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Bolilla 1

1) INTRODUCCIÓN.
La definición legal de obligación.
Art. 724: “Definición. La obligación es una relación jurídica en virtud de la cual el acreedor tiene derecho a exigir
del deudor una prestación destinada a satisfacer un interés lícito y, ante el incumplimiento, a obtener forzadamente
la satisfacción de dicho interés.”
El código define la obligación como aquella relación jurídica que otorga derecho al acreedor de exigir una
prestación con el fin de satisfacer un interés lícito y, ante su incumplimiento, a recurrir a los medios legales para
obtener dicho fin.

1) Se distinguen los derechos personales y los derechos reales.


El Código siguió el criterio de distinción de las relaciones jurídicas de carácter patrimonial que Vélez eligió para la
ordenación de los derechos con contenido económico.
Los derechos personales u obligacionales son aquellos que nacen de relaciones que vinculan a dos partes, con
efectos relativos, que generan deberes y derechos entre quienes se vinculan.
Los derechos reales nacen de las relaciones entre las personas con las cosas. Son absolutos, pues las facultades que
se reconocen en virtud de ellos deben ser respetadas por todos, sin existir una persona determinada que deba una
conducta a favor de su titular.
Los derechos personales son regulados en el Libro Tercero y los derechos reales en el Libro Cuarto.

2) El concepto de obligación.
La obligación es aquella relación jurídica que genera el derecho de una persona, acreedor, a exigir de otra, deudor,
una conducta llamada prestación, a través de la cual persigue satisfacer un interés legítimo.
Si el deudor no cumple con la prestación, el acreedor puede recurrir a los medios que el derecho les concede para
obtener la satisfacción de dicho interés.
Se destacan los elementos que estructuran el derecho personal u obligación:
 La relación entre dos personas que el derecho permite y regula;
 La existencia de un derecho de una de las parte, llamado acreedor, de exigir a la otra parte, llamado deudor, el
cumplimiento de una prestación;
 El fin satisfactorio de un interés legítimo;
 La posibilidad del cumplimiento forzado de las prestaciones.
La palabra relación, en su sentido más amplio, designa toda conexión, correspondencia o comunicación entre los
seres vivientes. Cuando los hombres se relacionan entre sí, se constituye una relación social.
Toda relación social captada por el derecho objetivo es llamada relación jurídica. Esta relación queda configurada
cuando el derecho objetivo capta una relación entre personas, establecida para consecución de fines considerados
dignos de tutela, y le atribuye a una (o varias) de esas personas un poder y le impone a otra (u otras) el deber
correlativo. Poder y deber son emanaciones del orden jurídico.
La obligación es una relación jurídica en virtud de la cual una persona (deudor) tiene el deber de cumplir una
prestación con valor patrimonial en favor de otra (acreedor), que tiene un interés tutelable (puede o no ser patrimonial)
en obtener aquella prestación. La obligación es una relación jurídica porque para que ella exista es necesario que una
persona haya entrado en contacto con otra, ya por actos lícitos, ya por actos ilícitos, ya por simples hechos; ese
contacto constituye una relación social, que al ser reconocida y regulada por el derecho se transforma en una típica
relación jurídica. Una relación jurídica es “de obligación” cuando las normas le imponen a una de esas personas el
deber de cumplir (deudor), y le atribuyen a la otra el poder para exigir el cumplimiento (acreedor).
Toda relación jurídica contiene el binomio poder- deber, pero éstos varían según las necesidades y los
requerimientos humanos.
El titular del derecho subjetivo derivado de la obligación se llama acreedor, y la especie de derecho que tiene se
denomina crédito.
El sujeto obligado a cumplir se llama deudor, y el específico deber que le incumbe, deuda. La actividad o el
comportamiento que debe observar el deudor para satisfacer al acreedor se llama prestación.
El objeto del derecho de crédito se denomina bien debido.
3) La prestación debida.
La prestación es una conducta debida por el deudor, que puede consistir en:
 Entregar una cosa o trasmitir o poner a disposición bienes que no son cosas (obligación de dar);
 La prestación de un servicio, o la realización de un hecho (obligación de hacer);
 Y la abstención del deudor de una conducta permitida o tolerar una actividad ajena (obligación de no hacer).

4) El interés del acreedor.


La conducta debida por el deudor debe estar destinada a satisfacer un interés lícito del acreedor.
La doctrina ha identificado al interés del acreedor como “una necesidad objetivamente valorable de bienes o de
servicios que la prestación del deudor debe satisfacer”, y puede ser patrimonial o extrapatrimonial.
El interés que el acreedor persigue debe ser lícito, no debe estar prohibido por el Derecho. Este interés lícito debe
existir cuando la obligación nace, y subsistir mientras no se extinga.

5) Ejecución voluntaria y ejecución forzada.


El código incorpora a la definición de obligación la posibilidad de ejecución forzada de la prestación. Es el
elemento coactivo de la obligación.
Se distingue así entre el débito, deber que recae sobre el deudor y que, generalmente, cumple voluntariamente; y la
responsabilidad, momento en el que, ante el incumplimiento, el acreedor puede recurrir a los medios que el Derecho le
proporciona para obtener la satisfacción del interés perseguido.

La obligación como relación jurídica.


Los atributos del poder, así como las modalidades del deber, varían según las necesidades y los requerimientos
humanos. Las dos especies más importantes de relaciones jurídicas de contenido patrimonial son:
 La relación real.
El poder es ejercido inmediatamente sobre las cosas, y sólo por elipsis alcanza a las personas. El poder sobre las
cosas es tal, que quien lo tiene puede, por sí mismo, satisfacer sus necesidades o servir a sus intereses sin que sea
necesaria la cooperación directa de persona alguna.
Esta especie de relación aparece dominada por la figura del sujeto activo, que se llamará: “propietario”,
“usufructuario”, “usuario”, etc., según el contenido y la extensión del poder que tenga. Los sujetos pasivos, en cambio,
quedan relegados a un segundo plano, y deben limitarse a respetar el poder ajeno.
No se establece entre poder y deber un vínculo jurídico individual y personalizado, pues el deber no se localiza en
determinado sujeto, sino que recae sobre todos los miembros de la comunidad, que conforman una especie de “sujeto
pasivo universal”.
 La relación de obligación.
El poder sólo puede ser ejercido frente a determinada persona, que está obligada a satisfacer el interés de aquel
que goza del poder. Se requiere la cooperación del sujeto pasivo porque es precisamente el comportamiento de éste el
que habrá de satisfacer, normalmente, el interés de quien ostenta el poder.
La relación es de obligación porque poder y deber materializan un vínculo jurídico concreto y perfectamente
localizado entre dos personas o centros de interés: el sujeto activo tiene derecho a exigir que el sujeto pasivo le
proporcione el bien que le es debido, y éste está obligado a proporcionarle ese específico objeto.

Relación entre la persona y el orden jurídico.


La relación jurídica se establece, no directamente entre dos sujetos, sino entre “la persona” y el “ordenamiento
jurídico”.
La sumisión de las personas al ordenamiento jurídico les impone deberes o les atribuye poderes, según las
necesidades de la convivencia humana. Ni el deudor se halla “sometido” al acreedor, ni el derecho de éste es ejercido
“sobre” o “contra” aquel, sino que ambos se hallan “frente a frente”, obligados a respetar los mandatos normativos.
El acreedor esta “relacionado” con el orden jurídico, del cual recibe el derecho de exigir de otra persona una
prestación. En la obligación quedan involucradas dos relaciones jurídicas conexas: la relación de crédito y la
relación de deuda.
En el derecho real, en cambio, la relación se materializa entre el ordenamiento y un sujeto: éste recibe de la ley el
poder o derecho de usar, gozar o disponer de una cosa.
Terminología.
La relación de obligación recibe diversas denominaciones. Wayar no le asigna importancia a la cuestión
terminológica, la llama simplemente obligación. Aunque se presentan dos inconvenientes:
 Se diría que es incompleta, pues parece involucrar sólo el lado pasivo de la relación. Si así fuera, se estaría
identificando “obligación” con “deuda”, con olvido de que el vínculo también se integra con el “crédito”.
 Se diría que es equívoca, pues por tener la palabra obligación diversas acepciones se suele designar con ella
una serie de deberes jurídicos que no son técnicamente obligaciones.
Sin embargo utiliza la palabra obligación para individualizar con ella la típica y completa relación jurídica que se
establece entre un acreedor y un deudor. Con la voz obligación, se está refiriendo a una especial categoría de
derechos subjetivos: el derecho de crédito, que se localiza en el polo activo; y a una peculiar especie de deberes
jurídicos: la deuda, que se sitúa en cabeza del sujeto pasivo de la relación, en el entendimiento de que ambos extremos
integran un fenómeno jurídico único.

La obligación como instrumento de cooperación.


Inspirados en una concepción solidarista del orden social, juristas y pensadores afirman que la relación de
obligación es un instrumento jurídico destinado a promover y concretar una efectiva cooperación social
mediante el intercambio de bienes y servicios.
Se concibe una sociedad fraterna y solidaria, pues en toda comunidad es necesario y de suma importancia que sus
miembros se presten recíproca asistencia.
La prestación debida por el deudor se trata de un comportamiento de cooperación, ya sea que se trate de
obligaciones de dar, de hacer o de no hacer. Es un deber jurídico de cooperación que se le impone al deudor.
Pero esto no quiere decir que el acreedor no deba ofrecer cooperación recíproca; por el contrario, a él también se le
exige (si bien, como un deber jurídico secundario) cooperar con el deudor a fin de que la relación se desarrolle con
normalidad.
La relación de obligación tiene por objeto una cooperación debida por un miembro social en el interés típico de otro
miembro social. La cooperación se refiere al comportamiento integro que acreedor y deudor están obligados a observar
desde antes de la concertación y hasta después de la extinción de la relación jurídica obligacional. Acreedor y deudor
deben cooperar para que sea posible la concreción del fin social que se persigue con los derechos personales o de
crédito.

2) LA OMISIÓN DE LAS OBLIGACIONES NATURALES.

La cuestión en el Código Civil derogado.


El Código derogado reguló las obligaciones naturales en el Título 2, Parte Primera (De las obligaciones en general),
Sección Primera del Libro Segundo, en los artículos 515 a 518.
Definía en su art. 515 a las obligaciones naturales como “…las que, fundadas sólo en el derecho natural y en la
equidad, no confieren acción para exigir su cumplimiento, pero que cumplidas por el deudor, autorizan para
retener lo que se ha dado por razón de ellas, tales son:
a) Las contraídas por personas que teniendo suficiente juicio y discernimiento, son incapaces por derecho para
obligarse. Por ejemplo, la mujer casada, en los casos en que necesita la autorización del marido.
b) Las obligaciones que principian por ser obligaciones civiles, y que se hallan extinguidas por la prescripción.
c) Las que proceden de actos jurídicos, a los cuales faltan las solemnidades que la ley exige para que produzcan
efectos civiles, como es la obligación de pagar un legado dejado en testamento.” Por ejemplo, la obligación de
pagar un legado dejado en un testamento, al cual faltan formas substanciales.
d) Las que no han sido reconocidas en juicio por falta de prueba, o cuando el pleito se ha perdido, por error o
malicia del juez.
e) Las que derivan de una convención que reúne las condiciones generales requeridas en materia de contratos;
pero a las cuales la ley, por razones de utilidad social, les ha denegado toda acción.” Tales son las deudas de
juego, por ejemplo.

Obligaciones civiles y naturales.


Las obligaciones naturales, jurídicamente, son aquellas que crean un vínculo cuasi moral o cuasi legal, ya que
oscila en un plano intermedio entre ambos órdenes. Se generan entre acreedor y deudor, y no se le permite al primero
recurrir a órganos judiciales si el deudor no cumple lo pactado. Es decir, que tienen sujeto, objeto y causa, pero el
vínculo no está dotado de exigibilidad. Por ejemplo, las obligaciones que nacen de actos jurídicos a los cuales les
faltan solemnidades que la ley exige para que produzcan los efectos civiles.
Las obligaciones son civiles cuando puede exigirse su cumplimiento; es decir, cuando el vínculo es fuerte,
vigoroso, y en consecuencia, el acreedor puede accionar judicialmente para exigir su cumplimiento.
Las obligaciones naturales están fundadas en el derecho natural y la equidad, no confieren acción para exigir su
cumplimiento pero, sin embargo, cuando el deudor las cumple se autoriza a retener lo que es dado en razón de ellas.
Todo esto queda suprimido por el deber moral que se dispone en el art. 728.

Obligaciones civiles Obligaciones naturales


Dan derecho al acreedor para exigir su cumplimiento. No confieren acción alguna para exigir ese
cumplimiento.
Están tuteladas por el derecho positivo, que reconoce la Están fundadas solo en el derecho natural y la equidad.
plenitud de su eficacia y efectos. Si bien no confieren acción para exigir su cumplimento,
una vez cumplidas por el deudor, autorizan para retener
lo que se ha dado en razón de ellas.

Distintas teorías sobre la naturaleza de la obligación natural.

 Teoría que niega la obligación natural: La denominada obligación natural no constituye una verdadera
relación jurídica, ya que el acreedor está privado de acción, por lo cual, se estaría ante una obligación que
carece de coerción, es decir, una obligación no obligatoria. Por otro lado, el deudor no está obligado a pagar,
por lo cual no puede decirse que exista una deuda, ya que no hay causa.
 Teoría que asimila la obligación natural con los deberes morales: Sostiene que todas las hipótesis que se
presentan como de obligaciones naturales son simples deberes morales, a los cuales la ley toma en
consideración para imputarles limitados efectos jurídicos. Por ello, el pago que se hace en virtud de una
obligación natural, no es tal, sino una liberalidad o donación. Para rebatir a esa postura, sería suficiente
demostrar que hay casos de obligaciones naturales que se cumplen a través de un acto a título gratuito, pues así
quedaría demostrado que no siempre que se ejecuta un acto a título gratuito no hay pago de una obligación
preexistente, sino cumplimiento de un deber moral. Y tal caso es, por ejemplo el de donatario, que pretende
formalizar la donación de un inmueble en instrumento privado, lo que estaría viciado de nulidad por carecer de
forma solemne (instrumento público). Sin embargo, entre el donante y el donatario queda establecida una
obligación natural, y si el donante decide luego cumplir con una obligación y dona el inmueble, nadie podrá
negar que haya cumplido una obligación natural preexistente.
 Teoría de la obligación natural como puro débito: Las obligaciones naturales muestran a una persona
vinculada por un débito, pero que no puede ser constreñida al cumplimiento. En la obligación natural hay
deuda, pero no responsabilidad.
 Teoría de la obligación natural como expresión del derecho natural: Las obligaciones naturales son
verdaderas obligaciones jurídicas, en razón de estar fundadas en el derecho natural y equidad.
El art. 728 del Código Civil y Comercial. Diferencias entre obligación natural y deber moral.

Art. 728: “Deber moral. Lo entregado en cumplimiento de deberes morales o de conciencia es irrepetible.”

“Deber moral” es el género y “obligaciones naturales” la especie. Ambos términos, además, se diferencian en lo
siguiente:
 En las obligaciones naturales existe un vínculo jurídico; el deber moral carece de los elementos propios de
una obligación;
 El cumplimiento de una obligación natural es siempre el pago; el cumplimiento de un deber moral es
siempre un acto de liberalidad;
 La obligación natural puede extinguirse por cualquiera de los medios extintivos de las obligaciones;
mientras que el deber moral no puede extinguirse por esas vías;
 La obligación natural puede transformarse en civil por efecto de la novación; mientras que eso no puede
suceder con el deber moral;
 Los deberes morales son intrasmisibles; mientras que las obligaciones naturales se trasmiten por actos
entre vivos o por causa de muerte;
 La obligación natural puede asegurarse con fianza, prenda o hipoteca; no así el deber moral.
Sin embargo el Código Civil y Comercial tiende a la equiparación de los conceptos de deber moral y de
obligación natural.
Como se dijo anteriormente, el Código determina la regla general de que toda atribución patrimonial realizada
en cumplimiento de deberes morales o de conciencia es irrepetible, adoptando así una formula amplia en la cual
podrán caber diversas situaciones, en la que se encuentren razones suficientes para decretar la irrepetibilidad de la
atribución. El principio de irrepetibilidad de las atribuciones patrimoniales realizadas en virtud de deberes morales o de
conciencia, formula amplia capaz de captar supuestos en que se estime razonable justificar la retención de lo recibido.

Alcances de la supresión. Distintos casos.


La doctrina moderna tiende a la equiparación de los conceptos de deber moral y de obligación natural, y
también nos dice que dicha equivalencia se traduciría en la no necesidad de distinguir.
El Código Civil y Comercial adopta la teoría que niega el carácter autónomo de las obligaciones naturales, y
determina la regla general de que toda atribución patrimonial realizada en cumplimiento de deberes morales o de
conciencia es irrepetible, adoptando así una fórmula amplia en la cual podrán caber distintas situaciones (entre las que
pueden incluirse las previstas por el código derogado como obligaciones naturales) en las que se encuentren razones
suficientes para decretar la irrepetibilidad de la atribución, es decir, aquellos supuestos en que se estime razonable
justificar la retención de lo recibido en virtud de la obligación.
Los distintos casos se encuentran enumerados en el art. 515 del Código derogado.

3) LA NATURALEZA DE LA OBLIGACIÓN.

Cuando se indaga acerca de la “naturaleza” de la obligación”, se busca resolver ciertas incógnitas que envuelven
tanto al derecho de crédito como al deber de prestación. Existen así diferentes posiciones que han debatido a lo largo
del tiempo con respecto a la naturaleza de la obligación.

a) LA CONCEPCIÓN SUBJETIVA: LA TEORIA CLÁSICA.


Concibe al derecho de crédito como derecho “sobre” un acto del deudor.
Los pandectistas alemanes, inspirados en las definiciones romanas, concibieron al derecho de crédito como un
poder o señorío atribuido por la norma jurídica al acreedor para que lo ejerciera sobre determinados actos del
deudor.
Para diferenciar el derecho personal o de crédito del derecho real, Savigny sostuvo que en el derecho de crédito se
ejerce un poder o señorío (al igual que en el derecho real), pero no sobre una cosa o sobre una persona, sino sobre
determinados actos de una persona, que es el deudor.
Esta doctrina fue seriamente cuestionada y prácticamente desechada por los juristas. Se le reprocha que el
comportamiento del deudor no puede constituir el objeto del derecho de crédito, como pretendía Savigny, por diversas
razones:
1. La conducta del deudor es incoercible. No se puede ejercer violencia sobre su persona para obligarlo a realizar
tal o cual acto;
2. El comportamiento es transitorio. Antes de que el deudor realice el acto, éste no tiene existencia, y una vez
realizado deja de existir; por lo tanto, según la tesis savigniana el derecho del acreedor tendría por objeto un
fugaz momento de la vida del deudor, que únicamente seria aprehensible cuando este último cumpliera de
forma voluntaria.

Brinz Brunetti Sohm Windscheid Giorgianni Vallet de


Goytisolo
Criticaron la teoría de Savigny.Procurando salvar las críticas que se Analiza la Analiza la
le habían formulado a Savigny, posición de posición de
aportaron nuevas ideas. Sohm. Windscheid.
El Siendo la El acreedor tiene El acreedor no Las Windscheid
comportamiento, conducta del un derecho a un tiene derecho observaciones definió el crédito
en tanto deudor acto libre del “sobre” sino que de Sohm han como el derecho
trascurso incoercible, si deudor. tiene derecho orientado las “a” un acto del
temporal, no éste no quiere Existe una “a” un acto del investigaciones deudor, lo cual
puede ser cumplir impotencia del deudor. hacia la es contradictorio
aprehendido por voluntariamente, acreedor frente a búsqueda de un con la teoría del
ninguna especie el derecho del la arrogancia del elemento más derecho
de señorío, ya acreedor queda deudor, quien es concreto (que la subjetivo como
que no se sin objeto, salvo libre de cumplir simple actividad “poder o
concibe un que se admita o dejar de del deudor) para señorío de la
derecho que que la pretensión hacerlo. erigirlo en voluntad”, que
tenga por objeto está dirigida a Precisamente, en “objeto” del él mismo
un puro sus bienes. la impotencia se derecho de propició; esto
suceder. halla la crédito. Si el pasa porque al
diferencia entre deudor es libre afirmar que se
el crédito y el de cumplir o no, tiene derecho a
derecho real. como parece un acto, se niega
Este último está reconocerlo que el acreedor
caracterizado Sohm, las tenga “poder”
por la potencia críticas de para exigir del
de su titular, Brunetti y la deudor la
autorizado a tesis por él producción de
ejercer su construida eran tal acto, y se
señorío sobre las correctas. debe conformar
cosas de manera con el producto
directa e de ese acto cuya
inmediata, libre existencia
de obstáculos. El siempre
derecho de dependerá del
crédito, en libre querer del
cambio, es deudor.
impotencia.

La teoría clásica cedió su lugar a las teorías patrimonialistas primero, y luego a la concepción germana del débito y
la responsabilidad.

b) LA CONCEPCIÓN OBJETIVA: LAS TEORÍAS PATRIMONIALISTAS.


Los juristas, impulsados por la necesidad de sustraer a la persona del deudor de la categoría de “objeto” del derecho
en que aparecía colocada según la teoría clásica, y por la intención de justificar el derecho del acreedor sobre los bienes
del deudor incumpliente; por tal motivo, aparecieron diversas teorías que es posible agrupar bajo la denominación
común de teorías patrimonialistas.
Todas las teorías patrimonialistas, ya sea en mayor o en menor medida, ponen el acento no en la persona, sino en el
patrimonio del deudor.
El crédito como un derecho al “valor económico”.
Es una de las teorías patrimonialistas que identifica el crédito con el derecho al valor económico.
Ya que no es posible concebir a la obligación como un derecho dirigido a obtener del deudor un comportamiento
determinado debido a su incoercibilidad, se pensó que el crédito otorga el derecho a obtener el “valor económico”
del comportamiento del deudor, ya que siempre es posible traducir el comportamiento a un valor económico
determinado.
Koppen definió a la obligación como “un derecho al valor económico de la cosa debida”, derecho que se puede
ejercer sobre todo el patrimonio del deudor.
La crítica a esta teoría es que el valor no es otra cosa que una medida; es decir, sirve para indicar el mayor o
menor grado de aptitud o utilidad que las cosas tienen para satisfacer las necesidades humanas. No puede ser objeto del
derecho del acreedor. Objeto del crédito podría ser el contenido valorado, pero no el valor, que es sólo una medida.

La obligación como un vínculo “entre patrimonios”.


El vínculo que se establece en virtud de la obligación es un vínculo entre el patrimonio del acreedor y el
patrimonio del deudor; como consecuencia, la relación queda despersonalizada por completo.
Sostiene que el crédito es un interés exclusivamente patrimonial; mientras que la deuda es la necesidad
patrimonial del deudor de satisfacer aquel interés. La persona del deudor y su comportamiento son irrelevantes; el
interés del acreedor apunta al patrimonio de su deudor, porque es el único que le puede proporcionar la satisfacción
buscada.
La conducta del deudor es incoercible, por lo que con lo único seguro con que cuenta el acreedor es el patrimonio
del deudor. El crédito, entonces, debe dirigirse al patrimonio.

Dulckeit Gaudemet Polacco Rocco


El crédito equivale a un “Es el patrimonio el que La obligación es un Pretendió equiparar el
derecho de propiedad debe al patrimonio”. Las vínculo “entre derecho de crédito al
sobre el objeto debido, personas (acreedor y patrimonios”, los cuales derecho real de prenda,
con la particularidad de deudor) han cedido su deben ser considerados argumentando que el
que esta “especie” de lugar a los patrimonios. como “personalidades acreedor ejerce sobre el
propiedad solo es oponible abstractas”. patrimonio del deudor
al deudor. una “prenda”, con la cual
Crítica. Compromete el éste garantiza la efectiva
concepto tradicional del realización del crédito.
derecho de propiedad, sin
justificación alguna.

Todas estas doctrinas muestran una relación de obligación puramente objetiva, al prescindir casi por completo del
elemento personal. Por eso se ha dicho que son inconvincentes, pues la conducta del deudor podrá ser incoercible,
pero es insustituible, la “persona” del deudor continúa siendo esencial; él fue y seguirá siendo el protagonista principal
del derecho de obligaciones. En materia de responsabilidad civil es su patrimonio el que pasa a ocupar el centro del
escenario jurídico, pero esto es una consecuencia mediata de la obligación, no la obligación misma, entendida como
auténtico deber de prestación.

La obligación como un “deber libre” del deudor.


Las críticas a la teoría de Savigny llegaron al extremo de poner en duda la juridicidad del débito. Se pensó que el
deudor no está sometido al deber jurídico de cumplir sino que, al contrario, el deudor es libre de cumplir o no.
La conducta es incoercible, no puede ser arrancada por la fuerza. El deudor se halla en condiciones, si quiere, de
dejar de cumplir. Él sabe que si no cumple, la acción del acreedor se dirigirá a su patrimonio; pero esto demuestre que
es libre para elegir entre cumplir o dejarse ejecutar. Y si es libre, el deber a él impuesto por la obligación no es un
deber jurídico, sino un deber moral.
Solo se tiene un derecho o se debe observar un deber cuando una norma jurídica lo dispone.
Binder sostiene que las normas jurídicas nunca le imponen deberes a los ciudadanos, sino que se los imponen a los
órganos jurisdiccionales encargados de hacer cumplir las leyes y sus mandatos. Por eso, ningún deudor, al ser un
simple ciudadano, tiene deber jurídico alguno frente al acreedor. En cambio, el juez si tiene el deber jurídico de
autorizar la ejecución patrimonial del deudor si este no cumple voluntariamente la obligación.
Brunetti dice que las normas jurídicas pueden ser: absolutas, cuando limitan verdaderamente la libertad de las
personas o ciudadanos, imponiéndoles deberes que necesariamente deben cumplir; se encuentran garantizadas por una
sanción o pena; debido a su carácter absoluto, son auténticos deberes jurídicos; y relativas, cuando las normas se
limitan a indicarles a los ciudadanos la conveniencia de observar determinado comportamiento si desean evitar
consecuencias desfavorables, pero no prevén una sanción o pena. Las normas que gobiernan la relación obligatoria son
normas relativas, ya que a la conducta del deudor, al ser incoercible, solo se le pueden imponer deberes libres, es
decir, cuyo cumplimiento depende de su libre voluntad.
La obligación impone un “deber libre”, no un “deber jurídico”.
Críticas. La teoría de Brunetti ha tenido dos grandes críticas:
 Parte de una base falsa al sustentar la diversa naturaleza de las normas. Si todo deber jurídico puede ser
violado, siempre que el sujeto es libre de cumplir o no el mandato de la norma, entonces queda prácticamente
sin sustento la afirmación según la cual hay normas que imponen deberes jurídicos y otras que solo imponen
deberes libres; en todo caso, todo deber sería libre si se atiende a la posibilidad de ser incumplido.
 No es verdad que el deudor tenga verdadera libertad para incumplir, ya que cuando de hecho lo haga, jamás
habrá tenido la libertad jurídica de hacerlo. No hace uso de su libertad (más bien, abusa de ella) aquel que
desobedece el mandato legal.
 ¿Cómo se podría afirmar que las normas referidas a la relación de obligación no ordenan cumplir? En cualquier
sistema legislativo, es posible hallar una norma que le ordene al deudor cumplir; y si esa norma expresa no
existiera, el mandato derivaría de todo el sistema.

La obligación como “deber de tolerar”.


Carnelutti concibió la idea de que la obligación importa para el deudor el deber de tolerar que el acreedor
satisfaga su interés por sí mismo o por medio de la actuación judicial.
Es necesario distinguir entre objeto y contenido de la relación obligatoria.

En las obligaciones de dar En las obligaciones de hacer En las obligaciones de no


hacer
Objeto de la Es la cosa que se debe. Es la energía humana que el
obligación despliegue de conducta del deudor -
supone.
Contenido Es la prestación, que consiste en El contenido está dado por el La conducta que debe
(conducta la conducta que debe observar el deber del deudor de tolerar que el observar el deudor se
que debe deudor: acción de entregar la acreedor aproveche aquella consuma con el simple
observar el cosa. energía. hecho de tolerar que el
deudor) acreedor aproveche los
beneficios que le reporta
su abstención.

El derecho del acreedor se dirige a la prestación del deudor, y ésta consiste en el deber de tolerar que el acreedor
satisfaga su interés. Esa “conducta” del obligado constituye el contenido de la obligación. El objeto, en cambio, es
la cosa o la energía humana, aquello que el acreedor obtiene en virtud del cumplimiento de la prestación, a lo que
Carnelutti denominó “bien debido”.
Si el deudor incumple la prestación, el derecho del acreedor se convierte en pretensión procesal o acción, cuyo
ejercicio le permite poner en movimiento los órganos jurisdiccionales del Estado para obtener una ejecución forzada de
la prestación o, en su defecto, la sanción pecuniaria pertinente.
La teoría expuesta por Carneluttii contribuyó a esclarecer la diferencia conceptual entre “contenido” y “objeto” de
la relación obligatoria.

El crédito como derecho al “bien debido”.


Concibe al crédito como el derecho que se tiene al bien debido (cosa o servicio) que el deudor debe prestar. Ya
no se apunta al comportamiento, sino a la cosa o al servicio que se obtendrá, directamente del actuar del deudor o por
otros medios que lo subroguen.
Nicoló explicó esta concepción de la obligación a través de una figura singular: el pago por tercero. En efecto: si el
acreedor tiene derecho al “bien debido” (cosa o servicio), es indiferente que éste provenga del propio deudor o de un
tercero; lo que interesa es la obtención del bien debido, sin que importe quién sea el sujeto prestante.
Hartman sostuvo que el acreedor tiene derecho, no al comportamiento del deudor, sino al resultado de ese
comportamiento.

c) LA CONCEPCIÓN GERMANA. LA TEORÍA DEL DÉBITO (SCHULD) Y LA RESPONSABILIDAD


(HAFTUNG).
La teoría del débito y la responsabilidad concibe a la obligación como una doble relación: una de puro débito y
otra de responsabilidad.
Constituida una obligación, nace una deuda o puro débito.
La obligación se desarrolla durante dos momentos vitales y sucesivos, aunque puede extinguirse al concluir el
primer momento.
Durante el desarrollo de su primer momento (relación de deuda o puro débito), el deudor siente la necesidad o la
presión psicológica de cumplir voluntariamente, mientras el acreedor se mantiene en expectativa, a la espera de que su
interés sea satisfecho sin necesidad de compulsión, conservando sus poderes en potencia. Si la prestación se verifica, la
obligación se extingue sin que tenga lugar el segundo momento.
Pero si la prestación no se cumple, se abre el segundo momento (el de la responsabilidad), durante el cual las
facultades que el acreedor conservaba en potencia se transforman en verdaderas armas de agresión patrimonial. El
acreedor puede promover la ejecución judicial para obtener el cumplimiento forzado de la obligación o la
indemnización sustitutiva de la prestación.

d) LA TEORÍA INTEGRADORA DEL DÉBITO Y DE LA RESPONSABILIDAD.


Partiendo de la base de que no es posible dividir la obligación en dos relaciones autónomas, pero admitiendo los
aciertos de la teoría del débito y la responsabilidad, surge una nueva explicación de la naturaleza de la obligación,
procurando integrar ambos elementos en un solo concepto.
Es inexacto separar la obligación en dos conceptos diferentes (deuda y responsabilidad), pues además de tratarse de
una distinción inútil, con ella se obtiene una visión parcial del fenómeno. La obligación es siempre deuda y
responsabilidad al mismo tiempo, siendo imposible que haya un deudor sin responsabilidad o una persona
responsable sin que haya asumido antes la condición de deudor: si alguien debe es porque es responsable, y es
responsable porque debe.
Un análisis crítico de la concepción que ve en la obligación una relación de “puro débito” (tesis subjetiva), como de
aquella que la reduce a una pura situación de “responsabilidad patrimonial” (tesis objetiva) demuestra la ineficacia de
ambas para describir la totalidad del fenómeno, y la necesidad de elaborar una teoría que reúna “la deuda” y “la
responsabilidad” en un solo concepto.

 La obligación como deber.


Nadie duda de que la obligación le impone al deudor el deber jurídico de observar determinada conducta
(prestación) en interés del acreedor. Se trata de una concepción ética que mira exclusivamente la posición jurídica
del deudor, la cual se basa en la posibilidad de éste de cumplir voluntariamente la prestación.
La obligación es un deber que se extingue con el cumplimiento voluntario.
¿Qué ocurre si el deudor no cumple? Se producen consecuencias que ya no derivan de la obligación, sino del
incumplimiento. El incumplimiento es fuente de una nueva obligación: indemnizar al acreedor. La
responsabilidad se sitúa fuera de la obligación, ya que no deriva de ella.
A esta conclusión llega la tesis que afirma que la obligación es un “puro débito”.
Crítica. El incumplimiento no necesariamente desemboca en la indemnización, ya que también puede dar lugar a la
ejecución forzada, por medio de la cual el acreedor recibirá el objeto específicamente debido. Si la obligación se
agotara en el mero deber de cumplir voluntariamente, entonces la ejecución forzada no forma parte del concepto de
obligación. Esto es así porque la ejecución forzada supone el incumplimiento del deudor.

 La obligación como responsabilidad.


El deudor es responsable frente al acreedor si llega a incumplir su deber. Pero de ahí a sostener que la
obligación es exclusivamente responsabilidad, subestimando la importancia del deber, lleva al mismo error que se le
reprocha a la tesis anterior: parcializa la visión del fenómeno obligatorio.

 La obligación como deber y como responsabilidad.


Tanto el “deber” como la “responsabilidad” deben estar en el concepto de obligación, y así poder tener una visión
íntegra y completa de dicho fenómeno jurídico.
El hecho de que la obligación sea esencialmente deber no significa que lo sea única y exclusivamente. El deber es
el fundamento de todas las consecuencias jurídicas en que se traduce la obligación: sin deber no hay obligación.
La responsabilidad, a su hora, refleja la total sanción que incorpora el ordenamiento jurídico al deber asumido.

La obligación como puro débito. (Explicado en el punto anterior: la obligación como deber).

La obligación y la ejecución forzada.


En toda obligación, el deudor tiene el deber jurídico de realizar una prestación mediante la cual debe
proporcionarle al acreedor el bien que le es debido.
La obligación se desarrolla con normalidad cuando el deudor realiza la prestación espontáneamente, produciendo:
 Satisfacción del acreedor, ya que obtuvo el bien que se le debía;
 Extinción del vínculo;
 Liberación del deudor.
¿Qué ocurre cuando el deudor no realiza la prestación? Será necesario indagar si el acreedor mantiene su interés
en el objeto, y si la obtención de éste es materialmente posible.
Si la respuesta es negativa, en cualquier caso, la obligación se agota, es decir, se extingue o se transforma, lo cual
dependerá de otras circunstancias.
Si la respuesta es afirmativa, en ambos casos, se abre la etapa llamada “de ejecución forzada”, en la cual con la
intervención del juez, el acreedor podrá obtener el bien debido. La obligación no se agotó, ni se transformó, a pesar de
que el deudor se apartó del comportamiento debido. Simplemente, la obligación se cumplió por la fuerza.
Cuando hay ejecución forzada, la satisfacción del crédito noes ya obra del deudor, sino que el bien debido fue
obtenido por otros medios. Entonces, es posible afirmar que el derecho del acreedor no se dirige exclusivamente a la
prestación (obrar del deudor), sino más bien al resultado de esa prestación (bien debido). Solo así se explica por qué
cuando hay ejecución forzada se obtiene el resultado aunque el deudor no cumpla la prestación.

Incumplimiento definitivo y responsabilidad.

 Incumplimiento.
El cumplimiento, ya sea voluntario o forzado, provoca la extinción del vínculo y la liberación del deudor ya que el
acreedor ha sido satisfecho.
Pero cuando el deudor no presta la cooperación debida, con ello desaparece toda posibilidad de cumplimiento, al
cual no puede obtenérselo ni siquiera por ejecución forzada. En tal caso, se está ante una situación de incumplimiento
que se caracteriza por el hecho de que el acreedor deberá resignarse a recibir una indemnización pecuniaria en
sustitución del objeto que se le debía.
Aquí se extingue el deber de prestación y nace el deber de reparar, que no se origina por la obligación, sino en
el hecho ilícito del incumplimiento. La obligación se extingue, pero el deudor no queda liberado ya que pesa sobre él el
deber de reparar el daño causado.
Pero también puede ocurrir que el incumplimiento libere al deudor. Esto sucede cuando el incumplimiento no es
imputable al deudor, presentándose así como una forma de “imposibilidad de pago” que extingue el vínculo sin
responsabilidad para el deudor.
Entonces, el incumplimiento puede o no generar responsabilidad, según sea imputable o inimputable al deudor.
Por tal motivo, no debe considerarse un aspecto secundario de la relación de obligación.
Ha sido la doctrina del debido y la responsabilidad la que ha permitido alumbrar la teoría del incumplimiento
obligacional, a partir de la cual se puede concluir que la obligación comprende el cumplimiento voluntario y la
ejecución forzada, para dejar luego su lugar a la responsabilidad civil por incumplimiento.
El incumplimiento constituye un acto ilícito generador de responsabilidad.

 Responsabilidad.
El incumplimiento marca el momento de transición entre “la obligación” y “la responsabilidad” del deudor.
Los partidarios de la teoría integradora sostienen, al contrario, que la responsabilidad no es una fase de la obligación
en la cual se penetra solo mediante el incumplimiento, sino que el fenómeno es inverso: el deudor responde del
cumplimiento, es decir, la responsabilidad la contrae, no porque se ha incumplido, sino porque se ha asumido el deber
de cumplir.
Esta afirmación no es verdad: no se responde por sola y única razón de haber asumido un deber, sino porque se ha
incumplido ese deber. Además, el deber puede ser violado y, sin embargo, no haber responsabilidad para el deudor
(cuando el incumplimiento no le es imputable).
Toda responsabilidad tiene su génesis en la violación de un deber jurídico. La infracción (hecho ilícito) genera una
obligación nueva.

4) CONTENIDO DE LA OBLIGACIÓN.

Obligación y deber jurídico.


Si bien toda obligación contiene un deber jurídico, no todos los deberes jurídicos son “obligaciones”. Los deberes
jurídicos conforman un género, y la relación de obligación es sólo una de sus especies.
Los deberes jurídicos les imponen a las personas la necesidad de observar determinada conducta.
Para distinguir el deber jurídico propio de la relación de obligación, es decir, el deber de obligación, de aquellos
otros que no son técnicamente “obligaciones”, es necesario señalar los caracteres típicos y específicos del deber de
obligación:
 La relación de obligación crea un vínculo jurídico entre acreedor y deudor: el deber que pesa sobre el deudor
lo obliga a desplegar parte de su actividad en beneficio del acreedor. El comportamiento del deudor tiene un
destinatario preciso y determinado. La obligación es una relación entre “personas determinadas”;
 El comportamiento debido por el deudor tiene que tener valor económico para el deudor. Esta es una de las
particularidades más importantes de la obligación: la patrimonialidad de la prestación;
 El deber de prestación se dirige a satisfacer el interés, patrimonial o no, del acreedor, y éste está autorizado
para exigir el cumplimiento.

Deberes jurídicos que no son obligaciones.


Por ausencia de alguna de las características nombradas anteriormente, no constituyen obligaciones las siguientes:
 Deberes jurídicos genéricos, en los cuales no existe un sujeto activo determinado.
El ordenamiento jurídico impone deberes que incumben a todos los miembros de la sociedad, tales como no
dañar a otro o respetar los derechos ajenos.
En principio, no es posible localizar al sujeto pasivo (que debe cumplir el deber) ni tampoco al sujeto activo (ya
que no existe; salvo que se atribuya tal carácter a la sociedad toda) mientras el deber no es violado.
Es decir, antes de la violación del deber no hay vínculo jurídico alguno, con la consiguiente ausencia de acreedor
y deudor.
 Deberes jurídicos sin contenido patrimonial.
Hay deberes jurídicos que, si bien se establecen entre personas determinadas, carecen de contenido económico o
patrimonial. Por ejemplo, los deberes impuestos por las relaciones de familia, como es el caso de la relación jurídico-
matrimonial, la cual crea entre los esposos un complejo conjunto de derechos y deberes como el de cohabitar, recíproca
fidelidad, asistencia moral, etc. Tales relaciones familiares crean lazos espirituales, no económicos; de ahí que no se
pueda hablar de una “prestación” para hacer referencia al comportamiento debido por uno de los cónyuges al otro. Lo
mismo sucede con las relaciones paterno-filiales, que general deberes sin contenido económico.

El crédito y la deuda.
La relación de obligación es una relación bipolar, pues vincula a un acreedor con un deudor. El acreedor es el
titular de un derecho subjetivo (de crédito) que lo dota de poder para exigir el bien que le es debido. Sobre el deudor
pesa el deber jurídico de satisfacer ese interés.
Derecho subjetivo y deber jurídico (crédito y deuda) constituyen el núcleo fundamental de la obligación.
Sin embargo, esto es solo un simple análisis de la relación de obligación, puesto que no se agota con el deber de uno
y el poder de otro; un examen más detenido la muestra como una relación jurídica compleja, integrada por una
verdadera trata de deberes y derechos recíprocos.
Se destacan principalmente el crédito y la deuda, pero los restantes deberes y facultades (accesorios a estos) tienen
que ser necesariamente considerados, pues de lo contrario, se obtiene una visión parcial de la obligación.

Relación “contractual” y relación “de obligación”.


Se ha pretendido explicar la existencia de facultades accesorias y de deberes secundarios recurriendo a la distinción
entre relación contractual y relación de obligación, otorgándole a la primera mayor amplitud de efectos, y limitando
la segunda al simple crédito-deuda.
Mediante esta dualidad de conceptos se afirma que las facultades accesorias y los deberes secundarios derivan
del contrato o relación contractual, no de la relación de obligación.
Sin negar el valor teórico práctico que la distinción entre relación contractual y relación de obligación ofrece, no
brinda una explicación satisfactoria acerca de la naturaleza y el origen de las facultades y deberes accesorios. Si se
admitiera esta tesis, se limitaría la vigencia de las conductas secundarias a la esfera contractual, con lo que quedaría
sin explicación una serie de hipótesis que se plantean en relaciones de origen extracontractual. Cuando la obligación
proviniese de un acto ilícito, de la ley, o de cualquiera de las fuentes que no sean un contrato, no habría para las partes
facultades y deberes accesorios, pues faltaría la relación contractual que los impusiera.
Las conductas secundarias son impuestas, no por la relación contractual o fuente de la obligación, sino por el
principio de buena fe imperante en toda relación de obligación por mandato expreso de la ley. La relación de
obligación, nacida de cualquiera de las fuentes aceptadas, es siempre compleja. El deber de cooperación recíproca es
engendrado por obligación, con total prescindencia de su origen contractual o extracontractual.

La situación jurídica del acreedor.


Para comprender en qué posición jurídica se halla el acreedor será necesario examinar las siguientes cuestiones:

 El derecho de crédito.
El derecho de crédito, en sentido estricto, es el que ostenta el acreedor con poder o facultad para exigir del
deudor el bien que le es debido.
Es un verdadero derecho subjetivo, en virtud del cual el acreedor está en condiciones de obtener la satisfacción de
su propio interés mediante la actuación del deudor (prestación) o mediante la ejecución forzada. El derecho de crédito
se dirige a la obtención del objeto específicamente debido.
En caso de incumplimiento absoluto nace una nueva obligación, en virtud de la cual el acreedor puede dirigirse al
patrimonio del deudor para tomar de él la indemnización pertinente. Lo que decide si el derecho del acreedor se ha de
dirigir al bien debido o si se ha de orientar al patrimonio del deudor es el hecho del incumplimiento imputable.
Desde el punto de vista de la sociología del derecho, se piensa que el acreedor se halla en una situación de poder
que va mucho más allá del simple derecho subjetivo de exigir el bien debido.
Desde la perspectiva sociológica, el derecho de crédito refleja toda la situación de poder (jurídico, económico y
social) que el acreedor puede hacer valer contra el deudor. La situación acreedora se presenta como un centro de
imputación y unificación de facultades y prerrogativas, especialmente jurídicas, cuyo beneficiario es el acreedor.

 Facultades y derechos que integran la “situación acreedora”.


La situación jurídica del acreedor no se agota con el derecho de crédito, considerado en sentido estricto.
Si bien el núcleo central de la situación acreedora lo constituye el poder de que goza el acreedor para exigir lo que
se le debe, aquella se integra con una serie de facultades y derechos que la complementan, los cuales pueden ser de la
más variada índole y naturaleza.
A título de ejemplo, tenemos las siguientes:
 Facultades de disposición sobre el crédito.
El acreedor tiene amplias facultades de disposición sobre el crédito:
-Puede enajenarlo (cederlo) a terceras personas por actos inter vivos mediante el contrato de cesión de crédito, por
título gratuito u oneroso, o por actos mortis causa mediante el legado de crédito;
-Puede darlo en garantía de una obligación propia;
-Constituir una prenda sobre él;
-Renunciar a los derechos que el crédito le confiere.
 Facultades de conservación y tutela preventiva del crédito. El acreedor tiene facultades que le permiten:
-Controlar el desarrollo de la relación obligatoria. Se puede mencionar aquella facultad que el acreedor puede
reservarse para efectuar la elección del objeto en las obligaciones alternativas, o la de rechazar el pago cuando éste sea
parcial o incompleto.
-Tomar medidas preventivas para tutelar el crédito. Aquí se encuentra la facultad de provocar un vencimiento
anticipado de los plazos por insolvencia o inconducta del deudor, o la de peticionar y obtener medidas cautelares,
embargos, inhibiciones, secuestros, etc. Sobre los bienes del deudor, según lo autorizan los códigos de procedimiento.

 Cargas y deberes. El deber de cooperar.


La situación jurídica del acreedor es compleja. Conforme a la idea de cooperación y a las pautas de valoración de la
conducta que proporciona el principio jurídico de buena fe, el acreedor ha dejado de ser el sujeto investido
exclusivamente de poderes y facultades, para convertirse en sujeto pasivo de ciertos deberes de conducta
jurídicamente obligatorios, cuya inobservancia implica una verdadera transgresión al derecho de crédito por parte del
acreedor.
Los deberes de cooperación que se le impone al acreedor son, como las facultades accesorias, de la más variada
índole y naturaleza, que dependen generalmente de la relación de obligación de la cual derivan. Una enunciación de los
supuestos más importantes:
 Deber de no agravar la situación del deudor. El acreedor debe abstenerse de todo comportamiento que
conduzca a hacer más onerosa la obligación del deudor. Por lo tanto, no puede impedir ni hacer imposible la
realización de la prestación. Su deber es facilitar la liberación del deudor.
 Deber de contribuir a la materialización del pago. La realización del pago exige, según la naturaleza de
ciertas obligaciones, la expresa cooperación del acreedor, y éste no puede negarse a prestarla.
En las obligaciones de dar, la aceptación de la prestación por parte del acreedor es ineludible; el deudor no
podrá cumplir, normalmente, si el acreedor no recibe el pago. En las obligaciones de hacer es también
necesaria la aceptación del acreedor, sólo las obligaciones de no hacer es aparentemente innecesaria
actividad alguna del acreedor; basta el comportamiento del deudor para poner fin al vínculo.
En determinadas relaciones, el deudor sólo podrá verificar la prestación si el acreedor realiza actos de
cooperación con carácter previo o simultáneo al pago. Por ejemplo: si el acreedor asume el deber de
designar el lugar de pago y omite hacerlo, no puede pretender que el deudor sea responsable ante un
eventual retardo en el cumplimiento; en dicho caso, la infracción del deber de cooperar por parte del
acreedor impide o borra la responsabilidad del deudor.

La situación jurídica del deudor. El “deber de prestación”.


Para describir la situación jurídica en que se halla el deudor, es necesario precisar tres cuestiones:

 El deber de proporcionar el bien debido (el “deber de prestación”).


La obligación importa, para el deudor, el deber de satisfacer el interés del acreedor. Es deber se cumple cuando el
deudor despliega un comportamiento útil y patrimonialmente valioso especialmente previsto para satisfacer al
acreedor. Puesto que ese “comportamiento” se denomina “prestación”, el deber de que aquí se trata suele ser llamado
deber de prestación.
Este deber no comprende exclusivamente el comportamiento especialmente previsto, ya que si el deudor no
observa la conducta debida, el acreedor tiene derecho a satisfacer su interés mediante la ejecución forzada
prescindiendo de ese “especial comportamiento” del deudor. Entonces, el deber de prestación también comprende el
deber de soportar la ejecución.
El deber de prestación reconoce: una acepción estricta, referida a la conducta específicamente debida; y una
acepción amplia, que comprende la ejecución forzada, ya que aquí el comportamiento debido consiste en soportar esa
ejecución.
El deber de proporcionar el bien debido o deber de prestación es un verdadero deber jurídico. Este deber es
una especie calificada dentro de la categoría de deberes jurídicos, ya que toda obligación contiene un deber jurídico,
aunque no todos los deberes jurídicos son obligaciones.

 Deberes secundarios de conducta.


Se parcializaría la situación del deudor si se afirma que a él le incumbe únicamente el deber de prestación.
La “situación deudora”, al igual que la acreedora, es mucho más compleja, ya que el deudor está obligado a
cumplir ciertos deberes secundarios que acompañan o complementan el primario deber de prestación. Los
deberes secundarios dependen de las particulares circunstancias de cada caso.
Algunos ejemplos que ilustran con claridad cómo funciona el principio de buena fe y qué deberes secundarios
derivan de él:
-Si el deudor se ha reservado la facultad de fijar el día y la hora en que ha de cumplir la prestación, no podría
realizarla a medianoche o al amanecer, pues es ésa la forma como obraría un hombre recto (buena fe objetiva), aun
cuando estuviera persuadido de la legitimidad de su conducta 8buena fe subjetiva);
-Si se fija como lugar de pago el propio domicilio, el deudor deberá permanecer en él, o dejar en su lugar a una
persona autorizada, para esperar al acreedor a fin de que la prestación pueda ser realizada.
La inobservancia de estos deberes secundarios constituye, en todos los casos, un “incumplimiento”, el cual podrá
ser absoluto o relativo, o bien conduce a un cumplimiento parcial, defectuoso, etc., según la gravedad de la falta
cometida.
 Las facultades del deudor.
La situación jurídica del deudor no se agota en la suma de deberes que se le impone; también es titular de un
conjunto de facultades que el ordenamiento jurídico le reconoce en resguardo de sus propios intereses:
-Derecho de pagar o de cumplir.
El deudor es titular del derecho a liberarse de la obligación, aún contra la voluntad del acreedor. Éste último tiene,
además, el deber de facilitar la disolución del vínculo. Si el deudor enfrenta obstáculos para liberarse, porque el
acreedor no quiere o no puede recibir el pago, el ordenamiento jurídico le proporciona los medios para que su derecho
tenga efectiva realización por medio del pago por consignación.
-Derecho de oponer defensas.
El deudor está facultado para oponerse a toda pretensión abusiva o desproporcionada que el acreedor intente
en su contra. Estas facultades son ejercidas mediante:
 Interposición de excepciones, como sucede, por ejemplo, cuando se le reclama al deudor el pago de una
deuda cuyo plazo aún no ha vencido, o cuyo monto es mayor que el realmente adeudado. En estos supuestos, el
deudor tiene la facultad de suspender el pago.
 Por medio de acciones, como cuando el deudor invoca los beneficios de la teoría de la imprevisión, o los de la
lesión.
-Derechos del deudor insolvente.
Incluso al deudor en estado de insolvencia (que no dispone de dinero para pagar o no puede hacerse cargo de una
obligación) se le reconoce ciertos derechos:
 Puede solicitar que se decrete la inembargabilidad de sus bienes cuando éstos integral el “lecho cotidiano de
él y de su familia”, o cuando se trata de “las ropas y muebles de su uso indispensable”, o de “los instrumentos
necesarios para su profesión, arte u oficio”;
 Puede solicitar también la convocatoria de sus acreedores mediante el procedimiento concursal.

La obligación y el derecho real.


El derecho real y la obligación difieren en las siguientes cuestiones:

Se diferencian Derecho real Derechos personales


por:
Al ejercerse directa e inmediatamente sobre la Supone la facultad de uno para exigir de otro
cosa, sin la intervención de intermediarios, sus determinada conducta, sus elementos son
Los elementos elementos integrativos son solo dos: el sujeto tres: sujeto activo o acreedor, sujeto pasivo
activo, o titular del derecho, y la cosa sobre la o deudor, y la cosa o hecho que éste debe
cual ejerce su señorío. entregar o realizar.
Al derecho real se lo ejerce sobre cosas. Las Tienen por objeto una prestación, es decir,
El objeto y el cosas son su objeto, y deben tener existencia una conducta futura del deudor. Pueden
contenido actual, existir en el momento en que el derecho recaer sobre cosas inexistentes al momento
es ejercido. de ser constituido el vínculo, siempre que
puedan existir luego.
La tutela que el Los derechos reales son absolutos ya que Son relativos, ya que sólo pueden ser
ordenamiento pueden ser invocados por su titular contra invocados frente al deudor.
jurídico les todos los miembros de la comunidad; son
proporciona oponibles erga omnes, pudiendo el titular
demandar a cualquier persona que lo perturbe
o pretenda privarlo de su derecho.
Puesto que se los ejerce sobre cosas, le otorgan El acreedor está obligado a respetar la
El modo de a su titular un poder discrecional. El derecho persona del deudor y la incoercibilidad de su
ejercicio real se consolida cuando es ejercido, ya que conducta. Si el acreedor ejerce su derecho,
con ello el sujeto activo reafirma su condición la obligación se extingue, pues tal ejercicio
de tal. supone el cumplimiento de la prestación.
El ordenamiento jurídico determina el Su número y especies dependen de la
El número número de tipos o especies de derechos reales autonomía privada (sistema numerus
que los particulares pueden ejercer (sistema apertus), siempre que la obligación sea lícita
numerus clausus).
y no contravenga la moral o las buenas
costumbres.

Las acciones del acreedor para exigir el


Se adquieren por el transcurso del tiempo cumplimiento de la obligación se extinguen
(prescripción adquisitiva). por el transcurso del tiempo (prescripción
liberatoria).
No se extinguen aunque desaparezca la
Se extinguen cuando perece la cosa sobre la cosa que constituye su objeto, o aunque se
cual se los ejerce. pierdan todos los bienes del obligado.

Otras Puesto que son oponibles erga omnes,


diferencias requieren publicidad porque así lo exige una Por su carácter relativo, no requieren, en
adecuada protección de los terceros. principio, la misma publicidad.

Tienen vocación de perpetuidad, es decir, Son siempre temporales, tienden a


tienden a permanecer en el tiempo. extinguirse.