Sei sulla pagina 1di 2

2.

1 El Judaísmo

La marca que queda es lo que hoy conocemos como circuncisión (corte del prepucio del niño a los
8 días de nacido). Es la marca en el cuerpo del pacto con Dios.

En la antigua literatura hebrea se reconoce la actividad sexual como un hecho fundamental de la


vida humana. Después de crear al hombre Dios crea a la mujer. Se reconocen los derechos
conyugales y condenan la prostitución, las perversiones sexuales, el adulterio y el incesto. La
sexualidad queda ligada a la función reproductora. En la Torah no se menciona al orgasmo
femenino, y la Biblia habla de crecer y multiplicarse pero los rabinos del Talmud (compendio de
leyes judías) fueron un poco más allá y establecieron que los seres humanos necesitan vivir en pareja
y deben satisfacer las necesidades sexuales del otro sobre la base del mutuo respeto. La ley judía
es estricta con las prácticas que no tienen fines procreativos. La religión también impone normas
en la práctica sexual, ya que por ejemplo debe haber encuentros en los días sagrados o se prohíbe
en los días en los que la mujer está menstruando.

El judaísmo busca establecer límites en el sexo, pero evita la excesiva disciplina o ascetismo.
Considera la moderación sexual y el autocontrol como esencial para llegar a la santidad. El hombre
debe lograr dominar sus impulsos, es cuando entonces el sexo es bello y positivo. Rechaza el
concepto de la sexualidad como un acto pecaminoso o vergonzoso.

Si los impulsos sexuales son incontrolados e inmoderados afirma que destruyen a los individuos y a
la sociedad. Se imponen multas y castigos por violación y seducción según queda reflejado en la
Biblia y se condenan las orgías sexuales que acompañaban los rituales de otros pueblos.

Las autoridades rabínicas establecieron en la época talmúdica una serie de medidas restrictivas para
evitar la promiscuidad. No se consideran adecuados los juegos entre jóvenes de ambos sexos. El
hombre no debe abrazar o besar a una mujer, a menos de que estuvieran casados. El matrimonio
se consideraba el estado ideal para todo ser humano.

Maimónides estableció en el siglo XII los principio de cómo interpretar el versículo bíblico, Levítico
18:6. Ningún varón besara a mujer. Sin embargo, se excluyó de la prohibición del beso a la madre,
a la hija, a la hermana o a la tía. Actualmente, muchos de los judíos ultraortodoxos observan
meticulosamente esta ley y se niegan a abrazar, besar o aun dar la mano a miembros de sexo
opuesto, con excepción de su pareja.

La mujer judía

En la época talmúdica la mujer respetable comenzó a permanecer confinada en su casa. Una mujer
que salía era considerada una prostituta. Esto refleja fielmente la realidad social y la escala de
valores de ese momento histórico. Un comentario hermenéutico, midrásh dice que el hombre es
del mundo, del mercado, y la mujer de la casa, mientras que otro manifiesta que una mujer que
cuida su hogar merece casarse con un gran sacerdote.

El derecho de la mujer a visitar a sus parientes, a asistir a un duelo o a un casamiento era firmemente
respetado. El Talmud determina que las mujeres no debían aparecer en público pero en caso de
hacerlo, el hombre no debía entablar conversación con ella aun si fuera su esposa. El anfitrión de
los visitantes masculinos de la casa era el hombre. Ellas comían solas y procedían a realizar las
bendiciones correspondientes.

La homosexualidad y el judaísmo

La homosexualidad es un tema de debate dentro del judaísmo. Las primeras referencias se


remontan al libro bíblico Levítico que describe las relaciones sexuales entre varones como una
abominación y podría conllevar la pena capital como castigo.

La principal visión del judaísmo es considerar la homosexualidad como algo pecaminoso, al verlo
categóricamente prohibido en la Torá. Esta es la visión por ejemplo del judaísmo ortodoxo.

La Torá prohíbe expresamente dar expresión física a los deseos homosexuales, ya sea tanto de
índole masculina como femenina. Lo considera una abominación como se comprueba en el Levítico
18:22. El hecho que uno nazca con determinada tendencia no lo transforma en una alternativa de
vida válida.

La Torá es la que define para el mundo judío cuales son las tendencias válidas y cuáles no. El hombre
fue creado con el poder procreativo con el objetivo de usarlo para poblar la tierra. Es su deber
primario. Desviar ese potencial y usarlo sólo para el placer personal, atenta contra la naturaleza
humana innata de dejar descendencia.

El matrimonio judío

La sociedad judía es endogámica y el matrimonio sirve para consolidar el linaje. El levirato es una
institución nacida del patriarcalismo, establece según el Deuteronomio que, si un varón no tiene
descendencia, el hermano soltero de más edad debe contraer nupcias con su cuñada viuda. Esta no
puede casarse con un extraño, de manera que el primogénito que tengan, llevará el nombre del
hermano fallecido, para que de esta no forma no desaparezca su estirpe.

El Génesis presenta el matrimonio judío desde dos vertientes: la económica y la religiosa. Si se


realiza el matrimonio, la afectividad pasa a un plano secundario a favor de los intereses familiares.
El padre ejerce la autoridad sobre el destino de los hijos. La elección del cónyuge se hace con gran
detenimiento.

Contraer matrimonio en el mundo judío es formar una empresa que busca lograr la perpetuación
patrimonial familiar y generacional. Contraer matrimonio es una obligación y se procura que sea
antes de cumplir los veinte años. Existe la excepción a esta norma para todos los judíos que estudian
la Torá.

Referencias

Fayanas, E. (2017). El judaísmo y la sexualidad. Agosto 6, 2017, de Nueva tribuna Sitio web:
http://www.nuevatribuna.es/articulo/historia/el-judaismo-y-la-
sexualidad/20170805171654142376.html

Vera, L. (abril, 1998). Historia de la sexualidad. Biomed, 9, pp.116-121.