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Hoy en día, los proyectos cumplen un papel fundamental en el

crecimiento de los países y principalmente en los que están en


proceso de desarrollo. Es por ello, que se hace necesario evaluarlos
de cierta manera, ya que al analizar la viabilidad se valoran
correctamente los beneficios esperados y así definir en forma
satisfactoria el criterio de evaluación que sea más adecuado.

Dentro del amplio rango que abarcan los proyectos, se encuentran: los
sociales (salud, educación, alimentación, etc.), los productivos
(industria química, eléctricos, etc.), los de infraestructura (vías,
puentes, viaductos, etc.), los programas (capacitaciones, cursos, etc.),
los de estudios básicos (investigaciones, etc.).

La evaluación es necesaria debido a que es fundamental en todos los


sectores de la economía, en proyectos generadores o no generadores
de ingresos, en todos los proyectos de inversión y en los proyectos
públicos y privados. A parte de eso se comprometen recursos
escasos, expectativas de beneficios futuros e incertidumbre ligada al
proyecto.

Los proyectos siguen un modelo que básicamente consiste en cuatro


etapas, estas son: Pre-inversión, en la cual se lleva la a cabo la
identificación, selección, formulación y evaluación y según varios
autores esta etapa es fundamental para la asignación de los recursos.
Inversión y Operación, en la cual se tiene la administración de la
ejecución y de la operación y Evaluación ex-post.

La evaluación de proyectos pretende medir objetivamente ciertas


magnitudes cualitativas resultantes del estudio del proyecto, los que
dan origen a operación matemáticas que permiten obtener diferentes
coeficientes de evaluación.

Estos son procesos familiares a la formación que se reciben en las


escuelas de ingeniería, caso especial, en la Universidad Nacional en
los cursos de Seminario de Proyectos en los cuales se calculan de
manera analítica parámetros como: tasa interna de retorno (por lo
general para proyectos de crecimiento, cuando esta del orden del 20%
se dice que es financieramente viable), este parámetro se calcula
igualmente para proyectos de desarrollo en los cuales se busca es un
beneficio social a determinada comunidad. Valor Presente Neto,
igualmente para proyectos de crecimiento y desarrollo. Relación
beneficio-costo, este parámetro también es fundamental a la hora de
evaluar un proyecto.

Los autores a la hora de hablar de evaluación de proyectos hacen


hincapié en que es un aspecto relativo, debido a que lo que se hace es
llevar un proyecto a futuro por lo general a 10 años. Entonces,
diferentes profesionales tienen su criterio evaluativo, debido a que la
forma como se llevan los precios al futuro no está estandarizada. La
herramienta utilizada para la evaluación de un proyecto es el flujo de
fondos, con el cual se calculan los diferentes parámetros mencionados
anteriormente.
La evaluación de proyectos se basa fundamentalmente en dos pasos,
el primero es la identificación, valoración y sistematización de costos y
beneficios en una estructura de flujo de fondos que ya se mencionó.
Segundo el resumen de los costos y beneficios del proyecto en un
indicador que permita compararlos con otros proyectos (alternativas).

Debido a la importancia que toman los proyectos dentro de la


sociedad, la evaluación de estos es fundamental y necesaria, pues los
grandes desarrollos de los países se dan a través de mega-proyectos.

El proceso de evaluar implica identificar, medir y valorar los costos y


beneficios pertinentes de distintas y múltiples alternativas de proyectos
para lograr los objetivos propuestos, a los efectos de establecer cuál
de ellos es más conveniente ejecutar.

Mi experiencia ha sido que los mayores errores en la evaluación de


proyectos se cometen en la etapa de identificar los costos y beneficios
verdaderamente atribuibles al proyecto; normalmente, la no inclusión
de costos pertinentes y la incorporación de beneficios que no son
estrictamente atribuibles al proyecto.
Para identificar los costos y beneficios pertinentes de un proyecto,
debe primeramente definirse la llamada situación “sin proyecto”; para
ello, el evaluador debe establecer qué sucedería con la empresa. La
tarea del investigador será estimar los flujos de costos y beneficios de
cada una de las alternativas con proyecto, y restar de éstos los flujos
estimados para la situación sin proyecto. Al hacerlo, sin embargo,
debe definirse con cuidado una situación base, pues ésta no
corresponde a la situación actual, sino a la situación actual optimizada
durante el horizonte de evaluación.

Una vez identificados los beneficios y costos pertinentes, debe


medírseles. El proceso de medir los costos y beneficios correctamente
identificados requiere de unidades de medida o normas: metros
lineales, metros cúbicos; grados centígrados; cantidad de calorías o
proteínas; número de vehículos, por tipo; índices de morbilidad y
mortalidad, por tipos de enfermedades; consultas médicas; años de
escolaridad, entre otros que son más o menos estándares y
aceptados.
Finalmente, hay que valorar los beneficios y costos que se
identificaron y midieron. Normalmente, los precios de mercado
constituyen el patrón o norma para valorar los beneficios y costos de
carácter privado; los precios sociales o precios sombra se utilizan para
la evaluación social. No obstante, puede haber instancias en que dicho
precio no existe el beneficio de una carretera, de un puente o de un
puerto puede no estar reflejado en los peajes o tarifas que se cobra
por su utilización; el beneficio de pavimentar una calle; el beneficio de
controlar las inundaciones provocadas por las crecidas de un río, entre
otros en cuyo caso el evaluador deberá ingeniárselas para imputarle
un precio.

Basándonos en un principio económico que en términos generales,


sostiene que un proyecto es exitoso si el beneficio que genera la
inversión en un período determinado, es mayor que la que se puede
obtener con otra alternativa durante el mismo período. Por otra parte
considera que un proyecto es más efectivo cuando logra sus
productos con un menor costo y los beneficios sociales obtenidos son
mayores que la inversión realizada.
La evaluación de la eficiencia de los proyectos tiene como objeto el
análisis de los recursos o insumos utilizados para realizar las
actividades y obtener los resultados o productos esperados. Un
proyecto es eficiente si ha tenido un adecuado gasto y no ha
producido déficit en su operación. Es decir, si ha optimizado el uso de
los recursos materiales y humanos de los que dispone.
Al comparar la respuesta con la que da el economista y administrador
de empresas, comprobará la existencia de sesgos profesionales; es
importante reconocer dichos sesgos. Para el economista, un proyecto
es la fuente de costos y beneficios que ocurren en distintos periodos
de tiempo. El desafío que enfrenta es identificar los costos y beneficios
atribuibles al proyecto, medirlos y valorarlos con el fin de emitir un
juicio sobre la conveniencia de ejecutar ese proyecto. Esta concepción
lleva a la evaluación económica de proyectos.

Mientras que para un financista que está considerando prestar dinero


para su ejecución, el proyecto es el origen de un flujo de fondos
provenientes de ingresos y egresos de caja, que ocurren a lo largo del
tiempo; el desafío es determinar si los flujos de dinero son suficientes
para cancelar la deuda. Esta manera de concebir el proyecto lleva a la
evaluación financiera de proyectos a diferencia de los proyectos
sociales que buscan el bien común o bien de la sociedad en su
conjunto.

Evaluación Social es el proceso de identificación, medición, y


valorización de los beneficios y costos de un proyecto, desde el punto
de vista del Bienestar Social (desde el punto de vista de todo el país ).
Se hace cuando el agente económico dueño del proyecto es el
conjunto de la sociedad, que se supone representada por las
autoridades de Gobierno y sus organismos centrales y
descentralizados que ejecutan proyectos.

Para ponerse en la óptica de país, o del interés nacional, se requiere


una definición de lo que le interesa a la comunidad, entonces
buscamos maximizar la Función de Bienestar Social, más bien
buscamos la variación del bienestar social a causa de un proyecto.

Es importante considerar que esta función depende del nivel de


bienestar de cada integrante de la comunidad e incluye juicios de valor
sobre la ganancia de bienestar social debida al aumento del bienestar
individual de diferentes miembros de la economía.

Los beneficios y costos se clasifican en directos e indirectos, siendo


Los primero aquellos que corresponden a los efectos que causa el
proyecto en los mercados de recursos y productos que usa o produce
el proyecto. Los indirectos corresponden a beneficios y costos
generados por el proyecto sobre agentes económicos no directamente
relacionados con los recursos y los productos que usa o produce el
proyecto.

Proyectos que aumentan la disponibilidad del bien: agua potable rural


y urbana, electrificación residencial, riego, telefonía rural, entre otros.
- Proyectos que liberan recursos como: aeropuertos, defensas
fluviales, edificación pública, mantenimiento vial urbano, transporte
caminero, entre otros. - Proyectos de difícil medición y valoración de
beneficios como: alcantarillado, educación, justicia, pavimentación de
poblaciones, etc.

Respecto a la aplicación de evaluaciones sociales, en el caso de los


sectores sociales (salud, educación, vivienda y justicia) no cuentan
con metodologías de costo - beneficio sino de costo efectividad o de
mínimo costo, en estos últimos tipos de metodologías no se valoran
los beneficios sociales, lo que equivale a suponer que ellos siempre
son muy grandes y que por lo tanto excederán los costos sociales,
siendo así, cabrá centrarse exclusivamente en los costos a objeto de
buscar la mejor alternativa de implementación de esos proyectos.

En los proyectos ejecutados por empresas públicas, se realiza además


de la evaluación social una evaluación privada (ambas de costo-
beneficio y con cálculo de indicadores), es el caso de los sectores de
energía, minería y puertos, donde el criterio general es que si el
proyecto resulta socialmente, y también privadamente rentable, se
fomente la ejecución y/o participación de los privados, ya sea
mediante concesiones o por medio de inversión mixta público privada.
Si el proyecto resulta ser sólo socialmente rentable, el Estado asume
la ejecución de las obras.

En el sector de agua potable y alcantarillados también se realizan


evaluaciones privadas y sociales de costo-beneficio, la única
diferencia con respecto a energía, minería y puertos, es que si las
evaluaciones privada y social resultan positivas, siempre será el
Estado el que ejecute los trabajos.

Finalmente tenemos los proyectos que son exclusivamente ejecutados


por empresas privadas pero que cuentan con subsidio estatal, es el
caso de la electrificación y la telefonía en localidades rurales las que
como se sabe, cuentan con una población ubicada en los más bajos
estratos socioeconómicos, en este tipo de proyectos se realizan
ambas evaluaciones de costo-beneficio, si el proyecto es
privadamente rentable se deja a las empresas privadas su
implementación sin ningún tipo de participación estatal, si es
privadamente no rentable y socialmente rentable, el Estado subsidia a
la empresa privada para que a ésta le resulta conveniente ejecutarlo, y
por último, si ambas rentabilidades son negativas, el proyecto es
rechazado.