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Del pensamiento social

a la participación
Estudios de psicología social en México

Salvador Arciga Berna]


Angélica Bautista López
Claudett Dudet Lions
Marco A. González Pérez
Ma. de la Luz Javiedes
Juana Juárez Romero
Jorge Mendoza García
Eleazar Ramos Lara
Salvador Iván Rodríguez
Javier Alvarez Bermúdez
Gustavo Alonso Martínez Luna
(editores)

SOMEPSO

SOMEPSO
III
J&9k UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITANA
tmmmnm UNIDAD 2TAPALAPA División de Ciencias Sociales y Humanidades
C o m i t é Editorial
Salvador Arciga Berna!
A n g é l i c a Bautista López
Claudett Dudet Lions
Marco A . González Pérez
Ma. de la Luz Javiedes
Juana Juárez Romero
Jorge Mendoza García
Eleazar Ramos Lara
Salvador Iván R o d r í g u e z
Javier Álvarez B e r m ú d e z
Gustavo Alonso M a r t í n e z Luna

Portada, contraportada y viñetas interiores: Gran Mercado de Tlaxcala (fragmento).


Desiderio H e r n á n d e z Xochitiotzin.
Mural situado en el Palacio de Gobierno de Tlaxcala.

Diseño de portada y formación: D . G . Alicia Arellano D . G . Igor Nateras


Primera edición, 2004
D . R. © Sociedad Mexicana de Psicología Social, A . C (SOMKPSO)
Camino Real al Ajusco 250-7, A m p l i a c i ó n Tepepan
C P . 16029, M é x i c o , D . E

I S B N 968-5868-03-4

Impreso en M é x i c o
Printed in México
índice

13 Presentación
Juana Juárez Romero

CAPÍTULO i : E L PENSAMIENTO PSICOSOCIAL

25 La práctica psicosocial: pensamiento y obra, juntos


María de la Luz Javiedes Romero

39 Sobre la noción de historicidad


Rodolfo R. Suárez Molnar

57 Norbert Elias desde el punto de vista de la psicología colectiva


Claudette Dudet Lions

69 Comunicación social y sentido:


hacia el futuro de la psicología social
Angélica Bautista López

81 Alternativas teóricas para una psicología social en el siglo XXI


Gustavo Martínez Tejeda

93 El transcurrir de la memoria colectiva: ecos, huellas y vestigios


Jahir Navalles Gómez

113 Memoria colectiva: materia de la continuidad, materia de


la identidad
Luis Alberto García Barran
José Antonio Sánchez Márquez
129 La edificación de la memoria: sus artefactos
Jorge Mendoza García

151 Las prácticas conmemorativas: el pasado familiar


o lo familiar del pasado
Alfonso Díaz Tovar
Valentín Albarrán Ulloa

CAPÍTULO ii: L A FORMACIÓN DE LAS PRÁCTICAS SOCIALES

167 Psicología social, aplicabilidad, cultura y universalidad


Héctor M. Cappello

177 El dictamen de la ciudadanía en el D. E en torno a las figuras


de Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador
Manuel González Navarro, Hyldely Garduño Olvera,
Roxana Cruz Coro?iel, Daisy Flores Luna y
Santa Viveros Calderón

193 Representaciones sociales de la pobreza y las prácticas sociales.


Un estudio comparativo
María Estela Ortega Rubí

209 Características psicosociales de los grupos ocultos:


una definición inicial
Marco Antonio González Pérez

221 Mapas cognitivos: historia de un concepto y sus aplicaciones


al análisis del espacio
Martha de Alba

249 Los trazos de lo emergente juvenil urbano


Alfredo Nateras

271 De la delgadez imposible a la perfección digital


Juan Soto Ramírez
!

CAPÍTULO n i : PARTICIPACIÓN SOCIAL Y MOVIMIENTOS SOCIALES

283 Opiniones y participación ciudadana de 1988 a 2003


en la Ciudad de México
Manuel González Navarro

305 La psicología colectiva de la participación


Salvador Arciga Bernal

319 Socialización política: claves para su discusión teórica


]. Octavio Nateras Domínguez

339 Formas de pensar la tolerancia en dos grupos de estudiantes


Betty Sanders Brocado

353 Elementos de contra hegemonía psicosocial


en los movimientos populares
Abraham Quiroz Palacios

367 El discreto encanto de los movimientos sociales:


apuntes sobre una entidad colectiva
Jahir Navalles Gómez

381 Representaciones sociales, movimientos sociales,


ruptura y constitución de sujetos
Alfredo Guerrero Tapia

399 Nota sobre el mural de la portada


Miguel Angel Meneses Ordóñez

I
Los trazos de lo emergente
juvenil urbano

Alfredo Materas*

Este trabajo inicia problematizando la mirada psicológica respecto de la cate-


goría de pubertad y adolescencia contrapuesta a la mirada sociopsicológica que
refiere al concepto de juventud y jóvenes que abreva en la sociología y la antro-
pología.
Se parte de la idea de que la juventud es una categoría de análisis de lo
social, situada en un tiempo y en un espacio específico, por lo que se le define
como una construcción histórica y cultural. Se marcan diferencias entre la ca-
tegoría de la juventud y los jóvenes. Los jóvenes representan las formas
diversificadas en que es posible apropiarse de la condición juvenil, por lo tanto,
la juventud es heterogénea y múltiple. Se enfatiza la idea de que la juventud se
produce a través de los contextos sociales, políticos, económicos y culturales
que además la explican y la reproducen.
Al final del texto, se describen cualitativamente, algunos de los aspectos
emergentes de la condición juvenil utbana contemporánea.

1. Los TERRITORIOS

Probablemente conforme el lector haya leído el título y los párrafos precedentes


se pregunte lo siguiente: ¿Por qué una temática que alude acerca de las culturas
e identidades juveniles y huele a antropología y sociología de la juventud
aparece en un lugar del conocimiento y del saber circunscrito a la perspectiva

"Maestro en Psicología Social por la UNAM; profesor investigador de la Universidad Autónoma


Mctropolitana-Iztapalapa; coordinador general de! diplomado: «Culturas Juveniles. Teoría e
Investigación». Áreas de Investigación: uso social de drogas; cuerpos representados; violencias
sociales; adscripciones identitarias juveniles; culturas urbanas.
Correo electrónico: tamara2@prodigy.net.mx.

249
psicosocial?, es decir, a la disciplina de la psicosociología (más psicológi-. •
que social) o a la disciplina de la sociopsicología (más social que psicológica I
Una respuesta tentativa es que nos situamos más allá de la disciplina di
origen, es decir, hablamos desde lo transdisciplinar debido a la complejidad
de la realidad social, su vertiginoso devenir y la cualidad de nuestros sujetos
objetos de estudio, máxime de que nos desplazamos en los territorios de la:
disciplinas humanas y las ciencias sociales. 1

Sin duda, ha sido una tradición al interior de la psicología social tratar el


asunto de los púberes y la adolescencia como una etapa o estadio de la vida
del desarrollo del sujeto psíquico, circunscritos a la edad biológica. Por consi
guíente, la mirada teórica se ha centrado en los cambios fisiológicos asociado
a las variaciones en los estados emocionales que repercuten en los comporta
mientos y las conductas sociales de los adolescentes, tanto hombres como
mujeres, en donde lo social, en todo caso, se considera una variable, o se le
menciona como importante, aunque sólo se le representa como una especie de
escenografía teórica.
La unidad de análisis es el individuo (el adolescente), por lo que se habla de
la personalidad, sus características y de las psicopatologías de los sujetos socia-
les. Hay una visión evolucionista del ser humano y desde un determinismo
psicológico plagado de leyes y fases a las cuales hay que adaptarse y funcional
desde ahí. Se retoma la teoría neo-freudiana a partir del desarrollo de la sexua-
lidad infantil, anclada a la evolución física y social del niño.
El contenido de esta «mirada» discursiva lo ocupa la identidad (su crisis), la
adolescencia y la juventud: la crisis de la identidad es el aspecto psicosocial de
la adolescencia y el término «crisis» se utiliza en un sentido evolutivo para
connotar un momento decisivo siendo la identidad el mecanismo para enten-
der el desarrollo de la personalidad del sujeto.
Estamos frente a un discurso puro y escencialista, es decir, el que considera
que la adolescencia es un proceso natural, biológico, lineal, mecánico y consti-
tuido de una sola vez y para siempre en la vida social de los sujetos, por lo que
cualquier variación o modificación en la trayectoria conductual preestablecida
en el desarrollo psicosexual del adolescente y en la normatividad social y cultu-
ral esperada, se le catalogará como una muestra de la incapacidad de adapta-
ción social del sujeto, en este caso, del adolescente o del joven. 2

Esto ha llevado a ,que a través de estos discursos disciplinares y de la forma en


que se dice cuando se dice del ser adolescente o joven, dichos saberes v conoci-

250
mientos han contribuido a la construcción de una serie de prejuicios, estereoti-
pos y estigmas en nombre de la ciencia social y humana que, a su vez, son los que
alimentan y le dan contenido a la constitución de las representaciones sociales y
3

a las opiniones públicas dominantes nada favorables respecto de las imágenes


que se construyen de la adolescencia y la juventud en nuestra cultura mexicana.
Por ello, a determinadas preferencias sexuales (la homosexualidad o el les-
bianismo), o a ciertas prácticas sociales (el uso de drogas, por ejemplo) como a
algunas expresiones culturales (los graffitis) de algunos integrantes de este sec-
tor poblacional, se les tiende a psicopatologizar, a criminalizar y, además, se
construye una gramática de diagnóstico mental a partir de asociar una serie de
perturbaciones psíquicas y emocionales a esas prácticas y expresiones que los
sitúan, los colocan e identifican respecto de problemas serios en sus procesos
de integración social y cultural del sujeto adolescente y del actor joven.
En este sentido, las explicaciones se han construido desde el discurso de la
psicología psicológica, la psicología clínica, la psicología del psicoanálisis,
la teoría de sistemas aplicada a la familia y los dispositivos terapéuticos, vincu-
lado a lo que se conoce como la sociología de la desviación (aquella sociología
funcionalista y de la anomia).
Este discurso se muestra y despliega a través de una serie de conceptos y
categorías descriptivas y de explicación de la calidad del ser púber y adolescen-
te: crisis; identidad; inmadurez; tebeldía; transgresión; labilidad emocional;
narcisismo; omnipotencia; pensamiento mágico; depresión; autoconcepto e
imagen corporal; inadaptación; problemas con las figuras parentales y de auto-
ridad; experimentación; desorientación; perversión; sociopatías; desviación social
y anormalidad; entre las más significativas y socorridas.
De ahí que la intención de este escrito sea discutir y problematizar con estas
miradas disciplinares hegemónicas y variar «las miradas», es decir, mi mirada
está construida y «mira» desde la antropología, la sociopsicología, el
construccionismo social y la comunicación, por lo que no hablaremos de ado-
lescencia ni de pubertad, sino de jóvenes y de juventud.

2 . L O S LUGARES CONCEPTUALES

Esto conlleva plantear que la juventud es una categoría de análisis, construida


históricamente, en un tiempo y espacio culturalmente situado, por lo que la
visualizamos como una edad social, en donde se inscribe la edad biológica de

251
la adolescencia producida por sus contextos. En este sentido, oodríamos carac
terizar a la juventud como una categoría (ai igual que el género) imprescindible
en los estudios sociales cuando se trabaja las culturas urbanas e identidades
juveniles, lo que conlleva una complejidad teórica y metodológica para los
académicos e investigadores. Dicha complejidad aluce a que nuestro objete y
sujeto de estudio (ia juventud) es cambiante y varía a lo largo del tiempo.- ya
que se modifican las condiciones históricas, sociales, económicas y culturan
de su producción en el tiempo y el espacio sociai.
Vale asentar un aspecto importante: existe una diferencia entre lo que po-
dríamos denominar, por una parte, la juventud; y por la otra, ios jóvenes, y qut
consiste en 10 siguiente: la juventud, decíamos, es una categoría de anáíisi;
de lo social y ios jóvenes son las formas y las maneras distintas y particulares de
apropiarse de esa categoría en la condición juvenil. Si esto es así, entonces, ios
jóvenes son un agrupamiento social con características, prácticas políticas y
culturales heterogéneas; en otras palabras, hay distintas formas de ser joven. Al
mismo tiempo, estamos ante un agrupamiento con cualidades propias y dife-
rentes a otros grupos o colectivos sociales; por lo tanto, devienen en importan-
tes actores y sujetos sociales desde su condición de ciudadanos con derechos y
responsabilidades ante sí y los otros, es decir, frente a los demás.
En este sentido interesa resaltar que, antes de ser joven, se es ciudadano, es
decir, el joven como sujero es considerado protagonista y activista social con
derechos individuales y responsabilidades colectivas. Por ello son importantes
las acciones y prácticas que refieren precisamente a la idea de participación,
elemento clave para hablar y referirse a la construcción de ciudadanías, o en
otras palabras, a las ciudadanías democráticas.
En el territorio de las ciudadanías hay un actor social (joven) que emerge a
partir de su condición de sujeto con derechos, los cuales pareciera ser que lo
están constiruyendo de inicio y como ruta de entrada desde los derechos polí-
ticos (votar por ejemplo), situación que propicia un olvido, distracción y de-
bilitamiento ante el ejercicio como ciudadano de los demás derechos: los
civiles, los sociales e incluso los culturales (aspecto central para las juventu-
des urbanas).
Así, podríamos trazar las siguientes coordenadas entre ia construcción
de ciudadanías, las identidades juveniles y la participación democrática, en el
entendido de que las ciudadanías tendrían que alimentar y dar contenido de
sentido a la constitución de las identificaciones juveniles a través de la incorpo-

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ración de los valores de ia democracia; a saber: la legalidad, la igualdad, la
tolerancia, el respeto a la diferencia, la pluralidad, ia justicia y la equidad que
favorezcan ios vínculos y las relaciones intersubjetivas entre los sujetos sociales.
Planteado así, considero que nos situamos más allá de la adscripción
identitaria o de las culturas juveniles, ya que la idea y la acción de la ciudadanía
es una condición necesaria para hablar de una característica de lo político cuando
se hace política y que se sustenta en la gestión, la negociación de las posturas,
las ideas y los pensamientos divergentes con los otros. 4

2.1. De los jóvenes ciudadanos a las culturas juveniles


El concepto de cultura es el término clave que define a la antropología como el
de sociedad a la sociología y el de individuo a la psicología. La cultura no se
reduce a la cultura culta, por lo que en términos amplios se caracteriza a la
cultura como la producción, circulación y consumo de signos y significados
comunicados a través de procesos simbólicos en la interacción social.-
Como se apreciará, contamos con una definición que apunta o alude a la
parte subjetiva de los sujetos y actores sociales en cuanto a su ubicación en los
sistemas y los procesos de los consumos, incluyendo lo que se ha denominado
como las industrias culturales (especialmente aquéllas dirigidas a los sectores
juveniles).
Respecto de lo que podríamos denominar «culturas juveniles», estamos ante
las prácticas sociales o expresiones políticas de ciertos jóvenes, ligadas
específicamente a determinadas adscripciones identitarias que se representan y
hacen visibles en el espacio urbano de la mayoría de las ciudades del mundo.
De acuerdo con el antropólogo catalán Caries Feixa (1998: 60), las culturas
juveniles aluden a: «la manera en que las expresiones sociales de los jóvenes son
expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de vida distin-
tos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre o en espacios intersticiales
de la vida institucional.»
Lo importante de la definición de Caries Feixa estriba en que se concede a
los jóvenes el lugar de un grupo social particular con acciones sociales y ex-
presiones culturales distintas a la de otros grupos, primordialmente al de los
adultos. Y esto es central, ya que en el proceso de la constitución de las identifi-
caciones juveniles, la mayoría de los jóvenes rivaliza y se contrapone al mundo
adulto, regularmente a partir de la interpelación que se hace de las normas y los
valores instituidos. Esto es así ya que en el proceso de las construcciones

253
identificatorias se procede, entre otros mecanismos, por contraposición al otro
distinto y diferente a uno que en términos de G. H . Mead hablaríamos del
«Otro Generalizado»; quien remite a la unidad de sí. 6

Esta contraposición al mundo adulto atraviesa, las más de las veces, por los
circuitos generacionales, es decir, es una tensión intergeneracional conforma-
da, por una parte desde los adultos jóvenes (y no tanto) que ejercen la función
paterna al representar, escenificar o dramatizar ¿a figura de autoridad (inclu-
yendo a determinados maestros y sacerdotes) y, por la otra, está la generación
contemporánea deí ser joven urbano, hombres como mujeres que entran en la
disputa en ia creación de sentidos en su constitución identitaria juvenil.
Dicha tensión intergeneracionaí se construye desde ciertos imaginarios en
ios mundos adultos, en tanto al ser sujeros de más experiencia y vivencia se cree
entonces que tal vivencia se puede transmitir y heredar a los hijos con ia simple
mención mágica de la palabra y el discurso que se dirige a los niños, los púberes,
los adolescentes o los jóvenes, cuando se sabe, también por experiencia, que
esto no sucede así y lo que le queda a esa función paterna' es simplemente
acompañar los procesos sociales de sus hijos e hijas (jóvenes).

3. LOS CONTEXTOS SOCIOCULTURALES Q U E PRODUCEN LA CONDICIÓN JUVENIL

El punto de partida es considerar que las prácticas sociales de la mayoría de los


jóvenes como sus manifestaciones culturales se deben visualizar desde la si-
guiente premisa: la actuación o acción es local-regional, aunque dicha actua-
ción se tendría que reflexionar globalmente. Lo que quiero decir con esto es
que no se podrá comprender la condición juvenil contemporánea, ni cualquier
otra condición etaria o de sector poblacional, si no es a parrir de sus trazos
relaciónales y del intersecto o la articulación entre lo local con lo global.
Respecto de los asuntos globales que tienen su particular significación en lo
local tenemos los siguientes acontecimientos: la caída de las utopías; el triunfo
8

del capital; la primacía de las sociedad de la informárica; los procesos migratorios


como uno de los fantasmas que recorren el mundo junto con la pobreza y la
miseria; la fractura de los sentidos sociales que articulaban la vida en las ciuda-
des; el derrumbamiento de los Estados benefactores, especialmente en los países
de América latina; la omnipresencia de los medios masivos de comunicación
que construyen opinión pública; la trasnacionalización de las culturas urbanas;
la mundialización de las ciudades y por consiguiente la emergencia de un nue-

254
vo actor: los ciudadanos del mundo; el avance de los regímenes de derecha; la
violencia institucionalizada; el narcotráfico como el otro poder ligado princi-
palmente al económico y político; la emergencia de los movimientos sociales
alternos; el megaterrorismo de Estado o institucionalizado y el megaterrorismo
subversivo, la guerra del imperio por arbitrar al mundo y los fundamentalismos
9

políticos y religiosos.
Estos acontecimientos en el nivel global se articulan con los sucesos locales
que para el caso de nuestra sociedad mexicana resaltan los que a continuación
se nombran: desde la década de los ochenta las constantes crisis económicas e
institucionales (la familia, la religión, la política, la educación); el vaciamiento
o descentramiento de la política junto con el descrédito de sus instituciones y
sus políticos; el lenguaje de las ciudades del interior del país marcadas por la
10

violencia; el avance del crimen organizado incluyendo las mafias del narcotráfico;
la impunidad y la corrupción como cáncer de las instituciones, especialmente
las de procuración de justicia; la inseguridad pública; la pauperización de la
población en general y de los jóvenes en particular; la creciente desmovilización
colectiva; los déficit de ciudadanía política, social, civil y cultural; el desempleo
galopante; la economía informal; la persistencia de un Estado premoderno
política y culturalmente hablando; la velocidad y rapidez como condición de la
vida urbana; el triunfo del capital en la versión del neoliberalismo económico;
la frágil transición democrática; el conservadurismo de la sociedad y el avance
de los grupos sociales más intolerantes y peligrosos.
Es a partir de los cruces e intersticios de los contextos globales y locales que
podemos caracterizar una particular producción de la condición juvenil urba-
na contemporánea en nuestra sociedad mexicana con rasgos muy similares
para los países de América latina que se definiría en términos generales por ser
los hijos de todas las crisis posibles, las que ustedes deseen; una cancelación de
los horizontes de futuro, a mediano y largo plazo; el aquí y el ahora de la vida
en tanto su fugacidad; la victoria de la hiperindividualidad sobre lo colectivo y
lo grupal; la proliferación de las ciudadanías del mundo; la marca de la exclu-
sión social a partir de los consumos culturales; la internalización de las prácticas
sociales inscritas en los flujos y reflujos migratorios; signados por las tecnolo-
gías de comunicación; reconfiguración en la manera de participación política y
social en forma de redes horizontales; no se agrupan más por ideologías polí-
ticas sino por propósitos y acciones concretas y situacionales; los agrupamientos
son microidentidades representadas y dramatizadas en el espacio urbano; gran

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importancia a la apropiación de los territorios, ios espacios y ios lugai
semipúblicos v públicos de las grandes urces del país; dramatización y pir-
en escena de las corporalidades; la influencia de las industrias culturales di¡
das a ios jóvenes que diseñan estéticas y rachas juveniles; criminalizaciói
prácticas y expresiones juveniles urbanas.

5.1. Los trazos de Lo emergente en la condición juvenil urbana contemporánea


Dado lo anterior, podemos trazar y vislumbrar determinadas viñetas, a pan i
de las cuales se está jugando, para la mavoría, la vivencia deí ser joven, más i
nada desde la construcción de ciudadanías en nuestras sociedades urbanas,
a trazar, por cuestiones de espacio lo referente al cuerpo, al género, las violencu
al uso social de drogas, a la participación política, a la salud sexualy reproductiva
Uno de los territorios en disputa, entre lo privado y lo público, es sin dud:i
el cuerpo o la corporalidad, ya que en él se están dirimiendo asuntos de t:.
cendental importancia para los jóvenes; por ejemplo, el rediseño de las estética: •
las fachas (anorexia y bulimia); la alreración y decoración de los cuerpos a
través del tatuaje, las perforaciones, las incrustaciones (microcirugía para coló
car piedras preciosas y metales), elbranding (quemaduras), las escarificacionc:
(relieves levantando la piel); el embarazo adolescente; el aborto; las práctica.*
sexuales junto con sus diversas preferencias y orientaciones; el uso social de
drogas y el suicidio, principalmente.
Aquí la pregunta central sería: ¿A quién pertenece el cuerpo? A uno o a los
otros, es decir, a las instituciones del Estado (la familia, la religión, la escuela,
los centros de salud, el ejército). El asunto del cuerpo tiene que ver con un
territorio, espacio y reducto de la decisión relativa de sí, en el entendido de
que, para una gran parte de jóvenes, con su cuerpo pueden hacer lo que deseen
o crean conveniente. Esto lleva, en la mayoría de los casos, a una dispura con el
mundo adulto (padres, maestros yfigurasde autoridad), aunque específicamente
el enfrentamiento es con los papas, las mamas y los maestros, ya que se ha
construido un imaginario social en el que se cree que los hijos y las hijas perte-
necen a los padres; los alumnos a la escuela y a los maestros, por lo que ellos
son los que deciden acerca de sus jóvenes respecto de la sexualidad, ia vesti-
menta y todo lo que tenga que ver con el rediseño, la estética de sus
corporalidades y su representación o puesta en escena.
En el caso de la institución escolar y de los maesrros como figuras todavía
imporrantes para los alumnos (a nivel primaria, secundaria, preparatoria y de

256
universidad), es de sobra conocido que es el ámbito o el espacio donde se
13

ejerce un control muy fuerte sobre el diseño de las sexualidades v las estéticas
corporales de los escolares, es decir, en las escuelas públicas como en ios cole-
gios privados se prohibe a los adolescentes y a ios jóvenes llevar arracadas,
portar tatuajes, usar ombligueras, traer ei pelo de colores. Ejemplos claros y
evidentes de que la decisión y los actos en v con el cuerpo pareciera ser que no
pertenecen a los adolescentes y los jóvenes. El argumento es que son menores
de edad y, supuestamente, no saben lo que hacen; en otras palabras, no son
considerados como interlocutores válidos, va que se infantilizan sus prácticas
sociales y sus expresiones culturales.
En esta disputa también se juega una parte del imaginario y de la posrura
judeocristiana, en el entendido de que el hombre, y por consiguiente el cuer-
po, es una creación de Dios (a su imagen y semejanza), por lo tanto, el cuerpo
no pertenece a él o a ella (en este caso a los jóvenes), sino al Señor, de ahí que
solamente se está facultado para la procreación, ya que está cancelado el goce y
el placer en el coito, así como los actos en y con el cuerpo; el aborto, la altera-
ción y decoración de los cuerpos (tatuajes) y el decidir por la propia muerte (la
eutanasia o el suicidio).
Un ejemplo bochornoso del contubernio entre el discurso del poder
institucional de la Iglesia católica, con el discurso del poder de las instituciones
de salud en cuanto al control de los cuerpos de las adolescentes y las jóvenes,
que atenta contra los derechos sexuales y reproductivos es el caso de Paulina
del Carmen Ramírez, niña de 13 años de Baja California, violada y obligada
14

a tener el bebé bajo amenazas clericales de cometer pecado y ser excomulga-


da de optar por no tenerlo como de la negativa por argumentos morales de los
médicos al no practicarle el aborto. A Paulina como adolescente y joven se le
negó un derecho como ciudadana: el de decidir el aborto en tanto ser una
de las causales (la violación) sancionada por la ley que obliga a las clínicas y los
hospitales de salud a aplicarlo en estas circunstancias, independientemente que
el personal médico se ampare como objetores de conciencia.
Otro aspecto importantísimo es lo relacionado con el género como categoría
de análisis social. Es una contribución del movimiento feminista mundial y local
emanada definalesde la década de los sesenta, los setenta y los ochenta, en donde
la condición femenina fue avanzando en aras de alcanzar la equidad respecto
de lo masculino en diferentes ámbitos de la vida social como la salud, la educa-
ción, la política, el trabajo, los deportes, la recreación, la sexualidad y la cultura.

257
ejemplo, censar las identidades de pínerc cerne un parar-nance, incorporar.
cuestión del poder, apoyarse en miradas disciplinares como ia antropología :
desplegar dispositivos metodológicos como í&s narrativas, ios sxupcs rocai;
y ia: lústorias de vicia en sus estudie: sociales."
E sgularmente cuando se habla de ióvenes se cree que rodos ellos son hom
bres por lo que una gran parte de académico: e investigadores han •:. -rraac d
:

sus rraoaic: de investigación a lar mujeres desde su condición femenina, e


dear se ha carecido de una perspectiva de género. Ei señero, a partir de
diferencia sexua. de ¡os cuerpos, nos recuerda que la forma y la manera en qu
se enseña a ser ¡oven hombre come mujer joven es distinta, en tanto ser un;
construcción sociocuitural que además se circunscribe en relaciones asimétrica
de poder. De aquí se derivan los distintos roles sociales que se representan Q
acuerno con ío esperado culturalmente en tanto lo femenino y lo masculino.
En e! ámbito de ias culturas y las adscripciones identitarias juveniles hs
existido un dominio de lo masculino sobre io femenino, ya que los iugares J
espacios subalternos han sido ocupados por las mujeres jóvenes en casi todo
ios agrupamientos juveniles: la novia de la banda, la secretaria de¡ grupo, ei
objeto del deseo sexual de todos e incluso tener que soportar el maltrato y ís
violencia física, emocional y sexual de algunos integrantes del agrupamiento.
Lo interesante es que también se han configurado agregamientos exclusiva
mente de mujeres jóvenes desde el movimiento punk: las Susys Dead, las Chava
Activas Punks (CHAP'S), la Virginidad Sacudida, los cretvs de graffiteras, ce.
movimiento oscuro (darketas, góticas), las tatuadoras y ias perforadoras, ten-
dientes todas ellas a redefinir y rediseñar sus lugares como mujeres jóvener
que favorezca la configuración de las identidades del género femenino y a si
marcada diferencia en la práctica .social y cultural con respecto ai géner:
masculino.
Esto es muy importante, va que a partir de esra categoría de las identidade
de género el contenido de ias identificaciones juveniles es diferente, por lo qu.
ser mujer joven graffitera. no sería ¿o mismo que ser joven hombre tambié:
gralíitero, o ser usuaria de drogas (cocaína) que ser usuario aun con la misrr.
droga (¡a cocaína . Si esro es así, entonces es muy significativo y valioso para ic.
diseñadores de las políticas públicas dirigidas a ios adolescentes y a los jóvene c

ya que a través de sus programas de intervención tendrían que marcarse un


perspectiva de génen > encaminada a hacer programas inte:' e intradiferenciado:
encaminados a alcanzar la equidad entre hombres y mujeres jóvenes en todos
aquellos aspectos a que haya lugar.
Otro de los asuntos de vital importancia es lo relacionado a las violencias.
Atendiendo a la definición que da la Organización Mundial de la Salud (2003:
5), tenemos que refiere ai: «uso intencional ae la fuerza o el poder físico, de
hecho o como amenaza contra uno mismo, otra persona o un grupo o comu-
nidad, que cause o tenga mucha probabilidad de causar lesiones, muerte, ca-
ños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones).. Queda claro que ias
violencias son formas de vínculos y discursos de poder a través de ios cuales
hablan ios colectivos y determinados grupos sociales que tiene que ver con
ias tensiones y el conflicto social.
Es cierto que asistimos a expresiones de la violencia con diferentes rostros y
tesituras: autoinfligida (el suicidio juvenil es alto), interpersonal (familiar, ae
pareja, comunitaria) y colectiva (social, política y económica). Además por su
naturaleza puede ser física, sexual y psíquica. "Y es en el sector de los jóvenes
donde se hace más evidente, es decir, son tanto objetos como sujetos de ella.
Estamos hablando de edades muy tempranas entre 10 a 29 años. Y para el caso
de México las agresiones con armas de fuego alcanzan "aproximadamente 50%
de los homicidios y el promedio arroja la siguiente cifra: 565 niños, adolescen-
tes y adultos jóvenes mueren cada día por la violencia interpersonal (OMS, 2003).
Aquí una de las interrogantes es la siguiente: ¿son los jóvenes por su condi-
ción de jóvenes, hombres como mujeres los que generan las violencias?, o jun-
to con otros agrupamientos sociales o grupos etarios, ¿Los jóvenes viven en
una diversidad de mundos violentos? Nos inclinamos por la segunda reflexión.
Los jóvenes son tanto sujetos de la violencia, es decit, determinados
agrupamientos la ejercen; aunque al mismo tiempo, son objetos también de
ella, en otras palabras, la padecen, especialmente la que viene de los cuerpos
de seguridad del Estado (entiéndase la policía/.
De ahí que hay que marcar claramente una diferencia importante entre los
agrupamientos juveniles, por una parte, existen aquéllos que sus motivos de
agregación obedecen al de pertenencia a una determinada adscripción identitaria
juvenil urbana (por ejemplo, ser del movimiento oscuro —darketos, góticos,
vampiros, fetiches—, de los cholillos —cultura de frontera—, de los raves— música
electrónica—), o simplemente como agrupamienro juvenil de las denominadas
bandas o pandillas cuyas prácticas sociales son diversas y algunas obedecen a
características de región, de historia, de idioma, de raza, de barrio, de fachas y

259
estéticas, de apropiación de ia calle, preocupación por ser respetados, adquirir
reputación y como microgrupo mantener ia unidad como una forma de pro-
tección o autodefensa ante la amenaza real y simbólica de ios otros grupos.
Vamos a caracterizar a estos agrupamientos como bandas o pandillas cuJturaies
o desde sus ciudadanías culturales.
Por otra parte, están también ios que se agrupan por aspectos identitarios y
aunque sin dejar ce ejercer sus prácticas sociales se centran en acciones y acti-
vidades ilegales (asaltos, venta de drogas y trafico de armas) y ias más de las
veces es por prestig o social ante los otros, ejercicio del poder y beneficios eco-
:

nómicos. Funcionan como una especie de empresas organizadas hacedoras de


ganancias y dinero. A estos agrupamientos los vamos a caracterizar como ban-
das o pandillas industriales (Sánchez y Reynolds, 2003-2004). 16

En ei caso mexicano, también encontramos un ejercicio de la violencia


muy particular y complejo, que podríamos nombrar corno intergrupal e
interpandillas, es decir, una violencia interpersonal (comunitaria) dirigida a los
otros parecidos y similares a ellos, a otros agrupamientos con iguales caracterís-
ticas identitarias. El caso concreto está en los «cholos o choüllos» de Ciudad
Netzahualcóyotl, quienes están enfrascados en una guerra de exterminio entre
grupos en la disputa por los territorios, donde también las mujeres jóvenes
«rifan», muy parecido a ios relatos de la guerra civil entre pandillas de mexica-
nos y latinos en California.
De igual manera, hay violencia institucionalizada, empleada para desmovi-
lizar cualquier acción colectiva juvenil, llevada a cabo por ciertas instituciones
educativas como el Instituto Politécnico Nacional y en la Universidad Nacio-
nal Autónoma de México, a través de los famosos porros: grupos de choque
que ejercen la violencia especialmenre contra jóvenes estudiantes, dirigentes y
líderes a cambio de dinero, favores y protección jurídica.
Otro rostro de este tipo de violencia asociada a ciertos jóvenes está en los
espacios del divertimento, del tiempo libre y de los especráculos deportivos;
me refiero a las porras o a las barras en los estadios de fútbol, quienes se enfren-
tan abierramente unos contra otros, en una especie de guerra por no tolerar la
diferencia de adscripción a un agrupamiento, en este caso, a un equipo o club
diferente al de ellos que para el caso de México, ia situación empieza a hacerse
delicada y grave.
En cuanto al uso social de drogas, creemos que cada vez más se le incorpora
como uno de los artefactos o accesorios que acompañan a las acciones sociales
/

y las expresiones culturales de determinados jóvenes. De tal suerte que ahora


las drogas son una mercancía de bienes materiales con valor simbólico que
entran en la lógica del mercado globalizado, es un producto más, por io que hay
determinadas drogas en la lógica de la oferta y la demanda, dirigidas particular-
mente al mundo juvenil como las denominadas y famosas drogas de diseño
«éxtasis» o «tachas», asociadas a las escenas festivas (raves, antros, discotecas,
tocadas, conciertos y festivales).
En estos escenarios festivos el cuerpo es ei núcleo y la clave de la fiesta, en
tanto se le vuelve a colocar como el objeto de ia experimentación, ei placer, el
gozo y por lo tanto se pone en juego, se le representa y dramariza en estos
espacios del tiempo libre y del divertimento; instrumento cultural para el esta-
blecimiento de vínculos, aunque sean fugaces, rápidos, volátiles y presentistas.
Asimismo, la experiencia de la vivencia corporal se incrementa y se hace inten-
sa precisamente bajo los influjos de las drogas de diseño, ya que remire a otros
planos y umbrales de las sensaciones y las percepciones de la realidad ligadas a
determinadas circunstancias de las sociedades contemporáneas: las
hiperindividualidades, los narcisismos agrupados y las vanidades públicas.
El incremento de la cocaína (droga para el rendimiento corporal) ha sido
muy preocupante entre los jóvenes urbanos, ya que estamos vivenciando una
excesiva oferta, por lo que su precio es muy accesible, asociado a muv mala
calidad y con alto poder adictivo. Estamos ante sujetos multiusuarios, es decir,
que usan varias drogas al mismo tiempo: alcohol con mariguana, cocaína con
mariguana y alcohol, cocaína con ácidos; y más combinaciones.
Es evidente que la línea preventiva en el uso social de sustancias, aquélla
que sustenta el «di no a las drogas», tendría que replantearse seriamente en
tanto que los índices de usuarios jóvenes siguen incrementándose en cada una
de las drogas utilizadas. Este replanteamiento implica reposicionarse y abrir
hacia otras perspectivas como lo podrían ser las de reducción del daño, dismi-
nución del riesgo y del cuidado de sí. 17

Tales perspectivas no se sustentan en los discutsos de la prohibición y el


control, sino que consideran a los sujetos y actores, en este caso a los jóvenes,
como ciudadanos con derechos civiles, sociales, políticos, culturales y capaci-
dad de decisión respecto de sus prácticas y experiencias individuales, es decir,
se trata de conceder el lugar de decisión responsable ai otro respecto de sí. Tal
postura encuentra un cauce interesante en el movimiento mundial, local y
colectivo en favor de la despenalización en el uso de la mariguana, integrado

261
mayoritariamente por jóvenes homores y mujeres que acaban de realizar (el 2
de mayo) la tercera marcha en ia Alameda Central dentro del marco del Día
Mundial por la Liberación de la Mariguana.
Las consignas que se escuchaban son muy elocuentes dado su valor de enun-
ciación y su fuerza simbólica; desde ias dirigidas contra la represión policiaca y
ei control social: «¡PRESOS PACHECOS, LIBERTAD!», «PACHECO INFORMADO JAMÁS
SERÁ APAÑADO-:, «No ME LLAMES CRIMINAL, LA MOTA N O HACE MAL»; las que ha-

blan a partir de ia condición ciudadana como sujetos o usuarios: «SE VE, SE


NOTA, LA BANDA FUMA MOTA», « E S T E DÍA DE MAYO, EL MUNDO FUMA UN GALLO»; y
ias que refieren a ias situaciones, ¡os lugares y los espacios de la cotidianidad:
« U N CHURRO APAGADO NO LLEVA A NINGÚN LADO», « U N TOQUE EN LA MAÑANA Y

ADIÓS A LA MIGRAÑA» y «LA MOTA ES MEDICINA Y .SIRVE EN LA COCINA».

Hav que insistir que el narcotráfico ya penetró a determinadas adscripciones


u organizaciones identitarias juveniles urbanas (el caso de los «cholillos»), por
lo que los jóvenes involucrados en estos circuitos se han convertido ya en acto-
res muy visibles o en lo que se empieza a reconocer como una nueva identidad
social vinculada a la condición juvenil en las redes del narcotráfico.
Respecto de la participación política de los jóvenes, regularmente se ha cons-
truido un discurso común y totalizador al referir que son apáticos, no les inte-
resa el país, es más, se les califica como apolíticos, sin ideología y con un déficit
justamente en el ejercicio de sus ciudadanías políticas. Creo que este discurso
se alimenta de la representación social y el imaginario colectivo anclado a la
década de los sesenta y setenta, la cual dibuja la condición juvenil
automáticamente igual a ser estudiante con características o cualidades del ac-
tivista, dirigente, militante a un partido político y con ideología definida de
derecha o de izquierda, encaminados a transformar toda la realidad como lo
proponían algunos estudiantes y ios jóvenes más radicales (incluyendo a los
guerrilleros, hombres como mujeres).
El contenido imaginario de esta representación social insiste en permanecer
en determinados mundos y espacios de una gran parte de adultos, aunque las
condiciones y ios contextos sociales, políticos, económicos y culturales que lo
producen y reproducen ya cambiaron, es decir, nos enfrentamos ciertamente y,
sin exagerar, al vaciamiento y al derrumbamiento real de la polírica, de sus
ideologías y al descrédito total de sus instituciones, no solamente de los parti-
dos políticos, cual fuese su denominación (PRD, PRI, PAN, Verde Ecologista y
demás), sino de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, incluyendo por

262
desgracia al Instituto Federal Electoral, en tanto la intervención vergonzosa del
PRI en la elección de los nuevos consejeros electorales.
Esto ha originado —no sólo en una parte de la población juvenil, sino en los
demás sectores de la sociedad— un alejamiento a las instituciones políticas, una
apatía y un desgano válido por no participar en cualquier actividad social,
comunitaria y ya no se diga pattidista: sean asambleas, foros, consultas o en los
procesos electorales. Además, queda claro que actualmente los contextos socia-
les, económicos e históricos en los que vive la mayoría de los jóvenes urbanos
de la nación complican de sobremanera la posible participación política y, por
consiguiente, la construcción de ciudadanías juveniles «democráticas», lo cual
remite posiblemente a problemas y dificultades en los procesos de socializa-
ción política de los niños y ios jóvenes respecto de ia acción y participación
social como a los valores de la democracia.
Hay realmente un déficit de ciudadanía en la mayoría de los mexicanos,
máxime viniendo de una sociedad tan autoritaria y conservadora, lo cual con-
lleva a una ausencia o fragilidad en la interiorización de los valores como los de
la solidaridad, el compromiso social y la participación política que se reduce a
su mínima expresión. De nueva cuenta, esta situación particularmente se hace
más visible en una gran parte de jóvenes, quienes están hastiados de la forma y
la manera en que se conducen los asuntos de la política de este país, lo cual ha
originado que pata ellos y ellas la política cobre un valor meramente funcional
y pragmático, es decir, proceden orientados por fines, o sentido de finali-
dad (tener la ctedencial de elector para entrar a las discotecas), aunque eso
implica que no hay principios políticos e ideológicos claros y definidos, en
tanto que tampoco están las condiciones para que esto no sea así.
Algunos ejemplos de lo endeble y frágil de los procesos de socialización
política en los jóvenes en el ámbito social, familiar y escolar quedan evidentes
en las siguientes cifras retomadas de algunas encuestas: los jóvenes son los
18

menos interesados en los asuntos electorales, los de 18 y 19 años son los que
menos están empadronados y entte más joven, es mayor el abstencionismo; es
decir, los jóvenes tienen el índice más alto en este renglón Además, hay serias
dificultades para la comprensión y la asimilación de ciertos valores democráti-
cos como el de la tolerancia, por lo que se muestran preocupantes rasgos de
discriminación (Peschard, 2003).
Asimismo y con base en resultados de la Consulta Juvenil 2002 «Expré-
sate 10/31»,]9 tenemos datos muy elocuentes respecto de la disposición a

263
-os valores democráticos {vid. supra.: notí 13). veamos: 41.3% nc tolera
vivir con la diferencia de ios otros: 63.8% está dist; ueste a violar regias antes
de negociarías cor. los maestros; 30% no muestra madurez política ni respeto
a la legalidad, la legitimidad y la pluralidad, ya que no reconocería al «otro»
como ganador político; 28.2% nc está en disposición de dialogar con ios
padres a fin de hacer cambios a acuerdos preestablecidos; 32.9% no cumpliría
con acuerdos y límites familiares pactados: cuando se trata de seguir divir-
tiéndose: ai 38.7 % se le dificulta la convivencia en ia escuela con sus compa-
ñeros ooi sufrir bromas y burlas; y a 25.2% se le complican ¡as diferentes
formas cíe :er v cíe oer-s-.rr de ios demás, es decir, sus compañeros de ciase y de

Sin embargo, hav otro elemento importante a destacar respecto de ia parti-


cipación ere determinados jóvenes que es: io siguiente: actualmente asistimos
también a ias nuevas formas de expresión en ei ámbito de ¡o social y la política
que no siguen la lógica de ia acción tradicional adscrita a un partido, a una
estructura jerárquica, ni tampoco se reduce a los procesos electorales. De ahí
podemos asentar que la mayoría cié los jóvenes no se agrupa más por
adscripciones ideológicas o políticas duras, sino por acciones y sentidos socia-
les de ia práctica, es decir, una gran parte de ellos está más preocupada por
reivindica." el derecho de las minorías: ios indígenas, los homosexuales, ias
lesbianas; en contra del liberalismo económico y de sus guerras íc! movimiento
altermundista); en favor de ias causas de ios demchos humanos; de la ecología:
cíe ios valores de ¡a democracia como ia igualdad, ia justicia, la diferencia, ía
tolerancia v el respeto a ser distinto.
Hay que entender que asistimos al hecho de que una gran parte de ióvenes
sigue interesándose por ia acción política, aunque ya no se enmarca dentro de
ios formatos tradicionales de ias décadas anteriores.
En lo que atañe a la salud sexual y reproductiva, queda claro que la disputa
para muchos ióvenes, las adolescentes mujeres, se ubica en la batalla por ¿a
defensa de sus derechos humanos asociados a su sexualidad y la reproducción.
De aquí se vuelve a configurar en los jóvenes adolescentes la posibilidad del
sujeto y e¡ actor social como ciudadano con derechos civiles, culturales y res-
ponsabilidad colectiva, máxime por el embate de los grupos de derecha más
beligerantes del país que tratan de imponer su moral privada en los asuntos
individuales y ¡as políticas públicas. Aunque habría que decir que no existe una
correspondencia entre ¡o que marca el discurso católico cristiano con ¡as prác-
ticas sociales y las acciones concretas de la feligresía en aquellos asuntos de la
vida cotidiana y privada de los creyentes.
Esta disputa de nueva cuenta se circunscribe a los actos en y con el cuerpo
femenino: ¿Las mujeres (jóvenes) pueden decidir por sí acerca de su sexualidad
y reproducción? o ¿Son las instituciones religiosas y de salud las que tienen el
control de los cuerpos de los «otros» y las «otras». Ejemplos de estas batallas se
dieron en la discusión pública con respecto a la inclusión de nuevas causales en
el código correspondiente a partir de las cuales (violación, malformación con-
génita del producto, graves daños a la salud de la madre e inseminación artifi-
cial no consentida), se tiene el derecho a solicitar el aborto en las instituciones
de salud del gobierno.
Por otra parte, el problema del SIDA ha cambiado las prácticas sexuales en
determinados jóvenes, aunque también la información que se ha dado a través
de las diversas campañas a fin de incentivat el uso del condón no ha funciona-
do del todo, ya que la sexualidad se le vive más interesante y emocionante
asumiendo los riesgos sin utilizar ninguna protección.
De igual manera las «modas» en las nuevas relaciones sexuales, en una parte
de jóvenes, apuntan a la flexibilidad (el caso de losfree,acompañantes sexuales
de fin de semana) y a la diversidad o intetcambio de parejas sexuales por mu-
tuo convenio (las parejas swinger), lo cual no se corresponde a los tintes autori-
tarios y de control que la mayoría de los jóvenes, hombres como mujeres, viven
y padecen en sus respectivas familias y en los ámbitos escolares.
Asimismo, las nuevas prácticas de la socialidad sexual atraviesan por el
ciberespacio en tanto que se ha convertido en un sitio donde es posible establecer
vínculos afectivos virtuales con el «otro» o «la otra» joven en escenarios en los cuales
se activan mecanismos de representación de la autoimagen (cuando hay que des-
cribirse física y psíquicamente) como de la tepresentación de la imagen del otro.
Para terminar diría que uno de los desafíos políticos es que estas situaciones
bosquejadas y los trazos emergentes de la acción social y la expresión cultural
de una parte de los jóvenes urbanos y metropolitanos se vean expresadas en
las políticas públicas de juventud que tanto las instituciones del Estado como las
Organizaciones No Gubernamentales y civiles tendrían que diseñar a fin de
ofrecer una diversidad de programas en los cuales los jóvenes, hombres y mu-
jeres, estén dignamente tepresentados desde su condición de sujetos y actores
sociales heterogéneos con derechos y responsabilidades colectivas en el ejerci-
cio de sus ciudadanías políticas, sociales, civiles y culturales.

265
En este sentido, habría que pensar que ias políticas públicas de juventud
tendrían que dirigirse ai mundo adulto y sus instituciones, es decir, es urgen t-
sensibilizar y capacitar a todos ios que estén relacionados con el trabajo con
jóvenes: funcionarios, políticos, maestros, sacerdotes, cuerpos de seguridad del
Estado, comunicaáores, gestores culturales y personal de salud, a fin cié que
estén informados y sepan de los conocimientos y los saberes generados por la
academia para que comprendan ios sentidos de las prácticas sociales y ias ex
presiones culturales de ios jóvenes contemporáneos.
En ia medida en que los mundos adultos y sus instituciones otorguen
lugar de ciudadanos a los sujetos jóvenes con derechos, por ejemplo a ia infor-
mación sexual, entonces se estaría en la posibilidad de realmente vivir y convi-
vir con las diferencias independientemente de que se este o no de acuerdo cor
las decisiones de sí de los jóvenes urbanos.

Notas
1 Al respecto hay una interesante discusión entablada por el psicólogo social español Tomás
Ibáñez, cfr.»Introducción 'La Tensión Esencial' de la Psicología Social», en Páez et ai., 1992.
2 Los textos clásicos que sustentan tal paradigma son ios de Eik H . Erikson: Identidad, Juventud
y Crisis (1968) y Sociedad y Adolescencia (1989).
3 La alusión a la representación social no es desde su constructo teórico, sino como una categoría
o concepto descriptivo, a como lo sugieren algunos psicólogos sociales como Maritza Montero y
Tomás Ibáñez. Cfr. Maritza Montero: «Indefinición y contradicciones de algunos conceptos
básicos en psicología social», en: Montero, 1994; Tomás Ibáñez: «Representaciones Sociales.
Teoría y Método», en Ibáñez, 1988.
4 Para un debate amplio e interesante de la formación ciudadana en América Latina, de la
consolidación de la cultura democrática desde los organismos públicos, civiles y el abordaje con
población infantil, de jóvenes y mujeres, el lector interesado puede consultar IEDF, 2003.
5 Quizás uno de los textos imprescindibles para entender cómo se ha construido a lo largo de la
historia el concepto de ideología y el de cultura es ei de John B. Thompson (1998), cuyo título
original en inglés (1990) es: Ideology and Modern Culture. Critica! Social Theory in The Era of
Mass Communicalion.
6 Cfr. Mead, 1990.
Hacemos una diferencia entre lo que Freud hablaba de lafiguramaterna y paterna que remite
a la condición biológica y lo que la escuela lacaniana en psicoanálisis menciona como la función
que no remite a lo biológico, sino a la representación simbólica y puesta en escena de 10 materno
que lo puede ejercer incluso el padre o lo paterno que también lo podría ejercer ia madre, o
cualquier otra figura (abuelos, tíos, hermanos, amigos), es decir, lo que interesa es ia función
(cfr. Lacan, 1971; Laplanche y Pontalis, 1982).
8 En la película alemana Adiós Lenin del director Woll Gang Becker (2003) se relata.•:.través do
la historia de una íamilia de la República Democrática Alemana, el colapso del socialismo real,
la caída del muro de Berlín y ia entrada a la economía capitalista.

266
9 Hay un texto muv recomendable de uno de los teóricos de la psiquiatría española que mas ha
trabajado el asunto del terrorismo, y es el Francisco Alonso-Fernandez (2002).
10 Ejemplos recientes son los videoescándalos de miembros prominentes del Partido de la
Revolución Democrática (Rene Bejarano y Carlos Imaz) en actos de reprobable ética al recibir
dinero por el ahora denominado Señor de ios Sobornos, Carlos Ahumada. Y dadas ias evidencias
que se tienen todo indica la existencia real de una conjura y complot desde prominentes miembros
de! Partido Acción Nacional (Diego Fernández de Cevallos y el mismo presidente de la república,
Vicente Fox), la Procuraduría General de la República, la Secretaría de Gobernación, la Secretaría
de Relaciones Exteriores para acabar políticamente con el jefe del Gobierno del Distrito Federal,
Manuel López Obrador. Situación realmente delicada y grave, ya que vuelve a erosionar la de
por sí endeble democracia a la mexicana y a poner en riesgo las relaciones diplomáticas con el
gobierno cubano.
A partir de la iniciativa de Ley de Convivencia Ciudadana y de algunas de las recomendaciones
11

de Giuliani al Gobierno del Distrito Federal para aplicar la denominada política de Tolerancia
Cero (o de las Ventanas Rotas) aplicadas en la ciudad de Nueva York para combatir a la
delincuencia, el 29 y el 30 de abril de 2004 se aprobó en comisiones por mayoría del PRD el
dictamen de la Le}' de Cultura Cívica para el Distrito Federal que sanciona penalmente, entre
otros personajes, a los franeleros, a las prostitutas, a los graffiteros y a los mayores de 11 años.
Situación realmente grave, denunciada por organizaciones a favor de los derechos humanos.
Además, se tiende peligrosamente a criminalizar determinadas prácticas sociales y expresiones
del arte callejero de determinados jóvenes urbanos, a penalizar la pobreza, castigar la exclusión y
prohibir el trabajo informal. Véase periódico La jornada en las fechas señaladas.
12 Situaciones emergentes igualmente importantes de la condición juvenil contemporánea serían
las vinculadas con los procesos migratorios, el uso y apropiación de los espacios semipúblicos y
públicos, las adscripciones ¡denotarías, las industrias culturales, los tiempos y espacios del
divertimento, las tecnologías de comunicación, las trayectorias familiares y los circuitos de la
educación, el empleo y el desempleo.
13 AI respecto hay algunos datos muy reveladores que arrojan los resultados de La Consulta
Juvenil 2002, «Exprésate 10/31» del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF) aplicada el 31
de octubre del 2002 a estudiantes de educación secundaria del D.F., en 314 planteles cuya
cobertura fue del 44% de la matrícula escolar del ciclo 2002-2003 con la participación de 183
541 alumnos, 69% del turno matutino, 30.1% del vespertino, 50.8% mujeres, 47% hombres
entre 13 y 15 años de edad. En el ítem número 9 (de 11) se les pregunta por lo que más les gusta
de la escuela: 41.9% contestó que los compañeros; enseguida aparecen los maestros con 23.7%.
En el ítem 11 tenemos: si los maestros favorecen una convivencia agradable en clase, la respuesta
fue que 33.9% dijo que mucho y 39.7 % refirió que algo. Cfr. Fernández y Rodríguez, 2003.
14 Cfr. G I R E , 2000.
15 Para un amplio debate respecto de la identidad femenina, se sugiere el siguiente trayecto
bibliográfico: Lamas, 1996; Lorber, 1997; Serret, 2001.
16 Los referidos autores del Center For Investigative Reporting (Centro de Periodismo de
Investigación), en Berkeley, realizaron un trabajo durante año y medio con pandillas mexicanas
en California y dan cuenta, a través de testimonios e historias de vida, de la estructura de la
violencia que ejercen estos agrupamientos en una confrontación abierta entre jóvenes norteños
nacidos en California (chicanos-mexicoamericanos) y los jóvenes sureños inmigrantes mexicanos
radicados allá. Es una batalla entre jóvenes inmigrantes latinos conformados en dos grandes
pandillas: Nuestra Familia -Nuestra Raza- que controlan desde la cárcel el trafico de armas y
drogas (inicialmente seguían los ideales de César Chávez y el radicalismo de las Panteras Negras)
y combaten a los sureños, campesinos inmigrantes de origen mexicano conformados en lo que
se conoce como la Mexican Mafia. Cfr. Sánchez y Reynolds, 2003-2004.

267
" Las intervenciones se dan en ios espacios y ios lugares del divertimento y ia fiesta de ios jóvene
(antros, discotecas, naves) ofreciendo información y educando en el buen uso dei uso de aro.;;
a cuienes lo soliciten y que ya convinieron con antelación usar drogas o ser usuarios.
18Encuesta Nacional de Cultura política y Prácticas Ciudadanas de ia SEGOB, 2002 y del IFI del
2000.
15Cfr. Fernández y Rodríguez. 2003.

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