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DESCARTES Y EL FEMINISMO CARTESIANO

Uno de los temas relacionados con el Descartes y que nos atañe en la actualidad es el feminismo. Ya en aquella época surgió un movimiento basado en el método cartesiano, y utilizado para igualar el valor de la mujer y el del hombre. Esto es conocido como Feminismo Cartesiano. Hoy además de explicar el contexto en el que se encuentra la mujer para poder comprenderlo, explicaremos la capacidad feminista del pensamiento de Descartes.

La Capacidad Feminista de dicho planteamiento fue analizada y puesta en cuestión por mujeres intelectuales de la época conocidas como las cartesianas. Comenzando por Celia Amorós, quien expone que la filosofía ha sido desarrollada con una perspectiva sexista favoreciendo al hombre pues, en muchas de las explicaciones se excluye a la mujer quitándole importancia y excluyéndola de la misma. Dice que la filosofía, de la época, no está sino ayudando al clacisismo, dejando a la mujer fuera del sujeto moderno, es decir, del progreso. Finalmente indica que el feminismo filosófico no es más que un intento de acercar la filosofia al ilustrismo y que por ello no está completo. Para completarlo, contribuye Poulain de la Barre con su obra. Esta se compone de un triple sentido, tres vías. En primer lugar, se centra en las propias páginas del autor del Discurso del Método en busca de sus claves éticas. Esto último fue lo discutido por las cartesianas previamente mencionadas. En un segundo paso, abordará el dualismo en las Mediciones metafísicas entre la res extensa y res cognitas para reivindicar y universalizar, el derecho a ser YO pensante, sin importar el género, por lo que engloba a todo el mundo, mujeres y hombres, indicando que todos son YO pensantes. Finalmente, la tercera tarea, trata de la matizada recepción por parte de Isabel Bohemia de la concepción cartesiana de la subjetividad. Esta habla de la unión de alma y cuerpo, que definen el vrai homeme, y discute la arquitectura de la obra de Descartes. Poulain de la Barre concluye así, con su perspectiva, valorando y contribuyendo al rendimiento feminista del pensamiento cartesiano.

CLAVES ETICAS

Descartes tuvo gran repercusión en el público femenino y mostró interés en que este pudiese entender su obra, haciendo publicar el Discours de la Méthode en francés (lengua vulgar). Tenía interés en que “incluso las mujeres pudieran aprender algo”. La trama narrativa del Discours pone en valor el tono biográfico frente al académico y la perspectiva individual frente a la tradición; renunciando a poner los capítulos más abstrusos, como las pruebas de la existencia de Dios.

Tanto el Discours como en las Meditationes de la prima philosophia o los Principia philosophiae se sanciona la perspectiva de un yo que aspira a enfrentarse a la realidad con certeza y que por ello se decide a adoptar un gesto escéptico y ascético extremo que le permitan desvincularse de las inclinaciones sensibles que precipitan el juicio. El dualismo resultante prueba su utilidad sirviendo a los intereses de la nueva ciencia, que busca objetivar y hacer inteligible una naturaleza desanimada y desencantada con el fin de habilitar su cálculo y dominio. El planteamiento cartesiano también satisface las aspiraciones a la autonomía constitutivas del individuo moderno. Por ello la res cogitans es la expresión de un sujeto que ambiciona a liberarse de los prejuicios y romper con las ataduras de la tradición, y muchos críticos han coincidido en que la principal enseñanza de ese yo desvinculado es la autorresponsabilidad, la voluntad de apoyarse en el propio juicio, hallar el propio propósito en sí mismo.

En torno a ese ideal de autorresponsabilidad se modula la defensa del individualismo

metodológico y del racionalismo universal, que son los hilos con los que el feminismo filosófico va a tejer su argumentario. En primer lugar cabe recalcar que la filosofía cartesiana ampara el derecho de la búsqueda individual de la verdad.

El ejercicio crítico de individualismo tiene un alcance universal e igualitarista. El uso de la razón puede apoyarse en un método accesible en principio a todos y todas, aunque exige una

determinación y una fuerza de voluntad que no siempre es posible cultivar. Pero en cualquier caso,

el hiperbólico escepticismo de su filosofía se activa contra el imperativo de la tradición y el

principio de autoridad.

intelectual en todo individuo configura un nuevo espacio discursivo: el espacio discursivo propio de

la modernidad que se convierte en la matriz del pensamiento feminista.

En definitiva el planteamiento cartesiano prioriza el yo sobre las costumbres, la academia y las instituciones, que eran dominios masculinos, y prometía también a las mujeres su reconocimiento como sujetos. Es lo que reivindicaron las cartesianas.

El ideal de autorresponsabilidad que pone en valor la autonomía

LAS CARTESIANAS

El término Cartesienne, referido en general a las damas que cultivaban, divulgaban y debatían la filosofía de nuestro autor. Como caso singular, habría que citar a la reina Cristina de Suecia, que tras su relación epistolar con Descartes, lo reclamó como instructor e interlocutor. También convendría recuperar algunos nombres que representan un cartesianismo de salón, en la órbita de esas mujeres que articularon el espacio intelectual de la época y que fueron denominadas las preciosas: Madame de Sévigné, Madame de Grignan. Igualmente citar a Marié Dupré, apodada directamente “la Cartésienne” y a la propia sobrina del filósofo, Catherine Descartes, conocida como “l´illustre”.

El árbol de las cartesianas tiene además otras ramificaciones. En una de ellas, encontraríamos a las italianas María Gaetana Agnesi y Giuseppa Eleanora Barbapiccola, que en la primera mitad del siglo XVIII ayudaron a la difusión y traducción de la filosofía natural de Descartes. Antes, algunas estudiosas, habían discutido con voz y argumentos propios el programa cartesiano de la subjetividad –como Isabel de Bohemia, y otras se habían consolidado además como autoras que vieron su obra publicada. Es el caso de las inglesas Margaret Cavendish y Mary Astell, quienes desarrollaron posiciones muy críticas y matizadas con respecto al dualismo. En su obra de 1673, la desigualdad entre hombres y mujeres queda reducida a prejuicio, pero que no puede resistir, no obstante, la aplicación metódica del criterio de verdad.

En su segunda obra las mujeres tienen capacidad para todas las ciencias y son capaces de regular las pasiones y mantener la firme y constante resolución de hacer lo que se juzgue mejor en

cada circunstancia. Si se observan diferencias al respecto entre unos y otras, habría que achacarlas a

la educación, que condena a la mitad femenina al matrimonio o al claustro, empujándola a la

afectación y a la trivialidad. La posición feminista de Mary Astell (1666-1731), pionera en lengua inglesa, se apoya directamente en la confianza en un intelecto sin género capaz de alcanzar una firme verdad. El

individualismo metódico que ha de regir su uso acaba de avalar su derecho a pensar por sí misma el mundo, a constituirse como un sujeto de conocimiento

Y en la misma línea, Margaret Cavendish, duquesa de Newcastle (1623-1673), aprovecha la

declaración universal e igualitarista de la razón cartesiana para exigir la educación de las mujeres. Puntualiza que no le interesa estudiar exhaustivamente la obra de Descartes y se muestra crítica con

el dualismo y la solución de Las pasiones del alma, pero sí explota sus claves éticas.

Este afán de autonomía intelectual, de autorresponsabilidad, era compartido por Isabel de Bohemia, que mantiene con Descartes un intercambio epistolar crítico en lo que respecta al dualismo y sus implicaciones. La princesa no sólo va a poner en evidencia la dificultad conceptual que entraña, concebir al vrai homme, sino que va a cuestionar también la viabilidad del programa de dominio de sí que su interlocutor propone.

PENSANDO EL VERDADERO SER HUMANO SER HUMANO

Isabel de Bohemia pronto se gana el título de adalid de las cartesianas y, sin duda, más allá de pomposas evocaciones como la que contiene el poema de Catherine. En 1657 Clerselier había incluido una parte del intercambio correspondencia, que discurre entre 1643 y la muerte de Descartes en 1650, se puede reseñar como el diálogo entre un maestro y una brillante discípula que embargo, la modestia de principiante de la que la princesa hace retóricamente gala.

Habida cuenta de ello, nos interesa enfocar en este y el siguiente epígrafe las preguntas de Isabel de Bohemia, cuyo espacio discursivo no acaba de coincidir con el de las respuestas del filósofo, a pesar de las huellas que esta relación intelectual dejó en la obra cartesiana. Estas cualidades se muestran en la discusión a propósito de la unión de alma y cuerpo que marca el inicio de la correspondencia y que desembocará en la redacción del tratado Las pasiones del alma, último título del filósofo publicado en 1649 que salda igualmente su deuda repitiendo dedicatoria.

Este trayecto de la obra cartesiana está centrado en la figura del vrai homme, intercambio epistolar se ocupa, en cambio, de un contexto subjetivo permeable a lo otro lugar y enseguida se mencionará, Descartes acaba recurriendo anacrónicamente a algunas imágenes hilemórficas para dar cuenta del verdadero ser humano.

CARTESIANISMO Y FEMINISMO CARTESIANO

El pensamiento de Descartes es un gran recurso para crear la historia del feminismo cartesiano. Su obra interviene decisivamente en un punto de vista igualitario que inaugura un nuevo espacio discursivo para el feminismo y facilita el desarrollo intelectual de las mujeres a partir del S.XVII.

Las cartesianas, asimilan las claves éticas de la filosofía de Descartes y feminizan el ideal de autorresponsabilidad al que aspira el yo pensante. Por otra parte el ideal de la pensadora Isabel de Bohemia permite señalar un límite con el que se encuentra la articulación de la subjetividad, estas afirmaciones se cohesionan con sus dudas sobre la posibilidad de entender con coherencia la unión de alma y cuerpo. Para la pensadora, este desplazamiento además de parecerle trivial, le resultaba fuera de lugar ya que el espacio de las conversaciones no dejan de ser prejuicios que el método cartesiano quería boquea. Y es aquí donde se acentúan las diferencias entre hombres y mujeres que viene a constituir esa maldición de la que ella se lamenta.

El lugar ideal para el dominio del sí se aleja completamente del ámbito cotidiano ya que

necesita un ambiente de paz, fuera del alcance dentro de la vida rutinaria de las personas

comparamos los pensamiento de Descartes e Isabel de Bohemia podemos ver que la igualdad tiene condiciones de posibilidad también en el sentido de la autonomía. Como vemos, el pensamiento de

Si

Isabel se aleja notablemente de los de Gassendi pero nos nos equivocamos si decimos que su planteamiento se puede haber visto reforzado por un interés práctico que consiste en reconocer la vinculación del sujeto y sus ineludibles compromisos.

Si analizamos más a fondo los manuales, vemos que las cartesianas no se han dejado entrever mucho, lo cual muestra que quedan cosas sin saber y que por lo tanto no tienen respuesta pero que sin duda, ayudarían a completar el pensamiento cartesiano.