Sei sulla pagina 1di 88

AR-RUŞĀFĪ DE VALENCIA

POEMAS

Traducción e introducción de
Teresa Garulo

Hiparión
poesía Hiperión
Colección dirigida por Jesús Munárriz
Diseño gráfico: Equipo 109

Primera edición, 1980 Segunda edición, 1986


© Copyright de la traducción; Teresa Garulo, 1980, 1986
Derechos de edición reservados:
EDICIONES HIPERION, S. L.
Salustiano Olózaga, 14 28001 Madrid
Tfno.: (91) 401 02 34
ISBN: 84-7517-192-3 Depósito legal; M-35771-1986
Técnicas Gráficas, S. L. las Matas, 5. Madrid.
IMPRESO EN ESPAÑA -PRINTED IN SPAIN
A don Fernando de la Granja
Sigo la transcripción de la revista «al-Andalus», salvo en el
caso del artículo al-, en que reproduzco la asimilación ante
consonante solar; he pensado que hacerlo así evitaría un error de
bulto -leer al-Ruşāfī como alrededor, cuando suena ar-Ruşāfī
como arriate-, en que podrían incurrir los lectores no
especialistas, a quienes va dirigida esta traducción.
INTRODUCCION

La primera manifestación literaria de los árabes es la poesía,


que aparece hacia finales del siglo ven el nordeste de Arabia y al
borde del Éufrates. Muy pronto los métodos técnicos y artísticos
llegan a tan alto grado de perfección que las odas de esta época,
las casidas, han servido de modelo a las generaciones posteriores
de poetas árabes, cuyos poemas, casi sin excepción, están
cortados por el mismo patrón estructural con algunas variantes en
el contenido y en la manera de tratar los temas.
La casida, producción distintiva de esta poesía, es, en esencia,
una forma de arte que tiene poco en común con las formas
artísticas de otras literaturas. Su tema principal es el panegírico o
la glorificación de la propia persona o tribu, introducido por un
tema de viaje, que se compone de un preludio erótico-elegíaco,
donde en términos estereotipados se recuerdan unas relaciones
anteriores con una mujer, a la que raramente se describe, y el
lugar donde acampaba la tribu de esta mujer. A continuación sigue
el tema de viaje propiamente dicho: la descripción y alabanza de
la montura del poeta y, más específicamente, la comparación de
ésta con un animal de presa, desarrollada en un cuadro vivo y
realista de la vida animal en el desierto. El tema principal la
constituye la pintura idealizada de la hospitalidad de los beduinos,
o de escenas de guerra y de batallas, o bien la sátira de los rivales.
El poema se extiende a lo largo de un número de versos que
oscila entre los sesenta y los cien, compuestos en el mismo metro
y con la misma rima.
La casida se convirtió en norma para las generaciones
siguientes de poetas ya causa de su combinación de diferentes
temas ha sido la piedra de toque de las capacidades poéticas.
El rasgo principal de la casida es la concisión verbal. Las
metáforas se limitan a un pequeño número de imágenes
tradicionales, principalmente relativas a la guerra ya las fiestas.
Las comparaciones se emplean ampliamente para dar profundidad
imaginativa a los pasajes descriptivos. Y la reacción imaginativa
del auditorio -nada más inconcebible que un poeta árabe sin
auditorio- está determinada por la perfección y la precisión de
cada imagen visual; de ahí proviene la importancia dada por los
críticos a un verso aislado como prueba de la habilidad poética, lo
que a veces produce la fragmentación de los poemas, pues sólo se
recuerdan o se registran los versos sueltos que más han
impresionado al antólogo, y con frecuencia esta fragmentación
dificulta la comprensión del verso, o de los versos del mismo
poema que se conservan.
Este juego imaginativo entre el poeta y su auditorio tiene como
efecto que el campo de las imágenes visuales así presentadas esté
circunscrito al modelo común de vida ya los sentimientos
populares de la tribu. La poesía preislámica, en general, se limita
a un número fijo de temas, tratados según los valores estéticos y
morales contemporáneos. Así, el contenido del producto literario
no sólo era conocido previamente, sino que estaba también
ordenado hasta el punto de que la más mínima desviación, en
relación con lo que se esperaba, era desaprobada, y todo el efecto
emocional dependía de la forma, que por eso adquirió un valor
absoluto: el contenido era simplemente el sus trato que permitía
hacer realidad la excelencia de la forma. Esto, a la larga, acarreó
la falta de originalidad que se observa en la poesía árabe,
especialmente después del siglo X, en que el ingenio sustituye a la
capacidad creadora; limitación de la que fueron conscientes
algunos poetas, y en al-Andalus, a finales del califato omeya,
cuando ya los escritores se sentían perfectamente preparados para
competir con éxito con las grandes figuras orientales, Ibn Šuhayd,
cabeza de la escuela andalusí, consciente de su estilo original y
personalísimo, en su Risālat at-tawābi’ wa-z-zawābi’, subraya
irónicamente que tal originalidad constituía un demérito, en
opinión de los poetas árabes consagrados.
Para los árabes antiguos el poeta estaba dotado de
conocimientos sobrenaturales, recibía su inspiración del mundo
invisible y era una especie de mago aliado con los genios o los
demonios. Por eso gozaba de una posición influyente: era el
oráculo de la tribu, su guía en la paz y su campeón en la guerra.
Una de las funciones principales del poeta era preservar la
memoria colectiva del pasado, dando un elemento de continuidad
y de valor a las realidades, fugitivas e insustanciales, del presente.
La poesía dio vida a un ideal de virtud árabe, basado en la
comunidad tribal, que acabó convirtiéndose en un lazo entre
clanes y formó, a la larga, un sentimiento de comunidad nacional.
Así, en los dos principales temas de la poesía, el panegírico y la
sátira, el poeta señalaba las antítesis y las sanciones morales que
regulaban esta existencia colectiva. Los poetas de las casidas, con
relativamente pocas excepciones, expresan e incluso prescriben
un elevado tipo de moralidad tribal y evitan toda referencia a los
rasgos más humildes y rudos de la vida y circunstancias beduinas.
Esto entronca con la afición por el retrato modélico tan
característico de la historia árabe, presente sobre todo en las
biografías, donde la conducta real del príncipe, educado
generalmente según un «espejo de príncipes», aparece
entreverada con la conducta modélica vigente, pero que se refleja
igualmente en esta poesía panegírica, cuyo convencionalismo
queda patente desde el primer momento al observarse una
absoluta falta de escala: el príncipe más importante y el último
reyezuelo están elevados a la misma estatura ideal; con frecuencia
no hay alusiones concretas que permitan individualizar al
personaje elogiado, porque el elogio es reflejo de lo que debería
ser el príncipe, no del príncipe tal como realmente es,
Una significación especial se liga a la sátira, en la cual
sobrevivió, hasta mucho más tarde, la concepción primitiva del
poeta portavoz de fuerzas sobrenaturales, La poesía era una fuente
de orgullo y de rivalidad; y el poeta que, por una hábil ordenación
de imágenes vivas, de frases ricamente matizadas, podía jugar con
las emociones de su auditorio, no sólo era alabado en cuanto
artista, sino también venerado como protector del honor de la
tribu y como arma poderosa contra sus enemigos. De ahí que los
conflictos tribales se desarrollaran tanto o más en las invectivas
de sus poetas respectivos que en el campo de batalla; costumbre
tan profundamente arraigada que Mahoma, hostil a los poetas, a
los que condena en el Corán, XXVI, 221-228, no pudo prescindir
de ellos en su vida política. La alianza, en épocas posteriores, de
la poesía con el poder es la consecuencia natural del
desplazamiento de la civilización árabe desde el desierto a las
ciudades y herencia de la importancia política que la poesía tuvo
en el mundo beduino, Los poetas se convierten en una especie de
propagandistas del poder político y se ponen al servicio de los
poderosos que los recompensan, e incluso llegan a fijarles una
pensión, por los elogios que componen de ellos y de sus familias.
Otras veces, los poetas, en busca de protectores dispuestos a pagar
por ser alabados, llevan una vida itinerante y recorren las cortes
de los príncipes o los palacios de los poderosos recitando sus
panegíricos.
Si hago hincapié en estas características de la poesía árabe
preislámica y del poeta y sus funciones se debe a que tuvieron una
importancia capital en el desarrollo posterior de la poesía árabe,
en la que subyacen siempre, incluso en los momentos de mayor
tensión renovadora, hasta llegar a la época de petrificación y
fijación. Sin tenerlas en cuenta no se entendería bien la poesía de
al-Andalus, siempre a la zaga de las modas y reacciones
orientales, y, en particular, la poesía arcaizante de ar-Ruşāfī, con
sus elogios y sus arrogancias al estilo beduino, como confiesa en
algunos de sus poemas.

La poesía del primer siglo de la hégira (siglo VII) refleja


claramente los cambios sociales y económicos producidos por las
conquistas del Islam, por las poblaciones militares árabes fuera de
Arabia, por el crecimiento del lujo y de una economía monetaria y
por el nacimiento de un gobierno imperial que impone su
autoridad a las tribus.
La novedad más importante es el nacimiento, en las opulentas
ciudades del Hiŷāz, de un poema de amor independiente, que
emplea una estructura lingüística simplificada, influida por el
estilo de la conversación del Hiŷāz y que, por su estrecha
asociación con el nacimiento de una nueva profesión musical, se
adapta a las necesidades del canto, La poesía se hace menos
formal y más funcional; el estilo y el contenido se complementan
y armonizan.
En el siglo siguiente, el rasgo principal de la literatura es ser
reflejo de una sociedad urbana, concretada especialmente en el
Iraq, y en su mayor parte producida por semiárabes o no árabes
convertidos o descendientes de convertidos, de origen arameo o
persa. Sin embargo, no hubo un corte violento con la tradición de
la poesía árabe, Los sistemas prosódicos y la técnica
evolucionaron en el interior del viejo marco de la casida, y las
innovaciones estructurales encontraron poco o ningún éxito. Los
metros permitidos y las licencias poéticas fueron sistematizadas
por al-Jalīl ibn Ahmad (m. 791) y estrictamente respetados. En la
lengua, los poetas, como sus antecesores, buscaban la pureza del
árabe, pero comenzaron a preferir la dulzura y la sencillez a la
sonoridad de los poetas beduinos. Este cambio está enmascarado
hasta cierto punto por el uso de la casida, que, sin embargo, ahora
más que en el siglo anterior, adquiere un carácter ceremonioso: el
poeta que se presenta en la corte de los califas, o ante personajes
importantes, debe mostrar sus cualidades por medio de sus
casidas y es recompensado de acuerdo con ellas.
Hay que mencionar aquí el innato conservadurismo de los
árabes, que tendía a restringir al poeta a formas convencionales, y
de los poetas mismos, para quienes la poesía era la garantía de la
pura tradición del arte lingüístico árabe, y la casida, la más alta
prueba de la maestría del poeta en este terreno. En su interior, a
despecho del carácter convencional de su forma y de su materia,
la casida muestra un desarrollo que la aleja de los viejos temas
beduinos, y el panegírico y la sátira son tratados con una
originalidad considerable, adquirida no tanto por la creación de
estructuras nuevas como por la fusión de nuevos elementos con
los temas tradicionales, hasta tal punto que el efecto es casi el de
un arte completamente nuevo.
Sin embargo, esta poesía del siglo II prefigura ya la decadencia
del arte poético y el desarrollo del artificio, a la busca del
concepto ingenioso y de la metáfora original, comienzo de lo que
se llama badī‘, embellecimiento del verso con tropos y antítesis, y
entregada a una ingeniosa explotación de la morfología árabe.
Con el nacimiento de las escuelas filológicas, particularmente
de la de Basora, los poetas empezaron a perfeccionar su
formación lingüística mediante una instrucción sistemática
recibida de los filólogos. Ya esto se debe probablemente el
creciente carácter formalista de la poesía árabe en los siglos
posteriores, formalismo que en manos de poetas medianamente
dotados degeneró en una repetición casi mecánica de temas con
un ornamento superficial de badī‘.
En el siglo III de la hégira {siglo IX) se produce la única crisis
sustancial de la poesía árabe, si bien en el fondo se redujo a
considerar nuevos objetos poéticos, a intelectualizarlos más, a
aumentar la carga de electricidad ingeniosa y conceptista. En un
momento en que los poetas son prisioneros de sus propias
convenciones, y hasta cierto punto de su sociedad, se realiza el
esfuerzo, que no llegó a tener éxito, de romper estas
convenciones. Abū Tammām (m. 846) intentó revivir la sonoridad
de la poesía beduina y de emparejarla con el ornamento del badī‘,
a la vez que intentaba hacer de sus versos una estructura de
pensamiento más compleja. Ibn ar-Rūmī (m. 896) intentó crear
una nueva poesía introspectiva y analítica, en la cual cada poema
desarrollara un solo tema en una unidad orgánica. La originalidad
de esta poesía fue apreciada pero no imitada. El representante más
típico de este «modernismo» fue el príncipe abbasí Ibn al-Mu‘tazz
(m. 908), que adaptó libremente los temas y los metros
tradicionales a las epístolas poéticas y de circunstancias ya las
descripciones.
A partir del siglo X (siglo IV de la hégira), estas piezas de
descripción de la naturaleza, estas epístolas, estos poemas de
circunstancias, constituyen, con los epigramas y las ceremoniosas
casidas, la mercancía de los poetas menores de todo el mundo
musulmán. El empleo del badī‘es universal en poesía y se ha
convertido en el constituyente natural de la imaginación poética.
El desarrollo de los «modernistas» quedó helado en flor con la
aparición de la tendencia conciliadora y arcaizante de los
«neoclásicos», que triunfa definitivamente con al-Mutanabbī (m.
965), cuyo genio poético supo mezclar en sus justas proporciones
la casida árabe beduina y la dulzura y habilidad de la escuela
iraquí, estableciendo así, con vigor perpetuo, la norma eterna de la
poesía árabe. A partir de ese momento, salvo rarísimas
excepciones, la poesía árabe permanece idéntica a sí misma, sin
diferencias regionales, hasta principios de este siglo. Y todo poeta
árabe, sea cual sea su patria, hablará del desierto, de los restos del
campamento abandonado, de la vida beduina, que constituyen su
caudal mitológico, tan importante en la poesía árabe como la
mitología grecorromana en la poesía occidental.
La poesía árabe de al-Andalus, al igual que toda la cultura
hispanoárabe, deriva del Oriente musulmán.
Los árabes que entran en la Península Ibérica son hombres de
guerra, no hombres cultos, y su bagaje cultural es escaso, teniendo
en cuenta además que la poesía árabe sólo cuenta prácticamente
con la poesía preislámica, con sus poemas de elogio o de sátira.
Este tipo de poesía debe haber entrado en al-Andalus, ya que
forma parte de la tradición política árabe, y las diversas tribus,
que con sus rivalidades contribuyen a la anarquía de los primeros
años de la ocupación de al-Andalus, tienen que contar con sus
poetas para atacar a sus enemigos.
Pero a partir del emirato omeya, fundado por Abderramán I, se
establecen estrechos contactos con Oriente y empiezan a
desarrollarse toda una serie de disciplinas que en la época del
califato están ya en su esplendor.
En primer lugar los musulmanes de al-Andalus se ocupan de
las ciencias religiosas, por la necesidad de adoptar las
fundamentaciones religiosas que se están elaborando en Oriente.
Un gran número de hombres piadosos viaja hasta allí ya su vuelta
sobresalen como tradicionistas o doctores de la ley.
Los viajes a Oriente se convierten en el vehículo transmisor de
la cultura árabe; a las grandes metrópolis van los hombres cultos,
deseosos de perfeccionar su cultura, y al regresar traen las
novedades de Bagdad, toda la poesía de los «modernos», y más
tarde de los «neoclásicos», que son los que ejercen una influencia
viva, directa y eficaz en los poetas hispanoárabes.
El contacto cultural con Oriente empieza a dar sus frutos en la
época de Alhaquem I, muy interesado por la cultura y que envía
misiones científicas a Oriente, en donde, además de libros
científicos, llegan las primeras noticias y diwanes de los poetas
modernos. Poco después llega a al-Andalus el célebre cantor
Ziryab, que renueva el arte de la música y del canto y revoluciona
las costumbres y las modas, iraquizando la corte cordobesa en la
época del reinado de Abderramán II, emir que imita no sólo el
sistema gubernamental abbasí, sino su modo de vida, e incluso
crea una oficina de dádivas para los poetas como la existente en la
corte de Bagdad.
Desde muy pronto, pues, son bien conocidas en al-Andalus las
obras orientales, desde las casidas preislámicas hasta los diwanes
de los modernos y neoclásicos, especialmente al-Mutanabbī, y en
estas obras se inspiran los poetas andaluces, que logran la
perfección formal de sus poemas siguiendo los pasos de los
grandes poetas orientales, de los que adoptan la técnica y hasta las
imágenes. Pero también en al-Andalus se estudian con interés las
obras de los poetas preislámicos, cuyas producciones son el fondo
y el modelo clásico de la poesía árabe, y que aquí presionan a
través de todas las épocas. Así que la poesía oriental, con todo el
peso de su historia y de su grandeza, influye decisivamente en la
andalusí, y sobre ésta gravitan los tópicos orientales: las alusiones
al desierto; los topónimos de Arabia, de Siria, de Iraq; la
atribución a los contemporáneos de cualidades propias de los
antiguos beduinos; la estilización de la belleza femenina; las
circunstancias, personajes y situaciones que concurren y se pintan
en torno al amor y los amantes; mil lugares comunes que
encontramos repetidos en la poesía andalusí hasta los últimos días
de su historia.
En el siglo X se produce un hecho fundamental: después de un
largo período de ignorancia mutua, los elementos étnicos dispares
que pueblan la Península van poco a poco acercándose entre sí y
llegan a una especie de fusión muy favorable a la creación de una
literatura original.
A principios de este siglo, Muqaddam de Cabra crea la
moaxaja, producto típicamente hispanoárabe, caracterizada por la
estructura estrófica, desconocida en la poesía árabe, y por la
adición de un final en romance, la jarcha. Pero es un género
menor, que no puede sustituir a las formas poéticas vigentes en
Oriente; además, el Califato debía acompañarse de una poesía
comparable a la oriental, sin señales claras de provincianismo.
Córdoba, capital del califato omeya, ofrece ahora todas las
condiciones propicias para la formación de una poesía
característica, que si en un principio es un poco oficial, a
continuación se hace más independiente y más libre, hasta que
finalmente florece en el siglo XI con extraordinaria fuerza.
A finales del siglo X, Almanzor se rodea de una nutrida corte
poética y organiza reuniones literarias en las cuales todos los
poetas cantan las alabanzas del ministro.
En las postrimerías del califato se constituye un grupo literario,
aristocrático en sus orígenes, pero revolucionario en sus fines,
hostil al género de la moaxaja por considerarlo demasiado
popular, que defiende el arabismo por encima de todo, aunque sin
someterse enteramente a la influencia oriental y que proclama que
la buena literatura procede del genio del autor y no de la erudición
ni de la imitación; que el poeta nace, no se hace. Su cabeza, Ibn
Šuhayd, así como Ibn Hazm, son las voces más originales que se
hayan alzado nunca en al-Andalus; ya hemos visto cómo et
primero hacía gala de su originalidad frente a las convenciones
literarias tradicionales.
La grave situación que atraviesa al-Andalus a la caída del
califato y que da lugar a los reinos de taifas no afecta al cultivo de
la poesía, que es precisamente ahora cuando alcanza su apogeo.
Se desarrollan de forma exuberante las letras, y la poesía domina
sobre todas las actividades literarias y abre todas las puertas. Los
poetas, en número jamás igualado, llenan la Península,
constituyendo el ornato de todas las cortes, por pequeñas que
sean. Sobre todo Sevilla, con su rey poeta al-Mu‘tamid, que atrae
a multitud de poetas como Ibn Zaydūn de Córdoba, Ibn al-
Labbāna de Denia, Ibn Hamdīs de Sicilia, etc. Es ahora, en esta
época de los reyes de taifas, cuando encontramos un eco
indiscutible del proceso oriental.
Casi siempre en versos neoclásicos, y bajo la forma de casidas,
indicio claro del aumento de estas influencias orientales, se tratan
todos los temas imaginables: sátiras, elegías, poemas ascéticos, de
amor o de guerra, panegíricos, canciones báquicas y eróticas; se
abordan todos los géneros, y los más menudos incidentes de la
vida cotidiana se cuentan en verso; sin embargo, los poetas
manifiestan predilección por las descripciones, tanto de la
Naturaleza como de las ciudades, de los jardines, de los animales
o de las personas.
La invasión almorávide supone un brusco corte en la vida
cultural andalusí. Los almorávides, beréberes, apenas comprenden
el alcance de la cultura árabe y paralizan la vida literaria de al-
Andalus. Nadie aprecia la poesía, y los poetas, sintiéndose en un
ambiente asfixiante, cerrado y hostil, lanzan amargas quejas
contra la situación presente. Tienen que plegarse al nuevo estado
de cosas para subsistir, y unos se adaptan y entran al servicio de
los nuevos señores, pero otros andan errantes e incomprendidos,
de ciudad en ciudad, e intentan evadirse de la realidad,
proyectando sus deseos de huida y de emigración sobre un
Oriente que los comprenda; o añoran las grandes capitales
islámicas, añoranzas en las que late la conciencia de un valer que
su patria no aprecia y que podría abrirse camino en los grandes
centros del Islam; también se entregan a la vanagloria como
venganza contra la incomprensión reinante.
Otro recurso de los poetas en esta época es el cambio de
técnica. Puesto que no hay cortes que premien sus elogios o
aplaudan sus casidas, halagarán los gustos de un público más
numeroso y menos selecto, porque al atraérselo amplían el círculo
de la poesía y aumentan sus medios de vida, y resurge así la
moaxaja, que seguirá cultivándose hasta el fin de la dominación
árabe en España, aunque en la Granada nazarí ya esté
anquilosada, y aparece el zéjel, creado por Ibn Quzmān, y que tras
él irá decayendo a lo largo de la época almohade.
La reacción de los hombres cultos frente a un pasado que se
agiganta ante sus ojos, conscientes de vivir el declinar de la
poesía hispanoárabe, consiste en compilar grandes antologías
destinadas a salvaguardar la herencia del pasado, la brillante
poesía de los reinos de taifas. Todavía los antólogos excluyen de
sus colecciones a la moaxaja por popular y poco solemne, por no
ajustarse a la métrica clásica; pero a partir de ahora, y hasta el
final de la dominación árabe en España, va creciendo la
estimación por ella y va siendo admitida progresivamente en las
antologías.
Sólo Valencia mantiene la tradición cultural anterior a los
almorávides, y con Ibn Jafāŷa (m. 1138) y su sobrino Ibn az-
Zaqqāq (m. 1134) se crea una escuela de poetas paisajistas que
aún supieron reanimar el andamiaje de la casida y renovar el
caudal de las metáforas.
Con la aparición de los almohades termina este eclipse: más
que de un eclipse real habría que hablar de la conciencia del vacío
que deja la poesía, especialmente en Sevilla, cuando cae
Mu‘tamid ibn ‘Abbad. La entrada de los almohades en la
Península trae nuevos aires de tolerancia y la vida cultural renace.
Como indicio del interés que los nuevos invasores sienten por la
cultura y por la poesía está la recepción que ‘Abd al-Mu’min da
en el año 555 (1160 de la era cristiana) al desembarcar en
Gibraltar, donde permaneció unos meses antes de volverse a
Marruecos. A ella acudieron a prestarle juramento los notables de
al-Andalus, y recibió a los poetas, cosa que no se había hecho
antes. En esta ocasión ar-Ruşāfī recitó un largo elogio del califa
almohade (poema núm. 50) en el que, con un lenguaje oscuro
(tanto que Dozy comenta que el mismo poeta se habría visto en
apuros para explicar lo que quería decir) y lleno de resonancias
coránicas, saluda el advenimiento de la nueva dinastía como
salvadora de la ortodoxia islámica e identifica a Ibn Tūmart,
iniciador del movimiento almohade, con Moisés ya. ‘Abd al-
Mu’min con Josué.
Los almohades traen la paz después de un largo período de
anárquicas taifas, y el siglo que duró su gobierno (hasta 1269)
representa un remanso de tranquilidad y sosiego, favorable al
renacer de la cultura. Es la edad de oro de las ciencias y de la
filosofía, el último momento creador del Islam en al-Andalus y
punto culminante de la reacción frente a Oriente. Es la época de
Averroes, de Ibn Tufayl y del florecimiento de la mística con Ibn
‘Arabī.
También la poesía tiene su momento de esplendor, que todavía se
advierte más después del eclipse cultural que había supuesto el
gobierno de los almorávides, y vuelve a ser cultivada, pues
encuentra otra vez soberanos que la protejan. Hay de nuevo una
pléyade de poetas en Sevilla, en Granada, que heredan el legado
poético de la época de los taifas. Pero la poesía clásica hispano-
árabe está tocada de muerte -ya no hay grandes poetas- e irá
declinando hasta el final de Granada, igual que la poesía popular,
moaxaja y zéjel, que había tomado carta de naturaleza en esta
época. El contacto con Oriente se ha cortado, y al-Andalus vive,
ya para siempre, de su pasado y aún ha de alimentar a los nuevos
Invasores.
Sevilla vuelve a ser la capital más importante y en ella vive el
poeta más famoso de la época almohade, Ibn Sahl, muerto en
1251, ahogado en el Guadalquivir. La escuela levantina creada
por Ibn Jafāŷa tiene un epígono en ar-Ruşāfī, que ya no vive en
Valencia.
Ar-Ruşāfī (Abü ‘Abd Allāh ibn Galib) nace en la Ruşāfa de
Valencia y muere en Málaga en el año 1177 (572 de la hégira).
Toda su vida, pues, transcurre dentro del siglo XII, en una época
particularmente agitada de la historia de los musulmanes de al-
Andalus.
Recordemos que después de que los almorávides acaben con
los reinos de taifas, y tras una temporada de relativa calma en que
los conquistadores mantienen su poder frente a los cristianos
(salvo frente a Aragón, cuyo rey Alfonso el Batallador conquista
Zaragoza en 1118) en campañas nunca definitivas, en el año
519/1125-6 se desencadena la campaña almohade que hará
tambalearse al imperio almorávide.
Al lado de la aparición del movimiento almohade, los reinos de
Portugal y Castilla, con la subida al trono, respectivamente, de
Alfonso Enríquez y del emperador Alfonso VII, están ya en
condiciones, para estas mismas fechas, de enfrentarse con éxito a
los musulmanes, por la que toman la iniciativa contra un poder
que entra en franca decadencia y pronto ha de llegar a la ruina.
Los almorávides, ocupados en luchar contra el Mahdī Ibn Tūmart
y después contra. ‘Abd al-Mu’min, no pueden proteger a los
musulmanes españoles de los ataques cristianos.
A la muerte del segundo califa almorávide, ‘Ali ibn Tašfīn, en
1143, se inicia un largo período de anarquía en que revive- una
nueva época de taifas, con numerosos jefes hispanoárabes,
rebeldes al poder almorávide, que defienden sus independencia
frente al nuevo invasor bereber, los almohades. Van a transcurrir
treinta años de luchas antes de que estos últimos consigan
dominar la rebelión hispanoárabe. El último rebelde, Ibn
Mardanīš -el Rey Lobo de las crónicas cristianas-, muere en 1172
y recomienda a su hijo que se someta a los almohades.

Ninguno de los acontecimientos de la época que tienen por


escenario su tierra natal, salvo la llegada de ‘Abd al-Mu’min a
Gibraltar, pretexto para su elogio, se refleja en el diwan de Ar-
Ruşāfī; quizá también sean reflejo de la política los panegíricos a
otros señores poderosos de la época, como los dedicados a al-
Waqqašī, visir de Ibn Hamušk, el suegro de Ibn Mardanīš, al
gobernador de Granada, o las alusiones a muertes violentas que
aparecen en algunas elegías.
No se sabe en qué fecha nació ar-Ruşāfī ni a qué edad
abandonó Valencia, por la que siempre sintió nostalgia,
sentimiento que le inspiró encendidos poemas de amor donde
describe los lugares más notables de la región, como la Rusafa, el
Puente Ma‘an o la Albufera.
Si hemos de creer a al-Marrākušī, cuando recitó el elogio de,
‘Abd al-Mu’min en. Gibraltar no tenía aún veinte años; esto
fecharía su nacimiento hacia el 536 (1141-42), y al morir en 1177
no tendría más de treinta y tantos años. Pero ninguna fuente árabe
se hace eco de esta muerte temprana y parece lógico descartarla.
Tampoco se sabe en qué fecha, ni a qué edad (cuando era niño,
dicen las fuentes árabes), ni por qué razón se trasladó su familia a
Málaga, ciudad que fue su residencia habitual hasta su muerte,
aunque pasase temporadas en Granada, cuyos lugares de recreo
menciona en sus poemas (por ejemplo, Naŷd aparece citado en los
poemas 30, 36 y 38); al parecer hizo además algunos otros viajes
a Sevilla y al otro lado del Estrecho. Apenas hay datos sobre su
vida, salvo .que nunca se casó y que era sastre de arreglos, oficio
que le permitía prescindir de mecenas y de tener que recurrir a
elogiar a los poderosos para ganarse la vida. Fue amigo de los
poetas contemporáneos suyos y parece haber disfrutado con las
excursiones y tertulias literarias en los jardines y lugares de recreo
de Málaga y de Granada.
Desde muy joven mostró notables aptitudes poéticas que
merecieron el aplauso de sus maestros. La primera actuación en
público de ar-Ruşāfī que conocemos tuvo por marco la recepción
dada a los poetas por ‘Abd al-Mu’min en Gibraltar. El hecho de
haber sido convocado con los demás poetas parece indicar que su
fama había traspasado los, límites de Málaga para llegar hasta el
califa almohade.
Ya hemos hablado de algunas características de este largo
poema, donde se muestra partidario de la nueva dinastía,
expresión del cansancio que los años de anarquía había producido
en los habitantes de la Península. Ihsān ‘Abbas, editor del Dīwān
de ar-Ruşāfī, señala cómo la influencia de Ibn Jafāŷa está presente
en la mente de ar-Ruşāfī al componer este elogio, especialmente
en los versos donde describe el monte de Gibraltar como un
anciano meditabundo, comparación que ya había hecho Ibn
Jafāŷa. Otra semejanza que señala Ihsān ‘Abbas es que ambos
poetas saludan el advenimiento de una nueva dinastía: Ibn Jafāŷa,
la almorávide, y ar-Ruşāfī, la almohade.
Con este panegírico parece que ar-Ruşāfī va a convertirse en el
poeta áulico de la dinastía almohade; sin embargo, cambia su
orientación y se dedica a continuar la escuela de poetas paisajistas
de Valencia iniciada por Ibn Jafāŷa, al que también imita al
renunciar a vivir de la poesía, si bien Ibn Jafāŷa era un rico
terrateniente que podía prescindir sin problemas de la poesía
como medio de vida.
ar-Ruşāfī no quiere llevar la vida de los poetas asalariados,
siempre detrás de un mecenas dispuesto a pagarles sus
panegíricos. Esto no significa que no haga elogios siempre que le
parezca conveniente, pero se enorgullecerá de su independencia
frente a los poderosos; de que éstos, movidos por su fama, acudan
a él para encargarle sus panegíricos (como sucede, por ejemplo,
con el elogio de al-Waqqašī, núm. 47); orgullo que hace pensar en
la conciencia crítica de algunos poetas cuando meditan sobre los
elogios que han compuesto, por ejemplo, al-Mutanabbī, el poeta
que más influencia ejerció sobre los andaluces, y, en la época
almorávide inmediatamente anterior, Ibn Baqī. Además, ar-Ruşāfī
es consciente de que los poderosos necesitan a los poetas para ser
eternizados.
Esta postura crítica ante la vida cortesana de los poetas puede
quizá entenderse teniendo en cuenta el carácter de ar-Ruşāfī tal
como nos lo pintan las fuentes árabes: tímido, retraído, paciente,
con una gran tendencia al ascetismo y un planteamiento ético ante
la vida, postura que se encuentra en alguna de sus epístolas
poéticas (poemas 58 y 59). Las fuentes árabes mencionan que no
bebía vino, aunque su continencia o su ascetismo no aparezcan
reflejados en su poesía, que canta los temas tradicionales: las
veladas dedicadas al vino, la descripción de jóvenes, sin que esto
necesariamente quiera decir que se trate de un interés real por
parte de ar-Ruşāfī, pues fundamentalmente son temas que
permiten manifestar la maestría y los recursos poéticos y
metafóricos del poeta y donde éste puede intentar renovar o
recrear las imágenes tradicionales.
Ar-Ruşāfī es un poeta «neoclásico», culto y arcaizante. Nunca
emplea formas populares, como la moaxaja o zéjel, que viven por
entonces su edad de oro con numerosos cultivadores, con Ibn
Quzmān, el más genial y original de los poetas hispanoárabes, a la
cabeza de los zejeleros.
Ar-Ruşāfī tuvo fama de ser el mejor poeta de su tiempo: sus
poemas descriptivos y báquicos eran bastante apreciados y
aparecen recogidos en diversas antologías. El lector español
puede encontrar algunos editados y traducidos por E. García
Gómez en El Libro de las banderas de los campeones de Ibn
Sa‘id al-Magribí, Madrid, 1942, que Seix Barral, Barcelona,
1977, ha vuelto a publicar recientemente, y en Poemas
arábigoandaluces, Madrid, 1940.
Los críticos árabes contemporáneos, siempre pensando en las
grandes figuras de Oriente, lo comparan con frecuencia con el
abbasí Ibn ar-Rūmī por sus intentos de renovar las metáforas y de
crear nuevas imágenes, si bien hay que advertir que en ar-Ruşāfī
domina la imagen visual sobre el concepto intelectual.
Ar-Ruşāfī corregía y retocaba sus poemas hasta conseguir la
perfección deseada; esto quizá se refleja en la artificiosidad de
algunos poemas, especialmente en los más largos, por ejemplo, el
elogio de ‘Abd al-Mu’min, que oscurece bastante su
comprensión.
Los poemas breves se prestan mejor a la ligereza, a la gracia
de la imagen y es en ellos donde ar-Ruşāfī sobresale, acumulando
metáforas y comparaciones más o menos originales. Se siente el
heredero legítimo de la escuela levantina de Ibn Jafāŷa y de Ibn
az-Zaqqāq. Ya hemos comentado cómo sigue el ejemplo de Ibn
Jafāŷa y cómo su poesía está presente en nuestro poeta. También
Ibn az-Zaqqāq influye en ar-Ruşāfī, no en los poemas largos, sino
en las piezas breves, donde emplea recursos, como la
dramatización de las metáforas, para renovarlas; recurso que ya
había sido empleado por Ibn az-Zaqqāq: un ejemplo sería
(siguiendo a don Emilio García Gómez en su estudio sobre Ibn
az-Zaqqāq de 1956) el poema número 12, donde, partiendo de la
comparación tópica talle esbelto = rama, tenemos que la rama ha
robado la esbeltez del talle del joven carpintero y éste, en castigo,
la corta y la talla.
Son, sin embargo, más frecuentes las comparaciones,
introducidas por «como», «se diría», «parece», etc.
También utiliza a menudo el esquema de canción popular
«ellos dijeron... yo dije», que en Oriente había elaborado y
perfeccionado ‘Umar ibn Abī Rabī‘a (m. 711) y que alcanzó gran
desarrollo en la poesía posterior.
Los poemas largos siguen el esquema de la casida clásica: un
preludio amoroso (en el poema 48, Hind es nombre de mujer;
incluso la elegía número 45 comienza con un encendido preludio
amoroso dedicado a Valencia), al que sigue una parte descriptiva
(en el elogio de ‘Abd al-Mu’min, los versos dedicados a la
descripción de los barcos y de Gibraltar) para llegar por fin al
motivo principal del poema, el elogio propiamente dicho del
personaje y su familia.
Aparte del esquema tripartito de la casida, en estos poemas se
observa también el afán arcaizante de ar-Ruşāfī. La mitología del
desierto: el campamento, las tiendas y su montaje, las cabalgadas
nocturnas, la importancia de la lluvia, etc., está presente en todos
ellos. Son también numerosas las alusiones más concretas y
particulares: Siqţ al-Liwà en el poema número 48, elogio de al-
Waqqašī, es un homenaje al poeta preislámico Imru l-Qays y su
Mu‘allaqa; en este mismo poema, versos antes, parafrasea el
título de un diwan de un gran poeta sirio" al-Ma‘arrī (m. 1057),
Saqţ al-zand (La chispa del eslabón); en el poema número 45
incorpora al contexto el nombre de un famoso poeta preislámico,
Ta’abbata Šarran, «el que trae el mal bajo el brazo» (ta’abbaţa li
šarran, «me trae malas noticias»); en este mismo poema, la
descripción del amigo muerto recuerda una de las elegías de la
poetisa al-Jansa' (m. 646) a la muerte de su hermano Şajr (Dīwān
al-Jansā’, Beirut, 1963, pág. 30). En la elegía a al-Ŷudāmī habla
de hombres en los que el hambre no hace mella, otro de los
tópicos de la poesía del desierto que describe la resistencia de los
hombres frente al hambre, forzados por las duras condiciones de
la vida del desierto. El poema 38 menciona la caravana, el
campamento, los leones del desierto; compara a las mujeres con
arqueros (los ojos lanzan flechas que hieren al amante) cuyo
estrago es semejante a los de las célebres batallas entre las tribus
árabes en la época preislámica, conocidas por Ayyām al-‘Arab
(Días de los árabes), y llama día de an-Naqā (lugar de Granada o
Málaga) al día en que vio a la mujer cuyo amor le mueve a
escribir el poema.
Emplea también otros tópicos de la poesía árabe como la
figura del amado que visita en sueños al amante (poemas 38 y
43); el perfume del saludo o de la fama; la generosidad
comparada siempre con la nube que trae la lluvia; la boca vista
como una margarita cuyos pétalos serían los dientes (poema 9),
etc.
Ar-Ruşāfī, sin ser uno de los grandes poetas hispanoárabes, es
un personaje hasta cierto punto singular. Ya hemos hablado de una
de sus peculiaridades frente al modo de vida de los poetas árabes
de cualquier época y de cualquier región: el orgullo de tener un
oficio con que cubrir sus necesidades vitales y de no verse
obligado a poner en venta sus poemas.
Otra sería, en una poesía tan convencional como a menudo es
la árabe, el ardiente tono nostálgico en que canta a su tierra natal,
Valencia, y el acento personal de sus elegías: la insistencia en
escribir poemas a la muerte de un tal Yūsuf, desconocido para
nosotros, deja sentir un pálpito humano poco frecuente en la
poesía hispanoárabe en lengua clásica; lo mismo puede decirse de
la elegía que en esta traducción lleva el número 44.

A continuación voy a pasar revista a los poemas con el fin de


aclarar metáforas y comparaciones a las que no haya aludido
todavía y que puedan resultar difíciles de comprender para el
lector occidental.
Las lágrimas son siempre rojas y se comparan con cosas rojas:
vino (poema número 14; cornalina (número 34, en la traducción
no he conservado la metáfora); sangre (número 38, ojos heridos,
que vierten sangre = lágrimas; número 41, lágrimas = sangre que
sale de una herida = ojos); oro rojo (número 39, no he conservado
la metáfora en la traducción); alazor que tiñe los párpados de rojo
(número 46), etc.
En el poema número 7 se acumulan varias metáforas
tradicionales: la noria, con el ruido que hace al girar, es un amante
que gime; los cangilones son los párpados que lloran; el agua son
las lágrimas, pero también es una espada, cuyo puño, mientras se
vierte, es el cangilón, que es a la vez la vaina de la espada cuando
el agua no fluye.
El poema número 8 está puesto en boca del mismo baño, cuyos
adornos lo convierten en un jardín (piénsese en los alicatados de
los zócalos hispanoárabes a base de estilizados motivos vegetales
o de estrellas). Al mismo tiempo el baño es un amante que se
queja de su pasión, pues su pecho, la caldera del agua caliente,
arde, mientras llora con el vapor que hace sudar.
En el número 14, los ojos son flores y la saliva es el rocío que
humedece (y alegra) a las flores; las lágrimas se comparan con el
vino.
En el número 19, la saliva es néctar; los dientes, perlas
brillantes que hacen resaltar la oscuridad de la noche y
deslumbran a las constelaciones; la cara es un jardín con
amapolas = las mejillas, y arrayanes = el bozo, los aladares o las
patillas.
En el número 38, como las miradas son flechas, las mujeres
que miran son los arqueros que las disparan.
En el número 47 se compara a los dones del poderoso con
jóvenes y corceles en busca del poeta.
En el número 58, ar-Ruşāfī recoge el tópico de la elocuencia y
pureza en el lenguaje de los habitantes del desierto de Arabia; los
grandes gramáticos de los primeros siglos iban al desierto a
recoger materiales para sus compilaciones lexicográficas o para
dar autoridad a sus sistematizaciones de la gramática árabe con el
testimonio de los usos lingüísticos de los beduinos; los califas
omeyas enviaban allí a sus hijos para que aprendieran bien la
lengua árabe. Los habitantes de Silves (Portugal) tenían fama de
elocuentes.
Creo que esto es suficiente para entender, sin necesidad de notas,
los poemas. Sólo me resta añadir esta pequeña lista de las
metáforas más frecuentes:
agua = manto (número 2); túnica (número 5); espada (número 7).
amapolas = mejillas (número 19).
arrayán = bozo (número 19).
cangilón = párpado, puño de la espada, vaina ( número 7).
dientes = perlas (número 19).
flores blancas = estrellas (número 22).
joven negro = noche (número 22).
lágrimas = vino (número 14); sangre (núm. 41).
margarita = boca (número 9).
mejillas = rosas (número 10).
miradas = flechas (número 38).
ojos = flores (números 9 y 14).
oro rojo = lágrimas (número 39).
perla blanca = cuerpo del amigo (número 39).
perlas = lágrimas (núm. 38).
rama = talle (número 31).
río ondulado = cota de mallas ( número 28).
saliva = néctar ( número 19).
sonrisa = flor (número 56).
sudor = rocío (número 10).
sueño = vino ( número 21).

El texto original de esta traducción es el Dīwān ar-Ruşāfī,


editado por Ihsān ‘Abbās en Beirut, Dār at-Taqāfa, 1960. No
contiene todos los poemas del poeta, pues si bien en su época
circulaban recogidos en diwan, éste no ha llegado hasta nosotros;
la edición de I. ‘Abbās recoge poemas espigados en diversas
fuentes árabes, tanto editadas como manuscritas. Dada la inmensa
cantidad de obras que se han perdido y de manuscritos árabes de
difícil acceso, es probable que aparezcan más poemas de ar-
Ruşāfī en obras no estudiadas por el editor. Así en el manuscrito
de la Ihāţa fi ajbār Garnāţa de Ibn al- Jaţīb, que figura en la
Biblioteca de El Escorial con el número 1673, en las páginas 59-
63, dedicadas a la biografía de ar-Ruşāfī se encuentran algunos
poemas que no aparecen en el Dīwān ar-Ruşāfī (poemas números
27 y 28), y se completan los poemas números 16, 26, 45 y 46; en
la edición de la Ihāţa de M. A. Enan, estos poemas figuran en el t.
II, El Cairo, 1974, págs. 505-515.
Se encuentran también poemas inéditos en al-Ikmāl wa-l-I‘lām
fi silat al-I‘lām bi-mahāsin al-a‘lām min ahl Mālaqa al-Kirām,
conocida generalmente por Ta’rīj Mālaqa (Historia de Málaga),
de Ibn ‘Askar (m. 1239 ), manuscrito de una biblioteca particular
de Marruecos, que, fotocopiado, obra en poder de doña Soledad
Gibert y don Joaquín Vallvé, que amablemente han puesto a mi
disposición los folios en qúe Ibn ‘Askar se ocupa de la biografía
de ar-Ruşāfī. De esta biografía, a la cual le falta el principio, y
donde se completan los poemas números 12, 15 y 16, he tomado
dos poemas descriptivos, los números 9 y 11.

Los poemas están ordenados por temas; no guardan, por tanto,


la numeración del Dīwān editado por I. ‘Abbās, que responde a
una ordenación según la rima. En el apartado VARIOS reúno los
poemas de circunstancias, felicitaciones, saludos, epístolas poéti-
cas, versos sueltos, etc. He incluido al final la correspondencia en-
tre mi numeración y la de Ihsān ‘Abbās.

Es un lugar común hablar de las dificultades de traducir


poesía, pues aunque los conceptos puedan expresarse en cualquier
idioma, la forma no es susceptible de ser vertida a otra lengua. Si
a esto añadimos que la poesía árabe está más sujeta a la forma que
a la carga conceptual, que las metáforas con frecuencia requieren
explicaciones y glosas, se comprenderá que una traducción literal
sería un galimatías para las personas no acostumbradas a los
símiles árabes.
Por eso, aunque sin tomarme demasiadas libertades, ésta es
una traducción libre, donde algunas metáforas, inteligibles en
árabe pero no en castellano, aparecen ya interpretadas.
He tenido en cuenta las versiones castellanas publicadas por
don Emilio García Gómez en El Libro de las Banderas de los
Campeones de los poemas números 3, 12, 16 y 25, así como la
traducción de la primera parte del poema número 45, publicada
por don Elías Terés Sádaba en la revista «al-Andalus», vol. XXX
(1965), página 293.
Esta traducción fue en su día el trabajo que presenté como
Memoria de Licenciatura en 1972, bajo la dirección de don
Fernando de la Granja. Pasados los años, fue María Jesús Viguera
quien me convenció y animó a revisar, retocar y casi rehacer la
traducción con vistas a publicarla. Mahmud Sobh me ayudó en
algunas dificultades; antes lo había hecho Yusuf Salem. Y
Mercedes García Arenal me puso en contacto con Jesús Munárriz,
que publica estos poemas. Sean estas líneas el testimonio de mi
cordial gratitud a todos ellos.
BIBLIOGRAFIA

al-Andalus, en la Encyclopédie de l'Islam, 2." ed., t. I, 501-519.


‘Arabiyya, en Encyclopédie de l'Islam, 2." ed., t. I, 579-621.
BLACHÈRE, R.: Histoire de la Littérature arabe des origines à
la fin du XV siècle de J. C., París, 1964.
GARCÍA GÓMEZ, E.: Bagdad y los Reinos de Taifas, «Revista
de Occidente», tomo XLIII, núm. CXXVII (enero-marzo,
1934), 1-22.
-Cinco poetas musulmanes, Madrid, Espasa-Calpe, colección
Austral, 1944.
-Convencionalismo e insinceridad en la poesía árabe, «al-
Andalus», V (1940), 31-43.
-Discurso a los «Sevillanos en Madrid», 8-VI-1978, recogido en
Tres discursos y dos prólogos recientes, 1972-1978,
Madrid, Club Urbis, 1979, pp. 27-33.
-Un eclipse de la poesía en Sevilla: La época almorávide,
discurso leído el día 22 de noviembre de 1945, en su
recepción pública en la Real Academia Española, Madrid,
1945.
-Ibn al-Zaqqaq. Poesías, Madrid, Instituto Hispano-Arabe de
Cultura, 1956.
-El Libro de las Banderas de los Campeones de Ibn Sa‘īd al-
Magribī, Madrid, 1942; lo ha publicado de nuevo Seix
Barral, Barcelona, 1977.
-Una obra importante sobre la poesía arábigoandaluza. Reseña
del libro del prof. H. Pérès, «al-Andalus», IV (1936), 383-
316.
-Poemas arábigoandaluces, Madrid, Colección Austral, 1943.
-La poesía arábigoandaluza. Breve síntesis histórica, Madrid,
Instituto Egipcio de Estudios Islámicos, 1952.
GIBERT, SOLEDAD: «La escritura de tijera» en unos versos de
al-Ruşāfī, «al-Andalus», XXXII (1968), 471-473.
GRANJA, FERNANDO DE LA: La descripción del cálamo de
Ibn Gālib al-Ruşāfī, «al-Andalus», XXVII (1962), 457-
460; y en Maqāmas y risālas andaluzas, traducción y
estudios por F. de la Granja, Madrid, Instituto Hispano-
Árabe de Cultura, 1976, páginas 129-137.
MEZ, A.: El Renacimiento del Islam, trad. esp. de Salvador Vila,
Madrid, 1936.
NICHOLSON, R. A.: A Literary History of the Arabs, Cambrid-
ge, 1907.
PÉRÈS, H.: La poésie andalouse en arabe classique au XIe. Siè-
cle, París, 1953.
TERÉS, E.: Algunos aspectos de la emulación poética en al-
Andalus, en Homenaje a Millás Vallicrosa, Barcelona,
1954-56, tomo II, pp. 445-466.
-Literatura arábigoespañola, Apéndice de la Islamología de F. M.
Pareja, Madrid, editorial Razón y Fe, 1952-54, pp. 979-
1009.
-Préstamos poéticos en al-Andalus, «al-Andalus», XXI (1956),
415-422.
-Textos árabes sobre Valencia, «al-Andalus», XXX (1965), 291-
307.
VIGUERA, Mª Jesús: Un planteamiento de la función histórica;
cinco fetuas egipcias del siglo IX/XV, «Revista de la
Universidad Complutense», vol. XXII, núm. 87 (julio-
septiembre 1973), pp. 285- 306.
POEMAS DESCRIPTIVOS Y BÁQUICOS

UN PINO EN EL JARDIN

Muestra el jardín la herrumbre de la fuente


cuyas aguas compiten con la brisa;
y junto a la corriente alza su tronco
un pino que penetra en sus entrañas.
Parecen, él y sus raíces,
por donde el agua se derrama en ondas,
una sierpe enroscada con sus crías.

COMO SI FUERA PLATA

Como si fuera plata


corre el arroyo,
las entrañas ocultas
y el manto azul;
y un pino con el agua
ajorcas trenza.

EL GUADALQUIVIR ENTRE ÁRBOLES

Entre orillas pendientes, se diría


que nace de una perla por su pureza.
A la tarde, las grandes arboledas
lo cubren con su sombra
que da a las aguas un color de herrumbre.
Azul, con la túnica oscura,
es como un guerrero tendido
a la sombra de su bandera.

EL ARROYO EN ESTIO

Las sequías lo fueron agotando


hasta que amaneció
cual la guedeja de un cometa.

LA RUŞĀFA DE VALENCIA

¡No hay morada cual la Ruşāfa!


Lluvias primaverales le dan las nubes.
La nostalgia por ella y por los míos
me hace sufrir como al poeta de Mosul1

ARROYO DE LA MIEL2

Tus orillas, ay río de la miel,


¡qué bien calman la sed de un corazón
por tu amor derretido como el eco!
No me invita la sed a ningún otro río
1
Se refiere a al-Sarī ibn Ahmad al-Kindī al-Raffā’ (m. h. 976), que vivió en
la corte de Sayf al Dawla en Alepo. Igual que al- Ruşāfī, era sastre de
arreglos y vivió lejos de su tierra natal, Mosul, la mayor parte de su vida.
2
Lugar de Málaga.
pues siempre eres ameno en las horas de holganza.

LA NORIA

Gime con tal tristeza


que cautiva a las almas.
Al verla entre los arriates
la tierra seca dice: No me toques.
Las flores sonríen cuando llora
con lágrimas que ignoran las desgracias,
y de sus párpados sale una espada
cuya vaina es también su empuñadura.

EL BAÑO

Mira mis hermosísimos adornos


que te hacen olvidar la primavera;
si el mar pudiera hacerse de jardines
habría recogido este vergel admirable.
Me riega Dios con lágrimas de mis ojos
y el fuego de mi pecho no me protege;
el dolor no lo siento sólo en el pecho
cuando soy desgraciado todo yo.
¿Qué opinión te merezco,
a ti que estás en mi interior seguro?
¿No soy acaso el más hermoso albergue?

9
LA MANZANA

Le han regalado una manzana, roja,


del color de sus mejillas.
Ha querido besarla y la manzana
su boca ha visitado
en contra del deseo de los ojos.
¡Flores de sus pupilas,
permitid que me acerque a sus mejillas!
¿Por qué viene la manzana
hasta la margarita de su boca
a llamar a la puerta del deseo?
Acaso había tomado su fragancia
del aroma de sus labios
y ahora llega, avergonzada,
a devolverles su perfume.

10

EL JOVEN DORMIDO

Delgado como una rama,


la gracia de su cuerpo robada por el sueño,
dormía, la mejilla
rezumando sudor, y pensé al verlo:
Estas rosas se riegan con su propio rocío.

11

EL JOVEN ESBELTO

Alegre sobre el arenal, esbelto,


su propio aire lo cimbrea
en el jardín de la juventud.
La noche es tan oscura como sus rizos,
¡ojalá su presencia disipase
las tinieblas de la oscuridad!
Les digo: Ha cometido un crimen contra mí,
mas ¿dónde está mi sangre ? ¿dónde sus armas?

12

EL CARPINTERO

Me dijeron un día al verlo, esquivo


como una gacela jugando con su manada:
«Es carpintero.» y repliqué:
Quizá su oficio haya aprendido
aserrando corazones con los ojos.
¡Desgraciadas las maderas que va a tallar!
Corta unas veces y otras golpea.
La madera recibe ahora el castigo
de robarle, cuando rama,
la esbeltez de su talle.

13

EL CALDERERO

Me dijeron un día que lo vieron


manejando el cincel ensimismado:
«Es un orfebre.» y repliqué:
Del amor es metáfora su oficio
desde aquella mañana en que la miró arrobado.
Convierte el cobre rojo en oro fino
al fundirlo, extenderlo y golpearlo:
su rubor es indicio de vergüenza,
su palidez, del temor al reproche.

14
EL NIÑO QUE FINGIA LLORAR

Disculparé a este picaruelo


que se muestra melancólico
pues bien sé lo que intenta su palidez.
Tierno y garboso, a hacer gracias le lleva
su travesura y el encanto le asiste:
con saliva humedece los pétalos de sus ojos
para imitar el llanto -¡así sonríen las flores!-
y piensa que son lágrimas las que bañan sus párpados,
mas ¿prensando narcisos puede obtenerse vino?

15

EL QUE TRABAJA LA SEDA

Aquel a quien sólo nombro


con alusiones e indirectas
es igual en belleza a las gacelas;
con él pueden usarse las metáforas
que con ellas usamos :
es un joven esbelto
que con la boca coge la seda
igual que la gacela muerde la hierba.
Mi pecho envuelve, como un manto,
el ascua de pasión que hay en mi alma.
Mi corazón es su morada
por más que viva en otra casa.
¡Bendiga Dios cualquier lugar que habite!

16

EL TEJEDOR

Dicen y me censuran porque lo amo:


«¡Ojalá no quisieses a ese joven
de condición humilde!» y yo respondo:
Si tuviese poder sobre el amor
así lo haría, mas no lo tengo.
Los instintos se humillan ante la hermosura,
la belleza es un rey que reina donde hace alto.
Lo amo por las perlas de su boca fragante,
por su tez nacarada y por sus negras pupilas.
Te dirige, al volverse, si lo observas
sus miradas de tímida gacela.
Lejos de mí querer sustituirlo,
¿por quién lo cambiaría?
Y si se le reprocha el quehacer de su mano,
nadie es mejor que él cuando descansa.
Es una gacelilla cuyos dedos
tejen cual si siguieran
del amoroso pensamiento el hilo;
alegres, juguetean
con el telar sus dedos
como juegan los días con los reinos.
Y si sus dedos se cansan,
yo lo rescataré de su fatiga.
La trama oprime con las manos
o pisa con los pies, como gacela
que lucha entre los lazos del cazador.

17

EL JOVEN GUERRERO

Con la loriga de batido hierro,


orgulloso, en la mano la espada,
en medio del combate parecía
un mar que vierte en arroyos
la sangre de los valientes.

18
UNA RAMA DE SAUCE

Una rama de sauce contemplaba


los movimientos de su talle.
¡Cuánto se esfuerza la brisa
por imitar su gracia sin lograrlo!

19

EL NECTAR DE SU BOCA

El néctar de su boca
se escancia en copas de perlas.
El Can1 ladra envidioso y, deslumbrado,
acusa al sol cuando amanece:
con la saliva aún brillan más las perlas
y su fulgor aumenta las tinieblas.
El que no entiende ignora que su rostro
es un jardín con arrayanes y amapolas;
con estas flores, se diría, lo apedreo
y me sonríe apartando las mejillas.

20

EL TAÑEDOR DE LAUD

Acompaña al laúd que tañe con la diestra


con una voz donde derrama tanta dulzura,
que las palomas, de entusiasmo, se desvían,
olvidando llevar hasta sus nidos
la comida que traen para sus hijos.

1
Can Mayor, constelación austral cuya estrella más brillante es Sirio.
21

EL SUEÑO

Marchando por la noche presurosos,


unos a otros, sin copas, se pasaron
el vino del letargo;
doblados sobre el lomo del camello,
parecían besar sus patas.
Rechazaron el sueño, que era dulce,
hasta que como el vino
se les subió a la cabeza.

22

DEL ALMENDRO LA FLOR

Del almendro la flor cogió un etíope


cuando el vino llenaba nuestras copas,
«Descríbelo», me dijo un compañero.
y respondí: «La noche
de estrellas se ha cubierto.»

23

TARDE EN LOS JARDINES DE MŪSÀ IBN RIZQ. I

¡Oh mansión de Ibn Rizq, donde el copero


arrastraba su manto y escanciaba!
Una tarde recuerdo en tus jardines
-¡nadie censure aquellos días
en que con su belleza disfrutábamos!-.
Al separarnos me llevé prendido
el aroma de almizcle de tu esclava.
Soñaba yo que era apreciado
como un dinar de oro,
y cuando aquel crepúsculo y su encanto
pasaron en momentos de alegría
mi sueño se hizo realidad.

24

TARDE EN LOS JARDINES DE MŪSÀ IBN RIZQ. II

No hay lugar como tu huerto, Ibn Rizq:


jardín brillante, arroyo presuroso,
es una página escrita por tu mano,
pues la belleza brota de su suelo.
La tarde viste su pálido manto,
se envuelve el cielo en delicadas nubes,
y nos colma de una íntima alegría
mientras la noche intenta separarnos.
Escancia en está tarde la última copa
pues se ha cumplido el destino del sol:
se ha puesto, y tu derecha no puede devolverlo.
Y ahora me gustaría, Mūsà,
que tú fueses Josué.

25

ERA UNA TARDE CLARA

Era una tarde clara que pasamos


entre copas de vino;
al descender, el sol
unía su mejilla con la tierra,
alzaba el céfiro los mantos de las colinas
y el cielo era una espada refulgente.
¡Qué buen lugar para beber,
donde sólo nos ven esas palomas,
las aves que gorjean
y una rama cimbreante,
mientras la oscuridad se bebe
el licor rojo del crepúsculo.

26

UN AMIGO TE INVITA

Un amigo te invita,
cuando el crepúsculo es como un enfermo
cuya vida se acaba,
a la vera de un río de aguas rápidas,
cual tu conciencia, límpidas,
y como tu carácter dulces.
Del céfiro la alada brisa unge
las colinas, y oculta, palpitante,
sus plumones y plumas.
Se habían reunido, como estrellas
desde distintos horizontes
y signos del Zodíaco, generosos mancebos.
En el momento mismo en que el relámpago
en la vaina del cielo penetraba
y en sus ojos brotaban lágrimas de lluvia,
al jardín dirigí una mirada
y por verlo aparté mi copa del copero.
Te recuerdo en las líneas de alhelíes
que inclinan sus cabezas para verte;
detente cual si fueras el amado:
éstas son las señales de un amante
que sufre por tu ausencia;
acércate a sus flores, amarillas,
que parecen, mojadas por la lluvia,
ojos de enamorado.

27
¡VUELVE A LLENAR LAS COPAS!

¡Vuelve a llenar las copas!


La nube muestra la espada del relámpago
en los mechones de los torrentes;
sereno como un bello pavo real
está el jardín sobre el que sopla el viento
diciendo, cuando el arco iris se dobla
bajo el negro ropaje de las nubes:
«Tomad vuestras provisiones
hasta que el tiempo se serene,
pues he prestado mis alas a la lluvia»

28

EL VIENTO EN EL RIO

Vuelve a llenar las copas, aunque agucen


sus oídos las hojas de los mirtos;
sólo son nubes risueñas
que juegan con la antorcha del relámpago
y el tropel de los vientos en el río
como caballos galopando
sobre una cota de mallas.

POEMAS AMOROSOS
29

ERA UNA NOCHE CUYA NEGRA SOMBRA

Era una noche cuya negra sombra


cubría la tierra
y el cielo azul ardía en luminarias.
... Nos despedimos entonces,
las entrañas ardientes de deseo.
... No he vuelto a disfrutar, después de separarnos,
y la vida me deja indiferente.

30

QUE NUESTRO AMOR RIEGUE CON LLANTO

¡Que nuestro amor riegue con llanto


los lugares de Naŷd1,
con lágrimas que suplan a la lluvia!
...¡Arboleda del arenal!
Nada ha cambiado entre nosotros
salvo el Destino; vuelve,
quejémonos juntos del Hado.
No queda en mi vivir más que un aliento
que cuando busca unirse a ti siento de nuevo.
¡Cuántos jardines hay en an-Naqā,
agobiados del peso de las flores,
donde los vientos se ungen de perfume!
¡Cuántas fuentes que juegan con el eco
cuando la sombra se cierne sobre ellas!
1
Lugar de recreo en Granada, igual que an-Naqā, que aparece más
adelante.
...La frescura del céfiro
al recordarlo se deshace en ayes
que parten un ardiente corazón.
Son tantos los anhelos de mi pecho
que el alma está angustiada.

31

VINO AL SALIR LAS PLEYADES

Vino al salir las Pléyades


y se alejó cuando éstas
aspiraban el viento de la mañana,
dejando, bajo el ala de la noche,
su perfume en la túnica olvidada.
Noche, ¿sabe la luna llena
que te he pasado en los brazos de su hermana?
He podido abrazarla y luego,
cuando la aurora trajo el momento del adiós,
sostuvo el manto de una rama
y empezó a derramar el rojo rocío de las lágrimas.

32

AQUÍ EN MI PECHO

¡Qué buen albergue tienes


aquí en mi pecho!
¡Ojalá se pudiera
prescindir del adiós!

33

CELOS
El crepúsculo tuvo celos
al verme con mi amado
y envió al agua para separarnos
y al viento como espía.

34

PALOMA, AGITA TUS ALAS

Paloma, agita tus alas


igual que corazones palpitantes;
pásate suavemente en estos árboles
como lágrimas que caen incontenibles
y pregunta, en la rama
más fina de su copa frondosa,
si es posible disfrutar tras mi partida
bajo su noble sombra.
Cuando saludes al amigo añorante,
cuida, hermana del aire,
de ese enfermo de amor hasta que sane,
y su hospitalidad de amante insomne
te ofrecerá sus rojas lágrimas.

35

NOSTALGIA DE VALENCIA

Amigos que partís, hermanos


de mi pasión, ¡benditos seáis!
Llevad mi corazón a la lejana patria,
el corazón donde el recuerdo guardo de Valencia.
Como amnistiados de un exilio os creo,
que vais a relatar, cuando lleguéis,
las penas de un nostálgico que sufre.
Mas ¿ cómo os despedís
sin cargar las sandalias con mis besos
para ofrecérselos al Puente de Ma‘an1?

36

TU QUE CABALGAS

Tú que cabalgas, a tu izquierda dunas


ya la derecha tamarindos,
hacia Naŷd I, un camino que atraviesan
los ojos del céfiro,
saluda de mi parte, cuando llegues,
a un amigo cuyos ojos
son las espadas más penetrantes,
y di en un valle, junto a un bosque
en cuyas ramas las palomas zurean:
«Ay bosque, las palomas no padecen
los sentimientos del que triste añora;
si las palomas sintiesen
lo que mi pecho siente
quemarían la rama en que se posan.»
Lugar de recreo de Granada.

37

AMANTES

En tus orejas brilla Géminis


como zarcillos pendientes
y en tu diestra, un haz de bellos astros.
Eres la luna; más, un sol naciente,
y te rodea un grupo
de hermosas que podrían ser luceros.

1
Puente cerca de la Ruşāfa, en Valencia.
... Dije: ¿Por qué la noche me parece
eterna ? y si no la es,
¿por qué no se disipa con el día?
... Dicen: La noche es larga y la noche no es larga
Mas ¿Puede discutirse eso entre los amantes?
...Cuando la noche del amor desciende
el que duerme no sabe
cuánto sufre un amante y cuánto oculta.
... Dicen: Brillan las canas en sus sienes.
Y respondo: Las canas brillan en mis sienes.
... Los pechos de los hombres se agitan por ella
como si fuesen las vainas vacías de las espadas.
... Si yo quisiera, estallaría entre nosotros
una guerra de amantes
y sería mi enseña la languidez.
Pero ya, noble muchacha,
me han alcanzado graves males.
Con la intención de verla crucé el mar del Estrecho;
las orillas luchaban por la nave
allí donde se encuentran los dos mares
y la muerte, resuelta,
sobre nosotros se lanzaba.

38

TU QUE VAS A LAS TIENDAS DE AN-NAQĀ

Tú que vas a las tiendas de an-Naqā1,


guarda tu corazón de esas pupilas:
un rebaño de gacelas llena el campamento
y te seducirá para que mires.
No las incites a un ataque
que asustaría a los leones,
huye de esa mirada penetrante

1
Lugar de recreo de Granada.
que ha empapado mi manto con sus perlas.
Cuando se diga: «Se ha salvado la caravana»,
di: «¿Cómo pueden ir en paz por esos caminos?»
¡Arqueros de la tribu! Se os ha dado mi sangre,
la que vertiste en el día del an-Naqā.
y no os lo propusisteis, mas fue el motivo
de que la muerte se acercase:
al volveros, encontrasteis
los puntos más vitales del amante.
¡Ojos heridos, cuyo llanto
después de tu partida inunda mis mejillas!
Entrañas sin consuelo, ¡cuántas veces
quise calmar la agitación que les causaste!
¡Ay corazón ardiente!
Nunca puse la mano sobre ti
por temor a abrasarla.
¿Por qué esa estrella, que mis ojos miran
arrobados, no deja el horizonte?
¿Por qué mis ojos se despojan del sueño?
¿ Por qué no se desnudan del insomnio ?
¿Qué calmará, censores, vuestra saña
contra este corazón que me desvela?
¿ Qué pretendéis atormentándolo
si ya se ha derretido ardiendo a vuestro lado ?
Amigos, emplead vuestros consuelos,
rogad a Dios por quien vive añorante,
tened piedad, en la tiniebla densa,
de quien pasa la noche entre sus lágrimas,
la oscuridad humedeciendo ;
distraedme del deseo de veros,
por más que sea vuestro espectro
el que llame a mi puerta,
y prometed que nos encontraremos,
pues pensar en la cita me consuela.
Si antes de separarnos
hubiera yo temido la injusticia
del amigo, habría sido justo
y ahora beberíamos
el vino que quedó de aquella tarde.
¡Que riegue Dios aquellas tardes íntimas
con nubes generosas!
Dios me la dio y era una vida
que raramente disfrutó
aquél a quien fue dada.
¡Cuántas flechas vinieron de tu parte,
las más mortíferas lanzadas nunca!
¡Ay dulzuras de Naŷd, cuyo recuerdo
conservaré, pues me dejaron campo
amplio para el amor!
Después de que te fuiste
la vida ya no es dulce,
ni es bueno para mí seguir viviendo.
¿Quién me traerá noticias tuyas
que me digan verdad ?
¿Sabe Babel que somos unos hombres
que convierten su magia en amuletos?
Grabamos la oración en nuestros pechos
y nos protege de todos los temores,
la oración que pronuncia el ministro supremo
que al hablar deja atrás a la elocuencia.

40

ELEGIA A LA MUERTE DE YŪSUF. I

Reciba lluvia, vida eterna y saludos


la sangre rociada en el sendero.
Gota a gota se derramó
y con ella se ha ungido la tierra.
... Nada hay más triste que mi llanto por Yūsuf
y las lágrimas que vierto sobre su tumba.

41
ELEGIA A LA MUERTE DE YŪSUF. II

No preguntes por mí tras la muerte de Yūsuf


Mi corazón está mellado, como sus armas.
Si hubieses contemplado mis ojos
el día en que pereció
habrías pensado que lloraba
por una de sus heridas.

42

TRAS LA MUERTE DE YŪSUF

Rosa, don generoso de su mano,


por ti corren mis lágrimas
y crece mi tristeza.
Roja, perfumada como la brisa,
me pareces robada de la suave
mejilla de una joven en sazón.
A recordarme vienes
la sangre de un amigo que este mundo
bebió como si fuera las primicias del vino.
Con pasión la he besado diciéndole a mis lágrimas:
Es la sangre de Yūsuf que devuelve la tierra.

43

EN MI SUEÑO AGITADO

En mi sueño agitado dije a su espectro:


«Esta noche has pasado de la tumba
a un corazón, ¿cómo has podido
desgarrar estas tres oscuridades?»1

1
La tumba, la noche y el corazón.
ELEGÍAS

39

A LA MUERTE DE UN AMIGO AHOGADO

Bucearon por ti
en las entrañas de la bahía
temiendo se perdiera la perla blanca;
rivalizaron por llevarte a la tumba
y se multiplicaron las rojas lágrimas
¡Ah, maravilla! Tu esencia,
¿cómo podía estar tan confusa
que la tierra y el agua la reclamaban?
44

ELEGÍA

La flecha de la muerte dio en el blanco.


¡Ay! Quien se aplica a disparar acierta.
... Eras la vida ininterrumpida.
mas cesó cuando aún era dulce y grata.
Esperar cada día nuestro encuentro
me ha hecho encanecer
cuando mis años no lo piden aún.
¿Para qué voy a encenderte
los fuegos de mi corazón
con una llama en cada rima?
Antes de perderte
me había despedido de viajeros
que se ausentaban y volvían de nuevo.
¡Cómo me turba recordarte
cuando la estrella se hunde y desvanece!
Siento, desesperadamente,
la muerte del amado
como quien ha perdido la juventud,
y ¿ qué sentido tiene la vida
sin juventud?
Tanto da morir o envejecer.
¡Cuántas noches de dolor,
horribles como la aurora de la vejez,
he de sufrir en vela, sollozando!
Mi pecho arde más y más
conforme aumenta el raudal de mis lágrimas:
el sufrimiento del corazón
permite esta unión de contrarios.
... Tal vez ante el botín de la omnisciencia
ya no pienses volver .
... ¡Oh ‘Abd Allah! grito de desesperación,
¿he de esperar respuesta de una tumba?
Escúchame, es un consuelo
que mis palabras lleguen a ti.
Los ojos se afligen ante el túmulo,
presente entre nosotros como un velo,
que te guarda en la tumba estrecha
como la vaina guarda la espada.
¡Ay amigo de hombres nobles,
para quienes la muerte levantó
sus tiendas en lo más alto del cementerio!
... ¡Cuántos bellos jardines, donde soplan
alientos de tristeza y se disuelven,
hicieron florecer la rosa de sus mejillas
y en mi corazón mezclaron
las lágrimas con los besos!
¡Que Dios derrame su riego sobre ti!
Además de la lluvia de las nubes
-tal vez tu tierra esté ya harta de ella-,
le conviene a tu tumba
otro riego abundante;
por eso pido para ti agua
a la fuente de mis ojos ya las nubes.
Se avergüenzan mis lágrimas de su sabor salado
al recordar tus dulces prendas,
y una tras otra, rojas,
vacilan en mis párpados, perplejas.
¡Ojalá nubes del más negro almizcle
se ciernan sobre tu tumba
y sobre ella se derramen
y en tu tierra las lágrimas se reúnan
para llegar, hendiéndola, a tu cuerpo!

45

ELEGIA VALENCIANA

Amigos, ¿qué tiene el desierto


que se ha impregnado de perfume ?
¿Qué tienen las cabezas de los jinetes
que caen desfallecidas, como ebrias?
¿Se ha desmenuzado el almizcle
en el camino del céfiro,
o alguien ha pronunciado el nombre de Valencia?
Amigos, deteneos conmigo
pues hablar de ella trae la frescura
del agua a las entrañas ardientes.
Deteneos de grado y calmad vuestra sed,
pues es seguro que vendrá la lluvia
y regará la Rusafa y el Puente.
Es mi patria, y allí, siendo polluelo,
se encañonaron de pluma mis alas,
y su solar me abrigó como nido.
Inicio de una dulce vida
en las primicias de la mocedad.
¡Nunca permita Dios que olvide
que me sedujo cuando era joven!
Allí vestíamos la túnica de la juventud,
y ahora estamos desnudos de sus adornos
aunque ella siga engalanada.
¡Ay, morada de nuestra edad primera!
¿Cómo nos hemos alejado
de aquella juventud y de aquel tiempo?
¡Ay querida región cuyo recuerdo
no se presenta en mis entrañas
sin que derrame lágrimas rojas!
¿Acaso ser la patria de un muchacho
le obliga a amarla mientras viva?
No hay otra tierra como ésta, llena de almizcle,
donde el céfiro colma sus odres de perfume;
llena de plantas, cuyas flores son plata y oro
en las mejillas de la tierra,
y riachuelos, taraceas de la Vía Láctea,
que cubren sus orillas de entretejidas flores.
Bella como lo mejor de una vida que fue dulce;
alegre como lo más hermoso
de una juventud que ya pasó.
Dicen: El paraíso nos describes.
-¿Y como podrá ser el paraíso
en otro mundo? -les contesto.
Valencia es esa esmeralda
por donde corre un río de perlas.
Es una novia cuya belleza
Dios ha creado para darle luego
la juventud eterna.
En Valencia es constante el fulgor de la mañana
pues el sol juega con el mar y la Albufera.
Los soplos de los vientos apedrean
a las estrellas con sus flores
y por temor ningún demonio se acerca a ella.
Aunque la mano de la separación
haya extendido entre nosotros
distancias que el viajero tarda un mes
en recorrer, Valencia sigue siendo
la perla blanca que me alumbra
por donde quiera que vaya,
¿quién por su brillo se asemeja más a la luna?
Lugares ya lejanos, cuando pienso en ellos
siento que ya pasó lo más dulce de la vida.
Amigos, voy a ella porque es la patria amada,
ante la cual humillo el pecho.
No aparté de ella mis pasos, abandonándola
-si fuera así, que mis sandalias
no vuelvan a besar sus verdes prados-;
fue el respeto a una tierra de hombres libres
y jóvenes valientes lo que me alejó de ella;
hombres nobles que aniquiló el destino,
pero si se acabaron sus días,
¿cómo voy a quejarme del destino?
Dormidos en el seno de la tierra,
la muerte alzó sobre ellos sus tiendas grises.
Pasaron, y unos son estrellas fugaces,
pues Dios no quiso hacer con ellos constelaciones,
y otros los aventajan cuando quieren,
adelantando sin esfuerzo
a los nobles y frescos caballos.
Todos te recibían con agrado
e inteligente conversación,
y, al extinguirse sus vidas, se portaron
como la luna que se oculta en novilunio.
Esta es la gloria de estos hombres únicos
cuya fama creció entre las criaturas.
Su pérdida afligió a mis ojos ya mis entrañas,
me hizo derramar lágrimas y encendió estas brasas.
Es tanta la tristeza por haberme alejado
de ellos, que no encuentro quien me alegre
ni mi pena distraiga.
Cuando pregunto a los viajeros esperando
buenas noticias, me las dan malas;
si les cuento las cosas agradables
que conocí entonces, me hablan
de algo que me atormenta:
el rostro de un amigo ya perdido
que habita en el alcázar de su tumba.
Brillante cual la aurora, yo gozaba
contemplando el fulgor de su semblante
como el insomne que saluda al alba.
Era un muchacho de cumplida largueza,
generoso en la escasez y en la abundancia.
Entre las lanzas y la pluma movía
sus dedos desenvueltos como claras nubes.
Alto y flexible, parecía el asta
de una morena lanza.
Sin contar su nobleza, lo adornaban
virtudes semejantes al buen vino.
Radiante en sus acciones, se mostraba
más brillante que el sol en el crepúsculo.
¿Puede haber buen augurio lejos de su tumba
para quien en los bordes del sepulcro
humedeció sus párpados?
Las noches han cerrado sus pliegues
y me han privado de firmeza y de paciencia.
¡No retenga su riego el llanto de la nube
que ve la boca sonriente de las flores!
No invoco ahora a la nube para excusar mis lágrimas,
mas tengo que excusarme
por haberme alejado de su lado.

46

ELEGIA A LA MUERTE DE ABŪ MUHAMMAD IBN ABĪ


L-‘ABBAS AL- ŶUDĀMI DE MALAGA1

Hombres elocuentes,
¿por qué motivo estáis reunidos?
Aquí tenéis a ‘Ukāz,
mas ¿dónde está Quss de Iyād2?
La muerte cruel ha cortado con su tajo
la lengua de la elocuencia.
El cielo de vuestra gloria se ha detenido;
ya no sois, después de abatidos,
la estrella que guía.
Tendréis que andar a ciegas el camino
pues se ha apagado la brillante luz de esa estrella.
No se melló su espada refulgente
sino que se soltaron las junturas
de vuestras lanzas rotas.
¡Ay apoyo indiscutido de la tribu,
mejor tú solo que tus nobles antepasados!
Ay, ¿cuál sería la razón de ser
de un collar, cuyo hilo eras tú,
sino convertirse en dispersión eterna?
1
Alfaquí malagueño de noble familia, escritor y autor de un poema en
elogio de ‘Abd al-Mu’min, el califa almohade.
2
Quss ibn Sā‘īda, obispo de Naŷran, famoso por su elocuencia, que
predicaba en las ferias de ‘ukāz, lugar donde se celebraban importantes
competiciones poéticas. Se conservan algunos de los poemas ganadores de
estos certámenes, que reciben el nombre de mu‘allaqāt.
Ya es bastante dolor para este tiempo
que, por tu pérdida, la larga noche
vista traje de duelo,
noche que con sus estrellas
recuerda el brillo de tus versos
y el fulgor de la espada que ceñías.
¡Qué gran amistad teníamos!
¡Qué digno de amor eras si escuchabas
o tomabas la palabra!
¡Detente de buen grado en tus lares
pues el mundo se ahoga
bajo los pies de los ambiciosos!
Mas ¡ay!, estas palabras llegan a ti
cuando estás ya protegido de enemigos
ya salvo de envidiosos.
Hasta el monte elevado inclinó su frente
por el amigo y el valle se estremeció.
¡Vuelve a nosotros!
Ah, esto es hablarte sin que tú respondas.
Borra de tus ojos el sueño,
ese sueño de llanto e insomnio
que estamos sufriendo.
Ya es el alba y no despiertas,
¿hasta cuándo va a durar tu somnolencia
si ya ha pasado el momento del sueño?
Parece que las rocas hubieran dicho:
Duerme tranquilo; antes que tú ha llegado
la buena nueva de tu venida.
Duermes con la cabeza sobre el mármol,
¡qué duro lecho y qué almohada más dura!
Tu grandeza, que habita en su interior,
ha hecho reverdecer tu tumba.
Con los enseres del campamento
haz más cómodo el lecho en esta tierra fértil,
Oh tú, que partes de noche
en una caravana cuyo paso
apremia el guía mientras canta el camellero,
qué penoso me parece
que te detengas en tal morada
solitaria, sin amigos,
al lado de otros hombres también nobles
-¡Dios conceda la lluvia a esos amigos!-
que moran hasta el día de la resurrección
en sus tiendas de cuerdas extendidas,
en un lugar donde la podredumbre,
reemplaza a las estacas,
descanso de viajeros que cabalgaron
por confines y límites ignotos;
Igual les parecía el día que la noche,
cabalgar o detenerse;
hombres delgados que soportan el hambre
y dan a las monturas
la flor de sus provisiones.
¡Con qué celo apartaron de sus cuerpos
los placeres de la vida!
Ay, quién supiera, aunque la muerte
sea un paraíso para ti
y conozcamos cuál es la distancia,
si tu nobleza puede renacer
o si regresarás de tu ausencia.
Ya se llevaron tu cadáver,
esa espada de adornos numerosos
que colgaban de las espaldas;
se humillaron los hombros de quienes te llevaban
al envainar tu cuerpo
en una tumba sin guarniciones.
¡Qué sangre tan generosa
se ha bebido la tierra!
Ahora yaces en tierra llana
y es una gloria que distingue a esta tumba,
¡qué magnífica fosa
para el más animoso de los hombres!
Hijos de Abū l- ‘Abbas, ¡qué jefe
y qué refugio os ha robado el mundo!
¿Fue otra cosa que el ojo cuya flecha
alcanzó el blanco y encontró destino ?
¡Qué amarga gloria cuyo vacío
no llenarán ni los hijos
ni los nobles amigos!
¡Cuántas colinas sin ti
serían hoy abismos y arenales!
Con tu favor aún las confortas desterrando
de ellas las hienas y animales de presa.
Eras, Abū Muhammad, cual las rocas,
¿cómo pudieron destruirse
las altivas montañas?
¡Qué ardor el de esta brasa encendida
por cuya pérdida maltratamos nuestros cuerpos!
Y ¿cómo consolarse si la tristeza
desborda el cauce de lo cotidiano ?
Las plañideras lloran mientras digo
a mis enrojecidos párpados:
Vuestra es mi sangre sin tasa,
derramad cuanta queráis.
Sólo esto puede hacer el fiel amigo,
y con ello bastaría si con lágrimas
se alcanzase la meta del deseo,
mas son la más débil ayuda
aunque corran abundantes.
La paz sea sobre ti.
Seguiré visitando tu morada,
y en tanto que se vierta sobre ella
la lluvia de perpetuas nubes
recibe el llanto que derrama un cálamo
como lágrimas de tinta
en la mejilla del papel.
ELOGIOS

47

ELOGIO DE ABŪ ŶA‘FAR AL-WAQQAŠĪ1, VISIR DE IBN


HAMUŠK. I

Engrandecida sea tu casa y alabada,


santificado sea tu noble rostro,
tus manos sean ensalzadas
por tantos dones como nos concedes:
los beneficios que repartes las desbordan.
¡Oh protector, cuyos favores
cubren toda la tierra!
¡Ay si alguien me hablase de mi tierra,
la que fue saludada
por una lluvia resonante!
El visir me ha regado, al visitarme,
con sus favores, superando
mis deseos y esperanzas.
Con él unos corceles y unos jóvenes
hacia mí se encaminan y viajan:
los grandes beneficios que me ha dado
aunque no me presente junto a aquéllos
que revoloteando zumban a su alrededor.
Más querido en la tribu que la lluvia
1
Abū Ŷa‘far Ahmad ibn ‘Abd al-Rahmān ibn Ahmad al-Waqqasī. visir de
Ibn Hamušk. suegro y mano derecha de Ibn Mardanīš, cabecilla de la
rebelión del levante peninsular. Murió en Málaga en 1179.
es aquél que no duerme en campamento
mirando y espiando los relámpagos.
A veces a la lluvia envidio
porque Abū Ŷa‘far la pide
cuando el cielo está gris y el pasto seco.
Si la lluvia regar quiere mi casa,
se sabe cuál va a ser mi respuesta.
Cuando vuelvo mis ojos a sus obras
veo que a todos favorece.
Cubro mi gratitud con los joyeles
que desea Abū Ŷa‘far, verso y prosa,
y ante él me inclino por besar su mano.
La generosidad, hombre magnánimo,
desea tu riqueza,
¿hasta cuándo, en esta época avarienta,
vas a dar con largueza?
El mundo cambia mientras tu opinión
permanece en lo más alto;
recibir alabanzas es tu costumbre
pues el generoso es siempre generoso.
¿Quién puede hacer perfectos los favores
en este tiempo sino un hombre noble
cuya divisa es completar sus beneficios,
como el visir al-Waqqaši?
Entre las criaturas no hay nadie como él.
Es un hombre que pisa las estrellas
con sus sandalias; su nobleza está,
cual su linaje, en las alturas;
la elocuencia con él llegó hasta el límite,
son penetrantes sus palabras
si habla con sencillez,
y comprensibles cuando son retóricas.
Se perpetúa en su familia un noble
y preclaro linaje de grandeza,
hombres vestidos con la bondad de sus acciones;
entre los jóvenes está presente
la huella de sus glorias,
y entre los viejos, el orgullo es antiguo.
Si en los pilares de su casa
no contaran con Arcturo
su rectitud podría descubrirlo.
Ellos han muerto, pero en ti la gloria
no murió: su nobleza está aún viva
aunque el tiempo sus huesos carcomiera.
¡Oh tú el más alabado de los hombres,
que podrías pasarte sin tal título
pues el nombre del grande es grande!
Hago correr tus nuevas y más tarde
me maravilla oírlas repetidas
y sentir su perfume;
de tu alabanza por la tierra toda
se esparce la fragancia
cual penetra la brisa en los arriates,
que, oculta a los oídos
corre sm ocultarse al que la aspira
y escondida, difunde la alabanza
por su aroma: el recuerdo
del generoso está sellado con ámbar.
La vida eterna te acompañe,
y todo lo que guarda tu puerta
sea un vergel y un paraíso
a la sombra de gloria y perdurable nobleza,
mientras rebose muchedumbres
el atrio de tu casa,
y sea estar contigo, verte y saludarte
la razón de que vengan cuantos ciñen diadema.

48

ELOGIO AL VISIR AL-WAQQAŠĪ.

En las arenas donde acampa Hind,


¿se carga la brisa de rocío,
exhala su olor el laurel,
y se perfuma el valle con su aguada,
allí donde la rosa se revela?
¡Ah, qué excelentes amigos!
Hablando de ellos refrescaría mis entrañas
si el amor no fuese ardiente.
Su boca nos saluda con palabras
perfumadas, más suaves
que pronunciadas por el almizcle.
Sa‘d, la reunión ha sido buena, sigue
hablando con tu amigo más íntimo.
Se ha renovado la pasión ardiente
aunque el amor se haya consumido
y el pacto sea antiguo;
es un recuerdo que llena el corazón
como en el eslabón se presiente la llama.
A solas rememoro
aquel tiempo y aquella dulce vida;
entonces, encontrar a mis amigos
era fácil, y mi meta sus deseos.
Sus tiendas se alzan en Siqţ al-Liwà
cuya llanura no tiene igual;
por ella corro y, cuando cierra la noche,
causo admiración al desierto
con estrellas que son, al agruparse,
los anillos de la cota de mallas
que llevan los valientes de rostro seductor
y negros rizos que suavizan
la dureza del casco.
Al hablar del visir al-Waqqaši
el amor los mueve a su encuentro;
esperan su presencia
como si fuera a darles la inmortalidad,
y el recuerdo de sus cualidades,
como un perfume que se derrama,
les hace andar embriagados.
¡Qué noble y excelente reunión
celebran los jinetes allí donde los lanza
la rápida cabalgada!
Amigos, ¿acudís a su experiencia
para calmar vuestra sed?
¿Os ocupáis, quizá, de mencionarlo
porque el que tiene boca no puede refrenarse?
Las abejas, posadas en los labios,
liban la miel que de ellos se derrama
al nombrarlo.
Ninguno de los hombres
que se enfrentan con él puede igualarlo;
en su familia la nobleza surge
resplandeciente
como el collar bien ordenado,
y se invistieron del visirato,
connatural a ellos:
las orlas son las que embellecen los mantos.
Continuadores de su antigua gloria,
el nieto se comporta cual su abuelo.
La gente ensalza a sus antepasados
y envuelta en sus elogios
va una alabanza sin límite de Ahmad.
Diríase que con ellos un linaje,
superior a todas las criaturas,
se extendiera hasta el sol y hasta la luna;
su sucesor el lecho tiende
sobre la Vía Láctea,
y ve la lluvia en sus nubes
pensando que sólo beber de ellas
satisface la sed.
Nacieron para ser grandes
allí donde moran la riqueza,
el esplendor y el señorío.
Se elevaron, generosos,
y su intrepidez y esfuerzo
subieron más allá de Arcturo.
...Viendo al visir ya su gloria
creerás contemplar un monte
donde buscar refugio confiado;
verás gestas innumerables
que sobrepasan todos los cálculos.
El favor garantiza que mañana
y tarde los camellos, el camino
aprendido, visiten su morada;
me hizo pensar en el país
cuyos anhelos a su puerta acuden:
sus dones hablan de la generosidad
de su diestra magnánima,
que atesoró en primer lugar la gloria;
su mano agita en el papel un relámpago
que ciega los ojos de 'las lanzas,
y carga con el peso de la espada
aunque la vaina y el tahalí se oculten,
para atacar impetuoso
-¿puede llegar más lejos el esfuerzo?-.
Incluso el cálamo en sus dedos
lleva el sello exquisito de la India.
Su generosidad ha dejado
una señal que no ha borrado el tiempo,
beneficios que llenan el país
y florecen abismos y montañas.
El mando es su virtud más destacada
por más que la distancia te lo encubra:
así las nubes siguen dando lluvia
y el trueno retumbando aunque de ti estén lejos.
He cantado su señorío oculto,
como no podría hacerlo
la paloma cuando arrulla,
en perfectos versos panegíricos
donde se distinguen
el agradecimiento y la alabanza,
aunque tras mis palabras se esconde
un amor más grande del que muestran.

49
ELOGIO DE ABŪ ‘ABD ALLĀH IBN ‘ABD AL-MALIK
IBN SA‘ID1

Deja que la mano dadivosa


y el pensamiento ardiente
sean hoguera sobre la montaña
de la generosidad.
¡Bendita sea su noble diestra
hacia cuyos favores guía
el fuego de la inteligencia!
Seguir tras su favor me ha fatigado,
¡ojalá hubiera encontrado un amigo
que hasta él me llevase!
Dicen las gentes: Se trata de un prodigio.
Mas es la dádiva del jefe supremo,
hombre de excepcional firmeza y energía,
en nobleza y linaje generoso,
hombre sagaz que se rodea de astucia,
y, si quisiera, separar podría
a al-Farqad de su hermana1;
sus pensamientos buscan el blanco
de las cosas futuras
y antes de disparar cobra la pieza;
con su resolución saca ventaja
a las opiniones certeras
cual si fuera una flecha diligente,
y la firmeza ostenta en su mano
la recta lanza y la afilada espada.
La envidia de su fuerza lo protege
y hace que sea envidiado
1
Nacido en 1120-21, fue general de Yahyà ibn Gāniya, gobernador
almorávide de Sevilla. Los almohades lo encargaron del gobierno de
Sevilla, Granada y Silla. Bajo su gobierno se construyó la gran mezquita de
Sevilla. Murió en Granada en 1193.
1
al-Fardaqān, dual de Farqad, es el nombre de dos brillantes estrellas de la
Osa Menor.
la desesperanza de alcanzarlo.
Para hablar de ‘Ans, su tribu, ¡cuánto tiempo
te llevará citar nobleza y gloria!
Murieron los nobles abuelos
dejando a sus descendientes
la herencia de una eterna grandeza.
Cualquier reliquia muestra hoy
que son de noble origen y excelsa cuna.
¡Dadivosos Banū Sa‘īd
de generosidad y gloria únicas !
Por igual repartieron su excelencia
Y a ti te prefirieron como el más grande,
Muhammad, el incomparable.
Repetiré tu elogio aunque invocarte
sería suficiente.
Hemos recorrido las tierras
y no hemos encontrado quien te iguale.
¡Eres el más generoso!
Abrenos camino sobre al-Suhā1
y allí descansaremos
como si fuera nuestro campamento.
Vuelve a nosotros tu benévolo rostro
pues a ti se dirigen nuestros anhelos.
Encontrarte es el más noble deseo,
y por cumplirlo nuestros caballos
con al-Suhā y al-Farqad rivalizan;
así me hundí en la noche,
buscando la nobleza y el señorío,
sobre un noble corcel
que sabe, si sacudo las riendas,
que lo llevaré al colmo de la gloria,
y que quien alza a las estrellas su mirada
no tiene otra meta que tu casa.
¡Cuán grande es la torpeza del viajero
que busca el buen camino

1
Estrella pequeña de la Osa Menor.
y se aleja de ti constantemente;
que tras un espejismo, a mediodía,
abandona la fuente y de sed muere!
... Aquél que no confía en ti
no vale un solo dedo tuyo
pues tú eres la gente, y el secreto
es que has llegado a ser con tu grandeza
el único entre todos.
Tus prendas aventajan al perfume
del elogio, extendido como almizcle
por países lejanos
¡cuántas veces la fama
se va debilitando al hablar de ella!-,
que penetra en el alma suavemente
como el aliento pasa por la boca.
Mi gratitud te envío cual presente
de quien llega a tu casa
y de tu generosidad se nutre:
eternamente tengo que alabarte
si te complace ser eternamente alabado.

50

ELOGIO DE ‘ABD AL-MU’MIN CUANDO DESEMBARCO


EN EL MONTE DE LA VICTORIA (GIBRALTAR)

Si desde el Sinaí hubieras ido hacia el fuego


de la ortodoxia, habrías adquirido
sabiduría y cuanta luz
pudieras desear de una llama
cuya guedeja no se alzó para el viajero,
ni se encendió para el que tiene frío:
la inspiración del buen camino, luz profética
que expulsa las tinieblas de la vanidad.
Con el temor de Dios la alimenta, constante,
aquel que ayuna al mediodía y reza en la noche,
hasta tal punto que todo lo ilumina
desde la hoguera de la fe que estaba
bajo cenizas de impiedad oculta.
Es una luz que Dios guardaba como preciosa
en el seno del mundo hasta el tiempo del Mahdí,
prodigio como el sol brillante
que precedió al ataque. del rey qaysí1,
¡Casa del príncipe de los creyentes,
bien asentada al pie de la ortodoxia,
basada en las columnas de la fuerza y del imperio,
y sobre el fundamento
de la pureza y de la santidad,
bendita seas entre todas las casas!
Tu dueño ha construido su palacio
en la confluencia de los mares2.
Es la huella de un' profeta que los hombres
siguen entre alabanzas y gritos de júbilo.
¡Benditas sean sus sandalias,
allí donde le lleven,
y perfumen caminos y senderos!
¡Caminen orgullosas, donde se alce
la lanza de la fe, con la bandera
del triunfo desplegada
sobre dos continentes
en la mano de un hombre devoto,
sincero y temeroso de Dios,
que vive en místico transporte
desde su mente al monte santo!
Desde la orilla del estrecho
subió a las naves y les gritó:
¡Barcos incomparables, caminad!
y caminaron llevando el deseo
de Dios por voluntad del rey
1
‘Abd al-Mu’min, que descendía, según los genealogistas, de la tribu árabe
de Qays ‘Aylān.
2
Alusión a Corán, XVIII, 59-60: «Acuérdate de cuando Moisés dijo a su
paje (Josué): No cejaré hasta llegar a la confluencia de los dos mares, o
andaré toda mi vida.» Trad. de J. Vernet.
que pide ayuda a Dios y en El es victorioso.
Los barcos al moverse se inclinaban
cual si se prosternasen y, al alzarse,
ofrecían a Dios sus alabanzas.
Al avanzar por el mar del Estrecho,
dejaban las orillas perplejas e indecisas:
¿la alegría agitaba los pliegues de las olas
o atravesaba la inquietud las entrañas del abismo?
Diríase que caminan por la tierra
húmeda con la sangre de las espadas
que se licuaron por su fuerza
al encenderse el fuego del combate.
Aquel que es dueño de los barcos
de jarcias cual cabellos trenzados y sueltos,
con el perfume y suavidad de su carácter
ha fascinado a las aguas ya los vientos.
Del seno de las naves grávidas
fluyen el alcanfor y el ámbar rojo:
se diría que flotan,
entre las palas de sus remos,
en un agua de rosas carmesíes,
O que atraviesan la corriente
volando como águilas rapaces.
y bogan orgullosas,
sobre el mar producido por la diestra
generosa de un rey,
hasta alcanzar el monte de la -Victoria
con el fulgor de su radiante claridad.
¡Cuán admirable es el monte de la Victoria,
exaltado y famoso entre las montañas!
Orgulloso de aspecto, ennegrecido,
envuelto en una túnica de nubes,
expresa con su sombra la protección
de un rey magnánimo y generoso;
sobre su frente coronada, las estrellas,
como dinares, se levantan
y por los favores que rezuman de sus sienes
lo ungen las guedejas de los astros.
Anciano, desdentado por haber cogido
entre los dientes la madera de los siglos,
conocedor y lleno de experiencia
de la fortuna propicia y la contraria,
las encauza, igual que el camellero
guía a la caravana;
encadenado, giran sus pensamientos
acerca de su prodigioso poder
sobre el pasado y el futuro;
y continúa en silencio,
la cabeza inclinada, meditando;
envuelto en calma, oculta sus facciones
cual si le entristeciera la amenaza
de ser destruido y arrancado1.
¡Bien se merece estar tranquilo de cuidados
aunque tiemblen los otros montes!
Le basta como mérito
que hayan llegado a sus laderas las sandalias
de un rey agradecido y generoso,
por las cuales aspira a la intercesión
de un Imam enterrado
en el extremo Occidente;
espera constante algo ya prefijado
y decretado pata el día del Juicio,
hasta que se presente en la agonía del mundo
pidiendo que se cumpla la promesa
antes de que las trompas suenen;
y mirando a Occidente, aguarda,
como aquel que pernocta junto al Esmir2,
el fulgor de una espada
desenvainada en Occidente
que, con todo su brillo, caerá
1
Alusión a Corán, LXIX, 13-16: «Cuando se sople una sola vez el Cuerno,
cuando la tierra y los montes sean trasladados, destruidos de un solo golpe,
en ese día tendrá lugar el acontecimiento, y el cielo se desgarrará, y en ese
día carecerá de consistencia.» Trad. de J. Vernet.
2
Río cerca de Ceuta.
sobre los rencorosos que carecen de fe.
He aquí un rey que trajo grandeza a esta época
y poseyó cosas nada despreciables;
realizó sin tardanza sus deseos
tanto en la religión como en el mundo;
no disparó hacia el blanco
sin que a su flecha el éxito guiase;
diríase que tiene en todo tiempo
el poder de humillar y esclavizar al mundo.
Su ejército es notable, en su cortejo
figuran reyes destronados y vencidos,
los que se sometieron a su fuerza
y se humillaron ante su poder
sobre vidas y haciendas,
después de haberse resistido a sus órdenes,
cuando aún era posible su perdón.
Así escaparon de la guerra
sin que pueda acusárseles de incapaces
para luchar con sables y con picas
-que nadie ignora las melladas espadas
que llevan en la mano y las rotas lanzas-,
pues cuando se manifiesta el deseo de Dios
combatiendo solo se derriba a las masas:
el que busca las causas de las cosas
no se sorprende con el número escaso
ni confía en el grande.
El mar de nuevo se ha secado al golpe de la vara
y la tierra se ha hundido en el fuego del atanor;
porque es la espada que ciñó Dios
al poderoso guía
como defensa contra las amenazas,
y si el Mahdí sostuviera el puño de esta espada
sería famoso el sitio donde cayese el filo.
El sol cuando recuerda a Moisés,
no se olvida de Josué,
aquel que subyugara a los poderosos.
51

ELOGIO A UN NOBLE ALMOHADE

Cuando alguien tiene una inquietud


el corazón es el que siente antes la angustia.
¡Oh tú, cuya salud da vida
a las fronteras y almimbares!
¡Qué favores los tuyos!
Quisiera describir su grandeza
pero no soy capaz de hacerlo
ni con la imaginación ni con la lengua,
y no puedo expresar mi enorme gratitud
aunque mi deuda es grande,
¿cómo lograrlo si, aunque fuese inmensa
la fuerza de mis palabras,
aún seguiría siendo escasa ?
...Tus favores me libran de ansiedades
porque la noche está cautiva en tu mallo;
bajo su protección, a gusto mío,
espero el nuevo día,
el corazón en calma y los ojos dormidos.
... Para verte alzo mis ojos,
que sin ti tienen la mirada rota,
pero un espía celoso del respeto
a ti debido intenta alejarme de tu rostro.
...¡Ah rostro suyo! Muestra tu esplendor
como la aurora luminosa al elevarse.
¡Facciones suyas! Aumentad vuestra alegría
como el jardín cuando sonríe
regado por la lluvia.
... Es la raíz bien asentada en el califato
sobre cuyos orígenes pasan las épocas,
es un gobierno cuyas órdenes siempre se cumplen,
con el cual el emir libra de cargas al ejército,
y una administración que comenta la gente
por la continuidad de su opinión certera.
Cuando combates, vences a los valientes
como el águila domina a la perdiz,
sobre caballos que alcanzan lo que quieren
con su esfuerzo, sin saber qué sea el cansancio,
y avanzan, confiados en tu poder,
unas veces al trote,
y otras en rápida carrera.
¡Ah, cuántas veces, en desiertos que has cruzado,
el mediodía se acogió a tu sombra,
y viniste cuando eran espejismos
sus fuentes, para irte luego
cuando los espejismos eran fuentes!
...Trazamos la alabanza de tu nombre
y nos quedamos cortos,
pues el verso y la prosa no nos bastan;
si la elocuencia no es capaz de expresarse
da lo mismo retórica que cortedad.
... En las facciones de este joven de Qays ‘Aylan1
se reúnen la luz y la generosidad
que iluminan la tierra cuando él sale,
y sus nobles acciones desbordan los mares;
es conocido por su ilustre morada:
de la misma manera se conocen
los meses por la luna.
Los reyes tratan de imitarlo -¡Dios
no lo permita!-, ¡qué engañados viven!
En la naturaleza hay diferencias
y aún nos duele más la espina
cuando la comparamos con la seda.
Sírvante de rescate
collares de sinceridad,
pues tú eres más fiel y de más valor;
elévate hasta Géminis y deja a los hombres
que no pueden llegar
a lugares más altos que los tronos.
Que la paz te visite
1
El elogiado es, al parecer, un noble almohade, pariente de ‘Abd al-
Mu’min, quizá uno de sus hijos, ya que Qays ‘Aylan es la tribu de la que
decía descender este califa almohade.
como un perfume que se extiende;
saludos llenos de nostalgia y amor
te dedica un esclavo agradecido,
eres su dueño por la lealtad que te guarda
y las mercedes que le haces,
que son soga, o collar, puesta en mi cuello.

52

ELOGIO DE ABŪ SA‘ĪD AL-SAYYID1

Si los ojos no ven el sol


no distinguen el día de la noche.
... Para verlo las almas se congregan!
de la misma manera que los ojos
quedan prendados de la belleza;
el corazón anhela su llegada
como si su venida
la fresca juventud trajese.
... Camina en medio de tinieblas densas
causadas por el polvo de la batalla
cuando en el horizonte las estrellas
son los hierros de las picas;
avanza y en su mano la lanza
es serpiente que arrolla al enemigo.
... Se cuenta entre los que usan a la par
el filo de la espada, cuyas chispas
brotan en la batalla, y una pluma
que produce sus fuegos en la mente.
Desenvaina la lengua cuando saca
el acero y extraño no se siente
ni en la oratoria ni en la guerra;
la espada calla a veces y habla el cálamo,
pues el sable se expresa torpemente

1
Uno de los hijos del califa almohade, ‘Abd al-Mu’min.
en la lengua de las plumas.
... Llenas el mundo de justicia con la espada
y con el cálamo eres en la tierra
la balanza entre Dios y los hombres.
... ¡Ah moradas sublimes; cuyos nobles
cimientos y robusta fábrica.
en el temor de Dios se asientan!
... Y si hubieses vivido en el tiempo
de la revelación,
Dios habría revelado
en estas cualidades un Corán.
...Quien no preste atención a tus palabras
cuando la espada está envainada,
las leerá cuando el sable esté desnudo;
dar muerte a espada al enemigo es una deuda
y aunque tu acero el pago retrasase,
los días son la garantía;
estate, pues, seguro del triunfo,
tuya es la espada y de los cuellos la humillación;
siempre habrá en tu enemigo, en sus entrañas,
sangre sedienta de tu hermosa espada.

53

ELOGIO DE IBN MANŞŪR

Si yo no pronunciase tu alabanza
perdería tu amparo y tu favor .
La mano de Ibn Manşūr y yo somos,
como suele decirse,
la nube y el jardín;
sobre sus verdes beneficios
canta mi gratitud como paloma
posada en las ramas.
... Entre los dones, con tu amor me basta,
él es la auténtica riqueza,
no lo que ven las gentes.
VARIOS

54

FELICITACIÓN POR UN RECIEN NACIDO

El cielo de la gloria
tiene una nueva estrella.
Con ella nacen las acciones nobles,
la generosidad,
y se preparan la asamblea y el cortejo.
... Albricias te sean dadas por el niño,
ese cachorro de león
-en realidad, león poderoso-.
Alégrate con él
pues nace un ser afortunado, cuya alborada
enorgullece y maravilla a este siglo.
...y su dulce palabra es hidromiel.
Se ha cumplido el deseo más difícil,
aquel que el noble anhela y persigue.

55

RESPUESTA A UN AMIGO QUE LE HABÍA ENVIADO UN


CUCHILLO

Está claro el augurio


del cuchillo que me envías;
mis presagios y agüeros
me dicen la verdad:
en el cuchillo leo
que vives en mi alma
y porque corta temo
una separación y un abandono1.

56

SALUDO A ABŪ L-HASAN

De tus lares me llega una fragancia


que conmueve en la tribu
mi pecho maravillado.
Es el perfume de un saludo
que sacudiste como almizcle
sobre Oriente y Occidente
-¿ la caravana llega esta noche de Dārin2?-,
y al que responde, al alba,
la caravana que va a Occidente.
Con mi saludo se abrirán mis labios
mostrando la flor del cariño
que ha brotado en el corazón.
Aquí, libre, te añoro,
lejos de tu morada y del amigo.
y si el destino decretase
mi peregrinación a tu amplia casa,
levantaría las tierras
entre los Montes de Málaga
y los confines de Guadix por verte.
¡Que la lluvia, Abū l-Hasan,
riegue tu tierra generosamente
1
Juegos de palabras entre sikkīn, «cuchillo», y suknà, «morada», «vivir»,
de la misma raíz S K N; y entre qaţ‘, «corte, cortar», y qaţī‘a,
«separación», de la raíz Q Ţ‘.
2
Puerto en al-Bahrayn (Golfo Pérsico), donde desembarcaba el almizcle de
la India.
y te envuelvan ropajes de abundancia!

57

SALUDO A IBN WAHB

Amigos míos, nada comprendo


cuando nuestra unión se agría
y el mundo nos arroja como presa
en las manos de la ausencia.
¿A las hojas de un libro
podemos confiar nuestro amor
en la distancia,
o al seno de la brisa cuando sopla ?
Ruego al euro que lleve mi deseo
a occidente para que allí se aquiete:
un saludo cuyo perfume
envanecería al almizcle.
Así reciba Ibn Wahb mi saludo,
como si fuera el céfiro
cuando acaricia unas ramas flexibles,
pues es un joven generoso
que siempre se destaca por su nobleza,
su liberalidad y su valor.
Dios ha querido que, como el jardín sediento
agradece las lágrimas de lluvia constante,
mi gratitud eterna se derrame
sobre sUs manos que me ayudaron ante el príncipe
que por amor posee en el mundo
los corazones de los hombres,
y que es obedecido
como si Dios le hubiese dado a él solo
el poder que no dio a los siete planetas.
58

RESPUEST A A IBN HARBŪN


Abū ‘Umar ibn Jfarbün de Silves compuso el preludio:

¡Cómo estremece el brillo del relámpago nocturno


el corazón de aquel que lejos del hogar viaja!

Y al-Ruşāfī continuó el poema:

Silves y su comarca siempre alumbran


hijos cultos, por muchos que conciban,
personas que conversan de costumbre
cual si se hubieran educado en el desierto,
al hablar dicen versos bien medidos
sin proponérselo; diríase
que los componen de antemano.
...Ay, Abū ‘Umar, ¿acaso puede haber
un obsequio más precioso
que anudar una amistad
cuyas límpidas aguas compartimos?
Me maravillan unas gentes que hacen
cabalgar sus favores
a lomos de un veloz caballo
por los elogios que se les ,prodigan.
Mas ¿cómo llevan una, vida cómoda
despreocupados de un vecino
aprisionado en la miseria?
¡Cuánto más digno hubiera sido
que tomaran de pronto en favor nuestro
venganza de los días!
¡Cuántas veces el noble menosprecia
sus propios intereses
para mediar por un malvado!
Cuando un joven defiende su prestigio
hace más perdurable su fama
pues el favor divino está medido.
Me conformé con lo que había y mis riquezas
fueron a más: el cielo son mis manos,
sus astros, mis dirhemes y el sol, mi dinar.
59

RESPUEST A ABŪ HASAN IBN LUBBĀL DE JEREZ1

Desde lejos me envía su saludo,


que me rejuvenece y regocija,
con unos versos que no sé, al leerlos,
si son flores abiertas o enfiladas perlas.
... ¿Cuál es el secreto de una flor ,
en las colinas húmedas, que el céfiro
revela en el crepúsculo o en el alba
con aroma tan grato a los sentidos
que los hombres de esta época se lo disputan?
... ¿Cómo piensas que puedo vivir lejos de ti,
las manos sobre entrañas ardientes;
con este enorme anhelo de presencias
y sin otro consuelo que el recuerdo?
Mis esperanzas cifro en ir a verte
pero ¿cómo volar con estas alas
que no puedo extender?
Si volvieran la flor de la juventud
y nuestra unión, el tiempo colmaría
mi gran necesidad;
de no ser por la ausencia, y por mis canas,
podría implorar benevolencia al destino.
¿No es la amistad de un joven
de rostro claro y digno de ser amado
lo que desean los viajeros?
¿Te hablan de mí los rasgos de su cara
aunque sólo describan la alegría y el júbilo?
... Si los abrevaderos de mi mente
no estuvieran, como quiere el mundo,
turbios, habría ofrecido, ya lo sabes,
un don de hombre generoso: mi poema,
1
Abū l-Hasan ‘Ali ibn Ahmad ibn ‘Alī ibn Fath, cadí de Jerez, autor de un
comentario sobre las Maqāmāt de al-Harīrī. Murió en 1187.
este caballo argel de pura sangre.
Mas no me satisface la poesía
como modo de vida
aunque reverdecieran mis resecas praderas,
y no quiero humillarla
buscando beneficios con mis versos
o evitándome daños.
«Si hubieses ofrecido poesías»,
dice la gente, «habrías alcanzado
una prebenda de inmediato;
también debes tener en cuenta
la emulación de los antiguos,
que aunque no comprometa, obliga al noble.»
¿Es que no saben que en lo más hondo del pecho
la he sepultado antes de haber surgido?
Cuando las manos de los reyes envían dones,
ni elevan a un honor ni dan sustento.
Me alegra prescindir de su grandeza,
de tribunales ornamento, que hace
enrojecer de vergüenza a las estrellas.

60

A UN POETA AMIGO

A todos aventajas en virtudes,


y todo el mundo tiene que admitirlo
de grado o a disgusto.
... Son unas líneas que podrían ser
almizcle por su aroma y su color,
son unos versos nuevos,
de conceptos brillantes que no cansan
jamás la inteligencia.
... Son metáforas que creas fácilmente,
semejantes en tus manos a la lluvia,
y han llegado hasta mí
como la curación llega al enfermo.
... Tu escrito ha confirmado lo que pensaba,
ha dado un manto de gran señorío
a mi descendencia.
... Un cambio en la fortuna de los nobles,
que causó grandes males,
me ha desvelado en un lecho de espinas,
y unos hombres me hirieron desde lejos
al hablar mal de mí,
y es que el daño del arco llega en la flecha.
... Desprecia lo que temes y consuélate
pues muchas veces la próspera fortuna
en medio de tristezas llama.
El más alto horizonte es tu morada,
sé, pues, como la luna que mengua y crece:
fundir el oro no lo envilece
ni el ocaso del astro le priva de grandeza.

61

A SU AMIGO ‘AMR

‘Amr, ¿dónde está ‘Umayr de las colinas del Yemen?


Los vientos, ‘Amr, nos han arrastrado,
así como la gran distancia,
las circunstancias adversas y una ausencia
que ha durado diez largos años.
La conversación vuelve
a los temas más gratos que suscita
y lo agradable evoca lo agradable
por cualquier motivo,
¡Ay! Hablemos de aquella blanca colina
que añora el corazón de tu hermano,
triste y enfermo de nostalgia;
llévanos de sus laderas a la llanura,
deja que en estas noches nuestras cabalgaduras
se repongan del cansancio;
aparta la colina de tus ojos
y pregunta entre las dunas,
por aquel dulce tiempo
di a sus grandes árboles:
«Arboles ennoblecidos por Abū ‘Amir1,
envaneceos ante las nubes de su riego.»
Ay dulzura del agua y de la sombra!
Favorece a este crepúsculo
que te saluda agitando las ramas.
¿ Qué tiene vuestra densa sombra
cuya penumbra se extingue
aunque se desbordó para el desterrado?
¿Va a consumirse mi alma de sed a vuestro lado?
Temed a Dios en la agonía
de vuestro amigo ausente.
Por ti, arboleda, dejamos las llanuras
vacías de nocturnas cabalgadas
mientras la oscuridad resuena
con ruido de acampada,
y hemos pasado la noche
cumpliendo con nuestro llanto
una deuda de lágrimas a tu tierra
por un amigo que, si vuelve de su amor
por las ruinas, iremos a saludar
pidiendo generosidad a las lágrimas
para que sobre él se teja.
el brocado de la hierba.
Pregunta a tu feraz vega regada,
donde se agitan los arrayanes,
por unos jóvenes que fueron
lo mejor de su linaje,
cuyas virtudes sólo han quedado en el recuerdo,
que realizaban nobles acciones
ya veces se alegraban con el vino,
hasta que, al llegar al final de la copa
disfrutando del placer hasta el límite,
1
Se refiere a los descendientes de Abū ‘Amir Almanzor, reyes de Valencia
en tiempos de los Reyes de Taifas.
partían llenos de magnanimidad
y giraban sobre las estrellas más brillantes:
la embriaguez se mostraba en sus guedejas
como el céfiro en las lenguas de los turbantes.
Conquistaban los versos con la pluma
y afirmaban las raíces de los árabes.
Vinieron a Mequinez,
que con el brillo de estas galas
se convirtió en una maravilla.
No hay tierra como Mequinez de Zaytún.
¡Qué bello espectáculo
tan digno de admirarse!
Si quisieras, amigo mío,
volverías conmigo a Sueca
desde su occidente en ruinas.
El viento del crepúsculo
unge los mantos de las húmedas colinas,
y en el brillo más grato de sus noches
es posible hacer alto en Masila.
Eran aquellos días, los pasados,
como albercas de plata en la mañana
con crepúsculos de oro,
o bien muchachas perfumadas,
vestidas de luz y sombra,
más deseables que besar labios frescos.
Amigo, la mano del tiempo fija
en cada buena acción una parte de desgracias,
domina, pues, tus lágrimas,
no te aflijas por la desdicha,
pues el hombre sigue el camino de su padre.

62

EPIGRAMA

¡Cuánta discordia crean


entre los hombres.
estos dos sabios:
el diablo, maldito sea,
y el hombre malvado!

63

VERSO FINAL DE UN POEMA

Tinieblas de la noche, adelantaos


para que él dé hospedaje
a un huésped o proteja al que teme.

Correspondencia entre los poemas de ar-Ruşāfī en esta colec-


ción y en el Dīwān ar-Ruşāfī, editado por I. ‘Abbas. D, por su-
puesto, es el Dīwān.

1 =D 9 3 =D 2 5 =D 48
2 =D 45 4 =D 55 6 =D 50
7 =D 32 26 = D43 45 = D 21
8 =D 36 27 46 = D 18
9 28 47 = D 53
10 =D 3 29 = D16 48 = D 17
11 30 = D22 49 = D 19
12 = D 10 31 = D35 50 = D 24
13 = D 12 32 =38 51 = D 58
14 = D 20 33 = D13 52 = D 52
15 = D 30 34 = D41 53 = D 11
16 = D 46 35 = D56 54 = D 29
17 = D 49 36 = D57 55 = D 6
18 = D 28 37 = D28 56 = D 4
19 = D 44 38 = D42 57 = D 25
20 = D 31 39 = D1 58 = D 26
21 = D 33 40 = D7 59 = D 23
22 = D54 41= D15 60 = D 51
23 = D59 42= D40 61= D 5
24 = D34 43 = D 14 62 = D 37
25 = D47 44 = D 8 63 = D 39

INDICE

INTRODUCCION
BIBLIOGRAFIA

POEMAS, DESCRIPTIVOS Y BAQUICOS


1. Un pino en el jardín
2. Como si fuera plata
3. El Guadalquivir entre árboles
4. El arroyo en estío
5. La Ruşāfa de Valencia
6. Arroyo de la miel
7. La noria
8. El baño
9. La manzana
10. El joven dormido
11. El joven esbelto
12. El carpintero
13. El calderero
14. El niño que fingía llorar
15. El que trabaja la seda
16. El tejedor
17. El joven guerrero
18. Una rama de sauce
19. El néctar de su boca
20. El tañedor de laúd
21. El sueño
22. Del almendro la flor
23. Tarde en los jardines de Mūsà ibn Rizq. I
24. Tarde en los jardines de Mūsà ibn Rizq. II
25. Era una tarde clara
26. Un amigo te invita
27. ¡Vuelve a llenar las copas!
28. El viento en el río
POEMAS AMOROSOS
29. Era una noche cuya negra sombra
30. Que nuestro amor riegue con llanto
31. Vino al salir las Pléyades
32. Aquí en mi pecho
33. Celos
34. Paloma, agita tus alas
35. Nostalgia de Valencia
36. Tú que cabalgas
37. Amantes
38. Tú que vas a las tiendas de an-Naqā

ELEGIAS
39. A la muerte de un amigo ahogado
40. Elegía a la muerte de Yūsuf. I
41. Elegía a la muerte de Yūsuf. II
42. Tras la muerte de Yūsuf
43. En mi sueño agitado
44. Elegía
45. Elegía valenciana
46. Elegía a la muerte de Abū Muhammad ibn abī
1-‘Abbas al-Ŷudāmi de Málaga

ELOGIOS
47. Elogio de Abū Ŷa‘Far al-Waqqaši, visir de Ibn Hamušk
48. Elogio al visir al-Waqqaši
49. Elogio de Abū ‘Abd Allāh ibn ‘Abd al-Malik ibn Sa‘id
50. Elogio de ‘Abd al-Mu’min cuando desembarcó en el monte de
la Victoria (Gibraltar)
51. Elogio a un noble almohade
52. Elogio de Abū Sa‘id al-Sayyid
53. Elogio de Ibn Manşūr

VARIOS
54. Felicitación por un recién nacido
55. Respuesta a un amigo que le había enviado un cuchillo
56. Saludo a Abū l-Hasan
57. Saludo a Ibn Wahb
58. Respuesta a Ibn Harbūn
59. Respuesta a Abn l-Hasan ibn Lubbāl de Jerez
60. A un poeta amigo
61. A su amigo ‘Amr
62. Epigrama
63. Verso final de un poema