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mo- "hace hincapié en la ciencia, en su carácter construc-

tivo y matemático, como única forma de conocimiento


válido". 10 El neopositivismo hereda estas preocupaciones.
2) La otra vertiente es la metafísica, y ella se ocupa del pro-
blema ontológico, considerando la historicidad del ser.
A esta línea de trabajo pertenecen la obra de Husserl y la
de Heidegger.

La vertiente neopositivista trae consecuencias desfavo-


rables a las ciencias sociales, dejándoles como única opción
pensar los acontecimientos como si se dieran fuera del tiem-
po y del espacio social.
Por su parte, las ciencias naturales y la física de los siglos
XIX y XX, influenciadas por la tradición neokantiana y neo-
positivista, hacen un manejo empirista y formal de las di-
mensiones espacio-temporales propuestas por Kant; le dan
un tratamiento experimentalista a los objetos de estudio y
ajustan su discurso al lenguaje matemático y lógico.
En contraste con esta postura, el problema del tiempo es
considerado como una cuestión fundamental para la feno-
menología contemporánea, representada principalmente
por E. Husserl y M. Heidegger, quienes toman la temporali-
dad como un elemento básico, tanto para formular una no-
ción de sujeto, con lo cual se rescata la reflexión ontológica,
como para plantear una epistemología, con métodos y obje-
tosde estudio construidos desde una perspectiva histórica.

3. HUSSERL y LA FENOMENOLOGÍA DEL SER Y DEL CONOCER

a) Un poco de biografía

E. Husserl nace en un pueblo de Moravia, actual Checos-


lovaquia, en 1859. Recibe la formación de matemático; se

10 Gianni Vattimo, lntroduccum a Heidegger, México, Cedisa, 1990, p. 16.

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gradúa en Viena en 1883, con una tesis doctoral acerca del
"Calculo de variaciones". En 1884 inicia sus clases con Bren-
tano en la universidad de esta ciudad, y de él toma la noción
de intencionalidad, fundamental en su fenomenología.
Los primeros escritos de Husserl versan sobre problemas
relativos a la ciencia matemática. En su obra Filosofia de la
aritmética (1891), trata de cómo se forma el concepto de nú-
mero, aludiendo a las operaciones mentales que lo hacen
posible.
Entre los años 1887 a 1900, Husserl trabaja en la Univer-
sidad de Halle, como adjunto y luego titular de maestro. Du-
rante ese tiempo, a los 41 años, publica una de sus obras más
importantes llamada Investigaciones lógicas, donde se expresa
el pensamiento del primer Husserl. Aquí, el autor se desdice
de lo planteado en la Filosofia de la aritmética, de la cual lo que
más critica es su enfoque psicologista. Afirma que el domi-
nio matemático es irreducible a las leyes del pensamiento;
tiene su propia dinámica, independiente de la que rige fácti-
camente la mente humana.
En su obra La crisis de las ciencias europeas, Husserl utiliza
el concepto de intencionalidad, tomado de la filosofía de
Brentano, quien a su vez lo adopta de la escolástica. A través
de la reflexión de la filosofía de Brentano, Husserlllega a la
conclusión de que cada modo de conciencia tiene sus objetos
y viceversa, cada tipo de objeto exhibe sus maneras peculia-
res de ser dado a la conciencia de cada quien. Dicho princi-
pio se considera básico para la fenomenología de Husserl y,
a partir de éste, se desarrolla el segundo tomo de las Investi-
gaciones lógicas (1901). El mismo año, nuestro filósofo ingre-
sa como maestro a la Universidad de Catinga; ahí reflexiona
en torno de la noción de tiempo, como tiempo vivido en la
conciencia, sin referirse al tiempo objetivo.
En 1905 se le pide a la Universidad de Catinga que nom-
bre catedrático a Husserl; dicha petición es rechazada, pues
se argumenta que las propuestas desarrolladas en su obra,
no tenían significado científico. Este juicio representó un

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reto para Husserl, quien se exigió más a él mismo hasta que
finalmente fue aceptado el siguiente año. En 1910 la revista
Logos publicó un artículo de Husserl titulado "La filosofía
como ciencia estricta"; aquí el autor expresa su compromiso
ante la racionalidad y sus vínculos con el progreso de la hu-
manidad. En 1913 publica su trabajo titulado "Ideas para
una fenomenología pura" .
Husserl vive el impacto de la Primera Guerra Mundial y
se deprime profundamente al contemplar la capacidad des-
tructiva del humano. Cae enfermo y se traslada en 1916 a
Friburgo, donde permanece hasta su muerte en 1938.
El tema que domina en la filosofía de Husserl con motivo
de la Gran Guerra es el que se desarrolla en torno de la pre-
gunta acerca del por qué y el para qué de la fenomenología.
Durante la década de los años veinte, se dedica a publicar
varios artículos y antes de jubilarse se interesa por vincular la
fenomenología con la psicología; uno de los frutos de esta
reflexión es el Artículo de la Enciclopedia Británica (Heidegger
interviene en su redacción). En 1929, Husserl escribe unas
conferencias que dicta en París, y posteriormente las amplía
para elaborar sus Meditaciones cartesianas, que se publicaron
antes en francés que en alemán. En verano de ese año se pro-
duce el rompimiento entre Husserl y Heidegger, a raíz de las
diferencias que Husserl percibe en relación a su filosofía y el
pensamiento de su discípulo, que se expresan en el libro Ser
y tiempo. La última obra del maestro es la Crisis de las ciencias
europeasy laftnomenología trascendental, la cual escribe tenien-
do como punto de partida tanto la ponencia que llevó al
Congreso de filosofía celebrado en Praga (1935), como las
conferencias que dictó en Viena en 1935.
El ambiente en Europa durante la vida de Husserl es, en
general, de violencia e inestabilidad; surge una crisis de valo-
res. Influenciado por ese ambiente, Husserl duda de la ra-
cionalidad como cualidad del humano y de la historia. Él no
fueel único; los pensadores humanistas de la época percibie-
ron las guerras como "la prueba más patente del fracaso de

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un proyecto de convivencia y el fracaso de la cultura euro-
pea"."
Para rectificar las tendencias de la racionalidad, era nece-
sario cuestionarla y abrirle nuevas vías, que a su vez volvieran
a ofrecer la esperanza de un "buen uso de los recursos cientí-
ficos y filosóficos" manteniendo el vínculo permanente entre
ciencia y filosofía y conservando el sentido de ambas, es de-
cir, considerar al sujeto como su eje.

b) La ontología husserliana y la hermenéutica como


forma de abordar la intencionalidad

En sus Meditaciones cartesianas Husserl plantea la necesi-


dad de volver al sujeto y así fundamentar su filosofía trascen-
dental. Para él, el planteamiento empirista es ingenio, pues da
como resultado una concepción simplista de la realidad, de-
jando de lado todos los problemas que tienen que ver con la
subjetividad, como por ejemplo; el sentido de la existencia y
de la ciencia, el carácter histórico del conocimiento, la no-
ción de realidad distinguiendo entre aquella que es conside-
rada como objetiva y la que se construye desde el sujeto.
Para la fenomenología, el mundo que nos es dado a través
de la experiencia, es mera apariencia de realidad. Las cosas
nos ofrecen su apariencia, mas no se nos muestran tal como
son. Esas apariencias las proporciona la experiencia sensi-
ble, a la cual hay que agregar la idea de que todo lo que me
sucede como individuo es en ese mundo, que adquiere senti-
do y valor para mí, en la medida en que soy un ser que vive,
piensa, valora, siente.
Al abordar el problema ontológico, Husserl retorna al su-
jeto cartesiano, al cual le imprime importantes modificacio-
nes, pues para él:

)) Javier San Martín, l-a [enouienologia de Husserl como utopía de la razón, España,
Anthropos, 1987.

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1) Se trata de un sujeto relativo al tiempo, al momento.
2) Es un sujeto definido desde la intersubjetividad, es decir,
considerando la alteridad como un referente constitutivo.
3) Es un sujeto en el mundo, lo cual significa que ocupa un
espacio determinado en relación a los espacios de todo
lo que conforma su entorno.

Cuando Husserl habla del carácter trascendental de la


subjetividad, se refiere a estos tres aspectos. Le preocupa y le
ocupa el problema del solipsismo en las metafísicas raciona-
listas de Descartes y Kant, donde el sujeto adquiere un carác-
ter absoluto de permanencia, y no se considera el cambio.
En la filosofía cartesiana, el sujeto-razón es un supuesto ne-
cesario para pensar las cosas. Con respecto a Kant, el sujeto-
razón es objeto de reflexión para sí mismo; de ahí le viene el
nombre de crítica de la razón pura, al acto a través del cual la
razón se piensa, se vigila a sí misma, porque si se dejara de
cuestionar, no sería fuente de conocimiento científico.
Husserl sigue la línea marcada en la filosofía de Kant y
por ello se deslinda de la concepción que Descartes sostiene
con respecto al ego, que en este caso no tiene la posibilidad
de explorarse a sí mismo hasta lo infinito y sistemáticamen-
te, por medio de una experiencia trascendental.
La experiencia trascendental es esa experiencia de sí que
resulta de la vigilancia permanente, de la mirada que la ra-
zón dirige a sí misma, desde dentro, considerando toda la
parte formal de sus estructuras, y desde fuera, tomando en
cuenta la alteridad, lo que no soy, y el mundo que me entor-
na; todo este trabajo da como resultado la conciencia.
La conciencia es un saber del mundo y de sí mismo, ya
que en el sujeto se contiene el objeto por conocer, porque en
el acto de conocimiento se implica una relación de intenciona-
lidad: alguien conoce algo para algún propósito. A su vez, la
intencionalidad nos habla de un significado del objeto, con-
tenido en el pensamiento que lo piensa. Las cosas no son en
sí, dentro de la fenomenología de Husserl, como lo son para

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Kant, lo cual no quiere decir que no existe el mundo con re-
lativa independencia de que lo conozcamos o no.
El mundo de vida, mundo primero, es ese mundo de cosas
y personas. del que partimos para llenarlas de intencionalidad
de significados, desde el momento en que empezamos a exis-
tir y simultáneamente a relacionarnos con él. Las cosas son
para nosotros, el "yo" es un yo-con-el otro, un yo-en-el-mundo;
se habla de un sujeto entre otros con un aquí y un ahora. De
este modo, el mundo es un mundo constituido de significados
para cada sujeto y esto es la realidad para cada individuo.
La metafísica husserliana, al igual que la de Descartes y la
de Kant, busca componentes universales que definan al ser,
pero a diferencia de estos últimos, trata de incorporar como
sus elementos constitutivos a la alteridad (el "otro"), la inten-
cionalidad, la conciencia y el aquí y el ahora de cada uno de
nuestros modos de ser, donde se considera el carácter histó-
rico-cultural de nuestros actos y pensamientos. La época que
vive Husserl es de una aguda incertidumbre; estamos ha-
blando del siglo de las guerras y de los reacomodos constan-
tes en el mundo occidental.
El Nuevo Régimen, implementado desde las primeras
décadas del siglo xx, se ha puesto cada instante a prueba y
las fuerzas que internamente lo definen, han sido las mismas
que constantemente lo amenazan con desaparecer. Tal diná-
mica se encuentra en el núcleo de la noción de historia y de
sujeto, que aparece en las filosofías de la época y la fenome-
nología de Husserl no es una excepción.
Vinculadas a la noción de conciencia, y a la de intenciona-
lidad, la reflexión es otro concepto trabajado y utilizado en
la filosofía husserliana, quien la define como el acto que alte-
ra la vivencia ingenua, objetiva, para hacerla subjetiva. Por
ello, no obstante, que el universo en general existe de modo
natural, al hablar de él lo refiero a mí y entonces "sólo existe
para mí, en cuanto vale para mí, con el sentido que tiene en
cada caso, como cogitatum de mis cogitationes ... ". 12

12 Edmund Husserl, Meditaciones cartesianas, México. FCE, 1986, p. 84.

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Además de consistir en el acto de autovigilancia median-
te la reflexión, la conciencia construye síntesis a partir de las
conexiones que realiza entre los diversos actos de significa-
do. Es por ello que lo que conocemos no son fracciones, pe-
dazos de las cosas. Nuestro conocimiento tranScurre en una
unidad por la cual las cosas se representan a la conciencia,
como un todo, como el mismo objeto. Este planteamiento de
Husserl nos recuerda aquél de Kant en el que dice que la
unión de representaciones a partir de las cuales nos forma-
mos una representación total de quienes somos para noso-
tros mismos, es resultado de un acto de conciencia (Antropo-
logía).
Para Husserl, la razón no alude a un calificativo que le
asignamos a los actos, no es un problema empírico; en esto
coincide con Kant cuando, en su Crítica de la razón pura, nos
dice que la metafísica no es cuestión de hechos, que él no se
va a ocupar del contenido particular de cada ciencia, sino del
modo como se hace posible el conocimiento.
Husserl, como Descartes y Kant, busca "una estructura
esencial y universal de la subjetividad trascendental" .1:1 Pero
para él la subjetividad está constituida con base en la existen-
cia de la alteridad. El mundo es a la vez mi percepción priva-
da de él (con todos los significados posibles referidos a mí),
más las maneras en las cuales ese mundo existe para los otros,
pues es un mundo compartido y, en esa medida, es accesible
a nosotros, independientemente de la intencionalidad que
nos vincule a él.

e) El "yo" y el "otro"

En la noción de sujeto universal que Husserl se propone ela-


borar, la alteridad es una premisa fundamental, pues se consi-
dera como parte constitutiva del "yo". Somos una comunidad

I:I/bid .• p. 108.

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de yoes -dice- que existen unos con otros y unos para otros; es
decir, mi "yo" implica al "otro" y no puedo prescindir de él para
sentirme y sentir al mundo, para pensarme y pensar al mun-
do. Sin embargo, para que el "otro" siga existiendo en tanto
que tal, no puedo apercibirlo a manera de una copia de mí
mismo, como yo soy desde mi aquí y mi ahora; he de conside-
rarlo como si yo estuviera en su aquí y su ahora, pues, siguien-
do los principios de la física, que afirma que dos cuerpos no
pueden ocupar el mismo lugar al mismo tiempo, tengo que
concebir la existencia del "otro" como ése que ve las cosas des-
de una posición no ocupada por mí; y sólo hasta que yo me
traslade a su lugar y su momento, podré comprenderlo en mí.
El carácter intencional, propositivo, de mis actos, de mi
conciencia, del mundo para mí y de mi "yo", no excluye al
mundo objetivo, al tiempo y al espacio objetivos, que nos ha-
blan de la evidencia de ese mundo primero, del que se ini-
cian todas nuestras reflexiones. No obstante, este mundo
compartido, Husserl habla de una comunidad de mónadas,
es decir que existen muchas zonas en las que unas mónadas
no son "tocadas" por las otras, pues no pueden reducirse plena-
mente unas a otras. Así también, el propio ego se encuentra
formado de variantes que al no poderse disolver entre sí, que-
dan independientes, incomprendidas o aun no alcanzadas
por la conciencia.
Sin embargo, tengo experiencia del "otro" como semejan-
te, desde mí mismo, a través de las representaciones que me
hago de él; así como también, en el entendimiento de quien
soy, incluyo las representaciones que los otros tienen de mí.

d) Psicología fenomenológica

La intencionalidad de nuestros actos hace que siempre


estén referidos a una comunidad. Husserl reconoce de F.
Brentano (Psychologie, 1874) esta aportación a la psicología,
que originalmente deriva de la escolástica.

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Para Husserl, la temática de la psicología son los entes
anímicos, la vida del alma; y aunque lo animado comprende
también a los animales, los humanos se constituyen, a partir
de ahí, en sujetos de una vida que siente, piensa, aspira, etc.
De este modo, se acaba por reconocer a lo psíquico como lo
yoico: vida consciente en cuanto yo me pienso y me siento en
tal vida.
La psicología fenomenológica no es solamente empírica,
sino más bien ciencia racional; esto implica que al analizar
cualquier proceso no lo haremos como si consistiera única-
mente en sus expresiones fácticas. Por ejemplo, la fenomeno-
logía de la percepción no se ocupa de las percepciones exter-
nas, de hecho, sino que trabaja sobre la exhibición del sistema
necesario de estructuras, que hace posible la síntesis de per-
cepciones que nos permite considerar a cada cosa como una y
la misma. En este aspecto, Husserl es totalmente kantiano,
pues considera que la fenomenología es la ciencia que se pien-
sa a sí misma, es la ciencia de la conciencia; por eso considera
que las ciencias positivas han llevado a la ciencia ya la filosofía
a un crisis de fundamentos, pues se han quedado en lo fáctico
y no avanzaron en la autocrítica, base de todo conocimiento,
que se encuentra en el sistema de estructuras de la razón.
Al quedar sometida a las exigencias del positivismo, la
psicología ha olvidado plantearse las siguientes preguntas:

1) ¿Qué pertenece al objeto de la psicología pura? (objeto


de estudio).
2) ¿Qué clase de acceso y qué clase de tratamiento exige
este objeto, según su composición? (método).
3) ¿Cuál es la función principal de la psicología pura?

Con respecto al objeto de estudio, Husserl se interesa en


desarrollar una fenomenología que fundamente el análisis de
la psicología pura, de la psicología racional. A nuestro autor
le preocupa el solipsismo cartesiano y aun el kantiano, que
se derivan de considerar al sujeto desde las formas universa-

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les de la razón, planteadas de tal manera que no permiten
ubicarlo en el espacio y el tiempo histórico, en el mundo que
comparte con los otros.
Husserl también habla de fundamentar la filosofía en la
reflexión de esas estructuras que hacen posible pensar y co-
nocer las cosas. Para resolver el problema del solipsismo, con-
sidera que, dentro de los universales que determinan al pen-
samiento cognoscente, se encuentran la intencionalidad y el
sentido, a través de los cuales el sujeto se hace trascendental,
porque traspasa su individualidad, su condición monádica.
Ahora bien, ¿cómo llega Husserl a conocer estos elemen-
tos constitutivos de la subjetividad? A través de la reducción
fenomenológica.
La reducción fenomenológica es el camino que sigue
Husserl para fundar su fenomenología, en un sujeto que le
imprime sentido al mundo natural y que actúa, siente, pien-
sa, propositivamente, en función del mundo.
Así como Descartes eliminó todo para llegar al "yo exis-
to": cuerpo, mundo de los sentidos, visiones, imágenes, co-
nocimientos adquiridos ... y se quedó solo, con la duda, Hus-
serl marca un camino para llegar a la conclusión de que ese
"yo" existe no únicamente con su duda y por ella,sino en el
mundo y con los otros, que le dan sentido a él y simultánea-
mente lo adquieren desde él.
En la reducción fenomenológica, el sujeto se mira a sí
mismo, a distancia, y descubre que, como cogitatum, está im-
plícito en sus cogitationes, es decir, en el mundo por él conoci-
do, vivido, sentido, pensado. La reducción fenomenológica
-dice Husserl- "se extiende así hasta la intersubjetividad
trascendental, conjunto trascendental de las mónadas. Ésta
es la base trascendental de la constitución del mundo objeti-
vo, idéntico para todas las mónadas del conjunto y de la va-
lidez intersubjetiva de las objetividades ideales". 11

14 E. Husserl, Las conferencias de Paris. lntroduccum a la [enomenologia trascenden-


tal, México, UNAM, 1988, p. 69.

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Una vez que la subjetividad se fundamenta en la intencio-
nalidad y el sentido, se presenta el problema de cómo tratar-
la. Esto tiene que ver con el método, la segunda pregunta
planteada por Husserl a la psicología. Aquí se presenta la
propuesta de la hermenéutica, que alude al descubrimiento
de las actualidades y potencialidades, en las cuales se cons-
tituyen objetos como unidades de sentido. 1:; Se trata de consi-
derar, en lo posible, la mayoría de los sentidos que adquiere
el mundo para el "yo" y viceversa.
La conciencia, que lleva a cabo una función integradora
de las percepciones del mundo, maneja asimismo, la distin-
ción entre contenidos reales e ideales, meramente intencio-
nales. Visto así, la filosofía fenomenológica es una filosofía
de la conciencia, del conocimiento y la comprensión de sí
mismo, que más que un logro es el ideal del pensamiento fi-
losófico desde Sócrates.
La intencionalidad es la característica fundamental de los
modos de conciencia; yo me percibo, me siento, me pienso,
etc., en función del mundo y del "otro". Es decir, tener con-
ciencia de nosotros mismos, del "otro" y de las cosas, es con-
siderar que estamos dirigidos a ellos, que nuestro ser es un
ser-en-el-mundo, con-el-otro, para-el-mundo, para-el-otro.
El conocimiento de sí mismo y del "otro" implica, por
tanto, un desciframiento, un trabajo de interpretación. Ob-
servo el sentido que tienen las cosas para mí y para el "otro".
Tomo en cuenta todo este mundo de representaciones posi-
bles, pero he de hacerla desde un lugar. Llego a ese lugar a
través del llamado método reductivo, que consiste en trans-
ferir la experiencia de sí mismo a la experiencia de lo ajeno,
pero poniendo, en lo posible, entre paréntesis, al sí mismo,
para observar al "otro", desde su lugar.

15 Véase ilnd., p. 2G.

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e) Mundo natural y mundo de significados
(el problema de la cosa en sí)

Para Husserl la fenomenología es el estudio del mundo


de significados; no basta con tener ahí las cosas, es menester
la consideración de los múltiples modos en que éstas se apa-
recen ante mí,
El mundo natural, real, adquiere validez y significado
para mí en la medida en que me proyecto hacia él. Esta in-
tencionalidad le da otra dimensión, la trascendental, la fe-
nomenológica. Pero el mundo que resulta en el contexto de
mis significaciones, no es totalmente diferente del mundo
natural, aun cuando no podamos reducir el uno al otro. Al
respecto dice Husserl en El artículo de la Enciclopedia Británi-
ca: "Mi yo trascendental es por ende evidentemente 'dife-
rente' del yo natural, pero de ninguna manera como un se-
gundo yo, como un yo separado de él en el sentido natural
de la palabra, así como, a la inversa, tampoco es un yo unido
a él o entrelazado con él en el sentido natural"."
Pertenecemos al mundo real y en eso se basa la objetividad
del mundo de vida que todos compartimos y del cual inicia-
mos la construcción de todos los posibles significados que
para nosotros y los demás, tienen y puedan tener las cosas.
Simultáneamente, nuestro mundo adquiere sentido y
una validez que sólo nosotros le podemos imprimir, de lo
cual se conforma el carácter trascendental de mi "yo" y del
mundo. Aquí se marca una diferencia importante con res-
pecto a Kant, ya que si bien para él la cosa en sí es distinta al
fenómeno, es decir, al modo como nos la representamos, en
Husserl, la cosa en sí, vinculada a la concepción del mundo
natural, no es del todo diferente a la representación que nos
hacemos de ella. De este modo se pretende superar el solip-
sismo kantiano.

¡¡¡ E. Husserl, El artículo de la Enciclopedia Británica, México, UNAM, 1990, p. 75.

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Para Husserl y para Heidegger, el fenómeno no es con-
trario a la cosa en sí, sino más bien una manifestación dentro
de su amplia gama de posibilidades. La posibilidad de repre-
sentaciones se incluye como cualidad del ser en ambas filo-
sofías. Así, podríamos sintetizar diciendo que Husserl define
a la subjetividad trascenden tal como el universo del sentido
posible.
A Kant le debemos la introducción, no únicamente de la
temporalidad en la reflexión epistemológica, sino también
la del mundo como algo que existe independientemente de
que lo conozcamos. En Descartes aparecen dos a priori: el
sujeto y la verdad como posibilidad; en Kant son tres: el suje-
to, el objeto y la verdad.

1) Crítica a la epistemología empirista y positivista

Husserl basa su crítica al positivismo en el carácter empi-


rista de esta filosofía. Para los positivistas, la ciencia es sólo
ciencia de hechos; esto trae como consecuencia una crisis de
fundamentos de la ciencia y la filosofía, pues según la feno-
menología es el sujeto el que vincula toda la problemática
planteada por las dos y les da sentido.
Para Husserlla conciencia no es la suma de nuestras ex-
periencias sensoriales, como lo plantea el sensualismo. Las
ciencias positivas generan explicaciones ingenuas en la que
se omite el aspecto intencional, donde el sujeto le da valor
y sentido a las cosas, y sólo toman en cuenta la expresión em-
pírica; de ahí que Husserl considere la necesidad de una fun-
damentación racional de esa experiencia.
La fenomenología se ofrece como la reflexión de la reali-
dad, desde la intencionalidad que le imprimimos a las cosas
del mundo, según el modo como nos las representamos. El
método que propone Husserl es el intencional. De aquí que
nuestro autor considere al positivismo como un objetivismo
ingenuo, que no va más allá de los hechos de experiencia,

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que apenas se desprenden del mundo natural, del mundo de
vida. Este tipo de pensamiento no tiene nada que decimos
acerca del origen psicológico de la representación del espa-
cio, del tiempo y de la cosa, porque se está moviendo en exte-
rioridades inductivas.
La obra donde aparece la crítica más elaborada y fuerte
que hace Husserl a la ciencia positivista es La krisis de las cien-
cias europeas y la fenomenología trascendental, que viene a ser su
testamento, su última herencia a la filosofía. Aquí, el autor
insiste en que la ciencia y la filosofía se encuentran en crisis
al ser cuestionados los criterios de cientificidad impuestos a
las formas de saber, como requisitos para ser consideradas
ciencias.
Husserl escribe la Krisis en el periodo entre guerras
(1936) cuando existía una enorme decepción ante la cadena
de acontecimientos que en lugar de expresar una conduc-
ción racional de la historia occidental, manifestaban el enor-
me potencial negativo y destructivo de la razón, que llevaba
a la población europea, a una crisis de valores y a una serie
de cuestionamientos que la filosofía debía enfrentar. Pero,
équé ha hecho el positivismo de la filosofía? ¿Qué ha sucedi-
do con la ciencia, desde que trabaja a partir de los criterios
positivistas?
El pensamiento europeo, aquejado por el impacto de las
guerras, se encuentra con una serie de interrogantes que
quedan sin respuesta por parte de la filosofía, pues tal como
la han dejado los positivistas, se encuentra incapacitada
para afrontar este reto. Con su postura antimetafísica, el po-
sitivismo despojó a la filosofía de los conceptos y vocablos
necesarios para reflexionar acerca de los grandes proble-
mas del momento, como puede ser el destino de la historia
occidental, su carácter racional, la cuestión de la libertad
humana, el grado en el que ésta coincide con una racionali-
dad, etcétera.
Tal carencia conceptual y discursiva terminó por formar
hombres empiristas que sólo fueron capaces de observar los

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hechos de experiencia y descuidaron todo aquello que refie-
re a la intencionalidad, al carácter propositivo de la existen-
cia humana y su historia.
La ciencia y la filosofía se encuentran en crisis, debido a
que las condiciones por las que está pasando la sociedad eu-
ropea de ese tiempo, han puesto en cuestión la autenticidad
de los criterios de cientificidad del positivismo. Estos crite-
rios aluden: al modo en que las ciencias han definido sus
objetos de estudio, al tratamiento (método) que les han
dado, así como también a los sistemas de validación del co-
nocimiento y las formas de acreditación del mismo.
¿Cómo se llegó a esta crisis?
Desde finales del siglo XIX, el pensamiento liberal euro-
peo, expresado en el positivismo, promete prosperidad y
bienestar a las sociedades y a los individuos. Se construye
una cosmovisión del hombre moderno y se echa a andar el
proyecto del Nuevo Régimen. Esta perspectiva fortaleció to-
das aquellas ciencias que más se ajustaban al tratamiento ex-
perimental y derivaban productos de carácter material, útil,
práctico.
Poco a poco, el positivismo alejó a la reflexión filosófica y
científica de los asuntos propiamente humanos. Ya se había
llegado al Estado ideal; no era necesario profundizar en el
cuestionamiento sobre la realidad política y social. El único
trabajo por hacer era construir un mundo de bienestar, con
el avance de las ciencias exactas, naturales y la física encabe-
zándolas.
Gradualmente se fueron abandonando las cuestiones acer-
ca del sentido o sin sentido' de toda la existencia humana,
pues las ciencias de hechos, de los cuerpos, no tienen nada
que decirnos -dice Husserl- acerca de los problemas que
aquejan, notablemente, a los individuos; al eliminar la meta-
física, han marginado todo lo subjetivo, han dejado de consi-
derar el significado que la ciencia puede tener para la exis-
tencia humana.

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No obstante, Husserl considera que la visión positivista es
un "mal necesario" pues la razón no siempre es la misma, a
veces se transforma en sinsentido y calamidad. El positivis-
mo es un episodio de la racionalidad; por eso se expresa Hus-
serl al respecto: "La ciencia positiva es ciencia en el extravío
del mundo. Hay primero que perder el mundo, para recupe-
rarlo en la meditación universal sobre sí mismo". 17
Esta meditación universal se había dado antes, en el Re-
nacimiento, cuando la forma filosófica de existir consistía en
dejar que la razón fuera la que determinara el quehacer con-
sigo mismo y con los demás, de lo cual se logra una autono-
mía teórica, aunada a una autonomía práctica; de ahí el flore-
cimiento del arte y las ciencias en esa época, pues cuando el
individuo puede expresarse por sí mismo a sí mismo y a los
demás, se favorece la creatividad.
En una búsqueda de la reivindicación de lo humano, la
fenomenología pretende rescatar a la filosofía de ese extra-
vío en el que la racionalidad ha caído, al adoptar su fisono-
mía positivista. Es menester recuperar a la razón en su di-
mensión epistemológica (razón pura) y en su dimensión
ética-ontológica (razón práctica). Desde este punto de vista,
el hombre se convierte en un problema metafísico, al poner-
se en cuestión su carácter racional y, por consecuencia, la ra-
cionalidad de la historia humana. En ambos aspectos nos
estamos preguntando acerca del sentido de la razón y del
sentido de la historia; pasamos, entonces, de plantear pro-
blemas de hecho, a preguntarnos acerca del ser y la historia,
como problemas teleológicos. Después de todo, la subjetivi-
dad es un enigma, más que algo resuelto. Éste debe ser el
punto de partida para las ciencias sociales, entre ellas, la psi-
cología.
La psicología ha de tratar a la subjetividad como una
cuestión aún no resuelta, y así replantearse su temática y sus
métodos. Para ello, debe vencer el peso de la tradición que

17 E. Husserl, Meditaciones cartesianas, op. ai., p. 231.

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considera al alma como ser análogo a la naturaleza ya la psi-
cología como un trabajo teórico semejante al de la biofísica.
A propósito señala Husserl en la Krisis que "Esta naturaliza-
ción de lo psíquico pasa, a través de J ohn Locke, a toda la
época moderna hasta nuestros días" .IX
Aun cuando esa psicología moderna, de corte positivista,
pretende resolver el problema de la objetividad asignándole
una identidad física al alma, encierra la contradicción que
subyace a todo planteamiento empirista que se desarrolla en
el mundo de experiencias sensibles, pues estas experiencias
nos impiden hablar de la existencia de un mundo, un cono-
cimiento y una identidad independiente de ellas. En esto
consiste el solipsismo de Hume.
A! ignorar los cuestionamientos acerca del mundo y del
sujeto, el empirismo no está considerando a los fundamen-
tos del conocimiento. No elimina los problemas propiamente
epistemológicos y ontológicos, los evade y con ello exhibe su
incapacidad para dar respuestas posibles a los mismos.
La fenomenología se plantea como una vía para que el
pensamiento científico se libere del ideal objetivista de la
ciencia natural matemática, donde la ontología del alma es
análoga a la física. Desde la perspectiva fenomenológica, la
misión del psicólogo deberá consistir en conocer al sujeto y
al mundo del sujeto, lo cual tiene que ver con la labor de
transformar la obviedad natural en un mundo de sentido
y de intencionalidad constituyendo así, un sujeto trascen-
dental.
Las ciencias sociales están en deuda con la fenomenolo-
gía; principalmente, la psicología resulta más directamente
beneficiada por esta filosofía, pues a través de sus plantea-
mientos se rescata el problema del sujeto y se conforma la
noción del mismo sobre la base de la existencia del "otro",
del mundo y de las cosas, ubicados en un tiempo y un espacio

I H E. Husserl, Crisis de las ciencias europeas y la filosofia trascendental, México, Fo-

lios, 1984, p. 69.

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determinados, que nos permiten descifrar el sentido de
nuestros actos, en su dimensión individual e histórica.
Siendo consecuente con el racionalismo, Husserl asu-
mió su compromiso ante Descartes y Kant. Reincorporó el
tema del sujeto al señalar que toda reflexión científica y fi-
losófica pierde sentido si no se vincula al problema de la
subjetividad. Del análisis de los fundamentos cartesianos y
kantianos, concibe un nuevo sujeto en cuya base se encon-
trará la posibilidad de pensarlo en el tiempo y el espacio,
con relación al mundo y la alteridad, de modo que pueda
superarse el solipsismo producido por la marginación de la
metafísica en cuanto ontología, lo cual significó un bloqueo
a las ciencias sociales al no permitir la reflexión del sujeto
en la historia.