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Biblioteca Ecuatoriana de Arqueologia Arqueologia de la costa ecuatoriana NUEVOS ENFOQUES Editor: Dr. Jorge Marcos Arqueologia de la costa ecuatoriana NUEVOS ENFOQUES Volumen 1 Biblioteca Ecuatoriana de Arqueologia Dr. Jorge Marcos (editor), Donald Lathrap, James Zeidler, Deborah Pearsall, Silvia Alvarez Este ¢s el primero de los 10 voliimenes iniciales que constituiran la coleccién “Biblioteca Ecuatoriana de Arqueologia’’, que se propone mostrarlos resultados de investigaciones arqueolégicas actuales, asi como textos anteriores a los que el paso del tiempo, los ha consagrado como indispensables para icconstruir el pasado, desde la investigacién arqueolégica. A criterio de Jorge Marcos, editor de este volumen: “la arqueologia de los aiios 80,nos permite predecirque estamos tomandoun rumbo que nos lleva cada vez mas hacia la reconstruccién cientifica de nuestra antigua historia. Hacia una arqueologia con funcién social y hacia programas de rescate arqueolégico en estudios de impacto ambiental, todo Io cual se imbrica para constituirse, no en el estudio exclusivo del pasado, sino mas bien en el estudio del pasado en funcién del futuro”. Los trabajos que se incluyen en este primer volumen, dan cuenta justamente de estos nuevos enfoques en la investigacién arqueolégica de la costa ecuatoriana. La Corporacion Editora Nacional para acoger esta produccion, ha conformado esta “Biblioteca Ecuatoriana de Arqucologia’’, cocditada con el Centro de Estudios Arqueolégicos y Antropolégicos de la ESPOL, con el auspicio econémico de la Corporacién Estatal Petrolera Ecuatoriana, CEPE. ESPOL CORPORACION EDITORA NACIONAL Con el auspicio de ARQUEOLOGIA DE LA COSTA ECUATORIANA: nuevos enfoques CORPORACION EDITORA NACIONAL Veintemilla y 12 de Octubre Edificio Quito 12 El Giron W of. 51 Tino, 554 358 P.O.Box 4147 Correo Central Quito - Ecuador Hernan Malo Gonzalez (1931-1983) Presidente Fundador Tito Cabezas Castillo Presidente Luis Mora Ortega Director Ejecutivo ESPOL CENTRO DE ESTUDIOS ARQUEOLOGICOS Y ANTROPOLOGICOS Rocafuérte y Julian Coronel Teléfono 303 733 Casilla $863 Guayaquil — Ecuador Con el auspicio de Corporacion Estatal Petrolera Ecuatoriana CEPE Biblioteca Ecuatoriana de Arqueologia 1 ARQUEOLOGIA DE LA COSTA ECUATORIANA: nuevos enfoques Editor Jorge Marcos Escuela Politécnica del Litoral Centro de Estudios Arqueolégicos y Antropologicos Corporacién Editora Nacional Biblioteca ' Ecuatoriana de Arqueologia La investigacion arqueoldgica tiene ya una importante tradicion en las Ciencias Sociales ecuatorianas. Varios investigadores, nacionales y ex- tranjeros, han indagado con esfuerzo y rigor cientifico sobre el pasado de la formacién social ecuatoriana, contribuyendo a su esclarecimiento y comprensién y entregando valiosos aportes para la planificacién del futuro. La Corporacién Editora Nacional ha creado esta nueva serie en su fon- do editorial, que cuenta con el esfuerzo compartide del Centro de Estu- dios Arqueolégicos y Antropoldgicos de la ESPOL y que en una prime- ta etapa contendré diez volimenes que recogen los resultados arrojados por investigaciones contempordneas, asi como trabajos pretéritos de va- lor actual. La Corporacién Estatal Petrolera Ecuatoriana, CEPE, a través de la ESPOL, ha contribuido econémicamente para las presentes publi- caciones. Biblioteca Ecuatoriana de Arqueologia Volaimen 1 ARQUEOLOGIA DE LA COSTA ECUATORIANA Nuevos enfoques Editor: Jorge Marcos Impreso y hecho en el Ecuador Supervision Editorial: Jorge Ortega Levantamiento de textos: Azucena Felicita, Rosa Albuja Diseio Grafica: Fdwin Navarrete Cubierta: Jaime Pozo Impreso en Graficas Sefal Derechos a la primera edicién: CORPORACION EDITORA NACIONAL, 1986 Veintemilla y 12 de Octubre Fdif. Quito 12 Fl Girén W of, $1 Tfno. 554 358 P.O.Box 4147 Quito - Ecuador 1986 1110 CONTENIDO Presentacién Introduccién Jorge Marcos La situacién actual y las perspectivas de las investigaciones arqueoldgicas en el Ecuador PRIMERA PARTE Jorge Marcos Breve prehistoria del Ecuador Donald W. Lathrap, Jorge Marcos, James A, Zeidler Real Alto: un centro ceremonial agro alfarero temprano (Valdivia) James A. Zeidler La evolucién local de asentamientos formativos en el litoral ecuatoriano: el caso de Real Alto SEGUNDA PARTE James A, Zeidler El intercambio primitivo, el comercio prehistérico y el problema de una conexién Mesoamericana-Sudamericana 25 51 85 131 Jorge Marcos De ida y wuelta a Acapulco con mercaderes de Mullu Jorge Marcos Intercambio a larga distancia en América: el caso del Spondylus Jorge Marcos El viejo, la serpiente emplumada, el sefior de las aguas o Tlaloc en la iconografia del area septentrional andina Deborah M. Pearsall La circulaci6n primitiva del maiz entre Mesoamérica y Sudamérica TERCERA PARTE ‘Silvia Alvarez, Jorge Marcos La importancia del rescate arqueoldgico en el Ecuador James A, Zeidler Depredacién y vandalismo de sitios arqueoldégicos: el caso ecuatoriano Jorge Marcos Normas de la calidad para la investigacién de salvamento y el informe arqueolégico: la integracion de la arqueologia de salvamento a la arqueologia como Ciencia Social Recomendaciones y resoluciones especiales de la Primera Conferencia de Rescate Arqueolégico del Nuevo Mundo ESPOL Centro de Estudios Arqueolégicos y Antropoldgicos CEPE Corporacién Estatal Petrolera Ecuatoriana Publicaciones de la Corporacién Editora Nacional 163 197 207 231 261 267 279 289 297 301 303 LA BIBLIOTECA ECUATORIANA DE ARQUEOLOGIA Desde su fundacion, hace ya ocho afios, la Corporacién Editora Nacio- nal ha dedicado todos sus esfuerzos a propiciar la divulgacién de los avances de las Ciencias Sociales ecuatorianas, en sus diversos campos. Todas las colec- ciones de su fondo editorial recogen estudios e investigaciones contempord- neos 0 reproducen textos del pasado, cuyo rescate y estudio critico son de importancia para el conocimiento de nuestra formacién social. Si bien la investigacion arqueolégica sobre nuestro pais, realizada por nacionales y extranjeros, tiene ya una importante tradicion — baste recordar el quehacer cientifico de Jacinto Jijén y Caamafio —, en los dltimos lustros se ha enfrentado con mayor intensidad la indagacin arqueoldgica de nuestro pasado mds remoto. Ello ha sido posible, entre otros factores, por la presencia de nuevos arquedlogos, con formacién académica, capacitados para un ejerci- cio cientifico riguroso, dentro del moderno saber de esta disciplina. A esto se suma el apoyo prestado por instituciones piblicas y privadas y el interés ma- nifestado en algunos centros de educacién superior. Sin embargo, con pocas excepciones, casi no se ha divulgado los resul- tados de las nuevas investigaciones realizadas en nuestro pais. Hasta ahora, en la mayoria de los casos, sus contenidos han sido accesibles Unicamente para pequefios circulos de iniciados. A suplir esta falencia se dedicard esta nueva coleccion de la Corporaci6n Editora Nacional, la Biblioteca Ecuatoriana de Arqueologia, que en sus primeros diez volumenes cuenta con la inestimable colaboracién del Centro de Estudios Arqueolégicos y Antropoldgicos de la Escuela Superior Politécnica del Litoral, coeditor de estas obras. Esta Biblio- teca est4 pues destinada a recoger las producciones cientificas de arquedlogos contempordneos, sin descuidar textos anteriores, a los que el paso del tiempo los ha consagrado como indispensables para reconstruir nuestro pasado. No debe pensarse sin embargo que la investigacién arqueolégica enri- quece exclusivamente nuestro conocimiento de etapas concluidas y es, por 12 consiguiente, un saber cientifico sin proyeccién hacia el presente y el futuro de Ja sociedad. En palabras de Jorge Marcos, editor de este volumen y princi- pal inspirador de esta coleccién, la arqueologia de los afios recientes es “una arqueologia con funcién social” que se orienta, en buena parte, “hacia pro- gramas de rescate arqueolégico en estudios de impacto ambiental, todo lo cual se imbrica para constituirse, no en el estudio exclusivo del pasado, sino més bien del pasado en funcién del futuro”. Asi pues, la Corporacién Editora Nacional espera contribuir con esta coleccién tanto a una mejor comprensién del propio pais, como a planificar mejor su futuro. Por lo dems, fiel a su trayectoria cultural, ¢l Gnico criterio que regird a este nuevo fondo editorial serd la calidad cientifica de las obras, dentro del mas amplio pluralismo en el pensamiento. Finalmente, sin la cooperacién del Centro de Estudios Arqueolégicos y Antropoldgicos de la ESPOL, coeditor de la serie, y de modo especial, de su Director, Dr. Jorge Marcos, no habria sido posible este esfuerzo editorial. Asimismo, el apoyo econémico que la Corporacién Estatal Petrolera Ecuato- riana ha brindado a Ja ESPOL ha viabilizado la edicién de estos volimenes. Luis Mora Ortega Director Ejecutivo de la Corporacién Editora Nacional INTRODUCCION La Biblioteca Ecuatoriana de Arqueologia, que se inicia con este volu- men, ha podido levarse adelante gracias al gentil auspicio de la Corporacion Estatal Petrolera Ecuatoriana CEPE, como parte de una idcida vision integral y responsable por parte de la institucion, que debe iluminar a todo ecuatoria- no, persona natural o civil, entidad publica o privada, sobre la responsabilidad que existe en preservar la historia de la Nacién, y las evidencias que la susten- tan. Decimos que es una visién integral, porque no se trata solamente de ayudar econdémicamente a dar inicio a esta biblioteca con la publicacién de diez volimenes basicos y generar su auto financiacién, sino que sella un es- fuerzo coherente con la Ley de Patrimonio Cultural del Estado, con la histo- tia del pais, y con su desarrollo. En 1979 se expidié la nueva ley de Patrimonio Cultural, que en su ar- ticulo 30 consigna claramente que toda entidad civil o estatal que haga movi- mientos de tierra en la construccién de obras de infraestructura, la explora- cién minera, construcciones civiles etc., debera asegurarse que se lleve adelan- te la salvaguarda de las evidencias historicas, arqueoldgicas, y etnograficas que puedan ser afectadas por dichas obras. En 1980 se cre6 en la Escuela Superior Politécnica del Litoral de la ciu- dad de Guayaquil la primera escuela de arqueologia en el pais, y en seis afios se ha desarrollado como un Centro de Investigaciones Arqueoldgicas y Antro- poldgicas, para evar adelante la formacién cientifica de profesionales ecuato- rianos, la investigacién cientifica y de salvamento arqueolégico en el pais, y la difusién de los resultados obtenidos a través de la publicacién de informes de investigacion, de las tesis de sus profesores y graduados, de articulos de divul- gacién popular, de cine y audiovisuales.” Un importante antecedente constituyé el evento cientifico que en 1981 organizaron en la ciudad de Quito el Departamento Cultural de la Organiza- cién de Estados Americanos OEA, junto a otras instituciones internacionales 14 y nacionales. La Primera Conferencia Internacional sobre Arqueologia de Res- cate en el Nuevo Mundo trat6 sobre la imperiosa necesidad de preservar las evidencias de la antigua historia de nuestros pueblos que pudiesen ser afecta- das por obras de desarrollo. En ese mismo afio CEPE comienza a concretar los planes para la cons- truccién de un complejo petroquimico en Atahualpa (Peninsula de Santa Ele- na). Preocupados por el impacto social que obra de tal magnitud iba a tener so- bre los habitantes de las comunas del rea, y sobre los sitios arqueolégicos no estudiados que alli se encontrasen, los directivos de la institucién encargaron al Centro de Estudios Arqueologicos y Antropoldgicos de la ESPOL la clabo- racion de un proyecto para evaluar y mitigar dicho impacto. La investigacién socio-cultural se la llevé adelante en las Comunas de el Real, Pechiche, Manantial y Gaguelsin (San Rafael) de la Antigua Comunidad Indigena de Chanduy, y en las de Atravesado (Juan Montalvo) y Rio Verde pertenecientes a las comunidades de La Punta. La investigacién arqueol6gica se la hizo en las tierras pertenecientes a estas comunas que iban a ser afectadas directamente por el Complejo Petroquimico Atahualpa, y por los poliductos Atahualpa-Monteverde, Atahualpa-El Pelado, Atahualpa-El Azacar. En el area afectada por este proyecto se encontraba Real Alto, el sitio arqueolégico mas importante del neolitico del Continente. Fue entonces que CEPE y la ESPOL decidieron ampliar el convenio inicial y apoyar el desarro- lo de un Complejo Cultural, con un museo, un laboratorio para investigacién. un centro artesanal, dos peliculas que difundan la importancia de la investiga- cién de rescate y la historia antigua del drea, asi como esta coleccién que aho- ra presentamos. La Biblioteca Ecuatoriana de Arqucologia comprende la publicacion de este y nueve volimenes mis, los que recogen principalmente las investigacio- nes auspiciadas por los convenios CEPE-ESPOL, varios trabajos sobre Real Al to, que servirin para hacer conocer en profundidad el desarrollo de la Socie- dad Valdivia, autéctona del Ecuador. Este primer volumen es una coleccién de articulos sobre la arqueologia de la Costa, y el volumen décimo lo sera so- bre la arqueologia de Ja Sierra. Este gran esfuerzo editorial debe servir de ejemplo en el pais y en el ex- tranjero, de lo que significa la conciencia del deber de preservar y difundir las raices hist6ricas de su patria. Los diez primeros volimenes de la Biblioteca que CEPE auspicia, estin ditigidos a corregir la incoherente informacion existente sobre los origenes del Broceso histérico en el Ecuador prehispanico. A través de ellos los especialis- tas, historiadores, maestros y estudiantes, asi como aficionados, y piblico en general, podran enterarse de los pormenores sobre los desarrollos socio-econd- 15 micos que se dieron en lo que hoy es nuestro pais, y la manera como ellos sir- vieron para forjar la historia de nuestro continente. Los editores, ESPOL y la Corporacién Editora Nacional, con el auspicio de la CEPE, estamos convencidos de que estos diez volumenes iniciales seran un hito, que servird de peldafio para la continuacién de esta Biblioteca de Ar- queologia que ahora presentamos, y que en pocos afios no solamente nos ha- 14 conocer la evidencia cientifica de los albores de nuestra historia antigua, sino todo el conocimiento que sobre el desarrollo de las civilizaciones que po- blaron cl Ecuador pre-hispanico vayamos vislumbrando. Jorge Marcos Editor Jorge G. Marcos LA SITUACION ACTUAL Y LAS PERSPECTIVAS DE LAS INVESTIGACIONES ARQUEOLOGICAS EN EL ECUADOR La arqueologia ecuatoriana de los aflos ochenta nos permite predecir. que estamos tomando un rumbo, que nos lleva cada vez mas. hacia la recons- trucci6n cientifica de nuestra antigua historia, hacia una arqueologia con fun- cién social y hacia programas de rescate arqueoldgico en estudios de impacto ambiental, todo lo cual se imbrica para constituirse. no en el estudio exclusivo de! pasado, sino mds bien en el estudio del pasado en funcidn del futuro. Es decir, que los estudios arqueoldgicos se van volviendo basicos para la planifi- cacion de obras de infraestructura, en programas de desarrollo, en la determi- nacién de tecnologias apropiadas para los campesinos de las diferentes regio- nes de nuestra patria, etc. Ademés, estamos seguros que a nuestra naciente ar- queologia le tocard jugar un papel importante en el desarrollo de la disciplina arqueolégica, como tal. No pensamos que es apropiado presentar aqui un completo anilisis so- bre el desarrollo de la arqueologia en el Ecuador, ya que se lo ha tratado en otros trabajos (Collier, 1982; Marcos 1979, 1980). Mas bien queremos referir- nos concretamente al tema sobre el estado actual de la investigacién arqueold- gica en muestro pais y su tendencia en el futuro cercano. Solamente nos referi- remos al pasado a grandes rasgos, para caracterizar su proceso evolutivo, que partiendo del anticuarianismo ha llegado en algunos casos a niveles aceptables, dentro del desarrollo que ha alcanzado la disciplina arqueolégica en el mundo. En este desarrollo de la investigacién arqueolégica en el Ecuador, trata- remos de las instituciones y de los investigadores que dentro de ella nos han Mevado a lo que podriamos llamar, ¢] umbral de una arqueologia nacional. Nos referiremos a los precursores y a los gestores mds recientes, como partes del proceso y no como individuos que ameriten una canonizacion dentro de la disciplina. No deseamos promover con esto la ingratitud, por el contrario. 18 JORGE G. MARCOS creemos que al relacionarlos dialécticamente con el progreso de la ciencia ar- queoldgica, brillan como lo que fueron: sus promotores, quienes gracias su dedicacién y sacrificio ayudaron a forjar las bases para el redescubrimiento de nuestra historia antigua. La arqueologia ecuatoriana en la actualidad, al igual que la disciplina misma a nivel mundial, es una ciencia en formaci6n, y por lo tanto se presen- ta a veces contradictoria, en muchos casos anacrénica, en otros iluminada; es anticuaria y es moderna, dependiente y autéctona, y ninguna de las institucio- nes que se han dedicado a su investigacion estan liberadas de haber caido en las contradicciones que enumeramos. Por otra parte, la falta de una norma co- mun en las investigaciones que se desarrollan en el pais, puede ser beneficiosa en el estado actual de la investigacion, ya que indica que esta no ha sufrido un anquilosamiento, y que mientras unos persisten en la continuacion de mane- ras de investigar ya superadas, otros estan introduciendo nuevos enfoques y otros estan disefiando métodos y tacticas de campo y laboratorio, apropiadas para la obtencidn de los tenues datos que Ja arqueologia ecuatorial nos brin- da. Si desedsemos caracterizar en pocas palabras la tendencia que ha mos- trado la arqueologia ecuatoriana, podriamos decir, que va de la investigacién personalista de enfoque especulativo hacia la investigacién en equipo: inter- disciplinaria, histrica y explicativa. Sin embargo, se hace necesario aclarar que el enfoque interdisciplinario asi como el explicativo, son metas que en el Ecuador todavia no se han alcanzado, pero hacia los cuales se dirigen algunos bien planificados esfuerzos. Quizas el primer esfuerzo institucional en el Ecuador hacia la sistemati- zacion de los estudios arqueoldgicos, fue la constitucidn de la Sociedad Ecua- toriana de Estudios Hist6ricos Americanos, cuyo Boletin se edito por primera vez en el mes de junio de 1918, siguiendo su publicacién hasta 1921, aflo en que fue reemplazado por el Boletin de la Academia Nacional de Historia que se publica hasta nuestros dias. Asi vemos que los intentos més notables hacia ¢l establecimiento de la investigacion arqueolégica en el pais fueron de orden bibliografico, y gracias a.ellos se ha podido conservar la historia de dichas investigaciones en publica- ciones tales como las que acabamos de mencionar y otras mds, como: la revis- ta de la Sociedad de Historia y la revista de Antropologia de Cuenca, Anales de la Universidad Central de Quito, Cuadernos de Historia y Arqueologia, y el Boletin del Museo Victor Emilio Estrada de Guayaquil, y ademas nuevas pu- blicaciones como Sarance y Pendoneros del Instituto Otavalefio de Antropo- logia, y Miscelanea Antropologica Ecuatoriana, Boletin de los Museos del Banco Central, entre otras. Muchas de estas publicaciones estuvieron asociadas a la creacion de mu- seos y colecciones privadas, algunas de las cuales, como las de Jijén y Caama- LA SITUACION ACTUAL Y LAS PERSPECTIVAS 19 fio y la de Estrada, obedecieron mayormente a la investigacion arqueoldgica de campo y no solamente a la de gabinete, como se daba en otros casos. La presencia de Max Uhle en las primeras décadas del presente siglo, lle- v6 la investigacion arqueoldgica a Ja universidad ecuatoriana, primero en Qui- to y luego en Guayaquil. Pero lastimosamente, no obstante el impetu inicial en que se formaron varios investigadores, la ensefianza de la arqueologia se la mantuvo como materia dentro de la formacién de profesores de historia y geografia. Podriamos decir, que para entonces la investigacién arqueolégica pasd de la académica, en que brillé Jacinto Jijén y Caamafio entre los de su generacion, a una autodidacta y empirica en la que se destacaron los guaya- quilefios Carlos Zevallos Menéndez, Francisco Huerta Rendon y Emilio Estra- da Icaza, entre otros. Sin embargo, durante esta época y gracias a las investigaciones que ellos Ievaron adelante en la Costa, se desarrollé Ja cronologia basica para la arqueo- logia ecuatoriana moderna. Esto se dio gracias al desarrollo de una nueva téc- nica de datacion, el carbono catorce y a métodos de investigacién homogenei- zantes y de “facil” aplicacion que fueron introducidos por el interés que los entonces jovenes arquedlogos del Instituto Smithsoniano Betty U. Meggers y Clifford Evans, tenian en el desarrollo de una arqueologia sudamericana, nos referimos al método conocido como de Ford 0 anilisis fordiano. Luego de la temprana muerte de Emilio Estrada en 196], contintian Hevando adelante investigaciones arqueolégicas en el Ecuador, Carlos Zeva- llos Menéndez en la Costa y el Padre Pedro I. Porras Garcés en el Oriente. En la region interandina, son pocas las investigaciones que se llevan a cabo, luego de la desaparicién de Jacinto Jijon y Caamafio en la década de los cuarenta, pudiéndose destacar entre ellas las del Dr. Antonio Santillana en antropologia fisica y las de su esposa Maria Angélica Carlucci en el preceramico de la re- gin. Hago referencia solamente a estos investigadores ya que son ellos los que desde la Universidad Central, el Centro de Investigaciones Arqueoldgicas de la Universidad Catolica, o desde su cdtedra en la Universidad de Guayaquil y principalmente desde el Museo del Nucleo del Guayas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana impartieron sus conocimientos a sus ayudantes de investigacion, grupos de donde salieron los investigadores nacionales que iniciaron sus traba- jos cn la década de los afios setenta El Congreso de Americanistas que se reunié en Lima en 1970 y el Sim- posio de Correlaciones Antropoldgicas Andino-Mesoamericanas que tuvo lu- gar en Salinas en 1971, fueron esenciales en demostrar el estado de la arqueo- logia ecuatoriana durante la segunda mitad de la década de los afios sesenta y vislumbrar la nueva tendencia que se evidenciaria en los afios setenta, con las investigaciones auspiciadas por el Banco Central del Ecuador, la formacién de arquedlogos profesionales ecuatorianos en el extranjero y las investigaciones generadas para plantear sus tesis. Durante esta década, también se dio inicio 20 JORGE G. MARCOS a la participacién de entidades privadas en la investigacion arqueol6gica, tales como el Museo Piana, el Programa de Antropologia para el Ecuador y el Ban- co del Pacifico a través de su Museo Arqueolégico. Entre las instituciones del Estado, se da la formacién de los museas del Banco Central del Ecuador en Guayaquil, Cuenca y Manta, aunque solamente los dos primeros se han dedicado hasta el momento a auspiciar investigaciones arqueologicas. También se crea el Instituto Otavalefio de Antropologia que va a dar impulso a la investigacién arqueologica en la sierra norte. Al finalizar la década, se crea como entidad rectora de la investigacin arqueologica y pro- tectora de los bienes histéricos, al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural; también en Guayaquil, la Escuela Superior Politécnica del Litoral organiza un pequefio museo arqueoldgico a cargo de Julio Viteri Gamboa. Esta tendencia que inicia el entonces rector Ing. Gustavo Galindo Velasco, va a permitir que al afto siguiente se cree en la ESPOL la primera carrera de arqueologia en el pais, a nivel de Licenciatura. En la introduccién nos referimos a que la arqueologia ecuatoriana esta tomando un rumbo, que nos lleva cada'vez mds a una reconstruccién cientifi- ca de nuestra antigua historia hacia una arqueologia con funcién social y hacia programas de rescate arqueolégico en estudios de impacto ambien- tal y que estos enfoques se van hacia la investigacién por equipos, interdis- ciplinaria y explicativa. Han sido sin duda las investigaciones que en la década de los afios seten- ta Ilevaron adelante en el Ecuador misiones extranjeras en conjuncién con in- vestigadores nacionales, en geografia, geologia y arqueologia, las que han ser- vido de base a las investigaciones arqueolégicas que, con un sentido de identi- dad nacional, se estan empezando a llevar adelante en el pais. Se destacan entre estos trabajos, los de los Campos de Camellones, lleva- dos adelante por los Departamentos de Geografia de las Universidades de Cali- fornia, Berkeley y de la Universidad de Wisconsin; la contribucién de los Geé- logos y Gedgrafos de ORSTOM, en la localizacion de sitios arqueolégicos en el Norte Andino del Ecuador; y la investigacién arqueoldgica de la aldea con plaza y monticulos del Perfodo Valdivia en Real Alto, por parte del Departa- mento de Antropologfa de la Universidad de Ilinois. Todas estas investigacio- nes fueron aplicadas en parte por el Banco Central del Ecuador. Su importan- cia reside en que con ellas se introdujeron nuevas metodologias de investiga- cién que permitieron llegar a niveles de primera aproximacin, en la explica- cién de la relacién del hombre ecuatoriano con su medio ambiente en diferen- tes épocas de su desarrollo, asi como a estudios multidisciplinarios, en la re- construccién del medio ambiente y la produccién de alimentos. Hoy en dia se estén Mevando adelante proyectos en Salango, por parte del Programa de Antropologia para el Ecuador; en Cotocollao y Mullumica por parte del Banco Central del Ecuador; en Pefién del Rio, San Isidro y Ata- LA SITUACION ACTUAL Y LAS PERSPECTIVAS, 21 hualpa por parte de la Escuela de Arqueologia, de la ESPOL, los que son bue- nos ejemplos de investigaciones con un enfoque no solo multidisciplinario, si- no interdisciplinario, teniendo ademds algunas de ellas una funcién social. Vamos a presentar como ejemplo del desarrollo de la investigacion ar- queologica, en lo que va de la presente década, los proyectos que lleva adelan- te la Escuela de Arqueologia de la ESPOL, ya que al tener participacién direc- ta en los nuestros contamos con mayor informacién. La Escuela de Arqueologia de la ESPOL, desde 1981 viene llevando adelante tres proyectos de investigacion arqueologica: 1. El rescate de la informacion arqueolégica del sitio San Isidro de Ma- nabt, que ha sido inmisericordemente excavado por huaqueros. Este proyecto incluye el estudio arqueo-etnobotdnico de la zona. Se lo ejecuta bajo los auspicos del departamento de asuntos culturales de la O.E.A., con un presupuesto de $/. 2’100.000,00. 2. El Proyecto Pefién del Rio: Incorporacion de tecnologia agricola prehispdnica @ la economia campesina actual. Este proyecto ha sido apoyado por el Departamento de Ciencia y Tecnologia de AID, Washington y del Instituto Indigenista Interamericano, México. con un presupuesto de S/. 12°800.000,00. 3. El estudio sobre el impacto a sitios arqueologicos y a las comunida- des campesinas existentes, por los trabajos de infraestructura petrolera e industiral por parte de CEPE, en la Pentnsula de Santa Elena. Este proyecto estd financiado por el Convenio CEPE/ESPOL, y tiene un presupuesto de S/. 8°200.000,00. EI equipo de trabajo en estas investigaciones est constituido por Ar- quedlogos, Antropélogos Socioculturales, Agronomos, Gedgrafos, Gedlogos y Arqueo-etnobotanicos. Los egresados y estudiantes de la Escuela de Arqueologia participan en estas investigaciones y de esta manera no solamente se especializan en la arqueologia de campo, sino también en las especialidades complementarias de organizacion social y de produccién que se dieron en el pasado. Considerando que el hombre ecuatoriano mantuvo una relacién armoni- ca con su medio ambiente por més de diez mil afios, desarrollando formas de produccién idéneas para cada una de las regiones del pais. Los objetivos de los proyectos estén en buena parte dirigidos a trasladar los resultados de esa experiencia en forma inmediata, para mejorar situaciones actuales del campesi- nado y coadyuvar con la informacion histérica a resolver aspecto: 4> la problematica de desarrollo del pais como estado nacién. Algunos resultados importantes, se han dado en-la investigacién de los campos de Camellones en Pefién del Rio, de los que se ha estudiado la manera cémo fueron construidos, y en los que se ha formado una granja experimen- tal con el asesoramiento del INIAP, sembrandose cultivos tradicionales, con 22 JORGE G. MARCOS excelentes resultados. Estos cultivos que se combinarén con acuacultura en los canales intermedios, ofrecerdn un paquete alimenticio muy rico a las comuni- dades campesinas que tienen estas construcciones hidratlicas prehispdnicas en sus tierras. En el rescate arqueolégico de la zona de Atahualpa, estudio Mevado ade- lante mediante el Convenio CEPE/ESPOL, en el drea donde se asentara la refineria y el complejo petro-quimico, se localizaron ¢ identificaron 115 si- tios arqueologicos de todos los periodos conocidos, déndonos una vision so- bre la densidad de ocupacion y uso de la tierra en la Peninsula de Santa Elena. Las proyecciones hacia el futuro son buenas, estamos al iniciar dos nue- vos proyectos, uno sobre el uso de la bruma costera por la sociedad Mantefia- Huancavilca, para aumentar la producci6n en las dreas semi secas de la Costa y su posible aplicacién actual; y el otro el estudio de la produccidn agricola al- canzada por la sociedad Jama-Coaque en el valle del rfo Jama. La investigacién historica de nuestro pasado se encuentra asegurada por el interés que ha cobrado la arqueologia ecuatoriana, para entender el desarro- llo socio-econémico del Andinoamérica y de la América precolombina en ge- neral. Esta se yeré completada por cl enorme aumento que se experimentara en proyectos de salvaguarda arqueoldgica, con la apropiada aplicacion de la ley y reglamentos destinados a proteger nuestro patrimonio cultural e histéri- co. Es indiscutible la importancia que ha cobrado la arqueologia de salvamen- to, en la determinacién y construccién de planes de desarrollo. Consideramos que ante esta perspectiva, la carrera de Arqueologia co- brard en el futuro gran importancia como profesion. PRIMERA PARTE Jorge G. Marcos BREVE PREHISTORIA DEL ECUADOR En el Ecuador hallamos al momento la cerémica mas antigua del Area Andina. Sin embargo, su arqueologia es relativamente poco conocida, espe- cialmente si la comparamos con la de México y el Pera. Obviamente, esto no es debido a la falta de desarrollos culturales prehispdnicos, sino a la carencia de una investigacién arqueoldgica sistemdtica en el pais. La posicién geografica estratégica del Ecuador en la Costa Pacifica de Sud-América, intermedia entre Mesoamérica (México, Guatemala), y el Peri, y su compleja ecologia ecuatorial, hacen del Area Septentrional Andina cen- trada en el Ecuador, un objeto de estudio necesario para comprender mejor el desarrollo cultural y las interacciones antiguas en e] Nuevo Mundo. En la literatura cientifica, generalmente, se considera a Ecuador como parte del drea intermedia. En contraste, a Pera y Mesoamérica, se los denomi- na “América Nuclear”, por el desarrollo de sus ‘‘altas civilizaciones” (Los in- cas en el Pert y los Mayas y Aztecas en México ) (Willey, 1971) Ademasde encrucijada en las rutas de intercambio en el Nuevo Mundo, datos recientes indican al Ecuador como centro de origen de rasgos estilisticos y tradiciones que posteriormente florecieron en otras dreas. Para comprender los desarrollos culturales que ocurrieron en el Ecua- dor, conviene conocer algo sobre su terreno y su medio ambiente. Corriendo a lo largo del drea hallamos los Andes, que en el Ecuador se separan en una cordillera Oriental y otra Occidental, y la Central, con valles montafiosos en- tre las dos tltimas. El macizo cordillerano separa al Ecuador en tres regiones naturales: Costa, Sierra y Oriente, nombre éste que se da en el Ecuador a las planicies tropicales al Este de los Andes. La mayor y menos conocida de estas tres dreas es el Oriente. Al Este de los Andes las montafias estén cubiertas con una vegetacion tropical tupida 26 JORGE G. MARCOS hasta los 2.000 a 2.500 mts. Estas montafias caen precipitadamente hasta las selvaticas tierras bajas, por las que gradualmente bajan los rios que entregan su caudal al gran Amazonas. El clima es tropical himedo con Iluvias casi todo el afio, aunque Ilueve en menos cantidad durante el verano. Todavia algunos grupos indigenas habitan la region, pero poco se sabe de sus antecedentes. Aunque la investigacion arqueologica ha sido muy escasa en el area, los datos obtenidos sugieren una ocupacion por culturas bastante avanzadas y de gran poblaci6n antes de la irrupcién ibérica en la Amazonia. (Porras 1961, 1974, 1975). El valle central de la serrania ecuatoriana se subdivide en varias hoyas, variando su altura entre 1.800 y 3.000 mts. El clima es relativamente unifor- me, siendo la altura el factor diferencial. Debido al clima y al suelo la vegeta- cién consiste mayormente, en arbustos y gram{neas de paramo, aunque en el fondo de los valles crecen drboles y puede haber una vegetacion frondosa. Uno de los rasgos que caracterizan a la sierra ecuatoriana, diferencidndola de las regiones serranas de otros paises andinos, son los valles profundos que dre- nan tanto al Pacifico como al Amazonas. Teniendo aproximadamente 685 kms, de largo y 100 kms. de ancho, la Costa es hoy dia el centro agro-industrial del Ecuador. Esta regién es diferen- te a la costa peruana, region bien conocida y rica en arqueologia, que se halla al sur. Mientras que la peruana es un desierto, la ecuatoriana se caracteriza por un clima de monzé6n ecuatorial, con una temporada seca y otra lluviosa. En muchas maneras, esta drea reproduce la topografia general del pais en una es cala menor, tiene una faja litoral separada del tropico aluvial interior, la Cuen- ca del Guayas, por una serie de cordilleras costaneras. Esta topografia crea zo- nas ecoldgicas de marcada diferenciacién, dentro del complejo medio ambien- te ecuatorial de la Costa; ademds de una ecologia de planicies inundables, ve- gas y rios de fluctuante caudal, se hallan también ecologias marinas y mangla- Tes, que ofrecen ricos recursos para la explotacién de los grupos humanos que allf se asentaron. En esta drea costefia del Ecuador, con la aparicion de la cultura Valdi- via, nos encontramos con la cerdmica asociada a los fechados mas tempranos del Continente Americano. La evidencia arqueolgica indica que desde el principio del periodo agroalfarero, existié una gran densidad de poblacion y que grupos culturalmente avanzados, ocuparon la region a través del tiempo. La precocidad en el desarrollo cultural del area, probablemente se debié ala interaccién entre los diversos grupos de gente que se apropiaron de los diver- sos ecosistemas del complejo medio ambiente de la Costa. En realidad Ja historia de la Arqueologia en el Ecuador, se desenvuelve alrededor de eventos que tienen lugar en la Costa, debido sobre todo a lo tem- prano del desarrollo cultural del drea; pero, también en parte, al hecho de que Ja mayor parte de la investigacién arqueoldgica ecuatoriana desde 1950, se ha BREVE PREHISIORIA 27 Mevado a cabo casi exclusivamente en esta region (Marcos 1979), LAS CULTURAS PALEO-INDIAS Y LAS PRECERAMICAS DEL ECUA- DOR (1000-4000 A.C. ). ! La evidencia de los primeros pobladores de nuestro continente se con- serva mejor en los climas sccos. Por esto en ¢] Ecuador los sitios Paleo-indio y Preceramico se conocen solamente de las alturas andinas y de la semidesértica Peninsula de Santa Elena en la Costa. En las llanuras tropicales es dificil en- contrar los vestigios de los hombres primitivos que las poblaron, porque han sido en su mayoria destruidos por los meandros de rios y por la agregacién aluvial, Los sitios de gran antigiiedad, generalmente se los encuentran redeposi- tados al fondo de un viejo cauce de rio. Sino han sido destruidos, y se los ha- lla in situ, generalmente se los encuentra enterrados bajo toneladas de suelo nuevo, depositado sobre la planicie por la inundacién de los rios durante la €poca Iluviosa y durante miles de temporadas. Cuando estos sitios son locali- zados y excavados, se nos presenta otro problema, el de tratar de fechar el si- tio por la técnica de la manufactura de las herramientas liticas (fechado por tipologia). Esto se debe a que las industrias liticas tropicales, se componen so- bre todo de herramientas para trabajar madera, las cuales no sufren mayores modificaciones a través del tiempo. Implementos de piedra similares a los pre- cerdmicos han sido hallados en uso por culturas cerdémicas muchisimo mis tar- dias. (Stothert 1974), Los sitios conocidos de la edad de la piedra en el Ecuador no son muy numerosos. El més conocido es El Inga al este de Quito, que data de 9000 a 5000 AC., por lo menos dos tradiciones liticas estin representadas en él. La ocupacién mds temprana es Paleo-india y perteneci6 a la llamada Tradi- cién de Cazadores Tempranos Sud-americanos con sus tipicas puntas de pro- yectil cola de pescado. Esta gente probablemente vivid en pequefias bandas y cazaban los iltimos animales de la fauna pleistocSnica. Una ocupacién pos- terior del sitio fue realizada por gentes pertenecientes a la Tradicion de Caza- dores-recolectores Andinos, quienes posiblemente formaron grupos meno- res (Willey 1971) Ellos cazaban animales de menor tamafio como los venados y la danta © tapir, también recolectaban semillas, frutos y raices comestibles de las plan- tas silvestres de los paramos o de los valles cercanos (Bell 1965), 1 Todas las fechas A.C, o D.C., han sido corregidas de las medidas radiocarbnicas se- gin la tabla 1-1 on Archaeology: The Evolution of Ancient Societies por Thomas C. Patterson 1981: 16-17. Prentice Hall Inc. Englewood Cliffs, New Jersey. 28 JORGE G. MARCOS En las provincias de Azuay y Loja han sido localizados sitios de gran an- tigitedad (Lynch, 1977). Mathilde Temme (comunicacién personal) ha exca- vado recientemente un sitio en Loja que data de 8000 A.C., donde encontré puntas de proyectil similares a las puntas pedunculadas de Lauricocha I (en Perd). Las puntas ecuatorianas son de mayor tamafio que las peruanas y las predatan en 1.000 a 2.000 afios. En la Costa, el material Exacto definido por Edward Lanning (1968) como perteneciente a la “tradicién de las bifaces” hace probable un fechado de 10000 A.C. Sin embargo, existen serios cuestionamientos sobre otro com- plejo precerimico definido por Lanning (el complejo Manantial), ya que pos- teriores informaciones indican que el sitio es una cantera de reciente explota- cién por compafiias constructoras y que las “bifaces” aparentan ser el resul- tado accidental del trabajo de los picapedreros, (Stothert, 1971). También se demostré que las puntas de proyectil adscritas a Manantial por Lanning fue- ron fabricadas en el perfodo més temprano (500 A.C.) de la Cultura Guanga- la (Marcos, 1970). Trabajos recientes por Karen Stothert (1976, 1977) han servido para aumentar nuestros conocimientos sobre las culturas pre-cerdmicas costefias, especialmente de la Cultura Vegas, que data de 8000 A.C. Esta cultura, junto con Siches en la costa norte del Peri y Cerro Mongote en Panamé, represen- tan segin Stothert una tradici6n comin y sugiere una interaccion temprana entre los antiguos pobladores de lo que hoy es Ecuador, con otras areas del Nuevo Mundo. Los rasgos comunes a esta tradicién son una industria litica orientada al trabajo de la madera y a la labranza, por las hachas y azadas de piedra pulida que alli se encuentran; el uso de cementerios para disponer de los muertos; y Ja explotacién de los recursos de los manglares, de los estuarios y del sublito- ral; asi como la caza de venados, perros salvajes, y piezas menores de las plani- cies costaneras. Basados en la evidencia obtenida por Stothert en Vegas, podemos afia- dir que esta gente vivid en casas de paja en forma de colmenas, similares a las excavadas en Chilca, (Donnan, 1964), al sur de Lima, Perit y que ellos practi- caron una forma de agricultura incipiente. Parece que por lo menos alrededor de 6000 A.C., pudieron haber empezado a cultivar maiz, ya que el analisis de los fitolitos de los suelos del sitio Vegas, asi lo indican (Stothert, comunica- cin personal). Los sitios Vegas se encuentran localizados en las vegas de los arroyos que drenan las terrazas de los 30 mts., de la Peninsula de Santa Elena, estos contienen agua solamente parte de los afios de mucha pluviosidad, Cerca del sitio Vegas (OGSE-80), Stothert (1976) hallé un sitio principalmente prece- rimico, aunque contenia unos pocos fragmentos de una cerémica muy ordina- ria, que ella designé Achallan. BREVE PREHISTORIA 29 Desafortunadamente, este sitio fue destruido antes de que Stothert pu- diese profundizar sus estudios. Sin embargo, Achallan puede bien representar la continuacién de la Tradicién tipo Vegas, hasta la aparicién de la ceramica bien desarrollada en la Peninsula que conocemos como cultura Valdivia. LAS CULTURAS FORMATIVAS TEMPRANAS: VALDIVIA Y LA MAS TEMPRANA DE CERRO NARRIO (3900 — 2300 A.C.) La cultura Valdivia es la cultura con cerdmica mas antigua hasta ahora conocida en el Nuevo Mundo, y es la que més se ha estudiado en el Ecuador. Tenemos més informacién sobre la organizacion de las aldeas Valdivia, su as- pecto ceremonial, comportamiento social, y vida diaria que sobre cualquiera de las posteriores sociedades que poblaron el Ecuador pre-hispanico. Sin em- bargo, éste no era el caso en 1956 cuando el arquedlogo ecuatoriano Emilio Estrada (1958) hallé el sitio epénimo detrés del pueblo de agricultores de Val- divia y su gemelo el pueblo pesquero de San Pedro. Anteriormente algunos ar- quedlogos, por ejemplo Max Uhle (1930) y G.H.S. Bushnell (1951), habian hallado cerémica Valdivia en la costa del Ecuador, sin embargo, ellos no pu- dieron segregarla ni fecharla, ya que no la habian encontrado en contextos estratigraficos bien definidos. Francisco Huerta, Carlos Zevallos y Olaf Holm, estaban trabajando un material similar, hallado en la superficie detris del cementerio de San Pablo, al sur de Valdivia, cuando Estrada hizo su hallazgo y lo publicé. Con la ayuda de Clifford Evans y Betty Meggers del Instituto Smithso- niano, Estrada en 1957 lev a cabo un mas concienzudo anilisis del sitio Val- divia y del material de la excavaci6n, y juntos postularon que la cultura Valdi- via era una adaptacion de pescadores-recolectores al litoral y que los sitios Valdivia se encontrarian solamente en el perfil maritimo o muy cerca de él. Debido a las similitudes en técnicas de decoraci6n y motivos artisticos con las cerémicas del neolftico Japonés, conocidas como Jom6n, ellos propusieron una teorfa sobre un viaje accidental de pescadores japaneses que Legando hasta la costa-ecuatoriana introdujeron el estilo cerémico japonés al Nuevo Mundo (Meggers, Evans y Estrada, 1965). Esta teorfa capturé la imaginacién de muchos arquedlogos, quienes vie- ron en ella una manera facil de explicar el inicio del desarrollo ceramico en el Nuevo Mundo. Sin embargo, unos pocos como Donald Collier (1968), mu- chos de los arquedlogos japoneses y més tarde, Donald Lathrap (1973) critica- ron la teoria Jomén desde diferentes puntos de vista. No fue hasta 1970, cuando el ecuatoriano Presley Norton (1972) excavé en Loma Alta, y las verdaderas raices de Valdivia fueron descubiertas. En Loma Alta, un sitio tie- 1ra adentro 15 kms. rio arriba del sitio epdnimo, Norton hallé un asentamien- to Valdivia en la floresta tropical himeda que caracteriza a estos valles cos- 30. JORGE G. MARCOS teros de ninguna orientacién marftima. Las mediciones radiocarbénicas aso- ciadas a la fase Valdivia I en Loma Alta, resultaron ser mas antiguas que las que fechaban al material San Pedro, en el sitio epénimo de Valdivia en la de- sembocadura del rio (Bischof 1979). Esto presenta ciertos problemas que de- berdn aclararse mediante las excavaciones que llevan adelante en el valle de Valdivia los arquedlogos de la Universidad de Calgary (Canadd) ya que algunos autores estiman que Valdivia representa una cultura de tierra adentro, que se expandio hacia la costa y no inicialmente una adaptaci6n al litoral in- fluenciada por pescadores del Japén neolitico (Norton, 1977, Lathrap etal., 1977). Entre estos afios, Carlos Zevallos Menéndez, analizando los materiales de las excavaciones que Iev6 adelante con Olaf Holm (Zevallos y Holm 1960) en la seccién este de la pampa de San Pablo, hall6 un grano de maiz, parcial- mente carbonizado en la pasta de un fragmento de plato perteneciente al Valdivia medio (c. 2850 A.C.). Basindose en esta evidencia y las representa- ciones de mazoreas y plantas de maiz en la cerémica Valdivia del mismo pe- riodo, Zevallos (1971) propuso que la sociedad Valdivia basaba su sustento en la agricultura, en contraste a la sociedad recolectora-pescadora postulada por Meggers, Evans y Estrada (1965). La evidencia contradictoria a la teoria Jomén empezaba a acumularse, pero todavia nada se conocia del patrdn de asentamiento Valdivia ni de su forma de vida. Los pocos datos obtenidos sobre la prictica agricola, la locali- zaci6n de los sitios y otros factores sobre comportamiento social, se infirieron de excavaciones dirigidas mds a establecer una cronologia sobre la evolucion cerdmica Valdivia que a establecer su evolucién socio-econémica. Fueron quizds las cuidadosas excavaciones de los sitios Valdivia de San Pablo por Ze- vallos y Holm (1960) los que més datos arrojaron sobre el ceremonialismo Valdivia y otros aspectos mas mundanos de la vida diaria de esta sociedad. La- mentablemente, aun después de un excelente informe preliminar y algunos atticulos (Zevallos y Holm, 1960, 1962; Zevallos, 1971) muchos de esos da- tos permanecen inéditos. En 1971 el autor hallo en el Valle de Chanduy al sur de la Peninsula de Santa Elena un sitio de ocupacién Valdivia que se denomino Real Alto (Mar cos et al., 1976, Lathrap y Marcos, 1975). La formacién del paradero sugirié que se erigieron edificaciones rodeando un espacio central, el que no presen- taba mas ocupacién que la evidenciada por dos monticulos mayores que se le- vantaban en oposicién uno frente a otro en el centro de este espacio y dos menores cada uno al lado derecho del mayor, mirando hacia ¢l espacio inte- rior que los designamos como la plaza. Una recoleccién de superficie se llevé a cabo y el material se estudié en la Universidad de Illinois para planificar una estrategia y tacticas de prospeccién y excavacién a gran escala de Real Alto. La primera excavacién de magnitud para someter a prueba la hiptesis sobre la BREVE PREHISTORIA 31 produccién y reproduccién de una sociedad prehispinica, que se implementa- ba en el Ecuador. A través de la metodologia de investigacién que se disefié para Real Alto, se obtuvo la evidencia necesaria para explicar la organizaci6n social Valdivia, su economia, su organizaci6n ritual, y sus nexos con una inci- piente cosmologia pan-andina. (Lathrap, et al, 1977; Marcos, 1978). La ocupacién de Real Alto empez6 en los 3200 A.C. El conjunto ce- ramico tipico del Valdivia mas temprano (hallado por Norton en Loma Alta) y por los fechados radio-carbonicos, asi lo evidencia. Las casas eran elipticasen planta y hechas de varas flexibles, las que aparentemente se las doblaba hacia el centro de la casa y se las amarraba juntas formando asi el armazén, luego otras varas se amarraban creando cercos horizontales, a los que se ataban los haces de paja u hojas de palma. Tales estructuras debieron ser similares a las casas de los grupos Xavante del oriente de Brasil. La disposicion de estas casas Valdivia tempranas, en herradura alrededor de un espacio central, es también si- milar a la forma de los villortios Xavante ; una aparente “‘casa de hombres” en el centro del poblado completa el parecido. Durante esta primera ocupacién de Real Alto, la superficie del poblado era todavia Ia arcilla natural que carac- teriza el drea, la cual desprovista del posterior agregado cultural de restos de diferentes materiales, arena y ceniza, debié haber sido muy plastica y pegajosa durante la época de lluvias. Para corregir lo resbaloso de este piso, los Valdivia tempranos pavimen- taron los espacios entre las casas con las valvas de la “‘concha prieta” de los manglares (Anadara tuberculosa,), las que consumian preferiblemente entre Jos moluscos que obtenian de los pescadores costaneros y recolectores del manglar. Torteros de piedra, implican la existencia del hilado de fibras vegeta- les en esa época y la presencia de “manos” y “metates” (piedras de moler) sugieren la molienda del maiz. La evidencia obtenida de las excavaciones de Real Alto, indica que desde la mas temprana ocupacién del sitio, el maiz se cultivaba con varias clases de fréjoles, judfas, y posiblemente plantas de raices comestibles (Marcos, et al., 1976, 1979; Pearsall, 1978; Damp, 1979). La primera ocupacién de Real Alto fue seguida por lo que Betsy Hill (1972-74) denominé Valdivia I, sin que podamos anotar mayores cambios en el modo de vida Valdivia. El siguiente nivel contiene un conjunto cerémi- co que ha sido denominado San Pedro, el que fue definido por Henning Bis chof en el sitio epénimo Valdivia, cuando hall6 evidencias de esa ocupacion subyacente a la ocupacién Valdivia en ese sitio (Bischof y Viteri, 1972), la que empieza desde la fase II (Hill, 1972-1974}. El conjunto ceramico San Pe- dro no es tipico Valdivia, y todavia existen problemas no resueltos sobre su significado. E] hallazgo de un nivel con cerdmica San Pedro, en Real Alto, in- termedio entre un nivel con cerdmicas de la fase Valdivia [ y otro superior de la fase Il, ayudarfa a colocar al material San Pedro en perspectiva. Sin embar- 32 JORGE G. MARCOS g0, el hallazgo de Bischof (1979) de cerémica Valdivia I, en un pozo 0 canal que intruye los estratos San Pedro en el sitio epénimoyy el hecho de que Damp (1979) no haya reconocido pozos intrusivos Valdivia II en los niveles mds bajos en la trinchera C de Real Alto, ameritan una nueva excavacién en Real Alto y en Valdivia, para aclarar definitivamente el problema de la posicién cronoldgi- ca del material San Pedro. Durante la fase Valdivia Il (3439-3310 A.C.) pozos de almacenamien- to acampanados, aparecen por primera vez en Real Alto y la vivienda fue construida mds grande y més sGlida que en las ocupaciones anteriores. La planta de la casa permanecié eliptica, pero la pared perimetral se la hizo de postes de madera o de cajia, enterrados de punta en una trinchera, Las casas de este periodo, y las posteriores, parecen haber sido similares a las casas de los grupos Shuar que actualmente existen en el sudoriente ecua- toriano. Durante esta fase II, los Valdivia construyeron los dos monticulos principales, uno frente al otro, en el centro de la plaza, creando asi un recinto ceremonial interior. Durante las fases posteriores, estos monticulos fueron re- construidos siete veces y cada vez se los hizo de mayor tamafio, revocandose- Jos en cada ocasién con arcilla blanco-amarillenta. Las edificaciones que coro- naban cada monticulo fueron reconstruidas una vez, antes de proceder con la destruccién y reedificacién del recinto ceremonial. Este paso iniciado en la fa- se II convertia a Real Alto en una aldea con templos y a la sociedad Valdivia de la época, en propulsores del proceso hacia la revolucion urbana en el Area Septentrional Andina. Durante la fase III (3300-3100 A.C.) Real Alto alcanzé su mayor ni- vel de poblacién. Aproximadamente 150 casas formaban barriadas alrededor de los tres lados de la Plaza Central y la aldea ocupaba un drea de mas 0 me- nos 600 mts. por 400 mts. El tamafio de Ja aldea se mantuvo estable durante los siguientes 340 afios, durante las fases 1V y V (3095-2970-2755 A.C.). Hacia finales de la fase V, el cercano Rio Verde estabilizé y profundizé su cauce el que se ha mantenido hasta nuestros dias, de esta manera se definieron las vegas y las tie- tras de sembrio. Este fenémeno y la orientacién agricola de la gente de Real Alto, pro- dujeron un cambio radical en el patron de asentamiento. Pequefias chacras empezaron a aparecer diseminadas a lo largo de las alturas que dominaban los terrenos de cultivos regados por los rios Verde y Real al este y norte de Real Alto. La aldea original empez6 a funcionar més y més como un centro cere- monial. Los monticulos de la plaza interior fueron cada vez de mayor tamaiio y el numero de viviendas empez6 a decrecer. Sin embargo, el nimero de po- 20s de almacenamiento campaniformes aumenté, lo que indicaria que alli se almacenaba el excedente de maiz de Ja regién para la estaci6n de sequias. En las fases mas tardias hay evidencia que los Valdivia conocian el uso BREVE PREHISTORIA 33 del telar con lizos. Los tejidos de algodén de Real Alto, serian casi un milenio més antiguos que los primeros tejidos hechos en telar y el cultivo de algodén en la costa del Pert (Marcos, 1973, 1978), Por las fases VI (2750-2595 A.C.) y la VII (2590-2500 A.C.) Ia evi- dencia de Real Alto, nos muestra a la sociedad Valdivia en una dicotomia al- deana-campesina (para no decir urbana-campesina), que seria el de la interac- cién social durante los siguientes 4.000 afios de la prehistoria ecuatoriana Aunque la sociedad Valdivia debi6 permanecer egalitaria, las simientes de la estratificacion social se las puede adscribir ala creacién de grupos de especia- listas que administraban el bienestar material y espiritual de la comunidad en Jas aldeas con templo de esa era (Marcos, 1978). Los sitios Valdivia se los encuentran a través de la costa ecuatoriana investigaciones posteriores podrén arrojar evidencia de la ocupacién Valdivia en otras regiones del Area Septentrional Andina. Sin embargo, coetinea con las fases tardias de la cultura Valdivia, otra cultura surgié en la sierra sur ecua~ toriana. La mas temprana ocupacién de Cerro Narrio data de c. 2850 A.C. El sitio de Cerro Narrfo es uno de los asentamientos de mAs larga secuencia cul- tural en el Ecuador y contiene la més larga evidencia arqueolégica estratifica- da de la prehistoria de las provincias surefias del Ecuador, del sur de Chimbo- razo hasta el norte de Loja, La arqueologia del drea nos revela que desde las épocas més tempranas del estado agro-alfarero, hubo una gran interaccién en- tre esta region y la costa del Ecuador, asi como hacia el oriente inmediato y hacia el sur con la regién norandina del Pert. El trdfico a larga distancia es uno de los temas més importantes que caracterizan a la arqueologia del Ecua- dor y en especial el Area Septentrional Andina y lo trataremos en detalle mas adelante (Collier y Murra, 1943; Braun 1981; Marcos y Norton, 1981). Las evidencias cerdmicas del Narrio mas temprano nos muestran una al- fareria que produce vasijas mas delgadas en seccidn que las de Valdivia, y que introducen el uso generalizado de pintura roja en lineas delgadas sobre una su- perficie bien pulida de color natural. Suponemos que el contacto con Cerro Narrio influencié algunos sitios Valdivia que empezaron a producir ceramica de diferente espesor y decoracion, lo que se puede distinguir en la ceramica Valdivia Tardia del norte, en oposicién a Ja del sur. Por ejemplo, en la provin- cia costera del El Oro, que limita con las de Azuay y Loja, la cerémica Valdi- via es de menor tamafio y més delgada que la de Manabi y Guayas Central, que se caracteriza por ser mucho més grande y més gruesa. En el Oriente ecuatoriano, el arquedlogo P. Ignacio Porras (1975b) ha identificado un complejo cerimico, que ha designado como la fase Pastaza, el cual es coetdneo con la fase temprana de Narrio. Esta cerdmica tiene similitudes con las fases Valdivia VI y VII de la costa y también con la cerdmica de la fase Wairajirca de Kotosh y con Tutishcainyo Temprano, ambas en Peri. Otro sitio formativo del Oriente y de aproximadamente la misma época 34 JORGE G. MARCOS es el de Ja Cueva de los Tayos (Porras, 1978). Junto con cerdmicas formativas, una gran cantidad de artefactos de concha fueron hallados, hechos de la bival- va espinosa y encarnada de las profundidades del mar tropical del Pacifico Oriental: Spondylus princeps. El hecho de encontrarse bivalvas enteras y arte- factos hechos de Spondylus, que solamente se encuentra en el Océano Pacifi- co, en este sitio y en Cerro Narrio, indican que una red de intercambio por exdticos, existfa entre la selva, los Andes y la Costa, desde estas épocas tem- pranas, como los 2500 A.C.- (Porras, 1975a; Marcos y Norton, 1981). EL PERIODO FORMATIVO MEDIO (MACHALILLA) (2259-1320 A.C.) Posiblemente Machalilla fue una de las més influyentes expresiones en la cerdmica del Nuevo Mundo. Desde el punto de vista de muchos arquedlo- gos, Machalilla influyé en la ceramica de México (Grove, 1981 ). Ceramicaremi- niscente de Machalilla también se encuentra en los niveles inferiores de San Agustin en Colombia (Reiche/Dolmatoff, com. pers. ). También, claramente influyé en los ceramistas de los sitios formativos de la sierra norte del Ecuador, como Cotocollao, cerca de Quito (Villalba, 1979), Datos recientes dan base para afirmar que Machalilla aparentemente coexistiéd con las expresiones tardias de Valdivia en la costa ecuatoriana. Henning Bischof y Donald Lathrap sugieren que Machalilla se deriva de Val- divia, pero ellos creen que tal evolucién no tuvo lugar, ni en el litoral costa- nero, ni en la peninsula de Santa Elena. Bien adentro y hacia Guayaquil, en San Lorenzo del Mate, se ha hallado cerdmica Valdivia con decoracién tipica de Machalilla; asf como decoraciones tipicamente Valdivia, en formas de ce- rdmicas que son consideradas definitivamente Machalilla. La evolucién del es- tilo Valdivia hacia el Machalilla no podria estar mejor documentada que en San Lorenzo del Mate. (Marcos y Norton, 1981; Cruz y Holm, sf.) La cuesti6n sobre la contemporaneidad Valdivia-Machalilla, responde a ‘un prejuicio de investigacién. Principalmente por razones de conveniencia, la mayoria de la arqueologia prehistorica ecuatoriana ha sido llevada a cabo en Ja peninsula de Santa Elena, y en la banda costera del litoral de las provincias de Guayas y Manabi. Esto dio como resultado que la investigacidn se concen- trase en el estudio de los grupos humanos que se apropiaron de los ambientes tfpicos de esa franja del litoral, sin tomar en cuenta a quienes poblaron una de las mas importantes dreas agricolas del Nuevo Mundo, la cuenca del Gua- yas. Es conocido que la cerémica se desarrollé conjuntamente con la agricul- tura, mientras que los grupos asentados en el litoral tienden a ser reticentes a la incorporacién de la cerdmica entre sus utensilios domésticos. 4 Por qué, en- tonces, deberfa el Ecuador ser una excepcién a esta regla? Solamente porque durante un cuarto de siglo algunos arquedlogos han pensado que la sofistica- BREVE PREHISTORIA 35 cién cultural representada por la cerdmica, fue traida a la costa ecuatoriana por pescadores japoneses, (Meggers, Evans y Estrada, 1965). Si por el contrario aceptamos que la tradici6n litoral ecuatoriana fue muy conservadora, especialmente en la peninsula de Santa Elena, donde los rfos que riegan terrenos cultivables son pocos, y que la gente del litoral fue re- ceptora de la innovacién ceramica en vez de propulsora de la “revolucién ce- rémica’’, entonces la coexistencia en esa region de la cerdmica tradicional con estilos de reciente evolucién, provenientes de dreas aledafias a la peninsula, parece légico, En los sitios Valdivia del interior (en el Valdivia IV), ya se en- cuentran fragmentos con ciertos rasgos que caracterizan a la cerémica Macha- lilla, tales como pintura roja sobre ante, figurines decorados con lineas rojas delgadas y caras modeladas en bajo relieve con ojos tipo “grano de café”. El estilo Machalilla aparenta haber sido desarrollado por alfareros Valdivia, res- pondiendo al estimulo de influencias estilisticas del Cerro Narrio temprano. La corta duracién del estilo Machalilla también se explica por la teoria antes postulada, segiin la cual Machalilla representaria no mis de tres a cuatro fases a continuacién de las fases de Valdivia, con una duracién entre 200 y 250 afios cada una, en vez de una cultura distinta de breve existencia. En cier- to sentido, Machalilla es mas que un formativo medio, una etapa intermedia entre e] formativo temprano (Valdivia) y el Formativo Tardio (Chorrera). Durante este periodo, en la sierra sur del Ecuador, Cerro Narrfo Tem- prano continuaba sustentada por el maiz como base caldrica de su dieta, En Ja sierra norte, la gente que vivia alrededor de una laguna al norte de Quito, en Cotocollao, parece haber tenido fuertes contactos con la costa norte de la provincia de Manabi; asf como también, con sitios de la selva y sierra peruana, como Tutishcainyo Temprano y Kotosh Kotosh, En el oriente ecuatoriano, contactos con Machalilla son evidentes en la cucva de los Tayos, por la presen- cia de botellas de asa de estribo de estilo Machalilla. LA CULTURA FORMATIVA TARDIA CHORRERA (1300-550 A.C.) Es poco lo que se conoce sobre la forma de vida Chorrera, como tam- poco conocemos del estilo de vida Machalilla. Sin embargo la Cultura Chorre- ra, mds que sus predecesoras, parece haber sido una amalgama de los grupos que explotaban los diversos ecosistemas del drea costera y parte de la sierra del Ecuador; una diferenciacién estilistica puede verse determinada por las fronteras ecolégicas de esta variada regién ecuatorial. Un mayor estudio sobre la cultura Chorrera nos Ilevaré probablemente a determinar variaciones regio- nales mas definidas. El estilo Engoroy de la Cultura Chortera parece ser la ce- rémica manufacturada por los grupos del litoral y los pucblos navegantes; se los encuentra en los asentamientos de la Peninsula de Santa Elena, en la costa 36 JORGE G. MARCOS norte de la Provincia del Guayas, en la costa sur de la Provincia de Manabi en la Isla de la Plata frente a este dltima. En el interior, en la cuenca del Guayas, en la planicie esmeraldefia y en los valles de Manabi, se desarrollé el estilo cla- sico Chorrera con sus magnificas representaciones de humanos, animales y plantas en un exquisito despliegue de virtuosidad ceramista (Lathrap, 1975). El problema con nuestro conocimiento sobre la Cultura Chorrera, es que proviene de una sola secuencia estratigrafica excavada en 1956 por Estra- da, Meggers y Evans (Estrada, 1958, Evans y Meggers, 1981), en el sitio ep6- nimo en la Cuenca del Guayas. Asimismo, de las excavaciones de la manifesta- cién litoral de Chorrera, llevadas a cabo por Bushnell (1951), viene lo que co- nocemos del Engoroy; Zevallos (1964-66); Bischof (1975) y otros. Todavia no se ha llevado a cabo una excavaci6n en gran escala en un sitio Chortera de Ocupacién extensa, y en comparacién con lo que sabemos sobre la cultura Valdivia, la cultura Chorrera con su magnifica cerémica se manticne cnigmé- tica con referencia a su estructura social, tamafio de la aldea, patron de asen- tamiento, y vida diaria. Las aproximaciones que se han Ilevado a cabo son in- ferencias basadas en los materiales excavados por huaqueros y saqueadores de tumbas, reunidos por coleccionistas ilustrados. En una prospeccién arqueolégica que fue levada a cabo enel sur dela Provincia de Manabi en 1979, cerca de 500 sitios fueron hallados. De estos, 30 ofo son Valdivia y aproximadamente un 10 o/o son Chorrera. Muchos de los sitios Valdivia son de mayor tamafio que Real Alto y ocurren cada 2.5 kilémetros a lo largo del banco del rio. Después de cada 3 0 4 sitios Valdivia, se encontré una gran ocupacién Chorrera. Estos sitios son de gran tamafio y sugieren que las gentes Chorrera fue- ron capaces de controlar un drea mayor del fondo del valle que sus anteceso- tres Valdivia. Muy cerca de Guayaquil y al sur del sitio ep6nimo, la Escuela Técnica de Arqueologia de la Escuela Superior Politécnica del Litoral, locali- zO un gran sitio de larga ocupacién en la planicie inundable de la Cuenca del Guayas. Este sitio, Pefién del Rio, tuvo su més grande ocupaci6n durante las €pocas de Chorrera. Excavaciones dirigidas a determinar la distribucién habi- tacional dentro del sitio y la economia de la sociedad Chorrera, se llevaran a cabo en Pefién del Rio y la informacién se alimentaré con investigaciones complementarias en los sitios hallados al sur de Manabi, La similitud entre la cerdmica Chorrera y la de las fases tardias de la se- cuencia Cerro Narrio Temprana, es tal que a veces es dificil determinar si al- gunos ejemplos son cerémica Cerro Narrio llevadas por trifico a Manabi o viceversa. La interaccién entre la Sierra y las tierras bajas aparenta haber sido muy fuerte durante esta época, extendiéndose tanto hacia la Costa como ha- cia Macas en el Oriente. Al finalizar el Periodo Formativo Tardio, empezaron a surgir en el Ecuador formaciones socio-politicas a nivel de jefaturas regionales. De estas, BREVE PREHISTORIA a Cerro Narrfo, fue la més poderosa, ya que el hecho de haber empezado a fun- cionar por lo menos un milenio antes de la época, como un centro de redistri- bucidn de Spondylus hacia el Peri, y controlar el excedente de exéticos, de- bid haber servido para consolidar un estrato de poder sin paralelos en el Area. Hegemonia que las formaciones sociales Cerro Narrio-Cafiar mantendrian hasta la conquista Incaica del sur del Ecuador. EL PERIODO DE DESARROLLO REGIONAL ( 500 A.C. — 750 D.C.) En las fases finales de Cerro Narrio Temprano, aparecieron elementos culturales caracteristicos: pintura blanca sobre rojo, asientos de arcilla, y puntas de proyectil de piedra tallada. En la base de todas las secuencias de los Desarrollos Regionales costefios, desde Bahia hasta la costa norte peruana, aparecen la decoracién blanco sobre rojo y los asientos o compoteras gigantes de arcilla.-La variedad en tamafio y forma y la riqueza en motivos decorativos de los ejemplares de Cerro Narrio, sugiere que estos fueron los antecedentes de los que aparecen en las fases Bahia, Guangala, Guayaquil y Jambeli de la Costa, que son similares pero no tan ricamente decorados. Evidencia de ata- que por grupos que usan puntas de proyectiles de horsteno tallado son comu- nes en esta época en la Costa, especialmente en los asentamientos Guangala mas tempranos (Marcos, 1970, 1981). Aunque estas puntas aparecen en sitios Bahia, no se las ha obtenido en excavaciones arqueolégicas profesionales. La influencia y la ocasional incidencia violenta de Cerro Narrio en la Costa al finalizar la hegemonia Chorrera, fue posiblemente el resultado de las jefaturas regionales costefias, que trataban de controlar dreas mayores y au- mentar su esfera de influencia en la red de tréfico a la larga distancia que se centraba en el intercambio de la concha Spondylus. Como corolario, los mercaderes de Cerro Narrio, que por tanto tiempo habfan controlado el tréfico a larga distancia de este “bien tesoro” (Dalton 1975), aparentemente usaron la fuerza para mantener la reciprocidad con sus tradicionales asociados en el intercambio de Spondylus, quienes al tiempo es- tarian tratando de obtener una participacin mayor en Ja redistribucién de la preciada concha. La presencia de Narrio en la costa durante esa época, obede- ceria entonces a la necesidad de mantener la tradicional red de intercambio y el flujo hacia el Perd de esta insignia de la cosmologia andina, que los que- chuas lamaron “mullo” (Spondylus), a través de los Andes surefios del Ecua- dor. Esta hipétesis explicaria la diseminacién de los asientos de arc! pintura blanco sobre rojo, en un horizonte que cubrié las fases finales de Cho- rrera desde por lo menos Manabi central, hasta el norte del Pera. (Collier y Murra, 1943; Lanning, 1963; Bushnell, 1951; Marcos, 1970; 1977-78, 1981). vay 38 JORGE G. MARCOS Sin embargo, esta red de intercambio basada en el tréfico del Spondy- lus sirvié para crear la serie de jefaturas o clanes, que se conocen como las fa- ses culturales del Perfodo de Desarrollos Regionales. La fase Tolita, aparece como una manifestacién de la gente que controlaba las cuencas del rio Santia- go en Esmeraldas y del Patia en Colombia. La gente de la fase Tiaone se en- contraba ocupando la boca del rio Esmeraldas y Atacames. La sociedad que conocemos como Jama-Coaque controlaba el drea que cubre las cuencas de los rios Quinindé y Esmeraldas y las de Cojimies y Jama en Manabi, entrando hasta la seccién nortefia de Ja cuenca del Guayas. La cultura Bahia controlaba Jos valles de los rfos Chone y Portoviejo en Manabi central, extendiendo su in- fluencia a los pequefios valles costefios del sur de Manabi y norte del Guayas, asi como, manteniendo una interaccién bien estrecha con sus variantes cultu- rales conocidas como Tejar, Rio Daule y Guayaquil. En la planicie costera de la cordillera Chong6n-Colonche hacia el Pacifico florecié la cultura Guangala. El Golfo de Guayaquil, Ia Isla de Pund y la provincia de El Oro y la cos- ta norte peruana, estaban bajo el control de lo que en Ecuador conocemos co- mo la fase Jambeli. {Qué produjo la diferenciacién cerdmica entre esta jefatura del Periodo de Desarrollos Regionales? En realidad, la aparente gran diversidad es patente solamente en la decoracién y tratamiento de superficie de la cerémica, mien- tras que las formas de las vasijas utilitarias y ceremoniales, y los vasos y bote- llas escultéricas, son parecidas, a través de todas las manifestaciones costeras de este periodo. Los figurines generalmente se parecen, la diferencia se en- cuentra en el vestigo y ornamentacién de los mismos. Todas las jefaturas cos- teflas de la época accedian a la red de intercambio maritimo a larga distancia, para la obtenci6n de la preciada bivalva tropical Spondylus de su habitat natu- ral a lo largo de la costa del Pacifico, desde el noroccidente Sud Americano hasta el Golfo de California en México. Lo que distingufa a estos grupos fue Ja moda de decoraci6n y vestimenta, asi como, la adopcién de algunos de los dioses, que cada uno opté de los grupos con que intercambiaban por Spondy- lus desde el norte. Tolita, Tiaone, Jama-Coaque, adoptaron decoraciones de influencia me- soamericana; el viejo dios del fuego es un tema omnipresente en la Tolita; y en Jama-Coaque, los emblemas de Tlaloc se encuentran por doquier. Ademés, las influencias Bahia aparecen en el Golfo de México, en Veracruz, de donde traficantes Maya probablemente establecieron contacto con navegantes Bahia a través del istmo de Panama. La cerémica Guangala muestra rasgos que sugie- ren una interaccién muy cercana con Costa Rica y Guatemala, un drea que aparentemente habia estado en contacto con la costa del Guayas desde las épocas de Engoroy (Coe, 1960). Las culturas de la Cuenca del Guayas mues- tran gran similitud con Bahia y Cerro Narrio Medio, indicando que el trafico entre la sierra sur y Manabi continud a través de la Cuenca del Guayas. BREVE PREHISTORIA. 39 En la sierra norte y nor-central, la falta de datos provenientes de exca- vaciones cientificas, pertinentes a este periodo, nos deja practicamente con un cuadro en blanco. Sin embargo, se vislumbran contactos con la costa en Cotocollao y en el Valle de los Chillos, al sudeste de Quito. Influencias ama- zénicas y costefias se evidencian en las provincias de Cotopaxi y Tungura- hua. En Chimborazo hallamos la Cultura Tuncahuén (Jijon y Caamafio, 1945) y en Cafiar, Azuay y Loja, Cerro Narrio Medio esta presente. La falta de evi- dencias para la sierra norte y del oriente, solamente es producto de la falta de investigacién; una intensificaci6n en la prospeccién y excavacion en esas dreas deberdn corregir nuestra presente falta de informacién. EL PERIODO DE INTEGRACION: LOS CONSTRUCTORES DE MONTICULOS EN EL ECUADOR (550-1530 A.C.) Al finalizar el periodo de Desarrollos Regionales, se produjo un cambio general en el estilo cerdmico de la costa. Los rojos encendidos se opacaron, los grises fueron recmplazados por el negro brufiido y la sobriedad en las expre- siones artisticas que caracterizaria a las jefaturas integradas de nuestro “post- clasico”, empez6 a aparecer. Ciertos jefes comenzaron a ejercer severidad sobre grupos distantes y de esta manera las jefaturas regionales integraron vastas regiones bajo su control. Los mercaderes-navegantes de la costa, formaron una liga o confede- racién para el intercambio a larga distancia, la que al momento del contacto con el espafiol, estaba bajo el comando del Sefior de Salango, al sur de la pro- vincia de Manabi. En esa época los espafioles se encontraron con poblaciones. costeras de mds de 30.000 habitantes, con flotas de canoas y balsas capaces de navegar grandes distancias. Los jefes de esta confederacion vivian en la opulencia y decadencia del Otomdn. Los mantefios tenian una corte de jave- nes “efebos”, enjoyados, para satisfacer las fantasias homosexuales de los se- fiores principales y Tumbal el régulo endiosado de la Pund, tenia un harem resguardado por eunucos, completamente emasculados y desfigurados para asegurar la fidelidad de sus concubinas. En esta época también se produjo un mayor y notable cambio hacia la monumentalidad y se Ilevaron a cabo grandes proyectos que implicaban mo- ver cantidades ingentes de tierra. La estratificacién social habfa legado a un nivel tal, que verdaderos ejércitos de trabajadores servian a sus sefiores en lo que fue prdcticamente una radical modificacién del paisaje. Cientos, hasta mi- les de personas fueron puestas a trabajar en la construcci6n de grandes tolas, haciendo canales de drenaje y embancando los terrenos anegadizos para incor- porarlos a la produccién. En los valles, grandes plataformas de piedra y terra- zas de cultivo se construyeron para sustentar a centros ceremoniales y aprove- char la gartia, en los cultivos de ladera, de las cordilleras costefias. Una fuerza 40 JORGE G. MARCOS de trabajo semi-esclavizada Ilevaba adelante estas obras piblicas y la gran can- tidad de piedras de honda y rompe-cabezas que se encuentran nos hablan de una fuerza guerrera regular. En los valles costefios los sefiores, régulos-chamanes, hicieron construir los centros ceremoniales con monticulos y templos, plazas, postes herildicos de bellas maderas incorruptibles, estelas de piedra y cementerios donde se en- terraba a la “gente principal” en grandes tumbas de pozo con cdmara. Las pricticas funerarias fueron similares a través del 4rea en este tiempo y las dife- rencias aparentes, obedecieron principalmente a razones ecolégicas. Las tolas de enterramientos de la cuenca del Guayas y la planicie esmeraldefia, fueron concebidas como colinas artificiales en las que se “‘construy6” tumbas de “po- zo con camara” al colocar una serie de urnas desfondadas que formaban el pozo sobre una urna de gran tamafio, en la que se colocaba el cadaver y ofren- das, que formaba la cémara, Tolas y otras obras de tierta de este perfodo se encuentran a través de todo el Ecuador. Los campos elevados (camellones) se construyeron no solo en la costa, sino también al noroeste del lago San Pablo y otros sitios de la Sierra y el Oriente. Varios complejos de monticulos han sido hallados en esa region, incluyendo el de Sangay, excavado por Porras. Sin embargo, poco es lo que conocemos de las culturas que edificaron los monticulos en el Orien- te, La sierra norte del Ecuador es famosa por los grandes sitios con pirdmides de toba volcinica, como el gran centro de Cochasqui al norte de Quito. Es- meraldas, la provincia nortefia de la costa del Ecuador, comparte con Colom- bia un sistema fluvial rico en oro. Durante el perfodo de Desarrollos Regiona- les, florecié all{ el complejo cerimico Tolita-Tumaco. La explotacién de los recursos fluviales, en especial el] oro, continud a través del periodo de Integra- cién y los descendientes de esta gente son quizds los Cayapa que atin viven en la regién. Es dificil determinar cuando se inicié la orfebreria hallada en la To- lita; si fue durante el Periodo de Desarrollos Regionales o el de Integracién no nos importa. Lo importante es la riqueza de técnicas metalirgicas que alli se emplearon, como la cera perdida y el hecho de que separaron el platino y luego lo usaron para realzar su orfebreria. Mas al sur de la provincia de Esmeraldas el grupo Atacamefio, grandes agricultores, controlaban los territorios ocupados por las culturas Tiaone y Jama-Coaque durante el periodo de Desarrollos Regionales. Sin embargo, Ata- cames propiamente estaba ocupada por un enclave Mantefio controlado por cl sefior de Salango. Los navegantes y Chamanes-Mercaderes Mantefios, que pro- piciaban sus andanzas con sacrificios humanos y la caza de cabezas, tenian un centro metropolitano en el sur de Manabi, en el drea comprendida entre los pueblos de Puerto Cayo y Ayampe. La capital estaba formada por una serie de complejos urbanos, cuyas ruinas se pueden todavia ver en Aguas Blancas, Puerto Lépez y Salango. Esta gente controlaba la mayoria de los puertos ma- BREVE PREHISTORIA 41 ritimos del Ecuador de entonces, de Atacames al Norte, y con posibilidad, hasta la Puntilla de Santa Elena al sur. En la planicie costera, controlando los mismos valles que fueron habita- dos durante el periodo de Desarrollos Regionales por la cultura Bahia, vivie- ron los Huancavilca. Esta cultura a veces llegs hasta la costa maritima desde Ayampe hasta San Pablo, al norte de la peninsula de Santa Elena y al sur de ésta, los Huancavilca ocuparon los valles de Chanduy a Posorja en el Golfo de Guayaquil, y cruzaron la cordillera costera para ocupar la vertiente occidental del rio Daule en la cuenca del Guayas. En la boca del Golfo de Guayaquil, como un tapén, y controlando el acceso a éste, se encuentra la Isla dela Puni., “Primos” de los Mantefio, Huancavilca y Tumbesinos, lo Punefios eran nave- gantes, mercaderes y corsarios, y despreciaban a otros grupos, especialmente a los que explotaban el manglar y el estuario del Guayas. Estas gentes, lamados Chonos, vivian bordeando el golfo y rio arriba por el Guayas hasta el érea donde se encuentra Guayaquil. En la provincia de El Oro, los Chonos ocupaban el manglar del Jambeli y los Tumbesinos el sur de esa provincia y el extremo norte de la costa del Pera. Que los Mantefios, Huancavilcas, Punefios y Tumbesinos formaron una liga de mercaderes, como lo habia sugerido el notable arquedlogo ecuatoriano Don Jacinto Jijn y Caamafio, es un hecho indudable. A través de esta drea, existieron grupos de especialistas que se dedicaron a la manufactura de teji- dos, plumerta y artefactos de cobre, plata y oro; colectaban piedras semipre- ciosas e hicieron fina artesania de conchas, todo esto se lo hacia principal- mente para intercambiar hacia el norte con la codiciada concha Spondylus, que les permitia obtener coca, cobre nativo, turquesa, lapizlazuli y otras ma- terias primas y trabajadas del Peri y Chile. En la cuenca del Guayas, al este del rio Daule, los Milagro-Quevedo ad- ministraban las tierras agricolas de mayor importancia en la costa pacifica de Sud-América. Los régulos de esta drea no solamente supieron orquestar el uso de la mano de obra semi-esclavizada, a niveles de gran productividad, a través de un sofisticiado programa de ingenieria hidraulica, sino que también promo- vieron las expresiones artisticas, tanto en metalurgia como en textiles. Tanto Ja metalurgia como los excelentes tejidos decorados, al teilirse mediante la técnica de urdimbres anudadas (Icta), son rasgos compartidos entre Milagro- Quevedo y Cajfiari, lo que indica una continuada interaccién entre los dos gru- pos. Los cafiari controlaban durante el periodo de Integracién las mismas tie- Fras que en épocas anteriores habian sido ocupadas por la gente que dejé la huella de su existencia en Cerro Narrio, Las culturas Capuli, Tusa y Piertal controlaban entonces la sierra norte del Ecuador y se extendian al departamento de Narifio en Colombia. Estos grupos parecen haber tenido una influencia nortefia, aunque en Capulj encon- tramos rasgos tipicos de las tierras bajas, tales como la masticacién de coca y 42 JORGE G, MARCOS los asientos de brujos. Esta influencia amazénica ha sido demostrada por Po- tras, afectando a la cultura Panzaleo, que cubrié los territorios de las provin- cias de Tungurahua, Cotopaxi y sur de Pichincha, cuya cerdémica en decora- cién y formas tiene una temética explicitamente selvdtica. Los figurines se los encuentra sentados en “bancos de Chamin’” y el jaguar reina como ele- mento supremo entre los animales representados. Entre la gente que poblaron la provincia de Carchi y los Panzaleos, existié6 un grupo que muchos autores han llamado Cara, que construyeron complejos ceremoniales-administrativos, compuestos de grandes piramides construidas de bloques de toba volcanica, a cuya cuspide se accedia por descomunales rampas. Los Caras controlaban la provincia de Imbabura y norte de Pichincha. Su centro principal era Ca- yambe, pero el centro regional mejor conservado es el de Cochasqui que apa- rentemente controlaba el valle de Guayllabamba. Los “Caras” fueron los tltimos en resistir el avance de los Incas en el Ecuador y luego de una fiera y tenaz lucha se derrumbaron, permitiendo su avance hasta el sur de Colombia. Los grupos que habitaban la provincia de Chimborazo posiblemente continué siendo una de las principales avenidas de contacto entre la Costa y la Sierra. De las culturas serranas, en el periodo de Integraci6n, Carchi, Caras, Pan- zaleo y Puruhd formaron sociedades no muy bien estructuradas a nivel de je- faturas locales, las que posiblemente se unian en confederaciones en su drea cultural en respuesta a estimulos externos, como serian el resistir el embate guerrero de otros pueblos. Ese no fue el caso de los Cafiari, porque si analiza- mos la historia de la conquista de Cafiar por el Inca, solamente una bien es- tructurada jefatura regional a nivel de “estado”, es la posible caracterizacién de la sociedad Cafari. La historia nos cuenta de la conquista de Cafiar por el Inca, y que el In- ca Tupac Yupanqui, se encantd tanto con el paisaje y clima del area que éste se volvié el rincén favorito de su imperio. Por eso, él construy6 Tomebamba como una réplica del Cuzco, y que esta ciudad seria el sitio donde nacerfa su hijo el gran Huayna Capac. Esta leyenda, que nos pinta Tupac Inga Yupanqui como un roméantico y a los Cafiaris como unos bravucones, listos a pelear con el Inca y ser derrotados, es una afrenta tanto a los Cafiaris como al Inca. “Pax Incaica” fue diferente. Los sefiores Incas no eran gente que se ena- moraban de un paisaje o un clima y creaban un segundo Cuzco, para en una cocheria digna de los reyes franceses, dedicarse a pasar el resto de su vida en ocio. Los Incas en menos de tres siglos, habian avanzado, de controlar un mi- misculo sector de los Andes, no mucho més grande que el valle en que se asienta el Cuzco, a controlar politicamente casi la totalidad del Area Andina, Los Incas eran guerreros y la guerra fue su manera de extenderse, y al exten- derse construyeron uno de los Imperios de mayor tamafio en el mundo y cuando Tupac Yupanqui era Inca, la incanizacién de los Andes estaba en pleno BREVE PREHISTORIA 43 apogeo. Incanizacion es la palabra, y ese fue el concepto bajo el cual los Incas conquistaban. Ellos formaban alianzas con los régulos vencidos y de acuerdo a su importancia y a la estructura social sobre la que gobernaban, se les permi- tia volverse mas 0 menos Inca. Si los Cafiari hubiesen sido los grupos guerre- ros desarticulados que la “historia” nos pinta, que luego de breve y ardua re- sistencia cayeron en las manos del Inca, no hubiese habido una raz6n para que el préximo Inca naciese en Tomebamba, ni haber santificado el sitio ente- rrando su placenta en la plaza central. Y no hubiese habido una raz6n para construir Ingapirca, una Fortaleza-Templo que controlaba el valle de mayor produccién en Cajiar, ni que los Cafiaris integrasen la guardia personal del In- ca, o que a un grupo de mitimaes Caflari se los designase cuidadores de la “huaca” més importante del Incario, la Isla de Copacabana en el Lago Titica- ca. Para entender la conquista de los Cafiari por el Inca, nos debemos re- montar cerca de 5.000 afios, cuando en la costa del Ecuador la concha espi- nosa de labios encarnados, Spondylus princeps, era arrancada de las profundi- dades del mar para ser usada en ritos que propiciaba la lluvia. El uso del Spon- dylus fue con los agro-alfareros, hacia el sur andino ecuatoriano y de alli a los Andes del Norte del Peri, donde se volvié la insignia principal de un culto de Iuvia, agua y fertilidad. La importancia de este culto y su subsiguiente avance por todo el Pera y hacia el sur, se puede determinar alrededor de los 1000 A.C. en Chavin de Huantar (Pert), donde las conchas de Spondylus se encuen- tran representadas en las tallas religiosas de mayor importancia, el Obelisco Tello y la estela del dios sonriente. Durante los siguientes 2.500 afios, las val- yas del Spondylus serian las mds importantes parafernalia ritual en los Andes. Fue tan importante el Spondylus que la leyenda nos cuenta que el dios incai- co Pacacaisha, rehus6 Ja tradicional ofrenda de lama que le ofrecia el Inca Vi- racocha, diciendo “yo no como de esas cosas” . . . “apamuy mullacta” (traedme de la concha roja llamada mullo). Mullo es la palabra quichua para el Spondylus, (Murra, 1975). Por 30 siglos las gentes de los Andes surefios del Ecuador, a quienes los arquedlogos llaman las culturas de Cerro Narrio, redis- tribuyeron la atesorada concha al Peri. Durante esos 3.000 afios ellos acumu- laron riqueza y poder en la ereccién de los edificios y fortalezas en todos esos sitios en que luego los Incas construyeron ciudades como Tomebamba, tem- plos como Ingapirca, fortalezas como Molleturo, y muchas més en Loja, Azuay y Cafiar, reconstruyendo las ciudades Cafiari en el estilo Inca, sea éste el exqusito o el funcional segtin la importancia del sitio. La estratificacién social, unidad politica, y el control que los Cafiari ejercieron sobre la sierra sur ecuatoriana fue tan grande, que Tupac Yupanqui para tener éxito en la Incanizacién de esta alta civilizacién ecuatoriana, tuvo que igualarla al sitio mas alto y sagrado del Incario, la ciudad imperial de Cuz- 44 JORGE G. MARCOS co. 2 Una vez que los Caflari fueron conquistados, los Inca avanzaron al norte; y siguiendo el modelo més tarde en Quito, el tiltimo rey Inca nacié alli. 2 Los Cafiari fueron elevados a ser la guardia personal del Inca, la “Policia” del Ines: rio y guardianes de una de las huacas mis importantes en el mito de origen Inca, La Isla de Copacabana. Los Inca de esta manera equipararon a los Cafiari con los antiguos po- Badores del Cuzco. BIBLIOGRAFIA BELL, Robert E. 1965 Investigaciones Arqueologicas en el sitio El Inga, Ecuador. Quito, Editorial Casa de la Cultura Ecuatoriana. BISCHOF, Herning. 1975 La Fase Engoroy: Periodos Cronologia y Relaciones. En Estu- dios sobre la Arqueologia del Ecuador. Udo Oberem, Ed. Bo- nner AmerikanisFische Studien 3: 15-37. Bonn. 1979 San Pedro und Valdivia - Fruhe Keramikkomplexe an der Kus- te Sudwest-Ekuadors. En Beitrage zur allgemeinen und vergleichenden archaologie, Band 1: Munchen-Deutsches Archiiologisches Institut. 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Zeidler REAL ALTO: UN CENTRO CEREMONIAL AGRO ALFARERO TEMPRANO (VALDIVIA) En la literatura arqueoldgica americanista, el drea que comprende el nor- occidente sudamericano y la América Central, ha sido definida como elAreain- termedia Concepto, en oposicin estructural al de América nuclear, como los americanistas definen a Mesoamérica y el area andina. Esta oposicidn se tradu- ce como América nuclear igual a Centros de Civilizacion versus Area interme- dia igual a barbarie. Tal yuxtaposici6n es valida al clasificar la geografia cultural de América al momento de la conquista espafiola, ya que en ese tiempo los grandes esta- dos se encontraban: en el uno, el azteca, que controlaba la meseta Central Me- soamericana y en el otro, el inca que dominaba casi toda la espina dorsal de Sud- América, la Costa Central del Pacifico y parte de la ceja de montafia hacia la Amazonia. En el Area intermedia s¢ encontraban pequefios reinos, confederacio- nes, cacicazgos, etc., y estos pucblos ain no conquistados por el expansionis- mo azteca o incaico, eran vistos por las metré polis de los imperios como pue- blos salvajes. En el caso de los Incas, al referirse alos Yungas, decian que no merecfan la pena de ser conquistados. El prejuicio que los Incas tenian hacia estos pueblos fue prestado a los espafioles y ha servido para que muchos de los estudiosos de la América precolombina estimen que toda innovacién en el Area intermedia procede necesariamente de la América nuclear. Tal vision, que conlleva como prerrequisito la aceptacién del prejuicio Incaico o Azteca como una realidad histdrica, representa una “realidad” algo distorsionada pero estatica, en el momento del contacto zon los europeos, y que no dice nada sobre el proceso cultural que produjo el fenomeno de dos poderosos imperios, contempordneos, uno en los andes centrales y otro en la meseta mexicana. 52 JORGE G. MARCOS REAL ALTO: UN CENTRO CEREMONIAL 53 Aplicando el modelo Ariérica nuclear como centro de civilizacién y desarrollo, al estudio de épocas anteriores a la conquista espafiola, nos dare- mos cuenta de que no es vilido ya que no explica el desarrollo cultural de América. . Si miramos hacia atr4s, a los origenes de las civilizaciones del Nuevo Mundo, encontraremos que alrededor de 4.000 afios antes de la consolidacién incaica en el drea andina y de la dominacién azteca en el valle de México, en el Area intermedia, se habia alcanzado un desarrollo cultural mayor que en el 4rea conocida como América nuclear y que las estructuras sociales alli exis- tentes, pronosticaban ya las estructuras basicas que sustentarian las civiliza- ciones de América. De esta Area intermedia fue quizds el Ecuador, hasta hace unos 25 afios, una de las Zonas menos conocida. Lo que se conocia del Ecuador precolombi- no era poco y desarticulado. Los trabajos de Estrada (1954; 1956; 1957a; 1957b; 1957c; 1958; 1961; 1962) nos brindan un esqueleto cultural bastante completo de la costa ecuatoriana, pero el mismo Estrada sugirié que futuras investigaciones servi- tfan para estudiar el proceso cultural que se desenvolvié histéricamente alre- dedor de la cronologia por él propuesta. No debemos, sin embargo, mirar los trabajos de Estrada como el punto de partida en el estudio de la arqueologia ecuatoriana, ignorando todo lo que se escribié antes de él. Estimamos que es de primordial importancia, para todo estudioso de la prehistoria ecuatoriana, el familiarizarse con los trabajos de Gonzalez Sudrez 1892, 1908; Jijén y Caamafio 1912, 1914, 1919, 1920, 1939, 1941- 1947, 1951, 1952; Uhle 1909, 1922a. 1922b; 1922c, 1923a; 1923b; 1923c; 1925, 1926a; 1926b; 1927a; 1927b, 1928, 1929, 1930a, 1930b, 1931, 1933, 1936, 1939, 1960; Larrea 1919, 1927, 1928, 1944, 1953, 1965; Saville 1907, 1909, 1910; Dorsey 1891; Bushnell 1951, 1953, 1958; Disselhoff 1949; Bennet 1946; Collier y Murra 1943; Zevallos Menéndez 1936a, 1936b, 1937, 1956, 1959, 1961; y Olaf Holm 1953, 1954, 1957, 1960, 1963. Tampoco debemos ver en la cronologia propuesta por Estrada, ni en la interpretacién de las asociaciones culturales hechas por él y quienes lo siguie- ron, como la cronologia vigente del ordenamiento cultural ecuatoriano, ya que muchos de los trabajos posteriores, (Zevallos y Holm 1960; Zevallos 1971; Vista de la Trinchera C mostrando la excavacién de una vivienda en marcha correspon- diente a la Fase III (Estructura 20). 54 LATHRAP, MARCOS, ZEIDLER Hill 1972, 1974; Braun 1982; Paulsen 1970, 1974; Stothet 1976, 1977; Lath- rap, Marcos y Zeidler 1977; Marcos, Lathrap y Zeidler 1976; Lathrap y Mar- cos 1975; Marcos 1973, 1978; en prensa; Norton 1972, 1977, 1982)tienden a confirmar parcialmente lo propuesto por Estrada, al mismo tiempo que pre- tenden restaurar en importancia y en su verdadera posicién cronoldgica, valio- sos estudios que trataron sobre los contactos culturales entre las diversas zo- nas del Ecuador, siendo uno de éstos el de Collier y Murra (1943). El sumario sobre la arqueologia ecuatoriana escrito por la notable ar- quedloga norteamericana Betty J. Meggers, adolece de errores que ya se han superado y sobre los cuales han tratado diversas publicaciones especializadas. Desgraciadamente el compendio de la arqueologia ecuatoriana que editaron Porras y Piana (1976), es una traduccién y ampliacién del libro de Meggers, y tepite muchos de esos errores, lo que quizds pueda imputarse a esa tenden- cia que conocemos como conservadorismo cientifico y que tiende a no otra cosa que a exacerbar errores superados. De esta manera se planteé el origen del neolitico ecuatoriano, y por en- de el neolitico de América, como influenciado, 0 quizds mas como resultan- te por linea directa del neolitico del viejo mundo y mas especificamente del neolitico japonés, de la cultura Jomén (Meggers, Evans y Estrada 1965), mer- ced a un viaje transpacifico fortuito hecho por pescadores japoneses. Estrada (1961) cuando planted la infuencia japonesa sobre la cerdmica Valdivia, la planted como una influencia tardia que empez6 no antes del Valdivia B medio y no como originadora, ya que segin Estrada las similitudes patentes entre los dos estilos cerémicos aparecen solo en el Valdivia C. (Estrada o. c.). Lathrap més tarde traté hasta la saciedad este punto (Lathrap 1973) no tanto por es- tar en desacuerdo con Estrada, sino contra el dogmatismo que sobre el origen japonés de la cerdmica Valdivia se presenta en el trabajo de Meggers, Evans y Estrada (1965), publicado cuatro aiios después del sensible deceso de este al- timo. Hoy en dia varias prospecciones y excavaciones hechas por Norton en el interior del Valle del Rio Valdivia (1972-1977-1982); Porras (1973, 1975) en el oriente ecuatoriano y en la isla de la Pund en el Golfo de Guayaquil; Myers (1976) en las riberas del lago San Pablo en la provincia andina de Imbabura; Peterson y Rodriguez (1977) en Cotocollao al norte del suburbio quitefio; el equipo del Museo Britanico y del Centro de Estudios Latino Americanos de la Universidad de Cambridge en el austro andino ecuatoriano y nuestros propios trabajos en el Valle de Chanduy, nos dan una visién muy distinta del formati- vo ecuatoriano. A continuacién exponemos la descripcidn e interpretacién de nuestros hallazgos en el poblado Valdivia de Real Alto (¢3400—1 500 BC). REAL ALTO: UN CENTRO CEREMONIAL, 55 REAL ALTO, CENTRO CEREMONIAL DE LA CULTURA VALDIVIA La Plaza en el Nuevo Mundo se define como un espacio piblico y sa- grado delimitado por uno o mis monticulos de tierra o albafilleria y por construcciones secundarias. En si es una ldstima que la palabra espafiola plaza haya sido escogida por los arquedlogos para designar un concepto muy distin- to del de la plaza central de un pueblo o ciudad espafiola. Seria mas ldgico si usdramos la palabra con la que los ciudadanos del Estado Maya Clisico usaron para designar tal sitio. Se pueden discernir dos variantes de la plaza. La prime- ra la llamaremos Plaza tipo A que se caracteriza por la presencia de un solo monticulo grande del cual parten dos construcciones lineales paralelas que encierran el espacio sagrado. La segunda variante es la Plaza tipo B, tiene dos monticulos macizos, uno frente al otro con un espacio rectangular abierto en- tre ellos. Las puertas de las edificaciones que se hallan encima de los monticu- los se miran frente a frente y una rampa 0 escalera desciende desde la cima de cada monticulo a la plaza, La Plaza tipo A es tipica de los Centros Ceremoniales del Pert y esta ex- presién se puede vislumbrar claramente en las macizas construcciones tem- pranas de la Florida (Patterson and Moseley 1968) y Garagay (Ravines e Isbell 1975) en la Costa Central del Pera; Haldas en la Costa Central Norte del Pera (Ishida et al. 1960: 191-197; Fung 1967) y en el mis importante de todos los Centros Ceremoniales tempranos, Chavin de Huantar /Tello 1960). Las Plazas tipo B son tipicas de Mesoamérica y de la extension de la ideologia Mesoamericana hacia el Sureste de los Estados Unidos de América; pero es in- teresante, y nosotros creemos muy significativo, que algunos de los Centros Ceremoniales mds tempranos e importantes de Mesoamérica, tales como la capital Olmeca de la Venta, toman la forma peruana (Drucker, Heizer and Squier 1959), Es evidente, por lo que conocemos de la ideologia Maya y Azteca, que el] mantenimiento de estos Centros Ceremoniales era considerado, por ellos mismos muy necesario para el bienestar de la sociedad. En el Perd y también en Mesoamérica estos mantenimientos fueron progresivamente mds costosos. A intervalos periédicos las estructuras envolventes tuvieron que ser recons- truidas entcramente. Cada reconstruccién sucesiva tenia que ser mas grande, mas hermosamente acabada, y més costosa que sus prodecesoras. Cada recons- truccién encerraba intacta la anterior, y de esta manera se conservaban todas sus predecesoras. Este patron de reconstrucciones periddicas ha sido detalla- damente investigado por excavaciones arqueoldgicas en los sitios clasicos Ma- ya, en el norte de Guatemala, como en Kaminaljuya (Kidder, Jennings y Shook 1946), pero también se pueden ver en las extensas excavaciones que se han efectuado en Centros Ceremoniales del Este de los Estados Unidos, como en el sitio Green House de Louisiana {Ford 1951). 56 LATHRAP, MARCOS, ZEIDLER Este mismo patron también se ve claramente en Chavin de Huantar (Te- Ho 1961) y puede ser documentado en los Centros Ceremoniales Peruanos de Kotosh (Izumi y Sono 1963), Shilacoto (Izumi, Cuculiza y Kano 1972) y Pacopampa (Fung 1982, Rosas y Shady 1970,1974; Kaulicke 1975) en la falda oriental de los Andes, Jos cuales fueron construidos tan temprana- mente como el 2100 A.C. jPodriamos decir que la civilizacién en el Nuevo Mundo vino de los Centros Ceremoniales? Tal observacién seria dernasiado simplista. Al menos podemos decir que los Centros Ceremoniales son expresiones imperdurables de una ideologfa en evolucion que permitié a un grupo élite de especialistas en la religion, la politica y la guerra, controlar el tributo progresivo que se da- ba en comestibles o en horas de trabajo. Seguramente podemos considerar a los Centros Ceremoniales Arqueolégicos como fésiles de un sistema ideologi- ¢o que iba evolucionando hacia el desarrollo de una civilizacion cada vez mas compleja en el Nucvo Mundo. Estos fdsiles no son solo una concatenacién de etapas cada vez mis costosas, ya que muchos Centros Ceremoniales fueron abandonados en dife- rentes zonas. En si estos representan ramas del arbol que truncaron los espa- fioles en Tenochtitlin, Cajamarca y Cuzco. Hemos ya anotado que la forma de los Centros Ceremoniales tempra- nos en el Peri es muy similar a la de los Centros Ceremoniales tempranos de Guatemala y México. Fsto nos conduce a la siguiente pregunta: ,La ideologia que conduce a la creacién de Centros Ceremoniales surgiria una sola vez en el Nuevo Mundo, o fue inventada independientemente en estas tan distantes re- giones en las que posteriormente surgieron las altas civilizaciones de nuestra América Prehispdnica? Esta ideologia manifestada en los Centros Ceremonia- les no se puede separar del sistema religioso tradicionalmente aborigen y neta- mente Americano. Anteriormente Donald Lathrap (1974) afirmé que el siste- ma religioso del Pera y el de Mesoamerica se derivaban de un solo sistema reli- gioso que habia evolucionado mucho mas temprano en los trépicos hiamedos del Noroccidente Sudamericano. Si asi fuese, seria también probable que la ideologia que nos brindan los Centros Ceremoniales, tuvo un solo origen en el Nuevo Mundo. Creemos que asi fue, pero ahora estamos mis interesados en examinar el proceso ideolégico que dio origen a los Centros Ceremoniales que en determinar con precisién su centro de difusién en el espacio y el tiempo. La mayoria de nuestros colegas que estan trabajando en el problema de los origenes de la civilizaci6n del Nuevo Mundo, difieren de nuestro punto de vista. Kent Flannery de la Universidad de Michigan, ha presentado una teoria de cémo los Centros Ceremoniales pudieron haberse desarrollado como un fe- némeno independiente en el valle de Oaxaca Sur de México, alrededor del afio 1500 A.C {Flannery 1976) Michael Moseley del Museo Field de Historia Na- tural de la ciudad de Chicago, ha presentado otra teoria muy elaborada a fa- REAL ALTO: UN CENTRO CEREMONIAL 57 vor de la aparicién independiente de Centros Ceremoniales en la Costa Cen- tral del Pera alrededor del afio 2000 A.C. (Moseley 1975), Aqui nos interesa dar al traste con estas teorias. Si nosotros podemos demostrar la existencia de Centros Ceremoniales mds antiguos en el drea comprendida entre Mesoaméri- ca y el Perd; y si podemos asociar su aparicién con el tipo eficiente de cultivo de maiz que Megaria a ser la base econdmica de los Estados Aztecas e Incai- cos, creemos que habremos presentado la alternativa necesaria para establecer el didlogo cientifico y habremos abierto a discusién esta problematica ideolé- gica desde una perspectiva continental, ya que estimamos que es necesario sa- lirnos de la compartimentalizacién que generalmente restringe los estudios del proceso cultural a Zonas, a valles, y muchas veces a secciones de estos. REAL ALTO Real Alto es un sitio arqueolégico que cubre 12 hectareas y est ubica- do en una ligera elevacién (en terrazas de 30 m.) entre la costa del Pacifico y el rfo Verde, y junto con Zapotal forman el Valle de Chanduy. Esta a cuatro kilémetros al norte de la poblacién de Chanduy, una de las principales locali- dades indigenas encontrada por los espafioles, y a unos dos kilémetros hacia el este de Real, poblacién reciente pero establecida sobre un paradero Colo- nial. Real Alto se encuentra mucho mis cerca de las vegas de rio Verde que de la costa marftima o de! hoy disecado manglar adyacente al pueblo de Chanduy, en ef delta que se hallaba en la desembocadura de los rios Verde y Zapotal. De este manglar los pobladores de Real Alto obtenian la nutritiva Concha Prieta Anadara tuberculosa, la cual es todavia uno de los mas apete- cibles ingredientes de la cocina ecuatoriana. Nosotros creemos que Real Alto refleja precisamente la predominante importancia econémica de Ja agricultura durante el Periodo Valdivia (3500-2000 A.C.). La cantidad de depésitos culturales que estdn distribuidos sobre una rea de aproximadamente 400 por 300 metros, son principalmente restos del diario vivir que dejaron la gente de la cultura Valdivia. Deseamos fijar nuestra atencién a la ocupacién del sitio Valdivia. Este lugar fue descubierto por Jorge Marcos en 1971. Se preparé un mapa topografico del lugar y se hicieron recolecciones superficiales como base para la excavacion del sitio (Lathrap y Marcos 1975). : En agosto de 1974 comenzamos un programa de excavacién intensivo que duré hasta septiembre de 1975. Al principio nos apoyaban donaciones’ del Consejo de Estudios de Postgrado y del Centro para Estudios Latinoameri- canos de la Universidad de Illinois, en Urbana. Desde enero de 1975 pudimos expandir la operacién, debido al generoso apoyo de la Fundacién Nacional de Ja Ciencia, la Fundacién Wenner-Gren para Estudios Antropoldgicos y del Mu- seo del Banco Central del Ecuador. 58 LATHRAP, MARCOS, ZEIDLER REAL ALTO: UN CENTRO CEREMONIAL 59 Los objetivos de nuestro programa eran especificos y limitados. Las ca- racter{sticas generales de la cerdmica Valdivia y lo temprano de su fechacién han sido ampliamente conocidas desde mediados de la détada de los cincuen- ta, y estén detalladas en la publicacién de Meggers, Evans, y Estrada (1965). Desafortunadamente, estos estudiosos trataron la cerémica Valdiviana como si hubiera sido fabricada por pequefios grupos némadas con una economia del tipo “pesca y recoleccién general” orientada enteramente hacia el mar. Este error se ha repetido tantas veces, que se lo consigna axiomaticamente en el sumario sobre la arqueologia Sudamericana escrito por el gran antropdlogo de la Universidad de Harvard, Gordon R. Willey (1971). Las excavaciones de Presley Norton en Loma Alta (Norton 1972, 1977, 1982} que predata a todos los demés sitios valdivianos hasta ahora conacidos, ampliamente demuestran el origen no costanero de la cultura Valdivia, y anula definitivamente la posi- bilidad de que esta cultura haya tenido su origen en el viaje accidental trans- pacifico de unos pescadores japoneses de la cultura Jomén (Estrada y Meggers 1961). Las excavaciones de Carlos Zevallos Menéndez y Olaf Holm en el sitio San Pablo (Zevallos y Holm 1960), y en particular el grano carbonizado de maiz y otras evidencias descritas por Zevallos en 1971, deniegan la posibilidad de que las grandes comunidades estables de Ja cultura Valdivia se mantuvieran con una economia del tipo “pesca y recoleccién general”. Hemos reunido di- ligentemente toda la evidencia relacionada con la economia Valdiviana, pero desde la publicacién del excelente sumario de Zevallos (1971), no hay raz6n para dudar de que la economia de las comunidades Valdivia se basaba princi- palmente en la agricultura intensiva. Nosotros optamos por concentrarnosen el problema més evasivo, el de la naturaleza y la estructura de la sociedad val- diviana. {Por qué escogimos Real Alto para nuestro ataque sobre la dificil tarea de reconstruir, al menos, algunas caracteristicas del orden social valdiviano? La figura 2 presenta una simplificacién del mapa topogréfico. La distribucién de los restos culturales no es continua sobre todo el drea del sitio. El costado oriental esté demarcado por una ancha y recta elevacién de hasta dos metros de altura y cuatrocientos metros de largo, formado por los depésitos cultura- les acumnulados durante siglos de ocupacién. A los extremos norte y sur de es- Zanja de postes parcialmente excavada mostrando una ofrenda de piedras de moler Fragmentadas. 60 LATHRAP, MARCOS, ZEIDLER ta larga elevacién que Hamaremos el risco A, se encuentran dos riscos mas an- gostos que se extienden hacia el occidente en angulos de 90° en relacién al risco A. El risco sur fue destruido parcialmente por la construccién del cami- no que une a Chanduy con Ancén y por la subsecuente actividad de los hua- queros, pero el risco norte estaba intacto y fue examinado extensamente por nuestras excavaciones. Paralelo al risco A y a unos ciento cincuenta metros al oeste, hay un segundo risco que es aparentemente mas angosto, a este lo de- signaremos risco B, y ha sido parcialmente modificado por la erosién edlica, pero se puede considerar que queda de él un 50 ofo. La seccion sur de este ris- co y su costado occidental han sido eliminados por la construccién del camino. Sospechamos que fue tan ancho como el risco A y que la falda occidental del risco ha sido altamente erosionada por dos arroyos que han afectado al sitio después de la ocupacién Valdiviana. Desde el risco B y mirando hacia el risco A hay un promontorio que por razones tal vez aparentes, hemos denominado “El Monticulo del Mortuario”. Al frente de este y proyecténdose desde el ris- co A, hay un monticulo en forma de cono truncado que hemos denominado el “Monticulo de la Casa de los Hombres”. E| Arca baja, circunscrita por los riscos, la consideramos la Plaza; y el re- cinto entre el “Monticulo del Mortuario” y el de la “Casa de los Hombres” ha sido designado “la plaza interior”, o la plazoleta. Opinamos que el hecho de que los habitantes de Real Alto mantuviesen siempre limpia la “plaza inte- rior”, es uno de los descubrimientos mds interesantes de nuestras excavacio- nes. La falta de depésitos culturales en el érea de la plaza no se debe a agen- tes naturales, La ausencia de casas en esta drea es evidente y la falta de restos culturales en esta zona solo pueden ser el resultado de una decisi6n consciente de parte de los habitantes del sitio de mantener el 4rea como un espacio lim- pio, y podemos decir pablico. Comprendimos que el patron poblacional del sitio obedecié a un plan general preconcebido, y excavamos para comprobar. la realidad de este plano. Formulamos la hipdtesis de que los riscos largos y rectos formados por los desechos acumulados a través de una larga ocupacién, representaban el an- tiguo asentamiento de grupos de casas cuidadosamente alineadas alrededor de una plaza central, sobre la cual se proyectaban monticulos que sustentaban estructuras de importancia para la comunidad. Colocamos la primera trinche- Enterramientos hiper-Flexado correspondiente a la Fase III en la Trinchera A. REAL ALTO: UN CENTRO CEREMONIAL 62 LATHRAP, MARCOS, ZEIDLER REAL ALTO: UN CENTRO CEREMONIAL 63 ra de excavacién, la que denominamos Trinchera A, tratando de atravesar el mayor nimero posible de las plataformas evidentes sobre el risco A, ya que sospechamos que estas plataformas representaban los pisos de casas de la til- tima ocupacién en el sitio. La Trinchera B fue ubicada en sentido perpendi- cular a la Trinchera A, atravesando el “Monticulo de Casa de los Hombres” y el “Monticulo del Mortuario” y la ‘‘Plaza Interior”. La Trinchera C fue tam- bign en sentido perpendicular a la Trinchera A, y sigue a lo largo de la cima del risco norte. Supusimos que estas excavaciones atravesarian el maximo nu- mero de sitios de la arquitectura valdiviana, permitiéndonos por lo menos ha- cer un bosquejo de mapa de esta poblacién Valdivia. Todos los arquedlogos que trabajamos en el sitio estabamos familiarizados con las técnicas de excava- cién desarrolladas en Ja cuenca del Missisippi; y las excavaciones las llevamos a cabo combinando las técnicas usadas por los arquedlogos que trabajan en el Medio Oeste Norteamericano, excavando poblaciones fabricadas de materiales perecederos y en parajes bastante hiimedos, con las técnicas desarrolladas en el cercano oriente para excavar los monticulos (Tells) del neolitico de esa zo- na. La primera técnica consiste en el raspado del subsuelo abierto en el drea, con el fin de entrever los cambios de color y textura de los rellenos que reemplazaron paredes, postes, medias aguas, pozos de almacenamiento, fogo- nes, pisos de casas, etc. La segunda técnica es la de excavar largas trincheras cortando los mon- ticulos producidos de la larga ocupacidn del sitio, para poder determinar en el perfil del corte los diferentes pisos de ocupacién y una vez determinados es- tos examinarlos cuidadosamente merced a la primera técnica. Flannery (1976:69-72) aboga por el uso de las dos técnicas aqui referidas como la me- jor estrategia para excavar sitios de profunda acumulaci6n cultural. Quizds por suerte o en pago a nuestra minuciosa planificacion de la es- trategia, al excavar la primera cuadricula de dos por tres metros, llegamos al piso de la casa Valdivia mejor preservada. Pues al estar en la esquina sur del risco A y cercana a una Zona anegadiza, no se levantaron mas casas sobre ese sitio. Posteriormente hemos podido dibujar los planos de unas ochenta estruc- turas, pero casi todas estaban superpuestas. La superposicion era tal que fue necesario excavar como quien desarma un rompecabezas. La Estructura | fue una casa elipitca de 12 por 8 metros en sus ejes; la Enterramiento comunal correspondiente a la Fase [If en la Trinchera A. 64 LATHRAP, MARCOS, ZEIDLER pared perimetral consistia en un cerco de lefios enterrados verticalmente en una Zanja. Se excavé su piso en forma de un gran cuenco casi imperceptible de 21 cm. de profundidad en la parte central, en la que echaban los desperdi- cios, ollas rotas, hasta que aparentemente el piso interior legaba a la altura del piso exterior, entonces se desarmaba la casa y una nueva Zanja perimetral se excavaba excéntricamente sobre el sitio anterior. Asi siguiendo los mismos pasos se volvia a eregir nuevamente la vivienda. Los planos de las ochenta es- tructuras y su orientacién confirmaron nuestras conjeturas. Real Alto: Historia de su Ocupacién Antes de comenzar las excavaciones ya sabiamos que las elevaciones que forman el sitio, eran el producto de los depésitos culturales que resultaban de la ocupacién humana. La recoleccién superficial hecha en 1971 y la cera- mica que recogimos donde los huaqueros habian hecho grandes remociones de tierra, nos indicaron que el sitio habia sido ocupado durante la mayor parte de ia duraci6n de la cultura Valdivia, continuando hasta una ocupacion parcial del sitio por la subsiguiente cultura. Machalilla Al hacer referencia a la cronologia Valdivia preferimos usar la mas pre- cisa de ocho periodos propuesta por Betsy Hill (1972-1974) en lugar de la cro- nologia algo imprecisa de cuatro fases propuesta por Meggers, Evans y Estrada (1965). En el mapa del sitio (Fig. 2) se indican las trincheras (en negro) con que efectuamos los cortes de los riscos y monticulos mediante los cuales pudimos determinar la estratigrafia cultural y su composicién. La excavaci6n poco pro- funda del 4rea (zonas sombreadas) nos permitié determinar las plantas de las estructuras, la super-imposicién de restos de estas en sus multiples reconstruc- ciones, as{ como los restos de hogares, pozos de almacenamiento, areas de ac- tividad, etc. Levantamos un mapa general de todo (Fig. 3), que nos permitié formular la reconstrucci6n del sitio en el periodo Valdivia III (Fig. 4). Después de un afio de trabajo, solamente pudimos excavar una pequefia porcion de este enorme sitio. Queremos destacar que nuestras apreciaciones generales sobre la historia del sitio tendrdn que ser confirmadas por excavacio- nes mds extensas, Ellas se fundamentan en el tamafio y alineacién de cincuen- ta casas valdivianas y unas veinte casas que datan de periodos anteriores o posteriores a la ocupacién Valdivia y sobre la distribucién en las diferentes ca- pas culturales discernibles. La ocupacién mds temprana del sitio es pre-Valdi- via y consiste en un estrato poco profundo que contiene casi exclusivamente conchas de un molusco que se encuentra en el manglar del estero de Chanduy REAL ALTO: UN CENTRO CEREMONIAL 65 (Fig. 5) comtinmente conocido como Concha Prieta. Las casas son de estruc- turas frigiles de alrededor de 1 metro y medio por 2 metros y medio, con un armaz6n de delgadas varas flexibiles. Los moldes individuales donde estaban enterradas las varas sugieren que estaban encorvadas hacia adentro (Fig. 6) y atadas por las puntas, sobre el centro del espacio interior para formar una es- tructura parecida a una cupula, muy similar a las casas del precerdmico de la costa norte del Pert (Donnan 1964). Esta armadura estaba cubierta de corteza de drbol, de paja o alguna fibra tejida; la basura se la dejaba acumular contra la pared exterior (Fig. 7 ). Aqui parece que tenemos los restos de un pequefio grupo de némadas que se sostenian con Ja pesca y la recoleccién de alimentos como lo que Gordon Willey supone para la economia Valdivia. Pero esta cul- tura no estaba relacionada con la de Valdivia. Posiblemente se trata de un campamento temporal de gente del interior que venia a la costa en ciertas épocas para explotar los recursos marinos. Pres- ley Norton (1977, 1982) ha comprobado que el sitio de Punta Concepcién era justamente este tipo de campamento, dejado por gente dela cultura Val- divia, con su base en tierra adentro. Nosotros preferimos pensar que tenemos un campamento de gente que pasaba todo el affo cerca de la orilla del mar. Hay una pequefia cantidad de cerdmica relacionada con este estrato. Los po- Gos fragmentos que descubrimos son de un tipo fino, arenoso y duro. La pasta y colorido es similar a la ceramica San Pedro descrita por Bischof y Viteri (1972) pero sin ninguna decoraciOn incisa. Las formas de las ollas y e! modo de fabricacién son completamente fuera de la gama de la tradicion ceramica de Valdivia. Mas adelante, la misma drea fue colonizada por gente de la cultura Val- divia. Nuestra cerdmica Valdivia mas temprana es posterior a la cerémica Val- divia recobrada por Presley Norton de la primera ocupacién de Loma Alta. Esta primera cerdmica Valdivia de Real Alto se halla entre Valdivia I y Valdi- via II en la cronologia de Betsy Hill (1972-74) y corresponde al principio dela Fase A de Meggers, Evans y Estrada (1965). Segtin los afios de radiocarbono, esta colonizacién deberia datar alrededor de los 2600 afios A.C. Aunque des- cubrimos varias superficies habitadas por gentes de Valdivia II, no tuvimos éxito en exponer un plano completo de casa de este periodo. En las superfi- cies habitadas, encontramos cerémica extraordinariamente sofisticada y algu- nas figurillas de arcilla exquisitamente modeladas. La construccién intencional de monticulos de depdsitos culturales en la plaza data del periodo Valdivia II. El pequefio monticulo cénico que forma el micleo del Monticulo del Mortuario (Fig. 8) tenia en su cima una pequefia estructura de bajareque que se quemd. Los fragmentos sarbonizados de estas paredes nos permitieron reconocer los contomos del monticulo pequefio. Una trompeta de caracol (Strombus pensvianus) se encontrd en la base de este monticulo y es el ejemplo mas temprano de un instrumento musical ceremo- 66 LATHRAP, MARCOS, ZEIDLER REAL ALTO: UN CENTRO CEREMONIAL 67 nial hallado hasta ahora en América. (La trompeta de caracol que puede ser hecha de Strombus o de Malea ringens tiene gran importancia ceremonial en todas las civilizaciones mas tard fas de Perti y Mesoamérica). La mayoria de restos culturales en Real Alto pertenecen al Periodo Val- divia II]. En esta fase Real Alto alcanza su apogeo con respecto al tamafio de la poblacién que residia en el sitio, y es cuando toma el plano rectangular que todavia se puede apreciar por la distribucidn de los riscos y monticulos. La configuracién de los estratos occidentales tendra que permanecer en el misterio, porque la erosién se ha Ilevado la mayor parte de ellos, dejando solamente algunas pequefias dreas intactas. Estamos en terrenos mas seguros cuando nos referimos a las estructuras 1 y 20 (Fig. 3) del periodo Valdivia IIT las que fueron completamente excavadas. Las filas de casas sugeridas por otros fragmentos de casas Valdivia III, estén ubicadas a lo largo de los riscos explorados por nuestras excavaciones. La estructura del periodo III que da su nombre al Monticulo de Mortuario se excavé completamente. La construc- cidn inicial del Monticulo de la Casa de los Hombres, data del periodo III, pero solo pudimos excavar la mitad de esta estructura eliptica. Las paredes de las casas del porjodo III consistian en troncos macizos muy. juntos, cubiertos de una gruesa capa de lodo. Probablemente dos pares de postes interiores sostenian un alto techo de dos aguas. Hay una serie de superposiciones intruyendo en los restos de las cons- trucciones Valdivia III; la cerémica durante este periodo sufre muy ligeros cambios. La muestra de cerdmica obtenida de cada uno de los pisos de estos restos de estructuras nos permitird refinar la cronologia y obtener mds claros diagnésticos para las fases IV y V. Podemos determinar que algunas estructuras pertenecian a los periodos VI, VII y VIII. En realidad, una gran cantidad de ceramica asociada con cada reconstruccién secuencial del Monticulo de la Casa de los Hombres nos permi- tird subdividir mds este lapso crucial. Se ve claramente que un drea mucho més pequefia y compacta estaba ocupada durante Valdivia VI, VII y VIII. El hecho de que el viento que sopla constantemente del mar haya erosionado la tercera parte de la matriz arqueoldgica, ha reducido el ntimero de estructu- ras de los perfodos tardios de Valdivia que se hubieran podido excavar o defi- nir. Pero la gran cantidad de material de estos perfodos tardfos en la superfi- cie de los riscos A y B nos indican que estuvieron ocupados hasta el Valdivia vil. Fondo de excavacién de la Trinchera C mostrando la ocupacién temprana del sitio correspondiente a la Fase I. 68 LATHRAP, MARCOS, ZEIDLER OG CW Ve N 340.5 W649 FEeEATORE 274 x REAL ALTO: UN CENTRO CEREMONIAL 69 Podemos estar seguros que no hubo una ocupacién Valdivia tardia; es- taba ausente cn cl risco norte del sitio, pues aqui las estructuras todavia més tardfas del periodo Proto-Machalilla estaban bien conservadas. No pondremos cifras, pero es evidente que la poblacién del sitio disminuyé bruscamente en- tre Valdivia Il y Valdivia Vil. La mejor fecha disponible sugiere que el perio- do Valdivia VII data de alrededor de 1900 A.C. La ocupacién Proto-Machalilla que hemos descubierto cubre solamente la esquina norte de] pueblo Valdivia de Real Alto, es decir, el area explorada por la trinchera C y la extensién norte de la trinchera A. En si es una ocupa- cién poco profunda pero que cubre una gran extension, ya que desde el sitio en que cubre parcialmente la ocupacion Valdivia se extiende unos setecientos metros hacia el noroeste, en una banda de unos cuatrocientos metros de an- cho. Las casas han continuado dentro de la misma tradicién arquitectonica de Valdivia IT}. Filas largas y rectas de espaciosos pozos de almacenamiento en forma de campana, datan de la ocupacién Proto-Machalilla, y sugieren una gran capacidad de almacenamiento de maiz (Flannery 1976}. -EL CENTRO CEREMONIAL Gradualmente hemos legado a Ja conclusion de que el Monticulo del Mortuario, el Monticulo de la Casa de los Hombres y el espacio intermedio, comprendian una plaza tipo B. Cada uno de los monticulos merece una des- cripcién detallada. El Monticulo de la Casa de los Hombres es un cono eliptico que se pro- yecta desde el risco oriental hacia la plaza. El cono es truncado de cincuenta metros este-oeste, por treinta y siete metros norte-sur en su base y trece me- tros este-ceste por nueve metros norte-sur en la parte superior, y tiene 1.4 metros de altura. . El monticulo original fue construido en el perfodo Valdivia III, aprove- chando una pequefia loma natural y tenia unos dos tercios de su tamajio ac- tual. En la parte superior del monticulo original excavaron una depresion en forma de cuenco en la arcilla amarilla. Era el piso de la primera estructura ce- remonial. La depresion se llené poco a poco con tiestos de Valdivia Ill, otros artefactos y restos alimenticios, Estos restos alimenticios son muy distintos ous invertida corzespondiente a la Fase Il, conteniendo enterramiento Perinatal de fellizos. 70 LATHRAP, MARCOS, ZEIDLER de los que fueron encontrados en las estructuras habitacionales en los riscos , Nortefio y oriental del sitio, Se encontraron ademas grandes cantidades de al- ‘inejas, patas de cangrejos de roca, colas de langostas, conchas de pechinas (scallops) y quitina (chiton) y restos de tortugas marinas en hoyos excavados en los pisos de las estructuras encima del Monticulo de la Casa de los Hom- bres. Son muy raros de encontrar en otros lugares del sitio. Los restos de estos alimentos exdticos estaban mezclados con huesos de venados, y muchos pedazos de tazas que posiblemente usaban para tomar chicha. La mayoria de estos pedazos se encontraban dentro de estos hoyos. Al parecer después de que un evento se habia Ilevado a cabo encima del mon- ticulo, donde se bebia y se ingerian cantidades de alimentos exdticos, se rom- pian las tazas usadas en la fiesta, se habrian unos hoyos y alli se arrojaban. En el monticulo original se nota una fila de depresiones como peldafios que ascienden desde el centro de Ja plaza hasta la entrada de la estructura que se halla en la cima. Estas caracteristicas no estaban visibles en etapas subsi- guientes de reconstruccién del Monticulo de la Casa de los Hombres, debido ala intrusién de los basureros dentro de las capas anteriores de arcilla, espe- cialmente a lo largo del eje este-oeste del monticulo. Este modo de desahacer- se de la basura no acababa con toda ella, y asi cuando se tenia que recons- truir la casa ceremonial, lo mismo que los pisos de las otras casas, se cu bria de nuevo el monticulo con arcilla amarilla. De este modo el Monticulo de la casa de los hombres aumentaba unos veinte centimetros, en cada nueva Teconstruccién. Hemos podido determinar cuatro reboques distintos; las ocho recons- truccioneS de la estructura, sugieren que el mimero de reboques con arcilla amarilla fue mayor, pero los basureros excavados por los valdivianos dificulta la determinacién de mds capas de arcilla. Excavaciones adicionales en las fal- das norte y sur deberén prover datos mas seguros sobre el acabado del mon- ticulo. La mayoria de los pozos para basura fueron excavados a lo largo del eje que coincide con la trinchera B, dejando pocos restos de las capas de arci- lla que fueron aplicadas al monticulo en cada reconstruccién. Un pozo de prueba, un metro al sur de la trinchera B, nos dio los mejores datos arquitec- tonicos obtenidos hasta ese momento del Monticulo de la Casa de los Hom- bres, y nos permitié determinar las capas de reboque de arcilla amarilla. La forma de las estructuras construidas encima del monticulo era simi- lar a las otras casas del sitio. La puerta se abria hacia el oeste, frente a la plaza interior y al Monticulo del Mortuario en el otro lado de la plaza. Sin embargo habia una especie de biombo construido frente a la entrada, posiblemente para protegerla de los vientos prevalentes 0 quizds para mantener en secreto las ceremonias ejecutadas en su interior. Al oeste de la plazoleta, y en medio de la loma occidental, se levanta el