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INTRUDUCCIÓN

El presente trabajo se basa en un interrogante sobre la función del amor en la estructura


subjetiva. Para ello tomaré fundamentalmente, algunos capítulos del Seminario 20 de
Lacan, en donde refiere al amor como signo, situándolo en el registro imaginario, es
decir, a nivel de i(a) que siempre engaña y desconoce el objeto de deseo.

DESARROLLO

La discordancia es la característica de las relaciones entre hombres y mujeres, “El ser


hablante, paga con su persona su inserción en el mundo del lenguaje. Lo simbólico lo
divide, lo fragmenta, y sus órganos, sus funciones corporales, son utilizadas como
material significante: las partes del cuerpo adquieren una función significante.”1 Y el
cuerpo, atributos de masculinidad o feminidad. Al adquirir función significante se crean
como tales, puesto que la creación es la función misma del significante. Pero Lacan nos
dice que no todo adquiere función significante, ya que la relación entre los sexos no se
puede escribir.

El lenguaje, dice Lacan, al mismo tiempo que divide “funciona para suplir la ausencia
de la única parte de lo real que no puede llegar a formarse del ser, esto es, la relación
sexual. “2 Es decir que el lenguaje funciona como lugar de referencia, que permite suplir
la falta de escritura de la relación sexual, ordenando las relaciones entre los cuerpos.

Lacan nos dice que hombre, mujer no son más que significantes y como tales son
equivalentes entre sí, puesto que solo juegan con la diferencia de uno respecto a otro.
Pero por la propia función significante, en tanto operando la función fálica, no sólo van
a tener valor de alteridad sino también, atributo fálico (atributos de masculinidad y
atributos de feminidad)

1
Millot, C “Nobodaddy “La histérica del Siglo”, Buenos Aires, Ed. Nueva Visión, 1988, p.92.
2
Lacan, J, Seminario 20, Op. Cit, 62
Ahora bien, sabemos por Freud que en lo inconsciente sólo un órgano, el masculino,
adquiere función significante, no hay inscripción en lo inconsciente del órgano
femenino. Por lo tanto, tanto para hombre como para mujer, el Otro sexo será siempre el
sexo femenino, puesto que el sujeto sólo cuenta (para significar) con la referencia al
falo, cuya función permite articular un saber sobre la relación sexual, pero ordenado
bajo la referencia fálica. Es decir, el ser hablante sólo cuenta con la referencia al falo
para arreglárselas con el sexo, referencia que nada dice del Otro sexo, o sea, femenino.

Entonces, del lado hombre, el falo hace universo y funciona como punto de referencia
en lo referido al sexo. Pero al mismo tiempo que refiere también simboliza su defecto;
del lado mujer, no todo puede ser asimilado a la significación fálica. Hay algo que
queda por fuera del conjunto donde el falo hace universo.

Ahora bien, dijimos que el lenguaje divide al sujeto, lo fragmenta y las partes del cuerpo
adquieren función significante que van a tener como único soporte de significación al
falo. Pero el conjunto de significantes ordenados bajo la referencia fálica no constituyen
un cuerpo totalidad; la relación sexual, dice Lacan, es la única parte real que no llega a
formarse ser3. Hay un resto inasimilable al significante y es lo que constituye al sujeto
como deseante.

Sin embargo el sujeto intentará hacer entrar su goce en el campo del Otro, es decir
articularlo al significante y “se precipitará más acá de su realización”4 en donde el
lenguaje, como efecto de significado, siempre se queda corto respecto al referente”5,
puesto que el saber que resulta, no viene del cuerpo sino del falo, que en tanto se
articula como hecho de ausencia, deja intacto el enigma y, a su vez, la sola sujeción del
sujeto a los atributos fálicos no le bastan para existir.

Por otra parte, sabemos que Lacan define al sujeto como efecto del lenguaje, “el sujeto
es el efecto intermedio entre lo que caracteriza a un significante y a otro, es decir, el
ser cada uno un elemento”6, elemento que sólo tiene valor de alteridad pero por ello
mismo también, cualquiera, puede adoptar la posición de significante amo, es decir de

3
Ídem, p 62
4
Lacan, J (1962-1963) El Seminario de Jaques Lacan, Libro 10, Ed. Paidós, Bs. As. 2012, p.190
5
Lacan, J, Seminario 20, Op. Cit, 58
6
Ídem, p. 64
un significante que “engancha” un saber sobre el sexo y así representar a un sujeto para
otro significante. Un Uno que no deje lugar a dudas. Pero el significante amo
representa al sujeto, no lo significa, necesitará de otro significante para hacerlo.

Lacan dice que del falo no hay significado y la ausencia de significado hace que sean
infinitos los intentos de significación que nada dicen de la causa. En este punto es que el
sujeto gira en redondo en torno a un significado que nunca alcanza para ser, puesto que
para existir, de lo único que depende es, del lugar que pueda ocupar en el deseo del
Otro.

¿Qué función cumple el amor en este callejón sin salida que gira en torno a un
significado que nunca alcanza?

Lacan, en El seminario 20 nos dice que el amor cumple la función de un signo; y define
al signo como “lo que representa algo para alguién”7 y luego agrega “El signo no es
pues signo de algo; es signo de un efecto que es lo que se supone como tal a partir del
funcionamiento del significante.”8

Entonces, el amor, en tanto cumple la función de signo, es signo de un efecto de la


articulación significante que, como efecto, surge el sujeto homologado a un significado.
El amor hace signo del significado homologo, del soporte narcisista que permite la
ilusión de alcanzar a ser lo que complementa el deseo del Otro y funcionar en
reciprocidad con el Otro.

Pero Lacan nos dice que “los efectos de significado no tienen nada que ver con lo que lo
causa.”9 En esta ilusión de complemento con el Otro que produce el amor, la causa
queda por fuera, la causa de la cual depende el sujeto para existir, quedando preso en el
significado, que como tal es esquivo.
Por la vía del amor el sujeto puede, aunque sea ilusorio, hacer “consistente” su ser, ser
que dijimos que no es sino es esquivo, puesto que sólo se articula con hechos de
ausencia. El amor produce la ilusión de que eso, ese S1, que no significa nada,

7
Lacan, J, Seminario 10, Op. Cit, p.74
8
Lacan, J, Seminario 20, Op. Cit, p.64
9
Ídem, p, 29.
represente algo para alguien; eso, que en el plano del amor, es decir, en el plano
imaginario, refleja aquella imagen de la parte que le falta (para ser) y se manifiesta en el
velo, velo que le aporta su brillo. Lacan lo llama falo imaginario y dice que tiene como
único soporte, el significante (falo simbólico).

Por ello Lacan nos dice que “el amor nunca saca a nadie de sí mismo”10, puesto que en
el fantasma, en tanto funciona como respuesta a la pregunta de qué objeto soy para el
deseo del Otro, el sujeto puede construir la ilusión de que no hay nada por fuera de ese
conjunto de elementos significantes, ordenados bajo la referencia fálica. No hay nada
por fuera del Otro. En el fantasma el significante enganchado a un amo, es tomado
como Uno, en tanto unidad, un S1 y la ilusión del amor “no somos más que uno”11 no es
sino la ilusión de complemento de esa unidad fantasmática.

Ahora bien, dijimos que cualquier significación que se produzca depende del falo
simbólico, por lo tanto el amor quedará del lado en donde el falo hace universo, es decir
donde el falo refiere sobre el sexo, pero nada dice del Otro sexo.

A modo de conclusión podemos decir que, en tanto hombre, mujer son significantes, su
relación sólo puede ser fantasmática, puesto que como dijimos anteriormente, la
relación sexual entre el macho y hembra no se puede escribir, puesto que al tratarse de
cuerpos fragmentados por la función significante, su goce va a ser siempre singular en
cada uno.

El amor, en tanto complementa al fantasma, le permite al sujeto construir una ilusión de


completud de esos cuerpos, como hombre o mujer y la relación entre ambos, pero al
mismo tiempo que cierra el conjunto de los seres sexuados, en un saber que se organiza
para hacer existir la relación sexual regida por la necesidad de complentación de lo
macho con lo hembra, los condena al sufrimiento fálico, esto es, a la angustia de
castración o la envidia del pene.

10
Ídem, p, 61
11
Ídem, p, 61
BIBLIOGRAFÍA

- J. Lacan, (1962-1963) El Seminario de Jaques Lacan, Libro 10, Ed. Paidós, Bs.
As. 2012.
- Lacan, J, (1972-1973), El Seminario de Jacques Lacan, Libro 20, Ed. Paidós,
Bs. As, 2012.
- Millot, C “Nobodaddy “La histérica del Siglo”, Buenos Aires, Ed. Nueva
Visión, 1988.