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Jonás nos recuerda que la presencia de Dios nos permite soportar las pruebas que

enfrentamos, incluso las que creamos por nuestra propia desobediencia. Hay

El profeta Jonas es arrojado del barco cuando se disponía huir de la presencia de Jehová a Tarsis

LAS AGUAS DE LA RESTAURACIÓN


Jonás 1:17; 2:1-10

INTRODUCCIÓN: El capítulo 2 de este libro es el más impresionante del que tengamos


memoria en toda la Biblia. Esto lo mencionamos porque hasta ahora ningún hombre ha vivido la
experiencia que tuvo Jonás al descender a las profundidades del mar y salir vivo de semejante
prueba.

Nadie ha experimentado más la separación y ausencia de Dios como el profeta Jonás.

arco y una flecha. Era el padre del niño.

Había estado allí toda la noche. Mi amado en las agitadas aguas de la vida es cuando más
sentimos la presencia de Dios para rescatarnos, aunque utilice un gran pez para esto. Cómo
obran esas aguas de la restauración.

LAS AGUAS DE LA RESTAURACIÓN SE AGITAN CUANDO LE HEMOS FALLADO


DA DIOS

Dios usó el mar para corregir y restaurar. Pero en este caso, el pez, representa mucho más que la
corrección de Dios. ¿Qué representó ese pez? Su simbología

1. Un refugio de protección del mar -1: 17. El pez fue la provisión de Dios para proteger al
profeta. Dios intentó usar a Jonás. Si bien los tres días y noches en el vientre del pez eran
extremadamente difíciles y dolorosos, Dios no tenía intención de matar a Jonás.

Si Dios quería que Jonás muriera, ¡pudo haberlo dejado en el océano y que se lo comiera un
tiburón! Por supuesto que Dios quiso romper la voluntad desobediente de Jonás, pero Dios no
había terminado con él. ¿Cuándo fue que el pez se tragó a Jonás? Bueno, al parecer no fue
inmediatamente.

Observe que fueron los marineros que lo arrojan al mar (1:15). Él, sin embargo, confesó que
Dios estaba detrás de esa acción (2: 3). Las olas lo barrieron (2: 3b). Esta es la forma cómo él
describe lo que va sintiendo en la medida que va bajando. Si algo nos muestra este pasaje es que
Jonás no sabía nadar. A penas fue lanzado se hundió. Él pensó que Dios lo había "desterrado"
(2: 4).

Pensó que estaba solo. El agua se arremolina alrededor de su cuello mientras lucha por
mantenerse a flote (2: 5). El agua lo venció y comenzó a hundirse (2: 5b-6). Él estaba a punto de
morir, eso es lo que nos muestra cuando habla que lo rodeó el abismo (2: 6-7). Pero antes que
eso sucediera, Dios lo rescató (2: 7). ¿Cómo fue que Dios lo rescató? ¡Pues a través de un gran
pez! Nuestro Dios es asombroso.

Incluso en medio de las consecuencias de su desobediencia, Dios ama y rescata a Jonás. ¿No
es esto lo que siempre hace con sus hijos? No se sorprenda de lo que Dios le manda para
salvarlo.

2. Un transporte personal hasta la costa - 1:17, 2:10 Después de "tres días y tres noches"
(1:17]), "Dios ordenó al pez y vomitó a Jonás en tierra firme" (2:10). Los tres días y las noches
probablemente no tienen nada que ver con la velocidad de los peces, pero con el tiempo Jonás
necesitó vaciar su corazón pecaminoso.

Cuando Jonás estaba listo para obedecer a Dios, el pez estaba listo para liberarlo. Este escenario
también representa el momento soberano de Dios. Sabemos que Jesús se refirió a la duración
del viaje de este cuando les enseñó a sus discípulos acerca de la resurrección (Mt. 12:40).

Dios tenía un lugar específico donde quería a Jonás porque el profeta estaba en el lugar
equivocado. El Señor todavía deseaba que Jonás fuera a Nínive. Entonces, Dios preparó una
manera de moverlo desde el medio del océano de regreso al lugar donde comenzó. La manera
cómo Dios hace las cosas son sorprendentes e inobjetables. Antes que existieran los submarinos
ya Dios tenía los suyos. Por supuesto que el viaje a la costa de Nínive no fue tan placentero,
pero allí llegó.

3. Un santuario privado con el Señor - 2: 1. Leemos: "Jonás oró al Señor su Dios desde el
interior del pez". ¿Qué es un "santuario"? ¿Qué hace que un auditorio de la iglesia, un armario
de oración o incluso el vientre de un pez sean un santuario? Es el lugar donde te encuentras con
Dios. Y puedes saber que te has encontrado con Dios cuando captas su atención.

En ese momento todo, excepto Dios, es insignificante y nada vale. Todo lo demás es solo una
distracción. Pero cuando entres en su presencia no seguirás siendo el mismo. Piensa en lo que
sucedió dentro de ese pez. Allí Jonás reconoció su total dependencia de Dios. Escuche la
desesperación en su voz: "Grité pidiendo ayuda" (2: 2), "dije, 'he sido desterrado'" (2: 4), y "a
medida que mi vida se desvanecía, recordé la Señor." (2: 7).

Dentro del pez, Dios despojó al profeta de su orgullo y prejuicio (2: 8). Dios eliminó todas las
distracciones espirituales. Dentro del pez, Jonás se sometió a Dios sin reservas (2: 9). Jonás se
quedó solo con Dios y la voz del pecado, de la fama y de los demás se convirtieron en sonidos
débiles.

Pero la voz de Dios se hizo fuerte y clara. Si te has alejado de Dios y sientes tu necesidad de
renovar tu fe, entonces siéntate a solas con él. Encuentra un lugar privado para estar con Dios.
No necesitas un evento dramático, como el estar en vientre de un pez, solo necesitas estar solo
con Dios. Atrévase a estar a solas con Dios.

LAS AGUAS DE LA RESTAURACIÓN TE CONDUCEN A LA COMUNIÓN CON LA


PALABRA

1. La palabra como esperanza v. 3. Son las experiencias dolorosas en la vida, muchas de ellas
relacionadas con nuestra propia desobediencia, las que nos conducen a la palabra de Dios como
nuestra gran esperanza. Jonás es un ejemplo de esto.

Un estudio de esta oración nos revela la forma cómo el profeta cita los salmos que tanto
conocía. Por cierto, que no lo hace desde una escuela dominical o un púlpito. Lo hace desde la
más grande angustia de su alma. Es posible que no tuvo que decir al final de cada cita cuál era el
capítulo o versículo, pero dejó que fuera la palabra de Dios la que en esos momentos de su
agitada vida impregnara sus pensamientos.

Cuando él dice: "Tus ondas me azotaron" (2: 3), estaba pensando en las palabras del Salmo 42:
7: “Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí”. Cuando él dice: "He sido desterrado"
(2: 4), estaba pensando en el Salmo 31:22: “Decía yo en mi premura: Cortado soy de delante
de tus ojos; pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba”.

La palabra de Dios nunca deja de ser y es en esos momentos cuando se encarna en nuestros
corazones. El creyente genuino sabe que es la bendita palabra del cielo lo que le conducirá en la
tierra y en los momentos más difíciles ella se hace presente para nuestro consuelo.

2. La palabra como refugio v. 5. Cuando dice: " Las aguas me rodearon hasta el alma…”, a su
mente vino lo que dijo el salmista: Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el
alma” (Sal. 69:1). Cuando dice: Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová…”, se
acordó de las palabras del Salmo 147: 3: “El sana a los quebrantados de corazón, y venda sus
heridas”.

Cuando él dijo: “Y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo” (2:7), a su mente vino el
Salmo 18:6: “En mi angustia invoqué a Jehová,?Y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su
templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos”. Cuando él dice: “Los que siguen
vanidades ilusorias, su misericordia abandonan” (2:8), estaba pensando en el Salmo 31:6:
Aborrezco a los que esperan en vanidades ilusorias; mas yo en Jehová he esperado”. Cuando
dice la “salvación viene del Señor” (2:9), tuvo que venir a su mente lo que nos decía el Salmo
3:8: “La salvación es de Jehová; sobre tu pueblo sea tu bendición”. Ante todo, esto, surge esta
pregunta, ¿por qué la Palabra de Dios era tan crítica para la recuperación espiritual de Jonás?

3. La palabra como purificadora v. 9a. La desobediencia pareciera tener la misión de


endurecer el corazón del creyente. El profeta Jonás experimentó esto. Sin embargo, y en medio
del mar agitado de su vida, cuando más sentía la cercanía a la muerte, hizo de la palabra de Dios
su más segura provisión y su más grande instrumento de purificación. Ahora dice algo que debe
ser el resultado de nuestro real arrepentimiento frente a esos estados donde sentimos que le
hemos fallado al Señor: “Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios…”.

El acto de contrición debe llevarnos a un acto de adoración. Hay muchos sacrificios que pueden
ser ofrecidos en el altar del Señor, pero ninguno será más grande que aquel que se rinde al Señor
y se postra en adoración a él. De esta manera la Palabra de Dios siempre nos guiará de regreso a
Él si la seguimos. Tal vez deberíamos mirar la Palabra de Dios, como un hombre perdido en el
bosque vería su brújula, y poder decir: "Lo seguí y salí bien". La Biblia es una brújula que ha
guiado a millones al cielo.

LAS AGUAS DE LA RESTAURACIÓN TE DESPIERTAN A LA CONFESIÓN

1. Reconozco tu mano sobre mi condición v. 2: 3, 4. Él dijo: "Tú me arrojaste a las


profundidades" y "he sido desterrado de tu vista". Observe las palabras "tu" y "su". Jonás hace
la conexión entre su desobediencia y la corrección de Dios. En este reconocimiento de su
condición enaltece a Dios en su estado insuperable como Dios fiel e intachable. Pero en el
mismo reconocimiento admite su propia culpabilidad.

Y es que cuando somos lanzados en el mar de nuestra restauración, y vemos que las aguas que
pasan sobre todo nuestro ser hasta sentir que nos estamos ahogándonos, somos conducidos a
confesar lo que dijo el ladrón en la cruz: “Nosotros merecemos lo que estamos sufrimiento,
pero este ningún mal ha hecho”. Lo que Dios hace para corregirnos siempre será lo mejor.
Nuestra condición lo amerita.

2. Giro mis ojos hacia Ti - 2: 4. Jonás agregó, "pero miraré una vez más hacia Tu santo
templo". Aquí hay una buena definición de retroceso: quitar los ojos de Dios. Cuando Jonás
salió para Tarsis en plena desobediencia le dio la espalda a Dios. Quitó su mirada de él y se fue
en sentido opuesto y contrario para no hacer la voluntad de Dios. Este texto es una de las
mejores definiciones del arrepentimiento, que consiste en volver la vista hacia Dios. Ningún
asunto es más triste en la vida que darle la espalda a nuestro Dios.
Muchas veces pensamos que viviendo lejos de él y haciendo lo que nos parezca será la mejor
vida. Pero cuanto engaño hay en todo esto. Esto es el ofrecimiento del mundo, del pecado, de la
carne. Sin embargo, mientras más lejos nos ponemos de Dios, más fuerte será sentir su ausencia.
Lo que Jonás oró debe ser la oración de todo genuino cristiano.

3. Te agradezco por Tu compasión - 2: 6. "Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová


Dios mío". Es cierto que esta oración pareciera sugerir que ya Jonás está libre, que ya no está
en peligro. Pero más bien es reflejo de su fe. Es un acto mediante el cual tiene su confianza que
el Señor lo sacará de aquella condición. Oh, que bendita promesa y seguridad es saber que,
aunque andemos por el valle de sobre y de muerte, no temeremos porque Dios estará con
nosotros. Jonás sabía que si Dios lo había dejado con vida era por algún propósito.

4. Renuevo mi compromiso contigo - 2: 9. Él prometió, "cumpliré mis votos". El


arrepentimiento sin obediencia resulta en fracaso. El verdadero arrepentimiento requiere
cambios. Un creyente en una iglesia siempre pasaba al frente después del llamado del pastor y
oraba, diciendo: "Señor, quita las telarañas de mi vida".

Conclusión. Jonás es un personaje único en la Biblia y muchos de nosotros tenemos que


identificarnos con él en muchas de sus actitudes. Él pensaba que solo Israel podía ser salvo.
Piense las veces donde me considero como el único podrá salvarse. Jonás desobedeció a Dios
con una facilidad asombrosa. Se da cuenta con qué frecuencia y rapidez le desobedecemos a
Dios.

Jonás dormía mientras el mar estaba agitado y los marinos trataban de calmar la tempestad.
Cuan indiferentes somos mientras vemos que otros perecen tan cerca de nosotros.

Jonás es un profeta quejón y malcriado. Reconocemos que nosotros actuamos de la misma


forma cuando las cosas no se hacen como pensamos. Pero a pesar de todas estas actitudes
negativas del profeta, él ha sido el hombre que nos ha mostrado la importancia que tiene para el
hijo de Dios transitar por las aguas de la restauración y salir de ellas victorioso.

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