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Feminaria / x / 19 / 1

Sujetos de sexo / género / deseo*


Judith Butler**

Mujer no se nace, se hace. la relación entre la teoría feminista y la política ha sido


Simone de Beauvoir desafiada desde el mismo discurso feminista. El mis-
mo sujeto “mujeres” ya no se comprende en términos
Estrictamente hablando, no puede decirse que de estabilidad y permanencia. Hay una gran cantidad
“las mujeres” existan. de literatura que no sólo cuestiona la viabilidad del
Julia Kristeva “sujeto” como el candidato (definitivo) a ser represen-
tado o, incluso, liberado, sino que, después de todo,
La mujer no tiene sexo. manifiesta muy poco acuerdo en cuanto a qué es lo que
Luce Irigaray constituye, o debería constituir, la categoría “muje-
res”. Las áreas de representación política y lingüística
El despliegue/estructuración de la sexualidad ... delimitan con anterioridad los criterios según los
planteó esta noción del sexo. cuales los mismos sujetos se forman; la representa-
Michel Foucault ción atañe, en consecuencia, solo a lo que se reconoce
como sujeto. En otras palabras, los requisitos para ser
La categoria del sexo es la categoría política que sujeto se deben reunir antes de que la representativi-
fundamenta la sociedad como heterosexual. dad pueda ser ampliada.
Monique Wittig Foucault señala que los sistemas jurídicos de
poder producen los sujetos que van a representar a
continuación.1 Las nociones jurídicas del poder pare-
i. “Mujeres” como sujeto del feminismo. cen regular la vida política en términos puramente
negativos –esto es, mediante la limitación, prohibi-

L
a teoría feminista, en su mayoría, ha asu- ción, regulación, control e incluso “protección” de los
mido que existe una identidad, comprendida individuos relacionados con esa estructura política
mediante la categoría de las mujeres, que no sólo mediante la operación eventual y retractable de la
origina los intereses y objetivos feministas en el dis- elección–. Pero los sujetos regulados por estas estruc-
curso, sino que constituye el sujeto para el que se turas son, en virtud de su sometimiento a ellas,
quiere conseguir representación política. Pero política formados, definidos, y reproducidos de acuerdo con
y representación son dos términos controvertidos. Por los requerimientos de ellas. Si este análisis es correcto,
un lado la representación funciona como el término entonces la formación jurídica del lenguaje y de la
operativo que intenta hacer extensiva la visibilidad y política que representa a las mujeres como “el sujeto”
legitimidad en el proceso político a las mujeres como del feminismo es en sí misma una formación discursi-
sujetos políticos; por otro lado, la representación es la va y un efecto de una versión dada de una política
función normativa de un lenguaje al que se acusa representacional. El sujeto feminista resulta estar cons-
tanto de revelar como de distorsionar lo que es verda- tituido discursivamente por el mismo sistema político
dero acerca de la categoría de las mujeres. Para que pretende facilitar su emancipación. Esto resulta
potenciar la visibilidad política de las mujeres, la políticamente problemático si se puede demostrar que
teoría feminista ha considerado necesario el desarro- este sistema produce sujetos genéricos sobre un eje
llo de un lenguaje que represente a las mujeres de diferencial de dominación o si produce sujetos presumi-
forma completa y adecuada. Se ha considerado que blemente masculinos. En tales casos, apelar de manera
esto era obviamente importante teniendo en cuenta la no crítica a tal sistema para la emancipación de “las
condición cultural omnipresente en la que la vida de mujeres” sería contraproducente.
las mujeres se representaba erróneamente o no se La cuestión del “sujeto” es crucial para la política,
representaba en absoluto. y en particular para la política feminista, porque los
Recientemente, esta concepción predominante de sujetos jurídicos son invariablemente producidos me-
diante ciertas prácticas excluyentes que no son visi-
bles una vez que la estructura jurídica de la política ha
* Este artículo, “Subjects of Sex /Gender / Desire,” es el sido establecida. En otras palabras, la construcción
primer capítulo de su libro Gender Trouble. Feminism and the
política del sujeto se lleva a cabo con ciertas intencio-
Subversion of Identity (New York, Routledge, 1990).
nes legitimadoras y excluyentes, y estas operaciones
** Judith Butler enseña en el Department of Rhetoric de
la University of California, Berkeley. Es autora del libro del políticas son ocultadas de forma eficaz y naturalizadas
cual tomamos este artículo y Bodies that Matter. On the por un análisis político que toma las estructuras
Discursive Limits of “Sex” (New York, Routledge, 1993). políticas como su base. El poder jurídico “produce”
inevitablemente lo que pretende sólo representar, de
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ahí que la política deba preocuparse de esta función el término no es exhaustivo, no porque una “persona”
dual del poder: la jurídica y la productiva. En efecto, pregenérica trascienda la parafernalia de su género,
la ley produce, y a continuación oculta, la noción de sino porque el género no es constituido siempre de
“un sujeto ante la ley”2 para invocar esta formación forma coherente o consistente en distintos contextos
discursiva como una premisa fundacional históricos, y porque el género se intersecciona con
preestablecida que legitima la misma hegemonía modalidades raciales, de clase, étnicas, sexuales, y
reguladora de la ley. No es suficiente inquirir acerca de regionales de identidades constituidas discursiva-
cómo las mujeres pueden alcanzar una representati- mente. Como resultado, es imposible separar “género”
vidad mayor en el lenguaje y en la política. La crítica de las intersecciones políticas y culturales en las que
feminista debería también comprender cómo la cate- invariablemente se produce y mantiene.
goría de “mujeres”, el sujeto del feminismo, está La asunción política de que debe haber una base
producido y reprimido por las mismas estructuras de universal para el feminismo, que debe encontrarse en
poder a través de las cuales se busca la emancipación. una identidad que se asume existe interculturalmen-
De hecho, la cuestión de las mujeres como el sujeto te, a menudo acompaña la noción de que la opresión
del feminismo plantea la posibilidad de que quizá no de las mujeres tiene una forma particular discernible
exista un sujeto “ante” la ley, que aguarda ser repre- en la estructura universal o hegemónica del patriarca-
sentado en o por la ley. Quizá el sujeto, así como la do o la dominación masculina. La noción de un
invocación de un “ante/s” temporal, sea constituido patriarcado universal ha sido criticada ampliamente
por la ley como el fundamento ficticio de su propia en estos últimos años por su incapacidad para dar
apelación de legitimidad. La asunción imperante de la cuenta del funcionamiento de la opresión por causa
integridad ontológica del sujeto ante la ley podría ser del genero en los contextos culturales en los que
entendida como el recuerdo contemporáneo de la existe. Donde esos contextos distintos han sido teni-
hipótesis del estado natural, esa fábula fundacional dos en cuenta dentro del marco de estas teorías ha
que constituye las estructuras jurídicas del liberalis- sido para encontrar “ejemplos” o “ilustraciones” de un
mo clásico. La invocación performativa a un “ante/s” principio universal que se asume desde el comienzo.
no histórico se convierte en la premisa fundacional Esta forma feminista de teorizar ha sido criticada por
que garantiza la ontología pre-social de las personas sus esfuerzos por colonizar y apropiarse de culturas
que libremente consienten en ser gobernadas y, de ese no occidentales para apoyar nociones de opresión
modo, constituyen la legitimidad del contrato social. eminentemente occidentales, pero que tienden tam-
Aparte de las ficciones fundacionales que apoyan bién a construir un “Tercer Mundo” o incluso un
la noción del sujeto, tenemos el problema político que “Oriente” en el que la opresión por causa del género es
el feminismo encuentra en la asunción de que el sutilmente explicada como sintomática de un barba-
término mujeres denota una identidad común. Más rismo esencial y no occidental. La urgencia del femi-
que un significante estable que apela a la aprobación nismo por establecer un estatus universal para el
de aquellas personas a quienes pretende describir y patriarcado con la intención de reforzar las aparien-
representar, mujeres, incluso en plural, se ha conver- cias de representatividad de sus propias demandas ha
tido en un término problemático, un espacio de en- llevado ocasionalmente a tomar el atajo hacia una
frentamiento, una causa de ansiedad. Como sugiere el universalidad categorial y ficticia de la estructura de
título de Denise Riley, ¿Soy yo ese nombre? es una dominación, la cual es acusada de producir la expe-
pregunta producida por la posibilidad misma de que riencia común de sumisión de las mujeres.
este nombre tenga significaciones múltiples.3 Si una Aunque la pretensión de un patriarcado universal ya
“es” una mujer, esto no es seguramente todo lo que es; no disfruta de la misma credibilidad que anteriormente,

Contenido (sin los detalles del primer capítulo que aquí publicamos en traducción):
Preface
1 Subjects of Sex/Gender/Desire
2 Prohibition, Psychoanalysis, and the Production of the
Heterosexual Matrix
i Structuralism’s Critical Exchange
ii Lacan, Riviere, and the Strategies of Masquerade
iii Freud and the Melancholia of Gender
iv Gender Complexity and the Limits of Identification
v Reformulating Prohibition as Power
3 Subversive Bodily Acts
i The Body Politics of Julia Kristeva
ii Foucault, Herculine, and the Politics of Sexual
Discontinuity
Routledge, Chapman & Hall, Inc.
iii Monique Wittig: Bodily Disintegration and Fictive Sex
29 West 35 Street
iv Bodily Inscriptions, Performative Subversions
New York, NY 10001
Conclusion: From Parody to Politics
U.S.A. Notes
Index
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la noción de una concepción generalmente compartida sino únicamente una genealogía crítica de sus propias
de “las mujeres”, el corolario de este esquema, ha sido practicas legitimadoras. Como tal, el punto crítico de
mucho más difícil de desplazar. Ciertamente, ha habido partida es el presente histórico, como dijo Marx. Y la
gran cantidad de debates: ¿hay puntos en común entre tarea es formular dentro de este marco ya constituido
“las mujeres” que preexistan a su propia opresión, o una critica de las categorías de identidad que las
tienen las mujeres algo en común únicamente en virtud estructuras jurídicas contemporáneas engendran, na-
de la opresión que padecen? ¿Existe un algo especifico turalizan, inmovilizan.
de las culturas de mujeres que es independiente de su Quizá haya una oportunidad en esta coyuntura de
subordinación a culturas hegemónicas, machistas? la política cultural, un período que algunos llamarían
¿Se actualizan siempre la especificidad e integridad de “posfeminismo”, para reflexionar desde una perspec-
las practicas culturales o lingüísticas en contra y, por tiva feminista sobre el mandato de construir un sujeto
tanto, dentro de los términos de una formación cultural del feminismo. Desde la práctica política feminista
más dominante? ¿Hay un área de lo “específicamente parece necesario un replanteo radical de las construc-
femenino”, un área que está al mismo tiempo diferencia- ciones ontológicas de la identidad para formular una
da de lo masculino como tal y reconocible en su política representacional que pudiera revivir el femi-
diferencia por una universalidad no marcada y, por nismo sobre otras bases. Por otro lado, puede que sea
tanto, presupuesta? La dualidad masculino/femenino hora de considerar la posibilidad de una crítica radical
no sólo constituye el marco único en el que esa especi- que intente liberar a la teoría feminista de la necesidad
ficidad puede ser reconocida, sino que también, en de tener que construir una base única y perdurable
cualquier otro sentido, la “especificidad” de lo femenino que es invariablemente criticada por aquellas posicio-
está de nuevo completamente descontextualizada y nes de identidad o anti-identidad que este excluye
separada analítica y políticamente de la constitución de invariablemente. ¿Las prácticas exclusivistas que fun-
clase, raza, etnicidad, y otros ejes de las relaciones de damentan la teoría feminista sobre la noción de “las
poder que constituyen la “identidad” y hacen de la mujeres” como sujeto limitan paradójicamente los
singular noción de “identidad” una denominación erró- objetivos del feminismo de ampliar sus pretensiones
nea.4 de “representatividad”?5
Mi sugerencia es que la presunta universalidad y Quizá el problema sea incluso más serio. ¿La
unidad del sujeto del feminismo es efectivamente construcción de la categoría de las mujeres como
minada por las limitaciones del discurso representa- sujeto estable y coherente es una regulación y repro-
cional en el que funciona. De hecho, la insistencia ducción de las relaciones de género? Y ¿no es tal
prematura en un sujeto estable para el feminismo, reproducción precisamente contraria a los propósitos
comprendido como una categoría de mujeres sin del feminismo? ¿Hasta qué punto la categoría de las
suturas, genera inevitablemente rechazos múltiples mujeres adquiere estabilidad y coherencia solo en el
para aceptar dicha categoría. Estas áreas de exclusión contexto de la matriz heterosexual?6 Si una noción
revelan las consecuencias coercitivas y reguladoras de estable de género no demuestra ya ser la premisa
tal construcción, incluso cuando esta construcción ha fundacional de la política feminista, quizá es deseable
sido elaborada con una intención emancipadora. De un nuevo tipo de política feminista para responder a la
hecho la fragmentación dentro del feminismo y la misma reproducción de género e identidad, un nuevo
oposición paradójica al feminismo de “las mujeres” a tipo que tomará la construcción cambiante de la
las que el feminismo dice representar sugiere las identidad como un pre-requisito, tanto metodológico
limitaciones propias de la política de la identidad. La como normativo, o incluso como un objetivo político.
sugerencia de que el feminismo pueda buscar una Seguir la pista de las operaciones políticas que
representatividad más amplia para un sujeto que él producen y esconden lo que se califica como el sujeto
mismo construye tiene la consecuencia irónica de que jurídico del feminismo es precisamente la tarea de una
los objetivos feministas pueden fracasar al rehusar genealogía feminista de la categoría de las mujeres. En
dar cuenta de los poderes constitutivos de sus propias el curso de este esfuerzo por cuestionar a “las mujeres”
pretensiones de representatividad. Este problema no como sujeto del feminismo, la invocación no proble-
mejora mediante una invocación a la categoría de las mática de esta categoría puede acabar excluyendo la
mujeres por razones meramente “estratégicas”, ya que posibilidad de que el feminismo sea una política
las estrategias siempre tienen significados que exce- representacional. ¿Qué sentido tiene ampliar la repre-
den los propósitos para los que fueron diseñadas. En sentación a sujetos que están construidos mediante la
este caso, la misma exclusión podría calificar como tal exclusión de aquéllos que no reúnen los requisitos no
un significado no intencionado y sin embargo derivado escritos del sujeto? ¿Qué relaciones de dominación y
de la exclusión misma. Al estructurarse de acuerdo de exclusión se mantienen inadvertidamente cuando
con un requisito propio de la política representacional la representación se convierte en el único centro de la
que el feminismo articula como un sujeto estable, el política? La identidad del sujeto feminista no debería
feminismo queda expuesto a acusaciones de flagrante ser la base de la política feminista, si la constitución
tergiversación. del sujeto tiene lugar dentro de un marco de poder
Obviamente, la tarea política no es rechazar la normalmente enterrado por medio de la afirmación de
política representacional -¿acaso podemos hacerlo?–. esta base. Quizá, paradójicamente, “la representa-
Las estructuras jurídicas del lenguaje y la política ción” acabará teniendo sentido para el feminismo
constituyen el campo contemporáneo del poder; por únicamente cuando el sujeto “mujeres” no se presuma
tanto, no hay ninguna posición fuera de ese campo, en ningún lugar.
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ii. El orden obligatorio otros intereses políticos y sociales? Si el carácter


del sexo/género/deseo inmutable del sexo es criticado, quizá este constructo
Aunque la unidad no problemática llamado “sexo” sea cultural en la misma medida en que
de “mujeres” es a menudo invocada lo es el género; de hecho, quizá siempre fue género, con
para construir una solidari- la consecuencia de que la distinción entre sexo y
dad basada en la identidad, se género resulta no ser una distinción en absoluto.11
produce una escisión en el No tendría sentido, pues, definir el género como la
sujeto feminista por la distin- interpretación cultural del sexo, si el sexo mismo es un
ción entre sexo y género. Aun- categoría genérica. El género no debería ser concebido
que en un principio esta diferencia- meramente como la inscripción cultural del significa-
ción pretendía cuestionar la fórmula do sobre un sexo dado (una concepción jurídica); el
biología-es-destino, esta distinción género debe también designar el mismo aparato de
entre sexo y género apoya el argumen- producción mediante el cual los mismos sexos son
to de que no importa cuál sea la establecidos. Como resultado, género no es a cultura
insolubilidad biológica que el sexo pa- como sexo es a naturaleza; el género también es el
rezca tener, el género es un constructo medio discursivo/cultural mediante el cual la “natu-
cultural: por tanto, el género no es ni el resultado raleza sexuada” o un “sexo natural” se produce y
causal del sexo ni tan aparentemente fijo como el sexo. establece como “prediscursivo”, anterior a la cultura,
La unidad del sujeto es de esta manera respondida una superficie políticamente neutra sobre la que la
potencialmente por la distinción que da lugar al géne- cultura actúa. Esta construcción del “sexo” como lo
ro como una interpretación múltiple del sexo.7 radicalmente no construido nos concernirá de nuevo
Si el género es el significado cultural que el cuerpo en la discusión de Lévi-Strauss y el estructuralismo en
sexuado asume, entonces no puede decirse que un el capítulo 2. En esta coyuntura está ya claro que una
género sea la consecuencia de un sexo en ningún caso. manera mediante la cual es asegurada la estabilidad
Llevado a sus últimas consecuencias lógicas, la distin- interna y la estructura binaria para el sexo es situando
ción entre sexo/género sugiere una discontinuidad la dualidad sexual en un terreno prediscursivo. Esta
radical entre los cuerpos sexuados y los géneros producción del sexo como lo prediscursivo debería ser
construidos culturalmente. Asumiendo de momento entendida como el efecto del aparato del constructo
la estabilidad de un sexo binario, no se sigue que el cultural diseñado por el género. ¿Cómo, pues, necesita
constructo de “los varones” corresponda exclusiva- ser reformulado el género para abarcar las relaciones
mente a los cuerpos de los varones o que “las mujeres” de poder que producen el efecto de un sexo
se interpretará solo como cuerpos femeninos. Es más, prediscursivo y ocultan la operación misma de esta
incluso si fuera cierto que los sexos puedan conside- producción discursiva?
rarse como binarios en su morfología y constitución
sin que esto plantee ningún problema, no hay razón iii. Género: las ruinas circulares
para asumir que los géneros deberían también ser de un debate contemporáneo
dos.8 La presunción de la existencia de un sistema de E
¿ xiste “un” género que se supone que las personas
géneros binario en su morfología hace perdurar implí- tienen, o es un atributo esencial que una persona
citamente la creencia en la relación mimética del presuntamente es, como implica la pregunta “¿Qué
género con el sexo de donde se sigue que el género género eres tú”? Cuando las teóricas y los teóricos
refleja el sexo, o por otra parte, es restringido por él. feministas afirman que el género es la interpretación
Cuando el estatus construido del género es teorizado cultural del sexo o que el género es un constructo
como radicalmente independiente del sexo, el mismo cultural, ¿cual es el procedimiento o el mecanismo de
género se convierte en un artificio a la deriva, con la este constructo? Si el género se construye, ¿podría ser
consecuencia de que varón y masculino podría con la construido de forma diferente, o implica su constructi-
misma facilidad designar un cuerpo femenino que uno vidad algún tipo de determinismo social, que extingue
masculino, y mujer y femenino uno masculino con la la posibilidad de agencia y transformación? ¿Sugiere el
misma facilidad que uno femenino. término “constructo” que ciertas leyes generan diferen-
Esta ruptura radical del sujeto genérico plantea cias genéricas sobre ejes universales de diferencia
todavía otro grupo de problemas. ¿Podemos referirnos sexual? ¿Cómo y dónde se construye el género? ¿Qué
a un sexo “dado” o a un género “dado” sin antes sentido podemos encontrarle a un constructo que no
inquirir acerca de cómo sexo y/o género se dan, puede asumir un/a constructor/a humano/a anterior
mediante qué medios? Y, en cualquier caso, ¿qué es el a dicha construcción? En algunas versiones, la noción
“sexo”? ¿Es natural, anatómico, cromosomático, hor- de que el género se construye sugiere un cierto determi-
monal, y cómo va una crítica feminista a evaluar los nismo de significados genéricos inscritos en cuerpos
discursos científicos que pretenden establecer tales diferenciados anatómicamente, donde aquellos cuer-
“hechos” por nosotras?9 ¿Tiene el sexo una historia?10 pos son entendidos como recipientes pasivos de una ley
¿Tiene cada uno de los sexos una historia o historias cultural inexorable. Cuando la “cultura” que “constru-
distintas? ¿Hay una historia de cómo se estableció la ye” el género es entendida en los términos de esta misma
dualidad del sexo, una genealogía que pudiera expo- ley o grupo de leyes , parece que el género esté tan
ner las opciones binarias como un constructo cam- determinado y fijado como lo estaba según la formula
biante? ¿Los hechos ostensibles del sexo se producen biologia-es-destino. En tal caso, no es la biología, sino
mediante distintos discursos científicos en favor de la cultura, la que se convierte en destino.
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Por otro lado, Simone de Beauvoir sugiere en El binarias que se presentan como el lenguaje de la
segundo sexo que “mujer no nace, se hace”.12 Para racionalidad universal. La limitación se construye así
Beauvoir, el género se “construye”, pero hay un/a en lo que ese lenguaje constituye como el campo
agente implícito en su formulación, un cogito, quien de imaginable del género.
alguna manera toma sobre sí o se apropia de ese Aunque los científicos sociales se refieren al género
género y podría, en principio, tomar sobre sí cualquier como un “factor” o una “dimensión” del análisis,
otro género. ¿Es el género tan cambiante y volitivo también se aplica a personas reales como “una marca”
como la descripción de Beauvoir parece sugerir? ¿Pue- de diferencia biológica, lingüística y/o cultural. En
de el constructo en tal caso reducirse a una modalidad estos últimos casos, el género puede ser entendido
de opción? Parece claro que para Beauvoir una “se como un significado que un cuerpo (ya) diferenciado
hace” mujer, pero siempre bajo la coacción cultural de sexualmente asume, pero incluso entonces el signifi-
convertirse en tal. Y claramente, la coacción no provie- cado existe sólo en relación con otro significado opues-
ne del “sexo”. No hay nada en su descripción que to. Algunas/os teóricas/os del feminismo consideran
garantice que el individuo que se convierte en mujer que el género es “una relación”, de hecho un conjunto
sea necesariamente de sexo femenino. Si “el cuerpo es de relaciones, y no un atributo individual. Otras/os,
una situación”,13 como ella indica, no hay recurso siguiendo a Beauvoir, argumentarían que sólo el géne-
posible a un cuerpo que ya no haya sido desde siempre ro femenino está marcado, que la persona individual
interpretado por medio de significados culturales; por y el género masculino están refundidos; así pues,
tanto, el sexo no podría calificarse como una facticidad definir a las mujeres de acuerdo con su sexo y ensalzar
anatómica prediscursiva. De hecho el sexo, por defini- a los varones como los portadores de una personalidad
ción, resultará haber sido género todo el tiempo.14 universal que trasciende el cuerpo.
La controversia acerca del constructo parece estar Complicando la discusión todavía más, Luce Irigary
fundada en la polaridad filosófica entre libre voluntad argumenta que las mujeres constituyen una paradoja,
y determinismo. En consecuencia, se podría sospe- si no una contradicción, dentro del discurso de la
char razonablemente que algunas restricciones identidad. Las mujeres son el “sexo” que no es “uno”.
lingüísticas acerca del pensamiento forman y al mis- Dentro de un lenguaje predominantemente machista
mo tiempo limitan los términos del debate. En lo que y falocéntrico, las mujeres constituyen lo irrepresen-
respecta a esos términos, “el cuerpo” se presenta como table. En otras palabras, las mujeres representan el
un medio pasivo en el que se inscriben significados sexo que no puede ser pensado, una ausencia y
culturales o como el instrumento por medio del cual opacidad lingüística. Dentro de un lenguaje que des-
una voluntad apropiativa e interpretativa determina cansa sobre la significación unívoca, el sexo femenino
un significado cultural por sí misma. En ambos casos, constituye lo indelimitable e indesignable. En este
el cuerpo es representado como un mero instrumento sentido, las mujeres son el sexo que no es “uno” sino
o medio para el que un conjunto de significados múltiple.16 En oposición a Beauvoir, para quien las
culturales están relacionados sólo externamente . mujeres son designadas como el Otro, Irigaray argu-
Pero “el cuerpo” es en sí mismo un constructo, como menta que tanto el sujeto como el Otro son pilares
el millar de “cuerpos” que constituye el campo de los masculinos de una economía de significación falocén-
sujetos genéricos. No puede decirse que los cuerpos trica que consigue su objetivo totalizador mediante la
tengan una existencia significativa anterior a la marca exclusión total de lo femenino. Para Beauvoir, las
de su género; la cuestión surge pues: ¿Hasta qué mujeres son el negativo de los varones, la carencia con
punto comienza el cuerpo a existir por medio de y en respecto a la que la identidad masculina se diferencia
la(s) marca(s) del género? ¿Cómo concebimos de nuevo a sí misma. Para Irigaray, esta dialéctica particular
el cuerpo ya no como un medio o instrumento pasivo constituye un sistema que excluye una economía de
a la espera de la capacidad vivificadora de una volun- significación totalmente diferente. Las mujeres no
tad claramente inmaterial?15 están únicamente representadas de manera falsa
Determinar si el género o el sexo es fijo o libre es dentro del esquema sartriano del sujeto que significa
una función del discurso que, se sugerirá, intenta y del Otro significado, sino que la falsedad de la
establecer ciertos límites al análisis o salvaguardar significación señala que toda la estructura de repre-
ciertos dogmas del humanismo como presuponibles a sentación es inadecuada. El sexo que no es uno, pues,
cualquier análisis del género. El locus de insolubilidad, ofrece un punto de partida para una crítica de la
ya sea en el “sexo” o en el “género” o en la misma representación hegemónica occidental y de la metafí-
significación del “constructo”, da una pista acerca de sica de la sustancia que estructura la misma noción de
que posibilidades culturales pueden o no pueden sujeto.
movilizarse mediante cualquier análisis adicional. Los ¿Qué es la metafísica de la sustancia, y cómo
límites del análisis discursivo del género presuponen informa el pensamiento acerca de las categorías sexua-
y aseguran las posibilidades de una configuración del les? En el primer caso, las concepciones humanistas
género imaginable y realizable dentro de la cultura. del sujeto tienden a asumir una persona sustantiva
Esto no quiere decir que cualquiera o todas las posi- que es portadora de varios atributos esenciales y no
bilidades genéricas estén abiertas, sino que los límites esenciales. Una posición feminista humanista podría
del análisis sugieren los límites de una experiencia entender el género como un atributo de una persona
condicionada discursivamente. Estos límites son siem- que se caracteriza esencialmente como una sustancia
pre fijados dentro de las condiciones de un discurso o “núcleo” pregenérico, llamado persona, que denota
cultural hegemónico predicado mediante estructuras estar capacitado para la razón, la deliberación moral,
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o el lenguaje. La concepción universal de la persona, acerca del significado del género (de hecho, que sea el
sin embargo, es desplazada como punto de partida de género el término a discutir, o que sea el constructo
una teoría social del género por aquellas posiciones discursivo del sexo más importante, o quizá las muje-
históricas o antropológicas que entienden el género res o la mujer y/o los varones y el varón) sugiere la
como la relación entre los sujetos socialmente consti- necesidad de un replanteo radical de las categorías de
tuidos en contextos especificables. Este punto de vista la identidad dentro del contexto de relaciones de una
relacional o contextual sugiere que lo que la persona radical asimetría del género.
“es”, y, de hecho, lo que el género “es”, está siempre Para Beauvoir, el “sujeto” dentro de la misoginia
relacionado con las relaciones construidas en las que analítica existencial siempre es masculino, refundido
se determina.17 Como fenómeno cambiante y contex- con lo universal, diferenciándose del “Otro” femenino
tual, el género no denota un ser sustancial, sino un fuera de las normas universalizadoras de la personali-
punto de convergencia relativo entre conjuntos de dad, lamentablemente “particular”, personificado, con-
relaciones cultural e históricamente específicos. denado a la inmanencia. Aunque se suele interpretar
Irigaray mantendría, sin embargo, que el “sexo” que Beauvoir reclama el derecho de las mujeres, en
femenino es un punto de ausencia lingüística, la efecto, a convertirse en sujetos existenciales y por tanto,
imposibilidad de una sustancia denotada gramatical- la inclusión en los términos de una universalidad
mente, y, por tanto, el punto de vista que muestra la abstracta, su posición también implica una crítica
sustancia como una ilusión fundacional y perdurable fundamental de la despersonalización del sujeto episte-
de un discurso machista. Esta ausencia no está mológico masculino abstracto.19 Ese sujeto es abstracto
marcada como tal dentro de la economía significante en tanto que niega su personificación marcada social-
masculina - una opinión que invierte el argumento de mente y, lo que es más, proyecta esa personificación
Beauvoir (y el de Wittig) de que el sexo femenino está negada y menospreciada sobre la esfera femenina,
marcado, mientras que el sexo masculino no lo está. constituyendo efectivamente el cuerpo como femenino.
Para Irigaray, el sexo femenino no es una “carencia” o Esta asociación del cuerpo con lo femenino funciona de
un Otro que define al sujeto en su masculinidad acuerdo con las relaciones mágicas de reciprocidad por
inmanente y negativamente. Por el contrario, el sexo lo que el sexo femenino queda restringido a su cuerpo,
femenino elude los requisitos de la representación, ya y el cuerpo masculino, totalmente negado, se convierte,
que no es ni “Otro” ni “carencia”, esas categorías que paradójicamente, en el instrumento incorpóreo de una
permanecen relacionadas con el sujeto sartriano, in- libertad aparentemente radical. El análisis de Beauvoir
manente al esquema falocéntrico. Por tanto, para plantea implícitamente la siguiente pregunta: ¿median-
Irigaray, el sexo femenino no podría nunca ser la te qué acto de negación se plantea lo masculino como
marca de un sujeto, como diría Beauvoir. Es más, lo una universalidad incorpórea y lo femenino se constru-
femenino no podría ser teorizado en términos de una ye como una corporalidad negada? La dialéctica del
relación concreta entre lo masculino y lo femenino maestro- esclavo, totalmente reformulada aquí dentro
dentro de un discurso dado, ya que el discurso no es de los términos no recíprocos de la asimetría del género,
una noción relevante aquí. Incluso en su variedad, los prefigura lo que Irigaray describiría luego como la
discursos constituyen muchas modalidades del len- economía significante masculina que incluye tanto el
guaje falocéntrico. La relación entre lo masculino y lo sujeto existencial como su Otro.
femenino no puede ser representada en una economía Beauvoir propone que el cuerpo femenino debería
significante cerrada en que lo masculino constituye el ser la situación y la instrumentalización de la libertad
significante y el significado. Paradójicamente, Beauvoir de las mujeres, no una esencia que define y limita.20 La
prefiguró esta imposibilidad en El segundo sexo cuan- teoría de la personalización que informa el análisis de
do dijo que los varones no podían resolver el problema Beauvoir queda claramente limitada por la reproduc-
de las mujeres porque estarían actuando al mismo ción no crítica de la distinción cartesiana entre liber-
tiempo como jueces y como parte del caso.18 tad y el cuerpo. A pesar de mis propios esfuerzos para
Las distinciones entre las posiciones descritas demostrar lo contrario, parece que Beauvoir mantiene
anteriormente distan de estar claras; puede pensarse el dualismo de mente/cuerpo, incluso cuando propo-
que cada una de ellas problematiza el lugar y el ne una síntesis de ambos términos.21 La preservación
significado tanto del “sujeto” como del “género” dentro de esa misma distinción puede ser interpretada como
del contexto de la asimetría del género instituida sintomática del mismo falocentrismo que Beauvoir
socialmente. Las posibilidades de interpretación del desprecia. En la tradición filosófica que empieza con
género no quedan ni mucho menos agotadas por las Platón y continúa con Descartes, Husserl y Sartre, la
alternativas sugeridas anteriormente. La problemáti- distinción ontológica entre alma (conciencia, mente) y
ca naturaleza circular de una investigación feminista cuerpo apoya invariablemente relaciones de subordi-
del género es puesta de relieve por la presencia de nación política y psíquica, y de jerarquía. La mente no
posiciones que, por un lado, presumen que el género sólo domina al cuerpo, sino que ocasionalmente entre-
es una característica secundaria de las personas, y tiene la fantasía de escapar por completo de su
aquéllas que, por otro lado, consideran que la noción corporeidad. Las asociaciones culturales de la mente
misma de persona, posicionada dentro del lenguaje con la masculinidad y del cuerpo con la feminidad
como “sujeto”, es un constructo machista y una están bien documentadas dentro del campo de la
prerrogativa que efectivamente excluye la posibilidad filosofía y el feminismo.22 Como resultado, cualquier
estructural y semántica de un género femenino. La reproducción no crítica de la distinción mente/cuerpo
consecuencia de estos desacuerdos tan acentuados debería ser reconsiderada debido a la jerarquía de
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género implícita que esta distinción ha producido, machista. Puede funcionar para dar lugar a otras
mantenido y racionalizado tradicionalmente. relaciones de subordinación racial, de clase, hetero-
El constructo discursivo del “cuerpo” y su separa- sexista, para mencionar unas pocas. Y sin duda,
ción de la “libertad” en Beauvoir no consigue marcar enumerar las variedades de opresión, como he empe-
la distinción misma de mente-cuerpo sobre el eje del zado a hacer, asume su coexistencia secuencial y clara
género que se supone ilumina la persistencia de la sobre un eje horizontal que no describe sus convergen-
asimetría del género. Oficialmente, Beauvoir sostiene cias dentro del ámbito social. De la misma manera, un
que el cuerpo femenino está marcado dentro del modelo vertical es insuficiente; las opresiones no se
discurso machista, por lo que el cuerpo masculino, en pueden clasificar sumariamente, relacionar
su refundición con lo universal, permanece no marca- causalmente, distribuir entre planos de “originalidad”
do. Irigaray sugiere claramente que tanto quien marca y planos de derivación.24 De hecho, el campo de poder,
como quien es marcado se mantienen dentro de un estructurado en parte por el gesto imperialista de
modo de significación machista en el que el cuerpo apropiación dialéctica, excede y engloba el eje de la
femenino es excluido del ámbito de lo significable en el diferencia sexual, ofreciendo un mapa de diferenciales
mismo momento que se le da nombre, por decirlo de que se intersectan y que no pueden ser jerarquizados
alguna manera. En términos pos-Hegelianos, ella [la sumariamente ni en los términos del falocentrismo ni
mujer] es “cancelada”, pero no preservada. En la de cualquier otro candidato al puesto de “condición
interpretación de Irigaray, la afirmación de Beauvoir primaria de opresión”. Más que una táctica exclusiva
de que la mujer “es sexo” es invertida para decir que de las economías significantes machistas, la apropia-
ella no es el sexo con el que se la designa, sino más ción dialéctica y la supresión del Otro es una de las
bien, el sexo masculino encore (y en corps) desfilando muchas tácticas, utilizadas principalmente pero no
disfrazado de otredad. Para Irigaray, ese modo falo- exclusivamente, al servicio de la expansión y raciona-
céntrico de significar el sexo femenino reproduce lización del ámbito machista.
perpetuamente fantasmas de su propio deseo de auto- Los debates feministas contemporáneos acerca del
ampliarse. En lugar de un gesto lingüístico de auto- esencialismo plantean de distintas maneras la cues-
limitarse que ofrece la alteridad o diferencia a las tión de la universalidad de la identidad femenina y de
mujeres, el falocentrismo ofrece un nombre para la opresión machista. Las afirmacio-
eclipsar lo femenino y tomar su lugar. nes universalistas se basan en un
punto de partida epistemológico
iv. Teorizando lo binario, compartido o común, entendi-
lo unitario, y más allá do como la conciencia articula-
B eauvoir e Irigaray difieren claramente acerca de las da o las estructuras de opre-
estructuras fundamentales por medio de las sión compartidas o en las es-
cuales se reproduce la asimetría del tructuras ostensiblemente trans-
género; Beauvoir se basa en la recipro- culturales de la feminidad, la materni-
cidad fallida de una dialéctica asimé- dad, la sexualidad y/o la écriture feminine. La
trica, mientras que Irigaray amplía discusión inaugural en este capitulo argumen-
claramente el alcance de la crítica fe- taba que este gesto globalizador ha dado lugar a
minista mostrando las estructuras epis- una serie de críticas por parte de las mujeres que
temológicas, ontológicas y lógicas de la eco- afirman que la categoría “mujeres” es normativa y
nomía significante machista, el poder de su análisis se exclusivista y se invoca con las dimensiones no mar-
debilita precisamente por su alcance globalizador. ¿Es cadas de privilegio de clase y raza intactas. En otras
posible identificar una economía machista monológi- palabras, la insistencia acerca de la coherencia y
ca así como monolítica que atraviese la totalidad de unidad de la categoría de “mujeres” ha rechazado
contextos culturales e históricos en los que tiene lugar efectivamente la multiplicidad de las intersecciones
la diferencia sexual? El esfuerzo por incluir “otras” culturales, sociales, y políticas en las que la variedad
culturas como ampliaciones abigarradas de un falo- concreta de “mujeres” se construye.
centrismo global constituye un acto apropiador que Se han hecho algunos esfuerzos para formular
corre el riesgo de repetir el gesto de auto-engrandeci- políticas de coalición que no asumen previamente el
miento del falocentrismo, colonizando bajo el signo de contenido del término “mujeres”. Por el contrario,
lo mismo aquellas diferencias que podrían de otra proponen un conjunto de encuentros dialógicos por
manera poner en duda ese concepto totalizador.23 medio de los cuales mujeres distintamente posiciona-
La crítica feminista debería explorar las afirmacio- das articulen identidades diferentes dentro del marco
nes totalizadoras acerca de una economía significante de una coalición incipiente. Claramente, el valor de
machista, pero también seguir siendo autocrítica con esta política de coalición no debe despreciarse, pero la
respecto a los gestos totalizadores del feminismo. El forma misma de la coalición, de un conjunto emergen-
esfuerzo para identificar al enemigo como singular en te e impredecible de posiciones, no puede imaginarse
su forma es un discurso invertido que imita la estrate- previamente. A pesar del impulso claramente demo-
gia del opresor de forma no crítica en lugar de ofrecer cratizador que motiva la construcción de coalición, la
un conjunto de términos distintos. Que la táctica teórica de coalición puede inadvertidamente reinser-
pueda funcionar en contextos feministas y antifemi- tarse a sí misma como soberana del proceso mediante
nistas de la misma forma sugiere que el gesto coloni- un intento de imponer una forma ideal de estructuras
zador no es fundamentalmente o irreduciblemente de coalición a priori, una que garantizará efectivamen-
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te la unidad del resultado. Los esfuerzos coordinados consecución. Porque la articulación de una identidad
para determinar lo que es y no es la verdadera forma dentro de unos términos culturales disponibles insta
de un diálogo, lo que constituye la posición de sujeto una definición que excluye por adelantado la emergen-
y, lo que es más importante, cuándo la “unidad” se ha cia de nuevos conceptos de identidad en o mediante
alcanzado, pueden obstaculizar la dinámica de auto- acciones políticamente comprometidas, la táctica fun-
formación y auto-limitación. dacional no puede tomar la transformación o expan-
La insistencia a priori en la “unidad” de coalición sión de los conceptos existentes de identidad como un
como objetivo asume que la solidaridad, no importa a objetivo normativo. Es más, cuando las identidades
qué precio, es un pre-requisito para la acción política. consensuadas o las estructuras dialógicas consen-
¿Pero qué tipo de política exige ese tipo de compra “por suadas, por medio de las cuales se comunican identi-
adelantado” de la unidad? Quizá una coalición nece- dades ya establecidas, dejan de ser el tema o el sujeto
site reconocer sus contradicciones y actuar respetan- de la política, entonces las identidades pueden cons-
do esas contradicciones. Quizá parte de lo que la tituirse y desintegrarse de acuerdo con las prácticas
comprensión dialógica implica es la aceptación de la concretas que las constituyen. Ciertas prácticas polí-
divergencia, ruptura, escisión, y fragmentación como ticas instituyen identidades sobre una base contin-
parte del a menudo tortuoso proceso de democratiza- gente para conseguir sus objetivos cualquiera que
ción. La noción misma de “diálogo” es culturalmente estos sean. La política de coalición no requiere ni una
específica y está delimitada históricamente, y mien- categoría ampliada de “las mujeres” ni una identidad
tras que una persona que habla pueda estar segura de internamente múltiple que ofrezca inmediatamente
que la conversación se está produciendo, otra puede su complejidad.
estar segura de lo contrario. Las relaciones de poder El género es una complejidad cuya totalidad es
que condicionan y limitan las posibilidades dialógicas permanentemente aplazada, no es nunca lo que en-
deben ser cuestionadas en primer lugar. De otra contramos en un momento particular. Una coalición
manera, el modelo de diálogo corre el peligro de volver abierta, pues, afirmará las identidades que se institu-
a caer en el modelo liberal que asume que los/las yan y abandonen alternativamente de acuerdo con los
agentes del diálogo ocupan iguales posiciones de propósitos existentes; será un conjunto abierto que
poder, que hablan desde los mismos presupuestos permita convergencias y divergencias múltiples sin
acerca de lo que constituye “el acuerdo” y “la unidad” obediencia a un telos normativo ni a una clausura
y que ésos son los objetivos a perseguir. Sería erróneo definidora.
asumir a priori que existe la categoría de “mujeres” que
sólo tiene que ser rellenada con los distintos compo- v. Identidad, sexo y
nentes de raza, clase, edad, etnicidad, y sexualidad la metafísica de la sustancia
con el fin de que esté completa. La asunción de la ¿Q ué quiere decir “la identidad” pues, y qué funda-
parcialidad esencial de la categoría podría pues servir menta la presunción de que las identidades son idén-
como ideal normativo exento de fuerza coercitiva. ticas a sí mismas, que persisten a lo largo del tiempo
¿Es “la unidad” necesaria para una acción política como la misma identidad, unificada e internamente
efectiva? ¿Es la insistencia prematura en el objetivo de coherente? Y lo que es más importante, ¿cómo infor-
la unidad precisamente la causa de una cada vez más man esas asunciones los discursos de “la identidad
amarga fragmentación de las filas? Ciertas formas de genérica”? Sería erróneo pensar que la discusión
fragmentación reconocidas podrían facilitar la acción acerca de “la identidad” debería llevarse a cabo antes
de coalición justamente porque la “unidad” de la que la discusión sobre la identidad genérica, por la
categoría de las mujeres no es presupuesta ni desea- sencilla razón de que “las perso-
da. ¿Establece “la unidad” una norma excluyente de nas” sólo son inteligibles en el
solidaridad al nivel de la identidad que descalifica la momento en el que se consti-
posibilidad de un conjunto de acciones que perturba tuyen como pertenecientes a
los mismos límites de los conceptos de identidad, o que un género u otro de acuerdo
intentan conseguir precisamente la perturbación como con patrones reconocibles de
un objetivo político explícito? Sin el presupuesto u inteligibilidad genérica. Las
objetivo de “la unidad”, que es, en cualquier caso, discusiones sociológicas han
siempre instituido a un nivel conceptual, las unidades intentado comprender con-
provisionales podrían emerger en el contexto de accio- vencionalmente la noción de
nes concretas que tienen unos objetivos distintos de la persona en términos de una
articulación de la identidad. Sin la expectativa obliga- agencia que reclama priori-
toria de que las acciones feministas deban ser institui- dad ontológica sobre los dis-
das desde alguna identidad consensuada, unificada y tintos roles y funciones por
estable, esas acciones podrían ser comenzadas más medio de los cuales asume
fácil y rápidamente y parecer más afines a un número visibilidad social y significa-
de “mujeres” para quienes el significado de la categoría do. Dentro del discurso filo-
es permanentemente discutible. sófico, la noción de “la perso-
Este acercamiento antifundacionalista a la política na” ha sufrido una elabora-
de coalición asume que ni “la identidad” es una ción analítica de acuerdo con
premisa ni la forma o el significado del conjunto de el presupuesto de que cual-
coalición pueden conocerse con anterioridad a su quier contexto social en que
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la persona “esté” queda de alguna manera relacionado ¿Cuál es la alianza peculiar que se presume existe
externamente con la estructura de personalidad que entre un sistema de heterosexualidad obligatoria y las
define, sea ésta la conciencia, la capacidad del lengua- categorías discursivas que establecen los conceptos
je, o la deliberación moral. Aunque esa literatura no es de identidad en cuanto a sexo? Si “la identidad” es un
examinada aquí, una premisa de tales investigaciones efecto de las prácticas discursivas, ¿hasta qué punto
es el foco de exploración e inversión crítica. Mientras es la identidad genérica, interpretada como una rela-
que estudio acerca de qué constituye “la identidad ción entre sexo, género, práctica sexual y deseo, el
personal” dentro de descripciones filosóficas casi siem- efecto de una práctica reguladora que puede ser
pre se centra en la cuestión de qué rasgo interno de la identificada como una heterosexualidad obligatoria?
persona establece la continuidad o identidad a uno/a ¿Nos lleva esta interpretación a otro marco totalizador
mismo/a de la persona a lo largo del tiempo, la en el que la heterosexualidad obligatoria meramente
cuestión aquí será: ¿Hasta qué punto las prácticas toma el lugar del falocentrismo como la causa mono-
reguladoras de la formación y división del género lítica de la opresión por causa del género?
constituyen la identidad, la coherencia interna del Dentro del espectro del feminismo francés y la
sujeto, es más, el estatus de identidad a uno mismo de teoría posestructuralista, se entiende que regímenes
la persona? ¿Hasta qué punto es “la identidad” un de poder muy distintos producen los conceptos de
ideal normativo más que un rasgo descriptivo de la identidad del sexo. Consideremos la divergencia entre
experiencia? ¿Y cómo gobiernan las prácticas regula- aquellas posiciones, tales como la de Irigaray, que
doras, que también gobiernan el género, las nociones afirman que sólo hay un sexo, el masculino, que se
culturalmente inteligibles de identidad? elabora a sí mismo por medio de la producción del
Los géneros “inteligibles” son aquellos que institu- “Otro”, y aquellas posiciones, la de Foucault, por
yen y mantienen de alguna manera las relaciones de ejemplo, que asumen que la categoría de sexo, ya sea
coherencia y contigüidad entre sexo, género, práctica masculina o femenina, es una producción de una
sexual y deseo. En otras palabras, los espectros de la economía difusa reguladora de la sexualidad. Consi-
discontinuidad y la incoherencia, que sólo pueden ser deremos también el argumento de Wittig de que la
pensados en relación con las normas de continuidad categoría del sexo es, bajo las condiciones de hetero-
y coherencia, son prohibidos constantemente y pro- sexualidad obligatoria, siempre femenina (la masculi-
ducidos por las mismas leyes que intentan establecer na queda no marcada y es, por tanto, sinónima de
líneas de conexión causal o expresiva entre el sexo “universal”). Paradójicamente, Wittig coincide con
biológico, los géneros constituidos culturalmente y la Foucault al afirmar que la categoría del sexo desapa-
“expresión” o “efecto” de ambos en la manifestación del recería y, en efecto, se disiparía mediante la perturba-
deseo sexual por mediación de la práctica sexual. ción y el desplazamiento de la hegemonía hetero-
La noción de que podría haber una “verdad” del sexual.
sexo, como Foucault la llama irónicamente, se produ- Los distintos modelos explicativos ofrecidos sugie-
ce precisamente mediante las prácticas reguladoras ren las maneras muy distintas en que se entiende la
que generan identidades coherentes por medio de la categoría del sexo de acuerdo con cómo el campo de
matriz de normas de género coherentes. La hetero- poder sea articulado. ¿Es posible mantener la comple-
sexualización del deseo requiere e instituye la produc- jidad de estos campos de poder y pensar mediante sus
ción de oposiciones asimétricas y claras entre “lo capacidades productivas al unísono? Por otro lado, la
femenino” y “lo masculino”, en las que se entienden teoría de la diferencia sexual de Irigaray sugiere que
como atributos expresivos del “varón” y “mujer”. La las mujeres no pueden ser nunca comprendidas se-
matriz cultural por medio de la cual la identidad gún el modelo de un “sujeto” dentro de los sistemas de
genérica se ha hecho inteligible requiere que ciertos representación convencionales de la cultura occiden-
tipos de “identidades” no puedan “existir” - esto es, tal precisamente porque constituyen el fetiche de la
aquellos en los que el género no se deriva del sexo y representación y, por tanto, lo irrepresentable como
aquellos en los que las prácticas de deseo no se derivan tal. Las mujeres no pueden nunca “ser”, según esta
ni del sexo ni del género. “Derivarse”, en este contexto, ontología de sustancias, precisamente porque, en
tiene una relación política de implicación instituida relación con la diferencia, son lo excluido, por medio
por las leyes culturales que establecen y regulan la del cual ese campo se delimita. Las mujeres son
forma y el significado de la sexualidad. En efecto, también una “diferencia” que no puede ser entendida
precisamente porque ciertos tipos de “identidades como una simple negación u “Otro” del sujeto-siem-
genéricas” no se conforman de acuerdo con esas pre-masculino. Como se discutió anteriormente, no
normas de inteligibilidad cultural, aparecen única- son ni el sujeto ni su Otro, sino una diferencia de la
mente como fracasos de desarrollo o imposibilidades economía de oposición binaria, una artimaña para
lógicas dentro de este campo. Su persistencia y proli- una elaboración monológica de lo masculino.
feración, sin embargo, ofrecen oportunidades críticas La noción de que el sexo aparece en el lenguaje
de mostrar los límites y los objetivos reguladores del hegemónico como sustancia, metafísicamente hablan-
campo de la inteligibilidad y, por tanto, de crear dentro do, como un ser idéntico a sí mismo, es crucial para
de los mismos términos de esa matriz de inteligibilidad cada una de estas perspectivas. Esta apariencia es
matrices rivales y subversivas de desorden genérico. conseguida mediante un giro performativo del lengua-
Antes de que tales prácticas desordenadoras sean je y/o del discurso que oculta el hecho de que “ser” un
consideradas, parece crucial entender la “matriz de sexo o un género es fundamentalmente imposible.
inteligibilidad”. ¿Es única? ¿De qué está compuesta? Para Irigaray, la gramática no puede nunca ser un
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índice claro de las rela- Por tanto, Wittig aboga por la destrucción del “sexo”
ciones de género preci- para que las mujeres puedan asumir el estatus de
samente porque apoya sujeto universal. En su camino hacia esa destrucción,
el modelo sustancial del “las mujeres” deben asumir un punto de vista tanto
género como una rela- universal como particular.29 Como sujeto que puede
ción binaria entre dos hacer realidad la universalidad concreta por medio de la
términos positivos y re- libertad, la lesbiana de Wittig se distingue de Irigaray,
presentables. En opinión de Irigaray, la gramática no sólo en lo que se refiere a las oposiciones ya conocidas
sustantiva del género, que asume a varones y mujeres, entre esencialismo y materialismo,30 sino en los térmi-
así como sus atributos de lo masculino y lo femenino, nos de la adhesión a la metafísica de la sustancia que
es un ejemplo de una dualidad que enmascara eficaz- confirma el modelo normativo del humanismo como el
mente el discurso unívoco y hegemónico de lo mascu- marco para el feminismo. Donde parece que Wittig ha
lino –el falogocentrismo–, silenciando lo femenino suscrito un proyecto radical de emancipación lesbiana
como el lugar de una multiplicidad subversiva. Para y ha hecho valer la distinción entre “lesbiana” y “mujer”,
Foucault, la gramática sustantiva del sexo impone lo que hace en realidad es defender una “persona”
una relación binaria artificial entre los sexos, así como pregenérica, caracterizada por la libertad. Este movi-
una coherencia interna artificial dentro de cada térmi- miento no sólo confirma el estatus presocial de la
no de esa dualidad. La regulación binaria de la sexua- libertad humana, sino que se suscribe a esa metafísica
lidad suprime la multiplicidad subversiva de una de la sustancia que es responsable de la producción y
sexualidad que perturba las hegemonías heterosexua- naturalización de la categoría del sexo.
les, reproductoras y medico-jurídicas. La metafísica de la sustancia es una expresión que
Para Wittig, la restricción binaria del sexo colabora se asocia con Nietzsche dentro de la crítica contempo-
con los objetivos de reproducción de un sistema de ránea al discurso filosófico. En un comentario sobre
heterosexualidad obligatoria; en ocasiones, afirma Nietzsche, Michel Haar explica que un cierto número de
que el abandono de la heterosexualidad obligatoria ontologías filosóficas han quedado atrapadas en ciertas
inaugurará un humanismo verdadero de “la persona” ilusiones de “ser” y “sustancia” que son adoptadas en la
liberada de las cadenas del sexo. En otros contextos, creencia de que la formulación gramatical del sujeto y
sugiere que la profusión y difusión de una economía el predicado refleja la realidad ontológica anterior de la
erótica no falocéntrica disipará las ilusiones del sexo, sustancia y el atributo. Estos constructos, dice Haar,
el género y la identidad. Es más, en otro contexto, constituyen los medios filosóficos artificiales por medio
parece que “la lesbiana” emerge como un tercer género de los cuales la simplicidad, el orden y la identidad
que promete trascender la restricción binaria en cuan- quedan efectivamente instituidos. De ninguna manera,
to al sexo impuesta por el sistema de heterosexualidad sin embargo, revelan o representan un cierto orden de
obligatoria. En su defensa del “sujeto cognitivo”, Wittig cosas verdadero. Para nuestros propósitos, esta crítica
parece no plantear ninguna disputa metafísica a los nietzcheana es iluminadora cuando se aplica a las
modos de significación o representación hegemónicos; categorías psicológicas que gobiernan la mayor parte
de hecho, el sujeto, con su atributo de autodetermina- del pensamiento popular y teórico acerca de la identidad
ción, parece ser la rehabilitación de la agente de la genérica. Según Haar, la crítica de la metafísica de la
elección existencial bajo el nombre de la lesbiana: “la sustancia implica una crítica de la noción misma de la
llegada de sujetos individuales exige destruir primero persona psicológica como un ente sustantivo:
las categorías de sexo”.26 No critica “el sujeto” como La destrucción de la lógica por medio de su
invariablemente masculino de acuerdo con las reglas genealogía trae consigo también la ruina de las
de un simbólico invariablemente patriarcal, sino que categorías psicológicas basadas en esta lógica.
propone en su lugar el equivalente a un sujeto lésbico Todas las categorías psicológicas (el ego, el indivi-
como usuario del lenguaje.27 duo, la persona) se derivan de la ilusión de la
La identificación de las mujeres con el “sexo”, para identidad sustantiva. Pero esta ilusión vuelve bási-
Beauvoir como para Wittig, es una refundición de la camente a la superstición que no sólo engaña al
categoría de las mujeres con los rasgos ostensible- sentido común sino también a los filósofos, por
mente sexuados de sus cuerpos y, por tanto, un ejemplo, la creencia en el lenguaje y, más precisa-
rechazo a ofrecer a las mujeres libertad y autonomía mente, en la verdad de las categorías gramaticales.
de la manera en que la disfrutan los varones. Así, la Fue la gramática (la estructura de sujeto y predica-
destrucción de la categoría del sexo seria la destruc- do) lo que inspiró la certeza de Descartes acerca de
ción de un atributo, el sexo, que ha llegado a tomar el que “yo” es el sujeto de “pienso”, aunque es más
lugar de la persona, mediante el gesto misógino de la bien al revés, que los pensamientos vienen a “mí”:
sinécdoque, el cogito que se autodetermina. En otras en el fondo, la fe en la gramática simplemente
palabras, sólo los varones son “personas”, y no hay indica la voluntad de ser la “causa” de nuestros
otro género que el femenino: propios pensamientos. El sujeto, el ser, el indivi-
El género es el índice lingüístico de la oposición duo, son sólo conceptos falsos, ya que transforman
política entre los sexos. El género es utilizado en en sustancias unidades ficticias que tienen como
singular porque en realidad no hay dos géneros. origen sólo la realidad lingüística.31
Sólo hay uno: el femenino; el “masculino” no es un
género. Ya que lo masculino no es lo masculino, Wittig ofrece una alternativa crítica al mostrar que
sino lo general.28 las personas no pueden ser significadas en el lenguaje
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sin la marca del género. Ofrece un análisis político de es asumida: “Me haces sentir como una mujer de
la gramática del género en francés. De acuerdo con verdad”.34 Este logro requiere una diferenciación del
Wittig, el género no sólo designa a las personas, las género contrario. Por tanto, un individuo es su propio
“califica”, por así decirlo, sino que constituye una género hasta el punto que uno no es el género contra-
episteme conceptual por medio de la cual se universa- rio, una formulación que presupone y hace valer la
liza el género binario. Aunque el francés da género a restricción del género dentro del par binario.
toda clase de nombres además de los de persona, El género puede denotar una unidad de experien-
Wittig afirma que su análisis afecta al inglés también. cia, sexo, género y deseo, sólo cuando se puede
Al principio de “The Mark of Gender” (1984), escribe: interpretar que el sexo exige la existencia del género -
La marca de género, de acuerdo con los en la que género es una designación psíquica y/o
gramáticos, afecta a los sustantivos. Hablan de cultural del ser- y deseo -en la que el deseo es
esto en términos de función. Si se los interroga heterosexual y, por tanto, se diferencia por medio de
acerca de su significado, quizá bromeen, y lo una relación de oposición a ese otro género que desea.
llamen un “sexo ficticio” [...] en lo que se refiere a las La coherencia interna o la unidad tanto del género,
categorías de la persona, ambos [el inglés y el varón o mujer, requiere, entonces, una heterosexua-
francés] son portadores de género en la misma lidad tanto estable como de contrarios. Esa hetero-
medida. Ambos en efecto permiten un concepto sexualidad institucional requiere y, al mismo tiempo,
ontológico primitivo que hace valer en el lenguaje produce la univocidad de cada uno de los términos
una división de los seres en dos sexos. [...] Como genéricos que constituyen el límite de posibilidades
concepto ontológico que trata de la naturaleza del genéricas de un sistema genérico, binario y de contra-
ser, de acuerdo con toda una nebulosa de concep- rios. Esta concepción del género presupone no sólo
tos primitivos que pertenecen a la misma línea de una relación causal entre sexo, género, y deseo, sino
pensamiento, el género parece pertenecer original- que sugiere también que el deseo refleja o expresa el
mente a la filosofía.32 género y que el género refleja o expresa el deseo. Se
asume que la unidad metafísica de los tres se conoce
En lo que respecta al género, “pertenecer a la verdaderamente y se expresa mediante un deseo
filosofía” es, según Wittig, pertenecer a “ese cuerpo de diferenciador por el género contrario -esto es, en forma
conceptos que son evidentes por sí mismos, sin los de heterosexualidad de contrarios–. Sea como para-
cuales los filósofos creen que no pueden desarrollar digma naturalista que establece una continuidad cau-
una línea de pensamiento y que, según ellos, funcio- sal entre sexo, género y deseo o como un paradigma
nan sin necesidad de mencionarlos, ya que existen con auténtico-expresivo en el que se dice que un ser
anterioridad a cualquier pensamiento, cualquier or- verdadero se revela simultáneamente o sucesivamen-
den social, en la naturaleza”.33 La perspectiva de Wittig te en el sexo, el género, y el deseo, aquí “el viejo sueño
es corroborada por el discurso popular acerca de la de la simetría”, como lo llama Irigaray, se presupone,
identidad genérica que utiliza la atribución flexiva del reproduce y racionaliza.
“ser” para géneros y “sexualidades” de forma no críti- Este somero esbozo del género nos da una pista
ca. La afirmación no problemática de “ser” mujer y de para entender las razones políticas de la perspectiva
“ser” heterosexual sería sintomática de esa metafísica sustantivista del género. La institución de una hetero-
de las sustancias del género. En el caso tanto de “los sexualidad obligatoria y naturalizada requiere y regu-
varones” como “las mujeres”, esta afirmación tiende a la el género como una relación binaria en la que el
subordinar la noción del género a la de identidad y a término masculino se diferencia del femenino, y esta
llegar a la conclusión de que una persona es un género diferenciación se consigue mediante las prácticas de
y lo es en virtud de su sexo -sea éste masculino o deseo heterosexual. El acto de diferenciar los dos
femenino-, de su percepción psíquica del ser y de las momentos contrarios de la dualidad da lugar a una
distintas expresiones de ese ser psíquico, siendo el consolidación de cada término, la coherencia interna
deseo sexual la más importante. En tal contexto respectiva de sexo, género y deseo.
prefeminista, el género, confundido ingenuamente El desplazamiento estratégico de la relación bina-
(más que críticamente) con el sexo, sirve como princi- ria y de la metafísica de la sustancia en la que
pio unificador del ser corporeizado y mantiene esa descansa presupone que las categorías de femenino y
unidad por encima de y contra un “sexo contrario” masculino, mujer y varón, se producen de manera
cuya estructura se presume que mantiene una cohe- semejante dentro del marco binario. Foucault suscri-
rencia paralela pero contraria entre el sexo, el género be implícitamente esta explicación. En el capitulo que
y el deseo. La expresión “me siento mujer” dicha por clausura el primer volumen de La historia de la sexua-
una hembra o “me siento varón” por un varón presu- lidad y en su breve pero significativa introducción a
pone que en ninguno de los dos casos la afirmación es Herculine Barbin, Qué son los diarios descubiertos
redundante de una manera carente de sentido. A recientemente de un hermafrodita del siglo XIX,35
pesar de que no parezca problemático ser una anato- Foucault sugiere que la categoría del sexo, anterior a
mía dada (aunque consideraremos más tarde la forma cualquier reordenación de la diferencia sexual, se
en que este proyecto está también repleto de dificulta- construye mediante un modo de sexualidad histórica-
des), la experiencia de una disposición psíquica del mente específico. La producción táctica de una
género o identidad cultural se considera un logro. Así, reordenación binaria y clara del sexo oculta los obje-
“me siento mujer” es verdadero hasta el punto de que tivos estratégicos de este mismo aparato de produc-
la invocación de Aretha Franklin al Otro que la define ción por medio de la postulación del “sexo” como “una
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causa” de la experiencia sexual, el comportamiento y es un constructo ficticio producido mediante la orde-


el deseo. La investigación genealógica de Foucault nación obligatoria de los atributos en secuencias de
muestra esta “causa” ostensible como “un efecto”. La género coherentes, entonces parece que el género
producción de un régimen dado de sexualidad que como sustancia, la viabilidad de varón y mujer como
intenta regular la experiencia sexual instando las nombres, no consiguen adaptarse a los modelos se-
categorías discretas del sexo como funciones causales cuenciales o causales de inteligibilidad.
y fundacionales dentro de cualquier descripción dis- La aparición de una sustancia duradera o ser
cursiva de la sexualidad. genérico, lo que el psiquiatra Robert Stoller denomina
La introducción de Foucault a los diarios del herma- “núcleo del género”,38 es pues producido por la regu-
frodita, Herculine Barbin, sugiere que la crítica genea- lación de atributos de acuerdo con líneas de coheren-
lógica de esas categorías producidas es la consecuencia cia culturalmente establecidas. Como resultado, el
involuntaria de las prácticas sexuales que no pueden mostrar esta producción ficticia está condicionado por
ser descritas dentro del discurso medico-legal de una el juego liberalizado de atributos que se oponen a ser
heterosexualidad naturalizada. Herculine no es una asimilados por el marco ya formado de nombres
“identidad”, sino la imposibilidad sexual de la identi- primarios y adjetivos subordinados. Siempre es posi-
dad. Aunque los elementos anatómicos masculinos y ble, por supuesto, decir que los adjetivos disonantes
femeninos se distribuyen conjuntamente en o sobre un funcionan retroactivamente para redefinir las identi-
cuerpo, éste no es el verdadero origen del escándalo. Las dades sustantivas que se supone que modifican y, por
convenciones lingüísticas que producen seres genéri- tanto, para ampliar las categorías sustantivas de
cos inteligibles encuentran su límite en Herculine pre- género para incluir posibilidades excluidas anterior-
cisamente porque ella/él da lugar a una convergencia y mente. Pero si estas sustancias no son nada más que
desorganización de las reglas que gobiernan el sexo/ coherencias creadas contingentemente por medio de
género/deseo. Herculine utiliza y redistribuye los térmi- la regulación de los atributos, parecería que la ontolo-
nos del sistema binario, pero esa misma redistribución gía de las sustancias misma no es sólo un efecto
perturba y hace proliferar esos términos fuera de la artificial, sino esencialmente superflua.
dualidad misma. Según Foucault, Herculine no es En este sentido, el género no es un nombre, pero
categorizable dentro de la dualidad del género tal como tampoco es un conjunto de atributos que flotan libre-
es; la convergencia desconcertante de heterosexualidad mente, porque hemos visto que el efecto sustantivo del
y homosexualidad en su persona son sólo ocasionadas, género se produce y se fuerza performativamente por
pero nunca causadas, por su discontinuidad anatómi- medio de las prácticas reguladoras de la coherencia
ca. La apropiación de Herculine por Foucault es sospe- del género. Por tanto, dentro del discurso heredado de
chosa,36 pero su análisis implica la creencia interesante la metafísica de la sustancia, el género demuestra ser
de que la heterogeneidad sexual (paradójicamente clau- performativo -esto es, que constituye la identidad que
surada por una “hetero”-sexualidad naturalizada) im- se pretende que sea–. En este sentido, el género
plica una crítica de la metafísica de la sustancia, en la siempre existe como una acción, pero no una acción
medida que informa las categorías del sexo que confor- realizada por un sujeto que podría decirse que preexiste
man la identidad. Foucault imagina la experiencia de al evento. El desafío de replantear las categorías de
Herculine como “un mundo de placeres en el que las género fuera de la metafísica de la sustancia tendrá
sonrisas existen sin el gato”.37 Las sonrisas, las alegrías, que considerar la importancia de la afirmación del
los placeres y los deseos se presentan aquí como mismo Nietzche en Sobre la genealogía de las morales
cualidades carentes de una sustancia duradera a la que de que “no hay ningún ‘ser’ tras la acción, la ejecución
se suponga que se adhieran. Como atributos que flotan o el llegar a ser; ‘el agente’ es meramente una ficción
libremente, sugieren la posibilidad de una experiencia añadida al evento -el evento lo es todo–”.39 En una
anterior al género que no puede ser atrapada mediante aplicación que el mismo Nietzsche no hubiera antici-
la gramática jerarquizadora de los sustantivos (res pado ni aprobado, podríamos establecer un corolario:
extensa) y los adjetivos (atributos esenciales y acciden- no hay identidad genérica tras las expresiones del
tales). Por medio de su lectura superficial de Herculine, género; esa identidad se constituye performativamen-
Foucault propone una ontología de los atributos acci- te por medio de las mismas “expresiones” que se
dentales que muestra el postulado de la identidad como supone como sus resultados.
un principio de orden y jerarquía culturalmente restrin-
gido, una ficción reguladora. vi. El lenguaje, el poder, y las estrategias
Si es posible hablar de un “varón” con un atributo de desplazamiento
masculino y entender ese atributo como un rasgo feliz Una gran cantidad de literatura y teoría feminista ha
pero accidental de ese varón, entonces también es asumido sin embargo que hay un/a “agente” tras el
posible hablar de un “varón” con un atributo femeni- evento. Sin el/la agente, se piensa, no puede haber
no, no importa cual sea éste, y sin embargo mantener ninguna agencia y, por lo tanto, ningún potencial para
todavía la integridad del género. Pero una vez que iniciar una transformación
hemos acabado con la prioridad del “varón” y la de las relaciones de domi-
“mujer” como sustancias duraderas, entonces ya no nación dentro de la socie-
es posible subordinar los rasgos disonantes del género dad. La teoría feminista ra-
como tantas características accidentales y secunda- dical de Wittig ocupa una
rias de la ontología del género que está intacta funda- posición ambigua dentro del
mentalmente. Si la noción de una sustancia duradera continuo de teorías acerca
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de la cuestión del sujeto. Por un lado, Wittig parece orden de materialidad”,44 una institución que puede
disputar la metafísica de la sustancia; pero por el otro, ser transformada radicalmente. El lenguaje se clasifi-
mantiene al sujeto humano, el individuo, como el locus ca entre las prácticas concretas y contingentes y las
metafísico de agencia. Mientras que el humanismo de instituciones mantenidas por las opciones de los
Wittig presupone claramente que existe un/a agente individuos y, por tanto, debilitado por las acciones
tras la acción, sin embargo, su teoría perfila el cons- colectivas de individuos que eligen. La ficción lingüís-
tructo performativo del género dentro de las prácticas tica del “sexo”, explica, es una categoría producida y
materiales de la cultura, discutiendo la temporalidad puesta en funcionamiento por el sistema de hetero-
de esas explicaciones que confundirían “causa” con sexualidad obligatoria en un esfuerzo por restringir la
“resultado”. En una frase que sugiere el espacio inter- producción de identidades de acuerdo con los ejes del
textual que conecta a Wittig con Foucault (y revela los deseo heterosexual. En una parte de su trabajo, tanto
rastros de la noción marxista de producción en las la homosexualidad femenina como la masculina, así
teorías de ambos autores), dice: como otras posiciones independientes del contrato
Un enfoque feminista materialista muestra que heterosexual, ofrecen la ocasión del abandono o de la
lo que tomamos como la causa o origen de la proliferación de la categoría del sexo. En El cuerpo
opresión es en realidad la marca impuesta por el lésbico y otros textos, sin embargo, Wittig parece
opresor; el “mito de la mujer”, sumado a sus efectos tomar partido con una sexualidad organizada genital-
materiales y manifestaciones en la conciencia y mente per se y parece abogar por una economía de
cuerpos apropiados de las mujeres. Así, esta marca placeres alternativa que se enfrentaría al constructo
no preexiste a la opresión ... se toma el sexo como de subjetividad femenina marcada por la función
un “don inmediato”, un “don sensible”, “unos ras- reproductora supuestamente distintiva de las muje-
gos físicos”, que pertenecen a un orden natural. res.45 Aquí, la proliferación de placeres fuera de la
Pero lo que creemos que es una percepción directa economía reproductora sugiere una forma específica-
y física es sólo un constructo sofisticado y mítico, mente femenina de difusión erótica, entendida como
una “formación imaginaria”.40 una contra-estrategia enfrentada al constructo repro-
ductor de la genitalidad. De alguna manera, El cuerpo
Debido a que esta producción de “la naturaleza” lésbico puede interpretarse, según Wittig, como una
funciona de acuerdo con los dictados de una hetero- lectura “invertida” de Los tres ensayos sobre la Teoría
sexualidad obligatoria, la emergencia del deseo homo- de la sexualidad de Freud, en los que él argumenta a
sexual, en su opinión, trasciende las categorías del favor de la superioridad evolutiva de la sexualidad
sexo: “Si el deseo pudiera liberarse, no tendría nada genital sobre la sexualidad infantil menos restringida
que ver con la señalización preliminar de los sexos”.41 y más difusa. Solo el “invertido”, el término médico
Wittig se refiere al “sexo” como la marca que es invocado por Freud para referirse a “los homosexua-
aplicada de alguna manera por una heterosexualidad les”, no consigue “alcanzar” la norma genital. Al apos-
institucionalizada, una marca que puede borrarse o tar a una crítica política en contra de la genitalidad,
confundirse por medio de prácticas que responden Wittig parece hacer uso del término “inversión” como
eficazmente a esa institución. Su visión, por supuesto, una práctica de lectura crítica, valorando precisamen-
difiere radicalmente de la de Irigaray. Esta última te aquellos rasgos de una sexualidad no desarrollada,
entendería la “marca” del género como parte de la diseñada por Freud, e inaugurando una “política
hegemonía que significa la economía de lo masculino posgenital” con eficacia.46 En efecto, la noción de
que opera por medio de mecanismos auto-elaboradores evolución se puede leer sólo como la normalización
de especularización que han determinado casi por dentro de la matriz heterosexual. Y sin embargo, ¿es
completo el campo de la ontología en la tradición esta la única lectura posible de Freud? Y, ¿hasta qué
filosófica occidental. Para Wittig, el lenguaje es un punto la práctica de Wittig de “inversión” está compro-
instrumento o herramienta que no es de ninguna metida con el modelo mismo de normalización que
manera misógino en sus estructuras, sino solo en sus intenta desmantelar? En otras palabras, si el modelo
aplicaciones.42 Para Irigaray, la posibilidad de un de una sexualidad más difusa y antigenital funciona
lenguaje o economía significante distinto es la única como la única alternativa opuesta a la estructura
oportunidad de escapar a la “marca” del género que, hegemónica de la sexualidad, ¿hasta qué esta relación
para lo femenino, no es más que el borrado falocéntri- binaria punto está destinada a reproducirse infinita-
co del sexo femenino. Mientras que Irigaray intenta mente? ¿Qué posibilidad hay de perturbar esta misma
mostrar la relación ostensiblemente “binaria” entre dualidad enfrentada?
los sexos como una artimaña machista que excluye a El enfrentamiento de Wittig con el psicoanálisis
lo femenino por completo, Wittig considera que posi- tiene como consecuencia inesperada que su teoría dé
ciones como la de Irigaray consolidan la dualidad por sentada precisamente esa teoría psicoanalítica de
entre lo masculino y lo femenino y hacen volver a la evolución, ahora totalmente “invertida”, que trata
entrar en escena la noción mítica de lo femenino. de superar. La perversión polimórfica, que se supone
Basándose claramente en la crítica de Beauvoir al mito existe con anterioridad a la señalización del sexo, es
de lo femenino en El Segundo Sexo, Wittig afirma, “no valorada como el telos de la sexualidad humana.47 Una
existe una ‘escritura femenina.’” posible respuesta psicoanalítica feminista a Wittig
Wittig está consciente del poder del lenguaje para diría que ella no razona en profundidad y que subes-
subordinar y excluir a las mujeres. Como “materialis- tima el significado y la función del lenguaje en el que
ta”, sin embargo, considera que el lenguaje es “otro “la marca del género” tiene lugar. Entiende la práctica
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de señalización como algo contingente, radicalmente la prohibición que construye la identidad es ineficaz
variable e incluso dispensable. El estatus de la prohi- (la ley paterna debería ser entendida no como una
bición original en la teoría lacaniana funciona más voluntad divina determinista, sino como una torpeza
convincentemente y menos contingentemente que la perpetua, que prepara el terreno para la insurrección
noción de la práctica reguladora en Foucault o la en contra de ella).
descripción materialista de un sistema de opresión Las diferencias entre el materialismo y las posicio-
heterosexista en Wittig. nes lacanianas (y poslacanianas) surgen en una dis-
En Lacan, como en la reformulación poslacaniana puta normativa acerca de si existe una sexualidad
de Freud llevada a cabo por Irigaray, la diferencia recuperable, sea “antes” o “fuera” de la ley, en forma de
sexual no es una simple dualidad que mantiene la el inconsciente; o sea “después” de la ley, como una
metafísica de la sustancia como fundamento. El “su- sexualidad posgenital. Paradójicamente, se entiende
jeto” masculino es un constructo ficticio producido que el tropo normativo de la perversión polimórfica
por la ley que prohibe el incesto y obliga a un despla- caracteriza ambos puntos de vista de la sexualidad
zamiento infinito de un deseo heterosexualizador. Lo alternativa. No hay acuerdo, sin embargo, en lo que se
femenino no es nunca una marca del sujeto; lo feme- refiere a delimitar esa “ley” o conjunto de “leyes”. La
nino es el significado de una ausencia, significada por crítica psicoanalítica consigue dar una descripción del
el simbólico, un conjunto de reglas diferenciadoras “sujeto” -y quizá también de la ilusión de sustancia-
que crean la diferencia sexual eficazmente. La posi- dentro de la matriz de las relaciones genéricas norma-
ción lingüística masculina pasa por la individuación y tivas. Wittig, de acuerdo con su actitud existencial-
heterosexualización requerida por las prohibiciones materialista, supone que el sujeto, la persona, tiene
fundacionales de la ley simbólica, la ley del Padre. El una integridad presocial y pregenérica. Por otro lado,
tabú del incesto que separa al hijo de la madre y en “la ley paterna” en Lacan, así como el dominio
consecuencia establece la relación de parentesco en- monológico del falocentrismo en Irigaray, lleva la
tre ellos [madre e hijo] es una ley promulgada “en el marca de una singularidad monoteísta que quizá sea
nombre del Padre”. De igual manera, la ley que recha- menos unitaria y culturalmente universal de lo que los
za el deseo de la niña por su madre y su padre requiere supuestos directrices estructuralistas de la descrip-
que ella asuma el emblema de la maternidad y perpe- ción suponen.52
túe las reglas del parentesco. Tanto la posición mas- Pero la disputa parece también referirse a la articu-
culina como la femenina se instituyen pues por medio lación de un tropo temporal de una sexualidad subver-
de leyes prohibitivas que producen géneros cultural- siva que surge con anterioridad a la imposición de una
mente inteligibles, pero sólo mediante la producción ley, después de su abandono, o durante su reinado
de una sexualidad inconsciente que vuelve a emerger como un desafío constante a su autoridad. Parece
en el campo de lo imaginario.48 aconsejable volver a referirnos ahora a Foucault quien,
La apropiación feminista de la diferencia sexual, ya al afirmar que la sexualidad y el poder son coextensivos,
sea escrita en contra del falocentrismo de Lacan refuta implícitamente el postulado de una sexualidad
(Irigaray) o como una reelaboración crítica de Lacan, emancipadora o subversiva que pudiera liberarse de la
intenta teorizar lo femenino, no como una expresión ley. Podemos llevar el argumento un poco más allá
de la metafísica de la sustancia, sino como la ausencia señalando que el “antes” de la ley y el “después” son
irrepresentable llevada a cabo por la negación (mascu- modos de temporalidad instituidos discursivamente y
lina) que fundamenta la economía significante por performativamente que se invocan dentro de los térmi-
medio de la exclusión. Lo femenino como lo repudia- nos de un marco normativo que afirma que la subver-
do/excluido dentro del sistema constituye la posibili- sión, la desestabilización o el desplazamiento/
dad de una crítica y la perturbación de ese esquema sublimación requiere una sexualidad que escape de
conceptual hegemónico. La obra de Jacqueline Rose49 alguna manera a las prohibiciones hegemónicas acer-
y Jane Gallop50 pone de manifiesto de distinta manera ca del sexo. Para Foucault, esas prohibiciones son
el estatus construido de la diferencia sexual, la ines- invariable e involuntariamente productivas en el sen-
tabilidad inherente de tal constructo y la consecutividad tido de que “el sujeto” que se supone se funda y
de una prohibición que instituye la identidad sexual, produce en y mediante esas prohibiciones no tiene
al mismo tiempo que asegura la exposición del tenue acceso a una sexualidad que esté en algún sentido
argumento del constructo. Aunque Wittig y otras/os “fuera”, “antes”, o “después” del poder mismo. El
feministas materialistas en el ámbito francés dirían poder, más que la ley, abarca las funciones jurídicas
que la diferencia sexual es una reproducción irreflexiva (prohibitivas y reguladoras) y productivas (involunta-
de un conjunto reproducido de polaridades sexuadas, rias y generadoras) de las relaciones diferenciales. Por
esas opiniones no tienen en cuenta la dimensión tanto, la sexualidad que surge dentro de la matriz de
crítica del inconsciente que, como lugar de sexualidad relaciones de poder no es una simple reproducción o
reprimida, vuelve a emerger dentro del discurso del copia de la ley, una repetición uniforme de la economía
sujeto como la imposibilidad de su coherencia. Como machista de la identidad. Las producciones se desvían
Rose señala muy claramente, el constructo de una de sus propósitos originales y movilizan involuntaria-
identidad sexual coherente de acuerdo con los ejes mente posibilidades de “sujetos” que no exceden me-
disyuntivos de lo femenino/masculino está destinado ramente los límites de la inteligibilidad cultural, sino
a fracasar;51 los trastornos de esta coherencia por que expanden eficazmente estos límites de lo que es
medio de la reaparición involuntaria de lo reprimido culturalmente inteligible.
revela no sólo que “la identidad” se construye, sino que La norma feminista de una sexualidad posgenital
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se convirtió en el objeto de una sueño que pospone la tarea concreta y contemporánea


crítica significativa por parte de de replantearse las posibilidades subversivas de la
las/los teóricas/os feministas sexualidad y la identidad en los términos mismos del
de la sexualidad, algunas/os de poder. Esta tarea misma presume, por supuesto, que
los cuales han buscado una operar dentro de la matriz del poder no es lo mismo que
apropiación específicamente fe- reproducir de forma no crítica las relaciones de domi-
minista y/o lesbiana de nación. Ofrece la posibilidad de una repetición de la ley
Foucault. Esta noción utópica que no es su consolidación, sino su desplazamiento.
de una sexualidad liberada de constructos hetero- En lugar de sexualidad “identificada con lo masculino”
sexuales, una sexualidad más allá del “sexo”, no pudo en la que lo “masculino” funciona como la causa y el
dar cuenta de las maneras en las que las relaciones de significado irreducible de esa sexualidad, podríamos
poder continúan construyendo la sexualidad para las desarrollar una noción de la sexualidad construida en
mujeres, incluso en términos de una heterosexualidad términos de relaciones fálicas de poder que repiten y
“liberada” o lesbianismo.53 La misma crítica recibe la redistribuyen las posibilidades de ese falocentrismo
noción de un placer sexual específicamente femenino precisamente mediante la operación subversiva de
que se diferencia radicalmente de la sexualidad fálica. “identificaciones” que son, dentro del campo de poder
Los esfuerzos ocasionales de Irigaray por derivar una de la sexualidad, inevitables. Si las “identificaciones”,
sexualidad femenina específica de una anatomía fe- de acuerdo con Jacqueline Rose, pueden ser expues-
menina específica han sido el centro de argumentos tas como fantasmagóricas, entonces debe ser posible
anti-esencialistas durante cierto tiempo.54 El retorno llevar a cabo una identificación que ponga al descu-
a la biología como ámbito de una sexualidad femenina bierto su estructura fantasmagórica. Si no hay un
específica o de un significado parece frustrar la premi- rechazo a la sexualidad culturalmente construida, lo
sa feminista de que la biología no es equiparable al que queda es la cuestión de cómo reconocer y “hacer”
destino. Independientemente de que la sexualidad el constructo en el que uno o una está invariablemen-
femenina se articule aquí mediante un discurso bioló- te. ¿Existen formas de repetición que no constituyan
gico por razones puramente estratégicas,55 o si es, de una simple imitación, reproducción y, por tanto, con-
hecho, un retorno feminista al esencialismo biológico, solidación de la ley (la noción anacrónica de una
la caracterización de la sexualidad femenina como “identificación masculina” que debería ser descartada
radicalmente distinta a la organización fálica de la del vocabulario feminista)? ¿Qué posibilidades de
sexualidad sigue siendo problemática. Las mujeres configuración del género existen entre las distintas
que no consiguen reconocer esa sexualidad como la emergentes y ocasionalmente convergentes matrices
suya propia, o que entienden su sexualidad como de inteligibilidad cultural que gobiernan la vida gené-
parcialmente construida en términos de economía rica?
fálica, quedan potencialmente excluidas en el marco Dentro de los términos de la teoría sexual feminis-
de esa teoría por “identificarse con lo masculino” o “no ta, queda claro que la presencia de una dinámica de
estar iluminadas”. De hecho, a menudo resulta poco poder dentro de la sexualidad no es en absoluto lo
claro en la obra de Irigaray si la sexualidad es construi- mismo que la simple consolidación o el aumento de un
da culturalmente o si es solamente construida cultu- régimen de poder falocéntrico. La “presencia” de las
ralmente dentro de los términos del falo. En otras así llamadas convenciones heterosexuales en contex-
palabras, ¿el placer específicamente femenino está tos homosexuales así como la proliferación de discur-
“fuera” de la cultura como su prehistoria o como su sos específicamente gays de diferencia sexual, como
futuro utópico? Si es así, ¿de qué sirve este concepto en el caso de “marimacho” y “afeminados” como iden-
para negociar la lucha contemporánea de la sexuali- tidades históricas de estilo sexual, no pueden ser
dad dentro de los términos de su constructo? explicadas como representaciones quiméricas de iden-
El movimiento a favor de la sexualidad dentro de la tidades originalmente heterosexuales. Y tampoco pue-
teoría y práctica feminista ha argumentado eficaz- den ser entendidas como la insistencia perniciosa de
mente que la sexualidad siempre se construye dentro constructos heterosexuales dentro de la sexualidad e
de los términos de un discurso de poder, en el que el identidad gay. La repetición de constructos hetero-
poder es entendido parcialmente en términos de con- sexuales en las culturas sexuales gay y heterosexual
venciones culturales heterosexuales y fálicas. La emer- puede perfectamente ser el lugar inevitable de la
gencia de una sexualidad construida (o determinada) desnaturalización y el desplazamiento de las catego-
en estos términos en contextos lésbicos, bisexuales, y rías del género. La reproducción de constructos hete-
heterosexuales no es, por tanto, un signo de identifi- rosexuales en ámbitos no heterosexuales resalta el
cación masculina en un sentido reduccionista. No es estatus completamente construido del así llamado
el proyecto fallido de una crítica del falocentrismo o de original heterosexual. Así, gay es a heterosexual no
la hegemonía heterosexual, como si una crítica políti- como copia es a original, sino más bien como copia es
ca pudiera deshacer de manera eficaz el constructo a copia. La repetición paródica del “original” discutida
cultural de la sexualidad de la persona que hace crítica en las secciones finales del capítulo 3 de este texto,
feminista. Si la sexualidad se construye culturalmen- revela que el original no es nada más que una parodia
te dentro de las relaciones de poder existentes, enton- de la idea de lo natural y lo original.56 Incluso si el
ces el postulado de una sexualidad normativa que está constructo heterosexista circula como los lugares
“antes”, “fuera” o “más allá” del poder es un imposible disponibles de poder/discurso desde los que crear el
cultural y un sueño políticamente impracticable, un genero, la pregunta queda sin responder: ¿qué posibi-
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lidades de recirculación existen? ¿Qué posibilidades aquí es que el “ser” del género es un efecto, un objeto
de hacer género repiten y desplazan por medio de la de una investigación genealógica que organiza los
hipérbole, la disonancia, la confusión interna y la parámetros políticos de su construcción a modo de
proliferación los mismos constructos por los que se ontología. Afirmar que el género se construye es no
movilizan? afirmar su carácter ilusorio o su artificialidad, enten-
Consideren que no sólo las ambigüedades e in- diendo estos términos como pertenecientes a la dua-
coherencias en y entre prácticas heterosexuales, ho- lidad que contrapone lo “real” a lo “auténtico”. Como
mosexuales y bisexuales son suprimidas y reinscritas genealogía de la ontología de género, esta investiga-
en el marco reproducido de la dualidad disyuntiva y ción pretende comprender la producción discursiva de
asimétrica de lo masculino/femenino, sino que esas la plausibilidad de esa relación binaria y sugiere que
configuraciones culturales de confusión cultural ope- ciertas configuraciones culturales del género toman el
ran como lugares para la intervención, muestra y lugar de “lo real” y consolidan y amplían su hegemonía
desplazamiento de estas reproducciones. En otras mediante esa oportuna auto-naturalización.
palabras, la “unidad” del género es el efecto de una Si hay algo de verdadero en la afirmación de
práctica reguladora que pretende que la identidad Beauvoir de que no se nace, sino que se hace mujer, se
genérica quede uniforme por medio de una hetero- deduce que mujer es un término en proceso, un llegar
sexualidad obligatoria. La fuerza de esa práctica , a ser, un construirse que no puede decirse que tenga
gracias a un aparato de reproducción excluyente, un origen o un final. Incluso cuando el género parece
restringirá los significados relativos de “heterosexua- congelado en las formas más reproducidas, el “conge-
lidad”, “homosexualidad” y “bisexualidad”, así como lado” es en sí mismo una práctica insidiosa e insisten-
los lugares subversivos de su convergencia y su resig- te, apoyada y regulada por varios medios sociales.
nificación. Que los regímenes de poder de heterosexis- Según Beauvoir, nunca es posible convertirse en
mo y falocentrismo pretendan ampliarse mediante mujer finalmente, como si hubiera un telos que gober-
una repetición constante de su lógica, su metafísica y nara el proceso de aculturación y construcción. El
sus ontologías naturalizadas no implica que la repeti- género es la estilización repetida del cuerpo, un con-
ción deba ser detenida -como si esto fuera posible–. Si junto de actos repetidos dentro de un marco regulador
la repetición está destinada a persistir como el meca- muy rígido que se congela con el tiempo para dar lugar
nismo de reproducción cultural de identidades, en- a una apariencia de sustancia, de una forma natural
tonces se plantea la pregunta crucial: “¿qué tipo de del ser. Una genealogía política de las ontologías del
repetición subversiva podría cuestionar la práctica género, si triunfa, deconstruirá la apariencia sustantiva
reguladora de la identidad misma?” del género en sus actos constitutivos y localizará y
Si no hay recurso a una “persona”, un “sexo” o una describirá esos actos en los marcos obligatorios esta-
“sexualidad” que escape a la matriz del poder y de las blecidos por las distintas fuerzas que custodian la
relaciones discursivas que producen y regulan con apariencia social del género. Exponer los actos contin-
eficacia esos conceptos para nosotros, ¿qué constitu- gentes que crean la apariencia de una necesidad
ye la posibilidad de una inversión, subversión o des- naturalista, un movimiento que ha sido parte de una
plazamiento eficaz en los términos de una identidad crítica cultural al menos desde Marx, es una tarea a la
construida? ¿Qué posibilidades existen en virtud de que ahora se añade la pesada carga de mostrar cómo
un carácter construido del sexo y el género? Mientras la misma noción del sujeto, inteligible sólo mediante
que Foucault es ambiguo acerca del carácter preciso su apariencia como genérico, admite posibilidades
de las “prácticas reguladoras” que producen la catego- que han sido excluidas por la fuerza por las distintas
ría del sexo, y Wittig parece confiar la responsabilidad reproducciones del género que han constituido sus
total del constructo a la reproducción sexual y su ontologías contingentes.
instrumento, la heterosexualidad obligatoria, otros El capítulo siguiente investiga algunos aspectos de
discursos convergen para producir esta ficción la descripción psicoanalística estructuralista de la
categorial por razones no siempre claras o consisten- diferencia sexual y del constructo de la sexualidad con
tes entre sí. Las relaciones de poder que sustentan las respecto a su poder para responder a los regímenes
ciencias biológicas no se reducen fácilmente, y la reguladores esbozados aquí, así como su papel en la
alianza médico-legal que emerge en la Europa del reproducción de esos regímenes. La univocidad del
diecinueve ha producido ficciones categoriales que no sexo, la coherencia interna del género y el marco
podían haber sido previstas. La misma complejidad binario tanto para el sexo como para el género se
del mapa discursivo que construye el género parece consideran como ficciones reguladoras que consoli-
mantener la promesa de una convergencia involunta- dan y naturalizan los regímenes de poder convergen-
ria y generativa de estas estructuras reguladoras y tes de opresión masculina y heterosexista. El capítulo
discursivas. Si las ficciones reguladoras del sexo y el final considera la noción misma del “cuerpo”, no como
género son lugares de significado puestos en duda por una superficie ya preparada a la espera de significa-
múltiples razones, entonces la misma multiplicidad ción, sino como un conjunto de límites, individuales y
de sus constructos plantea la posibilidad de una sociales, políticamente significados y mantenidos. El
perturbación de su posicionamiento unívoco. sexo, que ya no puede ser entendido como una “ver-
Este proyecto no se propone establecer en términos dad” interior de disposiciones e identidad, resultará
filosóficos tradicionales una ontología del género se- ser una significación realizada performativamente (y
gún la cual el significado de ser mujer o varón se por tanto no “ser”), una significación que, aliviada de
resuelva en términos fenomenológicos. La presunción su interioridad y superficies naturalizadas, puede dar
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lugar a la proliferación paródica y el juego subversivo deseos son naturalizados. Me baso en la noción de
de significados genéricos. Este texto continúa, pues, Monique Wittig del “contrato heterosexual” y, en me-
como un esfuerzo para pensar por medio de la posibi- nor medida, en la noción de Adrienne Rich de “hetero-
lidad de subvertir y desplazar esas nociones naturali- sexualidad obligatoria” para caracterizar un modelo
zadas y reproducidas del género que apoyan la hege- epistémico/discursivo hegemónico de inteligibilidad
monía masculina y el poder heterosexista, para hacer del género que da por supuesto que para que los
el género problemático, no mediante estrategias que cuerpos tengan coherencia y sentido debe haber un
imaginan un utópico más allá, sino mediante la movi- sexo estable expresado mediante un género estable
lización, la confusión subversiva y la proliferación de (masculino expresa varón, femenino expresa mujer)
esas categorías constitutivas que pretenden mantener que es definida oposicionalmente y jerárquicamente
el género en su lugar mediante posicionamientos mediante la práctica obligatoria de la heterosexuali-
como las ilusiones fundacionales de identidad. dad.
7 Para una discusión de la distinción sexo/género

Notas en la antropología estructuralista y las apropiaciones


1 Ver Michel Foucault, “Right of Death and Power y críticas feministas de esta formulación, ver el capí-
over Life”, in The History of Sexuality, Volume I, An tulo 2, sección i, “Structuralism’s Critical Exchange”.
Introduction, trad. Robert Hurley (Nueva York, Vintage, 8 Para un estudio interesante del berdache y las

1980), publicado originalmente como Histoire de la disposiciones de género múltiple en culturas de nati-
sexualité 1: La volonté de savoir (Paris, Gallimard, vo–americanos, ver Walter L. Williams, The Spirit and
1978). Michel Foucault, Historia de la sexualidad; T.1 the Flesh: Sexual Diversity in American Indian Culture
(Madrid, Siglo XXI de España Editores, S.A., 1995). En (Boston, Beacon Press, 1988). Ver también, Sherry B.
ese capítulo final, Foucault discute la relación entre la Ortner y Harriet Whitehead, eds., Sexual Meanings:
ley jurídica y productiva. Su noción de la productivi- The Cultural Construction of Sexuality (Nueva York,
dad de la ley está tomada claramente de Nietzsche, Cambridge University Press, 1981). Para un análisis
aunque no idéntica a la voluntad de poder de Nietzsche. provocativo y políticamente inteligente del berdache,
El uso de la noción de Foucault de poder productivo no transexuales, y la contingencia de las dicotomías del
pretende ser una “aplicación” parcial de Foucault a las género, ver Suzanne J. Kessler y Wendy McKenna,
cuestiones del género. Como muestro en el capítulo 3, Gender: An Ethnomethodological Approach (Chicago,
sección ii, “Foucault, Herculine, and the Politics of University of Chicago Press, 1978).
Sexual Discontinuity”, el tratamiento de la diferencia 9 Una gran parte de la investigación feminista ha

sexual en el ámbito de la obra del mismo Foucault sido realizada dentro de los campos de la biología y la
revela contradicciones en su teoría. Su concepción del historia de la ciencia que evalúan los intereses políti-
cuerpo también es criticada en el último capítulo. cos inherentes a los distintos procedimientos
2 Las referencias a lo largo de este trabajo a un
discriminatorios que establecen las bases científicas
sujeto ante la ley son extrapolaciones de la lectura para el sexo. Ver Ruth Hubbard y Marian Lowe, eds.,
derridiana de la parábola de Kafka “Before the Law”, Genes and Gender, vols. 1 y 2 (Nueva York, Gordian
en Kafka and the Contemporary Critical Performance: Press, 1978, 1979); los dos números sobre feminismo
Centenary Readings, ed. Alan Udoff (Bloomington, y ciencia de Hypatia: A Journal of Feminist Philosophy,
Indiana University Press, 1987). vol. 2, No. 3, Otoño 1987, y vol. 3, No. 1, Primavera
3 Ver Denise Riley, Am I That Name?: Feminism and
1988, y especialmente The Biology and Gender Study
the Category of ‘Women’ in History (Nueva York, Group, “The Importance of Feminist Critique for
Macmillan, 1988). Contemporary Cell Biology” en este último número
4 Ver Sandra Harding, “The Instability of the
(Primavera 1988); Sandra Harding, The Science
Analytical Categories of Feminist Theory”, en Sex and Question in Feminism, (Ithaca, Cornell University Press,
Scientific Inquiry, eds. Sandra Harding and Jean F. 1986); Evelyn Fox-Keller, Reflections on Gender and
O’Barr (Chicago, University of Chicago Press, 1987), Science (New Haven, Yale University Press, 1984);
pp. 283-302. Donna Haraway, “In the Beginning was the Word: The
5 Se me recuerda la ambigüedad inherente en el
Genesis of Biological Theory”, Signs: Journal of Women
titulo de Nancy Cott, The Grounding of Modern Feminism in Culture and Society, Vol. 6, No. 3, 1981; Donna
(New Haven, Yale University Press, 1987). Comenta Haraway, Primate Visions (Nueva York, Routledge,
que el movimiento feminista norteamericano de prin- 1989); Sandra Harding y Jean F. O’Barr, Sex and
cipios de siglo XX trato de “fundamentarse” en un Scientific Inquiry (Chicago, University of Chicago Press,
programa que acabó por “fundamentar” ese movi- 1987); Anne Fausto–Sterling, Myths of Gender:
miento. Su tesis histórica plantea implícitamente la Biological Theories About Women and Men (Nueva
pregunta de si las bases aceptadas sin crítica operan York, Norton, 1979).
como “el retorno de lo reprimido”; las identidades 10 Claramente la obra de Foucault, History of

políticas estables, que se basan en prácticas Sexuality [Historia de la sexualidad] ofrece una manera
exclusionistas, pueden invariablemente llegar a ser de replantearse la historia del “sexo” en un contexto
amenazadas por la misma inestabilidad que el movi- Eurocéntrico moderno dado. Para una consideración
miento fundacional crea. más detallada, ver Thomas Lacquer y Catherine
6 Utilizo el termino matriz heterosexual a lo largo
Gallagher, eds., The Making of the Modern Body: Sexuality
del texto para designar ese entramado de inteligibili- in the 19th Century (Berkeley, University of California
dad cultural mediante los que los cuerpos, géneros y Press, 1987), publicado originalmente como un número
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de Representations, No. 14, Primavera 1986. no sea una materialización, sino una modalidad de
11 Ver mi “Variations on Sex and Gender: Beauvoir, libertad. La pregunta que se nos plantea, sin embargo,
Wittig, Foucault”, en Feminism as Critique, eds. Seyla es si esta síntesis requiere y mantiene la distinción
Benhabib and Drucilla Cornell (Basil Blackwell, dist. ontológica entre cuerpo y mente de que se compone y,
por University of Minnesota Press, 1987). por asociaciación, la jerarquía de mente sobre cuerpo y
12 Simone de Beauvoir, The Second Sex, trad. E.M. de masculino sobre femenino.
Parshley (Nueva York, Vintage, 1973), p. 301. [Nota del 22 Ver Elizabeth V. Sprelman, “Woman as Body:

Trad.: Simone de Beauvoir, Obras completas, (Madrid, Ancient and Contemporary Views”, Feminist Studies,
Aguilar, S.A. de Ediciones, 1978) Vol. 8, No. 1, Primavera, 1982.
13 Ibid., p.38. 23 Gayatri Spivak elabora inequívocamente esta
14 Ver mi “Sex and Gender in Beauvoir’s Second clase particular de explicación binaria como un acto
Sex”, Yale French Studies, Simone de Beauvoir: Witness colonizador de marginalización. En una crítica de la
to a Century, No. 72, Winter, 1986. “presencia del ser supra-histórico conocedor”, que es
15 Fijense en que medida las teorías fenome- característica del imperialismo epistemológico del cogito
nológicas como la de Sartre, la de Merleau Ponty, y la filosófico, ubica la política en la producción del conoci-
de Beauvoir tienden a usar el término embodiment. miento que crea y censura los márgenes que constituye,
Este término, tomado de contextos teológicos, tiende mediante la exclusión, la inteligibilidad eventual del
a presentar “el” cuerpo como una forma de encarna- régimen de conocimiento dado de ese sujeto: “Llamo
ción y, por tanto, tiende a preservar la relación externa ‘política como tal’ a la prohibición de la marginalidad
y dualista entre la inmaterialidad significadora y la que está implícita en la producción de cualquier expli-
materialidad del cuerpo en sí. cación. Desde esta perspectiva, la elección de oposicio-
16Ver Luce Irigaray, The Sex Which Is Not One, nes binarias concretas...no una mera estrategia intelec-
trad. Catherine Porter con Carolyn Burke (Ithaca: tual. Es, en cada caso, la condición de la posibilidad de
Cornell University Press, 1985), publicado original- centralización (con las excusas correspondientes) e,
mente como Ce sexe que n’ est pas un (Paris: Editions igualmente, marginalización” (Gayatri Chakravorty
de Minuit, 1977). Ese Sexo que no es uno (Madrid, Spivak, “Explanations and Culture: Marginalia”, en In
Saltes, S.A., 1982) Other Worlds: Essays in Cultural Politics (Nueva York:
17 Ver Joan Scott, “Gender as a Useful Category of Routledge, 1987(, p. 113).
Historical Analysis” en Gender and the Politics of 24 Ver el argumento en contra de “opresiones

History, (Nueva York, Columbia University Press, 1988), superiores” en Cherrie Moraga, “La Guerra”, en This
pp. 28-52, repr. de American Historical Review, Vol. Bridge Called My Back: Writings of Radical Women of
91, No. 5, 1986. Color, eds. Gloria Anzaldua y Cherrie Moraga (Nueva
18 Beauvoir, The Second Sex, p. xxvi. York, Kitchen Table, Women of Color Press, 1982).
19 Ver mi “Sex and Gender in Beauvoir’s Second 25 Para una elaboración más completa de la

Sex”. irrepresentabilidad de las mujeres en el discurso


20 El ideal normativo del cuerpo como una “situa- falogocéntrico, ver Luce Irigaray, “Any Theory of the
ción” al tiempo que una “instrumentalidad” es acepta- ‘Subject’ Has Always Been Appropriated by the
do tanto por Beauvoir en lo que se refiere al género Masculine”, en Speculum of the Other Woman, trad.
como por Frantz Fanon en lo que se refiere a la raza. Gillian C. Gill (Ithaca, Cornell University Press, 1985);
Fanon concluye su análisis de la colonización median- [Luce Irigaray, Speculum. Espéculo de la otra mujer,
te el recurso al cuerpo como un instrumento de trad. B. Alberdi Alonso (Madrid, Saltes, S.A., 1978).
libertad, donde la libertad es, en sentido cartesiano, Irigaray parece revisar este argumento en su discu-
equiparada a una conciencia capaz de dudar: “¡O mi sión del “género femenino” en Sexes et parentés.
cuerpo, haz siempre de mí un varón que cuestiona!” 26 Monique Wittig, “One is Not Born a Woman”,

(Franz Fanon, Black Skin, White Masks (Nueva York, Feminist Issues, Vol. 1, No. 2, Invierno 1981, p. 53.
Grove Press, 1967, p. 323 [publicado originalmente 27 La noción del “simbólico” es discutida con cierta

como Peau noire, masques blancs (Paris, Editions de profundidad en la Sección 2 de este texto. Debe ser
Seuil, 1952)]. entendida como un conjunto ideal y universal de
21 La disyunción ontológica radical de Sartre entre normas que gobiernan el parentesco y la significación
la conciencia y el cuerpo es parte de la herencia cartesiana y, en el ámbito del estructuralismo psicoanalítico,
de su filosofía. Es la distinción de Descartes, significa- gobierna la producción de la diferencia sexual. El
tivamente, lo que Hegel interroga implícitamente al simbólico, basado en la noción de una “ley paterna”
principio de la sección “Señor-Esclavo” de La fenomeno- idealizada, es reformulado por Irigaray como un dis-
logía del espíritu. El análisis de Beauvoir del sujeto curso dominante y hegemónico del falogocentrismo.
masculino y el Otro femenino se inscribe claramente en Algunas feministas francesas proponen un lenguaje
la dialéctica hegeliana y en la reformulación sartriana alternativo al gobernado por el falo o la ley paterna, y
de esta dialéctica en la sección sobre sadismo y maso- en consecuencia critican el simbólico. Kristeva propo-
quismo de Being and Nothingness. Crítico sobre la ne lo “semiótico” como una dimensión específicamen-
posibilidad misma de una “síntesis” de conciencia y te maternal del lenguaje, y tanto Irigaray como Hélène
cuerpo, Sartre vuelve a la problemática cartesiana que Cixous se han asociado con la écriture feminine. Wittig,
Hegel intentó superar. Beauvoir insiste en que el cuerpo sin embargo, siempre se ha opuesto a este movimien-
puede ser el instrumento y la situación de libertad y en to, alegando que el lenguaje en su estructura no es ni
que el sexo puede ser la oportunidad para un género que misógino ni feminista, sino un instrumento a utilizar
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para propósitos políticos desarrollados. Su creencia atribuye tanto la noción de la “marca” del género como
en un “sujeto cognitivo” que existe con anterioridad al la de “formación imaginaria” de grupos naturales a
lenguaje facilita claramente su comprensión del len- Colette Guillaumin cuyo trabajo sobre la marca de
guaje como un instrumento, más que como un campo raza ofrece una analogía al análisis de Wittig de género
de significación que pre-existe y estructura la misma en “Race et nature: Système des marques, idée de
formación del sujeto. group naturel et rapport sociaux”, Pluriel, Vol. 11,
28 Monique Wittig, “The Point of View: Universal or 1977. El “Mito de la mujer” es un capítulo en El
Particular?”, Feminist Issues, Vol. 3, No. 2, Otoño 1983. segundo sexo de Beauvoir.
p. 64. 41 Monique Wittig, “Paradigm”, en Homosexualities
29 “Se debe adoptar un punto de vista tanto parti- and French Literature: Cultural Contexts/Critical Texts.
cular como universal, por lo menos para ser parte de eds. Elaine Marks y George Strambolian (Ithaca, Cornell
la literatura”, Monique Wittig, “The Trojan Horse”, University Press, 1979), p. 114.
Feminist Issues, Vol. 4, No. 2, Otoño 1984, p.68. 42 Está claro que Wittig no entiende la sintaxis
30 La revista, Questions Feministes, disponible en como la elaboración lingüística o reproducción de un
traducción inglesa con el título Feminist Issues, defen- sistema de parentesco organizado de forma patriarcal.
día generalmente un punto de vista “materialista” que Su rechazo del estructuralismo a este nivel le permite
tomó las prácticas, la institución, y el estatus construi- entender el lenguaje como genéricamente neutral. El
do de lenguaje como los “terrenos materiales” de la Parler n’est jamais neutre de Irigaray (Paris: Editions
opresión de las mujeres. Wittig formaba parte del de Minuit, 1985) critica el tipo de posición humanista,
consejo editorial inicial. Wittig argumentaba, junto con característico aquí de Wittig, que defiende la neutrali-
Monique Plaza, que la diferencia sexual era esencialista dad genérica y política del lenguaje.
en tanto que derivaba el significado de la función social 43Monique Wittig, “The Point of View: Universal or

de las mujeres de su facticidad biológica, pero también Particular?”, p. 63.


porque suscribía la significación primaria de los cuer- 44 Monique Wittig, “The Straight Mind”, Feminist

pos de las mujeres y, por tanto, daba fuerza ideológica Issues, Vol. 1, Verano 1980, p. 108.
a la hegemonía de la sexualidad reproductiva. 45 Monique Wittig, The Lesbian Body, trad. Peter
31 Michael Haar, “Nietzsche and Metaphysical Owen (Nueva York, Avon, 1976), publicado original-
Language”, The New Nietzsche: Contemporary Styles mente como Le corps lesbien (Paris: Editions de Minuit,
of Interpretation, ed. David Allison (Nueva York, Delta, 1973). Monique Wittig, El cuerpo lesbiano (Valencia,
1977), pp. 17-18. Editorial Pre-Textos, 1977).
32 Monique Wittig, “The Mark of Gender”, Feminist 46Agradezco esta expresión a Wendy Owen.

Issues, Vol. 5, No. 2, Otoño 1985, p.4. 47 Por supuesto, el mismo Freud distinguia entre
33 Ibid., p. 3. “lo sexual” y “lo genital” ofreciendo la distinción que
34 La canción de Aretha, escrita por Carole King, Wittig usa contra él. Ver, por ejemplo, “The Development
también responde a la naturalización del género. “Like of Sexual Function” en Freud, Outline of a Theory of
a natural woman” es una frase que sugiere que la Psychoanalysis, trad. James Strachey (Nueva York,
“naturalidad” sólo se consigue mediante una analogía o Norton, 1979). Sigmund Freud, Introducción al psicoa-
una metófora. En otras palabras, “Me haces sentir como nálisis (Madrid, Alianza Editorial, S.A., 1995)
una metáfora de lo natural”, y sin “ti”, se descubriría 48 Puede encontrarse un análisis más completo de

algún terreno desnaturalizado. Para una discusión más la posición lacaniana en distintas partes del capítulo
profunda del alegato de Aretha a la luz de la afirmación 2 de este texto.
de Simone de Beauvoir de que “mujer no se nace, se 49 Jacqueline Rose, Sexuality in the Field of Vision

hace”, ver mi “Beauvoir’s Philosophical Contribution”, (London, Verso, 1987).


in eds. Ann Garry y Marjorie Pearsall, Women, Knowledge, 50 Jane Gallop, Reading Lacan (Ithaca, Cornell

and Reality (Rowman y Allendheld, en prensa). University Press, 1985); The Daughterís Seduction:
35Michel Foucault, ed., Herculine Barbin, Being the Feminism and Psychoanalisis (Ithaca, Cornell
Recently Discovered Memoirs of a Nineteenth Century University Press, 1982).
Hermaphrodite, trad. Richard McDougall (Nueva York, 51 “Lo que distingue al psicoanálisis de las descrip-

Colophon, 1980), publicado originalmente como Herculine ciones sociológicas del género (para mí, el impasse
Barbin, dite Alexina B. presenté par Michel Foucault (Paris, fundamental del trabajo de Nancy Chodorow) es que
Gallimard, 1978). Michel Foucault, Herculine Barbin mientras que para ésta última, la internalización de
llamado Alexina B. (Madrid, Talasa Ediciones, S.L., 1985). las normas se asume a groso modo para trabajar, la
La versión francesa carece de la introducción realizada premisa básica y de hecho el punto de partida del
por Foucault para la versión inglesa. psicoanálisis es no asumirla. El inconsciente revela
36Ver capítulo 2, sección ii. constantemente el ‘fracaso’ de la identidad” (Jacqueline
37 Foucault, ed., Herculine Barbin, p.x. Rose, Sexuality in the Field of Vision, p. 90).
38 Robert Stoller, Presentations of Gender (New 52 No es de extrañar, quizá, que la noción estruc-

Haven, Yale University Press, 1985), pp. 11-14. turalista singular de “la Ley” recuerde claramente a la
39 Friedrich Nietzsche, On the Genealogy of Morals, ley prohibitiva del Antiguo Testamento. La “ley pater-
trad. Walter Kaufmann (Nueva York, Vintage, 1969), na” por tanto es sometida a una crítica posestructura-
p. 45. Fiedrich Nietzsche, La genealogía de la moral lista mediante la comprensible reapropiación francesa
(Madrid, Alianza Editorial, S.A., 1995) de Nietzsche. Nietzsche encuentra defectos en la “mo-
40 Wittig, “One is Not Born a Woman”, p. 48. Wittig ral de esclavo” judeo-cristiana por concebir la ley tanto
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en términos singulares como prohibitivos. La volun- autoerótico de las mujeres anterior a la “separación”
tad de poder, por otro lado, designa las posibilidades, de esta dualidad mediante el acto de la penetración por
tanto múltiples como productivas, de la ley, mostran- el pene que elimina del placer. Ver Irigaray, Ese sexo
do efectivamente el concepto de “la Ley” en su singu- que no es uno. Wittig, junto con Monique Plaza y
laridad como un concepto represivo y ficticio. Christine Delphy, ha manifestado que la valoración de
53 Ver Gayle Rubin, “Thinking Sex: Notes for a Irigaray de la especificidad anatómica es en sí misma
Radical Theory of the Politics of Sexuality”, en Pleasure una copia carente de crítica de un discurso reproduc-
and Danger, ed. Carole S. Vance (Boston, Routledge tor que marca y esculpe el cuerpo femenino designan-
and Kegan Paul, 1984), pp. 267-319. También en do “partes” artificiales como “vagina”, “clítoris” y “vul-
Pleasure and Danger, ver Carole S. Vance, “Pleasure va”. En una conferencia en Vassar College, alguien
and Danger: Towards a Politics of Sexuality”, pp. 1-28; preguntó a Wittig si tenía vagina, y ella respondió que
Alice Echols, “The Taming of the Id: Feminist Sexual no.
55 Ver un argumento convincente para esta inter-
Politics, 1968-83”, pp. 50-72; Amber Hollibaugh,
“Desire for the Future: Radical Hope in Pleasure and pretación de Diana J. Fuss, Essentially Speaking
Passion”, pp. 401-410. Ver Amber Hollibaugh y Cherrie (Nueva York, Routledge, 1989).
56 Si aplicáramos la distinción de Fredric Jameson
Moraga, “What We’re Rolling Around in Bed with:
Sexual Silences in Feminism” y Alice Echols, “The New entre parodia y pastiche, las identidades gay se enten-
Feminism of Yin and Yang”, en Powers of Desire: The derían mejor como pastiche. Mientras que la parodia,
Politics of Sexuality, eds. Ann Snitow, Christine Stansell, según Jameson, mantiene alguna simpatía por el
y Sharon Thompson (Londres, Virago, 1984); Heresies, original del que es una copia, el pastiche discute la
Vol. No. 12, 1981, el “número de la revista sobre el sexo”; posibilidad de un “original” o, en el caso del género,
Samois ed., Coming to Power (Berkeley, Samois, 1981); muestra el “original” como un esfuerzo fallido por
Dierdre English, Amber Hollibaugh, y Gayle Rubin, “copiar” un ideal fantasmagórico que no puede ser
“Talking Sex: A Conversation on Sexuality and copiado sin fracasar. Ver Fredric Jameson,
Feminism”, Socialist Review, No. 58, Julio-Agosto, 1981; “Postmodernism and Consumer Society”, en The Anti-
Barbara T. Kerr y Mirtha N. Quintanales, “The Complexity Aesthetic: Essays on Postmodern Culture, ed. Hal Foster
of Desire: Conversations on Sexuality and Difference”, (Port Townsend, WA, Bay Press, 1983).
Conditions (8; Vol. 3, No. 2, 1982, pp. 52-71.
54 La afirmación más controvertida de Irigaray ha Traducción: Adolfo Campoy Cubillo
sido quizá que la estructura de la vulva como “dos
labios que se tocan” constituye el placer no unitario y

[ Sobre la Mujer: investigación y discusión


en el Vol. 19, Nº 2 – Vol. 20, Nº 1 (feb. a dic. 1996) [
Yolanda Zayas: La mujer puertorriqueña como líder
Mercedes Otero de Ramos: La mujer en la política
puertorriqueña
Shigaki Yoshiko: Julia de Burgos y Yosano Akiko: La
UNA EXPERIENCIA DE COMUNICACION
comparación de dos poetas precursoras de la libera-
ción de la mujer en Puerto Rico y Japón
Director Gina Gallardo Rivas: La inmigrante dominicana en
Alejandro Crimi España
Loida M. Martínez Ramos: En el salón me dijeron
Periodismo cultural “mami”: reflexiones en torno a las mujeres, la edu-
Ensayo cación y la búsqueda de alternativas pedagógicas
al sexismo
Reportajes Lisandra Torres Martínez: CIDOM y la Bibliografía de
Plástica la Mujer en la Universidad Interamericana de Puerto
Poesía Rico
Blanca Villamil: La construcción del rol de la mujer en
Crisis
Puerto Rico: tres perspectivas generacionales
Historia
Erotismo
Cuentos
Filosofía
Medios
Libros
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