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La capacidad para interpretar las impresiones registradas, se adquiere a medida que el aura

mental se desarrolla bajo la influencia de la "mente mantenida firme en la luz del alma"; el
discípulo aprende que toda verdad registrada es susceptible de innumerables interpretaciones
y
que ellas se revelan, con más claridad, a medida que pasa una iniciación tras otra y desarrolla
la
respuesta consciente. La capacidad para invocar se manifiesta vida tras vida, e involucra la
invocación de la respuesta consciente del ánima mundi o del alma subconsciente de todas las
cosas, como también de la conciencia humana y del contacto superconsciente del mundo.
Esta capacidad se desarrolla a medida que el estudiante recorre el Sendero del Discipulado,
hallando con frecuencia en las primeras etapas mucha confusión, psiquismo astral y falsas
interpretaciones. No debe preocuparse demasiado, pues todo lo que se requiere es
experiencia,
que se adquiere por medio del experimento y su expresión en la vida diaria. En ningún caso, el
conocido axioma de que se aprende a través de un sistema de prueba y de error, ha sido tan
aplicable como en la vida y experiencia del discípulo en probación. Cuando llega a ser un
discípulo aceptado, disminuye el número de errores, aunque las pruebas (o sea, el empleo
experimental
de las numerosas y distintas energías) sean muchas y por lo tanto abarquen un campo
más amplio de actividades.
El Proceso de Registro se fundamenta en lo que podría denominarse: acercamiento invocador
desde una extensa zona de posibles contactos. El discípulo tiene que aprender a diferenciar
entre
los numerosos impactos que llegan a su aura sensible. En las etapas iniciales la mayoría de los
impactos son registrados inconscientemente, aunque el registro sea agudo y exacto, sin
embargo
el objetivo consiste en registrar conscientemente; esto se efectúa manteniendo con constancia
y
firmeza la actitud del Observador, que se desarrolla obteniendo el desapego -el desapego del
Observador, de todos los deseos y ansias que conciernen al yo separado. Es evidente que el
empleo de la palabra "observador" comprende el concepto de dualidad y la consiguiente
separación. En este caso, el móvil que motiva la observación no es el propio interés sino la
determinación de depurar el aura, de manera que registre sólo aquello que sea iluminador y
esté
relacionado con el Plan divino, lo cual sería de beneficio para la humanidad y, por lo tanto, para
la
creación de un nuevo servidor dentro de los Ashramas de la Jerarquía.
Algunos psicólogos dividen la conciencia del hombre en subconsciente, consciente o.
autoconsciente y superconsciente, lo cual es de valor aquí Sin embargo debe recordarse que el
discípulo se convierte, ante todo, en un ente humano verdaderamente consciente,
desarrollando
así la verdadera conciencia del Yo. Esto lo hace discriminando entre el yo inferior y el yo
superior y
procurando que su aura magnética sea sensible a un aspecto de sí mismo que hasta ese
momento
no había sido el factor controlador. Desde ese punto comienza a registrar impresiones con gran
claridad y precisión. Por lo general, en las primeras etapas, el único deseo del discípulo es
registrar
impresiones de la Jerarquía, prefiriéndolas a las impresiones de su propia alma o de los
factores
humanos que lo rodean, sus semejantes, o el medio ambiente y las circunstancias que éstos
crean.
Anhela lo que podríamos denominar la “impresión vertical". Este móvil, por ser en gran parte
autocentrismo, hace que el discípulo se introduzca introspectivamente en sí mismo, siendo ésta
la
etapa en que muchos aspirantes se convierten en prisioneros, hablando en sentido astral,
porque
registran en su aura magnética las múltiples formas mentales motivadas astralmente por lo que
ellos creen, esperan y suponen que les impartirá la “impresión vertical". Establecen fácilmente
contacto con las contrapartes astrales de los mundos superiores que están reflejados (por lo
tanto,
distorsionados) en el plano astral; allí se registra un mundo de espejismo formado por los
deseos
erróneos y egoístas y los pensamientos ansiosos de los devotos bien intencionados. No es
necesario que me extienda sobre esto. Todos los discípulos --en alguna etapa de su
entrenamiento- tienen que abrirse camino a través de este aspecto del espejismo, y al hacerlo,
depuran e intensifican el aura magnética, clarificando simultáneamente el mundo astral que los
circunda, con el que están en contacto. También aprenden que el anhelo de registrar
impresiones
jerárquicas debe trocarse en el anhelo de poner a disposición de la humanidad su aura
magnética;
entonces aprenden a registrar la necesidad humana y a comprender dónde es posible ayudar y
servir a sus semejantes. Mediante este registro consciente de las demandas invocadoras que
proceden del mundo de los contactos horizontales, el aura magnética del discípulo se libera de
las
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