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CARLOMAGNO Y LA FORMACIÓN DEL IMPERIO

Pipino repartió el reino a su muerte en el año 768, entre sus hijos Carlos y Carlomán.
De todas formas, Carlomán se retiró a un monasterio y murió poco tiempo después,
dejando a su hermano como único rey. Este pasaría más tarde a ser conocido como
Carlomagno, en francés Charlemagne y en alemán Karl der Große. Era un personaje
poderoso, inteligente y relativamente culto, que se convertiría en una leyenda para
la historia posterior tanto de Francia como de Alemania. Carlomagno restableció un
equilibrio de poder entre el emperador y el papa.
A partir del año 772, Carlomagno emprendió una larga guerra en la que conquistó y
derrotó a los sajones para incorporar sus territorios al Imperio Franco (las últimas
incursiones de Carlomagno sobre los territorios sajones está datada en 804 por los
Annales regni Francorum). Esta campaña se sumó a la práctica de líderes cristianos
no romanos que provocaban la conversión de sus vecinos por la fuerza. Los
misionarios católicos francos, junto a otros de Irlanda y de la Inglaterra anglosajona,
habían penetrado en territorio sajón desde mediados del siglo VIII, resultando en un
aumento de los enfrentamientos con los sajones, que se resistían a los empeños
misionarios acompañados de incursiones militares. El principal oponente sajón de
Carlomagno, Widukind, aceptó ser bautizado en el 785, como parte de unos
acuerdos de paz, pero otros líderes sajones continuaron con la lucha. Tras su victoria
en el 782 en Verden, Carlomagno ordenó la matanza masiva de miles de prisioneros
sajones paganos. Tras varios levantamientos más, los sajones sufrieron la derrota
definitiva en el 804. Esto expandió el Imperio Franco hacia el este, hasta el río Elba,
algo que el Imperio romano solo intentó una vez, y en lo que falló en la batalla del
Bosque de Teutoburgo (año 9 d. C.). Para poder cristianizar con más efectividad a
los sajones, Carlomagno fundó varias diócesis, entre las que se cuentan las de
Bremen, Münster, Paderborn y Osnabrück.

Al mismo tiempo (773-774), Carlomagno conquistó a los lombardos, incluyendo de


esta manera el norte de Italia en su esfera de influencia. Renovó el donativo al
Vaticano y la promesa al papado de continuar la protección por parte de los francos.

En el 788, Tasilón III, duque de Baviera, se rebeló contra Carlomagno. Tras aplastar
la revuelta, este incorporó Baviera a su reino. Además de expandir los horizontes de
sus dominios, redujo de manera drástica el poder y la influencia de los agilolfingos
(la familia de Tasilón), otra de las familias influyentes de entre los francos y sus
potenciales rivales. Hasta el 796, Carlomagno continuó expandiendo su reino
todavía más hacia el sureste, hasta la actual Austria y a partes de Croacia.
De esta manera, Carlomagno creó un reino que alcanzaba desde los Pirineos al
suroeste, incluyendo de hecho una zona del norte de la península ibérica (Marca
Hispánica tras 795), pasando por casi toda la Francia moderna (a excepción de
Bretaña, que nunca fue conquistada por los francos), y al este la mayor parte de la
actual Alemania, incluyendo el norte de Italia y la actual Austria. En la jerarquía de
la Iglesia, los obispos y abades buscaban la protección del palacio del rey, fuente
tanto de protección como de seguridad. Carlomagno se había erigido en líder de la
cristiandad occidental, además de impulsar un «Renacimiento carolingio» en la
cultural literaria, gracias a su apoyo a monasterios como centros de enseñanza.

El día de Navidad de 800, el papa León III coronó a Carlomagno como «Emperador
que gobierna el Imperio romano», en Roma, en una ceremonia presentada como
inesperada, puesto que Carlomagno no deseaba encontrarse en deuda con el obispo
de Roma, y a su hijo Carlos el Joven como rey de los francos. Se trataba de uno más
de los gestos llevados a cabo por el papado para definir los papeles de auctoritas
papal y potestas imperial; así como para considerarle como sucesor de los
emperadores romanos. Esto originó una serie de disputas con los bizantinos por el
nombre de Imperio romano. Tras una primera protesta por la usurpación, en 812, el
emperador bizantino Miguel I Rangabé reconoció a Carlomagno como emperador
(basileus), pero no como emperador de los romanos (Βασιλεύς των Ρωμαίων), título
que se reservó el bizantino como el verdadero sucesor de los emperadores romanos.
La coronación sirvió para dar una legitimidad permanente a la primacía carolingia
entre los francos.
Tras la muerte de Carlomagno el 28 de enero de 814 en Aquisgrán, fue enterrado en
su Capilla Palatina.

RENACIMIENTO CULTURAL DEL IMPERIO CAROLINGIO


Renacimiento carolingio es la denominación acuñada por el filólogo e historiador
Jean-Jacques Ampère en 1832 para designar, por comparación con el Renacimiento
italiano de los siglos XV y XVI, al periodo de resurgimiento cultural que se dio en el
ámbito del Imperio carolingio a fines del siglo VIII y comienzos del siglo IX,
coincidiendo con los primeros carolingios (Carlomagno y Ludovico Pío).

Alcuino de York y otros clérigos presentan manuscritos a Carlomagnoen el Palacio de Aquisgrán,


ante su corte. Pintura de historia de Jean-Victor Schnetz, 1830.
Durante este período hubo un aumento de los estudios artísticos, literarios, jurídicos
y litúrgicos (se reformaron los ritos sacramentales). También se desarrolló el
empleo del latín medieval y la minúscula carolingia, proveyendo un lenguaje común
y un estilo de escritura que permitieron una mejora de la comunicación entre la
minoría culta de la mayor parte de Europa. Se utiliza incluso la expresión
humanismo carolingio para designar la labor de recuperación de la cultura clásica
latina que se dio esencialmente en los monasterios carolingios y en la Escuela
Palatina de Aquisgrán, bajo la dirección de Alcuino de York. La actividad política y
legislativa de la corte carolingia (incluso en cuestiones como la reforma monetaria,
la demarcación territorial civil -condados, ducados, marcas- y la reordenación de las
provincias eclesiásticas -se restauró la autoridad de los arzobispos sobre los obispos
sufragáneos-) estuvo tan vinculada a estos aspectos, que se denominan
conjuntamente con la expresión reformas carolingias, y se explicitó en textos que
pueden considerarse manifiestos del programa reformador de Carlomagno, como la
Admonitio Generalis5 (789) o la Epistula de litteris colendis.
La conveniencia del uso del término renacimiento para describir este período es
objeto de debate, entre otras razones porque la mayoría de los cambios en este
período se limitaron casi completamente al ámbito del clero y fueron dirigidos desde
el poder como un programa consciente, careciendo del dinamismo social que
caracterizó al Renacimiento de la Edad Moderna. Más que un renacimiento de
nuevos movimientos culturales, consistió en un intento de recrear el Imperio
romano, y unificar la diversidad cultural europea bajo el cristianismo romano.
El Imperio carolingio marcó el inicio de una nueva concepción de las relaciones
entre Iglesia y Estado. Carlomagno se veía a sí mismo como un defensor del
cristianismo, identificado con la Iglesia católica. Además, como la mayoría de los
clérigos sabían leer y escribir, su ayuda era imprescindible para su administración,
así como para crear un sistema educativo. La fuerte alianza entre Estado e Iglesia
que caracterizó al renacimiento carolingio y le permitió llevar a cabo sus reformas,
determinó su naturaleza teocéntrica, a diferencia del antropocentrismo humanista
del Renacimiento propiamente dicho.