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CACHEMIRA ENTRE FUEGO CONFLICTO INDO-

PAKISTANÍ
CRUZADO

Talento, Sofía
INSTITUTO SUPERIOR DE FORMACIÓN DOCENTE N°129
Historia Mundial Siglo XX

CONFLICTO INDO-PAKISTANÍ

CACHEMIRA ENTRE FUEGO CRUZADO

por
Talento Sofía

Instituto Superior de Formación Doncente N°129

Historia Mundial Siglo XX

Prof. Silvia Fernandez

2017

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Historia Mundial Siglo XX

o ÍNDICE

Introducción ..…………………………………………………………………………..Pág.3

Capítulo 1 - “La geografía, la cultura y la religión como factores disruptivos” …Pág.5

1.Ubicación geográfica y geoestratégica de Cachemira.


2.Diversidad étnico-cultural y religiosa.
3.Antecedentes conflictivos.

Capítulo 2 – “Conformación del nacionalismo hindú y pakistaní a comienzos del siglo


XX” …………………………………………………………………………………...…Pág.10

1.Surgimiento del Congreso Indio y de la Liga Musulmana


2.Primeras disputas frente a la cuestión inglesa e independencia
3.Toma de posiciones y partición del Subcontinente indio.

Capítulo 3 - “Cachemira en la segunda mitad del siglo XX” ……………………. Pág.19

1.El “gran éxodo” como consecuencia de la partición


2.Comienzo de la disputa – principales enfrentamientos
3.Efervescencia religiosa y vulneración de derechos: el terrorismo como nuevo
factor de lucha.

Capítulo 4 – “El fuego cruzado en la actualidad” ………………………………… Pág.31

1.La India y Pakistán como nuevas potencias nucleares.

2.El conflicto en pleno siglo XXI

Consideraciones finales ..……………………………………………………….... Pág.36

Bibliografía ……………………………………………………………………………. Pág.38

Anexo …………………………………………………………………………………. Pág.40

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o INTRODUCCIÓN

Buscando información y noticias actuales sobre Cachemira, debido al interés


personal que me generaba – y genera - dicha cuestión, y ya que la historia de la India,
país de historia desconocida para muchos, me parecía fascinante, me encontré con
titulares significativos, como por ejemplo “India afirma haber bombardeado objetivos en
la Cachemira paquistaní” (29/09/2016), “50 muertos en Cachemira en protestas contra
el Gobierno indio” (01/08/2016), “Cuatro ataques en Cachemira dejan 21 muertos
durante las elecciones” (05/12/2014), “India y Pakistán libran los combates más duros
en 10 años en Cachemira” (09/10/2014), entre muchas otras notícias más que nos dan
pautas de las dimensión del conflicto. Todos estos titulares se repiten con diferentes
variaciones a lo largo de los años, dejándonos entrever que este conflicto, cuyo origen
históricamente podemos situar en la segunda mitad del siglo XX, continúa hasta
nuestros días, y que se fortalece y pretende perdurar al son del crecimiento nuclear, por
ejemplo, llevado a cabo en estos países entrado el siglo XXI.

En la actualidad, los asesinatos, las desapariciones, los secuestros y los ataques


denominados “terroristas” son moneda corriente en la región, debido a la existencia de
grupos insurgentes, y al exceso de poder cometido por las fuerzas armadas indias. Las
denuncias de violación de los derechos humanos en la región, independientemente de
los grupos involucrados, son cuestiones que preocupan a la comunidad internacional y
que necesitan una rápida solución (la región posee los mayores índices de violaciones
a mujeres).

La independencia significó, en 1947 la partición del dominio inglés en dos


Estados separados, lo que dio origen al conflicto, ya que de inmediato, las nuevas
naciones reclamaron el territorio en cuestión. Cachemira se erigió como un problema en
puerta, ya que allí el soberano hindú optó por incorporar su territorio a la India, para
poder hacer frente a los grupos guerrilleros, sin tener en cuenta, que la zona contaba
con una población mayoritariamente musulmana. Al ser violado este principio, estalló el
conflicto. Podemos decir entonces que, los conflictos latentes en el subcontinente indio
por la coexistencia entre nacionalidades y religiones diferentes bajo el dominio inglés se
intensificaron tras el periodo de descolonización, con la creación de dos estados
independientes diferenciados, la India y Pakistán, y se prolongaron y pertrecharon hasta
la actualidad, en un conflicto territorial, estratégico, religioso y cultural, en torno a la
región de Cachemira.

Para dar cuenta de dicha contienda nos centraremos solamente en los conflictos
y las disputas signadas entre Pakistán y la India, dejando de lado por ahora en este

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trabajo la cuestión China, que obligatoriamente será mencionada en algunas aristas del
trabajo, pero sin mayor ampliación. También, teniendo en cuenta la actualidad del
conflicto, no habrá un marco temporal determinado, ya que el análisis no estará signado
por una narración cronológica de hechos, sino que se pretende desentramar las
cuestiones que todavía intervienen en la actualidad como factores esenciales. Si bien,
las causas directas del problema están establecidas, dicho conflicto es más complejo,
por lo que intentaré en este trabajo dar cuenta de esa complejidad.

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CAPÍTULO 1
“La geografía, la cultura y la
religión como factores disruptivos”

1. Ubicación geográfica y geoestratégica de Cachemira

Ubicada en el sudeste asiático – y precisamente en el norte del subcontinente indio o la


región del Indostán – Cachemira posee una posición estratégica sumamente importante
(no solo para los países en disputa) y de la que se han valido los diferentes pueblos de
la región desde antaño. Caracterizada por un amplio valle rodeado de montañas, la
región en cuestión es de las más pobladas del estado homónimo. El Himalaya es la
principal cabecera montañosa que recorre la zona, así como también, los principales
ríos del subcontinente se originan allí: el Indo y el Brahmaputra. De las mismas
cordilleras descienden un sinfín de enormes glaciares, testigos de importantes
enfrentamientos bélicos, así como también se abre camino uno de los más importantes
pasos del continente – el Karakorum – que por su posición estratégica se convierte en
paso obligado para llegar al Asia Central y China por el Himalaya. Ya sea por invasión
o por migración, los principales grupos humanos que se asentaron en Cachemira a lo
largo del tiempo lo hicieron por
allí.

Cada una de estas cuestiones


territoriales y geográfica ha
determinado en parte conflictos
diferentes en torno a la región.
Por un lado, debido a los
numerosos ríos que surgen allí y
que pertenecen a la cuenca del
Indo, la cuestión del recurso Fig.1 Dominios principales en el principado de Jammu y Cachemira

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hídrico ha sido un punto muy importante y debatido en el conflicto: la India alardea de la


posesión de los principales cursos de aguas, importantes para la economía agraria
pakistaní y para la producción de energía hidroeléctrica. Dicho problema fue
“solucionado” a partir de 1960, pero la cuestión frente al recurso hídrico siempre está
latente, debido a la falta del mismo, en gran parte de la región, y más que nada en gran
parte de Pakistán. No debemos restarle importancia, además, a los amplios y fértiles
valles que circunscriben toda la región cachemir, importantes para el asentamiento
humano, pero por sobre todo, importantes para la agricultura de regadío, punto
económico y crucial para ambos países soberanos.

Por otro lado, los pasos que se abren a la luz del Himalaya y el Karakorum han sido muy
importantes, antes del dominio británico, para los diferentes grupos que habitaron e
incursionaron en la región, como los persas, los mongoles y las diferentes tribus
hindúes; así como también, además - mirando varios siglos más adelante - durante la
etapa de las guerras mundiales, y con mayor visibilidad, durante el periodo de la Guerra
Fría. Las tratativas pakistaníes primero con los Estados Unidos y luego con la Unión
Soviética, así como la injerencia de las Naciones Unidas, son solo una prueba más de
esto.

Analizando geográficamente estos puntos, es muy fácil destacar que, tras el proceso de
descolonización indio, la desintegración y la fragmentación territorial haya sido
irremediable. El punto más importante del conflicto – más allá de la cuestión religiosa e
ideológica - que conlleva el análisis de todos los recursos hablados, es el de las fronteras
y su delimitación, que hasta hoy en día perdura y lo podemos observar diariamente en
la demostración de fuerza que se hace frente a las mismas, para mantener vivo el
conflicto y de mostrar al mundo que este aún no ha cesado.

2. Diversidad étnico-cultural y religiosa

Para el periodo de la independencia y la partición en el subcontinente indio, la mayor


parte de los principados integrantes del ex
territorio imperial inglés, contaban con
mayoría de población de religión hindú. La
primera minoría del país giraba en torno al
islam, teniendo principados enclaves,
dispersos por todo el territorio, con mayoría
musulmana. El resto de la población lo
integraban etnias y religiones, muy Fig.2 División religiosa en la India

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diferentes entre sí, como lo son los sijs y los budistas.

Ahora bien, la construcción de este mosaico étnico-cultural no fue un lecho de rosas y


hasta hoy en día, nos ayuda a entender en parte la mayor cantidad de los conflictos
presentados durante el proceso de independencia del subcontinente y, sobre todo, los
sucesos posteriores, entre ellos, la partición y el conflicto territorial por Cachemira.
Debido a su condición geográfica ya especificada, y a los diferentes pasos y caminos
que se abren a lo largo de sus cordilleras, la comunicación con la región siempre estuvo
latente. Ya a partir de la llegada de los macedonios se empiezan las incursiones
extranjeras, o provenientes, de lo que más tarde será conocido como Europa, que darán
comienzo a un sinfín de excursiones, tanto de migración e invasión, pero que marcarán
a fuego la historia de la región.

Las incursiones indoeuropeas llevaron a instalarse en la región a un pueblo


seminómada, hoy muy conocido: los arios. Dicho pueblo, politeísta y organizado
socialmente en castas, legó la organización típica de los actuales grupos hindúes.
Adentrándose en el territorio - por medio de incursiones exploratorias y de conquista
- dicho pueblo se fue instalando y forjando en la zona diversos reinos, de los cuales uno
llegará al poder imperial y forjara los primeros pasos de la historia religiosa conflictiva
de la zona. Si pudiéramos observar – como en una película - los siglos de su historia
posteriores a esto, observaríamos, casi con certeza, un sinfín de conflictos de castas en
torno al poder imperial.

En dichos siglos, además, la región del Indostán fue recibiendo e integrando un


sinnúmero de pueblos que se mezclaron con los originarios y los diferentes reinos arios,
lo que terminará cristalizando en un amplio mosaico étnico y religioso, al tiempo que se
irá consolidando - con amplia mayoría en toda la región - la población de origen hindú.
El año 711 marcará a fuego la historia del lugar, y dará comienzo a un complejo conflicto
religioso y político que se irá intensificando, primero con la llegada de los colonizadores
británicos, y posteriormente con la partición del subcontinente. Podemos decir que dicho
conflicto, por el peso específico que tendrá en cuanto a su impacto en procesos
posteriores de la región, signará el comienzo de la conquista musulmana.

A partir del siglo X las tribus turcas del Asia central, aceptan el islam, y comienzan una
serie de nuevas incursiones, que finalizarán con la instalación de un sultanato. La
población hindú, la más hostigada por este pueblo, resistirá con ahínco la islamización,
por lo que, durante siglos, convivirán con gobernantes musulmanes. Es muy importante
destacar, no solo para explicar la formación de este importante mosaico étnico, sino
para entender el conflicto territorial actual, que hasta dicho periodo el subcontinente

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indio se mantuvo como entidad geopolítica diferenciada, pero nunca unida en un único
gobierno. Todo esto cambiará de forma abrupta con la entrada, en la historia de la zona,
de los pueblos mongoles. Dicho pueblo, íntegro y reunió en su imperio la mayor parte
del subcontinente bajo su mando, incluyéndose también aquí Cachemira. “El imperio
mogol se mantuvo hasta inicios del siglo XVIII, en que sufrió sucesivos ataques por parte
de sus vecinos afganos y persas, revueltas internas y la aparición de los europeos”
(Silvela Díaz y Vacas Fernández, 2006; p11).

Las disputas y los cambios de poder en cada una de las regiones crearán una gran
cantidad de estados, de fronteras variables y grupos heterogéneos, a veces gobernados
por nawabs musulmanes, y otras por maharajás hindúes. Muchos autores dirán que ya
a partir de este periodo la India se debate entre la unificación bajo un mismo poder o la
división en estados y principados pequeños y grandes.

Ahora bien, se puede decir que las incursiones y migraciones trabajadas hasta ahora
son más que nada de origen interno o, mejor dicho, propias del continente asiático. A la
par de la mismas, y girando ya nuestra mirada en otra dirección, en pleno siglo XV
comienzan a darse, de manera constante y prolongada, las incursiones de los
principales estados marítimos del periodo: España y Portugal (de los cuáles el primero
no tuvo mucha injerencia). Estos primeros contactos están signados por la búsqueda
del comercio de especias indias, pero darán lugar a la instalación de pequeñas factorías
portuguesas en la región; y tras los portugueses, se irán instalando las holandesas y las
franceses - en menor medida - hasta la llegada de los ingleses, que se hicieron con el
poder real en la región gracias a la situación interna de las castas, y a la preeminencia
del gobierno británico de apoyarse en el autogobierno de las principales. En 1857 la
India ya integra de manera formal el imperio británico y comienza así una historia de
dominación y explotación económica, que signada por conflictos internos y externos no
resistirá además las consecuencias de la primera, y sobre todo, de la segunda guerra
mundial.

3. Antecedentes conflictivos
Ante la descripción de la conformación del mosaico étnico y cultural complejo que en la
actualidad es la India, no queda mucho ya que decir acerca de los principales conflictos
que anteceden y preexiste al conflicto de Cachemira. Para no caer en redundancia,
podemos concluir aquí que, a partir de la instalación de diferentes pueblos, y más que
nada de los pueblos provenientes del Asia central, la situación en la región cambió y
trajo aparejados problemas que nos ayudan a entender el conflicto estudiado en este
trabajo por sus similitudes.

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Podemos decir que los conflictos étnicos y religiosos nacen con el subcontinente mismo.
Fueron muy intensos y corrientes en la región, y estuvieron relacionados primero con
las primeras incursiones que se enfrentaron con la mayoría de población hindú, y luego
a los siglos de dominio musulmán sobre dicha mayoría. La irreconciliable cuestión
religiosa entre la población del subcontinente proviene de antaño y precede el proceso
de descolonización, siendo más que visible en Cachemira en la actualidad. También
muy importante es la idea de que nunca se pudo integrar definitivamente al territorio
bajo el mismo gobierno, como lo atestiguan las características culturales de las castas
y los intentos mongoles, y los posteriores conflictos y luchas por estas cuestiones. Perry
Anderson es muy claro al respecto: “el subcontinente, tal y como lo conocemos hoy, en
tiempos premodernos nunca formó una única unidad política o cultural. Durante gran
parte de su historia, sus tierras se repartían en un desigual surtido de reinos de tamaño
medio e índole diversa” (2017; p14). A esto le sumamos además los conflictos políticos
creados por la conquista británica, que dividieron aún más a las castas, y mayormente
a la población hindú y musulmana, ya que unas lo aprovecharon o se beneficiaron más
que otras.

Aquí, en último término, es muy importante señalar la importancia del surgimiento y la


conformación, en esta última etapa de conquista – previa ya al proceso de
independencia - de dos potentes nacionalidades en torno a estos grupos y disputas,
cuestiones que analizaremos en el capítulo siguiente.

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CAPÍTULO 2
“Conformación del
nacionalismo hindú y
pakistaní a comienzos del
siglo XX”

1. Surgimiento del Congreso Indio y de la Liga Musulmana

La corona inglesa encontró la forma de gobernar “eficazmente” - durante muchas


décadas - un territorio que geográficamente se encontraba muy aislado de la isla de la
Gran Bretaña y que, además, no tenía nada en común con la misma desde el punto de
vista étnico-cultural. Impuso las reglas de juego, modificando las estructuras de poder
tradicionales en la India, y combatió por la fuerza a todos los que le opusieran
resistencia, manteniendo no solo el poder sino el control total de todo el territorio (Cortés
Pinzón, 2012; p6). Plantearán algunos autores, como Taylor, especialistas en
imperialismo, que continuó también con la India, en parte, la política de regateo
constitucional característica del gobierno imperial en otros dominios.

De ahí que, tras la postura tomada por la misma, y por la poca disposición a trabajar en
común con todas las castas y credos, se llevará a la conformación y signarán la escena
a mediados del siglo XIX, dos nuevos partidos, con tendencias independentistas y
reformistas. Entre otras cuestiones, básicamente dichos movimientos políticos buscan
llevar al subcontinente indio a la independencia del dominio británico y a la
autodeterminación.

Aquí, más allá de la diversidad de grupos y movimientos políticos, nos centraremos en


el análisis de sólo dos de estos, que consideramos más importantes para entender el
periodo y el conflicto en particular, debido a su gran difusión y a su actuación casi crucial
en la conformación de dos entidades nacionales diferenciadas. Pasaremos aquí a
trabajar entonces sobre el Congreso Nacional Indio y la Liga Musulmana.

El Congreso Nacional Indio se funda en 1885, y se convertirá con el correr de los años
en el movimiento que liderará la independencia del subcontinente. Sus portavoces
hacían flamear la bandera de la unificación del territorio en un único estado no

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confesional – o laico - en el cual estuvieran integradas todas las etnias y religiones, y


donde estas pudieran ser respetadas y
vivir en armonía. Adelantándose unas
décadas, podemos destacar aquí a
figuras tales como Gandhi y Nehru pilares
de la Independencia. Posteriormente, y a
la par del Congreso Nacional, se
conformaron grupos nacionalistas
hindúes, que radicalizaron las posturas y
plantearon la formación post
independencia de un Estado Hindú,
dejando de lado las tendencias
Fig.3 Mahatma Gandhi y Jawaharla Nehru
musulmanas, sijs, etc.

Para contrarrestar el poder creciente que adquiere el Congreso Nacional Indio a nivel
nacional, frente a la cuestión de la independencia y de la conformación de un estado
laico; se conforma en 1909, en la ciudad de Dacca, la Liga Musulmana, cuyo principal
exponente y portavoz de la idea de conformar un país
islámico por separado, será Ali Jinnah. A partir de 1913
se convertirá en el principal exponente de la teoría de las
dos naciones, teniendo la convicción de que era la única
opción para mantener los derechos de los musulmanes
frente a la mayoría hindú; estimaba entonces, que los
musulmanes del subcontinente indio constituían una
nación en sí misma de ahí la conformación de un Estado
separado, el futuro Pakistán, “país de los puros” –
pensado como futuro bastión del islam en el sudeste
asiático -.
Fig.4 Muhammad Ali Jinnah
Los primeros signos de descontento social se empiezan
a apreciar ya en la última década del siglo XIX, momento en el cual ya aparecía en
escena el Congreso Nacional Indio, pero todavía muy limitado en su accionar. Como
nos dicen Thomas y Barbara Metcalf, los virreyes de esta etapa eran vistos por la
sociedad como “Emperadores de Facto”. Estos se esforzaban por salvaguardar los
intereses económicos de la corona y suministrar un gobierno con responsabilidades
limitadas, al mismo tiempo que se iba configurando un nuevo nivel de vida pública a la
par de la aparición de diarios, grupos organizados y politizados, etc. (T. y B. Metcalf,
2014; p143). La tarea llevada a cabo por el virrey Curzon en la dirección antes

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nombrada, fue la que precipitó un frenesí público que infundió vigor al Congreso
Nacional Indio. La siguiente década, periodo previo a la primera guerra mundial, se
caracterizó entonces, por una importante acción pública – ya también de la Liga
Musulmana – y por la reacción, en parte violenta, del gobierno británico.

Como nos dicen los autores, el mantenimiento de la política imperial, la explotación


económica mucho más notoria en épocas de la primera guerra mundial, y el envió
forzoso de tropas al frente británico terminarían por dilapidar la estructura de dominio
colonial. “La continuidad del periodo colonial anterior encajaba mal en una sociedad que
estaba experimentando cambios en todas las dimensiones de la vida social, política y
cultural” (T. y B. Metcalf, 2014; p144).

“Los británicos se habían hecho con el subcontinente con relativa facilidad, porque
estaba enmarañado y fracturado política y socialmente, pero al imponer una red
infraestructural, jurídica y cultural común, lo unificaron por primera vez en su historia
como una única realidad administrativa e ideológica. La idea de India fue suya. Pero una
vez que se asentó como norma burocrática, los súbditos podrían volverse contra sus
gobernantes, y el halo imperial podía diluirse en el carisma de la nación” (Anderson,
2017; p19).

2. Primeras disputas frente a la cuestión inglesa e independencia

Como sabemos, tanto el Partido del Congreso como la Liga, inicialmente habían
sostenido planteos moderados. Estos recogían la opinión de las elites profesionales y
burguesas, generalmente educadas en la isla británica. Así y todo, al fin y al cabo, su
postura fue contraria – en parte – a la de la misma metrópoli política y se fue
radicalizando, como ya dijimos, con los años.

Cada nueva situación frente a la corona iba alimentando los deseos independentistas
de ambos partidos, y de la misma población – además de ir conformando ese
sentimiento nacionalista tan importante para entender el conflicto - pero poco o nada era
lo que podían hacer los mismos frente al poderío de la corona británica. La primera
posibilidad concreta de llegar a un acuerdo con la corona se dio ya entrada la primera
guerra mundial, “(…) creyendo que si la población india apoyaba y colaboraba en la
guerra, serían recompensados, obteniendo así beneficios en pro de sus peticiones (…)”
(Cortes Pinzon, 2012; p7). Fue éste un pensar muy ingenuo de los indios y de los
principales partidos en los que estaban representados, ya que esto no sucedió, y más
allá de todo, la corona siguió e intentó fortalecer todavía más su hegemonía y poder
sobre la colonia – cuyo status tampoco cambió -.

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De ahí que, muchos de los grupos políticos y nacionalistas comenzaran a buscar a toda
costa – a partir de este periodo - ganar autonomía y conseguir así desplazar a la corona
del poder. A comienzos de la década del 20’, por ejemplo, importantes personajes –
entre ellos el líder Mahatma Gandhi - darán comienzo a una novedosa y llamativa
modalidad de acción política o confrontación, conocida como la “no cooperación no
violenta”. Política que intentará, junto con el Partido del Congreso, extender a toda la
población, e inclusive a la Liga y la mayoría musulmana.

Ya para este periodo la corona británica manejaba la idea de entregar de forma gradual
el poder a los indios, lo que llevaría a una estabilidad futura del gobierno y de las
instituciones, y que, como punto más importante, no afectaría la estabilidad de la corona,
que había sido muy afectada con la primera guerra mundial, y posteriormente, con las
consecuencias de la crisis del 29’. Sin embargo, la corona no manejó del todo bien la
situación, ya que para poner en práctica este traspaso progresivo de poder, se llevaron
a cabo reformas que, desgraciadamente fueron puestas en prácticas por medio de la
violencia y la fuerza. Podemos destacar igual aquí, que la tarea en post de la educación,
la agricultura y los impuestos fue transferida a los ministros indios, que sin embargo no
olvidemos eran todavía representan de las elites más poderosas y algunas afines al
gobierno extranjero. La ley y el orden siguió bajo las garras inglesas por lo que la
situación no cambió y el inconformismo creció a ojos vista; y como garante del orden
que era el poder imperial, pasó a tomar represalias y reprimir violentamente a todos los
que contradijeran sus políticas o solamente protestaran, por ejemplo, al extremo de
imponer la ley marcial y el asesinato a sangre fría.

A partir de estos sucesos, se fue consolidando todavía más la figura del líder
revolucionario Gandhi, y con su figura, también la del Partido del Congreso, cuestión
que irritó cada vez más a la Liga musulmana. Esta cuestión no es una simple anécdota,
sino que tendrá dimensiones catastróficas con respecto de las relaciones políticas,
avanzado ya el proceso de independencia, y nos despejará el camino además para
entender en gran parte el conflicto de Cachemira.

En 1920, Gandhi sube a la presidencia del Congreso, transformando, redirigiendo y


encausando la lucha, impregnada de sus fuertes ideales no violentos. Se comienzan en
este periodo, los primeros paso a la desobediencia civil, la no cooperación, la resistencia
pasiva y el boicot a la industria británica, con el principal objeto de fortalecer la
independencia de la industria local (Cortes Pinzon, 2012; p8).

Sin embargo, la verdadera unión de todos los partidos de la India llegó inesperadamente
e indirectamente de la mano de la Corona británica. Gandhi, hasta 1927 había estado

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alejado de la política tras pasar un breve periodo por la cárcel - debido a su puesta en
marcha de la resistencia pasiva y el boicot -, periodo en el cual el gobierno británico
inició un proceso de reforma de la Constitución, en el que se ignoraba deliberadamente
la participación de los Indios en política. La reacción no se hizo esperar y configuró la
unión parcial de todos los Partidos políticos del subcontinente con el fin de detener este
proceso por medio de marchas, huelgas y boicot. Gracias a dicha unión, terminarían
logrando su objetivo, por el cual ampliaron la participación india en el gobierno, además
de despejar el camino para el regreso de Gandhi a la política, junto con el Partido, que
dará comienzo, ahora sí, a la lucha directa contra la corona para conseguir la ansiada
independencia.

Entre los acontecimientos más importantes de este periodo destacamos la Marcha de


la Sal. Poco tiempo después Gandhi se encamina a Londres con el objetivo de lograr un
acuerdo, plan que se malogra, y a su regreso a la India, se encuentra con una situación
preocupante: la gran mayoría de los líderes del Partido del Congreso se encontraban
presos, y entre ellos estaba también Nehru.

El inicio en el 39’ de la Segunda


Guerra Mundial, junto con la
proclama del gobierno de que la
India entraba en guerra para
apoyar a la metrópoli, marcan
nuevamente la historia de la India,
ya que la respuesta no se hizo
esperar: los ministros del
congreso que quedaban
dimitieron. Entrado el año 1942 se

Fig.5 Marcha de la Sal liderada por Gandhi produce el levantamiento


Marchaos de la India, cuyo
carácter violento, puso en apuros a la corona británica. El Partido del Congreso era muy
claro en sus convicciones; ya no estaba dispuesto a seguir colaborando en una guerra
que no implicaba ningún interés para ellos, y en todo caso si la India participaba, sólo
tendría sentido si ella lo hacía como país libre. A partir de estos acontecimientos la
política de la corona viraría hacia otro eje, es decir, en busca del apoyo de otro sector
preponderante de la política india y en conflicto con el Partido, al cual daría cárcel
nuevamente. “Vislumbro en la Liga (musulmana) la posibilidad de conseguir lo que
buscaba y obtener así el apoyo que necesitaba en su guerra (…)” (Cortes Pinzon, 2012;
p10). Para lograrlo apeló al preocupante destino que les esperaba tras la independencia,

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cuestión que ponía en vilo a Jinnah y sus principales portavoces, y de esta manera su
apoyo no se hizo esperar.

Luego de esta especie de reseña histórica podemos vislumbrar que las brechas que de
alguna manera, en un periodo parecían zanjadas entre los dos principales partidos
políticos del subcontinente – que obviamente se debían a la coyuntura y no a sus
respectivas posturas - se reanimaron tras la abrumadora derrota en el campo de la
negociación por parte del Partido del Congreso, la posterior encarcelación de sus
miembros, y por el deliberado apoyo que le brindó la Liga al poder británico en la guerra,
vista por los miembros del congreso como una traición. La reconciliación entre ambos
nunca llegó, pues lo siguiente fue la lucha de independencia, que decantó en la partición
del subcontinente indio en dos estados, cuestión que le debe mucho a este conflicto
irreconciliable de intereses, pero también, a la rara y a veces variable política británica.

3. Toma de posiciones y partición del subcontinente indio

Como vislumbramos en el apartado anterior, las diferencias irreconciliables entre ambos


partidos desembocaron en parte en la independencia y en la partición. Este potente
enfrentamiento ideológico, y de intereses diferenciados, provocó de manera muy veloz,
una especie de guerra civil, donde la población - dividida tajantemente entre
musulmanes e hindúes -, se movilizó de manera violenta bajo el llamamiento de los
principales portavoces de los partidos en cuestión. De ahí que el proceso de
descolonización indio se llevará a cabo con una rapidez inusitada, resultado más que
nada, de la presión social derivada de dichos enfrentamientos.

Se puede decir también que, al mismo tiempo, la cuestión de la India ya resultaba un


problema urgente para la misma metrópolis, que tras las idas y venidas y los conflictos
desatados por las mismas, había terminado por concluir, que la única manera de salir
airosa de este conflicto era negociar la independencia con lo actores que la solicitaban
y tratar su pronta retirada de la región. Ya no encontraba garantías ni en el acuerdo
logrado con la Liga musulmana.

El primer intento de la corona británica de solucionar la cuestión se da en 1946, tras el


envío de una misión ministerial a tal efecto. Entre las cuestiones que ésta debía tratar
estaba la unidad territorial, cuestión que en un principio también preocupaba mucho a
la metrópoli. La realidad con respecto a esta cuestión demostraba otra cosa, y pronto la
corona comprendió que no podría lograrlo jamás: el Partido del Congreso y la Liga
Musulmana eran intransigentes en sus políticas y posesiones, y en este último grupo se
notaba mucho más. Su último intento con respecto a esta cuestión se dio en mayo de
dicho año, cuando se publicó una declaración política, que intentaba satisfacer en parte

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ambas posturas. Esta proclama terminó por radicalizar aún más las diferencias claras
entre ambos partidos, y la crisis otra vez volvió a estallar. La escena se saturó de
choques armados entre hindúes y musulmanes durante los últimos meses del año.

Como nos dirá Cortes Pinzon “ante los acontecimientos, la corona británica se vió
obligada a intervenir, y comprendió finalmente, que tanto la partición del territorio como
la independencia, eran dos procesos que no se podían seguir deteniendo y que debían
realizarse simultáneamente, con el fin de lograr que en la India se detuvieran las
hostilidades” (2012; p12).

Entrados los primeros meses de 1947, se le encomienda al último virrey de la India la


complicada tarea de llegar a un acuerdo entre los partidos enfrentados y el gobierno
británico, con el fin último de evitar la partición, y en caso de no lograrla, de estipular
que la misma fuera un hecho de lo más indoloro posible. De esta manera, él mismo,
declaró la partición del subcontinente indio, y las líneas que funcionarían de ahora en
adelante como guías que demarcarían las fronteras de los nuevos países soberanos.

En junio del mismo año, en Inglaterra, se introduce en la Cámara de los Comunes una
ley de independencia y partición que establecía dos cuestiones puntuales: por un lado,
se plasmaba la creación de dos dominios independientes y separados, y por otro lado,
se planteaba el lineamiento a seguir por los pueblos y principados con respecto a la
adhesión o no a uno de estos estados mencionados. Los diferentes pueblos debían
ahora elegir si pertenecían a India o a Pakistán.

La cuestión de la adherencia no fue tan sencilla como quería demostrarlo el Acta de


Independencia; por una lado, la partición era consecuencia de los irreconciliables
ideales políticos, religiosos y culturales, que no se encasillaban solo en ambos partidos
mayoritarios, sino que se extrapolaban a la sociedad toda. La realidad también
demostraba, que en muchos casos, sería el maharajá o el nawab de cada principado,
en relación con su origen y sus intereses particulares, quién elegiría y signaría el futuro
de las gentes de su pueblo. La gran mayoría eligió en función de estas cuestiones, sin
tener en cuenta que los territorios con mayoría musulmana debían ahora pertenecer a
Pakistán, y que los de mayoría hindú debían unirse a la India.

Decimos también que la cuestión no fue sencilla, ya que la proclama de la partición y la


aparición en público de la declaración de independencia y por ende de los caminos a
seguir para conformar los estados, llevaron a que la tensión social, que ya hervía se
hiciera más patente. Los principales enfrentamientos se dieron entre poblaciones
divididas en sus posturas de adherencia, y en aquellas donde la mayoría religiosa no
era respetada por su respectivo gobernante. Este fue el caso de tres principados:

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Cachemira fue uno de ellos. Allí, la mayoría de la población era de origen musulmana,
pero su gobernante hindú, decidió unilateralmente unirse a la India, y el conflicto que se
venía gestando y avizorando desde la última etapa de la colonización británica, prendió
un gran incendio, que tardaría mucho tiempo en extinguirse.

Concluyendo con este apartado podemos decir que, por un lado, la partición tenía un
doble significado para los actores involucrados. Para la India, significaba la tan ansiada
transferencia de poder, y por ende, su independencia. Gandhi, Nehru y el Partido del
Congreso, habían luchado mucho para lograrla, y ahora querían mantenerla y
potenciarla. Para Pakistán, también fue una victoria, ya que desde 1906, la Liga venía
reivindicando la proclama de la nacionalidad
musulmana. Surgió así un nuevo estado
musulmán, que era visto por los
contemporáneos como el bastión de la religión
en el sudeste asiático. Pero fundamentalmente
representaba además, “el día en que el auto
gobierno y la unidad musulmana de la antigua
India, triunfaban sobre esta” (Cortes Pinzón,
2012; p15). Ese triunfo no podía amargarse
Fig.5 Musulmanes abandonado la
con la pérdida de Jammu y Cachemira.
India, camino a Pakistán

Por otro lado, se puede decir que había sido también


en parte, una potencia europea lejana la que había determinado el destino de las gentes
del subcontinente; destino incierto y traumático, ya que la violencia comunal llegó a su
punto álgido, y el trasvase de población que le siguió al mismo fue multitudinario: fue allí
fue donde se perdieron más vidas.

Por último, y cerrando, podemos decir – a partir de nuestra mirada del conflicto y de los
hechos desde el presente – que más que salir victoriosos, ambos estados salieron
perdiendo a posteriori. Por supuesto podemos decir que habían cumplido sus
aspiraciones y habían surgido dos nuevos estados, pero de ahora en más, dos estados
enemigos desde su origen. La ola de odio que llevó a la partición marcó a fuego las
relaciones entre ambos países desde el mismo momento de su nacimiento (Silvela Díaz
y Vacas Fernández, 2006; p24). No planteaban buenos augurios, la aparición de dos
estados vecinos, cuya concepción de sí mismos era antagónica, y que además, tenían
cuentas pendientes no resueltas por la partición. No era necesario hacerse de una bola
de cristal para avizorar lo que iba a pasar: los antagonismos y la desconfianza que se

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creía quedarían zanjados, no hicieron más que aumentar, y nuestro ejemplo principal
es el tema de estudio de esta investigación, Cachemira.

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CAPITULO 3
“Cachemira en la segunda mitad del
siglo XX”

1. El “gran éxodo” como consecuencia de la partición

Sabemos que la partición trajo aparejada para los principados la gran cuestión de elegir
entre el nuevo estado musulmán y/o la India. Los primeros meses tras la declaración de
independencia, estuvieron entonces enmarcados en disputas de este calibre, no solo
entre los gobernantes de dichos lugares, sino también, entre las gentes de esos
territorios, ya que, como era de esperarse, muchas veces se elegía sin interpretar y
tener en cuenta las características y necesidades de sus pobladores. Muchos estados
que contaban con mayoría musulmana, pero con un gobernante hindú pasaron ahora a
pertenecer a la India, - sin respetar lo planteado en el acta de independencia – y
viceversa.

La consecuencia directa de este no cumplimiento de los principales acuerdos acatados


de la metrópoli, llevaron a importantes y violentos conflictos entre vecinos de una misma
población, y terminó por decantar en un éxodo masivo de gentes y numerosas
deportaciones: “el trasvase de población de unas zonas a otras fue multitudinario,
calculándose entre 15 y 20 millones el número de refugiados” (Silvela Díaz y Vacas
Fernández, 2006; p23).

El cruce de población durante este éxodo despertó cada vez más resentimiento entre la
población civil y llevó a nuevos enfrentamientos durante el largo camino a su nuevo
hogar. Muchos de los musulmanes que dejaban la India en camino a Pakistán, no
habrían de llegar; y los mismo sucedería con la gran mayoría de hindúes. Gran parte de
estos errantes eran víctimas de los enfrentamientos que se daban en el camino – pero
además - de las desapariciones de personas, de las violaciones y los raptos, más
sufridos por las mujeres de ambos lados, que después se contarían entre los millones
de muertos.

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Se estima que entre el 47’ y el 49’, fueron 33.000 mil las mujeres hindúes y sij
secuestradas, mientras que las mujeres musulmanas llegaban al número de 50.000. Ya
para el 54’, había 30.000 mujeres recuperadas, pero en circunstancias penosas, y con
marcas de violencia y violaciones.

El resentimiento de los refugiados y el éxodo masivo fue un proceso lento y desgarrador


que llegó a su “fin” oficialmente en el 57’. Ningún gobierno al momento de la partición
predijo y tuvo en cuenta en sus reivindicaciones, que el panorama de sus nuevos
estados sería tan oscuro: diez años de sufrimiento y vejaciones sufridas por sus
pobladores. La vida en la región ya no sería la misma jamás; el éxodo frenaría, pero el
sufrimiento y la violencia iría cada vez más en aumento.

2. Comienzo de la disputa – principales enfrentamientos


Es preciso detenernos y aclarar aquí, luego del análisis que venimos realizando, que el
conflicto en torno al territorio cachemir es sumamente complejo y sus variantes, lejos de
quedar delimitadas o encausadas, son múltiples. Sería erróneo entonces, por ejemplo,
limitar el conflicto a una disputa territorial entre dos estados; y valga la aclaración,
también sería reduccionista o mejor dicho determinista, echarle la “culpa” solo a la
cuestión religiosa.

Según Silvela Díaz y Vacas Fernández, el conflicto se concreta en tres niveles bien
diferenciados, lo que no significa que estos no están sumamente relacionados entre sí:
un primer nivel es el internacional, donde dos estados soberanos, con diferencias
políticas y jurídicas, se enfrentan de manera irreconciliable, y la aparición de actores
externos como, China, la ex Unión Soviética y EE.UU. Un segundo nivel de explicación
es el estatal, donde las relaciones entre las distintas regiones que conforman Cachemira
y los estados que la controlan son el elemento central. Sumemos aquí los aires de
autodeterminación por parte de los cachemires. Y por último se considera a lo interno
como un tercer nivel, en el que se destaca el papel de los partidarios de ambas nociones
y de la tercera: la independencia (2006; p25).

Sin estas variantes diferenciadas, pero relacionadas, no es posible entender dicho


conflicto, que tiene como origen la composición étnica y religiosa de la región, y
posteriormente, el desarrollo histórico de la cuestión, que ha ido configurando uno de
los conflictos – a nuestros ojos – de los más violentos y crueles, y difíciles de solucionar
en el presente.

Ahora bien, el principado de Jammu y Cachemira se funda formalmente en 1946, como


un acuerdo entre el gobierno británico y el futuro Maharajá de la región. Desde el

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comienzo, y más precisamente en vísperas de la partición, el principado planteaba un


problema de difícil solución: por un lado, compartía un frontera muy amplia con la futura
India como con Pakistán, y por otro lado estaba el elemento poblacional. También –
retrocediendo atrás en el tiempo - los movimientos políticos que allí se gestaban, que
eran un reflejo de lo que sucedía a un nivel más general, “nacional”, avizoraban ya los
conflictos religiosos que caracterizarían a la región. Enfrentados entre sí, entraban en
escena la Conferencia Nacional, liderada por Sheikh Abdullah, afín al partido del
Congreso, y más que nada, en estrecha relación con Nehru; y también la Conferencia
musulmana, capitaneada por Ghulum Abbas.

El enfrentamiento político e ideológico directo entre los principales portavoces, y la


misma población de la región sería acelerado por factores externos. En agosto del 47’,
tras la puesta en marcha de la adhesión, el Maharajá decide anexionarse a Pakistán, y
para tal fin firman un acuerdo de entendimiento. Para interés del gobierno indio, dicha
relación no llega a durar más de un mes, debido a que ya se estaban produciendo
ataques desde territorio pakistaní, por lo que el Sheik acusó a Pakistán de violar el
acuerdo: las relaciones entre ambos se romperían así de manera definitiva.

El 21 de octubre, se produce un nuevo ataque en la región de la mano de grupos


pastunes, apoyados abiertamente por el gobierno pakistaní, con lo que se da comienzo
definitivamente a la primera guerra entre ambos países en dicho territorio.

Horas después del ataque, el Maharajá no encuentra otra opción que arrodillarse frente
al gobierno de Nueva Delhi en busca de ayuda militar inmediata. Para la India, el
momento fue más que oportuno, ya que pudo explotar a su favor la desesperación del
gobierno cachemir: presionó y obtuvo de esta manera la integración formal de
Cachemira al estado indio, además de establecer – punto fundamental – que tras el
cese del conflicto bélico, esta unión sería refrendada por la totalidad de su población. El
26 de octubre de 1927 las tropas indias ya se encontraban en la región, habiendo sido
recibidos previamente por el Sheik Abdulah y los miembros de la Conferencia Nacional.

El primer conflicto formal indio pakistaní se extendió así durante todo el año de 1948, y
tras duros enfrentamientos y un sinfín de pérdidas, finalizó por intervención directa de
las Naciones Unidas, tras pedido expreso del gobierno de la India. El nuevo ente sería
a partir de ahora – de cara hacia el futuro - un actor fundamental a la hora de arbitrar en
el conflicto. La intervención de la ONU sería determinante y caracterizaría una de las
consecuencias más importantes del mismo: la internalización del conflicto. A partir de
allí, los ojos de las principales potencias que se iban agrupando en este nuevo mundo

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bipolar, y que caracterizarían el conflicto en la segunda mitad del siglo XX, posarían su
mirada allí.

Más allá de las connotaciones negativas posteriores que surgieron en torno a la


intervención de dicho organismo internacional, es menester destacar aquí que el mismo
conseguiría un alto al fuego entre las partes, y lograría acercar a las mismas por medio
de la negociación y, lo que es más importante, por la aceptación de la idea de llevar a
cabo un referéndum entre la población como forma de resolución. Desafortunadamente
sabemos que la plasmación real del referéndum jamás sería posible, y que, de la misma
manera, el entendimiento entre ambos países fallaría rápidamente.

En relación con estas conclusiones, más que claras son las palabras de Cortes Pinzón
al respecto: “La profunda desconfianza entre India y Pakistán limitó notablemente la
puesta en práctica del plebiscito, pues ninguno de los Estados estaba dispuesto a ceder
si el otro no lo hacía. La comisión enviada, trató de disuadir a ambos gobiernos con la
posibilidad de recurrir al arbitraje; pero el gobierno de India vislumbró en este hecho,
una violación de su soberanía. De esto se desprende la renuncia de ambos Estados
para retirar totalmente a las tropas del territorio disputado y la poca disposición para
mantener relaciones bilaterales armoniosas” (2012; p20).

Entrada la década del 50, la necesidad de lograr un entendimiento entre ambas


naciones en materia de cooperación, llevaron a que sus gobernantes buscaran lograr
acuerdos en políticas conjuntas relativas al transporte, la irrigación, la comunicación y
la defensa del territorio, en especial en la zona fronteriza con China. Como era de
esperarse, en cada negociación, Cachemira terminaba obnubilado a sus gobernantes,
y por consecuencia, sus posturas se hacían irremediables.

La religión tiraba, pujaba en Pakistán, más de lo que en otra parte, por lo que no podía
ni debía, por el bien de su país, abandonar la cuestión cachemir: la falta de Cachemira
dejaba su nación <incompleta>. “La identidad de Pakistán como la tierra de los
musulmanes del sur de Asia quedaba quebrada ante la existencia de una mayoría
musulmana no integrada” (Silvela Díaz y Vacas Fernández, 2006; p50). Por su parte, la
India veía en la intervención de las Naciones Unidas una especie de violación a su
soberanía, que ya no sería más tolerada: en 1951, el gobierno hindú derogaba el tratado
con la misma, alegando para ello que el conflicto era doméstico, y como tal debía ser
resuelto. La intromisión de las Naciones Unidas allí ya no era necesaria.

Más allá de los planteos dados por ambos Estados, el grupo de Observación de dicho
organismo no se disolvió, y por cierto tiempo siguió controlando el cese al fuego en la
Línea de Control.

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Con el nombramiento de un nuevo primer ministro en Pakistán en 1954, se volvió a


intentar, otra vez, un acercamiento con la India. Pero aquí, más allá de las posibles
diferencias entre los mismo, fue la opinión pública y el malestar creciente de la población
la que terminó por dilapidar las negociaciones. Ese mismo año, el rumor de una nueva
amenaza india sobre el territorio, dio el principal argumento a Pakistán para solicitar
ayuda frente a los Estados Unidos. Muy fácil es llegar aquí a la conclusión de que el
país árabe creía, en pleno contexto de la guerra fría, que si levantaba la bandera de la
lucha contra el comunismo a la par del país del Norte, - y con mayor importancia el pleno
territorio asiático - recibiría protección y colaboración ante cualquier enfrentamiento que
la India pudiera realizar.

Más allá de cualquier interpretación, Pakistán obtuvo su ansiada ayuda militar


estadounidense, pero solo podía valerse de la misma si unilateralmente la seguridad
interior de su país estaba en peligro: específicamente en peligro real.

Para la India, la aparición en el tablero de juego de los Estados Unidos, y su alineamiento


con su principal enemigo, generaba demasiados temores, de ahí que la respuesta más
inteligente fue la negación final de realizar el plebiscito. Además, si Pakistan podía y
tenía el atrevimiento de entrometer a una potencia extranjera en un conflicto
considerado por ella interno; ahora la India también se veía con el derecho de jugar con
la misma moneda. Así fue como se alió con la Unión Soviética “quien prometió
garantizarle su neutralidad en el contexto de la Guerra Fría e impedir cualquier
intervención imperialista en el territorio que se disputaba con Pakistán” (Cortes Pinzon,
2012; p25).

A nivel interno, en Cachemira, la cabeza más importante – la del Sheik – era destituida,
y en su lugar se posicionaba un nuevo jugador en el tablero, que también se integraba,
con mayor fuerza que la anterior, en el grupo de la India. De ahí que Pakistán fuera
ahora el que le llorara la carta a las Naciones Unidas, tantas veces vapuleada durante
el conflicto. El intento de intervención y repartición del territorio plasmado por dicho ente,
otra vez fue un rotundo fracaso; de ahí que insistiera otra vez, en volver a la cuestión
planteada en 1949: el plebiscito.

Como nos dice Cortés Pinzón “la situación no mejoró los meses siguientes, los intereses
en pugna y la posición de cada uno de los Estados conducían solo a puntos muertos,
de modo que las soluciones se veían cada vez más lejanas” (2012; p26).

Entrada en la década del 60’, y gracias a los esfuerzos conjuntos de los gobernantes de
ambas regiones, se logró formular diversos tratados, entre ellos el de las aguas del Indo,
así como la intención de detener la amenaza que representaba el país chino para ambos

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estados. Como bien sabemos, dos años después estallaría la guerra entre la India y
China, de la cual estarían pendiente las potencias occidentales. No escuchando las
advertencias de Washington, y para rematar la situación, al mismo tiempo que esto
sucedía, Pakistán cambiada de opinión frente a lo pactado a comienzo del periodo, y
entablaba relaciones positivas con el gobierno chino. Como afirmaban los pobladores
hindúes en esa época, un nuevo enfrentamiento entre India y Pakistán se avizoraba ya
sobre el horizonte.

Este nuevo conflicto también fue en parte deseado y llevado a cabo por Pakistán, como
respuesta al poderío militar y tecnológico que la India iba adquiriendo con el paso del
tiempo. Pakistán debía apresurarse a ganar Cachemira pues si un estado como la India,
significativamente importante en logística y población, se hacía de excelente tecnología
y mejoraba su aparato militar frente al pequeño país musulmán, sería invencible. Al
mismo tiempo, su apresurado interés se unía a la cada vez más creciente pérdida de
autonomía del principado cachemir: los líderes musulmanes querían explotar el
resentimiento que se avizoraba en la población frente a la progresiva centralización;
pero como nos dirán Silvela Díaz y Vacas Fernández, “este resentimiento anti-indio fue
erróneamente percibido como pro-pakistaní por las autoridades de este país” (2006;
p54), que vieron fracasados – comenzada ya la contienda – sus planes para movilizar a
la población descontenta en ayuda de las fuerzas armadas musulmanas.

La segunda guerra entre ambos estados no solucionó la cuestión, ya que, ninguno de


los dos bandos había logrado sus objetivos; además, la cantidad de bajas fue muy
grande, sumándose así al sin fin de muertos provocados desde la independencia. El alto
al fuego llegó en septiembre gracias a la presión diplomática llevada a cabo por los
países occidentales; al mismo tiempo, la Unión Soviética, presionó para que se llevará
a cabo una conferencia de paz en Tashkent, en 1966. Como sabemos, los esfuerzos
en materia de paz fueron totalmente inútiles, “seis años después ambos países volverían
a las armas, aunque esta vez no por Cachemira” (Silvela Díaz y Vacas Fernández, 2006;
p58), o solo en parte…

Entre las principales consecuencias de la segunda contienda encontramos la gran


cantidad de bajas sufrida por ambas fuerzas armadas, como también la gran baja de
población civil; y al mismo tiempo, la escasez de provisiones y material bélico que la
misma produjo. De ahí que ambos Estados decidieran sumarse a la ahora nueva
dinámica internacional creada por la Guerra Fría: disuasión a través del armamento
nuclear y persuasión frente al oponente. También para entender el futuro enfrentamiento
bélico entre ambos, es menester tener en cuenta, que durante el periodo de

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entreguerras (1966 a 1971) cada país había empezado a ocuparse del interior de sus
respectivos territorios; principalmente Pakistán, con graves problemas poblacionales y
tendientes a una futura secesión de la región oriental.

Sabemos también que el detonante del último gran conflicto indo-pakistani dado por los
mismos líderes musulmanes viene por ahí: fue la ayuda prestada por la India a las
poblaciones que huían de esta guerra civil, y luego el reconocimiento del nuevo Estado
de Bangladesh las que detonaron en parte este conflicto. Digo en parte, porque en la
actualidad se ha llegado a la conclusión de que solo fue la excusa más oportuna que
tuvo Pakistán para iniciar un nuevo conflicto sin violar el tratado de Tashkent del cual
eran garantes las potencias del hemisferio. En el fondo sabemos que el problema
principal todavía seguía siendo Cachemira: Amristar fue el escenario principal de esta
contienda y todavía hoy pertenece al estado de Jammu y Cachemira…

Esta guerra denominada como la guerra de los catorce días fue la más sangrienta que
se presentó entre los dos estados, pues a pesar de su poca duración las bajas para
ambos bandos fueron numerosas. En diciembre de 1971 el ejército pakistaní asentado
en Dacca se rindió y anunció un alto al fuego: la India ya controlaba la situación (Cortes
Pinzón, 2012; p41).

Intentando realizar una conclusión, podemos decir que a pesar de que nunca se resolvió
la cuestión cachemir por medio de un conflicto armado, ni tampoco por medio de la
mediación de las Naciones Unidas o las potencias extranjeras, y en última instancia, con
el intento de paz en Tashkent como con el tratado de Simla en el 71’, los conflictos, si
bien ya de baja intensidad, siguieron dándose a lo largo de todo el periodo final del siglo
XX, y como veremos continúan sin cesar en pleno siglo XXI. Las consecuencias de este
medio siglo de enfrentamiento ya están más que claras, pero es menester destacar y/o
agregar aquí un par de graves consecuencias que terminó por dejar el último gran
enfrentamiento y que en la actualidad ponen en vilo a toda la comunidad internacional:
el problema terrorista, que comienza incipientemente durante dicha contienda, y el
crecimiento nuclear y su utilización – o mejor dicho la amenaza de su utilización – ante
futuras hostilidades.

3. Efervescencia religiosa y vulneración de derechos: el terrorismo


como nuevo factor de lucha
Cómo sabemos, si bien las diferentes contiendas nunca dejaron a un ganador claro y
bien posicionado, se podría hablar de un “perdedor” en cada una de las jornadas, y este
era sin dudas Pakistán. Luego de los tratados de paz propiciados por el último gran
conflicto dicho país comenzaba ya a “considerar imposible un enfrentamiento militar

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abierto con la India, ya que este había demostrado una superioridad técnica y numérica
a la que no podría hacerle frente” (Alcalde; 13). De ahí que, y también durante el último
conflicto, comenzara por buscar apoyo en la población civil y principalmente entre los
jóvenes insurgentes cachemires.

El terrorismo hizo su aparición en la región, particularmente en Cachemira, ya a partir


de 1971 con un episodio de secuestro de avión y una post explosión del mismo; sin
embargo, más allá de este episodio, su arista violenta comenzó a vislumbrarse con
mayor potencia hacía 1989, una vez finalizada la yihad contra las fuerzas soviéticas en
Afganistán. En este periodo se empieza a apreciar un cambio rotundo en la mente de
los jóvenes cachemires - imbuidas por los sucesos internacionales, el crecimiento del
panislamismo en regiones cercanas y el repudio ideológico y religioso hacia los “infieles”
- ya que empiezan a dejar su papel pasivo, de espectadores en dicha contienda, para
reemplazarlo por un papel activo, mirando ahora la lucha como suya. Una lucha que ya
también vislumbran algunos grupos como independentista.

A partir de su aparición y radicalización, la región que comprende dicho estado ha


sufrido matanzas, destrucciones, inseguridad, raptos, como nueva modalidad de lucha:
“el terrorismo reclama la presencia de las Fuerzas Armadas Indias, fuerzas policiales,
paramilitares, en números superiores y por tiempo más prolongado” (Díaz Criado y
Vacas Fernández, 2006; p93). Además, la lucha brutal contra el terrorismo termina
decantando en una nueva modalidad de acción por parte de dichos grupos; aparece así
el despreciado terrorismo suicida.

También es muy importante considerar que, una vez radicalizados estos movimientos,
se difumina ya el horizonte por el cual estos se originan, y comienza una ola de terror
que ya no reconoce amigos ni enemigos: poco tiempo de iniciado el movimiento
terrorista, las organizaciones de este calibre se multiplican por toda Jammu y
Cachemira. Estas ya no tienen un objetivo común, estos ya han cambiado, o se mezclan
y entremezclan ahora con contiendas políticas específicas de cada región, o se
encierran en las luchas facciosas.

La política tradicional pakistaní, junto con las elecciones por demás fraudulentas
terminaron por echar más leña a este fuego que se había expandido por todo el territorio.
Los jóvenes y los líderes populares locales que se presentaban a las elecciones con el
MUF (Frente Unido Musulmán), y que eran víctimas del fraude electoral, terminaban por
crear sus propias organizaciones – muchas veces al margen de la ley – como nueva vía
de acceso a la política y con una modalidad diferente de acción: la violencia. Entre estos
grupos se encontraban, por un lado, el HM fundado por Yusuf Shah, siendo la principal

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guerrilla pro paquistaní, y por otro, de la mano de Yasin Malik, el Frente de Liberación
de Jammu y Cachemira, guerrilla que reivindicaba la independencia tanto de Pakistán
como de India. Es menester destacar ahí que estos grupos prosiguen su actividad en la
actualidad, y sus líderes son hoy los hombres más buscado por las Fuerzas Armadas
Indias.

La escalada terrorista continuó durante el periodo en el que estuvo como primer ministra
Benazir Bhutto, ya que su postura conciliatoria frente a la cuestión Cachemir y su intento
de lograr cordiales relaciones con el gobierno de Delhi, provocaron un mayor malestar
social: la presión popular de reanudar el conflicto con la India, crecía cada vez más al
son del incipiente crecimiento nuclear – que creaba un espíritu de invulnerabilidad en
toda la nación – así como también, en parte, por el apoyo militar dado a estas
reivindicaciones, en parte por el ISI (servicio de inteligencia pakistaní), y en parte por los
grupos insurgentes y paramilitares, de entre los cuales resaltaba el HM.

A éste proceso se le agregan además dos factores determinantes que complicaban aún
más la situación: en primer lugar, los ahora muyahidines libres, muchos de origen
pastún, se ofrecían para continuar en Cachemira, la lucha por el Islam que habían
empezado en Afganistán. Los nuevos grupos terroristas e insurgentes engrosaban cada
día más sus filas de seguidores y reclutas financiados, además – y no es un dato menor
– por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Por otro lado, la India, que se
encontraba en plena expansión económica, se veía ahora afectada por la guerra del
Golfo, por lo que Cachemira se relegaba en su agenda a un lugar muy atrás.

La explosión terrorista definitiva se puede apreciar con mayor visibilidad en la primera


mitad de la década de los 90’. Fue también durante este periodo cuando el estado
pakistaní, y en mayor parte su fuerza de inteligencia (ISI), comenzaron a subvencionar
económicamente al grupo a HM, a costa del Frente de Liberación de Jammu y
Cachemira, ya que este flameaba la bandera de la independencia. Por consecuencia,
“el HM se desligó de la mezcla con la política que aún caracterizaba al JKLF, se hizo
más islamista y se dedicó al terrorismo puro, atrayendo gran número de jóvenes
radicales a sus filas (Díaz Criado y Vacas Fernández, 2006; p98)”. Además, en este
periodo la violencia pasó de encauzarse en la población musulmana a expandirse a la
población en general, y a las castas hindúes de la zona en particular.

Como dirán dichos autores, “la expansión de la violencia fue contestada desde el lado
indio mediante policía y Fuerzas Armadas. Se reforzaron las guarniciones militares y se
emplearon cuerpos paramilitares específicos en un esfuerzo por contrarrestar el número
cada vez mayor de insurgentes. La policía local se mostró totalmente ineficaz (…) Por

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ello se reforzaron en gran medida las dotaciones de dos cuerpos policiales de carácter
paramilitar” (2006; p99).

Fig.6 Protestas en Cachemira por la muerte de un líder guerrillero

Por otro lado, en parte


relacionado con la escalada terrorista y sumamente importante también, ha sido el tema,
reiterado por las agencias internacionales, de la vulneración de derechos humanos en
la región. La situación de Cachemira en torno a estas cuestiones es la que peor se
encuentra en el sudeste asiático, y en el mismo continente en general. También aquí
podemos remontarnos al momento de la partición, ya que no son hechos para nada
nuevos. La violencia reiterada en la región proviene de antaño, desde los conflictos
suscitados en las vísperas de la independencia y la partición. La violación de los
derechos irá en aumento en el momento del éxodo, y se exacerbará con la entrada en
juego de los grupos guerrilleros y terroristas.

Como nos dicen Benítez García y Feldt, “en las zonas de Cachemira controladas por la
India, se producen habituales violaciones de los derechos humanos, tanto por parte de
los militantes musulmanes que luchan por la independencia y que históricamente han
tenido apoyo pakistaní, como por parte de las fuerzas de seguridad indias y sus grupos
paramilitares. Las acusaciones son concretas, e incluyen casos documentados de
ejecuciones sumarias, violaciones, violencia sexual contra las mujeres, tortura y
desapariciones” (2010; p18).

También debemos destacar aquí que la lucha diaria de las mujeres de Cachemira contra
las diferentes formas de discriminación, sometimiento y abuso que padecen desde el
inicio del conflicto ha sido, tradicionalmente, ignorada. La mayoría de los actos de
violaciones se dan en tareas de reconocimiento, donde las que están en casa
generalmente son las mujeres. Allí la justificación muchas veces no está clara: o sus
maridos son insurgentes, o ayudan a insurgentes, o sólo satisfacen su placer. Para una

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mujer cachemir, el mero hecho de nacer y vivir allí supone el riesgo de sufrir en algún
momento de su vida un hecho de violación, o varios. Por otro lado, es menester aclarar
que también los grupos insurgentes usan esta “modalidad de lucha” bestial.

Para esto no hay palabras más explícitas que las de las autoras antes citadas:

- “En primer lugar, en el marco de un conflicto armado, y especialmente cuando en él


intervienen cuestiones directamente relacionadas con la identidad religiosa, como
es el caso que nos ocupa, las mujeres tienden a ser tomadas como objetivo por su
posición de debilidad y por su simbología dentro de una estructura familiar patriarcal
que hace recaer, sobre sus espaldas, el honor de la familia. Se convierten, así, en
víctimas de crímenes de diversa índole.

- En segundo lugar, la profanación del cuerpo femenino mediante la violencia sexual


o física se utiliza para deshonrar al enemigo. Entran en esta categoría violaciones
como la sexual, la prostitución forzada, la esclavitud sexual, el embarazo forzado o
el aborto forzado.

- Por último, la violación supone la violación simbólica de la comunidad enemiga, la


destrucción de los elementos fundamentales de su sociedad y su cultura, la última y
más profunda humillación del enemigo macho.” (Benítez García y Feldt, 2010; p 23-
24).

Todas estas cuestiones


nos permiten calificar a
Cachemira como una
tierra de nadie, donde se
hace y deshace; y donde
la que sufre
desmesuradamente es su
población. La
independencia, la
partición, las guerras, la
aparición en la escena de
Fig.7 Protesta de mujeres cachemires por el secuestro de niñas jóvenes
los grupos terroristas, y la
violencia inusitada, se han hecho visibles allí más que en otra región -y/o lugar del
subcontinente -, y su población ha sufrido las reiteradas vejaciones que las mismas han
dejado, y con mayor frecuencia y grado de impunidad, las mujeres, tanto musulmanas
como hindúes. La ideología religiosa ha jugado en esto un papel fundamental. La

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población cachemir es una población diezmada: la resistencia y la sobrevivencia son


una pauta de vida.

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CAPITULO 4
“El fuego cruzado en la
actualidad”

1. La India y Pakistán como nuevas potencias nucleares

Un interrogante importante que también surge a partir el último conflicto en Cachemira


tiene que ver con el abastecimiento de arsenal bélico, y el crecimiento tecnológico con
respecto a esto. Entrada ya la década del 80’, comienzan a proliferar estudios científicos
de todo tipo - en ambos países - centrados en la posibilidad de hacerse de la energía
atómica, pensada como potencial fuerza a utilizar en un futuro cercano frente a su
enemigo tradicional. El principal interés en este tipo de energía por parte de ambos
países estaba más que claro: sería el medio por el cual disuadir y persuadir al enemigo
frente a un futuro conflicto por la región en cuestión; además las pruebas que pronto
comenzaron a realizarse serían vistas como una demostración de fuerza en la rápida
carrera armamentística que ambos países experimentaron en el último cuarto del siglo
XX.

Diversos autores plantean que “ya en 1990 ambos Estados disponían de bombas
nucleares que podían transportar y lanzar en avión” (Díaz Criado y Vacas Fernández,
2006; p 105). En efecto, en mayo de 1998 la India, por ejemplo, llevó a cabo varias
explosiones nucleares, las cuales rápidamente fueron interpretadas por Pakistán como
una amenaza: el país musulmán mostró también sus cartas, lanzando varias bombas
nucleares de prueba en la región de Baluchistán.

Las diferentes pruebas cejaron en su intensidad tras las sanciones recibidas por parte
de los diferentes países comprometidos en el desarme tras la finalización de la Guerra
Fría, entre ellos los Estados Unidos, Japón, varios gobiernos europeos y el G8. Ante las
disposiciones que exigían el desarme inmediato por parte de ambos Estados, y al ver
que los principales países que se comprometían aún mantenían su arsenal, la India, que
estaba incluida dentro de la categoría de Estado Nuclear, rechazó las obligaciones y
recomendaciones hechas por los entes específicos.

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Como se puede apreciar


de forma muy clara, más
allá de las razones
científica o económicas,
que por cierto si existen,
son más potentes los
argumentos en materia de
estrategia y defensa
militar, y sobre todo en
Fig.8 Misil pakistaní en pleno desfile materia política, los que
explican la decisión de
ambos Estados al mantener el arsenal nuclear y negar los pedidos de la sociedad
internacional. Aquí es menester destacar, más allá de esta generalidad, que las razones
que poseen ambos estados son más que diferentes. La negativa pakistaní, por ejemplo,
plantea como argumento, más que nada, la amenaza supuesta que representa su país
vecino y rival. En otras palabras, podemos decir que Pakistán no se ha abastecido de
este tipo de armamento pensando en la política global o continental, sino más bien
pensando en un ámbito más regional, o más reducido aún: Cachemira. “Está
generalmente aceptado, sobre todo en Pakistán, que sus líderes recurrieron a la
amenaza nuclear durante la crisis de 1987 y 1990 como forma de subrayar su
determinación en detener potenciales ataque e invasiones indias” (Diaz Criado y Vacas
Fernández, 2006; p109).

También, desde el punto de vista indio, se contempla este argumento; sin embargo,
dicho país posa su mirada mucho más lejos que su rival. La visión política internacional
de la India es mucho más global, por lo que su preocupación estratégica, más allá de
Pakistán – que no deja de
ser su principal interés -, se
refiere también en tema
nuclear, a la preocupación
que suscita el gran país
chino.

En la actualidad los ojos del


mundo están posados en el
sudeste asiático, y con
mayor atención en el
territorio cachemir, tanto por la Fig.9 Primer misil de largo alcance de la India

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amenaza nuclear que representa un futuro conflicto – sabemos que sus gobernantes
son proclives a provocarlos -, como por la creciente escalada terrorista que se está
experimentando ya desde la última gran contienda. La realidad nos demuestra que
ambos países han continuado con su producción nuclear y que han engrosado cada vez
más su arsenal militar, por lo que las hostilidades lejos de llegar a fin a la paz, están a
flor de piel.

2. El conflicto en pleno siglo XXI


Ya fuimos tocando en diferentes apartados la variación del conflicto a lo largo de las
últimas décadas del siglo XX. Sin embargo, si bien nos centraremos aquí en su
prolongación en el siglo XXI, es menester destacar algunas cuestiones que tuvieron su
aparición en esta historia en los últimos años de la década de los noventa.

Como sabemos las grandes guerras y hostilidades frenaron levemente desde el final
incierto que desató el último gran conflicto indo-pakistaní en 1971. A partir de ese
momento, dichos países se volcaron hacia su interior, más que nada Pakistán con
importantes conflictos internos, relacionados con la política corrupta y la aparición de
resistencias y grupos guerrilleros. Por lo tanto, los conflictos que se irán tejiendo a partir
de aquí y que irán en escalada hasta 1999 serán entendidos por los estudiosos como
conflictos de baja intensidad.

Hablar de conflictos de baja intensidad es relativo, en parte porque es el periodo donde


la producción nuclear y la acción terrorista se posicionan en un puesto muy importante,
así como también, por otro lado, las hostilidades entre las poblaciones, entre los grupos
insurgentes, y los militares indios no cejan y se hacen cada vez más violentas. Es en
este periodo donde la población civil hace la causa suya. Pero algo es totalmente cierto,
se ha dejado de lado la modalidad de lucha más común en la región: la guerra abierta.

El conflicto poco a poco se iría reanimando al son de los pedidos y actos violentos
llevados a cabo por el HM y el Frente de Liberación de Jammu y Cachemira, por la
presión pública que se generó en torno a dicho conflicto sobre sus gobernantes, y en
particular, como consecuencia del crecimiento nuclear llevado a cabo por ambos países.
La demostración de fuerza de la India reavivó viejas pasiones, y los gobernantes
pakistaníes no pensaron en otra cosa más que en responder. El resultado fue una serie
de pruebas nucleares, demostraciones militares, desfiles con los misiles frente a su
población para demostrar de qué estaban hechos, para intimidar, y amenazar con utilizar
ese armamento, si algún país violaba lo pactado con respecto a Cachemira.

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Debido a la intromisión de las Naciones Unidas y de la comisión de desarme, y también


en parte a la intención de ambos gobernantes de ese período, ambos países llegaron a
la firma el 21 de febrero de 1999 de la Declaración de Lahore, por medio de la cual se
comprometían a dar su máximo esfuerzo en cejar su contienda, y llegar por lo pronto a
un entendimiento sincero y duradero, que les permitiera lograr a una confianza mutua.
Como de costumbre, dicho tratado no pudo zanjar las disparidades ideológicas y
religiosas ligadas al conflicto por lo que, unos meses después, en julio, comenzó un
nuevo enfrentamiento armado en Kargil, donde se infiltraron grupos pakistaníes, que
luego fueron abatidos por aviones indios. “El conflicto duró pocos días y culminó con el
retiro de los pakistaníes siguiendo lo estipulado en el acuerdo de Washington auspiciado
por los Estados Unidos” (Hernández Sierra, 2014; 17).

La consecuencia más importante de la retirada pakistaní fue la conformación de nuevos


grupos terroristas, que van a intentar mantener vivo el enfrentamiento a toda costa.
Estos grupos, entre los que destacamos el LeT y JeM, entre otros, con mayor
componente religioso en su formación, seguirán siendo financiados por el estado
musulmán. Contarán con mayor apoyo de la población pakistaní local, así como con el
de los muyahidines afganos que estarán más interesados en la causa del integrismo
religioso. Los ataques de fedayines, vulgarmente llamados terroristas suicidas, se irán
haciendo cada vez más patentes, ahora no solo contra cuarteles y guaridas militares,
sino también en zonas de acceso a la población civil, que en parte sufrirá sus atentados.

El punto más álgido de atentados provocados por estos fedayines se dará en el año
2001, con el frustrado ataque en el Parlamento indio en Nueva Delhi. De esta manera,
el conflicto prosiguió, ya que “se lanzó una operación contra las bases guerrilleras en
Jammu y Cachemira y se inició una intensa ofensiva diplomática y militar contra Pakistán
por su apoyo a las mismas” (Diaz Criado y Vacas Fernández, 2006; p101). En 2002 el
líder Musharraf anunciaba la retirada del apoyo a ciertas organizaciones con el fin de
terminar hostilidades, por pedido expreso de los países occidentales – recordemos que
todavía estaba latente en la sociedad occidental el atentado del 11 de septiembre -. De
todas maneras, los atacas fedayines continuaron y se intensificaron en Cachemira en
pleno 2002, con el ataque a un autobús público, con el saldo de muerte de niños y
mujeres. Musharraf siguió intentando detener estos actos repudiables por lo que
también se convirtió en víctima de atentados: se cree que estos grupos pudieron estar
vinculados con Al Qaeda. India por su parte a lo largo de dicho año intento hacer lo
mismo, por lo que se logró que también se celebrarán elecciones en Cachemira.

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La situación cambió a lo largo del año 2003, donde se dieron movimientos


esperanzadores, y aunque las relaciones no mejoran del todo, se mantuvieron paradas
y se negoció durante todo el 2004. Ese año, se abrieron las rutas de tren y autobús en
la región. Sin embargo, no era una solución definitiva.

En octubre del 2005 en Delhi se producen una serie de atentados, de grupos


insurgentes, que moviliza las hostilidades latentes nuevamente. Como nos dirá
Masteferrer “los atentados, en definitiva, se erigieron en el punto de inflexión clave del
2005, mandando a ambas partes a atrincherarse de nuevo en sus alejadas posiciones
iniciales” (2006; p203). Como
consecuencia de esto la
situación se volvió a complicar
en el glaciar de Siachen, que
delimita ambas partes de
Cachemira en la zona del
Karakorum, y que es en la
actualidad el punto más alto del

Fig.10 Hombre de Cachemira herido luego de los


mundo donde se producen
enfrentamientos del 2014 conflictos armados.

Las noticias que nos van llegando en la actualidad desde este periodo, son noticias que
nos muestran todavía hoy, ataques pertrechados a civiles y militares, a grupos
insurgentes, que lejos de terminar se siguen produciendo cada vez más y más. Los
ataques de Nueva Delhi contras los
terroristas cachemires, y los del Islamabad
en territorio cachemir indio, comenzaron a
extremarse a partir del 2014, y se
prolongaron durante todo el 2015 y 2016,
como lo atestiguan diferentes noticias y
fotografías, y por supuestas las cuantiosas
víctimas.

Fig.11 Soldados paramilitares indios patrullando territorio


cachemir (2016)

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“Consideraciones finales”

A partir de este recorrido hecho en los diferentes capítulos trabajados en esta


investigación, podemos dar cuenta, que la hipótesis planteada al comienzo de la misma
es acertada para explicar y entender la situación conflictiva actual en torno a Cachemira.

Como bien pudimos identificar, la existencia de diferentes etnias y grupos religiosos en


la región, caracterizaron las relaciones políticas y sociales a lo largo de la historia del
subcontinente, a la vez que dos grupos sobresalientes y numéricamente mayores –
hindúes y musulmanes - fueron configurando una conciencia nacional identificada con
su fe. Dicha configuración, fue acelerada por la conquista y posterior anexión de su
territorio al Imperio británico, lo cual también provocó – a base de políticas y medidas
diferentes, y de cierto favoritismo – una separación mucho más tajante que antaño entre
los dos grupos trabajados.

Desde el vamos, las posturas ideológicas y religiosas de ambos grupos eran contrarias
y en parte excluyentes, más allá que el hinduismo planteará en algún momento, la
mancomunidad con todas las religiones. La historia de la región nos muestra que ya
desde épocas más lejanas, la unidad territorial, sería casi imposible de forjarse. ¿Por
qué debía ahora producirse? Las razones dadas por el Congreso Nacional Indio eran
claras, pero no terminaban de conformar a los musulmanes, que históricamente habían
soñado con un Estado puro y separado.

La idea de conformar parte del Imperio británico tampoco era acertada o positiva: ni el
Partido del Congreso ni la Liga, querían seguir dependiendo de un país imperialista
como había demostrado ser el inglés: tanto indios como musulmanes estaban hartos
del poder que la corona ejercía, y ese era el punto de interés que unía a ambos grupos.

La situación internacional que afectaba a Gran Bretaña, tanto durante la primera guerra
mundial, como durante la segunda, darán impulso a los actores para organizar
movimientos que ya tenían una matriz independentista. Pero, el punto de inflexión será

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marcado por el fin de la segunda guerra mundial y el proceso de descolonización que a


esta le siguió; ya que la lucha de independencia, terminó por exacerbar las diferencias
político-ideológicas y religiosas de ambos grupos en cuestión, y decantó en la partición
del subcontinente indio en dos estados diferentes, y en el inicio de un conflicto que se
avizoraba con final incierto.

Cachemira debe en parte su situación a las irreconciliables posturas ideológicas de los


grupos que la integran, pero más que nada, a la política inglesa para la independencia,
y a la determinación de sus gobernantes de elegir en función de sus necesidades. Lo
que pasó tras esto ya lo sabemos; como también sabemos que este conflicto que se
inició formalmente en el 1947’ fue aumentando en consideración y en proporción hasta
convertirse en la actualidad en una preocupación internacional. Dicha preocupación es
debida a la violencia que se inició en aquel periodo, así como a la posterior conformación
de grupos terroristas fundamentalistas, y a la carrera armamentística nuclear seguida
por ambos países, que terminaron por convertir a Cachemira - una tierra de nadie,
arrasada – en el objetivo de las realizaciones religiosas y geoestratégicas tanto de India
como de Pakistán.

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o BIBLIOGRAFÍA

- Metcalf, Bárbara y Thomas, “Historia de la India” Cap. 6,7,8,9 – España, 3ra Edición
Akal, 2014.
-Anderson, Perry, “La ideología india” España, Ediciones Akal,
2017.
- Hernández, Enrique, “Análisis jurídico y político del
conflicto de cachemira entre India y Pakistán y sus implicaciones en las
relaciones internacionales” Uruguay, 2014.
- García, Alba Benítez y Feldt, Christina, “El conflicto armado de
Cachemira: la dimensión de género en el conflicto” Mon-3 Globalización, Desarrollo y
Cooperación, 2010.
- Cortes Pinzon, Sandra Melissa, “Análisis del conflicto
indo-pakistaní, por la región de Cachemira durante el periodo comprendido entre 1947
y 1972” Bogotá, Facultad de Relaciones Internacionales, 2012.
- Alcalde, Maria Celeste; “Conflictos indo-pakistaníes en torno a
Jammu y Cachemira” Universidad Nacional de Río Cuarto.
- Gonzalez, Garcia G, Miranda Mercado M, y Perez Rodriguez P. “Perspectivas y
análisis sobre el conflicto entre Pakistán e India por
la región de Cachemira” México, Seminario de relaciones internacionales, 2005.
- Silvela Díaz-Criado, E. y Vacas Fernández, F. “El
conflicto de India y Pakistán” Madrid, Conflictos Internacionales Contemporáneos
Tomo 5, 2006.

PÁGINAS WEB CONSULTADAS:

-https://elpais.com/internacional/2016/09/29/actualidad/1475149802_702374.html

-https://elpais.com/internacional/2016/08/01/actualidad/1470050800_950805.html

-https://elpais.com/internacional/2014/12/05/actualidad/1417797719_833134.html

-https://elpais.com/internacional/2014/10/09/actualidad/1412879808_365697.html

-http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-38086911

-http://www.infobae.com/america/mundo/2016/11/14/mas-tension-en-cachemira-
pakistan-acusa-a-india-de-matar-a-7-de-sus-soldados/

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-http://www.infobae.com/america/mundo/2016/11/23/pakistan-acuso-a-la-india-de-
atacar-con-artilleria-un-autobus-hay-al-menos-11-civiles-muertos

-http://www.infobae.com/america/mundo/2017/07/17/india-defendio-su-derecho-a-
represalia-tras-matar-a-cuatro-soldados-paquistanies-en-cachemira

-http://www.elmundo.es/internacional/2017/07/03/5958c72ee2704eb57c8b4589.html

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o ANEXO

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Sheikh Abdulah hablándole a la población de Cachemira

Tropas pakistaníes en la guerra del 71’

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Tropas pakistaníes en la guerra del 47’

Bombardeo indio en la guerra del 71’

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Aviones de la fuerza área pakistaní en el 71’

Oficiales pakistaníes deponen las armas en el 71’

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Líderes de las fuerzas armadas de ambos países en marcha a la firma de la


rendición

Firma del acuerdo de Simla

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Demostración de misiles indios en pleno siglo XXI

Misiles pakistaníes en pleno siglo XXI

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Protestas separatistas en Cachemira

Ataque indio a la población cachemir

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Civiles de Cachemira heridos en manifestación

Soldados en las calles de Cachemira

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Protestas actuales

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