a una comunidad lingüística.
Contexto inmediato: la comunidad en la que actúa esa comunidad lingüística.
• Poblaciones de poblaciones de lenguas-I:
Elementos constitutivos: diferentes poblaciones de competencias lingüísticas indi-
viduales.
Contexto inmediato: la sociedad a la que pertenecen las poblaciones de compe-
tencias lingüísticas individuales relacionadas.

Desde el punto de vista tradicional, que no es el defendido en la presente obra, las pobla-
ciones de competencias lingüísticas individuales se conceptúan como dialectos y las poblacio-
nes de poblaciones de competencias lingüísticas individuales se conceptúan como lenguas. Ade-
más, se afirma que las competencias lingüísticas individuales son realizaciones de los dialectos
y que éstos son realizaciones o variedades de las lenguas. Pero, a partir del enfoque que estamos
exponiendo en estas páginas, se propone que tanto los dialectos como las lenguas son fenóme-
nos que se derivan sustantivamente de las competencias gramaticales individuales y no al revés.
El individuo, al adquirir una lengua, desarrolla una competencia lingüística individual a partir
de la actuación lingüística de las personas de las que aprende naturalmente la lengua y no a par-
tir de una descripción del sistema lingüístico. Lo que las personas adquieren es una competen-
cia lingüística individual y no una lengua como sistema abstracto. Tal como vimos en el capí-
tulo anterior, la adquisición natural de una lengua no es como el aprendizaje de una partitura
musical escrita, por ejemplo, la de la quinta sinfonía de Beethoven; se parece más bien a alguien
que aprende esa sinfonía a partir de diversas ejecuciones de ella a las que asiste sin que en nin-
gún momento tenga acceso a la partitura original. Sobre esas experiencias, el individuo se for-
mará su propia partitura mental de la obra, que no tiene necesariamente que coincidir en todos
sus extremos con las diversas interpretaciones de las partituras en las ejecuciones presenciadas,
no con la partitura original de Beethoven.

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Cuestiones clave de la Lingüística

De aquí se deduce que las lenguas-I, en tanto que gramáticas internas de los hablantes, no
se adquieren ni se transmiten, sino que se crean de nuevo de generación en generación y ello se
hace mediante un proceso de adaptación progresiva guiada por los principios básicos de la gra-
mática universal. Las lenguas concebidas como poblaciones más o menos homogéneas y cohe-
rentes de gramáticas internas (o competencias lingüísticas de hablantes o señantes) surgen como
un fenómeno emergente de auto-organización precisamente mediante un proceso de adapta-
ción mutua de las diversas competencias lingüísticas individuales, que acaban creando un con-
junto de gramáticas internas en buena medida consistente y coherente, que facilita la comuni-
cación y el establecimiento y desarrollo de las relaciones cognitivas y sociales entre las diversas
personas y grupos de personas de una comunidad humana. A ese conjunto de gramáticas inter-
nas congruentes total o parcialmente es lo que podemos denominar dialecto o lengua.
En resumen, las nociones de dialecto y lengua son derivativas respecto de la de competen-
cia lingüística individual y constituyen fenómenos emergentes de auto-organización que sur-
gen a través de la interacción compleja adaptativa de los agentes (esas competencias lingüísti-
cas individuales) y que, por tanto, no tienen ningún correlato sustantivo, es decir, los dialectos
y las lenguas no existen como objetos autónomos y aislables, sino como resultado de la inter-
acción compleja adaptativa dentro y entre las poblaciones de competencias lingüísticas.
Ahora podemos hacer una nueva formulación del problema de Platón, referente a cómo
las personas en su infancia pueden llegar a desarrollar una competencia gramatical o lengua-I
dotada de unas propiedades que no son en absoluto evidentes a partir de los datos de la
actuación lingüística de los que se ha de partir.
En consonancia con lo anterior, podemos concebir el proceso de adquisición del len-
guaje como un sistema complejo adaptativo como muestra la figura 3.7.

ENTORNO Locomoción
Atención
Filtrado Comunicación
Identificación Manipulación
Comprensión Expulsión
Detectores Lengia-I Efectuadores

Energía

GU
Información

Materia

Mundo SCA
Mundo
Exterior Exterior

Retroalimentación

Bucle de aprendizaje adaptativo

Figura 3.7. La adquisición de una lengua como un sistema complejo adaptativo


(www.calresco.org).
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¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

La persona que adquiere en su infancia una lengua parte de unos datos iniciales (que
incluyen información sobre el entorno y sobre el propio comportamiento del sistema com-
plejo), de un conjunto de informaciones procedentes del entorno y de un estado inicial cons-
tituido por la facultad del lenguaje, que contiene una serie de propiedades biológicamente
determinadas que compartimos con otros animales (FLB, la facultad del lenguaje en senti-
do amplio) y otra serie de propiedades exclusivas de la especie humana, la denominada Gra-
mática Universal (GU, FLN, facultad del lenguaje en sentido estrecho). Estos datos inicia-
les son sometidos, mediante unos procesos de filtrado y de regularización (realizados por los
detectores) que hacen posible la creación de uno o varios esquemas o modelos heurísticos,
un sistema de reglas que tiene una serie de propiedades formales impuestas por la persona
que adquiere la lengua. Ese sistema inicial de reglas, un primer esbozo de lengua-I, permi-
te a la persona comportarse de una determinada manera que se hace físicamente percepti-
ble mediante una serie de procesos de exteriorización física (realizados por los efectuadores)
ante situaciones concretas que se le presentan (son los estímulos) y que influyen en la apli-
cación de ese esquema heurístico o sistema de reglas. A partir de ahí y mediante el bucle de
aprendizaje adaptativo, el primer esbozo de lengua-I irá modificándose paulatinamente has-
ta alcanzar un estado considerado satisfactorio por la persona que desarrolla la competen-
cia lingüística natural o lengua-I. Todo este proceso es inconsciente y no está guiado por
ninguna planificación intencional.
Esta dinámica diferencia enormemente la adquisición natural de una lengua –vista como
el desarrollo espontáneo de una o varias lenguas-I– del aprendizaje consciente y planificado y,
por tanto, artificial y no natural de una lengua segunda, que sigue unas vías muy diferentes en
las que factores múltiples de la actuación como la constancia, el interés o las habilidades inte-
lectuales y sociales desempeñan un papel importantísimo, de forma que los resultados obte-
nidos casi nunca llegan a igualar los obtenidos mediante la adquisición natural espontánea.
Las lenguas cultivadas o las lenguas-E en general sólo pueden aprenderse de esta segunda mane-
ra artificial, muy costosa y con resultados muy desiguales según las personas.

3.4. El problema de Descartes:


¿Cómo se hace efectiva la capacidad lingüística?

N. Chomsky denomina problema de Descartes a la investigación de cómo se hace efectiva o


se pone en uso la competencia gramatical o lengua-I. Consiste esta cuestión en que, al poner
en funcionamiento nuestra competencia lingüística, no nos limitamos a aplicar ciegamen-
te unas reglas formales de producción ni a repetir expresiones almacenadas en nuestra memo-
ria sino que somos capaces de construir mensajes originales y novedosos que ponen de mani-
fiesto el carácter creativo de la actividad lingüística.

“Al usar el lenguaje somos, en efecto, esencialmente creativos y no imitativos, en el sen-


tido de que lo que guía nuestra capacidad para emitir mensajes bien formados o para
dar con la información correcta de una frase u oración en absoluto puede vincularse con
el hecho de que esos mensajes hayan formado parte de la experiencia verbal con que nos

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Cuestiones clave de la Lingüística

hemos enfrentado en nuestro pasado. Cualquier hablante dispone de la facultad de for-


mular una oración nunca antes emitida por ningún otro hablante de la misma comu-
nidad lingüística. Ni siquiera necesitamos haber oído antes una palabra para recono-
cerla como posible o imposible en nuestra lengua (lapintero lo es; *jlabanñeca, no).” (G.
Lorenzo González Comprender a Chomsky. Madrid, 2001: 19-20)

Figura 3.8. R. Descartes (1596-1650) (http://en.wikipedia.org).

R. Descartes fue un filósofo francés del siglo XVII (1596-1650) que propuso el famoso
principio cogito, ergo sum (‘pienso, luego existo’), como proclama del racionalismo occiden-
tal. Fue creador del mecanicismo en física y de la geometría analítica en matemáticas. De
1637 data su Discurso del método, una de sus obras más influyentes en filosofía. Descartes
distinguió entre la res cogitans, el pensamiento y la res extensa, el cuerpo físico, con lo que se
crea un dualismo entre dos ámbitos muy diferentes: el del pensamiento y el de los fenóme-
nos físicos. De aquí surge el problema de la relación entre mente y cuerpo, que pertenece-
rían a dos realidad diferentes: la primera inmaterial y la segunda material. El problema es el
siguiente: ¿cómo es posible la comunicación y la interacción entre el mundo mental inma-
terial y el mundo físico de la materialidad? ¿Cómo una idea perteneciente al mundo inma-
terial puede ocasionar un movimiento físico, que pertenece al mundo material? ¿Cómo se
conectan ambas cosas?
El problema no se plantea en el mundo animal, según Descartes, dado que los anima-
les no tendrían mente, ni ideas; serían entidades totalmente materiales regidas solamente
por las leyes físicas, lo que los asimila a meros autómatas cuyo comportamiento se puede
describir y explicar de forma puramente mecánica.
Para resolver el problema de la relación entre mente y cuerpo, Descartes postuló que esa
interacción se producía en la glándula pineal, una pequeña estructura localizada en el tron-
co encefálico y que tiene la propiedad de que es el único órgano del sistema nervioso que
no está compuesto por dos mitades con simetría bilateral. Posteriormente, se comprobó que

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¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

las lesiones en esta glándula no producen cambios evidentes en la conducta; la función de


esta glándula parece que tiene que ver con los ritmos biológicos.

Pineal

Figura 3.9. Situación de la glándula pineal (www.healingtherapies.info).

El problema de la comunicación entre mente y cuerpo está señalado en el esquema del


acto lingüístico que estudiamos en el primer capítulo y simplemente aparece reflejado median-
te una línea de puntos que va desde el cerebro a los órganos articulatorios. La determina-
ción de a qué hace referencia exactamente esta línea de puntos no es un asunto de fácil dilu-
cidación, aun en el caso de que no partamos del dualismo cartesiano, es decir, de la idea de
que la mente y el cuerpo pertenecen a dos ámbitos completamente diferentes: uno inmate-
rial y otro material, que es un eco del dualismo platónico entre el mundo de las ideas y el
mundo de los objetos físicos.
Vamos a analizar ahora algunos aspectos de la naturaleza creativa del acto lingüístico.
Un fenómeno importante de esta actividad es que sus productos son abiertos, tenemos la
capacidad de crear mensajes nuevos continuamente. Una propiedad formal que se ha uti-
lizado para dar cuenta de esto es la de la recursividad. Los seres humanos podemos cons-
truir mensajes de longitud teóricamente ilimitada a través de procedimientos como el de
la coordinación sintagmática y oracional, tal como podemos apreciar en los siguientes
ejemplos:

• Discos, libros, cuadernos, mapas….


• Juan quiere ir, Pedro no quiere ir, María prefiere quedarse, Elisa dice que no va…

Los puntos suspensivos indican que podríamos seguir añadiendo sustantivos en el pri-
mer caso u oraciones en el segundo para obtener expresiones de longitud cada vez mayor,
aunque las limitaciones de la actuación (limitaciones de memoria y de atención, por ejem-
plo) puede hacer que las expresiones obtenidas mediante la aplicación reiterada y sistemá-
tica de este procedimiento sean prácticamente inmanejables.
Para dar cuenta de estas posibilidades se pueden proponer las dos reglas sintácticas
siguientes:

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Cuestiones clave de la Lingüística

<UN, SN, SN, SN>


<UN, O, O, O>

Estas dos reglas son recursivas porque la categoría a la que pertenece el producto de su apli-
cación (SN y O) es idéntica a las de los elementos de que consta ese producto. De esta manera
si discos y libros son SN (es decir, sintagmas nominales) simples y les aplicamos la primera regla
obtenemos discos, libros que es un SN compuesto. A partir de aquí, podemos volver a aplicar
esa misma regla a discos, libros, dado que esta expresión es un SN, y a cuadernos, para obtener
discos, libros, cuadernos, que al ser también un SN, puede ser afectada de nuevo por la misma
regla que combina esa expresión compleja, que es un SN, con el SN simple mapas.
Lo mismo vale para la segunda regla: Juan quiere ir y Pedro no quiere ir son oraciones
(O) simples. Si le aplicamos la segunda regla obtenemos Juan quiere ir, Pedro no quiere ir
que se analiza también como O, compuesta, en este caso. Por tanto, podemos volver a apli-
car esta regla a Juan quiere ir, Pedro no quiere ir y a María prefiere quedarse, para obtener Juan
quiere ir, Pedro no quiere ir, María prefiere quedarse que, al ser analizada como una O pue-
de volver a someterse a esa regla para ser unida a Elisa dice que no va y así sucesivamente.
Esta capacidad de alargar las expresiones se deriva de una adición de nuevos elementos
que pertenecen a la misma categoría. Sin embargo, existen procedimientos de innovación
que suponen unas operaciones mentales mucho más complejas. Consideremos expresiones
como las siguientes:

• Ha escrito que Elena reconoce que Juan quiere que ella lo haga.

En esta expresión observamos que una oración puede desempeñar una función sintáctica
de un sintagma que hace referencia a una entidad. Por ejemplo, el verbo escribir denota una
actividad que tiene como objeto una entidad como carta, libro o dedicatoria. Sin embargo, una
expresión que denota un suceso tal como Elena reconoce que Juan quiere que ella lo haga pue-
de ser utilizada para desempeñar la misma función sintáctica que nombres como carta o libro.
Hay un elemento gramatical que indica precisamente esto: se trata de la conjunción que, que
no solo sirve para conectar una oración con un verbo principal, sino que es un índice de una
compleja operación mental que consiste en que un suceso (Elena reconoce que Juan quiere que
ella lo haga) se concibe como una entidad análoga formalmente a las denotadas por carta, libro
o dedicatoria. Pero como vemos en la oración analizada, a su vez, la oración subordinada pue-
de tener un verbo cuyo complemento puede también ser otra oración. Así es en Elena recono-
ce que Juan quiere que ella lo haga, tenemos el verbo reconocer, que puede tomar como com-
plemento sintagmas nominales tales como su implicación en la estafa (como en reconoció su
implicación en la estafa) o la culpa (como en reconoció la culpa). Ahora, el complemento de reco-
nocer es la oración Juan quiere que ella lo haga, que va precedida precisamente de la misma con-
junción que. Además, esta nueva oración tiene como verbo principal el verbo querer que toma,
en función de complemento directo, sintagmas nominales como un bocadillo de queso (quie-
ro un bocadillo de queso) o una indemnización (quiero una indemnización), pero que también
puede ver satisfecha su necesidad de un complemento directo mediante una oración como ella
lo haga precedida de nuevo por la conjunción subordinante que. La oración que analizamos

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¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

podría seguir expandiéndose de la forma que estamos considerando con las limitaciones prác-
ticas de la actuación lingüística a las que ya se ha aludido.
Es importante tener en cuenta que la posibilidad que se ejemplifica en el mecanismo de
que da lugar a la oración compuesta analizada y que consiste en que los sucesos (María quie-
re verlo) se pueden concebir como entidades (que María quiere verlo) es manifestación de
unas propiedades de la mente humana que caracterizan de forma patente nuestra especie.
Esta propiedad consiste en lo que se ha venido en denominar teoría de la mente, dentro de
la cual se pueden diferenciar distintos grados de intencionalidad. Una persona puede hacer
hipótesis sobre lo que piensa ella misma y sobre lo que piensa otra persona y esta hipótesis
es lo que se denomina teoría de la mente. En el primer caso, cuando una persona represen-
ta sus propios pensamientos, estamos ante lo que Robin Dunbar denomina primer grado de
intencionalidad y en el segundo, ante lo que denomina segundo grado de intencionalidad:
“La mayoría de los organismos que tienen algún tipo de cerebro probablemente son
conscientes de los contenidos de sus mentes: «saben» que tienen hambre o «creen» que
hay un depredador debajo del arbusto. Se dice que estos organismos tienen un primer
grado de intencionalidad. Tener creencia acerca de una creencia (o intención) de un ter-
cero constituye un segundo grado de intencionalidad y constituye el criterio para la teo-
ría de la mente.” (R. Dunbar, La odisea de la humanidad, Barcelona, 2007: 51)

Pero está claro que los seres humanos van más allá del segundo grado de intencionali-
dad, ya que podemos llegar entender, con mayor o menor facilidad situaciones como la des-
crita por la siguiente oración:

Elena piensa [1] que Pedro quiere [2] que María crea [3] que Antonio teme [4] que ella
(Elena) sospeche [5] que María está enamorada de Pedro.

Tenemos aquí una intencionalidad de quinto grado. Elena es consciente de un pensa-


miento suyo que reproduce un deseo de Pedro cuyo contenido es un estado mental de creen-
cia por parte de María del temor de Antonio respecto de la sospecha de Elena de que María
está enamorada de Pedro.

Quizás presentado este relato en el vacío, sin ningún tipo de contexto sea algo difícil de
entender y procesar. Pero supongamos el siguiente contexto. Elena piensa lo siguiente: a
Pedro le interesaría que María esté convencida del temor de Antonio a que Elena sospeche
que María ama a Pedro, porque entonces Antonio, que conocería los sentimientos de María
hacia Pedro, hará todo lo posible para que Elena no se dé cuenta de que María ama a Pedro
y, por tanto, intentará no dar pistas a Elena sobre tal relación, que Elena desaprueba. Si
María es consciente de esto, intentará influir sobre Antonio causando o incrementado ese
supuesto temor, para que actúe de tal modo que ayude a que no se convierta la sospecha de
Elena en certidumbre por parte de Elena y eso es lo que pretendería Pedro. Para Elena el
comportamiento que observa en Pedro es coherente con estas suposiciones.
Como vemos, mecanismos sintácticos tales como el de la subordinación completiva se
corresponden con una serie de procesos mentales típicos de nuestra especie que hacen que

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Cuestiones clave de la Lingüística

la creatividad no surja simplemente de la aplicación ciega y mecánica de reglas discursivas,


sino de un tipo de organización mental específicamente humana que tiene en sí misma un
carácter creativo.
Un problema que se plantea inmediatamente es el de la relación entre el fenómeno sin-
táctico de la subordinación sustantiva recurrente que acabamos de ver ejemplificado y el del
funcionamiento mental en diversos niveles de intencionalidad. ¿Se deriva el primer fenó-
meno del segundo o es al revés? Son los diversos grados de intencionalidad de la mente los
que hacen posible la subordinación sintáctica jerárquicamente estructurada que acabamos
de ver en el ejemplo analizado o es al revés, el mecanismo sintáctico de subordinación jerár-
quica el que hace posible la existencia de diversos grados de intencionalidad?
Ya hemos visto que para poder interpretar adecuadamente la subordinación oracional
es necesario que los sucesos se vean como entidades, de manera que el suceso denotado por
Clara llegó pronto puede cosificarse cuando aparece en funciones sintácticas típicas de los sin-
tagmas nominales como en:

Que Clara llegara pronto causó admiración


Todo el mundo se ha dado cuenta de que Clara llegó pronto

Al concebir los sucesos o acontecimientos como entidades, podemos hacer que inter-
vengan en otros sucesos o acontecimientos como protagonistas. Así, en la primera de las dos
oraciones anteriores un acontecimiento causa una actitud como si fuera una entidad con-
creta o abstracta (por ejemplo su vestido/actitud causó admiración). En la segunda oración,
el acontecimiento denotado por Clara llegó pronto denota aquello de lo que es consciente
todo el mundo como si fuera una entidad concreta o abstracta (todo el mundo se ha dado
cuenta de la mancha de su vestido/de su actitud).
Esta concepción de sucesos como entidades es un salto cognitivo de mucho calado que tiene
que ver no sólo con la lengua sino también con una manera de concebir y de ver el mundo que
parece exclusiva de los seres humanos. Al ser esta propiedad característica de la mente humana
podemos suponer que se realiza de una u otra forma (mediante alguno de los diversos mecanis-
mos morfosintácticos disponibles) en las diversas lenguas que utilizan las comunidades humanas.
Además de como entidades, los sucesos pueden concebirse como propiedades de enti-
dades. En este caso, lo que hacemos es caracterizar a una entidad mediante un suceso en el
que esa entidad interviene. Veamos un par de ejemplos:

• La mujer que dirige el negociado es licenciada en derecho.


• El lugar al que nos dirigimos es muy acogedor.

En la primera oración la expresión que dirige el negociado sirve para caracterizar a mujer,
de forma que se nos indica que la mujer a la que hacemos referencia es la directora del nego-
ciado. En la segunda oración caracterizamos como acogedor un lugar al que nos dirigimos.
Las expresiones que dirige el negociado y al que nos dirigimos se denominan tradicionalmen-
te oraciones subordinadas de relativo, dado que van precedidas por un pronombre relativo
(que y al que, respectivamente). Sin embargo, es mejor denominarlas subordinadas adjetivas

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¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

pues tienen función adjetival y además hay muchas lenguas que no tienen pronombres rela-
tivos pero en las que existen formas de obtener subordinadas adjetivas mediante otros pro-
cedimientos morfosintácticos.
Para ver mejor que estamos utilizando una oración para modificar un nombre podemos
parafrasear las dos expresiones anteriores del siguiente modo:
• La [mujer [la mujer dirige el negociado]] es licenciada en derecho
• El [lugar [nos dirigimos al lugar]] es muy acogedor
En estas paráfrasis podemos comprobar que utilizamos una oración, que denota un suce-
so o acontecimiento como complemento de un sustantivo. Pero hay aquí una peculiaridad
muy interesante: Uno de los protagonistas de las oraciones incrustadas como modificado-
ras del sustantivo es idéntico al protagonista de la oración principal: la mujer y el lugar, res-
pectivamente.
¿Cómo se pasa de estas expresiones parafrásticas a las oraciones iniciales en las que apa-
rece un pronombre relativo como que o el que?
Esto es algo parecido a preguntarse qué denota que dirige el negociado o al que nos diri-
gimos en las oraciones iniciales. Hay un proceso de abstracción realizado sobre sucesos que
consiste, en primer lugar, en dejar sin especificar la posición estructural ocupada por uno
de los sintagmas que denota a uno de los protagonistas del sujeto. Para señalar esto utiliza-
mos una variable:

• x dirige el negociado
• Nos dirigimos a x
Estas expresiones son esquemas oracionales en los que se deja un argumento sin especifi-
car. Para convertir estas expresiones en modificadores de nombres (con una función adjetival)
lo que hacemos es utilizarlas para definir una propiedad, tal como se indica a continuación:
• x dirige el negociado Æ ser un x que dirige el negociado
• Nos dirigimos a x Æ ser un x adonde nos dirigimos
Pues bien el pronombre relativo es un índice, entre otros posibles en diversas lenguas, de
esta función de abstracción de una propiedad a partir de un suceso. De esta manera tenemos:

suceso propiedad

ella dirige el negociado que dirige el negociado

nos dirigimos a aquel lugar al que nos dirigimos

Como vemos, en la interpretación de la subordinación adjetiva intervienen unos pro-


cesos mentales muy sutiles que posibilitan una enorme flexibilidad y creatividad en el uso

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Cuestiones clave de la Lingüística

de las lenguas humanas. Si bien el número de adjetivos en una lengua es limitado, e inclu-
so el número de propiedades, el número de sucesos o acontecimientos posibles es práctica-
mente ilimitado y, como podemos convertir los sucesos o acontecimientos en propiedades
a través del proceso que acabamos de explicar, las posibilidades de obtención de nuevas pro-
piedades de las entidades es realmente ilimitada. Gracias al proceso de conversión de suce-
sos en propiedades podemos obtener una inagotable cantera de propiedades para caracteri-
zar individuos. Ello se debe a que a partir de cualquier suceso concebible en el que participan
entidades podemos construir propiedades que caracterizan a esas entidades.
Como vemos, la creatividad de la actuación lingüística va mucho más allá de la mera apli-
cación mecánica de reglas recursivas, afecta al modo en el que construimos e interpretamos
mensajes de maneras claramente creativas. Aquí hay que recordar lo que vimos en el capítulo
primero a propósito del acto lingüístico. Los mensajes no se transmiten, sino que se constru-
yen por parte de las personas que realizan el acto lingüístico oral o visual y se vuelven a cons-
truir por parte de aquellas personas que reciben la señal lingüística. Pero para la construcción
e interpretación del mensaje es necesario recurrir a una serie de capacidades discursivas, epis-
temológicas y argumentativas que hacen que la comunicación lingüística sea mucho más com-
pleja y creativa que lo que da a entender una mera aplicación de reglas gramaticales. Las fun-
ciones de la competencia gramatical en todos estos procesos, que la ponen en funcionamiento
efectivo, no es fácil de determinar y especificar, dado que la interpretación última de la señal
lingüística puede incluso ser opuesta a la interpretación literal basada en la estructura sintác-
tica. Piénsese, por ejemplo, en la exageración o en la ironía. Por otra parte, lo que aparece expre-
sado lingüísticamente casi nunca es suficiente para realizar una interpretación completa del
mensaje reconstruido; es lo que se denomina subdeterminación lingüística (J. Portolés, 2007:
145-167). Consideremos las amenazadoras leyendas que aparecen en las cajetillas de tabaco:

Figura 3.10. Advertencia en una cajetilla de tabaco


(http://porquelavidasonprioridades.blogspot.com.es).

A pesar de esta aterradora advertencia, no observamos que la gente fumadora se niegue


a pagar por obtener este paquete, ni que se detenga a nadie por fumar, ni que muchas per-

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¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

sonas salgan huyendo despavoridas cuando alguien se pone a realizar esa actividad. La ora-
ción fumar puede matar no es más que un elemento de un complejo engranaje conceptual
que ha de ponerse en funcionamiento para poder entender adecuadamente el mensaje recons-
truido a partir de las palabras escritas en cuestión. Para entender el mensaje hay que saber
que muchos estudios científicos han demostrado sin lugar a la menor duda que el hábito
intensivo y continuado de fumar aumenta a medio y largo plazo de forma muy significati-
va las posibilidades de desarrollar un tumor canceroso que puede dar lugar, en algunos casos
especialmente graves, al fallecimiento de la persona afectada.
Lo que no significa la oración es que el mero hecho de encender un cigarrillo y ponerse
a fumar ocasiona normalmente la muerte súbita de la persona que fuma, ni tampoco la de
quienes están en las cercanías de ella. Por eso, la gente en general no sale corriendo cuando ve
alguien fumar ni tampoco tiene miedo de morir cuando enciende un cigarrillo. Esto ocurri-
ría si en vez de sacar un cigarrillo a alguien se le ocurre sacar una pistola y se pone a disparar.
Lo más probable es que las personas de alrededor salgan corriendo despavoridas y que quien
empuña el arma tema por su vida si se apunta a la cabeza. Y todo ello a pesar de que en la
empuñadura de las pistolas no figura ninguna pegatina que diga disparar puede matar.

Disparar
puede
matar

Figura 3.11. ¿Una advertencia innecesaria?

Por tanto, la realización efectiva de nuestra competencia lingüística está conectada de


forma muy sutil e indirecta con un cúmulo complejísimo de procesos cognitivos que hace
posible la comunicación lingüística. Sin esa conexión, la comunicación estrictamente lin-
güística sería inútil.

3.5. El problema de Broca: ¿Cómo se realiza el lenguaje en el cerebro?

Sabemos que la mente reside en el cerebro, aunque esta forma de expresión es inexacta porque
la mente no es un objeto que pueda situarse en un lugar concreto, sino el resultado más o menos
constante de una serie de actividades que tienen una base neurológica que se localizan en el cere-
bro humano. Una vez que aceptamos el punto de vista naturalista, según el cual no existe nada
sobrenatural, no podemos decir que la mente resida en un ámbito no físico, espiritual o pura-
mente mental, como propuso Descartes. La suposición de que existe un mundo sobrenatural en
el que se sitúa el alma no tiene ningún poder explicativo (dado que, paradójicamente, sirve para

107
Cuestiones clave de la Lingüística

explicar todo aquello que no se puede explicar de otra forma) y nos lleva directamente al dua-
lismo, que plantea un problema irresoluble: ¿cómo se produce la comunicación entre el mun-
do natural y sobrenatural si el sobrenatural no es material? Descartado el dualismo como méto-
do científico, sólo nos queda la hipótesis naturalista, y, por tanto, tendremos que buscar el
basamento de la mente humana en la actividad del cerebro humano, que es una actividad cla-
ramente material y natural. Si la mente se localiza en el cerebro o, mejor dicho, en la actividad
cerebral, entonces la facultad del lenguaje humano también habrá de derivarse de la actividad
cerebral y precisamente el problema de Broca tiene que ver con el estudio de aquellos aspectos
de la actividad cerebral que están directamente implicados en la actividad lingüística humana.
Dado que ya sabemos que la actividad lingüística es muy compleja pues implica habilidades cog-
nitivas, perceptivas y motoras muy diversas, lo lógico es esperar que la actividad lingüística deri-
ve de diversas actividades lingüísticas cerebrales y no de una actividad neuronal localizada con-
creta. Por tanto, es poco probable que exista una zona del cerebro humano que esté especializada
exclusivamente en el lenguaje. De hecho, no hay ningún órgano físico del ser humano que sir-
va única y exclusivamente para la actividad lingüística. Las cuerdas vocales, por ejemplo, no tie-
nen un fin vocal, sino que constituyen, entre otras cosas, una barrera para impedir la penetra-
ción por la tráquea de objetos en las vías respiratorias, lo que ocasionaría la asfixia de las personas;
se pueden utilizar también para emitir sonidos, pero esta no es su función primordial. Lo mis-
mo puede decirse de las manos y los brazos en el caso de las lenguas señadas: la función pri-
mordial de las manos no es hacer señas, aunque parezcan muy apropiadas para este fin.
Volviendo al lenguaje humano en general, desde el siglo XIX se ha podido comprobar
que el daño en determinadas zonas del cerebro humano altera la capacidad lingüística de
una u otra forma, lo que indica que dichas zonas están implicadas en el funcionamiento
neuronal del lenguaje.
Y aquí entra el personaje a que hace referencia el nombre del problema que nos ocupa
en este apartado. Se trata del estudioso francés Paul Pierre Broca.

Figura 3.12. Paul Pierre Broca (1824-1880) (http://dalleunhavolta.wordpress.com).

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¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

P. P. Broca fue un médico, anatomista y antropólogo francés que, además de ser un niño
prodigio que llegó a ser profesor de cirugía en la universidad de París, hizo un descubri-
miento notable cuando en 1861 atendió a un paciente llamado Leborgne que sólo era capaz
de pronunciar la sílaba tan. Una vez analizado el cerebro de éste y de otros pacientes afási-
cos, comprobó que en todos los casos los pacientes que tenían dificultades para articular
palabras presentaban una lesión en la tercera circunvolución izquierda del lóbulo frontal del
cerebro. Esa área se denomina precisamente área de Broca y aparece señalada en la siguien-
te figura:

Figura 3.13. Área de Broca (www.wikipedia.org).

Las afasias que se derivan del daño en esta zona se denominan en honor al médico fran-
cés afasias de Broca.
Se considera que es una de las áreas de la corteza cerebral que está directamente impli-
cada en la actividad lingüística humana, aunque no de forma exclusiva, dado que intervie-
ne en otros procesos cerebrales diferentes. A partir del hallazgo de Broca se empezó a ver la
lateralización de ciertas funciones cerebrales; en este caso, el hemisferio izquierdo parece el
dominante en la actividad lingüística.
Un anatomista alemán, llamado Carl Wernicke (1848-1904) llegó a la conclusión de
que la zona de la corteza cerebral que recibe los impulsos neuronales procedentes del ner-
vio auditivo está situada en el lóbulo temporal, justo detrás del área de Broca y de que ten-
dría que existir alguna relación entre las funciones de audición y de habla. También descri-
bió casos de pacientes afásicos con lesiones en la corteza auditiva que presentaban síntomas
diferentes a los descritos por Broca. Estos pacientes podían hablar con fluidez pero lo que
decían no tenía mucho sentido y era confuso; tampoco eran capaces de comprender ni de
repetir lo que se les decía. La zona del lóbulo temporal implicada y las afasias que se deri-
van de su daño se denominan mediante el apellido de este anatomista alemán. En la siguien-
te figura aparecen localizadas las áreas de Broca y de Wernicke, que intervienen en la acti-
vidad lingüística humana:

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Cuestiones clave de la Lingüística

Fascículo arcuato

Área de
Broca

Área de
Wernicke

Figura 3.14. Las áreas de Broca, de Wernicke y su conexión


(http://medicinafarmacologia.blogspot.com.es).

El descubrimiento de C. Wernicke fue importante porque descartó la idea de que deter-


minadas facultades humanas están localizadas por completo en una zona cerebral e impul-
só la idea de un cierto reparto de estas facultades superiores por la corteza y las estructuras
subcorticales del cerebro humano.
C. Wernicke creó el primer modelo moderno del funcionamiento cerebral del lengua-
je en el hemisferio izquierdo. Este autor hizo la primera propuesta de localización del fun-
cionamiento del lenguaje en el cerebro humano, que se muestra en el esquema siguiente:

Fascículo arcuato 2
3
Las imágenes sonoras se
Son enviadas al área
almacenan en el área de
de Broca
Wernicke

1
4 Área de Los sonidos entran en el
Son articuladas Broca cerebro a través de la vía
a través de la auditiva
vía motora Área de
Wernicke

Figura 3.15. El modelo de Wernicke de la actividad lingüística cerebral


(modificado de http://medicinafarmacologia.blogspot.com.es).

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¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

Wernicke propuso que los impulsos neuronales auditivos son enviados al lóbulo tem-
poral desde el oído. En el área de Wernicke se crean y almacenan lo que Saussure denomi-
nó imágenes acústicas. Desde esa área y a través de las conexiones neuronales del fascículo
arcuato (en forma de arco) se envían al área de Broca, en la que figuran las instancias que
dan las órdenes a los órganos articulatorios para producir el habla.
Además de las afasia de Broca y Wernicke, este último estudioso predijo que si las fibras
neuronales del fascículo arcuato se deterioran o se dañan se produciría una desconexión
entre las dos áreas, lo cual conduciría a una afasia de desconexión. La predicción de Wer-
nicke fue confirmada posteriormente. En efecto, se han observado pacientes que presentan
esta afasia de desconexión, que se caracteriza por una conservación de la entonación, de la
comprensión y de la articulación y además por una incomprensión de las palabras que escu-
cha la persona afectada por este deterioro.
Los descubrimientos de Broca y Wernicke han supuesto un punto de partida muy impor-
tante para los estudios posteriores sobre la actividad cerebral que ocasiona la capacidad lin-
güística. En el siguiente párrafo podemos ver una breve caracterización de nuestros conoci-
mientos actuales acerca de la realización de la facultad del lenguaje en el cerebro/mente
humano obtenidos mediante técnicas de estimulación eléctrica:

“A partir de estos resultados se pueden obtener conclusiones importantes. Prime-


ro, los datos no confirman el modelo de localización estricto del lenguaje, ya que los
efectos de la estimulación de las zonas anterior y posterior en la función del habla son
claramente similares. Segundo, la estimulación del neocórtex en zonas alejadas de las
áreas de Broca y de Wernicke también produce trastornos en el lenguaje. Tercero, la esti-
mulación de las zonas del lenguaje afecta más que simplemente el hecho de hablar, ya
que también produce déficits en el control motor voluntario de la musculatura facial,
en la memoria a corto plazo y en la lectura.” (B. Kolb e I. Q. Whishaw, Neuropsicolo-
gía humana. Madrid: 2007: 498)

La estimulación eléctrica cortical se realiza durante intervenciones quirúrgicas y se han


llevado a efecto en muchos pacientes que han experimentado este tipo de cirugía.
Los mismos autores del párrafo anterior nos dan esta caracterización general de la loca-
lización cerebral del lenguaje humano:

“Las diferentes funciones del lenguaje se relacionan con una gran parte de la corte-
za. Algunas funciones, como la producción de verbos o sustantivos o la comprensión de
la información verbal frente a la información auditiva, tienen ubicaciones concretas.
Como otras funciones cerebrales, el lenguaje parece estar organizado en una serie de
canales jerárquicos paralelos. La evolución del lenguaje no parece ser el desarrollo de
una capacidad única, sino el desarrollo paralelo de varios procesos, como la capacidad
de categorizar y la capacidad de utilizar gestos para la comunicación.” (B. Kolb e I. Q.
Whishaw 2007: 513-514).

Conviene tener en cuenta estas palabras para entender adecuadamente los razonamien-
tos que veremos en el siguiente apartado.

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Cuestiones clave de la Lingüística

3.6. El problema de Darwin:


¿Cómo surgió y evolucionó la capacidad lingüística humana?

Charles Darwin fue un naturalista inglés que cambio por completo la manera en la que con-
cebimos la evolución de la naturaleza. Entre 1831 y 1836 realizó un viaje en barco (el Bea-
gle) por las costas de América del sur, de Sudáfrica y de Australia en el que recopiló abun-
dante información geológica y biológica. A la vuelta de este viaje intensificó sus estudios
tanto teóricos como experimentales y empezó a desarrollar una teoría sobre la transmuta-
ción de las especies de forma paralela e independiente a unas ideas similares de A. R. Walla-
ce, otro naturalista, con el que mantuvo comunicación.

Figura 3.16. Charles Darwin (1809-1882) (http://discovermagazine.com).

En 1859 salió a la luz un libro que iba a cambiar para siempre el pensamiento humano
sobre la evolución de las especies: El origen de las especies. Darwin describía con detalle cómo
las especies ancestrales iban transformándose en otras más modernas a partir de pequeñas
variaciones observables en los especímenes concretos, que iban siendo filtradas y sesgadas
mediante la adaptación al entorno; esta adaptación es posible porque algunas de esas varia-
ciones eran de forma más o menos casual más ventajosas que otras para la supervivencia y
favorecían a los individuos que las presentaban dándoles la oportunidad de reproducirse y
tener una descendencia que perpetuaba y magnificaba esa variación particular. He aquí cómo
explica Darwin la existencia de insectos que tienen un color y configuración que los mime-
tiza al entorno en el que viven:
“Respecto a los numerosos insectos que imitan diversos objetos, no hay nada impro-
bable en la creencia de que una semejanza accidental con algún objeto común fue, en
cada caso, la base para la labor de la selección natural, perfeccionada después por la con-
servación accidental de ligeras variaciones que hiciesen la semejanza mucho mayor; y

112
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¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

esto habrá proseguido mientras el insecto continuase variando y mientras una seme-
janza, cada vez más perfecta, le permitiese escapar de enemigos dotados de vista pe-
netrante.” (Ch. Darwin, El origen de las especies. Madrid, 1988: 324)

Figura 3.17. Insectos palo (http://wikifaunia.com y www.flickr.com).

Los phasmatodeos, popularmente conocidos como insectos palo, son un orden de insec-
tos neópteros que viven generalmente en arbustos y árboles de los que se alimentan.
¿Cómo han llegado estos animales a adoptar una forma que les confunde con las ramas
en las que se refugian habitualmente? Ciertamente, la respuesta no es que han adoptado for-
ma de palo o ramita para sobrevivir, porque un animal no puede cambiar a voluntad su for-
ma, tamaño o color.
La aportación de Darwin es la de aducir una explicación convincente a esta transfor-
mación independiente de la voluntad de los insectos. Como todas las especies, los especí-
menes particulares presentan pequeñas variaciones en su forma, color y tamaño. Debido a
estas variaciones puede ocurrir que algunos individuos presenten una forma mucho más
parecida a las ramas que otros. Fijémonos, por ejemplo, en las variaciones de los seres huma-
nos o de los perros: los hay de muchos tamaños, peso, altura, y color de piel diferentes. Aque-
llos insectos que presentaban una forma más parecida a las ramas son confundidos con éstas
por los depredadores y no son cazados, por lo que tienen la oportunidad de reproducirse y
transmitir a su descendencia los genes que ayudan a regular ese aspecto de su configuración.
Con el paso del tiempo, se va acentuando esa variación, en principio pequeña, para produ-
cir unos insectos que son prácticamente indistinguibles de las ramitas en las que se posan.
Por tanto, en la evolución por selección natural no hay ningún propósito, ni ningún
plan apriorístico de adaptación a largo plazo. Lo que hay es variación, sin la cual la evolu-
ción no puede actuar, y selección de las formas más adaptadas a la supervivencia en unas
circunstancias ecológicas concretas; cuando esas circunstancias cambian de modo más o
menos brusco, esa adaptación puede convertirse en un obstáculo para la supervivencia.
Un aspecto importante que hay que tener en cuenta a la hora de estudiar la evolución
a través de los mecanismos darwinianos de variación individual más selección natural, es
que la acción de la selección natural está limitada o dirigida por los condicionantes más

113
03 CClave de la linguistica (8):03 lingüística 08/05/13 13:07 Página 114

Cuestiones clave de la Lingüística

generales de las leyes físicas: ninguna adaptación por selección natural puede ocasionar resul-
tados que incumplan las leyes físicas. Por esa razón no les es posible volar a las avestruces,
por más que sean aves y que dispongan de alas. Por consiguiente, la selección natural no
puede ir más allá de lo que las leyes físicas le permiten. Pero sí puede aprovechar los pro-
ductos no selectivos que se derivan de la actuación de las leyes físicas.
Un caso muy interesante de esto es el de las enjutas o albanegas, término tomado de la
arquitectura, que se refiere a una característica que se deriva de las leyes geométricas y que,
sin poder ser adaptativa, se puede utilizar de modo adaptativo. Como ejemplo geométrico
de enjuta podemos comprobar que si inscribimos un círculo en un cuadrado surgen auto-
máticamente unos triángulos de base circular debido a las leyes de la geometría:

Figura 3.18. Ejemplo de enjutas: los triángulos de base circular son un producto
necesario de la inscripción del círculo en el cuadrado.

Observamos que la inscripción de un círculo del tamaño adecuado dentro de un cua-


drado crea cuatro triángulos de base circular de forma necesaria. Una vez obtenido este resul-
tado se pueden aprovechar esos triángulos obtenidos con un determinado fin; por ejemplo,
como espacios para situar determinados dibujos o pinturas. Estas áreas triangulares se obtie-
nen a partir de las relaciones geométricas necesarias entre dos objetos.
S. J. Gould (2004: 1292) propone como ejemplo de enjuta la existencia de pezones en los
varones, que no tienen función alguna. La explicación de estos pezones, según este autor, resi-
de en la necesidad por parte de las hembras de tener pezones y en el hecho de que muchos aspec-
tos del desarrollo embrionario de ambos sexos siguen un mismo camino evolutivo. Las mamas
de las hembras obedecen a una adaptación evolutiva y su aparición en los machos, que des-
arrollan unas versiones menores y no funcionales, se podría derivar de la unicidad originaria de
los procesos de desarrollo embrionario. La naturaleza es muy ahorrativa y no ha creado dos tipos
totalmente independientes de desarrollo embrionario: uno para machos y otro para hembras.
Algo así se puede comprobar también respecto del desarrollo de los órganos sexuales.
Los apéndices nasales de los seres humanos tienen una explicación adaptativa clara res-
pecto de una función vital fundamental. Sin embargo, podemos utilizar su configuración

114
¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

anatómica para fines como el de sujetar las gafas. La sujeción de las gafas no tiene ninguna
pertinencia en el nivel adaptativo, sin embargo podemos utilizar esa configuración anató-
mica con un fin determinado para el que dicha configuración parece una adaptación ópti-
ma. No tiene mucho sentido, por ejemplo, preguntar cuál es la función adaptativa de las
axilas. Estos elementos son en realidad el resultado de una determinada configuración ana-
tómica, sujeta a leyes geométricas, que, por supuesto, pueden ser aprovechadas con deter-
minados fines tales como, por ejemplo, sujetar objetos para dejar libres las manos; pero es
claro que las axilas no han surgido para satisfacer esta función.
El autor citado antes propuso que además de la adaptación existe otro mecanismo adi-
cional que denomina exaptación. Consiste este mecanismo en la utilización de una caracte-
rística adaptativa para una función diferente. Un ejemplo es el de las plumas. Estos ele-
mentos surgieron inicialmente para la regulación del calor, pero posteriormente se utilizaron
para posibilitar el vuelo en las aves. Las extremidades de los vertebrados terrestres proceden
de las aletas de los peces utilizadas para desplazarse por la tierra. Posteriormente, los mamí-
feros que volvieron al medio acuático utilizaron sus extremidades terrestres para desplazar-
se por el agua y se produjo a partir de ahí un proceso de adaptación de las extremidades, que
volvieron a convertirse en aletas para el impulso hidrodinámico. S. J. Gould propone la
siguiente clasificación de este fenómeno:

Cuadro 3.1. Mecanismo de exaptación (S. J. Gould, 2004: 1264)


Proceso Carácter Uso
La selección natural modela el carácter para su uso. adaptación función

Un carácter previamente modelado por selección exaptación efecto


es cooptado para un nuevo uso.
Un carácter no atribuible a la selección natural es exaptación efecto
cooptado para su uso.

El primer caso es el de la adaptación dirigida por la selección natural. El segundo caso


es el uso de una característica para una finalidad diferente de aquella para la que fue selec-
cionado originariamente. El tercer caso es el de las enjutas: el uso de un carácter determi-
nado por las leyes físicas y no por la selección natural para un uso determinado.
La importancia de tener en cuenta las exaptaciones y las enjutas se debe a que para muchos
autores la facultad lingüística humana procede de una exaptación o del resultado estructural
de un tipo de evolución cerebral y no de una adaptación a través de la selección natural.
Pensemos, por ejemplo, en los órganos articulatorios. No existe ninguno cuya función
primordial sea la de la actividad lingüística: ni los pulmones, ni la glotis, ni la boca, ni la
lengua, ni los labios, ni las manos o los brazos, son órganos que hayan sido seleccionados
para la función lingüística. Son órganos que tienen otras funciones biológicas que se coop-
tan o reutilizan para la actividad lingüística.
En el caso de la lengua hablada, la actividad lingüística debe compatibilizarse con la res-
piratoria, que es mucho más básica biológicamente hablando. La expiración (y en menor medi-

115
Cuestiones clave de la Lingüística

da la inspiración), que es un aspecto de una función biológica básica, se aprovecha también


para producir sonidos, pero esta función sigue subordinada a la biológica básica: la respira-
ción. Por eso, cuando realizamos un esfuerzo y la respiración se hace más exigente, el habla se
deteriora o se impide de forma total, dado que no es una función biológica básica. Este mis-
mo enfoque podría plantearse respecto de otros aspectos de la facultad lingüística humana.
El problema de Darwin hay que plantearlo respecto de la evolución de la facultad lin-
güística humana (FLH) en su conjunto. Pero para hacerlo de manera adecuada es necesario
reconocer que en el comportamiento lingüístico humano hay implicados muchos factores psi-
cofísicos, físicos, mentales y de comportamiento que intervienen en los actos lingüísticos y en
la capacidad de llevarlos a cabo. Cada uno de esos aspectos tiene una historia evolutiva propia
que nos conecta con habilidades de otros animales: no somos la única especie que utiliza soni-
dos y gestos para comunicarse, por ejemplo. Por consiguiente, no tiene mucho sentido la pre-
gunta. ¿Cómo se originó y evolucionó el lenguaje humano? como si este fenómeno fuera uni-
tario y aislable. Más bien habrá que preguntarse cuál es el origen y evolución de las diversas
capacidades que se reclutan para la actividad lingüística y, por supuesto, cuál es el origen y evo-
lución de esos aspectos lingüísticos específicamente humanos que caracterizan la facultad del
lenguaje de nuestra especie (véase apartado 6.1).
Este enfoque del problema de Darwin aplicado al lenguaje humano adquiere carta de
naturaleza explícita en un artículo de gran importancia escrito por M. Hauser, N. Chomsky,
y W. T. Fitch (2002). Estos autores proponen que es necesario distinguir dos aspectos de la
facultad humana del lenguaje: la facultad del lenguaje en sentido amplio (FLA) y la facul-
tad del lenguaje en sentido estrecho (FLE). En este artículo aparece el siguiente gráfico que
ha sido adaptado para el presente libro:

ENTORNO ENTORNO INTERIOR


EXTERIOR
memoria digestión

FLA
conceptual-
ecológico FLE intencional (CI)
Recursión
un gran
día
físico FLA
otros

ayer fue
cultural FLA
sensitivo-motor
(SM)

social
respiración circulación

Figura 3.19. La facultad humana del lenguaje según M. D. Hauser, N. Chomsky y


T. Fitch “The Faculty of Language: What Is It, Who Has It, and How Did
It Evolve?” Science 22, 298, 2002).

116
¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

En el esquema anterior observamos primero los aspectos externos al individuo que per-
tenecen a su entorno exterior: el social, el cultural, el físico y el ecológico. En el entorno
interior al individuo, representado por el círculo mayor, encontramos la FLA, que consta
de dos componentes: CI (conceptual-intencional) y SM (sensitivo-motor) más otros posi-
bles componentes aún no identificados o comprendidos. El círculo menor inscrito dentro
del anterior es la FLE, que contiene un sistema combinatorio, representado por una espe-
cie de noria que va colocando las palabras para formar oraciones como ayer fue un gran día.
Este sistema combinatorio tiene una propiedad al parecer característica y privativa del len-
guaje humano: la recursividad, es decir, la capacidad de obtener un número potencialmen-
te infinito de expresiones a partir de la combinación de un número finito de componentes:
las sílabas y las palabras, tal como hemos visto anteriormente.
La distinción FLA (en inglés FLB) / FLE (en inglés FLN) se basa en las siguientes con-
sideraciones. La FLA incluye la FLE, que caracterizaremos a continuación, y los sistemas
sensitivo-motor (SM) y conceptual-intencional (CI). El primero es el que permite los aspec-
tos materiales de la expresión lingüística, tales como la articulación de sonidos o de señas
manuales y la percepción auditiva y visual de esas señales lingüísticas. Es evidente que estos
sistemas tienen una historia evolutiva muy antigua, que tiene que ver con la evolución de
determinadas capacidades en los vertebrados y mamíferos; también es claro que en el ser
humano estos sistemas han experimentado una serie de especializaciones ajenas a otras espe-
cies próximas a la nuestra, que permiten el desarrollo de la capacidad lingüística humana.
El segundo componente es el que genera las representaciones mentales de las señales lin-
güísticas percibidas e interpretadas y el que propone una serie de representaciones mentales
que habrán de ser realizadas materialmente a través del sistema CI.
La facultad del lenguaje en sentido estrecho (FLE) está constituida por el sistema lin-
güístico formal que ha sido caracterizado en el apartado 3.1. El núcleo clave de este com-
ponente es un sistema composicional, denominado sintaxis en sentido estricto, que genera
unas representaciones que van a ser interpretadas por los dos sistemas principales de la FLA:
el SM y el CI. Este sistema composicional tiene una propiedad notable, la recursividad, que
tiene que ver con el carácter abierto de la capacidad lingüística humana que hemos carac-
terizado en los apartados 3.1 y 3.4. La clave de todo esto es que ese sistema composicional
parte de una serie finita de elementos (sílabas, palabras) y es capaz de obtener mediante su
combinación una serie infinita de expresiones lingüísticamente interpretables, es decir, foné-
tica o visualmente realizables y conceptualmente analizables.
La FLE sería, pues, una especie de lazo de unión entre los dos sistemas fundamentales
de la FLA y en el origen y desarrollo de este lazo de conexión es donde estaría la pregunta
fundamental del origen y evolución del lenguaje humano.

FLA

• Sistema sensitivo-motor (SM). Sistemas fisiológicos que nos permiten procesar seña-
les lingüísticamente interpretables y componer y producir dichas señales físicas.
• Sistema conceptual-intencional (CI). Sistemas mentales que nos permiten interpre-
tar señales lingüísticas procesadas por el SM y que hace posible que construyamos un

117
Cuestiones clave de la Lingüística

escenario mental o contenido conceptual que pueda ser expresable mediante el siste-
ma SM.

FLE
• Sistema composicional que ofrece representaciones abstractas que pueden ser inter-
pretadas tanto por el sistema SM como por el sistema CI.
Desde el punto de vista evolutivo, el problema del origen y evolución de la facultad lin-
güística humana se puede descomponer en las siguientes preguntas:
• ¿Cuál es el origen y evolución del sistema SM?
• ¿Cuál es el origen y evolución del sistema CI?
• ¿Cuál es el origen y evolución del sistema composicional?
Estas preguntas son mucho más concretas y tienen mucho más sentido que una pregun-
ta general como: ¿Cuál es el origen y evolución del lenguaje humano? que, dada la compleji-
dad del fenómeno a que se alude, parece de muy difícil, sino imposible, contestación (véase el
apartado 6.1). Cuando nos enfrentamos a un problema muy complejo, una estrategia que sue-
le funcionar es descomponer ese problema en otros menos complejos que podamos tratar con
mayores garantías de éxito, aunque sigan siendo difíciles.
Además, al descomponer la FL en una serie de elementos diferentes, se replantea otro
de los grandes problemas planteados por el origen del lenguaje; es el problema de la dis-
continuidad, que se puede plantear en los siguientes términos: ¿surgió el lenguaje median-
te una evolución gradual de tipo darwiniana a partir de los sistemas de comunicación de
nuestros ancestros directos o, más bien, dado que el lenguaje humano no parece estar rela-
cionado con los sistemas de comunicación de nuestros parientes más cercanos, surgió de
modo repentino y brusco, como una novedad absoluta?
Si trabajamos sobre la base de la discontinuidad total, el lenguaje humano será siempre
un misterio, pues la mayor parte, si no todas las pre-adaptaciones necesarias para el surgi-
miento del lenguaje humano parecen darse también en los animales.
En este sentido M. D. Hauser, N. Chomsky y T. Fitch, en el trabajo citado en la figu-
ra 3.19, consideran las siguientes hipótesis al respecto:
• La FLA es homóloga a otros sistemas de comunicación animal de modo que algo
parecido a nuestra FLA, aunque menos desarrollado o evolucionado, se da en otras
criaturas.
• La FLA es una adaptación exclusivamente humana.
• Lo que es exclusivamente humano es la FLE. Mientras que los mecanismos de la FLA
encuentran elementos análogos en otros sistemas de comunicación animal, el siste-
ma composicional que caracteriza la FLE es exclusivamente humano y no tiene aná-
logo alguno en ninguna otra especie.

Estos tres autores se decantan por la tercera posibilidad, aunque sólo la investigación
empírica podrá llevarnos a aceptar una de estas tres posibilidades como la más plausible.

118
¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

Durante mucho tiempo los filólogos y lingüistas no se tomaron muy en serio las espe-
culaciones sobre el origen y evolución del lenguaje humano. El lingüista danés Otto Jes-
persen (1860-1943) en su famoso libro sobre el lenguaje (Jespersen, 1922: 413-416) agru-
pó, siguiendo al filólogo alemán Max Müller (1823-1900), las teorías más comunes en su
época sobre los orígenes del lenguaje en cuatro tipos y añadió un quinto, propuesto por él.
Estas teorías fueron denominadas de forma jocosa por el propio M. Müller, que utilizaba
onomatopeyas y exclamaciones. Jespersen conservó esas denominaciones. Vamos a enume-
rar estas teorías antiguas comentándolas desde el punto de vista actual.
Estas teorías tradicionales las podemos agrupar en dos apartados: las causales, que inten-
tan explicar por qué surgió el lenguaje humano y las funcionales, que intentan dar cuenta
de para qué surgió en lenguaje humano.

TEORÍAS CAUSALES

• La teoría del “guau-guau”

El lenguaje surgió de las imitaciones que las personas realizaban de los sonidos del ambien-
te, en especial, de las llamadas de los animales. Los principales datos a favor de esta idea con-
sistirían en el empleo de palabras onomatopéyicas que existen en prácticamente todas las
lenguas y que serían una especie de fósiles lingüísticos.
Hay que comentar que estas consideraciones no son sobre el origen de la facultad lin-
güística humana, sino sobre un aspecto concreto de la exteriorización; es decir, sobre las aso-
ciaciones entre determinados sonidos o secuencias de sonidos y determinados conceptos o
significados. El problema que se plantea aquí tiene una gran tradición en la filosofía y filo-
logía occidental pues tiene que ver con el problema de si la configuración fonética de las
palabras está o no motivada. Normalmente, este problema se obvia porque se recurre a la
etimología. Así, en italiano al perro se le denomina cane porque procede de la palabra lati-
na canis, pero esta explicación no resuelve el problema planteado, tal como observó hace
muchos siglos el médico y filósofo griego Sexto Empírico (c.160-c.210) un representante
del escepticismo:

“Si una palabra es juzgada como correcta en virtud de su etimología, o bien tiene
en todos los casos como étimos a las palabras de las que procede o bien remonta a pala-
bras pronunciadas de forma natural. Y si procede en todos los casos de étimos, enton-
ces se produce una regresión al infinito, la etimología no tendría un principio y no sabre-
mos si la palabra últimamente pronunciada en griego correcto o no, pues desconocemos
la naturaleza de aquella de la que se deriva en el origen.” (Sexto Empírico, Contra los
profesores, libro I, 242, traducción de Jorge Bergua, Madrid: Gredos, 1997: 101).

En efecto, el recurso a la etimología no resuelve la cuestión a la que intenta dar respuesta


esta teoría y, por tanto, habrá que tenerla en cuenta en esta o en otra formulación, si no que-
remos quedar presos de una regresión a un infinito de etimologías originales. Sexto Empí-

119
Cuestiones clave de la Lingüística

rico habla de “palabras pronunciadas de forma natural”, es decir, con una base natural simi-
lar a la propuesta por la teoría onomatopéyica.

• La teoría del “ding-dong”

El lenguaje surgió porque las personas reaccionaban a los estímulos del mundo a su alrede-
dor y producían espontáneamente sonidos (“gestos orales”) que, en alguna manera, refleja-
ban el ambiente o estaban en armonía con él. Los principales datos a favor de esta hipóte-
sis serían el uso universal de algunos sonidos para palabras con cierto significado, pero no
hay argumentos que la sostengan, a excepción de unos pocos casos en que la simbolización
del sonido es aparente. No obstante, se han citado algunos ejemplos imaginativos: se supo-
ne que mama refleja el movimiento de los labios al acercarse la boca al pecho materno; para
algunos autores esta es la base de la palabra inglesa milk ‘leche’, cuya raíz aparece no sólo en
las lenguas germánicas, sino también la familia indoeuropea y en otras familias lingüísticas.
Esta teoría es tan parcial como la anterior y se refiere a algunos de los aspectos de la
exteriorización que suponen un intento adicional de evitar el problema notado por Sex-
to Empírico de la regresión infinita de étimos. Aporta sin embargo un aspecto adicional
muy importante. Ya no se trata de la mera imitación de los sonidos de la naturaleza, sino
de una interpretación o imitación de la naturaleza a través del sonido o de los gestos, como
en el caso de las lenguas señadas. Esto supone una actividad conceptual multimodal que
es característica de la facultad lingüística humana. De hecho, hay muchos autores que
piensan que el origen del lenguaje no está en la comunicación sino en la construcción y
expresión conceptual del ser humano. El lenguaje pudo surgir a partir de la representa-
ción conceptual de la realidad en la mente humana. Esta es la tesis fundamental de un
libro muy importante en los planeamientos actuales sobre el origen del lenguaje humano
publicado en inglés originalmente en 1990 (D. Bickerton, 1994). Para D. Bickerton, el
lenguaje humano no es fundamentalmente un sistema de comunicación, sino un sistema
de representación, un método para gestionar la información para poder sobrevivir y pros-
perar en nuestro entorno. Según Bickerton este sistema de representación surgió en una
serie de etapas la primera de las cuales cabe situarla hace 1,5 millones de años con la apa-
rición del Homo erectus y de un protolenguaje, forma primitiva del lenguaje humano que
consistía en unas pocas palabras asociadas a unos pocos conceptos. El protolenguaje tie-
ne un léxico referencial pero no hay gramática en el sentido de que no existen morfemas
o construcciones gramaticales y, por tanto, no tiene sintaxis. Este protolenguaje se mani-
fiesta también en los primeros pasos de aprendizaje lingüístico infantil y en las formas de
comunicación por señas o símbolos que los chimpancés son capaces de aprender a través
de la instrucción humana. El lenguaje humano tal como lo conocemos surge con el Homo
sapiens de una forma catastrófica, que supone un salto evolutivo, a través de una muta-
ción genética. Según Bickerton, la sintaxis surgió de una exaptación cognitiva de los pape-
les semánticos (agente, paciente, destinatario) que se había desarrollado al servicio de las
reglas sociales del altruismo recíproco.

120
¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

• La teoría del “¡ay-ay!”

El lenguaje surgió de los sonidos instintivos provocados por el dolor, la ira y otras emocio-
nes en el ser humano. Los principales datos a favor de esta hipótesis consistirían en el uso
universal de sonidos como interjecciones. Pero ninguna lengua dispone de muchas inter-
jecciones y, en cualquier caso, los chasquidos, inspiraciones y otros ruidos que se utilizan de
este modo guardan poca relación con las vocales y las consonantes en la fonología.
Este enfoque tiene que ver con el origen de algunos aspectos de la exteriorización que,
sin duda, tienen una larga historia evolutiva, dado que muchos animales expresan su esta-
do de ánimo a través de sonidos o movimientos corporales. Esto fue estudiado detenida-
mente por el propio Darwin en un libro titulado The Expression of the Emotions in Man and
Animals publicado en 1890, y constituye una base importante para estudiar algunos de los
aspectos evolutivos de la facultad lingüística humana.
La entonación, un universal lingüístico, no sólo es utilizada en las lenguas con funcio-
nes puramente gramaticales, sino que tiene mucho que ver con la expresión de las emocio-
nes y los sentimientos. Teniendo en cuenta que la entonación está omnipresente en la acti-
vidad lingüística, no cabe duda de que estos aspectos emotivos son fundamentales para el
estudio de la evolución del lenguaje. En las lenguas señadas también hay lugar para la expre-
sión de matices emocionales a través de las diversas formas del movimiento de los órganos
articulatorios (manos, brazos, ojos, cejas, boca), que son similares a las expresadas median-
te la entonación en las lenguas habladas.

TEORÍAS FUNCIONALES

• La teoría del “¡Aúpa!”

El lenguaje surgió porque las personas emitían gruñidos comunales y rítmicos debido al
esfuerzo físico cuando trabajaban juntas, que con el tiempo se desarrollaron en cantos y, de
este modo, en un lenguaje. Los principales datos a favor de esta hipótesis consistirían en el
uso universal de rasgos prosódicos, especialmente del ritmo, pero la diferencia entre este tipo
de expresión y la que encontramos en el lenguaje como un todo es tan enorme que todavía
se debería encontrar una explicación para el lenguaje.
El desarrollo del lenguaje humano a partir de la necesidad de mantenimiento y refuer-
zo de las relaciones sociales necesarias para la cooperación grupal, rasgo esencial para la super-
vivencia del ser humano, constituye para muchos autores uno de los condicionantes evolu-
tivos fundamentales del lenguaje humano. Un ejemplo es la hipótesis de R. Dunbar (1996).
Para Dunbar el cotilleo es una de las funciones básicas del lenguaje, dado que el cotilleo sir-
ve para establecer y consolidar los lazos sociales, como el acicalamiento en los primates. Dun-
bar como primatólogo hace la propuesta de un origen social del lenguaje como un tipo de
acicalamiento que mantiene y refuerza las relaciones de grupo.
Dunbar correlaciona el lenguaje con la expansión del neocórtex en el Homo sapiens y lo
data al menos entre hace 400.000 y 250.000 años. Este autor mantiene que el surgimiento del

121
Cuestiones clave de la Lingüística

lenguaje obedece a la presión de mantenimiento de la cohesión de grupos grandes –que se aso-


cian con el aumento del neocórtex, necesarios para la supervivencia del Homo sapiens, a través
de un método más eficaz de mantenimiento de la cohesión del grupo que el acicalamiento
mutuo que llevan a cabo los chimpancés y que es muy costoso y poco eficaz para grupos gran-
des. El acicalamiento vocal fue la solución, ya que dejaba las manos libres y posibilitaba el aci-
calamiento múltiple simultáneo. Hoy en día este acicalamiento vocal es capaz de mantener la
cohesión de grupos muy grandes. Pensemos en los discursos políticos, que suponen un acica-
lamiento vocal simultáneo de centenares de personas. Para Dunbar el paso del acicalamiento
manual al vocal apareció con el Homo erectus, alrededor de hace dos millones de años. La pro-
puesta de Dunbar es muy interesante para el debate de la continuidad, porque por primera
vez se establece de modo preciso una cierta continuidad entre el lenguaje humano y el animal.

• La teoría del “la-la-la”

El propio O. Jespersen pensaba que el factor responsable del lenguaje humano, si existía un
único factor al que se pudiera atribuir, surgiría del lado romántico de la vida: sonidos aso-
ciados con el amor, el juego, los sentimientos poéticos y quizá, incluso, la canción. Pero, de
nuevo, aún sería preciso explicar la diferencia entre los aspectos emocionales y racionales de
la expresión hablada.
Habitualmente, se opina que los aspectos lúdicos del lenguaje son exaptaciones poste-
riores a la adaptación inicial del lenguaje para la representación del conocimiento o la comu-
nicación. Sin embargo, el sustrato emocional que hemos visto en la teoría anterior junto a
funciones básicas en el mundo animal como el mantenimiento y refuerzo de lazos emocio-
nales y de dominio dentro del grupo así como de las relaciones de cortejo, constituye un
conjunto de elementos que sin lugar a dudas hay que tener en cuenta en el estudio del ori-
gen y la evolución del lenguaje humano.
En general, podemos formular la siguiente pregunta fundamental respecto de la causa
final de la evolución del lenguaje humano:

¿Cuál es la función original del lenguaje humano?

Cada una de las propuestas analizadas en estas teorías tiene una contestación diferente
de esta pregunta.

• Es la transmisión de información
• Es el establecimiento y mantenimiento de relaciones sociales
• Es la necesidad de la expresión de las ideas, las emociones y los sentimientos del ser
humano

Además de esto, la facultad lingüística humana, una vez desarrollada, pudo utilizarse
por exaptación para otras muchas finalidades típicas de las sociedades humanas.

122
¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

IDEAS FUNDAMENTALES

El problema de Humboldt: ¿cómo se caracteriza el conocimiento del lenguaje humano?

• Los sistemas humboldtianos y principio particulado de los sistemas autodiversificantes.


• Las operaciones combinatorias y las reglas gramaticales.
• Reglas gramaticales sensibles a la estructura lingüística.
• El problema de Platón: ¿cómo se adquiere el conocimiento del lenguaje humano?
• El Mito de la caverna y el desarrollo de la facultad humana del lenguaje.
• Sistema complejo adaptativo (SCA).
• La lengua-I, el sistema individual de lenguas-I, las poblaciones de lenguas-I y las pobla-
ciones de poblaciones de lenguas-I como SCA.
• La adquisición del lenguaje como un SCA.

El problema de Descartes: ¿cómo se hace efectiva la competencia lingüística?

• El problema de la interrelación entre el mundo conceptual y el mundo físico.


• El carácter recursivo del conocimiento lingüístico.
• Teoría de la mente y grados de intencionalidad.
• Cosificación de sucesos y subordinación sustantiva.
• Cualificación de sucesos y subordinación adjetiva.

El problema de Broca: ¿cómo se localiza cerebralmente la competencia lingüística?

• Área de Broca, área de Wernicke y fascículo arcuato.


• El modelo de Wernicke de la actividad lingüística cerebral.

El problema de Darwin: ¿Cómo surgió y evolucionó la facultad humana del lenguaje?

• Variación individual y selección natural. Adaptación por selección natural.


• Enjutas y exaptación.
• Facultad del lenguaje en sentido amplio (FLA), facultad del lenguaje en sentido estrecho
(FLE).
• Componentes sensitivo-motor y conceptual-intencional.
• Teorías sobre el origen del lenguaje: guau-guau, ding dong, ¡ay-ay!, ¡aúpa!, la-la-la.

123
Cuestiones clave de la Lingüística

ACTIVIDADES

1. En el primer apartado de este capítulo hemos visto frases euskéricas como umearen zapa-
tak ‘ los zapatos del niño’; a la vista de los siguientes ejemplos, formule una regla con
especificaciones paramétricas que den cuenta de la posición del complemento nominal
en castellano y euskera:

umea-ren zapatak, Koldo-ren autoa


Los zapatos del niño’ Koldo-de coche
niñoel-de zapatos ‘ El coche de Koldo’

Filma-ren zuzendaria Laguna-ren etxe-a


filme-de director amigoel-de casa-la
‘Director del filme’ ‘La casa del amigo

Egun-eko gai-a Etxe-ko ardo-a


día-de tema-el casa-de vino-el
‘El tema del día’ ‘El vino casero’
Eliza-ko isiltasun-a Eliza-ren isiltasun-a
iglesia-de silencio-el iglesia-de silencio-el
‘El silencio de (que hay en) la iglesia’ ‘El silencio de (que guarda) la iglesia’

2. Considere el argumento de la película Matrix (L. y A. Wachowski, 1999) y relaciónelo con


el Mito de la caverna de Platón, poniendo de manifiesto sus semejanzas y sus diferencias.

3. Algunas veces no somos capaces de pronunciar una determinada palabra, lo que cono-
cemos como el fenómeno denominado tener en la punta de la lengua. Intente averiguar
lo máximo posible sobre este fenómeno de actuación y busque otros fenómenos análo-
gos que tienen que ver con la actuación lingüística.

4. Sobre la base de este billete de metrobús analice todo el razonamiento que hay que rea-
lizar para interpretar adecuadamente las palabras y frases que aparecen según el princi-
pio de la subdeterminación lingüística:

Figura 3.20. Un billete de transporte.

124
¿Cómo realizan las lenguas habladas la facultad del lenguaje?

Enumere las partes del cuerpo humano que intervienen en el habla oral y señada y deter-
mine cuál parece ser su función principal.

cavidad nasal paladar

alvéolo cavidad bucal

velo

nariz úvula

dorso de
labios la lengua
cavidad
faríngea
dientes epiglotis

cuerpo de cuerdas
la lengua vocales
ápice de la
lengua laringe
glotis

Figura 3.21. Órganos del habla


(http://paginaspersonales.deusto.es/airibar/Fonetica/Apuntes/02.html).

Lecturas recomendadas

G. Lorenzo González, Comprender a Chomsky. Introducción y comentarios a la filosofía chomskyana


sobre el lenguaje y la mente. Madrid: Antonio Machado, 2001.
S. Pinker, El instinto del lenguaje. Cómo crea el lenguaje la mente. Madrid: Alianza, 2012.
Ch. Kenneally, La primera palabra. La búsqueda de los orígenes del lenguaje. Madrid: Alianza, 2009.

125
4
¿Cómo realizan las lenguas señadas
la facultad del lenguaje?

4.1. Introducción

Cada vez va siendo más frecuente la aparición de las lenguas señadas en los manuales de lin-
güística. La importancia del estudio de las lenguas señadas, habitualmente usadas por per-
sonas con sordera, aunque puedan ser aprendidas y utilizadas también por las personas oyen-
tes, radica en un hecho fundamental. En la actualidad no hay duda alguna de que las lenguas
señadas son manifestaciones directas de la facultad humana del lenguaje, igual que las len-
guas habladas. Dicho de otro modo, las lenguas señadas no son una especie de sustituto de
las lenguas habladas, ni se crean y usan a partir de ellas, sino que están formadas y desarro-
lladas de acuerdo con los principios fundamentales de la facultad lingüística humana, que
las determinan tanto como las lenguas orales. Por ello es muy importante distinguir la seña-
ción o realización mediante señas de una lengua oral, que tiene un claro carácter secunda-
rio respecto de ésta y una lengua señada natural primaria, totalmente independiente de una
lengua oral o hablada concreta.
Antes de seguir adelante conviene distinguir tres fenómenos diferentes:

• Los alfabetos dactilológicos


• La señación de lenguas habladas
• Las lenguas señadas

Empecemos por los alfabetos dactilológicos. Existe una serie de alfabetos manuales en
los que a una conformación concreta de la mano se asocia un fonema o letra de una lengua
oral.
Los alfabetos manuales o dactilológicos son formas de notar, mediante configuraciones que
adopta la mano, las diversas letras de la escritura de una lengua natural hablada concreta. He
aquí el alfabeto dactilológico de los sordos en España (A. Herrero Blanco, 2009: 37).

127
Cuestiones clave de la Lingüística

Figura 4.1. Alfabeto dactilológico español


(Herrero Blanco, Á. [2009], Gramática didáctica de la lengua de signos española
[LSE], Madrid: SM y Fundación CNSE, p. 37).

Este alfabeto se utiliza en la lengua señada española (LSE) para deletrear determinados
nombres propios, pero no constituye la lengua señada propiamente dicha, ya que las lenguas
señadas no son una transcripción mediante gestos manuales de las expresiones habladas o escri-
tas de las lenguas orales correspondientes de los países o regiones donde se usan; es decir, no
son lenguas orales señadas. Los alfabetos dactilológicos son convencionales y difieren según
las lenguas habladas que transcriban. He aquí el alfabeto dactilológico británico (figura 4.2).
La historia de los alfabetos manuales es mucho más dilatada que la de la notación escri-
ta de las lenguas señadas y podría incluso remontarse a las primeras manifestaciones artísti-
cas de la humanidad.
Existe también el fenómeno de la señación de las lenguas habladas, es decir, de la trans-
cripción mediante señas manuales de una lengua hablada concreta. Esta transcripción se
puede realizar mediante un alfabeto dactilológico, pero es más habitual que se realice median-
te señas que transcriben directamente las palabras de la lengua oral correspondiente.
A. Deumert (2000: 424) aporta el siguiente ejemplo, que ayudará perfectamente a dis-
tinguir una lengua señada de la señación de una lengua hablada. Se traduce la oración ingle-
sa tha cat jumps on the ball (‘el gato salta sobre la pelota’) a la lengua señada británica (LSB)
y a un inglés señado, en el que a cada palabra de la frase inglesa correspondiente se le aso-
cia un gesto determinado:
The cat jumps on the ball
‘el gato salta sobre la pelota’

128
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

Figura 4.2. Alfabeto dactilológico británico (D. Crystal [1994], Enciclopedia del
lenguaje de la universidad de Cambridge. Madrid, p. 225).

Figura 4.3. Inglés señado (Deumert, A. [2000], “The Sociolinguistics of Sign


Language”, en Mesthrie, R. et al. [2000], Introducing Sociolinguistics.
Edimburgo: Edinburgh University Press, p. 424).

Figura 4.4. Lengua señada británica (LSB) (Deumert, A. [2000] “The Sociolinguistics
of Sign Language”, en Mesthrie, R. et al. [2000] Introducing Sociolinguistics.
Edimburgo: Edinburgh University Press, p. 424).

129
Cuestiones clave de la Lingüística

Podemos observar en las figuras 4.3 y 4.4 cómo en la lengua inglesa señada cada seña
se corresponde con una palabra o morfema del inglés, mientras que en la lengua señada bri-
tánica (LSB) se aprecia una estructura completamente diferente, por más que compartan
alguna seña concreta. Mientras que la expresión en inglés señado se compone de siete ges-
tos manuales, la que se corresponde en LSB sólo tiene tres gestos manuales. En inglés oral
y señado, el sujeto precede al verbo y el complemento de lugar aparece al final. En la len-
gua señada británica (LSB) primero aparece el complemento de lugar, luego el sujeto y des-
pués el verbo. La estructuración sintáctica del inglés oral y señado es, pues, diferente, de la
sintaxis de la LSB. Por tanto, la LSB no es una mera transcripción o realización mediante
señas de la lengua inglesa oral. Lo mismo puede decirse de la lengua señada española res-
pecto del español o de la lengua señada francesa respecto del francés.

4.2. Las lenguas señadas como manifestación directa de la facultad humana del lenguaje

A partir del influyente trabajo de W. C. Stokoe (1960), que mostró que las lenguas señadas
tenían una doble articulación similar a la de las lenguas habladas, empieza a abrirse paso
entre los lingüistas la idea de que las lenguas señadas no son meros sucedáneos pantomími-
cos de las lenguas habladas, sino lenguas naturales plenamente desarrolladas y determina-
das por la facultad del lenguaje humano. Este reconocimiento se ve en las siguientes pala-
bras de N. Chomsky:
“Aunque está muy especializada, la facultad del lenguaje no está atada a modalidades
sensoriales específicas, al contrario de lo que se suponía no hace mucho. De este modo, la
lengua de señas de los sordos es muy similar estructuralmente a la lengua hablada y el pro-
ceso de adquisición es muy similar.” (N. Chomsky “Language as a Natural Object” en
N. Chomsky, New horizons in the study of language and mind, CUP, 2000: 121)

La actitud de Chomsky es inequívoca respecto de las lenguas señadas. Primero sitúa muy
acertadamente el déficit, no en los usuarios de las lenguas señadas, sino en los que no las
entienden:
“En primer lugar, tengamos cuidado al referirnos a la gente sorda. Si los sordos han
desarrollado una lengua señada, no hay déficit intelectual alguno. Muchos de los que no son
sordos piensan que la gente sorda tiene déficits porque no entienden su lengua.” (N. Chomsky,
Language and problems of knowledge. The Managua lectures. Cambridge, 1988: 196).

En segundo lugar, insiste en que las lenguas señadas son manifestaciones de la facultad
lingüística humana:

“Hay mucho que decir sobre estos conceptos [los componentes que toman parte
en el significado de las palabras]. Aparecen en las lenguas habladas normales de una
manera muy interesante y también aparecen en lo que se denomina lenguas señadas, es
decir, las lenguas que usan el movimiento físico diseñado por las personas sordas, pero
que usan movimientos y la forma de la mano en vez de las palabras orales. Tienen una

130
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

estructura muy parecida a las lenguas habladas naturales y casi con toda certeza se basan
en el mismo módulo lingüístico. Estos sistemas también utilizan conceptos como inten-
ción u objetivo, etcétera.” (N. Chomsky, 1988: 192).

Estas ideas están empezando a ser recogidas en los manuales de lingüística:

“Debemos concluir que las profundas similitudes estructurales entre las lenguas
señadas y las lenguas habladas, que incluyen no solo los principios básicos de su orga-
nización, sino el proceso específico de su desarrollo, las regiones cerebrales asociadas a
su control y muchos otros rasgos, no pueden ser el simple resultado de una historia com-
partida ni tampoco las consecuencias necesarias de la modalidad articulatoria/acústi-
ca/auditiva de la lengua hablada. En vez de ello, tienen que derivarse de una biología
compartida.” (S. R. Anderson y D. Lightfoot, The language organ, CUP, 2002: 218)

A la vista de lo anterior parece claro que hoy en día no se puede estudiar la facultad lin-
güística humana excluyendo de ese estudio las lenguas señadas. De hecho, en los modelos
teóricos actuales sobre la organización de las lenguas humanas ya se tiene en cuenta este
importante hecho.
La evolución del lenguaje humano supone el surgimiento de un sistema combinatorio recur-
sivo, como el que hemos visto en el capítulo tercero. Este sistema parece ser independiente de
la modalidad (hablada/señada), tal como ha observado Chomsky en diferentes ocasiones:

“El surgimiento de la combinación [merge] ilimitada en la historia evolutiva huma-


na proporciona lo que ha sido denominado “lenguaje del pensamiento”, un sistema
generativo interno que construye pensamientos de riqueza y complejidad indetermina-
das, explotando recursos conceptuales ya existentes o que pueden desarrollarse gracias
a la disponibilidad de las expresiones estructuradas. Si la relación con las interfaces es
asimétrica, como parece ocurrir, entonces la combinación ilimitada proporciona solo
un lenguaje del pensamiento, y la bases para los procesos anejos de exteriorización.
Hay otras razones para pensar que algo así podría ser real. Una de ellas es que la
exteriorización parece ser independiente de la modalidad sensorial, tal como ha podido
averiguarse a partir de los estudios de las lenguas de señas en años recientes.” (N. Chomsky,
“Opening remarks”, en M. Piatelli-Palmarini, J. Uriagereka y P. Salaburu (eds.) Of Minds
and Language. CUP, 2009: 29)

Esto quiere decir que la exteriorización o expresión física del lenguaje es un proceso
secundario:

“Hay razones independientes que apoyan la conclusión de que la exteriorización es


un proceso secundario. Una de ellas es que la exteriorización parece ser independiente
de la modalidad, tal como ha podido determinarse en los estudios recientes sobre las
lenguas de señas. Las propiedades estructurales de las lenguas de señas y habladas son
llamativamente similares. Además, la adquisición sigue el mismo curso en ambas y la
localización neuronal parece también similar. Todo ello contribuye a reforzar la idea de
que el lenguaje está optimizado para el sistema del pensamiento, siendo la modalidad
de exteriorización algo secundario.” (R. Berwick y N. Chomsky “The Biolinguistic Pro-

131
Cuestiones clave de la Lingüística

gram: The Current State of its Development”, en A. N. di Sciullo y C. Boeckx (eds.)


The Biolinguistic Enterprise. New Perspectives on the Evolution and Nature of the Human
Language Faculty. OUP, 2011: 32)

El hecho comprobado de que las lenguas señadas se crean de forma espontánea como
las lenguas naturales habladas es también un indicio de que la facultad lingüística es inde-
pendiente de la modalidad:

“Casos como el de la lengua señada nicaragüense o la lengua señada beduina Al-


Sayyid –más demostrativos que los criollos hablados, ya que no hay ningún tipo de
influencia de un sustrato o superestrato– demuestran sin ninguna duda que hay algo
más en la adquisición del lenguaje que meras correlaciones estadísticas de datos perci-
bidos. Tales casos muestran que la cuestión central para los científicos cognitivistas ya
no puede ser si hay o no una predisposición a desarrollar una lengua –una expresión
que prefiero a “adquisición de una lengua”, porque “adquisición” sugiere una perspec-
tiva de lengua-E (exteriorizada), ya que da la impresión de la captación de algo que está
fuera del propio cerebro–, sino, más bien, qué es lo que incluye esta predisposición.”
(C. Boeckx, Language in Cognition. Oxford, 2010: 45)

Como vemos, el reconocimiento de que las lenguas señadas son manifestaciones direc-
tas de la facultad lingüística humana tiene muy profundas repercusiones sobre la forma en
cómo concebimos, estudiamos y explicamos esa facultad. Ello debería conllevar una revi-
sión profunda de toda la teoría lingüística actual.

4.3. Los prejuicios de las lenguas señadas

Las lenguas de gestos manuales y corporales utilizadas habitualmente por las personas con
sordera han sido objeto de una serie de prejuicios no científicamente justificados y, por esa
razón, han sido habitualmente marginadas en los estudios de lingüística general.
Las lenguas señadas que habitualmente usan los sordos para comunicarse entre sí son len-
guas naturales completamente desarrolladas gramaticalmente y no son meras representaciones
visuales de las lenguas habladas de los países correspondientes, tal como hemos dicho antes.
De este modo, la lengua señada española (LSE) no es una representación del español median-
te gestos, sino una lengua completa con su propia gramática, léxico y semántica.
Las lenguas señadas, que se ha demostrado sin lugar a dudas que tienen un grado de
desarrollo gramatical similar al de las lenguas habladas y una naturaleza fisiológica también
equiparable a la de éstas, son, por tanto, lenguas de pleno de derecho que habrían de ser tra-
tadas como las lenguas habladas. Sin embargo, es claro que estas lenguas se encuentran en
general marginadas y olvidadas en las sociedades en las que se usan, aunque gocen en algu-
nos casos de cierto reconocimiento oficial.
La falta de atención a las lenguas señadas está fundamentada en una serie de prejuicios
que vienen de muy antiguo y que se han demostrado falsos. Las lenguas señadas se asocian
al déficit de la sordera y, por tanto, se relacionan con un defecto o deficiencia. Pero las len-

132
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

guas señadas no son lenguas que hayan de relacionarse con deficiencia alguna. El hecho de
que en general sólo las personas sordas usen las lenguas señadas no se debe a que estas len-
guas no puedan ser usadas por las personas oyentes, sino a que las personas oyentes no han
tenido en general interés por aprender estas lenguas para comunicarse con las personas con
sordera. Las personas sordas no pueden habitualmente utilizar las lenguas orales, por sus
características fisiológicas, pero las personas oyentes sí pueden utilizar las lenguas señadas.
Es más, las personas oyentes pueden usar las lenguas señadas para comunicarse en silencio
entre sí, con la misma facilidad y efectividad que usan las lenguas orales, siempre y cuando
dominen esas lenguas señadas suficientemente. Por consiguiente, el hecho de que las len-
guas señadas se usen casi exclusivamente por parte de las personas sordas no significa que
estas lenguas hayan de asociarse a un déficit auditivo. Se debe a un hecho social: la sociedad
ha tenido poco o ningún interés en aprender las lenguas señadas que usan las personas sor-
das, porque se ha considerado erróneamente que las lenguas señadas incumben exclusiva-
mente a las personas con sordera.
Como señalábamos antes, las diversas lenguas que usan los sordos en Europa no son
transcripciones visuales de las correspondientes lenguas orales y, por tanto, de igual modo
que la LSE no es una transcripción gestual del español, la lengua señada alemana no es una
transcripción visual del alemán. Otra característica de las lenguas señadas es que son tan
diferentes entre sí como las lenguas orales: la LSE es muy distinta de las otras lenguas seña-
das europeas y una persona que sepa señar LSE no sabe señar ni entiende la lengua señada
alemana, a no ser que la estudie, tal como ocurre con las lenguas orales.
Vamos a ver ahora algunas señas relacionadas con el tiempo atmosférico en la lengua
señada española (LSE) y en la lengua señada americana (LSA):

WEATHER

TIEMPO ATMOSFÉRICO

Figura 4.5. Tiempo atmosférico en LSE y en LSA (http://www.dummies.com).

THUNDER

TRUENO

Figura 4.6. Trueno en LSE y en LSA (http://www.dummies.com).

133
Cuestiones clave de la Lingüística

CLOUDY

NUBOSO

Figura 4.7. Nuboso en LSE y en LSA (http://www.dummies.com).

WINDY

VENTOSO

Figura 4.8. Ventoso en LSE y en LSA (http://www.dummies.com).

Observamos similitudes y diferencias entre las dos lenguas señadas. La seña para tiem-
po atmosférico es diferente en LSE y LSA. En la primera es una seña unimanual y en la segun-
da es una seña bimanual. En el caso de trueno encontramos en LSE una seña hecha con una
sola mano y en LSA una seña bimanual. La primera fase de ambas señas es idéntica, pero
cambia la localización de la segunda parte de la seña y la utilización de las dos manos en la
LSA. En el caso de nuboso observamos que se trata de dos señas bimanuales pero con con-
figuración manual, orientación, localización y movimiento diferentes. En el caso de vento-
so encontramos dos señas muy similares.
C. Valli y C. Lucas (2000: 6) nos dan el siguiente ejemplo que muestra cómo la seña
para estudiante difiere de modo radical en tres lenguas señadas: la americana (LSA), la ita-
liana (LSIT) y la tailandesa (LSTAI):

LSA LSIT LSTAI


Figura 4.9. Estudiante en LSA, LSIT y LSTAI (Valli, C. y C. Lucas [2000],
Linguistics of American Sign Language. An introduction. Washington:
Gallaudet University Press, p. 6).

134
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

Lo fundamental del signo lingüístico, de la asociación entre significante y significado,


es que esa unión es convencional, depende de un acuerdo implícito en una comunidad lin-
güística determinada. Se puede observar que las lenguas señadas, como las habladas, pre-
sentan la propiedad del carácter convencional de los signos lingüísticos, por más que muchas
veces las señas imiten o adopten la configuración visual de algún objeto concreto. Esto se
puede apreciar perfectamente si, siguiendo un ejemplo ya clásico, en los manuales, compa-
ramos el significante de árbol en tres lenguas señadas diferentes.
Veamos cómo se seña árbol en esas tres lenguas señadas diferentes.

Figura 4.10. Árbol en lengua señada americana (LSA), lengua señada danesa (LSD);
Lengua señada china (LSCH) (M. Deuchar “Spoken and sign language”, en
A. Lock y Ch. R. Peters [eds.] [1997], Handbook of Human Symbolic Evolution,
Oxford, p. 561).

Lo importante es comprobar que, aunque las tres señas tienen un carácter icónico, pues
reflejan la forma de un árbol de una manera u otra, son puramente convencionales, dado que
dependen de la lengua señada implicada. Las señas de esta palabra de la LSA y de la LSCH son
muy diferentes y, sobre todo en el segundo caso, sólo después de conocer lo que significa el sig-
no podemos justificar que pone de manifiesto una similitud con lo denotado. En cada caso, se
selecciona de modo convencional la parte de la imagen de árbol cuya forma se emula.
Por otro lado, en las lenguas señadas también hay signos, como ocurre en las lenguas
habladas, que no se corresponden con imagen alguna, para denotar elementos abstractos
como propiedades, cualidades y acciones que no se realizan mediante un objeto visualmente
identificable. Veamos cómo se seña en la LSE el adjetivo inconstante:

Figura 4.11. El adjetivo inconstante en la LSE (M. S. Nieto Castro y otros [2007],
Apuntes de Introducción a la Lengua de Señas Española, Madrid-ECV, p. 45).

135
Cuestiones clave de la Lingüística

Es muy poco probable que alguien que no haya estudiado LSE pueda deducir el signi-
ficado de esta seña, aunque conozca otra lengua señada diferente.
Desde el punto de vista del investigador T. Deacon, las lenguas señadas también tienen
carácter simbólico en el sentido en el que este autor define el simbolismo. Que algunos aspec-
tos de la forma de los signos manuales tengan un carácter icónico no sólo no pone en duda
la afirmación anterior sino que también confirma la idea de que el simbolismo se asienta en
última instancia en la iconicidad. Estas son las palabras del propio autor al respecto:

“Ha habido, en un determinado momento, un debate acalorado acerca de si los sig-


nos manuales de la lengua señada americana (LSA) son icónicos o simbólicos. Muchas
señas parecen semejar pantomimas o parecen ‘describir’ o señalar gráficamente a aque-
llo que se representa, y algunos investigadores han sugerido que su significado era ‘pura-
mente icónico’ y, por implicación, diferente del de las palabras. La LSA es una lengua
y sus elementos son tanto simbólicos como similares a los de las palabras en todos sus
aspectos. El hecho de que se puedan interpretar de modo icónico o indicial en modo
alguno disminuye la capacidad de estos signos para ser interpretados también simbóli-
camente. Estos modos de referencia no son alternativas mutuamente excluyentes; aun-
que en algún momento puede que sobresalga alguno de estos modos, los mismos sig-
nos pueden ser iconos, índices y símbolos dependiendo del proceso interpretativo. Pero
las relaciones entre iconos, índices y símbolos no son simplemente un asunto de inter-
pretaciones alternativas. Están, en cierta medida, relacionadas entre sí internamente.”
(T. Deacon, The Symbolic Species, Penguin, 1997: 72).

Por consiguiente, el carácter icónico de muchas señas de las lenguas señadas en ningún
momento anula el carácter simbólico convencional que es común a las lenguas habladas y
a las señadas.

4.4. El nombre de las lenguas señadas

A menudo estas lenguas se denominan en España como lenguas de signos, aunque sería mucho
más apropiado utilizar el término seña para decir lenguas de señas o para hacer énfasis en el
carácter dinámico de las lenguas naturales humanas, lenguas señadas frente a lenguas habladas.
La razón que indica que el término lenguas de signos es inapropiado radica en que las
lenguas orales son también lenguas de signos mientras que la palabra seña suele utilizarse en
una de sus acepciones como en hablar por señas para hacer referencia al uso de signos manua-
les para la comunicación lingüística o en hacer señas para indicar que se utilizan gestos o ade-
manes con el fin de expresar algo.
La palabra signo tiene una raigambre grande en los estudios de lingüística, de manera que
el concepto de signo lingüístico aparece siempre en los manuales y diccionarios de lingüística
como un elemento esencial de esta ciencia. Habitualmente, se dice que la palabra es el signo
lingüístico por excelencia y que consta de dos caras inseparables: el significante y el significado,
tal como los denominó el lingüista suizo Ferdinand de Saussure (esto lo podemos ver en el
número §1 del capítulo primero de la primera parte de su famoso Curso de Lingüística General)

136
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

Por signo lingüístico entendemos una relación formal entre un significante: elemento que
se realiza materialmente (ya sea auditiva o visualmente) y un significado: un elemento de
naturaleza conceptual (concepto, imagen mental o idea). Esta relación se suele expresar
mediante el siguiente diagrama:

SIGNO LINGÜÍSTICO

SIGNIFICADO

SIGNIFICANTE

Figura 4.12. El signo lingüístico.

Cuando queremos expresar visualmente un signo lingüístico como el que corresponde


a casa, se recurre a determinadas figuras para indicar el significante y el significado de ese
signo concreto, tal como vemos en las representaciones siguientes. La primera pertenece a
la lengua española y la segunda a la lengua señada catalana (LSC):

/KÁSA/
MB: MB /31 - 31 / bs. ds.

Figura 4.13. El signo lingüístico casa en la lengua española


y en la lengua señada catalana.

En el caso de casa, una forma de representar el significado es mediante el dibujo de una


casa. Hay que tener en cuenta que el dibujo en cuestión no es el significado del signo casa
sino una representación convencional no lingüística de ese elemento conceptual.
Para denotar el significante se utiliza la transcripción fonológica /kása/ de la palabra en
el caso de la lengua española. En general, no hay sistemas de escritura para las lenguas seña-
das, pero eso no quiere decir que no se pueda usar la escritura para indicar el significante de

137
Cuestiones clave de la Lingüística

las señas de las lenguas señadas. La notación que vemos en este ejemplo es la de J. Perelló y
J. Frígola (1998: 62). Da cuenta de los movimientos manuales que hay que efectuar para
señar casa en LSC. Veamos la explicación de esta notación:

MB: MB = mano extendida, palma hacia abajo, plana, dedos juntos (para ambas
manos)
31- 31 = las yemas de los dedos de las dos manos entran en contacto
bs = las dos manos hacen mismo movimiento simétricamente respecto a la línea
media
ds = movimiento descendente

En la seña para casa de la LSC se unen las dos manos extendidas con las palmas hacia
abajo uniendo las yemas para formar un tejado y luego se separan y se mueven hacia abajo
para formar las paredes.
Estos dos signos lingüísticos que significan casa en la lengua española y en la LSC no
son tan distintos respecto del significante como pudiera parecer a primera vista, dado que,
en realidad, los fonemas de /kása/ están asociados con una serie de movimientos de la len-
gua, gestos linguales, necesarios para producir primero una oclusión velar (/k/) y luego un
estrechamiento entre los alveolos de los incisivos superiores y la punta de la lengua (/s/).
Igual que las manos tienen que entrar en contacto y luego moverse en el caso del signo
manual de la palabra casa en la LSC, el dorso de la lengua ha de ponerse primero en con-
tacto con el paladar posterior (/k/) y luego desplazarse hacia delante para provocar un estre-
chamiento en la parte anterior de la boca (/s/).
Todo esto lo podemos indicar mediante los siguientes dos esquemas del signo lingüís-
tico oral casa de la lengua española y el signo lingüístico manual casa de la lengua señada
catalana, que ya vimos en el capítulo primero.

Figura 4.14. El signo lingüístico casa en la lengua española


y en la lengua señada catalana.

Vemos, pues, que tanto el español como la LSC son lenguas de signos. Las diferencias
más llamativas las encontramos en el significante de los signos. En las lenguas habladas los

138
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

significantes se relacionan con movimientos de la lengua (entre otros elementos) dentro de


la cavidad bucal; en las lenguas señadas los significantes se relacionan con los movimientos
de las manos (entre otros elementos). Por tanto, es claro que tanto las lenguas habladas como
las señadas son lenguas de signos. Las primeras son lenguas de signos orales y las segundas
son lenguas de signos manuales. Por tanto, a las lenguas habladas se las puede designar como
lenguas de signos orales y a las lenguas señadas como lenguas de signos manuales. Dado que la
palabra española señas puede significar precisamente gestos manuales como en se lo comuni-
có por señas, en vez de utilizar la perífrasis lenguas de signos manuales para referirse a las len-
guas señadas, es más cómodo e igualmente preciso hablar de lenguas de señas o lenguas seña-
das, según se quiera resaltar o no su carácter dinámico.
Por consiguiente, las lenguas naturales habladas son, sin duda, lenguas de signos igual
que las lenguas gestuales usadas por los sordos. Por ello, la expresión lengua de signos es, sin
lugar a la menor duda, adecuada para las lenguas gestuales, pero también lo es para las len-
guas habladas. Con todo, la utilización de la expresión lengua de signos para las lenguas ges-
tuales no es incorrecta, aunque, estrictamente hablando, no logra identificarlas o caracteri-
zarlas frente a las lenguas habladas.
La expresión lengua de señas referida a las lenguas de gestos usadas habitualmente por
las personas sordas y por quienes se comunican con ellas, se encuentra aceptada amplia-
mente y no parece razonable la propuesta de cambiarla o sustituirla por otra. Desde luego,
es mucho más adecuado que lenguaje de señas (es la expresión que se utiliza, por ejemplo,
en la versión española de la enciclopedia de Crystal sobre el lenguaje citada en la figura 4.2),
que se usa a veces, ya que el término lenguaje, utilizado en expresiones como lenguaje mate-
mático, lenguaje musical o lenguaje de los abanicos, abarca muchos sistemas de comunicación
muy diferentes de las lenguas naturales humanas y ello puede llevar a la creencia equivoca-
da de que las lenguas de señas son cualitativamente distintas de las lenguas habladas. Por
ello, hay que mantener el término lengua en este caso.
En esta obra se adopta la expresión lenguas señadas para referirnos a las lenguas de señas
para oponerlas a las lenguas habladas o escritas. La expresión lengua señada, como la expre-
sión lengua hablada, pone énfasis en la lengua como actividad, más que en la lengua como
conjunto estático de elementos y reglas de combinación. Esto significa que no es incorrec-
to utilizar las expresiones lenguas de señas o lenguas de signos para referirse a las lenguas seña-
das. Simplemente, significa que se ha optado por la terminología concreta que es más ade-
cuada para el enfoque del presente libro, sin que esto tenga ninguna pretensión más allá del
propio libro.

4.5. Características de las lenguas señadas

Se pueden enumerar algunas características generales de las lenguas señadas que son com-
partidas con las lenguas habladas y que proceden directamente de la facultad humana del
lenguaje y, por consiguiente, son características o exclusivas del lenguaje específicamente
humano (C. Valli y C. Lucas, 2000: 8-13).

139
Cuestiones clave de la Lingüística

He aquí una enumeración de las propiedades que se van a definir y ejemplificar de modo
breve:

Estructurales:
Creatividad
Innovación
Doble articulación
Interrelación interna
Variación y mutabilidad

Semánticas:
Universalidad
Plurisemia
Desplazamiento

Pragmáticas
Intercambiabilidad
Monitorización
Aprendibilidad
Reflexividad

PROPIEDADES ESTRUCTURALES

Creatividad

Como en el caso de las lenguas habladas, no existe ninguna restricción a priori sobre el
número de expresiones que las personas señantes pueden emitir. Las lenguas señadas, como
las orales, permiten la creación de un número ilimitado de mensajes posibles realizados
mediante la combinación de un número limitado de elementos significativos.

Innovación

Todas las lenguas humanas pueden adaptarse a las circunstancias cambiantes a través de
la innovación. Continuamente se crean nuevas expresiones y palabras para denotar elementos
nuevos. Un ejemplo claro es el de las nuevas tecnologías. Aunque las lenguas naturales que
usamos proceden de lenguas muy antiguas en las que no había palabras para los instrumentos
técnicos actuales, no hay problemas para inventar o adaptar nuevos términos para denotar
nuevos elementos. He aquí un ejemplo de las lenguas de señas referido a un concepto muy
reciente: el de página web.

140
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

Figura 4.15. Página web en LSE (www.sematos.eu).

En este caso se seña el signo W y se lleva a un marco.

Doble articulación

En las lenguas naturales, las expresiones significativas se pueden descomponer en unida-


des significativas atómicas, pero éstas a su vez se pueden descomponer en unidades más peque-
ñas, no significativas con cuya combinación podemos obtener un número muy grande de uni-
dades significativas. La primera descomposición obedece a lo que se denomina habitualmente
primera articulación del lenguaje y la segunda descomposición se denomina segunda articula-
ción del lenguaje. Veamos primero un ejemplo de una lengua hablada: el español.
Una expresión de la lengua hablada normal como:

[lakása deadéla]

PRIMERA ARTICULACIÓN

[Lakása deadéla]

[Lakása] [deadéla]

ÁTOMOS [la] [kása] [de] [adéla]

Figura 4.16. Análisis de La casa de Adela.

141
Cuestiones clave de la Lingüística

consta de dos elementos significativos inmediatos: [lakása] y [deadéla]. Pero ninguno de


esos dos elementos es atómico; cada uno se puede descomponer en dos elementos signi-
ficativos: [la] y [kása] en el primer caso y [de] y [adéla] en el segundo. La expresión [la]
es realización de un artículo y la expresión [kása] se corresponde con un nombre común.
Por su parte, la expresión [de] es una preposición y [adéla] es un sustantivo, concreta-
mente un nombre propio.
Las expresiones [kása] y [adéla] constan a su vez de elementos más pequeños que care-
cen de significado: entramos en la segunda articulación. De este modo [kása] se segmen-
ta en dos elementos [ka] y [sa] y [adéla] se segmenta en tres elementos no significativos:
[a], [de] y [la]. Las expresiones [la] y [de] constan de una sola sílaba que, como tales, no
tienen significado alguno. Por eso, hemos de distinguir el artículo [la] en [lakása] de la
sílaba [la] en el nombre propio [adéla], que no tiene significado alguno. Lo correspon-
diente cabe decir de la preposición [de] de [deadéla] y de la sílaba [de] de [adéla], que no
tiene significado alguno.

SEGUNDA ARTICULACIÓN

[la] [kása] [de] [adéla]

ÁTOMOS [la] [ka] [sa] [de] [a] [de] [la]


Figura 4.17. Análisis silábico de La casa de adela.

Conviene observar que las sílabas son átomos como unidades del habla. Los fonemas
tales como los representados por las letras <d> o <k> no son unidades del habla, sino uni-
dades de la competencia lingüística que no se pueden realizar aisladas (son impronuncia-
bles) y a cuyo aislamiento sólo se llega a través de un análisis lingüístico previo. Este análi-
sis es el que se hace cuando la oración que estamos analizando se escribe en ortografía
convencional como La casa de Adela. El hecho de que la división en letras y, por tanto, en
fonemas, es convencional y no natural se deriva del hecho de que un hablante analfabeto
no puede llevar a cabo la separación en fonemas de una expresión. Esto es razonable dado
que los fonemas no se pueden pronunciar aislados (excepto las vocales, que al poder ser
núcleo silábico, pueden pronunciarse como sílabas completas).
Pasamos ahora a las lenguas señadas. Sea por ejemplo la siguiente expresión en LSE
correspondiente a el libro está sobre la mesa:

142
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

Figura 4.18. Análisis de el libro está sobre la mesa en LSE (Herrero Blanco, Á.
[2009], Gramática Didáctica de la Lengua de Signos Española [LSE]. Madrid:
SM y Fundación CNSE, p. 254).

Esta oración se segmenta en las tres señas sucesivas que aparecen fotografiadas y que se
corresponden con libro, mesa y estar sobre. Cada uno de esos elementos son, como vemos,
significativos, por lo que estamos ante la primera articulación del lenguaje.
Cada una de estas señas puede analizarse como combinación de una serie de elementos
no significativos con cuya combinación se obtiene cada una de las señas atómicas significa-
tivas. Es la segunda articulación de las lenguas señadas.
En las señas se distinguen tres tipos de componentes:

1. keiremas: configuración de las manos


2. topemas: situación de las manos respecto del cuerpo de quien seña.
3. kinemas: movimientos de las manos.

La seña para libro que es la primera es una seña bimanual en la que tenemos el keirema
de mano extendida con los cuatro dedos juntos y el pulgar separado con las palmas apoya-
das por el lado opuesto al del pulgar. El topema es el lugar donde se realiza la configuración;
en este caso, frente al pecho. Por último, el kinema consiste en un movimiento de aproxi-
mación y separación de las palmas a partir de la configuración del keirema.
En el caso de mesa las dos palmas de las manos se sitúan (keirema) mirando hacia aba-
jo con los bordes del dedo pulgar en contacto. A partir de esta posición, se realiza un movi-
miento (kinema) de separación horizontal con un cambio de dirección hacia abajo simul-
táneo con una rotación de 45 grados de las palmas que las opone entre sí. La localización
(topema) es la misma que la seña anterior.

143
Cuestiones clave de la Lingüística

La tercera seña presenta dos keiremas diferentes. Una mano adopta la posición de la palma
extendida orientada hacia abajo y con el lado del dedo pulgar dirigido al señante y la otra mano
presenta los cuatro dedos juntos extendidos girados unos grados y el pulgar retraído sobre la
palma. Es una seña estática, en la que se coloca la segunda mano sobre la primera. La situación
de esta configuración, es decir, el topema es el mismo que el de las dos señas anteriores.
Vemos, pues, que las configuraciones manuales, los movimientos de las manos (o situa-
ción de una mano respecto de la otra) o la zona del cuerpo sobre la que se realiza la seña-
ción, que en sí mismos no tienen significado alguno, se pueden combinar de diferentes
maneras para obtener un número prácticamente ilimitado de señas significativas posibles.
Vamos a ver un caso de doble composición en la lengua señada catalana a propósito para
la seña que significa ‘aritmética’:

aritmética
aritmètica
ED:ED/19/ds.ac.s
Figura 4.19. Aritmética en lengua señada catalana
(J. Perelló y J. Frigola, 1998: 680).

Podemos observar una notación especial que usan los autores para hacer explícitos los
componentes de esta señas según la especificación keirema/ topema/ kinema.

Keiremas: ED = dedos extendidos y separados con la palma dirigida hacia detrás. Como
es bimanual tenemos la misma configuración para ambas manos, es decir, ED:ED
Topema: 19 = espacio neutro (delante del pecho)
Kinema: ds = movimiento descendente; ac = movimiento en arco. s= movimiento a sacu-
didas.

Interrelación interna

Un rasgo característico de las lenguas humanas es que puede marcarse algún tipo de
interrelación entre los elementos que constituyen una expresión lingüística. Por ejemplo, en
lenguas como el español y muchas otras, la forma del verbo está en relación con ciertas deter-
minaciones gramaticales del sujeto tales como el número o la persona; de esta manera tene-

144
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

mos: La niña juega con el lápiz y Las niñas juegan con el lápiz, en donde la forma juegan
muestra una relación sintáctica con las niñas.
Las lenguas señadas también conocen este fenómeno aunque se expresa sistemáticamente
de una manera poco habitual en las lenguas orales. El verbo concuerda con el sujeto a través de
una seña clasificatoria que depende de este sujeto. Veamos dos oraciones de la LSE:

Figura 4.20. El libro está sobre la mesa en LSE (Á. Herrero Blanco, 2009: 254).

Figura 4.21. El libro está al lado del televisor en LSE (Á. Herrero Blanco, 2009: 254).

Es fácil reconocer la primera de las señas como aquella que denota libro, a continuación
se seña el lugar; en el primer caso mesa y en la segunda oración televisor. Por último se indi-
ca la localización: encima en el primer caso y al lado en el segundo caso.
Se observa el primer lugar que el orden sintáctico es distinto en español y en la LSE, tal
como se expresa en el siguiente esquema:

Español: Sujeto verbo preposición lugar


el libro está sobre la mesa
el libro está al lado de el televisor

LSE: Sujeto lugar verbo clasificado


el libro la mesa sobre (libro+mesa)
el libro el televisor al lado (libro+televisor)

145
Cuestiones clave de la Lingüística

Lo más interesante es el predicado locativo en la LSE; al señarlo en la primera oración,


con la mano derecha se hace la seña que clasifica libro y con la izquierda la que clasifica mesa.
La situación de las dos manos indica el tipo de localización. En la segunda oración, con la
mano derecha se hace la misma seña clasificadora de los libros y con la mano izquierda se
mantiene la configuración manual de televisor. La relación locativa se expresa colando una
mano al lado de la otra. Por tanto, la seña final de cada una de las dos oraciones se corres-
ponde con el predicado locativo y contiene tres elementos: dos referidos al localizador y al
localizado y un tercero relativo al tipo de localización.
Hay lenguas habladas que presentan precisamente este fenómeno en los denominados
verbos clasificatorios, como en navajo, una lengua atabasca que se habla en los Estados Uni-
dos de América. Los verbos clasificatorios se caracterizan por que presentan un morfema de
clase que concuerda con la clase del sustantivo. He aquí un ejemplo concreto:

béésò sì-’á
dinero está-cosa redonda
‘La moneda está ahí’

béésò sì-ltsòòz
dinero está-cosa flexible
‘El billete está ahí’

Observamos que en el verbo sì ‘estar’ puede aparecer con distintos sufijos que expresan
el tipo de objeto localizado. Si se trata de una cosa redonda, se utiliza el sufijo -‘a y si se tra-
ta de una cosa alargada y flexible se utiliza el sufijo –ltsòòz. Puede comprobarse que el suje-
to en ambos casos hace referencia al concepto de dinero sin especificar si se trata de una
moneda o de un billete: esto se deduce del significado del sufijo verbal clasificatorio utili-
zado. Por tanto, lo que en español es billete en navajo se analiza en dos elementos: dinero
por un lado y objeto alargado y flexible por otro. Como vemos, el caso de la LSE que acaba-
mos de ver no difiere mucho de este ejemplo del navajo. La diferencia entre las lenguas seña-
das y habladas es que este procedimiento que parece ser poco frecuente en las lenguas habla-
das es mucho más frecuente en las lenguas señadas.

Variación y mutabilidad

Como ocurre en el caso de las lenguas habladas, las lenguas señadas presentan variacio-
nes en función de determinados factores tales como la localización o el tipo de comunica-
ción. Esta variación se puede observar en todos los niveles: fonológico (configuraciones
manuales), morfológico, sintáctico y léxico. En el ejemplo siguiente vemos diversas formas
de señar birthday ‘cumpleaños’ en la lengua señada americana según las regiones:

146
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

BIRTHDAY BIRTHDAY BIRTHDAY

Figura 4.22. Birthday ‘cumpleaños’ en LSA (C. Valli y C. Lucas, 2000: 169).

También se observan variaciones según el estilo de la señación. A continuación vemos


la forma de señar people ‘gente’ y deaf ‘sordo’ en la LSA en estilos formal e informal.

Formal sign: PEOPLE Informal sign: PEOPLE

Figura 4.23. People ‘gente’ en LSA (C. Valli y C. Lucas, 2000: 179).

Formal sign: DEAF Informal sign: DEAF

Figura 4.24. Deaf ‘sordo’ en LSA (C. Valli y C. Lucas, 2000: 179).

147
Cuestiones clave de la Lingüística

La variación es el caldo de cultivo del cambio lingüístico a lo largo del tiempo. Como
en el caso de las lenguas habladas, la variación en las lenguas señadas puede llevar a cambios
diacrónicos en los signos manuales. Veamos el ejemplo de la palabra help ‘ayudar/ayuda’ en
la lengua de señas americana: la seña de la izquierda se ha visto reemplazada por la de la
derecha:

Figura 4.25. Help ‘ayudar’ en LSA (C. Valli y C. Lucas, 2000: 13).

Como en el caso de las lenguas habladas, en las lenguas señadas el cambio puede tam-
bién surgir por la adopción mediante préstamo de una seña de otra lengua de señas. Un
ejemplo de esto consiste en la sustitución de una seña autóctona de la LSA por una seña
procedente de la lengua señada italiana (LSIT). Se trata precisamente de la seña que signi-
fica Italia:

LSA: ITALIA LSI: ITALIA

Figura 4.26. Italia en LSA y en LSIT (C. Valli y C. Lucas, 2000: 9).

148
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

PROPIEDADES SEMÁNTICAS

Universalidad

Como ocurre en el caso de las lenguas habladas, no existe una restricción evidente sobre el núme-
ro de dominios a los que se puede hacer referencia en una lengua señada: podemos hablar con
igual facilidad del mundo real, de un mundo soñado, de un mundo ideal, de un mundo impo-
sible o cualquier mundo posible, de un mundo imaginado o de un mundo futuro o pasado.
Esta propiedad se suele denominar efabilidad. En cualquier lengua humana se puede hablar o
señar sobre cualquier cosa concebible por un ser humano. Mediante un lenguaje matemático
podemos describir la realidad física e incluso realidades hipotéticas o de existencia material impo-
sible, pero parece difícil utilizarlo para hablar o escribir sobre sensaciones tan elementales como
el amor, el odio, el dolor o el placer. No es fácil expresar nuestros deseos o nuestros temores
mediante una lengua natural hablada o señada, pero sería muy difícil o quizás imposible hacer-
lo mediante un lenguaje matemático por complejo y potente que éste sea.

Plurisemia

La utilización de las mismas expresiones con distintos significados es algo muy frecuente
tanto en las lenguas habladas como en las señadas. Se utiliza el neologismo plurisemia para
diferenciarlo de polisemia que se suele reservar para denotar los múltiples significados que
puede tener una palabra (como en el caso de banco). Por ejemplo, la expresión ¿vienes a casa?
puede interpretarse, según el contexto, como una pregunta o como una petición expresada
de forma más suave que ven a casa. En la LSA pasa exactamente lo mismo (Valli y Lucas,
2000: 11), en donde se seña primero la seña de casa (HOME) y luego se seña el pronombre
tu (YOU) y todo esto se acompaña de una elevación de cejas y de un ligero movimiento de
la cabeza hacia adelante. Esto se señala mediante la siguiente expresión escrita:

q
HOME YOU

La raya superior acabada en q (por question ‘pregunta’) indica el movimiento de las cejas
y de la cabeza. Estos movimientos no manuales que acompañan a los movimientos manua-
les son el equivalente de la entonación interrogativa típica de las lenguas orales y, por tan-
to, son elementos supra-segmentales, ya que acompañan la realización manual u oral de los
elementos segmentales de los que consta la expresión. Mientras que en las lenguas orales los
movimiento de cabeza y cejas son para-lingüísticos, no expresan componentes lingüísticos,
sino emocionales, en las lenguas señadas algunos de estos movimientos son lingüísticos, tie-
nen un valor puramente distintivo. De ahí que las personas que no conocen las lenguas seña-
das a veces saquen conclusiones equivocadas sobre las actitudes y emociones de las personas
señantes.

149
Cuestiones clave de la Lingüística

La siguiente figura muestra es una representación indicativa de esta señación en LSA:

q
HOME YOU
“Are you going home?”

Figura 4.27. ¿Vas a casa? en LSA (Valli, C. y C. Lucas [2000], Linguistics of American
Sign Language. An introduction. Washington: Gallaudet University Press, p. 11).

Desplazamiento

Una característica fundamental del lenguaje humano es que nos permite hacer referencia a
situaciones distintas del presente. Podemos referirnos a lo que ya no existe pero existió e
incluso a lo que no existe pero que es posible que exista en un futuro. Incluso podemos refe-
rirnos también a cosas imposibles, que no han existido ni existirán. Esta notabilísima pro-
piedad se denomina desplazamiento y es común tanto a las lenguas de signos orales como a
las de signos manuales.
Vamos a ver dos ejemplos de este fenómeno en la lengua señada española (LSE). En pri-
mer lugar, vemos una expresión en la que se hace referencia a un acontecimiento que toda-
vía no ha tenido lugar: Ana va a dar a luz.

Figura 4.28. Ana va a dar a luz (Á. Herrero Blanco, 2009: 295).

150
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

Primero se realiza la seña que significa “dentro de poco” a la vez que se adelanta ligera-
mente la cabeza y se elevan las cejas. A continuación se realiza la seña que corresponde al
nombre propio Ana y por último se realiza la seña que significa “dar a luz”.
En segundo lugar vamos a ver cómo se puede describir en la LSE un suceso posible que
puede o no darse en un futuro inmediato: Si mañana llueve, no iré a trabajar. Se establece
primero un marco hipotético, en el antecedente del condicional (mañana llueve) y luego se
hace referencia a un hecho futuro que no se dará en caso de que ese marco posible sea haga
realidad en el día inmediatamente posterior al día en el que se seña la expresión, en el con-
secuente del condicional (no iré a trabajar):

Figura 4.29. Si mañana llueve, no iré a trabajar en LSE (Á. Herrero Blanco, 2009: 337).

En la primera línea vemos en primer lugar la seña que significa ejemplo y que aquí se
utiliza de forma gramatical como la conjunción condicional española si. En español tam-
bién se usan palabras léxicas para estos fines, por ejemplo, la palabra caso en la expresión en
caso de que también se utiliza con este matiz condicional. A continuación se realizan las señas
correspondientes a mañana y llover. Estas tres señas van acompañadas de un adelantamien-
to ligero de la cabeza y de la elevación de cejas. La última seña de la primera línea se corres-
ponde con el pronombre personal del español yo.
En la siguiente línea, vemos que se realiza primero la seña que significa trabajar, en la
segunda, la que significa ir y por último se seña la negación. La oración completa se puede
transcribir como:

EJEMPLO MAÑANA LLOVER YO TRABAJAR IR NO

Podemos comprobar en primer lugar que el orden de las cláusulas es el mismo que en
español: primero se pone el antecedente y luego el consecuente del condicional. En español
el antecedente y el consecuente están señalados mediante un entonación especial que hace
que el final del antecedente tenga una entonación ligeramente ascendente:

151
Cuestiones clave de la Lingüística

Si mañana llueve  no iré a trabajar

Pues bien, esta delimitación entonativa de la lengua española se da también en la len-


gua señada española mediante el movimiento de la cabeza y la elevación de cejas, que acom-
paña la señación del antecedente, tal como indican la raya y la flecha de la transcripción de
la oración de la LSE a la escritura.
Puede observarse también que el orden de palabras en la cláusula consecuente de la LSE
es completamente diferente del que presentan en la lengua española; de hecho es el orden
especular:

Lengua española: no+ir+trabajar


LSE: trabajar+ir+no

PROPIEDADES PRAGMÁTICAS

Intercambiabilidad

Tanto las lenguas habladas como las señadas son intercambiables: esto quiere decir que quie-
nes hablan o señan pueden a su vez recibir e interpretar expresiones que emitan otras per-
sonas. Esto ya lo vimos en el primer capítulo. Las personas que reciben e interpretan las
expresiones visuales o auditivas tienen también, normalmente, la posibilidad de emitir expre-
siones de esa naturaleza lingüística. Quienes reciben e interpretan estas expresiones pueden
actuar como agentes lingüísticos que realicen materialmente expresiones lingüísticas seña-
das o habladas.

Monitorización

La actuación lingüística, tanto en las lenguas señadas como en las habladas, está sometida a
un proceso de observación o vigilancia que permite que quienes la producen puedan corre-
gir o cambiar sus expresiones de acuerdo con un contexto o intenciones determinadas. Tan-
to unas lenguas como otras poseen mecanismos que posibilitan enmendar, corregir o cam-
biar lo señado o hablado. Esta propiedad parece exclusiva de la actuación lingüística humana.

Aprendibilidad

Las lenguas señadas y habladas son aprendibles en un doble sentido. Primero, los seres humanos
estamos genéticamente dotados para desarrollar, con el crecimiento y la maduración, una
competencia lingüística hablada o señada de forma espontánea en un entorno en el que las
personas adultas se comporten lingüísticamente de una determinada manera, es decir, hablen
o señen unas lenguas determinadas.
En segundo lugar, cuando llegamos a la edad adulta podemos aprender otras varieda-
des de nuestras lenguas nativas, habladas o señadas o nuevas lenguas habladas o señadas.

152
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

Además, si bien las personas sordas no pueden aprender lenguas orales, las personas oyen-
tes pueden adquirir naturalmente o aprender de adultos las lenguas señadas. Es importan-
te señalar que las lenguas señadas son tan accesibles y aprendibles para las personas oyentes
(siempre que éstas dispongan de manos y brazos) como para las personas sordas. Esta es una
demostración muy clara de que ambos tipos de lengua se fundamentan en la misma capa-
cidad lingüística humana.

Reflexividad

Tanto en el caso de las lenguas habladas como de las señadas existe la posibilidad de refe-
rirse a la propia lengua que se está utilizando. Podemos hablar o señar sobre nuestra propia
actuación lingüística y sobre nuestra propia lengua hablada o señada. Esta característica pare-
ce exclusiva del lenguaje humano.
Vamos a ver un ejemplo en el que en lengua de señas se hace una pregunta referida a
cómo se realiza la seña para amigo. Para hacer referencia a la seña se utiliza el alfabeto dac-
tilológico con las letras que se corresponden con la palabra española amigo. Es decir, se uti-
liza una lengua escrita como metalenguaje para hacer referencia a un elemento de la propia
lengua señada que se está utilizando. He aquí el ejemplo:

Figura 4.30. ¿Cómo se seña amigo? en LSE (I. C. Báez Montero [coord.], 2008: 25-26).

153
Cuestiones clave de la Lingüística

En las dos primeras líneas se utiliza el alfabeto dactilológico español para componer las
letras de la palabra amigo y en la segunda línea se realiza la seña de señar o signar y al final
se seña el adverbio interrogativo cómo. Por tanto tenemos

A-M-I-G-O SEÑAR CÓMO


¿Cómo se seña A-M-I-G-O?

La señación dactilológica de la palabra escrita <amigo> se utiliza para hacer referencia


a una palabra de la propia lengua de señas que se está utilizando y para provocar en la inter-
locutora esa seña.
En la lengua señada española se recurre en este caso para la autorreferencia a la len-
gua española escrita, es decir, a otra lengua. En la lengua española hablada ocurre algo
parecido, ya que la pregunta ¿Cómo se dice “amigo” en español? se contesta a sí misma. La
única manera de que no sea así es utilizando otra lengua, como el inglés: ¿Cómo se dice
“friend” en español? o haciendo referencia a la lengua escrita: ¿Cómo se escribe “amigo” en
español?
Esta capacidad de auto-referirse a los propios elementos de la lengua que se utiliza, que
se deriva de la propiedad de la reflexividad, parece también una posibilidad exclusiva del
lenguaje humano.
En su panorama de los estudios sobre las lenguas señadas W. Sandler y D. Lillo-Martin
(2006: 477-478) ofrecen datos muy sólidos que prueban más allá de toda duda razonable
que las lenguas señadas muestran las siguientes propiedades:

• Distinguen entre oraciones coordinadas y recursivamente subordinadas.


• Permiten la no expresión de los argumentos de un verbo siempre y cuando se pro-
duzcan ciertas condiciones sintácticas.
• Presentan el movimiento sintáctico de constituyentes, sujeto a las mismas restriccio-
nes que se observan en las lenguas habladas.
• Conocen el fenómeno de la composición morfológica; es decir combinan varias pala-
bras entre sí para formar palabras complejas.
• Distinguen claramente entre morfología flexiva y derivativa.
• Presentan sistemáticamente diversas formas de las palabras según los contextos mor-
fológicos.
• Las señas se componen de categorías organizadas de rasgos distintivos que se combi-
nan de acuerdo con una serie de restricciones precisas.
• Presentan una unidad similar a la sílaba de las lenguas orales.
• Hay alternancias fonológicas en la morfología derivativa, como ocurre en las lenguas
habladas.
• La fonología de las lenguas señadas segmenta e interpreta las expresiones a través de
un sistema prosódico con características similares a los de las lenguas habladas.
• Las lenguas señadas presentan una organización jerárquica en todos sus niveles lin-
güísticos.

154
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

Las homologías entre las lenguas señadas y las lenguas habladas se deben a que ambas
son manifestaciones directas de la facultad lingüística humana. Ahora bien, eso no quiere
decir que ambos tipos de lengua sean totalmente idénticos.
Hay, en efecto, muchas diferencias importantes entre unas y otras y esto es precisamente
lo que hace imprescindible en la lingüística general el estudio de las lenguas señadas. La
razón es evidente. Puede haber propiedades de la facultad humana del lenguaje que están
expresadas de forma patente en las lenguas señadas y de forma latente en las lenguas habla-
das y viceversa. Es decir, el estudio de las lenguas señadas nos puede hacer accesible algunas
de las propiedades de la facultad humana del lenguaje que en las lenguas habladas perma-
necen latentes y son difíciles de detectar.
Ello significa que, en el momento actual, cualquier investigación sobre la naturaleza del
lenguaje humano que deje de lado las lenguas señadas, estará irremediablemente sesgada y
será poco fiable desde el punto de vista epistemológico y fenomenológico.

4.6. Relaciones entre las lenguas señadas y las lenguas habladas

Como ya se ha observado en el apartado 4.3, las lenguas señadas no son, en modo alguno,
exclusivas de las personas sordas. Las comunidades oyentes pueden desarrollar lenguas seña-
das por diversas razones, las personas oyentes pueden adquirir naturalmente en la infancia
lenguas señadas (siempre que crezcan en un entorno en el que se usen), y, además, en las
personas bilingües en lengua oral y señada (los llamados bilingües bimodales) se dan clara-
mente fenómenos lingüísticos de contacto entre las dos lenguas. Todo ello indica que pue-
de existir una relación estrecha entre las lenguas señadas y las orales. Analizaremos los tres
aspectos señalados a continuación.
Hay comunidades humanas oyentes que, por diversos motivos, han desarrollado len-
guas señadas. A. Kendon (1987) describe el caso de la comunidad lingüística australiana de
los valpiri, que han desarrollado una compleja lengua señada que se usa en ciertos momen-
tos en los que no está permitido hablar, como en el caso de las mujeres mayores que están
de luto. También observa este autor en el artículo mencionado que, en algunas ocasiones,
se utilizan simultáneamente la lengua oral y la lengua señada, con lo que el mismo mensa-
je se puede expresar en las dos modalidades a la vez. Esto es posible porque las lenguas ora-
les y las señadas utilizan articuladores diferentes, tal como hemos visto a lo largo de las pági-
nas anteriores. Algo parecido se ha comprobado en otra comunidad australiana, la de los
yolngu (D. Adone, 2006) en donde se utiliza una lengua oral y otra señada que es aprendi-
da por las personas de esta comunidad desde su nacimiento. En este caso también se ha
observado la mezcla de la lengua oral y de señas en ciertas ocasiones en las que se utilizan
ambas lenguas simultáneamente.
Pero el caso más conocido y estudiado es el de la lengua señada india de las llanuras
(LSLLN) empleada por diversas comunidades autóctonas de América del Norte (A. R. Tay-
lor, 1996). No es una transcripción señada de ninguna de las lenguas orales de las comuni-
dades que la usan, sino una lengua estructurada como sistema primario de comunicación.
Se trata de una elaboración más o menos intencional de una lengua señada que sirve como

155
Cuestiones clave de la Lingüística

lingua franca. Esta lengua surgió antes de la ocupación por parte de las sociedades europeas y
pudo originarse por cuestiones que tienen que ver con el comercio y con el nomadismo. A
mediados del siglo XX esta lengua señada estaba presente no sólo en las llanuras septentrio-
nales de los Estados Unidos sino también en la Colombia británica y en las llanuras cana-
dienses y también era utilizada por personas sordas. Entre las personas usuarias de esta len-
gua señada se encuentran kiowas, comanches, arapahos, cheyenes, crow, piesnegros y clistenos.
Además, se ha observado que esta lengua señada no sólo se usa entre comunidades de len-
gua oral diferente, sino incluso dentro de una misma comunidad lingüística, como un sis-
tema más de comunicación. Esta lengua señada también tiene las características habituales
en las lenguas naturales, tales como la doble articulación. Como se ha visto en los casos ante-
riores, esta lengua señada se acompaña a menudo con la expresión correspondiente de la
lengua hablada del usuario o con una paráfrasis o comentario hablado.
El segundo aspecto que se ha mencionado es la posibilidad de que las personas oyentes
adquieran desde el nacimiento una lengua señada. Cuando adquieren además una lengua
hablada, entonces se producen los denominados bilingües bimodales (K. Emmorey et al.,
2005). En ese estudio se comprueba además, y pasamos ahora al tercer aspecto menciona-
do, que estos bilingües no usan los dos tipos de lengua de forma alternativa, sino que lo
hacen de forma simultánea, dando lugar a un nuevo descubrimiento que denominan los
autores combinación de códigos (code-blending) frente al cambio de código (code-switching) típi-
co de las personas que usan dos o más lenguas habladas o señadas. Esta combinación de
códigos supone la producción simultánea de palabras o frases habladas y señadas, la mayo-
ría de las cuales tienen el mismo significado, aunque se han observado también casos menos
frecuentes con producción simultánea de elementos con distintos significados. L. Ferrara y
E. Taylor (2008: 3) distinguen cuatro categorías de combinación de códigos (code blending)
ejemplificados con el inglés hablado y con la lengua señada americana (LSA):

TIPOS DE COMBINACIÓN DE CÓDIGOS

• Basada en el inglés (CCBI): las señas producidas simultáneamente con el habla no


añaden ningún significado adicional a la oración.
• Basada en la LSA (CCBLSA): las palabras producidas simultáneamente con las señas
no añaden ningún significado adicional a la oración
• Completo (CCC): la proposición completa es expresada en ambas modalidades simul-
táneamente. La expresiones no tienen por qué ser completas estructuralmente ni en
inglés ni en LSA.
• Mixta (CCM): expresión en que es necesario interpretar tanto las señas como las pala-
bras habladas para obtener sentido.

Veamos un ejemplo de combinación completa de código (CCC):

156
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

REMEMBER OUTSIDE WET


Figura 4.31. Combinación de código completa en una hablante bilingüe bimodal
(L. Ferrara y E. Taylor, 2008: 8).

Este ejemplo se analiza de la siguiente forma:

Inglés: I remember you’d walk outside and you were wet.


LSA: REMEMBER OUTSIDE WET
Traducción: “Recuerdo que caminabas fuera y estabas mojado”

En este caso la señante señó la oración completa y la pronunció simultáneamente en


inglés también de modo completo de forma que se podía entender la frase tanto en LSA
como en inglés. En este estudio, los autores (L. Ferrara y E. Tailor, 2008: 13) han compro-
bado que entre los individuos estudiados, precisamente la combinación de códigos (CC)
fue mucho más frecuente (un 95,8%) que el cambio de código, en el que las dos lenguas se
utilizan secuencialmente, y que la mezcla de código, en la que se mezclan las señas y las pala-
bras, sin que en ninguna de las dos modalidades se exprese la oración entera. Dentro del
95,8% del CC observado, un 44,6% corresponde a CCC, un 26,5% al CCBI, un 2,4% a
CCBLSA y un 22,3% a CCM. Por consiguiente, la combinación de código, es decir, la com-
binación simultánea de la lengua señada y hablada predomina y dentro de ella, la más fre-
cuente es la variedad completa en la que la oración se seña y se pronuncia completa simul-
táneamente, seguida por la mixta en la que se seña y se hablan partes complementarias de
la oración, por la combinación simultánea basada en el inglés y, en último lugar, por la basa-
da en la lengua señada.
Como vemos, el bilingüismo bimodal enriquece las posibilidades de mezcla de lenguas,
aunque unos tipos parecen tener mayor frecuencia que otros.
Todo ello muestra que las lenguas señadas y habladas son lenguas humanas afines y que
en última instancia se remontan a una misma capacidad lingüística.
Este aspecto de la posible mezcla entre las lenguas habladas y señadas fue ya compro-
bado anteriormente en un estudio sobre el contacto de lenguas en la comunidad sorda ame-
ricana, en el que se señala que el resultado tiene una unidad lingüística profunda y no es
una mera adición de elementos heterogéneos añadidos:

“Los rasgos fonológicos, morfológicos, sintácticos, léxicos y pragmáticos de dos len-


guas diferentes se producen más frecuentemente de modo simultáneo, de forma que la
asignación de partes del discurso a la lengua de señas americana o al inglés parece una
labor improductiva que no da en el clavo. El elemento clave es la creación de un tercer

157
Cuestiones clave de la Lingüística

sistema que combina elementos de ambas lenguas y puede tener además elementos idio-
sincrásicos.” (C. Lucas y C. Valli Language Contact in the America Deaf Community. San
Diego, 1992: 108, cursivas de los autores).

Como vemos, pues, las relaciones entre las de señadas y las lenguas orales ponen de
manifiesto una vez más que estamos ante lenguas humanas esencialmente afines, que pue-
den combinarse entre sí, como lenguas naturales humanas que son.

IDEAS FUNDAMENTALES

• Alfabetos dactilológicos, señación de lenguas habladas y lenguas señadas.


• Inglés señado y lengua señada británica.
• Las lenguas señadas como realización directa de la facultad humana del lenguaje.
• El lenguaje humano como sistema combinatorio recursivo.
• La exteriorización de la facultad lingüística.
• Diferencias entre las diversas lenguas señadas.
• El iconismo de las señas en diversas lenguas señadas.
• Lenguas de signos orales y lenguas de signos manuales.
• Características estructurales de las lenguas señadas: creatividad, innovación, doble arti-
culación, interrelación interna y variación y mutabilidad.
• Características semánticas de las lenguas señadas: universalidad, plurisemia y desplaza-
miento.
• Características pragmáticas de las lenguas señadas: intercambiabilidad, monitorización,
aprendibilidad y reflexividad.
• La clasificación en las lenguas señadas y habladas. Los verbos clasificatorios.
• Bilingüismo bimodal y combinación de código (code-blending) frente a cambio de códi-
go (code-switching).

ACTIVIDADES

1. Lea los siguientes textos extraídos de una enciclopedia de lingüística y haga una lectura
crítica de ellos de acuerdo con lo visto en el este capítulo.

“Se entiende que el ‘lenguaje de acción’ que se da en el niño sordo sea de una gran pobre-
za. No es apto más que para comunicar nociones relativamente concretas.” (D. Mandin,
“Le sourds-muets” en A. Martinet (dir.) Le langage. París: Gallimard, 1968: 423).

“El lenguaje mímico de los sordos no ha sido objeto todavía de un estudio exhaus-
tivo. Sin embargo parece que su sintaxis es muy elemental. […] Es el sentido de los ges-
tos lo que les hace actualizarse entre sí. A pesar de las redundancias que abundan en el
mensaje, subsisten algunos equívocos que los gesticuladores han de eliminar. La mími-

158
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

ca se deja estructurar a través del francés. Muchos alumnos sordos mayores hablan en
voz baja al mismo tiempo que gesticulan: su discurso mímico sigue por consiguiente la
dirección sintáctica de su discurso oral. […] Los diversos lenguajes mímicos […], muy
ricos en gestos imitativos, muestran grandes similitudes.” (D. Mandin, 1968: 425-26)

2. En la lengua señada española se utilizan distintas señas para indicar subir según el tipo
de cosa que experimente este proceso. Intente buscar una situación parecida en otras len-
guas habladas o señadas.

SUBIR (escaleras) SUBIR (a un sitio alto)

SUBIR (los precios)

Figura 4.32. Subir en LSE (M. A. Rodríguez González, Lenguaje de signos, 1991: 189).

3. A continuación se muestran algunas señas de la lengua señada catalana (LSC) y los sig-
nificados de las señas. Intente emparejar cada seña con su significado adecuado.

Figura 4.33. Buzón, campana, igual, escapar, tobogán en LSC


(J. Perelló y J. Frigola, 1998: 500, 501, 504 y 505).

159
Cuestiones clave de la Lingüística

4. A continuación aparece en la LSE la siguiente conversación breve:


– ¿Te apetece ir por la noche al cine?
– ¿A qué hora?
– A las once para ver la película King Kong
– Vale. ¿Compras tú las entradas?
– Sí. Las compro por Internet y nos vemos allí
Intente identificar el significado de cada seña y de cada oración.

[...]
Figura 4.34. Una conversación en LSE (Báez Montero, I. C. [coord.] [2008],
Defiéndete en LSE (Lengua de Signos Española), Vigo: Grupo Anaya, pp. 104-106).

160
¿Cómo realizan las lenguas señadas la facultad del lenguaje?

Figura 4.34. Cont.

Lecturas recomendadas

Herrero Blanco, A. (2009) Gramática Didáctica de la Lengua de Signos Española (LSE). Madrid: SM
y Fundación CNSE.
Rodríguez González, M. A. (1991) Lenguaje de signos. CNSE y Fundación ONCE. [http://www.jmu-
nozy.org/files/9/Logopedia/lengua_signos/documentos/ Lenguajedesignos-libro.pdf ]

161
5
¿Cómo se obtienen las lenguas
cultivadas a partir
de las lenguas naturales?

5.1. Introducción

Se ha podido constatar que todas las comunidades humanas elaboran intencionadamente


algunos aspectos de sus lenguas naturales, lo cual supone una actuación consciente sobre la
estructura de una lengua determinada. Lo que se obtiene de esa actuación no son nuevas
lenguas naturales, sino lenguas más o menos artificiales o artificiosas que tienen un fuerte
sustrato cultural y que en ningún caso anulan o sustituyen las lenguas naturales sobre las
que se crean. Las lenguas religiosas, mágicas e iniciáticas de muchas comunidades humanas
son ejemplos característicos. En todos estos casos, se utiliza una o varias lenguas naturales
y, mediante una serie de transformaciones intencionadas, se obtienen unas formas de hablar
y, en su caso, de escribir que se desvían marcadamente de esas lenguas naturales para, de ese
modo, señalar que se está ante un tipo de discurso especial, diferente al del habla cotidiana.
Siguiendo a W. R. Thurston (1992) en su estudio de varias comunidades autóctonas de
Nueva Bretaña, archipiélago de Nueva Guinea Papúa, se pueden diferenciar dos tipos de
discurso: uno que está orientado a la comunicación esotérica y que se da entre individuos que
se conocen y que comparten una identidad de grupo, una cultura y un entorno y otro que
está orientado a la comunicación exotérica que se lleva a cabo con extranjeros y gente a la que
no se conoce y que no comparte necesariamente los conocimientos y prácticas de la comu-
nidad que emite este tipo de discurso. La forma lingüística que se emplea en cada uno de
estos dos tipos de discurso tiene propiedades opuestas:

• Discurso esotérico: presenta una forma de habla sincrética, elíptica, fragmentaria, opa-
ca e irregular. Es fácil de entender y usar por parte de los miembros iniciados de la
comunidad pero difícil de entender por personas ajenas a ella.
• Discurso exotérico: presenta una forma de habla analítica, completa, transparente y regu-
lar. Es más fácil de entender y de usar para los extranjeros que el discurso esotérico.

163
Cuestiones clave de la Lingüística

Estos dos diferentes estilos de discurso son la base sobre la que se realizan los dos tipos
fundamentales de elaboración de las lenguas naturales. La elaboración esotérica lleva casi
siempre a la complicación de algún aspecto concreto de la lengua (fonética, morfología, léxi-
co, sintaxis o semántica) dirigida a fines rituales, estéticos o científicos. La elaboración exo-
térica tiene como fin la simplificación de algún aspecto concreto de la lengua natural coti-
diana (fonética, morfología, léxico, sintaxis o semántica) con el objetivo de hacer la lengua
más fácil de entender y usar para determinadas personas o comunidades.
He aquí los principales tipos de elaboración lingüística que pueden observarse en las
más diversas comunidades humanas, dentro de cada uno de estos dos ámbitos.

Elaboraciones esotéricas de las lenguas naturales

• Elaboración ritual de las lenguas naturales: se trata de todas aquellas modificaciones


de las lenguas naturales que se realizan para acompañar un ritual, llevar a cabo invo-
caciones o curaciones o para comunicarse con los espíritus o dioses. Constituyen for-
mas de expresión que han de ser aprendidas y enseñadas de forma consciente e inten-
cional y que sólo es adecuado usar en determinadas circunstancias. El lenguaje ritual,
mágico o religioso son ejemplos típicos de este tipo de lengua cultivada.
• Elaboración estética de las lenguas naturales: se trata de todas aquellas modificaciones
de las lenguas naturales que persiguen fines de carácter lúdico, estético o poético. Es
la forma de expresión de los cuentos o narraciones y de las canciones o recitaciones
épicas o líricas. Constituyen la base de la literatura de tradición oral, a partir de la
cual algunas sociedades han elaborado una literatura escrita.
• Elaboración científica de las lenguas naturales: se trata de todas aquellas modificacio-
nes de las lenguas naturales espontáneas que se utilizan para recoger y atesorar los
conocimientos que una comunidad va acumulando sobre su entorno. Un ejemplo de
esta modificación está en el aumento del vocabulario. Una comunidad puede enri-
quecer su vocabulario con centenares de términos que hacen referencia a elementos
del entorno natural: plantas, animales, etc.
• Elaboración escriturista de las lenguas naturales: algunas comunidades humanas han inven-
tado o, más frecuentemente, han adoptado de otra comunidad un sistema de escritu-
ra. La lengua escrita se utiliza prácticamente en todas las ocasiones para transcribir y
desarrollar una determinada elaboración de una lengua natural. De esta manera, exis-
te una lengua escrita religiosa o una lengua escrita literaria. También, este medio ha pro-
piciado la aparición de otros tipos de lengua escrita, como la lengua escrita jurídica, la
lengua escrita política estándar, asociada a una determinada institución política (nor-
malmente a un Estado), la lengua escrita filosófica o científica, entre muchas otras.

Elaboraciones exotéricas de las lenguas naturales

• Elaboración intergeneracional de las lenguas naturales: a veces se intenta adecuar un


modo de hablar a interlocutores de la comunidad que todavía no han adquirido total-

164
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

mente la lengua cotidiana. Por ejemplo, algunas veces se usa una lengua simplifica-
da para dirigirse a los niños; se trata de lo que se denomina a veces maternalés.
• Elaboración intercomunicativa de las lenguas naturales: en diversas ocasiones se simplifi-
ca una lengua para propiciar la comunicación con extranjeros que no conocen esa len-
gua; este es un fenómeno muy corriente que da origen a los sabires o pidgins, que sur-
gen cuando dos comunidades que no comparten una lengua común recurren a una
simplificación y mezcla de sus lenguas respectivas para propiciar la comunicación.
• Elaboración internacional de las lenguas naturales: también, existe, en algunas de las
comunidades que han adoptado la escritura, una serie de acciones que van dirigidas
a simplificar las lenguas naturales eliminando supuestas irregularidades e inconsis-
tencias. Estas acciones se materializan en la proposición de lenguas internacionales
de comunicación auxiliar tales como el esperanto y otras muchas.

Por tanto, la conciencia lingüística y la intervención en las lenguas para modificar su


estructura no es característica distintiva de las sociedades que conocen la escritura y es cla-
ro que el concepto de lengua estándar es un tipo de lo que hemos denominado lengua cul-
tivada que como tal lengua supone una modificación de una lengua natural consciente y
dirigida a un fin determinado.
Con respecto a las lenguas cultivadas que, como vemos, no son naturales y están cultu-
ral y socialmente mediatizadas, se pueden plantear algunos de los problemas suscitados por
su estudio de forma correspondiente a lo que hacíamos respecto de las lenguas naturales en
el capítulo 3. Igual que se hacía en ese capítulo, se ha seleccionado como emblema de cada
problema un investigador que en su trayectoria intelectual ha hecho alguna propuesta rele-
vante para el problema o lo ha planteado de una forma directa o indirecta. He aquí una enu-
meración de estos problemas:

• El problema de Jakobson: ¿Qué son las lenguas cultivadas?


• El problema de Dante: ¿Cómo se elaboran las lenguas cultivadas?
• El problema de Alcuino: ¿Cómo se hacen efectivas las lenguas cultivadas?
• El problema de Lamarck: ¿Cómo evolucionan las lenguas cultivadas?

El problema de Jakobson hace referencia a cómo establecer la esencia de las lenguas cul-
tivadas. ¿Qué rasgos diferencian de modo esencial o fundamental las lenguas cultivadas de
las naturales? El lingüista ruso Roman Jakobson formuló e intentó contestar la pregunta de
cómo caracterizar la especificidad del lenguaje poético, uno de los tipos más influyentes cul-
tural y socialmente de lengua cultivada, frente a la lengua de la vida diaria.
El problema de Dante plantea la cuestión de mediante qué procedimientos podemos
elaborar una lengua natural para conseguir unos determinados objetivos culturales. En su
obra inconclusa De Vulgari Eloquentia, Dante intentó dar una respuesta al problema de cómo
convertir la lengua vulgar de la vida cotidiana en una lengua elevada y excelsa culturalmen-
te hablando.
El problema de Alcuino radica en la cuestión de cómo se puede hacer que una lengua
elaborada culturalmente se extienda en su uso en una determinada comunidad y no sea

165
Cuestiones clave de la Lingüística

sólo una lengua usada por un estamento muy pequeño de la sociedad. Estamos ante el
problema de la enseñanza y uso de las lenguas elaboradas en las diversas sociedades que
las desarrollan. Alcuino de York (735-804) fue precisamente el brazo derecho ejecutor
de la política educativa de Carlomagno y el principal representante del renacimiento caro-
lingio.
El problema de Lamarck responde al estudio de los procesos que hacen evolucionar y
cambiar las lenguas cultivadas. Esta evolución no es natural y espontánea, sino que está diri-
gida de forma intencional a unos determinados objetivos o fines que se establecen en deter-
minadas tradiciones culturales y en determinadas sociedades. En este sentido, el tipo de evo-
lución de estas lenguas es lamarckista, no darwinista. Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829)
fue un gran naturalista francés, que ayudó a sistematizar la historia natural de su época. Este
autor formuló una primera teoría de la evolución en la que el alcance de determinados fines
u objetivos era el motor del cambio en los seres vivos. Es una teoría teleológica. De esta
manera, por ejemplo, el cuello de las jirafas fue creciendo con el fin de que estos animales
pudieran acceder a determinados tallos de los árboles fuera del alcance de otros herbívoros
de talla mucho menor. Precisamente, la evolución cultural del ser humano está determina-
da, entre otros muchos factores, por la consecución de unos objetivos a los que se intenta
llegar de forma consciente. Un ejemplo muy claro es la invención de la escritura y su con-
siguiente evolución.
Frente a la teoría teleológica lamarckista, ya hemos visto, en el capítulo 3, que la teo-
ría darwinista no es teleológica, pues la evolución no está dirigida por la consecución de
unos determinados fines preexistentes a ella, sino que se basa en la variación espontánea y
arbitraria y en la selección natural que determina la supervivencia, a través de la cual van
siendo seleccionadas y potenciadas aquellas variaciones que permiten una cierta adapta-
ción al entorno natural. Como ya hemos visto, las lenguas naturales muestran este tipo de
evolución.

5.2. El problema de Jakobson: ¿Qué son las lenguas cultivadas?

R. O. Jakobson fue un lingüista y teórico de la literatura que nació en Moscú en 1896 y que
fundó el Círculo Lingüístico de Moscú en 1914; perteneció al círculo de analistas del hecho
literario conocido como formalismo ruso. En 1920 se trasladó a Praga y fue promotor y ani-
mador del círculo lingüístico de esa ciudad. A causa de la invasión nazi, se vio obligado a
abandonar Checoslovaquia en 1939. Estuvo en los países nórdicos, pero de nuevo los nazis
le obligaron a emigrar a los Estados Unidos de América en 1941. Enseñó en las universida-
des de Columbia, Harvard y en el Massachusetts Institute of Technology.
En 1960 publica un artículo muy influyente (Jakobson, 1960) en el que intenta con-
testar la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que hace que un mensaje verbal sea una obra de arte?
Se ocupa, pues, de encontrar la especificidad lingüística del discurso literario que, a través
de una elaboración estética de los discursos cotidianos de una lengua natural, intenta crear
un producto cultural con valores estéticos.

166
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

Figura 5.1. R. Jakobson (1896-1982) (http://es.wikipedia.org).

Para encontrar esta especificidad parte del esquema de la comunicación lingüística que
vimos en el capítulo primero (apartado 1.3) y a cada elemento de ese esquema le asigna una
función lingüística específica:

REFERENTE
F. Referencial

CANAL
EMISOR MENSAJE RECEPTOR
F. Expresiva F. Poética F. Apelativa

F. Fática

CÓDIGO
F. Metalingüística

Figura 5.2. Esquema de la comunicación (http://aprendelenguaje.blogspot.com.es).

La función referencial se centra en aquella parte del mundo (real o imaginario) del que
estamos hablando. Predomina en los discursos descriptivos. Por ejemplo en una oración
como La luna es un satélite. La función expresiva se centra en el emisor y en la expresión de
sus reacciones fisiológicas o emocionales. En las interjecciones de dolor, sorpresa o alegría
predomina casi exclusivamente esta función: ¡Oh!, ¡Ay! La función apelativa se centra sobre
la persona receptora, en quien se intenta influir de una determinada manera. Por ejemplo,

167
Cuestiones clave de la Lingüística

en una oración imperativa predomina esta función como ¡Oye! que sirve para llamar la aten-
ción a una persona determinada. En la función fática existe una concentración en el canal
de comunicación: predomina esta función en aquellas expresiones que sirven para estable-
cer la comunicación a través de un canal o mantenerla. Cuando alguien nos habla a veces
repetimos …sí, …, sí… para asegurar a esa persona que el canal está abierto y funcionando.
La función metalingüística se centra sobre las unidades del código lingüístico, como
cuando preguntamos ¿se escribe con tilde la palabra ‘comen’? Nos referimos aquí a un elemento
de nuestra lengua e inquirimos sobre una peculiaridad suya.
¿Cómo se caracteriza entonces la función poética? Esta función consiste en la elabora-
ción de los mensajes verbales para que adquieran unas propiedades estéticas determinadas.
Suponen una elaboración artística de los discursos de la lengua cotidiana.
En el artículo citado, Jakobson establece la siguiente definición precisa de la función
poética del lenguaje:

“La función poética proyecta el principio de la equivalencia del eje de selección al


eje de combinación” (R. Jakobson, 1960: 360)

Para entender esta definición vamos a analizar detenidamente un ejemplo que propone
el propio Jakobson (1960: 361). Se trata de la famosa frase veni, vidi, vici ‘llegué, vi y ven-
cí’, que fue pronunciada por Julio César (100-44 a.C.) al dirigirse al senado romano en el
año 47 a.C. describiendo su victoria sobre Farnaces II del Ponto, en la batalla de Zela. Como
hacen notar M. Nänny y O. Fischer (2001), esta frase ilustra de manera breve muchos pun-
tos que son típicos del lenguaje en general y de la lengua poética en particular. He aquí algu-
nos puntos sobresalientes.
Primero tenemos una sucesión de tres verbos sin conjunciones situados en un orden
preciso que refleja de modo icónico el orden de los acontecimientos descritos. Este tipo de
iconismo lingüístico se denomina diagramático. En este sentido, la expresión lingüística se
parece en un rasgo al suceso que describe: el orden de las palabras y el orden de los aconte-
cimientos citados es exactamente el mismo.
Seguimos ahora analizando esta frase según las observaciones de M. Nänny y O. Fis-
cher (2001: 2-3).
Si examinamos la forma lingüística de los tres verbos, observamos que los tres constan de
dos sílabas formadas por una consonante y una vocal larga. La consonante de la primera síla-
ba de las tres palabras es la misma (una /v/). Este fenómeno de repetición, conocido como ali-
teración, es característico del lenguaje poético. Se señala una equivalencia fonética en el comien-
zo de las tres sílabas iniciales de los tres verbos que no sólo señala icónicamente la presencia y
protagonismo del propio César en los tres sucesos sino incluso el carácter victorioso de todo
el suceso, puesto que víncere ‘vencer’, victor ‘vencedor’ y victoria son precisamente tres pala-
bras relacionadas con la victoria. Esta posibilidad ha sido explotada posteriormente y hoy en
día hablamos de la V de victoria y extendemos los dedos índice y medio para formar con las
manos una V en señal de victoria, que es un gesto que está documentado desde el siglo XVI.
La vocal /i/ aparece en todas y cada una de las sílabas excepto en la primera sílaba de la
primera palabra, que contiene /e/. Tenemos, pues, una transformación de /e-i/ en /i-i/. Esta

168
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

transición de la /e/ a la /i/ puede simbolizar la rapidez de las acciones de César: se empieza por
una vocal más abierta (la /e/) pero se produce el cierre máximo en /i/ prácticamente desde el
principio (desde la primera palabra) lo que indica la rapidez y eficacia de la acción de César:
se consigue la /i/ de la victoria prácticamente desde el principio, nada más llegar: veni. Desde
el punto de vista de las consonantes de la segunda sílaba de cada una de las tres palabras hay
una progresiva pérdida de sonoridad: la /n/ de veni ‘vine’ tiene un mayor grado de sonoridad
por ser nasal que la /d/ de vidi ‘vi’ y ésta lo tiene mayor que la /k/ de vici ‘vencí’. Esta pérdida
de sonoridad se puede asociar con la rápida progresión hacia una victoria contundente.
Estas similitudes y repeticiones pueden inducirnos la idea de que las tres acciones fue-
ron similares, no sólo porque se produjeron con idéntica rapidez y con similar facilidad sino
también porque fueron igualmente decisivas también; mientras que la aliteración de la /v/
expresa el sonido inicial del clímax final (vici).
Veamos cómo se ilustra el principio enunciado por Jakobson. Cuando construimos ora-
ciones tenemos a nuestra disposición numerosos elementos de cada una de las categorías
sintácticas que las componen. Supongamos una oración sencilla que consta de un nombre
propio y de un verbo. El conjunto de todos los nombres propios constituye lo que deno-
mina Jakobson el eje de selección: podemos seleccionar, por ejemplo, uno de los nombres
a nuestra disposición. Todos esos nombres forman una clase de equivalencia: pertenecen al
conjunto de los nombres propios del español. Por otra parte, el conjunto de los verbos cons-
tituye otro eje de selección. El eje de combinación es aquel en el que unimos los dos ele-
mentos extraídos de los dos ejes de selección, para, en el caso sencillo que ejemplificamos,
obtener una oración como María viene, Pedro canta, Irene escribe, etc.
Pues bien, en la frase de Julio César que analizamos nos encontramos tres elementos
seguidos que pertenecen a un mismo eje de selección (el de los verbos): hemos proyectado
parte de un eje de selección en el eje de combinación.
Este sería el mecanismo, según Jakobson, que subyace la naturaleza de las lenguas cul-
tivadas de carácter poético o literario. Este tipo de lengua cultivada pertenece a un grupo de
elaboración esotérica de las lenguas naturales en el que también entran las lenguas mágicas,
religiosas o rituales, que comparten muchos rasgos con la lengua poética. Tal como señaló
el profesor F. Lázaro Carreter, estas variedades de lengua cultivada pertenecen a un nivel lin-
güístico que él denomina: lenguaje literal, definido de la siguiente manera:

“Llamamos lenguaje literal al empleado en comunicaciones que deben ser descifra-


das en sus propios términos y que así deben conservarse.” (F. Lázaro Carreter, 1976: 160)

He aquí una caracterización del mensaje literal, hecha por este autor:
“Mientras que en el caso de los mensajes ordinarios, no literales, al emisor y al recep-
tor les resultan indiferentes las características del cifrado, siempre que un empleo no
erróneo ni ambiguo del código asegure la comunicación, cuando se trata de mensajes
destinados a permanecer, el emisor presta atención especial a la técnica de cifrar. Son
literales en virtud de esa patente voluntad.” (F. Lázaro Carreter, 1976: 164)

Este lenguaje literal se opone a la lengua ordinaria de la vida diaria que no tiene por qué
ser conservada en sus propios términos:

169
Cuestiones clave de la Lingüística

“Desde la lengua ordinaria vislumbramos, pues, intuitivamente la existencia anor-


mal de otro lenguaje: el «esculpido», el emitido para (o como para) perdurar. Y desde la
lengua escrita, muchos poetas y prosistas han pretendido la imposible hazaña de pasar
a la otra, la oral de mera comunicación práctica. Es la prueba de que esas dos lenguas
existen, de que reconocemos las dos, puesto que las diferenciamos. Pero como la sus-
tancia (sonidos y letras) es irrelevante para estos efectos caracterizadores de una u otra,
lo que en realidad distinguimos son dos formas, con sus normas enfrentadas: la no lite-
ral y la literal.” (F. Lázaro Carreter, 1976: 162)

La elaboración esotérica de las lenguas entra dentro del lenguaje literal. Las formas mági-
cas y rituales de las lenguas son las que más literalidad exigen: para que surja el efecto mági-
co, religioso o curativo la fórmula que se emplea debe ser enunciada en sus propios térmi-
nos sin cambiar un solo elemento.
Como observa I. Fónagy (2001: 266-274) muchas expresiones fijas que se utilizan en
la vida cotidiana, típicas del lenguaje literal, conservan algunos aspectos del lenguaje mági-
co o ritual. Expresiones como ¡Lagarto, lagarto!, tocar madera o ¡Jesús! dicho cuando alguien
estornuda, se utilizan de forma casi inconsciente para desviar males o desgracias. Todas ellas
pertenecen al lenguaje literal y, por tanto, han de conservarse en sus propios términos si se
quiere que surtan los efectos deseados. Los actos de habla declarativos tales como Os decla-
ro marido y mujer o Les declaro inocentes, que contienen fórmulas establecidas y estereotipa-
das son también formas de magia verbal, dado que el mero hecho de pronunciarlas ocasio-
na que se produzca lo que describen.
El lenguaje literario es también literal tanto en su vertiente oral como escrita, aunque
en la tradición oral puede haber cambios y variedades de un mismo cuento, canción o poe-
ma según las diversas tradiciones orales locales, pero tanto en la forma como el contenido
se observa una fijeza que son desconocidas en el uso diario de la lengua ordinaria.
Como observa F. Lázaro Carreter, el lenguaje literal en general y el literario en particu-
lar está sometido a una serie de parámetros culturales que lo hacen muy diferente de la len-
gua cotidiana:
“La decisión del emisor acerca de qué tipo de mensaje va a cifrar ha de producirse
necesariamente dentro de los géneros que la tradición le ofrece, para reacciones contra
ella o, lo que es más frecuente, para aceptarla. A partir de ese momento, está atrapado
por el género elegido, que es uno de los condicionantes más rigurosos de la lengua lite-
ral. El proyecto de redactar una esquela mortuoria, la inscripción de una lápida, un
decreto, un reglamento está constreñido por casi inesquivables prescripciones tradicio-
nales. […] La norma literal ha ido creando un largo repertorio de constricciones y de
marcas, absolutamente necesarias para que el emisor construya y estructure su mensa-
je, y para que el receptor perciba tal estructura; constituyen el esqueleto preciso para la
perdurabilidad del texto. Frente a la norma literal, la no literal es prácticamente inver-
tebrada.” (F. Lázaro Carreter, 1976: 167-168)

Con estas palabras queda meridianamente claro el carácter culturalmente determinado


y artificial de lo que se denomina en la presente obra lengua cultivada, frente a la lengua
natural cotidiana, que usamos de forma automática en las situaciones de la vida diaria.

170
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

5.3. El problema de Dante: ¿Cómo se elaboran las lenguas cultivadas?

A principios del siglo XIV (en torno a los años 1303-1304) el excelso poeta italiano Dante
Alighieri, autor de la Divina Comedia, escribió una obra sobre el lenguaje en general y la
lengua italiana titulada De vulgari eloquentia. En este escrito se enuncia de forma explícita
la dicotomía principal que estructura el presente libro: la diferencia entre la lengua vulgar
natural y la lengua cultivada. Esta diferencia es propuesta en el siguiente famoso pasaje de
la mencionada obra. Primero Dante caracteriza lo que se denomina en el presente libro len-
gua natural y que el poeta denomina lengua común:

“Pero puesto que a cada ciencia conviene no sólo probar, sino evidenciar su propio
objeto, para que se conozca todo lo que existe sobre su contenido, afirmamos, toman-
do rápidamente una postura, que llamamos lengua común a aquella que los niños apren-
den de los que les cuidan, en cuanto empiezan a distinguir los sonidos; o bien, lo que
puede decirse con menos palabras, declaramos como lengua común la que aprendimos
sin regla alguna.” (Dante, De Vulgari Eloquentia, edición de M. Gil Esteve y M. Rovi-
ra Soler, Madrid, Palas Atenea, 1997: 55)

Figura 5.3. Dante Alighieri (1265-1321) (www.italianhistorical.org).

Aquí Dante caracteriza las lenguas naturales tal como son adquiridas de forma espon-
tánea y no dirigida (sin regla alguna) por los seres humanos en su infancia. Estas lenguas
naturales han sido el objeto de estudio de los cuatro primeros capítulos del presente libro.
A continuación Dante habla de otro tipo de lengua que los romanos denominaban gra-
mática y que aquí llamamos lengua cultivada:

“Tenemos también nosotros otra segunda forma de hablar, a la que los romanos lla-
maron gramática. Por cierto que esta segunda lengua la poseen también los griegos y
otros pueblos, pero no todos; realmente pocos llegan a su uso habitual, porque sólo con

171
Cuestiones clave de la Lingüística

el paso del tiempo y la perseverancia en su estudio nos formamos en sus reglas y apren-
demos sus principios.” (Dante, De Vulgari Eloquentia, edición de M. Gil Esteve y
M. Rovira Soler, Madrid, Palas Atenea, 1997: 55)

Dante se está refiriendo aquí a las lenguas cultas, regimentadas mediante gramáticas y pre-
ceptos normativos que han de aprenderse en la escuela o mediante instrucción específica. Solo
las personas instruidas llegan a dominar estas lenguas cultas a costa de mucho esfuerzo y tiem-
po. Dante observa que este tipo de lengua preceptiva escrita no es común a todas las naciones
del mundo y, por tanto, depende del tipo de cultura (escrita u oral, por ejemplo) que cada
sociedad desarrolle. Estas palabras de Dante caracterizan de forma bastante elocuente el con-
cepto de lengua cultivada que estamos explicando en el presente capítulo.
Por último, Dante establece una clara prioridad de una lengua sobre la otra y señala el
carácter artificial, es decir, no natural de esta última:
“Además, de estas dos lenguas la común o vulgar es la más noble bien porque fue la
primera que usó el género humano, o porque todo el mundo se sirve de ella aunque esté
dividida en diferentes pronunciaciones o vocablos o bien porque es la natural entre noso-
tros, mientras que aquella otra se presenta como más artificial.” Dante, De Vulgari Elo-
quentia, edición de M. Gil Esteve y M. Rovira Soler, Madrid, Palas Atenea, 1997: 55)

Una de las aportaciones fundamentales del tratado de Dante es la idea de que las len-
guas cultivadas se basan o se elaboran a partir de las lenguas naturales. De ahí surge la idea
de cómo encontrar el vulgar ilustre, esa lengua que se sitúe en un nivel superior o cultiva-
do respecto de las demás lenguas naturales a las que sirve de modelo y que sea equiparable
a la gramática o lengua normativa de los romanos o los griegos. Este es el problema funda-
mental que intenta resolver Dante en su libro. Primero pretende encontrar ese vulgar ilus-
tre en alguna de las variedades de la Italia de su época. Pero, aunque ve en algunos dialec-
tos de Italia ciertos rasgos ilustres o cultivados, no encuentra ninguna variedad natural que
los reúna todos. De ahí el famoso pasaje en el que hace referencia a una pantera (exótico ani-
mal, en la traducción) que es imposible localizar:
“Después que hemos batido cazando los bosques y los prados de Italia, y no encon-
tramos al exótico animal que perseguimos, debemos investigar más científicamente sobre
él para poder descubrirlos, y para que, con nuestro inteligente estudio, le hagamos caer
más profundamente en nuestras redes, a aquel que se olfatea por todas partes y no apa-
rece por ninguna.” Dante, De Vulgari Eloquentia, edición de M. Gil Esteve y M. Rovi-
ra Soler, Madrid, Palas Atenea, 1997: 137)

El hecho de que Dante no encuentre la lengua común modélica en ninguna variedad


concreta no quiere decir que no se encuentren en al menos algunas variedades rasgos de esa
lengua modélica. Esto da pie a otro de los elementos fundamentales del pensamiento lin-
güístico de Dante: las lenguas comunes modélicas, estándares o literarias, son lenguas arti-
ficiales, pero no son totalmente inventadas, sino que se fundamentan o reposan de forma
radical en las lenguas vulgares a partir de las que se construyen. De aquí surge un concepto
fundamental de esta obra que comentamos: el vulgar ilustre.

172
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

He aquí lo que se denomina en este capítulo el problema de Dante y que se puede resu-
mir en la siguiente pregunta: ¿Cómo obtener una lengua natural ilustrada (cultivada) a par-
tir de la lengua natural habitual?
El libro segundo de la obra de Dante que comentamos está precisamente dedicado a dar
contestación a esta pregunta. Una manera de crear este vulgar ilustre, lo que aquí denomina-
mos lengua cultivada, es la de someter a dicho vulgar ilustre a una serie de condicionantes tan-
to de contenido (los temas tratados) como de forma (la manera de expresarlos):

“Puesto que nuestra atención se centra sobre el vulgar ilustre, porque es el más noble
de todos y hemos distinguido los temas que son dignos de ser cantados en él, que son
los tres más nobles según se ha mostrado antes, y hemos escogido para ellos la forma de
la canción, como la mejor de todas las formas y, con el fin de dar una enseñanza más
perfecta, hemos preparado ya cierta materia, es decir, el estilo y el verso, trataremos aho-
ra de su estructura.” Dante, De Vulgari Eloquentia, edición de M. Gil Esteve y M. Rovi-
ra Soler, Madrid, Palas Atenea, 1997: 197)

Los tres temas más nobles que deben ser tratados en el vulgar ilustre, según Dante, son:
la salud, el placer amoroso y la virtud.
Vemos, pues, que el vulgar ilustre, el modelo lingüístico buscado nunca puede ser una
lengua natural, dado que un modelo no es más que una construcción cultural intenciona-
da que no se puede obtener de modo espontáneo y libre, sino sólo a través de un proceso
de elaboración dirigido tanto al contenido como a la forma similar al que se lleva a cabo
cuando se construye una lengua poética o literaria, por ejemplo.
Tal como señalaba F. Lázarro Carreter en sus palabras citadas al final del apartado ante-
rior sobre el lenguaje literal, la lengua elaborada culturalmente, entendida como un con-
junto de discursos, está sometida a una serie de fuertes constricciones a las que tienen que
referirse las personas que utilicen esa lengua elaborada ya sea para seguirlas, ya sea para reac-
cionar contra ellas. En cualquiera de los casos, es necesario conocer una tradición cultural
e insertarse en ella para producir este tipo de discursos elaborados culturalmente y que, por
tanto, difieren de modo esencial de los discursos de la vida cotidiana basados en la lengua
natural. Un ejemplo típico de ello nos lo ofrece la lengua poética. Cuando se componen dis-
cursos poéticos la prosodia de la lengua espontánea se ve constreñida por una serie de res-
tricciones métricas a las que ha de someterse el discurso. Cada cultura desarrolla una serie
de restricciones de esta naturaleza. En algunas culturas se utilizan convenciones métricas
que tienen que ver con el número de sílabas que ha de tener cada oración o verso. En la tra-
dición cultural celta existe una estrofa de tres versos, el primero de los cuales tiene que tener
diez sílabas y los otros dos siete sílabas (N. Fabb, 2005: 74). En otras tradiciones, las res-
tricciones tienen que ver con pautas relativas al tipo silábico según la disposición de las síla-
bas fuertes F (con vocal larga o coda silábica, por ejemplo) y débiles D (con vocal breve o
sin coda silábica, por ejemplo). El trímetro yámbico (DF) se usa en el diálogo dramático del
teatro griego clásico y tiene la siguiente estructura (N. Fabb, 2005: 79):

XFDF XFDF XFDX

173
Cuestiones clave de la Lingüística

En este esquema, la posición marcada como X puede ser ocupada por una sílaba fuerte
o débil.
En la poesía tradicional somalí, el metro denominado masafo obliga a que los versos
se dividan en dos partes o hemistiquios que se atienen al siguiente esquema (Fabb,
2005: 86):

F F D F F: F F D F F

He aquí un ejemplo:

Diin (F) kiyo (F) du-(D)gaa(F)-giyo(F) : adaa(F) duuf(F) ka (D) sii (F) yaye (F)

‘Eres tú el que los ha reducido a comer tortugas, bestias de presa e inmundicia.”


(Fabb, 2005: 86)

Otro fenómeno muy común en diversas tradiciones culturales es el de la rima, que con-
siste en la aliteración o repetición de vocales (asonante) y/o consonantes (consonantes) al
final de los versos. Además, muchas tradiciones poéticas disponen los versos siguiendo unos
esquemas formales denominados estrofas. He aquí un ejemplo de redondilla (M. A. Garri-
do Gallardo, 2009: 193):

Moza fui, gocé mi edad


pero cuando vieja fui,
otras gozaron por mí
su hermosura y libertad
(Lope de Vega)

Como puede apreciarse, esta estrofa se compone de cuatro versos con rima entre el pri-
mero y el cuarto y entre el segundo y el tercero.
Aparte de estas restricciones o constricciones, en las tradiciones poéticas de diversas cul-
turas se observa una gran libertad para distorsionar o reformular de formas muy radicales
las reglas gramaticales de las lenguas naturales dentro de lo que se podría denominar aspec-
tos lúdicos del lenguaje poético, que son muy frecuentes en la literatura oral popular, sobre
todo en acertijos y trabalenguas (L. Eguren, 1987). He aquí un ejemplo:

Una pájara teca, meca


dorga, andorga
cucurruchaca, vieja y sorda.
Si esta pájara no fuera
teca, meca, dorga, andorga
cucurruchaca, vieja y sorda
no tendría los hijitos…
(G. Celaya, citado en Eguren, 1987: 53)

174
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

Además de los géneros orales tradicionales, muchos escritores han recurrido en nume-
rosas ocasiones a estos usos lúdicos en los que se centra la atención en un juego con la for-
ma de las palabras:

Filiflama alabe cundre


ala olalúnea alífera
alveola jitanjáfora
liris salumba salífera
(Mariano Brull, citado en Eguren, 1987: 146-147)

En su Metamorfosis, Ovidio escribe lo siguiente:

Quamvis sunt sub aqua sub aqua maledicere temptan (Metamorfosis, 6.376)

‘aunque estén bajo el agua intentan proseguir con sus insultos’ (traducción de J. C.
Fernández Corte y J. Cantó Llorca, Ovidio, Metamorfosis. Libros VI-X, Madrid, Gredos
2012, p. 22)

Según I. Fónagy (2001: 407), la repetición de la sílaba qua sugiere de modo insistente
el croar de las ranas.
La aliteración o repetición insistente de un sonido o letra es un recurso expresivo muy
frecuente. He aquí un ejemplo del poeta inglés A. Swinburne (1837-1909) en el que se repi-
te insistentemente la f y la secuencia s(h)es:

The full streams feed on flower of rushes,


Ripe grasses trammel a travelling foot,
The faint fresh flame of the young year flushes
From leaf to flower and flower to fruit;
And fruit and leaf are as gold as fire,
And the oat is heard above the lyre
(Coro de Atalanta in Corydon, 97-102, I. Fónagy, 2001: 408)

En estos versos se sugiere la brisa primaveral mediante la aliteración aunque no se men-


ciona una palabra para brisa o para viento. La abundancia de sonidos fricativos sordos (f, s, sh)
sugiere esta brisa primaveral (Fónagy, 2001: 408).
Quienes elaboran discursos literarios que crean la lengua poética, incluso contravienen
las reglas morfológicas y sintácticas de las lenguas naturales que utilizan, con el propósito
de conseguir determinados efectos. Un ejemplo extremo de esta práctica nos lo proporcio-
na la novela de James Joyce Finnegans Wake (1939) en la que se somete la morfología y sin-
taxis del inglés a unas distorsiones espectaculares. He aquí un pasaje de esta obra:

“Uplouderamainagain!
For the Clearer of the Air from on high has spoken in tumbuldum tambaldam to
his temblendim tombaldoom worrild and, moguphonoised by that phonemanon, the

175
Cuestiones clave de la Lingüística

unhappitents of the earth have terrerumbled from fimament unto fundament and from
tweeddledeedumms down to twiddledeedees.” (J. Joyce, Finnegans Wake, Londres: Pen-
guin Books, 200, p. 258)

En este pasaje se produce una serie de fuertes torsiones morfológicas y sintácticas del
inglés en las que la forma de las palabras sirve para sugerir y connotar múltiples significa-
dos, asociaciones y alusiones.
En el ámbito hispánico también se encuentran ejemplos de este tipo de prosa literaria
con una extraordinaria elaboración formal y semántica. He aquí un pasaje de la novela de
Julian Ríos, Larva:

“Pit! Pit!, golpeteando las ollas contra su pecho, Tip! Tip!, y tambaleándose y taba-
leando, Tap! Tap! y zapateando.
Pit-a-Pot…, pataleó Don Juan, enfrentándose a la carmelita adefesio. Qué pitote y
qué zipizapateta…, que seguía con el zapateo y batintineaba, a penduleos, sus senos
bambalones. Menuda espetera tiene… Otra pesada tonantetona titánica, potaplum!, en
esta suaré con tanta bambolla, pompataplum!, y venga a darse pote.” (Julián Ríos, Lar-
va. Babel de una noche de San Juan. Madrid: Mondadori, 1992, p. 53)

En este pasaje podemos observar una serie de procedimientos formales referidos a los pechos
de una mujer. Partiendo de Pit ‘pecho’ en catalán, repetido (son dos pechos) se invierte el orden
de las consonantes, para obtener Tip y Tap. La alternancia i-a, que se ve en, por ejemplo, zigzag
sugiere movimiento y el par tambalear y tabalear que se diferencian en sólo una consonante nasal
vuelve a sugerir el movimiento en su aspectos cinéticos y auditivos, ya que tabalear se relaciona
con atabal ‘timbal, tambor’, que a su vez sugiere la forma de los pechos voluminosos. El Tap final
que se relaciona con zapatear (movimiento y sonido), contiene la secuencia pat, que es la inver-
sa de tap, con lo que vuelve a realizarse la inversión observada en pit y tip.
A su vez, esto lleva al Pit-a-Pot; en inglés (en este novela se utiliza, entre otras, esta len-
gua) pit significa ‘hoyo’ y pot significa ‘olla’. La diferencia es la vocal i frente a la vocal o, la
primera puede simbolizar un estrechamiento, una especie de garganta y la segunda el volu-
men de los senos femeninos. Por tanto, en esta expresión aliterativa vemos una posible suge-
rencia al canalillo que forman los dos pechos femeninos. La expresión pitote vuelve a utili-
zar la alternancia i-o que acabamos de ver y zipizapateta incluye la terminación teta (que
vuelve a aparecer más abajo mediante la expresión tonantetona) y en la parte zipizapa tene-
mos la alternancia i-a de zigzag que expresa una cinemimia, es decir, una imitación del movi-
miento físico mediante el sonido.
Como vemos, la elaboración de los discursos literarios puede llegar a ser extremada-
mente compleja y se aleja de manera intencional y programada por unos fines determina-
dos de los discursos de la vida cotidiana.
Todos estos discursos poéticos, culturalmente elaborados, es lo que se denomina en este
libro lenguas cultivadas. Las lenguas cultivadas, en sus diversas manifestaciones literarias,
rituales, religiosas, mágicas, judiciales, administrativas, etc., no son lenguas naturales, pero
se construyen y constituyen a partir de una serie de determinadas elaboraciones intencio-
nales y culturalmente condicionadas de estas lenguas naturales.

176
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

5.4. El problema de Alcuino: ¿Cómo se hacen efectivas las lenguas cultivadas?

Carlomagno, al ser coronado emperador en el año 800, descubrió el bajo nivel de latín que
tenían muchos clérigos. Para solucionar este problema, reunió a una serie de profesores de
gramática, entre los que se encontraba Alcuino de York, quien había escrito una gramática
del latín en el siglo VIII, con el fin de conseguir la elevación del nivel en esta lengua de aque-
llas personas que partían de una lengua vulgar germánica.

Figura 5.4. Alcuino de York (c. 730-804) (http://s679.beta.photobucket.com).

Se buscaba la creación de modelos de lengua escrita culta a través del establecimiento


de una serie de textos autorizados que habrían de convertirse en textos normativos para todo
el reino franco. La labor de Alcuino de York en la corte carolingia continúa la tradición eru-
dita de los monjes irlandeses y anglosajones (L. Casado de Otaola, 2002: 130-131). En el
período carolingio se establece la lengua escrita normalizada como instrumento de gobier-
no. En el programa de Alcuino de York figuran dos objetivos principales que son claramente
esenciales para la implantación de una lengua cultivada estandarizada (L. Casado de Otao-
la, 2002: 138):

1. El impulso de la instrucción mediante el establecimiento de una red escolar.


2. La normalización textual en la que se fundamenta la unificación litúrgica, monásti-
ca y pedagógica.

Además, la reforma carolingia pone de manifiesto de forma patente las complejas rela-
ciones entre la lengua escrita, una lengua cultivada y, por tanto, no natural y la lengua habla-
da espontánea en la que se basa, que es una lengua natural. Alcuino exigió que el latín, len-
gua escrita, fuera pronunciado de manera uniforme a lo largo de todo el imperio. Esa
pronunciación debería asemejarse lo más posible a la del latín clásico. Es decir, se intentó
conseguir que la uniformidad y rigidez típicas de la lengua escrita fueran también realiza-

177
Cuestiones clave de la Lingüística

das en la lengua oral. Esta empresa se denominó reparatio. Sin embargo, esta intervención
tuvo consecuencias no previstas. Los nuevos modelos de pronunciación de la lengua escri-
ta latina sólo tuvieron influencia en una muy pequeña fracción de la comunidad lingüísti-
ca, aquella parte que estaba alfabetizada. Como consecuencia de ello, se ahondaron las dife-
rencias entre el latín escrito y el latín vulgar hablado, justo lo contrario de lo que se pretendía,
y el latín culto según el modelo clásico se vio reducido al nivel de lengua exclusivamente
escrita, de lengua exclusivamente cultivada. La reforma marcó, por consiguiente, el comien-
zo de la diglosia en el ámbito románico, en la que el latín era la única lengua escrita y los
latines vulgares fueron evolucionando en formas vernáculas que se iban diferenciando pro-
gresivamente, lo que dio lugar a las diversas lenguas romances que, a la postre, acabarían
siendo elaboradas como lenguas escritas, desbancando al latín en esa función.
Estos hechos ponen de manifiesto que las lenguas escritas con su fijeza y uniformidad
no pueden servir de freno a la evolución de las lenguas naturales, que obedecen a principios
evolutivos de tipo darwiniano.
Como vemos, las iniciativas de Carlomagno, llevadas a cabo bajo la dirección de Alcui-
no de York son un antecedente próximo de las modernas políticas de planificación lingüís-
tica cuyos organismos más visibles en algunos países europeos occidentales son las acade-
mias de la lengua o instituciones similares.
A partir de los esfuerzos realizados en la época carolingia para preservar un latín más o
menos puro empezó a producirse a partir del siglo XI un progresivo reconocimiento y valo-
ración de las lenguas vernáculas como medios de cultura asociados a una nobleza cortesana
culta (S. Senz, 2011: 29) y ya empieza a sentirse la necesidad de dar cabida en la lengua
escrita a estas variedades vernáculas en una época en la que el latín era la lengua casi exclu-
siva en este medio en la Europa occidental. A partir del siglo XIII diversas cancillerías reales
europeas llevan a cabo una labor de codificación gráfica y de desarrollo de la prosa en las
lenguas vulgares. Por ejemplo, en la corte de Alfonso X de Castilla y León se utilizaron de
modo preferente las lenguas vernáculas en lugar del latín para las versiones de los textos en
lenguas orientales (S. Senz, 2011: 30).
En estos procesos de paso de las lenguas vernáculas al ámbito escrito, se seleccionaron
algunas variedades y se desecharon otras, según el grado de poder o prestigio asociado con
dichas variedades. Por ejemplo, en Francia predominó una de las variedades romances del
norte francés: el franciano, sobre las demás variedades del norte y del sur de Francia. La varie-
dad lingüística franciana fue la que se dispuso para su codificación escrita y de ese modo dar
lugar al francés escrito moderno, una lengua artificial que es la única aceptada universalmente
en el medio escrito y a la que se asocia todo el prestigio y el poder cultural y económico. Las
demás variedades lingüísticas de Francia quedaron arrinconadas y se vieron despojadas de
prestigio cultural. La imposición del francés escrito como lengua exclusiva en el ámbito admi-
nistrativo y educativo no supuso la desaparición de las diversas lenguas y variedades lingüís-
ticas de Francia. De hecho, en la época de la Revolución francesa sólo uno de cada diez fran-
ceses hablaban en francés oral en el que se basaba la lengua escrita y uno de cada cuatro
desconocía por completo esta lengua (H. Walter, 1997: 276). Algo parecido ocurrió con Ita-
lia. La lengua italiana escrita estándar se basa en la variedad lingüística toscana de Florencia.
A pesar de la implantación de este estándar en la administración, la educación y en los medios

178
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

de comunicación, en Italia siguen utilizándose muchas otras variedades lingüísticas itálicas


denominadas dialectos y lenguas independientes. He aquí una enumeración:

• Lenguas romances independientes: sardo, friulano, ladino, franco-provenzal, provenzal


• Dialectos itálicos:

– septentrionales: piamontés, lombardo, veneciano, genovés, emiliano romañol.


– meridionales: toscano, umbro, marquesano, romanesco, abruzés, apuliano, napo-
litano, lucaniano, salentino, calabrés, siciliano.

El caso de Alemania es también muy interesante. Hacia finales del siglo XIV se fue ela-
borando alrededor de Leipzig, Erfurt y Dresde una lengua alemana escrita que intentaba
compendiar algunos de los rasgos de las diversas variedades germánicas habladas. Las regio-
nes de Augsbourg y Ulm, debido a su poderío económico, difundieron determinados usos
del alto alemán, que alcanzaron hasta Frankfurt y Colonia. Por su parte Lutero utilizó la
variedad de Erfurt parta traducir la Biblia (1521-1522). Era la lengua de la cancillería sajo-
na que, por su carácter mixto, podía ser entendida según él tanto en la alta como en la baja
Alemania (H. Walter, 1997: 341-342). De aquí surgió el actual alemán estándar escrito, que
es la lengua de la administración, de la educación y de los medios escritos en la actual Ale-
mania. Sin embargo, la implantación universal de esta lengua elaborada no ha suplantado
las variedades germánicas alemanas, que siguen existiendo en la lengua hablada diaria.
En estos cuatro casos que hemos visto (el español, el francés, el italiano y el alemán)
la lengua culta escrita, la lengua cultivada que es oficial en el país correspondiente y que
domina en la lengua escrita de la administración, de la educación y de los medios de comu-
nicación masiva escritos y orales en general, es decir, el español, el francés, el italiano y el
alemán, son lenguas artificiales que no han llegado a suplantar ni a eliminar totalmente
las lenguas, dialectos y variedades. En general, las lenguas cultivadas predominantemen-
te escritas conviven con las lenguas naturales, aunque aquéllas nunca llegan a suplantar a
éstas.
Cuando una lengua estándar culta se expande entre la población a través de la imita-
ción o de la educación, se realiza oralmente siempre como lengua natural con diversas
variaciones influidas en mayor o menor medida por las lenguas, dialectos o hablas loca-
les de quienes aprendieron en la escuela o en la universidad o a través del estudio perso-
nal esa lengua cultivada. No todo el mundo es capaz de seguir de forma fiel las estrictas
normas fonéticas, morfológicas, sintácticas y semánticas que se describen en las ortogra-
fías, gramáticas y diccionarios oficiales o sancionados oficialmente por las instituciones o
autoridades culturales tales como academias, institutos, universidades, etc. La realización
oral de esa lengua cultivada oficial es gradual y parcial y da lugar a muchas formas lin-
güísticas intermedias influidas por las variedades lingüísticas, dialectos o lenguas nativas
de quienes intentan llevar a cabo esa realización. Esto se debe a que no todas las personas
hablantes tienen el mismo grado de cultura, concienciación lingüística o capacidad cen-
sora en materias gramaticales.

179
Cuestiones clave de la Lingüística

Por consiguiente, el posible objetivo último de la planificación lingüística consistente


en imponer en toda la población una lengua homogénea culta basada en modelos escritos,
es decir, una lengua cultivada, está abocado al fracaso.
Lo que sí se puede conseguir con una política agresiva en este terreno es la minoriza-
ción y arrinconamiento de dialectos y lenguas, en incluso su desaparición y sustitución por
diversas versiones locales de la lengua cultivada estándar. Y es que en la implantación de una
lengua cultivada entran en juego múltiples factores políticos, económicos, demográficos y
culturales de compleja y multiforme interacción.
El caso de Francia es especialmente significativo: las variedades y lenguas distintas del
francés (bretón, vasco, gallo, normando, picardo, occitano, franco-provenzal) están en una
situación de mengua y arrinconamiento en algunos casos muy preocupante puesto que pue-
de resultar en una desaparición irreversible.
El caso de España es también sintomático: varios siglos de imposición del castellano han
hecho que la situación del aragonés, asturiano o variedades históricas castellanas como las
andaluzas o extremeñas estén en una situación muy precaria que, en algunos casos, puede
conducir a su desaparición irreversible. Lenguas como el vasco, el gallego y el catalán tam-
bién se han visto gravemente minorizadas desde hace unos dos siglos y los intentos de revi-
talizar estas lenguas, por parte de las comunidades históricas que las hablan, en la mayor
parte de las ocasiones han sido obstaculizados, puestos en cuestión e incluso criminalizados,
tanto dentro de esas comunidades como desde el estado central por las instituciones y per-
sonas representantes del poder lingüístico centralista, cuya misión es la de imponer la len-
gua oficial de todo el estado como la única válida.
En esta línea, los intentos de proponer una lengua estándar unificada para lenguas como
el gallego, el catalán o el vasco han sido siempre mal vistos por el poder lingüístico centra-
lista que ha insistido una y otra vez en que estas lenguas no son homogéneas, sino que están
formadas por muchos dialectos e incluso lenguas independientes, que hacen imposible su
unificación y estandarización. De este modo se pone en cuestión el euskera batua o vasco
unificado y se habla de catalán-valenciano-balear para subrayar que estas lenguas no son uni-
ficables como la lengua central estándar, el español, considerada por esos centralistas como
una de las lenguas más unificadas del mundo (a pesar de que hay más variedades de espa-
ñol que de vasco o de catalán).

5.6. El problema de Lamarck: ¿Cómo evolucionan las lenguas cultivadas?

J.-B. Lamarck fue un naturalista francés que contribuyó de forma importante a la sistema-
tización de la historia natural. Formuló la primera teoría de la evolución biológica y acuñó
el término biología. Lamarck no aceptó la idea de que los seres vivos habían sido creados por
Dios directamente tal como eran y partió de la idea de que habían evolucionado desde for-
mas más simples a través de diversos cambios ocasionados por su adaptación al ambiente.
Postuló que esos cambios adquiridos eran heredados por sus descendientes. De esta mane-
ra, el cuello de las jirafas se explica porque los individuos de esta especie lo han estado esti-
rando a lo largo de milenios para alcanzar tallos y brotes que otros animales no pueden con-

180
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

seguir. Ese estiramiento gradual se ha heredado genéticamente y ha acabado creando ani-


males con un cuello muy largo. Vemos que esta explicación es claramente teleológica o fina-
lista: las jirafas primigenias de cuello corto han ido estirando el cuello con el fin de llegar a
los lugares más altos de la vegetación.

Figura 5.5. Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829) (http://en.wikipedia.org).

La visión darwinista de este fenómeno es diferente: se basa en la variabilidad de los


individuos pertenecientes a una misma especie. Desde el principio, hubo en la especie de
las jirafas individuos que por casualidad tenían un cuello mayor que otros. Estos indivi-
duos eran capaces de llegar a tallos o brotes fuera del alcance de otros individuos de su espe-
cie y de otras especies herbívoras. Estos ejemplares llegaron a estar mejor alimentados y
fueron capaces de sobrevivir con mayor facilidad que sus congéneres de cuello más corto
y, por tanto, tuvieron más oportunidades de reproducirse y hacer que sus descendientes
heredaran esa característica de tener cuello largo. Entre estos descendientes también habría
variación y aquellos con un cuello más largo tendrían más posibilidades de alimentarse de
tallos y brotes inaccesibles para otros individuos de su misma especie y de otras especies y
el ciclo vuelve a repetirse. En este caso, no hay finalidad o teleologismo, sino variación y
selección natural.
Las lenguas naturales en su cambio a lo largo de los siglos se comportan como predice
la evolución darwinista: primero hay variación individual, grupal, geográfica, social en la
realización de las lenguas naturales y también hay adaptación espontánea al entorno. Los
cambios de las lenguas naturales no obedecen a un plan previo o a una finalidad estableci-
da de antemano. El paso del latín vulgar a las lenguas romances supuso la pérdida de las
declinaciones latinas y su transformación en un sistema morfológico distinto, que redujo
los tres géneros (masculino, femenino y neutro) a dos (masculino y femenino). Pero estos
cambios no se realizaron con un propósito determinado, ni estuvieron dirigidos por una

181
Cuestiones clave de la Lingüística

finalidad determinada. Ocurrieron de forma espontánea y no planificada y eso incluso a


pesar de que hubo voces que insistieron en que el latín vulgar estaba perdiendo algunas de
sus características morfológicas y sintácticas.
En el caso de las lenguas cultivadas, se da un tipo de cambio muy distinto de carácter
lamarckista. Las lenguas cultivadas se crean con unos determinados propósitos (unifica-
ción social, acceso al medio escrito, diferenciación étnica…) y se modifican también siguien-
do unos determinados fines de diversa naturaleza. Además, son modificadas por institu-
ciones o personas dotadas de una autoridad reconocida y son implantadas y generalizadas
mediante instrucción pedagógica intencional a través de centros de instrucción como monas-
terios, bibliotecas, universidades, escuelas, institutos, etc. Recuérdese lo estudiado en los
apartados 2.4 y 2.5.
Uno de los ejemplos mejor conocidos y más antiguamente atestiguados de creación,
desarrollo e implantación de una lengua cultivada es el caso de la lengua escrita. La inven-
ción de la escritura se produjo de forma intencional y para conseguir unos determinados
fines y está condicionada de forma radical por las circunstancias económicas y culturales de
las sociedades que la han inventado, desarrollado o adoptado.
Vamos a ver a continuación la forma en la que evoluciona la lengua escrita, uno de los
principales representantes de las lenguas cultivadas.
Los primeros testimonios seguros que tenemos de escritura se refieren a la lengua sume-
ria para la que se inventó una escritura hace aproximadamente unos cinco mil trescientos
años. El sumerio es la lengua escrita más antiguamente atestiguada y reconocida de forma
unánime por los especialistas.
Hace unos seis mil años las capacidades cognitivas e intelectivas del ser humano eran
exactamente las mismas que las que disfrutamos ahora. Sabemos con certeza que la mente
humana estaba exactamente igual de desarrollada hace seis mil años que en el momento
actual. Por tanto, en la época sumeria de hace unos 3.300 años antes de Cristo no nos encon-
tramos con seres humanos de mentalidad primitiva o subdesarrollada, sino con seres huma-
nos de exactamente el mismo potencial cognitivo y mental que el que tenemos en la actua-
lidad. Es importante subrayar esto porque hay una idea muy popular, sostenida a veces por
algún investigador como B. H. Bichakjian según la cual la escritura evolucionó a la par que
la mente humana: desde una mente basada en la percepción sensorial hasta una mente basa-
da en la conceptualización. A partir de los sistemas supuestamente pictográficos que repre-
sentaban las palabras por medio de dibujos, gracias a la supuesta evolución de la mente
humana en estos pocos miles de años se llegó a una abstracción conceptual mucho mayor
que hizo posible el descubrimiento del alfabeto:

“El cambio gradual de los dibujos perceptualmente sugeridos a las formas más avan-
zadas de transcripción del habla inspirada conceptualmente se realiza a través de la suce-
sión de escrituras que se extiende desde los jeroglíficos egipcios al alfabeto griego.”
(B. H. Bichakjian, Language in a Darwinian Perspective. Frankfurt, 2002: 223)

“El sistema ancestral que fue improvisado con implementos perceptivos tales como
las representaciones pictóricas sería transformado gradualmente en un sistema que usa

182
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

elementos conceptualmente diseñados para la escritura. Esta transformación gradual


sería conceptual, es decir, hacia una mayor abstracción y también ergonómica, es decir,
hacia una mayor economía neuromuscular.” (B. H. Bichakjian, 2002: 231)

Nos propone este autor en estos dos pasajes una supuesta evolución gradual del ser huma-
no desde una mente primitiva ligada a las percepciones a una mente de abstracción con-
ceptual. No sabemos si esta evolución se dio en el paso de alguna especie de Homo erectus
hacia el Homo sapiens, pero lo que es seguro es que las escrituras atestiguadas fueron reali-
zadas por un Homo sapiens sapiens cuya mente no ha evolucionado sustancialmente desde
su aparición hace cientos de miles de años.
Si aplicáramos el razonamiento supuestamente evolutivo esbozado en las dos citas
anteriores, tendríamos que mantener que los griegos estaban más avanzados cognitiva-
mente que los egipcios o sumerios, lo cual es un absoluto disparate, porque, por ejemplo,
los griegos ni siquiera inventaron nunca escritura alguna, sino que los dos tipos de escri-
tura que utilizaron en distintos momentos de su historia (la silábica y la alfabética) los
tomaron prestados de otros pueblos y se limitaron a adaptarlas a su lengua. De aquí no
se puede deducir tampoco que los griegos fueran mentalmente menos avanzados que los
egipcios o fenicios, como la historia cultural se ha encargado de demostrarnos. Los chi-
nos y los japoneses, en la actualidad, siguen utilizando una escritura logográfica y logo-
gráfica y silabográfica, respectivamente, pero no se puede decir por ello que estén en un
grado de desarrollo cognitivo primitivo, por no haber desarrollado o adoptado una escri-
tura alfabética.
Estas argumentaciones basadas en supuestas evoluciones mentales a corto plazo care-
cen, pues, de toda credibilidad.
La invención de una escritura supone una tarea mental dirigida a determinados objeti-
vos e implementada mediante acciones dirigidas de modo intencional y reflexivo. Esto hace
que la escritura y la lengua escrita no sean acontecimientos naturales: en la infancia no apren-
demos espontáneamente a escribir y leer como adquirimos espontáneamente nuestras len-
guas nativas. Tenemos que estudiar la lectura y la escritura de modo dirigido. Por tanto, esta-
mos en el nivel cultural y tecnológico y no en el nivel natural y la escritura es, por tanto,
una invención tecnológico-cultural que exige grandes dosis de reflexión, invención y ela-
boración conceptual.
La invención de un sistema de escritura supone un análisis lingüístico previo sobre el
cual fundamentarlo y desarrollarlo. Todos los sistemas de escritura se basan en dos unida-
des lingüísticas que podemos calificar de naturales, porque son más o menos evidentes: la
palabra y la sílaba. En la conciencia de cualquier persona que hable una lengua natural exis-
te de forma más o menos explícita un reconocimiento de estas dos unidades. Cualquier per-
sona hispanohablante, independientemente de su nivel de cultura, está en condiciones de
reconocer como palabras casa, libro y no casade o librocon y también está capacitado para
silabear casa como ca+sa y no como cas+a y libro como li+bro y no como libr+o. Esto pasa
de modo similar en todas las lenguas naturales.
Por consiguiente, es bastante fácil de entender que las escrituras se basen en estas dos
unidades. La escritura logográfica toma como unidad de representación la palabra. En las

183
Cuestiones clave de la Lingüística

escrituras logográficas (sumeria, egipcia, china) las unidades de la escritura o grafemas deno-
tan palabras de la lengua (no ideas o conceptos como se dice de forma equivocada). Los gra-
femas de una escritura logográfica se denominan logogramas y denotan palabras de la len-
gua, no conceptos o ideas.
Por ejemplo, el siguiente logograma de la escritura china

se asigna a la palabra nián que significa ‘año’ y no se asocia con la idea de año o de anuali-
dad, por más que esta palabra esté asociada, como en todas las lenguas que no utilizan un
sistema logográfico, con ese concepto. En este caso, vemos además que la palabra consta de
una sola sílaba, por lo que en este caso se relacionan con la escritura las dos unidades natu-
rales a las que hemos hecho referencia: palabra y sílaba. De hecho, en chino a cada carácter
o grafema le corresponde una sílaba, de manera que las palabras que constan de dos o más
sílabas se escriben mediante una sucesión de tantos caracteres como sílabas haya. Por ejem-
plo la palabra escrita

se corresponde con la palabra niánhuà que significa ‘estampas de año nuevo’. Como esta
palabra tiene dos sílabas, se escribe mediante dos caracteres. Se trata de una palabra, no
de dos.
Ahora bien, es fácil comprender que inventar y usar varios miles de grafemas que sirvan
para escribir los varios miles de palabras que hay en una lengua se hace una tarea bastante
complicada desde el punto de vista práctico. Por ello, todos los sistemas logográficos han
desarrollado métodos para aminorar en lo posible esta carga y hacer el sistema más fácil de
aprender y usar. Para ello en estas escrituras hay una base reducida de logogramas simples
(unos pocos cientos) y los demás se obtienen mediante combinaciones de ellos: los logo-
gramas complejos. En la escritura china, los logogramas simples se denominan radicales y
son unos doscientos. La gran mayoría de los logogramas complejos (un 90% según F. Coul-
mas, 1996: 82) en la escritura china son los compuestos semántico-fonéticos. Estos logo-
gramas constan de un clasificador semántico que indica el campo semántico al que perte-
nece la palabra que se asocia con el logograma y otro que indica o sugiere la sílaba implicada.
He aquí un ejemplo (F. Coulmas, 1996: 81):

184
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

Este carácter complejo representa la palabra táng ‘azúcar’ y se compone de dos ele-
mentos. El de la izquierda, un logograma radical, se asocia con el campo semántico del
arroz y el de la derecha sugiere la sílaba táng que, como logograma independiente, se usa
como nombre propio. El radical de la izquierda aparece también en los logogramas de
otras palabras relacionadas como: semilla, grano, mijo, tarta o harina. Tal como observa
F. Coulmas (1996: 82) este método para simplificar el sistema logográfico ha dado ori-
gen a la idea de que la escritura china es ideográfica, con lo cual se quiere decir que los
logogramas hacen referencia a ideas y no a palabras. Pero los logogramas simples o com-
puestos no representan ideas sino palabras. En los logogramas compuestos como el que
hemos visto, uno de los caracteres que lo componen funciona, no como palabra sino como
recurso mnemotécnico para clasificar semánticamente la palabra que representa el logo-
grama completo; el otro se asocia con un tipo de sílaba para facilitar mnemotécnicamen-
te la pronunciación. Como vemos, con el fin simplificar el sistema se recurre a una com-
binación semántico-fonética para obtener logogramas complejos a partir de los logogramas
simples. Con ello, se consigue una doble articulación que facilita la memorización y uso
de los logogramas, así como la obtención de un número casi ilimitado de logogramas com-
puestos, con lo cual siempre se pueden crear nuevos logogramas para palabras nuevas que
vayan surgiendo.
Por consiguiente, la escritura logográfica china, como las demás escrituras logográficas
que han existido en la historia tales como la jeroglífica egipcia, lejos de ser sistemas primi-
tivos basados en la percepción sensorial, tal como afirma Bichakjian, son sofisticados siste-
mas de representación gráfica que requieren un alto grado de inventiva e imaginación y, por
tanto, una mente humana completamente desarrollada.
Existen sistemas de escritura basados en la sílaba y denominados silabarios. En ellos,
cada grafema representa una sílaba. Han existido varios silabarios a lo largo de la historia de
la Humanidad. En la actualidad, los dos silabarios de la escritura japonesa son los más cono-
cidos. Estos silabarios denominados katakana y hiragana surgieron como una simplificación
de algunos logogramas chinos que fueron adoptados exclusivamente como indicadores foné-
ticos silábicos, ya que, tal como hemos dicho, cada logograma chino se asocia a una sílaba.
Cada silabograma representa una sílaba breve, por lo que una sílaba larga se expresa median-
te dos silabogramas. He aquí los dos silabarios japoneses:

185
Cuestiones clave de la Lingüística

Figura 5.6. Silabarios japoneses (A. Torres i Graell, Kanji.


La escritura japonesa. Madrid, 1983: 195).

Se puede observar una característica muy interesante de los silabarios. Tienen silabo-
gramas para las vocales, tal como podemos apreciar en los primeros cuatro silabogramas de
la figura 5.6. Esto se debe a que las vocales por sí mismas pueden constituir una sílaba, cosa
que no ocurre con las consonantes. También se observa que el último logograma represen-
ta la consonante n, esto es porque las sílabas acabadas en –n en japonés se consideran largas
y, por tanto, se expresan mediante dos silabogramas.
Por ejemplo, la palabra japonesa san que significa ‘señor’ o ‘señora’ se escribe de la siguien-
te manera:

186
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

Hiragana:

Katakana:

Los primeros alfabetos fueron invenciones de poblaciones semitas occidentales. En el


siglo XIV antes de Cristo los ugaríticos inventaron un alfabeto de treinta letras usando los
caracteres cuneiformes, muy extendidos en su época. Este alfabeto posiblemente fue inspi-
rado por el alfabeto fenicio, del que derivó el alfabeto griego.
Estos alfabetos semitas se suelen denominar consonantarios, dado que cada grafema repre-
senta una consonante y no hay grafemas para las vocales. La razón de esto radica en que estos
alfabetos se basan en la posición inicial de la sílaba, la cabeza silábica y en las lenguas semíti-
cas no hay ninguna palabra que empiece por vocal, dado que la vocal inicial de sílaba va pre-
cedida de una oclusión glotal, a la que los semitas le asignaron un grafema. Precisamente, la
letra alfa del alfabeto griego, nuestra a, no era en el alfabeto fenicio una vocal, sino precisa-
mente la consonante oclusiva glotal que precede a toda vocal en una sílaba en posición inicial.
Precisamente, en la posición de cabeza silábica es donde el sistema fonológico tiene su
máximo desarrollo ya que en la coda silábica hay muchas restricciones. Esto se puede ver
muy bien en español y en otras lenguas, donde las oposiciones fonológicas p/b, t/d, k/g,
m/n sólo funcionan en la cabeza silábica y no son pertinentes en la coda silábica. En efec-
to, hay muchas palabras en español que se diferencian por la oposición p/b en inicio de síla-
ba (pollo-bollo, peso-beso, pala-bala...) pero no hay ningún par que se diferencie por la opo-
sición p/b en la coda silábica.
Por consiguiente, la invención de los alfabetos semitas supone un análisis fonológico
muy preciso y sofisticado, ya que se elige aquella posición silábica que presenta el máximo
sistema fonológico. El hecho de haber propuesto grafemas para las vocales no se debe a defi-
ciencia alguna del análisis, sino a todo lo contrario, a su consistencia, dado que no existe,
en las lenguas semíticas, ninguna palabra que empiece por vocal, pues éstas están siempre
precedidas de una oclusión glotal, para la que sí existe grafema. El sistema consonántico
semita es, pues, de una precisión y de una perfección muy notables y exige un análisis bas-
tante profundo de la estructura fónica de las lenguas semitas.
Cuando se toma prestada una escritura concebida para un tipo de lengua con el fin de
poner por escrito una lengua completamente diferente desde el punto de vista genético y
tipológico, se producen necesariamente cambios y adaptaciones. Precisamente, estos cam-
bios y adaptaciones que han puesto en práctica aquellas culturas que han tomado prestada
la escritura de otras con un sistema lingüístico muy diferente es lo que ha hecho evolucio-
nar a la escritura haciéndola progresivamente más fonética.
Los griegos, al adoptar el alfabeto fenicio tuvieron que adaptar un sistema consonántico
perfectamente armónico, a una lengua, el griego, de una familia distinta y con una estructu-
ra fónica muy diferente de la del fenicio. Algunas de las consonantes fenicias no existían en
griego y, por tanto, los griegos aprovecharon las letras que representaban consonantes inexis-
tentes en griego, para notar las vocales. De aquí, que el consonantario fenicio se adaptara como

187
Cuestiones clave de la Lingüística

alfabeto, en el que no sólo las consonantes, sino también las vocales estaban representadas por
letras. Pero esto supuso la creación de una inconsistencia: al representar mediante letras las
vocales y al poder ser las vocales sílabas en sí mismas se mezclan en el alfabeto los criterios silá-
bico y alfabético. Recordemos que en los silabarios hay silabogramas para las vocales. Las voca-
les, a diferencia de las consonantes, pueden pronunciarse como sílabas completas. Por ello
podemos hablar de la letra a, pero no de la letra b, que tenemos que pronunciar como sílaba,
es decir, como be. Por consiguiente, el alfabeto no es un sistema de escritura fonológico puro,
sino impuro pues representa mediante letras tanto fonemas como sílabas (las vocales).
Esto conviene decirlo para no caer en la tentación de pensar que el alfabeto supone la
culminación y la perfección absoluta de la escritura. El alfabeto es un sistema útil, intere-
sante y ha tenido un enorme éxito en la historia de la humanidad, pero dista mucho de ser
el sistema de escritura más perfecto posible.
¿Existen otros sistemas de escritura alfabéticos que no caigan en la inconsistencia que
hemos observado? Sí los hay. Uno de ellos es la escritura devanagari, utilizada para escribir
el sánscrito y en la actualidad el hindi y otras lenguas relacionadas de la India. En esta escri-
tura, que es estrictamente alfabética, se tiene precisamente en cuenta el papel silábico de las
vocales. De manera que sílabas como pa, ta, ka tienen su propio grafema.

Figura 5.7. El alfabeto devanagari.

En las sílabas cuyo componente es la vocal a la lengua queda en posición neutra sin mover-
se en absoluto. Este alfabeto da cuenta del hecho de que la sílaba con la vocal a es la unidad
básica, no marcada en sánscrito y de que, por ejemplo, la sílaba pa no es una secuencia de la
consonante p más la vocal a sino un todo integrado fonéticamente. No es necesario dar un
nombre a estas letras porque cada una de ellas representa la sílaba Ca con la variación de la
correspondiente cabeza silábica, diferenciada de las demás mediante el correspondiente fone-
ma consonántico inicial. Las sílabas que constan de otra vocal suponen un movimiento de la

188
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

lengua para ocasionar el timbre vocálico correspondiente. Esto se expresa en este alfabeto aña-
diendo un elemento adyacente, suscrito o superscrito. Veámoslo.

Figura 5.8. Indicaciones vocálicas en el alfabeto devanagari.

Como podemos observar todas las sílabas que empiezan por la misma consonante tie-
nen la misma forma pero con un añadido que indica el timbre vocálico correspondiente.
Esto es muy diferente de lo que veíamos en los silabarios japoneses presentados anterior-
mente en los que, por ejemplo, sílabas como ka, ki, ku, ke son completamente diferentes y
no tienen nada en común que podamos asociar con el fonema k. Por esta razón estamos ante
un alfabeto y no ante un silabario.
Cuando la cabeza silábica es compuesta, entonces se produce una fusión o ligadura entre
las dos o tres consonantes implicadas, tal como se indica en los siguientes ejemplos:

Figura 5.9. Formas con y sin cabeza silábica compleja.

Esto complica la escritura, dado que hay numerosas de estas ligaduras. He aquí una
pequeña selección:

Figura 5.10. Algunas ligaduras del devanagari (Michael Coulson, Sanskrit, 1982: 23).

189
Cuestiones clave de la Lingüística

Desde el punto de vista de la coherencia fonética, la escritura devanagari es claramente


superior a la escritura alfabética griega porque es capaz de dar cuenta de forma mucho más
exacta de la estructura silábica. De hecho, varios países adyecentes a la India han desarro-
llado una escritura basada en los mismos principios, tales como la escritura tailandesa, cam-
boyana o laosiana; la escritura etiópica también se basa en principios similares.
Por consiguiente, hemos tenido la oportunidad de comprobar que los sistemas de
escritura son creados expresamente mediante la realización de un análisis lingüístico del
idioma que se desea poner por escrito y, por tanto, supone una actividad intencional y
dirigida a unos fines determinados. Como ha ocurrido en la historia de la humanidad con
diversos inventos, una vez creada una técnica u objeto en una comunidad humana, lo más
habitual es que otras comunidades humanas lo adopten y lo adecuen a su propia socie-
dad y a sus necesidades. Esto ha ocurrido con la escritura. Los griegos la tomaron de los
fenicios y la adaptaron a su lengua; los etruscos la adoptaron de los griegos y los romanos
la tomaron de aquellos. A partir de ahí, muchas sociedades adoptaron y adaptaron la escri-
tura romana o griega para escribir sus lenguas. Todas estas adaptaciones han sido hechas
conscientemente, con unos determinados fines: el de conseguir que una escritura pensa-
da en principio para una lengua fuera utilizable en otra lengua distinta. Tenemos, pues,
un tipo de evolución de carácter lamarckista, en la que los cambios y adaptaciones están
en función de determinadas necesidades y finalidades que se intentan satisfacer de mane-
ra consciente y programada.
La escritura es, fundamentalmente, un hecho cultural. Se relaciona directamente con la
organización económica, cultural, ideológica o religiosa de una determinada comunidad
humana. Por ejemplo, el alifato (alfabeto árabe) se asocia con la religión islámica, el alefato
(alfabeto hebreo), con la judaica, el alfabeto cirílico, con el cristianismo ortodoxo y el alfa-
beto romano con el cristianismo católico. El polaco y el ruso son dos lenguas eslavas gené-
ticamente relacionadas, pero el pueblo polaco es mayoritariamente católico y utiliza el alfa-
beto latino para escribir su lengua y el pueblo ruso es mayoritariamente ortodoxo y, por
tanto, utiliza el alfabeto cirílico.
Los cambios que experimentan los sistemas de escritura se realizan de modo conscien-
te y programado por parte de una autoridad socialmente reconocida. Por tanto, no son cam-
bios espontáneos o naturales, sino modificaciones originadas por una determinada inten-
ción e implementados generalmente por una institución social que ejerce la autoridad
necesaria para imponer una serie de cambios determinados.
Un ejemplo de este tipo de evolución teleológica larmackista nos lo proporciona la
reforma de la escritura China que tuvo lugar a mediados de los años cincuenta del siglo
pasado en la República Popular China. Se creó un Comité oficial para la reforma de la
escritura china, que propuso la simplificación de más de dos mil caracteres chinos y se
desecharon más de mil variantes de estos caracteres. Desde ese momento, los caracteres
simplificados se vienen utilizando de forma generalizada en la República Popular China,
pero esta simplificación no ha sido adoptada por Taiwán, ni tampoco por los japoneses,
que siguen escribiendo los caracteres chinos o kanji según su forma tradicional más com-
pleja. A continuación vemos la palabra china anteriormente citada niánhuà en su forma
simplificada y tradicional:

190
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

Forma simplificada de niánhuà:

Forma tradicional de niánhuà

Las escrituras alfabéticas también han sido objeto en muchas ocasiones de intentos unas
veces exitosos y otras veces fracasados de reformas ortográficas. El caso de la ortografía espa-
ñola es un ejemplo ilustrativo. Los cambios en la ortografía del español han de ser aproba-
dos y sancionados por la institución a la que se asigna la autoridad en materia idiomática.
En nuestro caso, la Real Academia Española (RAE) junto con las academias asociadas, todas
aquellas reformas de la ortografía no aceptadas por estas instituciones no han logrado implan-
tarse. Un ejemplo, es la propuesta de reforma ortográfica para el español de América de
Andrés Bello y Juan García del Río publicada en 1823 (J. Martínez de Sousa, 2011: 639)
en la que se suprimía la h (por ejemplo, onor, ombre) y se proponía usar la letra j en lugar
de la letra g ante las vocales e e i (por ejemplo, jeneral) entre otras soluciones. La RAE recha-
zó esta propuesta y recurrió al respaldo real para bloquearla (J. Martínez de Sousa, 2011:
646). Por su parte, las propuestas que personalidades individuales han realizado posterior-
mente para simplificar la ortografía del español, han sido desdeñadas y despreciadas en su
mayor parte por la RAE tal como se manifiesta en el prólogo de la penúltima ortografía de
la RAE, la de 1999:

“Conviene hacer patentes estas cosas, pues son muchos los arbitristas de la orto-
grafía que acuden a esta Institución o salen a la palestra, con mejor intención que acier-
to, pidiendo u ofreciendo radicales soluciones a los problemas ortográficos o cebándo-
se con fáciles diatribas en el sistema establecido” (citado en J. Martínez de Sousa, 1999:
p. 291)

Merece la pena incluir el comentario al respecto de J. Martínez de Sousa:

“Seguidamente, la Academia lanza sus torpedos en profundidad contra todos los


que han escrito ortografías o propuestas de reformas ortográficas al margen de ella a lo
largo de la historia académica. Se trata, como puede comprobarse, de un alegato durí-
simo, impropio de una institución como la Academia, falto de elegancia intelectual que
a esta se le supone.” (Martínez de Sousa, 1999: 291).

191
Cuestiones clave de la Lingüística

Como puede verse, el cambio en las lenguas cultivadas está condicionado por la actua-
ción de determinadas instituciones a las que las sociedades que han de adoptar esos cam-
bios reconocen una determinada autoridad. Como hemos visto en la cita anterior, la actua-
ción de esas instituciones puede estar sometida a crítica en esa misma sociedad. Nada de
esto ocurre con el cambio en las lenguas naturales. Por mucho que algunos hayan podi-
do protestar, si es que lo hicieron, por la pérdida del género neutro o de las declinaciones
del latín en su transformación en las lenguas romances, esos cambios, entre otros muchos,
se llevaron a cabo de forma espontánea sin que fuera necesario que una institución con
autoridad reconocida los impusiera o los repudiara argumentando a favor o en contra de
ellos. La evolución de las lenguas cultivadas es, por tanto, radicalmente distinta de la de
las lenguas naturales.

5.7. La elaboración de las lenguas señadas

Como hemos visto en el capítulo 4, las lenguas señadas son lenguas naturales similares en
su potencial y capacidad de expresión a las lenguas naturales habladas. ¿Se pueden elaborar
culturalmente las lenguas señadas? Las lenguas señadas son susceptibles, como las lenguas
habladas, de elaboración cultural.
Un ejemplo muy ilustrativo es la existencia muy amplia y viva de lengua poética seña-
da. En diversas lenguas señadas europeas se comprueba la realización creativa de actividad
poética. Analizar la poesía en lenguas señadas encontramos una serie de propiedades que
son idénticas a las que se se observan en la actividad poética en las lenguas habladas. Según
un estudio reciente (R. Sutton-Spence, 2005) el discurso poético de las lenguas de señas pre-
senta las siguientes características:

Aliteraciones y repeticiones (R. Sutton-Spence, 2005: 25-54)

• Repeticiones de la forma manual.


• Patrones variables de formas manuales.
• Repetición de movimiento manual.
• Repetición de localización de la seña.
• Repetición de la forma manual, movimiento y/o localización en forma parecida a la
rima en la lengua poética hablada.
• Patrones rítmicos tanto en la realización de las señas como en la transición entre señas.
• Repetición de señas.
• Repetición de estructuras gramaticales.

En su libro sobre la lingüística de las lenguas señadas Sandler y Lillo Martín (2006: 92-
93) recogen un ejemplo del poema titulado Espíritu del desierto del poeta neerlandés Wim
Emmerik. Este autor usa una forma manual con la palma extendida:
La secuencia de ese poema en lengua señada neerlandesa (LSN) hace referencia a un
hombre caminando con esfuerzo a través del desierto observando el horizonte plano, que se

192
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

cae al suelo de agotamiento, que se levanta haciendo un gran esfuerzo y que divisa un bui-
tre sobre su cabeza. En esta secuencia se utilizan diversos mecanismos poéticos, que se apar-
tan de la lengua señada coloquial. Por ejemplo, la separación del observador (indicada con
la cara y las manos) respecto del suceso (indicados con las manos es un mecanismo de este
tipo. La aliteración se percibe en este ejemplo a través del uso continuado de la configura-
ción de las dos manos a lo largo de todo el pasaje.

+A. caminar B. horizonte

C. caída +D. levantarse E. ver pájaro

Figura 5.11. Pasaje del poema en LSN “Espíritu del desierto” de Wim Emmerik
(Sandler, W. y D. Lillo-Martin [2006], Sign Language and Linguistic Universals.
Cambridge: Cambridge University Press, p. 93).

Simetría y equilibrio (R. Sutton-Spence, 2005: 55-68)

• Simetría en el eje vertical de la señación.


• Simetría en el eje horizontal de la señación.
• Simetría en el eje frontal-dorsal.

Neologismos (R. Sutton-Spence, 2005: 69-86)

• Creación de señas nuevas.


• Utilización de palabras de las lenguas habladas mediante el alfabeto dactilológico.

193
Cuestiones clave de la Lingüística

Ambigüedad (R. Sutton-Spence, 2005: 87-101)

• Explotación de la ambigüedad semántica


• Fusión de dos señas parecidas para sugerir un significado complejo.

Metáfora y alusión (R. Sutton-Spence, 2005: 116-127)

• Metáforas con efectos poéticos


• Metáforas ampliadas y alegorías
• Símiles
• Alusiones

S. F. Taub (2001: 196-221) ha analizado el complejo entramado metafórico del poema en


LSA de Ella Mae titulado “El Tesoro” (The Treasure). En este poema se define la LSA como un
tesoro valioso que ha sido enterrado y cuenta la historia que describe una persona cavando para
descubrir un tesoro enterrado y las reacciones a su descubrimiento. En este poema hay dos mar-
cos generadores de metáforas que se interpretan conformando una estructura semántica com-
pleja y muy rica en sugerencias y connotaciones. Estos son los dos marcos:

• El análisis lingüístico es como la arqueología


• La opresión es como un enterramiento

Dentro del primer marco en el que se compara la investigación arqueológica con la inves-
tigación en las lenguas señadas se produce una serie de metáforas tales como las siguientes:

1. Analizar es cavar
2. Las señas son objetos
3. Saber es ver
4. Entender es manipular

Estas metáforas se entrecruzan de la siguiente manera en el poema (Taub, 2001: 213):

punto de partida punto de llegada metáforas

hay un lugar interesante hay un tema interesante 1+3

alguien cava la tierra una persona investiga un tema 1

alguien encuentra objetos alguien descubre cosas interesantes sobre 1+2


las señas

alguien recoge y manipula objetos alguien recoge información sobre las señas 4+2

alguien examina un objeto alguien piensa detenidamente sobre las 3+2


señas

alguien sabe más sobre un objeto alguien sabe más sobre las señas y la LSA 1+2+3+4

194
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

Dentro del segundo marco, que compara la situación de la lengua de señada americana
(LSA) con un enterramiento se generan las siguientes metáforas:

a) Los poderosos están arriba


b) La opresión es una presión hacia abajo
c) Comunicar es enviar
d) Lo malo es tierra

Se produce en el poema una interacción entre estas cuatro metáforas, creando un com-
plejo entramado semántico, que Taub (2001: 213) caracteriza mediante el siguiente cuadro:

punto de partida punto de llegada metáforas

alguien echa con una pala tierra alguien poderoso desprecia a alguien A+C+D
sobre otro oprimido

el proceso continúa hasta el ente- el desprecio continúa hasta el rebaja- A+C+D+B


rramiento del otro miento completo del otro

la tierra oprime al enterrado la situación del despreciado es opresiva A+B

alguien sabe más sobre un objeto alguien sabe más sobre las señas y la LSA 1+2+3+4

Merece la pena citar las palabras de Taub que concluyen su análisis de este poema en LSA:

“Un análisis detenido de “The Treasure” ha mostrado cómo una poetisa dotada pue-
de adoptar los recursos convencionales de su lengua y elaborarlos para hacer una obra de
arte. En este poema, Lentz ha combinado muchas metáforas convencionales de la LSA
y de la cultura norteamericana en un dramático pronunciamiento de la importancia de
la lingüística de la LSA para las personas sordas y para la cultura sorda. Partiendo de un
escenario de desenterrar y enterrar artefactos, crea artesanalmente dos configuraciones
de la investigación en LSA: EL ANÁLISIS LINGÜÍSTICO ES ARQUEOLOGÍA y LA
OPRESIÓN ES UN ENTERRAMIENTO.” (Taub, 2001: 220)

IDEAS FUNDAMENTALES

Introducción
• Discursos esotérico y exotérico.
• Elaboración ritual de las lenguas naturales.
• Elaboración estética de las lenguas naturales.
• Elaboración científica de las lenguas naturales.
• Elaboración escriturista de las lenguas naturales.
• Elaboración intergeneracional de las lenguas naturales.
• Elaboración intercomunicativa de las lenguas naturales.
• Elaboración internacional de las lenguas naturales.

195
Cuestiones clave de la Lingüística

El problema de Jakobson: ¿Qué son las lenguas cultivadas?

• Funciones expresiva, referencial, metalingüística, apelativa, fática y poética del lenguaje


humano.
• Iconismo diagramático.
• Mensaje literal.

El problema de Dante: ¿Cómo se elaboran las lenguas naturales?


• Lengua natural y lengua común.
• El vulgar ilustre como lengua cultivada.
• Lengua poética. El metro. La rima. La aliteración.
• La ruptura de las reglas gramaticales.

El problema de Alcuino: ¿Cómo se hacen efectivas las lenguas cultivadas?

• La reforma carolingia y la reparatio.


• La creación de una norma escrita unificada para las lenguas vulgares.
• Creación de una lengua escrita estándar y pervivencia de las variedades lingüísticas natu-
rales: los casos italiano, francés y español.

El problema de Lamarck: ¿Cómo evolucionan las lenguas cultivadas?

• El enfoque lamarckista frente al enfoque darwinista de la evolución.


• La evolución teleológica.
• La creación y desarrollo de la escritura como evolución lamarckista.
• Origen y evolución de la escritura logográfica.
• Origen y evolución de la escritura silabográfica.
• La aplicación de una escritura a una lengua para la que no ha sido inventada y sus con-
secuencias.
• Origen y evolución de la escritura alfabética. La escritura alfabética fundamentada en la
sílaba.
• Aspectos culturales y religiosos de la escritura.
• La reforma de la ortografía: aspectos sociales y culturales.

La elaboración de las lenguas señadas

• Discurso poético en las lenguas señadas.


• Características del discurso poético señado.
• La repetición y sus tipos en las lenguas señadas.
• La simetría y sus tipos en las lenguas señadas.
• Los neologismos en las lenguas señadas.
• Metáfora y ambigüedad en las lenguas señadas.

196
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

ACTIVIDADES

1. El siguiente texto es la traducción española de uno de los famosos caligramas del poeta
vanguardista francés G. Apollinaire (1880-1918). Pueden comprobarse a través de él
muchas de las características de las lenguas cultivadas con fines poéticos.

Figura 5.12. Poema “Llueve” de Apollinaire (Guillaume Apollinaire. Los Caligra-


mas. Edición bilingüe. Introducción, versión y notas: J. Ignacio Velázquez, Zarago-
za: Pliegos y Cierzos del Norte, 1983, p. 41).

197
Cuestiones clave de la Lingüística

2. El glíglico es una lengua poética inventada por J. Cortázar y que aparece en el capítu-
lo 68 de su obra Rayuela (L. Eguren, 1987: 136). El comentario del siguiente pasaje pue-
de servir para comprobar algunas de las características de la lengua cultivada con fines
estéticos:

“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidro-


murias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba rela-
mar las incopelusas, se enredaba en grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de
cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltro-
nando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que
se le han dejado caer una fílulas de cariaconcia. Y sin embargo, era apenas el principio,
porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él
aproximara suavemente sus orfelunios.”

3. Los siguientes párrafos son los artículos 16 y 17 del título tercero de la Ley 6992/2002
de 12 de marzo de “supresión de barreras comunicacionales para el logro de la igualdad
de oportunidades para las personas sordas a través del uso de la Lengua de Señas Argen-
tina (LSA)” (J. G. Storch de Gracia y Asensio (coord.), 2005) Estatuto jurídico de las len-
guas de señas en el derecho español. Aproximaciones. Madrid, 2005: 333). En el texto se
pueden apreciar algunas de las características de la elaboración de las lenguas naturales
con fines jurídicos:

“Artículo 16º.- Cumplida la investigación inicial y llegado a su término el primer año


de funciones, La Comisión podrá convocarse todas las veces que fuera necesario en los años
subsiguientes. En estos casos las funciones que desempeñen sus miembros serán ad hono-
rem. Para su convocatoria se seguirá el mismo procedimiento establecido en el artículo 12,
reuniéndose anualmente para evaluar los avances que surjan del uso de la LSA.
Artículo 17º.- El gobierno de la provincia impulsará a través de la Dirección de
Educación Especial de la Dirección General de Escuelas la implementación de los pla-
nes curriculares de la carrera de profesionales intérpretes de LSA con los regionalismos
de Mendoza, que realice la Comisión de investigación de LSA, a fin de facilitar cual-
quier tipo de comunicación directa a las personas sordas.”

4. Lea el siguiente pasaje de la introducción de la Ortografía de la lengua española publica-


da en 2010 por la RAE y la Asale y realice una crítica de acuerdo con lo estudiado en
este capítulo:

“En la escritura ideográfica, los signos gráficos, denominados generalmente ideogra-


mas, representan de forma estilizada y esquemática las ideas o conceptos de que son por-
tadoras las palabras o raíces léxicas. La base de este sistema consiste en representar de for-
ma directa el significado de los signos lingüísticos, con independencia de su pronunciación,
de su articulación en el habla. […] Aunque no existe ninguna lengua que utilice un siste-
ma ideográfico puro de escritura […] la china es el mejor ejemplo actual de escritura de
base ideográfica.” (Ortografía de la lengua española, Madrid, Espasa, 2010: 4)

198
¿Cómo se obtienen las lenguas cultivadas a partir de las lenguas naturales?

“Entre las escrituras alfabéticas existe un grupo especial, característico de las len-
guas semíticas como el árabe o el hebreo, donde la representación es básicamente con-
sonántica. Tal particularidad responde a la peculiar estructura de estas lenguas, en las
que el número de vocales es muy reducido y donde cada una de las raíces léxicas porta-
doras del significado común a todas las palabras de la misma familia está casi siempre
formada por una secuencia de fonemas exclusivamente consonánticos (los fonemas vocá-
licos solo se transcriben en determinadas circunstancias y, en su mayor parte, deben
deducirse de la propia estructura gráfica de la palabra y del contexto).” (Ortografía de
la lengua española, Madrid, Espasa, 2010: 4-5)
“Fueron los griegos quienes, al adaptar a su lengua la variante fenicia del alfabeto
semítico, crearon, entre los siglos X y VIII a. C. el primer sistema completo de escritura
alfabética, en el que se representan no solamente los fonemas consonánticos, sino tam-
bién los vocálicos.” (Ortografía de la lengua española, Madrid, Espasa, 2010: 5-6)

5. El siguiente párrafo está en una ortografía basada en una reforma propuesta por el lógi-
co y filósofo Jesús Mosterín. Analice las ventajas e inconvenientes de esta reforma orto-
gráfica:

“Si keremos komunikar nos por eskrito unos kon otros, si keremos leer i eskribir,
emos de azeptar todos el someter nos a una normatiba komún, a una ortografía. Kual-
kier ortografía, por mala ke sea, es preferible a la ausencia de una norma komún, pues
la komunidad del kódigo es una kondizion inpreszindible de la komunikazion. Pero el
ke nezesitemos una ortografía no signifika ke la aktualmente bixente sea la únika posi-
ble ni la mexor.” (J. Mosterín, Teoría de la escritura, Barcelona, 1993: 355)

Lecturas recomendadas

Fabb, N. (2005) Lingüística y Literatura. El lenguaje de las artes verbales del mundo, Madrid, Antonio
Machado.
Garrido Gallardo, M. A. (dir.) 2009 El lenguaje literario. Vocabulario crítico. Madrid: Síntesis.
Moreno Cabrera, J. C. (2005) Las lenguas y sus escrituras. Tipología, Evolución e Ideología. Madrid:
Síntesis.
Senz, S. y M. Alberte (eds.) (2011) El Dardo en la Academia. Esencia y Vigencia de las academias de
la lengua española. 2 vols. Barcelona: Melusina.

199
6
¿Qué preguntas sobre el lenguaje y
las lenguas no deberían formularse?

6.1. ¿Cuál es el origen del lenguaje humano?

Esta pregunta ha sido realizada innumerables veces a lo largo de nuestra historia cultu-
ral y contestada también de innumerables formas. Sin embargo, en esta formulación no
puede ser una pregunta heurística ni fructífera, tal como hemos tenido ocasión de ver
en el apartado 3.6. La razón está en que el concepto de lenguaje humano es demasiado
amplio y en esa amplitud es imposible adoptarlo como si hiciera referencia a una enti-
dad individual coherente perfectamente aislable e identificable. El caso es que lo que
denominamos lenguaje humano incluye múltiples y heterogéneas capacidades fisiológi-
cas y mentales cada una de las cuales puede tener una historia evolutiva independiente.
Por consiguiente, es muy difícil, por no decir imposible, contestar adecuadamente esta
pregunta si no la dividimos en cuestiones parciales menos ambiciosas pero mucho más
realistas. Es lo que se denomina perspectiva multi-componencial que supone un enfoque
multidisciplinar y complejo que implica necesariamente extraer de esa pregunta otras
preguntas parciales más concretas que tienen un carácter mucho más claro y abordable.
Preguntas como las siguientes son mucho más planteables y tienen mucho más sentido:

• ¿Cómo se adaptaron los organismos humanos de la respiración y fonación para su


uso en la lengua hablada articulada?
• ¿Qué papel desempeñan los gestos manuales en el surgimiento de la capacidad lin-
güística humana?
• ¿Cómo surgió la facultad de combinación recursiva de los elementos lingüísticos?
• ¿Cómo surgió y evolucionó la conceptualización abstracta asociada con las palabras?
• ¿Cuál es la historia evolutiva de la intencionalidad?

201
Cuestiones clave de la Lingüística

En el apartado 3.6 se exponen algunos aspectos de esa factorización que ha de experi-


mentar la pregunta que examinamos para que tenga el poder heurístico y metodológico que
le falta a la ambiciosa pregunta general que examinamos aquí.
Si partimos de un enfoque como el que se critica en el capítulo 1 según la cual el lengua-
je humano es un mecanismo o instrumento que sirve para transmitir ideas o impresiones de
un cerebro a otro cerebro, como ocurre con el ojo humano, que es un mecanismo para conec-
tarnos con el mundo exterior a partir de la luz, entonces podría tener sentido la pregunta que
se examina en este apartado. Pero ya hemos visto en el capítulo 1 que esta visión del lenguaje
humano es falsa y absurda si la interpretamos literalmente: no tiene el menor sentido decir que
las ideas, conceptos o impresiones de las personas viajan físicamente de unos cerebros a otros
y que ese viaje físico se produce gracias a un instrumento de comunicación lingüística: el len-
guaje humano. Esta visión que se critica en ese primer capítulo es, como se ha mostrado en él,
puramente metafórica y tiene una utilidad puramente expositiva. Esta idea del lenguaje huma-
no como instrumento de comunicación es, pues, figurada, por lo que no podemos creernos
literalmente que existe un instrumento que utilizamos para trasladar ideas entre cerebros. A
partir de ahí, preguntarse sobre el origen y evolución de ese supuesto instrumento no deja de
ser algo así como perseguir un fantasma.
Lo que sí tiene sentido es preguntarse sobre el origen y evolución de esa metáfora y pre-
cisamente ese origen hay que buscarlo en las elaboraciones de las naturales típicas de deter-
minados tipos de sociedad en las que existen lenguas escritas religiosas o estándares que dan
la falsa impresión de que el lenguaje es un instrumento exteriorizado y objetivable tal como
puede comprobarse en la existencia de ortografías, gramáticas y diccionarios escritos. Igual
que una persona utiliza una ortografía, una gramática y un diccionario de una lengua cul-
tivada determinada para construir o realizar un discurso escrito elaborado culturalmente, se
piensa erróneamente que la persona que utiliza una lengua natural echa mano igualmente
de una fonética, una gramática y un diccionario como elementos más o menos exterioriza-
dos y objetivables y separables para hablar de forma espontánea una lengua natural.

6.2. ¿Hay genes del lenguaje humano?

En la actualidad continuamente aparecen en los medios de comunicación de masas noticias


sobre descubrimientos nuevos en el ámbito de la genética humana cuya divulgación es nece-
sariamente simplificadora y puede llevar a la formulación de preguntas equivocadas como
la que se comenta ahora. Relacionar directamente algo tan pequeño como los genes con un
conjunto complejo de comportamientos y aptitudes que denominados lenguaje es realizar
un espectacular salto mortal sin red. Sobre todo porque, tal como hemos visto en el apar-
tado anterior, mediante lenguaje humano entendemos un conjunto nebuloso de muchas
capacidades muy heterogéneas entre sí. En un completo y detallado estudio sobre la cues-
tión de la relación entres los genes y el lenguaje A. Benítez Burraco (2009: 339-364) reali-
za una serie de precisiones que se van a resumir a continuación. Cuando se habla de rela-
cionar genes y lenguaje hay que tener en cuenta los cuatro puntos fundamentales siguientes
(A. Benítez Burraco, 2009: 356)

202
¿Qué preguntas sobre el lenguaje y las lenguas no deberían formularse?

1. Se parte al hacer esta pregunta de una serie de simplificaciones tanto sobre la


naturaleza de los genes como de su función, por lo que los especialistas utilizan
habitualmente la expresión “genes del lenguaje” entre comillas, simplemente
como una forma rápida de referencia que no ha de entenderse de modo literal.
2. Un mismo gen puede desempeñar funciones diferentes en momentos y lugares
distintos durante el desarrollo de un individuo. Este fenómeno se conoce técni-
camente como pleiotropismo.
3. La determinación de la organización y funcionamiento de una estructura biológi-
ca depende, en general, de la actuación coordinada de multitud de genes. Lo rele-
vante no es el papel de cada gen en particular ni que intervengan diferentes genes
en un determinado proceso, sino el equilibrio que existe en un momento y lugar
concretos entre los productos codificados por el conjunto de genes implicados.
4. No se puede minusvalorar la importancia del contexto molecular y evolutivo
sobre la actividad y la expresión de los genes implicados en el desarrollo de la
actividad lingüística, así como la importancia del ambiente sobre el programa de
desarrollo de la capacidad lingüística humana.

Según Benítez Burraco no tiene mucho sentido relacionar los genes y las estructuras lin-
güísticas de modo inmediato:

“Una conclusión inmediata de las evidencias presentadas en este libro […] sería,
desde luego, que nunca será posible encontrar genes responsables de la flexión nominal
o que regulen el procesamiento de las oraciones con cláusulas incrustadas, como deman-
daba ingenuamente una aproximación simplista a la dilucidación del problema de las
bases genéticas del lenguaje.” (A. Benítez Burraco, 2009: 358)

El autor que estamos siguiendo afirma que, en todo caso, más que de genes del lengua-
je habría que hablar de la regulación genética del desarrollo y funcionamiento de algunas
regiones cerebrales en las que interviene (no de manera exclusiva) el lenguaje humano:

“En cambio, sí parecen existir genes que se ajustan, en buena medida, a la defini-
ción de ‘gen del lenguaje’ propuesta por Pinker (2001: 352-353), al menos si se inter-
preta de forma laxa, puesto que se dispone actualmente de algunos datos, ciertamente
fragmentarios, acerca de genes que intervienen en la regulación del desarrollo y del fun-
cionamiento de determinadas regiones cerebrales, estructuras histológicas, conjuntos
neuronales o procesos a nivel citológico (capaces, además, de integrar la información
que llega del exterior) relacionados con el lenguaje.” (A. Benítez Burraco, 2009: 358)

6.3. ¿Qué relación hay entre el lenguaje y el pensamiento?

Como ocurría en el caso de la pregunta sobre el origen del lenguaje humano, la cuestión de
la relación entre el lenguaje y el pensamiento es una de las eternas preguntas de la filosofía
occidental. Si examinamos el gran número de respuestas que se han dado a lo largo de la
historia de la filosofía a esta pregunta comprenderemos que su formulación es demasiado

203
Cuestiones clave de la Lingüística

vaga e indeterminada como para constituir un punto de partida mínimamente útil. Ya hemos
visto en las dos preguntas anteriores y en el capítulo 1 que bajo el término lenguaje huma-
no se esconde habitualmente un conglomerado muy complejo y heteróclito de elementos,
fenómenos y comportamientos varios. El caso del concepto de pensamiento es todavía peor,
ya que mediante esta expresión solemos incluir tanto las actividades mentales irreflexivas y
más o menos automáticas de una persona, como los complejos sistemas proposicionales
constituidos por doctrinas filosóficas desarrolladas a lo largo de siglos por muchas personas
distintas. Entre ambos extremos, podemos encontrar un sinnúmero de fenómenos inter-
medios que también tildamos de pensamiento humano. Ante tamaña indeterminación y
vaguedad en los dos elementos que se intentan relacionar entre sí está bastante claro que
sobre la base de tal pregunta poco se puede sacar en claro. De hecho, esta pregunta no ha
sido ni será satisfactoriamente contestada después de muchos siglos de actividad mental
humana.
En el ámbito de la lingüística, existe una famosa hipótesis, la hipótesis atribuida a
E. Sapir y B. L. Whorf del determinismo lingüístico que, siguiendo a A. García Suárez pode-
mos formular de la siguiente forma:

“La manera en que los hablantes perciben o conciben el mundo les es impuesta
deterministamente por las estructuras de sus lenguas.” (A. García Suárez, 2011: 62).

B. L. Whorf analizó la estructura de la lengua indígena norteamericana hopi y el inglés


y, debido a las grandes diferencias gramaticales entre las dos lenguas, llegó a la conclusión
de que la concepción del mundo de las personas hablantes de hopi es muy distinta de aque-
lla que presentan las personas anglohablantes. En efecto, si comparamos diversas lenguas
observaremos que su estructura gramatical es muy distinta: ¿significa eso que la forma en la
que sus hablantes ven la realidad es diferente? Por ejemplo, en las lenguas romances existe
una forma verbal temporal de futuro: en español leerá es la forma futura de lee. Sin embar-
go, las lenguas eslavas expresan habitualmente el futuro mediante una forma aspectual que
indica la terminación o compleción de una acción. Por ejemplo, en ruso chitáyet significa
‘lee’, pero para obtener el futuro se sigue usando la forma de presente con un prefijo que
indica que la acción se completa: prochitáyet ‘leerá’. En puridad, no hay una forma tempo-
ral sintética de futuro en ruso. ¿Qué consecuencia tiene esto para la visión del mundo de los
hispanohablantes y los rusohablantes? ¿Significa que en donde los hispanohablantes vemos
el futuro los rusohablantes ven la culminación de la acción? En absoluto; unos y otros con-
cebimos el futuro de modo similar independientemente de si nuestro sistema verbal tiene
o no una forma verbal de futuro. Pensar que una comunidad humana carece de la idea de
futuro porque en su lengua no haya flexión temporal de futuro es un razonamiento fácil-
mente refutable. Como también seguramente lo será que nuestra concepción antropológi-
ca de futuro, que en principio poco o nada tendrá que ver con nuestra lengua, tenga que ser
idéntica a la concepción antropológica de futuro de una comunidad diferente de la nuestra
culturalmente.
El ruso tiene tres géneros: masculino, femenino y neutro y el español tiene sólo dos:
masculino y femenino. ¿Significa esto que los hispanohablantes vemos ventana (femenino)

204
¿Qué preguntas sobre el lenguaje y las lenguas no deberían formularse?

con atributos sexuados y los rusohablantes ven la palabra correspondiente oknó ‘ventana’
(neutra) con atributos asexuados o de género neutro? ¿Concebimos o percibimos unos y
otros las ventanas de diferente manera? La contestación es casi con toda seguridad negati-
va. Las personas rusas y españolas suelen comportarse cognitivamente ante las ventanas de
una manera similar.
En general, las investigaciones que intentan demostrar que la estructura lingüística deter-
mina la visión del mundo pecan de circularidad:

“La TRC [tesis de la relatividad cognitiva] predice que las estructuras gramaticales del
hopi determinarán una concepción del tiempo distinta de la nuestra, pero Whorf ofrece
mayoritariamente como indicios empíricos de la validez de esa predicción hechos tales
como que los hopi cuentan el tiempo con ordinales y no con cardinales o que no dirían
una extensión de tiempo, etc. Es decir, para sostener su idea de que los hopi tienen una
concepción del tiempo totalmente distinta de la nuestra no suele citar por lo general con-
ductas no verbales, sino pautas lingüísticas distintivas. Este es un procedimiento circular
que no puede probar que cuando dos lenguajes difieren en sus estructuras lingüísticas
determinan visiones del mundo distintas.” (A. García Suárez, 2011: 69)

Es decir, intentamos demostrar que la lengua de una persona determina su concepción


del mundo a través de la forma en la que expresa el mundo a través de su comportamiento
verbal, con lo cual estamos en un círculo vicioso.
Pero hay otra objeción más importante aún contra este tipo de teoría sobre el determi-
nismo lingüístico. Si nuestra lengua determina nuestra visión del mundo, entonces la visión
del mundo que asignamos a quienes hablan una lengua estructuralmente distinta tendrá
que estar determinada por nuestra lengua, no por la suya, a no ser que fuéramos capaces de
salvar esa determinación y situarnos por encima de nuestra visión del mundo para com-
probar la visión del mundo de quienes hablan esa otra lengua. Pero si esto es así, entonces
no es cierto que nuestra lengua determine nuestra visión del mundo, porque se puede supe-
rar con mayor o menor facilidad esa determinación. Por consiguiente, efectuar ese razona-
miento implica demostrar la falsedad factual de lo que intentamos demostrar. Es lo que se
conoce como efecto Ismael:

“Aplicándolo al caso de Sapir y Whorf, ellos tuvieron éxito en librarse de las cade-
nas irrompibles del lenguaje, de manera que estuvieron en situación de informarnos a
los demás de que nadie puede librarse de las cadenas irrompibles del lenguaje.” (A. Gar-
cía Suárez, 2011: 72)

Ismael es un personaje de la novela de Herman Melville Moby Dick que sirve como narra-
dor y que, después de afirmar que todos perecieron en el naufragio, él sobrevivió para con-
tarnos la historia.
Pero en todo esto hay además un factor ideológico de tipo etnocentrista que es necesa-
rio poner de manifiesto. Nos resulta muy extraño afirmar que un ruso no tiene el concep-
to de futuro o ve las ventanas asexuadas y que un español sí tiene ese concepto y ve las ven-
tanas sexuadas. Sin embargo, decir estas cosas de una comunidad de cazadores-recolectores

205
Cuestiones clave de la Lingüística

situada en el Amazonas, como se ha hecho, por ejemplo, respecto de la comunidad de los


mura-piraha, nos parece normal, incluso muy creíble. He aquí parte de la noticia apareci-
da en la prensa digital:

“En la cabeza recta de los Pirahãs no caben los colores, ni los tiempos verbales, ni
la ficción, ni cualquier otro idioma. Son monolingües a pesar de tener contacto con
colonizadores y tribus de origen Tupí-Guaraní desde hace más de 200 años. La ausen-
cia de tiempos verbales, de pretéritos o futuros, influye probablemente en la ausencia
de cualquier conciencia histórica, en la inexistencia de cualquier dios o mito de crea-
ción, y hasta en la formación del sistema de parentesco más simple jamás documenta-
do. “No hay entre los Pirahãs memoria individual o colectiva más allá de dos genera-
ciones y ninguno es capaz de recordar los nombres de sus cuatro abuelos”, escribe Everett.
Respecto a Dios, tampoco les entra en su cabeza. “¿Quién creó las cosas?”, les pregun-
tó Everett. “Todo es lo mismo”, respondieron los indios, queriendo decir, siempre según
el estudioso, que nada cambia y por lo tanto nada fue creado.” [Negrita en el original]

(www.elmundo.es)

Este comentario muestra un profundo desconocimiento de las creencias de esta comu-


nidad que, como muchas otras, posee un rico universo espiritual de entidades invisibles.
Además, si tenemos en cuenta que la mayor parte de los mitos de la creación de nuestra
sociedad moderna han sido inventados por sociedades de la antigüedad de las que los hemos
copiado sin apenas variación también podrían aplicarse a la sociedad europea contemporá-
nea esas objeciones de falta de inventiva mitológica. También en la sociedad europea con-
temporánea hay muchas personas ateas que no creen en ningún dios y opinan que nada ha
sido creado, tal como se desprende de los razonamientos de Darwin de hace muchos años.
El efecto Ismael, al parecer, funciona con nosotros porque nuestra sociedad ha llegado a un
punto de la civilización en el cual somos capaces de romper las ataduras que nuestras lenguas
imponen a nuestra mente; sin embargo, los hopi o los mura-piraha son comunidades atrasadas
que están esclavizadas o condicionadas mentalmente por sus lenguas. Esta idea etnocentrista es
la que está detrás de que el determinismo lingüístico sea creíble pero sólo para las comunidades
humanas que, de modo erróneo, consideramos mental o cognitivamente atrasadas.

6.4. ¿Cuántas lenguas hay en el mundo?

Esta es una pregunta que suelen hacer a menudo a las personas que están dentro del ámbi-
to de la lingüística. Su contestación depende mucho de varios factores que vamos a esbozar
a continuación. Una manera muy sencilla de contar las lenguas que hay en el mundo se pue-
de llevar a cabo simplemente contando las lenguas oficiales de los países que lo constituyen.
Como son pocos los países que tienen dos o más lenguas oficiales, por esta vía difícilmente
llegaríamos a trescientas lenguas.
La inmensa mayoría las lenguas oficiales son lenguas escritas y estándares o que pre-
sentan un grado considerable de estandarización. Por tanto, se trata de lenguas cultivadas,

206
¿Qué preguntas sobre el lenguaje y las lenguas no deberían formularse?

no de lenguas naturales. Esto se ve muy bien en determinados casos, como el del italiano
que vimos en el apartado 5.4. Normalmente, al contabilizar las lenguas del mundo por
medio de las lenguas oficiales, Italia aporta una lengua, el italiano. Mediante esta lengua
nos referimos a una lengua estándar escrita, que es la lengua modelo de la sociedad italia-
na actual, que las diversas personas de Italia realizan en su habla normal con diversos gra-
dos de aproximación. Sin embargo, es claro que en Italia hay una mayor riqueza lingüísti-
ca que viene de la mano de los llamados dialectos italianos. Una pregunta surge en seguida:
¿de qué lengua son dialectos o variaciones? Una idea popular es que los diversos dialectos
de Italia son variedades lingüísticas del italiano estándar. Pero eso no es cierto; el italiano
estándar es una variedad cultivada del toscano, una de las variedades lingüísticas itálicas,
con elementos adicionales de otras variedades. Pero este carácter mixto no hace que los dia-
lectos italianos sean variedades o variaciones del italiano estándar. Es al contrario, el ita-
liano estándar se basa fundamentalmente en un dialecto concreto. Por tanto, el italiano
estándar es una variedad lingüística italiana. Pero no es una variedad cualquiera, tiene un
estatus especial porque no es una lengua natural, sino artificial, una lengua cultivada, una
lengua escrita. Por consiguiente, no está en el mismo nivel que los llamados dialectos ita-
lianos que sí son lenguas naturales propiamente dichas. Por consiguiente, las únicas len-
guas naturales que existen en Italia son los denominados dialectos italianos y las diversas
realizaciones orales que imitan o toman como modelo la lengua estándar con adaptacio-
nes y variaciones locales.
Llegamos, pues, a una conclusión diferente, los denominados dialectos italianos son len-
guas naturales y el italiano estándar escrito no lo es, sólo lo es de modo imperfecto en los
diversos modos de hablar que se atienen a ese italiano modélico y que presentan diversas
adaptaciones y variaciones locales y sociales. ¿Cuántas lenguas romances itálicas se hablan
de hecho en Italia? En la obra de Dante citada anteriormente, De Vulgari eloquentia, se afir-
ma lo siguiente:

“Por lo que parece que sólo Italia se divide en catorce lenguas vulgares, al menos, y
que, además todas las lenguas vulgares se dividen entre sí, como por ejemplo en Tosca-
na, seneses y aretinos, en Lombardía, ferrareses y placentinos; e incluso en una misma
ciudad observamos algunas diferencias, como hemos confirmado más arriba en el capí-
tulo anterior. Por lo cual, si quisiéramos calcular las diferencias primarias, secundarias
y subsecundarias, de la lengua común de Italia, e incluso de este pequeño rincón del
mundo, se podría llegar, no hasta mil variedades de la lengua vulgar, sino a más, inclu-
so”. (Dante Alighieri, De vulgari eloquentia, X, 9. edición de Manuel Gil Esteve y Matil-
de Rovira Soler, Madrid, Palas Atenea, 1997)

Según las investigaciones más especializadas de la lingüística teórica actual estas pala-
bras de Dante, escritas a principios del siglo XIV, parecen dar en el clavo. La diversidad lin-
güística italiana es mucho mayor que la que dan a entender la mayor parte de los catálogos
de lenguas, que tienen en cuenta solo las lenguas oficiales. Todas estas variedades de las que
habla Dante son lenguas naturales de pleno derecho, pues son utilizadas por comunidades
humanas de modo sistemático en sus interacciones cotidianas.

207
Cuestiones clave de la Lingüística

Una situación similar a la italiana se da en otros muchos países del mundo como Ale-
mania, India, China o Rusia.
España tampoco es una excepción. Su lengua oficial es el español. Pero detrás del espa-
ñol estándar peninsular existe una serie de variedades denominadas dialectos o hablas que
son lenguas naturales de pleno derecho, sin contar las lenguas que no provienen del caste-
llano como el gallego, el aragonés, el asturiano, el catalán o el vasco.
Un ejemplo muy interesante de una variedad histórica del castellano es el andaluz. Una
idea errónea es que las variedades andaluzas que tradicionalmente se agrupan en un deno-
minado dialecto andaluz son dialectos del español estándar peninsular. Pero esta idea es cla-
ramente falsa porque el español estándar peninsular se basa en las variedades del castellano
centro-norteñas y no en las variedades del castellano meridionales. El español estándar penin-
sular es una lengua cultivada y, por tanto, artificial, y no una lengua natural. El castellano
oral actual de las Castillas no es una variedad del español estándar peninsular, sino que ocurre
al revés: la lengua estándar, como lengua cultivada y por tanto artificial, es una variedad cul-
ta y escrita de ese castellano oral.
El dialecto o dialectos andaluces, como lenguas naturales de pleno derecho, tampoco
son variedades del castellano centro-septentrional actual, sino variedades meridionales del
castellano renacentista y moderno, no del castellano contemporáneo. Por consiguiente, no
se debería decir, como se hace a menudo, que los dialectos andaluces son formas de español
vulgar, dado que el español como lengua natural no existe, sólo existe como lengua cultiva-
da (y esto se aplica igualmente, como hemos visto, al italiano, al inglés, al alemán y a otras
muchas lenguas).
Es bien sabido que las hablas, es decir lenguas naturales andaluzas presentan diversas
variedades y esto ha llevado a algunas personas a decir que no existe un dialecto andaluz sino
un conjunto de hablas andaluzas. Pero es de todo el mundo sabido que un conjunto de varie-
dades denominadas dialectos que comparten una serie de rasgos comunes y de rasgos dife-
renciadores se suele denominar lengua, entendida esta vez no como una entidad homogé-
nea e individual, sino como un conjunto de variedades que pueden agruparse frente a otros
conjuntos de variedades lingüísticas. En este sentido, podemos decir que el andaluz, con
todas sus variedades, constituye una lengua natural de pleno derecho diferenciada de otros
conjuntos de variedades de origen castellano que se sitúan en otros ámbitos territoriales de
la Península ibérica. A todas estas lenguas naturales se las puede agrupar (frente a los con-
juntos de variedades del catalán, gallego, asturiano, aranés o vasco) en una categoría mayor
que se podría denominar español peninsular, que, como las demás lenguas naturales (inglés,
italiano o alemán), no es una entidad homogénea e individualizada, sino un conjunto de
variedades que se pueden agrupar por una afinidad lingüística y que tiene una clara justifi-
cación histórica.
Este español peninsular, como conjunto de variedades, es distinto del español estándar
peninsular, que es una lengua cultivada y que es homogénea, invariable y perfectamente
individualizable, pero no una lengua natural. Lo más importante que hay que tener en cuen-
ta es que esas variedades lingüísticas que agrupamos bajo el rótulo de español peninsular
(que no es una entidad lingüística, sino una simple etiqueta de un conjunto afín de lenguas
naturales) no son realizaciones desviadas, imperfectas o defectivas de la lengua cultivada

208
¿Qué preguntas sobre el lenguaje y las lenguas no deberían formularse?

estándar que, como lengua cultivada que es, ha sido propuesta, desarrollada e implantada
de forma artificial.
Si lo que contamos son lenguas naturales y no lenguas cultivadas, el número de lenguas
del mundo crecerá de forma notable. Algunos recuentos hablan de más de seis mil lenguas.
De todas maneras podemos afinar en este ámbito todo lo que queramos. Una comunidad
humana, por pequeña que sea, tiene un modo distinto de hablar respecto de otras comunida-
des cercanas o lejanas y ese modo distintivo de hablar puede incluir aspectos formales de la
gramática que, por aparentemente pequeños y poco importantes que sean, cambian de una
forma u otra las competencias lingüísticas de las personas que pertenecen a ella frente a las de
otras comunidades. Por tanto, si afinamos nuestro análisis gramatical podríamos incluso lle-
gar a considerar que cada comunidad lingüística habla una lengua natural distintiva. En este
caso, el número de lenguas crecería y podría llegar a cifras de varias decenas de miles.
La respuesta a la pregunta que analizamos es clara: la contestación dependerá de la pre-
cisión de los criterios gramaticales que utilicemos y también de los criterios sociales y cul-
turales que estimemos oportuno aplicar, según los propósitos que perseguimos al formular
y contestar esa pregunta.

6.5. ¿Cómo diferenciar una lengua de un dialecto?

Para comprender la trampa de esta pregunta basta con repasar el apartado 2.9. La diferen-
cia entre lengua y dialecto es social, cultural, ideológica o política, pero no lingüística. Una
lengua estándar se suele concebir como lengua propiamente dicha y las lenguas naturales
usadas en el territorio en el que se impone dicha lengua estándar, se consideran meros dia-
lectos o hablas.
Hay una cosa que debe quedar clara: lo que se habla en una comunidad lingüística por
pequeña que ésta sea es una lengua natural de pleno derecho. Esa actividad lingüística de
una comunidad pequeña, podrá ser calificada como habla o dialecto, pero eso no impide
que siga siendo la realización de una lengua natural, existente en la competencia lingüísti-
ca de las personas hablantes. De hecho, una lengua natural no es más que un conjunto de
competencias lingüísticas individuales muy similares o cuasi idénticas entre sí. No es una
entidad autónoma e independiente de las personas. Esa competencia lingüística se mani-
fiesta mediante el habla humana. Por tanto, toda habla humana es manifestación de una
competencia lingüística natural, es decir, de una lengua natural. Da igual que lo llamemos
habla, dialecto o lengua: estas etiquetas no pueden eliminar ese hecho imposible de negar.
Afirmar que una persona o una comunidad no habla lengua alguna, sino dialecto, variedad
lingüística o habla no tiene ningún sentido lingüístico, sino sólo cultural o social. Lo que
queremos decir es que la forma de hablar de las personas de esa comunidad carece de pres-
tigio social, cultural o político. Pero el prestigio no es una cualidad lingüística sino social:
una forma lingüística puede ser prestigiosa en un momento y dejar de serlo en otro, sin que
cambien en absoluto sus propiedades lingüísticas.
El famoso dicho popularizado por el sociolingüista yidis Max Weinreich (1894-1969 y
padre del lingüista U. Weinreich) “una lengua es un dialecto con un ejército y una armada”

209
Cuestiones clave de la Lingüística

es perfectamente ilustrativo de lo que se acaba de razonar. Este aforismo, según escribió él


mismo, le fue propuesto por un profesor de un instituto del Bronx que estaba escuchando
una conferencia suya impartida a mediados de los años cuarenta del siglo pasado. M. Wein-
reich publicó este aforismo, por primera vez en yidis en 1945 (YIVO Bleter 25, 1, 1945) en
los siguientes términos, después de referir esa anécdota:

a shprakh iz a dialekt mit an armey un flot


‘Una lengua es una dialecto con ejército y armada’

Se puede comprobar por la transcripción que aunque se utiliza el alefato hebreo (que se
lee de derecha a izquierda) el yidis no es una lengua semita sino germánica, una variedad de
alemán.

6.6. ¿Cuál es el origen de las lenguas? ¿Hay lenguas primitivas?

Si plantear el origen del lenguaje humano es más un conjunto de problemas que un pro-
blema homogéneo y unitario algo parecido ocurre con el origen de las lenguas. La lingüís-
tica histórica, mediante una serie de técnicas, ha sido capaz de determinar muchas familias
lingüísticas, tales como la familia romance y la indoeuropea. Conocemos bien el origen de
las lenguas romances: proceden todas de una serie de variaciones locales del latín vulgar, una
lengua de la antigüedad que tenemos atestiguada por testimonios escritos. Mediante las mis-
mas técnicas, se ha podido demostrar la existencia otras familias lingüísticas tales como la
germánica, la eslava, la báltica, la griega o la itálica. En algunos de estos casos no hay testi-
monios escritos de la lengua ancestral, correspondiente al latín de las lenguas romances, de
la que provienen las lenguas de estas familias, pero el comportamiento lingüístico de los
miembros de estas familias atestigua este particular con suficiente seguridad. Incluso se ha
llegado a determinar, también mediante las mismas técnicas, que todas las familias lingüís-
ticas que acabamos de enumerar están genéticamente relacionadas y proceden de una len-
gua ancestral hablada hace milenios, de la que no hay testimonios escritos, a esa lengua se
la denomina indoeuropeo. Mediante las técnicas de la lingüística histórico-comparada ha lle-
gado a establecerse de forma más o menos sólida la existencia de otras lenguas ancestrales
de las que proceden los idiomas de diversas familias lingüísticas no indoeuropeas: semita,
urálica, túrquica, bantú, algonquina, malayo-polinesia y muchas otras.
Una pregunta que surge en seguida es la siguiente: ¿Están todas las familias lingüísticas
del mundo relacionadas entre sí?, de la que se deriva esta otra: ¿Proceden todas las lenguas del
mundo de una única lengua madre ancestral? Se trata de la hipótesis de la monogénesis lin-
güística mundial.
Una cosa tiene que quedar clara: los métodos de la lingüística histórico-comparada que
han llevado a determinar con un grado de seguridad grande las diversas familias lingüísticas

210
¿Qué preguntas sobre el lenguaje y las lenguas no deberían formularse?

del mundo no pueden aplicarse de forma fiable en distancias temporales demasiado grandes;
es decir de decenas de milenios en el pasado. La razón de ello está en que todas las hipotéti-
cas lenguas ancestrales de las que proceden las diversas familias lingüísticas del mundo (indoeu-
ropea, semítica, urálica, algonquina, sínica, malayo-polinesia, papú…) no están atestiguadas
de forma documental y, por tanto, no hay más remedio que proponer formas lingüísticas
reconstruidas, es decir, formas hipotéticas deducidas a partir de las leyes del cambio lingüís-
tico. Desde el momento en el que queremos ir más atrás en el tiempo tenemos que recurrir
a comparar formas lingüísticas hipotéticas y proponer otras formas más antiguas, mucho más
hipotéticas, sobre las formas reconstruidas anteriores. Por ejemplo, si queremos demostrar
que existe una lengua ancestral de la que proceden las familias indoeuropea y semita, tene-
mos que comparar las reconstrucciones de la lengua indoeuropea con las reconstrucciones de
la lengua semita ancestral para obtener unas nuevas reconstrucciones de las formas lingüísti-
cas de la supuesta lengua originaria de las dos familias. A su vez, podemos comparar estas for-
mas reconstruidas a partir de formas reconstruidas con otras formas reconstruidas de otras
familias con el fin de llegar a la supuesta lengua-madre original de la humanidad.
Como puede apreciarse, las reconstrucciones de segundo, tercer, cuarto, quinto o sexto
orden, necesarias para esta investigación tienen cada vez menos solidez, ya que el más míni-
mo error en una reconstrucción de primer orden (por ejemplo, la de la lengua indoeuropea
ancestral) puede tener consecuencias amplificadas de gran alcance en las reconstrucciones
de segundo, tercer, cuarto, quinto o sexto orden.
El cambio lingüístico a través del cual divergen los idiomas es tan radical que en unas
decenas de milenios dos lenguas emparentadas pueden no ser reconocibles como tales, ni
aun aplicando los métodos más sofisticados de la lingüística histórica; por otro lado, tam-
bién hay muchos procesos de convergencia lingüística que hacen que a lo largo de milenios
dos lenguas que no están originalmente relacionadas puede parecer que lo están, sin que los
métodos científicos de la lingüística histórico-comparativa puedan demostrar lo contrario.
De lo anterior cabe deducir que es casi seguro que nunca podremos saber si todas las
lenguas actuales proceden de una única lengua-madre ancestral. En definitiva nunca sabre-
mos si las lenguas humanas proceden de varias lenguas-madre diferentes (plurigénesis) o de
una sola (monogénesis). Algunas mitologías sobre las lenguas de la humanidad se basan pre-
cisamente en la monogénesis y otras en la plurigénesis.
Desde el punto de vista de la naturaleza de la facultad humana del lenguaje, explica-
da en el capítulo 3, este problema no es tan enigmático como pudiera parecer a primera
vista. Si partimos de la idea de que todas las lenguas humanas son manifestación de la
facultad humana del lenguaje, que es característica de nuestra especie, es decir, que exis-
te desde que existe nuestra especie, ni la monogénesis ni la poligénesis plantean proble-
mas importantes.
Si existió una lengua ancestral de toda la humanidad es evidente que esa lengua sería
manifestación de la facultad humana del lenguaje y tendría las propiedades que están deter-
minadas por dicha facultad y que se manifiestan también en todas las lenguas ancestrales de
las que proceden las lenguas naturales actuales.
Si no existió una lengua ancestral de la humanidad, sino que diversas comunidades
humanas ancestrales tuvieron desde el principio lenguas diferentes, es seguro que todas esas

211
Cuestiones clave de la Lingüística

lenguas eran manifestaciones de la facultad lingüística humana y, por tanto, tenían las carac-
terísticas asociadas a esa facultad y eran lenguas tan humanas como las actuales.
Por tanto, las dos posibilidades, la monogenética y la plurigenética son compatibles con
el concepto de facultad humana universal del lenguaje.
Desde este mismo punto de vista, podemos plantear de manera cabal la segunda de las
cuestiones de este apartado referida a las lenguas primitivas.
Partimos de la idea de que entre las características del Homo sapiens sapiens está la de la
facultad del lenguaje. La facultad humana del lenguaje se manifiesta, cuando puede hacer-
lo, en lenguas humanas plenamente desarrolladas, es decir, con todo el potencial que le per-
mite el sistema combinatorio recursivo que las caracteriza y que está asociado a esa facultad.
Esta es una de las características de nuestra especie. Por tanto, las lenguas primitivas, que no
presentan ninguna o que sólo tienen algunas de las características de las lenguas de nuestra
especie, sólo pueden ser de especie de Homo diferentes de la nuestra. Sabemos que en el
pasado existieron otras especies de Homo: Homo habilis, Homo erectus, Homo ergaster, Homo
neandertalensis…; por consiguiente, si cabe asignar a esas especies una facultad lingüística
sería seguramente diferente a la que caracteriza al Homo sapiens y, por tanto, las posibles len-
guas que hablaran o señaran los individuos de esas especies de Homo podrían ser conside-
radas como primitivas o menos desarrolladas que nuestras lenguas.
Sabemos con total seguridad que no existe en la actualidad ninguna otra especie de
Homo excepto nuestra especie. Por consiguiente, tiene que estar descartada de antemano la
idea de que existan o hayan existido después de la extinción de las demás especies de Homo
con las que ha convivido la nuestra lenguas humanas primitivas, es decir, carentes de todas
o algunas de las propiedades que definen la facultad lingüística humana.

6.7. ¿Cuáles son las lenguas humanas más sencillas? ¿Y las más complejas?

Esta pregunta tiene que ver con la segunda pregunta del apartado anterior. Se supone que
las lenguas más sencillas o menos complejas serían más próximas a las lenguas primitivas,
no desarrolladas y las lenguas más complejas serían las más avanzadas o desarrolladas.
Así se pensó en el siglo XIX, en el que creyeron más complejas las lenguas como el grie-
go o el latín, denominadas flexivas por presentar diferentes modelos de declinación nominal
y de conjugación verbal con diversas terminaciones que expresan sincréticamente diferentes
categorías morfológicas (género, número, caso, tiempo, aspecto, modo, etc.). De esta forma,
se afirmó que las lenguas flexivas estaban en un nivel superior de desarrollo que las lenguas
aislantes (sobre todo lenguas de Asia como el chino o el vietnamita) o aglutinantes (como el
vasco, el turco o el húngaro, que sólo tienen un modelo de declinación y conjugación y en
el que no existe un sincretismo morfológico tan extremo). De aquí se podría deducir que el
griego o el latín son lenguas más desarrolladas o avanzadas que el euskera o el turco.
Ninguna persona especializada en lingüística que quiera ser tomada en serio hoy en día
mantendría hoy este punto de vista, marcadamente etnocéntrico.
Ahora bien, el razonamiento que acabamos de hacer vale para las lenguas naturales, pero
no para las lenguas cultivadas que, como sabemos, no son lenguas naturales, sino artificiales.

212
¿Qué preguntas sobre el lenguaje y las lenguas no deberían formularse?

Ya hemos visto en el capítulo 5 que en las diversas comunidades lingüísticas humanas


las lenguas naturales se pueden someter a un proceso de complicación que da lugar a deter-
minadas elaboraciones con diferentes propósitos: estéticos, mágicos, religiosos, ideológicos,
políticos, etc.
Es más que evidente que es mucho más difícil hablar en sonetos que hablar en prosa o
hablar en forma de discurso académico que hablar para manejarse en la vida diaria.
Las lenguas cultivadas de carácter religioso o literario (el sánscrito, el griego clásico, el
latín clásico, el árabe coránico, etc.) normalmente tienen unas normas muy elaboradas y
codificadas en gramáticas y diccionarios. Es claro que el latín literario clásico es una lengua
culturalmente elaborada y compleja, tanto que no se usaba en la vida diaria, dado que exis-
tía una separación muy grande entre esta lengua y la lengua natural en la que se basaba (el
latín vulgar).
Si cometemos el error, por desgracia muy habitual, de comparar una lengua cultivada
como el latín o griego clásico, con una lengua natural oral espontánea, como el euskera vul-
gar o el quechua vulgar, por ejemplo, podríamos llegar a la falsa conclusión de que hay len-
guas más desarrolladas que otras. Pero, claro es, no podemos comparar lenguas cultivadas
(intencionadamente elaboradas) con lenguas naturales (espontáneas), porque estamos en
dos niveles diferentes. Lo que habría que comparar es el latín vulgar espontáneo que se habla-
ba en los tiempos del latín literario clásico, con el euskera o quechua vulgar espontáneos de
esa misma época. Entonces estaríamos comparando dos lenguas naturales orales y encon-
traríamos que su nivel de desarrollo gramatical es similar, aunque, por supuesto, con pun-
tos diferentes por sus diversas estructuras gramaticales. Por otro lado, si comparamos el eus-
kera jurídico que se utiliza en la formulación de las leyes del País Vasco y de Navarra con el
latín jurídico, veremos que las dos lenguas, ambas cultivadas y artificiales, presentan un gra-
do de desarrollo y complejidad también similar.
La comparación de las lenguas naturales espontáneas y las lenguas cultivadas siempre
produce el mismo resultado: las segundas parecen ser más complejas que las primeras. Y eso
ocurre dentro de una misma lengua: el latín vulgar espontáneo parece más simple que el
latín literario clásico, el español coloquial cotidiano parece más sencillo que el español escri-
to estándar que se usa en los textos jurídicos, etc.
Incluso hoy en día, algunas personas especializadas en lingüística (por ejemplo, J. H.
McWhorter, 2001) siguen diciendo que las lenguas criollas, surgidas de la mezcla entre una
lengua europea y lenguas indígenas, tienen una gramática más sencilla que la de las lenguas
no criollas. El error en el que incurren estas personas es muy fácil de diagnosticar y de poner
al descubierto. Por ejemplo, el haitiano es una lengua criolla que procede de la mezcla del
francés y de varias lenguas indígenas americanas y africanas (aportadas por los esclavos afri-
canos llevados a las plantaciones). Esta lengua criolla es una lengua natural oral espontánea,
no una lengua cultivada; por tanto, si la comparamos con el francés estándar escrito podría-
mos llegar a la conclusión de que el haitiano tiene una gramática más sencilla que la del fran-
cés escrito. Sin embargo, este modo de proceder es claramente erróneo. El haitiano no pro-
cede del francés escrito, sino del francés vulgar de los siglos XVI y XVII; por lo tanto el haitiano
no es una especie de corrupción, desviación o simplificación del francés escrito. Como ha
demostrado R. Chaudenson (2003) en el haitiano se ven las tendencias y procesos que carac-

213
Cuestiones clave de la Lingüística

terizaban la lengua francesa vulgar espontánea de esos siglos. La comparación con el fran-
cés estándar escrito de los siglos XVI y XVII no es en absoluto adecuada y precisamente sobre
ella se basa la idea de que el criollo haitiano es una lengua menos desarrollada, más primi-
tiva que el francés.
Lo que lleva en la actualidad a algunas personas especializadas en lingüística y filología
a mantener que la gramática de determinadas lenguas es más sencilla o simple que las de
otras es una mezcla arbitraria no consciente ni cuestionada entre las lenguas naturales y las
lenguas cultivadas.
La influencia del imperialismo filológico, caracterizado en el apartado 2.10, sigue siendo
tan grande incluso hoy en día que mantiene cautivos los pensamientos y los razonamientos de
muchas personas que se ocupan de describir y analizar las lenguas.

6.8. ¿Qué relación hay entre lengua y cultura?

Esta es, quizás, una de las preguntas más insistentes y ubicuas en las preocupaciones filosó-
ficas y lingüísticas sobre el lenguaje humano. Al plantear esta cuestión se utiliza lengua sin
especificar si estamos hablando de lenguas naturales o de lenguas cultivadas. Esta distinción
ya ha sido explicada (apartado 2.4 y capítulo 5) y es absolutamente fundamental tenerla en
cuenta para poder plantearse adecuadamente esta pregunta. La idea fundamental es que la
relación entre la cultura de una comunidad y su(s) lengua(s) natural(es) es superficial: afec-
ta fundamentalmente al léxico y a otros aspectos más o menos secundarios y anejos. Es des-
cabellado relacionar determinadas reglas gramaticales de la lengua natural con determina-
das estructuras sociales o culturales de las lenguas de las comunidades que presentan esas
estructuras. Esto ya lo hemos visto en la dirección de la lengua a la cultura al comentar la
pregunta de la relación entre el lenguaje y el pensamiento y la hipótesis radical del relati-
vismo lingüístico. La otra dirección de la influencia esencial desde la cultura a la lengua es
igualmente disparatada.
Hay lenguas europeas que tienen género gramatical (alemán, griego, español, italiano)
y otras que no lo tienen (húngaro, finés, estonio, euskera). ¿Tiene esto algo que ver con la
función del género en las sociedades que hablan estas lenguas? ¿Son o han sido las socieda-
des finesa, vasca, estonia o húngara insensibles al género y por eso no lo reflejan en su estruc-
tura gramatical? Es difícil imaginar una comunidad humana, cualquiera que sea su desarrollo
social o técnico, en la que las diferencias de género no tengan relevancia o papel alguno. De
hecho, a través del cambio lingüístico espontáneo, una lengua natural puede perder todas
o parte de las distinciones de género, sin que esto sea reflejo de un cambio esencial de la fun-
ción de las diferencias de género. El castellano perdió el género neutro del latín vulgar, mien-
tras que el griego, el ruso o el alemán han conservado el género neutro. ¿Se debe esto a algún
desarrollo de la sociedad castellana respecto del género que la diferencia de las sociedades
griega, rusa o alemana? Si se reflexiona un poco sobre esta pregunta, se podrá ver que no tie-
ne mucho sentido hacerla y menos aún intentar contestarla.
Cuando tenemos en cuenta las lenguas cultivadas, entonces, podemos dar unas respuestas
muy diferentes a la pregunta. Las lenguas elaboradas culturalmente, las lenguas cultivadas,

214
¿Qué preguntas sobre el lenguaje y las lenguas no deberían formularse?

están imbuidas de forma clara por las culturas y las sociedades que las proponen y las
desarrollan. La relación de dependencia entre las lenguas cultivadas y las culturas es muy
estrecha, tal como ha podido comprobarse en el capítulo 5.
Todas las comunidades humanas, sin excepción, elaboran sus lenguas de una forma y
otra; por ello, cuando una comunidad deja de usar su lengua natural propia y ésta se extin-
gue, además de la tragedia que supone la desaparición de un medio de expresión y comu-
nicación desarrollado durante milenios hay otra tragedia cultural añadida y es que se deja
de cultivar esa lengua en sus formas idiosincrásicas características de esta comunidad. A la
pérdida irreparable de la lengua natural se añade la pérdida cultural irreparable de la inte-
rrupción de la tradición cultural de esa comunidad que se expresa a través de las elabora-
ciónes de esa lengua natural.
Por tanto, la desaparición de una lengua natural supone una doble pérdida: la desapa-
rición de una forma original y única de realizar la facultad humana del lenguaje y la
desaparición de una tradición lingüística cultural acumulada durante siglos.

6.9. ¿Habla mal la gente corriente?

Esta pregunta no tiene tampoco sentido si no hacemos la distinción entre lengua natural y
lengua cultivada.
La lengua natural, la que habla la gente espontáneamente, tiene una serie de caracterís-
ticas esenciales, tales como la variación y el cambio a que esta variación puede dar lugar con
el paso del tiempo y el relevo generacional. Hay mucha gente todavía que opina que el cas-
tellano o el catalán no es más que un latín vulgar mal hablado. Alguien podría decir, por
ejemplo, que la palabra castellana olvidar procede de una pronunciación incorrecta de obli-
tare o que la palabra castellana pelleja es una mala pronunciación de la palabra latina pelli-
cula que ha sido adaptada a nuestra lengua en calidad de cultismo como película. Así podría-
mos razonar de una gran cantidad de palabras castellanas o catalanas.
Lo que a veces se califica como mala pronunciación en realidad no es más que la con-
secuencia de la actuación de leyes lingüísticas independientes de la voluntad o intención de
quienes hablan, de las que no son conscientes. Por ejemplo, sólo las personas especializadas
en el estudio de las lenguas saben que la estructura silábica del español no permite la cabe-
za silábica compuesta [st] y que esta cabeza silábica está permitida en inglés. Esta es la razón
por la que una palabra inglesa como standard pasa al castellano como estándar, en donde la
cabeza silábica compleja inglesa [st], que no es lícita en castellano, se deshace en nuestra len-
gua convirtiéndola en dos sílabas diferentes: [es]+[tan] en el caso de esta palabra. Las síla-
bas [es] y [tan] sí están conformes con la estructura silábica del español. Que, en general,
quienes hablan español no son conscientes de esta particularidad de la estructura silábica de
su lengua, se ve por el frecuente error que cometen los hispanohablantes al pronunciar el
nombre inglés para España, es decir, Spain como [espein], o al pronunciar I speak Spanish
como [ai espik espanish].
Si le pedimos a una persona hispanohablante que no esté especializada en el estudio de la
lengua española que nos detalle la caracterización de la estructura silábica de su lengua, segu-

215
Cuestiones clave de la Lingüística

ramente no sabrá hacerlo. Pero esa persona habla de acuerdo con todas y cada una de las espe-
cificaciones fonéticas que definen la sílaba en español, aunque no sea consciente de ellas.
Todo esto se aduce para mostrar que la actuación lingüística espontánea y natural de las
personas está regida por una serie de leyes fonéticas, morfológicas, sintácticas y semánticas
muy precisas de las que no tienen ninguna conciencia y que pueden cambiar y variar con el
tiempo sin que ellas se percaten del cambio (que, por otro lado, suele producirse con la sus-
titución de varias generaciones de hablantes).
Por tanto, no tiene sentido decir que la gente corriente habla mal una lengua natural
espontánea: la habla de acuerdo con una serie de leyes lingüísticas que son seguidas de modo
automático sin ser consciente de ellas. Cuando alguien dice [mesakaío] no ha dicho mal la
expresión escrita <se me ha caído>, sino que ha seguido una regla de ordenamiento de los
clíticos diferente de la adoptada mayoritariamente en determinados ámbitos geográficos o
sociales. No ha aplicado mal una regla de ordenamiento de clíticos, sino bien una regla dife-
rente. Por tanto, [mesakaío] no está mal dicho en sentido gramatical y lingüístico. Sí podría
estarlo desde un punto de vista social, pero aquí rebasamos la perspectiva estrictamente gra-
matical para adentrarnos en los modelos lingüísticos impuestos como correctos por una
determinada clase social, es decir, entramos en el territorio de las lenguas cultivadas.
Cuando enfocamos la pregunta desde el punto de vista de las lenguas cultivadas, enton-
ces la respuesta ha de cambiar de modo sustancial. Las lenguas cultivadas se basan en con-
venciones explícitas que hay que aprender de manera dirigida e intencional y que pueden
llegar a dominarse de forma más o menos perfecta. Pongamos el ejemplo de la poesía clási-
ca. Para escribir poesía según los cánones clasicistas hay que seguir una serie de normas que
han de aprenderse conscientemente y que luego hay que seguir y aplicar con mayor o menor
éxito, según los casos. Por eso puede decirse que hay mejores o peores poetas o poetisas.
Todo el mundo está capacitado para aprender espontáneamente y usar inadvertidamente en
su vida diaria una lengua natural, pero no todo el mundo puede llegar a sobresalir y alcan-
zar la excelencia en la poesía, en la literatura oral o escrita, en la oratoria o en el discurso
político y ello por muy diversas razones: aptitudes, actitudes, tiempo que se puede invertir
en el aprendizaje de las técnicas, interés, etc. Todo esto es así porque nos vemos en el terre-
no de las lenguas cultivadas, que son lenguas artificiales, no naturales.
Desde este punto de vista, sí se puede decir que alguien habla mejor o peor una lengua cul-
tivada, una lengua culta que ha de aprenderse a partir de un estudio consciente y continuado.
De hecho, lo esperable es que las lenguas cultivadas, como las lenguas escritas de base lite-
raria que se enseñan en el colegio y en el instituto (y ahora también en la universidad) no lle-
guen nunca a usarse tanto oralmente como por escrito de modo generalizado por parte la
población de manera tan fluida y automática como las lenguas naturales y que éstas influyan
de modo permanente en la realización de aquéllas, dando lugar a muchas actuaciones lin-
güísticas híbridas, normalmente consideradas como defectivas, defectuosas o incorrectas.
Un objetivo absolutamente utópico consiste en pretender que la gente deje de usar la
lengua natural para usar exclusivamente una lengua cultivada, como, por ejemplo, una len-
gua estándar escrita con su ortografía (y ortoepía), su gramática y su diccionario.
Cuando una lengua cultivada se empieza a usar de modo generalizado en una comuni-
dad, entonces se naturaliza de forma inexorable: surge la variación y el cambio y se crea una

216
¿Qué preguntas sobre el lenguaje y las lenguas no deberían formularse?

nueva lengua natural, basada en una serie de reglas gramaticales de las que las personas usua-
rias no son conscientes y que diferirán en muchos puntos de las de la lengua cultivada antes
de ser naturalizada.
Una comparación con la alimentación, a la que se recurrió en el apartado 2.2, ayudará a
entender esto. La presentación y elaboración de los alimentos es un aspecto cultural que se
basa en tradiciones sociales y no en aspectos naturales. Ahora bien, desde el momento en el
que masticamos los alimentos y los procesamos mediante el aparato digestivo, toda la elabo-
ración cultural se pierde y entra en juego una serie de reacciones químicas naturales que nin-
guna elaboración cultural puede cambiar en lo esencial. Algo similar ocurre con las lenguas
cultivadas cuando la gente tiene que asimilarlas lingüísticamente a través de los órganos que
intervienen: cerebro y articuladores (vocales o gestuales, según los casos).

6.10. ¿Deben las instituciones determinar cómo hay que hablar?

A partir de las observaciones realizadas respecto de la pregunta anterior, es fácil colegir que
las instituciones no pueden intervenir efectivamente en las lenguas naturales. Ya vimos un
ejemplo de esto en el apartado 5.4, en el que observamos que las reformas de Alcuino de
intervención en la lengua natural tuvieron las consecuencias opuestas a lo que se pretendía.
No hay ninguna institución, por poderosa que sea, que pueda cambiar la forma de actuar
de las leyes lingüísticas en la variación y evolución de las lenguas naturales. Es el conjunto
de hablantes de una comunidad quien de forma espontánea es capaz de cambiar, regular y
modificar las reglas gramaticales de su lengua natural.
Todo lo contrario cabe razonar respecto de las lenguas cultivadas. Algunas de estas len-
guas, como las lenguas estándares, sí que son propuestas, desarrolladas e impulsadas por
determinadas instituciones. De hecho, esto es lo que ocurre, por ejemplo, con la lengua jurí-
dica o administrativa. Existe una serie de normas lingüísticas (sobre todo léxicas) que están
establecidas y reguladas de forma explícita por códigos, instituciones o autoridades.
Escribir una instancia o redactar un informe forense está sometido a una serie de con-
venciones que se han de seguir escrupulosamente para dar suficiente aceptabilidad y validez
a esos documentos.
Por tanto, sí tiene sentido dictar normas o convenciones en determinados ámbitos socia-
les en los que se emplean lenguas cultivadas. Por eso las academias establecen las normas
ortográficas o determinadas instituciones como sindicatos o institutos que trabajan en favor
de un determinado colectivo pueden establecer normas lingüísticas determinadas. Un ejem-
plo de esto son las guías de lenguaje no sexista que instituciones educativas, como univer-
sidades, o lingüísticas como el Instituto Cervantes, proponen para que, en los documentos
administrativos o en los escritos o comunicados orales de los medios de comunicación, que
tienen amplia influencia en la sociedad, los usos lingüísticos conformen un discurso que no
refleje determinadas discriminaciones existentes basadas en el sexo de las personas y que con-
trarreste la ideología que justifica dichas discriminaciones.
Algunas de estas normas de expresión pueden pasar a la lengua natural, pero eso sólo
ocurre por mediación del uso espontáneo mayoritario.

217
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