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ACCIÓN CATÓLICA ARGENTINA - Mar adentro

INTRODUCCIÓN

“Toma y lee”.
Esta fue la voz que oyó un día en Milán, antes de su conversión. San Agustín
Obispo y Doctor de la Iglesia: “ Tolle et lege”.
A ti, querido apóstol, que buscas sendas abiertas a tu apostolado, te repetimos
la invitación hecha un día a San Agustín: “ Toma y lee”.
El libro que tienes en las manos es importante y puede abrir una etapa funda-
mental en tu vida apostólica.
Por eso te lo entregamos, para que Dios N. S. Te hable a través de sus páginas.
El Asesor, el Presidente o cualquiera de tus Dirigentes te lo irá explicando de viva
voz. Esto será bueno, pero no suficiente.
Es necesario que lo leas, meditando.
Llévalo contigo, léelo, reléelo.
Procura, sobre todo, asimilar su espíritu, que es de amor, de profundo amor a la
Iglesia y a las almas.

“Due in altum...”.
“Mar adentro...” dijo un día Jesús a sus Apóstoles y ellos, fijándose en Su palabra,
soltaron las amarras y se hicieron ala mar.
He aquí lo que estas páginas te dicen: “Mar adentro...”.
El Centro ó Círculo de Acción Católica a que perteneces es la base de operaciones,
el puerto desde el cual el militante de la Acción Católica se hace a la mar y al que es
bello, dulce útil y necesario volver continuamente para retemplar las fuerzas al calor
de las prácticas formativas, al calor de la amistad fraterna y a la luz del recíproco
estímulo y ejemplo.
Pues bien, así como para la nave el campo de acción es el mar abierto, así para el
militante su misión se llena, sobre todo, en el seno de la sociedad.
Observa en la vida cuán diverso es el rendimiento del que cree y del que no cree...;
muchas veces has advertido que un acto de bondad puede conquistar los corazo-
nes...; conoces la vida de muchos seres a tu alrededor y te sientes, por la gracia de
Dios, distinto, más cristiano.
Cada día que pasa te va dando una visión más realista del mundo en que quieres
penetrar.

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Tu Centro o Círculo Parroquial, célula de la Acción Católica Argentina, subordinado


directamente a ese primer escalón de la jerarquía de la Iglesia que es el Párroco, no
alcanza, en la generalidad de los casos, a abarcar toda tu vida.

Has de continuar tu apostolado de colaboración en la parroquia, que es funda-


mental. Pero has de llevar a Cristo a todos los “ambientes” que frecuentas en tu vida,
puesto que buena parte de tu tiempo lo pasas en relación con muchos semejantes
tuyos, hombres y mujeres que tienen olvidado a Cristo.

Tu apostolado individual debe sumarse y multiplicarse con la formación de cé-


lulas y la organización de un apostolado serio, profundo.

Tienes un compromiso con la Iglesia, tu apostolado religioso - social, de colabo-


ración con la jerarquía, para el que te comprometiste solemnemente al oficializarte.
Ese apostolado religioso lo has de hacer en tu Parroquia y en todos tus ambientes.

Tienes un compromiso con la sociedad humana. Tu acción temporal, como cató-


lico, con responsabilidad propia, para hacer las instituciones, los hábitos, las empre-
sas, las relaciones entre los hombres, más humanas y más cristianas, llevando a todas
partes las soluciones basadas en la justicia y en la caridad.

Cumple con tus obligaciones de apostolado religioso en tu Parroquia y en tus


ambientes; con tu acción temporal de cristiano.

Trabajador del campo, del taller o la oficina, artesano, estudiante o profesional,


sientes que vives una hora de tu vida en la que puedes medir tu posición espiritual
frente al mundo en que vives.
Tú lo que muchos ignoran. Tú sabes de donde vienes y a donde vas. Tú llevas
en ti y contigo a Cristo. Sabes que donde quieras que te encuentres, el puesto que
ocupas es un puesto de misión.
Sabes que el mundo esta enfermo y que tú conoces la recta de la salud. Sabes
que los hombres te esperan.
¡Quieres hacer!
Pues bien; para que puedas hacer, para que tu puesto en la vida lo sea de misión,
he aquí este libro en el que pusimos toda nuestra alma, fervor y entusiasmo.

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Lo debes a la experiencia de muchos años de labor de la A.C.A. y a la pluma ge-


nerosa, abnegada y prudente de un antiguo presidente Diocesano de la J.A.C.
Creemos que en estas páginas se señala el camino mejor para penetrar en el
corazón y en la inteligencia de los que viven a tu lado en los distintos ambientes de
tu vida.
Este es un libro sobretodo técnico; supone, en gran parte, todo lo sobrena-
tural.
Date, pues, a una plegaria humilde y constante, ofrecida al Señor por la inter-
cesión de María Santísima reina de los Apóstoles.
¡Invoca a María y vencerás!

Tienes que ser apóstol. Para serlo con inteligencia y dignidad, detente en estas
páginas.
Léelas, medítalas y “mar adentro...”.

PRIMERA PARTE

EL PLAN DEL APOSTOLADO CELULAR

• A veinte siglos de la redención

• Nuestra misión.

• El apostolado celular.

Esta primera parte es una introducción al estudio de la organización y reali-


zación del apostolado celular. Ella permitirá tener ideas claras desde un principio, y
distinguir la idea fundamental de los detalles accesorios.

En una rápida síntesis veremos las características generales del apostolado


contemporáneo, la misión inmediata que nos toca realizar a nosotros y el lugar del

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apostolado celular dentro de ese cuadro de realidades y responsabilidades apostóli-


cas.

Dividiremos el estudio en tres capítulos:

• A veinte siglos de la Redención.

ü Nuestro puesto providencial.


ü La herencia de los últimos siglos.
ü El mundo que se está forjando.

• Nuestra misión.

ü El camino que nos toca abrir.


ü El apostolado ambiental.
ü La Acción Católica

• El apostolado celular.

ü Apostolado individual, colectivo y celular.


ü Noción del apostolado celular.
ü Los objetivos inmediatos del apostolado celular.
ü Las seis líneas de apostolado.
ü Los instrumentos técnicos del apostolado celular.
ü El alma del apostolado celular.
ü El cumplimiento de los deberes de estado.

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A VEINTE SIGLOS DE LA REDENCION

Somos hombres del siglo XX. Esto sólo es ya una responsabilidad. Nadie ha
nacido en el siglo XX impunemente. Sin embargo, ninguno de nosotros podría decir
que vive en este siglo por su voluntad. Tampoco el soldado elige su puesto de lucha;
es en las lejanas tiendas del estado mayor donde se disponen todos sus movimientos.
Y no obstante, solamente allí, en este puesto que el no eligió, puede dar testimonio
de su fidelidad.

• NUESTRO PUESTO PROVIDENCIAL

La Providencia Divina pudo disponer que fuéramos testigos de la Redención. Pudo


disponer también que fuéramos contemporáneos de los mártires de Roma. Si Dios lo
hubiera querido podríamos haber contemplado el derrumbe del Imperio y las inva-
siones bárbaras o, tal vez, los bellos siglos de la Alta Edad Media, cuando el mundo
parecía estar cada vez más cerca de Dios.

Mas El no lo ha querido así, ni ha querido que naciéramos en medio de las convulsio-


nes de la Reforma Protestante ni durante los duros y tristes siglos que la siguieron.

¿Debemos lamentarnos de no haber podido contemplar el rostro de Nuestro Señor


Jesucristo, ni dar testimonio de nuestra Fe en la arena de los circos romanos, ni alis-
tarnos en alguna Cruzada, ni dar nuestra sangre en las largas jornadas de la Recon-
quista?
¿Debemos dolernos de no haber podido entregar nuestra vida en la empresa titánica
de la Contrareforma o en la Conquista de América para la Cruz Redentora, o en la
Defensa del Papa y de la Iglesia frente a la revolución liberal?

Si tal cosa hiciéramos no tendríamos idea de lo que significa ocupar un puesto pro-
videncial.
No es el azar quien nos ha colocado en el siglo XX, es Dios mismo.

Desde toda la eternidad hemos sido destinados a este siglo, a esta tierra, a esta fa-
milia, a estos ambientes. Repitámonos constantemente: soy un hombre del siglo XX,
Dios lo ha querido así, la salvación de muchos y mi misma salvación dependen de mi
fidelidad en este puesto providencial en el que he sido colocado.

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• LA HERENCIA DE LOS ÚLTIMOS SIGLOS

Los hombres de este siglo llevamos sobre nuestras almas una herencia que nos en-
sombrece la existencia: el divorcio entre la Religión y la vida. Este divorcio tiene su
origen en la Reforma protestante, verdadera catástrofe universal ocurrida en el siglo
XVI y cuyas consecuencias continúanse multiplicando.

El Protestantismo rompió la unidad de Occidente, destruyó la Cristiandad. La primera


división fue de orden religioso: católicos por una parte, protestante por otra. A esta
siguieron las divisiones morales, filosóficas, políticas, sociales. La unidad medieval fue
reemplazada por una multitud de sistemas religiosos, filosóficos, sociales, políticos.
Para estos sistemas, el Cristianismo dejó de ser la Verdad revelada por Dios mismo,
para ser un sistema más, y como tal no podía exigir dentro de la vida social moderna,
más derechos que los otorgados a los demás sistemas y doctrinas existentes.

Así fue como se logró el primer divorcio entre la Religión y la Vida: el divorcio entre
la Religión y la vida social. En adelante la Religión sería un asunto privado, un asunto
individual. Este sistema ha sido llamado Naturalismo social o Laicismo.
Pese a este destierro oficial decretado contra Jesucristo, los pueblos conservaron en
gran parte su fe. Pero ¿qué ocurrió con el tiempo?

Con el tiempo ocurrió que las nuevas generaciones de cristianos solo conocieron una
sociedad oficialmente laicizada. Tuvieron que vivir, estudiar, trabajar, casarse, diver-
tirse, comerciar, leer, moverse, y morir en ella. La política, la economía, la enseñanza,
el arte, el pensamiento el teatro, el cine, la moda y la familia misma, todo se regía al
margen del Cristianismo y de la Iglesia.

Y entonces se produjo el segundo divorcio entre la Religión y la Vida: el divorcio entre


la Religión y la vida individual. Los cristianos redujeron insensiblemente su cristianis-
mo a ciertos actos perfectamente determinados: Bautismo, Matrimonios, Funerales,
algunas devociones mas y alguna práctica de los Sacramentos de la Penitencia y la
Eucaristía. Pero, fuera de eso, toda la vida familiar y social, económica y política,
intelectual y artística de los cristianos, comenzó a ser ajena a su Religión. Es decir, el
cristianismo no significaba nada, ni tenía ningún valor fuera del templo.

El divorcio entre la religión y la Vida se había producido totalmente. Esta herencia de


los últimos siglos. El comunismo ateo niega a Dios y a todo espíritu tanto en lo social
como en lo individual.

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• EL MUNDO QUE SE ESTA FORJANDO

Pero el hombre no puede hallar paz, certeza ni felicidad en ningún género de divor-
cio. El hombre aspira a la Unidad, a lo Absoluto. El hombre quiere descansar en una
certeza que le dé un sentido radical a su vida, un significado total al Universo. Y como
tal certeza solo se alcanza en Dios, cuando el hombre está por un tiempo alejado de
Dios, acaba creándose sus propios dioses. Y esta es la hora en que el mundo, después
de haber arrancado a la Religión de su vida, comienza a forjarse falsas religiones, a
levantar nuevos ídolos ó “mitos”, como se los ha llamado.
La Nación, la Raza, la Clase, el Proletariado, el Estado, la Riqueza, el Sexo, el Núme-
ro, la Técnica, son ídolos ante los cuáles se sacrifican no solo hombres aislados, sino
pueblos y generaciones.

Ejemplo clarísimo de esta mitología moderna, con todos los caracteres exteriores de
una religión, lo hemos tenido en el Nazismo y lo hemos tenido en el Comunismo, la
gran herejía moderna, claramente denunciada por los Papas, y que abarca ó preten-
de abarcar todo el hombre y convertirse en el fin único de su vida.
Nadie duda de la definitiva quiebra del mundo burgués, liberal y laicista. Su agnos-
ticismo, su relativismo, su escepticismo, no satisfacen ese hambre y esa sed de Ab-
soluto que abrasan al hombre contemporáneo. Aun a riesgo de caer en la barbarie
pagana, las nuevas generaciones se alejan cada vez mas del laicismo liberal, autor del
divorcio entre la Religión y la Vida. Quiere decir que en medio de esta crisis podemos
avizorar claramente el porvenir: el mundo que se forja no será ya laicista, será cristia-
no o retornará al paganismo.
¿Debemos agradecer a Dios por habernos hecho nacer en días tan decisivos para su
Iglesia? Ciertamente que sí. No son los soldados que viven ociosos en los cuarteles
los que se cubren de gloria, sino aquellos que en las horas de angustia para la pa-
tria ofrecen alegremente su brazo, su sangre y su vida por ella. Debemos agradecer
a Dios el habernos amado tanto como para hacernos nacer en una hora en que la
Iglesia, a veinte siglos de la Redención, se apresta para la Reconquista de un mundo
que fue arrebatado a Jesucristo cuando mas parecía pertenecerle.

NUESTRA MISION

Nuestra misión - la misión de los cristianos del siglo XX- es la misión de toda
generación de vanguardia : avanzar sin vacilar para abrir la brecha o el camino por

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el que han de penetrar las generaciones siguientes. Nosotros debemos romper ese
divorcio entre Religión y Vida que constituye la herencia del pasado.
Primeramente, es preciso restablecer la unión entre la Religión y la vida
individual de los cristianos, formando una generación consciente del Misterio de la
Iglesia, de su responsabilidad en el Cuerpo Místico, una generación impaciente por
entregarse totalmente a Jesucristo, una generación que viva su vida sobrenatural con
mayor naturalidad y que sobrenaturalice todo lo natural.

En segundo lugar será preciso restablecer la unidad entre la Religión y la


Vida social en forma tal que en ningún aspecto de la vida social aleje a los Hombres
de Jesucristo, antes bien los acerque a El; o que se conseguirá el día en que todos los
ambientes sociales posean una atmósfera cristiana.

Cuando tal cosa se haya logrado, el peligro de un nuevo paganismo se ha-


brá alejado considerablemente del mundo y despuntará para la Iglesia una nueva y
brillante primavera.

Mas, cómo lograrlo?

• EL CAMINO QUE NOS TOCA ABRIR

Ante esta cuestión caben teóricamente tres caminos para el apostolado católico :
Primer camino: la conservación. – Es el camino que durante mucho tiempo se siguió
para evitar el alejamiento de las masa cristianas, desorganizadas y sin preparación
para una lucha de conquista. Consiste en aislar a los católicos del medio ambiente
para preservarlos de su influencia nociva. Actualmente sigue siendo necesaria en
muchas circunstancias, pero como táctica única y general ella sería totalmente defi-
ciente y antiapostólica.

Segundo camino: la competencia. – Este camino puede ser el único posible cuando
se trata de ambientes absolutamente hostiles a la influencia cristiana, o bien comple-
tamente indignos. En estos casos, lo que corresponde es aislarlos y luego eliminarlos
por la competencia. Hay dos clases de competencia: La negativa, que sólo combate el
mal (el boicot, la calificación moral de las películas, de libros, etc.) y la positiva que,
sin dejar de combatir el mal, crea substituto de las cosas combatidas (el cine moral,
el periódico católico, el club y la biblioteca cristianos, etc.).

Tercer camino: la penetración. – He aquí el camino que nos toca abrir a nosotros,
la táctica apostólica que, sin excluir a las anteriores, debe caracterizar al apostolado
moderno. La mayor parte de los cristianos –los laicos sobretodo- no viven aislados.
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Su actividad y su vida se desarrollan en ambientes actualmente laicizados que es


preciso penetrar, transformar y finalmente conquistar íntegramente para Cristo. No
podemos limitarnos a conservar lo que tenemos, ni siquiera a combatir lo que nos
es hostil; debemos penetrar en todos los ambientes de la sociedad actual para cris-
tianizarlos. Esto nos obliga a precisar mejor que debe entenderse por penetración o
apostolado ambiental.

“El apostolado laico tiene, como cualquier otro apostolado, por otra parte, dos
funciones: la de conservar y la de conquistar, y ambas se imponen con carácter de
urgencia a la Iglesia actual”.

(Pío XII, discurso al IIº Cong. M. De Ap. De Los Laicos 5 x57)

• EL APOSTOLADO AMBIENTAL

¿Qué es un ambiente? Es todo grupo social más o menos permanente que ejerce al-
guna influencia sobre los hombres que lo forman o que tienen cierta relación con él,
comunicándoles modos de pensar, costumbres, simpatías y tendencias.
Una familia, una oficina, una escuela, un taller, un lugar de trabajo, un club, un café,
una “barra” de amigos, una sociedad vecinal, un gremio, una cooperadora escolar,
una biblioteca de barrio, son ejemplos de ambientes más o menos reducidos.
Por encima de ellos hay ambientes mas importantes y de mayor influencia, como un
periódico, una radioemisora, una empresa cinematográfica, una emisora de TV, una
Universidad, un partido político, etc. Y más allá de los ambientes propiamente dichos
podemos señalar los “climas” sociales: el político, el económico, el cultural, etc., que
sintetizan mentalidades y hábitos de muchos miles de personas y ambientes.
Todos estos ambientes o climas se caracterizan por ese rasgo ya señalado: la influen-
cia que ejercen. Esa influencia se impone insensiblemente a aquellos que la sufren,
forma o deforma sus mentes y sus costumbres, y llega en ciertas ocasiones a conver-
tirse en una verdadera dictadura moral.
¿De que depende esa influencia? Difícil es precisarlo. A veces depende de la tradi-
ción, otra de ciertos reglamentos, muchas veces de algún jefe ó caudillo.
Desgraciadamente, la influencia que ejerce la gran mayoría de los ambientes actua-
les – en contradicción con lo que ocurría en el mundo medioeval- es anticristiano o,
cuando mas, indiferente.
Para volver el mundo a Jesucristo es necesario transformar los ambientes, es de-
cir, hacer que la influencia de los mismos facilite o por lo menos – en una primera
etapa- no dificulte el ejercicio de la vida cristiana. Mientras tal cosa no se consiga,
toda la influencia educativa de la Iglesia – Parroquias, Colegios, Círculos de estudio,

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Asociaciones religiosas, etc. – se verá dificultada por la influencia destructora de los


ambientes.
Para transformar un ambiente es preciso, salvo raras excepciones, pertenecer a el.
El apostolado ambiental, por lo tanto, tiene que ser un apostolado de penetración.
Y ese apostolado debe consistir en la creación de núcleos cristianos organizados y
vivientes en seno mismo de los ambientes hoy descristianizados, para transformarlos
y conquistarlos progresivamente.

• LA ACCIÓN CATÓLICA

Para la empresa que hemos descripto se sentía en la Iglesia la necesidad de una mi-
licia nueva, joven y aguerrida. Y la Iglesia la creó. Así surgió la Acción Católica.
Los socios de la Acción Católica, por exigencias sociales, económica y profe-
sionales, deben vivir en los ambientes ya señalados.
La A. C. No los aísla de esos ambientes. Por el contrario, los forma, prepara, instruye
y organiza en ellos, les enseña a amar su puesto – puesto providencial señalado por
Dios desde toda la eternidad – y a sentir toda su responsabilidad.
Les hace comprender que es allí, en esa fábrica, en ese colegio, en esa familia, donde
el cristiano debe santificarse, salvarse y dar gloria a Dios.
Mientras sus socios van descubriendo todas esas cosas, la A. C. Los organiza para una
penetración eficaz y finalmente los lanza a la conquista. El apostolado de la A. C. Es,
pues, apostolado en al propio ambiente..
Usamos el término penetración en el siguiente sentido: el militante de la A. C. Per-
tenece a un determinado ambiente, como se explicó recién; en ese ambiente ha de
penetrar Cristo llevado por dicho apóstol, con el ejemplo y la palabra, con la vida
sobrenatural y la doctrina. Cristo penetrará el medio ambiente por medio de los mi-
litantes que pertenecen a ese medio, y a quienes la A. C. A. Debe capacitar para su
apostolado.

EL APOSTOLADO CELULAR

Hemos hablado así del apostolado ambiental. Dicho apostolado, mas que una
obra o medio concreto de apostolado, es un método, caracterizado por el fin que
se persigue: la conquista de los ambientes para la vida cristiana. Para alcanzar este
fin pueden y deben emplearse obras, campañas, servicios sociales, actos y medios,
concretos apropiados a las circunstancias de lugar y tiempo.
Uno de esos medios para la penetración ambiental es el apostolado celular.

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• APOSTOLADO INDIVIDUAL,
COLECTIVO Y CELULAR

Siempre se ha hablado en Acción Católica del apostolado individual y del apostolado


colectivo. Sus caracteres son, por lo tanto, bien conocidos.
El apostolado individual se caracteriza por el contacto directo de hombre a hombre.
Cada apóstol actúa así sobre aquéllos con los cuáles convive o está de algún de algún
modo relacionado.
El apostolado colectivo, en cambio, supone un trabajo de conjunto, por el cual todo
un grupo de personas – un Centro, por ejemplo- actúa directa o indirectamente
sobre otro sector de personas. las campañas apostólicas y los servicios sociales son
los dos tipos de apostolado colectivo mas empleados por los Centros. Una campaña
apostólica significa un despliegue de propaganda, conferencias, concentraciones,
afiches, volantes, preparaciones radiales y otros recursos diversos según las circuns-
tancias, pero siempre organizados, y dirigidos todos a difundir la concepción cristia-
na de la vida.
El servicio social da un paso mas, y no contentándose con sembrar los principios, crea
la obra la actividad que concreta y encara la solución cristiana de un determinado
problema, necesidad o inquietud individual o social, en cumplimiento de la misión
de servir que anima toda la actividad de la A. C.
Ahora bien, ¿dónde ubicamos el apostolado celular? En realidad, el apostolado ce-
lular es una tercera forma de técnica apostólica, que combina los dos anteriores, to-
mando del individual la acción personal y directa sobre los hombres, y del colectivo,
las organización conjunta. La razón de este modo de apostolado es llegar allí donde
el apostolado colectivo – por lo que tiene de colectivo e impersonal – no puede lle-
gar, y hacerlo en forma inorgánica y dispersa del apostolado individual comúnmente
conocido, sino en forma organizada, coordinada, firme y sistemática.
Pese a ser casi innecesario, queremos advertir aquí que el apostolado celular no re-
emplaza ni disminuye las otras formas de apostolado. Por el contrario; las campañas
y los servicios deben combinarse e integrarse con él, para lograr una amplia y pro-
funda penetración ambiental.

• NOCION DEL APOSTOLADO CELULAR

De acuerdo con lo dicho, se puede definir al apostolado celular como “el apostolado
individual organizado” o bien como “la organización del apostolado individual”.

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Desenvolviendo estos conceptos podemos decir también que el apostolado celular es


el apostolado personal organizado, especializado, dirigido y controlado por la A. C.,
para la conquista de todos los ambientes.
La especialización, la dirección y el control del apostolado celular son consecuencia
de la organización.
La palabra “Celular” es apropiada, pues indica que el socio no es número ni cuerpo
aislado, sino una célula en comunicación vital con el resto del ambiente, que extien-
de y multiplica constantemente su influencia en el mismo.

• LOS OBJETIVOS INMEDIATOS


DEL APOSTOLADO CELULAR

Los Centros y Círculos de la A. C. A. Están formados por un conjunto de diez, veinte,


treinta o mas socios, cada uno de los cuales actúa corrientemente por lo menos en
cuatro clases de ambientes:
ü Familia (familiares, pensionistas, vecinos, etc.).
ü Parroquia (A. C. , ateneo, obras familiares, instituciones católicas, institucio-
nes existentes en el radio parroquial).
ü Ocupación (trabajo, estudio).
ü Diversión (club, “barra”, bar, amigos, etc.).

En cada ambiente el socio conoce y trata a un buen número de personas.


Todos esos ambientes y esas personas con los cuáles están en contacto to-
dos los socios del Centro constituyen los objetivos inmediatos del apostolado celu-
lar.

En consecuencia, cada Centro concretamente debe proponerse:

1º - Lograr una efectiva penetración apostólica en cada uno de los ambientes


frecuentados por sus socios. Decimos penetrar y no conquistar, pues la conquista
definitiva puede ser a veces una meta muy lejana y lo que los Centros pueden
realizar por lo general es una obra de transformación lenta y progresiva.

2º - Lograr, como medio y para alcanzar lo anterior, cada socio irradie permanen-
temente su influencia personal sobre cierto número de personas de sus ambientes y
esto en forma permanente, inteligente y organizada. Ese número de personas sobre

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las cuáles ejerce su influencia el apóstol es su “célula”

• LAS “SEIS LINEAS” DE APOSTOLADO.

La asociación de hombres de la A. C. Tiene encarada su labor apostólica de la siguien-


te manera, que puede aplicarse a todas las ramas de la A. C. A.
En términos generales, las oportunidades para ejercer el apostolado ocurren en la
medida en que el apóstol actúa en contacto con otras personas; es decir que de-
penderán en gran parte del grado de convivencia, asociación o vinculación con otras
personas.
Ya sabemos que el socio de Acción Católica debe ser un apóstol en todo momento y
en todo lugar. Su vida transcurre principalmente en dos ambientes: en el hogar y en
la ocupación, sin olvidar la parroquia, sobre la cual hablaremos con mas amplitud al
final.
De allí surge la gran importancia que desde el punto de vista apostólico tienen estos
dos lugares, que dan origen a dos de las seis líneas.

1º) En la familia: Por lo común el hombre convive con los demás miembros de su
familia, con quienes forma su hogar. Hay sin duda excepciones, pero son escasas
(internados, pensiones, cuarteles, etc.). la familia constituye la forma básica de so-
ciedad natural. Su trascendencia para la formación espiritual de los individuos que
conviven en el ambiente del hogar es absolutamente decisiva. De allí la responsabi-
lidad del socio de Acción Católica. En pocas circunstancias podrá ser su apostolado
tan eficaz como en su propio hogar, con parientes ó extraños (personal de servicio,
amistades, etc.).

2º) en el lugar de trabajo: El ejercicio de las actividades económicas provoca la


creación de otras asociaciones humanas que se denominan empresas y que se ha-
llan integradas por todos aquellos que colaboran en una tarea productiva concreta.
También al socio de Acción católica le toca una gran responsabilidad en este aspecto,
en primer término como jefe de empresa, pero también en cualquier otra situación:
desde los altos dirigentes hasta los mas modestos obreros, todos tienen la oportu-
nidad y el deber de ejercer el apostolado entre los compañeros de trabajo. Como el
anterior, es especial apostolado de santificación.
(En el caso de las ramas juveniles debe tenerse en cuenta también, frecuentemente,
el lugar de estudio).
Además de estas dos asociaciones humanas básicas hay otras varias de diversa im-
portancia y que ofrecen también grandes perspectivas para la labor apostólica.

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3º) Las familias que conviven en un mismo territorio se agrupan para formar las
sociedades políticas, entre las cuáles se encuentran fundamentalmente el Municipio,
la Provincia y la Nación. Estas sociedades dan origen a la autoridad pública, cuya
influencia puede ser decisiva sobre la vida material y espiritual de quienes le están
sometidos. También en este caso la responsabilidad de los socios de Acción Católica
es muy especial, ya que en un recto ordenamiento social las familias participan en
la vida política a través de sus jefes, y no cada miembro individual aisladamente. De
todos modos, es la opinión del jefe del hogar la que ha de orientar la actuación que
a los demás cupiera. Si a esto se le agrega que al ejercicio del poder público por lo
común se encuentra en manos de hombres de mas de treinta años, no podrá negarse
la necesidad de que los integrantes de la rama Hombres – y también las mujeres – es-
pecialmente se ocupen de un problema de tanta trascendencia como el apostolado
en la vida cívica en todas sus manifestaciones.

4º) Las familias constituyen también otras agrupaciones de gran importancia social,
que se fundan no ya en la ubicación territorial, sino en la similitud de ciertas carac-
terísticas, principalmente culturales y económicas. Se trata de clases sociales, cuya
influencia dentro del desarrollo de la vida de cada nación no puede de ningún modo
ignorarse. Suelen distinguirse en tres clases: el proletariado o clase obrera, la clase
media y la clase dirigente o alta. A veces se distingue también entre la alta y baja
clase media.
A pesar de lo arbitrarias que pueden parecer estas clasificaciones, tienen sin duda
un significado real y constituyen un importante factor para el éxito del apostolado,
siguiendo el principio del igual por el igual. Este y el siguiente son, sobre todo, apos-
tolados de orden económico social.

5º) Por su parte, las personas que desempeñan tareas afines se agrupan en profesio-
nes, que con frecuencia asumen el carácter de asociaciones formales, que van desde
la corporación medieval hasta los modernos sindicatos. También aquí las oportuni-
dades de apostolado son muy considerables, razón por la cual se ha juzgado opor-
tuno constituir con la profesión una de las seis líneas. Por cierto que los hombres en
el curso de su vida tienen oportunidad de actuar en otros ambientes y en asociarse
en otros grupos además de los cinco que se acaban de señalar. Por lo pronto ya se
ha visto que hay otros lugares de residencia además del hogar. Hay también otros
lugares donde el hombre actúa fuera del hogar y del trabajo: centros de estudio, de
recreación, de deporte, etc.
Hay otras asociaciones e influencias que revisten gran importancia desde el punto
de vista apostólico, sobre todo los de tipo cultural, como es el caso de las escuelas,
universidades, la prensa, la radio, la cinematografía, las artes, etc. Sin embargo, por
motivos de orden práctico no se ha juzgado oportuno constituir todavía líneas de
apostolado específicas relativas a estos temas.

6º) se advertirá que hasta ahora no se ha hecho referencia al apostolado parroquial,


pero no es porque sea el último, sino simplemente para mayor claridad.

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Es menester ante todo señalar la expresión “apostolado parroquial” puede tener


diversos significados. En un sentido lato suele entenderse por tal o todas las tareas
apostólicas que se realizan dentro de los límites geográficos de una parroquia. Den-
tro de este concepto todo apostolado (en la familia, en el trabajo, etc.) se hallaría
comprendido dentro de esa denominación genérica por el solo hecho de ocurrir en
determinado lugar; y no hay duda de que es el cura párroco quien tiene en definitiva
la preocupación de todas las labores apostólicas que se realizan dentro de los límites
de su jurisdicción.
En un sentido estricto, si embargo, por apostolado parroquial podemos entender
aquel que realiza directamente el cura párroco por sí o por intermedio de otras
personas, muy especialmente miembros de la Acción Católica. No se trata ya de cual-
quier tipo de tareas, sino solamente aquellas que son especícamente organizadas y
vigiladas por el propio cura párroco como ocurre con la enseñanza del catecismo, la
campaña pascual, la visita a los hospitales, los consultorios parroquiales, las acade-
mias y cursos de instrucción, etc.
Si entendemos el apostolado parroquial dentro de este sentido estricto observamos
que no hay de ningún modo superposición con las otras cinco líneas. En algunos ca-
sos como ocurre en el hogar o en el trabajo porque el sacerdote, por lo común, no
tiene allí acceso, o porque la responsabilidad corresponde principalmente al mismo
jefe de familia. En otros casos el ámbito parroquial se ve superado, como ocurre en
la vida cívica (a menos que se trate de municipios de una sola parroquia) o con las
actividades profesionales, sobre todo atendiendo a lo que ocurre en las ciudades
grandes y medianas.
De ningún modo significa que la actividad en estas otras líneas haya de ir en desme-
dro de la que se desarrolla en el apostolado parroquial. Será tarea de las autoridades
de cada Centro al determinar un adecuado equilibrio en la atención que ha de dedi-
carse a cada una de ellas. De todos modos queremos recalcar que el apostolado en la
parroquia no es exclusivo, sobre todo para el socio de Acción Católica, y en atención
a las circunstancias de la vida moderna, especialmente en los ambientes urbanos.
En todo el apostolado del socio de A. C., el Centro tiene una función directiva - revi-
sión de influencias, distribución de tareas, consignas – con el consiguiente asesora-
miento sacerdotal.
En la Parroquia, pues, que es la comunidad local en que el Pastor entra directamente
en contacto con las ovejas está la primera organización de la Acción Católica. “Sería
error grave pensar que pueda ser eficaz una Acción
Católica constituida solamente por comandos superiores, sin el instrumento orgánico
ejecutor que, en último término, son las asociaciones parroquiales coordinadas en su
Junta Parroquial. Sería temerario dar orientaciones, señalar rutas y trazar programas
de trabajo que no se pueden realizar ni en el ámbito nacional, ni en el diocesano,
por falta de ejecutores parroquiales” (Card. Caggiano).

• LOS INSTRUMENTOS TECNICOS

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DEL APOSTOLADO CELULAR

No es tarea fácil lograr los objetivos que hemos indicado. Para ello hace falta una
buena organización que sintetizamos ahora para desarrollar mas adelante.

Para poder dirigir y controlar correctamente el apostolado celular no basta confor-


marse con la organización actual de Centros y Círculos casi dispersos, con la sola
dirección del presidente. Se requieren bases de operaciones inmediatas y seguras, en
las cuales los socios puedan abastecerse con comodidad. Esas bases son el Grupo y
el Equipo. (Véase mas adelante).

El Grupo actúa dentro del Centro. El Equipo actúa en el ambiente y está formado por
todos los socios que aunque de distintos Centros, trabajan, estudian o se divierten
en el mismo ambiente. (El ejemplo más conocido es el de los Colegios Secundarios,
Facultades, grandes fábricas, oficinas y clubes). Cada Grupo y cada Equipo tienen un
Jefe, que es el responsable de la conducción del apostolado celular de sus socios. Esa
conducción se realiza por medio de las consignas, es decir de las tareas o misiones
concretas e inmediatas que se encomiendan a cada socio.
Finalmente, para completar la eficacia de esta organización, cada socio está obligado
a crear y determinar su Célula, compuesta por el conjunto de personas sobre las cuá-
les ejercen su apostolado celular permanente y en atención a las cuáles se imparten
las consignas.

• EL ALMA DEL APOSTOLADO CELULAR

Hemos dejado para lo último algo que está sobreentendido en cada línea de lo di-
cho anteriormente y que viene bien como coronamiento de este plan general de
apostolado celular. Toda organización por mas perfecta que sea, corre el riesgo de
tornarse ineficaz y hasta contraproducente cuando se traiciona su espíritu, eso que
tan bellamente suele llamarse la “mística” , es decir aquello que se lleva en el corazón
y anima el obrar. En cualquier movimiento y con mayor razón en la Acción Católica,
cuanto mayor es el cuerpo de la organización, mayor intensidad debe tener el fuego
de la “mística”.
No es difícil adivinar cuál es, en nuestro movimiento, el alma que moviliza y arrastra
la organización, la técnica, el mecanismo: es el Amor, la Caridad, la tercera y mayor
de las Virtudes Teologales, síntesis de toda la vida y la santidad cristianas.
Debemos habituarnos a verlo todo, a contemplarlo todo, a estudiarlo todo, a ha-
cerlo todo por ese Amor, en él y para él. Amor varonil, intrépido, ardiente, alegre,
arrollador, contagioso, inteligente. Amor capaz de atravesar los mares y derribar los
montes, ¡Amor de Cristo que se da a nosotros, y amor a Cristo que nos lanza a con-
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quistarlo todo para El.


Ese Amor único que nos consume se ejercita en nuestras obras de apostolado en
tres sentidos: para con Dios por el cual y para el cual somos apóstoles: para con los
hombres, nuestros hermanos, a quienes hemos de llevar a Dios; y para con la Acción
Católica, familia magnífica que nos dio la Jerarquía por “Divina inspiración” para en-
caminarnos en el apostolado.
Este triple y único amor debe traducirse concretamente en obras en conducta. Todo
un código del apostolado podría deducirse así, de aquellos principios generales. Pero
como no es ésta la oportunidad para ello, nos limitaremos a señalar solamente tres
consecuencias, de gran importancia práctica, sobre todo en el apostolado celular.

ü En nuestra relación con Dios: Oración.

Es Dios quien mueve las almas. ¿Cómo olvidarlo cuando estamos empeñados en
nuestra tarea apostólica? Desde que nos olvidamos de Dios nuestra obra se convierte
en algo absurdo, semejante a una herejía: la herejía de las obras. Unidos constante-
mente a Dios por la oración, seremos instrumentos fieles en sus manos todopodero-
sas.
Y para estar en oración basta un requisito: querer estarlo. Siendo tan fácil orar ¿qué
disculpa podría invocar aquél que descuidara hacerlo?

ü En nuestra relación con los hombres: Servicio permanente.

El apostolado es una conquista. Eso es verdad: es una conquista para Dios. Pero,
recordémoslo siempre: esa conquista se alcanza – y no es paradoja – sirviendo. Je-
sucristo, que vino a salvarnos, sanó, consoló, apagó el hambre y la sed de aquellos
mismos a quienes enseñaba palabras de vida eterna. Así también será haciendo de
nuestra vida un servicio permanente como conquistaremos a los hombres para Dios.
Hacer el bien posible a todos los hombres posibles: he aquí una norma que pue-
de servirnos para medir la intensidad de nuestro amor. Mientras no la adoptemos,
nuestro apostolado será débil y difícil. Cuando la hayamos adoptado, nuestra vida
será un apostolado constante: nuestros saludos, nuestras sonrisas, nuestros favores,
nuestra palabra, nuestra compañía y nuestra sola presencia serán imanes que lleven
a las gentes hacia Dios.

ü En nuestra relación con la acción Católica: Disciplina

Nunca como hoy son necesarios en la acción apostólica el método, la organización y


sobretodo la unidad. Todo esto requiere disciplina y obediencia. Esta obediencia su-
pone obediencia a la Iglesia, pero va más allá, llega a ciertos detalles de organización
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cuya eficacia reside en una firme unidad de concepción y ejecución.


El apostolado celular exige mucha iniciativa por parte de cada socio, pero iniciativa
no es capricho. Para poder oponer al frente único del mal un frente único del bien,
es preciso conciliar la iniciativa más ingeniosa con la disciplina mas enérgica. Lo con-
trario será sabotear el Movimiento, traicionar a la Iglesia y a la A. C. A. Y con mayor
razón debemos considerar todo divisionismo, toda rencilla, toda querella de preemi-
nencias o, simplemente, todo egoísmo, como un delito de lesa A. C.

• EL CUMPLIMIENTO DE LOS DEBERES


DE ESTADO – DESTACARSE

El apóstol ha de conquistar ante todo con el ejemplo. Y su ejemplo consistirá en


primer lugar en el cumplimiento de los deberes de estado, en su familia, en su ocu-
pación, etc.
Jesucristo no entrará en los ambientes sino llevado por los que viven y actúan en los
mismos.
El ejemplo arrastra. Para ello es menester que todos nuestros socios cumplan celosa-
mente sus obligaciones: que sean los mejores, los mas capaces; que sepan destacarse
en su profesión para que aquellos que por impulso natural los sigan, recojan igual-
mente el ejemplo de la vida cristiana.

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SEGUNDA PARTE

LA ORGANIZACIÓN COLECTIVA

-GRUPOS Y EQUIPOS-

• La organización para el apostolado celular.

• El “hombre clave” de la organización: el Jefe.

• El funcionamiento del apostolado celular.

• Problemas conexos

Vimos en la primera parte que el apostolado celular toma del apostolado indi-
vidual la acción personal sobre los hombres, y del apostolado colectivo, la organiza-
ción. Nos dedicaremos, en esta segunda parte, a estudiar la forma de organizarnos
para el apostolado, dejando para la tercera lo referente a la acción personal. Esta
organización tiene su asiento en los Grupos y Equipos de la A. C. La acción personal
del socio, en cambio, se realiza exclusivamente fuera de ellos en pleno ambiente y
por lo general a solas.

Dentro de la organización del apostolado veremos sucesivamente:

• La organización para el apostolado celular

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- En el Centro: los Grupos.


- En el ambiente: los Equipos.

• El “hombre clave” de la organización: el Jefe.

• El funcionamiento del apostolado celular

- Primer tiempo: estudio del ambiente


- Segundo tiempo: consigna
- Tercer tiempo: control

• Problemas conexos

- Relación con las demás actividades


- Adaptación a los distintos Centros

LA ORGANIZACIÓN EN EL CENTRO Y EN EL CIRCU-


LO: LOS GRUPOS

Como ya se ha dicho, el apostolado celular necesita una doble organización: en


el Centro y en los ambientes. Esta última solo es posible cuando hay varios apósto-
les en un ambiente. La organización dentro de los Centros y Círculos es, en cambio,
siempre posible, por poco numerosos que sean.

La organización del Centro o del Círculo para el apostolado celular gira alrede-
dor de los Grupos y de los correspondientes Jefes.
La Comisión Directiva es la que debe estudiar esa organización, nombrar a los Jefes y
dar las directivas y consignas generales. Para guiar ese trabajo daremos las siguientes

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normas orientadoras:

• EL GRUPO – NOCION Y FINES

El grupo es el conjunto de socios de características homogéneas del Centro o Círculo


que esta bajo la responsabilidad de un Jefe. Su fin principal es realizar el apostolado
celular. Sus fines complementarios son los mismos fines apostólicos y formativos del
Centro o Círculo del cual el grupo es órgano vital y especializado. Las razones de la
existencias de los Grupos están a la vista. Es humanamente imposible que el Presi-
dente conozca, dirija y controle los pormenores del apostolado celular de cada uno
de sus socios (salvo en Centros y Círculos muy reducidos) y, con mayor razón, todos
los problemas relativos a la formación de los mismos.
Por otra parte, aunque aquello fuera posible, las diversas ocupaciones inclinaciones,
edades y características de los socios forman naturalmente en el seno de los Centros,
afinidades que no se pueden desconocer, y que los Grupos utilizan con fines educa-
tivos y apostólicos

• CRITERIO PARA SU FORMACION.


AFINIDAD Y PROFESIONALIDAD.

Si esos son los fines y las razones de los Grupos, evidentemente que no se los puede
formar al azar. Como principio general habrá que respetar los Grupos que natural-
mente se han ido constituyendo en el Centro y que tienen su origen en cierta afi-
nidad de carácter y de criterio, en ocupaciones mas o menos comunes, en similitud
de ambientes que frecuentan los socios, etc. Esa afinidad que hace naturalmente
fácil el intercambio espiritual y afectivo entre los miembros del Centro es una fuente
de actividad y energía que debe aprovecharse para el apostolado. Otro factor que
contribuye a crear una afinidad es la profesión, sobre todo algunas profesiones que
despiertan ciertas “conciencia de clase”. Esa conciencia se nota especialmente entre
los obreros, los agrarios y los estudiantes. Sin embargo, en nuestra patria dicha con-
ciencia no suele ser muy pronunciada, y cede a veces ante otros motivos de afinidad
mas estrechos, que los Centros deben juzgar y pesar al organizar los grupos.

Los Centros están por lo tanto en libertad para constituir sus Grupos atendiendo
a sus propias características, pero sin olvidar que mas que crearlos artificialmente,
deben reconocer los ya existentes en su seno, para lanzarlos a una acción apostólica
organizada.

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• NUMERO DE SOCIOS DEL GRUPO

El número de miembros de un Grupo, sin contar al Jefe, no debe ser menor de tres ni
mayor de ocho. Menos de tres deja de ser un Grupo. Mas de ocho, resulta imposible
de dirigir por un solo Jefe con la dedicación que exige el apostolado celular. Cuando
un socio, por razones especialísimas (ausencia de toda afinidad con el resto de los
socios) no puede formar parte de ningún Grupo, la C. D. Estudiará la forma de vin-
cularlo a otros socios conocidos.

• VIDA INTERNA Y EXTERNA DEL GRUPO

Al hablar de los deberes del Jefe y luego de la noción y fines del Grupo señalamos
dos cosas: primero, el lugar preponderante del apostolado celular en toda la orga-
nización que venimos estudiando y, segundo, su estrecha relación con las demás
actividades del Centro o Círculo. Esta integración y coordinación jerarquizada de
actividades se irá explicando mejor en las páginas siguientes. Por ahora solo insisti-
remos en un punto que es el complemento necesario de la organización en Grupos:
las Células.

• LAS CELULAS

Entre los deberes fundamentales del Jefe se señala la formación de las Células de
cada uno de los socios. Cualquiera que sea el criterio para constituir los Grupos
– afinidad o profesionalidad - la determinación de las Células es uno de los primeros
pasos de su desenvolvimiento.

¿Qué es la Célula? La Célula es el conjunto de personas sobre las cuáles el socio ejerce
o va a ejercer, preferentemente, su apostolado celular. En esto, lo mismo que en los
Grupos, no se trata de crear nada artificialmente, sino de reconocer lo naturalmente
existente, para aprovecharlo con fines apostólicos.

La Célula exista ya en torno a cada socio. Todos tienen familiares, compañeros de


trabajo o de estudio, amigos de barrio, club, etc.
Algunos pueden estar geográficamente lejos, pero si la vinculación íntima subsiste a
pesar de ello, la influencia apostólica se podrá ejercer lo mismo. Todas esas personas
forman con el socio una unidad espiritual que es la base de la Célula. Para que esta
quede constituida basta determinar concretamente sobre cuáles se ejercerá con pre-
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ferencia el apostolado celular, eligiendo dos, tres, cuatro o cinco de ellas. Como se
ve para concretar, es preciso seleccionar, y para seleccionar a unos hay que sacrificar
a otros.
En esto consiste, aunque parezca extraño, la gran ventaja de la Célula.

Cuando se quiere conquistar a cien simultáneamente, no se conquista a ninguno.


Para que la voluntad se mueva verdaderamente hay que proponerle objetivos claros
e inmediatos. Por otra parte, ¿cómo podrían los Jefes guiar, orientar y controlar el
apostolado celular si tuvieran que abarcar desde el primer momento a todos los co-
nocidos, amigos y familiares de cada uno de sus socios?
Estas son las razones psicológicas y técnicas de la Célula. La razón sobrenatural pude
encontrarse en que nuestro celo apostólico, nuestro amor a las almas sea inteligente,
lo cual supone que emplearemos en su ejercicio los medios psicológicos y técnica-
mente mas eficaces.

• CRITERIOS PARA LA
FORMACION DE LA CELULA

Puesto que la constitución de la Célula exige una selección, ¿a quienes seleccionar?


Sobre esto no es posible dar reglas fijas. Pueden señalarse dos criterios generales. El
primero consiste en seleccionar a aquellos sobre los cuáles nuestra influencia es mas
intensa, o sea aquellos sobre que son mas fáciles de conquistar. El segundo consis-
te en elegir a aquellos que mas nos interesa conquistar por la influencia que ellos
ejercen sobre su ambiente, aunque su conquista sea mas dificultosa para nosotros.
Ambos criterios deben ser combinados para elegir mediante ellos los componentes
de la primera Célula.

• UNA CUESTION DE TERMINOS

En algunos movimientos apostólicos los términos de grupo, célula y equipo han sido
reemplazados por otros.

Así el Grupo se denomina Equipo de Militantes.

La Célula se denomina Equipo natural.

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El Equipo se denomina Equipo ambiental.

Quizás estas denominaciones contribuyan a aclarar un poco mas los conceptos.

LA ORGANIZACIÓN EN EL AMBIENTE:
LOS EQUIPOS

El hecho de que en un ambiente cualquiera actúen varios militantes de la A.


C. A., ya sea que pertenezcan a la misma rama o a ramas distintas, a la misma o a
distinta Parroquia, abre horizontes tan amplios en ese ambiente que merece ser con-
templado con cierta preferencia dentro de la organización del apostolado celular.
Ha surgido así un nuevo tipo de agrupación apostólica, radicada directamente en el
ambiente: el Equipo.

• EL EQUIPO – NOCION Y FINES

EL Equipo es la avanzada de la A. C. A. En su misión de conquista de los ambientes.


Es el conjunto de todos los socios de la A. C. A. De cualquier rama que, por razón de
trabajo, estudio, diversión o domicilio, conviven en un mismo ambiente, organizados
bajo la dirección de un Jefe. Pueden incorporarse al Equipo los socios de cualquier
rama de la A. C. A. Y también otros católicos de acción, aunque no sean socios de
ellas. La existencia del Equipo no es secreta pero no tiene por que ser publicada.
Los fines del Equipo son inmediatamente apostólicos. El Equipo existe para actuar.
Sin acción, su existencia no se justifica.

• ACTIVIDADES DEL EQUIPO

Naturalmente la actividad fundamental del Equipo es el apostolado celular. El Jefe,


alma y motor del Equipo, es el encargado, como en el Grupo, de guiar a los socios en
la creación de sus Células, de impartir las consignas y de controlar su cumplimiento.
Aparte de este apostolado, el Equipo puede organizar campañas colectivas, actos

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de divulgación de principios, Misas conmemorativas y servicios sociales tales como


bibliotecas, cursos de capacitación profesional, ateneos, etc.

• RELACION ENTRE EL
GRUPO Y EL EQUIPO

Cuando en un ambiente cualquiera (Colegio, Facultad, oficina, fábrica, club) ha sido


nombrado un Jefe de Equipo es evidente que, tanto los socios como los Jefes de los
Grupos a los que pertenecen estos socios, están obligados a respetar sus directivas
y consignas. El Jefe de Equipo, entonces, guía al socio en la elección de los miem-
bros de la Célula perteneciente a ese ambiente, da las consignas para cumplir en el
mismo. El Jefe de Grupo, por su parte, sigue dirigiendo y controlando la célula y el
apostolado celular del socio en los demás ambientes que esta frecuente y apoya e
impulsa el que realiza bajo la dirección inmediata del Jefe de Equipo.
Cuando no existe Jefe de Equipo, el único que dirige al socio en su apostolado celular
es lógicamente el Jefe de Grupo.

• CASOS ESPECIALES

Cuando un Equipo está formado por socios de un mismo Centro de una rama, situa-
ción general en las poblaciones con una sola Parroquia, el Jefe de Equipo será desig-
nado por el Centro al que estos socios pertenecen. Con ello se simplificará la organi-
zación. Cuando hay socios de distintos Centros de una sola rama, el nombramiento
corresponderá al Consejo Diocesano de acuerdo con los miembros del Equipo. Cuan-
do en el ambiente existe ya un Centro o Círculo especializado (Universitario o Secun-
dario) la dirección de ese Equipo corresponde a ese Centro. Finalmente, cuando en
un ambiente haya muchos socios de A. C., en vez de un solo Equipo, se organizarán
varios (de acuerdo al año, división, sección u oficina especial) nombrándose a un Jefe
general para coordinar la tarea de todos ellos.

Cuando el Equipo esta formado por militantes de diversas ramas de una misma Pa-
rroquia, el Jefe de Equipo será nombrado por la Junta Parroquial. Es el caso de las
ciudades o pueblos de una sola Parroquia, o de los ambientes exclusivamente de
barrio. Cuando los Equipos estén constituido por militantes de diversas ramas y de
diversas Parroquias, el Jefe de Equipo será nombrado, en último término, por la Junta
Diocesana, que procurará constituir una Comisión especial para esta actividad.

• RESUMIENDO: UN EQUIPO
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ES: la unión de todos los apóstoles de un mismo ambiente, o de diversos ambientes,


según el caso, que coordinan sus esfuerzos individuales para hacerlos rendir mas: en
otras palabras, es el apostolado individual organizado. Responde al pedido del Santo
Padre, por un Mundo Mejor, de que todos se unan para conquistarlo.

NO ES: una Asociación dentro de un ambiente para formación de cristianos; no es un


grupo encargado de difundir noticias católicas (Misas, procesiones, actos, etc.); no es
un grupo gremial, ni es un grupo político, etc.

QUIENES LO INTEGRAN: todos los elementos capaces de hacer apostolado, sean o


no de la A. C. Para ello se requiere que conozcan y vivan a Cristo y sean capaces de
hacerlo conocer y vivir en el ambiente. Gente con verdadero celo apostólico.

QUIENES NO LO INTEGRAN: los que necesitan ser cristianizados y algunos elemen-


tos que aún siendo de A. C. o católicos no tienen condiciones para ello (les falta pru-
dencia, discreción, buen ejemplo, ubicación en el medio). A éstos se los irá formando
al margen del Equipo o Grupo para incorporarlos a su debido tiempo.

QUE HACE: coordina la labor apostólica individual de sus integrantes. Estimula,


orienta, alienta, potencia, ayuda a la acción individual mediante consignas, oracio-
nes, consejos, sugerencias, experiencias, etc. En una palabra, provee al miembro del
grupo de los elementos técnicos necesarios para su acción individual.

QUE NO HACE: no forma ni espiritual, ni intelectualmente.


Toma los individuos ya formados o en su defecto los encamina hacia lugares donde
se puedan formar (Centros, Círculos, Asociaciones, Cursos, etc.); o bien el Jefe del
Equipo se toma la tarea de darles la formación necesaria fuera de las reuniones. No
es que la deformación se descarte, sino que se la presupone para poder actuar y por
eso se eligen elementos ya formados.

SU ORGANIZACIÓN: la mínima para mantener la unidad. El Equipo o grupo debe


desembarazarse de toda carga organizativa a fin de tener la suficiente agilidad para
su acción. Conviene tener en cuenta los siguientes puntos:

A) Un Jefe surgido de entre los componentes, con condiciones de dirigente, debe


quedar constituido como cabeza del Equipo.

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B) No hay secretaría. Ni actas. (Si se cree conveniente se puede llevar un cuader-


no de apuntes con los asuntos mas importantes). Ni fichero: basta que el Jefe tenga
la lista de los miembros para citarlos.
C) No hay tesorería. No hay cuota reglamentaria. Para solventar los gastos que
pudieran surgir( propaganda, invitaciones , volantes, libros, folletos, etc.) puede fi-
jarse una cuota voluntaria o repartirse los gastos en cada ocasión.
D) Reuniones: las necesarias para preparar la acción. La experiencia las aconseja
mensuales; el equipo lo determina.
Lugar: donde resulte mas cómodo para todos (Parroquia cercana, casa de familia,
bar, etc.).
Objeto: coordinar la acción individual de los equipistas. Estudiar entre todos el
ambiente; ver los factores favorables o desfavorables que presenta, y lanzarse a su
conquista, y para recoger(revisión de influencias) la experiencia apostólica de sus in-
tegrantes y potenciar con oraciones, experiencias, consejos y orientaciones la acción
individual de cada uno.

SU ACTUACION : No debe tener personería propia como entidad. Se evitará con ello
inconvenientes y entorpecimientos.
Sin necesidad de hacer de su actividad un misterio, no darle la publicidad innece-
saria. El equipo actúa a través de sus miembros; ellos conocidos como cristianos de
acción, pero no como cristianos organizados dentro del ambiente.

LOS JEFES

Continuamos el examen de la organización del apostolado celular con un estu-


dio sobre los Jefes. Y no por una simple razón de método, sino por una mucho mas
poderosa: el apostolado celular será lo que los Jefes quieran que sea. No es en la
organización fría sino en el hombre –inteligencia, corazón y voluntad- donde reside
la fuerza del apostolado. Por eso antes de pensar en poner en funcionamiento el
apostolado celular, más aún, antes de organizar los Grupos o el Equipo según las
líneas fundamentales de ese apostolado, es preciso colocar los puntales de esa orga-
nización: los Jefes. Tanto los Grupos como los Equipos se apoyan en sus respectivo
Jefe y en cuanto a los Presidentes de Centro o Círculo, no hay mas que decir que ellos
son doblemente Jefes, pues son Jefes de los Jefes de Grupo.

De lo dicho surge una consecuencia evidente: lo primero que corresponde hacer


en materia de apostolado celular es formar a los Jefes. Recordemos para ellos que
los Jefes no nacen: se hacen. Es indudable que se requieren ciertas condiciones na-
turales y sociales sin las cuales no se podrá marchar adelante en esa formación, pero
también es cierto que esas condiciones no son tan raras en los buenos socios. Si a

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veces faltan jefes, es mas por ausencia de entusiasmo y espíritu de sacrificio que por
ausencia de aquellas condiciones. Tampoco es difícil formarlos. La parte de la forma-
ción intelectual puede satisfacerse con la abundante bibliografía sobre el espíritu del
dirigente y la técnica de apostolado y de la A.C. que fácilmente puede conseguirse. Y
para formación espiritual y práctica basta el Asesor y otro buen dirigente del Centro
o del Consejo o de la Junta que guíen al futuro Jefe en sus primeros pasos.
También en este punto vienen algunos consejos.
Ya que hablamos de la formación del Jefe señalemos rápidamente algunas de sus
virtudes necesarias. Supuestas las virtudes esenciales del cristianismo y del apóstol, el
Jefe debe tener por lo menos cuatro virtudes o condiciones que no siempre se tienen
de nacimiento y que casi siempre pueden adquirirse por la voluntad y el ejercicio. La
primera de ellas es el ascendiente, es decir, ese conjunto de condiciones que obligan
a reconocer a alguien como “mejor” que nosotros en algún aspecto de la vida. La
segunda es la simpatía, o sea, la capacidad de hacerse querer y de ganarse la amistad
de los hombres. La tercera es el entusiasmo, esa virtud que pone vida y calor hasta
en los detalles mas fríos de la organización, y que es capaz de convertir en héroes a
los hombres mas indiferentes. Y la cuarta es la facilidad de conversación. Decimos
facilidad de conversación y no de palabra, porque son cosas muy distintas. El arte de
conversar es la llave para convencer, entusiasmar y mover a los muchachos. Un Jefe
necesita de ese arte como el cirujano de su bisturí, pues en el “mano a mano” y no
precisamente en las reuniones o asambleas donde logrará el verdadero dominio de
sus hombres.
Esas son las virtudes esenciales. Digamos también algo sobre otros requisitos
secundarios. La edad, por ejemplo, no puede determinarse matemáticamente, pero
en líneas generales conviene que el Jefe sea mayor que sus socios y que los Juniores
tengan Jefes Seniores. La vocación particular del Jefe tiene mas importancia que la
edad. Si el Jefe no se halla a gusto en su Grupo y prefiere otro Grupo u otra actividad,
seguramente que no habrá entusiasmo en sus obras.

Hechas estas aclaraciones previas pasemos a considerar al Jefe elegido y con for-
mación mínima para comenzar a trabajar. ¿Cuáles son sus deberes?.

• DEBER FUNDAMENTAL:
CONDUCIR EL APOSTOLADO CELULAR

Esto es precisamente lo que estamos estudiando y que veremos en las páginas si-
guientes. Ahora haremos sólo un resumen de lo que al Jefe corresponde en esa tarea
para no olvidar que todo el apostolado celular gira a su alrededor.

Con respecto a cada uno de sus socios, el Jefe debe:

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1. Conocer su situación personal en el ambiente, para lo cual es necesario con-


versar mucho de ellos;
2. Hacerles crear sus respectivas células, con determinación expresa y real de
cada uno de sus componentes;
3. Darles las consignas apropiadas teniendo en cuenta los tres tiempos de la con-
signa que se verán mas adelante: estudio del ambiente, consigna, control; y
4. Cuando se trata de Jefe de Grupo relacionar al socio con el Equipo al que per-
tenece por su actividad profesional o social.
Con respecto a todo el Grupo o a todo el Equipo, el Jefe debe:
1. Reunirlo si es necesario para el estudio conjunto de los problemas específi-
cos.
2. Coordinar permanentemente la acción de sus socios, aunque no se realicen
reuniones, y
3. Ser el representante de sus socios ante la C.D.

Con respecto al Presidente del Centro (tratándose de los Jefes de Grupos) o al Conse-
jo Diocesano o Junta Diocesana(tratándose de los Jefes de Equipo) el Jefe debe:
1. Cumplir fielmente y adaptar con inteligencia las consignas generales recibidas,
y
2. Rendir cuenta periódicamente de su misión y del apostolado de cada socio.

• DEBERES PREVIOS

Para poder cumplir eficazmente la misión de conducir el apostolado de sus so-


cios, el Jefe debe tener en cuenta ciertos deberes previos de los cuales depende su
eficiencia como tal. Esos deberes pueden resumirse en la necesidad de prepararse y
formarse constantemente como apóstol y como Jefe. Para ello debe comenzar por
reunir y estudiar todo el material técnico publicado sobre apostolado celular y sobre
la formación de dirigentes en general. Es natural que si el Jefe no sabe lo que debe
hacer y cómo debe ser, sus obras estarán predestinadas al fracaso. Una vez estudiada
su misión conviene que se forje un plan de acción provisorio que lo obligará a concre-
tar lo estudiado y a darle seguridad en sus primeros pasos. Casi está demás decir que
esta preparación de Jefe debe ser constante y perfeccionarse cada vez más a medida
que aumenta su experiencia y la amplitud de su acción apostólica.

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• DEBERES COMPLEMENTARIOS

Queda dicho que la conducción del apostolado celular es el deber fundamental del
Jefe. No debe ser, sin embargo, el único. El Jefe es el responsable de un apóstol, es
decir de un hombre completo y para conducir el apostolado celular es preciso simul-
táneamente preocuparse por toda la vida apostólica del militante y de muchos de sus
problemas formativos. Esta amplitud de los deberes del Jefe se advierte sobre todo
en el Jefe del Grupo, ya que éste debe guiar a sus socios en la parte de responsabili-
dad que les corresponda dentro de las campañas colectivas y servicios juveniles que
organiza el Centro; debe vigilar su cumplimiento reglamentario (asistencia, cuota,
distintivo, etc.); y debe también preocuparse por la formación completa de los mis-
mos, abarcando para ello todos los problemas de edad, ambiente, y profesión que
puedan tener. Para cumplir esta delicada misión recurrirá a las reuniones de Grupo, a
las charlas personales, a la circulación de libros, folletos y revistas dentro del Grupo
y al acercamiento de sus socios al P. Asesor, del cual será siempre un instrumento
responsable.

PRIMER TIEMPO:
EL ESTUDIO DEL AMBIENTE

Solo cuando se han organizado los Grupos o el Equipo y se han designado


sus respectivos Jefes puede ponerse en ejecución el apostolado celular propiamente
dicho. Esa ejecución consiste, en síntesis, en cumplir en el ambiente una directiva o
consigna impartida por el Centro. Prácticamente dicha tarea se realiza en tres tiem-
pos: 1º) estudio del ambiente o de un problema concreto del ambiente, 2º) consigna;
y 3º) control de esa consigna.

Comencemos por el primer tiempo: el estudio del ambiente. Es bueno aclarar


que ese estudio es una tarea permanente del Grupo y del Equipo. Al comienzo, es
verdad, se deberá hacer un estudio del ambiente en sus líneas más generales. Pero
no es ése el único estudio.
También hay que estudiar los problemas particulares del ambiente, los problemas
nuevos, las dificultades individuales de cada socio, las consignas generales o indivi-
duales que periódicamente se deberán impartir. Todo esto es sino “tomar contacto”
con el ambiente, con la realidad del ambiente, para luego actuar apostólicamente
sobre él.
Y esta “toma de contacto” no puede ser esporádica sino continua.
De lo contrario nuestra labor comenzará por ser irreal y terminará por ser estéril.
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• ESTUDIO GENERAL DEL AMBIENTE.


LAS REUNIONES

Tanto para poner en marcha los Grupos o Equipos creados, como para coordinar el
apostolado celular subsiguiente, es conveniente la reunión de todos los miembros
de aquellos. Esta reunión tiene características especiales. Es una reunión que no tie-
ne fecha, lugar ni temas fijos. No es una reunión impuesta por reglamento sino una
reunión que surge espontáneamente como una necesidad.
Se realiza en la Parroquia o en el club, o en la plaza o en la casa de algún socio. Se
trata en ella, al principio, todo lo necesario para organizar el apostolado celular,
entusiasmar a los socios y aclarar ideas. Luego habrá que comenzar el estudio del
ambiente en su aspecto general, religioso, moral y económicosocial
Mas tarde se estudiarán las primeras consignas, las posibles campañas o servicios a
cargo del Grupo o del Equipo. Habrá que estudiar así mismo a los componentes del
ambiente, clasificarlos según sus ideas religiosas , morales, etc.
Otro tema de estas reuniones será el balance de los resultados obtenidos en cada
consigna o en cada campaña, para sacar enseñanzas para el futuro. Todo esto vale
tanto para las reuniones de Grupo como para las de Equipo. Ellas son muy semejan-
tes, pero no iguales.
Las reuniones de Equipo son casi exclusivamente apostólicas; siempre se realizan
para alguna actividad inmediata.

Las reuniones de Grupo, en cambio, tienen finalidades apostólicas y también forma-


tiva. No hay que olvidar que el Grupo es un Centro pequeño.

Aunque las reuniones no tienen fechas fijas, la experiencia indica que no deben
dejarse pasar muchas semanas sin ellas, pues de lo contrario el Grupo o el Equipo
pierden su unidad.

Cuando en estas reuniones se estudie algún problema o tema de doctrina, conviene


emplear el método conocido por “Ver-Juzgar-Obrar”, que es el mas realista e intere-
sante de todos.

• EL METODO EN NUESTRO TRABAJO


APOSTOLICO: VER-JUZGAR-OBRAR

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ACCIÓN CATÓLICA ARGENTINA - Mar adentro

Abocados al problema de embarcarnos con Cristo en esa sublime aventura del


apostolado, nuestro primer deber es ser realistas.

El realismo apostólico es - en cuanto al método- la primera condición de la eficacia


de nuestro trabajo.

Este realismo tiene una fórmula que ya conocemos: Ver-Juzgar-Actuar.

1. una visión clara, precisa y lo mas completa posible de las realidades vivientes,
concretas, de éste nuestro mundo contemporáneo, de cuya dolorosa gestación so-
mos testigos y, en gran parte, actores: de sus concepciones, de sus ideas, sus leyes
sus prejuicios, sus costumbres, sus errores , sus posibilidades de redención, sus vir-
tualidades para el bien... Para ver hace falta mirar. Para mirar es necesaria la humil-
dad.

Ver esta realidad en la que estamos sumergidos –pues somos parte de este mundo-
es como hacer el exámen cuidadoso del enfermo, hacer nuestro propio diagnóstico,
porque padecemos algo de su enfermedad; todos tenemos algo de liberal... de socia-
lista... de naturalista... de racionalista... Hemos sufrido la influencia de este mundo.

2. luego, juzgar, confrontar esa realidad actual con lo que debe ser, con el plan
divino, examinarla a la luz de la doctrina de Cristo, a fin de formarnos un juicio per-
sonal, motivado, exacto, acerca de la actitud que debemos tomar, como bautizados
y confirmados –como apóstoles- frente al mundo contemporáneo. Juzgar es el diag-
nóstico que hace el medico a su enfermo después de haberlo examinado.

Para adquirir este juicio personal hacen falta la sabiduría y la prudencia. En efecto, nos
proponemos hacer prevalecer entre nuestros contemporáneos una noción de la vida
humana que aplique los principios eternos del Evangelio a las realidades terrenales y
que en cierta manera los incorpore, los encarne en ellas. Ahora bien, esto exige que
el Dirigente de A.C., inspirándose en el sentir común de la Iglesia y acomodándose
al juicio de la prudencia, sepa resolver los problemas que plantea incesantemente el
desenvolvimiento de la sociedad actual. No saldrán airosos en este empeño si no han
estudiado largamente la doctrina de la Iglesia y la Teología. Si hemos de imprimir una
forma, un orden, en este mundo contemporáneo, es necesario poseer, antes, esta
forma intelectual en nosotros mismos, es indispensable que primero ordenemos,
rectifiquemos nuestra propia cabeza, nuestra inteligencia. La primera conversión co-
mienza por la inteligencia, dice Santo Tomás.
Visión realista de nuestro mundo.

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Juicio teológico de cómo debe ser.

3. por fin, actuar : es la “presencia activa” de los católicos en todos los campos y
ambientes. Presencia de levadura en la masa. No de acomodo, para escalar, sino de
testigos de la verdad, para decirla y vivirla y con ello ir imprimiendo forma y orden a
ese ambiente en que nos ha colocado la Providencia.
Actuar es aplicar el tratamiento prescripto por el medico después del diagnostico.
Para actuar la condición fundamental es la caridad dentro de la disciplina.
El celo apostólico es la llama de esa caridad. Se alimenta con un amor personal, apa-
sionante, generoso, sin reserva a Cristo. Ve en la empresa de Cristo y de la Iglesia su
propia empresa, a la que se entrega incondicionalmente.

Andemos esas tres etapas: veamos, juzguemos, para que nuestra acción sea eficaz.

• ESTUDIO INDIVIDUAL DEL SOCIO


LA CONVERSACION

Pese a la importancia que tienen las reuniones en la vida del Grupo o del Equipo,
no son ellas el vínculo principal de unión entre sus miembros ni el medio mas eficaz
para conducir el apostolado celular. Ese lugar corresponde a la conversación entre el
Jefe y cada uno de sus socios. Hay que pensar que el estudio general del ambiente
no basta. El apostolado celular, aunque organizado, es esencialmente personal. El
Jefe debe conocer, pues, la situación individual de cada socio, sus compañeros, sus
dificultades y sus posibilidades para poder orientarlos correctamente y controlar su
apostolado celular. Y naturalmente solo puede lograrse por la conversación “mano
a mano”, amistosa, intima, libre de toda atadura de tiempo y lugar, interrumpida y
reanudada en cualquier momento. El Jefe que no supiera conversar y no se esforzara
por aprenderlo está anulado como Jefe.
Mas no es esta la única razón de la importancia del contacto personal entre Jefe y so-
cios. Pensemos que tanto el Grupo como el Equipo lo pueden multiplicar sus reunio-
nes, pues se correría el riesgo de ocupar todo el tiempo libre del socio en reuniones,
cosa a la vez abusiva e ineficaz. No existiendo el vínculo que crean las reuniones fre-
cuentes, hay que asegurar, con ese permanente contacto la coordinación y la unidad
de todos los socios. Nunca es el Jefe tan Jefe como cuando conversa de hombre a
hombre, de corazón a corazón con sus muchachos.

• LA CONCLUSIÓN DEL ESTUDIO: EL PLAN

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Los Jefes deben acostumbrarse a ser rigurosos consigo mismos si quieren conducir
de verdad a sus socios. Nada debe quedar en el aire, nada debe permanecer vago,
indeterminado, dudoso. Si no se concreta bien la meta, nunca llegaremos a ella. Por
eso, después de un estudio general del ambiente o de un estudio individual de un
socio, deben preguntarse: ¿qué se saca en limpio de todo lo dicho?. Eso obliga a
elaborar un plan que si es escrito, es mucho mejor. La elaboración de planes, aunque
sean provisorios, disciplina y habitúa al método. En esos planes deben enumerarse
las soluciones, directivas y consignas sugeridas por el estudio de la realidad. Este es
el “Obrar” del método “Ver-Juzgar-Obrar”.
Una advertencia hay que hacer sobre estos planes. Si su fin es ayudarnos a condu-
cir el Grupo o el Equipo, sería ilógico que nos esclavizáramos a ellos. Nada hay tan
variable como la realidad. En consecuencia, un plan realista, sobre todo si es a largo
plazo, debe sufrir siempre alguna modificación.
Para terminar recordemos que lo primero que debe proponerse el Jefe en los prime-
ros estudios con sus socios es la constitución de la célula de cada uno de ellos, de
acuerdo a las normas dadas anteriormente.

SEGUNDO TIEMPO: LA CONSIGNA

El estudio del ambiente y de la situación de cada socio –primer tiempo del aposto-
lado celular- se realiza para poder dar consignas apropiadas. La consigna – segundo
tiempo del mismo – es una directiva concreta inmediata, cuyo fin es dirigir u orientar
el apostolado celular del socio. Su importancia es extraordinaria porque si ella no
se da, o se da mal, o no se cumple, el apostolado celular queda reducido a cero. La
consigna es el eslabón que une el apostolado personal del socio con la organización
colectiva, y si ese eslabón se rompe, toda la organización ha sido inútil.
Así como en el estudio del ambiente hay que distinguir el estudio individual de
cada socio, en las consignas hay que distinguir las generales de las individuales.
La consigna general se da a un conjunto de socios que pueden ser todos los so-
cios de la A. C., todos los socios de la Diócesis, del Centro, del Grupo o del Equipo.
La consigna individual se da a un socio, para todos o algún miembro de la célula (por
ejemplo: entregar un libro determinado a un compañero de estudio). Hacemos esta
distinción para dejar sentado desde un principio que el apostolado celular no puede
quedar reducido a las consignas generales impartidas de tarde en tarde, sino que
debe bajar a los casos individuales y dirigir con consignas también individuales todas
las posibilidades apostólicas del socio.
Daremos ahora algunas reglas orientadoras para la elección de consignas, tanto
generales como individuales.

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• PREPARAR Y EXPLICAR TODA CONSIGNA

Antes de dar una consigna hay que estudiarla y prepararla bien.


Las consignas artificiales o irreales están condenadas al fracaso y desprestigian a los
Jefes y al mismo apostolado celular ante los socios. Sobre este estudio se ha hablado
ya en el primer tiempo.
Una vez determinada la consigna conviene explicar nuevamente su significado y el
fin que se propone alcanzar con ella. No es lo mismo entregar una publicación para
que se lea un artículo determinado, que entregarla para venderla o para obtener
una suscripción anual. A veces el fin puede cambiar totalmente el sentido de una
consigna. Un simple volante de invitación a un acto puede servir para distintos fines.
Por ejemplo, para hacer notar nuestra presencia y nuestra actividad, o para provocar
comentarios sobre el tema del acto. Un socio mal instruido por su Jefe, podría hacer
fracasar esos fines, limitándose a dar el volante solamente a aquellos que espera han
de asistir al acto.

• CONCRETAR BIEN EL CONTENIDO,


EL TIEMPO Y EL DESTINATARIO.

Si la consigna no es bien concreta, el socio no atinará a cumplirla y el Jefe no podrá


controlarla. Lo primero que se debe concretar es el contenido. Hacer propaganda
para “el cumplimiento del precepto dominical” no es ni será nunca una consigna.
Podrá ser la meta de una campaña, pero esa meta deberá ser alcanzada por sucesivas
consignas bien concretas. Por ejemplo: preguntar al compañero o al amigo en qué
iglesia asistirá a Misa el próximo domingo y si le contesta que a ninguna, preguntarle
porque no lo hace, enseñarle su significado, proponerle asistir algún día juntos. Ense-
ñarle el uso del misal, o cualquier otra idea semejante, perfectamente concretada.
Tampoco se puede llamar con propiedad consigna a directivas como estas: “Or-
ganizar un servicio juvenil en el ambiente”, “Combatir el comunismo”, “Defender la
libertad de enseñanza”. Cada una de esas directivas puede y debe reducirse a consig-
nas inmediatas y concretas, como las siguientes: “ Hacer circular tal folleto ” (que
se entregara a cada socio después de haber sido leído y explicado) sobre el comunis-
mo; “ Provocar un comentario sobre tal o cual noticia aparecida en los periódicos,
referente a la asistencia a clase en la Universidad Católica ” (que se habrá estudiado
antes, junto con los comentarios que ella sugiere y las respuestas a las objeciones
que se podrán hacer), etc.
También debe concretarse el destinatario.Según sea la consigna, debe decirse si ella
debe cumplirse con todos los miembros de la célula, solamente con alguno de ellos
o también con otras personas aunque no pertenezcan a la Célula. Esto depende de

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las circunstancias.
Finalmente, conviene concretar el tiempo para la ejecución de la consigna. Un plazo
indefinido es muerte anticipada de la Consigna. Un plazo demasiado corto ahoga y
traba al socio, sobre todo al principio, cuando carece de experiencia y debe pensar
bastante y tomar coraje antes de obrar.

• SUGERIR UN “MODO” DE EJECUCION

El socio, especialmente cuando no tiene experiencia en el apostolado celular, encuen-


tra dificultades para cumplir ciertas consignas que requieren conversar con otras
personas, u obtener algo de ellas. De allí que sea sumamente provechoso sugerir
–sugerir no es imponer- algún recurso ingenioso para vencer esa dificultad de forma.
Pocos ejemplos aclararán lo que queremos decir.
Un centro dio la consigna de difundir el concepto católico sobre el salario en las fami-
lias de los socios. Se aconsejó aprovechar para ello la hora del almuerzo o de la cena,
cuando todos se hallan reunidos. Y como “modo” de introducir el tema se aconsejó
este recurso: el socio dirá haber oído ese día (en la oficina, en el tranvía o en la calle)
una discusión muy interesante sobre salarios. Uno de los participantes decía tal cosa
(y aquí expondrá algunas de las teorías estudiadas en el Centro). Después de haber
repetido los puntos centrales de la discusión convenientemente dramatizados, tra-
tará de que todos sus familiares den su opinión, oportunidad que aprovechará para
sembrar la doctrina católica, ya sea dándola a conocer como tal, ya sea limitándose
a exponerla como la mas justa, razonable y humana de todas.
El resultado de este recurso fue sorprendente.
Otro Centro dio la consigna de hacer leer entre las amistades un folleto sobre libertad
de enseñanza. Sugirió el siguiente modo de presentarlo: “me interesaría conocer tu
opinión sobre este folleto. ¿Quieres leerlo?”.
Piénsese entre la diferencia que existe entre esta presentación y esta otra: “Tomá
este folleto y léelo, que buena falta te hace... ¡A ver si con esto te dejás de hablar
macanas”, y se comprenderá la importancia que tiene un buen “modo” de ejecutar
la consigna.

• RELACIONAR Y COMBINAR
LAS CONSIGNAS

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Volvemos a repetir la consigna no debe ser nunca artificial. Debe responder siempre
a una necesidad real de los ambientes. Y como esas necesidades están relacionadas
entre sí y solo puede satisfacérselas progresivamente, las consignas deben estar mas
o menos relacionadas y guardar cierto orden progresivo.
Un Centro de jóvenes dio en un mes estas cuatro consignas generales: invitar a una
Misa de Acción de Gracias, hacer leer un folleto sobre comunismo, eliminar las malas
conversaciones del ambiente y hacer suscripciones de tal revista. ¡Error funesto! .
Cada una de esas consignas, si verdaderamente se las quería cumplir a fondo, re-
querían mucho mas tiempo que el señalado. Por otra parte, ningún Centro puede
mantener un tren de una consigna general por semana, cuando esas consignas no
están perfectamente relacionadas entre sí.
Salvo en aquellos casos imprevisibles que requieren una solución inmediata, las con-
signas deben seguir cierto orden progresivo.
Ellas van jalonando una obra de penetración, lenta sí, pero inteligente y orgánica;
obra en la que el socio no se limita a cumplir mecánicamente la consigna sino que
pone toda su iniciativa para adaptarla y complementarla de acuerdo a su situación
personal.
Esto último pone de manifiesto la necesidad de combinar las consignas generales
con las individuales. Al cumplir una consigna general –por ejemplo, la entrega de
una revista- el socio descubre problemas nuevos que deben ser solucionados. Tal vez
un compañero se muestra disconforme con algún artículo juzgándolo inconsciente
o erróneo. Este solo hecho puede dar lugar –en el caso que citamos por ejemplo- a
que el socio le presente un libro sobre el mismo tema, o que le presente a otro ami-
go a un sacerdote para conversar sobre este asunto. Para todo esto será necesaria la
orientación del Jefe, es decir, la preparación de una o más consignas individuales. Es
aconsejable, entonces, dejar cierto espacio de tiempo entre las, consignas generales,
para dar lugar a los Jefes para estudiar sus resultados y sobre ellos impartir consignas
individuales que amplíen la brecha abierta por las generales.
Téngase presente que en el apostolado celular la consigna individual es la que da
siempre el toque definitivo. La conquista de un hombre no puede lograrse con con-
signas generales. Ambas consignas se complementan mutuamente. Solas, resulta-
rían ineficaces.

• DARLES UNA DIMENSION DE GRANDEZA

El peligro de una consigna demasiado concreta es la pequeñez. Lo concreto no es lo


mismo que lo pequeño, pero puede confundirse. Y allí está el peligro, pues bien sa-
bemos que los hombres sólo se entusiasman ante las cosas grandes. Toda consigna,
por lo tanto, debe tener una dimensión que la haga aparecer grande y, en conse-
cuencia capaz de entusiasmar al socio. Para lograrlo, conviene hacer ver las relacio-

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nes íntimas entre esa consigna inmediata y otras futuras, y la relación entre todas
ellas y la conquista final del ambiente. Si un mes se da como consigna “aprender el
nombre completo de cada uno de aquellos que vemos diariamente en la ocupación”,
daremos un tono casi infantil al apostolado celular. Pero si esa consigna se engloba
en otra mayor que es “saludar todos los días sonrientemente a todos ellos”, y a su
vez se relaciona esta consigna con una campaña de dos o tres meses destinada a in-
teresarnos sinceramente por todos nuestros compañeros, comenzando por conocer
sus nombres, sus familias, sus ideas, el resultado será muy distinto. Los muchachos
comprenderán que se trata de algo serio e importante y se dispondrán a prestarle su
atención.

• DEJAR UN MARGEN A
LA INICIATIVA INDIVIDUAL

La consigna debe ser concreta para mover la voluntad del militante, no para encade-
narla. Lamentable papel desempeñaría un Jefe que aplastara la iniciativa de sus so-
cios, convirtiéndolos en ejecutores mecánicos y ciegos de sus consignas. Si hay algo
que distingue o debe distinguir a un Jefe es la capacidad de despertar entusiasmo y
la iniciativa. Toda consigna debe dejar margen a la iniciativa del militante para que él
pueda adoptarla y pefeccionarla. Para ser sinceros debemos decir que el apostolado
celular será una realidad victoriosa el día en que los socios se hallan habituado tanto
a su nuevo trabajo de penetración en los ambientes, que la conducción del Jefe pase
a segundo plano, para dar preeminencia a la iniciativa personal, ingeniosa, enérgica,
múltiple, flexible y arrolladora de los socios. Entonces cada socio habrá obtenido
“autonomía de vuelo” y será, si puede así decirse, Jefe de sí mismo.

• NO ESPERARLO TODO...

Las consignas generales pueden ser de orden diocesano, o aún nacional; pero
siempre requerirán ser adaptadas, desmenuzadas, convertidas en concretas e indivi-
duales.
He aquí el arte del Jefe y el arte del militante: adoptar las consignas y los planes a su
condición individual y a sus problemas de ambiente.
He aquí el secreto de la especialización. La especialización no es una organización,
sino una adaptación.
Cada uno debe hacer su trabajo; no lo esperará del Consejo, de la Junta, ni aún de
su Comisión Directiva.

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TERCER TIEMPO: EL CONTROL

Con el control del cumplimiento de la consigna se cierra el ciclo del apostolado celu-
lar. Este control –lo llamaremos así pese a que la palabra es poco simpática- es abso-
lutamente necesario el apostolado celular por dos motivos. En primer término ¡cómo
se podría tenerse la seguridad de que el socio cumplió la consigna si no se controla
su cumplimiento?. Y en segundo lugar ¿cómo preparar las consignas futuras si no se
conoce el resultado de las anteriores?
Ambas razones exigen que, como complemento de la consigna, el Jefe converse con
sus socios para oír la relación de su acción personal tendiente a cumplir la consigna
impartida. Eso es, en suma, el control.
Gracias al control el apostolado celular se convierte en una cadena sin fin: se estu-
dia el ambiente para dar una consigna general; el socio cumple la consigna y rinde
cuentas al Jefe; ambos vuelven a estudiar los resultados de la primera consigna y
fijan otra, que puede ser individual, para completar la primera; vuelve el socio a in-
formar al Jefe y así sucesivamente hasta conquistar todo el ambiente, meta que si no
alcanzamos a ver realizada nosotros, la verán aquellos a quienes nosotros hayamos
abierto el camino.

• OPORTUNIDAD DEL CONTROL

El control puede realizarse en cualquier oportunidad después de haber impartido


la consigna. Una simple pregunta -¿Que tal te fué con la consigna?- dicha al pasar,
puede ser el origen de una conversación sobre los detalles que interesan al Jefe. No
conviene dejar pasar mucho tiempo sin intentarlo, para que el socio no postergue
indefinidamente el cumplimiento de la consigna, con los inconvenientes que de ello
surgen: pérdida del entusiasmo, olvido de las directivas, etc.
Además de éste control individual sin oportunidad fija debe realizarse en las reunio-
nes de los Centros y Círculos un breve comentario –“Revisión de influencias”- sobre
las experiencias más interesantes hechas con motivo del cumplimiento de la última
consigna. Junto a su interés instructivo esto tendría una beneficiosa influencia para
el entusiasmo de los socios. Un control absolutamente privado hace perder la visión
del conjunto, visión tan estimulante para el que debe trabajar sólo en medio del
ambiente

• MODO

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El modo se adivina. Debe ser tolerante y a la vez firme, amistoso y serio, espontáneo
y estudiado. Si el Jefe logra ser el mejor amigo de sus socios no tendrá dificultades.
Debe privar en el Jefe el deseo de ser útil al socio, antes que el de exigir cuentas de
su responsabilidad. Hay socios que no trabajan por pereza y negligencia, pero aún
a ellos no se conseguirá moverlos sino con buenas maneras. Es necesario pedir a
los Jefes mucha paciencia y mucha perseverancia, que son las virtudes de todos los
comienzos. Muchas desilusiones se llevarán al principio. Serán mal interpretados y
desobedecidos. Pero si el Jefe resulta invulnerable a esos fracasos inevitables de la
primera hora, y su rostro no pierde la sonrisa del optimismo y el entusiasmo, el triun-
fo no tardará en llegar

• EL CONTROL DEL PRESIDENTE


Y DEL CONSEJO

En un Centro el Presidente tiene, en orden al apostolado celular, dos misiones.


Con respecto a los Jefes de Grupo es un verdadero Jefe. Debe, en consecuencia,
controlar su apostolado celular como hacen los Jefes con sus socios. Como en todo
Jefe debe suponerse una gran responsabilidad, este trabajo del Presidente ha de
resultar relativamente aliviado. con respecto a los socios, el Presidente debe llevar
un control indirecto, es decir, sin interferir la labor de los Jefes; debe estar al tanto
de los progresos o dificultades mas serias de cada socio. Solo cuando halla algo ex-
traordinario en la conducta del socio, el Presidente tomará cartas en el asunto y se
empleará a fondo.
Para desempeñar estas dos misiones se hace necesario un contacto muy intimo entre
el Presidente y sus Jefes, contacto que nada tiene de solemne y al que puede aplicar-
se perfectamente todo lo dicho sobre el contacto entre los Jefes y socios. Recomen-
damos tan solo que no se pase mes sin que el Presidente se entreviste con cada Jefe
para un estudio a fondo de estas cuestiones.
Lo que acabamos de decir del Presidente, vale también para el Consejo y la Junta con
respecto a los Jefes de Equipo.
Los Consejos de cada rama estudiarán la forma de realizar esta revisión y este con-
tacto en el seno de la Junta.

RELACIONES CON LAS DEMAS


ACTIVIDADES

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Hemos terminado con la organización y la técnica del apostolado celular. Queremos


ahora salir al pasado de un peligro que amenaza frecuentemente a la labor de los
Centros: las complicaciones innecesarias ¿Cómo es posible –se oye decir a veces -que
con pocos socios que tenemos en el Centro o en el Círculo podamos crear Grupos,
nombrar Jefes, organizar campañas, servicios, difundir publicaciones y ocuparnos
simultáneamente del Apostolado Militar, Publicidad y Propaganda, Moralidad, Eco-
nómico-Social, etc.?.
Vamos a tratar de responder a esta pregunta, relacionando todas las actividades del
Centro, integrándolas y jerarquizándolas en un cuadro orgánico.

• EL APOSTOLADO CELULAR,
ACTIVIDAD CENTRAL

Después de lo dicho en la primera parte de este folleto no puede cabernos ninguna


duda de la preeminencia de la penetración ambiental sobre cualquier otra actividad
apostólica propia de los laicos y de la necesidad de lograr, dentro de la A.C, el apóstol
completo exigido por esa tarea.
El apostolado celular es un instrumento técnico indispensable para esa clase de pe-
netración. Luego el apostolado celular, tanto en su organización como en su técnica,
debe ser algo así como la espina dorsal del Centro y , con mucha mas razón, del
Equipo. Alrededor del apostolado celular, pues, debemos ordenar todas las demás
actividades del Centro o Círculo; tal como sucede en un ejército, donde hay muchas
organizaciones circunstanciales (para desfile, para orden cerrado, vigilancia, etc.),
pero una sola organización permanente: aquella que el ejército ha adoptado para el
fin principal al cual está destinado: el combate.

• ORGANIZACION Y JERARQUIZACION
DE ACTIVIDADES

Con la base anterior intentemos ahora una ordenación y jerarquización de activida-


des.
Está dicho que el apostolado celular es la actividad permanente y fundamental.
Todos los socios, cualquiera sea su cargo, desde el presidente al último provisorio,
están obligados a realizarlo.
Las demás actividades apostólicas pueden relacionarse perfectamente con el aposto-
lado celular. Si se trata de una consigna o plan nacional, los Grupos deben considerar
la consigna Nº 1 y la consigna nacional por excelencia. Si se trata de las campañas
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apostólicas (Comunión Pascual, Jornadas de Juventud, Grandes Misiones, etc.), ellas


son verdaderas movilizaciones para los Grupos, a fin de lograr que la propaganda
exterior o impersonal sea apoyada por un intenso apostolado personal. Aún en lo
que las campañas tienen de organizativo puede emplearse la organización del apos-
tolado celular si se trata de pegatina de carteles, preparación de locales, reparto de
invitaciones, etc., ¿por qué en vez de crear comisiones especiales no utilizar los Gru-
pos y dividir el trabajo entre ellos?.
De los servicios sociales no puede decirse lo mismo porque, por lo general, requieren
una organización que sobrepasan los límites de un grupo. Pero en ese caso son los
Grupos los que deben poner a sus socios en contacto con las personas atraídas por
el servicio, para completar la influencia general del mismo con la influencia personal
del apostolado celular.
A las actividades internas puede aplicarse lo dicho al comienzo: todo el cumplimiento
reglamentario del socio, incluso el pago de la cuota, puede estar muy bien bajo la
responsabilidad de los Jefes. El estudio y la formación especializada, ya sea a base
de lecturas o reuniones especiales, lo mismo. ¿Es tan difícil hacer circular revistas y
libros de lectura fácil, pero educativa, entre los miembros de un Grupo? . la misma
especialización vertical en la J.A.C. y en la A.J.A.C. (Juniores y Seniores) ¿no queda
virtualmente englobada en la división en grupos?. Si la afinidad es difícil de lograr
entre Juniores y Seniores, lógicamente ambos tendrán Grupos distintos y sus Jefes
deben ser –si son Jefes completos como se desea- verdaderos delegados de juniores
y seniores con respecto a sus muchachos.
En suma, aunque no sea mas que por una simple razón psicológica, conviene simpli-
ficar por una la organización y por otra personalizar las responsabilidades.
Ambas pueden lograrse con los Grupos y sus Jefes.
Todo lo que se puede hacer por intermedio de los Jefes y de los Grupos –que es
mucho, pues, como hemos visto, la organización del apostolado celular es flexible
y de múltiples aplicaciones- redundará en beneficio de una mayor simplificación y
responsabilidad.

• DISTRIBUCIÓN DE CARGOS

Los dirigentes son escasos. ¿Cómo distribuirlos?. Hagámoslo con el mismo criterio
empleado para las actividades. Ciertamente que el ideal es que todo socio, aparte
del apostolado celular, sea responsable de alguna actividad tales como Secretaría,
Tesorería, Educación, Publicidad y Propaganda, Moralidad, Económico-Social, la di-
rección del Curso de Cultura Religiosa, y hasta la misma Delegación de Penetración,
que pueden repartirse entre los socios según sus aptitudes e inclinaciones, después
de haber llenado los cargos principales que son aquellos que exigen una conducción
directa de hombres y no solamente de actividades personales. La conducción de
hombres es lo que caracteriza al jefe. Y ella corresponde en primer plano al Presiden-
te (Jefe de Jefes) y luego al Delegado o Delegada de Aspirantes o Niños (Jefe de los
Aspirantes o Niños), a los Jefes de Grupo, al Delegado de Juniores o Seniores (que
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puede ser algún Jefe de Grupo integrado por juniores y Seniores) y al Delegado o De-
legada de Provisorios. Estos son los cargos más importantes del Centro y los primeros
que deben ser distribuidos.
Si en el Centro no hubiera socios suficientes, un mismo socio podrá tener dos cargos.
Por ejemplo, Jefe de Grupo y Tesorero. Pero la actividad principal será para el socio el
Grupo, porque en el primero se juega el destino de hombres, es decir de almas, valor
supremo dentro de la organización.

ADAPTACION EN LOS DISTINTOS


CENTROS Y CIRCULOS

“Está bien –dirá alguien después de haber leído las páginas anteriores, todo está
bien; pero sucede que en mi Centro o en mi Círculo somos tan pocos que ni siquiera
se pueden organizar Grupos”
¿Tendrá que renunciar ese Centro o Círculo al Apostolado Celular?. Eso será ridí-
culo y absurdo. Los Grupos no son un fin sino un medio. Y lo menos que se puede
pedir a un dirigente es que no confunda ambas cosas, es decir, que sepa adaptar una
directiva general a una realidad inmediata.
La adaptación es una tarea que requiere por parte del dirigente:

1) El conocimiento de la “idea fundamental” de lo que se quiere adaptar(pues si


no se tiene una noción clara de ella se corre el riesgo de desfigurarla y desvirtuarla en
lugar de adaptarla).
2) El conocimiento exacto de la realidad.
La “idea fundamental” del apostolado celular, en cuanto a sus fines, está en la pene-
tración ambiental, y en cuanto a los medios, en combinación del apostolado indivi-
dual con la organización colectiva, es decir, en la dirección y control del apostolado
individual por un dirigente llamado Jefe.
Para facilitar a los dirigentes de Centro la tarea de adaptar esa idea fundamental
vamos a dar tres tipos teóricos de adaptación.

• TIPO MAXIMO

Todo Centro está dividido en Grupos, ya sea por afinidad, ya sea por profesión. El
Presidente no tiene ningún Grupo a su cargo.

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La división por afinidad permite las combinaciones más variadas. De ella no se pue-
den dar mas que ejemplo al azar; tendríamos en la J.A.C. Grupo Deportes, Econó-
mico-social, Colegio Nacional, barrio Oeste, etc., si no se tiene una característica que
pueda distinguirlo, se le darán nombres especiales: letras, números o patronos.
La división por profesión permite una clasificación más exacta. Teóricamente, un Cen-
tro de Jóvenes que abarcara socios de todas profesiones y edades tendría los Grupos
que aquí enunciamos: Obreros Juniores, Obreros Seniores, estudiantes Juniores, Es-
tudiantes Seniores, Empleados Juniores, Empleados Seniores, Independientes Junio-
res, Independientes Seniores, Agrarios Juniores, Agrarios Seniores. La enumeración
es teórica porque difícilmente un Centro podrá ser tan heterogéneo, pese a que la
heterogeneidad en este caso es un bien que debemos desear.
En la A.H.A.C.: Grupo de Empleados de Comercio, de oficinistas, de obreros, de pro-
fesionales, etc.
En las ramas femeninas de modo semejante

• TIPO MEDIO

EL Centro tiene un número suficiente de socios pero por distintas razones (falta mo-
mentánea de Jefes, conveniencia de marchar gradualmente, etc.), no llega a estar
totalmente dividido en Grupos con sus respectivos Jefes. Pueden darse casos diver-
sos. Por ejemplo: una parte del Centro está dividido en Grupos y la otra sigue como
hasta ahora. Otro ejemplo: como no hay jefes para todos los Grupos, el presidente se
encarga provisionalmente de uno de ellos

• TIPO MINIMO

El Centro tiene tan pocos socios que no puede dividir en grupos o, teniendo cierto
número como para permitir una división, carece en absoluto de Jefes. En este caso
todo el Centro se considera un solo Grupo y el Presidente hace las veces de Jefe. ¿Un
Centro de un solo Grupo? ¿Y que tiene de extraño?. Mientras se respete la “idea fun-
damental” del apostolado celular y se aplique su técnica (célula, consigna, control,
etc.) estaremos mejor que en un Centro con muchos Grupos, pero donde el aposto-
lado celular sólo existe en el papel.

• EN LOS CENTROS Y CIRCULOS


ESPECIALIZADOS

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La organización ha de ser la misma. Cada grupo con su Jefe de acuerdo a los cursos
en que actúan los estudiantes, a los ambientes en que actúan los profesionales; o
divididos por carreras, o por Escuelas o facultades.
Incluso en los Centros y Círculos Internos este trabajo en Grupos será utilísimo para
lograr una verdadera formación apostólica.

TERCERA PARTE

LA ACCION PERSONAL

• El “hombre clave” de la conquista: el apóstol-célula


• Los pasos previos

• Ejecución de la conquista

• Los pasos complementarios

• Algunos obstáculos de la marcha

Al estudiar la organización del apostolado celular se pudo observar que ella tien-
de, en síntesis, a preparar y ejecutar eficazmente las consignas. la consigna es, efec-
tivamente, el eslabón que une la organización con la acción personal del socio en su
propio ambiente. Se pudo ver, así mismo, que las consignas debían guardar entre sí
cierta coordinación y orden gradual. No pueden ellas convertirse en hechos aislados
y arbitrarios. Por el contrario, vistas en conjunto, deben ser etapas o momentos de
una sola empresa; mojones que señalan el camino e la conquista de un alma para
Cristo.
Conviene, por lo tanto, después de haber estudiado la organización colectiva,
hacer lo mismo con la acción personal y ésta es lo fundamental.
Con ello ayudaremos a los socios a desempeñarse en su tarea de penetración
ambiental; y a la vez daremos a los Jefes una guía para ordenar las consignas –espe-
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cialmente las individuales- según un plan gradual y progresivo de penetración.

Estudiaremos sucesivamente:

Ø El “hombre clave” de la conquista: el apóstol-célula

Ø Los pasos previos

- Toma de posición
- Preparación

Ø ejecución de la conquista

- Primera conquista : los corazones


- Segunda conquista: las inteligencias
- Tercera conquista: las voluntades

Ø Los pasos complementarios

- Consolidación de la conquista
- Multiplicación de la conquista

Ø Algunos obstáculos en la marcha

EL APOSTOL-CELULA

Al hablar de la organización del apostolado celular dijimos que ella descansaba


sobre el Jefe, es decir, sobre el hombre. También la ejecución final de ese apostolado
que no es sino la conquista personal y directa de nuestros compañeros y del ambien-
te total, descansa sobre un hombre: el apóstol-célula. Cuando el hombre no sirve,
cuando carece de condiciones naturales y sobrenaturales, es inútil buscar recetas o
remedios mágicos para suplir su incapacidad: el apostolado no es cuestión de hacer

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ACCIÓN CATÓLICA ARGENTINA - Mar adentro

sino de ser
¿Y que debe “ser” entonces el apóstol de la Acción Católica? Se ha dado de él
una hermosa y exacta definición”: El hombre que vive su vida de Cristiano, apostó-
licamente, en la unidad de la A.C., con mandato de la Jerarquía”. A esta definición
–explicada extensamente en “Juventud de Acción”- el término “apóstol-célula” sólo
agrega la idea de un método especial de apostolado: el apostolado celular.
Apóstol-célula significa que no se concibe un apóstol desvinculado del ambiente,
aislado o inmóvil. El apóstol debe estar en constante irradiación de vida y verdad.
Aquellos que reciben permanentemente esa irradiación forman con el apóstol una
sola célula, campo de ejecución de las consignas del apostolado celular.
Brevísimamente señalaremos los deberes que dentro del plan del apostolado
celular tiene el apóstol-célula, para luego, en las páginas siguientes, hacer el proceso
de su penetración y conquistas.

• DEBERES FUNDAMENTALES

El apostolado celular exige al socio una relación constante con las dos bases de ope-
ración del mismo: el Grupo y el Equipo. Un socio que no está vinculado al Equipo
de su ambiente traiciona sus deberes apostólicos fundamentales, abandona a sus
compañeros, se pasa al enemigo.
Por lo tanto, en el Grupo como en el Equipo, el militante de la A.C. debe:
1) Dar cuenta de la formación de su célula.
2) Colaborar con el estudio del ambiente.
3) Recibir y cumplir eficazmente las consignas.
4) Informar sobre su cumplimiento.

• DEBERES PREVIOS Y COMPLEMENTARIOS

Lo que dijimos de los deberes previos y complementarios del Jefe puede aplicarse co-
rrelativamente al socio. Para poder cumplir los deberes fundamentales, el socio debe
formarse sólidamente, y debe participar de todas las demás actividades apostólicas
y formativas del Grupo y del Equipo. Pero por sobre todo, debe recordar siempre lo
que se dijo del espíritu del apostolado celular y de la triple relación con Dios, con los
hombres del ambiente y con la A.C.

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ACCIÓN CATÓLICA ARGENTINA - Mar adentro

LA TOMA DE POSICION
Lo primero que debe hacer el apóstol al incorporarse a un ambiente o al decidirse a
realizar en él un trabajo serio de penetración, es fortalecer su posición moral ante los
demás. A esto llamamos “toma de posición”. Sin haberse hecho fuerte en el propio
puesto, cualquier avance posterior resulta imposible o, cuando menos, peligroso.
Para lograrlo recordemos las siguientes normas:

• DEFINIRSE CUANTO ANTES

El que viviera escondiéndose o avergonzándose de su condición, además de no po-


der jamás realizar ningún apostolado, merecería el menosprecio de los demás. Una
definición sencilla pero valiente significa un triunfo inicial. Aquí reside el gran valor
del distintivo o de la oración de rodillas en la primera noche de cuartel. No compren-
demos a ciertos militantes de la A.C.A. que no usan su distintivo. ¿Creen que con ese
ocultamiento favorecen su apostolado? ¿A quien pueden engañar? Con su distintivo,
la toma de posición ha de definir prontamente al militante, de modo que debe usar-
lo. Por supuesto, que en ciertos casos de excepción, será mas prudente no llevarlo.

• DAR TESTIMONIO

Siempre se ha hablado del ejemplo, considerándolo como primer deber del apóstol.
La palabra testimonio es, sin embargo, mas exacta. Mas que dar ejemplo de vida
cristiana, el apóstol da testimonio de Cristo. Su vida es intachable porque él debe
hacer sensible la verdad del cristianismo y la posibilidad de la vida cristiana. Por eso
no dar ejemplo es ya dar escándalo; mas aún: es traicionar a Cristo echando sobre Él
la vergüenza de la propia vida. De nada vale una definición valiente si luego no se es
consecuente con esa definición. Nunca se es demasiado celoso del propio honor, tra-
tándose de la rectitud de nuestra vida, ya sea religiosa, moral, profesional o social.
Pero, ¡atención!, el apostolado no reside en el simple testimonio, el apóstol de la A.C.
se ha comprometido, además de la oración y el ejemplo, al apostolado de la acción.

• SOBRESALIR POR EL VALOR


HUMANO Y PROFESIONAL

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Esto contribuye poderosamente a la adquisición de una personalidad independiente,


reconocida y respetada, libera de la dominación y de la absorción de la masa y crea
un ascendiente benéfico y provechoso. No se quiere decir por supuesto que sólo los
personajes puedan ser apóstoles sino que todos deben ser eminentes en su propio
oficio por más humilde y común que este sea. El apóstol debe ser un hombre de
trabajo o un hombre de estudio, sin ser esclavo de uno u otro; y debe ser el mejor
compañero de trabajo o de estudio, sin convertirse por eso en cómplice de nadie.

LA PREPARACION DE LA CONQUISTA

El militante, mientras asegura su propia posición, debe empezar a preparar su futura


penetración, sus futuras conquistas. No tiene prisa, pero tampoco pierde tiempo.
Sabe que el apostolado es la empresa más grande que hay sobre la tierra y concreta
en ella toda su inteligencia, su ingenio y su experiencia. Para preparar su acción futu-
ra le conviene seguir los siguientes pasos:

• ESTUDIAR LOS HOMBRES DEL AMBIENTE

Los hombres (varones y mujeres) no pueden reducirse a un tipo único y teórico. Cada
hombre es un ser distinto de los de más y el apostolado tiene que tener en cuenta to-
das sus características individuales. Conviene intentar una clasificación aproximativa:
incrédulos, indiferentes, pecadores, tibios, buenos posibles apóstoles. Eso obligará a
aguzar la atención y creará un excelente hábito de preocupación apostólica.

• DETERMINAR LA PROPIA CELULA

Entre los hombres ya estudiados es necesario elegir algunos para realizar con ellos
un trabajo preferente y especial, o sea, determinar los miembros de la célula. Esta
limitación del campo apostólico tiene una gran ventaja psicológica: la voluntad no se
mueve si no se determina perfectamente el objetivo. Y como es imposible conquistar
a la vez a una multitud de hombres, mientras no concentremos nuestra atención en
algunos, no haremos nada.

• BUSCAR EL PUNTO DE CONTACTO

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Determinada ya la célula, hay que buscar un punto de contacto con cada uno de sus
miembros. Todo hombre, aún los más inabordables, tienen un flanco accesible, un
lado fácil. Por allí hay que preparar la conquista. Hay que encontrar primeramente lo
que nos une para ir luego a lo que nos separa. Lo contrario resultaría desastroso.

• TRATAR DE COMPRENDER

Es decir, colocarnos en lugar de aquellos que forman nuestra célula y comprender to-
das sus preocupaciones, sus ilusiones, sus debilidades y sus prejuicios. A los hombres
les interesan sus problemas, sus ideas y sus negocios y no los nuestros; por eso hay
que conocerlos bien para poder adaptar luego nuestro “mensaje apostólico” a sus
características individuales.

• HACER UN PLAN PROVISORIO

En la conquista de un alma es imposible hacer un plan teórico definitivo. Los caminos


que conducen a Dios siempre tienen sorpresas. Pero es muy bueno hacer un plan
provisorio, pues nos obliga a concretar los medios que vamos a emplear en nuestro
apostolado y a comenzar seriamente nuestra misión. Una vez iniciada, cambiaremos
nuestro plan todas las veces que sea necesario.

PRIMERA CONQUISTA:
LOS CORAZONES

En la conquista de un hombre (varón o mujer) hay tres etapas casi siempre inevitables:
primero, la conquista del corazón; en segundo lugar, la conquista de la inteligencia;
finalmente, la conquista de la voluntad. Esto como todas las cosas humanas debe
entenderse dentro de cierto margen de flexibilidad y relatividad. Pero nunca estará
de mas recordarlo, sobre todo en lo que se refiere a la primera etapa. Si no logramos
hacernos amar, todos los caminos se cerrarán a nuestro apostolado. Y para hacerse
amar no hay otro remedio que amar y servir. Es amando y sirviendo de verdad como
lograremos hacernos escuchar. Y eso, no sólo por una razón psicológica elemental,
sino, ante todo, por una razón eminentemente sobrenatural: el apostolado es un

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deber de caridad, y sin caridad no hay apostolado.


Algunas consecuencias que de esto se derivan nos serán muy útiles en la conquista
de los corazones:

• SER EL MEJOR COMPAÑERO

A la virtud del compañerismo se rinde culto en todas partes. Cuando se dice de al-
guien “es un buen compañero” se le abren con ello muchas puertas. Buen compa-
ñero es aquel que no le saca el hombro al trabajo, que no acostumbra “avivarse” a
costa de sus compañeros; es aquel que odia los chismes, que tiene una sola cara y
una sola palabra, que esta siempre pronto para hacer una “gauchada”, ese pequeño
servicio que tanto se aprecia. Buen compañero es el que sabe esconder cuidadosa-
mente su mal humor, que no riñe ni ofende, que sabe aceptar una broma y disimular
una ofensa, que no vive adulando a los de arriba sino sirviendo a los de abajo.
Para ser buen compañero no es necesario traer todos los días un chiste nuevo ni ser
un maestro de la “cachada”. Por el contrario, cierta reserva y corrección exterior, su-
mada a las demás condiciones del apóstol ya enumeradas, hará que nuestros com-
pañeros se confíen a nosotros y nos descubran aquellos pequeños grandes secretos
que todos los hombres necesitan compartir de vez en cuando con alguien que sean
mejor o distinto de ellos.

• SACRIFICARSE POR LA AMISTAD

Para todos se debe ser el mejor compañero. Pero no de todos se puede ser amigo.
Seámoslo especialmente de aquéllos que forman nuestra Célula y de aquellos que
comparten nuestro apostolado. El mundo muere envenenado por el egoísmo. Por
eso la caridad es el arma de la hora. Muchos no comprenden el lenguaje de las ra-
zones, pero entienden el lenguaje del amor. De allí que la frialdad o la infidelidad en
los deberes de la amistad sea la muerte anticipada de todo intento apostólico. Ne-
cesitamos, por lo tanto, jóvenes que sean maestros y cruzados de la amistad y sepan
sacrificarse alegremente por ella.

SEGUNDA CONQUISTA:
LAS INTELIGENCIAS

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Cuando se han eliminado los obstáculos afectivos: rivalidad, desconfianza, preven-


ción o antipatía, es decir, cuando se ha conquistado el corazón, podemos tener la se-
guridad de que se nos va ha escuchar. Y esta oportunidad llega muy pronto, porque
para conquistar la simpatía de nuestros compañeros se requiere poco tiempo.
La conquista de las inteligencias consiste esencialmente en la difusión paulatina y
permanente del pensamiento cristiano sobre todos los problemas humanos y socia-
les, con el fin de modificar la opinión media del ambiente, tarea que exige como paso
previo la eliminación de prejuicios corrientes en materia religiosa o moral.
No olvidemos las siguientes recomendaciones:

• HACER SENTIR NUESTRA PRESENCIA

Nada de silencios temerosos, ni aislacionismos aristocráticos. Para influir debemos


estar presentes. Debemos considerarnos y ser considerados como “uno del ambien-
te”. La “política de presencia” se impone como imperativo apostólico de la hora. Es
preciso estar donde las circunstancias nos reclaman. Esa es la única forma de que “se
nos tenga en cuenta”.

• DIFUNDIR EL CRITERIO CRISTIANO


SOBRE TODOS LOS PROBLEMAS

Frente a los juicios no cristianos espontáneamente surgidos en todos los ambientes


demos los juicios cristianos, claros, positivos, bien fundados, cortos, expresivos, sere-
nos y objetivos. Bajemos a los casos concretos y califiquemos lo bueno como bueno y
lo malo como malo. Por lo general, no será necesario decir que ése es el pensamiento
cristiano; bastará que lo reconozcan como el pensamiento verdadero y justo.

• IR GRADUALMENTE

La modificación de una mentalidad ya formada, máxime si es la mentalidad de todo


un ambiente, se realiza gradualmente. Si pretendemos ignorar ese proceso natural
a veces un poco lento para nuestra impaciencia pero no para Dios, iremos derecha-
mente al fracaso.

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Lo importante es no callar ni abandonar la empresa; hoy una conversación, mañana


un folleto, pasado un periódico o un libro, otro día un discurso, o una fiesta o un
comentario, y así siempre.
Esto es mil veces mas provechoso que una posición beligerante o una crítica constan-
temente destructiva y violenta.

• CUIDARSE DE TODO CUNFUSIONISMO

Cuando nos entregamos definitivamente al apostolado debemos estar dispuestos a


renunciar o por lo menos a callar muchas opiniones y partidismos personales, por
mas legítimos que sean dentro del criterio católico. Si realmente queremos llevar a
todas partes la Verdad de Cristo tenemos que poner el máximo cuidado para que ella
no sea confundida con nuestras opiniones políticas, económicas o sociales. No sea
que en vez de servir a la Verdad nos sirvamos a nosotros mismos. No siempre lo que
se puede expresar tranquilamente entre gente conocedora de la doctrina católica
se puede decir ante quienes, por desconocer esa doctrina, corren el peligro de con-
fundir lo eterno con lo temporal. Si no somos capaces de ese sacrificio, es preferible
renunciar a un apostolado sistemático. Así, por lo menos, no alejaremos a nadie de
la Iglesia por culpa nuestra.

TERCERA CONQUISTA:
LAS VOLUNTADES

La conquista de los corazones y de las inteligencias prepara la conquista de la vo-


luntad, pues la voluntad tiende naturalmente hacia aquello que se considera verda-
dero, mas aún cuando es presentado u ofrecido por alguien con quien se simpatiza.
Pero, generalmente, aún realizada esa preparación, la voluntad debe ser empujada o
ayudada para quedar completamente conquistada.
Como ese “empujón” viene de Dios, que es Quien mueve las almas y Quien distri-
buye la Gracia, no está demás insistir otra vez en la necesidad de la oración, nunca
tan necesaria como en este momento. Hecha esta aclaración demos ahora algunos
consejos de orden natural y humano:

• SITIAR ANTES DE ATACAR

El apostolado es un movimiento envolvente. Hay que aislar del mal al hombre que

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vamos a conquistar, hay que introducirlo en ambientes favorables, rodearlo de bue-


nos amigos, siempre que sea posible, y predisponerlo, poco a poco, a considerar la
posibilidad de un cambio en sus ideas o en su vida.

• HABLAR A SOLAS

Cuando se habla a un hombre en presencia de otros, su respuesta estará encadenada


a la presión del ambiente, al respeto humano y a cien pequeñas debilidades. Hablán-
dolo a solas podemos obtener una respuesta sincera y libre.

• ELEGIR EL MOMENTO PSICOLOGICO

Cuando un hombre está apurado, o sale de su casa, o se halla de mal humor o muy
preocupado, es muy difícil que nos preste la atención debida. Conviene mucho más
esperar una ocasión favorable, que puede ser tanto un momento de alegría como
uno de abandono, duda o tristeza; o bien provocar nosotros mismos la ocasión con
tacto y prudencia.

• SABER DESPERTAR INTERES

Para mover la voluntad de otra persona es necesario “interesarla”, o lo que es igual,


despertar en ella un deseo, encontrar un motivo que la mueva. Por lo tanto, antes de
hablar debemos buscar ese “motivo”. Es inútil decir, por ejemplo: “Me gustaría que
asistieras”... mucho más eficiente sería decir: “Si asistes, seguramente te gustará...”
Para lograr ese interés conviene apelar siempre a un motivo noble, despertar alguna
inquietud casi dormida, exaltar un ideal hacer notar una noble conveniencia o lanzar
si es preciso un desafío amistoso.
El tono con que se habla también influye: un tono varonil, juvenil, convincente, y a
la vez sencillo y llano, desprovisto de todo aire monjil, paternal o sermoneador y de
todo dejo de ironía o agresividad, invita a aceptar.

LA CONSOLIDACION DE LA CONQUISTA

Suponemos que después de muchos esfuerzos logramos conquistar el corazón, la


inteligencia y la voluntad. Nuestra tarea, sin embargo, no está concluida. Debemos
iniciar otra tan delicada como la conquista: la consolidación o fijación, es decir, la
perseverancia en el bien del alma conquistada.

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Tengamos en cuenta para eso:

• NO ABANDONAR AL CONQUISTADO

El espíritu de aventura y novedad aplicado al apostolado es fatal. Un recién converti-


do y abandonado a sus propias fuerzas, fácilmente recae en su anterior estado o en
otro peor, pues aquí también las recaídas son muy graves. Por lo demás el apostolado
no es cuestión de números ni de “récords”: el valor de una sola alma es ya magnitud
infinita.

• IMPULSAR SU ASCENSO CONSTANTE

También en la vida de la gracia hay que ir por grados. No se puede presentar un pro-
grama extraordinario al que apenas la conoce. Pero tampoco se lo puede abandonar
definitivamente en los primeros escalones o en la mediocridad. Cuando sea necesario
corregirle algunos defectos, hagámoslo en lo posible en forma indirecta, después de
haber elogiado sus adelantos y hablando de nuestros propios errores.
Cuando notemos un progreso, elogiémoslo y aplaudámoslo sin reservas. Hagamos
que los defectos parezcan fácilmente corregibles. No revelemos nunca impaciencia,
desagrado o contrariedad.
Sepamos insistir naturalmente sin ser cargosos ni molestos. Y sobre todo alentemos,
alentemos mucho.

• RELACIONANDO CON UN
AMBIENTE FAVORABLE

La mejor garantía de perseverancia es introducirlo en un ambiente propicio a su


progreso: eliminando simultáneamente las antiguas influencias que pudieran atarlo
a su vida pasada. Si no se cuenta con un club, ateneo, peña o círculo católico para
llevarlo, siempre podremos relacionarlo con nuestro pequeño grupo de amigos o
compañeros de la A.C. En esta forma haremos de paso mas apostólicos nuestros
núcleos y evitaremos en nuestras filas el peligro del espíritu de casta.
Y por supuesto que ninguna obra estará concluida hasta que nuestro hombre no se
habitúe a entregar su corazón y sus problemas al apóstol por excelencia, al represen-
tante de Jesucristo, el Sacerdote.

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ACCIÓN CATÓLICA ARGENTINA - Mar adentro

LA MULTIPLICACION DE LA CONQUISTA
El campo es muy extenso. Trabajando solos nunca podremos conquistarlo. Pero
hay un recurso que permitirá multiplicar nuestro apostolado: suscitar nuevos após-
toles. Ellos asegurarán la conquista del ambiente y serán a la vez una garantía de
nuestra propia perseverancia en los momentos difíciles.

• RELACIONAR ENTRE SI
A TODOS LOS CATOLICOS

Muchas veces existen elementos católicos dispersos que no actúan por falta de orga-
nización. Al comenzar a trabajar en un ambiente debe tenérselos en cuenta, dándo-
les el temple apostólico del cual carecen, relacionándolos, uniéndolos y entusiasmán-
dolos. Por supuesto que si en el ambiente hay otros socios de la A.C. aunque sean de
otras ramas, el primer contacto debe ser con ellos. Todo militante de la A.C.A. debe,
en consecuencia, colaborar con el equipo de su ambiente, o formarlo si no existe.

• PEDIR COLABORACION

Aún aquellos que aún no han sido conquistados totalmente debemos pedirle cola-
boración, a título de simple amistad hagámoslo pintar un afiche, escribir unos sobres
de invitación para una campaña apostólica, y ellos se sentirán algo solidarizados con
nuestra misión. Recordemos que el que presta un favor suele quedar mas ligado que
quien lo recibe.

• SELECCIONAR ENTRE LOS MEJORES

Entre los mejores debemos seleccionar a aquellos que han de compartir nuestro
apostolado. Una vez seleccionados debemos formarlos o hacerlos formar y luego ha-
cerlos actuar. Todo lo que se haga para suscitar nuevos apóstoles es poco. Es preciso
buscarlos, seguirlos, llamarlos, poniendo en ello toda nuestra inteligencia, nuestra
convicción y nuestro entusiasmo.

• ORGANIZAR UN EQUIPO
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ACCIÓN CATÓLICA ARGENTINA - Mar adentro

La oportunidad de su creación puede variar. Si hay desde un comienzo elementos de


A.C. conviene organizarlo cuanto antes, aún cuando sean elementos flojos: en ese
caso el primer apostolado habrá que realizarlo con ellos. Si no los hay, la creación del
Equipo será el fruto de largos trabajos cuando hayamos sabido despertar en nuestros
colaboradores una honda inquietud apostólica. El Equipo debe entonces simplificar-
se en lo posible, despojándolo de toda solemnidad. Bastará con que cada uno de sus
miembros determine su propia Célula y se comprometa a trabajar organizadamente
en el futuro. Para formar un Equipo así (que como se ve es mas incompleto que Equi-
po estudiado anteriormente) no es necesario esperar a tener muchos colaboradores:
basta uno. Lo importante es multiplicar el apostolado, suscitando nuevos apóstoles.

ALGUNOS OBSTACULOS
EN LA MARCHA

El curso normal de la penetración celular puede verse alternado por choques mas o
menos violentos como son las provocaciones abiertas o las tan corrientes discusio-
nes. En estos encuentros se defienden, mas que ideas, posiciones personales car-
gadas de apasionamiento, vanidad y amor propio. De allí que casi siempre resultan
perjudiciales al apostolado.

• NO BUSCAR NI PROLONGAR
LAS DISCUCIONES

La mejor forma de ganar una discusión es evitarla. Nuestro elemento es la conversa-


ción y no la polémica. Cuando ella es inevitable, mantengamos por lo menos el tono
amistoso, conservando la serenidad, la sencillez y el humor.

• RESPONDER A LAS OBJECIONES


CON HONRADEZ MENTAL

Es decir, no hablar de lo que se ignora ni inventar respuestas que comienzan por


no convencer ni al que las dice. Para ello conozcamos bien las razones contrarias,
dejemos que nuestro interlocutor hable todo lo que quiera mientras preparamos
mentalmente la respuesta, obliguemos a resumir los argumentos esgrimidos y si es
necesario, pidamos tiempo para estudiar el problema o propongamos una consulta

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ACCIÓN CATÓLICA ARGENTINA - Mar adentro

a persona mas entendida.

• EVITAR TODO ROZAMIENTO

El apostolado no se realiza por la violencia. Mientras se la pueda evitar, aun en casos


de provocación abierta, tanto mejor. Muchas veces una broma certera o una serena
ironía evitan una tragedia.
Recordaremos la clásica serenidad de Don Segundo Sombra. “Vea, amigo, voy a te-
ner que creer que me está provocando”. Y cuando ella sea inevitable, aceptémosla
únicamente para acreditar ante todos que estamos dispuestos a sostener los dere-
chos de la verdad aun a costa de nuestra tranquilidad.

• MOSTRAR VALENTIA Y GENEROSIDAD

La virilidad se impone. El valor de correr los riesgos, aun los físicos, que derivan del
apostolado, es un lenguaje mas claro para mucha gente, que la lógica impecable de
un silogismo. Cuando se injuria a Dios o a la Iglesia, en su honor o en sus leyes, llegue
el momento de dar testimonio de la verdad. En ese momento la timidez no es mas
que cobardía y el silencio no es mas que deserción. Pero hay que ser también gene-
roso, sabiendo perdonar aun a los que no lo merecen; pidiendo perdón si nos hubié-
ramos excedido en la defensa; y ofreciendo la paz apenas terminada la contienda.

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APENDICE

1. Ejemplo de encuesta para el estudio de un ambiente.


2. Ejemplos de consigna

1. EJEMPLO DE UNA ENCUESTA PARA


ESTUDIAR UN AMBIENTE

PRIMERA PARTE:
ESTUDIAR EL AMBIENTE

a) Situación general

ü Repartición, oficina, sección, empresa o colegio donde se actúa.


ü ¿Durante las horas de trabajo o estudio sin violar los reglamentos es posible
conversar de cuestiones religiosas o morales con los compañeros?
ü Cantidad de personas del ambiente, distinguiendo hombres y mujeres, mayo-
res o menores de 30 años.
ü Personas con las que estamos en relación directa.
ü Personas con autoridad sobre nosotros: jefes, capataces, profesores, etc.
ü Caudillos dentro de la masa de estudiantes o empleados.

b) Situación religiosa

ü En cuanto a las personas: determinar cuántos socios de A.C. existen, cuántos


católicos más o menos prácticos, cuántos indiferentes y cuántos hostiles a la religión.

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Determinar a los ex alumnos de colegios religiosos, ex socios de asociaciones católi-


cas, etc.
ü En cuanto a las ideas del ambiente: ¿Se habla frecuentemente de cuestiones
religiosas? ¿Qué objeciones contra la religión se suelen escuchar? ¿ Existe alguna
corriente de propaganda anticatólica?
ü En cuanto a las costumbres del ambiente: ¿Existe alguna costumbre religio-
sa tradicional, como Misa por los compañeros fallecidos, Misa de acción de Gracia,
etc.? ¿Existe alguna costumbre anticristiana, como la de ocupar toda la mañana del
domingo, blasfemias, etc.?

c) Situación moral

ü Conversaciones: ¿de qué se conversa en general en el ambiente? ¿Política?


¿Problemas familiares? ¿Aumento de salarios? ¿Se suscitan discusiones? ¿Suele caer-
se en temas inmorales? ¿Abundan los chistes verdes? ¿Existe una mentalidad común
de corte materialista?
ü Lecturas: ¿Qué diarios, revistas y libros leen los compañeros? ¿Se hacen circu-
lar las publicaciones inmorales? ¿Quién las introduce?
ü Inscripciones: ¿Existen en las paredes, baños, etc., inscripciones inmorales?
ü Costumbres: ¿Cómo se comportan los hombres con el personal femenino
cuando éste existe? ¿Qué tono general tienen las despedidas de solteros? ¿Se respe-
ta a los superiores? ¿Qué problemas morales existen en el ambiente?
ü Personas: ¿Hay personas peligrosas por su influencia negativa en el orden mo-
ral?

d) Situación económico-social-política

ü Situación económico-social-política: ¿Qué sueldos y salarios se perciben?


¿En que condición se realiza el trabajo? ¿Cómo están las relaciones entre patrones y
obreros o entre superiores y subordinados? ¿Qué entidades gremiales existen y que
influencia ejercen? ¿Que necesidades sociales son mas urgentes entre los jóvenes
obreros o estudiantes?
ü Ideas económico-social-políticas: ¿Cuál es la doctrina corriente sobre salario,
relaciones entre patrones y obreros, agremiación, intervención del Estado, derecho
de propiedad, derechos de la persona humana, libertad, libertad de enseñanza, en-
señanza religiosa, dignidad de trabajo, responsabilidad social del estudiante y del
trabajador, etc.?

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SEGUNDA PARTE:

PREPARAR LA ACCIÓN SOBRE EL AMBIENTE

Tomando como base el estudio anterior, y guiándose con las normas dadas en este
folleto, debe hacerse lo siguiente:

1. Seleccionar los problemas mas urgentes.


2. Estudiar muy bien la solución cristiana de los mismos.
3. Elaborar un plan de acción sobre el ambiente.
4. Dar las primeras consignas.

Se sobreentiende que desde un principio cada socio determinará perfectamente su


Célula

NOTA: esta encuesta puede ser empleada por los Equipos y por los Grupos. Su am-
plitud es muy grande y, por lo tanto, habrá cosas que solo se podrán estudiar a fon-
do mas adelante. Por otra parte, ella contiene algunos puntos (salarios, enseñanza
religiosa, etc.) sobre las cuales, cuando llegue el momento de estudiarlos a fondo,
convendrá hacer encuestas especiales con mas detalles y ejemplos

2. EJEMPLOS DE CONSIGNAS

Para dar a los Presidentes y Jefes una idea de la variedad de consignas que pueden
impartirse en el apostolado celular y para ayudarlos a seleccionarlas conveniente-

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ACCIÓN CATÓLICA ARGENTINA - Mar adentro

mente, de acuerdo a las circunstancias y al destinatario, daremos una breve lista de


ejemplos.

1) Consignas-servicio._ Fin: hacer un favor o una atención a un compañero.

Algunas de estas consignas se prestan para consignas generales: saludar a todos


los compañeros, llamarlos por su nombre o apellido (cosa que no siempre es fácil
cuando son muchos), recordar sus fechas gratas (cumpleaños, santos, etc.), conocer
e interesarse por sus “hobbies”, mantener siempre una sonrisa cordial: si se trata de
estudiantes, adelantarse a ofrecer libros o carpetas, sobre todo al principio del año,
etc.
Otras son más adecuadas como consignas individuales: es decir oportunas solo
en casos aislados: ayudar al compañero cuando esta atrasado en su trabajo o en su
estudio, visitarlo cuando está enfermo, acompañarlo en sus desgracias, invitarlo de
vez en cuando a pasar unos momentos juntos en el café o en el cine, en la cancha o
en casa, etc., regalarle un misalito, un Rosario, aconsejarlo en los momentos difíci-
les, prestarle libros recreativos o literarios o cualquier cosa en sí indiferente que a él
pueda interesarle.
Estas consignas-servicio deben acompañar a las demás consignas, facilitando su
realización. Son principalmente necesarias al comienzo de la penetración cuando se
quiere ganar un amistad.

2) Consignas-lectura._ Fin: hacer leer algo

Estas consignas se prestan tanto para consignas generales como para individuales.
Hacer leer “Criterio” u otra revista católica, un diario, un folleto o un volante cual-
quiera.
No es necesario que se los haga leer íntegramente. Basta a veces, como consigna,
la lectura de un capítulo o de un artículo particularmente interesante.

3) Consignas-información._ Fin: dar a conocer una noticia.

Muchas veces en los diarios aparecen noticias muy interesantes desde el punto
de vista católico, que pasan inadvertidas para la mayoría de la gente. Otras veces los
diarios esconden cuidadosamente informaciones que conviene divulgar. Un discurso
del Papa, una de las frecuentes contradicciones del Comunismo, un acto realizado o
por realizarse, etc. , son circunstancias que se presentan para preguntar al compañe-
ro: “¿Viste el diario de ayer? ¿Que te pareció tal cosa?...¡Cómo! ¿No la viste?”

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4) Consignas-conversación._ Fin: provocar una conversación, un comentario o


una respuesta.

Estas consignas son mas completas que las consignas-lecturas o información. Lo


ideal sería que a toda lectura o información siguiera un comentario, una conversa-
ción. La palabra escrita no es suficiente. El tema de conversación puede ser amplí-
simo y los ejemplos dados en los casos anteriores también aquí sirven. No es difícil
provocar una conversación sobre ellos: ¿Que opinas sobre tal cosa? ¿Te parece que
tal hecho es injusto?
Las consignas-conversación pueden ser generales, es decir para cumplir con to-
dos los integrantes de la Célula o del ambiente, pero la realización conviene muchas
veces que sea individual, porque cuando los hombres están separados del conjunto
actúan con mas sinceridad y libertad.

5) Consignas-invitación._ Fin: lograr algo concreto de una persona.

Por ejemplo: asistencia a un acto, suscripción a una revista, concurrencia a misa,


cumplimiento del precepto pascual, abandono de una mala costumbre (como ser
ciertas expresiones blasfemas u obscenas), etc.
Son las consignas más difíciles porque significan la conquista de la voluntad de un
hombre. Generalmente sólo son apropiadas como consignas individuales, después
de un trabajo lento de preparación.

6) Consignas –misión._ Fin: realización por el socio de una tarea de penetración


dirigida mas bien al ambiente general que a una determinada persona de la Célula.

Ejemplo: organizar una Misa de acción de gracias, o por los compañeros fallecidos.
Lograr para un acto cualquiera (fiesta patria, aniversario, etc.) se invite a un orador
católico. Eliminar leyendas o figuras inmorales. Colocación de un crucifijo. Eliminar
libros inmorales o anticristianos de una biblioteca. Hacerse presente en un organis-
mo gremial o directivo. Organizar algún servicio social.
Como se puede comprobar, estas consignas se distinguen de todas las demás por-
que por lo general no tienen un destinatario determinado. Ellas rompen los límites
de la Célula. Son verdaderas “misiones” de “penetración”

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ADVERTENCIA FINAL

Casi está demás decir que este folleto no es para leer y guardar, sino para leer una
y más veces hasta que el contenido se encarne en la vida de cada uno de los militante
de la A.C.A.

El apostolado celular es la clave de nuestras empresas futuras. Desecharlo, significa


romper la unidad de la penetración apostólica de la A.C.A.

Quien está solo también ha de hacer su apostolado celular. ”MAR ADENTRO” da


una técnica. Cada uno debe adaptarla para sí. Pero nadie piense que Célula, Grupo
y Equipo son complicaciones innecesarias y fastidiosas.

Una última advertencia conviene hacer: nada es imposible, pero tampoco se


consigue de inmediato. La solución es completa, y por eso mismo debe realizarse
paulatinamente. Que nadie se sienta pequeño ante la misión que nos corresponde,
pues nuestras fuerzas no se apoyan en el poder de los hombres sino en la palabra
omnipotente de Aquel que nos envía y que nos conforta en la batalla.

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