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Carlos Alberto Palacio Páez 13 de septiembre de 2016

Pontificia Universidad Javeriana Asignatura: Filosofía y Literatura

Explicación de la naturaleza del canto en Homero y Hesíodo:

La memoria colectiva de la sociedad oral y su paso a la escritura

0. Introducción:

El siguiente ensayo busca responder, al menos de manera general y concreta (pues es un


tema que aborda toda una categoría de estudio dentro de la literatura, la filosofía y la
lingüística), el cómo explican Homero y Hesíodo la naturaleza de su canto, además de su
relación directa con las transformaciones tecnológicas en su transmisión; es decir, el paso
de la sociedad ágrafa a una sociedad con técnicas de escritura establecidas, tomando como
base de estudio las obras: Ilíada, Odisea (Homero) y Teogonía (Hesíodo), además de La
musa aprende a escribir, de Eric Havelock y Oralidad y escritura, de Walter Ong.

1. Naturaleza del canto:

Cuando hablamos de la literatura griega, en el caso específico de Homero y Hesíodo,


debemos tener en cuenta que, como lo anota Havelock (2008), la historia de la literatura
europea se abre con los poemas de estos autores (p. 45). Y se destacan, además, por ser los
únicos textos que “no contaron con preparación previa que fuese conocida” (p.45). Es decir
que, a diferencia de autores como Virgilio o Dante, las historias cantadas en sus poemas no
tienen una referencia directa en la tradición escrita, al menos comprobada, y se remontan
entonces a la tradición oral del pueblo griego.

Por ejemplo, en Homero vemos cómo la tradición oral fue la encargada de transmitir
hasta él, supuesto creador ‒digo supuesto porque, aún según Havelock, la certidumbre a cerca
del papel creador de estos nombres (Homero y Hesíodo) es dudosa (2008, p. 46) ‒, una
historia cuyo tema central es la cólera de Aquiles, pero que toma lugar en un hecho histórico
concreto, que sucedió varios siglos atrás. Homero, que vivió, presuntamente, en el siglo VII
A.C., recoge historias del siglo XII A.C. (La Guerra de Troya) y las escribe, condensándolas
en sus obras Ilíada y Odisea.

Sin embargo, otro punto que debemos resaltar es que estos autores (Homero y Hesíodo)
no se atribuyen la creación de sus obras, como también lo menciona Havelock (2008), sino
que “se le asigna a la musa, a quien se invita a cantar (…)” (p. 46). En el caso de Hesíodo,
le atribuye su canto al coro de musas, compuesto por nueve de ellas, y que, como lo dice en
su Teogonía: “le enseñaron”.

Puntualmente, Homero señala de la siguiente manera la invocación de la musa a cantar


los hechos de la Ilíada y la Odisea:

“Canta, oh diosa1, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males
a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes (…)”.

Homero, Ilíada, Canto I.

“Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sacra
ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo (…)”.

Homero, Odisea, Canto I.

Además, en la obra de Homero se pueden ver, conforme avanzan los cantos, nuevas
referencias (no muchas) a la musa. Por ejemplo, cuando se hace la enumeración de todos los
guerreros aqueos (Canto II), Homero le dice a la musa que le “recuerde” para poder
nombrarlos a todos. Acá es donde podemos evidenciar la imagen del poeta como un medio
de transmisión entre las musas, portadoras del mensaje, y sus oyentes, el público (Havelock,
2008, p. 47).

Un aspecto importante para señalar es que siempre se hace referencia a cantar o a contar
los hechos, o las hazañas de los héroes. Nunca se habla, ni se halla siquiera un indicio, de
leer o escribir (Havelock, 2008, p. 47). Con este fenómeno, el de la musa que está
aprendiendo a escribir, pero que aún sigue cantando (p. 49) se abre una de las discusiones

1
En algunas traducciones, se traduce las Musas como Diosas.
más importantes en el ámbito de la comunicación y la literatura: la que existe entre la oralidad
y la escritura.

2. Sobre la oralidad y la escritura

En este debate es importante señalar: primero, las claras diferencias que existen entre los
mensajes, tanto en su forma como en su sentido, cuando pasan de ser transmitidos oralmente
a serlo textual, o viceversa. Y segundo, el tema del placer y la memoria colectiva: con
relación directa al mundo griego y, sobre todo, a la oralidad.

Según Walter Ong (2006): “la única respuesta (a cómo se hace para traer algo a la
memoria, en las sociedades orales) es: pensar en cosas memorables. (…) el pensamiento debe
originarse según pautas equilibradas e intensamente rítmicas, con repeticiones o antítesis,
alteraciones y asonancias (…)” (p. 41). Del anterior fragmento, podemos deducir varias
características propias de los cantos homéricos y, en general, de la literatura griega, incluidas
las tragedias.

Por ejemplo, la presencia de lo memorable es parte fundamental de la épica griega, esto


representado en sus personajes: todos héroes que acceden a este estadio de lo que se recuerda
gracias a sus hazañas, muy valerosas, como en el caso de Aquiles u Odiseo (Ong, 2006, p.73).
Estos hechos y estas hazañas son lo que considera como “las cosas memorables” en las que
la sociedad debe pensar para que quede registrado en su memoria colectiva, pero, para
facilitar esta memorización, se debe entonces acudir a formas repetitivas, como lo
mencionamos antes, tales como los epítetos (Ong, 2006, p. 63), muy comunes por ejemplo
en la Ilíada: “Aquiles, el de los pies ligeros”, “Héctor, domador de caballos”, etc.

Además de estas formas comunes, es importante señalar la forma en verso de ambas obras
de Homero. Aun cuando la obra está escrita, su referencia, al venir de la tradición oral (que
debió se enmarcada en la memoria colectiva del pueblo griego), es el de la transmisión por
la oralidad. Es por esto que la forma en verso se usa, ya que es mucho más fácil recordar un
mensaje escuchado en verso, por la sonoridad, incluso la métrica, que uno en prosa llana.

Ahora, desde el punto de vista de lo escrito, vemos que la función principal del mensaje
escrito es la fijación de esa tradición oral, de la memoria colectiva, además de una “profunda
interiorización” (Ong, 2006, p.102). Es decir, que desde lo escrito: primero, se puede hacer
una mayor recepción personal de lo que se lee (apropiarse del tema), ya que la lectura y la
escritura se ve como una comunicación interpersonal individual y no algo interpersonal, pero
colectivo, como lo es la oralidad; y segundo, que ese texto escrito, a diferencia de lo oral, no
puede ser cambiado, que lo que ahí está consignado, de alguna manera, se graba en una
memoria, ya no colectiva, pero sí a la que todos pueden tener acceso, sin memorizar. Una
especie de memoria “des memorizada” donde no son necesarias ya ni los hechos, o
pensamientos, de carácter memorable, ni las fórmulas estilísticas que faciliten dicha
memorización.
Referencias:

 Homero (1993). Odisea. Madrid, España: Gredos.


 Homero (1996). Ilíada. Madrid, España: Gredos.
 Hesíodo (1990). Obras y fragmentos. Madrid, España: Gredos.
 Havelock, E.A. (2008). La musa aprende a escribir. Barcelona, España: Paidós.
 Ong, W.J (2006). Oralidad y escritura. Buenos Aires, Argentina: Fondo de
Cultura Económica.