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Capitulo sexto

El desarrollo de la capacidad para la inquietud 1 (1963)

E.l orl¡en de la capacidad para sentir inquietud constitu­

ye un problema complejo. La inquietud es un rasgo impor­ tante de la vida social. Los psicoanalistas sueltm buscar los orígenes en el desarrollo emocional del individuo. A nosotros nos lnter111a conocer la etiología de la "inquietud y en qué

Aimismo, nos

interesa aber acerca de los casos en que dkha capacidad no existe o ■e pierde tras haber quedado instaurada hasta cierto punto. La palabra •Inquietud» se emplea para denominar de mo­ do positivo un tenómono que de modo negativo llamaríamos •culpabllldacb. BI 1entlmlento de culpabilidad está constitui­ do por la angu■tla aliada C'On la ambivalencia, y entraña un grado de lntearac!ón on el e¡o del Individuo que pennl1e 111 r�tenclón de una buena lmapn objeta! junto con la idea de su destrucción, La Inquietud da a entender una mayox- integra­ ción, así como un mayor crecimiento, y se relaciona positiva­ mente con el sentido Individual de la responsabilídad, espe­ cialmente en lo que ae refiere a las relaciones en las que hu­ yan penetrado los Impulsos Instintivos. La inquietud se refiere al hecho de que el individuo sea capaz de interesarse, o de preocuparse, y que sea además ca­ paz de sentir y aceptar la responsabilidad. A nível genital dentro del enunciado de la teoría del desarrollo. podría de-

punto del deaarrollo Infantil hace su aparición

l. Presentado a In Topeka Psychoanaly1ic Socic1y, el 12 de oc1ubre

de 1962, y p11blicado por primera vez en el •Bulletin of 1be Mennineer Cliruc•, 27, PI;'- 167-176.

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D.

W.

WINNICOTT

'

cirse que la inquie tud cons ti tuye la base de la fa milia, cuyos dos miembros unidos en la cópula -más allá de su placer­ asumen la responsabilidad del resultado. Pero dentro de la vida imaginativa total del individuo, el tema de la inquietud nos lleva a enfrentarnos con temas aún más amplios; ade­ más, la capacidad para la inqu ietud se hall.a detrás de todos los juegos y trabajos constructivos. Es propia del vivir nor­ mal y. sano y merece la atención del psicoanalista. Hay muchas razone s para creer que la inq uietud -en su sentido positivo- surge en los comienzos del desarrollo emo­ cional del individ uo, en un periodo an terior al del clásico complejo de I:.dipo; complejo que impfü:a una relación entre tres personas, cada una de las cuales es percibida por el niño como una persona «completa», Sin embargo, no hay necesi­ dad de preocuparnos dema siado en señalar una fecha exacta; en realidad, la mayoría de los procesos que se inician en la primera infancia nunca llegan a instaurarse por completo y siguen recibiendo el refuerzo que les da el crecim iento que pro�igue a finales de la ni ñez y, de hecho, en la edad adulta e incluso en la vejez. Es frecuente que el origen de la capacidad para la inquie­ tud se describa en términos de la relación criatura-madre, cuando la primera ya constituye una unidad y percibe a la madre, o figura materna, en calidad de persona completa. Se trata de un paso evolutivo que pertenece en esencia al perío­ do de la relación bipersonal. En todo enunciado del desarrollo infantil, hay ciertos prin­ ci pios que se dan por sen tados. Ahora quis iera decir que los procesos de maduración forman la base del desarrollo de la criatura y del niño, así en lo psicológico como en lo anatómi­ co y fisiológico. Sin embargo, en el desarrollo emocional está claro que son necesarias ciertas condiciones externas para que los potenciales de maduración lleguen a cobrar realidad. Es decir, el desa1·rollo depende de un medio ambiente satis­ factorio y cuanto más retrocedamos en el estudio del bebé, más cierto será que sin unos buenos cuidados maternos las primeras fases del desarrollo no pued.en tener lugar. Es mucho lo que debe acontecer en el desarrollo del bebé antes de que podamos emp ezar a hablar de inquietud. La ca­ pacidad para sentir inquietud es cuestión de salud; es una capacidad que, una vez instaurada, presupone una comple ja organización del ego que no puede mirnrse más que como un logro tanto en lo que se refiere al cuidado como a los proce­ sos internos de crecimiento del niño y la criatura. Daré por existente un medio ambiente satisfactorio en las primeras

BL PROCESO

DB

M ADU RAC IÓN

EN

EL NIRO

89

fases, con el fin de simplificar la cuestión que deseo estudiar. Así, pues, lo que voy a decir se refiere a complejos proce os de maduración cuya conversión en rea l idad depen de de un buen cuidado de la criatura y del niño. De las muchas etapas descri tas por Freud y sus colegas psicoanaliticos , debo destacar una que me obligará a emplea r la palabra « fusión ». Se trata del logro de un desarrollo emo­ cional en el que el bebé experimente simultáneamente impul­

sos eróticos y agresivos hacia el mismo ob j e t o. En la ve r1 icn­ te erótica, se produce a la vez la búsqueda de satisfacción y la búsqueda de ob j eto; en la agresiva existe un complejo de

im­

plica la refención, para fines comparativos, de una buena ima­ go ob jetal. Asimismo, en el conj unto del impulso agresivo-des­ tructivo se alberga un tipo primitivo de relación objeta! en la que el amor lleva consigo la destrucción. Parte de todo esto resulta inevitablemente oscuro; no necesito conocer todo lo referente al origen de la agresión para proseguir mi argu­ mento, ya que doy por sentado que el bebé hu podido com­ binar la experienc ia erótica y la agresiva, y lo ha hecho en

relación con un solo ob j eto: ha alcanzado la ambivalencia. Cuando esto sucede en el uesarrollo del niño, éste ya es ,capaz de experimentar ambiva lencia en la fantasía , asf como en la función corporal de la cual la fa ntasía, origi rmriame nte, es una el aboración. As imismo, la criatura emp ieza a re lacio­ narse con ob j etos que cada vez tienen menos de fenómenos subjeti vos y más de elementos a j enos al yo y percibidos ob­ jetivamente. Ha ·empezado a instaurar su personalidad, una unidad que se encuentra contenida fís icamente en el cue 1-po Y, al mismo tiempo, que está psicológicamente integrada _ En la mente del niño la madre se ha transform ado en una ima­ gen coherente ; en ese momento es aplica b le el término «ob­ j eto completo». Este estado de cosas, precario al princi pio,

p odría

madre que ha de j ado de ofrecer su regazo q uien desem p eña el papel de la pared sobre la q ue Humpty Dum pty se po:,a en p recario equilibrio. Esta evolución p re:;u p one la existencia de un ego que em­ p ieza a inde p endiza rse del ego auxiliar de la madre. Podemos

decir ya que el bebé tiene un interior y , por consigu iente, un

exterior. El esquema

rá p idamente evoluciona haci a la cornple j id<1d. A partir de este

momen to la criatura vive una vida psicosomát ica. La real idad

ira que hace u�o del erotismo muscular, y de odio, que

recibir el a po do de «fase humpty-d ump t y » ,i siendo la

corporal ha em p ezado su existencia y

2. H11mpty-d11mpty: Personaje de una cancioncilla infantil que cons­

tantemenle se está ca�endo. (N. del T.)

90

D.

W.

WINNICO1T

psíquica i n terior que Fre ud nos ense.ñó a respetar se ha con­ vertido en aJgo real pa ra la criatura, que ahora siente que la riqueza personal reside dentro de su ser. Esta riqueza perso­ nal surge de la experiencia simultánea de odio y amor, que a so vez entraña la consecuc ión de la ambivalencia , cuyo refina­ mic:nto y enriquecimiento llevan a la aparición de la in­ q,u i etud. Nos ayudará la postulación de la ex istencia de dos madres pa ra el niño inmaduro. Si me lo perm i t t: m, a una la l l amaré la « madre-objeto» y a la otra la «madre-medio ambiente• . No tengo el menor deseo de acuñar térmi nos que a la larga se con viertan en rlgidos y obstructivos : _pero me parece posible

emplear

am­

biente» en el presente contexto para describir la inme nsa di­

ferencia que , para el niño, existe entre dos asp ectos de su

cuidado:

la madre en cal idad de objeto o de poseedora del

objeto parcial capaz de satisfacer las necesidades urgentes de la criatura y, por otra parte, la madre en calidad de per­

sona

Ue protege de Jo imprevisible y desempefia un papel

activo en la provisión de un cuidado y un gobierno genera l !e la criatura. Lo que baga l_a criatura en el punto cuJminante de la ten sión del id y t:l uso que así haga de ! obj eto me parece algo muy distinto del uso que haga la criatura de la madre en !anto que parte de l medio ambiente totai,l Empleando esta terminología, es la «madre-medio ambien­ te» la que recibe codo aquello que pod ría mos denominar afecto y coexistencia de los sen tidos »; es la « madre-objeto la que se co nvierte en blanco de la expe riencia xc i t ada, res­ pal dada por la crnda tensión instintiva. Según mi tesis, la in­

qu·ietud hace acto de presencia en la vida del bebé en forma de experiencia su mamen te avanzada que se produce en el

momen to en que, en la mente del pequeño, la « madre-objet o»

y la « madre-med io ambience» se j untan. La provisión ambien­

tal sigue revistiendo una importancia vital, aunque la cria• tura em pieza a ser capaz de poseer aquella estabilidad interior que es propi.1 del desarrollo de la in dependencia. En circunstancias favorables, cuando el bebé ha llegado a Ja fase necesaria de desarrnllo personal, se produce otra fu. sión. Entre otras cosas, existe una p lena experiencia , y una fantasia , de las re laciones objetales basadas en el instinto; el objeto se utiliza sin tener en cuenta las consecuencias, se uti• Uza cruel mente ( entendiendo el té rmino a modo de desc rip­ ción de nuestra visión de lo que está. aconteciendo). Y al lado

los

términos

«madre-objeto »

y

«madre-medio

$J.

3.

Es re es un tema que rec ientemente ha sido desarrollado en un

libro de H:i.rotd Searlcs (1960).

l!L PROCllSO

DI!

.IUDUR.�C lÓN

EN EL NIÑO

9L

de esto se halla la relación, más tranqui la, de l bebe: con la " madre-medio ambiente•. Ambas cosas se unen con un re�ul­ tado complejo, que es precisamente lo qu" deseo d'-'scribii­ en especial. Las circunstancias favorables necesarias en esta (ase soo las siguientes: que la madre siga estando viva y disponi l>I ·, tanto físicamente como en el sentido de no t:Star preocupada por otra cosa. La « madre-objeto• debe sobrevivir a los .:pi­ sodios impulsados por los instintos, episodios que a csras al­ turas habrán adquirido toda la fuerza de fan tasías de sadis­

mo oral y otros resul tados de la fusión. Asimismo, la • maú re­

especial : so;:guir siendo

medio ambiente,. tiene una función

ella misma, estar identificada con su bebé . i::star ali! para re­

cibir el gesto espontáneo y sentirse complacida. La fant asía que acompaña a los pletóricos impu lsos de l id da cabida al ataque y a la dest rucción. No se trata solamente:

de que el bebé se imagine que se come el objeto, sino que, además, el bebé quiere tomar posesión del contenido del ob­ jeto. Si el objeto no acaba por ser des truido es gracias a su propia capacidad de supervivencia, y no por la p rotección que le brinda el bebé. Esta es una de las dos caras de la monc:da.

La otra cara se refiere a las relaciones del bebé con la «madre-medio ambiente». En este aspecto, la protección reci• bida por la madre puede ser tan grande que el niño acabe por inhibirse o apartarse, lo cual constituye un eleménto po• sitivo en el destete del niño, así como una exp licación de po r • qué algunos niños se destetan por sí mismos.

técnica

para solucionar esta compleja forma de ambivalencia. La cria­ tura experimenta angustia, ya que si consume a la mad re la

perderá; pero esta angustia queda modificada por el hecho de que él, el bebé, tiene algo que aportar a la «mad re-med io ambiente11. Existe una creciente confianza en- que habrá una oportunidad de aportar algo, de dar algo a la « madre-med io ambiente ; se trata de una confuuraa que permite a la cria­ tura contener su angustia: La angustia contenida de este mo­

de

culpabilidad. Los impulsos instintivos conducen a un uso desp iadado de:

los objetos, y de allf a un sentimiento de culpabilidad qu� es contenido y mitigado por la aportación a la • madre-mtd io ambien te» que la criatura es capaz de efectuar en el trans­ curso de unas pocas horas. Asimismo, la oportunidad de dar Y reparar que ofrece esta madre por medio de su presencia estable permite que el bebé se muestre más y más audaz en

En circunstancias. favorables se va

creando

una

do sufre una alteración y se transforma en un sent im iento

92

D,

W, WINMICOTT

su experimentac ión de los impulsos del id; en ot ros térm inos:

este modo, la

da

o en

depre­

sión) solamente si no se presenta la oportunidad de hacer una reparación.

este ciclo benigno y en

de culpabilidad

la

una modificac ión

más;

sit ivo, como por

responsabil idad

de

pondien tes a los mismos. Asf se obtiene uno de los elemen tos

constructivos que

trabajo.

posible que la del niño era la

el

las funci ones corres­

ser capaz de

un término más po• cria tura empieza a

re lacionado

libertad

a

la

vida instintiva si: sien Lt:, �ino

deJ bebé.

De

cul pab ilidad 110

potencia, y

Ui;ia vez

expec tativa

i;o n

en este

sus propios

Pero

que queda en

su spenso ,

de

se manifiesta (en forma

instaurada la confianza en

de

de trlste:ca

o

reparación, el los impulsos del

sentim iento

id sufre

acep tar la

caso necesitamos recurrir a

ej emplo

c inqu ietud :o.

sen tir inquie tud,

de

La

impulsos instintivos y de

de ntro

inquietud

oportunidad

resultan fundamentales en

del proceso

estuviese

de desa rrollo,

al alcance de

de contribuir,

el

juego y

Jo

la

que bacía

capacidad

de aportar algo.

.,Hay

cuanto

un

a

la

el tiempo se

rasgo

que vale la

que está

pena anotar,

«contenida»:

espec ialmente en

Integración

de las

la

en

angustia

ha sumado a

la integración,

más estática,

fases anteriores.

madre, lo

auxil iar

la criatura tiene

principio no dure más que unos instantes.

mo que

imago

se

nigna y persecutoria

vas.

niñ o

d.ad

maduración y en parte

ganización

la

El tiempo sigUe

es uno

de los

su marcha por acción de la

funcionalidad

un momento en qu e

cual

de

aspectos

de

la

su ego ;

sin embargo, llega

su sentido personal

la criatura

del tiempo, aunque al

Se trata de lo mis­

la

que

be•

experiencias· instinti­

el

r-e ali­

de

or•

la capacidad de

de

madre

en

su

también los

para conservar viva

el

índole

que se

del cu.a l

en

su

pro cesos

los

encuentre la

aspectos

de

la

para

libertad

mundo interior, mundo en

fragmentarios de

las

a

lo

largo

la madre

de

hallan

elementos

que

surgen de

La duración

logra

del espacio de tiempo

viva

la imago

en

de

parte

mantene.r

psfquica

in terior depende

del

estado en

defensiva

interior.

He trazado un bosquejo

la madre

reviste

No

para

que la

vida

obstante,

este

otra

vez.

Ejemplos

claros

la adolescencia,

en

la

te

rapia a

base

mino que

dad.

lo

llevará

Tenemos

de

de algunos

los

oríge­

presencia

la ctia•

de

una

educa•

nes de la inquietud en las primeras fases, cuando

continua de

tura, esto es,

e¡¡presión.

y

ción

cual

de

un valor específico

instintiva

goce de

equilibrio debe

de

el

ello los

paciente

alcanzarse

en

la

para

tenemos

psiquiátrico,

ser el

inicio de

con

la

sus

el

un ca­

socie­

necesi-

trabajo suele

relación

a

igualmente el

una

constructiva

del

doctor y

ejemplo

r

1

_

EL PROCESO

DE MADURACXÓN BN

l!L NIÑO

y ejemplo r 1 _ EL PROCESO DE MADURACXÓN BN l!L NIÑO dades, Ouitémosle su trabajo

dades, Ouitémosle

su

trabajo

y ¿ qué

será de

él ?

neces ta

!

práctica

de

sus p cientes

y

de

la oportunidad

de

los demás.

sus conocimientos. igual que

El

doctor

poner en

No entra é en

111 de

q ue habi

s1

e r

la

detal le

pérclida

la

los caso:;

lo

la

estable

la

de angus­

c:!scisión

la angustia de la

aquí es

las madres y sus bebés y ent re los padres

se­

A menudo :hablamos de

sobre

1

fa lta

de capacidad para

con apuntar

O sí

oportunidad

la cap¡¡cidad para

inquietud, .

e �

siguiente ;

«madl'e-medio ambiente»

1 1 ;1

de dicha capac idad en

logra sobrevivir

una serie

quedado

la

casi ins taurada. Baste

no aporta una

la pérdida de

por parte de

« m adre-obj eto» no

p odu ce

_

paración, se

qu 1etud y

_

su sust1tuc1ón

lo que

tias y defensas de carácter

y la des integración.

separac_16n, pero

lo que

(es

parapón,

niño n�

de explica r Jo que sucede cuando

rudimemario como son la

estoy tratando de

describir

sus

hijos cuando

de otro

se

ucede ent re

d

c1r, el padre y

y cuando

se

ve

la madre) y

la continuidad externa

no hay

del cuidado

del

estoy tratando

truncada. Dicho

modo,

evita

la separación.

clfnkos vividos

de que se

cualquier psicoanalista

de una

hay que ol­

d.el aJJálisls hay

el anal ista necesita

de­

que denomina­

mos

es­

tado

en efecto, un bebé

un muchacho

de doce años al que se me pidió que interrogase. Se trataba de

un

depresión,

a la

y

es.

es posible hace r caso omiso de

sarrollo del individuo, así como a

A modo de ilus tración citaré algunos casos

m í.

Sin

emba rgo,

casos

raros.

no quisiera

de

dar W1

en

por.

dar Ja impresión

po

tra �

sena

a de

Prácticamen te

ej emplo

capaz

de este ti

extrafdo

mana de t rabajo

s �

vida

multitud

comprender y

todo

el consul torio.

Además , no

que en todo ej em_plo clínico procedente

de mecanismos

_

mentales

que

que corresponden a

etapas posteriores

las defensas

encuentra en

de)

•psic.on euróticas •. Sólo

ello cuando el

de regresión

a

Primer ejemplo:

muchacho cuyo

paciente se

un severo

la dependencia en la

al cuidado

de una

transfere ncia, y

figura materna.

Citaré ante todo el caso de

desarroUo

hacia adelante

en ella

una

gran

lo conducía

de

odio

incluyéndbse

cantidad

agresión

(si

atrás

nos

bas

sus

se

za

inconscientes;

por

otro

as()

lado,

lo

su

desarrollo

a ver

ha

c ia

rost ros

se me

sue'.

p rue­

fuerza del ego de este much acho, como a testi guaban

fuer­

permite decirlo

que

eran

estado

llevaba

experiencias

habidos en

de

estado s

la

_

mani festó

horribles porque

represen tab<1n

Teníamos

en que

dicha

siguiente:

de

vigilia (alucinosis),

de

las

formas

la entrevista

depresivos. Una

durante

fu e la

Me describió una pesadi lla

un

cuerno

la

y perte necien te

en

ser diminuto, una

especie

que una enorme criatura

al sexo

pro­

ma sculino amenazaba

alguna

. vista de

ª un

de hormiga. Le pregunté si

•1 -,1 -

.,

94

D. W. WINNlCOTT

vez habla soñado que él era la bestia del cuerno, y si otra perso­

la infancia, era la hormiga. Reco­

no � ió que así era. Al ver que uo rochazaba mi intc1¡irctaclón del

odio que entla hacía su hermaoo, le di oportunidad de que me

te na­

t uralidad al describir el t rabajo de su padre como mecámco de refrigeración . Le pregunté qué quería ser cuando fuese mayor. Me contestó que •no tenia ni idea• y que eHo le preocupaba. En- 1oncos dio cuenta «no de un sueño triste, sino de lo que seria un

sueño triste: su padre muerto•. Estaba al borde de las lá gri mas .

En esta fase de la en trevista hubo un largo periodo en el que no

se produjo nada importante. Al fin, el muchacho, dando muestras de gran timidez, dijo que le gustaría ser clentffico.

que era capaz _ de

pensar en sí mismo aportando algo. Aunque tal vez no tuvtera la habilidad necesaria, sí tenía la idea. Por cierto, el estudio de la carrera escogida iba a darle una posición superior a la de su padre, ya que, según sus propias palabras, el trabaj o del padre no ten ía nada de científico; Q era un simp le me­ cá?lico». Entonces pensé que podía dejar que la entrevista termina­ se de forma natural, que el muchacho pudiese marcharse sin sentirse turbado por lo que yo había hecho. En efecto, yo ha­ bía interp retado su destructividad potencial, si bien era cier to que también posela la capacidad de sel· constructivo. El hecho de haberme contado que tenía un objetivo en la vida le per­ mitía irse Ubre de la impresión de haberme hecho pensar que

el odio y la destrucción eran las únicas cosas de que era ca­ paz. Y, con todo, yo no había hecho nada por tranqu ilizarlo. Segundo ejempfo: Uno de mis paci entes, que ejercía 1� psicoterapia, empezó una de las sesiones diciéndome que ha­ bía Ido a ver qué tal se desenvolvía uno de sus pacientes ; es decir, había abandonado el papel de terapeuta que trata al paciente en el consultorlo para ver al paci.ente en pleno tra­ bajo. La activi dad del paciente d.e mí paciente era de las que requieren gran destreza y le salia muy bien en uno de 5us aspectos, para el cual se neces itaban unos movi mientos J"ápi­ dos que durante la hora dedicada a la psicoterapia no tenían mucho sent ido, pero que lo hacían agitarse sobre el diván como si fuese un poseso. Aunque le quedaban algunas du­ das al respecto, a mi paciente le pareda que probablemente le se ría de util idad haber visto trabajar al suyo . Entonces se refirió a lo que él hacia durante las vacaciones . Tenia un jar­ dln y disfrutaba mucho haciendo ejercicios y emprendiendo toda clase de actividades constructivas; además, Je gustaban los chismes mecánicos y los utilizaba realmente.

n.i

acaso su herm ano du rante

contase su potencial de reparación. Bsto Je salió con basta

Sus

palabras,

por

tanto, demostraban

i

9S

Al hablarme de la visita al luga r de trabajo de su pacien te me había pues to sobre aviso acex·ca de la im porta ncia de sus actividades constructivas. Mi pac iente volvió a referi rse a un

tema que había revestido import ancia en recien tes an álisi� y en el que jugaban un papel destacado varias clases de he­ rramíentas de ingenieria. A menudo, cuando ac udfíl a la sesión analítica, se detenía ante un escaparate cercano a mi casa para

que en él es­

taba ex puesta. La máquina en cues tión te nia una dentadura esplénd ida. Así es como mi pacien te alcanzaba su agresión oral, el primitivo impulso amoroso con toda su c ru�ldad y

en Jn rela ción de

tl'ansferencia»

dad y hacia su primit ivo impulso amoroso. Resul taba t remen­ da la resistenc ia que oponía a todo inten to de profu ndizar. Se trataba de una nueva integración y de la inquietud en torno a Ja supervivencia del analista

Al aparecer este material ·nuevo relacionado con el amor

des rrucfjvidad. Podríamos llamarla «comer

tratamiento iba dirigido hacia est a cruel­

EL PR OCESO

DE

MADURACIÓN EN

BL

Nit-10

contemplar embobada una máqui na herram ienta

Su

primitivo y la dest rucción del analista, ya ha bía hecha algu na referencia al trabajo constructivo. Cuando efec tué la interpn:­ tación que el paciente necesitaba de mí, referente a mi des• trucción por parte suya (comer), pude haberle recordado lo

que d jera acerca de

d �

trucción. Pude haberle dicho que,

on

I mismo modo que el viera a su paciente trabajarñ:lo, obte­

niendo así una explicación de sus movimientos convulsos, también yo hubiese podido verlo en el jardín, t rabajando con

sus chismes para mejorarlo. Alli podía cortar át·boles y vallas, Y todo ello le pJ"Oducía un tremendo gozo. Si semejan tes ac­ tividades hubiesen aparecido desl igadas de su finalidad cons­

r :u

ct iva, hubiese parecido un episodio sin sentido y maniá­

tico, una locura de transferencia. Diría que los seres humanos nu saben aceptar la finalidad

de lructlva de sus primeros intentos amorosos. Sin embargo,

la

lerable si el individuo que hacia ella se encamina conoce la presencia de alguna finalldad constructiva, y de una « mad re­ medio ambiente» dispuesta a aceptar.

idea de destrucción de la

madre-objeto• al amarla es to­

Tercer ejemplo: Un paciente, al entrar en eJ consultorio, �e

fiJó en un aparato magnetofónico que alli había. Esto le h izo pe ns ar, ya que luego , al echarse en el diván y concen tnirse

Para la sesión analítica, manifestó :

gu s t aría pensa.r que, cuando se term ine rni tratamien­

to, lo que

el mundo. No dije nada, pero mentalmente tomé nota de su observa-

haya sucedido aquí conm igo tenga algún valor pa ra

.

- Me

96

ción

ba c�-:rca de

D.

W.

WINNICOTT

pensando que

uno

tal vez era indicio de que el paciente esta•

con los

que

sesión llegase a

nciencia de

el

dar­

de aquellos accesos

de de st ructividad

los

de que la

una nueva c

que me había en frentado repeiiQas veces en

llevábamos

su fm,

la envidia que yo

de tenerme

b�cho

os años

de tratamiento. Antes

había adquirido

le Inspiraba

y que

por buen

analista.

el paciente

estaba motivada por

Tuvo el

impulso

de

¡

1

me

las

gracias

por ser

competente,

y por

poder hacer todo

cuanto

él nece sitaba

que

yo hiciese.

Ya lo

había hecho

otras

veces, pero aquel día el paciente era más conscien te que las ve­

que albe rgaba

ana­

lista.

que le parecía

in ter­

re­

fería

de destr uir.

diese

to­

má.ndose el t iempo necesario. Sin duda fue su capacidad para

le

dicho

pretación se

acertado, añadiendo

ces anteriores de

hacia lo

Cuando

a que

que era

.,Tuvo

que

validez a

llegar

su

los sent imientos destructivos

otra, él dijo sido horrible

su primer

su deseo

d.eseo

su

que

podríamos llamar un

relacioné

una cosa con

hubiera

que

hubiese

basado en

si

yo, acep tando

ind icio

de un

al

impulso

«obje to bueno »:

que

su

mi

comentario. Se

hu biese

de que

_

a

modo y

con

lo que

su destru c­

_

sm

haya llegado

falso Y

de ser út il, le

yo

inoonsciente

antes

destructor

reparación,

y tuvo

que hacerlo

más

fntim

?

tener i dea

permitió

de que a estab lecer

No

a menos

la larga harla algo constructivo

un contac to

tividad.

sentido

a

obstante, el

esfuerzo

constructivo

él,

antes

se

es

que, como dijo

la destrucción.

Cuarto

e¡'emplo:

Una chica

adolescente estaba

sigui

que,

.

al mi smo

us

prop os

!

sus mconvementes.

ndo

tlem·

hijos.

el mo­

­

a la dependencia

la re­

su

campo Hnutado

cada dia,

a

y,

en

vo "t

,

con tarles, emp

��

cido

pe

cabo

':°

ya ha

el hogar

y

dentro

se

desapa

la fam1ha,

del

tratamiento que le daba una terapeuta

el

po, la

La situación presentaba sus

tenia

a

su cuidado

en

casa,

.

junto

La

chica había

incidente

que

a un estado

infantil. Actualmente

relaciones

sigue

siendo

las sesiones

fija.

con

a

ventaJas y

estado gravemente enferma

a

mento de producirse el

zaba a salir de un largo periodo d.e regres1on

y

gresión en sus

estado

llevan

a hora

de

muy especial

de tratamiento que

Llegó un

momento en que la chica

hacia

la

terapeuta

expresó el más profun­

llevaba

como

trataba del

re­

aniqm-

do de

el tratamiento y al mismo tiempo la cuidaba ). TQdo

una

tratamiento ,

los odios

odiaba

la

a

la

(que,

recordarán,

se

iba

seda du rante el resto del dia, pero cuando

terapeuta resultaba

destruida, completa

y

la

intensidad

con que

qué

punto

la

1

petidamente. No es

chica

fácil dar idea de

terapeuta

ni

de

hasta

1

EL

PROCESO

OB M ADUR ACIÓN

EN BL

O

la visita

la

l

97

tera­

tenía cons­

de la

Jaba.

peuta al lugar de trabajo de

ta ntemente bajo

El

caso no

podía solucionarse con

su cuidado;

la paciente, ya que

de hecho,

se

tra taba

de dos

relaciones

dis tintas

y

simu ltánea s

entre ambas.

Duran te el

día, empe:i:aron a suceder muchas cosas

nuevas: la

chica daba

m uestras de

a los muebles,

lutamente nuevo, y

uno

querer hacer la

ni

sacar bdllo

ser útil en general. Esto era algo nue vo, abso­

casa habia :;idu

tan

Además, suced ió silenciosamen te

limpieza de

la casa,

siquiera en

su prop ia

de

los rasgos

del patrón

de cond uc ta de

la

la chica ,

ni

sólo antes de caer enferma.

(por asi

que

de

peuta

decirlo), paralelamente

empezaba

a

a advertir

los

cu ales llegaba

las se�iones de

destructividad

su re lac ión

absoluta

aspectos primitivos

la tera•

con

la chica

su

en los

en

amor y a

du rante

trat amien to.

la misma idea : naturalmen te, el

hecho de que la

des tructividad era el factor que posibilitaba su actividad cons­

quie ro ex­

y crea­

experi encia de

de este mo do, en el tratamiento, estaban

ca­

maduración,

medio

doras

plicarlo aquí y

tomando conciencia de su

Verán

que aquí

se repite

pac ie nte

día.

es tuviese

tructiva durante el

Pero es a

Las

la inversa

como

ahora:

experiencias constructivas

chica llegase a

he

la

hacían posible que la

que

su des tructivi dad. Y

presentes las

condic iones

procurado describir. La

un

pacidad para la inquietud no sólo es un nodo de

sino

que, además, para

su exis tencia depende <!e

ambiente emocional

que haya sido lo bastan te

bueno durante

cierto tiempo.

Resumen

La inquietud,

texto,

se

refiere

tal como la

en tendem os

al

eslabón

existente

entre

en el

los

co n­

elementos des­

presen te

tructivos de las relaciones

objetales y ]os

demás aspec tos

po

sitivos

de dichas

re.laciones.

Se supone

que

la inquie tud

co­

rresponde

po,

capacidad

nal en tre la criatura y

a un

e,s

la

para la

período

anterior

tres

al

clásico

complejo

de Edi­

La

bi perso­

que

re lación entre

inquietud

es

per:;on as «compl e 1av.

de la

re lación

la sustit uya.

prop ia

la madre o persona que

En circunstancias favorables, la madre, por el hecho de se­

la to­

la ma­

guir

viva

y disponible, es a

de los

la madre

impulsos del id de la criatura

la vez

que recibe

y también

talldad

dre

ofrecerse

que

puede

ser amada

pueden

De esta manera, la anguslia ocerca de

como persona

y

a

la que

reparaciones.

los

impulsos

del

id y

la fan tasla

de

dichos impulsos se

hace

tole

rable

pa

ra_ el bebé,

que

entonces puede

experi mentar cul-

98

p

abilidad

D.

W.

o retenerla en es

p

WINNICOIT

era

de la o

p

ortunidad

de ofrecer

una re p aración. A esta

cul

p

abilidad con.tenida

p

ero no sentida

como

tal

la

denominamos «in q uietud», En

las

fases iniciales

del desarrollo, de

q

tolerable

de re

in

bilidad

y

no existir nin

g

una

fi

gu ra materna estable

in•

falta

ara la

a•

ue reciba el

q

p

y

uietud,

g esto de re p aración,

es im

an

p

osible

a

q

ue

la

p

p

la cul

de la

p

abilidad

resulta

se síenta la

érdida

or formas

inq uietud. La

p

ca

p

acidad

p

rimitivas

de cul

p

aración conduce

y

a su sustitución

g

ustia.

1

.