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INTRODUCCIÓN

El derecho electoral se vincula en forma estrecha y vital con el sistema político.


Es más: el carácter del sufragio determina, en buena medida, el carácter del
sistema político. Para que un sistema político sea reconocido como
democrático es imprescindible en la actualidad que el sufragio sea universal,
igual, directo y secreto. Así el desarrollo de la democracia moderna es
inconcebible sin su componente electoral, es decir, la extensión permanente del
sufragio hasta materializarse el derecho electoral conforme a los principios
clásicos. Por otro lado, es notorio en cualquier proceso de democratización de
un sistema político el postulado de las elecciones libres.

El Diccionario define “convocar”, voz que deriva del latín convocare, como:
“Citar, llamar a varias personas para que concurran a lugar o acto determinado”
y “convocatoria”: “Anuncio o escrito con que se convoca; La convocatoria a
elecciones es el acto jurídico por el que autoridad legítima llama a los
ciudadanos para que concurran a elecciones, a ejercitar sus derechos de elegir
y ser electo, dándose inicio con la misma al proceso electoral” .

La convocatoria puede ser a elecciones ordinarias previstas en la legislación


nacional con sus modalidades de tipo de elección, cargos a elegir, tiempos y
lugares y a elecciones extraordinarias, también previstas en la legislación con
sus respectivas causas de vacancias, declaratoria de nulidad de elecciones,
imposibilidad de elecciones regulares u otros motivos.

El concepto debe extenderse a la convocatoria a plebiscitos, referéndum o


consultas populares, por tener la misma naturaleza: acto jurídico por el que
autoridad legítima llama a los ciudadanos para que concurran a participar en un
plebiscito, referéndum o consulta popular.

Duverger señala como características esenciales de la convocatoria:

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1) que la haga autoridad legítima;
2) que se haga con apego a la legislación vigente;
3) que tenga efectos jurídicos erga omnes; y
4) que se le de la debida publicidad.

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DERECHO ELECTORAL

¿Es posible ser obligado a ejercer un derecho?

El tema de los derechos subjetivos constituye un campo de controversia clásico


de la ciencia jurídica. En él se sitúa la interrogante planteada, con la
complejidad adicional de que no se trata de una materia del derecho privado,
donde cabe más plenamente la subjetividad jurídica, sino que nuestro problema
constituye una interrogante muy compleja de responder en el campo de la
filosofía del derecho y del derecho público.

ARDITI, BENJAMÍN (1988) señalaba que los derechos subjetivos públicos se


dividen entre los “derechos cívicos" y los “derechos políticos", entendiéndose
por los primeros aquellos destinados a obtener del Estado ciertas libertades
(derechos humanos) o prestaciones (protección jurídica), y por los segundos
aquellos que “permiten intervenir en la gobernación y en la marcha del Estado",
siendo el más importante de ellos el derecho de sufragio activo y pasivo.

El debate sobre el concepto de derecho subjetivo no ha conducido a un


consenso; pues, por una parte, se presenta la pregunta acerca de cuáles
derechos tienen los hombres, independientemente de los que reconozca el
orden jurídico concreto (Derecho Objetivo) y, por otra, la relación entre
“derecho" y “deber" que incide directamente en el voto obligatorio. Se trasladó
la polémica sobre los derechos subjetivos surgida entre Ihering y Windscheid
(teorías del interés y de la voluntad) al campo de derecho público, combinando
ambas visiones: “Por lo tanto, el derecho subjetivo es el poder de la voluntad
humana dirigido a un bien o interés, reconocido y protegido por el orden
jurídico" (idem 1998).

Desde otra perspectiva, más directamente apuntada del derecho de sufragio,


los estudiosos han postulado la importancia de distinguir entre el sufragio como
“derecho" y el sufragio como “función", que se vincula directamente con el

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contenido que tiene el ejercicio del derecho de sufragio, mandatado por un
deber moral subjetivo o por una norma socialmente funcional del orden jurídico
Es en virtud de esta discusión normativa, que resulta igualmente justificable el
establecimiento de la obligación o de la voluntad de ejercer el voto que
presentan los distintos ordenamientos jurídico-políticos.

Deber Jurídico y Deber Ciudadano

La función pública del sufragio supone que el derecho de sufragio presenta a


su vez como reverso su aspecto de obligación ciudadana, sobre cuyo ejercicio
descansa la entera estructura del sistema democrático.

Esta fórmula de “obligación ciudadana" puede ser una explicación de la


aparente contradicción entre la norma jurídica que habla del “deber" (como en
varias constituciones de América Latina) y su no exigibilidad ni penalización
(como varios ordenamientos europeos). En efecto, como lo señala
DUVERGER, M. (1988), “la más ambigua y problemática de las situaciones
jurídicas pasivas es la que la doctrina conoce con el apelativo de deberes
públicos, cuya caracterización suele hacerse en contraste dialéctico con la
figura de la obligación, en base a: ... La obligación tiende a servir el interés de
un sujeto concreto, en tanto que el deber público es una conducta impuesta en
interés general o de la colectividad." Más cercana a la situación de la
obligatoriedad del voto es la figura de las “potestades de ejercicio obligatorio";
“que son situaciones de poder... cuyo ejercicio no es facultativo para su titular,
sino obligado y debido".

En otros términos, la obligatoriedad del voto pudiera tener explicación jurídico-


conceptual en cuanto se entienda que se trata de un derecho cuya plena
materialización se manifiesta sólo al ejercerlo. En esa dirección se produce un
acercamiento a la clásica versión kelseniana de los derechos subjetivos, que
considera a éstos un atributo, un componente de la norma jurídica positiva:
“Hay que comportarse tal como lo prescribe la Constitución”.

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El objetivo fundamental del cumplimiento del deber de votar es, sin duda, la de
formar la voluntad política de una sociedad: La justificación teórica-jurídica (del
voto obligatorio) reside en la tesis de que la realización del derecho político de
participar en la designación de la representación política es sinónimo de deber
cívico. En palabras de NOHLEN (1988), existe una “función social de los
derechos subjetivos", cuya obligatoriedad puede ser dispuesta por el Estado en
la medida en que el interés social que en él se manifiesta así lo indique.

Como veremos, en la mayoría de los países latinoamericanos el voto


obligatorio está establecido constitucionalmente, lo que, independientemente
de sus cuestionamientos de legitimidad, implica un respaldo de decisión
soberana del pueblo.

Evolución del voto obligatorio

El establecimiento de la obligación de votar es cronológicamente coincidente y


complementario con el voto universal, por lo menos el voto universal masculino.
Es interesante constatar que esta tendencia tiene lugar sólo en algunos países
europeos y en Australia - aparte, por cierto, de América Latina - Bélgica (1893),
Holanda y Luxemburgo (1917), Francia, Italia, algunos Länder austriacos y
cantones suizos.

Actualmente en la mayoría de los países europeos en los que se estableció el


voto obligatorio se abolió su vigencia.

Voto obligatorio y la evolución política y electoral

En América Latina, la institución del voto obligatorio es un componente del


proceso de democratización del sufragio que tuvo lugar especialmente durante

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la primera mitad del siglo XX, culminando con la introducción del voto femenino
en torno a 1950 y de los analfabetos y menores de 21 años, alrededor de 1970.

Sin duda que la obligación de votar se estableció para garantizar la


participación electoral, por cierto en cuanto a la proporción de inscritos en los
registros electorales (ver cuadro), lo que estaba asociado al interés de
representación política que presentaban los grupos sociales emergentes a
través de los partidos políticos. Según esa interpretación, a mayor participación
se obtendría una mayor representación de los partidos con fuerza en las
ciudades y en las clases medias. Nohlen (1988) da un ejemplo de este proceso
fue la reforma electoral Sáenz Peña en Argentina en 1912, que cambió
totalmente el contexto del poder político en dicho país al introducir el voto
secreto y obligatorio.

Durante el último medio siglo, además, tuvo lugar en América Latina un


proceso simultáneo de profundos y dramáticos cambios de régimen político,
por una parte, y de transformaciones socioeconómicas extremas, por la otra, lo
que motivó una constante y creciente preocupación por la formalización
institucional del desarrollo político y socioeconómico, dentro de lo cual se
inscribió la regulación electoral, aunque no siempre para legitimar formas
democráticas.

Este fenómeno produjo un terreno fértil para aceptar la obligatoriedad de votar,


pues tenía lugar un agudizamiento de la cultura legalista formal de la región,
marcado por el principio juspositivista - tan en boga en esas décadas - de que
“lo establecido en la ley es derecho y, por lo tanto, es ley vigente".

Puede afirmarse que hasta los procesos de reglamentación de los años


ochenta y noventa ningún sector político o social cuestionó la validez de la
obligación de votar o la contrastó con el ejercicio de la libertad individual. Sólo
la cotidianidad de la democracia en un marco de modernidad (o
postmodernidad) cultural ha producido una apatía o indiferencia respecto a la
participación política que ha puesto en entredicho la obligatoriedad del voto.

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Denominaciones jurídicas del voto obligatorio en América
Latina

Considerando la conceptualización del voto obligatorio descrito anteriormente


en este trabajo, las normas constitucionales y legales al respecto en los países
latinoamericanos presentan una gran variedad de denominaciones, que no es
ajena a las distintas concepciones y funciones que se le otorgó al establecer la
institución del voto obligatorio.

Obligación del voto u obligación de ejercerlo:

Algunos textos constitucionales o legales utilizan la expresión “voto o sufragio


obligatorio" (Bolivia, Brasil, Chile, Perú, Uruguay, etc.) y otros emplean la
expresión “ejercer el voto o sufragio" o “votar o elegir" (América Central).

Esta diferencia no es sólo semántica, pues se refiere al carácter instrumental o


sustantivo jurídico que se le otorga a la institución. Voto obligatorio es una
definición del voto, mientras que ejercer el voto es una definición del sujeto que
lo ejerce (el titular de la soberanía). Ciertamente esta segunda expresión es
más rigurosa, pues denota la diferencia existente entre las otras características
propias del voto (secreto, igual y universal) determinado por la norma jurídica y
la obligación de votar, que es una acción humana y que, por lo tanto, involucra
a la voluntad.

El voto obligatorio como deber y como función:

Nohlen (1988) resalta que algunos ordenamientos jurídicos definen el voto


como un respaldo a su obligatoriedad. Pone como ejemplo a la Constitución
brasileña, que establece el voto obligatorio porque constituye un deber
irrenunciable de la ciudadanía (art. 14,1). La constitución de Honduras, por su

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parte, señala: “El sufragio es un derecho y una función pública del elector" (art.
111). La Constitución de Costa Rica determina que “El sufragio es una función
cívica primordial y obligatoria" (art. 93). El Código Electoral de El Salvador
establece: “El sufragio es un derecho y un deber de los ciudadanos" (art. 3). El
tenor de la disposición constitucional venezolana puede calificarse como una
combinación de todos los elementos definitorios que hemos señalado: “El voto
es un derecho y una función pública. Su ejercicio será obligatorio" (art. 110). El
mismo contenido integral expresa la Constitución paraguaya: “El sufragio es
derecho, deber y función pública del elector" (art. 111).

El Voto como carga pública

Sabemos que el concepto de carga pública, aun cuando pertenece a la misma


familia de las situaciones pasivas o de deber dentro de los derechos subjetivos,
se diferencia del deber público en cuanto en esta situación su titular está
obligado en virtud de satisfacer el interés general, mientras que “la carga" es un
interés del propio titular de la situación.

En ese sentido, la carga es una necesidad de realizar una conducta, en este


caso el votar, lo que puede ser discutido si la acción se define como
manifestación libre de la voluntad o como una contribución al “interés general".

Al respecto Nohlen (1988) sostiene que el Código Electoral argentino establece


que “todas las funciones que esta ley atribuye a los electores constituyen carga
pública y son, por lo tanto, irrenunciables" (art. 14).

La expresión “obligación" constituye otro ejemplo jurídico cuya aplicación al


voto obligatorio puede ser discutible, encontrándose varios ejemplos en
América Latina. La obligación es una necesidad de realizar una conducta que
la norma jurídica establece en favor de un tercero, quien ostenta el poder de
exigirla.

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En el caso del voto, ¿con quién se obliga el titular del derecho de sufragio?
¿Con el Estado? ¿Con el Candidato? A pesar de esta dificultad conceptual, es
posible observar en América Latina que se establece que el voto es una
“obligación" seguramente de acuerdo al sentido más común de la expresión. Es
el ejemplo de México, cuya Constitución Federal establece refiriéndose a
“votar": “son obligaciones del ciudadano", y cuyo Código Federal señala “Votar
en las elecciones constituye un derecho y una obligación del ciudadano" (art.
4,1). (Nohlen 1988)

El aumento de la participación electoral asociado al voto obligatorio puede


atribuirse más a un rasgo de la cultura política que a la obligación misma,
teniendo en cuenta que las sanciones para su incumplimiento son, en la
mayoría de los casos, inaplicables. O son bajas, tanto en su expresión de
sanción privativa de libertad o de tipo pecuniario, o se aplican por mecanismos
judiciales sobrecargados para tal tramitación, considerando las dificultades de
cantidad de infractores y de imposibilidad de citar a un gran número de ellos.

“El juzgamiento de los delitos realizados corresponde a la justicia ordinaria, ya


sea o civil (Brasil, Código Electoral, art. 257), la justicia local (Chile) o la misma
justicia constitucional o electoral (Costa Rica). En todo caso no concurrir a votar
sin excusa legal no se comprende entre los llamados “delitos electorales" el
que, como lo expresa la Ley Electoral de Guatemala lo comete „quién por dolo
o culpa, realice actos de omisiones contra el proceso electoral para impedirlo,
sorprenderlo, falsearlo o alterar sus resultados" (art. 251).”

Democracia y Elecciones

La democracia tal como se ve configurada por el constitucionalismo,


comprende un número de principios, técnicas y elementos que se integran en
un sistema, de conformidad con un orden que le es propio. Entre ellos,
encontramos el pronunciamiento del electorado a través del sufragio universal
como único criterio legitimador del acceso de los gobernantes al ejercicio del

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poder. Este postulado se ve desarrollado jurídicamente por medio de la materia
electoral, cuyo alcance está integrado por una serie de contenidos, entre los
que se destacan los llamados derechos políticos que les conceden a los
ciudadanos las facultades de elegir a las autoridades (sufragio activo), o de ser
elegidos para ocupar los cargos públicos (sufragio pasivo).

La consolidación del sistema democrático ha exigido un número creciente de


instituciones susceptibles de asegurar procesos electorales transparentes y el
más amplio acceso de las personas al ejercicio del sufragio. Una primera etapa
permitió la consagración del voto universal, igual, secreto y en muchos casos
obligatorio, la que se vio perfeccionada con el reconocimiento del voto
femenino.

La sanción de leyes específicas sobre estas cuestiones extendió la


incumbencia del legislador al campo electoral. Se trata de plasmar en normas
todo lo atinente a la confección de los padrones, a la organización de las
campañas y de los comicios, a las características del escrutinio, al
financiamiento de esas actividades, entre muchos otros temas relevantes.
Además, la tendencia se extiende a la normatización de los partidos y de las
actividades políticas; como así también a su financiación.

Este esquema de garantías se completa con la consideración de la estructura


institucional encargada de la administración y fiscalización de los procesos
electorales y del control de los partidos. En este aspecto las posibilidades son
variadas, tal como pone de manifiesto su evolución, todo lo cual es objeto de
desarrollo particular en otra voz del diccionario.
En suma, estamos frente a un abanico institucional que comprende tanto a
derechos fundamentales de la persona humana, como así también a variados
mecanismos encaminados a garantizar el efectivo goce de esas libertades. En
tal sentido, se trata de garantías, tanto de orden institucional como individual.

La constitucionalización de la temática electoral

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La importancia que reviste la temática electoral para la salud de las
instituciones del Estado de Derecho ha llevado a que muchos de sus aspectos
normativos adquieran jerarquía constitucional. Al respecto, Colomer (2004)
manifiesta que se presentan dos posturas disímiles en lo que hace a la
magnitud que debe tener la temática electoral a ser incorporada en la ley
fundamental de un país. La primera considera que esta problemática exhibe un
carácter coyuntural, ya que es susceptible de ser objeto de múltiples cambios
en función de los avatares de la vida institucional de cada país y que por lo
tanto las cuestiones a plasmar en la constitución deben ser lo más genéricas
posible. Ello, a fin de posibilitar que las modificaciones que aconseje la
cambiante situación política, puedan llevarse a cabo sin que se impongan las
dificultades que se derivan de una reforma constitucional. La segunda
corriente, por el contrario, entiende que en virtud de la relevancia de la materia
electoral, la ley fundamental debe contemplar un número importante de
cuestiones, a fin de evitar que las mismas sean desconocidas o desvirtuadas
en la práctica.

Sobre la cuestión resulta interesante resaltar la visión de Colomer y comparar


el constitucionalismo de Europa y de América Latina. Los países europeos a
partir de la segunda posguerra mundial han introducido en sus constituciones
diversas materias electorales. Sin embargo, se han constitucionalizado
exclusivamente ciertas cuestiones fundamentales que son desarrolladas en
cláusulas generales, como ha ocurrido en países como Italia, Francia, Alemania
y en la década del 70, en las constituciones de Grecia, Portugal y España luego
del acceso a la democracia de esos países.

La transición democrática en América Latina le ha dado trascendencia a la


cuestión constitucional. Así, en casi todos los casos, una de las etapas más
importantes de dicho proceso se ha visto caracterizada por la sanción de
nuevas constituciones o por importantes reformas a las constituciones
existentes. Precisamente, el nuevo constitucionalismo latinoamericano le da
gran relevancia al derecho electoral y resulta notable el acrecentamiento del
número de disposiciones que se ocupan de esta naturaleza.

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No obstante lo antedicho, dada la amplitud de la materia electoral, sea ella
tratada de manera analítica o genérica en la constitución, siempre requerirá de
una reglamentación posterior a través de una ley. Por ello, en todos lo casos el
constituyente deja en manos del legislador el desarrollo de múltiples cuestiones
pendientes y se limita a definir el perfil de los institutos que considera más
relevantes.

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CONCLUSIÓN

La acción de votar es el acto mediante el cual se elige a los gobernantes del


pueblo, en otras palabras el pueblo es el encargado de elegir a sus
representantes. El objetivo de la participación de los ciudadanos en la vida
política es lograr una democracia plena.

El índice de abstencionismo cada vez es mayor, ¿Qué es lo que esto refleja?,


¿Al pueblo no le importa el candidato que resulte electo?, ¿Qué han hecho las
autoridades encargadas de promover el voto para combatir el abstencionismo?
Los padrones electorales contienen listas enormes de votantes, de los cuales
en elecciones recientes del 2003, solo el 50% o quizá menos del 50% ejerce su
derecho. (TSJE)

Este problema cada vez es mayor aunque la participación debe ser


permanente, ya que todos los ciudadanos deben tener iguales oportunidades
para participar en la elección de sus representantes; esto se debe lograr,
mediante la distribución de publicaciones informativas para despertar el interés
de los ciudadanos, aún cuando no sea período de votaciones, ya sea a través
de periódicos, programas de radio, cursos de capacitación como los que se
realizan para las campañas electorales para capacitar a los funcionarios de los
partidos políticos que cuentan con todos los medios para promover el voto, sin
embargo esto solo se hace durante el proceso electoral, esto no es suficiente
según nos muestra el índice de abstencionismo.

Por todo lo expuesto puede ser considerado como ideal, el lograr un 100% de
participación ciudadana, pero si esto no es posible por lo menos se puede
lograr que el índice de abstencionismo disminuya considerablemente en cada
proceso electoral.

El abstencionismo es uno de los problemas que se manifiesta durante las


elecciones, el cual representa un obstáculo que se debe derribar si queremos
lograr una democracia plena, ya que muchas veces la no participación de la
llamada "mayoría silenciosa", ensombrece el resultado del proceso electoral.

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Más que el margen que dicha abstención proporciona a quienes quieran
manipular una elección, preocupa que el destino del futuro político del Estado
se decida por el voto de una minoría que es tomada como "mayoría relativa",
como se ha dado en elecciones pasadas.

Se ha dicho que el abstencionismo, es cada vez menor en teoría, sin embargo


los resultados de las propias elecciones son el reflejo de una continua
disminución de participación ciudadana.

El registro de los electores constituye un requisito previo a la celebración de los


comicios, las tareas relativas implican la realización de esfuerzos de gran
magnitud y complejidad, ya que se trata de mantener permanentemente
actualizada la información sobre la población mayor de 18 años, a fin de
permitir el ejercicio del derecho al sufragio, garantizar elecciones confiables y
ubicar a cada ciudadano en un ámbito territorial especifico previamente
determinado.

Para que el padrón sea confiable se debe registrar, con la mayor exactitud
posible, el universo ciudadano de la República, ya que el mismo sirve para
medir tanto el grado de participación electoral como de abstencionismo.

“Para medir el abstencionismo se atiende al porcentaje de no votantes


respecto al total que tienen el derecho al voto. También existe el llamado
"abstencionismo cívico", que se presenta cuando el elector participa en la
votación, cumpliendo así con su deber cívico, pero deposita en la urna una
boleta en blanco, lo que da como resultado que no contribuya directamente al
triunfo de ningún partido.

El grado de participación y de abstencionismo varía a través del tiempo en el


interior de un mismo sistema político. También varía el porcentaje de
participación y de abstencionismo con relación a los diferentes tipos de
consulta electoral, en los regímenes presidenciales, las elecciones generales
son más concurridas que las relativas a las elecciones de autoridades locales o
municipales.

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Con objeto de favorecer la participación electoral, se determina que las
consultas electorales se celebren en domingo o en días festivos; o bien que el
día de la elección se considere como día no laborable.

La responsabilidad de los partidos no se agota en la mera participación


periódica en las elecciones, sino que deben realizar actividades permanentes
entre las que destacan los programas de educación política, por ser el medio a
través del cual la persona conoce sus derechos.”

En algunos países el voto es obligatorio y se penaliza de algún modo la


abstención justificada. En otros se ha abolido la norma de obligatoriedad pero
persisten sus efectos en beneficio de niveles comparativamente más altos de
participación electoral. Lo cierto es que puede afirmarse que la norma de
obligatoriedad legal reduce en gran medida las cifras de abstención mientras
está vigente, e incluso abolida la obligatoriedad los países que han convivido
con dicha norma siguen presentando niveles relativamente mucho más bajos
de abstención electoral.

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BIBLIOGRAFÍA

PAPALARDO ZALDÍVAR, CONRRADO (Compilador) (1993)


Paraguay itinerario Constitucional, Anexo Constitución de 1992,
editorial intercontinental, Asunción.

EDITORIAL EL FORO (2000), Ley nº 635/95 que reglamenta la


Justicia Electoral, Asunción

EDITORIAL INTERCONTINENTAL (2002), Ley nº 772/95 que


dispone la renovación total del Registro Cívico Permanente;
Asunción

EDITORIAL INTERCONTINENTAL (1999), Ley nº 834/96 que


establece el Código electoral Paraguayo; Asunción

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ÍNDICE

INTRODUCCIÓN.............................................................................................................2

DERECHO ELECTORAL................................................................................................4

¿Es posible ser obligado a ejercer un derecho?.............................................................4

Deber Jurídico y Deber Ciudadano...............................................................................5

Evolución del voto obligatorio......................................................................................6

Voto obligatorio y la evolución política y electoral.......................................................6

Denominaciones jurídicas del voto obligatorio en América Latina..............................8

Obligación del voto u obligación de ejercerlo:..............................................................8

El voto obligatorio como deber y como función:..........................................................8

El Voto como carga pública...........................................................................................9

Democracia y Elecciones............................................................................................10

La constitucionalización de la temática electoral........................................................11

CONCLUSIÓN...............................................................................................................14

BIBLIOGRAFÍA.............................................................................................................17

ÍNDICE............................................................................................................................18

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