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Resumen de Aulagnier Piera, La violencia de la interpretación

CAPITULO 1: LA ACTIVIDAD DE REPRESENTACION, SUS OBJETOS Y SU META

1. Consideraciones generales

Este libro ofrece un modelo del aparato psíquico centrado en una de sus tareas específicas: la
actividad de representación.

Definimos actividad de representación como la tarea común a todos los procesos psíquicos
cuya meta es metabolizar un elemento heterogéneo, convirtiéndolo en un elemento
homogéneo a la estructura de cada sistema del aparato psíquico.

El término elemento alude a dos clases de objetos: los que son necesarios para el
funcionamiento del sistema, y los que se imponen a éste último, el cual no puede ignorar su
acción.

La actividad de representación es una actividad psíquica que presenta semejanzas y diferencias


con la actividad metabólica, que es un proceso orgánico:

a) Semejanza: Ambos rechazan todo elemento heterogéneo a la estructura o, inversamente, se


lo transforma en un material que se convierte en homogéneo a ella.

b) Diferencia: el elemento metabolizado es un cuerpo físico, mientras que el elemento


representado psíquicamente es un elemento de información. Una es una actividad orgánica, y
la otra una actividad psíquica.

La actividad psíquica está constituida por tres modos de funcionamiento o procesos de


metabolización: el proceso originario, el primario y el secundario, cada cual con las siguientes
características (ver esquema).

Tomaremos 'conciente' y 'inconciente' en sentido descriptivo, o sea como cualidad de que


puede o no ser conocida por el yo.

Los tres procesos indicados en el esquema no están presentes desde un comienzo, sino que
van sucediéndose temporalmente: se ponen en marcha por la necesidad de la psique de
conocer una propiedad del objeto exterior, propiedad que el proceso anterior estaba obligado
a ignorar. Todo induce a pensar que el lapso entre el proceso originario y la aparición del
primario es muy breve y, de igual modo, la aparición del proceso secundario es también muy
precoz. La aparición de un nuevo proceso no anula la actividad de los anteriores, que siguen
funcionando en espacios propios diferentes.

Los elementos a metabolizar son tanto objetos exteriores o de la realidad física, como objetos
endógenos al psiquismo, aunque heterogéneos en relación con uno de los tres sistemas. Así,
los objetos psíquicos producidos por lo originario son tan heterogéneos respecto a lo
secundario como los objetos exteriores que el Yo encuentra.

Hay una homología entre los objetos psíquicos y los objetos físicos: de ambos, y para cada
sistema, sólo hay una representación que ha metabolizado al objeto originado en esos
espacios, transformándolo en un objeto cuya estructura se ha convertido en idéntica a la del
representante.
Toda representación representa al objeto, pero también representa a la instancia o sistema a
la que pertenece, pues cada sistema debe representar al objeto de modo tal que su estructura
se convierta en idéntica a la del representante.

Tres modos de Tales funcionamientos En la reflexión de ESPACIOS: lugares Postulado rector de


funcionamient generan esta actividad sobre hipotéticos de las funciona miento
o de la REPRESENTACIONES sí misma, se originan actividades y
actividad INSTANCIAS representaciones
psíquica

PROCESO PICTOGRAFICAS (o REPRESENTANTE ESPACIO AUTOENGEN


ORIGINARIO Pictograma) ORIGINARIO DRAMIENTO: Todo
existente es
autoengendrado por
el sistema que lo
representa.

PROCESO FANTASEADAS FANTASEANTE (el ESPACIO Todo existente es un


PRIMARIO (Fantasía) que pone en escena) PRIMARIO efecto del poder
omnímodo del deseo
del Otro.

PROCESO IDEICAS (Enunciado) ENUNCIANTE (El Yo o ESPACIO Todo existente tiene


SECUNDARIO Je) SECUNDARIO una causa inteligible
que el discurso podrá
conocer.

Esta última afirmación la podemos ejemplificar en el proceso secundario, cuya instancia es el


Yo. Al respecto, debemos diferenciar y relacionar tres tipos de actividad: la actividad
representativa, la cognitiva y la interpretativa.

El Yo busca forjarse una imagen de la realidad exterior, para lo cual ejerce una actividad
representativa. Al ejercerla, se ilusiona acerca de que está conociendo los objetos en sí, es
decir, se ilusiona acerca de que ejerce una actividad cognitiva, pero en rigor esto no es así: el
Yo transforma el objeto exterior asimilándolo a su propia estructura, con lo cual su actividad
no es cognitiva sino interpretativa: interpreta el mundo según su propia lógica y su propia
causalidad.

Estas consideraciones sirven para mostrar que cada sistema funciona de acuerdo a una ley o
postulado propio (ver esquema de arriba).

La actividad de representación responde a una ley general: cada sistema se representa los
objetos de acuerdo a un esquema relacional que confirme o esté de acuerdo con el postulado
propio de dicho sistema. Por ejemplo: antes del descubrimiento del inconciente, y aunque éste
existía, el Yo no tenía una representación ideica del mismo: era un objeto heterogéneo, pero
cuando fue descubierto por Freud, el Yo pudo metabolizar ese objeto adecuándolo a su propia
lógica y tornándolo, así, inteligible.
Examinemos ahora la relación entre el funcionamiento de los sistemas, y el elemento que
informa a éstos sobre la propiedad de un objeto. Por empezar, no existe información neutra,
porque siempre está teñida de libido ('información libidinal'), ya que el acto de representación
implica un acto de catectización, derivado a su vez de la tendencia del psiquismo a preservar o
reencontrar una experiencia de placer.

El placer no se alcanza plenamente en el ámbito del Yo, que no puede realizar esta meta. Esto
no debe hacernos pensar que la actividad de representación del Yo no implique una
experiencia de placer, pero se trata de un placer mínimo necesario para que haya vida, es
decir, debe haber un placer mínimo necesario para que haya actividad de representación y
para que haya representantes psíquicos de objetos externos, y mismo aún objetos psíquicos.

Sin embargo, la existencia del placer es tan importante como la de displacer: esta dualidad
pulsional enfrenta al Yo con una paradoja: ¿cómo puede haber displacer en un objeto de
deseo? ¿Cómo puede surgir el placer del displacer? La teoría resuelve la contradicción diciendo
que la actividad psíquica, ya desde el proceso originario, forja dos representaciones
antinómicas de la relación representante- representado: de un lado se define un 'deseo' en
relación al placer, y del otro se define un 'deseo no tener que desear', en relación al displacer.

En el primer caso, la realización del deseo implicará reunificar el representante con el objeto
representado, unión que causará placer. En el segundo caso, la no realización del deseo
implicará separarlos, es decir, hacer desaparecer todo objeto que pueda suscitarlo. Para
decirlo en términos de amor y odio: en el primer caso se busca la unión con el objeto (amor), y
en el segundo su rechazo y destrucción (odio).

2. El estado de encuentro y el concepto de violencia

El estado de encuentro se establece entre el mundo externo y la psique, y es coextensivo con el


estado de existente.

Explicaremos mejor este estado de encuentro para entender los conceptos centrales de este
libro: violencia e interpretación, pero antes aclaremos algo: el discurso teórico psicoanalítico
intenta describir tal cual como ocurre este proceso pero no puede: ejerce una violencia, pues
impone al proceso un marco teórico que lo desnaturaliza, es decir, sólo puede concebir los
procesos como sucesivos, no simultáneos. Por ello se describe una sucesión que va desde un
estado originario a otro secundario, pasando por el primario.

1) Instauración del proceso originario: A medida que evoluciona el sistema perceptual, la


actividad psíquica establece un estado de encuentro: percibe un mundo heterogéneo cuyos
efectos padece en forma continua e inmediata. Gracias a que la psique puede representarse
tales efectos, puede forjar una primera representación de sí mísma: tal es el hecho originario
que pone en marcha la actividad psíquica.

El proceso originario puede metabolizar los objetos si éstos tienen representabilidad, es decir,
la posibilidad de situarse en el esquema relacional propio, en este caso, del sistema primario.
Estos objetos no son cualquiera: es material exógeno que dispara la actividad psíquica, y que
tiene que ver con las informaciones emitidas por los objetos soportes de catexia.

Lo que la psique encuentra son dos espacios: su espacio corporal y el espacio psíquico de
quienes lo rodean, en especial el de la madre. El proceso originario se configura cuando la
psique percibe que tanto su propio cuerpo como su madre son fuentes de experiencias tanto
de placer como de displacer. Estas dos cualidades son entonces las importantes a considerar
para la instauración del proceso originario.

2) Pasaje del proceso originario al primario: El proceso primario comienza cuando la actividad
psíquica puede reconocer una nueva propiedad de los objetos placenteros o no: su
extraterritorialidad, es decir, reconocer la existencia de uin espacio exterior y uno propio,
información que sólo puede ser metabolizada por el proceso primario.

3) Pasaje del proceso primario al secundario: El proceso secundario comienza cuando la


actividad psíquica puede reconocer una nueva propiedad en los objetos: su significación o
sentido. En efecto, el proceso secundario se ocupa de significar, lo que implica reconocer que
la relación entre objetos exteriores está definida por la relación entre las significaciones que el
discurso proporciona sobre dichos elementos: o sea, el mundo empieza a adquirir un sentido
adecuado al esquema relacional del representante, en este caso el Yo. Tal información sólo es
metabolizable por el proceso secundario, el que así se pone en marcha.

En síntesis, las cualidades que tienen que tener los existentes para poder ser metabolizados
por el proceso respectivo, son las siguientes:

PROCESO CUALIDAD DEL OBJETO

Proceso originario Representabilidad

Placentero / Displacentero

Proceso Primario Extraterritorialidad

Proceso Secundario Significación o sentido

Si hay algo que caracteriza al hombre es el llamado efecto de anticipación, por el cual enfrenta
una experiencia, un discurso o una realidad que se anticipan por lo general a sus posibilidades
de respuesta, y siempre a lo que puede saber y prever sobre las razones, el sentido o las
consecuencias de dichas experiencias. Cuanto menos edad tiene el sujeto, más excesiva es
esta anticipación: exceso de sentido, de excitación, de frustración, de gratificación o de
protección.

Las palabras y los actos maternos, su discurso anticipatorio se anticipan siempre a lo que el
niño puede conocer de ellos: el pecho es dado antes que la boca sepa que lo espera, desfasaje
que ilustra la violencia primaria que la madre ejerce sobre el infans. La madre habla al niño
diciéndole cosas a él o de él (es lo que se llaman las producciones psíquicas maternas), discurso
al que el infans no puede asignarle significación, pudiendo sólo metabolizarlo en un material
homogéneo respecto de la estructura pictográfica.

La madre se constituye en el portavoz del ambiente frente al infans, en cuanto con su discurso
ambiental le transmite en forma premoldeada desde su propia psique las obligaciones,
prohibiciones, etc., que de él espera, forjándose así una representación ideica del niño y que
definirá el 'ser' de éste último al insertarlo en una estructura de parentesco, una estructura
lingüística y en la estructura afectiva de la otra escena: tales son las tres condiciones previas
que gobiernan los enunciados maternos. Es la manera de tiene la madre de ejercer una
violencia primaria sobre su hijo, es decir, a través de un discurso que ejerce un efecto de
anticipación que ofrece al niño significaciones que no puede metabolizar según el proceso
secundario.

Definimos violencia primaria como la acción mediante la cual se le impone a la psique de otro
una elección, un pensamiento o una acción motivados en el deseo del que lo impone, pero que
se apoyan en un objeto que corresponde para el otro a la categoría de lo necesario. La
violencia primaria es necesaria para la constitución del Yo del niño, pues le presta a éste un
soporte identificatorio. Sin embargo, esta violencia no debe extenderse más allá de lo
necesario, porque en este caso el Yo no puede acceder a una autonomía. Cuando esta
violencia impide tal autonomía, representando un exceso por lo general perjudicial y nunca
necesario para el funcionamiento yoico, estamos en presencia de una violencia secundaria, y
que suele ser amplia y persuasiva al punto tal de ser desconocida por sus propias víctimas.

La autonomía se opone a dependencia. Esta dependencia puede ser física (por ejemplo un
discapacitado) o psíquica. La vida psíquica se caracteriza por tender hacia la autonomía,
entendiendo por tal toda forma de actividad psíquica orientada hacia dos fines: la
supervivencia del cuerpo y, para ello, la persistencia de una catexia libidinal que resista a una
victoria definitiva de la pulsión de muerte. Resumen: P. Cazau

CAPÍTULO:EL ESPACIO AL QUE EL YO PUEDE ADVENIR.

La estructura del yo debe ser entendida como una instancia constituida por el discurso, es
decir, todo sujeto nace en un <espacio hablante>.Entre el bebé entendido como psique
singular y el mundo o <ambiente psíquico>, interviene como eslabón intermedio, el
<microambiente> o medio familiar. Éste microambiente será percibido por el infans-niño,
como el mundo entero. Este fragmento del campo social, se convierte en equivalente y reflejo
de una totalidad. El medio familiar se organiza a partir del discurso y del deseo de la pareja
paterna.Todo sujeto nace en un espacio hablante, el cual ofrece al yo un hábitat conforme a
sus exigencias.

A través de los procesos originario, primario y secundario, procesos activos de producción


representacional, el niño va construyendo un psiquismo propio, indisociable de las redes
intersubjetivas en que su experiencia vital se va desplegando. Dichas redes intersubjetivas
conforman un tejido en el que convergen de modo conflictivo las dimensiones pulsionales,
deseantes, narcisistas y simbólicas de todos los participantes, en un interjuego de enorme
complejidad cuyo resultado es una combinatoria singular, dinámica y abierta.

El medio psíquico familiar determinará el destino del infans, a partir de determinados factores:

 El portavoz.

La madre (o quien cumpla su función) actuará como portavoz, en el sentido de representante


de la realidad externa, cuyas leyes y exigencias su discurso enuncia. Este portavoz metaboliza
los objetos de la experiencia. La "cosa en sí" es incognoscible. La madre nombra y significa el
mundo.

Portavoz: función reservada al discurso de la madre en la estructuración de la psique. Portavoz


en el sentido literal, a través de su voz es llevado por un discurso que comenta sus
manifestaciones (interpretador). Portavoz también, en el sentido de delegado, de
representante de un orden exterior, la cultura, introduce al niño en el lenguaje.

Papel de Prótesis de la psique de la madre: en una primera fase de la vida la voz materna es la
que comunica entre sí dos espacios psíquicos. La necesidad de la presencia de un Otro no es
reductible a las funciones vitales que debe desempeñar. Vivir exige la satisfacción de una serie
de necesidades de las que el infans no puede ocuparse en forma autónoma. Del mismo modo,
se exige una respuesta a las necesidades de la psique. De lo contrario, el infans puede decidir
rechazar la vida.

Las primeras representaciones del infans están relacionadas con lo corporal, lo somático. A
esto se le llama representaciones Pictográficas (los estímulos en la psique son representados
de manera pictográfica).

Definimos actividad de representación como la tarea común a todos los procesos psíquicos
cuya meta es metabolizar un elemento heterogéneo, convirtiéndolo en un elemento
homogéneo a la estructura de cada sistema del aparato psíquico.

La actividad de representación es una actividad psíquica que presenta semejanzas y diferencias


con la actividad metabólica, que es un proceso orgánico:

a) Semejanza: ambos rechazan todo elemento heterogéneo a la estructura o, inversamente, se


lo transforma en un material que se convierte en homogéneo a ella.

b) Diferencia: el elemento metabolizado es un cuerpo físico, mientras que el elemento


representado psíquicamente es un elemento de información. Una es una actividad orgánica, y
la otra una actividad psíquica.

La actividad psíquica está constituida por tres modos de funcionamiento o procesos de


metabolización: el proceso originario, el primario y el secundario, cada uno de los cuales posee
características específicas.

Tomaremos 'conciente' e 'inconciente' en sentido descriptivo, o sea como cualidad de que


puede o no ser conocida por el yo.

Los tres procesos no están presentes desde un comienzo, sino que van sucediéndose
temporalmente: se ponen en marcha por la necesidad de la psique de conocer una propiedad
del objeto exterior, propiedad que el proceso anterior estaba obligado a ignorar.

Proceso originario instancia representante representaciones pictográficas.

Proceso primario instancia fantaseante (el que pone en escena) representaciones


fantaseadas.

Proceso secundario instancia enunciante representaciones ideicas.

Luego devienen:

- Proceso Primario: es la puesta en escena, “fantaseo”, la capacidad de crear. Se refiere


a la elaboración sin fallas de construcciones que luego se repetirán fielmente.

- Proceso secundario: El funcionamiento de los dos procesos anteriores exige la


presencia de un material modelado por una tercera forma, el proceso secundario. Los
materiales de la representabilidad del pictograma, de lo escénico de la figuración,
están constituidos por objetos modelados por la psique materna. Ésta transmite sus
propios contenidos y los de la cultura a partir de su propio proceso de estructuración y
organización. Es necesario que haya superado el complejo de Edipo y esté organizada
por una ley. La huella que la madre deja sobre el objeto (a través de la palabra)
constituye una condición previa necesaria para estas metabolizaciones.

Lo que el infans metaboliza, se trata de un fragmento del mundo conforme a la interpretación


que la represión impone al trabajo de la psique materna, es decir que toma un objeto marcado
por el principio de realidad y lo metaboliza en un objeto modelado por el principio de placer.

La función de la prótesis de la psique materna permite que la psique se encuentre una realidad
ya modelada por su actividad y gracias a ello sea representable. La psique reemplaza aquello
carente de sentido de un real, mediante una realidad que es humana por estar catectizadapor
la libido materna.

La función de prótesis se manifiesta en el espacio psíquico del infans, a través de la irrupción


del material marcado por el principio de realidad y por el discurso. La psique del infans
remodelará el material, pero no sin que irrumpan en su propio espacio restos que escapan a su
poder y que forman los precursores necesarios para la actividad de lo secundario.

 La violencia de la anticipación (la sombra hablada).

Violencia entendida como una fuerza, untipo de interacción entre sujetos que se manifiesta en
conductas o situaciones que someten a un individuo. Alguien ejerce poder sobre otro. En este
sentido, todo discurso que se anticipa a la posibilidad de entender, es violento, pero necesario,
ya que permite el acceso del sujeto al orden de lo humano. El concepto de violencia primaria
se refiere al discurso que se anticipa a todo posible entendimiento.

Sombra hablada: es todo aquello que los padres se imaginan del bebé, es la libidinización del
hijo antes de tenerlo. Hay un discurso preexistente. La sombra hablada va a proyectarse sobre
su cuerpo y ocupará el lugar de aquel al que se dirige su portavoz. A veces esta sombra se
contradice con el bebé real, entonces la madre deberá efectuar el traspaso de la investidura de
la representación psíquica de su bebé en tiempos del embarazo, al cuerpo real que ahora tiene
entre sus brazos. No se trata sólo de la pérdida del niño que portaba en su vientre en términos
de completud. Es la distancia entre el hijo imaginado y el niño ahora presente, esto convoca a
un verdadero trabajo de confrontación con lo imprevisto que cada bebé implica en tanto
singular, nuevo e irrepetible. Este proceso puede sufrir desviaciones.

En un primer momento, el discurso materno se dirige hacia una sombra hablante proyectada
sobre el cuerpo del infans, ella le demanda a este cuerpo que confirme su identidad con la
sombra.

Características que supone debe tener una madre:

a) una represión exitosa de su sexualidad infantil.

b) un sentimiento de amor hacia el niño.

c) su acuerdo esencial con lo que el discurso cultural del medio al que pertenece, dice
acerca de la función materna.
d) la presencia junto a ella de un padre del niño, por quien tiene sentimientos positivos.

La sombra hablada constituye una constante de la conducta materna. La sombra llevada al


cuerpo del infans por su propio discurso, se convierte en la sombra parlante de un soloquio a
dos voces sostenido por la madre.

La sombra representa la persistencia de la idealización que el yo proyecta sobre el objeto, lo


que él querría que sea o que llegase a ser, de todos modos no anula aquello que a partir del
objeto puede imponerse como contradicción. Por ello entre el niño y la sombra persiste la
posibilidad de la diferencia. En la primera fase de la vida es imposible contraponer los propios
enunciados a los que se proyectan sobre uno, sin embargo la posibilidad de contradicción
persiste.

Definimos violencia primaria como la acción mediante la cual se le impone a la psique de otro
una elección, un pensamiento o una acción motivados en el deseo del que lo impone, pero que
se apoyan en un objeto que corresponde para el otro a la categoría de lo necesario. La
violencia primaria es necesaria para la constitución del Yo del niño, pues le presta a éste un
soporte identificatorio. Sin embargo, esta violencia no debe extenderse más allá de lo
necesario, porque en este caso el Yo no puede acceder a la autonomía. Cuando esta violencia
impide tal autonomía, representando un exceso por lo general perjudicial y nunca necesario
para el funcionamiento yoico, estamos en presencia de una violencia secundaria, que suele ser
amplia y persuasiva al punto tal de ser desconocida por sus propias víctimas.

 La violencia de la interpretación: el riesgo de exceso.

El efecto preformador e inductor sobre lo que se deberá reprimir es la consecuencia esencial


de la acción anticipatoria constitutiva del discurso de la madre y del discurso en general. Esta
anticipación ofrece al sujeto un don sin el cual no podría convertirse en sujeto: transforma en
significación accesible y compartida por el conjunto, lo indecible y lo impensable
característicos de lo originario. Esta metabolización operada en primer lugar por la madre, en
relación con las vivencias del infans se instrumenta y se justifica, ante ella,por el saber que se
atribuye en relación con las necesidades de ese cuerpo y de esa psique. El infans recibe la
denominación de los que serán luego objetos de demanda.

Lo demandado concierne a lo que la psique espera y busca para lograr que un estado de placer
sea alcanzado, y que su deseo encuentre respuesta en el otro.

La violencia operada por la interpretación de la madre en relación con el conjunto de las


manifestaciones vivenciales del infans es indispensable: constituye la ilustración paradigmática
de la definición de violencia primaria. El deseo de la madre es el poder ser el ofrecimiento
continuo y poder ser reconocido por él como la única imagen dispensadora de amor.

Así, lo que la madre desea se convierte en lo que demanda y espera la psique del infans:
ambos ignoran la violencia operada por una respuesta que preforma definitivamente lo que
será demandado, al igual que el modo y la forma que asumirá la demanda a partir de ese
momento.

Aparece un factor igualmente importante para el destino del sujeto: el riesgo de exceso, cuya
tentación está siempre presente en la psique materna. En la actualización de la violencia que
opera el discurso materno, se infiltra un deseo que mayormente permanece negado: deseo de
preservar el status quo de esa primera relación, o deseo de preservar aquello que durante una
fase de la existencia es legítimo y necesario.

La tentación del abuso es constante, lo cual señala la importancia de comprender lo que la


madre no querría perder, aunque acepte la renuncia a ello y el peligro que representa esta
tentación de exceso. La madre no quiere perder el poder en el buen funcionamiento del
cuerpo. Pero, pronto aparece una nueva actividad: la de pensar. La inteligencia se convierte en
el último fruto esperado de este cuerpo criado.

Consecuencias:

- Confirma el éxito o fracaso de la madre (poder de intelección)

- Será acechado como garantía de la evitación del riesgo (que hubiese podido saber
pensar).

Entonces se instaura una lucha por parte de la madre, se intentará saber qué piensa el otro y
enseñarle a pensar bien.

 El deseo del padre.

Al encontrar el deseo del padre, el niño encuentra el último factor que permite que el espacio
exterior a la psique se organice de modo tal que el funcionamiento del yo sea posible, o a la
inversa, que lo obstaculice. La teoría psicoanalítica, otorga una función variada al agente de
este deseo, al padre: referente de la ley, poseedor de las llaves que dan acceso a lo simbólico,
donante del nombre.

La significación <función paterna> se encuentra enmarcada por tres referentes: a) la


interpretación que la madre se ha hecho acerca de la función de su propio padre, b) la función
que el niño asigna a su padre y la que la madre atribuye a este último, c) lo que la madre desea
transmitir acerca de esta función y lo que pretende prohibir acerca de ella.

Si la madre es el primer representante del Otro en la escena de lo real, el padre, en esta misma
escena, es el primer representante de los otros o del discurso de los otros (del discurso del
conjunto).

En la estructura familiar de nuestra cultura, el padre representa al que permite a la madre


designar, en relación con el niño y en la escena de lo real, un referente que garantice que su
discurso, sus exigencias, sus prohibiciones, no son arbitrarias y se ajustan por su adecuación a
un discurso cultural que le delega el derecho y el deber de transmitirlos. La referencia al padre
es la más apta para testimoniar ante el niño que se trata, de una delegación y no de un poder
abusivo y autárquico.

 El contrato narcisista.
Un último factor es responsable de lo que se juega en la escena extra familiar: contrato
narcisista.

Muy poco podría decirse acerca del efecto de la palabra materna y paterna, si no se tuviese en
cuenta la ley a la que están sometidas y que el discurso impone. El contrato narcisista nos
confronta con el último factor que interviene en el modo de caracterización del hijo por parte
de la pareja: El registro socio-cultural, lo acompaña un discurso sobre la institución que afirma
su justificación y necesidad. Este discurso designa al discurso ideológico.

- La relación que mantiene la pareja con el niño, lleva siempre la huella de la relación de
la pareja con el medio social que lo rodea.

- El discurso social proyecta sobre el infans la misma anticipación que la que caracteriza
al discurso parental: se espera que transmita el modelo socio-cultural.

- El sujeto busca y debe encontrar en ese discurso referencias que el permitan


proyectarse hacia un futuro, para que su alejamiento del primer soporte constituido por la
pareja, no se traduzca en la pérdida de todo soporte identificatorio.

- El conflicto que quizá exista entre la pareja y su medio puede confirmar ante la psique
infantil la identidad entre lo que transcurre en la escena exterior y su representación
fantaseada de una situación de rechazo. La realidad de la opresión social sobre la pareja o de la
posición dominante que la pareja ejerce en ella, desempeñará un papel en el modo en que el
niño elaborará sus enunciados identificatorios.